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No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 73 - Los análisis del vino de la botella Miranda que Elena llevó a comisaría confirman que está intoxicado - ver ahora
Transcripción completa

-Adelante.

-¿Qué tal has dormido?

-No muy bien. ¿Y usted? ¿Ha descansado?

-Apenas he podido pegar ojo.

-Por los análisis del vino, ¿verdad?

-Sí, hoy es un día muy importante.

Por fin se podrá hacer justicia

y los Miranda tendrán su merecido.

-Padre,

por favor,

¿por qué hay tanto odio entre nuestras familias?

-Es una larga historia.

-Ya, pero...

es el momento de que me lo explique.

-A lo largo de los años, los Miranda

se han dedicado a fastidiarnos en lo que han podido.

Es lo único que debes saber.

-Deje de protegerme y de tratarme como a una niña.

-Necesito saber

cuándo nació ese odio entre nosotros.

-Los Miranda son nuestros enemigos.

Por eso me dolía tanto que cayeras en brazos de Luis.

Por Dios, estuviste a punto de fugarte con él.

-Ya, pero eso no volverá a pasar. Se lo prometo.

(Toques en la puerta)

-Oh. Perdón.

No sabía que estaba aquí, padre.

¿Molesto? -No.

Yo ya me iba.

-¿Estás bien?

-No lo sé.

Supongo que ese es el problema, que no...

no sé lo que me ocurre.

-Estate quieto de una vez.

Vas de un lado al otro y no dejas ni trabajar.

-No sé cómo puede trabajar.

Me comería las uñas, pero ya lo he hecho.

-De aquí a Logroño hay una tirada.

De aquí a que venga Pajarillo pasará un buen rato.

-Ya lo sé. Estoy nervioso de todos modos.

¿Quiere apostar algo?

-¿Apostar? -Sí.

¿Nos jugamos un almuerzo?

Los análisis darán positivo.

El vino de Miranda estaba intoxicado.

-No apostaré ni contigo ni con nadie.

Apostar no es profesional.

-Es usted un acojonado.

-¿Qué has dicho?

-Nada, hombre, nada.

Pero, vamos a ver, aparte de lo de la apuesta,

¿qué cree que pasará? ¿Los Cortázar llevan razón?

-No lo sé, está todo muy complicado.

Según ellos,

Ormaechea, el químico,

vio a Gabriel en Madrid y le contó lo del metanol.

Gabriel volvió aquí

y fue a chantajear a Santiago Miranda.

-Justo. Y eso convertiría a Miranda en el principal sospechoso.

-Sí, pero hay algo que no me cuadra.

¿Por qué razón Miranda no pagó a Ormaechea y a Gabriel?

Tiene dinero para eso y para más.

-Ya. -Lo paga y se quita el problema.

-Pero un chantaje así podría eternizarse.

Quizá Miranda cortó por lo sano.

De los chantajes se sabe el inicio, pero no el fin.

-¿Más café, Señor?

-Sí, Chelo.

-Tengo por delante un día muy largo

y he dormido poco.

-Su hijo tampoco ha dormido demasiado.

-Se quedó leyendo un buen rato después de la visita de Asunción.

-Ah. ¿Estuvo aquí Asunción?

-Sí. -No lo sabía.

Muchas gracias, Chelo.

Recuérdame que un día de estos te suba el sueldo.

-Muchas gracias, don Santiago.

Buenos días.

-Buenas. -Buenos días, Luis.

-¿Café? -Sí, por favor.

-Luis...

-Gracias. -Disculpa que me inmiscuya, pero...

últimamente te veo... te veo triste.

¿Te ocurre algo?

-No, estoy preocupado por las bodegas.

¿Tiene que ver con Elena?

Aquí me tienes.

Si necesitas desahogarte...

-Solo es un tema profesional.

-No, si yo te entiendo.

Yo también me refugio en el trabajo cuando lo demás me falla.

Pero no tienes que obsesionarte. Tómate el día libre.

Seguro que tienes alguna amiga con la que ir a pasear.

-"Alguna amiga". ¿A quién se refiere?

-Creo que has vuelto a ver a Asunción.

-Sí, y es exactamente eso: una amiga.

-No sabes cuánto me alegro.

-Padre, debería dejar de insistir con eso.

-No le funcionó antes y tampoco ahora.

Me voy a las bodegas.

-La verdad es que llevas unos días muy raro.

Casi no te reconozco.

No pareces tú.

Te peleas con Roberto, lo despides,

llegas borracho y casi te enganchas con Vicente.

-Sí, desde luego.

Cada vez me parezco menos a ese mindundi,

que nadie tenía en cuenta.

-Nadie te ha tomado por un mindundi nunca.

Todos te tenemos por una persona equilibrada y razonable.

Despediste a Roberto para demostrar tú carácter y te has equivocado.

-No, no solo fue por eso.

Roberto se equivocó.

Nos metió en un lío con Cárdenas, uno de nuestros mejores clientes.

Por eso lo despedí. -Ya.

-¿Y por qué te peleaste con él?

-Porque no aceptó su despido, es evidente.

-Rafael.

Detrás del despido y de la pelea hay otro motivo.

Sí.

Y se llama Manuela. -Ja.

-Lo despediste por celos.

Y te has peleado con él por el mismo motivo.

