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2003830
No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 79 - Carolina sufre un aborto y queda traumatizada - ver ahora
Transcripción completa

-Padre, quería comentarle algo.

Muchos clientes nos han abandonado.

La Gaceta publicó lo del vino adulterado y...

-Los Cortázar han aprovechado para robarnos los clientes.

Bueno, es exactamente lo mismo que yo habría hecho.

Lo importante ahora es devolverles el golpe.

Para empezar, hay que hablar con los clientes cara a cara.

-Padre, ya he hablado con muchos. -En persona, Luis.

Deben entender que esto ha sido una jugarreta de los Cortázar.

Diles, si hace falta, que les vamos a poner una denuncia.

No hay pruebas de que hayamos adulterado nada.

Tienes que empezar ahora.

Y otra cosa, Luis.

Te estoy muy agradecido por ponerte de mi lado.

Yo te dije que lo del vino fue culpa de Ormaechea

y de la muerte de Gabriel Cortázar...

yo sé bien poco.

(SUSPIRA)

Se lo llevaron hace más de 2 horas, ya deberían haber dicho algo, ¿no?

Tranquila, hija, pronto nos informarán.

Ya verás como todo sale muy bien. ¿Usted cree?

Estoy segura que sí. -Míralo por el lado bueno.

De ser grave, ya lo sabrías. Las cosas siempre son así.

Siempre se olvidan de los que sufrimos esperando.

Adolfo es muy fuerte, va a salir bien de esto.

-Estoy de acuerdo, tiene razón. Lo que no puede ser, no puede ser.

Dimas, vete al horno, no puedes tenerlo cerrado todo el día.

En cuanto venga el médico, venís corriendo a avisarme.

Bueno, corriendo, no. A buen paso, tranquilo, pero venís, ¿eh?

No me tengáis en ascuas. Tranquilo, voy volando.

Me voy, cualquier cosa me llamáis. -Gracias por todo, Dimas.

Ay, hija mía.

No sabes qué tranquilidad me da que estés aquí conmigo.

No me pienso mover de su lado.

Todo va a salir muy bien. Seguro que sí.

Adolfo se lo merece, no sería justo.

¿Dónde está Adolfo? Se lo han llevado.

Adolfo ha tenido una parada cardíaca hace un par de horas.

Está en el quirófano, pero no sabemos nada.

Voy a hablar con algún médico. No, ¿qué vas a hablar tú?

Quédate aquí, ya vendrán ellos. Madre, quiero saber lo que pasa.

Sea lo que sea. ¡No!

¿Qué vas a entrar, en el quirófano?

Cuando tengan algo que decirnos, ya vendrán aquí.

Aquí estamos esperando.

Siéntate.

-¡Ay, maldita sea!

-¿Qué te ha pasado? -Nada, que me he clavado la aguja.

Estoy harta. -A ver, deja que lo vea.

Pero si no ha sido nada.

Una amiga de Burdeos dice que muchos de estos accidentes

nos los provocamos nosotros. -¿Ah, sí? Pues vaya tontería.

-No te creas, a veces el malhumor nos juega malas pasadas.

Con estar nerviosa o enfadada basta para que pasen cosas así.

¿Tú que estás, nerviosa o enfadada?

-Las dos cosas. -¿Y eso?

-Ya te lo conté el otro día.

-Rafael ha sido muy injusto despidiendo a Roberto.

Y más por motivos personales.

Siento mucho que el otro día que intentaste hablar conmigo

y contármelo no te hiciera mucho caso.

No tenía fuerzas para escuchar a nadie.

Perdóname.

He tenido una semana horrible.

Entre Vicente, Rosalía y Luis se me ha hecho un mundo.

¿Estás enfadada conmigo?

-No, yo nunca podría enfadarme contigo.

-Si te consuela, creo que Rafael se ha portado muy mal contigo

y con Roberto, pero también es mi hermano.

Le quiero mucho y sé que lo está pasando muy mal.

Los temas del corazón duelen. -Bueno, pero eso no le justifica

para convertirse en un déspota y en un mandón. No.

En la vida se tiene que ser más justo y no mezclar las cosas.

-Ya.

Pero es mi hermano, lo conozco muy bien.

Sé que es muy buena persona y tú también lo sabes.

Dentro de poco te pedirá perdón. -Sí, ya lo ha intentado esta mañana.

-¿Lo ves? ¿Y? -Y nada.

No tengo humor para perdonarle. -¿No le has perdonado?

-No, pero Elena, entiéndeme.

El mal ya está hecho: Roberto está a punto de emigrar

¿Y por qué? Por la soberbia de tu hermano. No.

-Bienvenido a casa, señor.

-Gracias, Chelo.

¿Me sirves una copa de coñac? -Por supuesto, señor.

-¿Qué tal las cosas por aquí? -Todo tranquilo.

