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No recomendado para menores de 12 años Gran Reserva - T3 - Capítulo 32
Transcripción completa

-No tienes el cadáver ni la pistola.

Por no tener no tienes ni alianza. -Te conozco, Emma.

-Tú me convertiste en lo que soy. -No he matado a nadie.

-Ortega acusa a Gustavo del asesinato de Manu.

Pues que te devuelva sus acciones y firme el divorcio.

-¿Te vendo las acciones a cambio de nada?

-Tengo la pistola con tus huellas.

-Es un error acusar a Gustavo del asesinato de Manu.

Esa noche la pasó conmigo.

-¿Estoy libre? -Sí, no se acostumbre.

-Va a ser imposible que nos libremos de Gustavo.

La única forma de que te deje en paz es destruyéndolo.

Y sé cómo hacerlo. -¿Firmamos la paz?

Te he puesto un somnífero, no te asustes.

No voy a matarte, prefiero que te pudras en la cárcel.

¿Qué eso? -Las cartas de amor de Adolfo a mamá

desde Argentina. Decía que no tuvo noticias de él

desde que se fue. -Alguien no jugó limpio en esto.

Son las cartas que Adolfo te mandó desde Argentina.

No me mandó ninguna carta.

No dejaré que os pase nada malo, ni a ti ni a mi hijo.

-Este paquete se mandó desde algún sitio y lo averiguaré.

Una habitación de hotel se cargó a la misma tarjeta que el peluche.

Está a nombre de Irene Salcedo.

Irene Salcedo es la identidad que ha usado Rosalía todos estos años.

-Lucía está embarazada. El niño es un Cortázar.

Lucía dice que no. La prueba de ADN nos lo aclarará.

Para eso debería acercarse a él y yo lo impediré.

-Acaba con la producción de las bodegas.

-Vi a don Gustavo manipular el depósito.

-¿Estás seguro de eso? Señalar a un socio

es una acusación grave.

¿Y esta chapuza? Dejas que asuma la responsabilidad.

-Hay que encontrar un depósito que fermente.

Y es el de los Reverte. Yo puedo convencerlos.

Necesito ayuda con la fermentación. No te pido un favor, te lo exijo.

-No obedecemos órdenes de los Cortázar.

Ese chico no te conviene.

Como mínimo, socorrer a Lorena y no dejarla morir, ¿no?

-Eres un asesino y te juro por mi vida que pagarás por esto, Dani.

-Están fermentando? -¿Cómo lo has conseguido?

-Recordé que las levaduras del cava trabajan en condiciones adversas.

-Aquí no utilizamos levaduras de laboratorio.

Adulteran el sabor del vino. ¿Cómo decides eso sin consultarme?

-Han llamado de la clínica. Te aceptan en el programa.

Ha quedado con Mar esta noche.

Cena romántica en las bodegas.

-No puedo acompañarte, hay un grave problema con la fermentación.

-¿Por qué no has ido? -Creía que estabas con Mar.

-Ya no podrás curarte y todo por tu obsesión con Mar.

-Me lo dijo Carlos. -Tenías razón con Carlos.

Es un miserable, no quiero verlo más.

-Esta caja no estuvo enterrada en sus viñas 40 años.

Averigüe dónde ha estado todo este tiempo

y tal vez encuentre lo que necesita.

Hola, Elvira. -Hola.

Por favor, ¿podrías...?

¿Podrías averiguar a qué empresa corresponde esta etiqueta?

-Sí, don Miguel.

¿Sabes si Emma está aquí? -No, doña Emma no ha venido.

Muy bien, gracias. -De nada.

Enhorabuena, hija, ahora, con las huellas de Gustavo

la coartada de Paula no vale nada.

-Deseo ver su cara cuando se entere de que ha aparecido la pistola.

No tan deprisa.

Hay que esperar.

Una condena por falso testimonio no nos librará de esa mujer.

-¿Y entonces? Tenemos que esperar

antes de enseñar nuestras cartas.

-¿Qué cojones?

¿Mi ropa?

-Cámbiate.

El resto lo tienes en el coche.

-¿Me has hecho las maletas?

-Tómatelo como un último favor.

Y no me mires así, Gustavo.

Ambos sabemos que esto se ha alargado más de lo debido.

Tengo la pistola con tus huellas, así que se acabó.

-Jamás creí que te vería así.

Eres una auténtica hija de tu padre.

-Gracias a eso me voy a librar de ti.

Si aún te queda algo de dignidad, lárgate de esta casa de una vez.

Adiós...

Gus.

Gustavo.

-Vicente, ya ha conseguido lo que quería, ¿qué más quiere?

De momento me conformo con una última conversación.

(SUSPIRA)

Te estoy ofreciendo un buen trato.

-No, me utiliza otra vez para arreglar sus asuntos.

Alguien tiene que sacar la basura

y, en este caso, tú eres el más indicado.

-Son muchos años rodeado de ella.

Eres el único de quien se fía Paula.

-Claro, y se lo pago traicionándola.

No sé si te has dado cuenta de que no estás en situación de negociar.

Bastaría con llamar a Ortega para que te acuse de matar a Manu.

Te aseguro que la haría la mujer más feliz del mundo.

-¿Cómo sé que, si lo ayudo, no entregará la pistola?

No lo sabes.

Tendrás que fiarte de mí.

Durante algún tiempo lo hiciste y no te fue tan mal.

Tranquila, pronto nos habremos deshecho de Paula

y no tendrás que ver más a Gustavo, ni siquiera en las bodegas.

-¿Qué vas a hacer, papá? Hija.

Ya has sufrido bastante con todo esto.

Mejor mantente al margen y descansa.

-Vicente, ¿qué tramas?

-Gustavo se acaba de ir de casa

y ha sido gracias a papá. -No lo dudo.

Tu padre consigue siempre lo que se propone.

Por eso deberías ir con más cuidado.

-Por favor, no intentes enfrentarme a él,

porque papá no lo hace.

No podéis seguir con esta guerra toda la vida.

Esta casa se merece un poco de paz.

Con Gustavo fuera de casa solo me sobráis tres:

Sara, tu hijo y tú.

Yo iría preparando las maletas,

porque a lo mejor no salís por ese orden

¿Cómo he podido estar tan ciega, hija?

Rosalía sabía desde siempre dónde estaba Raúl

y ha consentido que fueras a la cárcel.

No deja de ser una Cortázar.

No le importa mentir y manipular con tal de proteger a los suyos.

Esto no se va a quedar así.

Tengo que hablar con ella. No, si Rosalía se entera

de que sabemos dónde está Raúl, lo avisará.

Él se irá y volveremos a perderle la pista.

Estamos muy cerca de dar con él. Sí.

Debemos ser más listas y aprovecharnos de eso.

¿Y entonces qué hay que hacer?

