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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Campanas.

-A veces el Señor pone en nuestro camino

obstáculos muy difíciles de superar.

Perder a un ser querido siempre es doloroso,

pero todavía lo es más

cuando la muerte llega de una manera tan repentina.

El misterio de la vida es inescrutable,

pero más aún lo es el misterio de la muerte.

Vamos a brindar.

Aunque esta casa ha vivido ya muchos brindis

y la mayoría de ellos me ha tocado hacerlos a mí,

tengo que confesar que este es

el que más ilusión me hace por muchos motivos,

pero sobre todo por uno.

Mamá, hoy, por primera vez en mucho tiempo,

celebras tu cumpleaños en tu hogar,

del que nunca debiste marcharte.

Rodeada de tus hijos, que tanto te hemos echado de menos.

Emma, que creció sola en un mundo de hombres,

sin una madre que le aconsejase y le advirtiese

de las cosas que le iban a ir pasando.

Pablo, que después de perder a su madre,

te perdió a ti también.

Pero eso le hizo ser más responsable

y protegernos de todos los peligros,

sufriendo él a veces por nosotros.

Y yo mismo, que desde el día que te fuiste,

no he dejado de pensar que no te dije: Te quiero,

todas las veces que me habría gustado.

Pero hoy volvemos a estar todos juntos.

-¿Ya está?

¿Y Raúl?

Perdón. Se me olvidaba que en esta casa

no se habla de ese tema.

Sigue, sigue.

Afortunadamente, y a pesar de las ausencias,

has conseguido que volvamos a ser una familia.

Pero no solo eso. Nos has hecho ver

que la única forma de regenerar la tierra,

es arrancando la mala hierba.

Y eso nos ha dado fuerzas para conseguirlo

y para empezar una nueva etapa de prosperidad.

Por eso, por volver a ser parte de nuestras vidas

y por intentar recuperar el tiempo perdido,

gracias, mamá.

Feliz cumpleaños. -Muchas gracias, hijo.

Gracias a todos.

Felicidades.

-Felicidades. -Bonita.

Motor de un vehículo.

¿Hola?

-Hola.

-Carlos, hijo.

-Felicidades, mamá.

-Bueno, éramos pocos y parió la abuela.

-Hombre, Vicente, tú por aquí.

¿Qué tal?

Esta es la casa de Dios. Es la casa de todos.

Tengo derecho a estar aquí, ¿no? -Claro, claro.

Estás en tu casa.

Y ojalá lo estuviera.

-¿Quieres que vayamos al confesionario?

Arrodillarme nunca ha sido lo mío, Ramiro.

-A todos nos viene bien bajarnos del púlpito

de vez en cuando, Vicente.

Seguro que tus hijos lo agradecerían

y olvidarían tus errores.

El único error que he cometido con ellos,

es no enseñarles que la vida consiste en tomar decisiones,

por muy difíciles que sean.

-Mira, yo no te voy a juzgar. Ya lo sabes.

Pero creo que separar a unos hijos de su madre,

no es una decisión difícil. Es cruel.

Ya veo que Rosalía no solo ha vuelto a mi casa,

sino también a la tuya.

Fue ella la primera que intentó separarlos de mí,

alejándolos de la tierra a la que pertenecen.

Lo único que hice, fue protegerles.

-¿Protegerles a ellos o protegerte a ti mismo?

Vicente, a los demás puedes engañarles,

pero a mí no.

Entonces, sabrá que lo que he hecho,

ha sido por el bien de la familia.

Ya ve cómo me lo han pagado. Dejándome solo.

-Ya. Quizás deberías empezar a hacer

las cosas a su manera.

Cada uno tiene su estilo y ese no es el mío, padre.

-Entonces, no recuperarás a tu familia.

Voy a recuperar a mi familia cueste lo que cueste.

Y espero que llegado el momento, usted me conceda la absolución.

Porque sabrá que sea lo que sea lo que he hecho,

ha sido siempre por su bien.

-Carlos y su padre fueron lo único bueno

que pasó en mi vida, desde que Vicente

me sacó de las vuestras.

-El padre de Carlos fue el hombre del que te enamoraste.

-El hombre más tierno, generoso y honrado del mundo.

Muchas veces he pensado cómo habrían sido vuestras vidas,

si os hubiera podido llevar conmigo.

-¿Pero por qué no nos hablaste de él desde el principio?

-Desde que regresé a casa, supe que la batalla

con vuestro padre iba a ser despiadada.

No podía permitirme puntos débiles.

Solo quería protegerle.

Ahora solo estaba esperando el momento adecuado

para contároslo.

Pero parece que ya no hace falta.

-Y, entonces, Carlos, ¿te piensas quedar mucho tiempo?

-No, no, qué va. Solo unos días de vacaciones

y, después, al trabajo.

-¿Y a qué te dedicas?

-Eh... Trabajo en la construcción.

Técnico en construcción. -Ya.

O sea, peón de obra.

Otro a chupar del bote.

Pues nada. Por el hermanastro desconocido.

Esta familia es cojonuda.

Ya está bien, Gustavo. -Eh.

A mí no me levantes la voz.

Da gracias a que está nuestra madre delante.

-Sí, gracias, Rosalía.

-¿Qué hace aquí la silla? -Me ha mandado sacarla.

Dice que no quiere ni verla.

-Sara, ¿qué pasa?

-Que esta inútil me ha traído la comida fría.

Eso me pasa.

No, no, Amelia.

Váyase, por favor.

-Deberías hacerla volver y que me pida perdón.

-Sara. -¿Qué? ¿Qué pasa?

Que como no soy una Cortázar, ¿tengo que aguantar

que una sirvienta me trate así? -Esa mujer se merece un respeto.

Trabaja mucho y te cuida bien.

-Estoy cansada, Pablo.

Me paso el día aquí encerrada,...

dándole vueltas a todo.

Sin poder moverme. -Que no puedas andar,

no impide que hagas una vida normal.

Puedo bajarte al jardín y estás con nosotros.

Hoy es el cumpleaños de mi madre.

-Tu familia me odia.

-No digas eso, Sara.

Escucha. Tienes que hacer un esfuerzo por intentar animarte.

-Por mucho que me esfuerce, nunca voy a volver a ser la misma.

-Tranquila.

-Ve con ellos. No pasa nada.

-¿Seguro? -Sí.

-¿Estás bien? -Ajá. Sí.

Carlos.

¿Me subes un poco de tarta?

-¿Te marchas ya? Sí.

He quedado en la oficina con Belmonte.

