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No recomendado para menores de 12 años Gran Reserva - T3 - Capítulo 28 - ver vídeo
Transcripción completa

¡Hija!

-Bienvenida a casa, hermanita.

¿Se sabe algo de Raúl? -Sabemos que salió del país

la misma noche que la detuvieron.

-La policía sabe que estás en Chile.

-Carlos, hijo. -Felicidades, mamá.

-¿Te quedarás mucho tiempo?

-No, que va. -¿Por qué no te quedas a vivir aquí?

-Sara, ¿qué pasa?

-Que esta inútil me ha traído la comida fría.

-Me cuesta volver a casa sabiendo lo que hay.

-Estamos buscando un ayudante nuevo, así podré pasar más tiempo contigo.

-El puesto es tuyo. -Gracias.

-Se llama Mar y está muy buena.

He quedado en la oficina con Belmonte

para contarle los planes de Paula.

¿Buscas esto? -¿Qué es eso, Miguel?

La prueba de que tu matrimonio es una farsa.

-Joaquín creerá lo que yo le cuente.

Pues a ver cómo le explicas esto.

-¿Qué broma es esta, Miguel? -Eso me pregunto yo, Paula.

-Miguel saca lo peor de mí, le odio.

¿Cómo puedes tener la poca vergüenza de velar su cuerpo?

-Soy la mujer del difunto y su única heredera.

-El juez ha dicho que sí, aquí está la resolución.

Creo que esto te puede interesar.

Nos obliga a readmitir a papá en esta casa.

-No me creo que solo tuviera 90 000 euros y de repente nada.

-Tu padre transfirió el dinero, pero no es el titular.

Decidme que no habéis aceptado dinero de Vicente Cortázar.

-Lo hemos hecho por ti, Lucía. Solo vengo a devolverle esto.

-Busco a Jesús Reverte,

soy Adolfo Reverte, su hermano.

Nada merece, nada, que te tortures así, hijo.

-Yo conducía el coche con el que murió Lorena.

¿Qué? Habla con la familia y diles la verdad.

-Soy Ana. -Tu hermana me habló de ti.

-No recuperarás a tu familia. Lo haré cueste lo que cueste.

-Miguel, la policía está en las viñas

y pide permiso para levantar el terreno.

Radio de policía.

(LLOROSA) -Lo he matado...

Lo he matado, lo he matado.

-¿Te importaría borrar esa cara de mema?

Solo falta que te escribas culpable en la frente.

Así mejor.

Ortega, ¿se puede saber qué está buscando?

-Hasta hace dos horas el cadáver de su secretario,

pero desde hace cinco minutos una excusa que contar a mis jefes.

¿Manu está muerto?

-Eso quería hacernos creer un anónimo que llegó a comisaría,

decía que el cuerpo estaba aquí mismo, pero...

esto es lo único que hemos encontrado.

-Has sido tú, ¿verdad?

Has sido tú quien ha enterrado ese reloj y ha llamado a la policía.

¿Sabes? Cuando buscaba un momento de paz y de silencio

me gustaba este rincón del jardín.

Ahora tendré que buscar otro.

-No sé lo que estás tramando, Vicente,

pero más vale que dejes el pasado en paz.

¿Por qué?

Tú fuiste quien ha resucitado los viejos tiempos.

Yo solo sigo tu ejemplo con todas las consecuencias.

-No vas a salir bien parado de esto.

Ya lo sé, me has quitado mi dinero,

mi familia, ¿qué más puedo perder?

Ah...

he hecho un plano con... la división de la casa,

aquí puedes ver la parte que te corresponde.

-Si estás de broma, esto no tiene gracia.

¿Prefieres dividirla por horarios?

-Si crees que acabarás conmigo con esta idiotez, Vicente,

es que estás peor de lo que pensaba.

Yo no me confiaría demasiado.

-Espero que eso no sea una amenaza.

Ay, demasiados parásitos en este lado del jardín...

-Aquí el único parásito... -Carlos...

cállate.

Gracias, Rosalía, nunca es tarde para empezar a educar un hijo.

(SUSPIRA)

-Hijo... -No te entiendo.

No entiendo cómo defiendes a ese tío.

-No le defiendo a él, te defiendo a ti.

Vicente puede ser muy peligroso. -¿Cómo no exponerme viviendo aquí?

He buscado trabajo en el pueblo y nada,

quizá hice mal dejando mi curro.

-No digas eso,

las cosas nunca han sido fáciles, pero ahora menos.

Seguro que puedo hacer algo por ti.

-No, no me quiero aprovechar más,

mañana me voy, mamá.

-Tú déjame a mí.

-Perdonad el retraso.

-¿Dónde estabas?

-Con su ayudante, fijo, ¿con quién si no?

-¿Qué dices? -¿A qué viene eso?

-No le hagas caso, Sara, es su forma de bromear.

-No, no bromeo.

-Bueno, a ver, ya estamos todos, ¿no?

Os quería pedir un favor.

Se trata de Carlos, siempre ha sido un chico muy activo y...

le está costando mucho adaptarse a vivir aquí.

-¿Y qué podemos hacer nosotros?

-Necesita un trabajo y las cosas no están demasiado fáciles.

Y quieres que le busquemos un sitio en la bodega.

-Trabajando juntos podríais conoceros mejor.

¿Te ha pedido él que nos hables? -No.

De hecho no quería. -A mí me parece buena idea, ¿no?

-Estoy de acuerdo.

Eso le ayudaría a integrarse en la familia.

-No tiene experiencia.

-¿Quién la tiene cuando empieza?

-Que vuelva cuando aprenda, no somos una ONG y no hay puestos vacantes.

-¿No podría ocupar el puesto de Mar? -No.

No podemos despedirla sin más.

-¿Y si me ayuda a mí con las ventas?

-Claro, otro a chupar del bote.

Es una decisión a tomar entre todos.

-Es una cuestión de empresa y como socio digo que pase su CV

a RR. HH. y ya veremos si le llaman.

¿De verdad quieres que lo sometamos a votación?

(RESOPLA)

-Miguel, ¿qué dices?

Está bien, le ayudaré, mamá.

No parecen muy entusiasmados de que trabajes con ellos.

Yo que tú no me esforzaría demasiado,

no durarás mucho.

Hagas lo que hagas nunca serás esta familia,

tú no eres un Cortázar.

Hija, ¿estás bien?

