www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
1679706
No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-¿Niega que su hijo Raúl enviara dinero a través

a Nuria Asensi a través de usted? -Claro que voy a negárselo.

-Raúl estafó a esa familia. Y tú no dijiste

dónde estaba nuestro hermano. -Protejo a mi hijo.

-¿Tú te has pensado en Sofía?

-Ortega habló con Nuria.

¿Y? -No quiere declarar.

Declara, la grabación será tuya y harás lo que quieras.

-¿Y si te quedas con la grabación? ¿Qué haces con la grabadora?

-Lucía es inocente.

Los asuntos de familia se resuelven en familia.

-¿Qué quiere a cambio de mi libertad?

Busca otro testigo, yo no lo haré.

No me gustaría usar la grabación. -¿Esta?

¿Quién te la dio? -Hay madres que hacen

cualquier cosa para librar a un hijo de la cárcel.

-¿Por qué cogiste la grabadora? -No cogí nada.

-¡No me mientas más!

-Devuélveme esa llave, por favor. Cuando me digas

que hay detrás de esto. -Es él el que está detrás,

¿no te das cuenta? Si papá está detrás,

¿por qué la llave estaba en tu mueble?

Poco a poco vais descubriendo la auténtica Rosalía.

Puede que esta llave equilibre la balanza.

¿Qué pasó seis años después del robo, con mi padre?

-Vio el reloj en mi muñeca... Así descubrió que había entrado

a robar en su casa. ¿No fue él quien le pidió

que entrase en la casa? -Fue... su madre.

Creo que Miguel encontró una llave. Te dije que se sabría

lo que ocultabas estos años. -¿Aunque eso suponga tu ruina

y la de tus hijos?

Ahora sé porqué no querías que esos papeles saliesen a la luz.

-Lo hice por vuestro bien. Tendrás que dar

muchas explicaciones. Adolfo habló con Eusebio Burgos.

Él robó en nuestra casa.

-El otro día mi sobrino casi me caza,

necesito dinero para marcharme cuanto antes.

-¿Por qué vuelves? ¿Vienes a robar?

Vete antes de que ella vuelva.

Llamaron del hospital. Sé que estás enfermo.

-Quería hablar con tus padres por última vez,

antes de que sus caras se me borren de la memoria.

-Pagarás por lo que hiciste, me da igual lo que tarde

o lo que deba hacer. -No hagas nada, lo estoy pagando.

¿Qué es esto? -Gustavo se fue, me lo dijo Paula,

le vendió las acciones. -Con tus acciones y algo de suerte

los Cortázar dejarán de ser un problema.

-Gustavo creía que llevaríamos a la policía algo

que le haría mucho daño. Pero mi padre decidió no hacerlo.

-Date media vuelta e intenta recuperar eso

antes de que lo entreguen a la policía.

-Necesito la pistola, papá. Toma.

Y entrégala cuanto antes.

-¡No te acerques! ¡No te acerques, dámela!

-¿Qué has hecho con la pistola, Emma?

(LLORA) -¡Está ahí, dámela! -¿Dónde está?

-No vas a dejarla. -Sí, Mar, la dejaré.

-Sé lo que tienes con tu marido, ¿vienes a casa y hablamos?

-¿A tu casa? -No le digas nada a Pablo,

me gustaría hablar con él.

-Venía a ver a Sara. -Papá y mamá...

van a estar juntos para siempre.

-¡Ay!

-Amelia, ¿quién bebió de este vino? -No sé, señora.

-¡Pues esa copa no se ha servido sola!

-Si el problema es el vino puedo bajar al calado a por más.

-¡No hace falta más, solo el que había en esa botella!

Eres tú.

Creí que estabas haciendo el equipaje,

ya te queda poco tiempo de estar en esta casa

y no me gustaría que con las prisas te dejaras algo.

-Solo quería lo mejor para mis hijos...

Y por tu culpa los he perdido.

No voy a soportar esto otra vez, Vicente....

Otra vez no.

-Es un vino muy especial, ¿entiendes?

-Ya le dije que no sé quién pudo bebérselo, no estaba aquí.

¿Por qué no dejas eso?

Ninguno de los dos queremos que ocurra una desgracia.

-El gran Vicente Cortázar tiene miedo.

Pasarás el resto de tu vida en la cárcel.

-Esta pistola tiene las huellas de Gustavo.

Él tiene tantas razones como yo para matarte.

Lo tenías todo bien pensado, ¿eh?

Rosalía...

(SE ASFIXIA) Vicente...

¿Ahora me necesitas?

Ese documento estuvo oculto durante 40 años por algo.

-¿Qué vamos a hacer? De momento hablar con mamá.

Algo muy grave pasaría en la familia

para llegar a ese punto.

Miguel, Pablo, es vuestra madre, estaba en el jardín,

se sintió mal, no puede respirar. Se ahoga.

Vamos. Hay que avisar a una ambulancia.

-No se preocupe, ya llamo yo.

Sí, mire, necesitamos una ambulancia.

Es urgente.

Camino de Lejárraga, número dos.

-¿Qué ha pasado? -No lo sé, pero parece grave.

Sal al jardín, la señora Rosalía necesita ayuda.

-Sí, señora.

-¿Y Mar? -Llamando a la ambulancia.

¿Cómo está? -Casi no puede respirar.

Miguel y mi padre se la llevan al hospital.

-La ambulancia no tardará. -No podemos esperar.

Voy a buscar el coche. -Yo te llevo.

-Los señores se acaban de llevar a doña Rosalía.

-¿Y María? -Está en casa de Elenita.

-Es verdad. ¿Puedes encargarte tú de recogerla?

-Sí, claro.

-Lo siento, tendría que ir yo, soy su madre.

Me siento tan inútil. -Llama a Emma y dile

que estamos en el hospital, ¿de acuerdo?

-Bien.

-¿Vamos? -Sí.