-¿Ha venido alguna visita incómoda?

-Bueno...

El panadero se dejó caer esta mañana para ver a la señora.

-¿De qué hablaron, pudiste oírlo? -No, señor.

La señora me envió a limpiar los cristales del piso de arriba.

-¿Se quedó mucho rato? -No mucho, señor.

Estuvo un rato pequeño.

-Gracias, Chelo.

Sigue así, que yo sabré agradecértelo.

(Música de suspense)

-Padre, le estaba buscando. -¿Qué te ha pasado?

-Nada, me he cortado afeitándome.

Oiga, no recuerdo haberle visto nunca en el desván.

O sí, cuando nos escondíamos y usted venía a regañarnos.

-Siempre se escondíais aquí.

Yo venía a buscaros después de la última trastada.

No me gusta subir aquí.

Hay demasiados recuerdos.

Esta rebeca la hizo tu madre para Gabriel.

La verdad es que le quedó un poco pequeña.

-No es que le quedara pequeña.

Nadie podía imaginar que Gabriel pesaría casi cinco kilos al nacer.

-Tu madre lo pasó muy mal en el embarazo de Gabriel.

Temía tanto perderlo que le dijo a D Paquita que trajese de Murcia

una cruz de Caravaca, y eso es lo que estoy buscando.

-¿Una cruz de qué? -De Caravaca.

Aquí está.

-Vaya, ¿y para qué quiere esa cruz ahora?

-Para que se la des a Carolina antes de que se vaya a Bilbao.

Para proteger a mi nieto.

Esta cruz protege de enfermedades y peligros.

Al menos, eso dicen.

-No sabía yo que usted creyera en estas cosas.

-Cuando uno se hace viejo se aferra a cualquier cosa.

-Rafael te quiere. Está enamorado de ti hasta el hígado.

Si ha visto que se ha equivocado y ha venido a pedirte disculpas

podrías ceder un poco, Manuela. Tú no eres una persona rencorosa.

Tendrías que ser más generosa con él. -Es que no puedo.

No puedo porque no me sale natural, me cuesta.

Mi vida ha dado un vuelco, está todo patas arriba.

Y todo por culpa de Rafael.

Ahora miro hacia adelante y solo veo tulipanes.

-¿Tulipanes? -Sí, tulipanes.

Roberto se va a Holanda a trabajar, a recoger tulipanes.

-Sí que está patas arriba.

Supongo que no imaginabas acabar en Holanda casada con Roberto,

lejos de tus padres. -¿Qué me quieres decir?

¿Qué tú tampoco quieres que me case con Roberto?

(SUSPIRA) -Yo no soy quién para opinar sobre eso, Manuela.

-Sí, eres mi amiga.

-Si quieres saber mi opinión,

creo que os estáis precipitando. -¿No te gusta Roberto para mí?

¿Es eso?

¿No será por Rafael? Porque yo a quien quiero es a Roberto.

-No es por eso, Roberto es muy buen chico y te quiere.

Seguro que sería un buen marido.

Pero a ti siempre te he visto otras inquietudes, otras ilusiones.

De pequeñas siempre decías que querías ir a vivir a Madrid

a estudiar para ser actriz o ser cantante de un grupo.

No sé, vivir aventuras.

-Bueno, pero eso eran cosas de niña. -No.

Antes de irme a Burdeos me decías que querías ir a Pisa a ver la torre

o a esa isla que no sabía ni dónde estaba.

-La isla de Pascua. -La isla de Pascua.

Nunca te hubiera imaginado en Holanda, casada...

con un recolector de tulipanes. -Pero la vida ha venido así.

Yo no quiero separarme de Roberto. Solo puedo casarme e irme con él.

-Ya, pero el matrimonio es algo muy serio.

No es algo que decidas así, rápido, para solucionar una situación.

Es una cosa que se tiene que pensar.

Además, vosotros no lo hacéis porque os apetezca hacerlo

y eso también es muy peligroso, para ti y para Roberto.

-Si Roberto se va, tú ya sabes lo que puede pasar.

Tú lo has vivido con Luis.

(ELENA SUSPIRA) -Te fuiste y Luis se echó novia.

¿Quién? La hija esa del alcalde.

¡La tonta! Nadie se lo imaginaba. Ni tú te lo imaginabas.

Si te hubieras quedado, ni siquiera la habría mirado.

-No.

Lo mío con Luis se estropeó por muchos problemas,

no solo la distancia.

Manuela, prométeme que pensarás sobre lo que hemos hablado.

Quiero que imagines la vida que siempre has soñado

y la compares con la que tendrías si te fueras con Roberto a Holanda.

-Llévasela a Carolina antes de que se vaya.

-Puedo llevarla en coche, así el viaje será más fácil para ella

y puedo desviarme unos días a Burdeos.

-¿A Burdeos? ¿Qué se te ha perdido en Burdeos?

