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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-Esto es lo único que hemos encontrado.

Es mi abuelo, Alejandro Cortázar, fíjese en el reloj que lleva.

Es el mismo, ¿no? -Has sido tú quien ha enterrado

el reloj en las viñas y ha avisado a la policía.

-Es uno de los objeto desaparecidos en esta casa

en octubre de 1967. Creo que fue cuando murió

mi abuelo. Sé lo del secretario,

no puedes dejar tu vida en manos de ese cretino.

Para ganar hay que esforzarse, hay que arriesgar.

Sin cadáver no hay delito y sin delito estás libre,

los días de Gustavo están contados. -He visto a unos gamberros

en las tierras de los Cortázar, ¿podrían enviar un coche patrulla?

-No puede ser, se acabó, papá, estoy perdida.

-Ay, llegáis tarde y engañados, la de vueltas que da la vida.

-Joaquín creerá lo que yo le cuente.

Bueno, pues a ver cómo le explicas esto.

-¿Qué broma es ésta, Miguel? -Eso me pregunto yo, Paula.

-Joaquín me llamó desde el hospital antes de morir.

Me contó todo y me pidió el teléfono

que llevó mi divorcio. -Está dispuesto a declarar

que mi marido iba a desheredarme en favor de sus sobrinos

horas antes de morir. -¿Qué quieres?

-Que deje en paz a Paula y que no apoye

a los sobrinos de Belmonte.

-¿Me estás amenazando? -Tenemos que asegurar

nuestra permanencia en la empresa, cuando todo sea nuestro,

no te importará haber perdido clientes por el camino.

-Es peligrosa, ella y su gente y yo no quiero seguir con ellos.

Busca otra bodega, hay mucho dinero en juego.

-Tenemos un trato. Voy a firmar con otros,

los Reverte me han hecho una oferta que no puedo rechazar.

-¿Se puede saber cuál? Tu juego sucio es increíble,

has bajado los precios hasta la ridiculez

para robarnos a Mendoza. ¿Cómo se te ocurre bajar tanto

el precio del contrato? A partir de ahora

dependerás de Pablo. -¿En el laboratorio?

Empieza la vendimia, necesitamos mano de obra.

-¿Todos saben que me engañas con esa?

-Entre ella y yo no ha pasado nada, absolutamente nada.

-Demuéstrame que no significa nada para ti, despídela.

-Tengo que decirte algo. -Tengo una sorpresa para ti.

Perdona que te haya cortado, ¿qué ibas a decirme?

-No me acuerdo. -¿La has despedido?

-Sí.

-Mamá, Lu, tenemos visita. Adolfo...

-40 años y estás tan guapa como entonces.

Adolfo Reverte. -Aléjate de mi familia.

¿De quién quieres que me aleje, de tu familia o solo de Sofía?

Te juro que como sigas haciendo daño a mi familia o a mi negocio

vasa pagar por la muerte de Jesús Reverte.

-Vengo a contarte algo que puede que te interese,

es sobre la muerte de tu padre, no fue un accidente, Daniel.

Sí, Elvira, necesito que retrases la junta de accionistas.

-Voy a hablar con él. -Que no, mamá, déjalo estar.

(HABLAN DE FORMA INCOMPRENSIBLE)

¿Hablas tú con ellos? Vale, gracias.

-Que no, que me dejes, que yo hablo con él.

¿Podemos hablar un momento, Miguel?

Claro, mamá, ¿pasa algo?

-Tu hermano Carlos me ha dicho que lo has mandado

a trabajar a las viñas.

Ya, bueno, verás, tampoco ha sido una decisión fácil para mí,

pero creo que es lo mejor. -¿Y ya está?

¿Eso es todo lo que piensas hacer por tu hermano?

Carlos es muy joven y puede que no estuviera

preparado para negociar con Mendoza.

Está arrepentido. De las pocas cosas buenas

que aprendí de papá es que para crecer en este negocio

hay que empezar desde abajo, manchándote las manos de tierra.

-Estás siendo muy injusto, Miguel, Carlos no dejó su trabajo

para acabar de jornalero. Y no lo ha hecho,

cuando termine la vendimia los jornaleros se irán

pero él puede seguir en la bodega aprendiendo, a no ser

que tenga algún problema. -Absolutamente ninguno,

mamá, Miguel tiene razón.

Me dieron una oportunidad y fallé, eso es todo.

Si tengo que demostrar lo que valgo en el campo, lo haré.

Vengo de la construcción, esto no va a ser peor, ¿no?

-¿Seguro? -Sí, ¿tú sabes el dinero

en corbatas que me voy a ahorrar?

-Gracias, Miguel, por esta segunda oportunidad.

Llaman al timbre.

-Ya, ya abro yo.

-Tenías razón, tengo que mejorar.

Y voy a mejorar para ser tan bueno como...

Como dicen que eras tú antes de perder la memoria, claro.

Que tengas mucha suerte en tu primer día.

-Ortega, no la esperábamos. -Pues me alegro,

porque de lo contrario podría pensar que han puesto

micrófonos en mi despacho.

-¿Y quién le dice que no lo han hecho?

De Vicente se puede esperar cualquier cosa.

-No me tire de la lengua.

-¿En qué puedo ayudarle, agente?

Se cierra una puerta.

-Papá, ¿tú crees que Gustavo está preparando algo?

Es él quien tiene que temernos a nosotros, no nosotros a él.

Ese cerdo no se va a convertir en un lobo por mucho

que aprenda a aullar.

-¿Y si lleva a Ortega hasta el cadáver de Manu?

Aprende de tu enemigo, no lo olvides nunca,

él se convirtió en tu sombra y no le salió mal.

Haz tú lo mismo.

No le quites el ojo de encima, busca entre sus cosas,

tiene que haber algo que nos lleve hasta el cuerpo.

-El cadáver debe estar ya muy lejos de aquí.

Pero no se lo habrá llevado en brazos, busca en su coche.

Tiene que haber algo.

Llaman a la puerta.

Adelante, Rosalía, no molestas.

-¿Todo bien?

Sí, perfectamente.

-No hablaba contigo.

-Sí, todo bien, mamá.

-La agente Ortega está abajo.

-¿Ha preguntado por mí? -No, hija, Ortega no suele

perder el tiempo con inocentes.

Vicente, te espera en el salón.

¿Todo esto por un simple reloj? -Eso mismo dijeron mis superiores,

al menos hasta que les conté que ese simple reloj

había sido robado y que alguien se ha preocupado que lo encontremos

40 años después.

-¿Alguien?

¿Quién? -Pues no tengo la menor idea,

es lo que tienen los anónimos, que no vienen firmados.

Esperaba que ustedes me pudieran ayudar.