Ya va siendo hora que se entere

de los planes de Paula. -Cuando sepa

que estuvisteis casados y que le hizo invertir

una fortuna para vengarse de nuestra familia,

le va a resultar un golpe duro.

Sí, lo siento por él, pero es la única solución.

Cuanto antes se entere, antes nos la quitaremos de encima.

-No te lo va a poner fácil.

Lo sé, pero ahora que papá está fuera de nuestras vidas,

no voy a permitir que nadie ponga en peligro esta tranquilidad.

-Miguel. ¿Sí?

-¿Sabes algo de papá? No.

-¡Pablo! -Voy.

-Hombre, don Vicente Cortázar.

Dichosos los ojos que le ven.

Por favor, no finja que se alegra de verme.

No me gustaría que por mi culpa, se convirtiera usted

en una hipócrita, agente Ortega.

-No, si no me alegra. Me intriga.

Porque no sé si es buena o mala señal

que esté usted tan desaparecido. Estoy desaparecido

para quien me interesa. -Ah.

¿Y para los Reverte lo está?

Parece que le han visto por sus tierras últimamente.

Yo nunca abandono a mis amigos.

-Pues qué alegría no ser amiga suya.

¿Decía usted algo? -No, no. Nada.

Que, afortunadamente, para los Reverte

va a cambiar la suerte a partir de hoy.

Ah.

-Si es que usted no lo estropea, claro.

-Acabará enterándose. No. Mejor que no lo haga.

Por nuestro bien y, sobre todo, por el suyo.

Ya está ahí.

Hija.

-Bienvenida a casa, hermanita.

Hoy lo vamos a celebrar, pero bien.

Os invito a cenar esta noche por ahí.

-Me parece fantástico.

Buenos días, Ortega. -Buenos días.

Lucía, no sabe cuánto me alegro de verla.

¿Se sabe algo de Raúl?

-Pues no. Nos está costando mucho trabajo.

Es como si se le hubiera tragado la tierra.

Entonces, no hay ninguna novedad.

-Bueno, sabemos que salió del país

la misma noche que la detuvieron.

-Valiente hijo de puta.

-La última pista que tenemos de él,

es que cogió un avión con destino a Chile.

Si me hubieran hecho caso...

En el interrogatorio les dije que todo esto era cosa suya.

-Lo sé, pero yo cumplía órdenes del juez.

No me venga con excusas, Ortega.

No me han dado ni la más mínima oportunidad

de demostrar mi inocencia. Si Raúl no aparece con el dinero,

acabaré en la cárcel.

-Créame que estamos haciendo todo lo que podemos.

No se preocupe, Sofía. Me hago cargo.

Enseguida me marcho, pero antes me gustaría hablar

un momento con Daniel.

-¿Por qué? ¿Para algo?

-No, no, nada. Preguntas rutinarias.

-Enseguida vengo, mamá.

-No tiene buena cara.

-Tenemos mucho trabajo en la bodega y...

-Y no duerme por las noches.

¿Tal vez tiene problemas de conciencia?

-A lo mejor no se ha enterado, pero la investigación

del seguro de Lorena se cerró.

Yo no conducía, no sé qué quieren.

-Lo sé. Y, probablemente, los de ese seguro sean

las únicas personas que han creído en Vicente Cortázar

en los últimos meses.

-¿Entonces?

-Dani, no he venido a hablar de la muerte de Lorena,

sino de la de Mónica Robledano.

-¿Otra vez?

Ortega, ya le dije que casi no la conocía.

Quedé con ella, sí. Y hablamos de Raúl

y sobre los papeles que le inculpaban

en la estafa de mis bodegas. Y me fui.

La última vez que la vi, estaba viva.

-Ni se imagina la cantidad de veces

que he tenido que escuchar eso últimamente.

-Bueno, pues no sé las demás, pero esta es verdad.

-Si es así, me alegraré por usted.

Pero lo cierto es que fue a visitar a una mujer

que horas después apareció muerta en extrañas circunstancias.

-Extrañas circunstancias. -Ajá.

-Apareció con las venas cortadas en una bañera.

A eso, en mi pueblo, le llaman suicidio.

-Pues a lo mejor este no es su pueblo.

En Lasiesta nada es lo que parece.

Máxime cuando los Cortázar están involucrados.

Usted ya me entiende.

-Tendrá que ir a hablar con los Cortázar,

porque aquí no encontrará ninguna respuesta.

-Por su bien, espero que así sea.

Muchas gracias, señor Reverte.

-Te dejo esto aquí.

-Gracias.

-Amelia, ¿nos dejas solos un momento, por favor?

-Sí, señora.

-No sé cómo después de disfrutar de esta casa,

fuiste capaz de vivir sin todo esto.

-Esto no era una casa, hijo.

Esto era una jaula de oro.

Pero lo importante es que ahora os tengo a todos juntos.

¿Por qué no te quedas a vivir aquí?

-¿Quién? ¿Yo?

No lo sé, mamá. No. -Esta ya no es la casa

de los Cortázar. Ahora es la casa de mi familia.

Y tú formas parte de ella. -Ya.

Bueno, pero para eso no hace falta

que durmamos todos bajo el mismo techo.

Yo te puedo venir a ver o tú a mí, ¿no?

-Carlos, me voy a las bodegas. ¿Quieres venir a verlas?

-Eh... Sí, sí, claro.

Esto es impresionante. -Todavía recuerdo a Rosalía

regañándonos por pasar todo el día jugando entre las viñas.

-Habéis tenido que ser muy felices creciendo en mitad de esto.

-Bueno, unos más que otros.

Los Cortázar no somos una familia fácil.

-Oye, ¿y Emma...?

-Supongo que se enamoró de la persona equivocada.

A veces las relaciones son complicadas.

-Yo tampoco es que sea muy afortunado en ese tema.

-Miguel. Joaquín.

-Tu secretaria me llamó para decirme que querías verme.

Sí, gracias por venir. Siéntate, por favor.

¿Qué tal la luna de miel? -Muy bien.

Hemos recomendado los vinos Cortázar

por toda la Riviera Maya.

Un par de restaurantes han quedado

en ponerse en contacto con vosotros.

Muy bien. Pues se lo diré a Emma para que esté al tanto.

-Bueno, ¿qué era eso que querías contarme,

que corría tanta prisa, que no podía esperar?

Sí, verás, Joaquín...

Esto no es fácil para mí, pero creo que si vamos a trabajar

juntos, tengo que hacerlo.

Es sobre tu mujer. Sobre Paula.

-¿Sobre mí?

Está bien. ¿Por qué no se lo cuentas?

-¿Contarle el qué?

-¿Qué es lo que pasa?