-Sí, papá, no pasa nada.

Si me dieran una peseta por cada vez que te he oído esa mentira

en estos momentos no tendría que compartir la casa con tu madre.

-Al fin y al cabo son mis problemas.

Sé por lo que estás pasando,

sé lo del secretario.

¿Por qué crees que me marché de la bodega así?

Gustavo me estaba amenazando con denunciarte,

lo último que querría es verte por mi culpa en la cárcel.

-Renunciaste a las bodegas para protegerme.

Pero he vuelto y ahora voy a ayudarte.

Tienes que deshacerte de Gustavo.

-No puedo, papá, me denunciaría.

Gustavo es un cobarde,

que no se atreve a perder lo poco que ha ganado los últimos tiempos.

No va a denunciarte, créeme. -Ya lo ha hecho.

¿Se puede saber de qué hablas?

-La policía ha estado buscando el cuerpo de Manu antes

y estoy segura de que ha sido él.

No creo.

-¿Quién si no? No se arriesgaría tanto.

-Es el único que sabe que enterramos el cuerpo de Manu en la viña vieja.

En la viña vieja...

-Hago todo lo que me pide, papá,

y aún así me hace la vida imposible.

Sé que acabaré en la cárcel.

Él es mucho más fuerte que yo.

No debes hablar así, tú eres una Cortázar.

Aunque tu marido se empeñe en denunciarte,

si no aparece el cadáver nunca irás a la cárcel.

Sin cadáver no pueden inculparte, ¿está claro?

¿Dónde está Gustavo? -No lo sé.

Hija, no puedes dejar tu vida en manos de ese cretino.

Para ganar hay que esforzarse,

hay que arriesgar.

-Disculpen la ausencia de Emma, ha surgido un imprevisto,

pero enseguida estará con nosotros.

Espero que disfruten de la cata,

estoy segura de que les encantará el nuevo vino.

-Paula...

-¿Nos conocemos?

Deberías,

mi cadena de restaurantes es uno de vuestros principales clientes.

Luis Mendoza.

-Ay, claro, perdona, Luis, soy un desastre,

no te había reconocido.

-Y sigues sin hacerlo, ¿verdad?

-Culpable, tendrás que darme más pistas.

Soy amigo de Vicente Cortázar y sobre todo era íntimo de Joaquín,

tu difunto marido.

-Ha sido una desgracia, pero hay que seguir adelante.

Espero que disfrutes de la cata.

-La verdad es que me ha extrañado mucho verte por aquí tan pronto.

-A veces el trabajo es la única forma de superar estas cosas,

tener la mente ocupada.

-No me refiero a eso.

Joaquín me llamó desde el hospital antes de morir,

me contó lo que pasó y me pidió el teléfono del abogado

que llevó mi divorcio, imagino que ya sabrás por qué.

-No.

-Joaquín quería desheredarte.

Si sus sobrinos supieran

cuál era la auténtica voluntad de su tío antes de morir...

-¿Qué quieres, Mendoza? -Yo nada,

pero puede que ellos sí quieran algo de ti.

Es más, puede que no tardes en recibir noticias suyas.

-Creía que era tu hermana quien trataba con los clientes.

¿Han renovado sus contratos? -Casi todos, falta Mendoza.

Por Mendoza no te preocupes,

sabe que es un cliente de los más importantes,

prefiero algo más familiar, una cena y ya está.

-Los Cortázar sabéis solucionar vuestros problemas.

Sí, aunque algunos se nos resisten más que a otros.

-Gustavo...

tenemos que hablar.

-Claro, ¿en tu despacho o en el mío? (RÍE)

Siempre he querido decir eso. -Aquí no, más tarde.

-¿Es una cita? -No bromees, esto también te afecta.

-Era una broma.

(RECORDANDO) -Es el retrato de tu abuelo...

Alejandro Cortázar.

Si crees que tu padre es cabezota y obstinado

tendrías que haberle conocido.

Luchó por el negocio como si fuera un hijo más,

si me apuras casi cuidó más de sus tierras que de su familia.

Fíjate si estaba unido a estas viñas que cuando él murió

nos dieron la mejor cosecha que hemos tenido nunca.

La cosecha del 67.

(RÍE)

Gracias por traerlo.

-No hay de qué.

-¿Y ahora sería mucha molestia explicarme a qué viene la urgencia?

Es mi abuelo, Alejandro Cortázar. -Ya...

pero es que yo la foto del mío la tengo en un álbum y claro...

Fíjese en el reloj que lleva.

Es el mismo, ¿verdad?

-Yo diría que sí.

Ya sabía yo que en las tierras de los Cortázar nada es por azar.

Bueno, pues no se preocupe,

si averiguo algo le informaré. Gracias.

-Adiós.

Pájaros cantando.

-¿Á qué vienen tantas prisas, para qué querías verme?

-¿No lo sabes?

(RESPIRA EXCITADO)

(VOZ COMO LEJANA) -Gustavo...

¡Gustavo!

¿Se puede saber qué te pasa?

-Perdona, estaba distraído.

-Pues céntrate, necesito tu ayuda.

Hay una persona empeñada en sacarme de las bodegas.

(RÍE BURLÓN) -¿Solo una?

Acostúmbrate que te caerán por todos los lados.

-Pero esta es muy peligrosa,

está dispuesto a declarar que mi marido iba a desheredarme

a favor de sus sobrinos horas antes de morir.

-Eso es absurdo, lo importante es lo que dice el testamento.

-Ya, pero cuando Mendoza declare que la última voluntad de Joaquín

era otra, sus sobrinos congelarán mi herencia hasta obtener la razón.

-Ya...

Bueno, imagino que esto para ti es un drama,

pero no sé muy bien qué tiene que ver conmigo.

-Si yo caigo, perderás el único apoyo que tienes en el accionariado

y una vez solo, ¿cuánto crees que tardarán en librarse de ti?

¿Entiendes ahora qué tiene que ver contigo?

Gustavo, nos necesitamos el uno al otro.

-Ya lo sé,

por eso te avisé de lo que tramaba Miguel.

-Juntos podremos con los Cortázar.

Juntos podremos hacer grandes cosas.

-He visto cómo has tenido a toda esa familia en jaque todo este tiempo.

Eres un superviviente.

(RÍE)

-¿Qué quieres que haga?

-Recomienda la lubina,

a este paso nos quedamos con toda la partida.

-Mendoza...