¿Nosotros? Le aseguro que en esta casa tenemos

problemas mucho mayores que el agente Ortega.

-Bueno, esta es una de las pocas cosas

en las que mi exmarido y yo estamos de acuerdo.

-Vaya, veo que se van entendiendo mejor.

Sí, mucho mejor. De verdad que envidio

su capacidad deductiva.

-Bueno...

Pues, obviamente, los informes de este caso son viejos,

están incompletos y además hay algunas lagunas.

Su hijo Miguel me dijo que su padre había fallecido

en octubre de 1967

y sorprende la coincidencia con la fecha del robo.

Sí, el robo fue el día que estábamos enterrando

a mi padre, mientras la familia estaba en el cementerio.

-¿Estaban todos juntos en el cementerio?

-Sí, claro.

-¿Y usted, don Vicente? Sí, sí, sí, la casa estaba vacía.

Aquel sinvergüenza lo sabía y se aprovechó de eso.

Hubo un sospechoso, Eusebio Burgos.

-Sí, pero nunca llegaron a presentarse cargos contra él.

No había pruebas y quedó libre.

-Ya.

¿Y hay algo más que crean ustedes que puede ayudarme?

No, no, no, por mi parte no hay nada.

¿Y por la tuya, Rosalía? -No, nada.

-Bueno, pues esto es todo, muchas gracias.

¿Podría devolverme el reloj de mi padre?

-Lo siento, pero por el momento lo necesito,

pero no se preocupe, yo se lo devolveré.

La verdad es que está usted colaborando mucho en este caso,

señor Cortázar, y no sé si eso es bueno o malo.

Con usted es imposible acertar, ¿eh?

-No se crea.

-¿Qué haces aquí? -¿Qué? Nada.

-Ya, tú me has visto cara de gilipollas.

-Te estaba buscando para preguntarte por la pecera.

-¿Qué? -Sí, estaba pensando

en regalarle algo así a mi padre.

-¿Tu padre? Tu padre el único animal por el que

ha sentido algo de cariño en su vida ha sido por él mismo.

-No sé, puede que sea una tontería.

-Buscaré otra cosa.

-Elvira, si me llama alguien pásamelo al móvil de empresa.

-El único que tiene.

(GPS) Por favor, introduzca destino.

Opción, menú principal.

Preferencias del sistema.

Buscar, mis favoritos, últimos destinos.

Ha seleccionado últimos destinos.

-Elvira, ¿has visto las llaves de mi coche?

-Claro, las cogí yo para dar una vuelta.

-Estúpida.

Pasos.

-Papá, te estaba buscando. Estoy eligiendo el vino

que voy a tomar en la comida de hoy, es una de las ventajas

que tiene el calado haya quedado en mi parte de la casa.

-He estado en el coche de Gustavo. ¿Y has encontrado algo?

-En el coche no.

Pero creo que en el navegador sí, he estado mirando

las últimas rutas y el día que desapareció el cadáver de Manu,

Gustavo se fue desde la viña vieja hasta un lugar apartado,

cerca de la dehesa de San Cipriano. Muy bien, sabía

que no me fallarías.

-¿Y ahora qué vamos a hacer? Pues seguir esa pista.

Sin cadáver no hay asesinato y sin asesinato,

Gustavo está perdido.

-¿Te vas? -Sí, creía que dormías,

no quería despertarte.

Casi no he dormido en toda la noche.

-Mira, llego tardísimo al trabajo y tengo una junta de accionistas,

intenta descansar un poco.

-Pablo, ¿estás enfadado conmigo?

-¿Por qué tendría que estarlo?

-Porque te pedí que despidieras a Mar.

-Mira, lo importante es que... Tú te sientas bien ahora.

-Podrías contratar otro ayudante. -Ya, bueno, ya veremos.

Teléfono.

-¿No contestas? -No, no, es igual, tengo prisa.

-Cariño...

No me has dado un beso.

Teléfono.

-Bodegas Cortázar, dígame. -Elvira, soy Sara,

la mujer de Pablo, ¿podría hablar con Mar,

su ayudante? -No la he visto hoy.

-¿Sabes si va a volver? -Bueno, supongo que sí,

aunque en esta empresa una nunca sabe.

-Ya...

¿Puedes dejar un recado? -Si no hay más remedio...

-Gustavo.

¿Podemos hablar?

-¿Qué pasa, tienes otra idea para ponerme en el precipicio?

-Aquí no, acompáñame.

-Espero que sea importante, tengo muchas cosas que hacer.

¿Qué es eso? -La forma de conseguir

mucho dinero. -Ya.

-Pero, bueno, si tú no quieres tendré que buscar a alguien

a quien sí le interese.

Supongo que el que ha nacido para servir, ha nacido para servir.

-Un plan de vendimia.

-Con el que vamos a duplicar los beneficios de todo un año.

-Sí, claro, lo que no se les ha ocurrido a los Cortázar

en 30 años se te ocurre a ti en un mes.

-Paula, no podemos bajar el sueldo a los trabajadores

ni recortar en medidas de seguridad,

esto es una gilipollez. -Somos los dueños de la empresa,

podemos hacer lo que queramos.

Gustavo, te conozco, si sigues con los Cortázar

no es por síndrome de Estocolmo, tú quieres dinero.

Y con este plan vas a tener muchos beneficios.

Solo necesito que me apoyes en la junta de accionistas

dentro de media hora.

Juntos sumamos un buen número de acciones.

-Los dos solos no podemos hacer nada, somos minoría.

-Puede que falte algún accionista que esté demasiado ocupado

dando explicaciones.

-¡Eres un hijo de puta! ¿Qué pasa?

-¿Mataste a mi padre?

Tranquilo, déjame que te explique. -¿Mataste a mi padre o no?

No recuerdo nada, ni siquiera sé si es verdad.

-¿Me tomas por idiota, no? Daniel, yo aprecio a tu familia,

sería incapaz de haceros daño.

-Y antes de perder la memoria... (GRITA) ¿Podrías haber

haber hecho algo así entonces?

No lo sé.

-Miguel, llámame, por favor, la junta de accionistas

está a punto de empezar y te necesitamos.

-¿Empezamos o qué?

-A ver, yo sería partidario de aplazar la junta.

-Lo siento, Pablo, pero estoy segura

de que si fuésemos Gustavo o yo los que no llegásemos a tiempo,

Miguel no la aplazaría.

-Miguel es el director. -Como si es el hijo del Papa,

aquí en la junta de accionistas somos todos iguales.

-De hecho, algunos tenemos más acciones que otros.

Si sois tan amables de abrir los dosieres.

-No, no, no, no vamos a aumentar el beneficio a costa

de los trabajadores, ni mucho menos.

