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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulos 68-69 - Jesús decide declararse a Sofía pero descubre que ésta no ha roto con su hermano Adolfo - ver ahora
Transcripción completa

¿Tu tío ha muerto?

-La culpa de todo la tiene el malnacido de Vicente Cortázar.

No dejaré que me joda más la vida. -Se acabó, estás despedido.

-Andrés pidió un día libre a Vicente para despedirse de su tío.

-¿Y Vicente no se lo dio? -No.

En Lasiesta no le querrán contratar, eso será su ruina.

-Esta vez lo paso por alto, pero es la última.

Mi padre quiere hablar contigo.

Sabe que su hijo le ha dejado un nieto y quiere verte.

Vas a hacer lo que yo te digo.

Tendrás una asignación mensual para toda tu vida.

Con ella podrás mantener a los hijos que tengas con tu marido.

-No se lo voy a dar a nadie. A mí no me va a comprar.

-No me hagas ir por las malas.

Será peor para la criatura y para ti.

¿Quiere hacerlo pasar por mi hijo?

No te preocupes, que tú no vas a criar al hijo de otra.

Si no te haces cargo de ese niño

soy capaz de regalarle las bodegas a los curas.

-¿Os habéis vuelto locos o qué?

Es su voluntad, no pienso contradecirle.

¿Y Rosalía? Hará lo que yo le diga.

No estoy de acuerdo con lo que quiere hacer.

Cógelo y marchaos lejos.

Empezad una vida lejos de los Cortázar.

He decidido que mientras Carolina está fuera dando a luz a mi nieto,

tú, Rosalía, irás a Argentina.

Con tus padres el tiempo de espera será más agradable.

-Adolfo Reverte, cuánto tiempo.

-No te había reconocido.

-Adolfo ahora tiene novia, y parece que está muy enamorado de ella.

-No me quiero casar con él, solo quiero divertirme.

-Estoy enamorado y no lo quiero estropear.

(RISAS)

Créeme, no pasó nada con Alicia.

No te vuelvas a acercar a mí. No quiero verte más.

Eres la primera mujer que enamora a ese Don Juan.

No veas fantasmas donde no los hay.

Lo siento, de verdad. Eres lo que más quiero.

Y por nada te haría daño.

-Necesito que me cuentes todo lo que sabes sobre Ormaechea.

-Mi padre puede tener algún dato. -No le puedes decir nada a tu padre.

-Mi padre no es ningún asesino, y no voy a ayudarte a hundirle.

-¡Contó a Gabriel Cortázar que habíamos metido la pata

con el metanol en una de las partidas!

-Usted y yo hicimos un trato y yo he cerrado la boca.

-No entiendo por qué ese Ormaechea se ha presentado para pedir trabajo.

-La gente es así, ahora se presenta aquí pidiendo una oportunidad.

¿Ormaechea está aquí?

Si queréis averiguar algo más sobre la muerte de Gabriel

este es el momento.

-Quizá usted mató a mi hermano, o fue Santiago Miranda quien lo hizo

cuando supo que tramaban algo a sus espaldas.

-Estás diciendo cosas de las que te puedes arrepentir.

Todo tiene un límite. -Sí, tu límite se llama S. Miranda.

-Mi silencio ahora vale más, porque si usted no me paga

seguro que los Cortázar pagarán gustosos por esa información.

-Usted gana.

Pero que conste que yo no asesiné a Gabriel Cortázar.

-Si dos muertes por intoxicación han pasado desapercibidas

y tú puedes silenciar a ese químico, no veo motivo de preocupación.

-Solo queda solucionar un pequeño detalle.

La botella de vino intoxicado que tenemos en paradero desconocido.

Hay que encontrarla. Sería la prueba para incriminarnos.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

(RECUERDA) (BERNARDO) "De todos modos la Cortázar está por ahí

y puede traerte problemas".

-¡Traernos, Bernardo! ¡Traernos!

(NERVIOSO) Si el haber alterado el vino llega a conocimiento

de los Cortázar, eso será el fin de mis bodegas y de mi familia.

-Y de la mía, ¡y de la mía!

¿Ese puede irse de la lengua? -No, ese desgraciado...

Le he cerrado la boca con mucho dinero.

Y además él es responsable directo.

-Si dos muertes por intoxicación han pasado desapercibidas

y tú puedes silenciar a ese químico, no veo motivo de preocupación.

-Solo queda solucionar un pequeño detalle.

La botella de vino intoxicado que tenemos en paradero desconocido.

Hay que encontrarla. Ese vino es letal.

Si alguien lo bebe, le puede producir la muerte.

"Y esa sería la prueba definitiva para incriminarnos".

(Puerta, se abre)

(Puerta, se cierra)

(LUIS) ¿Qué tal, Elvira? -Pues aquí, bien.

Entretenida viendo... ¡Ah, mira!

La casa de Sophia Loren. (RÍE)

Tan barroca como ella.

-Elvira, ¿por qué no te vas a tu habitación?

Allí podrás meditar sobre asuntos tan profundos,

mientras Luis y yo hablamos de insignificancias de la bodega.

-No hace falta que se vaya. No molesta.

-Ni lo contrario. -No te esfuerces, Santiago.

Si lo que pretendes es ofenderme, no lo estás consiguiendo.

-Tendré que repasar el diccionario,

a ver si encuentro nuevos insultos

que te ofendan, querida barroca. -¿Pueden dejarlo un momento?

Es desagradable ver cómo se faltan el respeto.

-Ya sabes que a Elvira le gusta llamar la atención.

