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No recomendado para menores de 12 años Gran Reserva - T3 - Capítulo 30 - Emma es la principal sospechosa del asesinato del secretario - ver ahora
Transcripción completa

-Ese simple reloj había sido robado y alguien se preocupó

de que lo encontremos 40 años después.

Parece ser que apareció una prueba que señalaba

al auténtico culpable del robo.

-Una pitillera, tenía grabada unas iniciales:

A.R. Adolfo Reverte.

¿Pero no lo sabes? Adolfo ha vuelto.

-Adolfo Reverte. -Rosalía.

-Señor Reverte, hemos terminado. -Germán, ¿qué haces aquí?

-Duplicaremos los beneficios de un año.

-No podemos bajar el sueldo a los trabajadores

ni recortar en seguridad.

-Sólo necesito que me apoyes en la junta de accionistas.

-No aumentaremos beneficios a costa de trabajadores.

-¿Votos a favor de aplicar estas medidas?

-Juegas con fuego. -Lo primero es la empresa.

-No, no puede ser, lo que nos pagan por hora no es lo prometido.

Lo sé, Germán, pero la junta de accionistas hizo recortes.

No podemos quitar trabajadores a otras bodegas.

-Este año sin vendimia y ya está. Vendimiamos nosotros.

Lucía, hija. Ah...

-Lucía, vamos a hacerte una radiografía abdominal.

No pueden hacerme radiografías. Estoy embarazada.

-¿Es de Raúl? Si Raúl no aparece lo pasaré mal

y yo quiero ser madre, pero no así.

-No vamos a volver al trabajo. -No podéis dejarnos.

-He oído que buscáis gente para vendimiar.

-Están vendimiando para los Reverte.

¿Cómo has podido? Primero intentáis quitarnos a Mendoza

y ahora os lleváis a los trabajadores,

protegeré mi negocio a toda costa. Fuera de aquí.

-Vengo a contarte algo que puede que te interese,

es sobre la muerte de tu padre, no fue una accidente, Daniel.

-Eres un hijo de puta.

¿Mataste a mi padre? -No recuerdo nada.

Ah, ah, ah...

-Sabías que Miguel mató a papá y no me dijiste nada.

¿Qué has hecho, Dani, qué has hecho? ¿Estás bien?

Mamá, hay rumores que dicen que lo de papá no fue un accidente.

¿Qué tontería es esa, hija?

La verdad, ¿tuviste algo que ver con la muerte de Jesús?

¿Creéis que pude haber matado a Jesús Reverte?

-No, claro que no.

-Pablo, gracias por la cena de ayer.

-¿Cómo se puede ser tan cabrón? -Sara, escúchame.

-Me dijiste que la despediste.

-No puedo despedirla de un día para otro.

-Yo que tú me quitaba la idea de sacarla de la bodega,

cuanto más lejos, más difícil controlar.

-No te entrometas más entre mi mujer y yo.

Te lo advertí, te advertí que nunca serías un Cortázar.

¿Has encontrado algo? -En el coche no;

pero creo que en el navegador sí, estuve mirando las últimas rutas

y el día que desapareció el cadáver de Manu,

Gustavo se fue a un lugar apartado.

¡Ah...! Papá, lo tengo.

-¡Qué hija de puta!

¿Te das cuenta de lo que estuviste a punto de hacer?

¿Cómo puedes ser tan estúpida? -¿Quieres llevarte el cuerpo?

Llévatelo, lo volveré a encontrar.

-Daniel, ven, lo ha encontrado Felipe.

-¿Alguna novedad?

No, no veo a Ortega por ninguna parte.

-Perdón, no quería molestaros,

pero me preguntan los hombres si se pueden ir a casa.

Germán, tened un poco de paciencia, por favor,

vamos a pagaros el día de hoy. -¿Y si la policía no os permite

vendimiar hasta dentro de unos días?

-Germán, no lo sé, sólo os pedimos que aguantéis un poco.

-Es mejor que nos lo digáis cuanto antes,

mis hombres tiene familias que mantener.

Mira, ahí está Ortega.

Aguantad un poco, por favor, no os vayáis.

Voy a intentar solucionarlo cuanto antes.

-Gracias.

Ortega, tenemos una cuadrilla entera parada,

las lluvias están cada vez más cerca,

si no faenamos perderemos la uva.

-Apareció un cadáver en vuestras tierras,

eso sí me parece preocupante.

-¿No insinuará que tenemos algo que ver?

-No, yo no insinúo nada, pero tengo que buscar pruebas,

y hasta que no terminemos no permitiré que entren a trabajar.

No son las viñas lo que está en juego, Ortega, es nuestra vida.

(RESOPLA)

No le digas nada a Germán,

si se entera nos va a dejar tirados.

(RESOPLA)

-El secretario de las bodegas,

ya sabía yo que volveríamos a vernos.

-He hablado con el forense. -¿Y...?

-Que aún es pronto para concretar fechas,

pero cree que lleva muerto más de mes y medio,

prácticamente desde que denunciaron su desaparición.

-Creo que tengo una ligera idea de quién pudo matar a Manu.

Emma... Tengo que decirte algo.

-¿Qué?

Han encontrado el cadáver en las viñas de los Reverte.

-¿Puedo ir a la cárcel, papá? No vas a ir a la cárcel,

está jugando contigo para tenerte justo ahí, en su mano.

Emma, Emma... Emma.

Timbre. Un Cortázar lucha hasta el final,

¿entiendes...?

-Yo no sé si ya me quedan fuerzas, papá.

Yo voy a estar a tu lado, no te va a pasar nada.

-¿Pasa algo? -No, mamá.

-La agente Ortega está en la puerta, quiere hablar contigo.

¿Le has dicho que estaba en casa?

-Claro, ¿por qué iba a mentirle?

¿Qué pasa, hija? Absolutamente nada.

Agente Ortega, qué raro, usted por esta casa.

-Ya ve, vengo tanto a visitarles que he pensado dejarles

un cepillo de dientes en su cuarto de baño.

(RÍE) -Buenos días, agente.

Señorita Cortázar, qué bien encontrarla aquí,

me gustaría hablar con usted un momento.

-¿Conmigo?

-Tiene que ver con Manuel Hernández,

el secretario de las bodegas.

Supongo que saben lo que ha pasado.

Las noticias vuelan en Lasiesta, comprenderá que después

de todo el daño que le hizo a esta familia

no voy a sentir pena por él.

-Déjele las penas a juez, ¿eh? Deja que sea él

el que decida quién merece más,

si la víctima o el asesino.

¿Entonces me concede unos minutos?

-Sí, claro, si quiere podemos pasar al despacho de mi padre,

estaremos más cómodas.

-No, si no le importa preferiría que me acompañase a comisaría.

-Espero que sea poco tiempo, tengo que ir a trabajar.

-Bueno, eso va a depender de lo que usted me cuente.

¿Vamos? Voy contigo.

Voy a buscar la chaqueta. -Yo te acompaño también.

Tú, esto lo vas a pagar muy caro.

