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2000028
No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 74 -Ortega detiene a Santiago Miranda, lo que provoca la reacción airada de Luis contra Elena - ver ahora
Transcripción completa

Me he puesto de novio con Manuela

y no sé si irme seis meses a Holanda...

-Pero, Roberto, Manuela es muy buena chica.

Estoy segura de que te esperará. -Yo pienso lo mismo.

Hay que decir que sí, que tal y como están los trabajos...

-No quiero estar lejos de ti. -¿Y?

-Ven conmigo a Holanda.

-Nunca seremos tan ricos como ellos, pero me sacaré la plaza de policía.

Trabajaré duro para que nos os falte de nada.

Piénsalo bien, no hagas tonterías.

-Cortázar hará todo lo posible para impedir que seas policía,

si Carolina no le da el niño.

Nunca conseguirás esa plaza. -¿Hace cuánto que se ha marchado?

-Creo que unos veinte minutos.

-Si el vino estaba contaminado, ¿qué haremos?

-Meter en el calabozo a Santiago Miranda,

pero por adulterar el vino, no por el asesinato.

Para eso necesitamos más pruebas, otros testigos, o algo.

-Qué bien nos hubiera venido interrogar a Ormaechea.

¿Dónde se habrá metido?

-Ya hemos dado orden de búsqueda y captura.

-Esa botella se pasará años perdida en alguna bodega.

Nadie se dará cuenta de ella.

-Ya veo lo que te preocupa el destino de la botella.

-Sí me preocupa, y mucho.

Si los Cortázar lo encuentran,

será mi fin y el del prestigio de las Bodegas Miranda.

-Estamos hablando de vidas humanas

y tú hablas del prestigio de las bodegas.

-¿A qué has ido tan temprano? -A recoger unos análisis

de una partida de vinos.

-No me lo puedo creer: "La muestra analizada

contiene suficiente metanol como para provocar

la muerte de la persona que lo beba o ingiera por vía oral".

S. Miranda mató a nuestro hermano.

Eso no es lo que dice en este sobre.

No hay pruebas.

-Basta para detener a Santiago Miranda.

-Sí, pero por un delito contra la salud pública.

-La Policía se nos ha adelantado.

Han encontrado la tercera botella.

Esta mañana los resultados han llegado a Lasiesta.

Estamos perdidos.

Completamente perdidos.

-Ortega ha leído los resultados delante de mí.

Detendrán a tu padre.

-¿Vienes a decírmelo tú, la única culpable de que pase eso?

-Eso no es cierto y lo sabes.

-Lamento comunicarle

que está detenido.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

-No estés triste.

Tu hijo va a tener una infancia feliz.

-¿Y por qué me siento tan miserable?

(Puerta, se abre)

-Perdone, don Alejandro.

El sobrino del agente Ortega viene a buscar a Carolina.

Que le...

-No pasa nada, Inés.

Déjanos solos. -Da igual lo que pase conmigo,

pero no firmes. -Ya es demasiado tarde para eso.

-Lo siento, Ángel, lo siento mucho. (SOLLOZA)

-Cuando llegué aquí,

me hablaron muy bien de su familia.

Me dijeron que eran buena gente, pero son unos miserables.

-Hago todo esto por el bienestar de ese niño.

No consentiré que mi nieto viva con un delincuente como tú.

¿Qué valores puedes enseñarle? -No estoy orgulloso de mi pasado,

pero ahora mi vida es otra. Ese niño tendrá nuestro cariño.

-La gente no cambia.

Solo oculta lo que lleva dentro.

Y tú solo llevas miseria y podredumbre.

-¿Y qué tiene usted?

Cuando ese niño sepa que lo separó de su madre,

¿qué cree que pensará?

Le despreciará igual que hizo su padre.

Gabriel se crió en esta honorable familia

y mire cómo salió. -¡No vuelvas a nombrar a mi hijo!

-Le molesta que le digan la verdad, pero tendrá que oírla.

Con su dinero no hará que el niño sea mejor.

-¿Tú qué sabrás? -Un niño necesita cariño

y eso en esta casa no abunda. -¡Fuera!

-No me iré sin el papel. -Ni lo sueñes.

-Ángel, vámonos de aquí. No hay nada que hacer.

-Hazle caso a tu novia.

Ella sabe lo que te conviene. -Nos volveremos a ver.

-Vamos, cariño.

¿Qué hacen aquí esos dos?

Nada, no ocurre nada.

¿Qué venías a contarme?

Padre, por fin la noticia que llevamos tanto esperando.

Ortega ha ido a detener a Santiago Miranda.

Definitivamente, este es un gran día.

-Señor Miranda, estoy hablando en serio.

Tiene que acompañarme a comisaría.

Está detenido.

-Con una noticia así pilla desprevenido a cualquiera.

Sepa que se trata de un error. -Ojalá fuera un error.

Se le acusa de un delito contra la salud pública.

De fraude.

Y de imprudencia temeraria.

(RÍE) -¿Y todo eso por qué, si puede saberse?

-Porque ha adulterado su propio vino

con un exceso de metanol que es dañino para las personas.

-Eso es una infamia.

-Ya terminará de explicarlo en comisaría.

Si no le importa... -No me ponga las manos encima.

No le acompañaré a ningún sitio.

-Santiago, lo siento mucho, pero creo que no tienes más remedio.

-Lamento que tenga que presenciar esta escena tan desagradable.

Entiéndame, yo cumplo con mi deber.

-Su deber es investigar y encontrar pruebas

y no hacer caso de los rumores que difunden los Cortázar.

-Yo no estoy aquí por ningún rumor.

Hemos encontrado una botella

con exceso de metanol.

