Hacer de comer La 1

Hacer de comer

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Para todos los públicos Hacer de comer - Lasaña de boquerones y caldereta de sepia - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía)

Ay que ver cómo se ponen..., pasa, pasa, con la adolescencia las niñas.

Dios, yo tengo a la niña... Es complicado.

Toma. ¿Qué te iba a decir...?

Es complicado, la verdad, ¿eh?

Te diré: una en el sofá y la otra no sé dónde está.

Tranquilo, que lo superaremos. Sí. (RÍE)

Buenos días a todos.

Estoy aquí con Daniel: andaluz, cocinero,

padre de dos niñas.

Podría ser yo,

pero salta a la vista que ese pelo rojo nos diferencia un poquito.

Un poquito, un poquito. Podría serlo, pero...

Bienvenido a mi casa. Gracias.

Tenemos aquí a Daniel del Toro,

concursante de la cuarta edición de MasterChef,

y lo he llamado para que venga a hacerme de pinche,

porque quiero hacer una receta muy especial:

lasaña de boquerones.

Después haremos una caldereta de sepia.

Pero lo primero va a ser lavarnos las manos.

Ve lavándote las manos. Y yo iré... Fundamental.

...contando los ingredientes que vamos a necesitar

para esta receta: pimiento verde, pimiento rojo,

calabacín, cebolla, zanahoria,

sal, azúcar, vinagre, aceite de girasol,

huevo, albahaca, tomate verde, ajo, pan,

aguacate, vinagre de jerez, aceite de oliva,

pasta china wonton, pimienta,

aceite de oliva y boquerones en vinagre.

Iré lavándome las manos

y os contaré lo que es una lasaña de boquerones.

Me he inspirado

en una lasaña de anchoas en vinagre

que hacía, cómo no,

Martín Berasategui, que era mi maestro.

Por un lado, vamos a hacer una especie de salmorejo verde,

con aguacate y con tomate verde.

Por otra parte, vamos a hacer un pisto,

pero en frío, con las verduras que tenemos ahí.

Y lo vamos a trabar, en vez de con salsa de tomate,

con una mayonesa de albahaca.

Y, bueno, ya solo nos quedaría

cocer la pasta y montar la lasaña.

Es una pasta china que podéis encontrar en cualquier supermercado.

Sobre todo con el nombre "wonton", ¿vale? Pasta wonton.

Pero si no la encontráis, y queréis utilizar la de lasaña,

podéis utilizarla perfectamente. Una pasta de lasaña de espinacas

valdría igualmente.

De momento, tenemos que preparar las verduras para hacer este pisto.

Eso te va a tocar. Sí, pico. Me encanta picar.

Necesito una brunoise elegante, o sea, ni muy fina...

Que yo soy anárquico. Soy fullero, muy fullero.

¿Te tengo que recordar qué es? No, no, no.

Bueno, yo voy a cortar la más fácil además.

Como ha dicho "Soy fullero", voy a cortar las más fáciles.

Luego las demás que las corte igual. No, hombre.

Tú dame una muestra... Te voy a dar el tamaño. Así.

Y luego, mira.

¿Juliana primero? Tiene que ser un pisto precioso.

Así.

Todos estos cuadraditos... Pues exactamente igual

de cebolla, los dos pimientos y la zanahoria.

Perfecto. Tuyo.

Yo, mientras, voy a ir preparando

el salmorejo de aguacate.

Voy a necesitar que te eches un poco para allá.

Si no, no vamos a tener hueco. Y así voy yo preparando aquí...

Utilizamos tomate verde, que es una grandísima idea,

pero tiene también su peculiaridad, y sus pros y sus contras.

¿Qué quiere decir eso? Que es bastante ácida.

Y esa cantidad de acidez la vamos a contrarrestar con el aguacate.

Ya sabéis que el aguacate, al final, es la antítesis, precisamente,

de lo ácido. Tiene ese toque que nos va a dar,

aparte de consistencia y textura,

nos va a contrarrestar esta acidez.

Venía hablando con Daniel de nuestras hijas,

porque yo creo que vivimos situaciones parecidas.

