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No recomendado para menores de 12 años  Gran Reseva - T3 - Capítulo 36 - Ver ahora
Transcripción completa

Vuelve, da la cara y despídete de ella.

-Vas a tener que inventarte algo mejor para que vuelva.

¿Dejarás tirada a la persona que te ayudó?

He hablado con Raúl. No va a venir.

-No podría morir en paz sabiendo que lo último

que he hecho es enviar a mi hijo a la cárcel.

-¡Ah! Mamá está deseando verte.

Ortega, Raúl está a punto de llegar.

-No tenemos mucho tiempo. -No tenías que haber venido.

Es muy peligroso.

-Quería darte las gracias.

Nadie me ha ayudado como tú. -Tenía que compensarte.

-Haría cualquier cosa por ella,

pero se acostó con Miguel.

-Tienes que aceptar que se quieren.

-Tengo un policía de paisano en la puerta

y vio a un hombre que coincide con él.

-No hay nadie. ¡Ortega!

Sal por la puerta del estanque.

-¿Dónde está Raúl? ¿Perdone?

-Sé que está aquí. He descubierto que Raúl nos hizo

lo mismo que a los Reverte.

Haré lo que pueda para ayudarte.

Ya lo haces. RCO es la empresa fantasma

que Raúl utilizaba para sus desfalcos.

-Aquí está. Si declaras ante el juez,

demostraremos que el dinero terminó en manos de Raúl.

-¿Lo harías? -Miguel Cortázar puede pasar.

-Tenemos deudas y una amenaza de embargo.

-Ha llegado la hora de que se cambien las tornas.

Venderemos ese vino. -¿Qué dices?

-A partir de ahora, los Reverte dejaremos de poner la otra mejilla.

Pensaba que querías recuperar el tiempo perdido.

-Las cosas son más complicadas de lo que crees.

-El tío Adolfo está enfermo. Tiene Alzheimer.

No le animes más con esta historia.

Sufrirán más de lo necesario.

-Encontré esto en tu bolso y a mi madre

la envenenaron con esto.

-No sé cómo ha llegado hasta ahí.

-Te esperaba. Envenenaste el vino, ¿no?

-¡Ah! No he querido decir nada

delante de Ortega, pero ayer Mar trajo vino.

-Este ácido estaba en la botella de vino que llevaste.

-Yo no cogí ese ácido y la botella la llevé

porque Sara se empeñó en brindar juntas.

Nos vio besándonos en la bodega.

El veneno no era para tu madre. Era para mí.

-Envenenaste el vino pensando en Mar,

porque sabías que estábamos juntos.

Nos viste en las bodegas. -Nunca os vi.

-Tú echaste el ácido.

¡Ojalá te hubieras muerto cuando te caíste por las escaleras!

-Vete. Le puedo asegurar que mi padre

no envenenó a Rosalía. -¿Y por qué está tan seguro?

-Mar. -Necesito que venga a comisaría.

-Vicente tenía un tío, José Cortázar.

Búscale y averigua todo lo que puedas sobre él.

Estoy deseando ver la cara de Miguel

cuando aparezca por aquí el legítimo heredero.

-José está muerto, pero míralo por el lado bueno.

Habéis perdido un tío abuelo,

pero habéis ganado una prima segunda.

-Eres Emma, ¿verdad? -Sí.

-Encantada. Soy Julia. Julia Cortázar.

Cuando veía estos vinos

y decía que era familia vuestra,

la gente no me creía.

Cuando piensas en los Cortázar,

no se imaginan a gente como nosotros.

Don Vicente, Miguel o Raúl se han encargado

de darle mala fama al apellido, ¿verdad?

-Veo que nos conoces bien. -Somos primas, al fin y al cabo.

Mi madre me habló mucho de vosotros.

De hecho, yo recuerdo el día de tu boda.

-¿Estuviste? -No.

Nunca nos invitasteis.

A mi madre le afectó mucho

la actitud de tu familia con la mía.

-Bueno, a veces las familias se alejan.

-Aunque estoy convencida de que, en este caso,

más que alejaros, nos evitasteis.

-No, mujer. Mi padre estaría encantado

de recibirte en casa.

¿Por qué no vienes a cenar esta noche?

-Muchas gracias. Pero no quiero ser la responsable

de que se os atragante el vino.

-Mira, Julia, no sé a dónde quieres llegar.

-Yo creo que sí lo sabes, Emma.

Tengo el testamento que demuestra que todo esto

perteneció a mi abuelo

y no a Vicente Cortázar.

-No te creo.

-No pasa nada. El juez lo hará.

Y para entonces, voy a ser yo quien se siente

en esos despachos y viva en tu casa.

Toma.

Dales mi teléfono a tus abogados. Lo van a necesitar.

Adiós.

-Miguel.

Cógeme el teléfono rápido, por favor.

El testimonio de Miguel es la última oportunidad.

Todo va a ir bien. Ya verás.

-Yo no estaría tan seguro.

Lo último que necesita tu hermana es que la desanimes, Daniel.

-Mamá.

Miguel no es solo el hermano de Raúl. Es un Cortázar.

¿Realmente creéis que va a echar por tierra su apellido ahí dentro?

Está ayudando mucho últimamente, Dani.

-Ya, pero de ahí a mandar a la cárcel a su hermano,

hay una diferencia, ¿no crees? Solo tiene que decir la verdad.

-Mira, no quiero ser aguafiestas, pero ponte en su lugar.

¿Qué pasaría si tú solo tuvieras que decir la verdad

sobre el caso de Lorena? Dani.

-¿Mentirías por mí?

-La juez ha aceptado el testimonio y las pruebas

que ha aportado Miguel. -¿Sí?

-Habrá que esperar ahora a ver qué hace el fiscal.

Si no hay sorpresas, hemos dado un buen paso.

Lo sabía.

Gracias, Miguel.

Te dije que te ayudaría, a ti y a tu hijo.

Por un momento, tuve mis dudas.

Lo comprendo.

Te has llevado ya demasiadas sorpresas.

Miguel, últimamente he sido muy injusta contigo.

Sé los problemas que va a causarte esto con tu familia.

Solo he hecho lo que tenía que hacer.

-Lucía, tenemos mucho trabajo.

Hay que preparar tu declaración. Claro.

Adiós, Miguel.

Adiós.

Miguel.

¿Lo has hecho?

Sí.

Has puesto en peligro las bodegas y nuestro apellido.

No, eso ya lo hizo Raúl.

A los Reverte y a nosotros. Y por eso lo echaste

de esta casa y de las bodegas.

El Miguel de antes del accidente sabía cómo hacer las cosas.

Así acabó.

Fuera de esta casa hay mucha gente que nos odia,

que nos critica,

que estaría encantada de vernos en el suelo para pisotearnos.

Y ahora tú les das la razón.

Yo solo he hecho lo que creía justo.

¿Justo? ¿Pero en qué mundo estás viviendo?

Si hubiéramos pensando en la justicia,

no hubiéramos conseguido lo que tenemos.

Esa es tu forma de pensar.

Ahora lo único importante es quién va a ir a la cárcel,

tu hijo o tu nieto.

Mientras yo viva, ninguno de los dos la pisará.