Esos tiempos ya han pasado en esta bodega.

-Para odiar tanto a Vicente, comienzas a parecerte

demasiado a él.

-Si no estás de acuerdo con mi propuesta, Rosalía,

vota en contra, pero no me faltes al respeto.

-¿Votamos o qué?

¿Votos a favor de aplicar este paquete de medidas?

-Gustavo, estás jugando con fuego.

-Lo primero es la empresa.

-Medidas aprobadas por mayoría, gracias por vuestra asistencia.

Nada tío, Ramiro y sus hombres ya están trabajando

en las bodegas de Sanchís.

-Bueno, encontraremos otra cuadrilla.

No, a estas alturas todos los jornaleros están trabajando ya.

Teléfono.

¿Sí?

¿Con Dani?

Ahora mismo voy para allá.

-¿Pasa algo? No lo sé, tengo que irme corriendo.

Los jornaleros que están sin trabajo suelen venir

siempre por aquí, ¿puedes quedarte, por favor?

-Sí, claro. Gracias.

¿Qué ha pasado, Dani? -¿Tú lo sabías?

Sabías que Miguel había matado a papá y no me dijiste nada.

¿Quién te ha dicho eso?

-¿Cómo pudiste callarte?

Porque no quería haceros daño.

-¿Hacernos daño?

¿A quién, a nosotros o a Miguel?

¿Qué has hecho, Dani? (GRITA) ¿Qué has hecho?

-Lo que debería haber hecho hace mucho tiempo.

Miguel, ¿estás bien?

Bueno, he tenido días mejores.

-Parece que su hermano no se ha levantado con buen pie.

Agente, no estoy... No estoy seguro de que haya sido

Daniel el que me haya dado los golpes, de hecho,

creo que podría cometer un error acusando a alguien injustamente.

-¿Me está usted tomando el pelo? No, no, no,

solo que no quiero denunciar a nadie.

-Hay testigos.

Pregunte a ver si alguien quiere declarar.

-Muy bien, señor Cortázar, pero a lo mejor la próxima vez

no tiene tanta suerte.

No habrá una próxima vez, Ortega.

-Bueno, pues acompáñeme, tenemos que ir a un hospital.

Lo siento, tengo una junta de accionistas en mi bodega.

-Y yo tengo una hernia que me está matando,

pero eso no va a impedir que a usted le vea un médico,

¿entendido?

Ayúdale.

Ortega...

-¿Cómo pudiste no hacer nada? ¿Y qué querías que hiciese?

-Denunciarle, joder,

para que pague por todo lo que hizo.

Dani, ¿quién me asegura que lo que dice Paula es verdad?

-Sí, ya, pero bien que te alejaste de él, ¿no?

Porque no podría vivir con la duda.

-No entiendo por qué no me dijiste nada.

No te dije nada para evitar esto,

porque mientras sigamos pensando en el pasado no podremos

mirar hacia adelante.

-¿Qué vamos a hacer ahora?

Nada.

Que mamá no se entere de esto.

-Esto es Lasiesta, Lu,

si alguien estornuda sale en el bando del ayuntamiento,

imagínate cuando se corra la voz de que le di una paliza

a Miguel Cortázar.

Bueno, igual empiezan a llegarte cestas de agradecimiento

porque has cumplido el deseo de muchos.

(RÍE)

Vámonos a casa.

Venga.

-¿Estás bien?

Sí, no es nada,

vamos.

-¿Seguro? Sí.

-Así que no sabe usted nada de la muerte de Jesús Reverte.

No, no lo recuerdo, como tantas otras cosas.

-Desde luego, es sorprendente la capacidad que usted tiene

para recordar lo que le viene bien en según qué momento,

señor Cortázar. ¿Qué está insinuando?

-No, no, yo no insinúo, me sorprendo sin más.

¿Qué pasa, Ortega? Pensaba que usted y yo siempre

nos habíamos entendido bien. (RÍE)

-Pero si debo ser la única mujer de Lasiesta que no ha caído

bajo el influjo de los Cortázar. Por favor.

-Eso digo yo, por favor.

¿Sabe usted que ha sido su exmujer la que le ha contado

esa historia a Daniel? Paula.

No, no puedo decir que me sorprenda.

-Mire, después de lo que ha pasado hoy, algo cobra nuevo sentido.

No sé si usted mató o no a Jesús Reverte pero lo que está

claro es que Mónica Robledano se encargó de gritarlo

a los cuatro vientos. Esa mujer era una enferma.

-Puede ser, pero sabía muchas cosas, y buena prueba

de ello es el trasiego de gente que hubo en el hotel

antes de morir.

¿A dónde quiere llegar? -Ella le chantajeó a usted

con contarle a todo el mundo que era el asesino

de Jesús Reverte, discutieron, a usted se le fue la mano

y la mató.

¿De verdad cree que yo sería capaz de algo así?

-No, yo no creo, yo observo evidencias.

Bueno, ¿va a presentar cargos contra mí?

-Por el momento puede marcharse...

Pero yo que usted iría contratando un abogado y un guardaespaldas.

Puede que a este paso los necesite pronto a los dos.

Pascal, tráeme el expediente de Mónica Robledano,

puede que nos estemos acercando.

-Llegas muy tarde, Miguel. Te has perdido tantas cosas.

Tú también, aunque intuyo que las mías ya te las imaginas.

-Cuando uno ha provocado tanto dolor, unos cuantos golpes

es lo mínimo que puede esperar. Habla con Pablo,

te espera otro golpe, pero este corre por mi cuenta.

¿Tú sabes el problema que tenemos ahora con los trabajadores?

-Por supuesto que lo sé, Miguel. ¿Y por qué no paraste la votación?

-Perdona, eras tú el que no estabas en la junta

y no te lo estoy recriminando. Perdona, perdona, tienes razón.

-¿Querías verme, Miguel? Sí, Emma.

-Ya me ha contado mamá lo de Daniel, ¿cómo estás?

Pues de eso quería hablaros precisamente.

Quiero que seáis sinceros. ¿Creéis que yo podría

haber matado a Jesús Reverte?

-No, claro que no. -No.

Bueno, chicos, yo sé cómo era antes y sé que no hacía

las cosas bien. -Sí, Miguel, sí, es verdad,

pero nunca hubieses sido capaz de matar.

Bueno, nos esperan para comer.

-No puedo creer que Ortega no haya hecho nada.

-Yo tampoco, todos le vimos pegarle pero...

No quiero más problemas, cualquiera de nosotros

habría hecho lo mismo en su lugar.

Hubo un tiempo en el que los Cortázar

eran respetados, ahora se nos quita el pan y se nos humilla.

Somos el hazmerreír del pueblo.

