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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

La viña del Pedregal. -¿Qué le pasa?

La venderemos y con ese dinero evitaremos

que la carretera pase por nuestras tierras.

-No sé si Emma y Pablo aprobarán la venta.

Con las acciones del hijo de Miguel

tenemos mayoría en el consejo de la bodega.

-¿Quién eres? -Me llamo Laura Márquez.

-Ver el testamento de Alejandro Cortázar

fue como si te tocara la lotería, ¿no?

-Emma, ¿qué haces con eso? -Estaba detrás de la cómoda,

tiene restos de sangre.

El día que murió mi madre había sangre en la sábana.

-¿Y cree que es la misma que la del cuchillo?

-Sí, pero creo que usó el cuchillo para defenderse.

-¿Quiere decirme que la sangre de la sábana y la del cuchillo

pertenecen a la persona que envenenó a su madre?

-Tienes que ponerte buena, así iremos al parque cuando quieras.

-¡Llama a una ambulancia! -¿Qué pasa?

-¡María, no se mueve! -¿Qué hace aquí!

-¿No se lo dijeron? Llamé para adelantar la cita.

¿Ha bebido, Sr. Arístides?

-Mire, señora, creía que este era un buen hogar para criar a un hijo,

pero veo que me equivocaba.

-Escu...

-No sabe lo importante que es para Emma.

-Lo sé, pero para usted no lo es. -No la haga pagar por mí.

-Mire, yo no puedo hacer nada, Sr. Arístides.

-¿Cree que me iré sin el puto niño? -Me está asustando.

-¡Aaah! -¡Ah!

-¿Dónde está, dónde lo tenéis? Se lo dije, Ortega. Deme al niño.

-Le han dado la custodia temporal a mi padre.

-¿Hablaste para que le quitaran la custodia?

Pedí a Raúl que declarase a favor de mi padre,

de momento es lo mejor para el niño.

-¿Mejor? Creemos que Lucía está en manos

del hombre que me disparó

y las pistas apuntan a las Bodegas Miranda.

Hubo un tiempo en que estas bodegas iban a crecer aún más.

Papá se ocupó de que Miranda supiera lo de su mujer y yo,

Miranda la mató.

-¿Puedo ayudarles? -Buscamos a Gonzalo Miranda.

-¿Lucía Reverte estuvo aquí? Ahí vive el hombre que me disparó,

trabaja en las Bodegas Miranda.

¡¿Qué has hecho con Lucía?! -Por los Cortázar mataron

a una buena amiga y acabaré con ellos.

-Espero que estés cómoda en tu nueva casa,

aunque no te preocupes, no estarás mucho tiempo por aquí,

igual la siguiente eres tú.

Todo dependerá de Miguel Cortázar.

Suena un móvil.

-Javier, hola, cielo.

(SIN PRONUNCIAR) ¡Socorro! -¿Ya has llegado?

-Sí, por aquí todo tranquilo.

Sí.

Cariño, he de dejarte que han llegado los de la obra.

Sí.

Sí, un beso, hasta luego. ¡Socorro, socorro!

Bofetón.

La próxima vez no tendré tanta paciencia.

Teléfono.

-Ya sé lo que me va a pedir y la respuesta es no.

-Necesito hablar con Miguel.

-¿Ve como la respuesta es no?

-Ortega, ¿por qué está detenido?

-Encontramos a Navarro, el de las Bodegas Miranda,

moribundo con una herida de bala.

¿Adivina quién estaba junto a él?

-Eso no significa qué él disparase. -No, de hecho aún no tenemos

el arma del crimen, pero podría ser cuestión de horas.

Lo que pasa es que estoy convencida

de que su hermano fingió no reconocer a Navarro

para que lo liberásemos.

¿Y tal vez así tomarse la justicia por su mano?

-Mi hermano solo quiere encontrar a Lucía, nada más.

-Es posible.

El caso es hace unos días su hermano acusaba a la víctima

de enviarle al hospital y ahora es Navarro quien está ahí.

-¿No ve que no tiene sentido, que si quería acabar con Navarro

no me hubiera dicho que le avisara a usted?

Vio el coche de Lucía y pensó que estaba allí, nada más.

Venga, Ortega, por favor, solo es un minuto.

Mi hermano es inocente.

(SUSPIRA)

-Tiene que saber dos cosas.

Una, que tengo que ir al servicio.

Y dos, que está justo aquí al lado.

Tiene un minuto, ni uno más. -Gracias.

Miguel, ¿estás bien, qué ha pasado?

Creía que Lucía estaría allí,

pero no, me encontré con Navarro, moribundo.

Estaba a punto de decirme dónde está Lucía.

Tienes que hablar con él antes de que sea tarde.

Abren la puerta.

-A menos que se haya sacado el título de abogado

se ha acabado su tiempo.

(BAJITO) -Navarro...

Navarro.

(ABREN LA PUERTA)

-Raúl... -Hola.

Creí que podría hablar con él, pero está peor de lo que pensaba.

-¿Se sabe algo nuevo de Lucía?

-No y parece que Navarro no será de mucha ayuda,

el que le disparó se aseguró de que no hablara.

-No me puedo creer todo esto.

No le conozco desde hace mucho, pero parecía tan normal...

Fui a dejar a Javier en la estación porque tenía un viaje de negocios

y cuando me llamó la poli no me lo podía creer.

-¿Y por qué os llamaron a vosotros?

Es vuestro empleado, pero...

-El almacén donde le dispararon es de Javier.

Supongo que Navarro consiguió una copia de las llaves.

No sé.

-Si despierta o lo que sea, me avisas, ¿vale?

(ASUSTADA) -¿Has visto a la doctora? -No, aún le están haciendo pruebas.

-Dime que no será nada.

-Todo irá bien, ya verás.

-¿Te das cuenta de que es lo único que tengo?

Renuncié a mi familia por casarme contigo, dejé toda mi vida por ti.

Y tú ya no estás.

(LLOROSA) Si a María le pasa algo... -Eh, eh...

-Gracias.

Gracias por dejarme estar junto a mi niña.

-Hola.

-Hola.