Hay cursos de producción vinícola de las bodegas La Boîte.

Me gustaría probar con nuevas técnicas de elaboración.

-¿No sabes que tu sitio está en esta familia?

-Sí, pero... -¿Es que no me has oído?

¿No te importa lo que pasa en esta familia?

Santiago Miranda está acusado de un delito menor.

Hemos de conseguir que lo acusen de la muerte de Gabriel.

Y tú pensando en marcharte, eres un egoísta.

-Solo quiero lo mejor para estas bodegas, padre.

Aprender nuevas técnicas no creo que sea tan malo.

-¿Nuevas técnicas? Lo que tienes que aprender tú es a mandar.

Y a hacerte respetar.

Eso no te lo van a enseñar en Burdeos.

Eso lo aprenderás aquí, al pie del cañón, junto a Vicente.

-Ya veo, es por lo de Roberto, ¿no?

Ya le dije que me equivoqué. ¿No puedo cometer ningún error?

-Date cuenta de que no se puede despedir a un buen peón

y luego querer readmitirlo a los dos días.

Todo el mundo te tomará por un pelele.

-¿Un pelele?

-Sí. Primero intenta hacerte un hombre.

Luego, a lo mejor tienes tiempo de aprender nuevas técnicas.

Recuerda llevarle eso a Carolina.

Dile que lo que necesite me lo haga saber.

No le va a faltar de nada. (DESDEÑOSO) ¡Nuevas técnicas!

¡Vamos, nuevas técnicas!

-Sí, comprendo, señor comisario.

Claro, la prueba no ha sido válida.

Es lógico que le pongan en libertad.

Gracias por la información, comisario, siempre a sus pies.

Perdón, quiero decir siempre a sus órdenes.

Explíqueme por qué ha sacado a Santiago Miranda de la cárcel.

El asesino de nuestro hermano sigue en la calle, Ortega.

Pagamos a la policía para que resuelva estos crímenes.

Usted, como empleado público, trabaja para mí.

Yo pago mis impuestos.

Eso me da derecho a exigirle que me defienda y haga justicia.

Mire, Sr. Cortázar.

Se me va a caer la lengua de tanto decir que no hay pruebas

que incriminen a Santiago Miranda en este asunto.

Eso es porque usted es un inútil incapaz de encontrarlas.

Para colmo, sale libre de su cargo por adulteración.

Es para no creérselo. Yo soy el primer sorprendido.

Ya me ha oído, acabo de hablar con Jefatura.

Me han dicho que la botella de vino que llevamos como prueba

no ha valido porque estaba abierta y cualquiera puede manipularla.

-¡Yo encontré esa botella y la traje hasta aquí!

¡Le juro por mi madre que no metí metanol ni metí nada!

-Claro que usted no ha hecho nada. Se ha roto la cadena de custodia

y entonces no sirve como prueba. Si hubiera hecho bien su trabajo

y hubiese localizado antes esa botella esto no estaría pasando.

Y si ustedes me hubieran dicho antes dónde estaba Ormaechea

y lo que pensaban y lo que sabían de él, esto se habría agilizado.

Ya está, no se puede hacer nada.

No se puede dar marcha atrás. Pues avance.

Localice a Ormaechea. Él adulteró ese vino por orden del Miranda.

¿Qué le pasa a usted, Ortega? ¿Es usted sordo o ciego?

¿Ustedes creen que no estoy revolviendo Roma con Santiago

para dar con el tal Ormaechea ese?

No sabemos dónde está, se lo ha tragado la tierra.

¡No está en ningún lado! -En algún sitio estará.

-¡Por supuesto que sí, señorita! Pero no le encontramos.

Ni ustedes tampoco.

También le han estado buscando, ¿y qué? ¿Han dado con él? No.

Es que es usted quien tiene que hacerlo.

¿Debo repetirle lo que significa ser empleado público?

Tampoco hace falta que le repita que no puede venir a diario

y a todas horas a pedirme explicaciones que no puedo darle

porque aún no lo sé.

Elena, vámonos de aquí, me estoy poniendo enfermo.

(SUSPIRA)

(PARA SÍ) -Enfermo me pongo yo.

Cada vez que veo a este hombre me salen sarpullidos.

La madre que le parió.

(Música triste)

Doctor,ya salía a buscarle. ¿Cómo está, doctor?

-Hemos tenido que intervenirle para estabilizarle, señora.

¿Por qué, qué le ha pasado? Ha sufrido una parada cardíaca.

Me temo que ha padecido una pequeña hipoxia.

¿Qué es una hipoxia? Falta de oxígeno.

¿Está diciendo que mi hermano...? No va a morir, ¿verdad?

-No, señora, nadie ha dicho tal cosa. Habrá que ver cómo evoluciona.

Para cualquier cosa, busquen a las enfermeras.

Muchas gracias. Gracias, doctor.

