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No recomendado para menores de 12 años Gran Reserva - T2 - Capítulo 25 - Raúl despide a Mónica, ahora que vuelve a tener a Lucía entre sus brazos ya no la necesita para nada - Ver ahora
Transcripción completa

-Debes saber algo de la muerte de tu padre.

Mónica vino a verme, dijo que mataste a mi padre.

¿Es verdad? No lo sé.

¿Y has podido estar conmigo teniendo esa duda?

No tenía que haber vuelto con Miguel, cada vez

que estamos juntos terminamos haciéndonos daño.

-Creía que podía soportarlo, pero no.

¿Qué es esto? -Mi dimisión.

Estás despedida, dije que iba a recuperar a Lucía,

ya has hecho lo que necesitaba para apartarla de Miguel,

el resto es cosa mía. -Tengo algo que te interesará.

Hace mucho que tus intereses y los míos no son los mismos.

-Tenemos un enemigo común, Raúl.

Si quieres puedo ponerte su cabeza en bandeja.

-La decisión está tomada, Rosalía se queda en esta casa.

-He vuelto para quedarme. Deberías irte acostumbrando,

María no va a estar contigo toda la vida.

-Quiere quitarme a mi niña.

-No voy a permitir que le haga a ninguna

de las mujeres de esta casa lo mismo que me hizo a mí.

¿Qué mujer es capaz de firmar la renuncia

a la custodia de su hija,

y sin embargo, no firma bajo ningún concepto

separación de bienes cuando se va a casar?

-Se acabó. -¿Estás diciendo

que ya no me quieres?

-Te estoy diciendo que ya no puedo creer en ti.

Asómate a la ventana,

tú trabajas como un Reverte y yo te recompenso como lo que soy,

como un Cortázar.

-Tú y yo no podemos ser sólo amigos, Dani,

y los dos lo sabemos.

Golpe. -Lorena.

Lorena.

Mi hermana, Emma, se ha ido de casa.

-Manuel Hernández no existe, su currículum es falso.

Para mí eres el responsable de todo esto.

Reza para que a mi hija no le haya pasado nada.

-Yo quiero a Emma

y voy a encontrarla y voy a recuperar su confianza.

-Te comprometiste, ahora no puedes echarte atrás.

-Las cosas no han salido como creíamos.

-Júrame que no vas a mentirme nunca.

-Te lo juro. -Me temo que su hija

no es más que un cebo.

Es a él al que verdaderamente le interesa hacer daño,

le culpa de la muerte de Paloma Olmedo.

¿Conocía a esa chica? -Más que conocerla.

-Quieto. -Eran novios.

-Aquí es dónde enterraste a Paloma

¿te acuerdas?

Disparo.

-Gustavo. -¿Qué?

-No está. -Ya lo sé, pero no puede ser,

yo lo dejé ahí.

-Sí, sí, por supuesto, nosotros vamos a estar

aquí pendientes.

Sí, les agradecería que nos llamaran cuando sepan algo.

Muchas gracias, agente Ortega.

¿Han dado con ella? -No.

La policía ha llegado al motel, pero no había ni rastro de ellos.

¿Pero cómo es posible? No se pueden haber esfumado.

-Han encontrado algo.

El coche de Manuel abandonado a unos kilómetros de allí.

¿Y?

-Nada más.

Llama a Gustavo. -Ya lo he hecho y no contesta.

Pues llámalo de nuevo.

Teléfono.

-¿Era mi casa? Tenemos que decirles que estamos bien,

estarán preocupados. -No vamos a hablar

con nadie hasta que no te centres. -¿Cómo quieres que me centre?

No me puedo creer lo que me estás contando.

-Si no te lo crees allá tú,

pero en casa te lo confirmarán todo.

Manu era el novio de Paloma y quería matarte.

Su currículum era falso, su apellido es falso,

Emma, te utilizó, quería vengarse de mí.

No creo que Ortega tarde en aparecer por casa,

cuando la veas le pides que te enseñe su historial,

una joya.

-¿Y eso justifica que lo mataras? Escúchame bien,

todo esto es culpa tuya.

-¿Daniel, pasa algo? -No, todo bien.

Perdón, ya sé que es tarde,

¿tu padre está? -Sí, en el despacho.

-Tengo que hablar con él.

-Don Vicente.

He tenido un accidente.

¿Con el coche nuevo? -Iba con una amiga, Lorena,

y... no lo sé, he salido de la carretera,

he perdido el control y...

Cierra la puerta.

¿Estás bien? -No, yo...

Yo estoy bien, es...

Es Lorena, creo que está muerta, no lo sé, la he dejado ahí.

Daniel, ¿qué has hecho? (DANIEL LLORA)

-Me asusté, don Vicente, me asusté.

¿Pero si fue un accidente, por qué te fuiste?

¿Habías bebido?

-No quiero ir a la cárcel, don Vicente, no quiero.

No, claro que no.

No puedes arruinar tu vida por eso.

(LLORA) -No. Eres un buen chico

y voy a ayudarte.

Tú nunca fuiste en ese coche, se lo dejaste a esa chica

unas horas antes para que regresara a su casa

y no has vuelto a saber nada de ella.

Llámala.

Dani, reacciona, llámala, estás preocupado,

quedasteis en que cuando llegar a su casa te llamaría

y no lo ha hecho. Vamos, llámala.

¿Qué pasa?

-No lo encuentro, no encuentro el teléfono.

¿Lo tenías en el coche?

(LLORA) -Mierda, mierda, joder.

Entonces tienes que volver allí.

-¿El qué? Tienes que volver al coche,

recuperarlo antes de que llegue la policía.

Vamos.

-Eh, espera, no se puede pasar. -Lucas, Lucas, déjale.

Baja, Daniel.

-¿Qué ha pasado?

-Es Lorena Garza,

está muerta, Dani.

No, mejor no.

¿Cómo has llegado hasta aquí?

-¿Qué? -¿Que cómo has llegado hasta aquí?

Ya sé que estás aturdido, pero...

Has hablado con Vicente Cortázar, ¿no?

-¿Yo? -Sí, claro el coche está

a nombre de las Bodegas Cortázar, he hablado con él,

me dijo que te avisaría.

-Sí, eso es, él me avisó, yo conduzco ese coche.

-¿Y qué ha pasado, Dani?

-No lo sé.

Yo le dejé el coche y me fui, no lo sé.

-¿Iba sola o iba...? -Oiga, no lo sé.

-¡Agente Ortega! Ha llegado el juez.

-Vale, ahora voy.

¿Te importaría esperarme un momento? Va a ser un minuto.

Vale.