Papá, no tienes tanto poder. Hay que elegir y yo ya lo he hecho.

Si sigues pensando así, algún día lo vas a perder todo.

-Y puede que no tardes mucho.

¿Por qué no contestas a mis llamadas, Miguel?

Julia Cortázar ha aparecido

en las bodegas. ¿Qué?

-Tiene el testamento y lo quiere todo.

Si no teníamos problemas...

Tú no sabrás nada de esto, ¿verdad?

Claro que no, hijo. Acabo de enterarme.

-Me ha dado su teléfono para que le llame nuestro abogado.

Hay que tomar una decisión cuanto antes.

-Tengo a su ayudante en pleno

ataque de ansiedad esperando a ser interrogada.

Espero que esté seguro de su acusación.

-Agente Ortega, yo ya no estoy seguro de nada.

Solo vengo a decirle lo que sé y lo que he visto.

-Está bien.

Según su declaración,

Mar llevó una botella de vino a su casa,

botella de la que su madre pudo haber bebido.

Y además, asegura haber visto un frasco de la misma sustancia

con la que envenenaron a Rosalía Cortázar

en el bolso de la señorita Azpeitia. ¿No es así?

-Sí. -Ya.

¿Y qué motivo podría tener esta chica

para querer matar a su madre?

-Creo que el veneno no era para ella,

sino para mi mujer.

-¿Y eso tendría sentido... por qué?

-Bueno.

Mar y yo estábamos manteniendo una relación.

-¿Sabe? Solo hay una cosa

que me dé más trabajo que los Cortázar.

Y es los amantes de los Cortázar.

En fin, ¿algún indicio más que deba tener en cuenta?

-Sí. Ayer la oí amenazar a mi mujer.

Dijo que ojalá se hubiera muerto cuando cayó por las escaleras.

-Vaya. Eso está muy feo.

-Agente Ortega, empiezo a pensar que no se toma en serio

lo que le digo. -No se crea.

Sí me lo tomo en serio. Pero no hace

ni 24 horas que en esa misma silla se sentaba una persona

que aseguraba haber escuchado a Vicente Cortázar

amenazar a doña Rosalía.

Así que me lo tomo en serio,

pero, vamos, no es nada personal, es que...

es por salud mental.

-Señorita, siéntese un momento que ahora la llamamos.

-Pablo.

-Estoy desconcertado.

Y no me puedo creer que Mar haya hecho una cosa así,

pero todo coincide. Ella trajo la botella de vino.

Encontré el frasco con el ácido en su bolso y luego...

pegó a Sara.

No he tenido más remedio que denunciarla.

Así que es posible que fuera esa cría.

Alguien me debe una disculpa.

Papá, no creo que sea el momento.

-Nada de esto es culpa tuya, hijo.

No te atormentes.

Has hecho lo que tenías que hacer.

-Lo sé.

Pero ya es demasiado tarde para ti.

-Lo importante es que no lo es para ti.

Has estado a punto de dejarlo todo por esa mujer.

-Mamá tiene razón, Pablo.

Por suerte, has descubierto cómo era Mar a tiempo.

-Perdone, pero lo único que tiene que hacer

es contestar a mis preguntas.

¿Llevó usted una botella de vino a casa de los Cortázar?

-Sí.

Sara me invitó esa tarde a su casa.

-¿Y Sara sabía que su marido y usted eran amantes?

-Sí.

Nos había visto besarnos en la bodega.

-No parece muy lógico que la invitara a su casa

sabiendo que se estaba usted acostando con su marido.

¿No cree? -No.

Pero Sara me dijo que sabía que su matrimonio estaba roto y...

y que entendía que Pablo se hubiera enamorado de mí.

Me pidió que no dijera nada,

que quería hablar ella con su marido.

-Entonces, Pablo sabía que su mujer conocía

la relación que mantenía con usted.

-No, no, no. Nunca llegó a contárselo.

Por eso me invitó a su casa y me pidió que trajera el vino.

Ella quería envenenarme a mí.

-Así que, según usted,

Sara conocía su relación con su marido

y se calló para poder envenenarla

y que nadie sospechara de ella. -Sí.

¿Me cree ahora?

-Bueno, no parece muy creíble que alguien

en la situación de Sara pueda haber hecho algo así.

-¿Qué tiene que ver su situación con todo esto?

-¿Le dijo usted a Sara:

"Ojalá te hubieras muerto cuando te caíste

por las escaleras"?

-Sí, sí. Sí, lo dije.

Lo tenía todo planeado.

Quería sacarme de quicio para que lo oyera Pablo

y lo consiguió.

Esa mujer es mala.

Es fría.

Fue Sara.

-¿Pero cómo ha conseguido el testamento?

Tú lo rompiste delante nuestro.

Bueno, yo rompí lo que me dio papá.

¿Pero qué estás diciendo? ¿Que te di una copia?

¿Para qué iba a hacer eso? -Por favor, Miguel.

Papá nunca dejaría que una extraña

se hiciera con nuestro patrimonio.

No he sido yo últimamente el que está obrando

contra esta familia. ¿Te preocupa perder las bodegas?

Acabas de revelar ante un juez secretos de esta empresa.

Tu testimonio puede ser mucho más dañino que esa mujer.

-¿Es verdad? ¿Has declarado, Miguel?

Tenía que hacerlo. Lucía es inocente.

Lucía es culpable por haberse fiado de quien no debía.

Lo siento mucho por ella y por su familia,

pero nosotros no vamos a pagar por eso.

-Basta ya, ¿eh? Lo hecho, hecho está.

El caso es que esa chica sigue en la Siesta,

dispuesta a quitárnoslo todo.

Yo me encargo de ella. No.

¿Crees que no soy capaz de resolverlo solo?

Estoy seguro de que sí.

Y eso es lo que me preocupa.

Hijos, aunque vuestro hermano lo olvide,

somos Cortázar. Vamos a salir de esta.

-¿Es papá?

-Es Carlos. Era su primer cumpleaños.

María, cariño. Ve a tu cuarto, anda. Corre.

¿Puedo sentarme?

Miguel ha ido a declarar esta mañana

en el juicio de Lucía Reverte.

Después de todo lo que has hecho por tu hijo Raúl,

tu hijo mayor lo ha echado todo por la borda.

-Si lo que pretendes es hacerme daño,

lo estás consiguiendo.

Se te puede reprochar muchas cosas, Rosalía,

pero siempre has intentado defender a los tuyos.

Es una pena que tu hijo vaya a la cárcel,

mientras que tú estás aquí, sin poder hacer nada.

En la cama.

-¿Qué quieres, Vicente?

Lo mismo que tú. Salvar a nuestro hijo.

-Gracias por conseguirme el testamento.

-No hay de qué.

Pero ten cuidado. Los Cortázar son gente peligrosa.

Sobre todo si se sienten amenazados.

-Mi madre me habló mucho de ellos.

Pero ellos no saben nada de mí.

Tendrán los colmillos afilados,

pero yo ahora tengo algo que les puede dejar en la calle.

-Durante muchos años pensé que eran incapaces

de querer a nada o a nadie. Pero me equivocaba.