¿O me equivoco?

-Mira... no soy perfecto.

Lo siento.

(Puerta, se abre)

(Puerta, se cierra)

-Santiago Miranda tiene una coartada perfecta.

No estuvo en Lasiesta el día de autos.

Recuerda que tenemos un testigo, el camarero del casino de Logroño.

-Sí, ya, pero Miranda pudo encargar la muerte de Gabriel

y asegurarse la coartada para quedar fuera de sospecha.

-Claro que sí. Es una buena idea.

Puede ser. ¿También puede ser que esto sea una martingala?

-Pero vamos a ver, tío.

¿Cree capaz a Elena de inventarse algo como lo del vino intoxicado?

-No lo sé.

Pero no tenemos ninguna prueba tangible.

-El vino que estaba al lado del padre Genaro fue analizado

y dio valores normales.

-Ya, pero ¿para qué se lo inventaría?

-Yo qué sé.

Para fastidiar a los Miranda.

-Vamos a ver, tío.

Le recuerdo que Luis y Elena estaban ennoviados.

-Sí. Mira, otra razón. Una mujer despechada

es capaz de cualquier cosa. -Que no.

No la creo capaz de algo así, y no es por llevar la contraria,

pero me da que hay algo de cierto.

¿Y si fuera así?

¿Y si se demuestra que el vino estaba contaminado?

-Meteremos en el calabozo a Santiago Miranda.

Pero por adulterar el vino, no por lo del asesinato.

Para eso necesitamos más pruebas, o tener otros testigos, o algo.

-Qué bien nos hubiera venido interrogar a Ormaechea.

¿Dónde se habrá metido?

-Ya hemos dado orden de búsqueda y captura

y no está por ningún lado. Se habrá ido a América.

-Son las 9:30 h, el reloj va cada vez más lento.

-Sobre todo si lo miras cada rato.

Oye, ¿por qué no te vas a la fonda

y ves un rato a la novia? Así te tranquilizas.

-Mire, sí. A lo mejor así me distraigo.

En media hora vuelvo.

-Ven pronto porque hoy tendremos un día movido.

-Un día precioso el de hoy.

(SANTIAGO ASIENTE)

En esta casa

un día puede ser maravilloso para uno

y un espanto para otro.

-Creo que hoy será un día estupendo.

Al menos para mí.

-¿Qué vas a hacer?

¿Abrir una licorería?

¿O terminar el puzle que hace años que empezaste?

-Ahora que lo dices, creo que sí.

Hoy voy a acabar ese maldito puzle.

Estoy deseando empezar con uno nuevo.

De cero.

-Pues nada. Tú, a hacer puzles.

Y yo, a seguir trabajando.

Te escribiré el teléfono de Destilerías Marco, en Haro,

por si alguien quiere localizarme

y se lo das.

-Claro, si alguien te busca le diré donde te puede encontrar.

Ningún problema.

¿Alguna orden más para su secretaria?

-Me gustaría que no bebieras demasiado.

-Ah. (RÍE)

Ahora que lo mencionas, te voy a decir una cosa.

Hoy dejaré la bebida para siempre.

(RÍE) -¿A qué se debe tan sorprendente noticia?

-A que pronto dejaré de tener motivos para beber.

-Ah.

Que tengas un buen día, querida.

-Igualmente, Santiago.

(SUSPIRA)

-A estas tostadas invita la casa.

-Muchas gracias, Pilar, pero no me apetece.

-¿Y esa cara de tristeza? -Estás hecho un cuadro.

-¿Cómo quieres que esté?

He perdido el trabajo, no puedo conseguir otro.

Con lo que ha pasado con los Cortázar

no habrá bodeguero en la comarca que me quiera ver el pelo.

-Esos Cortázar son más malos que la tiña.

Dicen que los Miranda son mejor, pero son unos manipuladores.

-Es normal que no quieran contratarme de nuevo.

-Bueno, entonces, ¿qué piensas hacer?

-Estoy pensando en marchar a Holanda.

-¿A Holanda?

¿Se hace vino allí? Creía que solo había quesos y molinos.

-Pues no, vino no se hace,

pero plantan tulipanes y muchos tipos de flores,

y pagan bien. -Pilar.

Aquí tienes el pedido y me debes lo de ayer.

-Voy.

-¿Tú, qué? ¿Hablaste con mi amigo Nicasio?

-Sí, justo se lo contaba a Pilar.

Le llamé y muy bien con él,

hablé con él y con sus jefes y me hicieron una oferta en firme.

Me pagan el doble. -Bueno... ¡enhorabuena!

¿Ves como Dios aprieta, pero no ahoga? ¿Cuándo te vas?

-Se supone que prácticamente ya, en un par de semanas,

porque la temporada del tulipán es inminente.

Pero todavía no les he dicho que sí. -¿Cómo?

(Timbre)

-Padre, nos marchamos ya, que llegamos tarde a misa.

(CLOTILDE) Santiago, buenos días.

-Hola, Clotilde. -Adelante.

-¿Qué tal, Santiago? -Muy bien, Bernardo.

Buenos días, señorita.

-Hola, don Santiago.

-Qué guapísima estás, Asun.

-Lo mismo le estaba diciendo.

-No me extraña que Luis quiera volver a verte.

-¿Se lo ha dicho?