-Ja, ja, toda la vida haciendo malabarismos para ocultar

oscuros secretos familiares, ¿y ahora qué, Vicente,

como esconderá la vergüenza de tener una Cortázar en la cárcel?

No sería la primera vez que sacara a alguien

de la prisión y poner en su lugar a un inocente.

-La policía tiene el cuerpo, dé un paso

y tendrán la pistola con sus huellas.

Ya lo veremos, no creo que quieras perderlo todo.

-No, no quiero, pero si me empuja al vacío

me llevo a su hija conmigo.

-Gracias.

-Emma, al encontrarnos en su casa me dijo usted

que había hablado con Manuel, ¿no es así?

¿Le notó preocupado o le dijo algo que pudiera hacerle pensar

que su vida corría peligro?

-A penas hablé un minuto, me dijo que estaba bien,

que no me preocupara por él y que se iría lejos.

-¿Y cuándo me dijo que se había producido esa llamada?

-Hace dos semanas. -¿Está usted segura?

Día arriba, día abajo, no lo sé, no soy muy buena para las fechas.

-Pues ya somos dos porque yo a veces no me acuerdo

ni del día de mi cumpleaños, pero vamos,

si hubiera hablado con un muerto me acordaría perfectamente.

-¿Cómo dice? -Pues que o se comunicó

usted con él por la ouija o se cree usted que yo soy tonta,

porque según el forense Manuel Hernández

lleva muerto casualmente desde que se fugó con usted.

-No sé de qué me está hablando.

-Yo creo que sí, creo que mató a Manuel Hernández

y fingió que seguía vivo. -No, le juro que hablé con él.

-Bueno entonces no le importará que compruebe

su registro de llamadas.

Emma, es mejor que confiese.

-Yo no soy una asesina, no quiero ir a la cárcel.

-Entonces dígame lo que pasó, estoy segura que tiene que haber

una explicación, él la tenía retenida, tuvo que haber violencia.

¿No va a decirme nada?

Entonces no me deja otra opción que detenerla

por el asesinato de Manuel Hernández.

-Parece increíble que alguien pueda pensar

que Emma es capaz de hacer algo así.

-Bueno, si Manu quería matarla pudo ser en defensa propia.

-¿En ese caso por qué iba a callarse?

-Bueno, el caso es que el chico ha sido asesinado,

si no fu ella, ¿quién?

-Manu tenía un historial delictivo lo suficientemente largo

como para tener más de un candidato.

¿Crees que Mónica tuvo que ver?

-No es el único conocido que se me ocurre.

-Dilo, Pablo.

Di mi nombre, venga, estáis deseando echarme

un poco de mierda encima.

-¿Tú no tendrías que estar en otro sitio?

-Sí, en las bodegas, pero no te veo allí tampoco.

-Me refiero a la comisaría, todavía eres marido de Emma.

-Es inocente, ¿no? Saldrá de esta.

-Bueno, nosotros tendríamos que irnos,

vamos a llegar tarde a la cita del especialista.

-O como yo lo llamo, una pérdida de tiempo.

-Pablo.

He oído que va a llover y seguimos sin trabajadores, ¿no?

-Miguel está haciendo contraofertas a algunas cuadrillas.

Supongo que los Reverte con todo este lío no estarán vendimiando.

-Supongo, ¿por qué? -No, por nada, simple curiosidad.

(CARRASPEA) -Germán.

-Si no vienes a disculparte en nombre de los Cortázar

será mejor que te vayas por donde viniste.

-¿Qué pasó? No me vengo a disculpar,

vengo a daros otra oportunidad, quiero que volváis a las viñas.

-Quiero...

Te recuerdo que la última vez que te vi eras un jornalero más.

-Sólo quiero ayudarle, Germán. -No necesitamos vuestra limosna.

-¿Ah, sí, y os vais a quedar sin trabajar, sin cobrar?

-Estamos contratados por los Reverte.

-¿Y os pagan por estar aquí de camping, eh?

¿Os vais a quedar aquí, sin trabajar,

con todo el trabajo que os queda con los Cortázar?

Germán, os estoy ofreciendo un jornal seguro,

pero bueno, si queréis seguir aquí de merienda, allá vosotros.

Eso sí, si cambiáis de opinión, hacedlo pronto,

va a empezar a llover y nos quedaremos sin nada que vendimiar.

-Toma, Javier. Venga, chicos, como no acabemos pronto

con esta uva, vamos a tener que tirarla por la alcantarilla.

Venga, va, vamos. -Daniel,

te estaba buscando. -Dime que no es verdad.

-Lo siento, la vendimia sigue parada, vienen lluvias

y los Cortázar nos daban cierta seguridad.

-¿Cierta seguridad de qué, de cobrar una mierda?

-Que es más de lo que cobraríamos con vosotros, ¿no?

Tenéis las viñas precintadas. -¿Cómo puedes hacernos esto?

-Lo siento.

-¿Lo siento? No, lo siento no, Germán, esto no se hace, joder.

-Miguel, ¿se puede? Pasa.

-Los hombres de Germán ya están trabajando en nuestras tierras,

¿qué te parece? Esto no te lo esperabas, ¿eh?

¿Y tú has tenido algo que ver?

-No pensarías que iba a dejar que se echara a perder una cosecha.

¿No les habrás ofrecido más dinero? -No, nada de dinero, pura labia.

Imagínate lo que podría hacer si volviera aquí a las oficinas,

podría convencer a cualquiera de que no hay vinos como los Cortázar.

Carlos, ya tenemos a una encargada de ventas, es Emma.

Siempre ha llevado el departamento sola y así lo seguirá haciendo.

-¿No te has enterado? ¿De qué?

-Acaba de aparecer el cadáver del secretario,

Emma está en comisaría.

¿Quieres que cubra el puesto de Emma mientras tanto?

¿La cuadrilla de Germán era la tuya, no?

-Sí. Pues deben estar

esperándote en las viñas.

Elvira, ponme con el abogado, es urgente.

-¿Qué te traes con Emma? No sé a qué te refieres.

-¿Crees que no me he dado cuenta de que últimamente

andáis siempre con secretos?

No esperaba menos de ti.

Puedes tener muchos defectos, pero tonta no eres.

-¿No estarás malmetiendo contra mí?

Si piensas que así me apartarás de mi hijos, estás muy equivocado.

¿Recuerdas hace años cuando Raúl se cayó

al pozo de la viña nueva y todos vinieron

corriendo a casa asustadísimos?

-No, no lo recuerdo. Claro, no lo recuerdas

porque no estabas allí.

Durante años se han acostumbrado a venir a mí cuando tenían problemas,

y así seguirá siendo.

-Es una pena que no seas consciente

de hasta qué punto han cambiado las cosas.

Lo que es una pena es que no te des cuenta

de que realmente nada ha cambiado.

-Quiero ver a mi hija. -Lo siento, sólo puede pasar uno

y Emma quiere hablar con su padre.

Rosalía... con permiso.

(SOLLOZA) -Papá... ¿Emma, qué ha pasado?