Yo tengo una hija de 19 años y él de 18.

Y luego tengo otra con 14. Y yo una con 13,

o sea, estamos en situaciones relativamente similares.

¿Que nos hacen a veces pasar malos ratos con esa edad...?

Muchas veces que no se dan cuenta de lo que nosotros sufrimos

o de lo que hacemos por ellas.

Pero imagino que con nuestros padres pasaba lo mismo.

Yo he sido bueno, ¿pero tú cómo eras?

Yo he sido travieso. Tienes pinta.

No esto no se lo digo a mi hija, pero del instituto me echaron una semana.

A mí eso no me ha pasado nunca.

También tenía yo un problema, que, cuando hacíamos una gamberrada,

¿en el grupito a quién señalaban?

Al pelirrojo. (RÍE)

"¡El rubio, el rubio!". Claro, yo me acuerdo un día...

Aquello fue una guerra de tizas que hicimos en el instituto,

de las típicas que hacíamos. Y gamberradas. Y, claro,

al final todo el mundo salía corriendo. Yo también, pero...

me señalaban. Sigue echando el aguacate

para que nos os perdáis ni un detalle. He echado solo

el tomate verde y el aguacate, luego añadiré

el ajo y el pan.

Así.

Bueno, Daniel, has pegado un cambio en tu vida considerable, ¿no?

Radical. Yo me dedicaba a la informática, tío.

20 años trabajando dentro del sector, pero...

la cocina siempre me ha apasionado

y me autodefino ahora como "comunicador gastronómico".

"Comunicador gastronómico", no lo había escuchado.

Claro, porque muchas veces...

Cuando salimos de un programa de TV así,

la gente también piensa que somos grandes chefs. Y yo soy realista.

Vosotros sois profesionales de la cocina

y yo realmente no me considero profesional de la cocina.

Soy cocinero porque cocino en mi casa...

Hay amateurs que cocinan muy bien. Claro. Pero, bueno,

yo no soy profesional de la cocina.

Y sí es verdad que se me da bien la comunicación.

Y luego otra cosa, que en nuestra tierra tenemos cosas magníficas

que creo que tenemos que comunicarlas al mundo. Entonces, oye, pues mira,

MasterChef me dio la oportunidad, una ventana, en la que dedicarme a esto,

¿y por qué no? Estoy feliz, hago lo que quiero.

Me divierto. Gracias a Dios, me gano la vida con esto.

Qué más, ¿no? No puedo pedir nada más.

Dejemos los ordenadores

para otros, para otras cosas.

Yo sigo. Sigo con el salmorejo.

Recordamos que he metido el tomate verde, el aguacate,

ajo, un poco de pan.

Voy a añadir ahora un poquito de vinagre.

Es posible que le eche más, tengo que probarlo.

Un poquito de aceite de oliva

y, cómo no, sal. Así.

Lo que voy a hacer es triturarlo bien, bien, bien, bien.

Veré si necesita o no necesita

algún que otro líquido más.

Voy a intentar que no, pero no lo sabré

hasta que no empiece a triturarlo. Así que, mientras titura la máquina,

voy a ayudar a Daniel a terminar de picar todas las verduras.

(Música)

Tenemos toda la verdurita cortada,

que Daniel ha hecho perfectamente,

y el salmorejo verde aquí preparado. Vaya olor.

Bueno, es que mira qué pinta tiene. Sí, sí, sí, sí.

Bueno... Buah, la verdad que genial.

Voy a probarlo, a ver cómo está.

Voy a coger yo otra, ¿no? Mira, es que está superfino.

Perdona, ¿eh? Coge, coge. Claro, claro.

Tiene que perder un pelín de temperatura. Y bajará la acidez,

porque, de la fricción, va cogiendo un poquito de temperatura.

Así que lo que voy a hacer es ponerlo en un cacharrito. Por aquí.

Y ya tenemos nuestra base del plato.

No hace falta ni colarlo, ha quedado perfecto.

Reservamos salmorejo verde de aguacate

aquí a mi izquierda.

Verduritas... preparadas.

Pasta por aquí.