-Sí, pero no hacía falta.

No había más que verle la cara de felicidad que tenía.

(CLOTILDE RÍE) -Por fin parece que entra en razón

y las cosas vuelven por su cauce normal.

-Nunca es tarde cuando la dicha es buena.

-Ahora tienes que aprovechar para cazarle.

Ahora que tiene el corazón roto, que no se te escape.

-Bueno, don Santiago, no sé yo

si "cazarle" es la palabra adecuada.

-Llámale como quieras hija, pero esta vez, que no se te escape.

-Hablando de escapar,

nosotras nos hemos de escapar, que llegamos tarde a misa.

Ea, con Dios. -Adiós.

-Adiós, Clotilde. -Hasta luego.

(Puerta, se cierra)

-¿Se sabe algo de esa botella?

-Buscar una botella de vino en La Rioja

es como buscar una aguja en un pajar.

-No me esperaba eso de Rafael.

Tenía a tu hermano por una buena persona.

-Y lo es.

Pero no sé que le pasa, supongo que Vicente le presiona mucho.

-¿Lo dices por el problema que tuvo con ese cliente?

-Sí, no sé...

Vicente le echó la culpa.

-Me parece injusto que por eso despida a Roberto.

Y más, que se pegaran.

-Si tienes razón, creo que Rafael ha querido

demostrar que tiene autoridad y se ha equivocado.

-El problema no es la autoridad. El problema son los celos.

Tu hermano no soporta que yo esté con uno de sus trabajadores

y ha puesto esta excusa. Y tú lo sabes.

-Ya, pero es mi hermano. No lo puedo acusar de eso.

Te dejo, que se me ha hecho tarde.

-¿Es que aquí cada uno va a la suya?

En esta casa son todos iguales.

-¿Te ofrecen un trabajo bien pagado y aún no le has dicho que sí?

Aún me arrepiento de no hacer las Américas cuando era joven.

-¿Por qué no se fue?

-Por mi madre, que en paz descanse, la pobre siempre estuvo enferma

y a causa de ella me quedé siempre aquí.

-Ya, Dimas, pero Roberto tiene otras ataduras aquí, en el pueblo.

-Me acabo de poner de novio con Manuela

y no sé si irme seis meses a Holanda...

-Bueno, pero, Roberto, Manuela es muy buena chica.

Estoy segura de que te esperará. -Creo lo mismo.

Hay que decir que sí,

que tal como están los trabajos... Me voy que tengo faena.

Apúntame lo de ayer también. -Que sí.

-Y Carolina, ¿no está?

-Hoy no ha podido levantarse.

-¿Qué le pasa?

-Sube y que te lo explique.

-Pronto habrá un muerto y será fácil encontrar la botella.

-Bernardo, por Dios, no seas cenizo.

-O más de un muerto en la familia

lo normal es que beban varios de una botella.

-¿Te quieres callar ya? -Que no seas cenizo.

-Esa botella se pasará años perdida en alguna bodega

y nadie se dará cuenta de ella.

-Ya veo lo que te preocupa el destino de esa botella.

-Sí me preocupa, y mucho.

Si los Cortázar la encuentran, será mi fin

y el del prestigio de las Bodegas Miranda.

-No parece que te preocupe lo que pueda ocurrir.

Estamos hablando de vidas humanas

y tú hablas del prestigio de tus bodegas.

-Bernardo, no te pongas sentimental. No digas tonterías,

que estamos en el mismo barco.

-Sí, así es.

Desgraciadamente para mí.

-Una maldita botella

no acabará con Santiago Miranda, eso te lo aseguro.

-Hola.

¿Qué hay para comer?

-Ya lo ve, filetes empanados.

-¿Ahora me llamas de usted?

Nunca lo haces cuando estamos a solas.

-A partir de ahora, las cosas serán así.

¿Quería algo más, señorito? Es que tengo trabajo.

-¿Qué ha sido eso?

-¿Ha estado escuchando?

-¿Cómo puedes tratar así a un Cortázar?

¿Te has vuelto loca?

Nos dan de comer desde hace muchos años,

pagaron la operación para que tu padre recupere la vista,

y más cosas de las que no tienes ni idea.

¿Te crees con derecho a hablarle así?

-¿Cómo voy a tratarle con lo que le ha hecho a Roberto?

-Dos no se pelean si uno no quiere. Roberto tampoco es un santo.

Hija, las cosas están muy mal.

El otro día, don Vicente amenazó con echar a tu padre.

¿Quieres que nos pase eso?

¿Quieres que los Cortázar echen a nuestra familia?

-No, no lo quiero. -Pues no nos metas en más líos.

Trata a Rafael y a todos los demás como corresponde.

Y dile a Roberto de mi parte que no ponga los pies en esta casa.

-No, madre, no. -Sí, hija mía, sí.

¿Quieres que don Alejandro vea en su casa

al que se pegó con su hijo?

Pues eso.

(Toques en la puerta)

-Chispi,

Chispi, sé que estás ahí. Ábreme.

-Voy.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

¿Es por lo de los Cortázar?

Les dejé las cosas muy claras, no volverán a amenazarte.

(SUSPIRA) -Ojalá.

-Claro que sí, confía en mí.

-No, cielo.

Ayer me llamó Alejandro Cortázar.