-Eh.

¿Ya has puesto tus cosas en su sitio?

-Tal cual estaban.

-Has tenido suerte de que mi madre no se haya dado cuenta.

-Dani, lo que estás haciendo por mí...

-Chis.

Yo no estoy haciendo nada.

Somos familia, tenemos que estar juntos.

-¿Sabes que no será fácil, verdad?

-Bueno, buscaremos a los mejores especialistas.

Te pondrás bien. -No, Dani...

Tengo Alzheimer...

No hay cura para eso.

-Me da igual, alguna cosa se podrá hacer.

Ya has hecho bastante...

Solo te pido que no le digas nada a tu madre ni a tu hermana.

Ellas ya tienen sus preocupaciones.

-Acabarán enterándose.

-Ojalá que... Sea lo más tarde posible.

-Ojalá.

-Hola. Hola.

¿No estabas mosqueado con él?

-Tenías razón.

Al final ingresaron el cheque.

Parece que todo fue un problema del banco.

¿Seguro? -Sí.

Ya sé que me puse un poco tonto con este tema pero supongo

que no tenemos nada de qué preocuparnos.

Tono de llamada.

-Estoy intentando localizar a Carlos pero no lo consigo.

Supongo que no quiere saber nada de nosotros.

Vaya, no todo son malas noticias. -Papá...

Reconócelo, te hace tanta gracia como a mí

que ese niñato vuelva, no hizo más que buscar problemas.

-Claro que sí, pero es su madre y tiene derecho a saberlo.

(MEGAFONÍA) Doctor Castro, acuda a quirófano.

-¿Qué? Han conseguido estabilizarla,

pero no nos dan garantías.

-¿Tan grave es, Miguel?

Ha tenido problemas respiratorios serios,

no saben qué los ha provocado.

-Parece increíble, hoy estaba tan bien.

¿Cómo puede ser que alguien se ponga así de repente?

Habrá que ver qué dicen las pruebas.

-A ver, del reserva unas...

450 botellas y... Luego hablamos.

¿Qué tal?

¿No me vas a contar cómo ha ido tu excursión?

¿No me digas que no encontraste eso tan importante que tenía Emma?

-No, no he recuperado eso

y como no lo haga pronto acabaré muy mal.

-Quizás si me contaras qué buscas te podría ayudarte.

-No es tan fácil.

-Lo que no es fácil es la vida en la cárcel, Gustavo.

(RESOPLA)

-Emma mató a Manu.

-¿Emma? -Sí, Emma, Joder, Emma.

Fue en defensa propia, pero después me engañó

para poner mis huellas en esa pistola...

Y como no la encuentre cargaré yo con el muerto.

-No entiendo.

Entonces, ¿Emma no iba a entregar la pistola a Ortega?

-Por cómo defendió el bolso, estoy convencido de que ella creía

que la pistola estaba dentro, alguien que sabía que Emma

la llevaba se me ha adelantado. -Vicente Cortázar,

sería capaz de vender a su hija con tal de obtener beneficios.

La cuestión es qué gana con esto. -Perdón.

¿Han visto a la señorita Cortázar?

Doña Sara intenta localizarla y en las oficinas no está.

-¿Tengo pinta de ser su niñera?

-Supongo que no querrá que le conteste esa pregunta.

Si la ven, díganle que vaya al hospital provincial.

-¿Qué ha pasado? -Doña Rosalía,

algo le ha pasado... grave. No sé más.

-Disculpe, ¿la habitación de Rosalía Ortiz, por favor?

-Sí, un momento.

-Déjelo, acabo de ver a un familiar.

Siéntate, te contaré lo que pasó.

No le he dicho nada a tus hermanos, será mejor que no se pregunten

de dónde sacó tu madre esa pistola.

-No entiendo por qué lo ha hecho.

Supongo que quería culpar a Gustavo de mi muerte

si no llega a marearse.

Cuando me estaba apuntando lo habría conseguido.

-No me lo puedo creer. ¿Por qué quería hacer algo así?

Esa mujer está llena de odio, haría cualquier cosa

por vengarse de mí. Incluso traicionarte.

¿No te quitó la grabadora para salvar a Raúl?

-¿Y la pistola, la tienes?

Conseguí recuperarla.

Cuando tu madre se mareó la pistola se le cayó al estanque

cerca de uno de los jarrones.

-¿Y qué vamos a hacer?

Tranquila... Dejarla allí.

Nadie la encontrará.

Sonido de las teclas del móvil.

-Gustavo...

Sé dónde está la pistola.

-Amelia... ¿Y la botella de vino que trajo Mar?

-En su sitio, como dijo que era tan importante.

-Y lo es. Por eso te pregunto.

En su sitio, ¿dónde? -En el calado.

Pero si tanto le preocupa puedo volver a subirla.

-No, no me preocupa. Ahí está bien.

Risas. -Hola, mamá.

-Hola, mi amor. ¿Lo pasaste bien?

-Sí. Vete al salón a jugar un rato.

Corre.

-¿Se sabe algo del hospital? -Todavía nada.

-¿Te puedo hacer una pregunta? -Dime...

-¿Por qué no le dijiste a Pablo que sabes lo nuestro?

-Como si fuera tan fácil, Mar.

Mi vida y la de mi hija van a cambiar para siempre

y para María será un golpe muy duro, ¿no te das cuenta?

Y para mí es bastante humillante. -Sí, claro... Lo siento.

-No te disculpes, yo en tu lugar

también querría estar a su lado sin buscar excusas.

Solo te pido un poco de tiempo.

-No puedo tener secretos con Pablo.

-Y yo necesito buscar el momento adecuando...

Pero ahora con lo de Rosalía.

Es mi familia, Mar, déjame que decida

Gracias.

¿Podías hacerme un último favor?

Amelia ha guardado el vino que trajiste en el calado,

¿podrías subírmelo?