-Fuimos novios,

lo dejamos hace poco tiempo. -¿Os veíais?

-No.

-¿Esa chica ha muerto en tu coche pero no os veíais?

-Bueno, me la encontré anoche en un bar y yo fui

a tomar algo ahí.

Yo no sabía que ella trabajaba en ese bar.

-¿Salisteis juntos del bar? -No, yo me fui antes.

Pero bueno, como había bebido bastante y...

Bueno, pensé que mejor me esperaba a que se me pasase,

ya sabe. -No, no sé.

Yo sólo brindo en Nochevieja. -Ya, bueno.

El caso es que mientras estaba por ahí pues ellos

cerraron el bar, la vi salir y a esas horas no tenía

a nadie que la llevase a casa.

-¿Y te ofreciste? -No, no, yo no,

yo no estaba para conducir, ya se lo he dicho,

le presté el coche.

-Quieres decir que os fuisteis en tu coche,

pero que conducía ella. -No, Ortega, quiero decir

lo que he dicho, que le presté el coche.

-¿Y te fuiste andando?

-Sí, necesitaba que me diera el aire, caminar.

Quedamos en que hoy le recogería el coche.

-¿Y a dónde fuiste luego? ¿Caminando?

-Pues eché a andar hacia casa, Ortega,

hasta que me llamó don Vicente y me avisó de lo que había pasado.

-Bueno.

Pues esto es todo por el momento, yo creo

que lo mejor es que te vayas a casa.

-¿Dónde la han llevado? -Le están haciendo la autopsia,

no te preocupes, en cuanto sepamos algo te avisamos.

-Bueno...

Sara...

¿Todavía sigues aquí? -Sí, aún sigo aquí, Vicente.

No por mucho tiempo, ¿verdad?

Creías que mi hijo te iba a perdonar

como otras veces.

-Puede apartarme de él, pero eso no va a hacer

que se acerque a usted, se lo aseguro.

Lo veremos.

De momento yo sigo aquí con mi familia,

con mi hijo y mi nieta.

-Olvídelo,

Pablo no va a dejar que se quede con ella.

Deberías ir haciendo las maletas.

-¡Emma, Emma, cariño, gracias a Dios!

Qué miedo he pasado. ¿Estás bien? -Sí, mamá, no te preocupes,

estoy bien. Miguel.

Bienvenida. -Gracias.

Papá.

Ya ha pasado todo, ya estás en casa.

-Claro que sí, lo importante es que está bien.

Ese chico podría haber hecho mucho daño a la familia,

suerte que la he devuelto sana y salva.

¿Seguro que estás bien? -Sí.

No sé lo que buscaba, pero no llegó a hacerme nada.

-Imagino que vio mi coche

o se enteró de que le había encontrado y se fue.

-Está bien, deberíamos llamar a Ortega.

-No. Gustavo, la policía

está buscando a Emma.

-Pues mira qué bien ha hecho su trabajo.

-Miguel, ahora estoy muy cansada y no me apetece dar detalles

de nada, la verdad.

Vuestra hermana tiene razón, será mejor que se vaya

a descansar. -Gracias, papá.

Necesito echarme un rato. Claro que sí.

-Ya ve que soy un hombre de palabra,

le dije que encontraría a su hija y no sólo la he encontrado,

la he traído de vuelta sana y salva.

¿Algo más que yo deba saber?

-¿Algo más, a qué se refiere?

Conozco a mi hija y te conozco a ti

y si hay algo más de lo que habéis contado,

creo que debería saberlo.

-Nada más.

Muy bien, puedes marcharte. -¿Ya,

no me va a dar ni las gracias, no va a compensarme

por haber rescatado a su hija?

¿Rescatado?

Fuiste al motel y la trajiste, ¿desde cuándo se trata

como a un héroe a un simple chófer?

-Su hija me engañó, me puso los cuernos,

yo soy una víctima... ¿Víctima? ¿Por qué crees

que ese chico quiere matar a mi hija?

-Haga lo que haga siempre tengo la culpa yo, ¿no?

¿Qué quieres, Gustavo? -Creo que me he ganado

poder seguir en la familia y en la bodega.

Tú no eres quién tiene que decidir eso.

-Sé cómo se sentiría si todo este asunto

con el secretario se llegase a ver en Lasiesta,

Emma en boca de todos.

La gente les tiene muchas ganas a los Cortázar,

su hija no volvería a andar por el pueblo

sin que la señalaran.

Al único que han señalado hasta ahora es a ti

y no por haber engañado a mi hija.

Márchate.

Papá. Ah, hijo,

avisa a la agente Ortega, dile que ese niñato

quiere matar a mi hija, que no esté con los brazos cruzados.

-No se preocupe,

ya la llamo yo. Mejor déjalo, Gustavo, lo haré yo.

Sí, hijo, sí, no vaya a ser que a ti se te pase,

has tenido un día muy complicado.

-Tengo que ir a buscarle. -¿Qué?

No puedes volver allí, Gustavo, ¿y si te ve alguien?

-¿Y qué hacemos?

¿Prefieres que sea otro el que encuentre el cadáver?

(GUSTAVO SUSPIRA)

-Tengo que enterrar el cuerpo, en cuanto lo haga

no tendremos nada de lo que preocuparnos.

-¿Y si viene la policía o si mi padre pregunta por ti?

-Bueno, de eso te vas a tener que ocupar tú.

Tienes que cubrirme, por el bien de los dos.

La agente Ortega no va a tardar en aparecer por aquí,

así que ten los cinco sentidos, ¿me oyes?

-Ten mucho cuidado.

Tos.

Tos. -Lorena, Lorena.

Lorena.

Lorena, Lorena.

Lorena.

Lorena.

-Deberías haber sido tú.

¿Vais a firmar hoy? Sí.

Qué prisas, ¿no? ¿No deberías pensarlo

un poco mejor?

Una cosa es la pareja y otra el negocio,

sabes lo malas que son las decisiones precipitadas.

Esto no ha sido decisión mía, mamá, ha sido de Raúl

y yo no creo que esté en el derecho de pedirle

lo contrario. No creo que Raúl se haya ido

por motivos profesionales, hija.

El motivo es lo de menos, ¿no crees?

El caso es que se quiere ir y ya está.

Ha visto cómo te ibas con su hermano.

Y yo he visto cómo antes él se iba con otra, mamá.

No lo estoy defendiendo, sólo que no estéis juntos

no significa que no podáis seguir trabajando juntos.

Raúl ha hecho mucho por el negocio, no le ha importado sacrificarse

cuando han venido mandadas, ¿o te has olvidado

que se entregó a la policía cuando te acusaron de quemar

las viñas de su familia?

