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No recomendado para menores de 12 años Gran Reserva - T2 - Capítulo 24 - Aliada con Raúl, Mónica desvela a Lucía un terrible secreto sobre el pasado de Miguel - Ver ahora
Transcripción completa

-Te quiero mucho.

Pero no del modo en que debería quererte.

-¿Me estás dejando?

-Te puedes quedar aquí hasta que encuentres una casa.

-En esta casa es imposible guardar secretos, Gustavo.

Las paredes hablan. Y cuando se entere Vicente...

Ahora ya no tiene ningún sentido.

-No creerá que voy a aceptar esta mierda así como así.

¡Sé mucho de usted y de su familia! Gustavo, por una vez,

piensa las cosas antes de hablar.

-¡Ah!

Tenemos una conversación pendiente.

Gustavo ya no es tu problema. No podéis ocultarlo más.

Sigues siendo mi pequeña.

-No sabes qué fácil es dejar de ser una niña

cuando ves que tu infancia ha sido una gran mentira.

-¿No me reconoces?

Raúl.

Soy tu madre, hijo.

-Llevo toda la vida sin madre.

¿Por qué crees que la necesito ahora?

Hablamos después en casa.

-Adiós. -Adiós, hermano.

-Juraría que a este le acabo de ver salir de las bodegas.

¿Me has mentido, Manuel?

-Su hijo por fin ha visto quién es y eso es mérito suyo.

Estoy dispuesto a sacrificar a quien sea,

antes de ver rota esta familia.

Mi mujer no lo va a conseguir y tú, tampoco.

-Mi casa era tuya, es verdad. Pero es que esta...

sigue siendo mi casa.

En la salud y en la enfermedad.

-¿Has vuelto con Miguel?

¿De verdad te crees con derecho a pedirme explicaciones?

-Tú eres el asesino de su padre.

¿Maté yo a Jesús Reverte?

En aquella época eras capaz de todo.

-¡Te quieres tirar a mi mujer y eso me jode más que

que te hayan dado el puesto!

-Imagina quién podría liarse a puñetazos a las primeras de cambio

pero ser tan tonto como para equivocarse de amante.

Avisa a Pablo.

-No hace falta que finja, Vicente.

No me daba pena cuando creía que estaba enfermo...

No se resista, Vicente. Déjese llevar.

-¿Qué ha pasado?

-Seré sincero. Su padre está muy grave.

Ha sufrido un infarto.

-¿Pero se va a recuperar?

-No puedes...

querer a nadie más que a ti mismo y que tanta te perdone siempre.

Voy a acabar contigo.

-Cuando despiertes y veas cómo es tu familia, lo pasarás muy mal.

Háblale de la grabación que enseñó a mi padre.

(GRABACIÓN) Sexo y dinero, con esas dos cosas se consigue todo.

-Quiero a Manu, me voy con él. Estoy cansada de mentiras.

De esta familia.

El secretario de las bodegas, ni se llama Manuel,

ni ha trabajado en ningún lugar de los que puso en su currículo.

Ay...

Hijo.

Creí que os habíais ido todos.

-Pues ya ves que no.

Tienes mejor cara.

Quiero irme a casa.

-Papa, has tenido un infarto.

He hablado con los médicos, no pueden obligarme a estar aquí.

-No es que te obliguen.

Es que es lo mejor para ti.

Lo mejor para mí es estar en casa con mis hijos.

(SUSPIRA)

¿Y Emma, dónde está?

-Está en casa.

Dijo que se pasaría más tarde.

(SUSPIRA) Está enfadada conmigo.

Y no sólo por lo de su madre.

Necesito que me perdone.

Y tú, hijo.

¿Podrás perdonarme alguna vez?

-No creo que este sea el mejor momento para hablar de esto, papá.

Ay...

Dame el teléfono.

-No hagas esfuerzos, por favor.

Tengo que hablar con ella. -Lo haré yo.

Voy a casa a buscar tus cosas, ¿de acuerdo?

Y ahora, haz lo que te ha dicho el médico.

Descansa, por favor. Bueno.

Ay... -Descansa.

Ay...

(PABLO SUSPIRA)

Tono de llamada.

Miguel, ¿has podido hablar con Emma?

No. Sigue sin contestar al móvil. Y Manuel lo tiene apagado.

-Tendríamos que hablar con la Policía, creo.

Gustavo ha encontrado una dirección de Manuel, va para allá.

¿Cómo está papá?

-Ha preguntado por ella.

No podremos tenerle engañado mucho más tiempo.

No han pasado ni 24 horas. Seguro que la encontramos.

-Pues espero que sea pronto.

Le ha dicho al médico que quiere salir de aquí voluntariamente.

Bueno, si hay alguna novedad, te llamo.

-Ajá.

-Emma, coge el puto teléfono.

Emma, por favor, cógelo, tenemos que hablar.

Este tío no es quien tú te crees. Emma.

(GOLPEA LA PUERTA) ¡Dios!

(PATEA LA PUERTA)

Trinos.

-¿Qué te pasa?

-¿Eh? Nada.

-Esto no es obligatorio.

Si tienes dudas y quieres volver...

-Claro que no.

Pero no puedo evitar sentirme culpable.

-Por tu padre.

¿A ti todo esto no te da un poco de vértigo?

El irnos juntos.

La idea de empezar una nueva vida los dos.

-Nunca he estado tan seguro de algo.

Voy a ducharme.

Emma.

-Ya. Es que hay diez llamadas perdidas.

¿Y si ha pasado algo grave?

-¿Grave? Conociendo a tu padre...

¿Sabes hasta dónde puede llegar para conseguir lo que quiere?

-La verdad, no entiendo cómo ha podido cubrir así a Gustavo.

Todavía no lo entiendo.