Voy a ir salteando la verdura. Aquí quiero un salteado semicrudo,

o sea, quiero quitar esa sensación de crudeza,

pero dejar como una especie de pisto

casi más tirando al salpicón semicrudo.

Tipo wok, ¿no? Exactamente,

eso sería la explicación.

Voy a cocer la pasta y tú vas a hacer una mayonesa con albahaca.

Primero a la mayonesa tienes que cogerle el aceite y hacerte

un aceite de albahaca. Vale.

Montamos el aceite de albahaca... ¿Y sobre esa metemos el...?

Le puedes echar un poco de azúcar. Hay 2 opciones: o escaldarla

y secarla muy bien, y triturarla para quitarle un poco de sal;

o ponerle un poquito de azúcar.

Y después, con ese mismo aceite,

hacemos la mayonesa verde. Vale.

A ver, necesito, por un lado, una sartén para saltear,

luego un cacito para cocer la pasta.

Aquí.

Bueno...

Para saltear las verduras, he puesto esta sartén bien caliente.

Tengo sal, pimienta, la verdura... Creo que esto ya está.

Mira.

Ya tengo mi sartén humeante. Como ha dicho Daniel,

esto va a ser una especie casi de wok.

Voy a empezar con la cebolla.

Oye, Daniel, ¿cocinas en casa o después de MasterChef ya...?

Soy cocinero, me considero cocinero, porque cocino todos los días.

Tengo un problema, he malacostumbrado

a las tres mujeres que tengo en casa.

Y ya están todo el rato: "Papi, para la cocina".

A cada una le gusta una cosa, tío. Voy a seguir echando verdura.

Esto está colado ya, Dani. Ahora la mayonesa.

Huevo. Ahí tienes sal y un poquito de vinagre, ¿vale?

¿Hacemos un huevo? Sí, creo que con huevo es de sobra.

Necesito que tenga cuerpo.

Echa el huevo, el aceite, el vinagre, y a emulsionar.

Bueno, por aquí voy a echar ahora la zanahoria.

Así. ¿Veis que no he echado absolutamente nada,

pero nada, de aceite todavía? ¿Todo el aceite?

Ahí, perfecto. Sí, porque así nos va a salir más.

¿Te da miedo que se te corte? Sí, a mí me da yuyu.

No suele cortarse. Le has echado vinagre, ¿no?

El vinagrito, el vinagrito. Exacto. Es que lo tengo controlado.

Y un poquito de sal. Y un poquito de sal, perfecto.

Lo que no le he echado es el azúcar. Esto es azúcar, ¿eh?

Eso es azúcar. No le he azúcar a la albahaca.

Échasela ahora. ¿Sí? ¿Tú crees?

Porque va a amargar un poquito. A mí me gusta el amargor.

¿Te gusta ese punto bravo, digamos? Sí, sí.

Ten en cuenta que los pelos los tengo así por algo.

Yo no era así. Un poco de cachondeo, siempre digo que...

este pelo lo tengo del jengibre. Sí, ¿no? (RÍE)

Tomo todas las mañanas un poquito. Un zumito de jengibre.

Yo me hago un zumo. Y te pones...

Bueno...

Bueno, ahí está la mayonesa. Tiene buena pinta.

Se levanta un pelín.

Y... está ya. ¿Está ya?

Perfecto. Voy a echar el calabacín y esto está ya prácticamente.

Además nuestra agua está hirviendo.

Ya lo tienes, listo. Estáis viendo que estoy aquí

salteando la verdura. Mientras tanto, voy a echar

esta pasta por aquí.

Con esta pasta hay que tener cuidado porque cada minuto...

Sácame el agua con hielo, la tengo ahí debajo preparada.

Cada minuto que pasa va creciendo, hasta que se pasa de cocción.

Tengo aquí la verdurita.

Voy a añadir ya... Porque ya está en su punto.

Así. Este es el punto que quiero que le deis,

algo ahí como semicrudo.

No le he echado nada de grasa todavía.

Y le voy echar, nada, lo mínimo, por una cuestión, muchas veces,

psicológica, ¿sabes? Sí, pero...