-¿Se sabe algo?

-No, aún no.

-¿Te acuerdas de mi amiga Eva, la enfermera?

Voy a preguntar en control a ver si está.

Igual pueden decirnos algo.

-Bueno, te acompaño.

-Mar...

gracias.

-¿Tú te esperas aquí?

-Sí.

Te ofrecí mucho dinero para que te marchases de aquí

y lo rechazaste.

Ahora sé por qué querías quedarte.

Más dinero.

-No me mire así, pensé que alguien sin corazón como usted

entendería que la adopción no me importe.

No vas a llevarte ese dinero.

Lo necesitamos para desviar el trazado de la autovía.

-Y yo para pasar una temporada como Dios.

Antes tendrás que dar explicación a dos personas.

A la agente Ortega... y a ella.

-Claro, el viejo truco de "gírate...".

-Gustavo...

Gustavo, ¿qué has hecho?

(SOBRESALTADO) -¡¿Qué?!

¿Qué...?

-¿Qué has hecho?

(SUSPIRA)

-¿Qué he hecho de qué?

-Tiene manchas de sangre.

-Me emborraché, me caí y sangré.

-Ya, ¿y por eso la escondiste en una maleta?

-No la escondí, estaba haciendo la maleta y me quedé dormido.

-Fantástico, acábala, no te quiero ni un minuto más aquí.

-No, no, Emma teníamos un trato.

-Sí, y era que te pagaba si me concedían el niño.

Y como no hay niño, no hay dinero. -Aún hay una esperanza.

-Por favor, esperanza, si te presentaste borracho.

Esa mujer jamás nos concederá ese niño.

-La sangre...

La sangre de la camisa es suya.

-¿Qué?

¿Qué has hecho, Gustavo? -No, yo no he hecho nada.

Fue un accidente, Emma, te lo juro.

Fui a intentar convencerla de que yo soy un cafre,

pero tú te mereces ser madre.

Escucha, nadie me ha visto allí.

Jamás encontrarán el cuerpo,

¿por qué arruinarnos la vida por una tipa torpe?

-No me lo puedo creer.

No me puedo creer que hayas vuelto a hacerlo.

-Te digo que fue sin querer.

-No quiero saber nada de ti.

-¡Emma!

Te juro que como digas algo te arrastro conmigo.

Tu eres quien quería ese bebé por encima de todo.

Convenceré a quien haga falta de que eres mi cómplice.

-No me creo que esté viviendo esto otra vez.

-¡Deja de lamentarte! ¿No ves que aún hay una esperanza?

Vale, esa mujer está muerta, es una putada, pero es así,

pero tú aún puedes adoptar a un hijo.

-¿De qué estás hablando?

-Me vio borracho, pero no llegó a hablar con nadie.

Así que ahora tú y yo vamos allí, nos hacemos los tontos

y preguntamos por nuestro bebé.

-Tú estás loco.

Loco. -Sí, estoy loco.

Pero hay algo peor, estoy arruinado, necesito el dinero

y tú quieres a ese hijo, así que va, vamos a acabar con esto.

-Lo que tenéis que hacer...

-Alegra la cara, que te van a dar un niño, no una paliza.

-No puedo hacer esto. -Sí puedes.

-Podéis pasar.

-¿Ismael por favor? -La segunda mesa.

-Vale, gracias.

-Teníamos cita con nuestra asistente para una adopción.

-Sí, ¿Emma Cortázar y...?

-Gustavo Arístides.

-No ha llegado aún, si quieren pueden esperarla en su despacho.

-¿Que es...? -La tercera puerta a la izquierda.

-Esperaremos lo que haga falta, gracias.

(BAJITO) -¿Y ahora qué?

¿Vas a abrirla con una horquilla o a patadas?

-Muévete, haz algo, busca en ese armario.

¿Se puede saber qué haces, Emma?

-Buscar una razón para que esto merezca la pena.

Es que no entiendo que una madre se desprenda de su hijo, de verdad.

Yo sería incapaz de abandonar a una cosita así.

-Deberías haberle preguntado a tu madre, abandonó a cuatro.

Está aquí, el expediente.

-Espera, espera.

No se ha asignado ningún niño.

-¿Cómo? ¿Eso qué quiere decir?

-Elige.

Venga. -¿Sí?

Ay... había uno precioso.

Ay, este.

Este es precioso.

-Venga, pues este.

Qué lástima, condenado a ser un Cortázar.

Cierra, vámonos.

Ya está, pasa.

Mierda.

Tranquila.

Emma, la agente Ortega quiere hablar contigo.

-¿Ha pasado algo? -Estando usted por aquí, seguro.

Pero he venido a hablar con su señora, así que déjennos a solas...

Hija, tengo que ir a las bodegas.

Hoy tenemos la presentación de la nueva cosecha.

Que tenga un buen día. -Solo si usted me deja.

Cierran una puerta.

Cierran otra puerta.

-Tengo novedades. -¿Los resultados del cuchillo?

-Sí, y creo que son buenos.

El ADN de la sangre del cuchillo estaba intacto a pesar del tiempo,

y no coincide con el ADN de su madre

ni con ninguno de los que tenemos registrados.

-Así que podría ser la sangre de Sara.

-Podría ser,

pero para confirmar que fue ella quien asesinó a su madre,

necesitaría una muestra de ADN.

-La tendrá, no se preocupe.

Gracias, Ortega.

-Señorita Cortázar,

tenga usted cuidado, ¿eh?

-Sí.

Cierra la puerta.

-Papá. ¿Eh?

¿Se sabe algo de María? -No,

pero ahora llamo a Pablo si te quedas más tranquilo.

Quería decirte que... (CARRASPEA)

Nuestro técnico ha confirmado la asistencia

a la presentación de la nueva cosecha.

Procurad ser discretos. -Sí.

Tranquilo, nadie va a notar su presencia.

Esta noche va a estar aquí toda Lasiesta.

Por fin vamos a acabar con esta pesadilla.

-Llevaré al técnico a las oficinas,

le daré su dinero

y esa maldita autopista habrá salido de nuestras vidas para siempre.

Enhorabuena.