Cuéntale que estuvimos casados.

-No te preocupes por eso, Miguel.

Paula me lo contó todo antes de la boda.

Sé que estuvisteis casados y sé lo que pasó

con vuestra pobre hija.

No tienes por qué darme explicaciones.

¿Y no te parece extraño que te convenciera

para invertir precisamente en nuestra bodega?

-Miguel, yo estaba buscando dónde invertir.

Y ella, dejando a un lado su situación personal,

me convenció que las bodegas Cortázar eran un valor seguro.

A menos que me digas que en eso me ha mentido,

no veo nada extraño.

Móvil. Disculpadme.

Hombre, Mendoza. Dime.

Tu marido no va a tardar en descubrir la verdad.

-¿Sabes?

Yo creo que le excita tirarse a la ex mujer

del gran Miguel Cortázar.

Como comprenderás, tu vida sexual no me interesa lo más mínimo.

-Entre nosotros, tú lo hacías mucho mejor.

Interfono.

¿Sí? -Don Miguel, la agente Ortega

pregunta por usted. Gracias, Elvira.

Ya le dije que Mónica me pidió dinero

a cambio de entregarme unos papeles

que comprometían a Lucía Reverte.

-¿Y cómo sé yo que no la asesinó para hacerse con esos papeles?

Si la hubiese matado, esos papeles

nunca habrían acabado en manos de la policía.

-A lo mejor lo hizo para acabar con las bodegas Reverte.

Eran su principal competidor. ¿Cree que yo le haría eso a Lucía?

Yo la aprecio. -Ya, ya.

Pero creo que ella no siente lo mismo por usted,

ni por ningún miembro de su familia.

Lo siento, pero mi declaración es

exactamente la misma que la de hace un mes.

Hablé con Mónica, no nos entendimos y me fui.

Ni la metí en la bañera ni le corté las venas

ni fingí un suicidio.

-Pues alguien tuvo que hacerlo, ¿no cree?

Creo que la persona más interesada en acabar con la vida

de Mónica Robledano, era ella misma.

Era eso o la cárcel.

No tenía otra alternativa. -En eso se equivoca.

Siempre hay otra alternativa.

-Miguel.

¿Qué quería Ortega? Está empeñada en ganar puntos

ante sus superiores, intentando demostrar

que el suicidio de Mónica no fue un suicidio.

-¿Y qué le has dicho? Lo mismo que hace un mes.

Hablamos, no llegamos a un acuerdo y me fui.

-Le has vuelto a mentir.

¿Y qué hago? Que encontré el cadáver

y me fui sin llamar a la policía.

No creo que ayude a demostrar mi inocencia.

Hay que ser prácticos, Pablo. Mónica se suicidó.

No hay más vueltas que darle. -Ya. ¿Y si no lo hizo?

Pues habrá un culpable suelto.

-¿Algún mensaje, Elvira? -No.

-Bueno, no me pase llamadas. -Nunca hay llamadas para usted.

-Vieja amargada.

-Gustavo.

¿Me puedes explicar qué es esta factura?

-Puede que no lo sepas, Emma, pero las cosas cuestan dinero.

-Te has gastado 6000 euros en amueblar el despacho.

No puedes hacer eso, Gustavo.

-Yo con mi dinero hago lo que me da la gana.

-Ya, pero es que no es tuyo. Es de la empresa.

-Te recuerdo que ahora yo también soy dueño

de esta empresa, gracias a ti.

-Eso no te garantiza nada.

Si el resto de los accionistas creen que actúas

en contra de los intereses de la bodega,

te pueden expulsar de la junta.

-Ya te encargarás tú de que no sea así.

-Yo no tengo control sobre Pablo y Miguel.

-Pero yo sí que tengo control sobre ti.

¿Sabes por qué?

Porque tú no quieres ir a la cárcel.

Así que esfuérzate un poquito para que tus hermanos me pongan

las cosas fáciles. Y otra cosa más.

Deja de llamarme Gustavo, antes de que alguien

empiece a sospechar algo.

Y vuelve a llamarme Gus, como siempre.

Gus. Gus.

¿Entendido?

-Sí. -¿Sí, qué?

-Sí, Gus.

-¿Ves cómo en el fondo no eres tan tonta?

Anda, lárgate. (CARRASPEA)

Claxon.

¡Eh! ¡Cuidadito con este, chaval!

-Sólo estaba mirando.

-Te daría una vuelta, pero antes hay que ganárselo.

-¿Ah, sí? ¿Y qué has hecho tú?

-¿Yo? Poca cosa. Sólo soportar a los Cortázar 15 años.

-¿Soportar? A mí me parecen buena gente.

-Sí... y si mi abuela tuviera ruedas sería una bicicleta.

¿Crees que esto se consigue siendo buena gente?

-No tengo ni idea. -Ya, no hace falta que lo jures.

Pero no te preocupes, los Cortázar te lo enseñarán pronto...

a palos.

-Y si son tan malos, por qué sigues viviendo con ellos.

-¿Por qué? Si no vives en esa casa, no sabes lo que traman contra ti.

Y si no sabes lo que traman, nunca conseguirás uno como este.

¿Entonces Carlos se queda a vivir con vosotros?

-Pues no lo sé. A mí me gustaría.

Pero esto no es lo suyo.

Está deseando volver a su barrio, a su mundo.

Pero tú no has venido aquí sólo a felicitarme

y a preguntarme por Carlos.

¡Cómo me conoces... mejor que nadie, Rosalía!

Necesito que me hagas un favor. -Si está en mi mano...

Tienes que ayudarme a encontrar a Raúl.

-Lo siento, Sofía, pero no puedo.

Sé que es tu hijo...

Pero, compréndelo, si no aparece antes del juicio,

no sé qué le va a pasar a Lucía.

¡Y yo no podría soportar perderla! -Sofía,

te juro que no he sabido nada de él desde que se fue de Lasiesta.

Ah, ¿pero no te ha llamado desde Chile?

-¿Desde Chile?

Acabamos de enterarnos.

La policía es la última pista que ha tenido.

-Pues lo siento, pero Raúl no me ha llamado.

Sabe que le pediría que se entregue.

De todos modos, si te llamara...

-No te preocupes, tú serías la primera en saberlo.

¿Raúl? Soy tu madre.

¡Calla, calla y escucha!

La policía sabe que estás en Chile.

Pues donde sea, pero escóndete bien.

Los Reverte no van a parar hasta encontrarte.

Raúl, ten cuidado, hijo.

(CORTA LA LLAMADA)

Pablo, me voy, te llevo a casa.

