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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-Sólo quería lo mejor para mis hijos,

y por tu culpa los he perdido. Pasarás el resto de tu vida

en la cárcel. -La pistola tiene las huellas

de Gustavo. ¿Ahora me necesitas?

Vuestra madre estaba en el jardín, se ha sentido mal,

no puede respirar, hay que avisar a una ambulancia.

Ese documento estuvo oculto cuarenta años por algo.

-¿Qué vamos a hacer? De momento, hablar con mamá.

¿Por qué lo hiciste? -Tu abuelo no me dejó otra salida.

-Haré lo que sea con tal de que tú y cualquier hijo que engendres

no veáis un real del dinero de los Cortázar.

-El abuelo desheredó a papá y a cualquier hijo

que tuviera con mamá en favor de José Cortázar.

-Ese testamento es mi único seguro de vida.

¿Merece la pena perder el cariño y el respeto de todos tus hijos?

-Que diga cómo encontrar a Raúl. ¿Traicionarías a Raúl?

-¿Qué tal está doña Rosalía? La traen para que muera aquí.

-Emma mató a Manu. Fue en defensa propia,

pero después me engañó para poner mis huellas en esa pistola.

Se le cayó al estanque, cerca de uno de los jarrones.

-Sé dónde está la pistola. -No está.

¿Cómo que no? Se cayó allí. -El viejo nos la ha vuelto a jugar.

-¿Qué has hecho con la pistola? -Pregúntaselo a tu padre

-Por tu culpa perdí la pistola. Ahora Gustavo me vuelve a tener

en sus manos, y le voy a tener que soportar el resto de mis días.

A tu salud, Rosalía. -Estos documentos

demuestran que Raúl Cortázar está a punto de abandonar Argentina.

-Averiguaré dónde aterrizará ese avión.

Raúl acaba de comprar un billete a Venezuela.

¿Qué? Creía que teníamos un trato.

-No lo entregar nunca. Tarde o temprano te encontrarán.

Para entonces mamá ya no estará con nosotros.

¿Qué es esto? -Mi dimisión.

No puedes dejarme tirada a pocos días del juicio.

-He hecho cosas de las que no estoy muy orgulloso.

-¿Se lo ha creído? Después de lo que os ha hecho

no esperaba ver a un Reverte aquí. A lo mejor ahora que se encuentra

así os cuenta lo que pasó. -Me asusté y desvié

la investigación hacia ti. Yo puse allí la pitillera.

-¿Por qué no le has dicho a Pablo que sabes lo nuestro?

-Sólo pido un poquito de tiempo. -No puedo tener secretos con él.

-Necesito buscar el momento adecuado.

-¿No notaste nada extraño? -¿Nada extraño?

-Dile a Amelia que te traiga otro. Creo que está picado.

-No lo parece. -¿Por qué me tratas

como una imbécil? -¿Se puede saber qué te pasa?

-¡Si te digo que está malo, está malo!

-Muy bien. -Ha sufrido una intoxicación

por ácido sulfúrico. Y bebió vino. ¿Sabría cuál?

-Había una botella vino que trajo la señorita Mar.

Tengo la sensación de que cree que estoy tras el envenenamiento.

-Será la costumbre. -La botella no está.

-Me niego a pensar que alguien de esta casa intente asesinar

a mamá. Hay un asesino entre nosotros.

-¿Y ese bolso? -Creo que es de Mar. ¿Pasa algo?

Raúl,

¿eres tú?

-¿Cómo has conseguido este número? Me lo dio mamá.

-Mientes.

Está enferma. Le queda poco tiempo de vida.

-Ya, y me llamas para que la vea por última vez, ¿no?

Me lo ha pedido ella. -¿Te crees que soy tonto,

que no sé que en cuanto llegue a casa estará Ortega

a los pies de su cama? Pensaba que eras inocente.

-Y lo soy. Si eres inocente, vuelve,

da la cara y despídete de ella antes de que sea demasiado tarde.

-Mira, Miguel, vas a tener que inventarte algo mejor

para que vuelva. Raúl, no te miento.

No te hablo de Lucía, te hablo de tu madre.

Se está muriendo. (SUSPIRA)

¿Vas a dejar tirada a la única persona que te ha ayudado?

-No te creo.

Mira, llama al hospital, compruébalo, haz lo que quieras,

pero date prisa.

(SUSPIRA)

Raúl...

-Adiós.

Pitido.

(SUSPIRA)

Pensaba que dormías.

Mamá, he estado hablando con Raúl.

Sabe lo que te pasa, pero no va a venir.

Ni tu estado ni la situación de Lucía le cambiarán de opinión.

¿De verdad merece la pena que Lucía vaya a la cárcel por alguien así?

-Es mi hijo.

Y tu hermano. Y Lucía es la hija

de tu mejor amiga. Y es inocente.

Tú puedes salvarla.

-¿Quieres que elija entre Raúl y Lucía?

Todavía puedes recuperar la paz contigo misma.

-¿Cómo podría morir en paz sabiendo que lo último

que he hecho es enviar a mi hijo a la cárcel?

Espero que algún día me perdones.

Pienses lo que pienses,

todo lo he hecho por vosotros.

-Muchas gracias por la invitación. De nada, hija,

vuelve cuando quieras.

Ah, Pablo...

¿Sara se encuentra mejor? -Sí.

Necesitaba descansar. No es la única persona

que necesita descansar en esta casa. Buenas noches.

-Buenas noches.

-¿Estás bien?

-No.

He encontrado esto en tu bolso. -¿En mi bolso?

-Sí, estaba en el suelo, y cuando fui a recoger tus cosas,

lo encontré. -No entiendo nada.

-No lo sé, pero a mi madre le han envenenado con este ácido.

-Pablo, te juro que no sé cómo pudo llegar hasta aquí.

Teléfono. (SUSPIRA)

-Pablo... -Tengo que contestar, Mar.

Sí. -Pablo,

soy Raúl.

Si estás acompañado, por favor, no digas mi nombre.

-Sí, no cuelgues, por favor. Hablamos mañana, Mar.

-No puedes dejarme así. -Mar, hablamos mañana.

Tengo que contestar la llamada. -Claro.

-Dime. -Pablo, ya sé que no tengo derecho

a desaparecer de la noche a la mañana

y exigirte nada, pero necesito que me digas la verdad.

-Suelo hacerlo. -Ya lo sé, por eso te llamo a ti.

¿Mamá está bien? -No, no lo está, Raúl.

No le queda mucho tiempo. La policía cree

que han intentado envenenarla. -Eso es ridículo.

¿Quién querría hacer algo así?

¿Papá? -No.

-¿Entonces quién? -No lo sé, Raúl, no lo sé.

(SUSPIRA)

-Pablo, por favor,

tienes que prometerme algo.

No le digas a Miguel que has hablado conmigo, ¿vale?

-Y tú tienes que volver, Raúl, y enfrentarte a la situación.

-Prométemelo. -Está bien.

-Gracias.