Yo no conozco mucha gente así.

Teléfono.

¿Sí?

Dígame, don Vicente.

¿Y mi hermano?

(SUSPIRA)

(SUSPIRA) Sí, claro, yo se lo digo, la tengo aquí a mi lado,

no se preocupe.

¿Qué pasa?

Lorena, mamá.

¿Lorena, qué? Ha muerto en un accidente.

Don Vicente está intentando localizarle,

pero no lo encuentra, veré si lo encuentro yo.

Dani...

(DANI LLORA) Tranquilo, Dani. Ya pasó.

Ya.

(LLORA) -Todo ha sido culpa mía, Lucía.

No puedes culparte. -Sí, sí que puedo.

Yo la culpé de joderme la vida.

Y le dije que se alejara de mí

y al final, mira,

tenía que haber sido ella la que se alejara de mí.

Dani, a veces las cosas pasan y no hay culpables,

no podías hacer nada.

-Sí, sí que podía. ¿El qué, dime?

Ni siquiera sabía que habíais vuelto.

-La echaba de menos, Lucía.

Anoche lo vi claro, joder, que la quería y que...

que yo también la había cagado un montón

de veces y ella siempre me había dado

una segunda oportunidad.

Ojalá lo hubiera hecho yo antes, ojalá la hubiera

perdonado antes.

Al menos ella sabía que la querías.

(LLORA)

Vuelve a casa.

Estás mal y estar solo no te va a venir bien.

Si no es a la bodega, vuelve a casa, Dani.

Mamá está muy preocupada.

(LLORA)

Perdona. Lucía.

No puedes seguir evitándome continuamente.

Lo intento, Miguel. Por favor, no seas injusta.

Deberías dar las gracias de que no he ido ala policía

a contarlo todavía.

No lo has hecho porque sabes que ahora sería incapaz

de matar a nadie. Hay cosas irremediables.

Mi padre ya no está y eso no vas a poder cambiarlo.

Ojalá pudiera.

Ahora tengo que pensar en mi futuro y no puedo

hacerlo sin ti.

Vengo de ver a mi hermano,

está roto.

Cuando pasan estas cosas te das cuenta de quién quieres

tener a tu lado y a quién no

y yo ya sé a quién quiero a mi lado.

No lo hagas.

No me digas lo que tengo que hacer, Miguel.

-¿Se puede? Sí.

-Perdone, no había nadie en la recepción

y me he atrevido a entrar.

Estamos sin secretario y está siendo un día

muy complicado, ¿si puedo ayudarle?

Miguel Cortázar. -Joaquín Belmonte.

Llevo mucho años trabajando con algunas bodegas de la zona,

exportando vinos,

y bueno, estoy buscando nuevas marcas para abrir mercado.

¿Y has pensado en nosotros? -Yo no, mi mujer,

mi futura esposa.

A ella le encantan vuestros vinos.

Me han hablado de la enfermedad de tu padre.

Eso no afectará a nuestra bodega, si es lo que te preocupa.

Nuestra filosofía va seguir siendo la misma.

-Es una pena porque, precisamente, la ausencia de tu padre

al frente del negocio era lo que me animaba

a invertir en vuestras bodegas.

Todo el mundo conoce vuestra fama

y, francamente, no sois la chica más agradable

para sacar a bailar.

Imagino que nuestra fama no es tan buena

como la de nuestros vino,

pero las cosas han cambiado mucho por aquí,

ahora soy yo el que decide.

-Entonces, ¿si decidiera compraros la cantidad de vino

de la que hemos hablado, sería contigo con el que

tendría que tratar? Así es.

-En ese caso, Miguel, pronto tendrás noticias mías.

Eso espero.

-¿Quién es?

Joaquín Belmonte, uno de los mayoristas

más importantes de la zona.

Está interesado en comprar nuestro gran reserva.

-¿Cuánto quiere? Mucho.

Tanto que si decidimos hacer frente a su pedido,

tendríamos que dejar de lado a otros clientes minoritarios.

-¿Eso es una buena noticia?

¿Estás bien?

-Escucha, Miguel, Daniel ha hecho unos cambios

en el vino nuevo. ¿Y?

-Que es muy bueno, mucho mejor que nuestro gran reserva.

¿Crees que podría interesarle a Belmonte?

Me parece magnífico.

Creo que nunca hemos hecho un vino tan redondo

ni tan original como este.

Habrá que ir pensando en cómo comercializarlo,

habla con Emma.

En realidad ya hemos conseguido un comprador.

¿A sí, de quién se trata?

-Joaquín Belmonte.

Vaya, el viejo Belmonte se ha decidido por fin

a comprar nuestro vino.

¿Le conoces?

De oídas, pero ha invertido mucho dinero en unas bodegas

de la zona.

-¿Te parece de fiar?

No tiene mala prensa,

por alguna razón que desconozco nunca quiso colaborar conmigo.

No habrá querido mezclar su buena prensa con la tuya.

El caso es que él no sabe que va a comprarnos este vino.

¿Qué tramas, hijo?

Belmonte está interesado en nuestro gran reserva,

pero vamos a proponerle que invierta en este vino.

Nos aseguraría una distribución muy buena.

-Belmonte se ha comprometido a comprar la mitad

de la producción de nuestras bodegas.

Y cuando pruebe ese vino, no va a poder negarse.

Pero, hijos, esto es un producto nuevo, no sabemos

cómo va a resultar

y cómo lo van a recibir los compradores.

Papá, no te estamos pidiendo permiso.

La decisión ya está tomada.

Vamos a hacer una presentación del vino para Belmonte

y para otros futuros compradores.

-Perdona, no sabía que estabas en casa.

-Está bien, pasa.

¿Has encontrado algo?

-Nada.

No tengo nómina, ni dinero suficiente

como para pagar fianzas ni meses por adelantado.

-Podrían avalarte.

-¿Y quién lo va a hacer, eh?

¿Quién, tú me vas a avalar?

Porque mis padres ni me hablan desde que me casé contigo.

-Bueno, está bien, tengo que irme. -Perdón, perdona.

Perdona, estoy muy nerviosa.

Lo siento, Pablo.

Tú siempre has sido muy bueno con nosotras

y no he sabido estar a la altura.

Espero que algún día puedas perdonarme.

-Te aseguro que nada me gustaría más...

que perdonarte.

(SARA LLORA) -Pablo, por favor, no me quites a la niña.

No me hagas esto.

Ya sé que no tenía que haber firmado ese papel,

pero creí que esto nunca iba a pasar

que tú y yo estaríamos siempre juntos.