Puede que no entiendan de amor o de lealtad,

pero sí de ambición. Esas bodegas son

lo que más quieren en el mundo.

Y no van a detenerse por un simple papel.

-Paula, seré joven, pero no idiota.

Te sorprendería saber por las cosas que he pasado.

Esto no va a ser difícil para mí.

-Ya veo que la osadía forma parte de los genes Cortázar.

-Me gusta estar a la altura de mis adversarios.

Lo que no termino de entender es qué ganas tú con todo esto.

-Yo no gano nada, Julia.

Porque nada va a devolverme lo que perdí

por culpa de esa familia.

Pero gracias a ti, voy a darles donde más les duele.

Móvil.

-¿Sí?

Me encantaría reunirme contigo, Miguel.

-Ha tardado menos de lo que esperaba.

Mi padre siempre ha tenido mucho ojo para los negocios.

Utilizó hasta el último céntimo que tenía

para comprar las tierras que lindaban.

Modernizó las instalaciones.

Industrializó el proceso.

Fue él quien convirtió las bodegas en lo que son hoy día.

-Entonces, me alegro de no tener que pedir en la demanda

una indemnización por daños y perjuicios.

¿No pensarás que por hacer de guía turístico

voy a renunciar a lo que me pertenece, ¿verdad?

No. No soy tan ingenuo.

Solo quería enseñarte lo que estas bodegas

son para la familia.

-¿Dinero y poder? Vida.

Por eso estamos dispuestos a llegar a un acuerdo

que satisfaga a ambas partes.

-Alejandro Cortázar dejó toda la herencia a mi abuelo.

Así que lo único que puedo ofreceros

es cuidar todo tan bien como lo habéis hecho vosotros.

Mi abuelo no estaba en plenas facultades

cuando hizo este testamento.

-Y lo ocultasteis durante 40 años.

Cualquier juez lo vería como una prueba de su validez.

Será un proceso largo y costoso.

Con testigos que podrán corroborar nuestra versión.

¿Estás segura de que quieres arriesgarte?

-Soy abogada, Miguel.

Los juicios no me asustan.

Y tú tampoco.

Esta mañana he hecho una declaración ante un juez

que puede poner en problemas a estas bodegas.

Puede que dentro de unas horas esta empresa no valga lo mismo.

-Entonces, ¿por qué quieres mantenerlas?

Esta es nuestra oferta. Piénsalo.

Mejor esto que nada.

-Tu padre jamás consentirá que la bodega se hunda, Miguel.

Le corresponde un tercio de todo.

Es más de lo que tiene ahora, ¿no?

Móvil.

Dime, Emma. -Miguel.

Es mamá.

¿Le ha pasado algo? -Se ha ido.

¿Cómo que se ha ido? ¿Adónde va a ir en su estado?

-No lo sé. He entrado en su habitación y no está.

-Miguel ha declarado contra ti.

-Mamá, si eso es cierto, el juez va a abrir

una investigación.

Me tengo que ir. -No quiero que huyas más.

-No hay otra salida. -Sí. Sí la hay.

Échame la culpa a mí.

Di que yo soy la dueña de esa empresa.

Y no te vayas.

-Mamá. Mamá, no sabes lo que dices.

No podría hacer algo así. -Yo ya no tengo nada que perder.

Firmaré lo que haga falta.

Quiero que mi muerte sirva por lo menos

para salvar a mi hijo.

(TOSE)

-Mamá. (TOSE)

-Mamá, va a ser mejor que te lleve a casa.

Mamá.

-¿Qué tal ha ido?

Abre una botella, que tenemos que celebrarlo, Adolfo.

-Eso suena bien. Mamá, ¿no crees que es

un poco pronto para celebrar nada?

Si algo me ha enseñado la vida, es a celebrar

los momentos buenos cuando llegan.

¿Dónde vas con esa botella, Adolfo?

-Huy. Huy, huy. No me he dado ni cuenta.

Estoy tonto.

-Vaya despiste. Ya la cojo yo.

Además, tenemos otra cosa que celebrar.

¿Os acordáis de Mercedes Domínguez?

¿La dueña de las tiendas gourmet? La misma.

Pues está encantada con nuestro arrope

y quiere invertir en el negocio.

-Hoy todo son buenas noticias. Quiere reunirse con vosotros

cuando antes. Y contigo, ¿no?

No. Esto ha dejado de ser

un entretenimiento de ama de casa, hija.

Hay mucho dinero en juego.

Vosotros sois los dueños de la bodega

y os corresponde a vosotros negociar.

-Bueno, pues ya me encargo yo de esto.

Ahora mismo lo más importante

es que estés centrada en el juicio.

En fin. Como podrás imaginar, hacer frente a tu pedido

nos va a suponer un gran esfuerzo.

Con los depósitos que hay no tendríamos suficiente.

-Pero tenéis muchísimos. Yo creo que con esos

sí podríamos hacer frente a los pedidos.

-Pero los necesitamos para el vino de la próximo cosecha.

-¿Pero, exactamente, qué os ha contado Sofía?

-Bueno, que... querías hacernos un nuevo pedido.

Aún mayor. En fin. Si hablamos de cantidades industriales,

esta es una bodega pequeña y...

-Ya veo que o no me expliqué bien o Sofía no me entendió.

El arrope de vuestra madre se está vendiendo

como no os hacéis idea.

No tenemos competencia. El mercado es nuestro.

Yo no quiero que las bodegas Reverte me haga arrope

cuando el negocio del vino se lo permita.

-¿Entonces?

-Quiero comprar vuestras bodegas.

-Pero las bodegas no están en venta.

-Daniel.

Vuestra situación es muy delicada.

Y yo creo que esto es vuestra salvación.

-Nosotros somos bodegueros. Hacemos vino.

-Los tiempos cambian, Adolfo.

Los que se adaptan, son los que sobreviven.

-Mercedes.

Lo siento, pero no... -El apellido Reverte se respetará.

Seguiríais trabajando aquí, si os interesa.

Y, sobre todo, es mucho dinero.

Échale un vistazo, por favor.

Hasta luego.

-Será mejor que no le digamos ni una palabra

de esto a mi hermana.

-¿Por qué?

-Por muy bien que vaya el juicio, sería capaz de vender

las bodegas si con esto nos saca de la ruina.

Es solo cuestión de horas.

-Que no, Pablo, que nadie la ha visto salir.

Bueno, escucha. Avísame si te enteras de algo.

No deberíais preocuparos.

Si se ha ido por su propio pié, no estará tan enferma.

Papá, por favor.

Llaman a la puerta.

-¡Mamá! ¿Pero qué has hecho, mamá?

Estás agotada. ¿Cómo se te ocurre salir?

-Me llamó estando en la calle.

-Amelia. Ayúdele, por favor.

Mamá, con cuidado.

¿Qué vas a hacer, Miguel? ¿No irás a llamar a la policía?

No, Emma. No voy a llamar a la policía.

-Pablo, ¿has visto a Miguel? -No.

¿Tú no estabas despedido?

-Estáis demasiado ocupados con la heredera.

-¿Cómo sabes eso?

-Sé mucho más de lo que te crees, Pablo.