Yo sé que el refranero español es muy sabio y lo que tú quieras,

pero el "piensa mal y acertarás" casi me cuesta mi relación.

Ah, entonces con esa tal Alicia ya no...

No, le dio un abrazo pero de amigos, nada más, me lo confirmó ella misma.

Bueno, al menos se han aclarado las cosas.

Sí, en realidad me he aclarado sobre todo yo.

Necesitaba saber qué sentía en realidad.

Sé que no quiero perder a Adolfo, que me importa de verdad.

Claro, sí...

Rosalía, ya sé que estás de mi tema con Adolfo hasta la peineta

pero disimula un poco, leñe. ¿Dónde tienes la cabeza?

En Argentina, Sofía... ¿Qué?

Que mi suegro me quiere mandar allí con mi familia un tiempo.

¿Cómo?

Ay, y yo pensando que tenía problemas...

¿Qué vas a hacer? Tendrás que alojarte en algún sitio.

Te llamarán a casa de tus padres. Ya lo sé, Sofía.

¿Por qué crees que estoy así? Y además,

si voy sola podría apañármelas, pero como Vicente quiera venir...

Es que va a averiguar mi mentira y... (SUSPIRA)

Tranquilízate que tampoco... ¿Cómo me voy a tranquilizar, Sofía?

¿Cómo me voy a tranquilizar? Como Vicente descubra la verdad

me apartará de su lado. Y yo quiero mucho a mi marido.

(LLORA) No puedo vivir sin él.

(SOLLOZA) No te pongas así, mujer.

Sin Vicente, yo estaría...

perdida, incompleta...

Es que es parte de mí, Sofía.

Si le pierdo yo me muero. Eso no va a pasar.

Seguro que encontramos la manera de que no tengas que ir.

¿Tú crees? Sí.

(SOLLOZA)

Bien hijo, cuéntamos eso tan importante

que necesitas que esté toda la familia reunida.

-Recibí una llamada de Lisboa.

Al parecer se ha corrido la voz sobre la calidad de nuestros vinos

y hay distribuidores nuevos que quieren comercializarlos.

Uno de la zona del Algarve y otro de Oporto.

-¡Bravo, Luis!

Eso es a lo que llamo: hincarle el diente al pastel.

Enhorabuena, hijo. Sabía que no me equivocaba

delegando en ti la dirección de las bodegas.

-Solo hago mi trabajo. (ELVIRA RÍE)

La humildad es la virtud de los más grandes.

Felicidades, Luis. -Gracias, Elvira.

-Estoy muy orgulloso de ti.

-Si de algo tiene que estarlo es de la calidad de nuestros vinos.

Es la mejor carta de presentación.

Haré lo que esté en mi mano para que así siga siendo.

-Sabrás hacerlo porque eres un Miranda.

Por tus venas corre toda la sangre de nuestros antepasados. (RÍE)

-Disculpen, he quedado con el capataz y no quiero retrasarme.

-Bueno, yo tampoco quiero retrasarme.

-¿Dónde se supone que llegas tarde?

-A mi clase de conducir.

Sabes que las tengo siempre por la tarde a esta hora.

-No, no. (RÍE)

He llamado a la escuela para decir que lo dejabas.

-¿Qué? (SANTIAGO ASIENTE)

-Estoy cansado de gastar una fortuna solo para que estés entretenida.

-¿Pero qué pretendes?

¿Quieres que me quede aquí encerrada todos los días sin hacer nada?

Acabaré volviéndome loca.

-Seguro que sabrás cómo matar el tiempo.

Si esto no te mata antes a ti.

Cosa que tienes muy merecida.

(SUSPIRA)

-Estoy segura de que Ormaechea sabía más cosas de las que nos dijo.

Si lo hubiese interrogado yo no se habría escapado vivo.

Por favor, ¿no hay día que no me tengas que reprochar nada?

-Dejadlo para otro momento, por favor.

Tenemos que decidir qué hacemos con ese ingeniero.

Y tenemos que estar juntos. Ahora solo nos queda una opción.

Luis Miranda.

¿Luis? Luis Miranda.

¿Cuántas veces tengo que decirte que no tiene que ver

con los enredos de su padre y Ormaechea?

Eso no hay quien se lo crea.

El odio que tienes no te deja ver la verdad.

(IRÓNICO) Sí, será eso, sí... Basta, por favor.

Estoy harto de ser el juez entre vosotros.

Somos hermanos, no enemigos. En esta casa,

el concepto de hermandad tiene matices.

(Teléfono)

¿Sí, dígame? "Elena, soy Elvira Miranda.

Necesito verte a solas urgentemente".

Tengo que contarte algo importante.

-No, señora. Aquí no hay ninguna botica.

-"Veo que no puedes hablar tranquila, escúchame".

¿Crees que podrías estar dentro de media hora en los soportales

de la calle del Olmo? -Sí, claro.

Por supuesto. (RÍE) No pasa nada.

Adiós. (CUELGA EL TELÉFONO)

Qué curioso, una señora que pensaba que esto era una farmacia.

¿Por dónde íbamos?

-Por preguntar a Luis sobre Ormaechea.

-Parece que no nos pondremos de acuerdo en eso, así que...

Es mejor que termináramos la reunión, porque padre puede llegar

y empezaría a sospechar. -Me voy a las bodegas.

¿Vienes, Vicente? Sí, claro.

No sea que las bodegas se hundan porque no esté encima.

¿Qué ocurre? Eso me gustaría saber.

¿Quién ha llamado?