En unos meses has conseguido estar a la altura de Miguel.

No me imagino lo que será en el futuro.

Prepara un buen discurso.

-Eva, ¿qué tal? ¿Cómo está la niña?

-No te preocupes, estable y fuera de peligro.

En unas horas volverá a casa.

-Pero ¿se sabe qué le pasa?

-A ver, María ha sufrido una convulsión febril.

En principio, podría haber sido por el virus le diagnosticó la doctora.

-¿Cómo que en principio? ¿No es seguro?

-Es que con los niños, nunca se sabe.

Pero la analítica de María daba unos niveles un poco extraños.

Puede que la medicación no le haya sentado bien.

-Le dimos la medicación que nos recetó la doctora.

-Esa medicación no suele dar este tipo de reacción.

¿Segura que no le habéis dado nada más?

-Sí, sí, segura.

-Bueno, luego te veo, ¿vale? -Vale.

(LEE) «Contraindicado para menores de diez años.

Efectos secundarios:

fiebre, vómitos...

pérdida de conocimiento».

-Señor Cortázar, hoy es su día de suerte.

La pistola con la que dispararon a Navarro

la hemos encontrado cerca de la estación.

A usted lo detuvimos en el lugar de los hechos

y no se ha movido de aquí,

así que, a menos que tenga el don de la ubicuidad...

Se lo dije.

-Pero reconózcame que tenía todas las papeletas.

Su hermano Raúl lo está esperando fuera.

Golpes en la puerta. -Aquí tiene sus cosas.

-Ortega. -¿Sí?

-Salga, tenemos un problema con un detenido.

Cierra la puerta. -De acuerdo, voy.

Discúlpeme.

Móvil.

Móvil.

Móvil.

¿Sí?

Miguel, soy yo. ¿Lucía?

¿Dónde estás? ¿Estás bien?

No tengo tiempo.

¿Estás en comisaría?

Lucía, ¿dónde estás?

No puedo hablar, Miguel.

No digas nada a la policía.

Si obedeces, no me pasará nada.

¿Qué quieren? ¿Dinero?

Te llamarán más tarde. Lucía.

Lucía.

¿Hasta cuándo va a durar esto?

-Eso lo decidirá Miguel.

Ya va siendo hora de que paguen por todo el daño que han hecho.

Él y Vicente me jodieron la vida.

Engañaron a mi madre.

Arruinaron sus bodegas y mi padre murió en la cárcel.

Lo perdí todo por su culpa.

Y ahora él va a perderte a ti...

si no hace lo que yo diga.

Raúl, acaba de llamarme Lucía. -¿Cómo? ¿De dónde?

Dice que no digamos nada a la policía.

Volverá a llamar para decirnos qué piden a cambio.

-Vale. Es importante, Raúl,

que no digamos nada a nadie, ni siquiera a los Reverte.

Llámales y diles que me han soltado y que seguiremos buscándola.

-Pero ¿cómo?

La policía ha encontrado la pistola en la estación.

-Sí, dejé a Javier en la estación sobre esa hora, ¿por qué?

-¿Lo has notado... extraño últimamente?

-¿Qué? Parad, parad, parad.

¿No estaréis insinuando que puede tener algo que ver con esto?

Encontraron la pistola con la que mataron a Navarro

cerca de la estación. -Dijiste que el almacén era de él.

Navarro no estaba solo en este asunto.

Y el que le disparó sigue teniendo secuestrada a Lucía.

-No puede ser.

¿Por qué iba a hacer Javier algo así?

No lo sé.

¿Sabes si tenía algún tipo de relación con Gonzalo Miranda?

-Claro.

Él no suele hablar de ello, pero...

Gonzalo Miranda era su padre.

-¿No conociste a sus hijos?

No.

-Él y sus hermanos se criaron fuera,

pero aun así, estaban muy unidos a sus padres.

-Es él.

-No, no, no puede ser, no.

Ainhoa, en el pasado, su familia y la nuestra tuvieron diferencias.

Yo creo que Javier quiere vengarse.

Tienes que hablar con él.

-Pero ¿estáis locos? ¿Y qué queréis que le diga?

-Que has hablado con los Reverte,

que te han hecho una oferta muy interesante, pero...

que os tenéis que reunir con ellos en sus bodegas cuanto antes.

-Ya, y una vez allí, ¿qué?

¿Le vais a pegar hasta que se declare culpable?

No, fingiremos una reunión y después lo seguiremos.

Si estamos en lo cierto, nos llevará hasta Lucía.

-Javier...

-A María le encantaría mi chico.

Es veterinario.

Con lo que le gustan a ella los animales, se caerían bien.

-Debería denunciarte ahora mismo.

-¿Perdona? -¿Se puede saber qué es esto?

-Mis medicamentos, ¿de dónde los has sacado?

-De tu bolso.

-¿Y qué hacías tú mirándome el bolso?

-Le has estado dando esto a la niña, ¿verdad?

-Es mi medicina, no quería contagiarme...

-¡Mentira!

-Mar, ¿qué estás diciendo?

-Nos ha estado engañando, Pablo, ella lo ha provocado.

Le ha dado medicación a la niña para que cayera enferma

y poder estar junto a ella. -¿Qué estás diciendo, por favor?

Ha cometido muchos errores, pero María es su hija.

-Y está dispuesta a hacer cualquier cosa para recuperarla a ella y a ti.

¿No te das cuenta, Pablo? -Vamos a dejarlo, ¿de acuerdo?

Lo hablamos en casa. -¿Qué?

-Van a dar el alta a María, hablamos en casa.

Mar, hija.

¿Por qué estás llorando?

¿Le ha pasado algo a María? -No, no.

No, María... María está bien.

Es... es Pablo.

Sara, que...

lo tiene engañado.

Vicente, sé que... que suena a locura, pero...

creo que Sara ha estado manipulando la medicación de la niña

para que cayera enferma y así poder estar cerca de ella.

Bueno.

No es un disparate lo que dices.

Esa víbora es capaz de cualquier cosa.

-Entonces, ¿por qué Pablo no me cree?