-Me voy a quedar un rato más. Gracias.

Encerrarte aquí no va a solucionar tus problemas con Sara.

(SUSPIRA)

-Mira, Miguel...

Cada vez me cuesta más volver a casa, sabiendo que me espera.

Con sus gritos, sus llantos y sus exigencias, no...

Pues déjala. No hay razón para que sigas atado

a una mujer que te está arruinando la vida, Pablo.

-Fui yo quien se la arruinó a ella.

Yo también estaba allí. Fue un accidente

-Eso no me consuela.

Necesitas airearte,

salir de ese agujero aunque sólo sea por un día.

Mira, esta noche salimos tú y yo por ahí a cenar

y nos bebemos todo el vino de La Rioja.

Sea o no sea de las Bodegas Cortázar.

-No creo que a Sara le parezca una buena idea.

Bueno, pues bebemos sólo vino Cortázar.

Cuanto más le des, más va a pedirte.

Tienes derecho a una noche de libertad.

-Está bien.

Yo me encargo de la reserva.

¡Ese es mi hermano mayor!

-En cuanto terminemos de cenar, volvemos.

-Por mí no lo hagas, ya sabes que yo me duermo pronto.

Y si te tienes que tomar una copa después de la cena, te la tomas.

-Mira, estamos buscando un ayudante nuevo para el laboratorio.

Así podré pasar más tiempo aquí contigo.

-¿En serio?

Invita a cenar a Miguel de mi parte.

-Hasta luego. -Chao.

Pablo.

Pásalo bien.

¿Todo bien? -Sí, Miguel, todo bien, sí.

¿Vamos? Vamos.

-¿Por fin salís?

Sí, mamá, vamos a cenar fuera.

-¿Cena de hermanos?

-¿Y por qué no vas con ellos?

-No, no, mamá, es su noche.

Carlos tiene razón, mamá. Cena de hermanos; se va a aburrir.

-Sí, sí, mejor otro día. Pasadlo bien.

Venga. -Gracias.

Hasta luego.

La verdad, se quedó impresionado cuando le enseñé las viñas.

Bueno, ya le sacaremos algún día a cenar. Pero poco a poco.

-Sólo quiere caer bien a la familia de su madre.

Miguel, no se lo pongamos más difícil.

Ya.

¿Otra botella? -Venga.

Por favor.

-Parece que no soy el único al que le hacía falta salir, ¿verdad?

Suelta.

Paula ha venido dispuesta a dar guerra.

-¿Y qué vamos a hacer?

Evitarlo.

-Supongo que si fuese fácil, ya lo habrías hecho.

No, fácil no, pero creo que tengo la forma de echarla.

Aunque voy a necesitar que me ayudes.

-Muy bien.

Perdona.

Lucía.

¿Cómo estás?

Mi madre y mi hermano están a punto de entrar, Miguel.

No creo que sea el mejor momento.

Si necesitas cualquier cosa...

Necesito espacio

y tranquilidad.

¿Lo entiendes?

Sí, lo entiendo. Perdona.

-Don Pablo. -¿Sí?

-Tiene una llamada de su mujer.

(SUSPIRA)

Dime.

Sara, ¿qué ha pasado?

-¡Cariño, lo siento mucho...!

Sólo quería coger el vaso de agua y me puse nerviosa

y cuando me quise dar cuenta estaba...

en el suelo, me caí y no encontraba el teléfono... llamé a Amelia...

¡Siento mucho haberos estropeado la cena!

-¿Entonces qué, quieres que llame al médico?

-No, no hace falta, ahora estoy bien.

-Ya.

Bueno... buenas noches.

-Escucha, Sara, esto no puede seguir así.

No, no puede seguir así.

-Un Viña Cortázar Gran Reserva, ¿esto será bueno, no?

-¿Bueno? Una barrica de ese vino

vale más que el cacharro que tienes aparcado fuera.

-Pues ese cacharro se lo pudo comprar gracias a su trabajo,

que ya es más de lo que pueden presumir muchos.

-¿Lo dice por mí o por usted?

-Oye, ¿tú siempre tienes ese carácter?

-No, a veces me enfado.

-Gus, por favor.

-Según Pablo, este año Bodegas Cortázar

volverá estar a la cabeza del mercado.

Lástima que Miguel no vaya a verlo.

-¿Y ahora por qué dices eso?

-Cuando Paula acabe con tu hermano,

sólo entrará en las bodegas como jornalero.

-No sabemos las intenciones de esa mujer.

No, mamá, Gustavo tiene razón.

Paula viene dispuesta a todo,

pero no os preocupéis, no conseguirá nada.

-Siendo la mujer de Belmonte, tiene mucho poder.

Sí, demasiado.

Pero no creo que ese matrimonio vaya a durar mucho.

-¿Pero qué dices? Si está loco por ella.

Y no me extraña, porque se ha puesto bien buena.

Tengo algo que, cuando Belmonte lo vea, la va dejar fuera.

(RÍE)

-Casi me lo creo.

Buenas noches.

¡Venga, coño, coge el puto teléfono, estúpida!

Paula, soy Gustavo. Llámame cuando oigas el mensaje, es importante.

-¿Puedo?

-Sí, claro.

-¿Sabes? Durante todos estos años, mamá me habló mucho de vosotros.

Yo os tenía casi como mitificados.

Miguel, el más inteligente, el líder natural;

Pablo, el corazón con patas;

Raúl, el guapo y rebelde. -¿Y a mí?

¿Cómo me imaginabas a mí?

-Mira, mamá, siempre me dijo que tú tenías lo mejor de los tres:

que eras inteligente, que eras generosa, guapa

y...

Y que no parabas hasta conseguir lo que te proponías.

-Pues ya ves que las cosas han cambiado mucho.

-No te creo, Emma.

-Eh, ¿qué pasa?

-Nada, que...

Que en esta casa vivimos toda la familia

y pasamos muchas horas juntos pero...

Hacía mucho tiempo que nadie me hablaba así, ¿sabes?

No dicen nada pero... sé que no me han perdonado

que cediera mis acciones a Gustavo.

-¿Y por qué lo hiciste?

-Porque, por desgracia, la Emma inteligente y luchadora que dices

sólo está en tu imaginación.

-No. No lo creo.

Sólo necesitas alguien en quien confiar, un punto de apoyo.

Emma,

me puedes llamar cuando quieras, ¿vale?, ya no estás sola.

-Gracias, Carlos.

De verdad. -De nada.

Toses.

(TOSE)

-¡Lorena! ¡Lorena!

¡Lorena!

-Deberías haber sido tú.

¿Otra noche igual, hijo?