Así... y ya está.

El aceite le pega un doradito y ya está.

Sí, pero, como ahora le voy a poner mayonesa, pues tampoco...

Aquí, así.

Mira, ya tenemos... Bajamos.

Tenemos la verdurita aquí ya perfectamente,

me vengo por aquí... La pasta.

Nada, con un minuto tiene más que suficiente.

A ver, me la voy a traer por aquí.

Esta misma masa la podéis utilizar para hacer cualquier tipo de pasta:

lasaña, raviolis, etcétera.

Pero encima os voy a dar "una bola extra",

que es la siguiente: frita es absolutamente genial.

Yo con esta hacía unos canutillos de bacalao...

Pero una vez cocida, claro. No, no, no, frita.

Frita, sin cocer. ¿Directamente? ¿Sin cocer?

Esto ya está frío. Daniel, el siguiente paso.

Quiero que me seques bien la pasta. Vale, con mucho cuidado, ¿eh?

Y yo voy a hacer lo siguiente... Con el papelito, ¿no?

Con una cucharita me va a bastar y a sobrar.

Tal vez dos, pero no más.

Esto va a ser, como decía, esa parte...

untuosa que va a hacer un poco

esta especie de pisto precioso

de verdura salteada y de mayonesa de albahaca.

Fíjate cómo ha crecido la pasta. Parece una tontería, pero no lo es.

Cuidado con el papel, se puede pegar.

¿Qué tal llevaste que la gente te conociera tras MasterChef?

Eso es un... El primer shock...

Una sensación extraña, ¿no? Sobre todo porque...

Lo más extraño es cuando te llaman por tu nombre.

Claro, porque te dicen... Dicen "¡Dani!" de pronto.

¿Te vale? Sí, pónmela aquí.

Bueno, me saco un moldecito. Y sí que es verdad que hay veces

que es difícil acostumbrarte a que te reconozcan,

porque es verdad que la gente muchas veces...

A mí hay gente que me saluda. Yo saludo también.

No, no, no, yo saludo. A mí el que me saluda, le saludo.

Tengo un proble... Lo hacía antes. Pero, claro, la gente...

Le voy a poner un poco de aceite para que no se pegue,

incluso en la tabla.

Mi mujer dice que yo soy de los que se cruza de acera para saludar.

Sí, ¿no? Claro. Entonces...

Fíjate ya que si te saluda la gente... Mis hijas conmigo:

"Papa, eres... No". Digo: "¿Qué más te da?".

Lo bonito que es saludar.

¿Pasan vergüenza o qué? Claro, sí, un poco.

Un poco, ¿no? Sí, pero también se aprovechan.

Mirad lo que estoy haciendo, porque esto es importante.

¿Te sirve? Un segundito. En la primera capa

voy a poner solo los boquerones, sin más,

y voy a cortar así.

He puesto pasta y boquerones. Mirad.

Y ya tengo mi primera capa

de boquerones. Ahí.

Vamos a ver, voy a coger también...

Qué truco más chulo este. Bueno, está chulo,

porque, la verdad, así queda bastante bien.

Y ahora voy a poner... Así.

¿Lo has puesto ya? Nuestro pisto de verduritas

con la mayonesa con albahaca, que huele absolutamente genial.

La albahaca es algo que... Huele genial.

Para terminar un plato, una pasta fresca...

Lo voy a poner aquí, lo corto aquí.

Así. Tengo que ponerle, bueno, pues la tapa

propiamente dicha.

Mirad qué lasañita

más sumamente maravillosa, ¿eh?

¿Vale? Y para no arriesgar, porque aquí no estamos para riesgos,

yo estoy para enseñaros las cosas en condiciones,

voy a volver a meterla aquí para pasarla al platito.

A ver si soy capaz de hacerlo bien.

La voy a colocar en el plato. Así.

Presiono un poquito para asegurarme de que está todo perfecto.

A ver.

Cada cosita en su sitio. Mirad qué lasaña más bonita.

Pero bonita, ¿eh? Así.

Tenemos los boquerones, las verduritas, la albahaca

y nos falta casi lo más importante.