(LLORA) Ay, hijo mío. No se va a morir, ¿verdad?

No, madre, va a salir todo bien, ya verá.

Está usted agotada, vamos a la cafetería.

No, prefiero quedarme aquí. Solo quiero que Adolfo esté bien.

Estoy hasta las narices de los bocatas.

Menos mal que Manuela preparará tarteras con guisos

para almorzar en Holanda. -Decías que no cocinaba bien.

-No, hombre, no, sí cocina bien.

No tan buena como su madre, pero la chica se defiende bien.

-Se me va a hacer raro que te cases y te vayas a otro país.

-¿Qué quieres que haga? No me voy a quedar aquí.

Si no tengo trabajo tendré que salir a ganarme las habichuelas.

La suerte que tengo es que ella me acompañe.

-Qué miedo a que te la quite otro si se queda, ¿no?

-Para mí, que Manuela no se fía de las holandesas.

Mira que le he dicho que se puede fiar de mí, que no tenga dudas.

-¿Te fías de los mozos de Lasiesta? -No, pero de Manuela sí.

-¿Tenéis fecha ya para la boda? -En cuanto llegue el cura nuevo.

No tenemos mucho margen para llegar a Holanda.

Espero que sea cuanto antes.

¿Qué? ¿Qué pasa, que me miras embobado?

¿Está mala la mantequilla del salchichón o qué?

-¿Seguro que te quieres casar? -¿Que si estoy seguro?

Hombre, ¿se puede estar en la vida seguro de algo al cien por cien?

-Sí que sé que la quiero,

que la veo como la madre de mis hijos,

que me veo envejeciendo a su lado. Eso sí que lo sé.

-Ya, pero si no te hubieran echado y no te tuvieras que ir a Holanda,

no te casabas. -Igual así, tan rápido, no.

Lleva muchas horas sin dormir, Renata.

¿Por qué no salimos a que le dé el aire, al menos?

Vale, sí, pero me iré sola.

Quiero tomar el aire, pero quiero ir sola.

(Música triste)

(SUSPIRA) ¿Qué hemos hecho, Jesús?

(SOLLOZA) Todo esto es culpa nuestra.

No, tú no tienes la culpa de nada.

En todo caso yo, soy su hermano y se supone que debía cuidarle.

No, somos responsables los dos y Adolfo no se merece esto.

(LLORA) No me toques, por favor. Bastante daño hemos hecho ya.

No hemos hecho nada, Sofía. Nos queremos, eso no es malo.

Deberíamos haber hablado con él. Deberíamos habérselo dicho.

¿Cómo hemos podido ser tan egoístas?

Hemos sido unos cobardes durante demasiado tiempo.

Nos creíamos sin derecho a nada. ¡Es que no lo tenemos!

¡No tenemos derecho a nada, no entiendo como no lo ves igual!

No puedo. Me cambiaría por mi hermano ahora mismo,

pero te quiero, estoy enamorado de ti.

Pues yo me arrepiento cada minuto.

Casarme ahora o dentro de 6 meses, ¿qué más da?

-Ya, no sé. Yo te veo convencido, pero...

-¿Pero qué?

-No te veo contento.

-¿No me ves contento? -No.

-Irse a Holanda no es para tirar cohetes.

Hay que dejar muchas cosas, Andrés. Abandonas tu casa, a tu familia,

a tu gente, el pueblo...

El vino es mi vida, ¿sabes?

Toda mi vida.

Lo voy a echar de menos. A Eduardo, a ti, a los compañeros...

-Nadie dice que irse al extranjero sea cosa fácil.

Muchos se vuelven al darse cuenta de que aquello no es el paraíso.

-Lo sé.

-Mira el hijo de Rita, el de la mercería.

-¿Qué pasa? Se fue a una empresa de automóviles en Alemania.

Al mes, de vuelta.

Que el chaval es un poco flojo, sí, pero tú no sabes lo que contaba.

Que si a gente, que si la comida, que si el frío...

-Como en casa, en ninguna parte. -Sí, nuestra tortillita de patatas,

nuestro solecito... Lo que hay aquí no lo hay muchos sitios.

Como dice el ministro ese: "Spain is different".

-Qué a gustito estáis. ¿De qué os reís?

-De que "Spain is different".

(RÍE)

De lo mucho que echaré de menos nuestra tierra, Lasiesta,

de lo bien que se vive aquí

y de qué suerte tengo de que te vengas conmigo.

-Sí, menos mal.

-¿Qué pasa, mi niña? -Nada, el calor debe ser.

-No te estarás echando atrás. -No, ¿pero qué dices? No.

Es solo que se me hace duro, pero supongo que como a ti, ¿no?

-De eso estamos hablando también.

Sabemos que va a ser duro, pero vamos a estar juntos

y quedarse aquí no es ninguna opción. Yo no tengo trabajo, así que...