-Es sólo un poco de insomnio, mamá.

Demasiado trabajo en la bodega. No.

No te creo.

Y no me digas que es por tu hermana o por la bodega, ya no me engañas.

¿Es por la visita de Ortega, tiene algo que ver?

-No...

¿Entonces?

-Mamá, por favor, no me apetece hablar de esto ahora.

¡Hijo, si no quieres hablarme, vete a hablar con un médico!

Cuando lo digas en voz alta, te darás cuenta

de que no puede ser tan importante, ¡nada merece,

nada, que te tortures así, hijo!

-Yo conducía el coche con el que murió Lorena.

¿Qué?

-¡Que había bebido...!

¡Y me asusté!

Me fui...

¡Fui un cobarde, mamá!

(SOLLOZA)

-¡Es que eso me va a perseguir toda la vida!

¡No puedo dejar de pensar en ella, mamá, la veo ahí... tirada!

¿Cómo pude hacerle eso? ¿Cómo pude dejarla?

Porque... ¡tenías miedo, hijo!

¡Y lo seguirás teniendo hasta que no te enfrentes a ello!

Debes ir a hablar con esa familia y decir la verdad.

-Sí, ¿y si me denuncian, mamá?

Somos Reverte. Los superaremos juntos.

¡Hijo mío...!

-Hola.

Hola... -Eres Dani, ¿no?

Sí... ¿nos conocemos?

-Entre las cosas de mi hermana había algunas fotos tuyas.

No, no, de verdad, no puedo aceptarlas.

-Prefiero que las tengas tú. Bueno, soy Ana.

Tu hermana me habló de ti. ¿Trabajas en Barcelona, no?

-Trabajaba, pero lo he dejado.

¿Os mudáis?

-Sí... hemos puesto la casa en venta,

no podemos pagar la hipoteca.

Mi madre está con depresión desde el accidente,

así que ya no entra en casa ningún sueldo.

Perdóname, Dani,

te agobio con mis problema y no te he preguntado a qué vienes.

A nada...

En realidad sólo quería hablar con vosotros.

En su día, debí pareceros un maleducado.

-Tranquilo, lo entendimos perfectamente.

Mi madre está en Haro, en casa de mis tíos.

Si quieres, le haría ilusión. Claro...

Puede, puede que lo haga.

Bueno, me alegro de haberte conocido.

-Y yo.

Adiós. -Adiós.

Ruido de llaves.

Hijo.

¿Qué tal ha ido?

-Bien.

¿Qué te han dicho?

-Bueno...

Al principio no se lo han tomado demasiado bien...

Pero, cuando se han tranquilizado,

han entendido que me asustara y que reaccionara así.

¿Entonces no te van a denunciar?

-No, no quieren más víctimas de ese accidente.

La verdad es que parecen buenas personas.

(SUSPIRA)

¿Te sientes mejor ahora?

-Sí.

Pero...

Ahora no puedo hablar más del tema.

Ya. -Me voy a echar un rato.

-Y cuando acabé agrónomos, estuve en unas bodegas en Burdeos.

Lo dejé a los seis meses para centrarme en el proyecto,

pero aquí tiene una carta de la empresa

por si quiere referencias.

-Dime, Sara.

-María está conmigo en la habitación y me vuelve loca.

¡No deja de jugar con la pelota y me duele la cabeza!

-Está bien. ¿Podrías decirle

a mi madre que se la lleve al jardín?

-Vale.

-Bueno, gracias por la entrevista.

-Ah, sí, este... disculpa.

Mira, prueba esto. Descríbemelo y dime qué te parece.

-Muy intenso...

y me ha sabido a regaliz. ¿Puede ser?

-Sí, sí, sí, muy bien.

Eso es porque la uva tempranillo

combinada con el suelo de La Rioja Alta

le da ese toque especial de balsámico.

Eso es lo que te recuerda al regaliz.

Enhorabuena, pues acabas de conseguir el puesto.

-¡Gracias!

Bueno, pues hasta pronto.

-Perdón.

Teléfono móvil.

-Dime. -María ya está en el jardín.

Oye, ¿qué tal la entrevista?

-Pues muy bien. De hecho me ha gustado mucho.

-A ver si te sale espabilado y te quita trabajo de encima.

Así podrás pasar más tiempo conmigo.

-Sí, claro... al principio tendré que estar aquí

para enseñarle cómo va todo pero...

Luego sí, tendré más tiempo para estar contigo.

-No vuelvas tarde. Te quiero.

-Sí, yo también.

-El juez ha dicho que sí.

Aquí está la resolución.

¿No va a leerlo?

¿Para qué? Ya sé lo que dice.

Antonio, quería darte las gracias.

Durante este tiempo has sido un hombre leal.

-Eso suena a despedida, D. Vicente. Y lo es.

-Dejé a su hijo Raúl por usted...

No, no puede hacerme esto.

No me llores. Antonio, no es propio de ti

Si yo salgo de esta, seguro que tú también.

Pero, para eso, no sólo tengo que ser un nuevo

Vicente Cortázar sino parecerlo. -¿Y yo estoy de más?, claro.

Cuando dejaste a Raúl para unirte a los Cortázar,

demostraste ser un superviviente de primera. Tendrás otros clientes.

-Sé muchas cosas de usted, Vicente.

¿Me estás amenazando?

-Le estoy advirtiendo.

Mira, nunca he temido a nadie.

Y ahora que no tengo nada que perder,

las amenazas de un abogado en paro no me van a hacer temblar.

Si te atreves a enfrentarte a mí,

te arrepentirás de eso toda tu vida.

Adiós, Antonio.

Timbre.

-Tranquila, ya voy yo.

¿Sí...?

Carlos, ¿no?

-Sí, ¿y usted quién es?

Hijo, si no sabes quién es Vicente Cortázar,

será mejor que te marches de esta casa.

¿Quién ha puesto aquí esta birria?

¿Y el cuadro que había ahí?

-Vicente, ¿qué haces aquí? ¡Vaya, una criada!

Yo disfruto haciendo las cosas por mí mismo.

-Pues disfrutarás mucho de tu soledad,

porque te la has ganado a pulso. (RÍE)

-Papá, ¿qué haces aquí?

Hija, ¿no me vas a dar un beso?

¿A qué has venido?

Me alegro de verte Miguel.

Me gustaría decir lo mismo de la casa, pero ha cambiado a peor

Igual que tú, Gustavo.

Y con esos aires de grandeza lo único que haces es demostrar

lo insignificante que eres.

-Ah, no me joda, Vicente.

Por suerte tenemos tiempo para eso y para mucho más.