Os puedo ayudar con ella. -Mira, Gustavo.

En estas bodegas no hay sitio para ti.

Julia Cortázar llega y tú te vas.

-¿Estás despidiendo a un alto cargo

sin consultarlo con el resto de la junta?

-No va hacer falta despedir a nadie.

Las cosas se van a poner tan difíciles,

que os acabaréis yendo por vuestro propio pié.

Los dos.

-Creía que no querías saber nada de mí.

-Y no te equivocas.

-Entonces, ¿a qué ha venido este numerito?

-Los Cortázar te odian, Gustavo.

Me gusta sacarles de sus casillas.

-¿Sabes lo que creo?

Que en el fondo disfrutas teniéndome a tu lado.

-Tienes toda la razón.

Disfruto teniéndote a mi lado.

Bastante más que encima.

Será mejor que busques otro clavo al que agarrarte.

-Joder.

-Una chica tan guapa no debería mancharse las manos.

-¿Quién te envía? Miguel.

Vicente. -¿Perdona?

-Podría haberte seguido el juego hasta que me cambiaras la rueda.

Que para eso me la has pinchado tú.

-¿Yo?

-Pero no me gusta andarme con rodeos.

Eres Gustavo, ¿verdad?

Lacayo de Vicente, de Paula.

Y traidor a todos.

Ya me avisaron de que no tardarías en hacerme una visita.

-Si vas a poner en jaque a los Cortázar,

quería desearte suerte.

Así que suerte.

-También me dijeron que te vendías al mejor postor.

-¿Y? -Que ahora mismo

yo soy el mejor postor.

-Gustavo Arístides.

-De momento, cambia esa rueda.

Y cuando te hayas lavado las manos,

puede que nos hagamos amigos.

Si vas a salir corriendo otra vez,

será mejor que te la lleves.

-Cuánta amabilidad después de declarar

en mí contra esta mañana.

¿Qué hacías con mamá?

-No tengo que darte ninguna explicación.

Ni a ti ni a nadie.

¿A mí tampoco?

-¿Qué haces aquí?

Quería darte la oportunidad

de que te comportases con dignidad.

-O de ganar puntos ante ella, ¿no? Dios, Raúl.

Lo que está pasando es muy grave.

-No tenía que haber sido así.

Lo tenías pensado desde el principio, ¿no?

Era un blanco fácil.

-Todo tiene una explicación, ¿vale?

Si quieres explicarte, todavía puedes hacerlo

delante de un juez.

¿Vas a permitir que me embarguen la bodega?

¿De verdad vas a permitir que mi hijo nazca en la cárcel?

Confiaba en ti.

-Y yo en ti.

Lucía.

Si me dejas, a ese niño no le va a faltar de nada.

Este niño es mi hijo.

Yo me voy a encargar de que no le falte de nada.

Soy inocente, Raúl.

Lo voy a demostrar y tú vas a pagar por lo que has hecho.

-Enhorabuena, Miguel.

La has recuperado.

Pena que la cárcel se interponga entre vosotros.

Raúl, voy a acabar contigo.

-Lo dudo mucho.

-¿Vas a hacerlo?

Mientras me queden fuerzas, firmaré lo que haga falta.

Timbre.

-Ya voy yo, Amelia.

-Se abre el telón y aparece una policía

en la puerta de los Cortázar. ¿Cómo se llama la película?

-Ni idea. -Pues yo tampoco lo sé.

Pero espero poder terminar el chiste la próxima vez que venga.

-Precisamente quería hablar con usted.

-Bueno, yo venía a hablar con su cuñada Sara,

pero usted me dirá.

-Amelia, ¿puede traer el álbum de fotos

de mi madre, por favor? -Sí, señorita.

-Mi madre ha tenido una recaída. Está peor.

Y he pensado que sería bueno que viera

por última vez a Carlos, su hijo.

-No entiendo qué puedo hacer yo. -Ha desaparecido.

No responde a las llamadas y, bueno,

estoy empezando a pensar que le ha podido pasar algo.

-Ya. -Gracias.

A lo mejor si le doy una de sus fotos.

-No, no. No se preocupe. Guárdese la foto.

No voy a hacer carteles de "se busca".

Pero veré lo que puedo hacer.

-Gracias. -¿Su cuñada?

-Está en el salón. Si quiere, le acompaño.

-No, no, no. Conozco el camino. Gracias.

Emma, ¿qué hace el coche de Ortega ahí fuera?

¿Ha pasado algo? -No. Quería hablar con Sara.

Me imagino que por todo el lío de lo de mamá.

Miguel, ¿tú te acuerdas de la fecha

en la que mamá se marchó de casa?

Pues creo que fue poco después de la muerte de Irene Salcedo.

Mayo o junio del 76. ¿Por qué?

¿A qué viene eso ahora?

-A que mamá ya estaba embarazada cuando se fue de aquí.

Mira la fecha de la foto.

Echa cuentas.

Bueno, mamá nunca ocultó que se enamoró de ese hombre

antes de irse de casa.

-Ojalá Pablo nunca la hubiera contratado.

-¿Esa amargura es por su suegra o por su matrimonio?

-¿Cree que me da igual que mi suegra vaya a morir?

-Tranquila. Si tuviera que detener

a todos los que les da igual, no quedaría nadie libre.

Pero soñar no es un delito.

Lo que sí me preocupa es lo que Mar Azpeitia

ha declarado en comisaría.

-Esa chica está loca.

-Es curioso. Ella opina lo mismo de usted.

Le acusa de envenenar el vino para querer matarla.

-Por Dios. ¿No irá a creerse algo así?

-Soy policía. Yo solo creo en las pruebas.

Pero he de confesarla

que su estrategia de defensa es buena.

-¿Qué quiere decir? -No es ningún secreto

que Mar y su marido mantenían una relación.

Además, tengo entendido que Pablo Cortázar

le había pedido el divorcio recientemente.

-Eso pertenece a mi vida privada. -Y a mí,

si puede ser el móvil de un intento de asesinato.

-Mire. No supe nada de esa relación

hasta poco antes de que la detuvieran.

Yo apreciaba a Mar. Empezábamos a ser amigas.

Por eso la invité aquel día a casa.

-El mal suele esconderse tras las caras más angelicales.

Por eso mi trabajo es tan difícil.

Pero le aseguro una cosa. No voy a dejar de investigar

hasta que no quede un cabo suelto.

¿Sabe?

Si hay algo que me saca de quicio, es que una mujer

le ponga la zancadilla a otra por un hombre.

Como si no lo tuviéramos ya bastante difícil.

-Agente Ortega.

¿Alguna novedad? -Ninguna.

Bueno.

He interrogado varias veces a Mar

y ella insiste en su inocencia.

Verá, tenía un motivo para matar a su mujer

y la oportunidad y, además, usted encontró

la sustancia en su bolso, pero...

No sé. Hay algo que no me cuadra.

-Bien. ¿Cómo puedo ayudarla?

-Debería hablar con ella. -No.

No serviría de nada.

-Una mujer enamorada es capaz de cualquier cosa.

Incluso de decir la verdad.

Inténtelo.

-Cuando haya acabado, avíseme.

-¿Cómo estás?