-¿Qué quería?

(ALEJANDRO) "Le entregarás tu hijo a un delincuente

y eso te convierte en mala madre.

-Si lo dice por Ángel, no se lo consiento.

Ángel no es un delincuente, es muy buena persona.

En el pueblo todos le quieren.

Y más ahora que es policía y hace respetar la ley.

-Eso es lo que te gustaría, ¿no?

Que tu novio fuera policía de pleno derecho aquí.

-Pues sí, y lo conseguirá porque le hace mucha ilusión.

Está poniendo todo su esfuerzo en sacarse esa plaza.

-Lo tendrá difícil.

Porque he rascado en sus mentiras.

Y he descubierto su personalidad por lo que hizo en Madrid.

No se dedicó a ningún oficio decente.

-Pero la gente cambia y Ángel lo ha hecho.

Está por el buen camino. -Qué poca experiencia tienes.

La gente como Ángel nunca cambia.

Y yo podría arruinarle la vida".

-Carolina, cuéntame qué ha pasado con ese cacique.

-Pues...

nada cielo, que me hizo pensar que...

que por mucho que nos esforcemos, no le podremos dar a mi niño

lo que le pueden dar los Cortázar. -Nunca seremos tan ricos,

pero me sacaré la plaza de policía.

Y trabajaré duro para que no os falte de nada.

Y sobre todo, no le faltará amor, eso no se lo darán los Cortázar.

-Ya, pero...

Don Alejandro, sea lo que sea, que lo es,

me está demostrando que quería a su hijo Gabriel

y por lo tanto, también querrá a su nieto.

-Nos pediste a tu madre y a mí que te ayudáramos con el niño,

hace solo unos días,

yo, un don nadie, les pedí que te dejaran en paz.

Me enfrenté a la gente más poderosa del pueblo por ti y tu hijo,

y ahora, sin darme explicaciones, ¿decides tirar la toalla?

-Tú lo has dicho, es mi hijo, ¿no?

Así que...

Seré yo la que decida sobre él.

-No te digo que no,

pero piénsalo bien, no hagas ninguna tontería.

Descansa, luego hablamos.

(Puerta, se abre)

(Puerta, se cierra)

-Buenas, doña Pilar.

-Hola, Pajarillo. ¿Qué te pongo?

-Una limonada que vengo muerto de sed.

Me han mandado esta mañana a Logroño

y acabo de llegar en el coche de línea con un calor...

-¿A qué has ido tan temprano? -A recoger unos análisis

de una partida de vinos.

-Ah. -Gracias.

-Hombre, Pajarillo.

¿Qué haces bebiendo limonada en la tierra del vino?

¿Cómo se te ocurre? -Es que no soy muy de beber.

-Vaya, eso se arregla enseguida.

Pilar, ponle un chato.

Y un poco de queso, convido yo.

-Gracias, don Bernardo. -Es por el favor del otro día.

Qué menos por un servidor de la ley como tú.

¿Ya has pasado por comisaría a entregar eso?

-No, no, de hecho lo llevo aquí. Ahora lo entregaré

al agente Ortega. -Salud.

-Salud.

-Bebes muy rápido, te atragantarás.

-Es que estoy con una sed...

-Pilar, ponnos unos vinos. Vamos a sentarnos tranquilamente.

-Gracias. -Venga, anda.

(SUSURRA) -Que...

Que la he visto haciéndole un feo a Rafael.

-Hombre. -Eso no puede ser.

-No puede ser, pero para ella es muy difícil

tratarle bien. Mira qué ha hecho con su novio.

-Pues tendrá que aguantarse.

Y tragarse la rabia como todos.

No estamos para arriesgar el trabajo.

-Lo sé, lo sé. Don Vicente busca cualquier excusa para echarme.

Y si me despiden a mí, vais vosotras detrás.

-Si a ti no te despide ni Dios.

-Cómo que no. -Que no.

(RÍE) -Pero ¿a qué viene esto?

¿Me he olvidado alguna fiesta o algo?

-¿Por qué tendrás tú quejas? -No, no.

-Hola. -Hola, hijo.

-Siento interrumpir. -No, no, pasa.

-Mira, Roberto.

Tú sabes que a mí siempre me alegra verte.

Pero tal y como están las cosas tengo que ser descortés contigo.

Será mejor que no vengas por esta casa.

Puedes ver a Manuela fuera, pero...

Entiéndelo, no queremos problemas.

-Con los Cortázar, que... ya sabes.

-Entiendo perfectamente.

Será cosa de un momento y marcho.

(ASIENTE) -Vale.

(PAJARILLO RONCA)

(RONCA)

(RONCA)

(RONCA)

(RONCA) (HABLA DORMIDO) Queso, más queso.

(RONCA)

(RONCA)

(Se abre la puerta)

-¡Buenas! -¿Qué tal, Dimas?

-¡Pajarillo! Bueno, ¿pero qué haces aquí?

Ortega estaba esperando que le llevaras no sé qué.

(BALBUCEA NERVIOSO) -Maldita sea, los análisis.

-Los tenías en el bolsillo, hombre.

-Un momentito, Sr. Alcalde, a ver si sin querer ha pisado...

¿Es esto? -¿Qué dices?

-Muchas gracias, Dimas. Si no los llego a encontrar...