-Emma. Olvídalo ya, ¿eh?

Olvida a Gustavo. Ya está fuera de tu vida.

Así mejor, sin interrupciones.

Puerta.

Hola, hija. Hola, mamá.

Creí que estabas en el hospital.

Acabo de llegar.

¿Y Vicente, qué tal está? Los médicos dicen

que igual no recupera la sensibilidad en las piernas

como que la recupera mañana mismo. No saben.

Ojalá la recupero pronto porque...

Conociéndole, está como un animal enjaulado.

¿Tú no vas a ir a verle?

Sí, claro.

Pero...

Pero Rosalía ha vuelto, ¿no?

No sé, Lucía. Las cosas no son tan fáciles como parecen, hija.

No, las cosas son como uno quiere que sean.

(LLAMA A LA PUERTA)

Ya voy yo.

-Hola, Lucía.

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

-Necesito contarte algo.

Bueno, más bien eres tú quien necesita saberlo.

Es importante, algo que debes saber sobre la muerte de tu padre.

Quiero hablarte de Miguel.

¿De Miguel?

-Sé que estáis juntos?

A ti no te importa con quién estoy o no.

-Sí me importa.

Y a ti también te importaría, si supieras la verdad.

Él mató a tu padre.

¿Qué estás diciendo, Mónica?

-La verdad.

Miguel habló conmigo después de matar a Jesús Reverte.

No quiero escucharte más. -Lucía.

¡Suéltame!

-En aquella época, yo era algo más que la abogada de Miguel.

Te aseguro que no teníamos secretos y te estoy diciendo la verdad.

No sé qué sacas de todo esto.

Pero no te creo.

-Entiendo que para ti es difícil asumirlo pero eso fue lo que pasó.

Y si no me crees, pregúntaselo a él.

Porque lo sabe.

Hablé con él y le advertí que o te lo decía o lo haría yo.

Por lo que veo, no cumplió su palabra.

Lárgate.

Y no vuelvas a poner un pie nunca más en esta casa.

-Acabo de hablar con ella.

-La dirección del currículo tampoco era real.

Allí no vive ningún Manuel Hernández.

Ni ha vivido nunca.

Ya.

-¿Adónde vas?

A la Policía.

Puerta.

¿Agente?

-Señor Cortázar, le echaba de menos.

Aunque no creí que quisiese venir a acompañarme en una guardia.

Le aseguro que no vengo por gusto.

-Siéntese. Gracias.

Móvil. Perdón.

Tono de llamada.

Móvil.

Verá. Eh...

Mi hermana Emma se ha ido de casa.

-Pues lo siento pero de momento la Policía no media

conflictos familiares.

Ya, pero es que se ha ido con el secretario de las bodegas.

El abogado de mi padre ha descubierto que mentía

sobre su identidad.

-Señor Cortázar, lo que no le pase a su familia...

Mire. Yo no sé quién es ese hombre.

Pero si alguien miente sobre su identidad es que oculta algo.

-No tengo mucho tiempo, está en la ducha.

-Vas a hacerlo, ¿no?

-Perder a Emma es suficiente castigo.

No, Manu, escucha. Te comprometiste y ahora no puedes echarte atrás.

-Las cosas no han salido como creíamos.

-Me da igual.

Acaba lo que empezaste y no me llames hasta entonces.

-Si es realmente importante,

ten por seguro que no va a estar ahí.

Tranquila.

No sé lo que buscas.

Pero no se lo voy a decir a Vicente.

Esta casa no se construyó para hacer felices a las mujeres.

-¿Y por qué ha vuelto usted, entonces?

-Porque nada de lo que me pase aquí puede ser peor

que estar otros treinta años alejada de mis hijos.

¿Qué te pasa?

-Que la miro a usted y sé de lo que es capaz Vicente.

Quiere quitarme a mi niña.

-¿Por qué?

-Porque me odia y no me quiere aquí.

Y va a contarle un montón de mentiras a Pablo sobre mí.

-¿Él?

Se ha pasado treinta años

diciendo a sus hijos que su madre estaba muerta.

Le ha ocultado a su hija que su marido le era infiel.

Lleva meses fingiendo una enfermedad.

-Y acaba de tener un infarto.

Hasta el destino se pone de su lado.

-No va a echarte de aquí.

-Con usted lo hizo.

Pero estoy de vuelta.

No voy a permitir que le haga a ninguna de las mujeres

de esta casa lo mismo que me hizo a mí.

Timbre.

-¿Sí?

Hola. Soy Lucía.

Estoy buscando a Miguel pero no le localizo.

-Lucía Reverte.

No te veía desde que eras una cría.

Pero reconocería esa mirada en cualquier parte.

La mirada de los Reverte.

Pasa.

Perdone que venga sin avisar pero estoy llamando a Miguel

y no me coge el teléfono y pensé que, quizá,

don Vicente se habría puesto peor.

-No. No, Vicente está bien.

Es que está siendo una mañana un poco complicada para la familia.

Ya.

¿Puede decirle a Miguel que he venido a buscarle?

-Claro.

Gracias. -Lucía.

¿Sabes algo de mi hijo Raúl?

Intenté hablar con él pero las cosas no salieron como esperaba.

Como sé que trabajáis juntos...

Lo siento.

Yo tampoco he podido hablar con él últimamente.

-Ya.

Bueno. Gracias de todas formas.

Gracias.

-Adiós, Lucía.

Adiós.

-Creo que Gustavo estuvo aquí antes que tú.

Hola, Daniel. Pensaba que ya no quedaba nadie.

-Estaba liado con el vino.

Hoy ha habido bastante trabajo en la bodega.

Oye, ¿tú viste a Manu antes de que se marchase?

¿No le escuchaste decir nada, hablar con mi hermana o algo?

-No. Nada.