-No quiero ir a la cárcel. ¿Pero qué les has contado?

-Nada. ¿Entonces por qué sigues detenida?

-Ortega me ha preguntado por Manuel.

Le he dicho que había hablado con él por teléfono,

no se me ocurrió otra cosa.

¿Eso es lo único que tiene en tu contra,

una llamada inexistente?

Claro, por eso no ha presentado cargos contra ti.

-¿Qué quieres decir? Que si Ortega te tiene aquí

es porque no tiene pruebas en contra tuya.

Esa llamada es circunstancial,

si sólo fuera con eso a un juez se reirían de ella.

-¿Así que voy a salir de aquí? Puede retenerte 48 horas

pero si no confiesas nada y no tiene ninguna prueba sólida

tendrá que ponerte en libertad.

-Gustavo tiene la pistola con mis huellas, papá.

¿Y si se la da a Ortega?

Eso no va a ocurrir, hija,

esa pistola va a desaparecer para siempre.

-A ver, señores, que no estamos en el cine.

No sé cómo me sorprendo todavía de lo rápido

que vuelan las noticias en este pueblo.

Ni casquillos de balas ni sangre, ¿no?

Quiere decir que lo mataron fuera y trasladaron aquí.

-¿Y por qué haría algo así Emma Cortázar,

justo al principio de la vendimia?

Hay que ser idiota pensar que no lo descubrirían.

-¿Qué? Dame un guante.

Gustavo y Emma siempre.

Pues no sé lo que será Emma, pero lo que sí que parece

es que estuvo aquí.

-No he estado en esas tierras desde que era niña.

-Emma, créame que intento ayudarla, si confiesa

el fiscal lo tendrá en cuenta y la condena será menor.

-Yo le quería, ¿sabe? Hacía mucho tiempo

que yo no quería a alguien de esa forma.

-No siga mintiendo, tenemos la prueba que la incrimina.

-No puede ser.

Yo no puedo ir a la cárcel,

no lo soportaría. -Entonces dígame lo que pasó.

Apareció el cadáver de Manuel Hernández en las viñas.

-No lo sé, yo no sé, no sé nada.

-No me haga perder el tiempo, por favor, así no puedo ayudarla.

-Le estoy diciendo la verdad.

-¿Y cómo apareció su alianza al lado del cuerpo?

(RÍE) -Ja...

-No creo que esté en situación de reírse.

-Yo creo que sí.

Campanadas.

Ah...

No sabes el miedo que he pasado.

Hubiera hecho cualquier cosa por protegerte.

-No sé que hubiera hecho sin ti, papá.

Siento haber sido tan dura durante todo este tiempo.

Eso ya ha pasado, lo importante es que no vuelvas a desconfiar,

todo lo que hago es por tu bien y por el de tus hermanos.

-Ahora llévame a casa que tengo ganas de abrazar a todos.

Lo siento, pero... eso no va a poder ser por ahora.

Gustavo no debe saber que has salido,

necesitamos que se confíe.

-¿Pero y mamá? Está preocupada por mí.

De tu madre me encargo yo, como siempre.

-Doctor... ¿qué tal?

-Mira, Pablo, quiero serte franco, los ejercicios no dan resultados.

-Aún llevamos poco tiempo con la rehabilitación, ¿no?

-Sí, pero ya deberíamos haber visto progresos,

y tu mujer tiene la misma movilidad que el primer día.

-¿Y si aumentamos las sesiones?

-No es una cuestión de Cantidad, Pablo.

-¿Y entonces? -Lo que intento decirte es que...

deberíais pensar en acudir a otros métodos, como la cirugía.

A ver, no os dije nada hasta ahora para no crearos falsas esperanzas

pero de un tiempo a esta parte hay una clínica en Madrid

que practica una técnica quirúrgica novedosa con pacientes así,

está en fase experimental, pero el porcentaje

de éxito en los primeros pacientes está siendo elevado.

-Y eso significa que Sara volvería a andar.

-En cualquier caso se trata de una operación muy cara.

-Por el dinero no hay problema,

no sabe lo que significa para mí que Sara

pueda volver a valerse por si misma.

Sí, sí, ¿entonces la lista de espera es muy larga?

-Pablo. -Un momento.

Ajá, de acuerdo, muchas gracias.

(RESOPLA) -¿Pasa algo?

-Sí, acabo de hablar con una clínica de Madrid

y es posible que puedan curar a Sara,

ella todavía no lo sabe, pero... yo tengo muchas esperanzas.

-Es fabuloso.

-Sí lo es, sí.

Tengo que pedirte un favor. -Sí, claro, lo que quieras.

-Mira, voy a ausentarme de las bodegas hasta esta noche.

-¿Te vas a Madrid ahora? -Sí,

necesito que te hagas cargo del laboratorio

sólo tendrías que vigilar los depósitos 3 y 4.

-Es mucha responsabilidad, no sé si estoy preparada.

-Si no lo estuvieras no te lo pediría.

-Espero no meter la pata. -Seguro que no.

Mar, escucha. -¿Sí?

-Mira, quizá te parecerá una tontería,

pero Sara está pasando un mal momento,

se obsesiona con algunas cosas y... bueno, cree que tú y yo...

-¿En serio? -Sí,

se le ha metido eso en la cabeza. -Qué tontería.

-Sí. -Ajá.

-La cuestión es que no me gustaría que se molestara sin motivo.

-Pablo, no, no... no tienes que darme explicaciones,

tranquilo que por lo que a mí respecta seré invisible para ella.

-Gracias.

(SUSPIRA)

-¿Dónde vas?

-¿Por qué? -Como guardabas la bolsa.

-Sí, Emma me ha pedido algo de ropa, voy a llevársela.

-Ya, dale un beso de mi parte. -Muy bien, lo haré.

-¿Vas a venir a cenar? -Pues no, no creo,

no me esperes despierta, tengo mucho trabajo en la bodega.

-Se ha ido con esa zorra. -¿Quién?

-Pablo. -¿Con quién, con Mar?

-Falta ropa en su armario y tiene la poca vergüenza

de decirme que no le espere despierta.

-Bueno, puede que sea verdad. -¿Y por qué me miente?

-¿Por qué me dice que la bolsa es para Emma

si solo había ropa suya?

-¿Quieres que me pase por el laboratorio

y ver si Pablo está allí?

-¿Harías eso por mí? -Claro.

¿Te ayudo? -¿No deberías estar vendimiando?

-Sí, les costará apañárselas sin mí,

pero ya sabes, cuando una chica guapa me necesita, yo...

-Qué morro tienes, no me desconcentres

que tengo mucho que hacer.

-¿Y Pablo? -Pues no lo sé,

se marchó y me pidió que me encargara de todo,

imagino que estará en casa, con su mujer.

-A su mujer le ha dicho que estaba en comisaría,

y allí tampoco está. A ver si este va a tener un lío.

-¿Qué? Pablo se desvive por su mujer.

-Ya...

¿Puedo contarte algo? -Claro.