-Sí. Claro.

-Por esa puerta, abajo.

-Perdona, es que no la encontraba. -Está bien.

-Bueno, si no necesitas nada más, me voy.

-Podías ayudarme a limpiar el trastero.

Es broma.

No tenemos trastero.

Unos cristales se rompen. -¡Mamá!

Conseguí abrir el apartado de correos.

¿Has leído el testamento?

Siempre supiste lo que mamá escondía, ¿verdad?

(ASIENTE) ¿Me hubierais creído si te lo hubiera contado?

Teníais que descubrir la clase de mujer que es.

Por vosotros mismos.

Bueno, si se nos ha ocultado algo durante tanto tiempo

habrá sido por protegernos, ¿no? La única que se protegió fue ella.

Nunca te has preguntado por qué no lo destruyó.

Cuando descubrí que Eusebio tenía el reloj me lo confesó todo.

Nuestro matrimonio se rompió. Ella quiso irse de casa.

Y fue cuando Irene Salcedo

se cayó por las escaleras, ¿no? Sí...

Desde entonces no ha hecho más que amenazarme

si yo no le daba todo lo que quería.

Nunca quiso veros.

Lo único que le importó fue el dinero.

Seguir con el mismo tren de vida que había vivido.

Tuve que tragarme mi orgullo y pagarle a ella y a ese hombre

la casa donde han vivido todos estos años

y donde criaron a Carlos.

Papá, por favor... Que ya nos conocemos.

Si no me crees pregúntaselo a ella.

Megafonía.

¿Se sabe algo, doctor?

-Todas las pruebas dan negativo, barajamos que sea

una infección pulmonar pero hay que esperar.

-¿Podemos entrar?

-Ahora lo que le conviene es descansar.

Yo sí voy a hablar con ella.

Pitidos del monitor.

Tranquila, mamá,

te están haciendo pruebas.

Te vas a recuperar pronto

-¿Lo has encontrado?

¿Se lo has enseñado a alguien?

¿Eso es lo único que te preocupa?

¿Por qué lo hiciste?

-Tu abuelo no me dejó otra salida.

(RECUERDA) Don Alejandro, le juro que no quería,

pero mi padre me obligó a callar...

(SOLLOZA) usted no habría dejado que me casara con su hijo

de saber que mi familia estaba en la ruina.

(TOSE)

-Y la boda con un Cortázar sería la solución a sus problemas.

¿Verdad, Rosalía?

Tu padre me hizo creer que vuestro matrimonio sería bueno

para las dos familias.

Que construiríamos la mayor bodega de toda La Rioja...

Y ahora...

-¿Qué va a hacer? -Nadie se ríe de un Cortázar.

Dile al notario que quiero hablarle.

-Vicente es su hijo, no puede desheredarle,

él no ha hecho nada.

-Haré lo que sea con tal de que tú y cualquier hijo que engendres

no veáis ni un real del dinero de los Cortázar.

Yo quiero a su hijo...

se lo juro.

-A ver si el amor te dura cuando estéis en la ruina.

(TOSE)

Pitidos del monitor.

-Murió a los pocos días.

Nadie sabía que había escrito una última voluntad

que corregía el testamento

y nos desheredaba...

Yo contraté a Eusebio para que lo robara.

Ni Vicente ni vosotros os merecíais perder las bodegas.

Usaste el testamento contra papá.

Le has estado chantajeando todos estos años.

-Ese testamento es mi único seguro de vida.

Tu padre es un hombre peligroso.

Mamá, pediste dinero y una casa

antes que poder criar a tus hijos...

¿Qué crees que dirán Emma y Pablo cuando se enteren?

¿Merece la pena perder el cariño y el respeto de todos tus hijos?

Pitidos acelerados del monitor. -No lo hagas. No lo soportaría.

No soportarías perder tu guerra contra papá.

(RESPIRA ACELERADA)

Tranquila, tranquila, tranquila, por favor...

Te diré cómo encontrar a Raúl.

Pitidos del monitor.

¿Estarías dispuesta a traicionar a Raúl?

-Vosotros sois lo único que me queda.

Llama a Carlos.

-¿Y si se muere? Ya has oído al médico.

-Mamá es una mujer muy fuerte.

Cuando den con lo que tiene, ya verás cómo se recupere.

-¡Todavía tengo tantas cosas que hablar con ella!

Puerta.

No está bien, pero no podemos hacer nada.

Deberíamos irnos a casa a descansar.

-No, iros vosotros, yo me quedo por si acaso.

Y si pasa algo, os aviso. -¿Seguro?

-Quiero hablar con ella.

¿Para qué, para que te cuente otra mentira?

-¿No puedes dejarla de atacarla ni en un momento así?

Mira, por muy mal que nos hayamos llevado tu madre,

mi lugar está aquí con vosotros. Por eso me voy a quedar con Emma.

Como quieras. Vamos.

-¿No te has hecho nada, cariño?

-¿Qué ha pasado? -¿Se puede saber dónde estabas?

-Pasando la aspiradora en el cuarto de don Vicente,

pensé que no me necesitaba.

-Mientras tú pensabas, la niña casi se corta.

-Lo siento.

-Llévatela y recoge esto. -Sí, señora.

-¿Sara? -Perdona.

¿Cómo está tu madre? -Puede ser una infección pulmonar.

Pero no están seguros.

-No parece tan grave.

-Cada vez está peor. Si no dan con lo que tiene, no sé...

-Si puedo ayudar en algo...

-¿Tú no notaste nada extraño, verdad?

-¿Nada extraño?

-Sí, pasáis mucho tiempo juntas aquí en casa.

-No sé, tiene una edad... estas cosas pasan.

¿No quieres descansar un rato?

Si quieres le digo a Amelia que te lleve algo a la habitación.

-No, gracias, no.

Mira, lo único que me apetece es una copa de vino.