¿Y tu padre? ¿Cómo está?

Mejorando. Pero, bueno, ya le vas conociendo.

Nos está martirizando para que le saquemos del hospital.

-A cierta edad, se vuelven cabezones, ¿eh?

Los últimos años con mi padre no fueron fáciles.

Estábamos todo el día como el perro y el gato.

Y ahora que no está,

me doy cuenta de lo mucho que le echo de menos.

Ya.

-Puede que me pase a verle.

Claro, cuando quieras.

Móvil. Perdona.

-Sí. Te veo.

Sí, Lucía.

Perdona, he visto tus llamadas.

Pero es que ha pasado algo con mi hermana y...

Sí, sí. Claro.

Voy para allá.

Mi madre me ha dicho que fuiste a buscarme.

Sí.

Te llamé muchas veces pero no cogías el teléfono.

Emma se ha ido de casa, con Manuel, el secretario.

Y no conseguimos localizarla.

¿Estás bien?

Mónica vino a verme.

Me dijo que tú mataste a mi padre.

¿Es verdad?

No lo sé.

¿Cómo que no lo sabes?

No me acuerdo.

No recuerdo nada anterior al disparo.

No sé qué pasó el día que murió tu padre.

Ni el día siguiente, ni ningún otro.

¿Y has podido estar conmigo teniendo esa duda?

No quería estropearlo por algo que no recuerdo.

Mónica sería capaz de cualquier cosa para vengarse.

Por favor, dime algo.

Si estuvieras seguro de que no lo hiciste, me lo habrías dicho.

Da igual.

Iba a perderte de todas formas.

Tienes razón.

-Primero, la dejó inconsciente.

Y después, abrió la llave del CO2.

Así es como pasó, según Mónica.

¿También te lo dijo a ti?

-Creía que así volvería a aceptarla como abogada.

Pero tenías razón.

Si lo que cuenta es cierto, es tan cómplice como mi hermano.

¿Has venido a convencerme para que denuncie a Miguel?

-No.

Es más, creo que no deberías llamar a la Policía.

¿Por qué no?

-Miguel era capaz de hacer cualquier cosa.

Pero ha cambiado.

Merece una segunda oportunidad, ¿no?

Dale tiempo.

Al menos, para demostrar que no lo hizo.

Mónica está muy segura de ello.

-Lo sé.

Pero no me fío.

(RAÚL SONRÍE)

Yo sacando la cara por mi hermano, ¿no?

Quién me lo iba a decir.

¿Qué ha pasado, Raúl?

-Pues que...

Que llevo mucho tiempo cagándola.

Durante años he intentado conseguir lo que él tenía.

Me he obsesionado en vivir su vida.

Tanto, que me he olvidado de vivir la mía.

Creía que podría soportarlo pero...

No puedo.

Y si no vamos a seguir juntos, creo que lo mejor es...

Pues que... Que me vaya de tu vida.

Y de la bodega.

(RAÚL SUSPIRA)

¿Qué es esto?

-Mi dimisión.

No voy a dejar que me arruines la vida.

-Esta vez estás jodido, Miguel. Tú mataste a su padre.

Yo no maté a Jesús Reverte. -¿Qué, has empezado a recordar?

¿Sabes qué hacíamos antes cuando estabas tan estresado?

Yo sería incapaz de hacer algo así. -¿De qué?

¿De matar a alguien o de acostarte conmigo?

Porque hacías las dos cosas.

¿O tengo que recordarte que contrataste a un sicario

para acabar con tu padre? Demuéstralo. No tienes pruebas.

-Tú necesitabas sus viñedos, estabas dispuesto a todo

para conseguirlos. Sabes como sois en tu familia.

Eso no me convierte en un asesino.

-Tenías un buen motivo para acabar con Jesús Reverte.

Además, tú me lo confesaste todo. Si quieres pruebas, las conseguiré.

He salido de la cárcel tras dos acusaciones de asesinato.

Deja a Lucía

y no te mandaré a la cárcel.

Esto no va a hacer que vuelva con él.

Díselo a Raúl.

-No menosprecies a tu hermano. Y llámame si te sientes solo.

Las buenas costumbres no hay que perderlas.

-Vicente ha vuelto.

Se acabó la paz en esta casa.

-Sí, lo sé. Pablo ha ido a buscarle.

-Pues ya han llegado.

No dejes que te intimide.

Si ve que tienes miedo, será peor.

¿Qué hace ella aquí?

Bienvenido a casa, papá.

-Me alegro de que estés de vuelta, Vicente.

Es que he tenido un problema en casa

y mis hijos han sido tan amables que me han invitado a dormir aquí.

Espero que no te moleste.

Sí, me molesta porque esta es mi casa.

También es su casa, papá.

Y te guste o no, somos su familia.

¿Ahora?

¿Ahora somos su familia?

Mientras ha vivido mantenida, nunca se preocupó de esta familia.

Porque tú la apartaste de ella.

Como siempre has hecho con todo lo que te molestaba.

Miguel.

Vengo del hospital.

-Este no es el mejor momento para hablar de esto.

Gracias, hijo.

-No, papá, no.

La decisión está tomada.

Rosalía se queda en esta casa.

Y ahora, es mejor que descanses.

-Sé que no te alegras de verme, Vicente.

Pero soy tu mujer.

¿Y qué clase de esposa sería si no estuviera ahora aquí,

para cuidar de mi marido?

Hace treinta años me demostraste qué clase de esposa eres.

-Por eso esta vez no pienso dejarte solo.

Esta vez estoy aquí para cuidarte.

Y he vuelto para quedarme.

Ay...

Ya... Ya puedo yo.

-Cuanto antes admitas que no puedes con todo,

antes superarás esto. No tengo nada que superar.

¿Dónde está mi hija?