-No... no me puedo creer lo que está pasando.

Es como una pesadilla.

-Lo siento.

No puedo hacer nada.

-Sí que puedes.

He estado pensando en lo que pasó ese día

y creo que alguien pudo ver a Sara coger

el frasco de ácido del laboratorio.

-Y si alguien la vio, ¿por qué no ha dicho nada?

-No es fácil.

Se trata de María.

-¿María? -Sí.

¿No te acuerdas? Estuvo con Sara en las bodegas.

Pudo verla en algún momento. ¿Por qué no se lo preguntas?

-No. María es una niña pequeña. No puede...

María, no toques esto, que es veneno.

Marc.

¿Qué haces aquí? ¿Alguna novedad con el juicio?

-Raúl. Se ha sacado un as de la manga.

Ha presentado unos documentos que desmienten

que fuera administrador en esas fechas.

Pero tienen que ser falsos.

-El juez ha aceptado los documentos, Lucía.

Ha anulado la declaración de Miguel.

Pero no puede ser. ¿No le van a acusar

por lo que hizo?

¿Qué hago ahora? Esa empresa era la clave

para demostrar que él es el culpable y yo no.

Si Raúl prueba que no tiene nada que ver, estoy perdida.

-El caso está visto para sentencia.

Solo nos queda esperar la decisión del juez.

Voy a llamar a Miguel.

Se ha enfrentado a su familia para nada.

Teléfono.

¿Sí? Vicente, soy Lucía. ¿Está Miguel?

Sí, muy bien. Vale, vale.

No. Creo que está arriba con su madre.

Bueno, iba a enterarse de todas formas.

Dígale que Raúl ha presentado unos documentos

y el juez acaba de anular su declaración.

¿Lucía?

Vengo a darte las gracias.

Verás, yo no podría haber influido

en la opinión de un juez. Si no es por ti,

el testimonio de Miguel hubiera sido

muy dañino para las bodegas. Pero se han salvado.

En cuanto resuelva el asunto de la heredera,

las bodegas Cortázar volverán a ser mías.

Todo gracias a ti.

Y a ese testamento. (TOSE)

Cuídate.

Le dije a Julia que la bodega

podría verse en problemas tras el juicio.

Eso es papel mojado.

Han declarado nulo tu testimonio. ¿Cómo?

Raúl ha presentado unos documentos

que desmienten tu declaración.

Y tú no tienes nada que ver con eso, ¿verdad?

¿Por qué iba a hacer una cosa así?

Porque si la heredera hace público el testamento,

un tercio de ese patrimonio vuelve a tus manos.

Y, claro, un tercio de una bodega en ruinas

no te interesa, ¿verdad?

Miguel, sé que he hecho cosas que no han estado bien

y me habéis hecho pagar por eso.

Ya no quiero nada para mí.

Sinceramente, creo que solo hay una solución a esto.

Si Julia Cortázar quiere las bodegas, vamos a dárselas.

-Papá.

Miguel lo ha dicho antes.

¿Quién querría unas bodegas arruinadas?

En cuanto esa chica descubra que hemos tenido

una de las peores cosechas en años,

tal vez esté dispuesta a negociar un precio razonable.

Pero hemos tenido una buena cosecha.

Miguel, los buenos vinos no se hacen solos.

Y los malos tampoco.

-¿No querrás que echemos a perder el vino?

Solo unos depósitos. Los justos para hacer esto creíble.

Sería un suicidio.

¿Tienes un plan mejor? No podemos tirar tanto vino.

-Tenemos mucho vino guardado en las bodegas Reverte.

Y Julia no sabe ni que existe.

-No tenemos nada que perder.

Si esto sale mal, sería nuestra ruina.

-Por supuesto, Miguel.

Pero hemos tenido problemas mucho mayores.

-Es mejor eso que nada.

Hijo, vamos a la bodega.

No tenemos mucho tiempo.

-Aquí tienes.

-Muy bien. Gracias. -Hasta luego.

-Hasta luego.

-Era el vino de los Cortázar.

-Sí.

No hemos sacado mucho, pero al menos

nos va a dar para pagar alguna deuda.

-¿Y has pensado qué vamos a hacer cuando Vicente

quiera recuperarlo?

-Ahora mismo es lo que menos me importa.

Hay que darse prisa o esa cría nos quitará

hasta el aire que respiramos. -Lo sé.

¿Pero y si Miguel tenía razón?

Mira, Miguel no hace mucho quemó nuestras propias viñas.

Aquello era más arriesgado y lo hizo.

Pablo, tú mismo lo has dicho.

Tenemos vino de sobra en las bodegas Reverte.

No vamos a perder una cosecha. Vamos a ganar muchas.

Y serán las mejores. Bueno.

Silbidos.

-¿Qué? ¿Preparando el regreso?

Pensaba que ya no trabajabas aquí.

-Ya sabe que mala hierba no muere nunca.

Yo no sería tan optimista.

-Yo, sin embargo, tengo razones para serlo.

A Julia Cortázar le va a encantar saber lo que ha pasado ahí.

¿Qué es lo que ha pasado?

-No se haga el tonto, Vicente.

Les he visto echar algo en los depósitos.

Plan perfecto, ¿no?

Arruinar la empresa para que ella renuncie a la herencia.

Si no has ido a contárselo, es porque quieres algo.

-Quiero un futuro. Pues sal y búscalo,

como hemos hecho todos.

-Ya me he cansado de buscar, Vicente.

Esto es lo único que sé hacer. ¿Chantajear?

-Prefiero llamarlo trabajar para los Cortázar.

Su apellido me ha dado muchas cosas,

pero fuera de aquí es una losa.

Consígame un contrato y la heredera no sabrá nada.

Vamos, Vicente.

¿De verdad crees que entre esa aspirante y usted

iba a dudar con quién quedarme?

¿Conoces a Julia Cortázar?

-La conozco. Y tiene ganas de tener un amigo por aquí.

Creo que está dispuesta a confiar en mí.

Veremos.

Cuidado con lo que deseas.

Podría hacerse realidad.

-No soy yo quien debería temer por mis deseos.

Me han dicho que tu declaración ha sido anulada, Miguel.

Buena noticia para mí.

Y otra buena para ti.

Estudia este acuerdo.

Prometo ser una jefa comprensiva.

Para aquellos que me pongan las cosas fáciles. Eso sí.

Al final será un desgaste para todos

y sabéis perfectamente que voy a ganar.

No tardes mucho en firmarlo, no vaya a ser

que cuando lo hagas, haya contratado

a nuevos trabajadores.

-Lleve esta factura

a administración, por favor. -Sí.

-Paula, ¿has visto a Gustavo? Me ha citado aquí.

-¿Gustavo? ¿Qué quería? -Hablar con ella, si no te importa.

-¿A qué estás jugando?

-A nada. Solo quería avisarla de algo.

-Pues no me voy a mover de aquí

hasta que no me digas qué está pasando.

-Los Cortázar traman algo.

-¿Qué está pasando con el vino?

-Eh... ¿Tú quién eres? -Julia Cortázar.

Y tú, Pablo Cortázar. Una vez hechas las presentaciones,

insisto, ¿qué está pasando con el vino?