-Tengo una oferta para ti, algo que te gustaría tener,

y estoy hablando de negocios.

Necesitas dinero, ¿no?

Si hay un abogado que pueda librarte de la cárcel

debe ser carísimo. -No voy dejarlo

en manos de ningún abogado, y sí, necesito dinero

para quitarme de en medio. ¿No decías que eras inocente?

Deberías confiar en la justicia.

-Soy inocente, Miguel, pero si yo cometí el error

de confiar en ti, ellos pueden hacer lo mismo

y no pienso cargar con el muerto de otro.

Mónica, ¿de verdad pensabas que iba a darte dinero?

-No eras mi primera opción, te lo aseguro, pero la primera,

a última hora me ha fallado.

Mi hermano, ¿no? -Miguel, tengo algo

que vale medio millón de euros, tal vez más.

Pero tranquilo, no quiero tanto, las circunstancias

son las que son.

Por 150 000 euros puedo ponerte en bandeja

a Raúl y a los Reverte.

¿De qué estás hablando?

-Hablo de los detalles del plan de Raúl desde que entró

a trabajar con ellos.

Y de pruebas de cómo se ha estado llenando

los bolsillos a costa de Lucía.

¿No vas a decir nada?

No.

-Si no lo haces acabará casándose con él,

y lo sabes.

Se va a pasar el resto de su vida unida a un hombre que no la quiere.

Si tanto te importa, deberías pensártelo,

pero date prisa porque no tengo mucho tiempo.

Por cierto, que ya me he enterado de lo de tu hermana,

quién lo iba a decir.

Mi hermana ya está en casa, sana y salva.

-Manu, contesta.

Joder, coge el teléfono.

-No puedes dejar que esto te afecte.

-¿Cómo puede no afectarte algo así? Has ido al sitio

y no lo has encontrado. (GUS SUSPIRA)

-Mira el lado bueno. -No hay ningún lado bueno.

-Claro que lo hay, si no está muerto,

nadie puede acusarnos de nada. -Excepto él, puede aparecer

en cualquier momento.

-No va a aparecer, Emma,

le ha salido todo mal, se habrá ido lo más lejos posible.

-Manu no es así.

-Se me olvidaba que tú lo conoces a fondo.

-Pues mira, ojalá no lo hubiese conocido.

-Escúchame, no va a volver,

y si vuelve, te juro que esta vez acaba bajo tierra,

no voy a permitir que te vuelve a hacer daño, ¿vale?

-¿Por qué haces esto?

-Porque eres mi mujer. -Ya, pero me iba a ir con él.

(GUS SUSPIRA)

-Yo te fallé a ti antes,

por mi culpa tu vida estaba en juego.

Emma, yo te quiero,

estoy dispuesto a olvidarlo todo, tú me perdonaste y yo te perdono.

-Gus. -No.

-Sólo quiero que me digas que todo va a ir bien.

-Todo va a salir bien, todo va a salir bien

mientras estemos juntos.

Teléfono.

-Es él.

-¿Dónde estás, hijo de puta?

No vuelvas a llamar a mi mujer, está conmigo, ¿me oyes?

¿Me oyes?

¡Habla!

¿Sara se ha marchado ya? -No, aún no.

¿Y a qué espera?

-No voy a echarla de cualquier manera,

antes tiene que encontrar un lugar donde ir.

El pueblo está lleno de hostales. -Todavía es mi mujer

y haya hecho lo que haya hecho,

no puedo echarla así.

Sus lágrimas te han ablandado, seguro que te ha hablado de María,

si la niña por aquí, la niña por allá.

Por el amor de Dios, no caigas en su chantaje.

-Sólo pienso en María, no quiero apartarla de su madre.

En esta casa ya somos muchos los que hemos crecido sin madre,

¿verdad?

Sara es una mujer sin escrúpulos, interesada,

que ha preferido vender a su hija

a renunciar a tu fortuna.

No la estás apartando de su madre, la estás protegiendo de ella.

-No deberías escuchar las conversaciones ajenas.

-Tú no te metas donde no te llaman, bastante tienes con lo que tienes.

Timbre.

-Señor Arístides. -Agente Ortega.

-¿Me va a invitar a pasar o tengo que pedir

una orden judicial?

Querría hablar con su esposa a ver si puede darme

algún detalle del secuestro.

-¿Sólo con ella, no quiere hablar con los dos?

-No. -Pues ahora mismo está durmiendo.

-No se preocupe, no pasa nada, se la puede despertar.

-Yo también puedo ayudarla en la investigación.

-Si quiero hablar con usted le llamaré.

Si no ha cambiado, tengo su teléfono, ya sabe,

en la ficha policial.

-Mire, toda esta historia está siendo muy dolorosa

para mi mujer, no me gustaría que pasara por ello sola.

-No, pero si no va a estar sola, va a estar conmigo.

-No te preocupes, Gustavo. -Señorita Cortázar.

Me alegra comprobar que está usted bien.

-Agente Ortega.

-Puede marcharse, señor Arístides.

¿No es lo que estaba a punto de hacer?

-Gracias.

Verá, esto... esto es tan violento para mí como para usted,

sé por lo que ha pasado, pero no tengo más remedio

que hacerle unas preguntas. -Claro.

-Bien.

Su secuestrador es posible que haya desaparecido

para siempre, pero ¿y si no es así?

¿Y si vuelve a acercarse a usted? -No lo creo.

-¿Por qué?

¿Tiene alguna idea de dónde podría estar?

-No.

-¿No ha vuelto a ponerse en contacto con usted?

-No, no. -¿Y con su marido?

-No, me imagino que no.

-¿Sabes usted qué relación podrían tener el secretario

y Mónica Robledano? -¿Mónica, la abogada?

-Sí.

-Bueno, ella es la culpable de la muerte de su novia, ¿no?

-Presunta, hasta que salga el juicio.

Verá, es que hemos pedido un listado de las llamadas

realizadas por el secretario

y según ese registro han mantenido contacto

durante todo este tiempo.

-¿Qué quiere decir? -Pues que tal vez,

detrás de toda esta historia está esa mujer.

-¿Y te acuerdas cuando mamá te regañaba porque armabas

mucho jaleo cuando estudiaba?

Pues ahora vas a poder jugar en casa siempre que quieras

porque mamá se tiene que ir a estudiar fuera, ¿eh, cariño?

Y no nos podremos ver todos los días, pero los fines

de semana estaremos juntas.

Y te vas a quedar con papá, con el tío Miguel y con el abuelo

en esta casa tan grande y tan bonita que te gusta tanto.

Y te vas a quedar con este, ¿a que sí?