Creo que esto te puede interesar.

-¿Qué es?

Prefiero que os lo diga vuestro hermano.

Ahora Miguel es el cabeza de familia,

a él le corresponde dar las buenas noticias.

Es una resolución judicial

que nos obliga a readmitir en esta casa.

-¿Por qué habrá ordenado eso el juez?

Habrá que averiguarlo.

-Papá, ¿por qué haces esto?

-Dejadnos solos, por favor.

Tú también, Carlos. Todos.

Pensaba que aún te quedaba un poco de dignidad, pero ya veo que no.

Tampoco es muy digno quitarle a un hombre

lo que le pertenece legítimamente y tú lo has hecho.

-Yo sólo me he quedado con lo que es mío.

Nunca has tenido nada tuyo, yo te lo presté.

Y he vuelto para recuperarlo.

Me voy a descansar a mi dormitorio.

No te preocupes, te dejaré tus cosas en el pasillo.

Ten.

-Llevo 30 años esperando para verte caer,

no pienso permitir que te levantes.

Claro, claro.

Ah, aunque con un poco de retraso, Feliz Cumpleaños, Rosalía.

-Amelia.

Sara.

Te veo mejor que nunca.

-Vicente, ¿qué hace aquí?

He vuelto, es mi casa, mi familia.

La pregunta sería qué haces tú aquí.

-Ya ve, no consiguió echarme.

No hay nada como volver de vacaciones

y hacer una limpieza.

-Las cosas han cambiado.

Pablo no va a permitir que vuelva a tratarme así.

Voy a acabar contigo, Sara, de eso puedes estar segura.

Y cuando lo haga mi hijo Pablo me dará las gracias.

-No le tengo miedo.

Gané una vez,

puedo hacerlo dos veces.

Me sorprende tu optimismo.

¿Has visto en qué condiciones te encuentras?

Si de verdad crees que has ganado es que tienes un problema.

Ah, y apártate de la barandilla,

no me gustaría volver a tener un disgusto en la familia.

-¿Pero entonces qué han dicho los abogados?

Que la orden del juez es irrevocable.

-O sea, ¿que no podemos sacarlo de casa?

¿Y en qué se basa?

El juez dice que papá se encuentra

en situación de desamparo económico.

-Y que sus familiares estamos obligados

a acogerle y a mantenerle.

-Eso no es verdad, vuestro padre tiene dinero.

-Ya, pero de alguna manera

habrá convencido al juez de lo contrario.

-¿Entonces tenemos que consentir que se quede aquí?

Sólo tenemos una opción,

que tú le compres su parte de la casa.

-Es mucho dinero.

Lo sé, mamá.

Así que más vale que nos vayamos haciendo a la idea.

-Hay otra posibilidad.

Demostrar que no es tan insolvente como dice.

-¿Se puede saber por qué no contestas

a mis llamadas, cuñada?

-Ya no soy tu cuñada.

-Deberías ser más amable con la gente que quiere ayudarte.

-Y tú tener mejor gusto para elegir los trajes.

-No te pongas agresiva que estamos en el mismo bando.

Si no estamos unidos no ganaremos ninguna votación en la junta.

-¿Qué quieres, Gustavo?

-Miguel va a hablar con tu marido.

-Ya, bueno, tranquilo,

no hay nada que pueda contarle que me preocupe.

-¿Seguro?

Al parecer tiene algo que cuando lo vea Belmonte

te dejará tirada como a un perro.

-¿Dijo eso?

-Bueno, más o menos.

Móvil.

¿Sí, Paula?

-Miguel, ¿dónde estás?

En casa, ¿pasa algo?

-Quiero verte.

Por qué, pensaba que tú y yo no teníamos nada de qué hablar.

-No me jodas, Miguel.

Dentro de una hora en tu despacho.

Pablo. -¿Sí?

Qué te dije, Gustavo se lo ha comentado a Paula.

¿Avisas tú a Belmonte? -Muy bien.

-Muy buenas, señor Belmonte, soy Pablo Cortázar.

Mire, mi hermano Miguel me ha pedido que le llame

para ver si podría encontrarse con él en su despacho en una hora.

Muy bien, de acuerdo.

¿Qué haces aquí?

-Perdón, perdón, perdón.

Ya sé que no se puede comer en la bodega

pero es que me gusta el olor que hay aquí.

-Tranquila, acaba de comer.

Pero la próxima vez tenemos un comedor para algo.

-Claro, gracias.

¿Le apetece un sándwich?

-Me parece que tú y yo

no hemos empezado con buen pie, ¿verdad?

-Pues no.

Bueno sí, me ha contratado.

Para ser mi jefe es un buen paso.

-¿Así que me dijiste que querías ser enóloga?

-Bueno, a largo plazo.

Entiendo que esto no se aprende de la noche a la mañana.

-Ya.

-¡Amelia!

-¿Sí, señora?

-Llama a mi marido y dile que llevo dos horas esperándole.

-Enseguida, señora.

-No creo que venga.

-¿Hay mucho trabajo?

-No, no demasiado, pero es que lo he visto

muy entretenido con la nueva ayudante.

-Nuevo,

es un chico.

-¿Eso te ha dicho Pablo?

Joder el tío cómo se cubre.

Luego hablan de otros.

-¿Qué quieres decir?

-Que su ayudante es mujer.

Se llama Mar y está muy buena.

No te preocupes, hija,

el abuelo no se va a marchar nunca más de esta casa.

Ay, vamos al jardín, ¿eh?

-Miguel.

He visto la cartilla del banco de tu padre.

No me puedo creer que sólo tuviera 90 000 euros

y de la noche a la mañana nada.

Si no los ha metido en otra cuenta de la que sea titular

nos va a ser muy difícil demostrar que dispone de él.

-Si es lo único que le queda

vamos a tener que aguantar a tu padre hasta los restos.

Porque en el banco no nos van a decir qué ha hecho con él.

En el banco no, pero puede que haya una persona que sí lo sepa.

Mi padre es de los que deja lastres por el camino.

Y estoy convencido de que tú has sido uno de ellos.

-Conoces muy bien a tu padre y yo también.

Por eso no voy a decirte absolutamente nada

que pueda perjudicarme.

¿Le tienes miedo?

-Te mentiría si te dijese que no.

Si alguien cree que Vicente Cortázar está acabado

es que no sabe la que le viene encima.

Antonio, sólo necesito que me digas algo.

¿Qué ha hecho mi padre con su dinero?

-Lo siento.

Es importante para mi familia, por favor.

(RÍE)

-Tú suplicando y yo negándote ayuda por miedo a tu padre.