-¡Hala, venga, hombre, venga!

-Buenas. -Hala, adiós. Madre de Dios...

-Pues yo no sé qué será, pero Ángel y Ortega

lo esperaban ansiosos. Debe ser importante.

-No tengo ni idea, Dimas. Ni idea.

-Mire, Eduardo, yo venía para darle las gracias por todo.

Por todo lo que me ha enseñado y que yo nunca olvidaré.

(NERVIOSO) -Por favor, Roberto... (RESOPLA)

Soy yo el que te tiene que dar las gracias.

Tú eres un trabajador fundamental, ejemplar...

Yo estoy aprendiendo de lo que te veo a ti.

-Muchas gracias.

-Verás como te sale enseguida trabajo, hombre.

-Eso venía a decirles, que ya me ha salido.

(CONTENTO) -¿Ves? ¿No te decía? ¡El que vale, vale!

-Bueno, ¿y dónde es? -Holanda.

Marcho a la recogida del tulipán. ¿Qué les parece?

-Bien... Muy bien, Holanda. -Estupendo, hijo.

(AMBOS) Sí...

-Bueno, lo que pasa... No es lo tuyo, lo tuyo es el vino.

Y bueno, es una lástima que tengas que ir a recoger flores,

que lo puede hacer cualquiera.

-Es una lástima, sí, pero algo hay que hacer.

Y me pagan el doble de lo que me pagaban los Cortázar.

Eduardo, el doble.

(AMBOS) Bueno.

-Oye, ¿y con mi Manuela? ¿Qué piensas hacer?

¿Vas a romper con ella? -No, no, Dios me libre.

Bueno, lo del tulipán es cosa de temporada.

Son seis meses y se acabó.

Así que yo había pensado...

nos aguantamos y nos escribimos mientras.

(EDUARDO) -Bueno..

Dijo que estaría aquí a las 10 h. ¿Qué ha pasado?

¿Cómo quiere que lo sepa? He llamado a los laboratorios

y dijeron que le darían el sobre a Pajarillo.

Salió de aquí a primera hora y no sé, estará al caer.

-Esperaremos un poco más, Vicente.

-¿Por qué no se van a su casa?

Les avisaría nada más que viniera Pajarillo.

No, Ortega. No vamos a ninguna parte.

Quiero estar aquí cuando se abra.

Está bien, si quieren estar, siéntense y dejen trabajar.

En esta comisaría, aunque no lo crean,

no solo se resuelve el caso de la familia Cortázar.

Claro, siga con sus crucigramas. Le traigo un café.

Pajarillo, te esperábamos...

Hace más de una hora. ¿Pero qué te ha pasado?

-Nada, un pequeño problema con el autobús.

Un problema en el bar, dirás. Porque apestas a vino.

Vaya agente que se ha buscado, Ortega. Trae.

(RÍE) Vicente...

-D. Vicente, por favor.

(Teléfono)

-No me lo puedo creer. -Pero léalo, por favor.

(LEE) -La muestra analizada contiene suficiente metanol

como para provocar la muerte de la persona

que lo beba o ingiera por vía oral.

(SUSPIRA) -Dimas...

¿Dónde será nuestro primer viaje?

A ver, Mozambique... ¿Cómo será?

(RÍE) La India...

Kenia...

(SUSPIRA)

(Timbre)

Voy yo, Chelo.

Buenos días, D. Bernardo. -Buenos días, Elvira.

(ELVIRA RÍE) (BERNARDO RECHISTA)

-¿Le ocurre algo? Le noto un poco agitado.

-No, es que he venido apurado. No, estoy bien. Estoy tranquilo.

Quería hablar con Santiago. ¿Está? -No, no está aquí.

-Ah...

Estará en el bodega. ¿Me permite hacer una llamada?

(RÍE) -Sí... No, mejor sírvase una copita

mientras voy llamando yo, a ver si le localizo.

-Vale. -Pase, póngase cómodo.

-Es urgente, Dña. Elvira. Disculpe.

-No sabía que tuviera prisa. -Sí, es muy importante.

(Elvira marca)

-Hola, soy la Sra. Miranda. Quería hablar con mi marido.

¿No ha ido en todo el día?

No, no se preocupe. Muchas gracias, adiós.

-¿No saben dónde está? -No. No me han dicho nada.

-No me queda otra que ir a buscarlo. (RÍE) -¿Y dónde va a ir?

Si no está en casa ni en la bodega...

-Quizá en el pueblo, en la fonda... (RÍE) -¿Santiago en la fonda?

Ya sabe que no va nunca.

No creo que tarde mucho en llegar. -¿No?

-No, no. Tenga un poco de paciencia.

Mientras, nos podemos tomar una copa y así me hace compañía.

-Ah... pues es que no sé qué decirle porque...

(RIENDO) -Ah, ya sé lo que pasa...

Tras el incidente con las fotos no hemos vuelto a hablar.

-Ah... Bueno, eso es cierto.

No creo que quiera hablar de eso ahora, ¿no?

(RÍE) -Se equivoca.

Ay, D. Bernardo, qué pillín es. Qué callado se lo tenía.

(RÍE) La verdad es que...

esas fotografías son de cuando yo era muy jovencita

y salía al escenario a cantar rodeada de boas

y con muchas lentejuelas.