-Pablo, dile a Amelia que te traiga otro.

El que trajo Mar no tiene buen sabor, creo que está picado.

-¿Seguro? No lo parece.

-¿Por qué me tratas como una imbécil?

-Oye, ¿se puede saber qué te pasa?

-Que no soy idiota. Si te digo que está malo, está malo.

-Muy bien.

Si así estás mejor, ya me voy.

-¡Hola, tío! -¡Hola, guapa!

¡Cuánto tiempo sin verte!

-¿Juegas?

-¿Con qué, con la pelota?

No, es que yo soy más de cartas

y a tu padre le guste que te enseñe a jugar al póquer.

Eh... escucha, podemos jugar al escondite.

Yo me quedo aquí y tú te escondes muy lejos y yo te busco, ¿vale?

-Vale. -¡Venga, corre!

-¡No me vas a encontrar! -Ya, tampoco te voy a buscar.

¡Mierda, coño! ¡Ay...!

-Deberías cuidar tu lenguaje. Sobre todo con la niña cerca.

-¿Qué haces aquí, Gustavo?

-Nada. Estaba jugando con tu hija a la pelota.

-No creo que hayas venido sólo por eso

-No, claro. Quería saber cómo estaba nuestra querida suegra.

-Pues si la buscas ahí no la vas a encontrar. ¿Qué tramas?

-¡A ti qué te importa! Por qué no te metes en tus asuntos.

-No tengo nada mejor con lo que entretenerme.

-Pues toma, para que no te aburras. ¡Huy!

Pitidos del monitor.

-Deberías alegrarte de verme así.

Algún día seré yo quien se ría.

No creo que lo hagas

cuando te cuente lo que me ha dicho la médico.

Acaban de llegar los resultados de tus análisis.

¡Te estás muriendo, Rosalía!

-Vicente, no intentes asustarme.

¿Crees que te miento?

En pocas palabras:

vas a tener que pasar el resto de tu vida

dependiendo de una botella de oxígeno.

-No. ¡Sí, sí, Rosalía!

Pero no te preocupes, tampoco va a ser mucho tiempo.

Una semana... dos semanas...

un mes.

Dos meses, con suerte.

Dime, ¿qué se siente

cuando se sabe que eso es lo último que uno va a hacer en su vida?

-¡Eres un hijo de puta!

Puede que yo sea un hijo de puta pero voy a seguir viviendo.

Ve a sacar la pistola del estanque, antes de que venga gente.

Prepare la habitación a la señora. -¿Qué tal está doña Rosalía?

La traen para que muera aquí.

La ambulancia está a punto de llegar.

-No la veo.

¿Pero cómo que no? Sigue buscando.

-¡No está la pistola, papá! ¿Cómo que no está? Se cayó ahí.

-¿Y entonces? ¿Y si la ha cogido alguien?

-Emma. -¡Qué susto!

-Perdona.

Siento lo de tu madre. Cualquier cosa que necesites...

-Gracias.

-No quiero preocuparte más de lo que estás pero...

igual te interesa saber que...

Gustavo ha estado aquí.

-¿Gustavo? ¿Qué quería?

-No sé. Pero debe haber algo muy importante en el estanque.

Él ha estado mirando... también.

-¿Cómo que la pistola no estaba en el estanque?

-¡Ese viejo nos la ha vuelto a jugar!

-Estaba allí. Escuché a Vicente hablando con Emma.

-¿Y qué? ¿Acaso es la primera vez que engaña a uno de sus hijos?

A Vicente Cortázar sólo le importa él y nadie más.

Si tiene esa pistola, soy una marioneta en sus manos.

Un vehículo se acerca.

-Ya hablaremos.

-No esperaba verte por aquí.

-Ni yo que tuvieras el valor de ir a mi casa.

¿Qué has hecho con la pistola?

-Pregúntaselo a tu padre, quizá él sepa algo.

-¿Me estás diciendo que no la tienes?

¿Entonces qué hacías en el estanque y por qué la pistola ya no está?

-A los Cortázar no se os escapa una, eh.

Vale, lo reconozco, me la he llevado yo.

¿No te alegra saber que está en buenas manos?

-¿Dónde está, Gustavo?

-Emma, se ha acabado ya el juego del gato y el ratón.

Puedes ir al río, porque allí es donde he tirado la pistola.

-Estás mintiendo. Jamás te desharías de ella.

-Esa pistola, sin tus huellas, no me sirve de nada.

Acéptalo, tú no vas a ir a la cárcel. Pero yo tampoco.

-¿Y esa sonrisa?

-Si alguien te pregunta alguna vez por la pistola,

está en el río. No me gustaría sacar a Emma de su error.

¿Y sabes lo mejor de todo?

Que ningún Cortázar va a decir qué tengo que hacer.

-Es una forma de verlo. -¿A qué te refieres?

-Que me vendiste tus acciones.

Y aquí tú no eres nada más que un simple trabajador.

Cualquier Cortázar puede decirte qué hacer.

O incluso echarte. -No mientras estés tú.

-¿Y por qué tendría que protegerte? -¡Porque te conviene!

Y porque nada le haría más daño a Miguel que verte conmigo.

-Aspiro a cotas más altas, Gustavo.

Tú y yo nunca estaremos juntos.

-¿Apuestas algo?

-Señora.

Gracias.

-¡Ven... siéntate aquí!

(SUSPIRA CON TRISTEZA)

¡Siento que mis últimos días vayan a acabar así,

rodeada de tristeza...!

Con la sensación de haberos decepcionado.

Aún estás a tiempo de cambiarlo.

Llama a Raúl, como prometiste.

-Ahora soy yo la que quiere que vuelva.

¡No quiero morirme sin verlo por última vez!

Alcánzame esa caja, por favor.

(LA CAJA EMITE UNA MELODÍA)

Es el número de Raúl en Argentina.