(SUSPIRA)

-Te estaba esperando.

Tú envenenaste el vino, ¿verdad?

-¡Ah!

(JADEA)

-¿Pasa algo? -No, sólo ha habido un mal sueño.

-¿Quieres que te traiga alguna cosa?

-No. ¿Dónde vas?

-Voy a las bodegas.

-Pablo,

cuando me vaya de esta casa sólo quiero encontrar

a alguien como tú.

Perdón, ¿puedo hablar contigo un momento? Es importante.

-Sí, claro, ahora bajo.

-¿Qué pasa, Miguel? Acabo de recibir una copia

del certificado de defunción. José Cortázar,

el principal heredero, lleva dieciséis años muerto.

-Si está muerto ese testamento no tiene ninguna validez, ¿no?

-Bueno, si José Cortázar tiene algún heredero, ese testamento

continúa siendo válido.

-Y si lo estuvo el abuelo ni siquiera los conoció.

Su última voluntad fue que heredara su hermano.

Y si está muerto ya no podemos hacer nada.

No, Emma, la verdadera voluntad del abuelo es que ninguno

de los hijos nacidos del matrimonio con mamá heredásemos.

-¿Os dais cuenta de que yo podría reclamar mi parte?

Sí, yo no soy hijo de Rosalía.

Tranquilos, no voy a reclamarlo.

Eso te honra, hijo.

Pero si seguís siendo tan descuidados,

al final alguien acabará haciéndolo.

Has registrado mi habitación, ¿eh? No me ha costado mucho trabajo

encontrarlo. Podría haberlo hecho otro.

-Las cosas han cambiado, papá.

José Cortázar está muerto.

¿Crees que no lo sabía?

-¿Sabes si tuvo algún hijo? Sí, lo tuvo.

Murió en un desgraciado accidente de coche.

Todavía conservo la esquela. En ella, su nieta Julia

le agradece las condolencias.

Estoy seguro de que le interesaría leer este testamento.

¿Qué vais a hacer?

Sabemos lo que tú harías.

Claro que lo sabéis, haría cualquier cosa

por salvar esta familia. ¿Incluso traicionar

la última voluntad de tu padre? Aquello no fue más que un arrebato

provocado por una mentira de tu madre, otra mentira.

Y tú propones seguir mintiendo. ¿Por qué no enfrentarnos de una vez

a las cosas con la verdad por delante?

-¿Y perderlo todo, Miguel?

Nos hemos dejado la vida en estas viñas.

¿De verdad creéis que hay alguien que tenga más derecho que nosotros?

Entonces todos estos años no han servido de nada,

y todo porque nuestro abuelo tuvo un arrebato.

¿Le vamos a regalar nuestra vida a una extraña

que ni siquiera ha puesto un pie aquí?

Emma, esa extraña tiene sus derechos.

El futuro de los Cortázar está en vuestras manos.

Vuestro abuelo, a su manera, y yo a la mía,

hemos demostrado ser unos Cortázar.

Ahora os toca a vosotros.

Estas tierras no sólo exigen trabajo.

Si no estáis dispuestos a todo por defenderlas

será mejor que hagáis público este testamento.

A mí me gusta el verde, pero este no.

¿Dónde está?

Este, mira.

Yo sé que falta mucho para que nazca, Lucía,

pero con los líos de la bodega el tiempo pasa deprisa,

y yo no quiero meter pintores en casa.

¿Prefieres el amarillo? El que tú quieras, mamá.

Hija, es para la habitación de tu niño.

Cuando quiera volver a verla ya la habrás pintado de otro color.

No digas eso. -Todo va a salir bien.

En todo este tiempo no hemos encontrado

ni una sola prueba que inculpe a Raúl.

Yo soy la administradora de la empresa

y yo voy a tener que pagar por lo que hizo.

Mira, Lucía, yo seré una tonta, pero prométeme

que no vas a rendirte, y que vamos a seguir luchando

todos hasta el final. ¿Lo prometes?

Me voy a la bodega, luego os veo.

Bien, hija.

-Sofía... No, si quieres hablar

de lo de ayer, no hace falta.

-Creo que te debo una explicación. Me la diste.

Que para ti ya ha pasado demasiado tiempo

y han pasado demasiadas cosas. Ya está, no hace falta

que sigamos hablando.

-Ah, Sofía, no te hagas la dura. Tú no eres así.

No, no lo soy. Por eso es mejor que no sigamos

dando vueltas a esta situación.

Yo pensaba que tú querías...

(SUSPIRA)

Recuperar el tiempo perdido, pero ya veo que no.

-Las cosas con más complicadas de lo que crees.

Estoy segura de ello.

Por eso es mejor que las cosas se queden como están.

-Lucía me había prometido que se me pagaría hoy.

-Mira, discúlpanos, no... no sé qué habrá pasado.

Últimamente Lucía está un poco liada.

-El juicio, ¿no? En Lasiesta no se habla

de otra cosa.

-Mira, Soto, mi hermana es inocente y se va a demostrar, ¿de acuerdo?

-Todo eso está muy bien, pero me debéis treinta mil euros

y aún no he cobrado.

-Escucha, ya conoces la situación de nuestra bodega.

No estamos pasando nuestro mejor momento.

Mira, dame una semana. ¿De acuerdo?

Una semana y tendrás tu dinero. Tienes mi palabra.

-Como no tenga mi dinero en una semana

no pararé hasta que os embarguen todo esto.

(SUSPIRA)

Adiós, señor Soto.

-Adiós.

¿Qué le pasa?

-Nada, que ha entregado el pedido tarde y he tenido que echarle

la bronca, no te preocupes.

Ah.

Vuelvo a los depósitos.

-No hemos encontrado ni rastro de la sustancia

con la que fue envenenada en ninguna de las muestras

de comida que tomamos de la casa. -Entonces puede ser algo

que haya comido fuera. -Sinceramente, creo que el origen

de todo está en el vino que doña Rosalía ingirió

justo antes de encontrarse mal.

-Pero ¿entonces no está segura? -Pues no.

Porque lamentablemente alguien hizo desaparecer la botella.

Posiblemente la misma persona que contaminó el vino.

¿Y cree que ha sido alguien de esta casa?

-También pudo ser alguien que entre habitualmente,

alguien de las bodegas o del servicio.

-Podría ser. Pero tendría que tener un motivo para querer hacerlo.

¿Piensa que alguno de nosotros los tiene?

-Aún no lo sé. -Igual ha sido todo un error.

-Espero que el testimonio de doña Rosalía nos ayude un poco.

No está en condiciones de ayudarle.

Será mejor dejarla descansar.

De todas formas, en esta casa no se abre ninguna botella

que no haya pasado antes por las manos de mi padre.

Miguel, ¿no estarás insinuando que he tenido algo que ver en eso?

No, sólo digo que si esa botella es nuestra, tú podrás ayudar

a la agente Ortega. -¿Sabe lo que pasa con don Vicente?

Que siempre sé lo que me va a responder.