-Estaba usted muy favorecida, ciertamente.

-Muchas gracias, D. Bernardo. usted siempre tan galante.

Yo también me voy a servir una copita.

"Chin-chin".

-¿Estás seguro de irte?

-Seguro no, algo tengo que hacer. Y me pagan mejor que aquí.

-Por mucho que paguen no sé si te compensa irte tan lejos.

-¿Por qué no trabajas en alguna bodega de por aquí?

-¿Crees que alguien me contratará en la comarca después de esto?

No.

Si la vida me ha puesto lo de Holanda por algo será.

-¿Y Manuela qué?

¿La vas a dejar sola?

-No.

-No... -Son seis meses.

-Seis meses con el lobo acechando.

Vamos, estoy segurísimo que en cuanto te subas al tren

el señorito Rafael ataca. Acuérdate de lo que te digo.

-Confío en Manuela. Es buena chica.

-¿Qué mujer se resiste a un hombre que no para de cortejarla?

Puede aguantar un mes o dos, pero seis meses...

-Tienes razón. -Es que seis meses es mucho.

-Mucho, tienes razón.

-Me has convencido. -Es de cajón, ¿cómo te vas a ir?

-No, no. Que me voy. Que me voy con Manuela.

Le voy a pedir que se venga conmigo.

Bueno, ya está. Lo tenemos.

S. Miranda mató a Gabriel. Está claro.

No, no. Eso no es lo que dice en este sobre.

No hay pruebas. Aquí solo dice que el vino es tóxico, nada más.

-Eso es suficiente para detener a S. Miranda.

-Sí, pero por un delito contra la salud pública.

Bien, ¿y a qué espera? ¿A que se escape como Ormaechea?

No puedo dejar la comisaría ahora, mire Pajarillo en qué estado está.

(SUSPIRA) ¿Dónde está su sobrino? ¿Por qué no está aquí?

Le he mandado yo que tiene que hacer unas pruebas para una investigación.

No me lo puedo creer. Un asesino anda suelto

y no le detienen porque uno anda durmiendo la mona

y otro está haciendo recaditos. ¿Esto qué es?

¿La Policía de Lasiesta o una comedia de los hermanos Marx?

Vamos a ver, señor Cortázar,

también hay un delito por desacato a la autoridad.

Como siga por ese camino terminará en el calabozo con su amigo Miranda.

Pues no es mala idea. Vicente, por favor.

Dejemos que el agente haga su trabajo. Vámonos.

-Les tendré informados de todo.

(ENFADADO) Ángel, ¿dónde te has metido?

-O sea, que lo tienes claro. (MANUELA) -¡Roberto!

Te estaba buscando. -Mi niña.

-Os dejo, que tendréis cosas de qué hablar.

-Mis padres dicen que has pasado por casa pero no para qué.

-Sí, quería decírtelo en persona.

Marcho a Holanda a recoger tulipán.

-¿Cómo?

-No te había dicho nada porque no era una decisión segura

y no quería decirte nada antes de saberlo.

Y ya lo sé. -Ya...

¿Cuánto tiempo vas a estar fuera?

-Seis meses, ¿qué te parece?

-Que si tú puedes resistir seis meses, yo también.

Tampoco es tanto tiempo. -No, eso pensaba yo.

Que no era tanto y que podríamos resistirlo sin problemas...

Ahora que lo pienso bien me parece que seis meses es una eternidad.

-¿Entonces?

-Estaba hablando con Andrés justo ahora y...

Me he dado cuenta que no quiero estar lejos de ti.

-¿Y? -Quiero que te vengas conmigo.

Vente a Holanda.

-Pilar, ¿dónde está esa hija tan guapa que tienes?

-Pues ha salido hace un rato.

¿Por qué estás tan contento? -Aquí tienes la razón.

-¿Esto qué es? -La futura casa de tu hija,

y la mía y la de tus nietos. -¿Tú qué has hecho?

¿Has comprado una casa? Te has vuelto loco.

¿De dónde has sacado el dinero? -No te preocupes.

Solo he dado la entrada para el terreno,

me he gastado todos los ahorros, pero ha merecido la pena.

(SUSPIRA) -Así que son los planos de vuestra futura casa.

-Eso es, ya verás la cara de Carolina cuando lo vea.

Tendría tres habitaciones. Mira, una para nosotros,

y las otras para los niños.

-Pues, igual es mejor que te pases dentro de un rato,

porque Carolina va a tardar. -¿Y eso? ¿Dónde ha ido?

Pilar, ¿qué pasa?

-Ha ido donde los Cortázar.

-¿Ha decidido darles el niño?

-Don Alejandro.

-No te esperaba, pero es una agradable sorpresa.

Pasa.

Ayer tuve que marcharme de repente, pero cuando volví no te encontré.

-Sí, es que no pude quedarme a esperarle.

-¿Vienes a arreglar lo que empezamos ayer?

-Sí. -A ver dónde he puesto...

el documento de nuestro acuerdo.

Solo tienes que firmar donde pone tu nombre.

Me alegro de que hayas recapacitado.

Es mejor arreglar las cosas por las buenas.

Por las malas no le gusta arreglarlas a nadie.

Y menos tratándose de ti, que eres la madre de mi nieto.

-Entonces, ¿qué país me recomienda para un viaje?