-Ha ido a ver a un especialista de Madrid,

el médico de Sara le habló de una clínica

con un tratamiento experimental para curar casos como el suyo.

-¿Y por qué no ha dicho nada?

-Para que Sara no se haga ilusiones,

quería comprobar si había alguna posibilidad

de que pudiera volver a caminar con el tratamiento.

-Vaya, con cosas como estas te das cuenta

de lo enamorado que sigue Pablo de su mujer, ¿no crees?

-Sí.

-No puede ser, ¿estás seguro?

-Parece que está dispuesto a mover cielo y tierra para curarte.

¿Todo bien? -Bien, bien...

-No sé cómo he podido desconfiar de él.

Gracias, Carlos.

-Los médicos son muy optimistas y están dispuestos

a empezar inmediatamente.

Me alegro mucho, Pablo, de verdad.

-El único problema es que la operación

y el tratamiento son muy caros,

y yo no puedo afrontarlos. Yo te lo prestaría si...

no lo hubiera perdido todo, claro.

-¿La Seguridad Social no lo cubre? -No.

-¿De dónde piensas sacar el dinero?

-Bueno...

sólo se me ocurre vender las tierras.

Pablo, no puedes hacer eso. -Sí, sí puedo, Miguel,

las tierras están a mi nombre y las bodegas pueden comprarlas.

Sería mucho dinero de golpe,

dejaríamos a la empresa descapitalizada.

-Depende de cuanto esté dispuesto a rebajarlas.

-En unos años amortizaríamos la inversión

y las tierras quedarían en la familia.

A cambio de que parte de ellas acabaran en manos de desconocidos.

-Me duele lo que dice, Vicente, yo soy de la familia,

¿no se fía de mí? ¿Se puede fiar alguien de una rata?

-Tanta armonía familiar me dan ganas de vomitar.

Creo que iré a visitar a Emma a la comisaría.

-No te molestes, pidió que no fueras a verla.

-Qué raro, ¿no?

Pablo, lo siento mucho pero no podemos hacerlo,

nos jugamos la supervivencia de la empresa.

-¿Podemos hablar a solas?

Claro.

-¿Cuántas veces me has aconsejado que deje a Sara?

Pablo, si quieres dejarla, déjala,

pero no tenemos por qué perder las tierras

por una mujer que te hace la vida imposible.

-¿Me dices que le eche de casa en su estado?

No, Miguel, no, yo no soy así.

Por mi culpa está en esa situación.

No, ella quiso llevarse a María.

-Es su hija. Quieres dejar de justificarla.

-Estoy deseándolo, pero para eso necesito

que las bodegas me compren mis tierras.

¿Y si la operación no resulta?

¿Te has parado a pensar qué pasaría?

No podemos arriesgarnos a que las tierras

terminen en manos de Paula y Gustavo.

-Miguel, no sabes lo importante que es para mí.

Lo siento.

Si quieres puedo dejarte algo de dinero, pero... no.

-No te molestes, por favor.

Ser cabeza de familia exige tomar decisiones,

por muy duras que estas sean.

Tranquila, hija, todo va a ir bien.

Es absurdo, mamá, ni siquiera sé si lo quiero tener.

No digas eso, hija, todo ocurre por alguna razón.

-Perdón por el retraso, ¿cómo te encuentras, Lucía?

Mejor, ya no duele.

-¿Algún sangrado en los últimos días?

No. -Voy a hacerte una ecografía,

quiero comprobar el latido del corazón,

desabróchate el pantalón, por favor.

Gracias.

Tranquila, Lucía, sólo será un momentito.

A ver... Uh, qué frío.

¿Pasa algo, doctora?

-A veces tarde en encontrarlo,

pero en este caso...

Latidos de corazón. Ahí está, ¿lo oís?

Sí... -Este es tu hijo, Lucía,

menudo susto nos ha dado, ¿eh? Je, je...

¿Qué pasa, hija?

Pasa que tú quieres este bebé, mamá,

pero yo no me siento con fuerzas para afrontarlo.

Eso no es verdad, hija.

Tú y tu hermano sois mi mayor orgullo,

sois generosos y de buen corazón.

A veces os caéis, sí, pero os levantáis

y seguís adelante.

Hija, decidas lo que decidas yo voy a estar siempre a tu lado,

siempre, ¿me has oído? Sí, mamá.

Venga, levanta la cabeza y vámonos a casa.

No quiero que pases por la vida de puntillas, hija.

(MEGAFONÍA) Doctor Mena, acuda a traumatología.

-Señorita Reverte. -Es la hija de mi amiga,

han ido a por el coche, ¿pasa algo?

-La cita para la ecografía de las 12 semanas,

se la ha dejado en la consulta.

-Yo se la doy, no se preocupe.

Miguel, cuando oigas este mensaje, llámame.

-Dadle un remontado al primer depósito,

a ver si coge un poco de oxígeno.

-¿Qué tal?

Traigo buenas noticias, pueden volver a vendimiar.

(RESOPLA) -¿Qué pasa?

Hemos acabado antes de lo previsto. -Sí, ya, pero un poco tarde, ¿no?

Hemos perdido la única cuadrilla disponible.

Vaya, si puedo hacer algo...

Pues mire, dejarnos trabajar no estaría mal.

-Pues lo siento, ¿eh?

¿Hola?

¿Es usted Adolfo Reverte? Permítame que me presente,

soy la agente Ortega, me gustaría hablar con usted

de algo relacionado con el pasado. -Ya.

-Verá, tengo entendido que usted salió de Lasiesta precipitadamente

hace unos 40 años después de un robo que hubo

en casa de los Cortázar.

-Escuche, dígale a Vicente Cortázar que no me voy a marchar de aquí,

así que no se moleste en mandarme recaditos para meterme miedo.

-No se preocupe, ese delito ha prescrito,

a mí no me envía Vicente Cortázar.

¿Qué pasó en esa casa, señor Reverte?

-Yo no estuve allí ese día, Vicente era mi mejor amigo,

Jesús, él y yo éramos inseparables, ¿por qué iba a robarle en su casa?

Alejandro Cortázar nos trataba como si fuéramos sus hijos.

Robarle el día de su entierro hubiera sido

como escupir en su tumba, pregúntele a Vicente.

Estoy seguro de que fue él quien firmó el cheque

para que la pusieran allí,

a mí sólo me quedó huir para que no me metieran en la cárcel.

-Mire, a estas alturas no me sorprende nada

qué me puedan contar de Vicente Cortázar,

¿pero tenderle una trampa por qué?

¿Qué interés podría tener?

-Yo tenía lo que él más deseaba.

Tenía a Sofía.

Es verdad, Adolfo y yo fuimos novios.

Bueno, si se puede decir algo así, porque éramos muy jóvenes y...

(RESOPLA) -¿Y por qué no nos dijiste nada?

¿Para qué? Ha pasado ya mucho tiempo, no tiene importancia.

¿Entonces cuál fue el problema?

¿Por qué papá y él se dejaron de hablar?

-Mamá, basta ya de secretos, siempre has dicho

que tenemos que ser sinceros entre nosotros.