-¿Por una sola botella que han encontrado

me acusan de envenenar mi vino?

¿Se da cuenta de lo que pasa?

-De lo único que me doy cuenta es de que está usted muy alterado.

-¿Qué te pongo? -Pues, no sé, la verdad.

Hola, Asunción. Hola.

Deberías probar las magdalenas que ha hecho Dimas

con una receta nueva. Son muy buenas, hazme caso.

Bueno, te aceptaré una por no hacerte un desprecio,

que una tiene que guardar la línea si quiere conseguir novio.

-¿Qué?

¿Qué tal? -Mmm.

Está claro que las pequeñas cosas te alegran el día.

Una de vuestras magdalenas, una canción de los Beatles,

un beso de...

bueno, de alguien que te gusta... -Bueno, eso son palabras mayores.

Eres muy joven, tienes una vida de esperanza por delante.

No siempre todo el mundo puede estar al lado de quien quiere.

-Bueno, Dimas, yo también he conocido el rechazo

y no se lo deseo a nadie, es muy triste.

-Te voy a poner media docena y se te alegrará la cara. Anda.

(RÍE) -Pónmelas, que no sabes vender tú ni nada.

-Aunque me parece que tampoco te hacen mucha falta.

Porque me da la impresión

que tú eso del desengaño ya lo tienes superado.

-Es cuestión de ver las cosas desde otro punto de vista.

Todo se andará.

-Bueno, pues aquí tienes.

-Toma. Gracias.

Y esta me la llevo. -Claro. (RÍE)

-Hasta luego. -Hasta luego.

-Hasta luego, Sofía. Hasta luego.

Me da que la hija del alcalde ya está ilusionada por alguien.

¿Tú sabes algo?

Pero ¿qué bicho te ha picado? ¿Qué?

Qué cara lleva toda la mañana.

Parece mi madre cuando hace 30 años le dije que me enamoré.

Estaba pensando en lo que ha dicho Asunción.

Nada más.

Si no me lo dices, eh,

porque Dios me dio muchos dones,

pero el de la adivinación, no. Qué pesadito.

Me refería a que las pequeñas cosas nos hacen felices.

(ASIENTE) Solo eso.

Aquí tenéis, para que os refresquéis el gaznate,

que con tanto órdago os vais a deshidratar.

¿Qué? (CAROLINA SOLLOZA)

(LLORA) ¿Qué he hecho, madre? -Hija.

-Soy un monstruo. -No, no eres ningún monstruo.

Solo eres una madre que quiere lo mejor para su hijo,

por muy doloroso que sea.

-Lo hice de verdad.

-Lo importante es que tu hijo no estará con desconocidos.

Los Cortázar son también su familia.

Y le querrán, ¿digo yo? Si no, no montarían este follón.

(SUSPIRA)

Deja de torturarte con esto. (CAROLINA LLORA)

-Por favor.

Ángel.

Mira, te dejaste esto aquí.

-¿Qué es eso?

-Nada, unos informes de la comisaría.

Los llevaba cuando supe que habías ido a ver a los Cortázar.

-Deja de contarle historias y dile la verdad.

Son los planos de la casa que pensaba construir

para que vivierais él, tú y el niño.

Hasta había dado una señal para comprar un terreno.

-Hostias.

Lo siento, mi vida.

Lo siento.

-Haz caso a tu madre y no le des más vueltas.

Lo hecho, hecho está.

-Claro que sí, hija.

Mi vida, tranquila.

-No has contestado a mi pregunta.

-Esto es una trampa de los Cortázar.

-No es una trampa. Es un fraude.

No es la primera vez que una bodega mezcla metanol

para sacar más beneficio.

-Las Bodegas Miranda no tienen que recurrir

a esos chanchullos para ganar dinero.

-Puede consultar mis libros de contabilidad.

-Eso lo haremos en otro momento.

-Ahora acompáñeme y no me lo haga más difícil.

-Está bien.

Resolvamos esto cuanto antes, es lo mejor para todos.

Pero no pienso dejar que me ponga las esposas

como si fuera un vulgar delincuente.

Soy un hombre de honor.

No te agobies, querida.

Volveré pronto y tendremos tiempo de reanudar

nuestra conversación de antes.

-Aquí estaré, encerrada, aguardándote en la casa.

Como una esposa abnegada.

-Padre ¿qué está pasando?

-Ya te dije

que los Cortázar no pararían hasta meterme entre rejas.

-¿Por qué se lo lleva? -Sr. Miranda, tenemos que irnos.

-Elvira, voy a ir con él.

-Espera, Luis, espera.

Antes tienes que saber de qué se le acusa.

Vamos a sentarnos

y así te lo podré explicar bien.

-No consigo quitármelo de la cabeza, Eduardo.

¿Qué se le ha perdido a Roberto en Holanda?

Con lo que sabe de vinos y su experiencia.

-Un hombre tiene que ir donde hay trabajo.

Y aquí no lo encontrará.

Después de la pelea con Rafael, no le querrán contratar.

Los bodegueros no quieren contratar a gente que dé problemas.

-Ese chico es muy trabajador y nunca ha dado que hablar.

-Ya, pero eso les da igual.

Valoran mucho a los Cortázar y no les harán ningún desaire.

Aquí se ha quedado sin trabajo.

-Y mi Manuela, sin novio.

-No digas eso, Roberto la quiere.

Además, no se va a hacer las Américas.

Estará seis meses fuera, nada más. -Seis meses dan para mucho.

-Bueno, dan para mucho.

-Solo digo que no me gusta que se marche ni tan lejos,

ni tanto tiempo. No traerá nada bueno... (DISIMULA)

-¿Qué pasa? ¿Por qué se callan?