-Hola, María.

Escucha, me gustaría hablar con mamá un momentito,

¿te vas a casa a jugar un rato? ¿Sí? Venga, dame un beso.

-Si pudieras...

volver atrás con el tiempo,

¿firmarías el contrato? -Te juro que no, Pablo, te lo juro.

-¿Firmarías la separación de bienes?

-Haría cualquier cosa por seguir a tu lado.

(PABLO SUSPIRA)

¿Aún estás aquí?

-A partir de ahora va a tratarme con respeto.

Le guste o no, sigo casada con su hijo.

Si quieres ganarte mi respeto, ten un poco de amor propio,

despídete de tu hija, haz las maletas y márchate

de una vez de aquí.

-Pablo y yo volvemos a estar juntos.

Eso es lo que tú crees.

-Es verdad.

Quiero a Sara.

Ahora la cuestión es saber si estás dispuesto

a aceptarla de nuevo en esta familia.

Evidentemente no.

-Algún día nos arrepentiremos de esto.

Sé que Sara ha cometido errores,

como todos,

pero eso es el pasado y tú sigues juzgándola

por el pasado.

Tomó las decisiones que tomó, es una persona adulta.

-¿Y crees que no se arrepiente? Si pudiera volver atrás...

Haría las cosas de otro modo,

pero no puede.

¿A no?

Aún puede firmar la separación de bienes

que no firmó en su momento.

Adelante, Sara,

demuéstrame hasta qué punto estás dispuesta a demostrar

que no eres quien yo creo que eres.

-Vámonos, Sara.

-No, espera, espera.

Si firmas eso, no podrás reclamar a mi hijo

ni un céntimo en caso de divorcio.

Olvídate de su dinero, de las tierras,

de las indemnizaciones, olvídate de todo.

-La razón por la que me negué a firmar esto ya no existe.

A pesar de todo sigues a mi lado.

(SARA SUSPIRA)

-Que tu padre tenga lo que tanto le importa.

-Vete, sube a hacer las maletas y vete de esta casa.

-Pablo.

¿Qué está pasando? -Lo siento, Sara.

Lo siento.

No tienes que pedirle perdón, hijo.

-¿Me has engañado? Tú le engañaste antes.

Vete antes de que llamemos a la policía.

-Pablo. Adiós, Sara.

(LLORA) -¿Pablo? Eres un cobarde, un miserable,

no voy a quedarme así, ¿me oyes?

¡Mírame, no voy a dejar que me quites a mi niña! ¡Pablo!

(LLORA) ¡Pablo!

(LLORA)

Vamos, hijo, cálmate. -Déjame.

Déjame.

-¿Se puede saber qué haces aquí?

-Necesitaba salir de casa. -Puede ser peligroso,

¿no te das cuenta que ese niñato podría estar cerca de aquí?

¿Que te quiere matar?

-Quería contarte algo sobre la visita de Ortega.

-¿Qué has hecho, Emma? -Nada, todo ha salido bien.

(GUS SUSPIRA) -¿Crees que sospecha?

-No. -¿Ves como íbamos a salir de esta?

-Al parecer, Manu y Mónica Robledano son cómplices.

-¿Qué? -Sí, han encontrado

llamadas de Mónica a su teléfono.

-Sabía que esa tía no se iba a quedar quieta,

que nos iba a joder la vida. -¿Qué vas a hacer?

-Si hay alguien que sabe dónde está Manu es ella.

-Gus, deja que Ortega se ocupe de esa mujer, por favor.

-¿Estás loca? ¿Y si está con Manu, y si le cuenta a Ortega

lo que ha pasó?

Mira, déjame esto a mí.

Teléfono.

-¿Por fin has decidido entregarte? -Tenemos que hablar.

-Ahora no, yo te llamo.

-¿Señorita Robledano?

¿Tiene un minuto? -¿Qué quiere, Ortega?

-No se ponga a la defensiva, ya sé que conoce sus derechos

y todo eso, pero sólo quiero hablar un momento con usted.

-¿Hablar de qué

-¿Qué relación tiene con el secretario

de las Bodegas Cortázar?

Con Manuel Hernández.

-No lo conozco. Yo dejé de trabajar para los Cortázar

cuando aún era Sara la secretaria.

-Pues para no conocerse han hablado ustedes 22 veces

en los últimos cuatro días, ni los teleoperadores

más pesado llaman tanto.

-Se puso en contacto conmigo cuando salí de la cárcel.

Estaba muy interesado en el asunto de Paloma,

así que le conté la verdad.

-¿La verdad? -Sí, que yo no la maté,

que el verdadero culpable es Gustavo Arístides.

-Todas las pruebas la señalaron a usted.

-Porque las dispusieron para que me señalaran a mí.

-¿Y él creyó su versión? -No es difícil creer en la verdad.

-¿Eso es todo? -Sí.

-Mucho arroz para tan poco pollo.

¿No será más bien que el señor Hernández

tenía la pretensión de vengarse de Gustavo

y usted le está ayudando?

-Me pidió ayuda, pero me negué, yo no quiero meterme

en más problemas, lo único que quiero es que salga

mi juicio y demostrar mi inocencia.

-¿Y si no le está ayudando, cómo justifica usted

tantas llamadas? -Mire, Ortega,

cometí el error de acostarme con él, fueron sólo

un par de veces, pero... -No, no, no, ahórreme los detalles.

-Si no tiene más preguntas, tengo muchas cosas que hacer.

-Sí, una más.

¿Sabes usted dónde puede estar el señor Hernández

en estos momentos? -No tengo ni idea.

-Bueno.

Pues espero que si reanudan ustedes su relación telefónica

me llame.

-Por supuesto.

-Mónica. -Cállate.

-Vas a tener que acabar lo que empezaste,

yo ya he cumplido con mi parte del trato.

-Tú todavía no me has dado nada.

-Creí que querías ver bajo tierra

al hombre que mató a tu novia. -Así es,

pero necesito algo para empezar a decirlo.

-Tendrás tu dinero esta misma noche,

cuando acabes con Gustavo.

Miguel va a pagar por los papeles de los Reverte.

-¿Y tú vas a dárselos?

-Le daré lo que necesita para denunciar a Raúl.

-Cuídate mucho, hermanita. -Sí.

Raúl.

Ahora que vas a salir de las Bodegas Reverte

intentas recuperar tu sitio, ¿no? -Te equivocas,

he venido a ver a Emma.

Además, no me va tan mal como para volver

a este nido de víboras.

El tiempo nos pone a todos en nuestro sitio

y está claro que el tuyo no está en las Bodegas Reverte.