¿Esa es la canción con la que dormías a Raúl?

-Y ahora es la canción con la que voy a traicionarle.

(SUSPIRA)

(MARCA EL NÚMERO DE TELÉFONO)

-Raúl...

soy yo.

¡No, no me pasa nada, hijo!

Sí... estoy llorando, pero es de alegría.

Pues... porque, por fin, ha llegado el día.

Ya puedes volver a casa, hijo.

Has hecho lo que tenías que hacer.

¿Crees que ha sido Rosalía?

-Quién si no iba a estar interesada en sacarla del caso.

Los Cortázar tienen contactos hasta en el infierno.

-Bueno, pero eso no quiere decir que se vayan a salir con la suya.

¿Y por qué es la denuncia concretamente?

-Por investigar las cuentas desde donde Raúl hizo las transferencias.

Ya.

¿Qué puede pasar?

-¿Si la denuncia sigue adelante?

Puede que no pase nada o que le pongan una sanción.

Y en el caso más extremo... ¿Qué?

-Podría perder el trabajo en el banco.

-¿Crees que ha sido Rosalía la que le ha denunciado?

No, ha sido Raúl. Pero voy a hablar con ella.

-¿Para qué? Yo ya estoy aún condenada,

pero él aún no.

Voy a proponerles que, a cambio de que retire la denuncia,

dejaré de inculpar a Raúl. -¿Qué?

No voy a dejar que hagas eso. Dani,

no tiene por qué pagar por mí. -Mira, Lu,

Mar ya lo perdió todo por los Cortázar, sabía dónde se metía.

Mira, puedo parecer egoísta,

pero ni Rosalía ni Raúl merecen que les supliques.

Pero él sí.

-Lu, por favor, espera un poco.

¿vale? Seguro que sale de esta.

¿Dónde vas?

Necesito un poco de aire.

(MARCA UN NÚMERO DE TELÉFONO)

¿Marc?

Oye, tenemos que hablar.

¿Qué es esto?

-Mi dimisión. Y no es negociable.

No puedes dejarme tirada a pocos días del juicio.

-No te estoy dejando tirada.

Sólo quiero que mis errores no te perjudiquen.

Pero hablaré con los Cortázar, yo sé que ellos...

-No. Es mejor así, créeme.

¿Mejor para quién, Marc?

-Escucha.

A raíz de la denuncia se han descubierto otros asuntos.

He hecho cosas de las que no estoy muy orgulloso.

¿Pero qué cosas? -Necesitaba dinero...

y no me quería pasar toda la vida en ese banco.

Es mejor que no te relacionen con alguien como yo,

no te va a hacer ningún bien.

No te creo.

-Esta es la tarjeta de una abogada, es amiga mía.

Está dispuesta a llevar el caso.

¡Marc! -Lo siento, Lucía.

Ladridos.

-¿Se lo ha creído?

(SUSPIRA)

Has hecho lo que debías.

¿Lo sabes, verdad? -Eso espero, Dani.

-Agente Ortega, pase, por favor. -Sí, gracias.

Don Vicente, don Pablo. Agente.

-No sé si está al corriente de la situación de mi madre,

pero no es un buen momento. -Sí, no se preocupe, me hago cargo,

sé lo que le ha pasado a doña Rosalía.

De hecho, vengo porque en el hospital

me han dado los informes sobre los análisis.

¿Los informes? ¿Y para qué necesita usted un informe?

-Es el procedimiento habitual cuando hay un intento de homicidio,

en este caso por envenenamiento.

¿Pero qué está usted diciendo, por envenenamiento?

-Esa ha sido mi reacción cuando me han llamado.

Aún no es definitivo pero, al parecer, su exmujer

ha sufrido una intoxicación por ácido sulfúrico.

¿Por ácido sulfúrico?

-Sí, por ácido sulfúrico.

Bien, voy a hablar con ella.

No hace falta que me acompañen, ya conozco el camino.

Y a ver si alguien me explica algún día por qué la mitad

de los delitos de este pueblo están relacionados con su familia.

De verdad que me gustaría traerle otras noticias pero...

Tiene que ayudarme a encontrar a la persona que la ha dejado así.

Necesito que me diga qué comió y bebió antes de encontrarse mal

o si... no sé, si alguien le dio algo sospechoso.

-La verdad es que no puedo recordar con claridad.

Comí... comí lo mismo que los demás.

Y bebí...

Bebí una copa de vino antes de salir de casa.

(TOSE ASFIXIÁNDOSE)

-¡Ay, no, espere, espere!

Espere, que yo la ayudo, espere, espere.

Bueno, tranquila, no se preocupe, yo...

Creo que será mejor que vuelva en otro momento.

-Se lo agradecería.

-Sólo... sólo una cosa más.

No sé, ¿se le ocurre a usted una persona que...

que quisiera verla en este estado?

No quiero que quede nada. Y cuando lo tire todo, lo saca y,

si es necesario, lo quema. -Sí, señor.

-Con que lo saque al coche y se lo dé a mi compañero será suficiente.

Necesitaría saber qué comió doña Rosalía.

-Bueno, lo mismo que el resto de la familia.

-Ella me ha dicho que bebió vino, ¿sabría decirme de cuál?

-Bueno, había una botella de vino en la cocina...

...que trajo la señorita Mar.

-¿Sería posible que me trajera esa botella?

-Sí, por supuesto.

¿Estaba intentando eliminar indicios, don Vicente?

Agente Ortega, si hubiera envenenado a mi mujer,

no me desharía de las pruebas delante de todo el mundo.

-Ya, entonces, ¿me puede explicar qué hacía?

Proteger a mi familia.

No quiero que nadie más acabe envenenado.

Agente Ortega, desde que ha llegado tengo la sensación

de que cree que estoy detrás del envenenamiento de Rosalía.

-Será la costumbre.

¿Y tiene algo más que la costumbre contra mí?