-Gustavo, ¿qué haces aquí?

-Hay un tema que me preocupa. -Recibí el pedido,

tarde, pero lo recibí. -No, no es eso.

Parece que está rellenando nuestras botellas de Gran Reserva

con vino de gama baja y eso está muy mal, Sr. Mendoza.

-Eso es mentira.

-Sí, ya lo sé. (MENDOZA RÍE)

Pero ya sabe cómo funciona esto, basta que corra un rumor

para que la gente se lo acabe creyendo.

Sepa que esto puede ser solo el principio.

-¿Me estás amenazando?

-Te estoy avisando.

-¿Qué quieres?

-Que deje en paz a Paula y deje de apoyar a los sobrinos de Joaquín.

-Solo quiero que se cumpla la última voluntad de mi amigo.

-Usted tiene hijos, ¿verdad?

Pues debería preocuparse más por su herencia,

si sigue así no les dejará nada.

Y espero no tener que volver a verle.

Móvil.

Dime. -Oye, Gustavo,

¿diste la orden de comenzar con el análisis del suelo?

-Sí.

-Pues el jefe de las viñas no dice lo mismo.

(RESOPLA) -Voy para allá.

(BAJITO) -Imbécil.

(RESOPLA)

Teclas del móvil.

-¿Sí?

-Emma, ¿dónde estás?

-En la oficina, ¿por?

-Por nada, estoy intentando localizar a Pablo.

-Pues no le veo por aquí.

-Vale, no te preocupes, ya me encargo yo.

(ATERRADA) -¡Ah!

-¿Puedes sola o te ayudo?

-¿Algún problema con el pedido?

-Ninguno. -No sabes cuánto me alegro.

-Pero quiero que sepas que no haré más negocios con esta empresa.

-Lo siento, espero que te vaya muy bien.

-Fue como si no le importara perder un cliente.

No le importa.

-Es peligrosa, ella y su gente.

Y yo no quiero seguir con ellos.

Nadie te obliga, si quieres irte, vete,

a mí ya no me tienes que dar explicaciones.

-¿Después de tantos años

no te importa que firme con otra empresa?

Lo comprendería.

Desde que mis hijos me sacaron de sus vidas todo ha ido a peor.

-¿Y dónde podría ir, eh?

¿Quién hace unos vinos a la altura de los vuestros?

¿Sabes? Creo que puedo recomendarte a alguien.

¿La policía?

Sí. Eso me he dicho Fermín esta mañana,

que habían visto a Ortega por la viña vieja, no sé por qué.

En las tierras de los Cortázar todo es posible, hija.

Hala, ya estás.

¿Me queda bien? (SUSPIRA)

Estás guapísima, cuando te vea Ernesto aparecer en el banco

te dará los créditos que le pidas.

Ya, como si fuera tan fácil.

Abren la puerta.

-Mamá, Lu, tenemos visita.

-Hola.

¿Adolfo...?

-Sofía.

40 años, y estás tan guapa como entonces.

Ya veo que tu hija sigue tus pasos.

Lucía, él es...

Adolfo, el hermano de tu padre.

-El mismo.

¿Qué tal? -Bien.

¿Os hablaron de mí?

Papá nos contó que te fuiste a Argentina hace muchos años,

poco más. Nunca tuvimos mucho más que contar.

-Ya...

-Mamá...

el tío Adolfo venía a ver a papá.

-Ya sé que después de tantos años el igual no quiere hablar conmigo,

pero...

¿No le has dicho nada, hijo?

-No.

-¿Qué pasa?

Si hubiésemos sabido dónde estabas te habríamos avisado.

-¿Cómo fue?

En la bodega, fue un accidente.

-Este negocio era su vida,

no me sorprende que esa bodega acabara con él.

Hay gente que lucha por lo que cree, Adolfo.

Pájaros cantando.

-Veo que Jesús murió, pero el rencor sigue vivo.

¿Hasta cuándo te quedas?

-Bueno, mi visita ahora ya no tiene sentido,

intentaré adelantar el vuelo y me buscaré un hotel.

Puedes quedarte en casa.

-¿Seguro?

A Jesús le habría gustado y siempre ha sido vuestra casa.

-Cuando le oí en la bodega aluciné,

mamá estará igual, son muchos recuerdos.

¿A qué vendrá después de tanto tiempo?

-Por su bien, espero que no necesite dinero, a menudo sitio viene.

Algo muy gordo pasaría para que dejaran de hablarse.

-O una tontería,

papá era muy cabezón, ya lo sabes.

Vamos, a ti te dejó de hablar porque no querías llevar la bodega.

Lu...

¡Lu! ¿Qué?

-¿Te pasa algo?

No.

-Venga, vamos, que llegamos tarde.

¿Estás bien?

No sabía que don Ernesto ya no trabajaba aquí.

-Otra demostración de nuestra mala suerte.

No te preocupes, no nos puede ir peor.

-¿Estás segura?

-Buenos días.

Dani... Lucía...

Marc...

Creía que trabajabas en un bufete de abogados.

-Así es la vida, una veces arriba y otras abajo.

Pero por lo que he visto en vuestra documentación lo sabéis.

¿Qué tal tu familia, tu hermano? (SECO) -Todos bien.

Habéis pedido un crédito muy alto...

y oí que debíais una buena pasta a Hacienda, ¿no?

Somos una empresa pequeña

y no hemos tenido demasiado suerte, pero...

ahora tenemos muchas esperanzas en el vino que ha hecho Daniel.

-Lo siento, Lucía,

no podemos daros un crédito en base a esperanzas.

-Te aseguro que con este vino conseguiremos muchos clientes.

-Tráeme esos contratos que dices y os firmaré el crédito sin dudarlo.

El dinero nos urge, Marc,

la vendimia está a punto de empezar.

-Voy a estudiar detenidamente vuestra documentación

y os contestaré lo antes posible.

Es tu manera educada de decirnos que no, ¿verdad?

-Aprendí de las mejores.

-Bueno, vale ya, nos vamos, hay más bancos.

-Recuerdo cuando nos hicimos esta foto.

Volvíamos de las fiestas de Haro,

ese día nos bebimos más de una cosecha, ¿lo recuerdas?

No...

tiendo a olvidar los recuerdos menos agradables.

-Yo lo recuerdo como los días más felices de mi vida.

Podrían haberlo sido...

pero te fuiste.