Voy a ir a hablar con Ortega.

-Tarjetas de crédito, direcciones.

Parece que su abogado se gana el sueldo.

Sí, hemos tenido mucha suerte.

-Es más de lo conseguido por la investigación oficial.

¿Será suficiente para dar con Raúl? -Lo será para reactivar el caso

y para reanudar la búsqueda en Argentina.

¿Cuánto puede tardar?

-No lo sé, como comprenderá,

yo, más allá de este pueblo, poco puedo hacer.

Debe tener paciencia.

Paciencia tengo, lo que no tengo es tiempo.

Hay una fecha para el juicio.

Y cada vez siento a Raúl más lejos.

-Puedo citar a Rosalía Cortázar para que dé explicaciones.

No, no hable con ella, por favor.

Ortega, haga lo que deba hacer,

hable con quien deba, tómese su tiempo,

vaya a los juzgados, pero no le diga nada a Rosalía.

Es probable que avise a Raúl y así lo perderemos para siempre.

Si aprecia a mi familia lo más mínimo,

por favor, no hable con Rosalía.

Es nuestra última oportunidad.

-Lucía, con toda esta documentación...

tengo que emprender las acciones pertinentes.

Claro que...

también...

puedo guardarla en un cajón

y encontrarla dentro de un par de días.

Gracias, Ortega.

-¡Ana!

Ana, espera, por favor.

Ana, déjame que te explique, por favor.

-Dani, no. -Solo quería llevarla a casa.

Insistió en conducir porque yo había bebido,

pero no la dejé.

Y luego me asusté.

Me asusté, salí corriendo, fui un cobarde, vale,

pero, Ana, por favor, necesito que me perdones.

-No puedo, Dani. -Por favor.

No sabes cómo me gustaría dar marcha atrás en el tiempo.

-Ya es demasiado tarde...

para todos.

-Sí, acaban de llegarme.

No, no lo sabe nadie.

Por favor, la próxima vez no me las envíes aquí.

Podría verlo cualquiera.

Se abre la puerta. -Tengo que dejarte.

Bueno, gracias, gracias, adiós.

-¿Algo importante?

-No, nada, nada.

Daniel, hijo,

necesito que lleves este pedido de arrope a la tienda gurmé.

-Ahora no, mamá. No tardas ni 20 minutos.

-Ya, pero tengo cosas que hacer. ¿Qué cosas?

-Cosas, mamá, ¿vale? Todos tenemos problemas.

Encárgate tú, que eres responsable

y sabes actuar en todas las situaciones.

-¡Eh! No le vuelvas a hablar así a tu madre.

-Ni tú a mí, no eres mi padre, por mucho que quieras ocupar su lugar.

Déjalo, Adolfo.

¿Tú puedes llevarlo?

-Sí, claro, un momento.

-Lo siento.

¿Es por Ana? ¿Has hablado con ella del accidente?

¿Y?

-No quiere volver a verme.

Eso es un riesgo que tenías que correr, hijo.

-Eso no me consuela.

Hola.

-Eh.

Mamá ya te ha contado, ¿verdad?

Me ha dicho que Ana y tú lo habéis dejado, ¿cómo estás?

-Ana me daba fuerza para seguir adelante,

para superar lo de Lorena.

No sé qué voy a hacer ahora.

¿Qué ha pasado entre tú y Ana?

¿Tan grave es que no se puede solucionar?

-Si te lo contara, me odiarías.

No digas eso.

Te quiero pase lo que pase, hagas lo que hagas.

Así que confía en mí.

Hola, Ana. -Hola.

Gracias por venir.

-Quiero que me dejéis en paz, por favor.

Dani está sufriendo mucho.

-Lo siento, pero voy a ir a la policía.

Hazlo.

No estoy aquí para evitar que lo hagas.

Pero quiero que sepas cómo es Dani.

Y no es como tú crees.

-La dejó tirada, Lucía.

Se asustó.

Por desgracia, ya no hubiera podido hacer nada por ella.

Ana, sé que lo quieres de verdad.

No te imaginas hasta qué punto ha intentado reparar el daño hecho.

Nuestra bodega está en una situación crítica

y su dinero nos hubiera dado un respiro,

pero él prefirió pagar vuestra hipoteca.

-¿Cómo? El banco me dijo que...

No.

Ana, sé lo que es querer a alguien y estar alejada de él.

El dolor es insoportable.

-No puedes pedirme que perdone a Dani.

Lo siento, de verdad,

pero tengo que hablar con la policía.

-Dime, Lu. He hablado con Ana.

-¿Qué? Lu, ¿por qué te metes?

Escúchame.

Tienes que estar preparado.

Va a denunciarte.

Dani, ¿sigues ahí?

-Sí.

Oye, tengo que dejarte.

Luego hablamos.

Cuelga el teléfono.

Un hombre no consigue todo esto sin ayuda.

A veces te hacen favores y otras, los haces tú.

-Usted es experto cobrando esos favores.

También soy experto en rectificar cuando me equivoco.

Veo que tú has aprendido.

-Le encanta ver cómo nos arrastramos ante usted, ¿verdad?

Pues enhorabuena.

Aquí me tiene.

Demasiado tarde.

Te di una coartada cuando dejaste tirada a tu novia.

Ahora no has querido ayudarme. -Me da igual ir a la cárcel.

Puede que sea la solución a mis problemas.

Pero no quiero que mi madre sufra, no se lo merece.

Eso te honra.

-Dígale a Pablo que traiga el vino cuando quiera.

Tendré el depósito preparado. Gracias, hijo.

Ah, Daniel.

No vuelvas a desafiarme.

La próxima vez no tendré tanta paciencia.

-¿Sí? -Paula, soy Gustavo.

Tenemos un problema. -Dime.

Se van a llevar el mosto para fermentarlo a Bodegas Reverte.

Estoy en las viñas, no me da tiempo. -Mierda.

-Puedes hacerlo tú.

Baja el termostato de los depósitos dos y tres.

Siento no poder llegar, pero es ahora o nunca.

-Depósitos dos y tres, ya me encargo yo.

-Gracias.

Cuelga el teléfono.

-Va a hacerlo.

Siempre he admirado tu capacidad para sobrevivir, Gustavo.

Has hecho lo correcto. -¿Va a deshacerse de la pistola?

Termina lo que has empezado

y ya hablaremos.

Golpes en la puerta.

-Agente Ortega, la hermana de Lorena Garzo está aquí.

Quiere hablar sobre el accidente. -El caso está cerrado.

-Se lo he dicho, pero insiste.

-Me va a estallar la cabeza, ocúpate tú, por favor.

-Ortega, no me moveré de aquí hasta hablar con usted.

-Adelante.

Siéntese, por favor.

¿Qué quiere contarme sobre el accidente de su hermana?