-Perdona, pero no creo que tenga que darte

ninguna explicación. -Pero a mí sí.

Sabemos que nos ocultáis algo. Gustavo acaba de decírnoslo.

-No lo niegues, Pablo. He visto el revuelo

que había esta mañana por aquí y he hablado con un empleado.

Han encontrado bacterias acéticas en los depósitos.

¿Hasta cuándo ibais a seguir ocultándonos

que nos hemos quedado sin vino?

-Bueno, hasta que estuviéramos absolutamente seguros.

-¿Se ha perdido toda la cosecha?

-Hemos podido salvar algunos depósitos,

pero la verdad es que es un desastre.

¿Qué pasa?

-Acaban de enterarse del problema con el vino.

Pablo.

Pensaba que lo habíamos dejado claro.

Nadie tenía que enterarse de esto.

-No os creo.

-Muy bien.

Pruébalo tú misma.

Apenas podemos hacer frente a los encargos.

Si se enteran, vamos a perder más clientes.

-Por mí no tienes de qué preocuparte.

Aunque me encanta veros sufrir, lo haré por ella.

Paula, por favor, que esto no salga de aquí.

-Tranquilo.

-¿Por qué no me has dicho nada?

¿Podemos hablar un momento a solas, por favor?

-Te has acojonado, ¿eh?

-Has montado todo este tinglado para que me eche atrás.

Te juro que esto no es cosa mía.

-Está bien. Voy a aceptar tu propuesta.

¿Ahora?

Verás, lo siento, pero después de lo que ha pasado

con el vino, tu parte ahora vale mucho menos.

-Estoy convencida de que sabrás ser generoso.

Si no quieres que os demande por haber echado a perder

el legado de mi familia. Ha sido mala suerte.

-No voy a conformarme con lo que me quieras dar ahora.

Bueno, siempre puedes quedarte con la empresa

e intentar sacarla adelante tú sola.

-Me estás tomando el pelo.

No voy a aceptar esta cifra. No, no. Te estás equivocando.

Con la cosecha en el desagüe, los impagos que tenemos

y la posible retirada de la denominación de origen,

esto es lo que vale ahora toda la empresa.

-Estás de broma.

Te ofrezco el 30% de esa cantidad.

-El 50%.

El 40 o una empresa en ruinas. Tú decides.

-Está bien.

¿Por qué no te vienes a cenar con nosotros?

Has demostrado ser una Cortázar de pura cepa.

-No juegues conmigo, Miguel.

Todavía puedo arrepentirme. A las 8.

-Hola, María.

¿Qué haces? -Leer.

-Ah.

Ven conmigo.

Necesito que ayudes a papá.

¿Te acuerdas que viniste al trabajo con mamá

y cogiste un frasquito y te dije que lo dejaras

porque era veneno?

-¿Veneno como el de la bruja? -Ajá.

Sí, exacto. Como el de la bruja del cuento.

Necesito que me digas si sabes

si alguien más cogió ese frasquito. -Tú.

-Ya. ¿Y aparte de mí?

¿Sabes si alguien más sacó el frasquito del laboratorio?

Por ejemplo, mamá.

-Hola. ¿Estáis leyendo?

-No. Papá me preguntaba

si tú cogiste su frasquito.

-Cariño.

¿Te importa terminar de leerte el libro en tu habitación?

-Sí. -Venga, María.

-¿Cómo se puede ser tan cerdo?

Utilizar a tu hija para saber si yo envenené a tu madre.

-Sara, por favor. -¿Qué?

Encontraste ese bote en el bolso de Mar.

¿Qué más necesitas para convencerte de que yo no hice nada

-¿Has hablando con María? -Sí.

-¿La vio? ¿Vio a Sara coger el frasco?

-No, Mar. No la vio.

-Pablo.

No puedes dejar que esto siga adelante.

Ayúdame.

Es cuestión de horas. Estamos esperando la sentencia.

Todo va a salir bien, mujer.

No lo sé.

Cuando avanzamos un poco,

Raúl consigue poner todo a su favor otra vez.

A veces me siento responsable.

Los hijos no siempre salen como uno desearía, ¿verdad?

Raúl siempre ha sido un chico muy complicado.

Nunca conseguí meterle en vereda.

Ni tú ni nadie. Es incontrolable.

Y por su culpa puede que pierda las bodegas y a mi hija.

Si quieres, puedo comprar parte de las bodegas.

Con ese dinero podéis salir adelante.

Mis hijos nunca lo consentirían, Vicente.

Además, hay otra oferta en pié.

¿Puedo saber de qué se trata? Eso da igual.

Con mi hija a punto de volver a la cárcel, eso da lo mismo.

Tengo que hacer muchas cosas dentro.

Termínate el vino si quieres.

Raúl. Raúl, quiero verte en casa.

¿Desde cuándo te ha importado

lo que piense tu hermano Miguel? Es urgente.

Hola, mamá. Hola, hija.

No has ido hoy a la bodega. Hoy no serviría de mucho allí.

Marc debe estar a punto de llegar con la sentencia

y estoy muy nerviosa. Hay que tener esperanza.

Tienes razón. ¿Me ayudas?

Sí. Voy poniendo la mesa. Vale.

(TIRA LOS CUBIERTOS)

Mamá.

Es Marc.

No, mamá.

Voy yo sola, por favor.

Jesús, por favor, ayuda a tu hija.

Hija.

-¿Estás bien? ¿Te traigo algo?

¿Quieres un zumo, una infusión?

Mejor que la vea un médico.

Un desmayo en su estado no es para tomárselo a la ligera.

Mamá, ya te he dicho que estoy bien.

Que ha sido el susto.

-Lu, te juro que no vas a poner un pié en la cárcel.

He hablado con Marc para que ponga el recurso.

No. No voy a recurrir la sentencia.

¿Qué dices, hija? Mamá, si cumplo condena ahora,

mi hijo no recordará nada.

-Lucía, si te das por vencida, Raúl Cortázar habrá ganado.

Ya ha ganado.

Esta mañana solo le faltó reírse en mi cara.

-¿Que le has visto?

¿Ese cabronazo ha vuelto?

Hijo...

-Y lo sabíais.

Dani, fui la que les pidió que no te dijeran nada.

No quiero más problemas. Estoy cansada.

Es mi decisión.

¿Dónde vas?

-Iré con él, no se le ocurra hacer alguna tontería.

Llaman a la puerta.

-Hola.

-¿Dónde está Raúl? -Señores, no pueden entrar.

-¡Raúl! ¡No te escondas!

-Cálmate, Dani. Así no vas a solucionar nada.

-¿Qué haces aquí, Dani?

-Dile a tu hermano que dé a la cara.

-Me parece que estás un poco nervioso.

-¿Está, sí o no?

-No está aquí. -Sí que estoy.

-Hijo de puta.

-O te marchas o llamo a la policía.

-Déjalo, a ver si es tan hombre como dice.

-¿Dejarás que mi hermana vaya a la cárcel?

-Por favor. Piensa en su hermana.

Su estado es delicado. -¿Qué le pasa?

-Por tu culpa ha estado a punto de perder al niño.

-Lo siento por ella.