Una señora que se ha equivocado.

Estás paranoico. Sí, será eso, sí.

Será eso, sí.

Mira que te dije: "vigila el horno", y tú, sí, sí... ¡Hala!

¡Ay, Dimas, perdón! Se me ha ido el santo al cielo.

Perdón, y esto... ¿Dónde coloco yo esto?

Ni para los perros. Ha sido culpa mía, Dimas.

Lo siento, yo me haré cargo... No, eso le puede pasar a cualquiera.

Lo que siento es que tengo que devolver el dinero a Dña. Carmen

que me pagó por adelantado un kilo. ¿Pero por qué?

Si nos ponemos a piñón en una hora lo sacamos.

Sí, ¿y el azúcar que quedaba? Lo has gastado en las rosquillas.

Puedes ir a comprar un par de kilos al Colmado.

¿Allí? ¿Dónde Paulino? A mí no me han visto la cara a mí.

Es que Paulino y Dimas no... No, aún estoy esperando el pésame.

Bueno, tranquilos, yo lo soluciono. Un momento.

Adiós, Dimas. Adiós.

(Puerta)

Vicente. Hombre, ¿qué pasa?

¿Qué tal estas? ¿Resacoso?

Avergonzado más bien. Venga, ni que fuera la primera vez.

Recuerdo la cogorza de la noche antes de irte a la mili.

(RESOPLA) Yo más bien recuerdo los 10 días que pasé arrestado

por llegar tarde y con una melopea.

Pero era un chaval, no me importaba lo que la gente pensase.

Pero ahora... ¿Ahora qué?

Tu mujer dirá que soy un payaso después del número que monté.

De verdad, siento si la incomodé.

(SUSPIRA) Mira, Jesús...

Hay muy pocas cosas que escandalicen a Rosalía.

No sé si esto es una virtud o un defecto.

Pero si lo que temes es que le vaya con el cuento a cierta amiga suya

puedes estar tranquilo. No lo hará. Rosalía sabe cuándo callarse.

Así que tú tranquilo.

No, si lo que me preocupa más es ahora otra cosa...

He pensado en las conversaciones que hemos tenido últimamente,

las cosas que me has dicho... Sí.

Y me parece que tienes razón.

También tengo derecho a ser feliz. ¡Pues claro que sí, hombre!

Pero necesito tu ayuda.

¿Yo? ¿Qué puedo hacer?

Alguna experiencia tienes, no hace tanto que te declaraste a Rosalía.

¿Qué hago? ¿Por dónde empiezo?

Ay, señor... A tus años.

(SUSPIRA) Está bien.

Si tuviera que darte un consejo, sería este:

ve con toda la seguridad del mundo.

Lleva el peso de la conversación. Que no sienta que dudas.

No sé si me estás hablando de declararme o de hacer negocios...

¿Hay alguna diferencia? Mucha, Vicente.

Yo cuando estoy con un cliente no siento que soy mejor persona

ni la vida cobra sentido, ni que me lo comería a besos.

Pero escúchate, si sabes perfectamente lo que decirle.

¡Estás hecho un poeta! No sé si voy a tener valor.

Pues entonces tendrás que recurrir a un truco muy antiguo.

(ASIENTE) Usado generación tras generación.

Copita de anís. ¿Copita de anís?

(AMBOS) Copita de anís.

Que tengo que pasarme por la fonda. Más bien sí.

Pero ten cuidado, que una suelta la lengua,

pero con dos no articulas palabra. Qué te voy a contar...

¡Claro! Bueno, pues... ¿Sí?

Deseame suerte. No, hombre, no.

Bueno no. No te hará falta.

Lo vas a hacer muy bien.

Y más te vale, Jesús, porque soy Vicente Cortázar

y a mí nadie me lleva la contraria. (RÍE)

Venga, anda. ¡Venga!

¡Tira!

Marchando un platito de lentejas, un consomé y dos manzanas.

-Qué burra es mi madre. Y le dije que no tenía hambre.

Me está cebando más que el cordero que vamos a matar en Navidad.

-Las madres son exageradas, ahora tienes que comer por dos.

-Ya, ya lo sé. Cielo, mírame.

Mírame y dime qué ves, de verdad.

-¿Qué veo? (CAROLINA ASIENTE)

-Veo un culo que nubla el sentido, Carolina.

-Ay, no, cariño, de verdad. Es que estoy muy gorda.

Que parezco una morcilla matachana. -Sin dudarlo, mis preferidas.

-Oye, Ángel, que esto es serio, de verdad.

-Chispis, puede ser que estés algo más rellenita, pero...

Pero estás preciosa. -¿Qué preciosa ni qué preciosa?

Si no me entran las faldas.

Anda, ayúdame a abrocharla, a ver si puedes.

(ÁNGEL SUSPIRA) -Voy a meter barriga.

Dale. No tanto, no desgracies al judión.

-Ay, no lo llames así hombre. Y qué desgraciar ni que ocho cuartos.

-Bueno, sí que es verdad que... (CAROLINA GRITA)

-Coño. -No pasa nada.

Esto lo arreglo con un buen imperdible.

-Está la tarta de manzana recién hecha.

(CON ASCO) -Te ha salido muy empalagosa, Dimas.

-Entonces llévese la pata de almendra de toda la vida.

(CON ASCO) -Sosonas como siempre. -¿Va a probarlo todo?

-Para estar detrás de un mostrador sus modales dejan mucho que desear.

Pero si yo he llegado pidiendo mis buñuelos.