-Tánger.

Tánger. Yo viví en Tánger.

Una ciudad muy bonita.

Espléndida.

Y tenía mucho éxito con las tangerinas, bueno...

les caía en gracia.

Claro que entonces yo tenía...

unos cuantos años menos.

Y bastante más pelo que hoy. (ELVIRA RÍE)

(SUSPIRA) Vamos, un pollo pera.

-No, tampoco tanto, mujer. No.

Pero bueno, era más joven

que ahora, tenía mejor tipo. (RÍE)

Más delgado. (ELVIRA RÍE)

(ELVIRA RÍE Y SUSPIRA)

-¿No decía que su marido estaba a punto de llegar?

-Sí. Sí, pero...

Quizás se ha entretenido con algún asunto.

No se preocupe. ¿Otra copita?

(ELVIRA RÍE) -No, muchas gracias. Ya...

El cupo de hoy está cubierto. (ELVIRA RÍE)

-¿Se puede saber qué estáis celebrando?

(ELVIRA SUSPIRA) -Santiago...

No, nada. Es que...

Verás, yo venía...

a decirte algo muy importante, Santiago.

Pero me invitaron a tomar una copa.

(IRÓNICO) -Unas cuantas, diría yo.

¿Y si tenías que decirme eso tan importante

por qué no me has llamado a Haro? (EXTRAÑADO) -¿Cómo?

-Te dije que estaba en las bodegas de los Marco.

Te dejé el número de teléfono. (SUSPIRA) -Tienes razón.

Lo siento, D. Bernardo, es que...

No sé, se me ha ido la cabeza. No me acordé.

-Ah... Santiago.

Yo quería hablar contigo...

en privado.

-Ya lo has oído. Tenemos que hablar a solas.

¿Por qué no te vas a hacer uno de los puzles que tanto te gustan?

-A la orden.

Ha sido un placer, D. Bernardo.

-¿Por qué? Pero si estaba decidida a plantarles cara.

-D. Alejandro la volvió a amenazar.

-¿Por qué ha tenido que ceder? -Por ti, Ángel. Por ti.

Va a hacer lo que esté en su mano para impedir que seas policía.

Sí, el cacique va a informar a los jefes de Policía

de todo tu pasado en Madrid. Y si Carolina no le da el niño

nunca vas a poder conseguir esa plaza.

-No me lo puedo creer. ¿Por qué no me lo dijo?

(DUDA) -Porque Carolina no quiere que tú sacrifiques todo tu futuro,

toda tu carrera por un hijo que no es tuyo.

No, si el Cortázar sabe muy bien lo que hace.

Le está dando a mi hija en su punto débil, que eres tú.

-¿Hace cuánto se ha marchado? -No sé.

Creo que unos 20 minutos más o menos.

(SUSPIRA PREOCUPADA)

-Estamos perdidos, Santiago.

Completamente perdidos.

-A ver, ¿de qué se trata? -La Policía se nos ha adelantado.

Han encontrado la tercera botella.

-Bueno, todavía podemos evitar que la analicen.

-No, no.

Eso ya lo han hecho ellos. La han mandado a Logroño.

Y esta mañana los resultados han llegado a Lasiesta.

Los traía Pajarillo.

Me lo encontré en la fonda.

-¿Por qué no le has quitado los análisis como fuera?

-¿Qué te crees que estuve intentando hacer?

Fue completamente imposible.

(SUSPIRA) -Ahora da igual.

El problema está en que la Policía tiene...

los verdaderos análisis donde se demuestra...

que había una cantidad mortal de metanol en el vino.

-Estamos perdidos. Completamente perdidos.

-El alarmismo es inútil, Bernardo.

Si no tienes nada más que decirme, te agradezco que te marches.

Necesito pensar.

-En el balneario de Panticosa me aficioné a pasear por el monte.

Aquí no tenemos montes como los del Pirineo

pero pasear por estas viñas también es agradable.

-Hacer ejercicio es bueno no solo para el cuerpo.

-Sí, ayuda a tranquilizarse y poner las cosas en su sitio.

-Si sirve para eso, ahora dejaré el coche en casa

y vendré caminando cada día. (ASUNCIÓN RÍE)

-También estaría bien si pudiéramos escuchar música mientras paseamos.

-Dices con un "comediscos" encima. -Sí, claro. (RÍE)

-¡Luis! Por fin te encuentro. Necesito hablar contigo.

-Hola, Elena. Bueno, yo os dejo para que habléis de vuestras cosas.

Hasta luego. -Hasta luego, Asunción.

(RISA SARCÁSTICA) -Veo que no pierdes el tiempo.

-¿Ahora me vienes con celos? -Era solo un comentario.

-Ya, creo que tengo todo el derecho a verme con quien quiera.

Tú te posicionaste a favor de tu familia y contra la mía

con esa fantasía tuya del vino... -No era ninguna fantasía.

De hecho, hoy han encontrado una prueba.

-¿Qué prueba?

-¿Qué ocurre? ¿Hay algo que no entiendes?

-No, no es eso.

Es solo...

algo que le quiero comentar.

Una duda que tengo. -Creo que lo aclaramos todo ayer.

-No. Usted me dijo que mi hijo tendría de todo.

Lo mejor: médicos, colegios, dinero...