Y por el padre, sea quien sea.

¿Qué está pasando aquí?

-Esto no va contigo. No te metas.

¿Cómo que no me meta? Entráis en mi casa,

le pegas a mi hijo ¿y todavía te atreves

a darme órdenes? -Esta familia me ha quitado

muchos años de mi vida.

No dejes que a Lucía le pase lo mismo.

Me lo debes.

Y sobre todo, se lo debes a Sofía.

-Joder con el viejo.

Me cogió desprevenido. Ese viejo, como tú le llamas,

tiene más agallas y más dignidad que tú.

Todavía no he terminado.

-¿Y qué te queda?

Recuperar a mi hijo.

-Vicente Cortázar dispuesto a perdonar.

Devuelve el dinero a los Reverte y olvidaré todo lo que has hecho.

Dentro de poco va a quedar un puesto libre en la bodega.

-Eso sería reconocer que yo hice el desfalco.

Has demostrado ser muy hábil con las finanzas.

Seguro que se te ocurre algo para devolverlo

sin que te puedan seguir la pista.

No quiero que a mi nieto le falte nada

mientras su madre está en la cárcel.

-Eso es mentira.

Haces esto para conseguir lo único

que se te ha resistido en esta vida.

Sofía Reverte.

¿Qué sabes tú de Sofía Reverte?

Si quieres recuperar tu puesto en esta familia,

ya sabes lo que tienes que hacer.

Es su última oportunidad.

-¿Y quién te ha dicho que me interesa volver?

Entonces, ¿qué haces aquí?

Después de estar tanto tiempo solo, uno aprender a valorar

lo que tenía, ¿verdad?

-Tendrías que haber visto su cara.

El tío estará mayor, pero todavía tiene un buen gancho.

Y una mano hinchada como una bota. ¿Pero cómo se os ocurre, Dani?

-Bueno, Lu, que tampoco es para tanto.

Bueno, ahora lo importante es pensar

qué hacemos con la bodega. Cuando los acreedores

se enteren de que me han condenado, se van a poner nerviosos.

No tienes por qué preocuparte tanto de la bodega.

Daniel. -Mamá.

A ver, ¿qué pasa?

-Mercedes Domínguez nos ha hecho una oferta por las bodegas.

Quiere comprarlas y hacer arrope en ellas.

¿Y por qué no me lo habías dicho antes?

-No quería que se te pasara por la cabeza vender.

Pero si esa puede ser nuestra solución.

Con ese dinero podríamos pagar las deudas que tenemos

con Hacienda y la Seguridad Social. -No. Podemos hacerlo.

¿Cómo, Dani?

La bodega está hundida

y yo no voy a estar aquí para ayudarte.

-Pero está mamá y el tío Adolfo.

Tenemos que seguir luchando hasta el final.

Ya lo hemos hecho, Dani.

-No tenemos otra alternativa, ¿verdad?

Vender es lo mejor para todos.

Estoy segura de que papá nunca hubiera querido

que esta bodega fuera nuestra pesadilla.

-¿Crees que esta es la mejor opción, Lu?

No hay otra, Dani.

Ni siquiera él hubiera podido salir de esta situación.

Tenemos que mirar hacia adelante.

-Ojalá pudiera ir a la cárcel en tu lugar.

No digas eso.

No hubiera podido llegar hasta aquí sin ti.

-Anda ya.

Papá siempre lo tuvo claro.

A mí esto me quedaba grande.

¿Por qué has insistido tanto en vender?

Reconócelo. Ni siquiera tú confías en mí.

Pues claro que confío en ti.

Por eso quiero que cuides de mi hijo cuando nazca.

-Lu... Un bebé necesita a su madre.

Necesita un hogar.

-Yo no sé nada de niños. Pero tendrás a mamá.

Dani, no te lo pediría si no supiera que puedes hacerlo.

¿Cuidarás de él?

-Solo espero no defraudarte.

No lo harás.

Serás el mejor padre que pueda tener.

-Estoy segura de que el negocio del arrope será todo un éxito.

Gracias a ti, Sofía. Gracias a todos.

Todos lo hacemos. -Enhorabuena.

Habéis hecho lo mejor. -Disculpad.

Tengo trabajo.

Dani...

-Tranquila, Lucía. Se le pasará.

¿Sabe qué pasa, Mercedes?

Que para mis hijos no es solo un negocio.

Es su vida.

-Claro.

Lo entiendo. Te presento a la gente.

-Gracias. Ahora venimos, Lucía.

¿Cuándo te vas?

Esta tarde.

Lucía... No. No digas nada, Miguel.

Te voy a esperar.

Dos años es mucho tiempo.

Entendería que no lo hicieras.

-Ya está.

He devuelto el dinero. Como querías.

He olvidado la última vez que me obedeciste en algo.

-Podríamos empezar de cero, ¿no?

Que no quiera verte en la cárcel, no significa

que esté dispuesto a olvidar lo que hiciste en el pasado.

-¿Qué es esto? Es la dirección del hostal

de un amigo mío. Seguro que si le dices

que eres mi hijo, puedes quedarte allí una temporada.

-¿No me vas a perdonar nunca? Es demasiado tarde para cambiar.

Vete de esta casa.

-Me has vuelto a engañar.

Eres el mismo de siempre. ¿Qué pasa?

Tu hermano se va ya.

Haz el favor de acompañarle a la puerta.

-Tranquilo, que ya me voy.

Ya veo de qué lado estás. No te confundas.

No estoy del lado de nadie.

Tampoco me importa lo que haya pasado

entre vosotros ahí dentro.

-Eres igual que él. Yo al menos intento cambiar,

pero tú... -Yo no soy como papá.

Eres peor.

-Supongo que va en la sangre, ¿no?

Aún estás a tiempo de hacer algo bueno en tu vida.

-¿El qué?

Entregarme para que puedas seguir con Lucía, ¿no?

El hijo de Lucía podría ser tuyo.

Si va a la cárcel, papá se hará con la custodia del niño.

¿De verdad quieres que crezca como un Cortázar?

Mírate.

Míranos.

¿Qué clase de vida le espera?

¿Eso es lo que quieres para él?

¿Que te odie tanto como tú a papá?

-Adiós, Miguel.

-¿Se sabe algo de Carlos? -Ortega está en ello, mamá.

Voy a conseguir que venga a verte. Ya verás.

Mamá.

He estado pensando en la historia que me contaste

de cuando papá te echó de casa.

Y... me gustaría preguntarte algunas cosas.

-Mi vida lejos de esta casa siempre fue muy aburrida.

-Pero estuviste viviendo con un hombre más de 20 años.

Y tuviste otro hijo con él.

-¿Qué quieres saber? -No sé.

¿Dónde os conocisteis? ¿Cómo era?

-Eligio trabajaba en las bodegas.

Cuando tu padre se dio cuenta

de que entre nosotros había... algo,

le despidió.

-Y, entonces, ¿qué pasó?

-Pues que él se fue a Francia a trabajar.

Y yo hice lo único que podía hacer en aquella época.

Me quedé con tu padre, como si no hubiera pasado nada.

-¿Y eso en qué año fue?

-En el 75.