Pablo es de los que cree que todo el mundo es bueno,

hasta demostrare lo contrario. -Pero es Sara.

¿Qué hace falta para que se dé cuenta?

Pablo ha caído en su trampa.

Esa nueva fachada, su nueva vida...

Su novio, su boda...

-¿Cree que eso también es mentira?

¿La crees capaz de intoxicar a María y no de mentir en eso?

Abre los ojos, Mar,

y conseguirás también abrírselos también a Pablo.

-No, no, no sé qué hacer.

¿Sabes dónde trabaja ese supuesto novio?

-Sí.

Gracias.

-¿Hola?

¿Hay alguien?

Martillazos.

Teléfono.

-¿Sí? -¡Ay, Gustavo, por fin!

-¿Qué te pasa?

-Escucha, han llamado del centro de adopción

y nos han concedido el bebé.

Nos lo traen esta tarde mismo.

-Enhorabuena, Emma, te lo mereces.

-Escucha, es muy importante que estés para recibirlo.

-No te preocupes, de aquí no me muevo.

-Gustavo...

Gracias.

-No hay de qué.

Anda, que te den.

Quejidos.

¡Hija de puta!

(GRITA) ¡Ah!

¡Me cago en tu puta madre!

No me lo creo, no puede ser.

(GRITA) ¡Me cago en todo!

(FURIOSO) ¡Te odio!

¡Mierda!

Teléfono.

Número desconocido.

¿Sí?

Escucha con atención, Miguel.

Solo hay una posibilidad de que me dejen con vida...

Lucía...

Lucía, diles que les daré lo que pidan.

Tienes que... Lucía.

Tienes que matar a tu padre, Miguel.

¿Qué?

Tienes que matar a Vicente, lo siento.

¿Qué estás diciendo?

Si no lo haces antes de esta noche me matarán a mí.

Lucía, ¡Lucía!

-Lo has hecho muy bien.

¿Qué crees que hará Miguel?

¿Será capaz de sacrificarse por ti?

¿O dejar que te mate?

(SOLLOZA) Estás loca.

No puedo hacerlo, Raúl. No puedo hacerlo.

-Es que no vas a hacerlo, Miguel.

Además, encontraremos a Javier antes de que pase el plazo

y nos llevará a Lucía.

¿Y si Javier no aparece?

-Pues encontraremos otra forma de buscarla.

Pero no vas a hacerlo, ¿vale?

-¡Ainhoa!

-Cielo.

Qué pronto has llegado.

-Es que parecía tan urgente que me he cogido un taxi.

¿Qué querrán los Reverte?

-Creo que quieren vender o algo así.

Con la desaparición de Lucía Reverte

lo mismo quieren cerrar, no sé.

-¿Y los obreros?

-Les ha salido una chapuza de urgencias,

me han pedido permiso y se lo he dado.

-Se supone que abrimos el 15. -Bueno, llegamos.

-Venga, recoge tus cosas y nos vamos.

-Sí.

-¿Lucía?

Ayúdame, por favor.

Ayúdame.

Rápido.

-Tienes un candado.

Iré a por algo. No, llama a la policía,

rápido, por favor.

-Voy avisar a mi mujer. ¿Vale?

No, a tu mujer no.

-Por poco, ¿eh?

Javier estará a punto de llegar.

En cuanto salgamos te escondes y luego le sigues.

Ruido.

Ainhoa...

-Teníais razón, es Javier. ¡Javier tiene a Lucía!

¿Qué ha pasado?

-No sé porqué sabía que le habíamos tendido una trampa.

-¿Y sabes dónde está? -No, no...

Me dio un golpe y perdí el conocimiento.

-Será mejor que esa herida te la vea un médico.

-Hay que llamar a la policía. A la policía no.

-Ainhoa, por favor, nosotros nos ocupamos de Javier.

Vete a casa.

-Vale.

-Tiene que haber otra forma de encontrarla.

Seguiremos buscando.

No tenemos nada, Raúl, Navarro está muerto,

Javier sabe que estamos detrás de él.

No tengo otra salida.

Ese hijo de puta me pone en la balanza la vida de Lucía

y la de papá y si tengo que elegir no dudaré.

-Bueno, vale...

Lo haré yo.

¿Qué?

-Tú tienes toda la vida por delante.

Con ella y con el niño.

Yo no tengo nada.

Además, no tienes ni idea de lo que es una cárcel

y yo sí; si tengo que volver para evitar

que tires tu vida por la borda lo haré.

¿Cómo vas a hacerlo?

-¿Recuerdas...

el año que nos castigó papá a podar todas las viñas?

Estábamos jugando con algo, ¿no lo recuerdas?

Era una pistola.

Nos castigó y la escondió.

Lo que nunca supo es que años después volví a encontrarla.

Hijo, ¿qué haces aquí?

-¿Puedo hablar contigo un momento?

¿Y bien, se sabe algo más de Lucía?

-No.

Raúl, sé que en los últimos años no nos hemos llevado bien,

pero esta noche es la presentación de la nueva cosecha,

sería muy bonito que estuviéramos todos juntos.

Dicen que has cambiado.

-Sí, he cambiado.

Y precisamente por eso no voy a ir.

Quiero que sepas que...

no te guardo ningún rencor.

Que soy todo lo que soy por ti.

Siempre echándole la culpa a los demás, como tu tío Gabriel.

Me lo recuerdas tanto.

Espero que no acabes como él.

-Mira, no vine a buscar más problemas...

Pero tampoco tengo intención de perdonarte...

Ni de que creas que todo el daño que has hecho será perdonado.

¿A qué has venido, Raúl?

-A acabar con esto de una vez.

No he podido.

¿Qué ha pasado?

-No he podido hacerlo.

Lo siento.

No te preocupes.

Lo haré yo.

Ya lo hice una vez.

Tú sigue buscando a Lucía.

En cuanto esté hecho, te avisaré.

-¡María, mi amor!

¿Ya estás buena?

-Sí, estoy mejor.

-Ya verás qué bien te vas a poner.

-Ve a ponerte el pijama a tu habitación, corre.

-Pablo tenemos que hablar. -Por supuesto.