-Cariño, mira quién ha venido.

Ah... María. Ven.

-Hija, dale un beso al abuelo. Ven. Un besito.

Rosalía, por favor.

Llévate a la niña.

Tengo que hablar con Sara.

-¿Por qué no dejas las charlas para otro momento, Vicente?

Rosalía, por favor.

Por favor.

-Anda, vamos.

Ay...

(VICENTE SUSPIRA)

Es inútil que te sigas escudando eternamente detrás de tu hija.

Deberías irte acostumbrando.

María no va a estar contigo toda la vida.

-No va a separarme de ella.

Ja.

En cuanto hable con tu marido, pagarás por lo que hiciste.

Mejor dicho, por lo que no hiciste en el despacho.

(LLAMA A LA PUERTA)

Agente Ortega.

-Hombre, señor Arístides.

No sabe cuánto me alegro del tiempo que llevo sin verle.

-Sí. Una pena que sea por la desaparición de mi mujer.

-Pues sí. No sé por qué extraña razón,

las mujeres que se relacionan con usted terminan malparadas.

Esperemos que su esposa tenga mejor suerte que la pobre Paloma Olmedo.

En fin, ¿puede aportarme algún dato que nos ayude a dar

con el paradero de su mujer? -Pues sí. En realidad, sí.

Manuel tiene un hermano, se llama Héctor.

Parece ser que viven juntos.

-¿Y usted cómo lo sabe?

-Porque el otro día hablé con él, antes de...

-Antes de que el secretario se largara con su mujer, ¿no?

Es eso lo que quería decirme, ¿verdad?

(GUSTAVO SUSPIRA) Puede que por él consigan alguna pista.

-Muy bien. Pues muchas gracias.

-¿Me avisarán si hay algo? -Claro.

Se lo comunicaré en seguida a su cuñado Miguel.

Él es quien puso la denuncia por la desaparición.

-Sí, pero yo soy su marido.

-Me da que su mujer ya no opina lo mismo.

Algo muy malo ha tenido que hacerle para que le deje, por fin.

Después de todo lo que ha pasado ella con usted...

-¿Por qué no deja de opinar sobre mi vida privada

y empieza a investigar, que para eso le pagan?

Quizá así, resolvería algún caso.

-Siento no haber ido a verle al hospital, don Vicente.

No te disculpes.

Sé que has estado ocupándote de la bodega, Miguel me lo dijo.

Te lo agradezco.

En momentos así, se da uno cuenta de quién es su verdadera familia.

-Bueno. Yo sólo he hecho lo que tenía que hacer.

Sé que Pablo quería participar con el nuevo vino en la feria.

Y creo que podemos llegar a tiempo.

Daniel, sé que tu entrada en esta empresa no ha sido fácil.

Para Pablo, tampoco.

Pero el esfuerzo siempre tiene recompensa.

Asómate a la ventana.

Vamos.

Es un regalo de bienvenida.

Iba a dártelo antes de que sucediera todo esto, pero...

-Es demasiado, don Vicente.

Usted ya me ha adelantado tres meses de mi sueldo. No hace falta.

Tú trabajas como un Reverte. Perfecto, para eso te he llamado.

Y yo te recompenso como lo que soy, como un Cortázar.

-No sé si debo aceptarlo.

Lo excepcional se paga siempre con lo excepcional.

Motor.

Bonito coche.

-Es un regalo de Vicente.

¿Qué pasa?

¿Te parece demasiado?

No voy a meterme en eso. Si te parece bien a ti, bien está.

¿Cómo estás, hijo?

-Muy bien, mamá.

Muy bien. Por fin me siento valorado.

Me alegro, hijo.

¿Vas a venir a casa a cenar algún día?

-Claro.

Cuídate, hijo.

(ARRANCA EL COCHE)

(LLAMA REPETIDAMENTE AL TIMBRE)

(AMBAS RÍEN)

¡Rosalía!

(RÍEN)

(EMMA SONRÍE)

Estoy cansada.

-Voy a por algo de comer.

-Voy contigo.

-No, cielo. Tú, quédate aquí. Descansa.

-No me quiero quedar sola, no me gusta este sitio.

-Sólo es un segundo.

¿Tienes algo suelto?

-En el bolso, cógelo.

Papá, no deberías estar levantado.

¿Por qué me has mentido sobre Emma?

-Ha sido él el que me ha preguntado directamente.

Papá, en tu estado... En mi estado, nada.

Si mi hija está en peligro, quiero saber qué está pasando.

¿Qué le has contado? -Acabo de llegar.

¿Qué sabemos?

-Según mis investigaciones, Manuel Hernández no existe.

Su currículo es falso. En ninguna de las empresas

donde dice que ha trabajado lo conocen.

¿Qué busca ese chico?

No lo sé, papá.

Pero si quisiera hacerle daño, podría haberlo hecho hace mucho.

Y la agente Ortega ya está al tanto.

¿Qué?

Están investigando para averiguar adónde ha podido ir Emma.

La Policía no hace más que meter las narices donde no la llaman.

Pero veo que ahora, ya no hay nada que hacer.

¡Gustavo! Ven aquí.

Podéis marcharos.

Pasa y cierra la puerta.

¿Tú qué haces aquí?

-Ya sé que me dijo que me fuera pero pensé...

Pensaste que me iba a morir, ¿verdad?

-Emma es mi mujer, tengo derecho a saber qué está pasando.

No tienes derecho a nada.

No sé dónde está mi hija, ni si está bien.

Pero si no hubieras sido un marido pésimo,

ella no se habría marchado de casa.

Para mí, eres responsable de esto.

Así que reza para que a mi hija no le haya pasado nada.

-Escuche, yo quiero a Emma.

Y voy a encontrarla y voy a recuperar su confianza.