-No he firmado nada todavía así que no cantes victoria

tan pronto.

Tal y como están las cosas no es el mejor momento para irme.

Supongo que te habrás esterado de la muerte de Lorena.

La familia lo está pasando muy mal, Lucía me necesita

Déjala en paz.

-Te dije que volvería conmigo

y me da igual que sigas intentando joderme, Miguel,

porque volverá conmigo una vez y otra,

y otra, siempre que yo quiera.

Lucía abrirá los ojos.

-Vamos a ver, Miguel, tú fuiste un error para ella

y la gente, cuando comete un error, lo que busca es seguridad.

Lucía ni necesita abrir los ojos, sino que la quieran un poco.

Y me lo has puesto muy fácil.

Mónica, soy Miguel,

quiero esos papeles.

-No sabía que había vuelto con Lorena.

Yo tampoco.

Pero ya ves,

se querían muchísimo.

Ella cometió un error y él no la perdonó

y ahora se está dando cuenta de que la quería

más de lo que pensaba.

-No me hagas esto, Lucía.

Olvídalo. -¿Ahora?

No puedes hacer eso, no puedes tirar la piedra

y esconder la mano.

Raúl, todo esto me ha hecho pensar mucho y...

-¿Pero tú sabes lo duro que ha sido para mí?

¿Eh, te has parado a pensarlo?

Fuiste tú la que me dijo que no me quería.

Me habías mentido. -No, te creíste las mentiras

que te contaron otros, seguramente Miguel,

para apartarme de ti, mi hermano,

que es un hombre de fiar, ¿verdad?

(RAÚL SUSPIRA) ¿Y ahora qué quieres que hagamos?

¿Eh, que volvamos, que tú dudes y me dejes tirado

otra vez? Yo no he dicho eso.

-Porque ni siquiera eres capaz.

Mira, yo te quiero, Lucía, y lo sabes,

pero lo he pasado muy mal

y no puedo olvidar todo esto por lo que ha pasado con Lorena.

Joder, que te pedí que te casaras conmigo.

Lo siento.

-Ya lo sé.

(RAÚL SUSPIRA) Pero no es suficiente.

Mira, que lo he estado pensando y creo que con lo que está pasando

con Dani... en fin, que no creo que sea el mejor

momento para dejar la bodega,

que ya hablaremos

-¿Estás seguro de que no tienes nada que contarme?

-Creí que me había llamado para recoger las cosas de Lorena

y esto no tiene... -¿Cómo te hiciste ese corte?

-Bueno, había bebido. -Ya.

Habías bebido, supongo que te pusiste nervioso.

-Oiga, no fue culpa mía.

-Nadie ha dicho que lo fuera,

pero el juez ve indicios suficientes de que ibas

con Lorena en el coche cuando murió.

-Pues eso es mentira, yo ya se lo dije.

-Sí, lo dijo,

pero el perito forense y los de científica dicen

otras cosas.

Como por ejemplo que Lorena no podía ir en el asiento

del conductor porque las únicas huellas

encontradas en el volante de su coche, señor Reverte,

son las suyas.

Usted conducía.

-No, no puede hacerme esto.

-Yo que usted me iría buscando un abogado.

-No tengo abogado. -Pues si me permite

el consejo, búsquelo bueno,

lo va a necesitar.

Llaman a la puerta. Voy.

Dani. -Hola, Lu.

Que bien que hayas venido.

Ven.

Pasa.

Mamá. ¿Sí?

Mira quién ha venido a verte.

Hijo. -Mamá.

Ay...

¿Cómo estás, hijo?

-Estoy bien, mamá, estoy bien. ¿Sí?

Mi hijito.

(DANI SUSPIRA) ¿Cómo fue?

-Mamá...

Ahora no, ¿vale?

¿Has hablado con su familia?

-No. Deberías, hijo.

-No, no, mamá, no.

Además, seguro que me odian, seguro que...

Tú no tienes culpa de nada, hijo.

¿Has dormido?

-No, no, no puedo. ¿Por qué no te echas un rato?

Tu cuarto está tal cual lo dejaste.

-¿Lucía?

¿Lucía?

¿Lucía, qué ha pasado?

¿Por qué me has llamado...?

Vamos. -No puedo, mamá.

Hijo. -Ya sé que te he dicho que sí,

pero preferiría quedarme fuera.

Yo creo que tienes que estar presente, hijo.

Tú has querido mucho a Lorena y ella a ti.

-Lo siento, mamá.

Te quiero.

-Sabe de sobra que la acusación sobre ese chico no se sostiene.

-Lo que no se sostiene es su versión, Daniel Reverte

no tiene coartada. La tiene delante de usted.

-¿Perdón? Daniel Reverte estaba anoche

en mi casa.

-¿Alguien más puede corroborar lo que me está diciendo?

-Pablo Cortázar, él le abrió la puerta

-¿Y para qué fue anoche a su casa?

Está elaborando un nuevo vino con mi hijo y me enteré

de que había tomado algunas decisiones

sin consultar con él. Le llamé inmediatamente.

-¿Y Daniel Reverte fue a su casa de madrugada para hablar con usted?

No sería la primera vez, los empleados

de las Bodegas Cortázar

no saben de horarios.

-¿Y por qué no he oído yo esta historia antes?

¿Por qué Daniel Reverte iba a arriesgarse a entrar

en el calabozo en vez de contarme la verdad?

Bueno, anoche llegó a casa y...

Discutimos, ya sabe. -No,

no sé, dígamelo usted.

Pues, Daniel estaba bebido,

se puso violento, yo tampoco me porté bien

y nos peleamos.

-Debo entender entonces que el corte del labio

se lo hizo usted.

Como comprenderá no iba a estarme quieto,

entonces usted me llamó y...

Daniel se fue corriendo al lugar del accidente.

-¿Sabe?

Debería llamar al juez para pedirle también

una orden de arresto contra usted.

¿Por qué? -Está usted postrado

en una silla de ruedas, señor Cortázar, no podría

haberle hecho esa herida en el labio a menos

que se hubiera puesto de rodillas.

Antonio, ¿no te importa dejarnos un momento solos?

-No hay problema.

(SE RÍE)

-Señor Cortázar,

no deja usted de sorprenderme.

Llaman a la puerta. -Agente Ortega.

-Daniel.

-He venido a hablar con usted. No te preocupes, hijo,

ya le he contado todo a la agente Ortega.

-Señor Reverte, ¿por qué no me contó usted

la verdad desde el principio? Ya le he dicho...

-Le estoy preguntando a él, si no le importa.

-Me asusté.

No pasa nada, la agente sabe que estabas anoche en casa

cuando esa chica tuvo el accidente.