¿Te parece normal el número que has montado en el hospital?

-Escúchame. -No, escúchame tú a mí.

Podemos hablar de lo que quieras,

pero Sara jamás haría daño a su hija.

Lo tenía controlado, no quería matarla,

sólo quería que cayera enferma...

y en ese tiempo volver a ganarte como ha hecho.

-Mar, por favor.

¿Estás celosa?

-¿Qué?

No.

-Escúchame, que Sara haya vuelto a la vida de María

no significa que vaya a cambiar en nada la nuestra.

Tiene un novio. -Que no existe, es otro truco más.

No ha dejado de repetir en estos días que tiene un novio

que se llama Martín y que trabaja

en una clínica veterinaria en Clavijo.

¿Tú has visto a ese novio?

Pues sólo hay una clínica en todo el pueblo

y no hay ningún Martín trabajando allí.

-Ya.

Ya, acompáñame, Mar.

-Sara, eres una mentirosa y toda tu vida serás una mentirosa.

-Mar, por favor. -¿Qué?

Por favor.

Te presento a Martín.

-Hola.

-Gracias.

-De nada.

-Pablo, ¿que no ves que te están mintiendo?

-¿Qué pasa, Mar?

-Pues que acabo de hablar con la secretaria de la clínica

donde trabaja tu novio y como todo lo que sale

por tu boca es mentira.

-Hace más de un año que no trabajo allí.

Redujeron personal y me echaron.

-Por eso nos vamos a Burdeos.

-¿Y por qué no nos lo dijiste antes?

-Porque soy tonta.

Quería que pensarais que todo me iba muy bien.

Y la verdad es que nos vamos fuera para la ganarnos la vida como sea.

-Cariño, ¿nos vamos? -Sí, permíteme.

-Luego vuelvo a despedirme de María.

-Gracias. -De nada.

-¿Qué? -No, no, Mar, no.

-No, no, no, Pablo. -Por favor, Mar, por favor.

-No, escúchame un momento...

-¿Ortega?

Creo que tengo la muestra de Sara que me pidió.

-Este grupo, id por toda la zona de la viña vieja hasta el río.

Y vosotros por la parte del este

hasta las viñas del Tortón, ¿de acuerdo?

Escuchadme.

Cualquier cosa que encontréis; ropa, un reloj, lo que sea...

llamadme enseguida, ¿de acuerdo?

Gracias. -Vale.

-Julia.

-¿Se sabe algo de tu hermana?

Nada, es como si se la hubiera comido la tierra.

Pero dime, ¿qué es lo que quieres?

-Avisarte.

-¿Avisarme de qué?

-Arturo Belchite ha comprado las viñas de los Cortázar.

-No, eso no es posible.

Él sabe que la autovía va a pasar por allí.

-Mira, si los Cortázar se enteran

de que te estoy contando esto me matan.

Pero esa autovía no va a pasar por sus viñas.

-¿Cómo?

-Dani, Vicente os está haciendo la cama.

Han sobornado al técnico.

Esa autovía se va a construir sí o sí.

Y si no pasa por sus viñas...

pasará por las vuestras.

-Hijo de puta.

¿Por qué me lo cuentas?

-Porque no os merecéis esto.

-Sí.

-Señor Cortázar, le traigo su billete.

-Recuerde que a las 21:30 necesito un taxi en la puerta.

-Se va a perder toda la presentación.

-Y usted se está metiendo donde no le llaman.

-Sólo intento llevar su agenda lo mejor que puedo.

-Pues créame, lo hace fatal.

-¿Qué hacéis aquí?

-Venimos a hablar con Vicente sobre la carretera.

-Todavía no le he contado a mi padre que eres una impostora.

-¿Y por qué no se lo has dicho?

¿Para protegerme a mí?

¿O a ti?

Fuiste tú el que le convenciste para que me contratara, ¿no?

-Creo que tenéis algún asunto que tratar.

-Dani, Dani, escucha.

Dani.

-Más te vale que mantengas la boca cerrada con tu padre.

No creo que le haga mucha gracia saber que piensas largarte

con su dinero y dejar que asfalten sus viñas.

-Lárgate de aquí.

Carlos.

Carlos.

-Aquí está,

don Vicente.

Sé lo que están tramando

con el responsable del trazado de la autovía.

Un rumor absolutamente infundado.

-Aunque lo fuera, si hablara con la policía

y con la prensa ahora mismo sus posibilidades para mantener

intactas sus viñas serían nulas.

¿A qué has venido?

-No pienso permitir que desvíe ese trazado.

Esa carretera no va a pasar por mis viñas.

Y tampoco por las mías.

Pero puedo compensarte

si haces la vista gorda.

-No hay nada que pueda compensar el perder parte de mis tierras.

¿Ni siquiera recuperar al pequeño Jesús?

-¿Qué?

¿De verdad es usted tan ruin

como para ponerle precio a su nieto?

Eres tú el que va a hacerlo.

¿Quieres tener al hijo de tu hermana

esta misma noche en tu casa?

Sólo tienes que callarte.

-¿A costa de mis tierras?

He dicho que tú pones el precio.

Puedes pensártelo.

No tienes demasiado tiempo.

¿Entonces qué vamos a hacer?

-Vicente nos quiere chantajear.

Sabe perfectamente que las tierras son todo lo que tenemos,

pero no vamos a renunciar al niño.

Vicente, a Vicente se le llena la boca hablando de la familia

y luego lo primero para él, los negocios.

Siempre es así.

Nosotros somos diferentes.

Ya nos ocuparemos de las tierras cuando toque.

Llama a Vicente, hijo.

-¿Vicente?

Aceptamos.

Pero queremos al niño de vuelta ya.

Bien, podéis venir a buscarle.

Esta noche no puede fallar nada, ¿entiendes?

Si algo sale mal perderé mis tierras y a mi nieto.

-No te preocupes, papá,

ahora sí que sí está todo más que atado.

-Te quiero.

-Ortega, soy Emma.

Dígame que ya tiene las pruebas de ADN.

-No, no, aún no, pero es cuestión de horas.