-Daniel Reverte conducía ese coche y la dejó tirada.

Tengo un testigo dispuesto a confirmarlo ante el juez.

-Buenos días, señor Cortázar.

Empiezo a pensar que no puede vivir sin mí, agente.

Con cualquier excusa viene a verme. -Aunque le parezca increíble,

no vengo por usted ni por nadie de su familia.

Vengo por Daniel Reverte.

La señorita Garzo me ha contado una historia interesante

y venía a ver si me la corroboraba. No sé a qué se refiere.

-Me dijo que Daniel conducía el coche en que murió Lorena.

¿Cómo iba a decir yo eso?

Sería perjurio, Daniel estuvo conmigo toda la noche.

-Miente. -Cálmese, por favor.

Entonces, ¿por qué fue ayer a verla?

La única vez que la vi fue con Daniel.

-Ayer hablo conmigo, se lo juro.

-Espero que esto no sea uno de sus juegos.

Ha sido Daniel Reverte, ¿lo ha amenazado?

Entiendo que ha sufrido con la muerte de su hermana.

No tendré en cuenta sus palabras.

Le ruego que no vuelva a molestarme nunca más.

O hablaré con su superior. -No se preocupe.

No será necesario.

Siento haberle hecho perder el tiempo.

Buenos días. -Buenos días.

-¿Deja que se vaya así?

-Yo la creo,

pero si él lo niega, no podemos hacer nada.

-Era mi hermana, tengo que hacer algo.

-Aunque demostrara que Daniel conducía ese coche,

lo condenarían a dos años como mucho

y sin antecedentes penales jamás pisaría la cárcel.

-¿Dice que a mi hermana nunca le harán justicia?

-Hágame caso.

Intente seguir con su vida.

Vamos, por favor.

-Acabo de hablar con la clínica. -¿Y?

-Si no cae nadie de la lista de espera, no menos de tres meses.

-Ya hubo una baja, puede volver a pasar.

-Sí, habrá alguien dispuesto a perder la ocasión de operarse.

-¿Cuántas veces he de disculparme? -No has de hacerlo.

Debes curarte y poner en orden tu cabeza.

-Pablo, lo siento, la que sigue en la silla soy yo.

-Y yo sigo sufriéndolo.

-Pablo, ¡por favor!

Carlos me engañó.

Hola, Sara. -Hola, Vicente.

-¿Le traigo algo, señora? -No.

-¿Y a usted, don Vicente? -No, gracias.

-Váyase. -Sí, señora.

Yo que tú la trataría mejor.

Si no, no quedará nadie en esta casa que te ayude.

¿Qué quieres?

-Se alegra de verme así, ¿verdad?

Veo miedo en tus ojos.

Debe de ser frustrante perder la ocasión de curarte

por un simple ataque de celos.

-No soporto un minuto más en esta silla.

¿Y sabe que si me curo, Pablo sería más feliz?

Usted tiene amigos que le deben favores.

Ayúdeme.

Bastaría con que descolgara este teléfono

e hiciera unas llamadas,

pero no voy a hacerlo.

¿Crees que he olvidado cómo me trataste cuando me dio el infarto?

-Le juro que me arrepiento de aquello.

Ahora no volvería a pasar.

Un escorpión no puede evitar su naturaleza; a ti te pasa igual.

-Carlos, eres despreciable.

Diego, déjanos, por favor. -Sí.

-Tranquilo, ¿eh?

¿Tiene que ver con Mar? -No, con Sara.

Te aprovechas de su situación para manipularla, miserable.

-No sabía que no le habías dicho lo de tu cena con Mar.

-No tenía importancia hasta que se la diste.

Miguel tenía razón contigo. -Miguel, al fin salió el culpable.

Os lava la cabeza. -Sara me lo ha contado.

No te hagas la víctima. -Sara miente.

-No hables de ella nunca más.

Nunca más, ¿entiende?

Y ahora limpia el depósito.

Es a lo único que puedes aspirar aquí.

-¿Quieres que limpie la mierda y los olores?

No, Pablo, no, no dejaré que me humilles.

Tú no eres mi jefe. Pero yo sí.

(CARLOS CARRASPEA) Haz lo que te ha dicho.

-Carlos.

¿Qué te pasa? -Tu jefe, que la paga conmigo.

-¿De qué hablas? -De que por mucho que lo niegue,

está enamorado de ti, ¿no te das cuenta?

-Pablo está casado. -Es un Cortázar.

Los Cortázar lo quieren todo. -Él no es así.

-Desde que sabe lo nuestro me está volviendo loco.

Me hace la vida imposible.

(SUSPIRA FURIOSO)

-Pablo.

No deberías pagarlo con tu hermano.

-Eso es algo entre nosotros dos.

-Solo quería pedirte perdón por lo que pasó anoche.

-No tienes por qué hacerlo. -No se volverá a repetir.

Fui idiota.

Me sentí fatal.

Y te juro que eres la última persona a quien querría decepcionar.

-Salvaste los vinos.

Puede que yo hubiera tomado la misma decisión.

-No me refería a ese tipo de decepción.

Ayer, cuando me hablaste así, me vine abajo

y Carlos supo decirme lo que necesitaba oír en ese momento.

-No será la primera vez que tu jefe te riñe.

-No me sentí mal porque fueras mi jefe.

Creo que tú sientes lo mismo.

Si no es así, dilo y me iré.

-Mar,

no sé qué crees que ha pasado entre tú y yo.

Yo soy un hombre casado.

Y ahora solo me preocupa que Sara se recupere.

-Claro.

-Perdona si te he dado a entender alguna cosa que no debiera.

Por favor, revisa los depósitos seis y siete.

-Claro.

-¿Han dejado algo para mí? -No, para usted no hay nada.

-¿Cómo? El jefe de seguridad iba a dejarme la grabación de la cámara.

-Ah, de los depósitos, sí, acaba de llamar.

Dice que no puede sacar copias, le dejó el original a la Sra. Muro.

-¿A Paula? -Sí.

-¿Está en su despacho? -No, salió.

De nada.

-Gustavo. -Te estaba buscando.

¿Tienes mi dinero?

¿Por qué debería dártelo?

Al final he manipulado yo los depósitos.

-Y lo hiciste bien, pero si no te aviso, no habrías llegado a tiempo.

-Si trabajaras para Vicente no te perdonaría ensuciarse las manos.

-Paula, no trabajo para ti.

Te ayudé con Mendoza, en la votación de la junta y a joder la cosecha.

Ahora me merezco un poco de tu ayuda.

-Y la vas a tener.

Pásate por aquí a última hora.

Tendrás el dinero.

Se cierra la puerta.

¿Tienes la grabación?

-Cuando iba a cogerla, Paula entró en el despacho.

Ahora es imposible, Vicente.