-Pero según nos contaste,

tú te fuiste a vivir con él en 1976.

Entonces, Eligio estuvo durante un año en Francia, solo.

-El tiempo suficiente para darme cuenta

de que era el hombre de mi vida.

-¿Y no os visteis durante ese año?

-Ni una sola vez.

Tu padre me hubiera matado.

-Pablo. Tenemos que hablar.

-Dime. -Es sobre Carlos.

-¿Le has encontrado? -No.

Pero he averiguado algo que no me cuadra.

-¿El qué? -Escucha.

Mamá estuvo sin ver al padre de Carlos durante todo un año.

Y justo fue el año en el que él nació.

-Y, entonces, ¿qué? -Pues que creo

que el verdadero padre de Carlos es papá.

¿Qué os pasa? -Nada.

-¿Celebramos algo? Ah. ¿No os lo ha dicho Miguel?

Julia Cortázar ha aceptado nuestra oferta.

No va a reclamar su testamento.

Ya has conseguido lo que querías.

Ahora todos te debemos un favor.

Miguel, no veas fantasmas donde no los hay.

Lo único que he hecho es librar a esta familia de una extraña.

Esa extraña está a punto de llegar.

La he invitado a cenar. ¿Va a venir a esta casa?

Sí.

Hola, Julia.

-Hola, Vicente.

He traído una botella de vino.

Creo que no andan muy sobrados.

Vino Reverte. No me provoques.

-Soy una Cortázar.

Todavía te queda mucho para ser una de nosotros.

-Estoy segura de que a su lado voy a aprender.

La última vez que hablamos, sus hijos le habían echado de casa.

Es sorprendente cómo ha conseguido llegar hasta aquí.

Te dije que recuperaría ese testamento para ti.

-Y para usted.

Miguel sin quererlo nos ha hecho el trabajo más difícil.

Recuperar lo que Rosalía creía a salvo.

-Sí. Pero hay que ir con cuidado.

Su hijo ha demostrado saber jugar sus cartas.

Yo me opuse a que tiraran el vino,

pero Miguel manipula a sus hermanos con mucha habilidad.

-Ya veremos con quién se posicionan Pablo y Emma

cuando tengan que decidir entre Miguel y todo lo demás.

Son Cortázar. Sabrán cuál es su sitio.

-¿Estás segura?

Todavía podemos recurrir la sentencia.

Ya lo hemos hablado, Marc.

Ortega me está esperando

y cuando antes acabe con esto, mejor.

-Siento no haber podido ayudarte.

Sí lo has hecho.

Has hecho lo que has podido.

Gracias por todo, Marc.

Te quiero, hija. Y yo a ti, mamá.

-Fuerza.

-Cuídate mucho, ¿vale?

-Lucía.

¿Mi abogado le ha informado de todo?

-Sí, claro.

No se preocupe. Estoy al tanto.

Esos son los funcionarios que la van a conducir a prisión.

Lucía, lo siento. Yo...

Jamás hubiera querido que esto terminara así. De verdad.

Tranquila, Ortega. Sé que hizo lo que pudo.

-¿Qué hace aquí, señor Cortázar?

-Vengo a hablar con usted.

Lucía es inocente.

Yo me llevé el dinero.

-Voy a llamar al juzgado.

-Sé que no me vas a perdonar nunca.

Llevo toda la vida intentando buscar mi sitio,

pero mi padre no me lo ha puesto fácil.

Le odio.

Y mírame.

Al final me he convertido en lo mismo que él.

Y mira que he intentado cambiar.

A tu lado.

Pero no puedo.

Quieres a Miguel y me mata eso.

Por eso he hecho lo que he hecho.

He hecho cosas terribles, Lucía.

Pero hoy Miguel me ha abierto los ojos.

Así que imagino que...

por fin he encontrado mi sitio, ¿no?

La cárcel es lo que merezco.

-Señor Cortázar, pase.

Por favor.

-¿No quieres que te siga leyendo?

¿No irás a beberte eso?

-Es una poción mágica de amor.

-¿De amor?

¿Para qué? -Para papá y mamá.

-María.

A veces la magia no funciona con los adultos.

-A mamá sí. -¿Sí?

¿A tu mamá?

-Lo hizo para que mi papá no se fuera.

-¿Y qué hizo? -Una poción con vino.

-En una botella.

De vino.

-María. Cariño, hay que irse a la cama.

-No venderé mi parte.

Ocuparé un despacho en las bodegas.

No quiere dinero. Quiere la cabeza de Miguel.

Nuestra empresa se tambalea y lo único

que le importa es ella. ¿Me echáis?

-Raúl se ha entregado. Lucía es libre.

¡Ay, Lucía! -Raúl Cortázar nos ha devuelto

el dinero que nos robó. -El contrato está en el registro.

Sofía Reverte es la que da prestigio

y que yo sepa, no tiene su firma.

No puedo firmar. -No me hagas esto.

Vicente, no quiere firmar.

-Paula me hizo una contraoferta.

Puedes estar pagando toda tu vida unas letras por unas bodegas

que no serán tuyas. -Las bodegas no están arruinadas.

Te la compra a precio de saldo.

-No le venderé mi parte. No la merece.

No vas a hacer eso. -Alguien te vio en la cocina

con María poniendo el veneno.

Está dispuesto a ir a la policía. -¿Qué hago?

-Quiero que él pague por mi muerte.

-Quería hacer un pedido de ácido sulfúrico.

-He puesto la fecha que me pidió.

-Cuando Ortega encuentre esto en el cuarto de Vicente,

le será muy difícil explicar por qué lo escondía.

-Vicente Cortázar compró ácido sulfúrico dos días antes

de que su mujer fuera envenenada.

¿Puede abrir esos cajones? -Vicente, voy a acabar con usted.

Si vieras la cantidad de veces que he oído eso.

Carlos acaba de salir. Asegúrate de que no vuelva.

-Llama ahora mismo y pide que no le hagan nada.

No. -Carlos es hijo tuyo.

(EXHALA)

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Gran Reseva - T3 - Capítulo 36

11 mar 2013

El final de Rosalía parece cada vez más cercano y aunque Mar es oficialmente la sospechosa de su envenenamiento, Pablo aún alberga serias dudas sobre su culpabilidad. Pero la inminente muerte de su matriarca, no es el único terremoto que sacude a los Cortázar. La enigmática Julia ha irrumpido en sus vidas y viene dispuesta a reclamar lo que es suyo. Para ello no dudará en acercarse a Paula y Gustavo lo que desencadenará un nuevo juego de alianzas e intereses en las Bodegas Cortázar. La llegada de la heredera, parece remover los cimientos de la familia, pero Emma descubrirá una nueva verdad oculta durante años. Algo que afecta muy de cerca a Carlos.

Mientras, los Reverte viven días claves. El futuro de Lucía está a punto de resolverse en un juicio en el que el testimonio de Miguel ha provocado que su familia le dé la espalda. Raúl hará lo imposible por evitar que la resolución del juez le implique en la causa. En un momento crítico para todos, Sofía recibe una oferta para vender las bodegas Reverte. ¿Desprenderse del negocio por el que tanto han luchado supondrá al fin la solución a todos sus problemas?

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