-Pero es que no tenemos horas, Sara está a punto de marcharse.

-Tiene que retenerla como sea.

-No sé cómo quiere que haga eso.

-Emma, aunque a veces no lo parezca es usted una Cortázar,

no hay imposibles para su familia.

-No le garantizo nada, ¿eh?

-Eres el único que ha venido a despedirme.

Gracias.

Cuida de María.

-Por supuesto.

-No dejes que me olvide.

Háblale de mí.

-Bueno, he pensado que puede ir a visitaros en verano.

No sé qué te parece. -Gracias.

-En fin,...

buen viaje.

-Sí.

-No puedo irme.

-¿Por qué?

-Por ti.

Puedo engañarme con Martín y con mil hombres más,

pero te quiero igual que siempre.

Y no puedo dejar de hacerlo.

Si me pides que me quede...

-Sara, por favor.

-Estamos a tiempo, todavía podemos ser una familia,

empezar de cero y hacer feliz a María.

-Escucha, estoy enamorado,

de Mar.

-También puedes engañarte,

pero lo que hay entre tú y yo,

eso no se termina así como así.

-No me voy hasta mañana.

-Pablo.

-¿Nos ha estado escuchando?

-¿Qué estás haciendo?

Esa mujer tiene que desaparecer de tu vida.

Y la única manera para conseguirlo

es que la llames y le digas que se quede.

-¿Cómo?

-Te lo tenía que haber contado antes

pero no he podido hasta ahora.

Escúchame bien.

Sara intentó envenenar a Mar.

Pero fue mamá la que terminó bebiéndose ese vino.

Cuando Sara descubrió que mamá lo sabía decidió matarla.

Pero mamá se intentó defender con el cuchillo que yo encontré.

-¿Pero qué estás diciendo?

-Que sí, Pablo.

La herida de Sara en el brazo no la tenía.

Además cayó en mi trampa.

Le puse un cuchillo falso para que pensara

que era el auténtico y se deshizo de él.

-Emma...

-Ya sé que es complicado,

pero Ortega está esperando los resultados del cuchillo.

Por favor, tienes que retenerla.

-Está bien.

Déjame solo, por favor.

-Date prisa.

-¿Sara?

-Dime.

-Sara, no quiero que te vayas.

Tenías razón, ¿sabes?

Para mí tampoco ha sido fácil.

-No te entiendo.

-Pues que he intentado rehacer mi vida, pero...

no funciona.

-Cariño.

-Escúchame, he sido un cobarde.

Pero quiero verte.

-¿Estás seguro?

-Claro que estoy seguro.

Te quiero, Sara, siempre te querré.

-Yo también te quiero.

-Escucha, Sara, ¿podemos mantener esta conversación en las bodegas?

-Claro, en una hora te veo.

-¡Mar!

¡Mar, Mar!

-Ay, Gustavo, por favor coge el teléfono

que el niño está a punto de llegar.

Así que ya es oficial, ese hijo de vete tú a saber quién

va a entrar en esta casa.

-Sí.

Y te puedo jurar que como el niño note el más mínimo desprecio

por tu parte salimos los dos por esa puerta

y no me vuelves a ver el pelo.

Y este sin llegar.

Hija, parece mentira que después de tantos años

tengas un ápice de confianza en Gustavo.

-Vendrá.

Tiene que venir, por su propio bien.

Sí, vendrá, y hará lo que mejor se le da, meter la pata.

Timbre de la puerta.

Alguien tiene que ir a abrir, ¿no?

-Hola. -Buenas.

-Él es Adrián.

Adrián, esta es tu nueva familia.

¡Cuqui!

-Verá, yo creo que ha habido un error.

-¿A qué se refiere?

-¿Como que a qué me refiero?

El niño, es muy mayor.

-En el informe que nos dejó mi compañera

se especificaban todos los datos.

Nunca la damos la custodia

de un niño de esta edad sin avisar.

-Pero yo vi la foto.

No.

-¿Esta foto?

Mi compañera debió de enseñarle esta foto.

-¿Su compañera?

Puede ser, puede ser que sea mío el error, sí.

-Además, Adrián tiene mucha ilusión

con encontrar la familia definitiva.

Por fin.

-¿Cómo que por fin?

¿Ha estado con otras familias?

-Tres.

-Ay, Dios...

-Pero estoy segura de que va hacer

un gran esfuerzo para que sea la última.

¿Y su marido?

Necesito que me firme estos papeles.

-Pues no va a poder ser porque no ha llegado todavía.

-¿Dónde hay que firmar? -Hola.

Mire, aquí. -Muy bien.

-Y aquí.

-Bueno, ¿y mi hijo, dónde está?

-Ahí.

-Oh, qué pequeño.

Déjeme que lo coja, Vicente.

No, este no, ese.

-Hostia puta.

Ahora recoge tus cosas y vete.

-Mi dinero.

-¿Perdona?

¿Sabes lo que cuesta criar a un niño?

-Tengo que ahorrar, Gus. -¿Qué?

Como no cumplas tu parte del trato, diré a todos

lo que hiciste con la asistenta.

-¿Yo?

Has sido tú, Gustavo.

-Pero caeremos los dos, yo no pierdo nada,

pero tú tienes tanto por lo que vivir.

-Policía, lo hizo él.

Vi cómo amenazaba a mi madre.

No eres mi cuarto padre.

Sé cómo mantener a raya a un cabroncete.

-Será hijo de...

-Recoge tus cosas...

Y no te dejes nada.

-Sabía que nos quedaba una oportunidad.

Ya verás...

Vamos a ser muy felices.

Podíamos irnos, por fin, de luna de miel.

Y llevarnos a María.

Le va a encantar.

¿Pasa algo?

-Se acabó, Sara.

Se acabó.

-Sara Martín, queda detenida por el asesinato

de Rosalía Ortiz.

-¿Qué?

¿Pero, qué es esto, Pablo?

Si yo no he hecho nada.

-No se ponga así, hace falta mucho valor

para hacer lo que hizo.

-¡Yo no he hecho nada!

-En la cárcel necesitará menos.

-Pablo, créeme, no he hecho nada.