-¿Es eso cierto? ¿Estaba usted con el señor

Cortázar en su casa anoche?

-Es cierto.

-¿Está todo?

¿Y los papeles de Raúl?

-Venga, Miguel relájate un poco.

Ahora somos socios otra vez.

Yo me fío de ti, tú confías en mí,

yo no cuento el dinero y tú te tomas una copa conmigo.

No he venido aquí a beber.

-Un brindis es el mejor cierre para un trato.

O el inicio de un gran error.

-Mira. Miguel, aunque tú no te acuerdes,

en esta habitación tú y yo hemos hecho de todo,

menos equivocarnos.

Estás loco.

¿De verdad ibas a tirar tu vida de esa manera?

-Bueno, supongo que debería darle las gracias.

Al fin y al cabo ha mentido por mí.

Eso lo sabemos tú y yo, ¿verdad?

Y así debe seguir siendo.

-Sí, claro.

Daniel, aunque no eres de la familia, si ayudas

a los Cortázar, los Cortázar te ayudan a ti.

-Ya, bueno, creo que lo mejor será que me fuera.

¿Que te fueses, a dónde?

-Bueno, me gustaría volver con mi madre y con mi hermana.

Lo último que querría es impedir que te fueras con ellos.

Ya sabes el valor que le doy a la familia.

-Ya, bueno...

Pero no hablo sólo de la familia, don Vicente, verás,

mi hermana me ha pedido que vuelva a la bodega.

Te entiendo, Daniel.

Cuando uno lo pasa mal tiende a refugiarse en la familia.

Hasta hoy, las Bodegas Cortázar y tú estabais vinculadas

por un contrato.

-Bueno, los contratos se pueden romper, ¿no?

Hasta hoy.

Hoy tú y yo hemos creado un nuevo vínculo, algo que te ata

firmemente a esta familia,

como un ancla.

-¿Me está amenazando?

No, te estoy protegiendo y mientras estés bajo mi amparo

puedes estar tranquilo.

-¿Por eso me ha ayudado?

¿Para chantajearme? Lo que tú llamas chantaje

yo lo llamaría un favor.

Piénsalo bien esta noche y descansa.

Mañana necesitaremos todo tu talento para seguir trabajando.

-Daniel.

Me he enterado de lo de esa chica, lo siento mucho.

-Gracias. -Si necesitas cualquier cosa...

-Emma...

Lo siento, tengo que volver a la bodega.

-Vaya careto que lleva este, ¿no? -Sí, parece que no corren

buenos tiempos para nadie en esta casa.

Aviso de mensaje.

-¿Quién era? Nada importante, me tengo que ir.

-¿Ahora? -Me acabo de acordar

que no he regulado la humedad de las cubas de mosto.

-Daniel va para allá, díselo, corre y que lo haga él.

-No me fío, Emma, no me fío, vuelvo enseguida.

-Hemos hecho un buen trato, Miguel, te darás cuenta en cuanto

veas los papeles.

Vas a llevarte una buena cantidad de dinero,

espero que esos informes lo valgan.

-Hacíamos buena pareja.

No te engañes, tú y yo nunca hemos sido pareja.

-Sabes que podríamos hacer grandes cosas juntos.

Con eso dinero no sólo compro unos papeles,

también compro distancia.

Por cierto,

¿has pensado a dónde vas a ir con tanto dinero?

-Lo suficientemente lejos como para no volver a vernos nunca.

Miguel.

¿Miguel?

Hijo de puta. (SUSPIRA)

-Mónica.

-Nunca entenderé que una mujer como Emma

se casara con alguien tan... tonto como eres tú.

-¿Dónde está Mónica?

-¿Lo ves? No has entendido nada. Mónica no va a venir, imbécil,

tendrás que conformarte conmigo.

-¿Qué quieres? -¿Que qué quiero?

No me gusta dejar las cosas a medias.

Cógelo, venga, venga.

Quiero que escribas una confesión, eso es todo lo que quiero,

que admitas lo que le hiciste a Paloma.

Tú la mataste.

Lo justo es que asumas tu culpa.

Adelante.

¡Que escribas! Escribe...

-¿Y qué quieres que ponga? -La verdad,

tampoco necesito muchos detalles, ¿sabes?

Basta con que reconozcas lo que hiciste.

(MANU SUSPIRA)

-Ahora fírmalo. Venga.

Déjalo ahí.

-Ningún juez va a admitir una confesión conseguida

por la fuerza.

-¿Ves otra vez como eres tonto, Gustavo?

Al juez de guardia le valdrá.

Encontrará ese papel, tus últimas palabras.

Cuando vengan a levantar el cadáver, ¿entiendes?

Cuando le avisen de tu suicidio.

Porque ahora lo que viene, Gustavo, es que te suicidas,

al menos eso es lo que va a pensar todo el mundo.

-¡Manu, no lo hagas!

-¿Pero tú qué haces aquí?

-¡Ah!

¡Ah!

-Quédate ahí, por favor, quédate ahí.

-¿Qué estás diciendo, Emma, qué haces?

-He dicho que te quedes ahí, Gus.

-Tú no me vas a disparar, Emma. -Emma, cielo, sabes

lo que ha habido entre tú y yo.

Hay cosas que no se pueden fingir y tú lo sabes.

-No le escuches. -Te quiero, te mentí,

pero jamás te habría hecho daño, de verdad, jamás.

-Quisiste matarme, Manu. -No, quería vengarme de él

y entonces te conocí.

-Emma, por favor, lo has visto,

has visto lo que quería hacerme. -¡Estate quieto!

-Emma, él mató a Paloma, la mató, como intentó matarme a mí.

-Emma.

Emma yo no soy un asesino.

(EMMA LLORA)

(EMMA LLORA)

-Lo he matado, lo he matado.

(LLORA) Lo he matado.

-No pienses eso, Emma, nadie le da por muerto,

todos creen que ha huido,

nadie va a buscar su cadáver esto no ha pasado, Emma.

-Ya nunca voy a poder olvidar que esto ha pasado.

(GUS SUSPIRA) -Si supieras lo que debes saber

te sorprenderías.

-¿Tú sigues pensando en Paloma?

(GUS SUSPIRA) -No es lo mismo, yo no la maté, aunque estuve

a punto de pudrirme en la cárcel por eso.

-Eso no es un consuelo.

-Esto no lo sabe nadie, Emma,

si no decimos nada, nadie tiene por qué enterarse.

-Emma. -Por favor, déjame.

-Darle vueltas a la cabeza no te va a ayudar.

-He matado a una persona, ¿qué esperas que haga?