-Una cura de humildad de vez en cuando no viene mal.

¿Y tú tan contento, verdad? -Papá.

Después de todo, Gustavo ha demostrado

no ser tan idiota ¿verdad?

-Si lo dices por la junta, solo he velado por los intereses

de todos los accionistas. Cuando a fin de año recibáis

todos un buen cheque por los beneficios,

no tenéis que agradecérmelo. Por ahora vas a cambiar

todos los contratos, uno por uno,

con las nuevas condiciones que has apoyado.

-No tengo que hacer eso. ¿Quieres que lo votemos?

Te aseguro que esta vez estaré presente.

-Gus... -Se me ha quitado el hambre.

Uno por uno, Gustavo.

Es curioso, por un momento y gracias a Gustavo,

hemos vuelto a parecer una familia unida.

Ojalá esté mucho tiempo con nosotros.

-Es lo que me han dicho, que Daniel le ha dado una paliza

a Miguel Cortázar en las viñas.

Pero eso no puede ser. -Bueno, supongo que algún motivo

tendría para hacerlo. Eso es fácil con los Cortázar.

Hola, mamá.

-Hola.

-Perdón por el retraso, hemos tenido un poco de lío

con los preparativos de la vendimia.

¿Y qué tal ha ido todo? Bien, bueno, el tío

se quedó en la plaza buscando jornaleros.

¿Cuántos fueron al final?

-Ninguno.

Pues ahora tenemos un problema. ¿Solo uno?

¿Qué pasa, mamá?

¿No pensáis contármelo?

-No, porque ya te has enterado, ¿verdad?

¿Cómo no me voy a enterar?

Si casi terminas en la comisaría. Mamá, ya está.

No ha sido nada, y Miguel no va a denunciar a Dani.

Ya está. ¿Qué ha pasado, hijo? Cuéntame.

-Mamá, no ha pasado nada.

Mamá, hay rumores que dicen que lo de papá no fue un accidente.

¿Qué tontería es esa, hija? Tu padre murió por un escape

del sulfuroso.

-Pues hay quien dice que no fue papá quien se dejó

esa bombona abierta.

¿Estás pensando en Miguel Cortázar? ¿Creéis que Miguel Cortázar

pudo...? Mamá, no lo sé.

Y Miguel tampoco lo sabe, no se acuerda de nada.

No puede ser, no puede ser...

No puede ser. -Tranquilízate, Sofía.

Mamá, ¿mamá, donde vas?

¡Espera, espera, mamá!

Llaman al timbre.

Hola, Rosalía. ¿Está Miguel en casa?

-Sí, claro, ¿ha pasado algo?

Tengo que hablar con él.

Sofía...

Dime la verdad, Miguel.

Ya se ha enterado.

¿Tuviste algo que ver con la muerte de Jesús?

No lo recuerdo.

Ni siquiera puedo defenderme de las palabras de Mónica,

pero si cree que tuve algo que ver ponga una denuncia.

Escúchame un momento, Miguel, el día en que murió Jesús

tú viniste a casa porque querías comprarnos la bodega.

¿Ni siquiera esperaste al día siguiente?

¿Y usted qué me dijo?

¿No lo recuerdas?

¿De verdad cree que simulé el accidente de su marido

porque no me quería vender la bodega?

¿Y tú qué crees, Miguel?

Me asusta hacerme esa pregunta.

¿Qué va a hacer? Intentar descubrir la verdad.

No es algo contra ti, no es algo contra nadie,

pero si a Jesús le hicieron algo,

voy a saberlo.

-De verdad, Sofía, que imagino por lo que debe de estar pasando

pero es que... Es que no tengo una sola prueba

con la que sostener esa acusación.

Alguien pudo matar a mi marido, debería estar buscando

esas pruebas.

-Hubo una investigación, según la cual su marido se mareó

por efecto del sulfuroso, se cayó al suelo, se golpeó

y el gas hizo el resto.

Ya sé que es fácil decirlo para mí pero deberían mantener

la serenidad, de lo contrario solo le hacen el juego

a una mujer que pudo inventarse toda esta historia

por perjudicar a Miguel Cortázar.

Miguel Cortázar no es el único que está sufriendo

con esta historia. -Ya lo sé, Sofía.

Llaman a la puerta.

Sí, adelante. -Agente Ortega, perdone

que la moleste, Eusebio Burgos está aquí.

-Bien, dile que espere.

No, no es necesario, yo ya me voy.

Adiós, Ortega, gracias. -Sofía...

Si hay alguna noticia, espero su llamada.

-Hola. -Señor Burgos, encantada,

siéntese, por favor.

-¿Ha pasado algo? He venido en cuanto he podido.

-Es sobre un robo que hubo hace tiempo en casa

de los Cortázar. -¿Perdón?

-Ya imagino que esto le sonará a la prehistoria,

pero si no recuerdo mal usted fue sospechoso.

-Agente Ortega, yo era un crío al que intentaron cargar

con un delito que no cometió. El agente Montalbán retiró

los cargos cuando dio con el verdadero culpable.

-¿El verdadero culpable?

Nadie pagó por ese delito.

-Sí, me llamó tal y como te temías.

No te preocupes, no he dicho absolutamente nada.

No, no creo que llegue a enterarse nunca.

-Mamá, ¿qué haces aquí?

-Me apetecía estar sola un rato.

-Si estás preocupada por lo de mi trabajo...

-Eso no me preocupa lo más mínimo. Estoy segura de que vales

mucho más de lo que tú mismo te crees.

Es Miguel.

-Ya, la verdad es que le acusan de algo muy grave.

-Esta familia tiene abiertos tantos frentes que temo

que en cualquier momento puedan hacernos daño.

-Porque tú crees que él no hizo nada, ¿verdad?

-Por supuesto que lo creo,

ninguno de mis hijos es capaz de algo así.

-¿Ah, sí, por qué?

-Una madre sabe estas cosas, no necesita pruebas.

-Dicen que el Miguel de ahora no es el mismo

que el Miguel de antes. -Carlos...

Ni se te ocurra dudar de tu hermano.

-Si yo no dudo de él pero entiendo que los Reverte

puedan hacerlo.

Al fin y al cabo ni tú ni yo conocemos a ese Miguel.

Tú te fuiste cuando todavía era un niño y no te olvides

que ha crecido con Vicente Cortázar.

¿O no?

-Don Miguel, ¿podemos hablar? Sí, claro, pasa, Germán, siéntate.

-Perdone que le moleste, señor Cortázar,

pero me están avisando los jornaleros

de que los contratos no están bien.

Sí están bien, Germán, sí están bien.

-No, no puede ser, lo que nos pagan por horas no es lo prometido.