Y eso no me ayuda mucho.

Probemos.

-¿A que no abrió usted ninguna botella de vino

el día que su mujer fue envenenada? No, ninguna.

-¿Sabe lo que me hace dudar de que haya sido usted?

Que todavía siga viva.

Pero todos fallamos alguna vez. ¿Alguna cosa más?

-No, nada más, muchas gracias.

(SUSPIRA)

-Avísenme si su madre mejora.

Por cierto, es posible que doña Rosalía reciba la visita

de otro de sus hijos en breve. -¿Ha conseguido localizar a Carlos?

-No, me refería a Raúl. Sé por mis fuentes

que ha llegado a España. Y sería de muy mal hijo

que no viniera a visitar a su madre en estas condiciones.

¿Me avisarán si le ven? -¿Va a detenerle?

-No, sólo quería mantener una conversación con él.

Ya saben que a su hermano no se le acusa de nada.

-¿Sabíais algo de esto?

Sí, yo le llamé.

-Pablo, ¿te importa acompañarme arriba?

Pablo, cierra la puerta, por favor.

No he querido decir nada delante de Ortega,

pero ayer Mar trajo una botella de vino.

Igual fue de la que bebió tu madre.

Pero, claro, ¿qué iba a ganar ella con eso?

-Claro, ¿qué iba a ganar ella?

(SUSPIRA)

-Pablo, anoche me dejaste preocupada.

-Falta una de las botellas de vino que guardábamos aquí.

¿Sabes dónde está? -Claro, la cogí yo.

Es la botella que llevé a tu casa.

-¿El ácido de este frasco estaba en la botella de vino

que llevaste? -No me lo puedo creer.

Yo no cogí ese ácido, y la botella la llevé

porque Sara se empeñó en que brindáramos juntas.

-¿Sara te dijo que llevaras el vino?

-Sí.

-¿Qué?

-Ese veneno no era para tu madre.

Era para mí.

Ha sido Sara. -No, Mar, no, por favor.

-¿Por qué iba a hacer algo así? -Sabe que estamos juntos.

Nos vio besándonos en la bodega el día que vino con María.

-Mar, ¿por qué no me dijiste nada?

-Me suplicó que guardara el secreto hasta que encontrara las fuerzas

para decírtelo, pero por lo visto las necesitaba para otras cosas.

¿No te das cuenta? Por eso me invitó a tu casa.

-Pero ¿cómo iba Sara a hacerse con este frasco? Dime.

-Estuvo aquí ese mismo día, pudo haberlo cogido

sin que la viésemos. Voy a hablar con ella.

-No, espera, por favor, espera.

Déjame que lo maneje yo, por favor.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Gustavo, ¿dónde vas?

Pensaba que no volvería a verte por aquí.

-¿Por qué no iba a hacerlo? Trabajo aquí.

-Dijiste que esta guerra había acabado.

-Sí, y hemos quedado en tablas, ni vencedores ni vencidos.

De alguna manera es un poco como volver a empezar.

Puede que con el tiempo hasta nos llevemos bien otra vez.

-No creo.

-Dame tiempo.

-Te doy hasta mañana. Después quiero que abandones

las bodegas y no vuelvas a poner un pie en ellas nunca más.

-No puedes hacer eso. -Claro que puedo, Gustavo.

-Has vendido tus acciones a Paula,

ahora eres sólo un empleado. Y un empleado muy especial.

al primero que voy a despedir. -Piensa bien lo que vas a hacer,

Emma. No te va a ser tan fácil deshacerte de mí.

-¿Tan fácil? Me ha costado muchos años,

pero ahora ya no vas a poder evitarlo.

La pistola está en el río y no puedo enviarte a la cárcel,

pero tú tampoco tienes nada contra mí.

Te he querido mucho, Gustavo.

Casi tanto como lo que te he aborrecido luego.

Pero ahora sólo quiero olvidarte, no quiero acabar como mi madre,

destilando rencor y amargura hasta el último aliento.

Elvira... -¿Sí?

-Llama a Personal, entérate de la indemnización

que hay que pagar a Gustavo por su despido.

-Ahora mismo.

-Adiós.

-Adiós, Gus.

-Tienes que ayudarme.

Emma quiere echarme de la bodega. -¿Y eso te sorprende?

No puedes pasarte la vida dependiendo de los Cortázar.

Tienes que aprender a vivir sin ellos.

-¿Me lo dices tú? Si conservase mis acciones

no podrían hacerme nada. Pero te las vendí a ti,

me lo debes. -Gustavo, despierta.

Son mayoría en el consejo de administración.

Si quieren acabar contigo, no podré impedirlo.

-¿No vas a hacer nada? -Quiero ayudarte,

pero hay que buscar otra manera. -¿Cuál?

Acabando definitivamente con los Cortázar.

Ayúdame y ahí tendrás tu venganza contra Emma.

-No podrás, es imposible. Siempre que han estado a punto

de hundirse les he visto levantarse con más fuerza.

-¿Vas a confiar en mí?

-¿En qué estás pensando?

-Vicente tenía un tío, José Cortázar.

Búscale y averigua todo lo que puedas sobre él.

-¿Para qué?

-¿No ibas a confiar en mí?

(SUSPIRA)

-¡Ah, ah!

Ah... -Chis.

-Ah, ah...

Raúl. Ah...

Mamá está muy mal. -Lo sé.

-Miguel dijo que no querías verla.

-¿Y por qué crees que he venido?

-¿Y ahora qué va a pasar con Lucía?

-No lo sé.

Es ella o yo.

-Pero Lucía es inocente.

Y tú no eres como todos dicen.

-Ya hablaremos de eso, ¿vale?

Y ahora me tienes que ayudar a ver a mamá.

Toma, llámame a este número.

Te quiero, hermanita.

Pablo, Pablo... -Perdona, me tengo que ir.

Pablo, ¿qué te pasa?

-Raúl me llamó anoche.

Supongo que después de que tú le llamaras.

Ya. ¿Qué quería? -Saber si era cierto lo de mamá.

¿Te ha creído?

-Creo que sí.

¿Qué haces? Quiero hablar con él.

-¿Hablar con él o tenderle una trampa, Miguel?

(SUSPIRA)

Teléfono.

Teléfono.

Cesa el teléfono.

-¿Miguel?

¿Qué haces aquí? -Estoy buscando a Mar.

Me voy, tengo prisa. Emma...

¿Pasa algo?

-No.

¿Puedes decirle a Emilia que ni Pablo ni yo iremos a comer?

-Vale, yo se lo digo, no te preocupes.

¿Raúl en las bodegas?

Sí, no le vi, pero estoy seguro de que estaba allí.

¿Por qué crees que ha venido ahora?

Conseguí su número de teléfono y le conté lo de mi madre.

Creo que Emma le va a ayudar a entrar en casa

cuando no haya nadie. Emma.

¿Qué tiene que hacer un Cortázar para que le deis de lado?

Lo que voy a hacer yo: entregar a otro Cortázar.