(SUSPIRA)

-Lo que necesitas es vivir más y pensar menos.

-¿Me vas a decir tú lo que necesito?

¿Me vas a dar tú lo que necesito?

¿No te das cuenta? Me aparté de ti

porque no era feliz a tu lado.

-Todos los matrimonios pasan rachas difíciles.

-Esto no es una racha difícil.

Lo nuestro se terminó hace mucho tiempo.

-Puede que ahora lo veas así,

pero con el tiempo volverás a creerme, ya lo verás.

-Yo sé que no volveré a quererte.

Y mira que te quise.

Pero, bueno, algo es algo,

tú ni siquiera puedes decirlo.

-Se acabó, Gustavo.

-Eres tú la que no se da cuenta, eres mi esposa y así

va a seguir siendo.

Vas a ser mi mujer como lo has sido hasta hace

muy poco tiempo.

Sí, es muy fácil,

yo te perdono que te hayas largado con otro

y tú pones un poquito más de tu parte

para ser una buena esposa. -No, ¡no!

-¡Sí, sí, sí!

¿Y si no? Míralo de este modo, puede que la vida conmigo

no sea el paraíso,

pero te lo digo por experiencia,

la cárcel es el infierno.

-Me gustaría participar de otra forma, como socio

capitalista de las Bodegas Cortázar.

Sara, las llaves.

-Recójalas si puede. -¿Qué pasa, qué celebráis?

-Nos vamos a casar. -Ya sé que tienes unos documentos,

unos papeles que inculpan a Raúl de algo.

¿Cuánto quieres? -Si me han dejado salir

de la clínica es porque estoy bien, curada, si lo prefiere.

Creo que ya es hora de que firmemos el divorcio

-¿Y qué quieres que haga yo, Gustavo?

-Cédeme tus acciones.

¿Qué es eso? -Ha llegado el momento

de que ajustemos cuentas.

-Yo de usted no me fiaría de sus hijos.

-¿Dónde está mi hija? -Por favor, deja de mentirnos ya.

¿Por qué quieres hacernos creer que no puedes caminar?

-Has perdido el apoyo de tus hijos. Se van a arrepentir de esto.

-Adiós, Pablo, dile a María cuánto la quiero.

-¿Sara, eh? ¡Sara! ¿Sara qué has hecho?

Joder. Quiero que hagas llegar esto

a la autoridad que corresponda. -¿De dónde has sacado esto?

Es muy grave. -Mi silencio es lo único

que te separa de estar en la cárcel.

Antes de que toméis ninguna decisión,

me marcho.

Gran Reserva - T2 - Capítulo 25

16 jun 2011

Raúl despide a Mónica, ahora que vuelve a tener a Lucía entre sus brazos ya no la necesita para nada. La abogada, repudiada, ofrece su ayuda a Miguel para acabar con su hermano.

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  1. LUIS RAMIREZ

    IMPACTANTE, EXTRAORDINARIO, INESPERADO....... SE BOTARON CON EL CAPITULO 26, FELICITACIONES

    28 jun 2011
  2. Raquel

    Le ha mandado separar los bienes porque asi se queda sin un duro y sin su hija . y ella se va sin nada

    24 jun 2011
  3. Pedro Bruno

    Esta serie está muy bien pero hay dos cosas que no entiendo. La primera es ¿por qué Lucía es tan tonta de pasar de los brazos de un hermano a los del otro?. Al principio parecía uno de los personajes más coherentes. Otro detalle incongruente es el detalle de echar de casa a Sara después de firmar el documento de separación de bienes. No se entiende. Si alguien me lo puede explicar por favor se lo agradecería. Saludos

    22 jun 2011
  4. Regia

    Algo tendrán los hermanitos para que Lucía se vaya de los brazos de uno al otro. Decídete. Ahhhhhhhhhhhh y otra cosa que peinen a Lucía y a su madre, que son las greñudas de las serie.

    20 jun 2011
  5. Regia

    Bueno, pero en verdad que Vicente es un diablo hecho y derecho y la pobre de Sara pensó que podía estar a la altura de el y el tonto de Pablo hace todo lo que desea su padre. ¿A donde va a llegar este hombre?, ¿Porque se acaba la temporada? Deberían de alargarla un poco mas.

    20 jun 2011
  6. elena

    yo lo que entendí por lo de pablo y sara es lo siguiente: vicente le habia dado una charla previamente a pablo diciéndole que no le quitaba su hija a sara sino que la estaba protegiendo de ella. despues pablo vio a sara con su hija y acabaron besándose y reconciliandose. y al final en la escena del despacho vicente enseña un papel diciendo que es lo de la separacion de bienes y sara se lo cree y firma. yo intuyo que pablo al final se arrepintio porque antes de que firmara sara él le dijo : "vámonos sara" pero me pareció muy cobarde por su parte

    19 jun 2011
  7. Amarilis

    Definitivamente Lucia ya no haya de que palo ahorcarse (con los dos hermanos). A Dani tenia que pasarle algo malo para que la madre y la hermana lo tomaran en cuenta, yo como Dani no las buscara, ya que ellas le han dado la espalda a Dani en todo y siempre se han inclinado por Raul. A la Sra Molina deberian recomendarle un corte de pelo, ya que para su edad no le luce nada bien o por lo menos haganle un recojido en moño, se parece mucho a la de Los Locos Adams con esa melena. A Emma si le cambiarian un poco la voz, seria mejor, me hace acordar mucho a un exorsismo y para cerrar, uniendome al resto de los comentarios, la mejor es la agente Ortega, es genial, las agarra en el aire todas. Esperemos el ultimo capitulo de la segunda temporada y a esperar por la tercera temporada

    19 jun 2011
  8. conxin48

    no me gusta que lucia cambie tan raido de uno a otro y menos que se quede con raul que es el peor , me gustaba mas cuando no les hacia caso a ninguno de los dos y les plantaba cara, tenia mas personalidad ,ahora esos dos hacen lo que quieren con ella y ella no se da cuenta de nada no me gusta el papel que hace ahora,megustaba mas en la primera parte.

    19 jun 2011
  9. Ivan Perez

    Que padre esta la serie-novela-culebron o como quieran decirle..pero esta padrisima!!!! que buena secuencia de los hechos...las historias...los enredos...todos los personajes son estupendos. en lo personal me encanta que la agente ortega sea tan brillande..es como sherlock holmes español...

    19 jun 2011
  10. MIerDA

    me parece k es muy buena la serie y estoy completamente de acuerdo con Pedro.Pero Lucia (Paula Echeverria) tendria k ayudar a su hermano

    18 jun 2011