Vamos a dejar esto por aquí. Mételo por ahí detrás, tranquilamente.

Bueno, nos falta el salmorejo y culminarlo...

Mira, córtamelos para que queden perfectos

y se vea la parte plateada. Los mojamos un poquito por encima...

Y lo cortamos para que quede... Yo, mientras tanto,

le voy poniendo

el salmorejito abajo.

Mirad.

Ahí, con mucho cuidadito. Así.

Bueno, no solo estamos dando color,

sino que le estamos dando muchísimo sabor.

Y este salmorejo de aguacate es un plato en sí mismo, ¿eh?

Lo que pasa es que con esa guarnición...

Que podría ser otro plato perfectamente.

Bueno, y como queremos que se sepa que es una lasaña de boquerones,

Daniel, que me ha colocado aquí todo esto muy bien,

voy a colocar estos boqueroncitos por encima. Así.

Perfecto. Oye, magnífico.

¿Tú sabes lo mejor? Que una vez que se corta eso, lo ideal es...

Hombre, yo estaba esperando. Digo: "¿Lo hará? ¿No lo hará?".

No... Lo haremos.

Lo que voy a hacer es lo siguiente. Qué bueno.

Tienes que probarlo, así que yo te voy a montar uno

en una cucharadita. Déjame un poquito de verdurita. Muy bien.

Mira, va a ser el salmorejo,

un poquito de boquerón...

Te digo una cosa, vas a flipar, porque aquí hay textura,

hay mucho aroma y acidez, hay dulzor, hay absolutamente de todo.

Lo cojo ya, ¿no? Sí, sí, sin miedo.

Mmm...

¿Cómo lo ves? Primero, antes del sabor,

el toque de la verdura crujiente. Es que para mí eso es importante.

No quiero aquí algo como muy pochado, muy hecho. Texturas.

Oye... Daniel,

gracias por haberme acompañado y ayudado a hacer esta receta,

porque tenía currillo.

Y vosotros disfrutad de esta lasaña de boquerones.

(Canción "You lie", The Band Perry)

La segunda receta de hoy es una elaboración

que nos habla de mar y de humildad,

porque vamos a preparar una caldereta de sepia.

La caldereta nace de la necesidad de cocinar

un producto principal, ya sea carne o pescado,

aderezándolo con diferentes verduras.

Así que, si seguís los pasos que voy a detallar,

veréis cómo este plato

puede ser un éxito en vuestra mesa.

Vamos a necesitar para esta caldereta:

sepia, pimentón, sal, ajo,

laurel, cebolla, puerro, patatas,

salsa de tomate, perejil, fumet rojo,

vino blanco y aceite de oliva.

Pues vamos a empezar. Lo primero de todo es trabajar

con nuestra protagonista, la sepia, con la proteína.

Ya sabéis que a mí me gusta mucho

saltearla antes de nada,

así que voy a ir sacando mi tablita

para ir cortándola en cuadraditos.

Es lo primero que vamos a hacer.

La verdad que yo, a nivel personal, la sepia es algo que me fascina.

Es un cefalópodo absolutamente increíble,

porque se puede freír, guisar, hacer a la plancha, a la brasa,

como queramos. Es superversátil.

A mí me gusta, por ejemplo, coger estas aletas,

y me las guardo y las congelo para cualquier otro caldo.

Ya sabéis también que los cefalópodos son relativamente dulces.

La sepia la podemos encontrar normalmente

muy cerca de la costa,

no suelen alejarse más de 150 metros.

Aquí voy... Mirad, este tamaño es el ideal.

Ya estoy calentando nuestra ollita y ahora lo vamos a echar.

Hay que tener cuidado porque también la sepia, como veis,

contiene mucha agua.

Y esa agua, pues bueno, está bien,

pero lo ideal ahora mismo es marcarla

y sacarle toda esa agua.

Bueno, yo no sé si alguna vez

os habéis encontrado nadando alguna sepia,

pero que sepáis que este color blanco que vemos ahora mismo

no tiene absolutamente nada que ver

con el que encontraréis en el mar.