También hay que verlo como una buena oportunidad

para ganar un dinero, para nuestro futuro.

¿No? (MANUELA ASIENTE)

-Sr. Miranda...

-Ya veo cómo se afana amasando el pan.

No sé si pone el mismo empeño en todo lo que hace.

-Yo a todo le pongo el mismo empeño, Sr. Miranda.

-Apuesto a que sí. Es usted un hombre decidido, valiente,

con carácter...

-Le hacía yo a usted en la prisión de Logroño.

(RÍE) -Vamos, Dimas, no me irás a decir

que Elvira no te ha dicho que saldría muy pronto.

¿O es que hace mucho que no os habéis visto?

-Claro que la he visto, cada día, cuando viene a comprar el pan.

-Habréis charlado largo y tendido,

como buena cliente que es. -Una de las mejores, sí.

-¿Habéis hecho algo más que charlar en mi ausencia?

-¿Cómo quiere que se lo diga?

Su mujer y yo solo somos buenos amigos.

-¿Crees que no sé que Elvira viene a verte en cuanto puede,

que viene a refugiarse en tus brazos en cuanto yo la pierdo de vista?

¿Crees que soy estúpido? -¡Quíteme las manos de encima!

-Y tú quita la vista de encima de mi mujer.

Aléjate de ella

o tendré que regalarte otra paliza.

-Ya sabía yo que había sido usted quien había encargado la paliza.

La lástima es que haya gente que acepte estos encargos.

A ver si se atreve a darlos usted. -No me provoques, panadero estúpido.

Te puedo romper la cara aquí mismo.

-Si eso te hace sentir más hombre, venga, adelante.

(SANTIAGO SUSPIRA)

Apártate de mi mujer. Estás avisado. -No voy a permitir que me amenaces.

Ni a mí ni a ella, ¿está claro? -¿Y qué vas a hacer?

¿Denunciarme?

No vayas a dar un paso en falso, porque...

destruiré este horno que levantó tu madre con tantos sudores.

-Eres un miserable. -¡Y tú un ingenuo!

Nadie puede conmigo. ¡Nadie!

Y menos que nadie, un panadero patético,

(RÍE DESPRECIATIVO) enfermo de amor. -A mí no me importan tus insultos.

-¿Crees que Elvira te quiere realmente?

¿Que tiene interés por ti?

(RÍE) No.

Ella solo cambia la ginebra por tu hombro...

cuando está aburrida. -¿Has terminado ya?

Pues ya te puedes largar. Tengo pan que meter en el horno.

-Y una tarta.

Mi esposa y yo vamos a celebrar mi vuelta a lo grande.

La criada pasará a buscarla más tarde.

No le pongas mucho azúcar.

Más bien, ponle licor,

como un bizcocho borracho.

Elvira te lo agradecerá.

(PILAR SUSPIRA)

(Tocan a la puerta)

-¡Carolina, mi amor! ¿Qué te pasa?

-No creo que te oiga, está sedada. -¿Sedada por qué?

-Después de irte esta mañana, sufrió un desmayo

y una hemorragia muy fuerte. -¿Por qué no está en el hospital?

-Porque no había tiempo.

Llamé al Dr. Cela y él se ha hecho cargo de ella.

Me ha dicho que se va a recuperar pronto, pero...

-El niño.

(SOLLOZA) -Lo ha perdido.

-No puede ser, si todo iba bien, Pilar.

El ginecólogo dijo que iba bien. -Lo sé, Ángel,

pero don Bernardo dice que estas cosas pasan,

que en las chicas primerizas son normales los abortos naturales.

Por favor, no te me vengas abajo, te necesito.

Ángel, ayúdame a contárselo a ella. Ella también te va a necesitar.

-¿Qué pasa?

-Carolina, cálmate. -¿Hablabais de mi niño?

¿Qué?

¿Lo he perdido?

Dígame la verdad, madre, ¿lo he perdido?

(LLORA) -Lo siento, cariño. -No, no, no.

¡No puede ser, vámonos al ginecólogo! -¡No se puede hacer nada!

-Si hubiera llegado tres minutos antes a la panadería

habría encontrado la botella cerrada. Ya está, no lo pienses más.

Llegué a pensar que no saldrías de la cárcel

y que Ortega no desprecintaría las bodegas.

(RÍE) -Hombre de poca fe.

Ya te dije que mi abogado me sacaría.

Esa maldita botella no es suficiente para acabar conmigo.

(ASIENTE) -¿Y ahora qué hacemos?

-Lo primero, tomarnos un vino y después, recuperar la clientela

y volver a la normalidad.

(Música de tensión)

¡Hombre!

Qué pena ver otra vez sus huesos por estas calles, Santiago.

Qué penita.

Deberían haberse quedado en la cárcel, junto con su dignidad.

No me digas que no me has echado de menos.