Y me dijo que probara otras cosas. -Que ha habido un percance.

Que hoy no hay buñuelos. -Vaya...

Porque tengo una reunión del círculo y algo tendrán que mojar

en el café mis invitadas, que si no...

Anda, póngame medio kilo de estas sosonas.

(REFUNFUÑA) -Desde luego...

Total, para lo de siempre.

Bueno, ¿medio kilo me ha dicho? -Sí, que no estén rotas.

-Venga. -Buenos días.

(RÍE) Doña Elvira, dichosos los ojos, por Dios.

Cuanto tiempo sin venir por mi humilde negocio.

-Es que he estado muy ocupada estos días, por eso no he venido.

-¡Dimas! -¿Qué?

-Las pastas. Le veo distraido en lo que no debe.

-Me llama la atención una señora de bandera como Dña. Elvira.

(ELVIRA RÍE) -Se dice: mejorando lo presente.

-Cuando se puede, Dña. Clotilde.

-Y todas estas perras, ¿de dónde las has sacado?

Uy, ese silencio no me gusta ni un pelo.

Ahora no sé si quiero saberlo. -¡Oye!

¿Qué se te está pasando a ti por la cabeza?

Que no he hecho nada deshonroso. -Pues explícate.

-Don Alejandro sabe que sigo embarazada.

Y quiere quitarme a mi niño.

-¡Será hijo de perra! Cree que puede comprar a mi niño

como si fuera una héctarea de terreno.

-Ese dinero me lo ha dado Rosalía, su nuera.

Quiere que me vaya de Lasiesta,

y lo ha hecho a espaldas de don Alejandro.

-¿Y por qué quería ayudarte ella?

-Pues porque don Alejandro

quiere hacer pasar a mi hijo por el hijo de Vicente y Rosalía.

Y ella no está por la labor de criarlo.

-Aquí hay dinero como para irnos de este pueblo

y empezar una vida lejos de los Cortázar.

-¿Qué te pasa, Carolina?

-Es que no sé si es la solución. -Pero es que si te quedas aquí

no dejarán de presionarte. -Si se criara con los Cortázar

mi niño tendría derecho a una educación,

un futuro, un porvenir... -No tendría a su madre.

Y eso es más importante que todas esas mandangas.

-Hay que ver qué fáciles son los hombres de engatusar.

Se dejan deslumbrar por esas fresconas

que van "despechugás", y se ocultan bajo un kilo de maquillaje.

Claro que... (RÍE)

La culpa es de ellas, que van provocando.

-No sé quién tiene más culpa, si la que provoca

o el que se deja provocar. ¿Sabe una cosa, Dimas?

Hay señoras que solo arremeten con las otras mujeres, siempre.

En vez de hacerlo contra sus propios maridos.

Que es a ellos, al final, a los que se le van los ojos

detrás de algunas.

Claro, que hay casos que puedo llegar a entender.

Porque algunos de ellos teniendo en casa lo que tienen...

-Elvira... (RÍE)

No me doy por aludida con sus palabras.

(RÍE) -Bueno, engañarse es una opción como otra cualquiera.

-No voy a contestar aunque ganas no me faltan.

Pero como soy una señora, y no quiero dar que hablar,

al contrario que algunas...

Dimas, mis pastas.

Me lo apunta. (SECO) -Hala.

-Con Dios. -¡Ah, doña Clotilde!

Dé recuerdos de mi parte a las amigas del círculo de beneficiencia.

(RISA SARCÁSTICA) -Recordada estará. (ELVIRA ASIENTE)

-Anda que... tanta gloria y menudo descanso deja.

(ELVIRA RÍE) -Mira, has estado estupenda.

Has estado estupenda. Esta víbora se ha llevado de su propia medicina.

-Me agota tanta lucha, Dimas. No puedo más.

-Pues déjamela a mí. Tengo fuerzas para defenderte

delante de ella y de 20 como ella. -Te lo agradezco mucho pero...

No me gustaría que te comprometieras

o te vieras envuelto en habladurías por mi culpa.

-No, si lo dices por tu marido, yo no le tengo miedo.

Lo único que temo de él es que tome represalias contra ti.

-Eso forma parte ya del pasado, Dimas.

A partir de ahora Santiago Miranda no será un problema para nosotros.

Bueno, ni para nosotros,

ni para nadie.

-Solo os puedo dar estos tres paquetes de azúcar.

Me he quedado uno para mí. Suficiente, Pilar. Gracias.

(RÍE) De nada. Los amigos estamos para eso.

Para ayudarnos mientras no nos hagamos competencia.

(RÍE) Pero niña, ándate con ojo, a ver si va a arder la panadería.

Ay, calla, menos mal que he dado con Dimas, que es un santo.

Otro me despediría en la primera barra quemada,

pero él... Él no lo va a hacer

porque eres buena con la clientela, y eso no es fácil de encontrar.

Así que si un día cambias de opinión y de gremio ven a verme.

(RÍE) Gracias, de momento me quedo como estoy.

(AMBAS) Hasta luego.

Sofía... Hola, Jesús.

Te extrañará verme aquí. Es que se nos ha acabado el azúcar

y Pilar nos ha hecho el favor de... (ASIENTE)

(TITUBEA) Sí, iba a pasarme por el horno luego,

pero ya que te he encontrado... Dime.

Tenemos que hablar algo importante.

Buenas tardes, Dña. Elvira. -Ay, Elena, gracias por venir.

-Su voz parecía tan preocupada y me ha dicho

que era tan urgente que no sé... ¿Luis está bien?