Que trabajes aquí demuestra que nada es imposible.

-Ya me dirá cómo la consigo, está en la caja fuerte.

Te juegas demasiado como para rendirte tan fácilmente.

Abrir la caja te resultará más fácil

que escapar de la cárcel y ahí es donde acabarás.

si no me ayudas a deshacerme de Paula.

-¿Reviento la caja? ¿Eso quiere?

Que pienses por una vez en tu vida.

Siempre deseando ser un Cortázar y no has aprendido nada.

Elvira, la secretaria, tiene una relación con las claves.

Busca entre sus cosas y tráeme esa maldita grabación.

-Estas barricas de aquí son de roble americano.

Gustavo. -¿Qué?

-¿Adónde vas con tanta prisa?

-Eh... a Lasiesta, ¿te traigo algo?

-No, gracias.

-Vale.

Móvil.

Móvil.

Dime, Elvira. -La empresa que me pidió que buscase

es un guardamuebles de Haro.

He llamado y, según el código de la caja,

debería estar en un cuarto alquilado a nombre de su padre.

Hola, mamá.

-Hola, hijo. Tengo que hablar contigo.

-Claro.

Se trata del robo del reloj. Hay algo nuevo.

-Pensaba que Ortega había dejado el caso.

Así es, pero ambos sabemos que papá está detrás de esto.

-Claro, tenemos suficientes motivos para echar a tu padre

sin necesidad de remontarnos a un reloj enterrado hace 40 años.

Te equivocas.

Ese reloj no ha estado este tiempo bajo tierra.

Hay una etiqueta en la base de la caja

Por lo visto pertenece a un guardamuebles de Haro.

Adivina a nombre de quién está uno de sus trasteros.

Vicente Cortázar.

-Eso no puede ser.

¿Se te ocurre que hay ahí?

En ese trastero puedo encontrar algo.

-¿Y qué piensas hacer?

No me esperéis a comer.

-Voy contigo.

Tengo tantas ganas de sacar a tu padre de nuestras vidas como tú,

así que no te dejaré solo. -Mamá, ¿puedo hablar contigo?

-Ahora no, Carlos, salgo con Miguel.

Se cierra la puerta.

Hola, buenos días. -Buenos días.

¿En qué puedo ayudarlo? Buscábamos el trastero 137

a nombre de Vicente Cortázar. -¿Es usted el titular?

No, en realidad es mi padre, pero no tenemos la llave.

-No puedo dejarlo pasar. Sí, verá, eh...

Mi padre falleció ayer.

-Lo acompaño en el sentimiento.

Veníamos a buscar algo muy especial.

Es importante para mi madre enterrarlo con él.

Ya me entiende, no estamos para mucho papeleo.

-Voy a buscar la llave. Gracias.

-Por favor, no tarden. Será solo un momento, gracias.

-Son mis muebles.

Cuando me echó de casa, debió de meter aquí todo lo que había.

Pero si la caja estaba en este almacén, es tuya.

-Miguel, no he visto esa caja en mi vida.

Que estén aquí mis muebles no quiere decir que todo sea mío.

Entonces, el reloj estaba en poder de papá.

-¿Crees que tu padre estaba involucrado en el robo?

Creo que papá contrató a ese hombre

para robar la caja fuerte del abuelo.

-¿Y Adolfo Reverte?

Papá siempre ha sido un experto en quitarse enemigos de encima.

A lo mejor intentó inculparlo.

-¿Y por qué enterraría ese reloj en mitad de las viñas?

No sé.

Es posible que la clave esté en este almacén.

¿Has encontrado algo?

-No.

Habrá que seguir buscando.

Debe de haberle pasado algo, es la única explicación.

En los hospitales no saben nada de él.

-Aviso a la policía.

¿Y si ha caído en una cunera? No exageres, por favor.

Pensemos en positivo. Sí.

-Hola.

Adolfo.

-¿Qué pasa? ¿Dónde te habías metido?

Estábamos todos preocupados.

-Me he dejado el móvil, ¿no? ¿Y con el arrope qué has hecho?

-¿El arrope?

Lo llevabas a la tienda, llamaron para decir que no habías llegado.

-Sí, se ha estropeado el coche antes de llegar.

He tenido que avisar a la grúa.

Estuve en el taller hasta que lo arreglaron.

¿No podías haber avisado?

-Lo siento, no pensé que estuvierais preocupados.

Si quieres, vuelvo ahora. Claro, pero voy contigo

y pido disculpas personalmente.

-De verdad, lo siento, pero pensé que ya sería tarde.

Ya, las cajas están en el salón.

Se cierra la puerta. He pasado por delante del taller.

No estaba allí.

-¿Estás segura?

¿Cuántos talleres conoces en Lasiesta?

-Nos esconde algo, Lu.

Y voy a averiguar el qué.

Móvil.

Móvil.

¿Sí?

Sí, dígame, Ortega.

¿Se puede? -Sí, pase, pase.

-Adelante, siéntese, por favor.

Creí que esperaría unos días.

-Le dije que no interrogaría a Rosalía Cortázar,

no que no investigaría sus cuentas bancarias.

Y ¿sabe?

Se descubren cosas verdaderamente curiosas

analizando los movimientos bancarios de la gente.

¿Sabe dónde está Raúl? -Todavía no,

pero tengo la prueba de que Raúl y su madre han estado en contacto.

Desde que el señor Cortázar huyó,

hay ingresos periódicos en la cuenta de Rosalía por valor de 3000 euros.

Raúl le pasa dinero a su madre.

-Todos los meses la misma cantidad.

En cuanto Rosalía recibe ese dinero, lo saca en efectivo.

Todas las transferencias tiene el mismo concepto, N.A.

¿N.A.? -No aplicable.

Es una fórmula contable.

Quiere decir que, cuando aparece una casilla en blanco,

es porque se ha dejado a propósito, no por error.

-Tengo la forma de encontrar al cómplice de Raúl.

Dime qué tengo que hacer. -En realidad, tú nada.

Había pensado en tu madre. No.

-Rosalía jamás dudaría de ella. Que no.

No meteré a mi madre en esto. Eso lo decidiré yo, hija.

Mamá, ¿has pensado en las consecuencias que puede traer?

La única consecuencia que me importa es tu libertad.

¿Qué hay que hacer?

-Sofía, qué bien que hayas venido.

Necesitaba hablar con una amiga.

Están siendo días muy duros en esta casa.

Te he traído arrope para endulzar las penas.

Está recién hecho.

-Tú siempre pensando en los demás.

Quería agradecerte tu preocupación por el juicio de Lucía.

Sé que no tienes una situación muy cómoda.

-Hago lo que puedo, créeme.

¿Cómo está Lucía?

Tranquila, sobre todo después de las últimas noticias.

-¿Qué ha pasado?

Sé que te va a doler.