-Vamos. -¿Pero qué dice?

Pablo...

¡Pablo!

¡Que yo no he hecho nada!

-Pablo, ahí afuera está lleno de policías.

¿Qué ha pasado?

-Sí...

Han detenido a Sara.

-¿A Sara, por qué?

-Sara envenenó a nuestra madre.

-¿Que qué?

Entonces papá, no...

Joder, no tuvo nada que ver.

Elvira, anúlame el taxi. -¿Y eso?

-No me voy.

-Mar, espera.

-No tengo tiempo para despedirnos, Pablo.

-Escucha, tenías razón con Sara.

Siempre la tuviste.

La policía la detuvo. Ella mató a mi madre,

envenenando el vino.

Y lo que oíste por teléfono, solo fue para retenerla

antes de que huyera.

-Voy a perder el autobús, no sé, no...

-Mar, escúchame, por favor.

Una vez impedí que cogieras un tren, ¿recuerdas?

-Sí.

-No voy a dejar que te vayas ahora.

-Han pasado tantas cosas, Pablo, y... No, no...

-No quiero perderte por nada del mundo.

No tuve tiempo de conseguir un anillo, pero...

¿Quieres casarte conmigo?

-Claro que sí.

Bien, yo cumplí mi parte.

-Lucharé por nuestras tierras.

Te deseo suerte.

Vámonos.

Sofía. Vicente... No digas nada.

-Enseguida voy.

¿Tú qué haces con los Reverte?

-Vicente, usted cree que lo controla todo.

Y no se entera de nada.

Carlos no pagará al técnico para desviar el trazado.

Váyase con su dinero.

Y va a destrozar sus viñas.

Lo tiene planeado desde hace mucho.

¿Qué tontería es esa?

-Su hijo...

Le odia.

Nunca le perdonó lo que hizo con su madre.

Fingió todo este tiempo ser el hijo perfecto...

Para vengarse.

No puede ser.

Anda, vete de aquí.

Que te vayas de aquí.

-¿Por qué no le echa un vistazo a la caja fuerte?

Con la agente Ortega, por favor.

Entonces... Miguel no viene a cenar.

-No, Sofía, Miguel tiene que hacer un asunto.

-Y...

Cuándo nos contaréis lo que averiguasteis.

-¿Qué?

-Vamos, Raúl.

Lleváis todo el día encerrados en la bodega...

No sé qué os traéis entre manos,

pero si sabéis algo de Lucía,

dínoslo.

-Navarro no está solo en este asunto.

Puede que su socio se lo quitara de en medio.

Y quien tiene a Lucía.

¿Y sabemos quién es ese socio?

-Creemos que Javier.

El hijo de Gonzalo Miranda.

¿Javier? Gonzalo Miranda solo tenía dos hijos.

Un hijo que se llamaba como él, Gonzalo, y una hija.

-¿Una hija? Sí.

-¿Y recuerdas cómo se llama?

No.

Ahora, no...

Sé que la mandaron a estudiar fuera

y, al cabo del tiempo, volvió y se compro

una casa en...

Calle Huerta.

-La calle Huerta.

¿Puede que se llamara Ainoa?

Ainoa era.

Me acuerdo.

-Raúl.

Raúl, ¿qué pasa?

-Aquí es donde me crié.

Donde pasé mi infancia...

Donde ha trabajado, prácticamente, toda la familia.

Y donde espero que, algún día, trabajes tú, también.

-¿Puedo empezar ya? -No.

Primero tienes que estudiar.

-Yo no quiero estudiar.

-Bueno, eso ya lo veremos, ¿eh?

Mira...

Tu tío Miguel.

-Venga, Miguel, coge el puto teléfono.

¿Hola?

-Gracias...

Pablo...

-Hola. -Hola.

¿Sabes dónde está papá?

-Pues sí, está por ahí haciendo

de perfecto anfitrión.

Oye, escucha, Miguel, queríamos que fueras

el primero en saber algo.

-Que nos vamos a casar.

Enhorabuena.

-Gracias, Miguel.

Me perdonáis. -Miguel...

-¿Pasa algo, estás bien?

Sí, sí, me alegro mucho, de verdad.

-¿Seguro? Sí, sí.

Luego hablamos, ¿vale?

Murmullo.

Papá... Perdón.

Sabía que vendrías.

¿Podemos hablar?

Tú dirás...

Aquí no, en privado.

Los invitados están esperando el discurso.

Nos vemos luego en la zona de depósitos.

Hola, ¿qué tal, todo bien?

-Papá...

Quería hablar contigo, he hecho unos pequeños cambios,

últimos cambios en el discurso...

Seré yo el que dé el discurso.

-Pero si ya me lo preparé.

Tú ya sabes lo que tienes que hacer.

Este negocio depende de ti.

-No entiendo.

Puede que seas el director de las bodegas,

pero yo soy el padre de la familia.

Y lo seguiré siendo.

En los últimos años, no he sido yo quien brindaba

por el nuevo vino.

Primero fue mi hijo Miguel... Y este año, Carlos,

como director de las bodegas,

iba a hacerlo, pero ha tenido a bien dejármelo a mí.

El tiempo pasa muy rápido

y no sabemos cuando puede ser nuestro último brindis.

Vivimos tiempos complicados con un futuro incierto,

tiempos en los que hay que vivir el presente

sin olvidar nunca el pasado.

Hay que disfrutar el momento,

no importa lo que pase al día siguiente,

y que mejor que hacerlo con un buen vino.

Un gran vino no puede entenderse sin... su pasado,

si la vid ha sufrido demasiado sol o demasiada lluvia,

si la tierra ha sido maltratada, el vino nunca lo olvida

y nos devuelve el peor de sus sabores.

-Pues aquí está todo.

Por suerte el pasado, el presente y el futuro

de este vino ha sido siempre lo primero para nuestra familia

y eso se nota.

-Llévenselos. -Ortega, todo esto...

Hoy les presentamos el fruto de nuestro trabajo

y de nuestro esfuerzo.

-Venga.

Bébanlo como si fuera el último vino que beben,

sólo así se puede saborear la vida.

Gracias a todos.