-Por el momento esté tranquilo, pero esto no ha hecho más que empezar.

Y ya sabe que me sobra paciencia.

Necesitará algo más que paciencia.

Yo no he hecho nada. -Claro, claro.

Usted nunca hace nada.

-Agente Ortega, la botella no está.

¿Lucía?

¿Qué te pasa?

Nada.

¿Estás bien?

Marc se retira del caso.

¿Por qué?

Los Cortázar lo han presionado, lo tienen entre la espada y la pared.

Pero, hija...

Si el juicio va a empezar, ¿quién te defenderá ahora?

Raúl será quien lo haga.

Aunque él no lo sabe.

Mi madre lo ha convencido para que vuelva.

Pero ¿cómo lo has hecho?

Da igual, lo importante

es que ahora estará volando en un avión de vuelta a España.

Habrá sido duro para tu madre entregar a tu hermano.

¿Cómo está Rosalía?

¿Qué pasa, Miguel?

Mi madre se está muriendo, Lucía.

-Tiene que ser un error.

¿Quién iba a querer asesinar a mamá?

Bueno, tenía algún que otro enemigo.

Tu madre fue ganando enemigos día tras día.

Si la agente Ortega rascara un poco, descubriría...

que se ha enemistado con más de un miembro de esta familia.

-Pero ¿qué dices, papá? Por favor.

Por ejemplo,

la relación entre Rosalía y Emma no pasa por su mejor momento.

-Bueno, no, pero eso no me convierte en sospechosa.

Por supuesto que no.

Como tampoco a Miguel, a pesar de haber discutido con ella.

O Carlos, a quien Rosalía echó de esta casa como a un perro.

-Me niego a pensar que un familiar haya intentado asesinar a mamá.

Desde luego que no.

Si las sospechas de la agente Ortega se confirman,

será mejor que tengamos los ojos abiertos,

porque hay un asesino entre nosotros.

-¿Nos vamos?

¿Qué pasa? Rosalía está mal.

-No pensarás en ir a verla...

Adolfo...

Se está muriendo.

Haya hecho lo que haya hecho,

yo tengo que verla.

-Eres la persona más buena que he conocido nunca.

¿Por qué no me acompañas?

-Sí.

Timbre de la puerta.

-Hola. Hola, buenos días.

Veníamos a ver a Rosalía.

Sofía, pasad.

¿Cómo está, Vicente?

Mal.

Después de lo que os ha hecho,

no esperaba ver a un Reverte en esta casa.

-Estás hablando de la madre de tus hijos.

Cualquiera diría que te alegra lo que le pasa.

No lo hago, como tampoco me alegré de lo que te pasó a ti.

-No estoy muy seguro de eso.

Rosalía en cambio sí me echó una mano.

No sé...

Quizá, ahora que está así, os cuente la verdad de lo que pasó.

Subid.

-Sofía...

Rosalía, no hables.

-Me alegro de que hayáis venido.

Sí. -Tengo algo... que deciros.

No me he portado bien con vosotros.

Rosalía...

Lo que hiciste fue por tu hijo.

Eres una madre, lo has hecho lo mejor que has podido.

Como todas.

Eso es lo importante,

eso y que hayas decidido defender la inocencia de mi hija.

-Adolfo...

Tampoco me porté bien... contigo.

-No, mujer, no digas eso.

Me avisaste de que la policía había encontrado mi pitillera

y de que Vicente quería involucrarme.

De no haber sido por ti, habría ido a la cárcel.

Eusebio iba a ser detenido y...

y yo me asusté y desvié la investigación

hacia ti.

Yo puse allí la pitillera.

-¿Por qué ibas a hacer eso?

Porque yo encargué a Eusebio ese robo.

Perdóname.

Lo siento.

Lo siento.

-Creo que te debo una disculpa.

No hace falta.

También he cometido muchos errores.

El tuyo fue confiar en esa mujer.

No puedo culparte, porque a mí también me pasó.

-¿Por qué me hizo eso, Vicente?

Es una mujer muy ambiciosa.

-¿Y tú?

¿Qué vas a hacer ahora?

No eres de los que se quedan a ver pasar el cadáver de su enemigo.

Lo mismo que he estado haciendo estos últimos meses,

proteger a mis hijos de... esa mujer.

Le pese a quien le pese,

somos Cortázar.

-No entiendo cómo podéis vivir así,

desconfiando y conspirando los unos contra los otros.

Por lo menos ha reconocido el daño que te hizo.

-¿Lo ha hecho por mí o por ella?

Da igual.

Lo importante es que ahora puedes disfrutar

y recuperar el tiempo perdido.

-Ya es demasiado tarde. No, no lo es.

El destino nos ha robado tiempo, eso sí.

No deberíamos dejar pasar un día más.

-Me pregunto cómo habría sido nuestra vida

si Rosalía no se hubiera entrometido.

No pienses eso.

Ella...

ahora está muy enferma y...

no me gustaría estar en su lugar,

siendo una carga para todos.

-Ni a mí tampoco.

Ay...

Quizá Rosalía en el fondo nos hiciera un favor.

Tú te casaste...

con Jesús

y tuviste dos hijos maravillosos.

Ha pasado demasiado tiempo y...

demasiadas cosas.

(SUSPIRA)

Yo te quiero, Sofía,

pero si el destino

no quiso que entonces estuviéramos juntos,

deberíamos dejar las cosas como están.

-Lleva esto dentro y que te ayude Nuria.

Marc.

¿Qué haces aquí? Mi hermana podría verte.

-Es importante. Tienes que darle esto a Ortega.

Es un movimiento de la cuenta de Raúl.

Ha comprado otro billete de avión.

-Gracias, pero ya lo sabíamos, Miguel habló con mi hermana.

Le han tendido una trampa y vuelve a España.

-¿A España? -Ajá.

-Creo que no.

-¿Cómo que no?