-Sí, tranquila. Está perfectamente. (ELENA SUSPIRA)

-Lo que tengo que contarte no tiene nada que ver con él.

(RÍE) Buenos días.

-Usted dirá. -Se trata de mi marido.

Esta mañana le escuché hablando con el alcalde

de unas botellas de vino adulteradas.

-¿Unas botellas de vino Miranda?

-Exactamente, pero también decían que...

dos personas han fallecido a causa de ello.

También decían que de momento nadie ha descubierto nada al respecto.

A lo mejor no es buen momento ahora. Acabas de romper una relación

y con mi hermano, pero... Espera.

¿No has hablado con Adolfo?

No lo he visto desde el encontronazo que tuvimos.

Ya, es que...

Es que Adolfo y yo no hemos roto, Jesús. Seguimos juntos.

Hablé con Alicia y todo ha sido un malentendido.

Adolfo nunca me engañó con ella.

Supongo que desde lo de Claudia estoy un poco desconfiada,

pero esto me ha abierto los ojos.

Adolfo me ha dejado claro que quiere seguir adelante conmigo

y yo supongo...

Di algo, por favor.

Me alegro mucho, por lo dos.

¿Y lo que querías decirme?

Va a ser el cumpleaños de mi madre y he pensado que le podías hacer

una tarta de esas de manzana que le gustan.

Claro, cuenta con ello.

Voy a llevarle esto a Dimas. Adiós.

Ponme un trago, Pilar. De lo que sea.

¿Un mal día hoy? Peor que eso.

Dña. Elvira, lo que me está contando es terrible.

Es muy grave. (ELVIRA SUSPIRA)

-Ya lo sé, por eso necesitaba hacerte partícipe.

-¿Sabe algo de los que han fallecido? ¿Un nombre o un apellido?

-No, no lo sé.

-Bueno, hablaban de un hombre al que han comprado su silencio.

Un tal... -Joaquín Ormaechea.

-Eso es. (ELENA SUSPIRA)

-¿Acaso le conoces? -Un poco.

Y siempre me pareció que no era trigo limpio.

Y ahora con lo que dice solo confirma lo que sospechaba.

(ELENA SUSPIRA) -Pero...

Hay algo más, Elena.

Sentí un escalofrío por la espalda cuando dijeron que..

que había una tercera botella de vino intoxicada.

Y que no sabe dónde se encuentra.

-Pero eso significa... -Que la vida de alguien,

o de muchos, está en peligro.

(ELENA RESPIRA NERVIOSA)

-¿Luis sabe algo de todo esto? -No, Dios me libre.

No, si le hubiera dicho algo, con lo inocente que es,

hubiera corrido a pedirle explicaciones a su padre.

Y estoy segura de que Santiago

conseguiría salir airoso de todo esto.

Cubrirse las espaldas. Y eso no puede ocurrir, por favor.

-Tranquila. Tiene razón, Elvira.

Hay que mantener al margen a Luis de todo esto.

-Por supuesto, ahora ya tienes toda la información.

Haz con ella lo que creas oportuno, Elena.

Pero, por el amor de Dios,

te ruego que nunca jamás le digas a nadie que te la he dado yo.

¿Me lo prometes? -Sí, le doy mi palabra.

Esta conversación no ha ocurrido.

Déjeme que le pregunte una cosa.

¿Por qué me lo ha explicado a mí?

Solo pone en peligro a su marido. Si sale a la luz iría a la cárcel.

La única forma de salir del infierno

es traicionando al mismísimo diablo.

Él ha destrozado mi vida.

Pero ahora ha llegado el momento...

Te juro que no voy a parar hasta ver cómo ese monstruo

paga por todo el daño que ha hecho.

-Aquí tiene, su ración de oreja.

-Apúntela a mi habitación.

-Son demasiadas cosas las que le estoy apuntando.

¿No vendrá luego con que no tiene para pagarme?

(RÍE) -Si algo me sobra es dinero, Pilar.

He conseguido mucho en este pueblo.

Y más que voy a conseguir. -¿Y eso por qué?

¿Ha encontrado pepitas de oro en el río?

Solo lo digo para acercarme con un colador a ver si tengo suerte.

(RÍE) -No hace falta oro cuando se sabe con quién hacer negocios.

Pero claro, usted aquí solo se codea con muertos de hambre desgraciados.

-Como usted, que por eso está aquí en mi fonda.

-Ay, Pilar.

Si tratara a los clientes con un poco más de respeto

tendría esto de bote en bote.

Está claro que los pocos que vienen

lo hacen para ver cómo se contenea su preciosa hija.

-¡Oiga, a mi hija ni la mencione! ¿Me está oyendo?

-¿Pasa algo, Pilar?

-Si pasa no te importa, así que no te metas.

-No, no. Andrés, por favor.

-Le aconsejo que no moleste a la Sra.

(CON DESPRECIO) -Oye, guárdate tus consejos

en el bolsillo de esa camisa andrajosa que llevas.

Ya sabré yo cómo tengo que tratar a la señora.

-Espero que sea con respeto.

A su sitio, y sin rechistar.

¡Vamos!

Si te vuelve a incordiar me lo dices.

Y si le tengo que enseñar cómo resolvemos las cosas aquí,

se lo enseño. -Tranquilo, Andrés.

Y muchas gracias.

-Buenas noches.

Usted y yo tenemos algo de lo que hablar.

-Si usted lo dice...

-No, tiene que ser en un sitio más discreto.

-Subamos a mi habitación.