¿De qué estaban hablando? -Nada...

Cosas, de cómo le ha ido a tu padre...

(LOS DOS) ... En la bodega. -Ya.

¿Seguro que no hablaban de Roberto?

Me lo he encontrado en la calle. Se va a Holanda,

a la recogida del tulipán.

-Ya lo sabíamos.

(SUSPIRA) -No sabes cuánto lo sentimos.

Seis meses es mucho tiempo para no verle.

Pero habrá que ser fuertes.

No es mucho consuelo, pero podéis cartearos

o telefonearos de vez en cuando.

-Tienes razón, madre. No es mucho consuelo.

Por eso he decidido que... me voy con él.

-¿Y cuáles son esas pequeñas cosas que te dan la felicidad?

Pues...

cosas que no puedo hacer porque tienen relación con Jesús.

Pasear...

charlar...

Dimas, he perdido un gran amigo y me da mucha pena.

¿Estás segura de que era solo un amigo?

¿A qué te refieres? Pues nada. Más claro, agua.

Como hablas de las cosas que hacías con él,

cuando te refieres a él... Más que un amigo, parece un novio.

Y estás amargada, porque ahora que lo vas a perder,

ves lo que significa para ti.

Yo quiero a Adolfo, Dimas.

Solo que...

Ay, no sé. No me líes, no empieces.

Mira, ¿sabes qué debes hacer?

Hablar con Jesús y aclarar las cosas

antes de que sea demasiado tarde.

¿Tú crees? Claro.

Hombre, Águeda. Mira...

Tengo unas magdalenas que os alegrarán el día.

¿Cuántas te pongo?

(CAROLINA) Lo siento.

¿Te he decepcionado?

Tú siempre me has apoyado

y yo no he confiado en ti para resolver este problema.

-No estoy decepcionado contigo, sino conmigo.

Has renunciado a tu hijo por culpa de mi pasado,

y eso es algo que no sé si me podré perdonar.

-Cielo, sé que lo habrías dado todo por mí y por el niño,

pero yo no podía hacerte pasar por ese trance.

Además, estoy segura de que...

de que un día te arrepentirías de haber hecho esto.

No quiero que nadie más pague por algo que solo es mi culpa.

-Jamás me arrepentiría de estar contigo.

-Eso lo dices ahora.

Sé que don Alejandro hará lo que sea

para hacernos la vida imposible.

Tú te marcharías y...

quien cargaría con todo esto sería mi niño.

-Chispi. (CAROLINA SUSPIRA)

(SUSPIRA) No pasa nada, cariño.

Sé que mi niño estará bien y que tendrá todo lo que necesite.

Al menos podré verle por ahí, por el pueblo.

Algo es algo, ¿no?

-Pero ¿tú estás loca, hija?

¿Cómo se te ocurre?

-Roberto me lo ha pedido y le he dicho que sí.

Yo también puedo recoger tulipanes.

Además, dicen que pagan muy bien.

-No, no, no. A mí no me parece bien eso.

Esto no es bueno para una chica soltera.

¿Dónde vas a vivir?

¿En los barracones, con los temporeros?

-No se preocupe, padre. Roberto ya ha pensado en eso.

Alquilaremos una habitación en una pensión.

Sale más caro, pero no estaré metida entre tanto hombre.

-¿Sola en una habitación con él?

Manuela, por Dios, que aún no estáis casados.

¿Qué dirá la gente? -Que digan lo que quieran.

Yo he tomado una decisión.

Me iré con Roberto a Holanda. Ya está.

Solo espero que lo entiendan.

-Ay, Eduardo. Que se nos desgracia la niña.

Tenemos que hacer algo. -Ya.

Como vea a Dimas, me oirá.

Si no le hubiera dicho lo de Holanda,

no estaríamos así.

Me cago en los tulipanes.

(SUSPIRA)

(ELVIRA SUSPIRA)

-¿Hola?

-Ah, Elena.

(BALBUCEA) -He encontrado la puerta abierta y he entrado. ¿Molesto?

-No, por supuesto que no. Pasa.

Ponte cómoda. ¿Quieres tomar algo? -No.

No, gracias, no me apetece. Lo que necesito es hablar con Luis.

-Lo siento, pero no está.

Ha ido a la comisaría para ver si podía hablar con su padre,

¿sabes que Ortega lo ha detenido?

-Sí, ya lo sé. De hecho...

es por lo que he venido.

-No debe de ser plato de buen gusto, que la Policía detenga a tu padre.

A pesar de todo, y sintiéndolo mucho por Luis,

me alegro de lo que le ha pasado a mi marido.

(SUSPIRA)

Espero que sienta en la cárcel lo que yo he sentido en esta casa,

encerrada tantos años.

Siéntate, mujer. -No, estoy bien. Gracias.

-¿Por qué pones esa cara?

Tendrías que alegrarte de que él esté en prisión.

Sin ti, Elena, todo esto no hubiera sido posible.

-Lo sé, doña Elvira pero yo solo quiero

aclarar la muerte de mi hermano.

Aunque haya pagado este precio tan alto,

porque Luis no me perdonará que ayudara a detener a su padre.

Él cree que es inocente.

-Tranquilízate, Elena.

Ya habrá tiempo para que Luis abra los ojos

y se dé cuenta de que su padre ha cometido esos delitos.

Así entenderá por qué lo has hecho. -Yo no estaría tan segura.

Tendría que haber visto con qué odio me miraba.

-Pase por aquí, Don Santiago.

(GRITA) ¡Me cago en la mar salada! -Estaba pensando.

-¿Pensando? Si piensas menos que el burro de Facundo.