Cuando acusaron a vuestro tío del robo,

vuestro padre se quedó destrozado

y su huída le hizo confirmar lo que tanto le costaba creer,

que era culpable. ¿Y tú te lo creíste?

Íbamos a casarnos, y de la noche a la mañana

roban en casa de los Cortázar y... tu tío se fuga del país.

Encontraron pruebas que le delataban, claro que lo creí.

-¿Y ahora lo sigues creyendo?

Esperé mucho tiempo una respuesta, una carta, noticias...

algo, pero...

no llegó nada.

Tu padre lo pasó muy mal y yo también.

Nos apoyamos el uno en el otro y poco a poco...

nos enamoramos.

Jesús ha sido la luz de mi vida.

La persona que me hizo feliz y que me dio

en esta vida lo que más amo que sois vosotros.

¿Entonces qué tiene que ver Vicente en todo esto, mamá?

¿Por qué Adolfo le dijo a Ortega que estaba enamorado de ti?

Bueno, tu tío y tu padre estaban convencido de ello,

pero a mí Vicente nunca me dijo nada.

Tu padre estaba empeñado en que se casara

con Rosalía porque tenía muchas tierras la familia y...

y cosas de la época. Ya no quiero hablar más del tema.

-Mamá, ¿seguro que no hay nada más que debamos saber?

No, nada.

-Vamos, moved el culo,

como se nos echen las nubes encima yo me quedo sin uva

y vosotros sin jornal.

-Vamos. -Ja...

Si me llegan a decir hace algunos meses

que estas tierras podrían ser mías, no me lo habría creído.

-Para tener a tu mujer en comisaría

te veo muy optimista, por no llamarte iluso.

-Ni optimista ni iluso, soy realista.

-Estas tierras siempre han pertenecido a los Cortázar,

jamás las venderían.

-A no ser que necesiten el dinero.

-Gustavo, empiezas a cansarme, ¿para qué me has llamado?

-Pablo quiere vender las tierras,

necesita el dinero para operar a Sara.

-¿Y tú crees que yo ayudaría al bicho de su mujer?

-Bueno, no hay mal que por bien no venga,

puedes golpear a los Cortázar mil veces,

siempre vuelven a ponerse en pie,

pero estas tierras son su vida

si se las quitas, les quitas todo lo que son,

todo lo por lo que lucharon durante generaciones.

Tú tienes mucho dinero, Paula, y eso es exactamente

lo que necesita Pablo.

-¿Exactamente tú qué sacas de todo esto?

-Yo por esta información sólo quiero dos cosas,

un 20 por ciento de las tierras, y...

-¿Y qué?

No vuelvas a ponerme la mano encima.

-Entonces me conformaré con un 30 por ciento.

-¿Quieres comprar las tierras?

-Es una buena oferta, más de lo que te dará nadie por ellas.

-No creo que a Miguel le guste. -Ah, evidentemente

a tu hermano lo único que le importa

es no perder un ápice más de su poder,

aunque eso implique obligar a tu mujer a vivir

sobre una silla de ruedas.

Sé lo que estás pensando,

y esto no tiene que nada que ver con Miguel o con tu padre,

lo hago por ayudarte.

-¿Por qué? -Porque tú no eres como ellos,

tú confías en la gente.

Siempre te has portado bien conmigo,

sobre todo cuando murió Claudia,

y eso no puedo olvidarlo.

-Con una condición, jamás podrás cultivar otra cosa

que no sean vides,

ni podrás venderlas a nuestros competidores.

-Trato hecho.

Necesito ese dinero, pero no tanto

como para poner el patrimonio de mi familia en tus manos.

-Pablo...

-No quiere vender.

-Bueno, entonces tendremos que apretarle las tuercas,

déjame a mí.

¡Sara! -¿Sí?

-Sara, ¿no habrás visto mi alianza?

-Eso te pasa por quitártela antes de tiempo.

Muy pronto te haces a la idea de vivir sin Emma.

-¿Qué dices? Yo quiero a mi mujer casi tanto

como tu marido te quiere a ti.

-Ya, ahora es cuando dices que si Pablo le mira el culo

a su ayudante y ese tipo de cosas.

-Ja, ja, ja... -Gustavo,

mi marido me quiere y se desvive por mí,

está dispuesto a vender sus tierras para que me cure.

-¿Eso te ha dicho?

Pues como no pague con dinero del "Monopoly".

Tu amadísimo Pablo, tan bueno él ha rechazado

una oferta muy suculenta por esas tierras.

-Mentira. -Hum... pregúntaselo.

Yo creo que prefiere seguir aparcando

en la plaza de minusválidos cuando va al pueblo.

Hasta luego, cuñadita.

-Pablo, déjalo. -No, no, el fisio dijo...

-El fisio que diga misa.

¿No te das cuenta de que esto es patético?

¿Crees que así voy a volver a andar?

-No, así no, desde luego, pero...

-Pero nada, yo quiero levantarme y andar,

pero tú no puedes entender lo que siento,

no lo vas a entender nunca.

A ti te da igual. -No, no me da igual, Sara.

A lo mejor prefieres rehacer tu vida.

-No se te ocurre decir eso, me estoy matando...

-¿Por qué, por qué te estás matando?

¿Por conseguir dinero para la operación?

Sí, lo sé, ¿pero prefieres que me quede así

antes que aceptar el dinero que te ofrecen?

-Sara, voy a encontrar un comprador.

-¿Un comprador quién?

Tu hermano nunca querrá vender las tierras,

y todo por el puto orgullo de los Cortázar.

¿Y tú? -¿Yo?

(RESOPLA)

(LLORA)

Hijo. -No estoy de humor.

Pablo, no puedes evitarme toda la vida,

vivimos juntos en esta casa, soy tu padre, quiero ayudarte.

-No vas a conseguir que olvide el daño que nos has hecho.

Ya lo sé, pero tú no eres como tu hermano Miguel,

tú eres bueno, sé que me vas a perdonar.

Sé lo que está pasando con Sara,

escúchame, sólo escúchame.

He oído que quieres vender las viñas.

-No, no... Escúchame, escúchame,

sé lo que significan para ti.

No sólo que tu mujer pueda volver a andar,

ese dinero limpiaría tu conciencia, y lo que es más importante,

con él conseguirías sacar a esa mujer de tu vida.

-No voy a echar a Sara.

¿Recuerdas lo que nos costó conseguir que firmara

la separación de bienes?

Pablo, tu matrimonio está muerto,

y cuanto antes lo aceptes, antes podrás volver a ser feliz

con quien sea, si para eso tienes que vender las tierras, hazlo,

tu felicidad está por encima de todo,

pero no se las vendas a un desconocido,

esas viñas merecen un final mejor.

-Y ahora es cuando me dices a quién debo vender, ¿verdad?

A Anselmo Poncela, es un buen amigo,

gran amante de la tierra y del buen vino.

Es un hombre de fiar.

Si él fuera el titular de esas tierras

no tendríamos el más mínimo problema en su explotación.