Tráemela.

Tráemela sana y salva. Y después, hablaremos.

(MÓVIL) Emma, soy Miguel. Llámame, es importante.

Pitido.

Soy Miguel, otra vez. Escucha, Manu nos ha engañado.

Su currículo y su apellido son falsos. Tienes que...

Pitido.

-Emma. Hija de puta. ¿Cómo has podido...?

Pitido.

-Emma, soy Pablo. Llámame. Quizá no quieras hablar

con Miguel o Gustavo. Pero, por favor, llámame.

Pitido.

Móvil.

-¡Señor Arístides!

-Agente Ortega, no tengo tiempo de hablar con usted, lo siento.

-¿No me va a preguntar si hemos averiguado algo

sobre su mujer?

-Ah... Sí, claro, tiene razón. ¿Saben algo?

-Sí. Usted me dijo que el hermano de Manuel

había venido para verle, ¿no? -Sí.

-Hemos revisado las cintas de las cámaras de seguridad

de la bodega y hemos localizado un coche que puede ser el suyo.

La descripción del dueño coincide. He venido para que lo confirme.

¿Es él?

-Sí, es él. ¿Le han encontrado?

-Aún no. Pero sabemos que está domiciliado en Logroño.

Una unidad de la Policía va para allá.

-¿Cómo se llama? -Héctor Hernández.

-¿Y tiene hermanos? -Sí. Uno.

Enrique Manuel. Con antecedentes penales.

Dos robos con intimidación,

dos cargos por apropiación indebida, vandalismo.

Vamos, una joya.

-¿Me está intentando tranquilizar? -No.

Le estoy dando la información de la que dispongo.

Espero que usted haga igual.

-Por supuesto.

(ARRANCA EL COCHE)

Hola, hija.

Creí que ibas a estar todo el día en la bodega.

¿Qué pasa?

¿Ha ocurrido algo?

No puedo ir a la bodega, mamá.

Todo me recuerda a Miguel. Y a Raúl.

Cada cosa que hago. Todo.

Fue una decisión que tomaste, hija.

Pensé que querías seguir adelante.

No tenía que haber vuelto con Miguel, mamá.

Tenías razón tú otra vez.

¿Qué ha pasado?

Que nunca voy a poder ser feliz con él.

Cada vez que estamos juntos, terminamos haciéndonos daño.

¿Y...?

¿Has hablado con Raúl?

Sí.

Quiere dejar de trabajar en la bodega.

Cree que no es bueno para los dos trabajar juntos.

¿Y tú qué crees, hija?

No lo sé.

Yo no lo sé.

Creo que todo lo que he hecho estos meses ha sido un error.

Cariño. Mamá.

¿Sabes lo peor de todo?

Que creo que todo ha sido culpa mía y de nadie más.

Lucía, hija.

La vida no se acaba por un error.

Eres muy joven.

Te quedan muchos que cometer.

-Espero que tengas un buen motivo

para citarme aquí y no en la bodega.

-Mira, Mónica. Ni a ti ni a mí nos gusta perder el tiempo.

Así que voy a ser muy clarito. Estás despedida.

-Vale, ya veo que Lucía te ha comido el coco otra vez.

¿Qué ha sido ahora?

-No tienes nada que ofrecerme.

-Estás jugando fuerte, Raúl.

-Te dije que iba a recuperar a Lucía.

Y tú ya has hecho lo que necesitaba para apartarla de Miguel.

El resto es cosa mía.

-Claro. Y ahora, yo sobro, ¿verdad?

-Los dos hemos sacado partido de esto.

Ya está. Se acabó. -Eso lo decidiré yo.

-Eso ya está decidido.

-Podríamos conseguirlo, Raúl.

Yo tendría mi dinero y tú todo lo que siempre has querido.

Tus viñedos y tu propia bodega.

-¿Y por qué conformarme con eso pudiendo tener también a Lucía?

-¡No puedes dejarme tirada ahora que estamos tan cerca!

-Aquí hay algo de pasta para empezar de nuevo.

-¡No quiero tu dinero, sino que cumplas tu parte del trato!

-Ya no hay trato, no insistas.

¡Y no te acerques a las bodegas ni a la familia Reverte

porque vamos a tener problemas!

-Mucha suerte, Raúl. La vas a necesitar, te lo aseguro.

(MÓNICA ARRANCA EL COCHE)

Sé que tú y yo hemos tenido últimamente

momentos muy complicados y todos por culpa mía.

-Bueno.

No creo que este sea el momento de hablar de eso.

Yo creo que sí.

El regreso de tu madre

y lo de tu hermana

han hecho que me haya dado cuenta

de lo malo que es mentir para una familia.

No quiero seguir guardando secretos

-Creí que ya no había más secretos.

(VICENTE SONRÍE)

Tú sabes que Sara y yo

no nos tenemos mucho afecto, ¿verdad?

Pero tengo mis motivos.

-Y yo tengo los míos para estar seguro de que te equivocas.

Pondrías la mano en el fuego por ella, ¿verdad?

-Sin dudarlo.

Porque te quiere, ¿no es eso?

-Sí, papá.

Aunque te parezca extraño,

mi mujer me quiere.

¿Y a su hija?

¿Crees que también la quiere?

-Vamos a dejarlo.

¿Más que a ti?

¿Menos que a ti?

-¿A qué viene todo esto, papá?

Te juro que no lo puedo creer.

Parece que sólo quieres crear problemas en esta casa.

Te aseguro que no.

Pero sé que tengo que hacer esto.

Si algún día quiero que me perdones mis mentiras,

tengo que acabar con ellas.

-¿Qué es eso?

Es un documento firmado por tu mujer en el que renuncia

a la custodia de la niña en el caso de separarse de ti.

-¿Y pretendes que me crea que Sara se prestó a firmar eso?