Levanta de esa silla y vete

a quitarme esa manifestación de ahí.

No me explico cómo han podido saberlo tan pronto.

Siéntese, siéntese, don Santiago,

mientras firmo los papeles de su detención.

-Le juro que pagará cara esta humillación.

Debería elegir mejor a quién sirve.

-Yo solo sirvo a la justicia.

-No por mucho tiempo.

En cuanto acabe todo esto, me encargaré de que lo echen.

Ya puede ir pidiéndole trabajo a Vicente Cortázar.

-Por mucho que se odien,

se parecen más de lo que ustedes se imaginan.

Están siempre amenazando. -No.

No era una amenaza, era una promesa.

(SUSPIRA)

Usted no sabe con quién se juega el pan de su hija.

-Pues claro que lo sé.

Por eso lo que querría es estar destinado

en otro lugar en vez de aquí.

Pero las cosas son como son.

Me pagan por hacer mi trabajo.

Así que, por favor, vamos al calabozo.

-Si cree que pondré los pies en una de esas celdas mugrientas,

está más loco de lo que yo pensaba.

-¿Algún problema, tío? -Es nuestro invitado especial.

Los análisis de la botella de vino Miranda

han dado positivo en metanol.

Ha podido morir mucha gente.

-Ustedes creen que pueden jugar con la vida de las personas.

Se le acabó el chollo.

-¿Y tú quién te crees que eres para hablarme así?

¡Mamarracho! -Usted es el único mamarracho.

-Basta de cháchara.

Pajarillo, toma.

Vaya por Dios.

Anda, lleva al Sr. Miranda al calabozo.

Si se niega, espósale. -Acompáñeme, por favor.

-Ustedes pagarán por esto.

Pueden estar seguros.

-Tú córtate un pelo.

Además de llegar tarde, casi me buscas la ruina.

¿Dónde te has metido?

-Intentaba que otro milloneti no se saliera con la suya,

pero no he tenido suerte.

-Toma, Victoria. -Gracias.

-Hala. -Hasta luego.

-Buenas. -No me lo diga.

Quiere magdalenas de las que se ha llevado Asunción.

-No. Quiero una barra de pan, que se le ha olvidado.

La engatusa para que compre y se deja lo imprescindible.

-No se ponga así, que le subirá la tensión.

Un paseíto no hace mal a nadie. -No acostumbro a pasear porque sí.

Eso se lo dejo a las que van por ahí zascandileando para exhibirse.

Hay que ver cómo se ha relajado de costumbres este pueblo,

desde que falleció el pobre don Genaro.

Dios lo tenga en su gloria. -¿Cuándo viene el sustituto?

-Pues no tengo ni idea, pero espero que sea pronto.

Hay demasiada oveja descarriada por ahí.

Sobre todo los jóvenes, que prefieren ir a las "boîtes"

y al cine que no a la iglesia.

-Tampoco es para exagerar, Clotilde, hay tiempo para todo.

¿De joven no le gustaba disfrutar? -Sí, pero como Dios manda.

No como ahora, que el diablo campa a sus anchas

por esas "boîtes" oscuras donde bailan agarrados como lapas.

Pero, claro, si la gente que debería dar ejemplo

de decencia y de rectitud hace lo que hace,

qué no harán los pobres jóvenes que son impresionables.

-¿Habla de alguien en concreto?

-Dimas, los dos sabemos de quién hablo.

Y tenga usted cuidado.

Que el diablo a veces adopta formas de mujer muy bellas,

para tentarnos.

-Es su padre y le quiere a pesar de que ha hecho cosas horribles.

-Por supuesto, es lógico.

Pero Luis también es un hombre justo

y nunca ha dudado en enfrentarse a su padre

cuando ha visto que algo de lo que hacía no estaba bien.

-No estoy tan segura, Elvira.

Aunque esto se aclare y su padre sea culpable,

siempre existirá esa sombra entre nosotros.

(RESOPLA) -No.

No te desanimes, mujer. Tienes que seguir luchando.

Tienes que lograr hacerle entender

que has actuado así porque no te quedaba otro remedio.

-Por eso he venido.

Necesito decirle que siento todo lo que sufre por mi culpa.

-Por tu culpa, no. Elena, por Dios.

El único culpable de su sufrimiento es su padre y nadie más.

-Ojalá S. Miranda no tuviera relación con la muerte de Gabriel.

Pero me temo que no es así.

Adiós, doña Elvira. -Adiós, cielo.

(SUSPIRA) Madre mía.

-Cuando llegué ya no pude hacer nada.

Carolina había firmado el documento cediéndoles el niño a los Cortázar.

-Entonces ya está todo hecho.

-De eso nada. El Gato no tira la toalla a la primera de cambio.

Seguro que un buen abogado podría arreglarlo.

-Es tu palabra contra la suya.

Además,

Carolina ya ha renunciado a ese niño.

-¿Dónde está mi padre? Exijo verle inmediatamente.

-Buenos días. -Hola, Pilar.

-A las buenas. -¿Qué?

Ustedes también comentando la noticia, claro.

¿No se han enterado de lo de Santiago Miranda?

-¿Qué ha pasado? -Lo han detenido.

-¡Ay! -¿Lo dices en serio?

-Ortega se lo ha llevado a la comisaría.

-Tiene que ser un error.

Santiago Miranda es una bellísima persona.

-Eso lo será con usted, no opinan lo mismo sus peones

cuando están en mi fonda.

-Ya sabemos que la gente que acude a su establecimiento

son gente de malvivir y borrachuzos. ¿Quién les va a creer?

-No, son gente pobre pero honrada, eso es lo que son.