El abogado de Lucía ha encontrado un testigo

dispuesto a contar los chanchullos de Raúl.

Le pagaba 3000 euros para mantenerlo callado.

-Tarde o temprano tenía que pasar.

¿Quién es el testigo? ¿Y eso qué más da?

Lo importante es que mi hija podrá demostrar su inocencia

y tener a su hijo en libertad.

-Me alegro mucho por ella,

aunque eso signifique que Raúl puede ir a la cárcel.

Hola. -Doña Rosalía.

Me ha sorprendido su llamada, no es día de pago.

-No lo es...

y no se va a repetir nunca más.

Sé que vas a traicionar a mi hijo. -¿Qué dice?

-¿Cuánto te han pagado los Reverte para que declares contra él?

Yo puedo pagarte más.

-¿Quién le ha dicho eso?

¿Y este dinero? -Mira, no estoy para tonterías.

Deja de hacerte la inocente y guarda el sobre.

Creo que es suficiente para que te quedes callada.

-Esto es una trampa. -Espera.

Puedo pagarte más, pero necesito unos días para conseguirlo.

Solo quiero que mi hijo no vaya a la cárcel.

-No sé quién le ha dado esa información,

pero nunca he hablado con los Reverte.

Me interesa mucho que no me relacionen con su hijo.

Si se descubre que fui yo quien consiguió que el consejo

hiciera la vista gorda con los chanchullos de Raúl,

mi carrera y la de mi padre volverían a irse a la mierda.

-Entonces, si tú no eres el testigo, ¿quién puede ser?

-Nadie más sabía lo que hacía su hijo,

así que tiene que ser un error.

Carlos.

-¿Qué quiere?

Va siendo hora de tener esa conversación que dejamos pendiente.

-Muy bien.

Usted quiere a Miguel fuera de las bodegas tanto como yo, ¿no?

¿Qué tengo que hacer?

Aprendes rápido.

Mientras seas un don nadie, te seguirán tratando así.

-Seré un don nadie mientras Miguel no me deje levantar cabeza.

Lamentarse de que enemigo no te ayuda a triunfar

es un error de novato. -No espero que Miguel me ayude.

Mi madre lo hará.

Si Rosalía tuviera que elegir entre sus hijos bien situados y tú,

no lo dudaría, acabarías fuera de esta casa.

-Usted no conoce a mi madre. Conozco su codicia.

Ponla a prueba y volverás para darme la razón, hijo.

-¿No te vas?

Intentaba decírtelo cuando te has ido con Miguel.

-¿Qué pasa? -Mamá, muchas gracias por todo,

por acogerme, por darme un trabajo,

Lo he intentado de todas formas, pero ya no puedo más.

Me marcho al barrio. -No te vas.

-Sé que es importante para ti tener a tus hijos juntos por primera vez,

pero llevo meses comiendo mierda y no aguato más.

Emma es encantadora y Pablo, hasta que perdió la cabeza.

-Tus hermanos te quieren. -Me quieren fuera de aquí.

Miguel no parará hasta echarme.

Lo consiguió con su padre, no le costará mucho conmigo.

-Hablaré con él. -No, es absurdo.

Solo respeta a los de su altura y yo soy un puto mozo

que se pasa las horas limpiando depósitos.

-Esta vez me hará caso. -No, no juego en su liga.

Hasta a Gustavo lo respeta más que a mí.

-No lo respeta, lo teme.

Tiene demasiado poder. -Igual eso me haría falta.

-¿Crees que si tuvieras un puesto en la empresa, las cosas cambiarían?

-No sé, da igual, de todas formas, ¿quién me asciende? ¿Gustavo?

-Yo soy accionista. -No, mamá.

No te enfrentaré a tus hijos.

No te pondré en ese compromiso. -No es ningún compromiso.

-Te pondrás a Miguel en contra. -Haré cuanto esté en mi mano

para que esta familia siga unida.

Por favor.

-Está bien, pero no pienso aguantar una orden más de Miguel nunca más.

-Nunca más, ya verás.

Sara. -Miguel, necesito hablar contigo.

Sara, si quieres que medie entre tú y Pablo...

deberíais arreglarlo entre vosotros.

-Una ventaja de ir en silla de ruedas es que no oyen tus pisadas.

Se oyen cosas interesantes,

al menos para ti. No sabía que te preocupases por mí.

-El único que me importa en esta casa es Pablo.

No quiero que le quiten lo que es suyo

y menos ese niñato.

Carlos.

No consentiré que manipules a nuestra madre.

-No sé de qué hablas. Lo sabes.

Aquí podrás engañar a todos, pero a mí no.

Conozco a los que actúan como tú.

También he sido así. -¿Cómo, Miguel?

Ambicioso. -Sí, algo he oído

y que dejaste a gente en el camino para conseguir lo que querías.

Mónica, Paula...

Incluso, por tus batallas familiares perdiste una hija.

Vamos, vamos, pégame.

Pégame si tienes huevos.

¿Eh? Así quitaste de en medio a Jesús Reverte, ¿no?

-¡Miguel, para!

¿Estáis locos?

-¿Estáis? Emma, por favor, déjanos en paz.

-No, Miguel. Vete.

No va a pasar nada.

¿Verdad? -No lo sé.

Tienes un trabajo y un sueldo, más de lo que te mereces.

Hazme caso y confórmate con eso.

Por tu bien.

-La cómplice de Raúl era Nuria Asensi.

¿La hija del antiguo presidente del consejo?

Nuria Asensi, N.A.

Lo hemos tenido todo este tiempo delante.

Claro, ahora falta que esa chica testifique que ayudó a Raúl.

Y no lo hará, ¿verdad? -Eh.

¿A qué viene eso?

Te creía contenta con los avances que hacemos.

Y lo estoy, Marc.

Todavía no hemos encontrado nada que inculpe a Raúl.

Me parece que estamos como al principio.

-¿De verdad lo crees?

Esos son los movimientos de la cuenta de Rosalía.

¿Sabéis qué? He encontrado el sitio desde donde Raúl manda el dinero

para pagar a Nuria.

Banco Federal de Buenos Aires. -Contando con la suma de hoy

a la cuenta de Rosalía, seguro que ahí tiene el dinero que robó.

Lucía, si accedemos a esa cuenta,

podemos demostrar lo que queríamos,

que Raúl se llevó el dinero de vuestra bodega.

¿Sabes eso qué significa?

Que no iré a la cárcel. -Mejor avisemos a Ortega.

Voy a llamarla.

Esto hay que celebrarlo, hija.

Pero antes tengo un asunto que resolver.

-Sofía.

No te acerques a mi familia nunca más.

¿Está claro? -¿A qué viene esto?

Me has mentido todo este tiempo. Te has aprovechado de mi amistad

para ayudar a tu hijo Raúl. -Y tú me has tendido una trampa.