(Máquina de escribir)

(Teléfono)

-Buenas noches, al habla el agente Ortega.

Puri, chata, dime.

¡Ay, se nos ha ido el santo...! Sí.

No, ya estamos saliendo. Si te asomas nos ves llegar.

Sí, anda. Hasta ahora.

¡Ángel! Tu tía, que ya ha terminado de hacer las sardinas.

Sí, que las sardinas frías no hay quien se las coma.

¡Ángel! Ay, Dios mío.

¡Eh, Ángel, venga!

Que tu tía ya ha terminado de freír las sardinas.

Que nos espera para cenar. -Vale, vale.

Como siga gritando se apunta la mitad del pueblo.

Además, para pocas cenas estoy yo, que no tengo ganas.

-¿Qué dices? ¿Un tragaldabas inapetente?

¿Qué es lo que te pasa? ¿Has vuelto a discutir con Carolina?

¿No? Mejor. Lo digo por tu madre.

Hablé con ella el otro día y está encantada.

Ha encargado ya el traje de madrina para la boda. (RÍE)

-No, si con Carolina va todo bien.

(RESIGNADO) -Bueno, está de Dios que hoy comamos las sardinas frías.

Vamos a ver, ¿qué te pasa? Cuéntame.

Vamos... ¡Vamos!

¡Que cantes, prisionero! ¡Vamos, canta! (RÍE)

Oye, que si no voy a por la porra.

-Pues verá, tío, es que... -Sí.

-Estaba pensando en marcharme de Lasiesta.

-Siéntese, por favor. -Estoy bien aquí.

-¿Qué pasa? ¿No se fía de mí?

-No, y menos desde que sé que es un mentiroso.

-Lo siento, pero si viene a insultarme tendré que echarla.

-Pero antes me va a explicar qué tiene entre manos con S. Miranda.

Y no me vuelva a decir que ha venido aquí para ofrecer sus servicios.

-Siento decepcionarla, pero es que no puedo decir otra cosa.

-Muy bien, pues qué tal si me dice

que Santiago Miranda ha comprado su silencio

para que no diga nada de la partida de botellas intoxicadas.

-No sé de qué partida me habla. -De la que ha matado a dos personas.

Vaya, deduzco que no sabe nada de todo esto.

Señor Ormaechea, los actos tienen consecuencias.

En este caso, las consecuencias han sido fatales.

Por eso necesito que me ayude.

-Yo no quiero saber nada del asunto. Solo hice mi trabajo.

-¿Envenenar a inocentes es un trabajo?

Usted era el ingeniero en ese proceso.

Tiene que asumir sus responsabilidades.

Le pueden acusar de homicidio de dos personas.

(SUSPIRA) Muy bien.

Seguro que el agente Ortega estará encantado de que le cuente todo esto.

-Miranda me aseguró que las botellas habían sido destruidas.

-¿Cómo marcharte de Lasiesta?

Pero, ¿tú lo has pensado bien, muchacho?

-Sí, lo he estado pensando y...

Quiero empezar una nueva vida con Carolina en Madrid.

-¿Pero qué dices? ¡Si aquí tienes la vida encauzada!

Si es que de verdad...

Tienes un sueldo fijo y todo.

¿Y ahora vais a Madrid con una mano delante y otra detrás?

-Madrid es una ciudad grande y hay oportunidades en cada esquina.

-También hay mucha más gente. El doble o triple que aquí.

¿Pero qué se te ha perdido a ti en Madrid?

Sé listo, Ángel. Utiliza la sesera.

(ÁNGEL RESOPLA)

-No, lo mejor es que nos vayamos. -¿Cómo lo mejor? ¿Hay algo peor?

¿Qué te pasa? -No, no pasa nada.

Lo que pasa es que echo de menos mis raíces

y de paso movimiento, que aquí no hay.

-¿Cómo? ¡Si desde que has llegado no hemos parado!

Si he trabajado yo más en estos últimos meses

que en 30 años de servicio.

-Agradezco que insista para que me quede pero...

La decisión ya está tomada.

-Toma.

La tenía guardada para enseñártela el día de tu cumpleaños.

Está al caer.

-¿Qué es? -Tú léelo y te enteras.

-¿Me ha apuntado a las oposiciones de Policía?

-Sí, en el cuerpo se necesita gente como tú.

Con entrega y con intuición, y de eso a ti te sobra.

-Hombre, llevar ese traje son palabras mayores.

-Pues tú verás lo que haces. Es cosa tuya.

-Pero Santiago Miranda no tiene palabra.

-¿Por qué está removiendo esto, señorita Cortázar?

-¡Necesito saber la verdad de la muerte de mi hermano!

¿Fue Santiago Miranda?

Mi hermano Gabriel descubrió lo de la partida de vino intoxicado

y se lo dijo, lo amenazó, y ya sabemos cómo acabó.

-Si lo que quiere es que acuse al Sr. Miranda como responsable,

no puedo hacerlo porque no lo sé a ciencia cierta.

Pero tampoco quiero cargar con el peso de ninguna muerte.

Juro que no sabía nada de todo esto. -Ya tiene dos muertes a sus espaldas.

Puede haber más si no encontramos la otra botella.

-¿Es que hay otra botella tóxica no localizada?

-Necesitamos saber si había algo que las diferenciara

del resto de las botellas de vino.

Llegados a este punto el silencio es absurdo.

¡Puede que haya más muertes! -¿Y mi carrera como químico?

-Pero trabajos hay muchos, y conciencia solo hay una.

Y uno tiene que convivir con la conciencia toda la vida.