Mejor que no le repita lo que dicen de su queridísimo Santiago Miranda.

-Bueno, pues la verdad es que no me siento cómoda oyendo barbaridades

sobre alguien tan respetable. Ea, con Dios.

-Con Dios...

-Dele recuerdos a su marido, es uno de mis mejores clientes.

(DIMAS Y PILAR RÍEN)

-Esa necesita que alguien le baje los humos.

-Ay, sí. -Qué barbaridad.

Anda, dame un par de kilos de harina. -Venga.

-¿Un café para hacer la espera más llevadera?

-Gracias.

-Yo me tomaré el otro que me hace falta.

-Pero ya le he dicho que no puede visitarle

hasta que el juez le tome declaración.

Váyase a casa y espérele allí. -Prefiero esperar aquí

hasta que se aclare este malentendido.

El abogado está a punto de llegar.

Ortega, se está equivocando, mi padre es inocente.

-Eso lo tendrá que decir un juez.

Yo solo cumplo con mi deber.

Además tengo que comunicarle que he dado orden

de precintar las Bodegas Miranda.

-¿Cómo?

¿Sabe lo que eso significa para mi negocio?

-Claro que lo sé y lo siento mucho, pero está en juego la salud pública.

De momento no podrá salir ninguna partida de vino hasta nueva orden.

Hombre, los que faltaban. Pajarillo, vete a buscar a Ángel.

-Venimos a comprobar que se ha hecho justicia.

(INÉS SUSPIRA)

-Tómate esta tila a ver si te tranquilizas.

No hay quien te entienda. ¿A qué vienen esos lamentos?

¡Pareces la virgen de las angustias! -Nos ha mirado un tuerto.

Acabamos de salir de lo de la vista con Eduardo

y ahora nos viene Manuela con estas. -¿Está enferma?

-Mucho peor que eso, que se nos ha vuelto loca.

-¡Ay, Inés! No me digas eso, de verdad que me asustas.

Yo no estoy muy católica, no me sueltes las noticias así.

-Todo ha venido del despido del novio, no sé si tú sabrás

que Rafael ha echado a Roberto de las Bodegas Cortázar.

-Como para no saberlo.

Lo han comentado toda la mañana en la carnicería.

-Menudo disgusto que tenemos en la familia.

-Imagino que el pobre Eduardo debe estar fatal,

tener que lidiar con el despido de su futuro yerno.

-Imagínate. El hombre, que es un bendito de Dios,

ha hecho todo para que no le echaran pero llega un momento

en el que no tienes más remedio que aguantar y callar.

-¿Y el muchacho qué va a hacer? -Pues esa es la cuestión,

con todo el jaleo que se ha armado no cree que encuentre trabajo aquí.

Le han ofrecido marcharse a Holanda a recoger tulipanes

y ha dicho que se va. -¿A recoger tulipanes?

-Lo que oyes. -Pero si ni se comen ni se beben.

¿Pagan por recoger tulipanes? -¡Bueno, ya lo creo!

Y mucho, según lo que nos ha contado.

Esa es la cosa. -¿Pero el qué?

-Pues que mi Manuela dice que se va con él. ¿Tú te crees?

-¿Y por eso estás así? ¡Yo pensaba que le pasaba algo grave!

-¿Te parece poco?

-Que un hijo se tenga que ir de la casa

para ganarse las habichuelas siempre es duro,

pero si ella ve claro que su vida está junto a la de ese muchacho...

-Mira, Renata, en esos países más modernos

no importará que una chica soltera vaya por ahí con un hombre,

pero es que estamos en España. -Ay, por Dios,

yo no digo que para una madre sea lo mejor,

pero bueno, la cosa ha venido así

y quién iba a decir que ese muchacho se iba a quedar sin trabajo.

-Sí, tienes razón. No sé la manía que le ha entrado a mi hija,

hace unos meses no quería ni oír hablar de novios,

me echaba a mí la culpa

de que le estaba metiendo a Roberto por los ojos,

y ahora es que no hay quien la separe de él.

-Pues piensa bien lo que vas a hacer, si os oponéis a que se marche

y luego la chica se va, la relación entre vosotros no va a ser la misma

(Teléfono) y puede ser que hasta la perdáis.

Me imagino que no es lo que tú quieres.

-Ay, no... -¿Dígame?

Hola, Adolfo.

No, he estado a primera hora en el pueblo.

¿Por?

¿Que ha pasado qué?

-Aquí dice que los cruceros se están poniendo muy de moda.

Es una forma estupenda de conocer muchos lugares en poco tiempo

y sin bajarte del barco.

Padre, ¿me está escuchando?

-Sí, sí, hija, sí. Sí, dime.

-Escuche lo que dice. (CARRASPEA)

(LEE) "Todo el lujo de un hotel veneciano en un transatlántico

con siete bares americanos, salas de cóctel,

salones de baile y hasta un teatro". ¿Qué le parece?

Bueno, sería un viaje de novios estupendo.

No es que quiera hacerme ilusiones con lo de Luis...

-Sí, sí, estupendo.

-¿El qué le parece estupendo, padre? Si no me está escuchando.

-Perdona, hija, es que estoy...

con la cabeza un poco en otra parte.

-¿No me dirá que es porque está concentrado leyendo ese periódico?

A usted le pasa algo.

-Tienes razón, nadie me conoce como mi pichoncita.

-Cuénteme, ¿qué le preocupa?

Desahóguese, que estoy aquí para escucharle.

-No, bueno, es una cuestión profesional,

de un niño que tiene la fiebre muy alta y no consigo hacer que...

En fin, que no doy en el clavo. -Bueno,

seguro que si se tranquiliza y no se angustia pensándolo

acabará dando con ello.