-Y lo mantengo. -Ya.

Pero es que eso a veces no basta.

Quiero que me garantice que mi hijo será querido.

-Naturalmente que lo vamos a querer como a otro miembro de la familia.

-Ya, pero es que todo este amor no fue suficiente para Gabriel.

-No sé lo que ocurrió con Gabriel.

Yo o mi mujer cometimos un error.

O Dios nos lo mandó como prueba.

Te juro que quise a Gabriel lo mismo que a sus hermanos.

O más. -Ya.

-¿Y cómo sé que a mi hijo no le pasará como a su padre?

-¡Nadie puede garantizar si un hijo saldrá recto o torcido!

Pero si puedo garantizar que si no firmas...

tu querido Ángel no será policía... Jamás.

(Música de tensión)

-La Policía ha encontrado una botella

y la ha llevado al laboratorio para analizarla.

-Igual con los resultados debes retractarte

de muchas cosas que has dicho. -Ya han llegado los resultados.

Había una cantidad de metanol tan alta en la botella

que hubiera matado a una persona. -No puede ser, Elena.

Mi padre no adultera el vino.

¡No tiene sentido, Elena! -Escúchame.

Ortega ha leído los resultados delante de mí.

Van a detener a tu padre. -No, no te creo.

He venido en cuanto me he enterado. Si te das prisa

quizá te puedas despedir de él. -¿Ahora vas de amable?

¿Me dices que lo detendrán cuando eres la culpable de que pase?

-Eso no es cierto y lo sabes.

-No, yo no sé nada, Elena.

-Te he dicho mil veces que no entres sin llamar.

¿Estás borracha?

(SANTIAGO GRITA) -Nunca más volverás a tratarme así.

Te han venido a buscar.

-¿Qué está pasando?

Agente Ortega, tal vez usted pueda explicarme qué está pasando.

-Lamento comunicarle que está usted detenido.

-Seis meses es mucho tiempo para no verle.

Pero habrá que ser fuertes.

-Por eso ha decidido que me voy con él.

Les he contado a mis padres lo de irme y me han dicho que no.

Que no, que sin estar casados no.

-Manuela...

-Uy, la Virgen. ¿Qué haces? ¿Estás loco?

-¿Te quieres casar conmigo? -¡Sí!

¿Sí? -¡Sí! (RÍE)

-Eres una chica que ha sido siempre diferente.

Lo que querías y lo que soñabas era hacer cosas por ti misma.

No soñabas con vestirte de blanco.

-¡Fuera de mi casa! -No hasta que me dé ese papel.

-Ni lo sueñes.

-Vámonos de aquí, ya no hay nada que hacer.

Compre dos pasajes.

¿Dos, Vicente? Sí, claro. Me voy contigo.

Tengo una amiga muy apurada porque su novia la ha abandonado

después de dejarla embarazada.

Como lo que te pasó con el impresentable de Jimeno.

¿Qué te tomaste para deshacerte del problema?

No sé si me entiendes, Anita.

(GIME) ¡Madre!

Si no frenamos esto lo antes posible,

luego va a ser peor y no... ¿Nuestra relación?

No puede ser así, de pronto. No insistas. No hay más que hablar.

Estoy enamorada de ti.

¿Qué pasa, Ángel? Es Adolfo.

Su coche se ha salido en una curva y está en el hospital muy grave.

-Padre, ¿qué está pasando? -Ya te dije...

que los Cortázar no pararían hasta meterme entre rejas.

-¿Por qué se lo llevan? -Sr. Miranda, tenemos que irnos.

-Han detenido a S. Miranda. -¿Se sabe por qué?

-Pues no, hija, pero no importa. Esto es una injusticia, Bernardo.

Como alcalde tienes que hacer algo.

-Ortega, se está equivocando. Mi padre es inocente.

-Eso lo tendrá que decir un juez.

Además, tengo que comunicarle que he dado orden

de precintar las Bodegas Miranda. -¿Cómo?

Necesito saber la verdad. -Fue Ormaechea.

Se le fue la mano con el metanol. Por eso le despedí inmediatamente

y me deshice de toda la partida de vino intoxicado.

Te juro que yo no asesiné al pequeño de los Cortázar.

-¿Entonces para qué demonios necesitaba una coartada, padre?

S. Miranda está acabado.

Pero usted podría cambiar ese 5% de unas bodegas en ruina

por el 10% de unas bodegas en auge. ¿A cambio de qué?

Yo sé que Santiago mató a mi hermano,

pero no puedo demostrarlo.

Quiero que me des la separación, o la nulidad, o lo que quieras...

A partir de ahora es mejor que cada uno siga su camino.

(GRITAN) -¿Te has vuelto loco?

-¡Que alguien haga algo, por favor! -¡Vicente!

¡Vicente, aparta! ¡Te voy a matar!

-¿Me has sacado información sobre mi padre para usarla?

No sé cómo me enamoré de alguien como tú.

Me das asco, Elena. Asco.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 73

19 ago 2013

 Los análisis del vino de la botella Miranda que Elena llevó a comisaría confirman que está intoxicado y Ortega detiene a Santiago Miranda. Asunción actúa con inteligencia para ganarse de nuevo la simpatía de Luis, lo que gusta mucho a don Santiago y a los Cela.

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