Lo firmó. Es su firma.

Puedes comprobarlo.

¿Sabes por qué lo firmó?

Para que no te enterases de algunas verdades incómodas.

Pero ha llegado el momento de que las sepas.

Pobre Sara.

Esa víctima de un suegro cruel no es quien tú crees, hijo.

¿A que nunca te dijo que tú

no eras su primer marido?

-Estás disfrutando con esto, ¿no? No.

No quiero verte sufrir.

Por eso, he estado callado hasta ahora.

-¿Y qué ha cambiado?

Que tú no quieres más mentiras.

Por un momento,

deja a un lado los sentimientos y usa la cabeza.

¿Qué mujer es capaz de firmar la renuncia a la custodia

de su hija y sin embargo no firma, bajo ningún concepto,

la separación de bienes cuando se va a casar?

¿Qué clase de madre es esa?

La mujer de tus sueños es una pesadilla, hijo.

No apuestes por alguien que te está engañando.

(REMUEVE LA INFUSIÓN)

-¿Qué te pasa?

-¿Yo no soy tu primer marido?

Supongo que no te debió parecer algo digno de mención, ¿verdad?

-Me daba miedo perderte.

-¿Y la renuncia a la custodia de María?

¿También la firmaste por miedo a perderme?

(PABLO SUSPIRA)

Se acabó.

-¿Estás diciendo que ya no me quieres?

-Ojalá fuera tan fácil.

Te estoy diciendo que ya no puedo creer en ti.

¿Ha llamado la agente Ortega?

¿Se sabe algo más? No.

Te lo dije. Si la suerte de tu hermana

dependiera sólo de esa inútil, estábamos listos.

Ay...

(SIRVE EL VINO)

(SIRVE EL VINO)

-¿Va a decirle a sus hijos cuánto tiempo

lleva enfermo del corazón?

Todos lo saben. Aproximadamente, un año.

-He dicho enfermo, ¡no fingiéndose enfermo!

Sara.

No sé hasta dónde quieres llegar

pero comprendo que este es un momento duro para ti.

Así no se va a arreglar nada.

-Va a demostrar a sus hijos de lo que es capaz.

Enséñeles los informes.

(ENRIQUE SUSPIRA)

No me lo voy a tomar a mal porque sé que necesitas ayuda.

-Usted también lo sabe.

-¿Yo?

¿Cómo iba a saber yo una cosa así?

(SIRVE LA INFUSIÓN)

Vi ese contrato que firmaste.

Pusiste el dinero por encima de tu hija.

-No fue así.

Y aunque lo fuera, dije la verdad sobre Vicente.

-Y yo estaba dispuesta a apoyarte. ¿Sabes por qué?

Porque las madres nos apoyamos unas a otras.

Yo creía que tú eras una buena madre.

Y no era verdad.

-Y me vende de esa manera.

-Tú decidiste no proteger a María.

Pues yo he decidido proteger a mi hijo.

De ti.

-Todo eso queda atrás. Había rehecho su vida.

Hasta que murió su novia y empezó a hacer cosas.

-¿Cosas? ¿A qué se refiere?

-Pues que era muy raro que se pusiera a trabajar

precisamente en las bodegas Cortázar.

-¿Por qué "precisamente"?

(SUENA EL MÓVIL)

Emma, por favor, coge el teléfono. Llama a casa.

Es importante, de verdad. Es papá, se ha puesto peor.

Pitido. -Emma.

Mira, no creen que vaya a pasar de esta noche.

Por favor. Mira, no sé lo que ha pasado

pero si no estás aquí,

no vas a perdonártelo, te conozco.

-¡Pablo!

(LLOROSA) Perdóname, lo siento.

Lo siento.

¿Dónde está?

¡Miguel! ¡Miguel! (LLORA)

Acabamos de llegar del entierro.

Te estuvimos llamando mil veces, Emma.

Quería hablar contigo, pedirte perdón.

-Lo siento.

Lo siento.

Lo siento.

¿Mamá?

-Cariño.

Gracias a Dios que has llamado. ¿Dónde estás?

-En un hotel, pero no sé cómo se llama.

¿Cómo está papá? -Bien.

-¿Está bien, seguro? ¿No ha pasado nada?

-No, nada. Nada. Escucha. ¿Está ese chico ahora contigo?

-No, ahora no está. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

-Tienes que marcharte de ahí en seguida.

No recojas nada. Tú, márchate y ya está.

-Pero ¿qué estás diciendo? ¿Por qué?

-Ese chico te está mintiendo.

Ni siquiera se llama como te ha dicho, te está mintiendo.

-Mamá, está llegando, te cuelgo.

-Emma, no cuelgues.

-Hola.

¿Estás bien?

-Sí. Es que he tenido una pesadilla con mi padre

y estoy un poco nerviosa.

-Ya está, cariño. No te preocupes.

Conmigo estás a salvo.

-Voy a pedirle el divorcio a Sara.

Hijo, sé que todo esto te está destrozando.

Pero tienes que entenderme.

Si a mí me pasa algo,

no quiero que vivas el resto de tu vida en una mentira

por mi culpa.

-Ha llamado.

¡Emma! Acabo de hablar con ella.

-Manu. -¿Qué?

-Que si vamos a hacer esto, quiero hacerlo bien.

-Claro.

-No quiero mentiras.

-¿Qué mentiras?

-No lo sé. Pero no quiero que sea como con Gustavo.

júrame que no vas a mentirme nunca.

-Te lo juro.

Recoge tus cosas, nos vamos.

-¿Adónde? -De vuelta a casa.

No quiero irme si no estás segura.

Te entiendo, no te preocupes.

Tu padre está enfermo y quizá todo esto sea una tontería.

Voy a por el coche. En diez minutos, nos vamos.