Y tú...

has caído. -Eres madre, tienes que entenderme.

Tú habrías hecho lo mismo. No, Rosalía.

Si mi hija fuera culpable, jamás habría permitido

que tu hijo pagara por ella. -Raúl está pagando por sus errores.

¿Cómo?

¿Dándose la vida padre con el dinero robado a la bodega?

Por Dios, Rosalía, no defiendas lo indefendible.

Mi hijo siempre desconfió de Raúl,

porque decía que era igual que su padre.

Qué equivocado estaba.

Raúl ha salido a ti, Rosalía.

Eso es mucho peor.

Parece que tu reinado en esta casa toca a su fin.

-¿De qué hablas? Sabes bien a qué me refiero.

Sofía te vuelve la espalda,

pronto se sabrá qué hay detrás de esa caja

y, por si fuera poco, eres incapaz de defender a tus hijos.

-Gracias, mamá.

Imagino que no esperamos a Carlos.

Nos has reunido para hablar de él. -Miguel.

Mamá, no cambiaré de opinión por un té con pastas.

-Carlos solo quiere integrarse.

Vosotros lo humilláis como si fuera un extraño.

Desde que llegó, ha amenazado las bodegas una y otra vez.

Por su culpa, este año le vendemos a Mendoza a mitad de precio.

-Solo quería ayudar, quizá no lo hizo de la mejor manera.

-Mamá tiene razón, Miguel.

Ha hecho lo que creía correcto, nada más.

-¿Y con Sara? ¿También crees que hizo lo correcto?

-Digo que está trabajando duro para lograr lo que vosotros tenéis

desde que nacisteis. Por eso te ha pedido

que lo devuelvas a las oficinas, ¿verdad?

-¿Te lo ha pedido? -No me lo ha pedido.

Se lo he ofrecido yo.

Solo quiero que seamos una familia, ¿es tan difícil?

-Mamá, déjalo.

No es que sea difícil,

es imposible. -¿Qué te ha pasado?

-Nada, un accidente en la bodega. -¿En la bodega?

-Sí, Emma, en la bodega.

-Miguel. -¿Qué está pasando aquí?

Ay, qué cabrón...

¿No creerás...? -¿Qué, Miguel?

-Mamá, se le fue de las manos, le pasa a cualquiera.

No le he puesto la mano encima. Solo quiere enfrentarnos.

-¿Crees que esto se puede fingir? -Claro que sí.

Eres capaz de eso y mucho más. -Pero, Pablo...

-Mamá, Miguel sería incapaz de hacer eso y lo sabes.

-No, no lo sé.

Estoy segura de que no trataréis jamás a Carlos como un hermano

a no ser que lo veáis como un igual. ¿Quieres decir?

-Digo que si para que lo respetéis tiene que estar a vuestra altura,

le cederé mis acciones.

Así habrá un sitio para él en la junta.

Muy bien.

No, retrasa el envío hasta que haga la transferencia.

Ese muchacho es como una plaga.

Se ha extendido por las viñas y ha llegado hasta la bodega.

En cuanto hueles la desgracia ajena corres a sacar provecho.

Miguel, no soy como tu madre.

Tarde o temprano se percatará de su error.

Cuando Carlos tenga sus acciones y sea demasiado tarde.

No conoces a tu madre.

Es egoísta, por eso se fue de esta casa y os abandonó.

No le importa lo que te pase. Y a ti sí.

Yo al menos no dejaré que un nieto mío nazca en una cárcel.

Rosalía está en contacto con tu hermano Raúl, desde que huyó.

Podía haberlo entregado a la policía, pero no lo hizo.

No le importa que Lucía vaya a la cárcel.

Otra vez por su culpa...

No soy el único que lo sabe.

No hace falta que vengas a controlar tu vino.

Está en las mejores manos. No es eso.

Acabo de saber que mi madre ha protegido a Raúl todo este tiempo.

¿Es verdad?

Sí.

No sé por qué te extraña; los que vivís en esa casa sois así.

Lo siento, si lo hubiese sabido... ¿Qué?

¿Me habrías dicho dónde estaba o lo habrías convencido

de que se entregara? Sabes que sí.

Ya no sé nada, Miguel.

Si estás aquí, es porque crees que hay algo más.

Mira, estoy harto de estar constantemente alerta,

de desconfiar de todo el mundo,

de no saber quién soy.

¿Y qué puedo hacer?

¿Me lo preguntas en serio?

Para sobrevivir a ellos

piensa como un Cortázar y actúa como un Cortázar.

Gracias.

Amelia, ¿ha visto a mi madre?

-Le subo sus cosas al dormitorio, ¿le digo algo?

No hace falta, ya lo subo yo.

-Gracias, señor.

-Creía que aún no habías llegado. -No perderé un segundo más aquí.

¿Tienes lo que me prometiste?

-Supongo que será suficiente.

-Más que suficiente.

Espero que no nos veamos en mucho tiempo.

-Sí, y yo.

Ahora ya puedes huir. -No huyo.

Me marcho, que es distinto.

A ver cuándo terminan contigo los Cortázar sin mi ayuda.

-No te creas tan importante, Gustavo.

Sé cómo acabar con lo que más quieren los Cortázar.

Nunca pensé que deberías rendirte ante ellos.

Creía que eras más hombre.

-¿Te demuestro lo hombre que soy? -No te esfuerces, Gustavo.

Emma me habló alguna vez de tus problemillas en la cama.

-¿Qué cojones de problemas?

-Ya sabes que las mujeres nos lo contamos todo.

Pero no te preocupes, les pasa a todos los hombres.

Bueno, no a todos.

-¿Qué quieres, Paula?

-Lo mismo que llevas deseando tú desde hace mucho tiempo.

Que me folles.

Gustavo, yo no soy Emma.

-Huy, perdón.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-¿Pasa algo?

-No, nada, nada.

-Limpien también mi despacho.

Y esmérense más, no tengamos que cambiar de empresa de limpieza.

-Muy bien, señor.

Espero que tengas una buena razón para hacerme esperar tanto.

-Eh... pues... Pues ¿qué?

-Que Paula ha entrado cuando iba a coger el CD

y hasta que no se ha marchado no he podido colarme en el despacho.

¿Y?

-Aquí está.

¿Estás seguro de que es el auténtico?

-No había otro, es imposible equivocarse.

Como ya te dije, que sigas en la bodega...

-Sí, ya lo sé, Vicente, eso demuestra que nada es imposible.

Todos aprendemos las cosas a fuerza de repetirlas,

hasta los perros.

-¿Qué va a hacer con eso?

El vino Cortázar está turbio.

Voy a utilizar esto para dejarlo limpio y brillante.

Campanada.

Campanada.

-¿Qué hace usted en mi despacho?