No voy a dejar que Raúl se salga con la suya.

Quiero verle, Miguel.

Quiero que me diga a la cara que la culpable soy yo.

No, Lucía, no es lo mejor en este momento.

Confía en mí.

Gracias.

Sé lo que estás arriesgando.

Lo que están haciendo contigo no es justo.

¿Sabe tu hermano que Raúl está en Lasiesta?

No, ni debería saberlo, ya sabes cómo es,

se puede meter en líos. Ah, ya, por eso.

Mira que eres, ¿eh? Trabajas día y noche

y nunca te quejas.

Es mi obligación.

Así mantengo la cabeza ocupada.

A veces se me olvida que el juicio nos afecta a todos.

Y no solamente el juicio, es que me he hecho

ilusiones absurdas. ¿Por qué?

Déjame que te cuente algo. ¿Sabes, hija?, mientras tu padre

estaba en vida yo jamás pensé en otro hombre, nunca;

pero desde que el tío Adolfo está aquí estoy todo el tiempo

pensando en cuando éramos jóvenes y estábamos enamorados y...

Mamá, no tienes que darme explicaciones.

Tienes todo el derecho del mundo a rehacer tu vida.

No, si no va a poder ser, que no...

Vamos, que no me hace ni caso. No...

Mamá, pero si el tío Adolfo está enamoradísimo de ti.

Sólo hay que ver cómo te mira.

No, no creo. Pero, vamos, si quiere algo

que venga y... que venga y me lo pida.

Pues te voy a dar el mismo consejo que tú me has dado a mí siempre:

si quieres algo, lucha por ello.

Ay, Lucía...

-Ya, pero sólo necesito que por esta vez

nos pagues por adelantado.

Ya, bueno, pues pensaba que podrías echarnos una mano.

Pero no te preocupes, muchas gracias.

(SUSPIRA) Por nada.

-¿Qué pasa?

-Que sólo tenemos deudas y una amenaza de embargo

a la vista, eso es lo que pasa.

-Hay un montón de pedidos. -Sí, que nadie los va a pagar

hasta que no los entreguemos.

Y todavía no tenemos vino listo para embotellar.

-Ayer te oí decir que el vino de las barricas del fondo

estaba preparado. -Y lo está.

-¿Entonces? ¿Cuál es el problema? -Pues que es el vino

de los Cortázar y no lo podemos tocar.

(SUSPIRA)

-O no deberíamos.

-No, no, no, no, Dani, no. Olvídalo.

-Adolfo, piénsalo, podríamos venderlo

y nadie se enteraría.

-Cuando quisieran recuperarlo lo habríamos sustituido por otro.

Nadie tiene por qué saberlo. -Dani, no seas iluso.

Vicente Cortázar reconocería una gota de su vino

aunque lo mezcláramos con disolvente.

-Ellos lo harían. -Pero tú eres distinto.

Tú eres un Reverte.

Si olvidamos quiénes somos acabaremos siendo peor que ellos.

Siempre hay otra salida.

Y la vamos a encontrar.

-¿Sara? -¿Sí?

-¿Fuiste tú?

-No sé de qué me hablas.

-Envenenaste el vino pensando en Mar,

pero por desgracia mi madre se adelantó, ¿verdad?

-¿Y por qué iba a querer yo hacerle nada a Mar?

-Dímelo tú.

-Mira, Pablo, el día que perdí la oportunidad de dejar esta silla

de ruedas me di cuenta de que los celos

no me llevaban a ningún sitio.

¿Y por qué la invitaste entonces? -Porque confiaba en ti

y me parecía buena gente. Me paso el día aquí encerrada.

Pensé que podía tener una amiga. -Porque sabías

que estábamos juntos, nos viste besándonos

en las bodegas.

Mar me lo ha dicho. -¿Qué?

Yo nunca os vi en las bodegas.

¿Así que estáis juntos?

-Sí, estamos juntos.

(SUSPIRA)

-Qué hijo de puta.

¿Te lías con esa zorra

y quieres acusarme de envenenar a tu madre para libraros de mí?

¿Pero cómo has podido pensar que yo podría hacer algo así?

-¿Tienes la información que te pedí?

Sí, vale.

¿Tuvo descendencia?

OK.

¿Cómo se llama la nieta?

Julia Cortázar.

Vale, muchas gracias.

-Sí, tiene la firma de Alejandro Cortázar

y el sello del notario.

¿Entonces no podrían impugnarlo?

Gracias, Esteban, es justo lo que quería oír.

Luego hablamos.

-¿De dónde has sacado esto? -Me lo hizo llegar un anónimo.

No somos los únicos enemigos de los Cortázar.

-¿Entonces José Cortázar es el verdadero dueño

de las bodegas? -Y de la casa,

y de todas las tierras adquiridas antes de la muerte del patriarca.

Me lo acaba de confirmar mi abogado.

Estoy deseando ver la cara de Miguel cuando aparezca por aquí

el legítimo heredero.

-¿Y qué vamos a hacer si también quiere deshacerse de nosotros?

-Yo voy a demandar a los Cortázar por venderme acciones

que no les pertenecen. Tú puedes darle tu currículum

al nuevo, por si quiere hacerte un hueco.

-¿Y por qué íbamos a perderlo todo pudiendo chantajear a Miguel

con el testamento? -A mí estas bodegas me dan igual,

pero para los Cortázar son su vida. -Paula, piénsalo.

Tú y yo en la presidencia haciendo que Miguel y Emma

se arrastren como gusanos. No me digas que no te gusta.

-No te esfuerces, Gustavo, yo no soy como Emma,

no voy a cambiar de opinión por un par de carantoñas.

-Entonces no sé qué gano yo con esto.

-Te estoy dando la oportunidad de vengarte de todo

lo que te han hecho. ¿Te parece poco?

Bueno, ¿qué? ¿Qué has averiguado de José Cortázar?

-Todavía no he dado con él.

Pero no te preocupes, estoy en ello.

-Miguel...

¿Has venido a cobrar el finiquito?

-Eh, tranquilo, que vengo en son de paz?

Hay algo que deberías saber sobre las bodegas.

Estas bodegas ya no son de tu incumbencia.

-Dentro de poco ni siquiera serán de la tuya.

Paula tiene un testamento en el que dice que el dueño

de todo esto se llama José Cortázar.

Eso es falso. -No.

No lo es, y lo sabes.

El tal José está muerto.

Pero míralo por el lado bueno: habéis perdido a un tío abuelo,

pero habéis ganado una... prima segunda.

Se llama Julia Cortázar.

Pero eso tú ya lo sabías, ¿verdad?

Enhorabuena, Gustavo, habéis ganado.

Lo que me sorprende es que no haya venido Paula

a regodearse. -No se lo he dicho todavía.

Prefería que fueras tú el primero en conocer las noticias.

Quiero mantener mi cargo. Y una buena subida de sueldo.

Emma no lo va a permitir. -Sabrás convencerla.

Igual que yo conseguiré que Paula se olvide de todo esto.