Aplausos.

-Lucía. Hum...

-¿Qué coño crees que estás haciendo?

Apártate de ella.

-Estás a tiempo de no cagarla más, Ainhoa.

Deja que me la lleve.

-Tú no debes de ser el más listo de la familia.

Golpe.

Teléfono móvil. -Perdona.

-Sí, sí.

-¿Raúl? -Pablo, escúchame,

¿tienes a Miguel cerca? -¿Miguel?

No, no lo veo. -Es importante que hables con él,

dile que han encontrado a Lucía, que está bien.

-Ajá, muy bien, de acuerdo, se lo diré.

-Vale, Pablo, búscalo ya.

-Salid por aquí. Gracias.

-¿Me ayudas a buscar a Miguel? -Sí, sí.

-Búscale en el laboratorio.

Todo esto se hunde, Miguel.

Dentro de poco el apellido Cortázar no significará nada.

Por lo que he luchado todo este tiempo

se ha venido abajo.

No he podido mantener unida a la familia

y dentro de unos meses una carretera arrasará las viñas

que han sido de esta familia durante siglos.

He fracasado, no hagas tú lo mismo, Miguel.

Hemos perdido bastante esta noche,

no pierdas también a Lucía.

¿Cómo lo sabes?

Je... yo resucité la guerra contra los Miranda.

Creí que sólo irían a por ti, pero...

me he equivocado una vez más,

como me equivoqué con Carlos

y como tu pobre hija Claudia.

Acaba con esto de una vez por todas.

Hazlo, hijo, dispara.

Disparo. Oh.

-¡Oh!

-Emma, ¿has visto a Miguel? -Fue hacia los depósitos.

-¿Qué ha sido eso? -Creo que viene de abajo.

-Llévatelo.

Miguel.

He matado a mi padre,

deténgame.

¿Qué ha hecho?

Rápido, llamad a una ambulancia y venid a zona de depósitos,

es una emergencia.

Pablo.

-¿Estás bien? Sí.

-¿Hablaste con Miguel? -No, no he podido.

Se oyó un disparo, no nos dejan entrar en los depósitos.

Raúl, Raúl, eh, Raúl.

¡Raúl!

Miguel, lo siento, cariño.

Te quiero. Y yo a ti.

-Me alegro mucho de volver a verla, señorita Reverte.

Raúl ya me ha puesto al día,

voy a mandar una unidad para que detengan

inmediatamente a esa mujer. Gracias, Ortega.

-Lo que no sé es dónde la voy a meter

porque esta noche tengo el calabozo lleno.

¿Me acompaña, señor Cortázar?

¿Dónde lo lleva?

-No se preocupe, será sólo un momento,

únicamente quiero hablar con él.

Ortega, hay una cosa que tiene que saber.

-No hace falta que me dé explicaciones,

ya me lo contó todo su hermano.

La próxima vez que vuelvan a tramar algo así, a mis espaldas,

entrarán en el calabozo uno detrás de otro,

¿eh?

No lo entiendo.

-No se preocupe, lo va a entender usted enseguida.

Accedí a todo esto a cambio de que no supieras nada.

Tu hermano me lo contó todo.

¿Qué me estás ocultando, Raúl?

Sólo quería confirmar que eras el mismo de siempre,

que no habías cambiado, que no eres mejor que yo,

que seguías siendo el mismo

que hace tres años intentó matarme en las bodegas.

No lo soy,

el Miguel de entonces lo hizo por ambición,

por quedarse con todo esto.

Esta noche lo he hecho por salvar a alguien

a quien quiero,

sentimiento que tú nunca conocerás,

no somos iguales.

Ahí, je, je.

Bueno. -¿Lo llevas todo?

Sí, está todo en el coche.

-Cuídate mucho, Miguel.

Por favor.

Te quiero. Y yo a ti.

Y tú, cuida de tu madre, ¿eh? -Pues claro.

(RÍEN)

Chicos.

-Que seáis muy felices.

En cuanto mandéis la invitación de boda, aquí estaré.

-Venga, venga ese besito, Ven aquí, mi amor.

Ay...

Pablo... -Bueno.

Venga, vuelve pronto.

Adiós, papá. Hasta pronto, hijo.

Hola, cariño.

Voy a echar de menos esto, Miguel,

espero que estemos haciendo bien.

Siempre podemos volver. También es verdad.

-Se os va a echar la noche encima. Llamad en cuanto lleguéis, ¿eh?

Cuidaos muchísimo. Vamos, Jesús, ven con mamá, cariño.

Ya nos vamos, mi amor. Je, je.

Sofía.

Me alegro mucho. Lo sé.

-Id con cuidado. Cuídate.

Mamá. Je, je.

Hum... Cuídamelo, ¿eh?

Sí.

Adiós, hasta luego.

Llanto.

-Pues ahora son tuyas.

-Gracias.

-Suerte. -Cuídate.

-Ya era hora de que mejoraran los accesos a este pueblo,

no se puede salir de ahí.

¿Qué haces aquí, Gustavo? -Je, je.

¿Creía que me lo iba a perder, el final de Vicente Cortázar?

No, hombre, no, esto tenía que verlo.

Lo que me extraña...

de verdad, es que no haya conseguido parar todo esto.

(SILBA) ¡Para, para la máquina!

¡Para, hay un cuerpo, es una mujer!

-Podía.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 42

29 ago 2013

Una cuenta atrás ha comenzado para las dos familias más importantes de Lasiesta. Los Reverte ven cómo el tiempo se acaba para Lucía. Raúl y Miguel tendrán que cumplir con las peticiones de sus captores si quieren volver a verla con vida. Vicente Cortázar sufre ante la inminente construcción de la autovía en sus viñas. El plan de Emma de adoptar un hijo junto a Gustavo parece llegar a su fin, pero tal vez el resultado no sea precisamente el esperado. Pablo vive los días más críticos de su vida. La pequeña María ha caído enferma y su relación con Mar se tambalea peligrosamente, está a punto de descubrir la cara más oculta de Sara. Ha llegado el momento de que los Cortázar paguen al fin por todos sus pecados.

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