Es un color, no sé, como casi...

semitransparente, porque yo, por ejemplo,

cuando cojo algún cefalópodo prácticamente vivo...

En el restaurante suelo hacer vídeos que subo a mis redes sociales,

porque la verdad que tiene un cromatismo superespecial.

Lo tocas y...

cuando está vivo, cambia muchísimo de color.

También, bueno, tienen esa capacidad de intentar, sobre todo,

mimetizarse con el entorno.

Como veis aquí, la sepia tiene ocho brazos

y dos tentaculitos, que son los que veis por aquí un poquito más largos.

Y aquí tienen su boca. Esto que veis aquí.

Y además esto es, probablemente, de las pocas cosas

que no nos sirven para cocinar a partir de las patitas.

Esta es la boca. Y así, ¡pam, pam, pam!,

pues se come todo lo que se va encontrando a su paso.

Bueno, quito por aquí, así,

toda esta parte, como digo.

La vamos a dejar para caldos.

Lo dejo ya por aquí para cualquier otro caldo.

Ya sabéis que la sepia

tiene un alto contenido en colesterol,

así que hay que cuidar un poco su consumo.

Aunque tiene cosas positivas,

porque tiene fósforo, vitaminas, yodo...

Como todo en la vida, tiene sus pros y sus contras; y, como todo,

hay que utilizarlo con equilibrio.

No voy a echar nada de aceite. Pero que no cunda el pánico,

porque ahora cogerá el agua ahí.

¿Veis cómo está soltando el agua? Si hubiéramos echado grasa,

sería peor.

Así que yo voy a esperar a que suelte absolutamente toda el agua.

Mirad qué rápido sale.

Así. ¿Veis las burbujitas por ahí?

Y bueno... Mirad la sepia, que se camufla en el mar,

pero también se camufla en nuestra cazuela.

Cuando ya se quite todo lo que es toda esa agua, que, como digo,

no me convence y no nos gusta,

voy a empezar a hacer la segunda parte.

Empezaré con el aceite de oliva e iremos fondeando.

Como siempre hacemos,

un poquito de ajo, el laurel, el puerro, la cebolla

y la patata.

Luego añadiremos el poquito de pimentón,

pondremos la salsita de tomate y finalmente el caldo.

Y así tendremos una caldereta de sepia increíble.

Seguro que muchos de vosotros estáis pensando:

"¿Caldereta de sepia?". Porque la verdad que nosotros en el sur...

A mí me dicen "caldereta" y lo único, a lo mejor, que percibo

es una de cordero.

Pero para que veáis que también existe la caldereta de pescado.

De hecho, la caldereta es el nombre que reciben

diferentes platos españoles,

que son guisos basados normalmente, bueno,

en una reducción de agua, aceite o vino

con carne o pescado, junto con verduras.

Por eso una caldereta puede ser, básicamente,

de lo que queramos y del producto que queramos elegir.

Hablando de la sepia, me he acordado,

como la sepia tiene esa gran capacidad de camuflarse,

de que a mi hija pequeña le encantaría

poder tener esa capacidad de camuflaje

cuando en muchas ocasiones va conmigo.

Por ejemplo, estamos en un centro comercial,

se acerca alguien a saludarme, a pedirme una foto o lo que sea,

y de repente ella se va como 5 metros más para allá tímida, cortada,

mirando hacia abajo, como si no me conociera.

O sea, que le da vergüenza todo lo que pasa a mi alrededor, la pobre.

Mirad ya cómo va perdiendo todo el agua

y vamos encontrando lo que llamamos el "Maillard" debajo.

Y estoy ya aquí oliendo a otra cosa.

Voy a echar el aceite aquí. Ahora sí,

ahora es el momento de echar el aceite

y de empezar a trabajar el ajo.

Así, con cuidadito.

Voy a echar también un poco de líquido, de vino,

y lo que quiero es despegar todo lo que tengo debajo.

El vino lo podemos utilizar, en ciertas ocasiones,

en diferentes momentos de la cocción.

Yo, como estoy viendo aquí que quiero darle fuego

y que tengo todo el "Maillard" en la olla, se lo voy a echar ahora.