No insistas, esto es humillante para los dos.

-Tu padre transfirió todo el dinero,

pero él no es el titular.

¿Quién es entonces?

-Las Bodegas Reverte.

¿Vicente Cortázar socio de los Reverte?

Lucía nunca lo aceptaría.

-Vivimos tiempos difíciles, Miguel,

o te adaptas o te quedas por el camino.

Y cuando vuelvas de la viña

corrige el sulfuro sobre las barricas, ¿vale?

Coche acercándose.

¿Qué quieres, Miguel?

Tenemos que hablar.

No me interesa ni lo más mínimo lo que me tengas que decir.

Es por algo de trabajo. Me da igual.

No quiero volver a cruzar una palabra con un Cortázar.

Por lo que sé no muestras el mismo rechazo

por todos los miembros de mi familia.

¿No lo dirás por Raúl?

No, no es por Raúl, es por mi padre.

Ha invertido 90 000 euros en vuestras bodegas.

Eso no es verdad.

Me parece que en tu ausencia ha habido muchos cambios.

Decidme que no es verdad,

que no habéis aceptado dinero de Vicente Cortázar.

O sea que es cierto.

Tan sólo ha sido un préstamo, Lucía, hasta que salgamos de esta.

-Entiéndelo, Lu, necesitamos el dinero.

Las bodegas están en muy mala situación.

Aceptar dinero de ese hombre sólo va a servir para hundirnos más.

Vamos a estar pagándole el favor hasta el día que nos muramos.

No podíamos hacer otra cosa. Sí, podíamos, mamá.

Papá nunca lo hubiera hecho así.

Él hubiera luchado, pero eso es mucho pedir,

es más fácil venderse al enemigo.

-Lo hemos hecho por ti, Lucía,

para poder pagar tu fianza.

Creí que era dinero de la empresa.

No, hija, necesitábamos ese dinero para los gastos de la bodega.

¿Y por qué no me dijiste nada, mamá?

Ya tenías bastante con lo tuyo, Lucía.

Y no culpes a tu hermano porque la que lo decidí fui yo.

-¡Lu!

¡Lu, espera un momento!

(TOSE)

-¡Lu!

¿Lu? ¿Lu, estás bien?

¿Eh?

Sí.

-¿Estás segura?

Sí.

-Oye, perdóname, ¿vale?

No quería que te enteraras así.

He sido muy injusta con vosotros, Dani.

Si alguien tiene culpa de todo lo que está pasando soy yo.

-¿Tú?

Tú no tienes la culpa de nada.

Dejé entrar a Raúl en nuestras vidas.

¿Te parece poco?

-Raúl te engañó.

Y tú quisiste advertirme del tipo de persona que era.

Yo soy la única que debe pedir perdón.

-Bueno, yo también he tenido mis errores.

Tú no has sido un cobarde.

Yo sí.

No quise ver que Raúl me estaba utilizando.

Dejé nuestro futuro en sus manos y os arrastré a todos.

Perdóname, Dani.

Timbre.

-Lucía, qué alegría verte, pasa.

¿Puedo hablar con tu padre, por favor?

-Sí, claro.

Lucía, nunca he podido decirte

lo mucho que sentí lo que te hizo Raúl.

Ya.

Hija, ¿quieres dejarnos solos, por favor?

Bienvenida, Lucía.

Tú y yo tenemos muchas cosas que hablar.

Acompáñame al despacho. No hace falta.

Sólo he venido a devolverle esto.

Ya le dije a tu hermano que podíais quedaros

con este dinero hasta que lo necesitarais.

Y por lo que he oído todavía no ha llegado ese momento.

No quiero nada de un Cortázar.

El orgullo es un pecado

que los pobres no os podéis permitir.

Tampoco nos podemos permitir hacer tratos con gente como usted.

Vender el alma al Diablo sale muy caro.

Lucía, no estás en condiciones de rechazar nada.

Yo creo que sí.

¿Buscas esto?

-¿Qué es eso, Miguel?

La prueba de que tu matrimonio con Belmonte es una farsa

y que lo único que quieres es vengarte de nosotros.

-Eres un cabrón.

Sí, es verdad.

Pero eso no hace que tú seas mejor que yo.

-Me da igual lo que tengas ahí, Joaquín creerá lo que yo le cuente.

Tengo al viejo comiendo de mi mano.

¿Estás segura?

-Aunque tú lo hayas olvidado puedo ser muy persuasiva.

Bueno, pues a ver cómo le explicas esto.

-¿Qué broma es esta, Miguel?

-Eso me pregunto yo, Paula.

-Joaquín.

-Gracias, Miguel.

Lo siento, habría preferido no tener que llegar a esto.

-Te lo puedo explicar.

Hijo de puta.

-¡Joaquín!

¡Joaquín, por favor!

Escúchame.

-Creo que no hay nada más que hablar.

No hagas caso de lo que he dicho, Miguel saca lo peor de mí, le odio.

-Le odias, pero me has obligado a comprar parte de su empresa

para estar cerca de él.

-Esta familia tiene que pagar por el daño que me ha hecho.

-Pues búscate a otro que te siga el juego,

yo no estoy dispuesto a...

-Joaquín.

Joaquín.

Joaquín, ¿qué te pasa?

-Estoy bien.

Vete ahora mismo a casa, recoge tus cosas.

No quiero volver a ver...

-Joaquín, Joaquín.

¡Joaquín!

¡Ayuda!

¡Qué alguien llame a una ambulancia!

Cariño, mírame, mírame.

¿Qué pasa? -No lo sé.

Cariño.

Joaquín.

-Cómo me gusta verte así en el jardín, Sara.

-Quiero volver a mi habitación.

-¿Por qué?

-Porque no quiero hablar contigo.

Amelia.

-No, no, no.

Déjenos solos, por favor.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-Dímelo tú.

¿Qué tal con Mar?

-¿Con Mar qué?

-No me dijiste que era una chica.

-¿Qué más da?

-¿Te gusta?

-No me lo puedo creer, Sara. -Dime, ¿te gusta?

¿Te parece guapa? ¿Te parece más guapa que yo?

-No, no me gusta, Sara.

Es una ayudante que he contratado

para poder pasar más tiempo contigo.

¿Qué más quieres?

Dime, ¿qué más quieres?

¿Quieres que deje el trabajo?

¿Que lo deje todo?

¿Que nos encerremos los dos en esa habitación?

No puedo más, Sara.

No puedo más.

Ojalá hubiera sido yo el que se cayó por esa escalera.

Pero no fue así.

No puedo hacer nada más por ti.