-Sabes que no tuve más remedio.

(SUSPIRA)

¿Por qué has vuelto?

-Ya te lo dije, tenía que hablar con Jesús.

Llevabas más de 40 años sin hablar con él,

y no te dignaste nunca a escribirnos ni a llamarnos,

nada.

Abren la puerta.

Hola, hijos, ¿qué tal, ha habido suerte?

Cada banco peor que el anterior, mamá.

-No nos quieren ver ni en pintura.

Creo que nos va a quedar otra que vender algunas tierras.

-Lu tiene razón,

y hoy por hoy la Viña del Tuerto no nos sirve para nada.

Pero, hijo... -¿Qué quieres, mamá?

-Por los chanchullos de Raúl nos han quitado la D.O. de esa viña.

Pero podemos hacer vinagre o vino de mesa.

¿Y si hacemos arrope?

-¿Arrope? Sí.

Es una especie de mermelada que se hace con el vino.

Sabemos lo que es, nos lo hiciste aborrecer de pequeños.

Pues los niños que crecen con arrope...

(AMBOS) -Crecen sanos y fuertes.

(RÍE)

Supongo que no tenemos nada que perder, ¿no?

-¿Se puede?

Sí, claro, pasa, Daniel.

Siéntate.

¿Todo bien?

-Ya sabes que no.

Con lo que ha pasado entre nuestras familias

no me resulta cómoda esta visita.

Ya, me hago cargo, tú dirás.

-Necesitamos dinero.

Como creador de vuestro nuevo vino me dais todos los meses

un porcentaje de beneficios... Si quieres subirlo, no es posible.

-No quiero más porcentaje, Miguel, quiero un adelanto.

He calculado lo que me tocaría en los próximos tres años,

40 000 euros me parece una cantidad bastante asumible.

Eres consciente de lo que pides, ¿no?

El Fermín Cortázar ha devuelto a nuestra empresa al mapa,

vas a dejar de ganar mucho dinero.

-Lo sé, pero si no aceptas el trato perderé mi bodega.

Bien, si eso es lo que quieres no creo que haya problemas,

mi secretaria te avisará en cuanto tengamos el cheque.

-Bien...

Daniel...

¿qué tal Lucía?

-¿Tú qué crees?

Tocan a la puerta.

Está abierto.

Hola, Sofía. Vicente, ¿qué haces aquí?

Si Lucía te ve... He venido a echaros una mano.

¿No te ha dejado claro Lucía que no quiere tu ayuda?

Sofía, tú ya sabes que yo nunca te perjudicaría.

Lucía no va a aceptar mi dinero,

y yo no puedo ver cómo vuestra bodega se hunde y no hacer nada.

Ya habéis hecho bastante, estamos así por culpa de Raúl.

Lo sé, lo sé.

Lucía puede estar tranquila, es un cliente de las bodegas Cortázar

que al parecer no está contento con la nueva gestión.

Está buscando otra bodega.

¿Y tú le quitarías un cliente a tus hijos?

No, yo no... solo vuestros estupendos vinos.

Llamadle, hay mucho dinero en juego.

-Vicente...

¿Qué vienes a buscar aquí?

¿No me reconoces?

¡Adolfo Reverte!

Cómo has cambiado.

-Por lo que he oído tú sigues siendo exactamente el mismo.

Nunca creí que tuvieras la valentía de volver tras todo lo que pasó.

-Aléjate de mi familia,

no te quiero ver cerca, ni a ti ni a tu dinero.

¿De quién quieres que me aleje, de tu familia, o solo de Sofía?

-Quedas advertido.

Ya no te tengo miedo, Vicente, ya no.

Pierdes el tiempo, Sofía ya sabe la clase de hombre que eres.

Todos los sabemos.

(EMOCIONADA) ¿Mendoza?

¿El dueño de la cadena de restaurantes?

Sí.

-¿Esa tarjeta no tendrá algo que ver con la visita de Vicente?

Sí, él me dio el contacto.

Pero bueno, mamá, ¿es que no vamos a aprender nunca?

¿Caeremos siempre en las trampas de los Cortázar?

-Lucía tiene razón, llevo muchos años sin tratarle,

pero hay gente de la que nunca debes olvidarte.

A lo mejor esta vez no es una trampa.

Venga, ya, ¿desde cuándo iba a hacer algo Vicente

que nos beneficiara y que perjudicara a su empresa.

-Ya no es su empresa...

sus hijos le echaron de ahí.

No sé...

quizá...

quizá Vicente quiera devolver el golpe a Miguel.

Y si no sale bien conseguiremos el contrato para los bancos.

Mendoza es un cliente muy fuerte, quizá el mayor que hayamos tenido.

Vayamos a verle.

Tampoco tenemos nada que perder, ¿no?

-Mar... (ASUSTADA) -Pablo...

-Perdona, no quería asustarte.

-No, no te preocupes, pensaba que no quedaba nadie.

-Pues ya ves que no.

¿Y tú cómo es que no te has ido aún?

-Lo había hecho, pero he vuelto

porque no estaba segura de haber cerrado bien

un depósito que estoy analizando,

he pensado que no sería buena idea echarlo a perder en mi 1era semana.

¿Y tú?

-Este es el único momento en que está todo en silencio.

-Seguro que ni has cenado aún.

-No... (SUSPIRA)

Oye... ¿vamos a tomar algo?

-Venga.

Pero ante déjame enseñarte las tierras donde vas a trabajar.

-No me acostumbro a estos cielos,

en la ciudad es imposible.

-Ya, pero en la ciudad tenéis otras cosas,

no sé, todo es más... -Complicado.

-Sí, también, seguro, pero...

puedes desaparecer cuando no quieres estar para nadie.

-Viviendo aquí no entiendo cómo alguien querría desaparecer.

(RÍE)

-Se me ocurren varias razones. -Venga ya.

Tú creciste aquí,

seguro que estas tierras te traen recuerdos maravillosos.

-Claro, por supuesto.

Mira, en esa carretera de ahí

Miguel y yo aprendimos a conducir con el coche de mi padre,

no teníamos ni 15 años.

Y esa cepas de ahí abajo las plantamos Miguel y yo

como castigo por lo del coche.

En esa montaña de ahí, de pequeño enterré un trenecito rojo,

era mi favorito,

cuando volví a los pocos días para cogerlo no recordaba el lugar

y jamás volví a encontrarlo.