Tú tráeme el testamento.

Por cierto, ¿cómo se hizo con él? -Se lo mandó un anónimo.

Hijo, ¿qué buscas?

El testamento que rompí. Amelia lo habrá tirado

a la basura.

Sólo quería asegurarme de que nadie nos había dado el cambiazo

antes de romperlo. No entiendo.

¿Quién iba a hacer algo así? ¿Y por qué?

Pues no lo sé, la verdad.

Pero voy a averiguarlo.

-¿Miguel?

Pensaba que no venías a comer.

Pero si quieres puedo avisar a Amelia.

He venido a resolver un asunto.

Me vuelvo a la oficina.

-¿Seguro? Sí, sí, no te preocupes.

Gracias.

-Raúl, ya puedes venir.

No, no va a hacer nadie. Papá ya habrá salido.

Vale.

Ortega,

Raúl está a punto de llegar.

-¿Qué haces tú aquí?

Te he preparado un puré.

-Estás loco si piensas que voy a probar eso.

Has intentado envenenarme y me haces... ¡Amelia!

Me han salido mejores, pero creo que sobrevivirás.

Aprovecha mi ayuda mientras puedas.

No te queda demasiado tiempo.

No a usted tampoco, Amelia. No voy a consentir

que ningún extraño se siga paseando por esta casa.

-No te preocupes, mientras yo viva

mantendrás tu trabajo.

Aunque me temo que no va a ser mucho tiempo.

-No diga eso, señora, seguro que se recuperará pronto.

-Vicente no lo permitirá.

-¿Qué dice, señora?

-Es él quien ha intentado matarme. No lo hizo antes

porque yo tenía algo que él necesitaba.

Pero ahora que lo ha conseguido no parará hasta verme muerta.

-¿Y por qué no se lo cuenta a al policía?

-Ya lo he hecho, pero no me creen.

Ni siquiera mis hijos.

Porque no tengo pruebas.

-Pero algo se podrá hacer.

-Sólo se me ocurre una cosa.

Cierra la puerta y siéntate.

-¿Está usted segura de lo que me está diciendo?

-Lo he visto con mis propios ojos. Desde que volvió a casa don Vicente

ha estado amenazando de muerte a doña Rosario.

-Bueno, don Vicente tiene un especial

sentido del humor. Igual sólo estaba bromeando.

-Eso mismo pensaba yo, pero la última vez que lo hizo

parecía decirlo muy en serio. Y a las pocas horas

doña Rosalía cayó enferma.

-¿Y estaría usted dispuesta a repetir todo esto ante un juez?

-Sí.

-José Cortázar

murió en un accidente de tráfico junto a su mujer

hace dieciséis años.

-¿Y no tuvieron descendencia? -Un hijo.

El problema es que murió también hace seis meses.

Estaba soltero y no tenía hijos.

-¿Me estás diciendo que he perdido la oportunidad de acabar

con los Cortázar por tan sólo seis meses?

-Eh, te prometo que lo conseguiremos.

Sólo hay que tener un poco de paciencia.

(SUSPIRA)

Y permanecer unidos.

Elvira, por favor, ¿puede hacerle llegar este contrato

a Recursos Humanos? -Claro.

Gracias.

Teléfono. -Sí, señorita Cortázar.

Precisamente ahora acaba de salir. ¿Quiere que le avise?

-No, no, no hace falta que le diga nada.

Gracias, ¿eh? -Perdone el retraso,

he tenido que ir al médico con el niño.

-Pero, Amelia, ¿para qué ha vuelto, mujer?

Márchese a casa. -Voy a preguntar a su madre,

a ver si necesita algo. -Que no hace falta, de verdad,

ya me encargo yo. Váyase. -Gracias, señorita Emma.

-De nada.

(SUSPIRA)

Llaman a la puerta.

Ah... -Gracias por llamar.

-Mamá está deseando verte. -Y yo.

-Venga, rápido, que papá debe estar a punto de llegar.

-Ah...

Hijo...

-No tenemos mucho tiempo.

-No tenías que haber venido, es muy peligroso.

-Necesitaba verte.

Y saber que era cierto.

-Ha conseguido acabar conmigo, Raúl.

Él ha vuelto a ganar. -No pienses en eso.

Yo sólo quería darte las gracias.

Nadie me ha ayudado como tú.

-Han sido muchos años de ausencia, hijo.

Tenía que compensarte.

-Mira, mamá,

yo no sé si Miguel y el resto lo entenderán,

pero yo te quiero.

No voy a olvidar nunca lo que has hecho por mí.

Nunca.

(SUSPIRA)

-¿Hola?

-Me olvidé el bolso.

Ah, tiene visita.

-Señorita Cortázar,

me temo que las preguntas a su madre

no van a poder esperar más.

A menos que no esté acompañada ya, claro.

-Hubiera hecho cualquier cosa por ella.

Pero se acostó con Miguel.

-Raúl,

tienes que aceptar que Lucía y tu hermano se quieren.

(SUSPIRA)

-¿Qué te pasa?

-Si no le importa, voy a avisar antes a mi madre.

-¿A su madre o a su hermano? -¿Qué hermano?

-No se haga la tonta, sabe perfectamente

que me refiero a Raúl. Tengo a un policía de paisano

en la puerta y ha visto entrar a un hombre que coincide

con su descripción.

-Aquí no hay nadie más. ¡Ortega!

Ya le he dicho que mi hermano no está aquí.

Ha tenido que ser un error. -Uno de mis agentes

le ha visto entrar por la puerta de atrás.

-Pues ya ve que no. Aquí no hay nadie.

-Ya.

-Ortega, por favor, deme esa cazadora.

Sal por la puerta del estanque.

Agente Ortega...

-¿Dónde está Raúl? ¿Perdone?

-Sé perfectamente que está aquí. Hace meses que no veo a mi hijo,

pero si está tan segura sólo tiene que traer una orden

de registro y podrá buscar hasta en el último rincón.

¿Cómo has podido hacerlo, Emma?

-Se está muriendo, Miguel.

Es nuestra madre. ¿Te lo pidió ella?

-No.

(SUSPIRA) Sólo quiero que Raúl asuma su responsabilidad.

Lucía no es culpable.

-¿Sigues enamorado?

Emma, por favor, ¿qué importa eso ahora?

¿De verdad quieres que críe a su hijo entre rejas?

Emma, llevas toda la vida intentando ser madre.

Ponte en su lugar.

No puedes ser su cómplice en esto.

Llámale.

-Hazlo tú.

No serviría de nada. Él confía en ti.

-No me pidas que le entregue, Miguel.

Emma, sólo quiero hablar con él, tratar de convencerle.

-Ya le traicioné con lo de Nuria Asensi.

Si además le tiendo una trampa no va a perdonármelo en la vida.

No puedo hacerlo, Miguel.

No puedo.

-Sofía, ¿ha pasado algo? Oí tu mensaje y parecía grave.

Tranquilo, sólo quería verte. Siéntate.