Este es el contrato de compra.

Con ese dinero tienes más que suficiente, ¿no?

-¿Y cuánto tardara ese tal Anselmo en venderte a ti las tierras?

¿Preferirías que fueran a parar a manos de Gustavo o de Paula?

Claro que eso a ti te da igual, te vas a pasar

el resto de tu vida siendo esclavo de esa desquiciada.

No te preocupes (EL NIÑO SOLLOZA)

Es un Cortázar, tiene que estar con los suyos.

No, ¡no...!

-¿Estás bien? (RESOPLA)

Sí, sólo estaba un poco cansada, pero... estoy bien.

-Tienes mala cara, vete a casa y descansa, anda.

¿Estás loco, Dani? ¿Cómo voy a irme ahora?

Lucía, quedan horas para que empiece a llover,

¿qué más dan dos manos más o menos?

Yo me apaño con los trabajadores de la bodega.

Vete a casa, en serio.

Motor de arranque.

No te lo vas a creer,

se han vendido todos los botes de arrope y me han pedido más.

Ja, ja... Me alegro, mamá.

¿Qué vas a hacer con esos patucos, hija?

Supongo que... cuando no oí el latido del corazón

tenía que haber sentido alivio,

pero no fue así.

Nunca pensé que pudiera sentir algo tan especial al ver

sólo un puntito blanco en un monitor.

He cometido muchos errores estos meses, mamá,

pero quiero tener este hijo.

No he estado más segura de nada en mi vida.

Todo va a salir bien.

¿Y si me condenan en el juicio, mamá?

Tu hermano y yo cuidaremos de ese niño, te lo prometo.

Gracias.

¿Te he dicho alguna vez que te quiero mucho?

Ja, ja...

Ay...

Habrá que decírselo a tu hermano. A ver cómo se lo toma.

Ja, ja...

(RESOPLA)

Ja, ja, ja... -Ven aquí.

Dani. Ja, ja, no seas bruto.

Ahora vas a tener que aguantarme todos los antojos.

-Sí, claro. Ja, ja...

-Vuestro padre se sentiría muy feliz en este momento.

Ah...

-Bueno, siento ser el aguafiestas,

pero tenemos que terminar con la vendimia.

Nos queda un tercio por cosechar y con la poca gente que somos

y el tiempo que queda hasta que empiecen las lluvias,

no lo vamos a tener fácil.

Tenemos otra posibilidad, ¿por qué no hablas con Miguel?

-Seguro que hay otra forma, ¿no?

No creo que Miguel nos ayude, mamá.

Yo creo que sí, si tú se lo pides.

Es buen momento para hacer las paces,

además tú ya no estás sola, debes pensar en su futuro.

Hola, buenas, venía a ver a Miguel Cortázar.

-No está en su despacho. -¿Hola, puedo ayudarte en algo?

Gracias, Paula, pero prefiero tratarlo con él.

-¿Vienes a pedirnos perdón por robarnos a los vendimiadores?

No tengo que darte ninguna explicación.

Lucía...

¿Puedes dejarnos solos? -Claro, tengo experiencia en eso.

¿Podemos hablar un momento en tu despacho?

No tenemos nada qué hablar.

Miguel, sé que he sido injusta últimamente contigo,

pero déjame que intente arreglarlo.

No estaría aquí si no te necesitara.

No cuentes conmigo. Por favor, Miguel.

Mira, una vez dijiste que estábamos condenados a hacernos daño,

quizá va siendo hora de que nos alejemos,

esta vez para siempre.

No sé cómo pude dejarme convencer de que las cosas serían diferentes.

Lo siento, tengo mucho quehacer.

-¿No se supone que el hombre del tiempo siempre se equivoca?

-Ya, con nuestra suerte no sólo acertará,

empezará a llover antes.

-Oye, ya, ya estoy harta de oírte llorar todo el día.

-Si es que últimamente todo nos sale al revés, Ana.

-¿Ah, sí, todo?

-¿He dicho todo? -Ajá.

-Bueno, quien dice todo... así dice... casi todo.

-Aquí no, Dani, ja...

-¿No?

-¿Y si vienen? -Van a tardar en llegar.

-No puedo, Dani. -¿Qué te pasa?

-Esto no está bien. -¿El qué?

-Eso que llevas al cuello te lo regaló mi hermana,

yo la acompañé a comprarlo.

-Oh, Ana, ¿quieres que me lo quite?

-No podemos olvidarnos de Lorena así como así.

-Pensaba que los dos queríamos...

-Esto es un error y lo sabes.

-Por favor, no digas eso, ¿me oyes?

Te necesito. -Era mi hermana, Dani.

-Y por desgracia ya no está.

-Lo siento de verdad,

pero no puedo.

-Ana... -Adiós, Dani.

-Ana.

-¿Miguel?

Ah, eres tú.

Ha llamado Germán preguntando por qué no has ido a vendimiar,

le he dicho que estabas enfermo. -Gracias.

-No me hagas mentir otra vez por ti,

le di mi palabra a Miguel de que cumplirías.

-¿Eso es lo único que te importa, quedar mal delante de Miguel?

-Miguel te ha dado una oportunidad, tienes que ganarte su confianza.

-Estoy harto de intentarlo,

da igual si consigo que vuelvan los vendimiadores o no,

no me quiere a su lado.

-No puedes ocupar un puesto de responsabilidad nada más llegar.

-Tú tampoco crees que lo pueda hacer.

-Yo sólo digo que Miguel tiene sus razones,

y que las entiendo, ellos han aprendido a andar en estas bodegas,

pero tú eres distinto, necesitas más tiempo.

-No me puedo creer que te pongas de su parte.

-No digas tonterías, yo te he apoyado siempre,

pero Miguel dirige estas bodegas.

-Y firma tus cheques, ¿no? -Carlos.

-Por eso no quieres llevarle la contraria.

¿Sabes lo que pasa? Que a ti te está gustando demasiado

esta nueva vida y te da igual a quién te lleves por delante.

Te crees mejor que Vicente,

pero al menos él no va de lo que no es.

-Vete ahora mismo a las bodegas y ponte a trabajar.

Pensaba que estabas enfermo.

-No estoy en mi mejor momento, la verdad.

Pues cámbiate y vete con ellos a la viña,

Germán necesita todos los trabajadores disponibles

antes de que llueva. -¿No sería más útil por aquí?

Carlos, todos tenemos un sitio y es ahí donde tenemos que estar.

Hasta que no entiendas cuál es tu sitio en esta empresa

vamos a seguir discutiendo una y otra vez.

-Miguel, Miguel...

Joder.

Joder...

-¿Qué está pasando? -Joder...

-Carlos, el vino, el vino, cierra la puerta.

-No puedo, no puedo.

-Gira, gira más, gira más, gira más, gira más.

-Ya está. Esto ya está.

-¿Se puede saber qué ha pasado?

No lo sabemos, cuando entramos en la bodega vimos la fuga

y Carlos intentó detenerla.

Claxon.