Pero si tú no eres feliz conmigo, vete, Sara, vete.

Vete de esta casa.

Empieza de nuevo.

Si tú no estás bien yo tampoco.

-Yo no me voy a ningún sitio sin ti.

Lo siento, lo siento mucho.

Lo siento, perdona.

-Te quiero.

Sólo nos tenemos el uno al otro.

-Tortolitos.

Han llamado de la bodega, es Belmonte.

-¿Cómo está?

-Según se mire,

se ha muerto.

-A veces el Señor pone en nuestro camino

obstáculos muy difíciles de superar.

Perder a un ser querido siempre es doloroso.

Pero todavía lo es más

cuando la muerte llega de una manera tan repentina.

Por eso estamos aquí reunidos

para acompañar a familiares y amigos en este penoso trance.

Es difícil afrontar esta realidad.

-¿Me he perdido algo interesante?

-Gustavo, por favor, compórtate.

-No vuelvas a decirme lo que tengo que hacer o dejar de hacer.

-Y ofrece a sus seres queridos, Señor, el consuelo de verlo

en tu gloria para que así puedan superar el dolor de esta...

muerte inesperada.

Inesperada pero muy oportuna.

-Porque nuestra vida y nuestra muerte

tienen un sentido,

son un paso hacia esa otra vida que nos promete el Señor.

Descanse en paz.

Amén.

-Amén.

-Lo siento. -Gracias.

-Te acompaño en el sentimiento. -Gracias.

-La acompaño en el sentimiento. -Gracias.

-Lo siento mucho, Paula. -Gracias.

Papá, alegra esa cara.

Es difícil hacerlo cuando veo que vas a cometer

el mayor error de tu vida.

Esa mujer sólo va a traer desgracias a esta casa.

Algún día te darás cuenta.

Te acompaño en el sentimiento.

-Gracias.

¿Cómo puedes tener la poca vergüenza

de velar su cuerpo?

-¿Por qué?

Soy la mujer del difunto.

Y su única heredera.

-Mamá, he estado pensando en lo que me dijiste y...

me voy a quedar.

-Creía que no ibas a estar a gusto aquí.

-Y yo que tú querías que me quedara.

-Hijo, Vicente ha vuelto.

Y ese hombre es especialista

en arruinar la vida de los que le rodean.

-Por eso, no voy a dejarte a solas con él.

-¿Y tu trabajo?

-Lo puedo dejar si te parece bien.

-Tú eliges.

Afortunadamente ahora puedo ayudarte

a que tengas una vida mejor.

-Claro, sería un idiota si no aprovechara esta oportunidad.

-Pues me das una gran alegría.

-Gracias.

-Miguel.

Dime, Pablo.

-La policía se ha presentado en las viñas

pidiendo permiso para levantar el terreno.

¿Vamos?

-¿Hola?

¿Hola?

-Sí.

-Ah, perdón, joven, no quería molestar.

Estoy buscando a Jesús Reverte.

-Ya, eh...

¿quién le busca?

-Soy Adolfo Reverte, su hermano.

¿Podría decirle que estoy aquí?

-¿Quieres hacer el favor de disimular un poco?

-Has sido tú, ¿verdad?

Por qué no me puedes dejar en paz.

¿Sabemos qué están buscando?

-No.

-Parece que han encontrado algo.

¿Que está buscando? -El cadáver de su secretario.

-¿Qué quieres, Mendoza? -Joaquín quería desheredarte.

La división de la casa.

Aquí ves la parte que te corresponde.

-Mamá, Luz, tenemos visita. ¡Adolfo!

-40 años y estás tan guapa como entonces.

-Oye, ¿has visto mi móvil por algún lado?

-Lo saben todos, ¿no? Saben que me engañas con esa.

Hagas lo que hagas nunca serás de esta familia.

-Emma, ¿dónde estás? -En la oficina, ¿por?

-Me gustan los vinos Cortázar pero voy a firmar con otra bodega.

-¿Con qué bodega?

-Aléjate de mi familia.

¿De quién quieres que me aleje, de tu familia o de Sofía?

Se acabaron tus días en la oficina. -¿Me estás echando?

-¿A qué vienen tantas prisas? -¿No lo sabes?

-Demuéstrame que no significa nada para ti, despídela.

-Mar, tengo que decirte algo.

Sin cadáver no hay delito.

Y sin delito estarás libre.

-Acabo de ver unos gamberros en las tierras de los Cortázar.

¿Podrían enviar un coche patrulla?

¡Viene un coche, viene un coche!

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Gran Reserva - T3 - Capítulo 27

07 ene 2013

La llegada de un nuevo miembro de la familia Cortázar, un hijo de Rosalía, introducirá nuevos elementos en las relaciones del clan. Gustavo, que ahora es el titular de las acciones de la bodega Cortázar que antes eran de su mujer, Emma, no deja de mostrar su prepotencia en el nuevo equilibrio de poderes. En el lado de los Reverte, Lucía sale de la cárcel, pocos meses después de ingresar por ser acusada de fraude por culpa de Raúl Cortázar. Don Vicente Cortázar tratará de volver a la que ha sido su casa durante años.

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  1. Eduardo Torres

    No he podido ver la 3T desde mi ipad, estoy en miami

    13 oct 2013
  2. Ale

    Vi las dos temporadas en mi Mac y acabo de ver el resumen. Quise seguir mirando en mi tableta Nexus 7 y me dice que no puedo, que es un video geolocalizado. Estoy en Montreal, Canadá.

    13 feb 2013
  3. Roberto

    Yo he visto los 29 capitulos en mi laptop sin problema alguno

    27 ene 2013
  4. PILAR GRACIA GARCIA

    Yo no puedo ver la serie on line, al menos no el capítulo 29. No sé por qué. Alguien me lo puede decir?

    26 ene 2013
  5. Merruti

    No se puede ver on line!!, qué pasa?

    25 ene 2013
  6. Jomagafe

    No puedo escuchar, la serie en mi iPad en México. Esta restringida. Gracias

    14 ene 2013
  7. asierarranz

    alguien me puede decir si podeis ver desde la página el capítulo?

    10 ene 2013
  8. Virginia

    Yo podia hace un minuto y ahora no yluego quieren que no se piratee, pero si es la unica forma de ver las cosas que queremos cuando se esta en el extranjero,joder!

    09 ene 2013
  9. ursula

    alguien puede ver esta serie o cualquier otra desde el extranjero? Gracias - Ursula

    08 ene 2013
  10. Daniel

    Gran capítulo y gran serie, se ha hecho esperar pero como siempre no ha decepcionado.

    08 ene 2013