Y esas viñas...

las salvé por los pelos de una virosis.

Fue la primera vez que sentí que mi padre estaba orgulloso de mí.

Y en esas viñas fue donde...

-¿Qué?

(SUSPIRA) -No, no pares, sigue.

-Donde le pedí matrimonio a mi mujer.

-Sigo sin entender por qué llegaste tan tarde anoche.

-Ya te lo he dicho, Sara.

Estamos a las puertas de la vendimia y tenemos mucho trabajo.

Con Gustavo no podemos contar.

-¿Y Mar? ¿También tuvo que quedarse a trabajar hasta tan tarde?

-No, no.

Bueno, no sí, claro, estuvo,

pero se fue pronto, había quedado para cenar con su novio.

-¿Tiene novio? -Sí, llevan ya unos años juntos.

-Ah, ¿y cómo la sabes?

-Bueno, pues porque me lo contó.

-¿Es guapa?

-Pues no sé...

No mucho, la verdad.

He de marcharme,

he quedado para revisar unas vides. -¿Con quién?

-Con Mar.

Escucha, es mi ayudante, Sara.

¿Has visto mi móvil por algún lado?

-No. -Me lo habré dejado en la oficina.

Me marcho que tengo prisa.

Que tengas un buen día.

-Y tú.

Teclas del móvil.

No, Mar, soy Sara, su mujer.

Hola.

Mira, Pablo se ha dejado el móvil en casa y no puedo localizarle,

¿podrías pasarte a recogerlo?

Gracias.

-¿Buscas esto?

¿Adónde ibas?

-¿Adónde voy a ir, Gustavo? A trabajar.

-¿A estas horas?

-Sí, algunos tenemos cosas que hacer.

-¿El qué, poner las calles?

-Quería aprovechar para arreglar unos papeles

y para preparar la cena de esta noche con Carlos.

¿Me das las llaves, por favor? -¿Qué cena?

-Una con un cliente que no ha firmado todavía la renovación.

¿Has acabado ya el interrogatorio o no?

-¿Sabes qué? Que te voy a acompañar a la oficina.

Como cuando éramos una pareja normal y nos queríamos y esas cosas.

-Tengo prisa, Gustavo. -Cinco minutos.

-Hola.

Hija, ¿va todo bien? -No, papá, nada va bien.

¿No lo has hecho? -¿Cuándo quieres que lo haga?

Si este no madruga desde hace siglos

y encima hoy quiere acompañarme al trabajo.

No para de controlarme. Debes librarte de él como sea.

Búscate una excusa en el trabajo, no sé...

-Emma, nos vamos.

-Adiós.

Adiós.

-Mamá, ¿qué tal?

(IMPRESIONADA) -Muy bien...

-Igual un poco pasado de moda.

-No te preocupes, ahora podrás comprarte uno nuevo.

(RÍEN AMBOS)

-No te quiero fallar, mamá.

-Lo vas a hacer muy bien, ya verás. Ah...

bonito disfraz de Cortázar.

Bonito, pero barato.

-Vicente...

creo que estás en mi lado de la cocina.

Ah, sí...

(CARLOS RÍE)

-Carlos...

-Perdona que esté aquí, pero es que no sabía dónde...

-No te preocupes, siéntate, por favor.

-Estaba revisando los papeles que me has dado y...

-¿Y?

-Pues que... que no entiendo nada.

-Bueno, es normal, es tu primer día.

Teléfono. -Sí. Sobre eso...

me... me gustaría darte las gracias por haber confiado en mí.

-No pasa nada, no te preocupes.

Precisamente te iba a comentar una cosa de trabajo.

Necesito que te encargues tú de la firma del contrato de Mendoza.

-¿Yo?

-Sí, es que me ha surgido un compromiso y...

no voy a poder ir a la cena esta noche.

-Ah, muy bien, ¿y qué es lo que he de hacer? Cuéntame algo.

-Mendoza nunca ha tenido queja de nosotros,

es un mero formalismo, de verdad, lo hacemos todos los años.

-Vale.

Muy bien. -Gracias.

-Oye, y... ¿quién paga la cena?

-Ya me encargo yo.

-Muy bien.

(SUSPIRA)

-¿Y bien?

-Tenéis razón, es un vino extraordinario.

Diría que tan bueno como el de los Cortázar.

-¿Le gustó el Fermín Cortázar?

-Mucho.

-Pues yo lo creé, junto a Pablo.

Y le aseguro que no tenemos nada que envidiarles.

Nuestra bodega es diferente a la de los Cortázar.

Somos un negocio más pequeño,

para nosotros el cliente siempre es lo más importante.

Nuestro trato es más personalizado, más cercano. Mire...

eche un vistazo a los números.

-¿Este sería el precio por botella?

-Siempre que el trato incluya todos sus restaurantes.

-Esta noche tengo una cena con los Cortázar.

(RÍE DIVERTIDO) Y creo que no van a tomarse el postre.

Señores, tenemos un trato.

¡Sí! (RÍE) -¡Te lo dije!

(RIENDO) ¡Te lo dije!

Saldremos adelante, cueste lo que cueste.

-Seguro.

Vamos.

-Escucha...

hay algo más.

Ayer hablé con Miguel,

he renunciado a mi porcentaje a cambio de un adelanto.

¿Por qué? Ese vino puede dar mucho dinero, Dani.

-Es un buen trato, en serio.

No, es pan para hoy y hambre para mañana.

Es tu dinero.

-Puede ser...

pero hace más falta en la bodega.

Guárdalo, ahora con Mendoza como cliente

vamos a poder levantar cabeza, nos darán el crédito que pedimos.

Vamos.

-Ana... -Hola, Dani.

-¿Todo bien?

-Van a quedarse con la casa por no pagar la hipoteca.

-¿Cómo? No pueden hacer eso.

-¿No? Pues entra y explícaselo a ellos.

No hemos encontrado comprador y el banco ya no espera más.

-¿No ibas a usar el dinero del seguro?

-¿Qué seguro, Daniel? No van a pagar,

no se harán responsables de nada. -¿Por qué?

-Lorena había bebido.

No sé qué voy a hacer,

no tengo tanto dinero para salvar la casa y pagar la deuda.

La noche que murió Lorena

mi vida y la de mi madre se fueron a la mierda.

Perdóname.

-No, no...

Escucha, yo...

ahora tengo que hacer algo importante, pero...

cualquier cosa que necesites cuenta conmigo.