-Hombre... dichosos los ojos, ¿a qué has venido, a pedir trabajo?

¿Sabes? Después de 10 años de llevar casado con mi hija

he descubierto que hay algo en ti que me gusta.

-Ah. Mantienes la calma a pesar

de que estás a punto de perderlo todo,

de ver cómo tu vida se convierte en un infierno.

Siempre pensé que acabarías llorando como un niño,

pidiendo perdón por tu vida.

Está visto que me equivocaba.

-Esa no es forma de tratar a su yerno favorito,

sobre todo si la vida de su hija está en mis manos.

¿No has perdido nada por ahí?

Dejarse las cosas tiradas por ahí puede ser peligroso.

-¿Qué ha hecho con mi anillo?

Defender lo que es mío. -¿Qué ha hecho con él?

Ya sabes que amenazar a los Cortázar no sale gratis.

-La pena es que va a ser su hija la que pague.

Ah, recuerdos a la agente Ortega, hijo.

(RESOPLA)

Ya está,

ahora sólo tenemos que esperar a que salga de su escondite.

-Señor Arístides, tiene visita.

-¿Para usted no se ha inventado el interfono, verdad?

-Prefiero caminar, por la circulación, ya sabe.

-Pues circule y dígale a quien sea que no estoy.

-Es la policía.

-Que pase.

-Vaya, señor Arístides,

veo que ahora tiene despacho propio.

-Claro, no va a ser usted la única.

-¿Le pasa algo?

-Nada, creía que había un pez muerto.

-¿Y? -Falsa alarma.

-Pues menos mal, porque en esta empresa no están acostumbrados

a las muertes inesperadas.

-Precisamente quería hablarle de algo.

-Pues mira qué bien, usted me dirá.

-Es sobre mi mujer, creo que está tramando algo.

¿Se acuerda que denuncié el robo de mi coche?

-Sí, y que lo conducía ella.

-Pues al principio no quise darle más importancia,

pero ha vuelto a desaparecerme algo.

-No me diga más, su alianza de boda.

-¿Cómo lo sabe?

-Porque casualmente la hemos encontrado al lado

de donde apareció el cadáver del secretario.

(RESOPLA)

-No es ninguna novedad que mi mujer y yo

no pasamos por nuestro mejor momento,

pero yo la quiero y no sé por qué razón

intenta involucrarme en esto. ¿No lo ve?

Está clarísimo, Emma se enamoró de ese chico,

pero el tipo quiso hacerle daño y ella le disparó

en defensa propia y ahora deja mi alianza

para cargarme a mí con el muerto y matar dos pájaros de un tiro.

-Bueno, es una opción, la otra podría ser

que su mujer se fuga con otro, usted en un ataque de cuernos

le dispara, intenta cargarle el muerto a su mujer

como venganza por haberle sido infiel,

y así también mata dos pájaros de un tiro.

-Ya, ¿que viene a detenerme?

-¿Sabe una cosa?

Hay quién no aprende de sus propios errores,

pero yo sí, me equivoqué acusándole del asesinato

de Paloma Olmedo sin tener pruebas suficientes,

pero eso no va a volver a pasar.

La próxima vez que le ponga unas esposas,

no le va a ser tan fácil librarse.

-Pues nada, ya ha visto mi despacho,

ya sabe dónde puede venir a verme.

-¿Qué es eso que hay ahí? -¿El qué?

-Eso.

-¿El qué? -Ese pez tan raro.

-¿Qué pasa que ahora le interesan los peces?

-Bueno. -Es un cabrón,

es un gallito de pelea.

-Fíjese, para que luego digan que las mascotas

no se parecen a sus dueños.

-Ja...

-Hasta pronto, señor Arístides.

Sí, Pascual, oye...

Sí, acabo de hablar con él,

estos dos están de barro hasta las cejas.

(INTERFONO) Oye, consígueme una orden del juez para registrar

todas las propiedades de Gustavo Arístides y esposa, todas.

(RESOPLA)

-¿Dónde estabas? Mamá, estamos con la vendimia.

-Te dejé un mensaje.

Perdona, no pensé que fuese importante.

¿Ha pasado algo con Emma?

-No, es Lucía Reverte.

Lucía, ¿podemos hablar?

¿Cómo te atreves a venir aquí después de cómo me trataste?

Espera un momento. Déjame en paz, Miguel.

¿Estás embarazada?

¿Qué?

¿Eso es un sí o es un no?

Eso no es asunto tuyo, así que vete de aquí, por favor.

Los dos sabemos lo que pasó entre nosotros,

así que sí es asunto mío.

Estoy embarazada, sí.

Pero tranquilo, puedes volver a tu vida de triunfador,

no voy a reclamarte absolutamente nada.

Antes me he portado como un auténtico imbécil,

no debí tratarte así.

Sólo quiero que sepas que si necesitas algo,

puedes contar conmigo.

Puede que en el pasado hayamos hecho algo que nos separe,

pero ahora hay algo que nos une para siempre.

Olvídate del niño, Miguel.

No estoy hablando de eso,

si estoy seguro de algo es de que te quiero,

y que tú a mí también.

-Me han dicho que Miguel ha ido a la bodega, ¿qué quería?

Pues nada, consígueme un cesto vacío, por favor.

-Lu, tenemos que hablar. No puedo pararme, Dani.

Me están esperando, no puedo... -¡Lucía! Es absurdo.

Nos estamos dejando la vida para nada,

no nos va a dar tiempo, aceptémoslo.

No.

(RESOPLA) -Mandemos a esta gente a su casa y vámonos a descansar.

No podemos dejar que se pierda esta uva.

-Va a llover, no hay tiempo,

no tenemos gente, se acabó, Lu.

Se acabó.

No puedo más

-Lo sé.

¿Qué vamos a hacer, Dani?

-Saldremos de esta.

-Daniel, Lucía, rápido, venid.

-Lucía, Daniel, venimos a ayudar,

si no os importa.

-¿Todos? -Todos y muchos más.

Las bodegas están terminando la vendimia

y han cedido algunos de sus hombres.

¿Los Cortázar también? -Bueno, aquí nos tienes.

Gracias, Germán, gracias a todos.

-Bueno, vamos, al lío, que tenemos mucho trabajo y poco tiempo, venga.

Este grupo, venid conmigo.

Trueno.

-Lucía, ja, ja, ja...

Venga, venga, que llueve, vámonos.

Hemos terminado.

Vas a empaparte.

-No me importa. -¿Qué haces aquí?

-No lo sé, no tengo ni idea de nada ahora mismo,

sólo sé que me siento fatal cuando estoy lejos de ti.

Pienso en Lorena y sé que no deberíamos hacer esto,

pero al mismo tiempo sólo hay una cosa que me hace olvidar todo.

-¿El qué?

-Ana, nada ha cambiado. -Ya, pero no puedo evitarlo.

-Ah.

(TELÉFONO) ¿Hija? -Papá, tengo el arma.

¿Estás bien? -Creo que mejor que nunca.

Emma, tienes que salir de ahí.