-Ay, ay, ay...

-Anda, deja que te ayude. Ya termino yo solo.

No hace falta que vengas cuando ya estoy terminando.

Haber venido antes.

Vaya humor gastas últimamente. No hay quién te aguante, Jesús.

Perdóname.

Perdóname, lo que me pasa no tiene que ver contigo y...

En fin, perdóname. Al menos lo reconoces.

¿Qué pasa, hermano?

Ni yo me lo explico, será la tensión de los últimos meses

que me sale ahora...

En fin, ya se me pasará. ¿Querías algo?

¿Te has enterado de la noticia bomba? ¿Cómo no hacerlo?

Los peones no hablan de otra cosa. Santiago Miranda detenido.

Corren muchos rumores, unos dicen que ha sido por algo del vino,

otros dicen que es el asesino de Gabriel Cortázar.

No sé, ¿tú has oído algo más?

Nada, pero si Ortega se ha atrevido a meterlo en la cárcel

tiene que ser algo gordo.

En fin,

basta de cháchara, tengo mucho trabajo por hacer.

Sí, está bien. Me voy a las viñas a ver cómo va el alambrado.

Adolfo acaba de salir, si corres un poco todavía lo alcanzas.

No quiero hablar con él sino contigo.

¿Habéis venido a regodearos viendo a mi padre en la cárcel?

Él no ha hecho nada. No, no, no.

Adulteró una partida de vino, mi hermano lo descubrió

y él le mató, casi nada. Eso es mentira.

-¡Ya está bien! ¿Van a empezar como siempre?

-Ya veremos quién acaba entre rejas cuando se sepa la verdad: si mi padre

o vosotros por falsificar pruebas. ¿Ah sí?

Eso no me lo dices en la calle. ¡Quieto!

-Quieto, se te va a despeinar la cresta.

Es tu padre quien se va a arrepentir pero de haber nacido, además.

Déjalo, Vicente.

No te ensucies las manos con esa basura.

-¿Qué queréis, que os meta a todos en el calabozo con el Sr. Miranda?

¿Pretendéis eso?

-Esto no va a quedar así.

-Y ustedes deberían irse también. -Venimos a ver la cara

del asesino de mi hijo. -Quiero recordarles

que el Sr. Miranda está detenido por adulterar el vino,

no por un asesinato, no se equivoquen.

Ortega,

solo tiene que interrogarle como se merece para que confiese.

Haga bien su trabajo por una vez en la vida, haga justicia.

Tenéis un sentido de la justicia muy peculiar,

solo os interesa cuando la cosa no va con vosotros.

-¡Ángel! ¿Te escuece algo, gatito?

-No me gustan las insinuaciones de su sobrino.

-Lo mejor será no perder el tiempo, será mejor para todos.

Saben que no pueden ver al detenido.

Estaremos muy atentos a lo que haga, Ortega, muy atentos.

¡Esto es un polvorín!

¡Ahora vienes tú y enciendes la mecha!

¡Hay que joderse!

-¿Adónde vamos a ir a parar en este pueblo? ¡Qué escándalo!

Ay, vengo de la panadería. Nene, no sabes lo que he escuchado ahí.

-¿Qué ha pasado, mujer? -Han detenido a Santiago Miranda.

-Pobre Luis, estará destrozado. ¿Se sabe por qué?

-Pues no, hija, pero eso no importa porque es una injusticia.

Tú como el alcalde tienes que hacer algo.

Creí que había sido lo suficientemente claro.

Sí, lo fuiste, pero me niego a aceptarlo.

No quiero que dejemos de ser amigos, yo te necesito.

¿Y lo que necesito yo qué? No importa, ¿no?

No digas eso.

Para divertirte y pasarlo bien está Adolfo, pero cuando necesitas

contarle a alguien tus penas no te sirve y me buscas a mí.

Te busco a ti porque nos entendemos sin hablar,

por eso te busco.

¿Qué voy a hacer yo sin ti, eh?

Francamente me importa un bledo.

¿A qué viene ahora este drama?

Tienes otros amigos y está Rosalía. No vas a estar sola.

¿Rosalía? Sabes de sobra que lo que tú y yo tenemos es otra cosa.

Jesús, no quiero perderte.

Pues ya puedes irte acostumbrando,

las cosas no van a ser como antes.

He intentado ser tu amigo mucho tiempo

y no he podido, no aguanto más.

Me duele que digas eso.

Y a mí me duele no estar con la mujer que quiero,

pero lo tengo que hacer, por tu bien, por el mío

y sobre todo por el de Adolfo. Y ahora, si me disculpas,

tengo mucho trabajo por hacer.

Que le cuento a Renata la locura que está a punto de hacer tu hija

marchándose a Holanda con Roberto y va y me dice que lo entiende.

Vamos, que no le parece tan mala idea.

-Claro, si fuera su hija no pensaría de la misma manera.

-Eso mismo le diría yo, más fácil hacerse la moderna

cuando no es tu sangre la que está en un brete.

Porque tú piensas lo mismo que yo. ¿No, Eduardo?

-Sí. -Ah.

Pues a ver si le quitamos esa idea de la cabeza a la niña,

se ponga como se ponga.

-No sé si se la voy a poder quitar de la cabeza

porque es una cabezona de aúpa.

-Pero luego no te eches atrás, que nos conocemos.

Te dice cuatro tonterías, te ablandas como una torrija

y la que queda como la mala soy yo.

-¿Qué me estás diciendo, que no sé tratar a mi hija?

-No me hagas hablar que no está el horno para bollos.

¿Tan mal la hemos educado para que no se dé cuenta

del disparate que está a punto de cometer?