Este pueblo sin mí no es lo mismo. -Estaríamos mucho más tranquilos.

(RÍE) Vaya, ahora tu hermana te quita la palabra.

Eso es nuevo.

Mire, puede que haya conseguido librarse

de los cargos por lo del vino,

pero no pararé hasta demostrar que usted mató a mi hermano.

¿Y qué haréis para demostrarlo?

¿Una triquiñuela como la que habéis usado

con la botella envenenada con metanol?

Nadie que no fuera usted manipuló esa botella.

Ormaechea me confesó que manipuló el vino

siguiendo sus órdenes. -¿Y tú te fías de Ormaechea?

Menudo elemento es ese.

-Por cierto, tengo entendido que has terminado con mi hijo.

Qué lástima, me hubiera gustado emparentar con vosotros.

¿Y no tiene ilusión por ver cómo le arrebatamos a los clientes?

Debería estar contento.

Nadie quiere hacer tratos con un bodeguero de mierda

que atenta contra la salud pública de una forma tan burda.

Te voy a dar un consejo.

No cantes victoria tan pronto.

Tienes que ser más prudente.

La soberbia te pierde.

Tomo nota, Santiago. Voy a darle yo otro consejito.

Vigile sus espaldas si no quiere terminar otra vez en la cárcel,

y esta vez para siempre.

¿Verdad que sí, don Bernardo?

¿Qué dice este esperpento?

-Nada, tonterías, es un fanfarrón, no le hagas caso.

Vamos, hombre, cuénteselo.

Seguro que entiende que usted prefiera el 10% de mis bodegas

a su rácano 5%. Es normal.

Demasiada mierda que tapar por un porcentaje tan ridículo.

Bueno, que ustedes tengan un buen día.

Si pueden.

¿Vamos?

¿Ha intentado comprarte?

-Me hizo una oferta y la rechacé, tú y yo somos amigos.

Lo más importante para mí es la lealtad.

Es un fanfarrón.

Deberías comer algo. (SUSPIRA) No tengo hambre.

¿Por qué no vas al pueblo y descansas un rato?

No, no me pienso mover de aquí.

Pero tú tienes que trabajar en las bodegas, Jesús, ve tranquilo.

Yo me quedaría aquí por si despierta o vuelve tu madre.

Está bien, procurad comer algo las dos, por favor.

Yo vuelvo enseguida.

(Música triste)

(LLORA) Perdóname, Adolfo, por favor.

Perdóname.

Abre los ojos, mi niño.

Necesito que abras los ojos y me mires

como me miraste aquella vez en el horno por primera vez.

Ni siquiera podía acercarme a ti porque...

sabía que todas las chicas de Lasiesta estaban locas por ti.

¿Sabes?

Mi madre decía que los hombres no cambian nunca, y no era verdad

porque tú has cambiado por mí y yo te lo he pagado así.

Por favor, perdóname.

Sofía...

No tienes que sentirte culpable.

Un accidente es un accidente, no hay que buscar razones.

Yo sé cómo te sientes.

Yo también me sentí culpable por no estar con Ricardo

cuando le dio el ataque al corazón en las bodegas.

No es solo eso, Renata. Lo sé, hija, lo sé.

Se mezclan los sentimientos. La culpa, también la impotencia

por no poder hacer nada,

porque una piensa que si hubiera estado allí

no hubiera ocurrido la desgracia. Pero no, hija, no.

Las cosas ocurren por millones de circunstancias.

¿Por qué le ha tenido que pasar a él, Renata? ¿Por qué a él?

Pues no lo sé, mi vida,

pero él tiene mucha suerte de tenerte.

Mucha, Sofía. Mucha suerte.

Tú le has dado todo lo que le faltaba:

estabilidad, ilusión

y una manera nueva de ver el futuro.

(LLORA)

Todo irá bien, mi vida.

-Me has dejado descolocada con lo del alcalde.

Parece mentira que no me conozcas. No esperaba que le chantajearas

para que delatara a Santiago y testificara en su contra.

Chantaje es una palabra muy fea, prefiero decir

que le ofrecí ayudarnos por un precio muy razonable.

Me imagino que el 10% del negocio es una ganga

comparado con hundir a Santiago Miranda.

Sí, lo es. Deberías habérmelo comentado.

Siempre dices que no debemos tener secretos entre nosotros.

Un secreto deja de serlo cuando lo compartes.

Yo lo he hecho contigo, así que no te quejes.

Ni padre ni Rafael saben nada de esto.

¡Bueno...! Déjalo, Vicente, ¿eh?

Ahórrate los adjetivos de siempre, no estoy para tus tonterías.

Cierto, ya los he gastado todos con tu padre hoy.

No se me ocurre nada nuevo que decir, Luis.

En fin, lo vuestro ya me aburre.

Espero que tengáis una conversación muy bonita.

(SUSURRA) Ya me contarás más tarde.