Puerta.

(FORCEJEA)

¿Oiga?

¿Oiga?

-¿No le dijo el nombre del hotel ni dónde estaban?

-Es todo.

El chico entró en la habitación y ella tuvo que colgar.

(SUSPIRA) ¿Y podría hablar con el señor Arístides?

Gustavo no está.

-Hace horas que se fue.

-¿Saben adónde ha ido?

A buscar a su mujer.

-Verán, es que...

Tenemos nuevos datos sobre el secretario.

Es muy importante localizarle, creemos que su vida corre peligro.

¿Su vida?

Es mi hija la que está con ese delincuente.

-Ah... Me temo que su hija no es más que un cebo.

Es a él a quien, verdaderamente, le interesa hacer daño.

¿Pero por qué? ¿Qué tiene contra él?

-Le culpa de la muerte de Paloma Olmedo.

¿Conocía a esa chica?

-Más que conocerla. Eran novios.

-¿Pero se puede saber de quién estamos hablando?

Contratamos a Manuel para sustituir a la anterior secretaria.

Apareció muerta hace unos meses y Gustavo fue el primer sospechoso.

-Manuel está obsesionado con que fue él quien la mató.

Y no va a parar hasta que no acabe con su yerno.

Voy a llamarle.

(SUENA EL MÓVIL)

-¿Emma?

¿Emma?

-¿Te sorprende?

-¿Dónde está mi mujer, hijo de puta?

-Quieto.

-¿Qué cojones estás haciendo?

-Súbete en el coche, vas a conducir.

-¿Adónde vamos?

-¡Que te metas en el coche! ¡Y te calles!

¡Sube!

Arranca.

(GUSTAVO ARRANCA EL COCHE)

(MARCA EN EL MÓVIL)

-Miguel. ¿Qué quieres?

-Tenemos que vernos Tengo algo que te puede interesar.

Mónica, hace mucho que tus intereses y los míos

dejaron de ser los mismos. -Pero las cosas cambian.

Ahora resulta que tenemos un enemigo común, tu hermano Raúl.

Si quieres, puedo ponerte su cabeza en bandeja.

¿Qué tienes?

-Pruebas de todos y cada uno de sus negocios sucios

al frente de las bodegas Reverte.

¿Dónde nos vemos?

-Para.

Para. Bájate del coche.

Venga, tira. Tira.

-¿Por qué cojones me has traído aquí?

-Es un buen sitio para morir, ¿no crees?

-¿Qué coño dices, Manu?

-¡Tira!

¿No te dice nada este sitio? ¿Eh?

Aquí es donde enterraste a Paloma. ¿Te acuerdas?

(GRITA) ¿Te acuerdas?

-¿Qué le has hecho a Emma?

-Cuando conocí a Emma, estaba embarazada.

Como Paloma.

Y ya ves, el destino me ha dado la ocasión de devolverte el golpe.

Podía haberte dejado sin tu mujer.

Y sin tu hijo.

¡Como tú hiciste!

Pero no contaba con que Emma fuese a ser alguien maravilloso.

-¡Yo no he matado a nadie!

-Puede que la Policía y Emma te creyesen.

Pero yo, no. Sé que no fue Mónica.

-Lo sabía. Ha sido ella.

¿Cuánto te ha pagado? -No necesito dinero.

Quiero verte muerto.

-Espera. Espera. Yo...

¡Ni siquiera sabía que tenía un novio!

-Y eso te importaba, ¿verdad?

Si tú estabas casado con Emma y te estabas follando

a toda la que te daba la gana. ¿Qué cojones me cuentas?

¿Ahora, qué?

¿Cómo te sientes ahora que es tu mujer la que se va con otro? ¿Eh?

-¿Sabes cuánto tiempo lleva conmigo?

-Cállate.

-Si supieras la cantidad de veces que hicimos el amor en las bodegas.

A pocos metros de donde tú estabas trabajando.

¡Tu novia, Palomita, tampoco era un alma inocente!

-Cállate.

Cállate.

-¡Si te crees que sólo se lo hacía contigo y conmigo

es que no la conocías una mierda!

El padre de tu hijo

¡era Raúl Cortázar!

-¡Mentiroso hijo de puta!

Disparo.

Música.

-Un chupito de vodka, por favor.

-Hola.

-No sabía que trabajabas aquí.

-Ya. Ya me he dado cuenta.

Pero no te preocupes, que no te molesto.

-¡Ponnos otra, guapetona!

-¿Por qué no la dejas tranquila?

-¿Qué pasa, es tu novia?

-Que te largues, coño.

-Bueno, bueno. No pasa nada.

-Gracias.

Venga, te invito a otro.

-No, déjalo.

Gracias.

(FORCEJEA)

(GOLPEA LA PUERTA)

(MANIPULAN LA CERRADURA)

(MANIPULAN LA CERRADURA)

-Gustavo.

-¿Estás bien?

(EMMA JADEA)

(LLOROSA) ¡Gustavo, nos tenemos que ir de aquí

antes de que venga Manu! ¡Por favor, vámonos de aquí!

(EMMA LLORA) -Tranquila, tranquila.

No va a volver.

Emma.

Quería matarte.

Tenía una pistola, hubo un forcejeo.

Y se disparó.

-¿Qué?

-Creo que le he matado.

-Hasta mañana. -Hasta mañana.

-Hasta luego.

Creía que te habías ido.

-Me fui.

Pero ya ves.

-¿Querías presumir de coche nuevo?

-El Cortázar, que parece que está contento conmigo.

¿Por qué no te vienes a tomar algo?

-No lo sé.

-Como amigos.

-Tú y yo no podemos ser sólo amigos, Dani.

Y los dos lo sabemos.

Hasta luego.

-Vente conmigo.