-¿Y a qué venía tanta urgencia? No hubieras venido

si te lo hubiese pedido así, sin más.

(SUSPIRA) -Sofía,

sé que he estado últimamente muy raro y supongo que te debo

una explicación, pero... No te he llamado

para hablar de nosotros, sino...

para darte algo que te corresponde.

-Hermanos Reverte.

Este fue el primer vino que Jesús y yo embotellamos

cuando nos hicimos cargo de esta bodega.

Tu hermano siempre lo guardó como un tesoro.

Y ahora que él no está te corresponde guardarlo a ti.

-No,

creo que es mejor que lo tengan sus hijos.

Para Jesús yo dejé de ser un Reverte hace muchos años.

Si él hubiera sabido que tú no hiciste aquel robo

se habría disculpado y te habría encomendado

el legado de esta familia.

Afortunadamente estoy aquí para hacerlo en su nombre.

(SUSPIRA)

-Gracias.

Mamá.

Sí, hija, estamos aquí.

Perdonad. ¿Qué ha pasado con Raúl, hija?

-¿Con Raúl? Tío Adolfo, es muy importante

que Daniel no se entere de que Raúl está en Lasiesta,

ya sabes cómo es. -Pero ¿qué hace aquí?

Reírse de mí.

Miguel me ha dicho que ha conseguido escapar

de Ortega. -Ese no se va a entregar.

Ni a devolver el dinero. Un Cortázar es un Cortázar

desde que nace hasta la sepultura.

Pero ¿por qué nos odia tanto? Si le abrimos las puertas

de esta casa cuando todo el mundo le daba de lado.

Mamá, será mejor que nos hagamos a la idea.

Mi hijo va a nacer en la cárcel.

-No, Lucía, anímate, todavía no está todo perdido.

Mira, para luchar con un Cortázar hay que saber hacerlo

con sus mismas armas y nosotros nunca hemos sabido.

(SUSPIRA)

¿Dónde vas, Adolfo?

-Acabo de recordar algo que tenía que haber hecho

hace mucho. -José, comprueba la temperatura

de las barricas de los Cortázar, por favor.

-De acuerdo.

-Daniel... -Adolfo...

-Creo que ha llegado la hora de que se cambien las tornas.

Vamos a vender ese vino.

-Pero ¿qué estás diciendo? Si eras tú el que no quería

que se la jugáramos. -A partir de este momento

los Reverte vamos a dejar de poner la otra mejilla.

-¿Estás seguro?

-Tu padre estuvo a punto de perder las bodegas por cabezonería.

Tú decides.

-Déjalo, José, ya me encargo yo. Gracias.

(SUSPIRA)

¿Cómo estás?

Muerta de miedo.

¿Y el niño?

¿Va todo bien? Sí.

Es lo mejor que me está pasando últimamente.

Bueno, tu madre te estará ayudando, ¿no?

Mucho.

Miguel,

Marc y yo no estamos juntos.

Lucía, voy a hacer todo lo que pueda para ayudarte.

Ya lo estás haciendo.

¿Qué haces aquí?

¿Qué quieres? ¿Qué quieres de mí?

-Tranquilízate, Miguel. Hace mucho que dejó de interesarme

tu vida. Cualquiera lo diría.

¿Por qué no quieres perdernos de vista ni a mí ni a mi familia?

-¿Eso te extraña? Lo que no entiendo

es cómo puedes estar toda la vida pensando en venganzas

y traiciones. -¿Traiciones?

¿Me vas a hablar tú a mí de traiciones?

Eres increíble.

-¿Me vas a hablar tú a mí de traiciones?

Quiero que te vayas hoy mismo. -¿Qué?

Dile a papá que quieres prepararte, que quieres viajar.

Dile lo que quieras, pero no quiero verte por aquí más.

-¡Olvídalo, no me pien...! Has vendido mercancía

a nuestras espaldas a restaurantes.

¿Qué crees que va a opinar de esto papá?

-Tú eres un hijo de puta. Sí, pero recuerda que para ser

un hijo de puta primero hay que ser inteligente.

-Miguel, te está buscando tu padre.

Voy.

Mañana no quiero verte por aquí.

Lucía, tenemos que vernos.

-¿Has hablado con ella? -Sara me ha dicho que no tenía

ni idea de que estuviéramos juntos. -¿Cómo puede ser tan cínica?

-¿Qué haces? -Llamar a la policía.

-¿Para qué? -Sara es peligrosa.

Voy a denunciarla. Es la única manera

de que diga la verdad.

-¿Y cuál es la verdad, Mar?

-No te entiendo. -Yo tampoco lo entiendo,

pero cuando le he dicho a Sara que estábamos juntos

se ha quedado destrozada.

-¿Crees que la que miento soy yo? -Ese es el problema, Mar.

¡Que no sé a quién creer, ese es el problema!

(SUSPIRA)

-¿Hasta dónde quieres llegar?

-No te entiendo. -¡Tú echaste el ácido en el vino!

Era para mí, pero por azar se lo tomó Rosalía,

y luego metiste el frasco en mi bolso.

-No sé de qué me hablas.

-Desde que me viste besar a Pablo lo has estado planeando todo.

-¿Besándote con Pablo? No tenía la menor idea.

-Pero ¿cómo puedes ser tan cínica?

Me lo dijiste tú misma. -De eso me he enterado hoy,

porque me lo ha contado mi marido. Hasta entonces no sabía

que fueras tan zorra.

Pégame, lo estoy deseando. -Voy a denunciarte a la policía.

-La próxima vez que veas a un policía serás como sospechosa.

-Pablo no lo va a permitir. -¿Ah, no? ¿Y qué crees

que va a decir cuando se entere que me has pegado?

-¡Ojalá te hubieras muerto cuando te caíste por la escalera!

-Mar...

¿Qué haces aquí? -Pablo, me ha pegado.

-Está mintiendo, yo no la he tocado.

(LLORA) -Mar, vete.

-Pablo, por favor, déjame que te explique.

-Vete.

-Ah...

Si no llegas a entrar, no sé qué habría pasado.

Pablo, es peligrosa.

Fue ella la que intentó envenenarme.

-Basta, Sara. Basta, no tienes pruebas.

-¿Tan enamorado estás de ella que no lo ves?

¿O lo habíais planeado entre los dos?

-Sabes que yo sería incapaz de hacer algo así.

Lo sabes.

-Pues haz algo con esa mujer.

No va a parar hasta acabar conmigo.

(SUSPIRA)

Poco antes de mi accidente despedí a Raúl de la empresa.

¿Por qué? Hacía con nuestras cuentas

los mismos chanchullos que después hizo

con vuestras bodegas.

He estado comprobando los libros de contabilidad

y he descubierto que transfería dinero a una empresa

llamada RCO Rioja Sociedad Anónima.

-¿Y qué relación tiene con las Bodegas Reverte?

RCO es la empresa fantasma que Raúl utilizaba

para hacer sus desfalcos. Si la encontráis en vuestros libros

habréis dado con el dinero que os robó.