Lo sé, pero la junta de accionistas ha hecho

una serie de recortes. -Pero esto no se puede hacer

a unos días de la vendimia.

Sé que las cosas no se han hecho bien pero es una decisión

de los accionistas de la bodega. -Usted es el director

de la empresa, digo yo que algo podrá hacer.

Lo siento mucho, de verdad.

Prometo compensaros de alguna forma.

-No nos vamos a conformar con promesas, señor Cortázar,

y menos después de estos contratos.

-Hola.

-Perdona el retraso. -No te preocupes,

he ido avanzando como me dijiste. -Muy bien, Mar, mira,

te presento a mi hermano Carlos. Nos va a ayudar en la vendimia.

-Encantada. -Encantado.

Si llego a saber que había chicas tan guapas en la vendimia,

vengo antes. (RÍE)

-Un rato más debajo de este sol y acabarás por ver

mi verdadera cara, y no creo que te guste.

-Seguro que sí.

-Está bien, Carlos, mira, se trata de hacer un muestreo

lo más fiel posible de las viñas, ¿de acuerdo?

Entonces, eliges los renques al azar y seleccionas

dos o tres uvas de cada diez cepas.

Teléfono.

Perdón.

¿Lo has entendido? -Pablo, si te necesitan

podemos hacerlo nosotros, llevo todo el día con ello

y puedo enseñar a Carlos. -Sí, sí, claro que sí,

por mí no te preocupes.

Teléfono.

-Pablo, en serio, vete sin problemas,

ya me quedo yo con él.

-Está bien, de acuerdo. Carlos.

-Ah, Pablo, quería comentarte algo. Esta noche hay una cena

con vinos de California en el restaurante de Lora en Haro.

-Ya, bueno, si quieres salir antes por mí no...

-Uy, ya me gustaría, es solo con invitación y no creo

que yo pueda conseguirlas.

Me preguntaba si podías conseguirme tú una a tu nombre.

-Sí, claro, pídesela a Elvira de mi parte.

-Gracias, eres un cielo.

-¿Quieres? Están buenas. -Sí...

Si te parece empezamos. -Venga, sí..

¿Has encontrado el otro juego de llaves?

-Papá, tengo mucho miedo. No va a pasar nada,

absolutamente nada, echaremos a Gustavo de esta casa

y en poco tiempo volveremos a ser la familia que éramos.

-¿Y si se despierta? Yo le entretendré.

Teléfono.

¿Sí?

-Por favor, quería hablar con don Pablo Cortázar.

No, no, no, don Pablo no está, no. Ha salido, si quiere dejar

algún recado. -Llamo del restaurante Lora

para confirmar... Espere, aquí está su mujer,

será mejor que se lo dé a ella.

Es para ti.

-¿Sí? -¿Sí, oiga? Le decía al señor

que llamo del restaurante Lora para confirmar la invitación

doble a nombre Pablo Cortázar para la cata-cena.

-Sí. -¿Me podría confirmar el nombre

del acompañante? Me dijo su secretaria que era Mar

pero mi compañero no me dio el apellido.

-Espérame en el coche, ahora vuelvo.

-Sí, señora.

No digas ni una palabra, Paula. -¿Necesitas ayuda?

-No te acerques a la silla. -¿Crees que voy a hacerte algo?

-No sería la primera de tus víctimas.

-No he olvidado lo que le hiciste a Emma, ya pagué injustamente

por ello, pero lo de esa silla no es nada comparado

con lo que te espera.

-Alguien debería llamar a la clínica y contarles

lo que haces por aquí. -Solo estoy trabajando.

-Bueno, la otra vez también eras inocente y mira dónde acabaste.

Uno nunca sabe lo que puede pasar.

-¿Qué tal con Carlos? -Bien, es muy majo.

¿El tamaño de esta es normal?

-Sí, no te preocupes. -Vale.

-Pablo.

-Sara, ¿qué haces aquí? -Hola, ¿qué tal?

-Muy bien, Mar, muchas gracias.

¿Podemos hablar un momento?

-Sí, claro.

-Ya puedo yo, gracias.

-Dime. -¿Cómo se puede ser tan cabrón?

-Sara, por favor, escúchame. -Me dijiste

la habías despedido y aquí sigue.

-Claro que sigue, no puedo despedir a nadie de un día

para otro. -Ya, ¿y la invitación

para el restaurante de Lora?

¿Cómo me lo explicas?

-¿Cómo, qué quieres decir? -No, el que te lo va a explicar

soy yo, las invitaciones son para mí.

-¿Qué? -Carlos, por favor, no te metas.

-Llamaron a casa preguntando por Pablo.

-Lo sé, y él tuvo el detalle de pedírmelas,

¿te crees que a un don nadie como a mí se las iban a dar?

Cuando eres un Cortázar, las puertas se abren

más fácilmente, ¿verdad?

Gracias.

-Hola...

-Lo siento. -Sara...

-Siento haberte hablado así, ¿vale?

-No, Sara, escucha...

Déjalo.

-Pues sí...

-Pablo, Pablo, ¿todo bien? -No vuelvas a entrometerte

nunca más entre mi mujer y yo. ¿Queda claro?

-Si yo solo quería ayudar.

No sé, me he criado como hijo único y pensaba

que estas cosas se hacían entre hermanos.

Puedes contar conmigo para lo que quieras, Pablo.

-Ya...

(GPS) A 300 metros, gire a la derecha.

Por favor, gire a la derecha. Atención, camino rural.

Ha llegado a su destino.

(GRITA) -¡Ah!

¿Entiendes ahora por qué no os quise contar

nada antes, mamá?

No quería preocuparos. Ya lo sé, hija,

pero no puedes andar por la vida callándotelo todo

para no preocuparnos.

¿Cómo ha ido?

-Solo dos jornaleros.

¿Por qué no miramos en otras bodegas?

Encontraremos gente.

Mamá, no podemos quitar trabajadores a otras bodegas.

-Se acabó, este año nos quedamos sin vendimia y ya está.

Vendimiamos nosotros, hijos. -¿Te acuerdas, Sofía?

No sé si fue en el 65 cuando nos quedamos

sin mano de obra y tuvimos que vendimiar toda la familia

y algunos vecinos. Sí.

-Ya, bueno, eso suena muy bonito pero es que no nos daría tiempo.

Empecemos ya. -¿Cómo vamos a vendimiar nosotros?

Mira, lo siento, pero es que ni tú ni el tío estáis preparados

para estos trotes, mamá. -Oye, chaval,

cuando llegues a mi edad con esta planta, hablamos.

No se hable más. ¿Tenéis algo más que hacer?

-¿Ahora? Oye, pues igual sí que va a ser verdad

que no estoy yo para estos trotes. -Ya...