No sé qué quieres de mí, no tenemos nada de lo que hablar.

-Puede ser.

Ahora que mi padre es inocente igual tenemos una oportunidad.

No sé si quieres disculparte o... -¿Disculparme?

Si tú mismo reconociste que tu padre adulteró el vino.

Él te lo confesó. -Lo hizo Ormaechea.

-Cumplía órdenes. -Le engañó.

-¿Cómo puedes ser tan ingenuo? -Y tú tan cabezota.

Tus acusaciones han hecho mucho daño, Elena.

A las bodegas, mi familia, ¡a mí! -Yo solo decía la verdad.

No sé qué pasó con la prueba que lo delataba.

-A mi padre lo engañó un químico.

Cometió un error, nada más. -Adulteró el vino a conciencia.

Gabriel lo descubrió, lo amenazó y tu padre acabó con él.

Por si fuera poco, por culpa de ese vino intoxicado

murieron Ricardo Reverte y el padre Genaro.

Don Bernardo falsificó los informes médicos.

¿Cuándo vas a abrir los ojos?

(GRITA) -¿Y tú jamás pensarás que puedes estar equivocada?

¡No, claro!

Esto va a ser imposible de recuperar. -¿Tenías intención de recuperarlo?

-Sí. -¿Cómo puedes ser tan cínico?

¡Intentar recuperarlo después de "haber estado" con Asunción!

(Pasos)

(RAFAEL CARRASPEA)

Hola, Pilar. ¿Me puedes poner un vino, por favor?

-Lo siento, pero voy a cerrar. -Ya.

¿Dónde está Carolina?

-Carolina está indispuesta. (ENFADADA) Vamos a cerrar.

-Espera.

Me gustaría que le dieras esto. Es de parte de mi padre.

Fue de Gabriel.

Mi madre lo hizo traer de Murcia para protegerle.

Ahora, mi padre quiere proteger a Carolina y al niño.

Tendrías que ver cómo habla de su nieto.

Todavía no ha nacido y ya es superfeliz.

-Mira, será mejor que te vayas, Rafael.

Hoy no tengo yo ganas de charlas ni de melancolías.

-Bueno, está bien, pero por favor, dale esto.

-Que te he dicho que no. -¡Dáselo a Carolina!

-¡Dile a tu padre que se meta esa cruz por donde le quepa!

¡No quiero cruz, no quiero dinero ni quiero atenciones!

¿Me oyes? ¡Porque ya no hace falta! -No hace falta que te pongas así.

-Ya no hay niño, ¿me oyes?

-¿Qué?

(LLORA) -Carolina lo ha perdido esta tarde.

Si no me crees, vete a preguntárselo al doctor.

-Lo siento mucho. -Más lo siento yo.

Mi hija, con tanta amenaza y tanta presión,

no ha podido proteger a su criatura.

Ahora dime qué hago yo con esto, cómo la saco de esto.

-Si puedo ayudarte en algo, cualquier cosa...

-Cállate.

Cállate y vete, no digas ni una sola palabra más, por favor.

Bueno, sí, dile a tu familia que nos deje en paz.

Ya nada nos ata a vosotros.

Vamos, lárgate.

Fuera de aquí.

(Música triste)

-"Chispis", tienes que comer algo.

Tienes que recuperarte. -No quiero comer.

-Pues deberías. ¿O cómo vamos a ir paseando a ver el terreno?

-Yo es que no quiero pasear. No quiero nada.

-Eh, escúchame.

Juntos superaremos esto, ¿eh?

Nada, Pilar, no quiere comer.

-Hija, te he hecho tu sopa favorita. -¿Cómo voy a comer? ¿No lo entiende?

-No eres la primera ni la última a la que le pasa esto.

La vida sigue y poco a poco lo superarás.

-Don Bernardo ha dicho que podrás tener más hijos.

Nos casaremos y llenaremos esa casa de chavales tuyos y míos.

-Yo no quiero más hijos.

¿Para qué, para que Dios me los vuelva a quitar?

-Hija, por Dios, no digas eso. -¡Es la verdad, madre!

Está claro que todo esto es un castigo.

Un castigo de Dios por querer entregar mi niño.

-No, eso no es así, Carolina.

Los Cortázar te presionaron y amenazaron, no había opción.

-¡No, debimos largarnos bien lejos!

Eso o aceptar ser la nodriza y ya está.

Y mira que don Alejandro me lo ofreció, ¿eh?

Y yo nada, le dije...

que prefería no saber nada de mi niño.

-Hija, deja de atormentarte con esto, por favor.

Así no vamos a ninguna parte. -Yo sé bien que esto es un castigo.

Es un castigo por ser mala persona y mala madre.

(LLORA) Lo único que me merezco es morirme.

Ojalá me muriera ahora mismo. -Calla, que me partes el corazón.

(Música triste)

En fin...