-Gracias.

-Eh, ¿qué tal tu primer día?

-Bien, aterrizando. (RIENDO) -Aterrizando, dice.

Pues cuidado no te estrelles, chaval.

Los Cortázar no permiten errores y menos sin su apellido.

-Solo es una cena. -Ya...

Tú deja que hable Emma, así no la cagas.

-No me esconderé detrás de ella, básicamente por no viene, voy solo.

-¿Qué dices, por qué no va Emma?

-No sé, le ha surgido algo más importante que hacer.

-Me cago en su vida.

(RÍE SORPRENDIDO)

¿Qué haces aquí?

Creí que preferías quedarte encerrada en tu habitación.

-No crea, todo se supera, usted es el mejor ejemplo.

Tienes razón, no hay nada que no se pueda superar

cuando se está rodeado por gente que te quiere tanto.

Tú lo estás, ¿verdad?

Tocan al timbre.

-Hola. Hola.

-Venía a ver a Sara.

Ah, sí, creo que te está esperando, pasa.

-Gracias.

Hola, Sara, estaba deseando conocerte.

-Y yo, siéntate.

-Gracias.

He oído hablar tanto de ti...

-¿De verdad?

-Sí, ayer Pablo cenando me contó hasta cómo te pidió matrimonio.

-¿Cenasteis juntos? -Sí, una cosa rápida,

a la salida del trabajo.

Bueno, ¿tienes el móvil, Pablo me estaré esperando?

-¡El móvil! Toma... (RÍE) -Gracias.

Encantada, y espero que nos veamos en otra ocasión con menos prisa.

-Seguro que sí. Chao. -Hasta luego.

Pablo...

tu móvil.

-Claro, debí dejármelo en el laboratorio.

-No, en casa. Me ha llamado tu mujer para que fuera a recogerlo,

no podía localizarte.

-Ya... -Es encantadora.

-Sí...

-No lo dices muy convencido.

-Bueno, mira, no... no estamos pasando un buen momento, la verdad.

-No quiero ser indiscreta, ¿pero qué le pasó?

¿Por qué está en silla de ruedas?

-Un accidente.

-¿Necesitas algo más? -No, gracias,

puedes irte al laboratorio.

-Hasta luego.

Arranca el coche.

(SUSPIRA)

-Buenas noches. Hola, Sara, cariño.

Pensé que estarías arriba. -Me apetecía cenar con vosotros.

-Muy bien.

Hijo, ¿qué tal ha ido el día?

-Bien... bien.

-Disculpe que esté tan seco, últimamente trabaja demasiado,

se deja lo mejor en la bodega.

-En dos minutos está la cena.

-Estupendo, me muero de hambre.

(CARRASPEA) Bueno, si no os importa me gustaría brindar por Pablo.

Quiero darle las gracias por cenar con su familia

y dedicarle algo de tiempo a su mujer

en lugar de estar intentando tirarse a su ayudante.

(RIENDO) -Vámonos...

Sara... -No, Miguel, no.

No.

Sara no voy a permitir... -Perdona. ¡Perdona!

-No voy a... -A lo mejor ya te la has tirado.

(RESOPLA)

-¿Por qué estáis tan callados?

¿No sabíais que Pablo usa la bodega para cenitas románticas

y encuentros a medianoche como un adolescente?

-Sara, no es ni momento ni lugar. -¿Por qué no?

Estamos en familia.

Y su actitud es de lo más comprensible,

total, yo no soy más que una pobre inválida que no se entera de nada.

-¿Has terminado con tu discurso?

¿Quieres decir algo más?

-Si quieres sigo.

-Perdonadnos.

-Creo que me he quedado sin cenar.

-¿Qué ha pasado?

-¿No cenas?

-No, lo siento, tengo que irme.

-¿Adónde vas, mi amor?

-Me está esperando Carlos, tenemos una cena con un cliente.

-¿Quieres que te acompañe? -No hace falta.

-¿Por qué no?

Gustavo, con un aspirante a Cortázar en esta cena ya basta.

Te acompaño a la puerta, hija.

(BAJITO) -Gracias, papá.

Voy contigo.

-No, papá.

No quiero que te involucres en esto, no es justo.

Os he fallado a ti y a tus hermanos durante años,

ahora me necesitas y voy a ayudarte,

vamos. -Gracias.

-¿Se puede saber qué te pasa? -No, qué te pasa a ti.

Primero me dices que tu ayudante es un hombre y es una mujer.

¿Cómo crees que me sienta

que cenes a escondidas con ella? -No es lo que crees.

-¿Ah, no? -No.

-¿No me has dicho que cenaste solo? -Sí.

Pero lo hice para que no te sintieras mal.

-Pues te has lucido.

Ahora entiendo los comentarios de Gustavo.

-Gustavo es un imbécil. -Pero es el único que no ha mentido.

Lo saben todos, ¿no?

Todos saben que me engañas con esa. -No, yo no te estoy engañando,

solo cené con ella para...

para ayudarla a integrarse en la empresa.

-Para integrarla...

Con Daniel no te tomaste tantas molestias.

-¡Sara no, no!

¡Entre ella y yo no ha pasado absolutamente nada!

Te estás volviendo loca.

-¡Porque has destrozado mi vida! ¡Y no me des la espalda!

Demuéstrame que no significa nada para ti.

Despídela.

-Muy bien...

si eso te hace sentir mejor lo haré.

-¡Pablo!

Una de las barricas no estaba llena del todo, pero la he analizado

y está bien. La he rellenado, descuida.

-Mar, tengo que decirte algo.

-Espera, espera,

que tengo una sorpresa para ti.

Toma.

Toma.

(RÍE) Lo he visto en una juguetería y no me he podido resistir.

-No tenías por qué... -Vamos, no es para tanto.

Perdona que te haya cortado, ¿qué ibas a decirme?

-Eh... ya no me acuerdo.

-Pues entonces no debería ser muy importante.

-Sí.

Eh... gracias.

-De nada.

-Sigue con lo tuyo.

-Hasta luego.

Tocan a la puerta.

-Sara, ¿qué tal?

-¿Pablo? -Sí.

-¿La has despedido?

-Sí...

la he despedido.

Vamos, hija, ¡vamos!

Sin cadáver no hay delito, y sin delito estarás libre,

los días de Gustavo están contados.

Vamos.

Au...