-Aquí está.

Raúl comenzó a hacer transferencias a RCO tres meses después

de entrar en la bodega y continuó haciéndolo hasta...

Hasta el día de la boda.

Miguel, si declaras ante el juez podremos demostrar

que todo ese dinero terminó en manos de Raúl

y nuestro testimonio cobrará fuera.

-¿Lo harías?

Sí, lo haré. Gracias.

Llamadme cuando me necesitéis.

(SUSPIRA)

-Yo creo que Miguel no va a querer enfrentarse públicamente

a los Cortázar. No tenemos otra opción.

-¿Crees que merece la pena arriesgarse?

Envíale la citación y que sea lo que Dios quiera.

¡Mamá! ¿Sí?

Hola, hija. Traigo buenas noticias.

Puede que con el testimonio de Miguel podamos inculpara a Raúl

en el juicio. Ay, sabía que tarde o temprano

tendríamos algo de suerte, Dios.

Ya nos tocaba. Pues sí.

¿Y tú qué? ¿Qué tal con el tío? Cuéntame.

Bien, parecíamos los jóvenes de hace veinte años

que sólo con mirarse se entendían.

Como si no hubiese pasado el tiempo.

Me alegro, mamá. Ay, qué contenta estoy.

-Pero, bueno, ¿qué celebramos? Bueno, cosas nuestras.

-Ajá. Cosas de chicas.

Tengo que irme, os veo luego. -Muy bien, muy bonito.

Por fin parece que hay una buena noticia en esta casa

y no me puedo enterar porque soy hombre.

Ah. -Ya lo estás soltando.

Bueno, parece que la relación de mamá y el tío Adolfo

va por buen camino.

¿Qué?

-Eso... eso no es posible, Lu.

Pero ¿no habías arreglado tus cosas con él?

-El tío es un buen hombre, ¿vale?

Y en circunstancias normales me hubiera encantado

que estuviera con mamá.

¿En circunstancias normales?

-El tío Adolfo está enfermo, Lucía.

Tiene Alzheimer.

¿Por eso la estaba evitando?

-La quiere.

Y sabe que sería injusto involucrarla de esta forma.

Mamá ya tiene suficientes problemas.

Bueno, pero eso debería decidirlo ella.

-No, es decisión de él, Lu.

Así que no la animes más con esta historia.

O los dos van a sufrir más de lo necesario.

-Me voy, Elvira, que tenga un buen día.

-Un buen día si usted lo dice. -¿Algún problema?

-Que en esta empresa no hay seriedad.

Te dejan ilusionarte y luego te quedas con la miel

en los labios. El nuevo contrato de Gustavo.

Ande, revíselo antes de que se lo entregue.

(RÍE) -Buen intento,

pero está loco si cree que Miguel va a firmarle

esta subida de sueldo. -Ha sido el mismo don Miguel

el que me ha mandado redactarlo.

Ya ve, por la mañana quieren despedirlo,

y por la tarde le ofrecen un contrato blindado.

¿Usted lo entiende? Yo tampoco.

-Eso es lo malo, Elvira,

que creo que lo entiendo perfectamente.

-¿Entonces está de acuerdo o retengo el contrato

hasta que usted hable con don Miguel?

Mejor lo retengo.

-¿Buscas esto? -No, estaba buscando...

-Ten un poco de dignidad, Gustavo, y no te esfuerces en inventarte

nada más. Aunque tengo que reconocer

que cada vez mientes mejor. He estado a punto de creerme

que José Cortázar no tenía herederos.

-Paula... -Cállate.

Sólo dime una cosa: ¿Por qué? ¿Por qué sigues en estas bodegas?

Emma te odia, Miguel te odia, todos te odian.

Tienes el dinero que te di para que empezaras de cero.

¿Qué te ata a esta familia? ¿Por qué te empeñas

en ser un Cortázar?

-Porque ser un Cortázar es lo único que he sido en mi vida.

¿Sabes cómo me apellido realmente, Paula?

¿Conoces a mi familia, sabes dónde nací?

No sabes nada de mí porque no hay nada que saber.

Antes de llegar aquí yo no era nadie.

Si conocieras a mis padres,

si supieras dónde me he criado entenderías que por más palos

que me den los Cortázar esto es el paraíso.

No busques a los herederos, deja las cosas como están,

por favor. Esto es lo único que tengo.

-Puede que hayas vivido un pasado doloroso, Gustavo,

pero yo también.

Lo siento.

-Hola. -Hola.

-¿Está don Vicente? -¿Don Vicente?

Está en el salón.

-Tranquila, Amelia, no pasa nada.

Ya voy yo.

No pregunto si molesto porque ya sé que sí.

Me gustaría poder decirle que es una sorpresa verla,

agente Ortega, pero desgraciadamente

estamos demasiado acostumbrados a su presencia en esta casa.

-¿Ha pasado algo?

-Por el momento, eso va a tener que quedar entre su padre y yo,

así que si nos disculpa... Si se trata del envenenamiento

de Rosalía, puede hablar delante de mi hijo, no tengo nada

que ocultar porque no tuve nada que ver.

-Como quiera. Tengo un testigo creíble

que vio cómo la amenazaba horas antes de que fuera envenenada.

¿Cree que si hubiera querido matarla la habría amenazado

delante de testigos? -Lo importante es lo que crea

el juez. -Ningún juez le condenará

por un simple testimonio. -Pero autorizará una orden

de registro y le llamará a declarar.

Lo suficiente como para ponerle en un buen aprieto.

Hágalo, no tengo miedo.

-Está usted muy seguro de poder demostrar su inocencia.

Bueno.

-Discúlpame, papá.

Agente Ortega...

Yo que usted no hablaría con el juez.

-Si eso es una amenaza me decepciona.

Te tenía en mejor consideración. -No sé quién será su testigo,

pero le aseguro que mi padre no envenenó a Rosalía.

-¿Y por qué está tan seguro?

¿Se le ocurre a usted a alguien que pudiera tener razones

para hacer algo así?

Piénselo.

-Te estás convirtiendo en su cómplice.

-Sara, estás loca. -¿Loca? Loca como cuando pensaba

que estabais juntos y tú lo negabas.

Lo sabía. Igual que sé que esa tía intentó envenenarme.

Si tú no la denuncias lo voy a hacer yo.

Y más te vale que pienses en tu hija.

Porque si no te decides va a tener que verte en la cárcel.

-Basta, Sara, basta, basta.

-¿Desean algo más? No, no, puede retirarse.

-Don Miguel, ¿va a cenar? No, Amelia, sólo tomaré café,

gracias.

Disculpad. -¿Has hablado con mamá?

No, no he podido.

-Buenas noches.

Pensaba que habías vuelto a desaparecer otra vez.

-Y lo habría hecho, de no ser por ti.

Además, ¿hace cuánto tiempo que no nos juntamos

los cuatro hermanos? ¿Eh?

Como en los viejos tiempos.