-Es que es joven,

se piensa que puede con todo lo que se presente por delante.

-Nosotros también lo fuimos y no teníamos la cabeza llena de pájaros.

-¿Quién tiene la cabeza llena de pájaros?

-¿Quién va a ser? Tú, con esa idea de marcharte a recoger tulipanes.

-Madre, no hay quien la entienda. Primero me da la tabarra

para que me ennovie con Roberto porque es buen mozo y honrado.

¿Ahora no quiere que me vaya con él? -Ya tendréis tiempo cuando os caséis.

-Si lo que le preocupa es que vivamos bajo el mismo techo,

quédese tranquila,

porque Roberto me ha dicho que me va a respetar.

-Ya, y voy yo y me chupo el dedo. Mira, los hombres son hombres

por muy decentes que sean. Le dices que te quedas aquí con tu familia

como haría una chica decente. -Pero madre...

-¡Ni madre ni leches!

(Llave en un cerrojo)

-Sr. Miranda, tiene usted visita.

El Dr. Cela está muy preocupado por su estado de salud.

-Te he traído las pastillas para la hipertensión.

-Les dejo a solas para que haga ese reconocimiento.

Le ruego que sea breve.

-Supongo que debo estarle agradecido por este mínimo gesto de humanidad.

-No es necesario.

Lo que menos me gustaría a mí

es que un detenido se me muriera en el calabozo.

-¿Cómo estás?

-¿Cómo quieres que esté,

encerrado en este sitio inmundo?

-¿Saben algo de lo mío? (SANTIAGO RÍE)

-¿Ortega ha preguntado por los informes?

-Creí que estabas aquí porque el que te preocupaba era yo,

pero ya veo que no es el caso. -No, Santiago, sabes de sobra...

que si localizan esa botella pueden descubrir que fui yo

quien falsificó los informes de Genaro y de Reverte.

No nos conviene a ninguno de los dos. -Tranquilízate.

¿Quieres que los de arriba te oigan?

-Desde que empezó esto me dices lo mismo: "tranquilízate".

Mira dónde estamos: tú en la cárcel y yo a punto de entrar.

-Estamos preocupados por ti.

No creemos que sería conveniente que una chica joven e inocente como tú

se fuera sola por ahí con un hombre y que no fuera su marido.

-¿Y qué va a pensar la gente?

¿Qué va a pensar don Alejandro? -"¿Qué va a pensar?".

Siempre está con el qué dirán, es lo único que le importa.

-¿Has visto cómo me habla esta mocosa?

-Madre, lo único que quiero es que se respeten mis decisiones.

¿Quiere que sea feliz?

Por favor, déjeme ir,

le prometo que no haré nada que les pueda ofender, se lo prometo.

-Hija, no me mires así, tu madre tiene razón.

Mientras estés bajo nuestra tutela

no vas a irte con nadie a ningún sitio.

-¿Y si no les hago caso?

Porque ya soy mayor de edad.

-Manuela Matute, vas a hacer lo que te estamos diciendo porque si no...

-¿Me va a encerrar como don Alejandro encerró a Elena cuando se enteró

que estaba con el Miranda? -¿Sabes qué te digo?

-Perdón, no digas nada que vas a decir algo que no sientes.

Manuela, no te voy a obligar a hacer lo que no quieras,

pero me causarías mucha decepción el que te fueras con él

y me partirías el corazón.

Bueno, ya se me han quitado las ganas de cenar.

-Ay...

-No digas tonterías,

si sospecharan de ti no te habrían dejado entrar a verme solo.

-Pero pueden hacerlo.

Debería de contarlo todo, adelantarme y contarlo todo.

-Eso ni se te ocurra.

¿Estás pensando en traicionarme?

-No veo otra opción, tú me obligaste a falsificar los informes.

-¿Yo te obligué? ¿Te obligué yo a quedarte con el 5% de mi empresa?

-¡Déjame, coño! ¿Estás loco o qué?

-Si hablas te mataré con mis propias manos.

-Te has vuelto loco.

-Escúchame,

si hablas con Ortega te estarás poniendo la soga al cuello.

-¿Qué quieres que haga?

No quiero pasarme el resto de mi vida en la cárcel.

-De momento tener paciencia.

Mi abogado me sacará de aquí pronto.

Después desmontaremos la acusación.

-¿Y si me preguntan por los informes?

-Tú mantente firme,

asegura que son auténticos,

no pueden probar lo contrario.

Hazme caso y haz lo que te digo,

porque si no me encargaré de que no vuelvas a ver salir la luz del sol.

-Aquí tenéis, dos chatos.

-Muy bien. Esa rondita, Pilar, cóbratela de aquí.

-Muy bien.

-Mira que me extraña tanta generosidad,

tú con los vinos eres de puño cerrado.

-Qué no, que estoy contento de haberle dicho a Manuela

que se viniera a Holanda, que me haya dicho que sí,

y todo gracias a ti. Gracias, amigo. -Lo que yo decía, un agarrado.

-No tientes a la suerte. A la próxima invitas tú.

(AMBOS) Salud.

-¿Cuándo os vais?

-No lo sé, cuando me diga Manuela.

A ver qué le han dicho. Mira, está aquí.

-Hola. -¡Hola!

-Tenemos que hablar.

-¿Qué pasa, mi niña? ¿A qué viene esa cara?

-Que les he contado a mis padres lo de irme a Holanda y...

Y que me han dicho que no, que no me dejan ir.

-Ese Ortega es un inútil.

Al menos ha tenido el valor de detener a Santiago Miranda.

¿Y de qué nos ha servido? Solamente le acusarán

de adulteración del vino, pero de lo de Gabriel nada.