-Varios conocidos me dicen que anda metiendo las narices en mi pasado.

-No me ha contestado la pregunta.

-Porque empiezo a estar cansado de ellas.

-Muy bien.

Siéntese.

(SUSPIRA)

Usted fue sospechoso de un robo que nunca se resolvió.

Sinceramente, hay cosas que no me cuadran.

Empezó usted como jornalero para los Cortázar

y en poco tiempo

ha prosperado mucho.

-Nadie me ha regalado nada.

-¿Ah, no? Entonces, ¿cómo se explica que un humilde temporero

consiguiera el dinero para montar su propia bodega

nada más salir del calabozo?

-Si lo que quiere Ortega es ponerme nervioso, lo está consiguiendo.

Me acaba de amenazar con llamar al juez.

-No puede demostrar nada.

-Yo no lo tengo tan claro.

Y te lo advierto, Rosalía,

si me sigue molestando,

tiraré de la manta.

-No te precipites, Eusebio.

-No pienso cargar con esto yo solo.

-No vas a cargar con nada. El delito ha prescrito.

-¿Y qué pensarán nuestras familias si se enteran, eh?

¿De verdad te sientes orgullosa de lo que hiciste?

Yo cumplí con mi parte del plan.

Me jugué mucho entrando a robar en esa casa.

-No lo hiciste por mí, Eusebio, lo hiciste por dinero.

-Y a pesar de todo, nunca te delaté.

Rosalía, ya no soy el crío que conociste.

Ahora tengo una familia y una empresa.

No voy a ponerlos en peligro por encubrirte a ti.

-Confesando un delito no les harás ningún bien.

Sé cómo solucionar esto sin mancharnos las manos.

Solo tienes que hacer una llamada y Ortega dejará de molestarte.

-Buenos días, madrugadora. -Tú también has madrugado.

Es la primera vez que te veo aquí tan pronto.

¿Qué tal la mano? -Bien.

¿Sabes que hoy será un gran día? -¿Qué pasa hoy?

-Hoy se hará justicia y tú y yo lo celebraremos.

Mar, se acabó el limpiar depósitos.

Se acabó aceptar órdenes de Pablo y Miguel.

Si tú quieres, también se acabó para ti.

Vales demasiado para estar ahí encerrada.

-Carlos, me voy. -¿Adónde?

-Voy a presentar mi dimisión. Me vuelvo con mis padres.

-¿Qué dices? ¿Y nosotros?

-Lo de la otra noche fue... una tontería.

-¿Estás segura? -Sí.

-¿Qué?

No me mires así, Miguel.

Cuanto antes asumas que somos hermanos y socios, mejor.

No cantes victoria antes de tiempo.

Nuestra madre acabará sabiendo cómo eres.

-Ya sabe cómo sois vosotros y aquí sigue.

Si no, mira a Pablo,

tonteando con su ayudante con su mujer enferma.

O tú, ¿te recuerdo tu historial?

Vamos, Miguel, dime.

¿Cuántas veces me tengo que partir esta mano para llegar a tu altura?

-Miguel.

Lo he oído.

Siento mucho haber desconfiado de ti.

-Mamá, ¿qué haces aquí? Pensaba que estabas con el abogado.

-¿Quieres que te ayude? -¿Como cuando era niño?

-Es evidente que ya no eres aquel niño.

¿Por qué lo has hecho? -¿Hacer el qué?

-Acusar a tu hermano de haberte pegado.

-Siento que te hayas enterado.

-Miguel no te pegó.

-¿Qué? ¿Te enseño los informes médicos?

-Se lo has reconocido a él en la bodega.

-Eso te ha dicho, ¿no? -He sido yo.

-Otra que se cree sus mentiras. -No, te oí cómo se lo decías.

-Haz tu maleta.

-Mamá, tienes que creerme, son como hienas.

Están de acuerdo para comerme el terreno.

-Sabes que no miento, Carlos. -Mamá, mírame.

¿La crees a ella antes que a mí?

-Será mejor que te vayas de esta casa.

No me gusta en lo que te estás convirtiendo.

Buenos días, Elvira. -Buenos días.

Don Miguel, Mar Azpeitia ha dejado este sobre para usted.

Gracias. -De nada.

Pablo.

Tienes que ver esto.

Es la dimisión de Mar.

La ha dejado en recepción.

-Muy bien, Mar se ha ido, no pasa nada.

Al menos, las fermentaciones están resueltas

y el depósito de los Reverte nos salva la añada.

Ya encontraré otro ayudante. Eso, o puedes pedirle que vuelva.

-Si se ha ido es que no está a gusto.

Pablo, no hablo de trabajo.

Si realmente la quieres, no hagas como yo.

No hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

-No es tan fácil. Ya.

Su tren sale en media hora.

-Gracias.

(TV) «-La mayoría de los conductores españoles

nos sentimos seguros cuando vamos al volante.

Por eso nos creemos que somos los mejores de Europa,

solo por detrás de los alemanes.

-Me considero buen conductor.

-Somos buenos, somos buenos.

-La sorpresa es que nuestros vecinos no nos ven igual...».

Se abre una puerta.

Se cierra la puerta.

Las copas están en el armario del fondo.

-Disculpadme, ¿el tren que sale...?

-Pablo.

He llegado tarde, pero voy a coger el siguiente.

-Mar, no te vayas, por favor.

-No, es mejor así.

No quiero complicarte la vida. -No.

Soy yo el que se la complica.

No puedo más, Mar.

Mi vida con Sara es mentira.

Estoy con ella porque me siento culpable.

Eso no es bueno para ninguno de los dos.

No la quiero.

Te quiero a ti.

Te quiero a ti, Mar.

Teléfono.

Teléfono.

Teléfono.

-¿Sí?

Sí, Elvira, dígale que voy para allá, gracias.

¿Qué hace usted aquí?

Preparando mi regreso. -Miguel no lo consentirá.

Pero tú sí.

-Si cree que firmaré la cesión de mis acciones así como así,

está llevando la vejez peor de lo que pensaba.

Ay, solo intento hacerte un favor.

Si el resto de los accionistas descubriera...

que has boicoteado la fermentación del vino,

te expulsarían de la junta y además emprenderían acciones legales.

Volverías al psiquiátrico de donde te escapaste,

puede que esta vez para siempre. -¿Cómo demostrará que fui yo?

Gustavo.

Pon eso.

-Gustavo, ¿puedes congelar la imagen, por favor?

Gira la pantalla.

Puede quedarse con la grabación y tú, con el dinero.

Ahora que no tienes aliados te hará más falta que nunca.

Anime esa cara, Vicente.

Si quiere volver a la bodega a mi costa,

debería acostumbrarse a perder. No se lo voy a poner fácil.

-Vicente... No digas ni una palabra.