Veréis cómo se despega absolutamente todo.

Mirad.

Hay que tener cuidado. Ese "Maillard" que tiene un color bonito ahora

y que nos dará mucho sabor, si se quema,

pues al final nos va a aportar otra cosa.

Veréis ahora cómo, con el vino, poquito a poco,

ese "Maillard" se va a ir despegando y vamos a ir sacando todo el sabor.

Vino ya reducido, momento de añadir la cebolla.

Y como he dicho, a mí me gusta esta sepia, esta jibia,

guisarla bastante.

Esto necesita un poquito más de grasa.

Voy a cortar el puerro.

Y, bueno, lo que os he dicho de mi hija, que le daba,

y que le da, mucha vergüenza. Cada vez que me paran por la calle,

se queda ahí un poco en un segundo plano, como:

"No quiero que me conozcan, ni me vean ni que sepan que...

ese señor que está ahí es mi padre".

Es algo que es realmente incomprensible.

No sé, ¿qué tiene de malo que delante de tus amigos

transmitas el amor que les tienes a tus padres?

No pasa absolutamente nada, sino todo lo contrario.

Pero es que es verdad que todos los niños hacen exactamente igual.

Y yo lo hacía con mi madre y con mi padre.

O sea, era como un poco: "¡Huy, han venido mis padres!".

"Papá, llévame a salir con los amigos".

Y, bueno, la llevo y la tengo que dejar como a 200 metros antes,

para que nadie la vea.

"¿Has venido tú sola? Con catorce añitos que tienes...".

Tal y como os lo estoy contando.

Voy a echar el puerro y ahora también el laurel,

que se me había quedado "traspapelado" por ahí.

Nunca es tarde, así que vamos a seguir aquí.

¿Veis cómo se está quedando ya la cazuela? Donde el "Maillard"

se está integrando dentro del guiso.

Esos jugos caramelizados, que no dejan de ser

los azúcares de las proteínas,

que hacen un trabajo maravilloso para el sabor y para el gusto.

Voy a pelar patatitas. Así que nada...

Yo, la verdad, que también tuve una adolescencia

un poco complicada.

Pero nunca me negué a ir con mi padre en el coche a ningún lado, vaya,

sino lo contrario. Y eso que iba con la ventanilla bajada,

no había climatizadores como ahora.

Y además con Julio Iglesias, con José Luis Perales, a toda leche.

O sea, (RIENDO) años 80.

Julio Iglesias y José Luis Perales, que, por cierto, me encantan.

Me siguen encantando. Los escuchaba en el coche con mi padre

en aquellos maravillosos casetes que se enrollaban. ¿Os acordáis?

Qué complicado. Qué fácil es ahora,

en un teléfono tienes absolutamente

toda la música que quieras.

Y antiguamente, vaya, comprabas un casete

y yo creo que estabas como tres meses escuchando el mismo casete.

Era alucinante.

Como veis, esto está fondeando perfectamente.

Voy a echar el tomatito.

Y esto ahora ya empieza a oler bastante bien.

Bueno, nos queda ya poquito, ¿eh? Voy a poner la patata y el pimentón.

Así. Voy a cascar la patatita, voy a bajar ya un poquito el fuego,

porque a esto luego le vamos a dar un poquito de "chup-chup",

a esta maravillosa caldereta de sepia.

Y una vez que el caldo hierva, van a ser quince minutos

y vamos a tener

una caldereta de sepia increíble.

Eso sí, lo que no quiero,

que esta caldereta se termine de hacer

sin antes recordaros

que tenéis a la venta

ya el libro

"Hacer de comer: las mejores recetas".

Ya sabéis que aquí podéis encontrar trucos, consejos, ideas,

emplatados...

y muchísimas de las recetas que hacemos aquí en el programa,

contadas, además, de una forma muy sencilla

para que podáis hacerlo con todo lo que tenéis en casa

siempre a mano. Así que lo guardo por aquí.

Voy a quitar esta tablita por aquí.

Tenemos aquí el caldito y tenemos el pimentón.