Solamente espero que Rafael no esté empinando el codo, padre.

Últimamente va muy descentrado. Todos tenemos malas rachas.

Luego se pasan.

-Yo solo quiero que la mala racha de Santiago Miranda

dure hasta que se pudra entre rejas.

¿A qué vienen esas miradas?

Padre, el Miranda ha quedado libre de sus cargos.

Esta la calle como si nada hubiera pasado.

-¡Pero eso es imposible! -El juez desestimó las pruebas.

Como la botella estaba abierta, el abogado de Santiago Miranda

dice que se ha roto lo que llaman la cadena de custodia,

porque cualquiera podría haber envenenado la botella.

-¡Maldita sea! ¿Y sus bodegas? Las han desprecintado.

Podrá seguir vendiendo vino.

No pararé hasta demostrar la implicación de S. Miranda

en el asesinato de mi hijo.

¡Yo lo único que quiero es verlo en la cárcel!

-Tranquilícese, padre.

Seguro que entre todos lo vamos a conseguir.

(ALEJANDRO) Espero que sí.

A veces todo se vuelve en contra y nada sale como debe salir.

Al menos, esperaremos la llegada de mi nieto.

Dentro de unos meses llenará de alegría esta casa.

Estoy deseando tenerle entre mis brazos,

aunque dadas las circunstancias,

quizá convendría que Vicente se quedara para ayudar.

Ni hablar.

S. Miranda no va a condicionar lo que tenemos que hacer.

Vicente irá a Argentina contigo y conocerá a tu padre.

(BORRACHO) -Perdón por el retraso. (ALEJANDRO) ¿Borracho otra vez?

-Pues sí, padre, estoy borracho.

Debería darte vergüenza. Tú sigue así y verás cómo acabas.

¿Qué estás insinuando, que voy a acabar como Gabriel?

-No compliques más las cosas. Te acompaño a la habitación.

-¡Vete a la cama a dormir la mona! -Primero le quiero enseñar una cosa.

-Rafael... -Quiero devolverle esto.

-¿Tan borracho estás que eres incapaz de cumplir mi encargo?

-No me diga eso, yo siempre he acatado sus órdenes.

¡Siempre!

Lo que pasa es que Carolina ha tenido un aborto repentino.

Ha perdido al niño.

O sea, que esta cruz ya no va a poder protegerle.

Ya ve, padre, al final se ha quedado sin su adorado nieto.

(Música dramática)

-No pienso parar hasta devolverte la sonrisa más bonita de Lasiesta.

-No lo entiendes porque he sido yo quien ha perdido a mi hijo, no tú.

No me pidas matrimonio porque no pienso casarme contigo.

-Voy a ir a Logroño a comprar unos zapatos.

He pensado que igual te gustaría acompañarme.

-Sí, claro.

Tengo una reunión allí.

-Parece ser que Luis y Asunción han reanudado su noviazgo.

-Yo no me hago demasiadas ilusiones. -Con Elena Cortázar fuera de combate,

el noviazgo de nuestros hijos sigue por buen camino.

-No quiero volver a hacerte daño,

pero no te permito que organices una boda que solo quieres tú.

Yo no te quiero como tú esperas y nunca te he querido así.

-Si ya sabes lo que le conviene a tu amiguito el panadero,

aléjate de él...

si quieres que siga vivo.

-Solo hay una cosa que podamos hacer.

Tenemos que dejar de vernos.

-Si lo intentaras, a lo mejor te contrataría algún bodeguero

y no tendríamos que irnos a Holanda.

-¿A qué viene eso?

(MANUELA SUSPIRA) -Tú no quieres ir a Holanda.

-Vengo a proponerle algo. -¿El qué?

-Contratar al mejor trabajador de las bodegas Cortázar.

No se va a arrepentir.

Le he propuesto a Miranda que te contrate.

-¿Por qué? -Porque tú no lo ibas a hacer.

¿Lo tomas o lo dejas?

Si dudé cuando me pediste en matrimonio es porque soy tonta

y me dan miedo los cambios, pero me arrepiento mucho.

(SOLLOZA) Te quiero, Adolfo, despierta.

Despiértate, por favor.

¡Adolfo, Adolfo!

Voy para allá.

¿Qué ocurre? Mi hermano, ha despertado.

Por favor, perdóname, Adolfo. Déjame en paz.

Me has traicionado de la peor manera posible.

Seguirás siendo mi hermano. Eso no se puede cambiar.

Pero nunca te perdonaré lo que me has hecho.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 79

22 ago 2013

Santiago retoma su vida, libre y sin cargos, para fastidio de los Cortázar. Además, amenaza a Dimas con cerrarle el horno al enterarse de que visitó a su mujer. Carolina sufre un aborto y queda traumatizada. Otro duro revés para los Cortázar, menos para Rosalía, que se siente aliviada.

 

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