¿Por qué, qué pasa? La policía acaba de llegar,

va a registrar el piso.

-Pero si tengo que dejar sus huellas en la pistola.

No, Emma, déjalo, ya nos encargaremos de eso.

Sal de ahí.

-Emma.

Emma, hija, ¿cuándo has salido?

-¿Qué más da, mamá? Ha sido un día muy duro.

-¿Y por qué no me has llamado? -No sé, ahora quiero descansar.

Claro, hija, te acompaño a tu habitación.

Pasos.

-Unos guantes...

¿Qué es? -Ábrela.

-¿Es de la clínica de Madrid? -Sí,

te han aceptado, estás dentro del programa.

-¿Y el dinero?

-Ya está resuelto.

Pablo, ¿qué has hecho?

-Ayudar a mi mujer, Miguel, tú habrías hecho lo mismo.

¿A quién le has vendido las tierras?

-Lo siento, no tenía otra opción.

(RESOPLA)

-Vicente. ¿He oído don Vicente?

-No, no lo ha oído, ¿por qué no me delató antes?

Cierra y pasa.

Creo que no te descubro nada nuevo si te digo

que mi hijo Miguel y yo no nos llevamos bien.

Miguel me echó de esta casa como un perro,

puede que tuviera sus motivos para hacerlo,

pero yo también tengo los míos para no olvidar lo que hizo.

-¿Y no será que usted está recogiendo

todo el daño que hizo a esta familia durante años?

Claro... es muy fácil juzgar cuando no se tiene

nada que defender.

Hasta hace poco tiempo tu única familia era una madre

que se pasaba más tiempo pensando en los hijos

que había perdido que en ti,

y las cosas como son,

todo tu patrimonio cabe en una mochila.

El día que tengas algo que defender

sabrás por qué hice lo que hice, y por qué mi hijo te trata así.

Has demostrado que eres un hombre con carácter

y con decisión propia.

Para mi hijo eso es una amenaza.

¿Te has dado cuenta quiénes son sus principales aliados?

-Pablo y Emma.

No hay sitio para ti en su retrato de familia,

no parará hasta conseguir echarte de esta casa y de la bodega

como hizo con Mónica, con su hermano Raúl,

con Paula...

y por último conmigo.

Tú decides si prefieres librar esta batalla solo,

y ahora sal de esta habitación y la próxima vez llama a la puerta.

-Muchas gracias, don Vicente.

Maquinilla de afeitar.

-¿Qué tal con la policía?

-¿Dónde está, Emma?

-No sé de qué me hablas.

-La pistola con la que tú mataste a Manu.

-Tranquilo, ya no tienes que preocuparte por ella.

Créeme, Gus,

a partir de ahora vas a tener cosas mucho más importantes

de las que preocuparte,

y ahora descansa, anda, mañana vas a tener un día muy movidito.

(SUSPIRA)

-Estás perdiendo el tiempo, Gustavo.

-¿Dónde está, Emma? Dímelo. -¿Me meterás en la cárcel?

-Ahora que la muerte de Manuel le apunta, todo cobra sentido.

-Es imposible que lo hiciera, esa noche la pasó conmigo.

-¿Estoy libre? -Es cuestión de tiempo.

Lo sabe. -¿Qué les contaste?

Que fue una tontería de juventud.

-Nunca le entregó esas cartas. Le veo incapaz de hacerlo.

-¿Crees que utilizó la excusa del robo para alejarlo de mamá?

Ese chico no te conviene, lo menos que pudo hacer

fue socorrer a Lorena y no dejarla morir, ¿no?

-Si no empiezo se echará a perder el mosto.

¿Quién hizo esta chapuza? -Tenías razón con Carlos,

es un miserable. -¿Cómo se te ocurre

tomar una decisión sin consultarme?

-Intenta recuperarnos. No lo intenta, lo consiguió.

-Todo lo que hizo fue por nosotros. Hay amores que matan.

Ahora que tenemos las huellas de Gustavo,

la coartada de Paula no vale. -Tengo la pistola con tus huellas.

-Jamás la toqué. -Lucía está embarazada.

Ese niño es un Cortázar. Deja en paz a Lucía.

Haré lo que tenga que hacer. Tendrás los mejores abogados.

Un Cortázar no pisará la cárcel. Este niño no es un Cortázar.

-Una de las habitaciones del hotel se cargó a la misma tarjeta

que el envío del peluche, está a nombre de Irene Salcedo.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 30

28 ene 2013

El hallazgo del cuerpo de Manuel en las viñas de los Reverte trastoca la rutina de las dos familias más importantes de Lasiesta. Emma es la principal sospechosa del asesinato del secretario, y ahora más que nunca, necesita la ayuda de don Vicente para evitar ir a la cárcel.

 

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  1. RTVE.es

    Desde hace unas semanas no es posible ver a través de RTVE.es los capí­tulos de Cuéntame cómo pasó³ en Estados Unidos y Canadá. RTVE está obligada a geobloquear en su web la emisión de algunos programas en determinados países para cumplir sus compromisos contractuales. Lamentamos los inconvenientes que esta situación les pueda ocasionar http://www.rtve.es/television/20130218/emision-cuentame-como-paso-estados-unidos-canada/609111.shtml

    04 mar 2013
  2. ggg

    Por favor, alguien podria solucionar o explicar la imposibilidad de ver a partir del capitulo 31. Gracias

    19 feb 2013
  3. mar Escalonilla

    Que pasa que no se puede ver el ultimo capitulo de la serie??? es tv publica o no? A ver si l areglais majetes.

    07 feb 2013
  4. DLG

    DLG No puedo bajar ningun capitulo de esta serie o de Herederos. La trasmicion en directo es muy temprano para los EE.UU, no se que esta pasando, gracias

    05 feb 2013
  5. Gema

    Hola, a mi me pasaba igual con el Ipad y este truco me ha funcionado: Probad a cargar cualquier otro video (por ejemplo de las entrevistas con actores, uno que no sea de capítulos) y luego al poco, volved al capítulo que os habéis dejado pendiente, así ya vuelve a cargarse correctamente. Espero que os funcione!!

    03 feb 2013
  6. Antonia Ginard

    Se quedo cortada la proyeccion ayer, y no me permitió verla. Hoy me indica lo mismo.Que tengo un error que me impide visionarla. Que debo hacer.?Se trata del capítulo 30 de Gran Reserva. Se trata de un I pad. Gracias. A.G.

    30 ene 2013
  7. Sara

    Hola, siempre tengo problemas para acceder a los capítulos vía iPad. Da continuamente RTVE error. "Lo sentimos pero el capítulo no se encuentra en su localización " por favor aseguren que los link están actualizados y funcionan correctamente para IPAD. Llevo dos semanas intentandolo y no funcionan varios capitulos ya he comprobado. Gracias

    30 ene 2013
  8. Maria A Ballestrin

    Hola, no se que pasta pero no lo puedo ver. No responde el link. Por favor hagan algo que quiero seguir viendo le serie que esta BUENISIMA!, Gracias!!!

    29 ene 2013