En cuatro días estará en la calle. Será mejor que no nos adelantemos.

-Rafael tiene razón, la investigación no ha terminado,

puede dar muchas vueltas. ¿Todavía dudas de que sea

el asesino de nuestro hermano? No dudo, pero para acusarlo

hay que demostrarlo y encontrar pruebas.

Ortega tiene que hacer su trabajo y encontrarlas.

¡Si ni se encuentra la bragueta para mear! Como para dejarle

que dé con algo más. Ya está bien.

Quiero que levantéis vuestra copa y que brindéis conmigo.

Por Gabriel,

y por su hijo que pronto estará entre nosotros.

-¿Tan mal se lo han tomado? -Pues sí, yo no me lo esperaba,

pero dicen que eso no es propio de una chica decente,

que qué dirá el pueblo y que no, que sin estar casados, no.

-¿Y qué vamos a hacer ahora?

-Pues no lo sé.

Yo no me quiero separar de ti pero no me puedo ir sin su aprobación.

Tendrías que haber visto la cara que ha puesto mi padre,

nunca lo había visto así.

-Hay que mirarlo por el lado bueno, son solo seis meses.

-¿Y si cuando vuelvo no me sale trabajo

y me tengo que volver a marchar? -No, rezaremos para que esto no pase.

-Hay otra opción, es una locura pero hay otra opción.

Manuela,

¿tú por qué te quieres venir conmigo a Holanda,

porque quieres estar conmigo

o también hay algo de darle en las narices a Rafael?

-¿Pero por qué dices eso?

No, ¿qué tiene que ver eso con tu solución?

-Pues mucho, necesito saberlo.

¿Te quieres venir conmigo porque quieres estar conmigo?

-Sí, claro. -¿Sí?

-La Virgen... ¿Qué haces? Te has vuelto loco.

-Me he vuelto loco pero por esta mujer.

Manuela, nunca pensé que te lo pediría así,

pero las circunstancias mandan. -Roberto, por favor, levántate,

que nos está mirando todo el mundo. -Que miren lo que quieran.

Tan solo le estoy pidiendo a mi novia que ahora sea mi mujer.

¿Qué me dices?

¿Te quieres casar conmigo?

-Pues sí. -¿Sí?

(Risas y aplausos)

-¡A esta ronda invita la casa!

Así que la chica de la fonda ha aceptado darnos la custodia.

Con el asunto de Santiago Miranda

me he olvidado de comunicaros la buena nueva.

Ese niño se criará como un auténtico Cortázar.

Y tú, Rosalía, ve preparando las maletas,

pronto irás a Argentina. -¡No puede molestarles!

-¿Qué son esos gritos? -Lo siento, he intentado impedírselo.

Madre de Dios... No, si esto ya es un clásico.

Déjalo, Inés, empieza a ser una costumbre.

¿Ordeno que te pongan un plato para comer?

En el suelo, por supuesto.

¡Cariño! ¿Te has vuelto loco?

-Si queréis guerra la vais a tener.

-¡Que alguien haga algo, por favor! -¡Vicente, aparta!

¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar, hijo de perra!

¡Ven a por más!

Vete de aquí, Luis. -Creí que eras diferente,

pero eres igual de despreciable que ellos.

Me has sacado información sobre mi padre

para utilizarla en su contra.

No sé cómo he podido enamorarme de alguien como tú.

Me das asco, Elena,

asco.

-Tranquila, hija.

-No puedes ir al extranjero con tu novio.

-¿Y si es con mi marido?

Roberto me ha pedido que me case con él y yo le he dicho que sí.

Hubo un momento en que no tenía claro qué sentía por ti,

incluso pensé que podríamos llegar a ser algo más que amigos, pero no,

ahora sé quién eres,

y lo único que siento por ti es desprecio.

Yo no sé si me quiero casar con él

y no puedo tenerlo más tiempo así, no puedo posponer más esa decisión.

Sofía, ¿tú estás enamorada de él?

Ay...

(TITUBEA)

No lo sé.

Si no frenamos esto lo antes posible luego va a ser peor y no...

¿Frenar qué, la boda o nuestra relación?

¿Nuestra relación?

Esto no puede ser así tan de repente. No insistas, no hay más que hablar.

¿Adónde se lo llevan? -Me llevan a Logroño.

Estaré en la cárcel hasta que se celebre el juicio.

-Removeré cielo y tierra para sacarlo.

No pararé hasta que lo vuelva a ver en casa.

Yo también me veía como un tipo duro que podía con todo,

y al final la vida te pone en tu sitio.

-Tener algo aquí dentro y sentir no es malo,

significa que eres una buena persona.

-Repetiría todas las palabras que dije.

Provocasteis esto para meter a mi padre en la cárcel.

-Tu padre se merece todo lo que le está pasando, es culpa suya.

-Mi padre demostró que no estuvo en las bodegas, estaba en un casino,

un camarero lo confirmó.

Necesito saber la verdad. -Fue Ormaechea,

se le fue la mano con el metanol.

Pero te juro que yo no asesiné al pequeño de los Cortázar,

estuve en el casino de Logroño,

un camarero lo ha confirmado. -Sí, Zacarías.

He estado hablando con él hace una hora

y me ha dicho que esa noche...

usted no pisó el casino.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 74

20 ago 2013

 Ortega detiene a Santiago Miranda, lo que provoca la reacción airada de Luis contra Elena. Luis piensa que todo es un complot de los Cortázar. Sofía intenta que Jesús y ella sigan siendo amigos, pero Jesús no está por la labor. No puede ser amigo de la mujer de la que está enamorado.

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