Ahora. No tenemos dinero,

no tenemos casi jornaleros y prácticamente tampoco

tenemos tiempo,

pero tenemos algo que no tiene nadie:

la mejor cosecha en muchos años.

Y, sobre todo, muchas ganas de salir adelante.

Sé que van a ser unos días de trabajo muy duros,

pero estoy convencida de que este trabajo

tendrá su recompensa.

Así que... gracias y suerte.

(TODOS APLAUDEN)

Venga, menos aplausos y a los renques.

Por este, mamá, ven.

Dani, mamá...

Me voy a ir hasta la bodega a echarles una mano, ¿vale?

-Bien, hija.

-Disculpe, estoy buscando a Daniel Reverte.

¿Daniel? Está un par de renques más para allá.

¿Tú eres Ana? -Sí, ¿y usted es?

La curiosa de su madre.

-Encantada. Daniel está mucho mejor

desde que fue a hablar con tu familia.

-¿Ana?

¿Qué haces aquí? -Pensé que ya habrías acabado.

-Uf, la verdad es que nos queda muchísimo, ¿verdad, mamá?

Sí. Bueno, voy a ayudar

a tu hermana a la bodega. Hasta luego, Ana.

-Adiós.

-Cógeme esto.

-¿No vais bien? -Bueno, bastante bien vamos

contando que somos cuatro gatos. -Pues aquí tienes al quinto.

¿Por dónde empezamos?

Lucía, Lucía...

¡Lucía, hija!

¿Qué pasa, hija?

¿Qué te pasa, Lucía? Ah...

(GRITA) Hija, por Dios... ¡Por favor, ayuda!

Respira, hija, respira, respira.

No te preocupes, mamá, seguro que no es nada.

Doctora...

-Lucía, vamos a hacerte una radiografía abdominal,

quizá tengas un cólico.

¿Una radiografía?

¿No puede recetarme algo? No puedo perder tiempo.

No seas cabezota, hija, si hay que hacerla...

Mamá, no, hay que volver cuanto antes a las viñas

-Lo siento, Lucía, pero tu madre tiene razón, no vamos

a tardar mucho es mejor asegurarse.

No pueden hacerme radiografías, doctora.

¿Pero por qué?

Estoy embarazada.

-¿Qué?

-Os dejo unos minutos a solas. Gracias, doctora.

¿Pero por qué no nos has dicho nada, hija?

-¿Es de Raúl? Hijo...

Ni es de Raúl, ni es de nadie, Dani.

Por favor, prométeme que pase lo que pase, los Cortázar

no van a saber nunca nada de esto, mamá.

Alegra esa cara, hija. ¿Cómo me voy a alegrar, mamá?

Con todo el trabajo que hay en las viñas y yo aquí,

me siento una inútil.

Bueno, lo importante es que tú estás bien

y el niño también.

Ya volverás a la vendimia, sin hacer mucho esfuerzo.

Mira.

Eran tuyos.

Si es niño los tengo en azul, de tu hermano.

No sé si quiero tenerlo, mamá.

Ay, hija, no digas eso.

Es un Cortázar.

Es tu hijo.

¿Y si todo sale mal?

El juicio está a la vuelta de la esquina.

Si tengo que volver a la cárcel, ¿qué, mamá?

Saldremos adelante. Si Raúl no aparece, lo pasaré mal.

Y yo quiero ser madre,

pero no así.

-Papá, lo tengo. Hija, ¿dónde estaba?

-En una casa abandonada a diez kilómetros hacia el norte.

¿Cerca de las viñas de Sanchís? -Sí.

-¿Emma? ¿Recuerdas un pantano

donde íbamos cuando erais pequeños los domingos?

-Sí. Muy cerca hay una presa,

tienes que llegar hasta allí.

-Vicente, ¿ha visto a mi mujer? Ah, Gustavo, debe estar

en la bodega. -La veré allí entonces.

-Papá... -¡Emma!

Hija, date prisa.

-Qué hija de puta.

-¿Dónde está?

Explosión.

¿Qué pasa ahora?

Mierda, no me lo puedo creer.

(GRITA) ¡Mierda! (LLORA)

-¿Algún problema, señorita? -No, no pasa nada,

solo he pinchado. -¿Le ayudo a cambiar la rueda?

-No, no, no hace falta, ya lo hago yo.

No se preocupe.

-¿Está usted bien? -Sí.

Es que se va a enfadar mi marido.

Eh... ¿Me perdona un momento, por favor?

¡No necesito ayuda, de verdad!

Me las puedo arreglar yo sola.

Pitido de la radio.

-Necesito confirmación de matrícula 1146HCX.

Ok.

Por favor, señorita, ponga las manos sobre el coche.

-¿Por qué? No he hecho nada. -Está conduciendo

un coche robado. ¡Ponga las manos sobre el coche!

-Se lo han llevado en una ambulancia

por una pequeña intoxicación por gas, nada importante,

saldrá de esta. La pregunta es si nosotros

saldremos de esta. -No hemos empezado la cosecha

y ya tenemos un herido. Lo sé, solo ha sido mala suerte.

-¿Mala suerte? Antes teníamos un encargado

de manipular los compuestos químicos, con los recortes

tienen que hacerlo los jornaleros y es un trabajo especializado.

No le demos más vueltas, volved al trabajo,

hay que preparar la vendimia. -No vamos a volver.

-No podéis dejarnos a cuatro días de la vendimia,

sabéis el problema que es. -No queremos tener más bajas.

Avisadnos cuando podamos trabajar sin riesgo.

-Ya volveréis, ya. Gustavo.

Todo esto gracias a ti y a Paula, enhorabuena.

-No seas ignorante, esto no es más que un órdago

a la empresa, tienen familias, hipotecas, volverán

con el rabo entre las piernas. Más te vale.

Porque como este año nos quedemos sin vendimia,

lo vas a lamentar.

Teléfono.

-¿Sí?

Sí, soy yo.

¿Te das cuenta de lo que has estado a punto de hacer?

¿Cómo puedes ser tan estúpida? (GRITA) ¿Eh? ¡Contesta!

-Me da igual, Gustavo, ya no me das miedo.

Se acabó. -¿De qué coño hablas?

-Que prefiero pasarme el resto de mi vida en la cárcel

que a tu lado.

-Tú no sabes lo que dices. -Me has hecho sentir tan miserable,

que toda esta historia me está devolviendo la vida.

¿Quieres jugar? Vamos a jugar. Si yo gano, tú pierdes.

Y si yo pierdo, vas a tener que compartir la derrota conmigo.

¿Quieres llevarte el cuerpo? Llévatelo.

Lo volveré a encontrar.