Ahórrate las explicaciones para Ortega.

¿Buscas esto?

Creo que va siendo hora de que me cuentes la verdad.

Mamá sabe dónde está Raúl. Ortega habla con ella.

-No puede acusarnos de nada.

-Coge tus cosas y lárgate.

-Sacrificas al hijo pobre para quedarte en este mundo de ricos.

Si esta llave puede destruirnos,

¿por qué querría que la encontrásemos?

¿Qué pasó seis años después del robo con mi padre?

-Vio el reloj en mi muñeca.

Así descubrió que había entrado a robar en su casa.

¿No le pidió él que entrase? -Fue su madre.

-Necesito dinero para marcharme cuanto antes.

-Adolfo, ¿vienes a robarnos también?

Necesito que me perdones. -No me pidas perdón a mí.

-Me costó la vida, no dejes que te cueste también la tuya.

Te dije que se sabría todo lo que has ocultado.

-Tendrás que dar explicaciones. -Lo que hice fue por vuestro bien.

-Sara, no puedo más con esto.

-No vas a dejarla. -Sí, Mar, voy a dejarla.

-Sé lo que te traes con mi marido. Ven a casa y hablamos.

-¿A tu casa? -No se lo digas a Pablo.

Quiero hablar antes con él. ¿Qué hace aquí esto?

-Gustavo se ha ido, me dijo Paula que ha vendido las acciones.

-Con tus acciones y suerte, los Cortázar dejarán de ser un problema.

-Gustavo creía que llevaríamos a la policía algo que le hiciera daño,

pero mi padre ha decidido no hacerlo.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 32

11 feb 2013

Después de colocar las huellas de Gustavo en la pistola que dio muerte a Manuel, Emma tiene a Gustavo totalmente a su merced, y está dispuesta a pagarle con la misma moneda: una sola llamada a la Policía y Gustavo estará hundido. Don Vicente, en cambio, tiene otros planes¿ no quiere deshacerse tan rápidamente de su yerno.

 Miguel continúa investigando el misterio del reloj hallado en las viñas, ahora sin la ayuda de Ortega que ha quedado fuera del caso. Pero Miguel consigue una nueva pista.

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  1. Aldo

    Me auno al sentir de los espanoles e hispanos viviendo en USA, me parece que RTVES deberia informarnos a los usuarios de las limitaciones que tienen al exponer sus capitulos de la Gran Reserva, no se si el CEO de RTVES considere un claim legitmo, pero con la propaganda que hacen que son la primera cadena de RTV en Europa y que solo compiten con CNN ya deberian haber resuelto este mini problema, al no poder exhibir desde el Capitulo 32 hacia adelante, no se como se sentiran los actores principales como Don Vicente que no lo pueden pasar en pantalla en USA. Ahora estoy viendo CCTV de China con capitulos completos Atentamete, Aldo

    26 mar 2013
  2. Victoria

    A partir del capitulo 32 ya no puedo ver los episodios!! Que pasa? Vivo en Denver, Colorado no me dejen asi por favor! Es una pena que ya no se pueda ver nosotros seguiamos la serie semana tras semana.

    13 mar 2013
  3. Leo

    Es una pena y una vergüenza. Ya nos podemos esperar cualquier cosa de este gobierno que parece mas bien enemigo de los españoles. Aquí en EU no se trata de derechos, sino de que aun queriendo pagar, si así fuese el caso, no hay donde verla. Seguro una o dos cadenas la transmiten pero no hay acceso en todos los sitios.

    08 mar 2013
  4. RTVE.es

    Desde hace unas semanas no es posible ver a través de RTVE.es los capítulos de Cuéntame cómo pasó en Estados Unidos y Canadá. RTVE está obligada a geobloquear en su web la emisión de algunos programas en determinados países para cumplir sus compromisos contractuales. Lamentamos los inconvenientes que esta situación les pueda ocasionar http://www.rtve.es/television/20130218/emision-cuentame-como-paso-estados-unidos-canada/609111.shtml

    04 mar 2013
  5. aynsj

    Cada vez somos mas los obligados a vivir fuera de Espana y el hecho de que se nos limite incluso el acceso a cualquier serie o programa es inadmisible. Antes podia ver toda la television espanola desde mi televisor. Compre uno "inteligente" precisamente para gozar de la television espanola publica sin tener que pagar aqui cable. Pasados dos meses, ya no pude acceder a los programas. Ahora se restringen tambien mediante el ordenador... Esto es una verguenza pero parece ser que nuestro pais esta ya curado de espantos y es incapaz de ver las nefastas consecuencias que esto acarrea culturalmente.

    04 mar 2013
  6. Vivian

    Como es posible que podamos ver unos capitulos y otros no. No entiendo estos motivos para los que viven en EEUU y Canada. Deberian hacer todo lo posible por resolverlo ya. No es justo.

    28 feb 2013
  7. Indignada desde EEUU

    Es decir, que según la explicación de RTVE, a los espectadores en EEUU se nos restringe el acceso a ciertos contenidos, no así a espectadores desde otros países como Argentina o Alemania. Cómo se puede permitir esto en la televisión pública española? Lo más ridículo es que no podemos acceder ni a los capítulos de Españoles en el mundo rodados en San Diego o Utah...Qué derechos tendrán las compañias de cable americanas sobre estos programas?? Esto habría que denunciarlo en la prensa.

    28 feb 2013
  8. MELVIN

    MELVIN Me parece una falta de respeto y un atropello con todo los espanoles que vivimos en USA, que nos ponen a seguir la serie durante messes y en el mejor momento nos niegan el acceso. Esto nos hace perder el orgullo que sentiamos por lo que creiamos que era la tele de todos. Muchas gracias directivos de RTVE

    26 feb 2013
  9. Rossana

    muy mal q no los podamos ver en Estados Unidos!!!!! yo soy super fan de RTVE y sus series. Ya vi Isabel, Herederos, Abuela de Verano, Aguila Roja (q desaparecio de repente) Un Pais para Comerse y estaba viendo hasta hace poco Gran Reserva. :( Espero poder terminarla de algun modo

    25 feb 2013
  10. mari merche

    POR FAVOR, HAGO INCAPIE EN QUE OS FIJEIS EN LA RESPUESTA QUE TVE LE DIO A UNA FAN DE GRAN RESERVA (no estoy enojada con nadie, es para que leais dicha respuesta: a , Debora Galan, el jueves pasado ( 21 de Febrero del 2013 ): ========================================="" Aqui tienen la explicacion que me dieron cuando hice comentario en la pagina de Facebook. Gran Reserva: Hola, Debora. Por cuestiones de derechos, ya no podemos dar acceso desde Estados Unidos. Los derechos corresponden a los distribuidores loclaes de cable. Lo sentimos. Saludos ========================================

    24 feb 2013