Usted elige.

¡Por favor!

-356.

Ese era el número de referencia de la partida adulterada.

(SUSPIRA) -356.

Perfecto.

Vamos a la Policía a explicárselo. -¿Y presentarnos sin pruebas?

-Tenemos la mejor prueba, su testimonio.

-Miranda lo negará por completo.

Será mi palabra contra la suya, y me da que le creerán a él.

Tiene una buena reputación y mucho poder en la comarca.

No servirá de nada. Mañana me reuniré con él.

Conseguiré el libro de mezclas.

Con una prueba tan contundente

ni el poderoso Santiago Miranda podrá librarse de la cárcel.

-Está bien. Mañana iremos entonces.

No me falle. -No.

-Hija, ¿por qué has salido corriendo de esa manera?

Ha sido levantar la tapa del puchero y entrarme unas ganas de vomitar...

Con la de platos de mejillones con patatas que he comido.

Y mira ahora, que ni olerlos puedo.

-Llamaré al doctor para que te vea. -No, madre, déjelo.

¿Para qué va a llamar al ginecólogo?

Ya me dijo que esto era normal el primer trimestre.

Hasta que el cuerpo se me asiente. Supongo, no sé.

-¿Sabes qué vamos a hacer? -¿Qué?

-Voy a bajar al corral ahora mismo, voy a matar un pollo

y voy a preparar un caldo bueno para que se te asiente ese estómago.

-Ay, gracias. -Mientras te quedas en la cama,

descansando un rato. (ASIENTE) -Muchas gracias.

-Oye. -¿Qué?

-Si te encuentras peor o lo que sea me das una voz.

-Sí, no se preocupe. De verdad, no se preocupe.

-Estoy pensando que mejor te dejo la puerta entreabierta

por si acaso me llamas y no te oigo. -Sí, adiós.

-¿A que no sabe quién ha ido a visitar a Ormaechea a la fonda?

Pues yo sí.

Elena Cortázar.

-¿Estás seguro? -Segurísimo.

Tanto como que le vi subir juntos a su habitación.

Ella dijo que tenían mucho de qué hablar.

-¿Sobre qué? -No tengo ni idea.

Solo sé que subieron a la habitación para tener intimidad.

-¿Qué haces aquí? Tenías que haberle seguido.

-¿Qué quería que hicera? ¿Que escuchara detrás de la puerta?

-Lo que quiero es que hagas bien tu trabajo, inútil. Para eso te pago.

¿Viste a mi hijo? -No.

Luis no pisó la fonda, al menos el tiempo que estuve allí.

¿Quiere algo más de mí?

-Que te quites de mi vista inmediatamente.

-¿Qué se trae entre manos con ese chico?

Últimamente ronda mucho por las bodegas.

-Ya te dije que no estaba a gusto trabajando con los Cortázar.

Y quiere que yo le contrate.

Pero es que no estoy decidido. Tiene problemas con el morapio.

Y no quiero un borrachuzo trabajando en nuestras bodegas.

-Ya.

¿Se encuentra bien?

(SUSPIRA) -Es el cansancio.

He tenido un día muy ajetreado y los años pesan.

-Váyase a casa, y mañana si quiere quédese en la cama.

Puedo encargarme de todo.

-Gracias, hijo, pero hay asuntos que tú no puedes resolver.

Tengo que resolverlos yo personalmente.

(Música de intriga)

(GRITA) -¿Qué hace usted aquí? (LE MANDA CALLAR)

-Al salir del lavabo he oído a tu madre decir que te mejoraras.

¿Te encuentras mal? -Eso no le importa, ¡madre!

-¡Chist! Que no vengo a asustarte, solo a ver cómo te encuentras.

-¡Salga de aquí ahora mismo! ¡Madre!

-¡Como se acerque a mi hija le juro por Dios que le corto el cuello!

-Tranquilícese mujer, que no estaba haciendo nada.

-Porque he llegado a tiempo... Es usted un hijo de perra.

-Baje eso, alguien puede hacerse daño.

-Váyase ahora mismo de mi fonda. ¡Vamos, lárguese de aquí!

-¿Y si no lo hago qué? -No me ponga a prueba. ¡Váyase!

-No sé si sabrá que acabaría en la cárcel.

-Y usted en el infierno. ¡Largo de aquí, fuera de mi vista!

-No se preocupe. Ya me voy.

Y le aseguro que nunca más me verá.

(PREOCUPADA) -Cariño, ¿estás bien? -Sí.

(RESPIRAN NERVIOSAS)

Ay, Dios mío.

-Para mí que se ha ido la mano con el salero.

A ver hijo, cátalo tú,

y me dices si está demasiado sabroso.

Está rico.

Qué bien. Mira, si me hablas.

Es que desde que has entrado por la puerta no has dicho ni mu.

¿Qué pasa? ¿Es por lo de tu hermano? (SUSPIRA)

Sí. Ya sabes lo que tienes que hacer

cuando llegue Adolfo. Pedirle perdón.

Pues sí, porque te precipitaste

al pensar que había engañado a Sofía.

Ha cambiado mucho. Y quiere mucho a esa chica.

Lo sé, madre.

No me he comportado honestamente con él.

Lo importante es que estés arrepentido.

Ya verás como Adolfo no te lo toma en cuenta.

Él podrá tener muchos defectos, pero no es rencoroso.

Espero que pueda perdonarme. Claro que sí.

Nosotros no somos como esas familias que se desmoronan

porque los hijos no se llevan bien.

Para nosotros la familia está por encima de todo.