Vale.

Pero conduzco yo.

(DANI RÍE) No. -Sí. Has bebido.

-Estoy bien. -No, no estás bien.

-¿Lo tomas o lo dejas?

Voy a contar hasta dos.

Uno...

-Vale.

-Uy... -Adelante.

-Qué bonito.

-Qué noche más de puta madre.

-¿No tienes otra música?

-Ahí atrás están los CD. Pon lo que quieras.

-¿Dónde?

-Aquí, debajo del asiento.

¿Los ves? -Sí.

(EL COCHE DERRAPA)

Golpe.

Toses.

Toses.

(DANI JADEA) ¡Lorena!

(TOSE) ¡Lorena!

(TOSE)

Ay...

Lorena.

(TOSE) ¡Lorena!

¡Lorena!

Lorena.

Lorena.

Lorena.

(DANI JADEA)

(CIERRAN LAS PUERTAS)

-Ven.

Es ahí.

-Gus.

-¿Qué?

-No está.

-Ya lo sé, pero no puede ser. Yo lo dejé ahí.

Nunca fuiste en ese coche. Se lo dejaste a esa chica

unas horas antes.

-Es Lorena Garzón. Está muerta, Dani.

-Lo primero que tienes que hacer es tranquilizarte.

Tómate algo, así no puedes estar. -¿Y qué vamos a hacer? ¿Eh?

-Volverá conmigo una vez y otra. Siempre que yo quiera.

Quiero esos papeles. Si firmas eso,

no podrás reclamar nada a mi hijo en caso de divorcio.

-La razón por la que me negué a firmar esto ya no existe.

¿Y has pensado adónde vas a ir con tanto dinero?

-Lo bastante lejos como para no volver a vernos nunca.

-Que mamá se tiene que ir a estudiar fuera.

Y no nos podremos ver todos los días.

-No lo encuentro, no encuentro el teléfono.

¿Lo tenías en el coche?

-Lorena no podía ir en el asiento del conductor

porque las únicas huellas encontradas en el volante

de su coche, señor Reverte, son las suyas.

-¿Quién es? Joaquín Belmonte.

Uno de los mayoristas más importantes de la zona.

Está interesado en comprar nuestro Gran Reserva.

Quiero que averigües todo lo que puedas sobre él,

antes de que sea tarde.

-¿Firmarías la separación de bienes?

-Haría cualquier cosa por seguir a tu lado.

Hoy, tú y yo hemos creado un nuevo vínculo.

Algo que te ata

firmemente a esta familia.

Como un ancla.

-¿Me está amenazando?

Móvil. -Es él.

-No me gusta dejar las cosas a medias.

(EMMA DISPARA)

Gran Reserva - T2 - Capítulo 24

09 jun 2011

Aliada con Raúl, Mónica desvela a Lucía un terrible secreto sobre el pasado de Miguel con el objetivo de destruir su relación. Mientras, Emma se ha fugado con Manuel, y la familia Cortázar la busca desesperadamente creyendo que corre un grave peligro junto al secretario.

 

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  1. dignasw

    Pagaran Gustavo, Raul, Vicente y Sarah por sus crimenes en la 3ra temporada? Me gustaria ver a julian libre, a Daniel que madure, a Lucia que se defina de una vez, a emma que hable, a los escritores de la serie que por favor ... gran serie, grandes actorazos

    09 jul 2012
  2. mari merche

    Angela, estoy de acuerdo contigo....La Matriarca Reverte se la ve mejor con e pelo recogido; asi que, senor Director que le pongan un gancho; inclusive diria que hasta Lucia se la veria mas guapa con el pelo recogido......Un Saludos a todos/as

    16 jun 2011
  3. Rober

    hola yo estoy igual que noelia no pueo ver los dos últimos capítulos estaba de viaje en Buenos Aires y podia seguir la serie sin problemas, luego vuelvo a mii casa en Natal Brasil y sas no la puedo ver sale cortada continuamente, llame a un tecnico a ver si mi ordenador pero no que pasara? me estoy perdiendo los capítulos más jugosos de esta magnifica serie Rober

    15 jun 2011
  4. Adrian

    noelia, quizas es problema de tu conexión porque yo le doy a play y se carga sin problemas. Puedo verlo sin parar hasta el final sin cortes, sin esperar y con buena calidad. Felicidades TVE por esta serie!

    15 jun 2011
  5. noelia

    que horror. no puedo ver el capitulo; hace 2 horas que lo puse a cargar y voy por el minuto 3. Asi no se puede ver... por favor arreglen esto.

    14 jun 2011
  6. susi pitu

    me encanta la serie mucho.me gustaria que pusierais tomas falsas

    13 jun 2011
  7. valeria

    este capitulo ha estado buenisimo pero ya es hora de que gustavo pague, no siempre puede salirse con la suya. lo que faltaba que muera lorena, aqui todas las personas buena sufren y sufren y los malos hacen a su manera y no pagan nada. de todo esto lo que me alegra es lo de sara que sufra un poco, que por culpa de ella emma perdi su bebe.

    13 jun 2011
  8. maika

    Es que siempre ganan los malos o que?? me encanta la serie pero por una vez podria pasar algo bueno no??? Gustavo deberia haber muerto ya!!! a que viene que muera ahora la pobre chica??? para una vez que algo se solucionaba... joe con los guionistas!!!

    13 jun 2011
  9. ANGELA

    Diosssssssss, no pueden pasar más cosas, ¿alguna vez se podrá desenredar tanto lio? ¿Alguien le puede decir al director de la serie que le recoja los pelos a la matriarca de los Reverte?, una persona con esa edad no puede ir con esos pelos, parece una bruja, mucho mejor recogido.

    12 jun 2011
  10. delia

    se ve perfectamente

    12 jun 2011