No eres bienvenido en esta casa, Raúl.

-¿Seguro?

Emma...

Pablo...

¿Papá?

Hemos pasado mucho tiempo especulando sobre las razones

de tu desaparición. Podrías explicarnos al menos

por qué has vuelto a esta casa.

(TOSE)

-Papá, nos has enseñado muchas cosas:

a mentir, a traicionar a todo el mundo...

Pero, sobre todo, a que respeten el nombre

de esta familia. Incluso por encima

de nosotros mismos.

Pero parece que Miguel está dispuesto

a tirarlo a la basura.

¿A qué se refiere?

-Los Reverte están investigando una de mis empresas.

Quieren saber si el dinero desaparecido está ahí.

Y Miguel parece dispuesto a declarar contra mí.

No voy a permitir que condenen a una persona inocente.

¿A una persona inocente o a Lucía Reverte?

Papá, no tengo nada con Lucía.

De todos modos, es muy extraño que te manden a declarar a ti

en un juicio sobre las Bodegas Reverte.

¿Se lo dices tú o se lo digo yo?

-Haz tú los honores.

He estado revisando nuestros libros de cuentas

y he descubierto que Raúl nos hizo lo mismo los mismo

que le ha hecho a los Reverte. Desvió fondos,

robó uva y vendió vino a nuestras espaldas.

-Miguel, eres consciente de lo que va a pasar

si eso sale a la luz, ¿verdad?

Tendremos problemas con el Consejo Regulador.

Otra vez.

Es la única forma de que se haga justicia, Pablo.

-Miguel, escucha, con tu gestión hemos recuperado

el respeto de la gente. ¿Vas a echarlo todo por tierra?

Yo, en cambio, creo que por primera vez en mucho tiempo

voy a hacer lo correcto. Eso es lo malo.

Piensas que te vas a convertir en un héroe.

Pero lo que la gente va a ver es a un Cortázar

traicionando a otro Cortázar. ¿De verdad estás dispuesto

a darles esa satisfacción?

Me da igual lo que piense la gente.

Raúl merece un castigo.

-Claro, porque tú no te has equivocado nunca.

No te has dejado llevar por la ira, por la avaricia. ¿No?

Hijo, tú también has cometido muchos errores.

¿Y sabes por qué no los has pagado con la cárcel?

Porque los Cortázar sabemos lavar los trapos sucios en casa.

-Miguel, Miguel...

Miguel, ¿eres tú?

¿Qué quieres, mamá?

-¿Has arreglado las cosas con Raúl?

Entre Raúl y yo hace tiempo que las cosas no tienen arreglo.

-Pero ¿por qué? ¿Es por Lucía?

Ella no tiene la culpa de nada.

-Entonces no lo entiendo.

Os habéis querido tanto...

Mamá, Raúl ha cambiado mucho. -Y tú también has cambiado.

Te enfrentaste a tu padre para que yo volviese a esta casa,

¿y ahora vas a dejarme morir con la pena de tener un hijo

en la cárcel?

Miguel, por favor,

si alguna vez me has querido

no me dejes morir con esa pena.

No entregues a tu hermano.

(JADEA)

Teléfono.

Nada, otra vez en contestador.

-Voy a hablar con el secretario, a ver si puede esperarle

cinco minutos. -No te molestes.

No se va a presentar. No nos pongamos en lo peor, hijo.

No sé, mamá.

Ya está aquí Miguel.

Miguel.

(SUSPIRA)

-Don Miguel Cortázar puede pasar a declarar.

-Miguel,

espero que declares a favor de Lucía.

-Mar...

-¿Sí?

¿Qué pasa? -La agente Ortega

quiere hablar contigo.

-Señorita Azpeitia, necesito que me acompañe

a comisaría. Tendría que hacerle algunas preguntas sobre el caso

de Rosalía Ortiz.

-Pero si ni siquiera la conozco.

Yo no tengo nada que decir. -Escucha,

sólo tienes que colaborar. -¿Colaborar?

¿No te das cuenta que tu mujer se está saliendo con la suya

y que está dispuesta a hacer cualquier cosa

por seguir a tu lado? -Mar, por favor, basta.

-Díselo, Pablo.

Dile que fue Sara.

-No se esfuerce, ha sido él quien nos ha llamado.

Y creo que sería mejor que nos explicase todo esto

en comisaría.

¿Me acompaña, por favor?

-Sí.

¿Por qué me haces esto, Pablo?

-¿Hola?

-Hola.

Eres Emma, ¿verdad?

-Sí. -Encantada. Soy Julia.

Julia Cortázar.

Todo esto perteneció a mi abuelo, y no a Vicente Cortázar.

Esta es nuestra oferta. Piénsalo. Mejor esto que nada.

-Tu padre nunca consentirá que la bodega se hunda.

Me corresponde un tercio. -¿Arruinar la empresa

para que renuncie a la herencia? Si no has ido a contárselo

es porque quieres algo. -¿Qué pasa con el vino?

-Hay bacterias acéticas en los depósitos.

-Me pidió que trajera el vino ella. Quería envenenarme a mí.

-¿Sara sabía que su marido y usted eran amantes?

-No supe nada de esa relación hasta poco antes

de que la detuvieran. -Una mujer enamorada

es capaz de cualquier cosa. -Es mamá.

¿Le ha pasado algo? -Se ha ido.

¿Adónde? -En su habitación no está.

-Dile a tu hermano que dé la cara. -No está.

-Sí que estoy. -¿Dejarás que mi hermana

vaya a la cárcel? -Lo siento por ella.

El testimonio de Miguel es la última oportunidad.

Te dije que te ayudaría. Tuve mis dudas.

Hice lo que tenía que hacer. Raúl ha presentado unos documentos

y el juez anula su declaración. -¿No me perdonarás nunca?

Es demasiado tarde. Vete de esta casa.

-¡Me has vuelto a engañar! -La conducirán a prisión.

Nunca quise que esto terminara así. Sé que hizo lo que pudo.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 35

04 mar 2013

Rosalía se encuentra grave en el hospital a causa del vino envenenado. A pesar de ello, tras el hallazgo del testamento del padre de Vicente en el que dejaba sin nada a la familia Cortázar, deberá rendir cuentas ante sus hijos, quienes no pueden evitar preguntarse ¿Por qué lo ocultó durante tanto tiempo? Y sobre todo ¿A quién pertenecen realmente las Bodegas Cortázar?

Para los Reverte, en cambio, Rosalía se ha convertido en la persona clave para hacer que Raúl vuelva a Lasiesta y así, poder juzgarlo, pero ¿estará dispuesta a traicionar a su propio hijo?

Mientras Ortega investiga qué es lo que ha causado el envenenamiento de Rosalía, Pablo descubre el frasco de ácido sulfúrico que fue utilizado para contaminar el vino en el bolso de Mar. El Cortázar no puede creer que Mar haya intentado envenenar a alguien, pero Sara aprovechará cada instante para sembrar la duda en él.

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