-Esta vez no vas a tener tanta suerte.

-Eso ya lo veremos.

¿Lo has conseguido? -No.

(GOLPEA EL CRISTAL)

-¿Y Mar? -Se ha ido a cambiar.

¿Os vas ya a la cata? -Sí.

Oye, Pablo, quería preguntarte algo.

¿Existe algún tipo de política en las bodegas

con respecto a las relaciones entre empleados?

-¿Qué quieres decir? -Creo que Mar y yo...

-¿Nos vamos?

-Sí, sí, sí, qué guapa. -Gracias.

¿No te importará que nos vayamos antes, verdad?

-No, no, ya te dije que no.

-¿Vamos? -Sí, hasta luego.

-Hasta luego, Pablo.

Te invito a un gin-tonic antes de la cata.

-Venga, va. (AMBOS RÍEN)

-Bueno, limpiad las tijeras y los cestos, por favor.

Y los dejáis en la entrada para utilizarlos mañana.

Gracias a todos.

Hola. -No sé si te acuerdas de mí.

Soy Germán, capataz de las bodegas Cortázar.

-Sí, hombre, sí, ahora sí, perdona, dime.

-He oído que estáis buscando gente para la vendimia.

-Eh... sí. ¿Por qué, quieres vendimiar

con nosotros? -Bueno, yo y algunos más.

-¿Cuántos más?

¿Todos? -Todos.

Al parecer, les han empeorado las condiciones

que les habían prometido y han decidido darles plantón.

No sé si es buena idea. -Pero, Lucía, hace unas horas

estábamos lamentándonos porque no teníamos trabajadores,

¿y ahora vamos a poner pegas? Ya, pero es que se puede

malinterpretar.

El resto de bodegueros pueden pensar que les estamos robando

los trabajadores. -¿Cómo, pagando más

que los Cortázar? Venga ya, todo el mundo conoce

nuestra situación, saben que no estamos en condiciones

de robar jornaleros a nadie. Hija, son ellos

los que han llamado a tu puerta.

Está bien, llámales y que se incorporen mañana mismo.

-Entonces, ¿mañana no tenemos que vendimiar?

¡Esto se merece un brindis! (RÍE)

-Lo siento pero yo ya estoy desriñonado.

-Anda que... Salud.

-¿Pablo?

-Pablo.

-¿Qué tal la cata?

-Da gusto aparentar ser un Cortázar.

Por primera vez he sentido el mundo a mis pies.

(RÍE)

-¿Y los vinos qué tal? -¿Los vinos?

Los vinos ni idea, de momento todos me saben igual.

Eso sí, Mar...

Mar, un encanto, tío, un encanto.

-¿Habéis salido a tomar algo después?

-Claro.

-Ya.

-¿Qué? -Nada.

-Mira, Pablo, si quieres saber si ha pasado algo más,

no ha pasado... -Escucha, no que hagáis

con vuestra vida fuera del trabajo me parece bien.

-Pablo, a Sara la podrás engañar

pero...

-Carlos, yo estoy casado.

-¿Y por eso te has quedado hasta tan tarde?

Pablo, somos familia, no me gustaría hacerte daño.

-¿Estás dormida?

Más te vale que descanses, mañana vas a tener

un día movidito.

Llaman al timbre.

-¡Voy yo!

-Señorita Cortázar. -Buenos días.

-Buenos días. -¿En qué le puedo ayudar?

-Pues venía a que me firmara unos papeles.

Porque, total, de tanto visitarles he decidido empadronarme

aquí en su casa. Uno más...

Es broma, mujer. -Ya...

-¿No se encuentra usted bien? -Bueno, no he dormido muy bien

esta noche.

-Bueno, no se preocupe, yo venía a hablar con sus padres,

¿están por aquí? -Sí, claro, les aviso.

-Emma.

Verá, hace tiempo que quería preguntarle.

¿Ha vuelto usted a saber algo de Manuel Hernández?

Ya sabe, el secretario de las bodegas.

-¿De Manu? No.

-Sabrá que hace unos días recibimos un anónimo

en comisaría en el que nos decía que encontraríamos el cuerpo

en sus viñas. -Sí, algo he oído, sí.

-¿Y cree usted que podría estar muerto?

¿Que deberíamos seguir buscando? -No.

-¿Cómo puede estar tan segura? -Bueno, verá, hablé con él.

-¿Cuándo? -Me llamó hace un par de semanas

para pedirme perdón por todo lo que había pasado y...

Bueno, me dijo que estaba bien, que no me preocupara por él.

-Pero, bueno, ¿y cómo no nos ha avisado?

Hay una investigación abierta, además, ese chico intentó

hacerle daño, podría volver a intentarlo.

-Bueno, me pareció sincero y yo creo que todo el mundo

merece una segunda oportunidad, ¿no cree?

Agente Ortega, otra vez por aquí. -Ya ve, a vueltas con los mismo.

Quería hablar con usted y con doña Rosalía,

¿podría avisarla por favor? Si no queda otro remedio.

-De verdad que siento molestarles otra vez con esta historia,

pero es que a cada paso que doy se pone más interesante.

No tiene por qué disculparse, ese robo está todavía

sin resolver y es muy de agradecer que al fin alguien haya decidido

reabrir el caso.

-Es sorprendente sus ganas de colaborar, don Vicente.

-¿Verdad? Está desconocido.

-Bueno, ya habíamos hablado de que al principio se detuvo

a un primer sospechoso, que fue puesto en libertad

porque apareció una prueba que señalaba al auténtico

culpable del robo.

En estas fotografías parece ser que aparece ese objeto.

El agente Montalbán señalo aquí esa prueba pero no se distingue

el objeto por la calidad de la fotografía.

¿Recuerdan ustedes qué objeto podría ser?

-Una pitillera.

-Ah.

-Tenía grabadas unas iniciales, A.R.

-Caramba, buena memoria.

Sí, Rosalía tiene muy buena memoria para lo que le interesa.

-Doña Rosalía, ¿y recordaría usted o quisiera recordar

a qué correspondían esas iniciales A.R.?

-Adolfo Reverte.

-Vaya, Adolfo Reverte, ¿es familia de...?

-Hermano de Jesús Reverte, pero si quiere usted hablar

con él le va a ser difícil. Cuando supo que era

el principal sospechoso, se marchó del país.

-Ya. ¿Pero no lo sabes?

Adolfo ha vuelto.

-¿Quiere decir que está en Lasiesta?

Sí, lleva varios días viviendo con su familia.

-Ven lo que les digo, este caso cada vez

se pone más emocionante.

-A ver si terminamos antes de que llegue

el siguiente remolque.

-Adolfo Reverte.

-¡Rosalía!