-¿Policía? He visto a unos gamberros en tierras de los Cortázar,

¿podrían enviar un coche patrulla, por favor?

Sí, gracias.

-Gracias, Juanjo.

-¿Te han enviado a ti para negociar el contrato?

-Sí, si le parece lo firmamos después de la cena.

-No te preocupes, no hay prisa,

no pienso firmarlo.

-¿Cómo ha dicho?

-Me gustan los vinos Cortázar, pero voy a firmar con otra bodega.

-¿Con qué bodega?

-Los Reverte me han hecho una oferta que no puedo rechazar.

-¿Y se puede saber cuál es la oferta?

Teclas del móvil.

(CARRASPEA)

Móvil.

Apaga ese teléfono.

-Es Carlos, papá. ¡Apaga ese teléfono!

-¡Mierda!

¡Un coche, hija, viene un coche!

Radio de policía.

(CARRASPEA)

Vibración del móvil. Apaga eso.

(BAJITO) ¡Apaga eso!

-Ahora mismo no puedo atenderte, deja el mensaje tras la señal.

-Emma, llámame, tenemos un problema.

-¿Todo bien? -Sí, sí, sí, bien.

Eh...

Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar.

-Aquí está.

¡No puede ser!

¿Qué es?

-¡No puede ser!

¡¿Una muñeca?!

Grillos.

-Se acabó, papá, estoy perdida.

(RESPIRA CON ANSIEDAD)

-Ay, llegáis tarde y engañados.

La de vueltas que da la vida. -¡Papá, no!

(RIENDO) -Lávate las manos, Vicente.

-¡Y tú...!

Pájaros cantando.

-¿Sabes lo que haría?

Le restregaría el contrato firmado por Mendoza por la cara a Marc.

Y luego iba al banco de enfrente.

(RÍE) Se portó como un idiota, pero ahora qué más nos da.

Voy a llamar a Mendoza para cerrar la firma.

-Suerte.

-Hola, ¿Daniel Reverte?

Sí, está allí. -Gracias.

De nada.

-¿Ana?

(RÍE MUY CONTENTA)

-¿Y esto?

-Perdona, tenía que contárselo a alguien, me han llamado del banco.

No te lo vas a creer, yo aún no me lo creo.

Al parecer mi madre firmó un seguro de enfermedad con la hipoteca.

-¿En serio? -Lo que oyes.

Nos han hecho el ingreso hace unas horas, la hipoteca está amortizada.

Y todo gracias a ti.

-¿A mí por qué?

-Porque conocerte me ha traído suerte, ¿no te das cuenta?

Por fin todo se empieza a arreglar.

(RÍE CONTENTA)

Dani...

-No...

Acabo de hablar con Mendoza.

-¿Pasa algo?

Abren la puerta.

Lucía...

No puedo creer que hayas sido capaz de un juego tan sucio.

Estás tirando el mercado.

¿Me puedes explicar de qué hablas?

¡Lo sabes perfectamente! Has bajado tus precios hasta la ridiculez

para robarnos a Mendoza.

Que yo sepa no hemos bajado nada,

Mendoza nos compra vino desde hace años.

Habríais sido vosotros quien queríais robárnoslo.

Se fue porque quiso.

Lo dudo, siempre ha estado muy contento con nosotros.

¿Hasta cuándo, Miguel?

¿Hasta cuándo seguirás haciéndonos daño? Sabiendo lo que sé.

Mataste a mi padre.

Por favor, Lucía, no tienes ninguna prueba de eso.

¿Qué pensaría Ortega?

Mónica te acusa y al día siguiente aparece muerta.

No he hablado de esto con nadie,

ni mi madre, ni mi hermano lo saben,

pero te juro que como sigas haciendo daño a mi familia,

o a mi negocio,

me da igual que seas inocente o culpable,

pagarás por la muerte de Jesús Reverte.

-¿Qué te ha dicho?

¡Lu!

Lu, ¿qué te pasa?

(DÉBIL) Nada. -¿Cómo que nada?

Nada.

Oye, Dani, sé que ayer te dije que no, pero...

creo que sí necesitaremos el dinero que te dieron los Cortázar.

-¿Qué?

No lo tengo, Lu.

¿Cómo que no lo tienes?

-Bueno, algo me queda, pero... ¿Qué has hecho con el dinero?

-Se lo di a la familia de Lorena.

¡¿Qué?!

-Bueno...

su madre lo necesitaba y...

les iban a embargar la casa. No me lo puedo creer,

estamos en la ruina.

¿Por qué les has dado tanto dinero?

-Porque, Lucía...

lo necesitaban y me dijiste que con el contrato de Mendoza

ya no hacía falta que... Vale, vale.

No quiero hablar más del tema.

-Todo tiene solución...

menos la muerte.

¿Te han contado lo de Mendoza? -Sí, nos ha contado tu hermano.

-Tu padre fue un gran amante de la tierra,

yo lo era más del vino

Gracias por aclararme cuál de los dos era la oveja negra.

(RÍE) -Posiblemente...

no he sido el mejor hijo, ni el mejor hermano, ni el mejor marido,

pero aún estoy a tiempo de ser el mejor tío.

Tío, esto es muchísimo dinero.

(RIENDO) -Ah, no...

No he vendido mi casa en Argentina para que me lo rechaces, cógelo,

la vendimia está a la vuelta de la esquina.

Si salimos de esta prometo devolvértelo todo.

-Primero arregla el principal de tus problemas,

y luego ya hablaremos.

Tío, esto es fundamental para hacerlo.

-Lo fundamental es que Dani y tú estéis unidos.

Solo así lograréis sacar esto adelante.

Gracias.

-Lo siento, de verdad.

No...

no tenía ningún derecho a hablarte así.

Era tu dinero y podías hacer con él lo que quisieras.

(LLOROSO) -Tenía que hacerlo.

Se lo debía a Lorena.

Dani, no...

no puedes seguir sintiéndote culpable de su muerte.

-Eso no va a ser fácil.

Claro que sí, ya lo verás.

Los Reverte tenemos un máster en superar desgracias.

(RÍE LLOROSO)

Además...

ya está todo solucionado.

¿Vamos?

-No pude ir a la cena porque me salió algo urgente.

¿El qué? ¿Qué hay más importante que la cena con un cliente?

-La cena con Mendoza siempre ha sido un trámite,

¿quién iba a pensar que no estaba a gusto con nosotros?