Hay situaciones que pueden llevar... Venga, no digas sandeces.

Tan pronto Adolfo vea lo arrepentido que estás,

esto quedará en una anécdota.

Además, si no te perdona,

esta noche se queda sin cena.

No es suficiente con pedir perdón. ¿Ah, no?

¿Qué crees? ¿Que te va a obligar a que seas su criado

por una semana como cuando erais pequeños? (RÍE)

(Puerta, se abre)

(Puerta, se cierra)

(Pasos)

-¿Ya habéis cenado? -A las 21h, como cada noche.

(SUSPIRA) ¿Tú de dónde vienes?

-De vagabundear por el pueblo sin rumbo fijo.

Algo más apetecible que compartir contigo el mismo espacio. (RÍE)

De hecho, pensaba que ya estarías en la cama,

si no me hubiera esforzado por venir aún más tarde.

Y dicho esto, me voy a dormir.

-Antes, tómate una copa de vino conmigo.

(ELVIRA RÍE)

-¿De qué te ríes? (ELVIRA RÍE)

-De ti, eres patético.

Solo te muestras conciliador cuando algo te atormenta.

En el fondo me das lástima, Santiago.

Aunque te digo una cosa: te lo tienes merecido.

Buenas noches.

Ah...

Y no te preocupes, cariño.

Quizá mañana sí que tengamos un motivo para brindar.

(Teléfono)

Residencia Miranda, dígame.

Sí, un momento, por favor.

Es para usted.

-Gracias, Chelo.

-¿Sí?

-Buenas noches, Sr. Miranda. -"Don Joaquín Ormaechea".

Qué casualidad, hace un momento estaba pensando en usted.

-Mañana vuelvo a Madrid y me gustaría verle a primera hora.

Tiene que darme el dinero que me debe.

El triple del cheque... -"Sí, no se preocupe.

Ya está preparado".

Pero creo que es mejor que quedemos en el campo de La Pedrera.

-Perfecto, entonces hasta mañana.

-Adiós... Ormaechea...

(Puerta)

-Hola.

-Hola, hijo. -Me voy a la cama, madre.

-Pero si he hecho carrillada de cerdo, que te encanta.

-Se me han quitado las ganas de cenar.

Espera, Adolfo. Me gustaría hablar contigo.

Tú no hablas, Jesús. Insultas. Y me he cansado de que me trates así.

Tienes razón.

Se me calentó la boca y te pido perdón.

Entiéndelo, Sofía estaba convencida de que la habías engañado con otra.

Tú la creíste a pesar de que yo lo negaba.

Soy tu hermano. Además, que ya no soy el de antes.

Lo sé.

Creo que el puesto de vocal en el consejo regulador

debería ser para ti.

¿Qué?

Es mi manera de decirte cuánto confío en ti, Adolfo.

Te mereces ese puesto, hermano.

Gracias.

Yo también siento todo esto que ha pasado.

-Hacía mucho que no paseábamos después de cenar.

Diría que la última vez fue cuando me fui a Burdeos.

-Si algo me hacía ilusión de que volvieras a Lasiesta

fue para recuperar estos momentos.

-Pero ahora, las cosas entre nosotros no son igual.

-Padre, yo le he traído aquí porque quería pedirle perdón.

Sé que últimamente no se ha sentido orgulloso de mí.

-Me has avergonzado mucho.

Pero lo que más me ha roto por dentro

ha sido que me hayas ocultado que iba a tener un nieto.

-Padre, le vi tan afectado por la muerte de Gabriel...

Pensaba que le provocaría más dolor. -Al revés, Elena.

Ese niño es parte de Gabriel.

Al saber que existe lo siento vivo, y me devuelve a mí la vida.

Es un Cortázar. Como tú y como yo.

Y así se criará. -Ya, pero...

Por desgracia sé lo que es cercer sin una madre.

No se lo deseo a nadie. -¿Qué quieres decir?

¿Quieres que mi nieto crezca en una fonda con esa rabanera?

Por encima de mi cadáver. -Padre, Carolina no es ninguna...

-Carolina es solamente un vientre. Ya le he designado madre.

Tu cuñada Rosalía.

-Yo esta noche quería acercar posturas, pero no me lo pone fácil.

Esa idea suya... -¿No entiendes por qué lo hago?

-¡Lo hace por las apariencias nada más!

-Para proteger a la familia, que es lo importante que tiene un hombre.

Aunque eso signifique tomar decisiones difíciles.

¿Crees que soy un monstruo?

Tu silencio me lo dice todo.

-¡Padre, por favor!

-Elena. -Luis, ¿qué haces aquí?

-A ver si se te había pasado el enfado.

Pero ya veo que no.

¿Por qué sigues creyendo que mi padre tiene que ver con su muerte?

Ya oíste a Ormaechea.

-A partir de mañana las cosas van a ser muy diferentes.

-¿Por qué?

-Ahora ninguno de los dos se podrá mantener al margen de la guerra

entre los Cortázar y los Miranda. -Elena, no sé a qué te refieres.

No tomaré partido en ninguna guerra.

-No te queda otro remedio.

-¡Elena!

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Gran Reserva. El origen - Capítulos 68-69

15 ago 2013

Santiago se reúne con Ormaechea y a punta de pistola le obliga a que le cuente todo lo que sabe Elena sobre la intoxicación del vino. Carolina descubre la ilusión de Ángel por quedarse en Lasiesta y convertirse en policía local. Se siente  agobiada y confusa sobre la decisión que debe tomar.

 

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