-Dichosos los ojos.

¿Por qué no me avisaste de tu vuelta?

-Como comprenderás, hace tiempo que arranqué de mi agenda

el teléfono de los Cortázar.

-¿Por qué has vuelto? Vicente no olvida y tú lo sabes.

-Ya no soy la oveja negra que salió del país.

Vicente ya no me da miedo.

-Me alegro.

Quizá algún día necesite que me devuelvas el favor.

-Si no hubiera sido por ti, me hubiera tirado unos cuantos

años en la cárcel.

-Señor Reverte, hemos terminado, yo vuelvo a las viñas.

-Sí... -Germán...

¿Qué haces aquí? -Ganándome la vida, señora Rosalía.

¿Vamos? -Sí, ¿me disculpas?

-Hola. -Hola, Carlos.

-Oye, ¿a ti te duele la cabeza como a mí?

-Te dije que no mezclaras.

-¿Te cuento un secreto? Creo que el vino y yo

no nos llevamos bien. -Pues entonces has venido

a trabajar al lugar menos indicado.

-Bueno, este sitio tiene otros encantos.

-Carlos... -¿Qué te parece si repetimos

la jugada esta noche en tu casa?

-Ayer me lo pasé muy bien, pero eso es todo

lo que va a haber entre tú y yo.

-¿Hay otro? -No.

-No lo dices muy convencida. -Porque no lo estoy

y porque no tengo que darte más explicaciones.

-Vale, vale, mensaje captado pero...

-Adiós, Carlos.

Hola, Pablo. -Mar.

-Precisamente iba a buscarte. Aquí tienes los controles

de modulación.

-Muchas gracias, luego los estudiaré.

-Ah, Pablo, y gracias por la cena de ayer.

Carlos es un amor pero sé que conseguiste

tú las invitaciones.

Bueno, ya habrá otras oportunidades, ¿no?

-Sí, claro.

-¿Qué tal, Sara? -Hola.

-¿Y Pablo, no ha llegado todavía? -No, estará en las viñas.

-Suerte que con Mar va a poder descargar un poco de trabajo

y pasar más tiempo con vosotras. -No, no creo.

-¿No creo? ¿Por qué? -La ha despedido.

-¿Despedido? -Sí, está es su última semana.

¿Qué pasa? -Nada, nada.

-Carlos, si tienes algo que decirme...

Dímelo, por favor.

-Pues que o Mar no lo sabe, o no es eso lo que me contó anoche.

-¿Mar y tú salís juntos? -Me parece que sus gustos

van por otro lado, Sara.

-Pablo me dijo que tiene novio. -Yo que tú me quitaba esa idea

de sacarla de la bodega,

cuanto más lejos esté, más difícil va a ser controlarles.

-Cariño. -Hola, ¿qué tal, Pablo?

-Qué pronto has llegado hoy. -Sí, he tenido un buen día.

-¡Pablo!

¡Pablo!

-Eh.

¿Qué tal? -¿Qué ha pasado con Germán

y el resto de jornaleros? -Nada, estamos esperando

que entren en razón y acepten las nuevas condiciones.

-No lo van a hacer, están vendimiando

para los Reverte. -Voy a avisar a Miguel.

Avisadme cuando se llene el primer depósito, ¿vale?

¿Cómo has podido?

No sé a qué te refieres. Primero intentáis quitarnos

a Mendoza y ahora os lleváis a los trabajadores.

No, tanto Mendoza como los trabajadores vinieron

a llamar a mi puerta.

Si no sabéis cuidar de la gente que tenéis alrededor

no es culpa mía. -No, sabes que esto

no funciona así. Estábamos intentando

solucionarlo y vosotros ni tan siquiera esperasteis.

No, fue tu familia la que puso esta bodega en esta situación,

así que no me culpéis si actúo así.

No deberías mezclar lo personal con lo profesional.

Y tú deberías no venir a mi bodega a decirme

lo que tengo que hacer.

-Déjalo, Miguel, vámonos de aquí. Esto no va a quedar así.

¿Me estás amenazando? No, voy a proteger mi negocio

a toda costa.

Hasta ahora os he respetado, pero s te empeñas en mantener

esta situación, te vas a arrepentir.

Fuera de aquí, Miguel.

-Miguel, ¿estás bien?

Sí, sí.

-Eh, ¿has recordado algo?

No, nada, vamos.

-Ten cuidado no te cortes.

Prueba a subirlo un poco.

-¿Así?

-Mira.

Ana, tengo que contarte algo

y no sé cómo pero...

-No hace falta que digas nada, lo sé.

-¡Daniel, ven!

Lo ha encontrado Felipe.

-Lleva muerto más de mes y medio, casi desde

que denunciaron su desaparición. -La policía tiene el cuerpo,

no tardarán en tener la pistola con sus huellas.

-Voy a ir a la cárcel. -Manu y Emma, siempre.

Creo que lo mató y fingió que seguía vivo.

-No. -Las lluvias se acercan,

si no volvemos a faenar perderemos toda la uva.

-¿Cómo puedes hacernos esto? ¡Esto no se hace!

Está jugando contigo para tenerte en su mano.

Un Cortázar lucha hasta el final. -¿No has perdido nada?

-Ya sabía que volveríamos a vernos.

Hasta que no aprendas cuál es tu sitio en esta empresa,

vamos a seguir discutiendo.

-Hay una clínica en Madrid que practica una técnica novedosa.

ES una operación muy cara. -Solo se me ocurre vender

las tierras. No podemos arriesgarnos

a que terminen también en manos de Paula y Gustavo.

-Es una buena oferta, más de lo que te dará nadie, acéptala.

-Se ha ido con esa zorra, falta ropa en su armario

y tiene la cara de decirme

que no lo espere despierta. -Yo seré invisible para ella.

-Gracias. ¿Estás embarazada?

No es asunto tuyo. Los dos sabemos lo que pasó

entre nosotros, así que sí lo es. ¿Pasa algo, doctora?

Es un Cortázar, tiene que estar con los suyos.

(GRITA) ¡No! -No me deja otra opción

que detenerla por el asesinato de Manuel Hernández.

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 29

21 ene 2013

Emma y Gustavo continúan su peculiar guerra para librarse de las sospechas del asesinato de Manu, pero por suerte la Cortázar da un paso decisivo: encontrar el cadáver. Sara, obsesionada por la relación de Mar con Pablo,encuentra un cómplice inesperado: Carlos. El hijo de Rosalía se ha propuesto ayudar a Sara, aunque él parece tener otras intenciones.

Mientras, el supuesto crimen sin resolver de Jesús Reverte y las precarias condiciones económicas de las bodegas hacen peligrar el embarazo de Lucía

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