Estos documentos demuestran que Raúl Cortázar va a abandonar Argentina.

Los billetes son de una compañía que no vuela a España.

-Sí, parece que se mueve otra vez.

Buen trabajo.

Bueno, no se preocupe, me quedo con esta información

y ya los avisaré.

-¿Buen trabajo y ya está?

-¿Y qué quiere que haga?

-Averiguar adónde va Raúl,

hablar con la autoridad argentina antes de que salga del país.

-Daniel, a Raúl Cortázar no se lo acusa de nada.

No hay orden de extradición.

Solo podemos esperar a que cometa un error

y descubrir si fue él quien se llevó el dinero de su bodega.

-Fue él, mi hermano no ha hecho nada.

-Estoy convencida de ello,

pero lo que yo opine da igual, está en manos del juez.

-No podemos perderle la pista.

-No se preocupe, confíe en mí.

Averiguaré dónde aterriza ese avión.

-Hola. -Mar.

¿Qué haces aquí?

-Venía a ver cómo estaba doña Rosalía.

-Además de una gran profesional, Mar es un encanto, ¿no?

-Acompáñame, Mar, y me cuentas cómo ha ido el día por la bodega.

-No, no quiero molestar. -No molestas en absoluto.

¿No te acabas el café?

-No.

Se me han quitado las ganas.

-¿Ajá?

-Ortega, es Lucía Reverte, quiere hablar con usted.

-Sí, sí, que pase.

Gracias. Hola, Ortega.

-Siéntese, por favor.

Me han dicho que quería verme. -Sí.

Le prometí a su hermano que averiguaría el destino del vuelo

de Raúl Cortázar y ya lo tenemos: Venezuela.

¿Venezuela?

No sé de qué me está hablando.

-Bueno, de los informes que consiguió su abogado.

Es que no sabía nada.

-Su hermano me trajo esos datos

y gracias a eso hemos averiguado el vuelo.

No sé, creo que deberían hablar.

Sí, eso es lo que voy a hacer.

¿Puedo llevármelos? -Sí, hemos hecho copia.

Gracias, Ortega.

¡Dani!

¿Qué es esto?

No intentes engañarme, Ortega me dijo que se lo diste tú.

-Me los dio Marc. ¿Por qué no me los da a mí?

-Lucía, no es tu abogado, ¿qué más da?

¿Puedes explicarme qué está pasando?

-A Marc aún le queda un poco de sentido común.

No quiere que te humilles ante los Cortázar, por eso se fue.

¿Toda esa mierda de los asuntos sucios era mentira?

¿Y tú lo consentiste, Dani?

-Era por tu bien.

Estoy harta de que todos me engañéis.

Tú, Marc, Miguel.

-Miguel ¿por qué? Me dijo que Raúl volvía.

Y me lo creí como una imbécil.

-Lucía.

Lu, ¿adónde vas?

Arranca el motor.

Timbre de la puerta.

Vengo a ver a Rosalía. -Pase, por favor.

Gracias.

Hola, Lucía.

Mi madre tiene que descansar.

Si quieres hablar con ella, espera a otro día.

¿Cuándo? ¿Cuando Raúl haya desaparecido definitivamente?

¿O cuando no pueda quitar la denuncia contra Marc?

¿Cómo? No permitiré

que arruinéis la vida de Marc.

Si para ello debo ir a la cárcel, iré.

Lucía, no sé de qué me hablas, Raúl está viniendo.

Raúl ha comprado un billete a Venezuela.

¿Qué? Me lo ha dicho Ortega.

¿Creías que no me enteraría?

Lucía, te juro... Basta ya de mentiras, por favor.

Yo no sabía nada.

He oído a mi madre hablar con Raúl pidiéndole que vuelva.

Si no me has mentido a mí, te ha mentido ella a ti.

¿Por qué me has mentido?

No llamaste a Raúl para que volviese, sino para que huyera.

Creí que teníamos un trato.

-Raúl es tu hermano.

No lo voy a entregar nunca.

Pensé que cuando te dieras cuenta sería demasiado tarde.

Muy bien, entonces tendré que hablar con Emma y con Pablo.

-Miguel, hijo.

¿Es que no me vas a dejar morir en paz?

Eso no depende de mí, sino de ti.

Puedes llevarte tu secreto contigo y que tus hijos te odien

o puedes decirles la verdad

y que te perdonen.

-Está bien.

Diles que vengan.

Solo una cosa.

¿Cómo lo hiciste?

¿Cómo le dijiste a Raúl que huyese sin que yo sospechase nada?

-Esa música era nuestra señal.

Raúl sabía que si alguna vez lo llamaba y la escuchaba,

tenía que huir.

(TOSE)

Lleva estas al final, por favor. -Bien.

-Espero que lo que me contó tu hermano no sea cierto.

Sí.

-¿Te has sacrificado por mí?

Bueno, lo he intentado,

pero las cosas en esa casa están peor que nunca.

-Gracias.

Después de lo que has hecho por mí no iba a dejarte en la estacada.

No.

Esto no cambia nada, Marc.

Quiero que seas mi abogado, pero solo eso.

-Perdona.

Son muchas cosas.

El juicio, el embarazo...

Si no quieres volver a defenderme...

-Lo que siento por ti lo hace todo más difícil.

Decidas lo que decidas, lo entenderé, ¿vale?

-Espera, Emma, espera.

Miguel, ¿qué ocurre?

-No nos asustes, Miguel. Está peor, ¿verdad?

No, pero tiene que contarnos algo.

Vamos.

-Pasad, hijos.

Pablo, espera.

-¡Pablo!

Tú también me odias.

-No me importa ese testamento ni lo que pasara hace 40 años.

-Sabía que tú no me ibas a abandonar, mi niña.

-Sé que intentaste matar a papá.

Por tu culpa perdí la pistola.