Ya sabéis que a nosotros nos gusta

hacerle un pequeño hueco al pimentón. Aquí.

Vamos a tener que poner, ya sabéis, un poquito de aceite de oliva,

aquí, en este ladito.

Vamos a echar el pimentón.

Ahí. Qué bueno, ¿eh?

La verdad es que cuando tienes algo está bueno,

porque yo estoy viendo que esto ya

coge consistencia, coge sabor, y encima vas multiplicándolo,

como ahora mismo estamos haciendo nosotros,

pues es una pasada.

Ahí, mirad. Ya para adentro.

Así, perfecto.

Tenemos todo: la jibia, la patatita dentro

y ya solo nos queda fuera el caldito y el perejil,

que lo voy a echar en el último momento. El perejil.

Lo que sí voy a echar ya es... el caldito.

Así. Fumet rojo.

Ya sabéis que tenéis la receta del fumet rojo

en nuestra página web...

Y esta receta también es maravillosa. Creo que en muchas ocasiones

me estáis viendo y estoy echando unos caldos, que aquello sale

con un colorido... Con sustancia, ¿no?

Se ve que aquí hay sabor. Pero es que los caldos son la base.

No os perdáis la cantidad de caldos y de fumets que hemos hecho.

Y sobre todo la de ese fumet rojo que va a hacer que nos quede

una caldereta muy suculenta.

Así que ya sí que sí, nos queda esperar

y vamos a darle quince minutos

para que la caldereta esté casi terminada.

(Música)

No ha reducido mucho porque no lo quiero seco,

quiero que haya caldito, pero también quiero que haya un caldito

que sea suculento.

Ahora es el momento de probar cómo está,

así que ahora voy a probar y...

Está brutal. Un pelín sosete, pero os voy a explicar por qué.

Porque todos los cefalópodos desprenden...

bastante sensación de dulce. O sea,

está sabrosillo por un lado, pero yo creo que ese dulzor

se merece todavía realzarlo más.

Y, bueno, ya para terminar,

voy a tirarle por aquí un poquito de perejil.

Un poco lo voy a mezclar con este y el otro poquito

lo voy a dejar para el emplatado.

Con la lasaña de boquerones de primero

y esta caldereta de plato principal,

he hecho un menú hoy que, sinceramente, es

para chuparse los dedos.

A ver, ya solo me va a faltar

ir poniendo por aquí...

Mirad los trocitos de patata.

Estoy seguro de que estáis salivando en casa, ¿eh?

Mirad. Ahí.

Vamos allá. Así.

Qué pinta. Veis que los trozos de sepia

han perdido toda su agua, ha reducido un poco.

Voy a echarlo todo porque no quiero dejar, vaya,

ni un poquito de caldo por aquí.

Listo. Bueno, pues voy a poner ahora ya por aquí

este poquito de perejil.

Este poquito por aquí.

Por último, este ramillete.

Aquí tenéis una apetitosa caldereta.

Sepia, jibia, choco... Qué más da cómo lo llamemos,

lo importante es que salga así de buena, de suculenta.

Y no lo oléis, pero os digo yo que está superaromatizada.

("If it kills me", Jason Mraz)

Lasaña de boquerones y caldereta de sepia.

He apostado por esas dos propuestas

fáciles y divertidas para "aderezar" vuestra vida.

No les tengáis miedo a los pucheros.

Acercaos, de verdad, con amor y con cariño

a la cocina de vuestras casas.

Y recordad lo que os digo siempre:

"Haz la comida y mejora tu vida".

Estoy deseando probar la textura de la sepia. Aquí.

No, esta es la patata. Esto es un poco trampantojo,

porque son relativamente parecidas. A ver.

Mantequilla, buenísimo.

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Hacer de comer - Lasaña de boquerones y caldereta de sepia

17 oct 2019

Hoy Dani García está acompañado de Daniel del Toro, aspirante de la cuarta temporada de MasterChef, con el que elabora una espectacular lasaña de boquerones, inspirada en una receta de Martín Berasategui. Completa el menú con un guiso clásico marinero, caldereta de sepia.

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