-Sí, ¿quién lo iba a decir? Me tengo que ir.

¿Pasa algo, Gustavo?

-¿Te parece poco que casi perdamos

a uno de los mejores clientes por...

...por culpa de ese niñato?

Pasa, te van a dar para el pelo.

-¿Por qué?

-Pasa, pasa.

Teclas del móvil.

Paula, tenemos que hablar.

En la bodega, ahora.

-¿Queríais verme?

Sí, Carlos, queríamos verte.

(SUSPIRA)

¿Cómo pudiste bajar tanto el precio del contrato con Mendoza?

-No me quedó otro remedio,

la oferta de los Reverte era muy buena, se iba con ellos.

¿Qué debía hacer, dejar que se fuera con la competencia?

Llamar. -Llamé.

Llamé...

llamé a Emma, pero no me lo cogió.

Pues me llamas a mí, o a Pablo.

Pero querías apuntarte un tanto y no sabías cómo, ¿verdad?

-Pero hay algo que no entiendo, hemos mantenido a Mendoza,

pagará menos por el vino, pero tendremos más clientes.

Sí, los tenemos, y cómo se enteren del precio que paga Mendoza

querrán pagar lo mismo o menos.

-Si esto se filtra estamos perdidos.

(RÍE INCRÉDULO)

Dejadnos a solas, por favor.

-Nadie tiene por qué enterarse, Miguel.

Carlos, se acabaron tus días en la oficina.

-¿Me estás echando?

No, no te despido, te voy a trasladar.

-Ah...

Sí, la verdad es que ha sido un error.

No, el error ha sido nuestro.

No estás capacitado para tanta responsabilidad.

-Tampoco soy tonto, y aprendo rápido.

Pero esto no es una escuela, es una empresa.

A partir de ahora dependerás de Pablo.

-¿Voy a trabajar en el laboratorio?

No, en el campo.

-¿Haciendo qué?

Empieza la vendimia, nos hace falta mano de obra.

-En la vendimia...

(RÍE) De jornalero, ¿no?

Querías aprender, ¿no?

Pues lo vas a hacer,

empezando desde abajo, como todos.

Abre la puerta.

-Hola.

Hola.

-¿Ha visto a mi madre?

Por suerte empieza a respetar la división de la casa.

Así que te han desterrado a las viñas.

Te lo advertí,

te advertí que nunca serías un Cortázar.

-No sé si se da cuenta de que yo no tengo ninguna necesidad de serlo.

Ha sido mi culpa, me dieron una oportunidad y fallé, no hay más.

Ajá.

¿Y Emma, no tenía que estar también en esa reunión?

¿A ella también la han castigado?

Si de verdad crees que el destierro es una cuestión de justicia

es que tienes más moral de lo que creía y me alegro por ti.

-¿Por qué?

Porque necesitarás mucha más

para aguantar el trabajo en el campo... hijo.

-Paula...

¿Por qué coño me engañaste?

-No tengo ni idea de lo que me estás hablando.

-No me dijiste que Mendoza aún no había firmado,

casi lo perdemos. -¿Se queda en la bodega?

-Sí, porque el idiota de Carlos le ha vendido el vino tirado.

-Parece que todos tenemos un precio. -Sin él habría sido la ruina

para las cuentas de la empresa. -¿Y?

-No podemos ir en contra de las bodegas, es nuestro dinero,

nuestros beneficios.

-Yo ya tengo dinero, Gustavo.

La amenaza de los sobrinos ha desaparecido.

Mendoza ya no les apoya, es todo lo que debería importarnos.

-No, las bodegas es lo primero. -Nosotros somos lo primero,

me da igual que sea un cliente o un jornalero.

Debemos asegurar nuestra permanencia en la empresa,

cueste lo que cueste.

Después iremos contra los Cortázar.

Y puedes creerme, cuando todo esto sea nuestro,

no te importará haber perdido algún cliente por el camino.

Te sobrará el dinero.

(SUSPIRA)

-Miguel...

Tienes visita.

-¿Se puede? Sí, adelante, por favor, siéntese.

-Gracias, Rosalía.

Será solo un momento, tenemos alguna novedad sobre el reloj.

¿Y?

-Investigando en viejos archivos vimos algo que parece interesante.

Forma parte de una lista de objetos desaparecidos en un robo

que se produjo en esta casa.

¿Un robo? ¿Aquí? -Ajá.

-Se llevaron otras cosas, dinero...

joyas, documentación...

Pues no había oído nada.

-Es natural, el robo se produjo en octubre de 1967.

¿Qué le pasa, le recuerda algo esa fecha?

Sí, creo que fue cuando murió mi abuelo.

-¿Has visto el cartel de la entrada? Un Cortázar no.

-Hace tiempo que dejé de serlo, por eso voy a contarte algo

que podría interesarte.

Es sobre la muerte de tu padre.

No fue un accidente, Daniel.

-¡¿Mataste a mi padre?!

¡¿Qué has hecho, Dani?!

Hay rumores de que lo de papá no fue un accidente.

Si a Jesús le hicieron algo lo sabré.

-Te fuiste cuando aún era un niño y crecí con Vicente Cortázar.

Ese cerdo no se convertirá en lobo aunque aúlle.

No le quites el ojo, busca entre sus cosas,

algo nos llevará al cuerpo.

-No podemos bajar los sueldos ni recortar en seguridad,

es una gilipollez.

-Miguel, llámame.

-Votos a favor de aplicar este paquete de medidas.

-Gustavo, juegas con fuego.

-Te haremos una radiografía abdominal, igual es un cólico.

No pueden hacérmela, estoy embarazada.

¡Lucía, hija!

Gustavo acabará cometiendo un error,

y estaremos ahí para hundirle.

Echaremos a Gustavo de este casa

y en poco tiempo volveremos a ser la familia que éramos.

El robo fue el día que enterramos a mi padre.

-Hubo un sospechoso, Eusebio Burgos.

-No he dicho nada. -No volveremos al trabajo,

nos plantamos hasta que se nos devuelvan las condiciones pactadas.

-Daniel...

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 28

10 ene 2013

Tras excavar en las viñas de los Cortázar, la policía está desconcertada. Para alivio de Emma, todo lo que han encontrado es un viejo reloj dentro de una pequeña caja. Pero la agente Ortega sabe bien que en las tierras de los Cortázar nada sucede por casualidad.

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