Ahora Gustavo me vuelve a tener en sus manos

y lo voy a tener que soportar el resto de mis días.

-Lo siento.

-Adiós, mamá.

-Carlos, hijo...

Estate tranquila, estoy aquí.

-Nunca volveré a dudar de ti, papá, te lo prometo.

No hay por qué preocuparse.

Todo está arreglado. -No.

Gustavo ha recuperado la pistola.

Eso es imposible, créeme.

-Él mismo me lo dijo, la tiró al río.

Si no tenemos la pistola, estamos perdidos.

Mientras estés a mi lado no te pasará nada.

Te lo prometo.

(SONRÍE) A tu salud, Rosalía.

O sea que el abuelo desheredó a papá.

y a cualquier hijo que tuviera con mamá a favor de José Cortázar.

-¿Sabemos quién es?

Si no me equivoco, es el hermano pequeño del abuelo.

-Pero ¿hemos llegado a conocerlo?

La pregunta es si queremos conocerlo.

-¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

Su última voluntad es clara.

No quiere que vivamos en su casa ni que trabajemos sus tierras.

Nada de lo que tenemos nos pertenece.

-No querrás que llamemos al tal José Cortázar

y le regalemos el trabajo de toda una vida, ¿no?

No, digo que hagamos lo que queramos hacer.

Me da igual lo que piense papá, o mamá.

Decidimos nosotros.

-Yo no...

No puedo decidir algo así ahora.

Muy bien.

La próxima vez que lo saque de aquí será para tomar una decisión.

-Perdón...

por el retraso.

-¿Dónde estabas, Sara?

-Cosas mías.

Gracias, Amelia.

-No, no.

No es momento para brindar.

Quería dar las gracias a nuestra invitada por acompañarnos.

-Ha sido muy insistente.

No podía decir que no.

-Vicente es muy persuasivo cuando se lo propone.

Mar nos ha ayudado en un día complicado

y los Cortázar somos gente agradecida, ¿verdad?

-Pablo, me gustaría subir a mi habitación.

-¿Pero no vas a cenar?

-No me encuentro muy bien.

Pablo, ¿me ayudas tú o subo arrastrándome?

-¿Ah, sí?

¿Cómo?

¿Vamos?

-¿Se puede saber qué te pasa? -¿Qué te pasa a ti?

¿Y ese bolso? -Creo que es de Mar.

¡Amelia! -No, déjalo.

Ya lo recojo yo.

-¿Pasa algo?

-No.

Nada.

Música de la cajita.

Móvil.

Móvil.

Tono de llamada.

Pitido del contestador. Raúl, soy Miguel.

Cuando escuches este mensaje, llámame.

Mamá está mal.

Los médicos dicen que le queda poco tiempo de vida.

Así que si quieres despedirte de ella, será mejor que vuelvas.

¿Hasta cuándo vas a seguir escondiéndote?

Tarde o temprano te encontrarán

y para entonces mamá ya no estará con nosotros.

Y jamás podrás perdonártelo.

Móvil.

¿Sí?

Raúl, ¿eres tú?

-A mi madre la envenenaron con esto.

-No lo he dicho delante de Ortega, pero Mar trajo una botella de vino.

-Falta una botella, ¿sabes dónde está?

-Es la que llevé a tu casa. Sara sabe que estamos juntos.

Nos vio besándonos en la bodega.

-Te estaba esperando. Tú envenenaste el vino, ¿no?

-Envenenaste el vino para Mar, pero mi madre se adelantó.

-Tú echaste el ácido en el vino.

Ojalá te hubieras muerto cuando caíste por la escalera.

-Beti. -Hijo.

-Te doy las gracias. Nadie me ha ayudado como tú.

-Un policía ha visto a un hombre que coincide con su descripción.

-¡Ortega!

-¿Dónde está Raúl?

-Vamos a vender ese vino. Ya no podremos la otra mejilla.

Haré cuanto pueda para ayudarte. Ya lo haces.

RCO es la empresa fantasma de los desfalcos de Raúl.

-Aquí está. -Tío Adolfo está enfermo.

Tiene alzhéimer. -Agente Ortega.

Le aseguro que mi padre no envenenó a Rosalía.

-¿Por qué está tan seguro? -Mar.

-Acompáñeme a comisaría.

-José Cortázar, búscalo y averigua cuanto puedas sobre él.

Deseo ver la cara de Miguel cuando aparezca el legítimo heredero.

-Encantada, soy Julia.

Julia Cortázar.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T3 - Capítulo 34

Gran Reserva - T3 - Capítulo 34

25 feb 2013

El plan de Sara para eliminar a Mar no ha dado resultado, pero una copa de vino vacía señala que otro miembro de la familia Cortázar ha bebido de la botella envenenada, pero ¿quién?

Mientras, siguiendo las pistas de don Vicente, Miguel ha descubierto el secreto que Rosalía tan empeñada estaba en mantener oculto y se lo recrimina a su madre. Don Vicente se ha salido con la suya. Ha puesto a todos sus hijos en contra de Rosalía, y eso algo que ella no le va a perdonar fácilmente. Ahora no tiene nada que perder y está dispuesta a todo para acabar con el patriarca de los Cortázar.

Con Gustavo huido, Emma pretende acudir a la Policía a entregar la pistola que le incrimina para así, deshacerse de una vez por todas de su marido. Mientras, Gustavo, instigado por Paula, volverá a Lasiesta con la intención de recuperar el arma.

Lucía y Marc, su abogado, continúan su investigación para demostrar la inocencia de la Reverte. Cada vez están más cerca deRaúl, pero a cada paso que dan, parece que algún miembro de la familia Cortázar se empeña en hacerles retroceder.

ver más sobre "Gran Reserva - T3 - Capítulo 34" ver menos sobre "Gran Reserva - T3 - Capítulo 34"
Programas completos (43)

Los últimos 394 programas de Gran Reserva

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos