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No recomendado para menores de 7 años  Gran Reserva. El origen - Capítulo 72 - Carolina está a punto de firmar los papeles de Alejandro cuando Rosalía les interrumpe- ver ahora
Transcripción completa

Si crees que el hecho de que Roberto sea tu novio

tiene que ver con que se equivocara en un pedido importante

te equivocas. -Tiene que ver y mucho.

Y también tiene que ver lo que pasó el otro día

cuando quisiste darme un beso. -Quedó claro lo que sientes por mí.

-Lo estás haciendo por despecho,

porque me has visto feliz con él y quieres quitarlo de en medio.

-El señorito Rafael no te tiró por el envío a Cárdenas,

te despidió para separarte de Manuela,

vamos, porque está celoso.

-Manuela tú no le puedes ofrecer nada porque eres un desgraciado.

(RÍE)

¡Ah!

-¡Esto no se ha acabado, Cortázar! ¡Mierda, que eres un mierda!

-Apoyaré siempre a mi sobrino y a Carolina.

Con todo lo que haga falta.

-Está escogiendo el bando equivocado, Ortega,

y lo va a lamentar.

Si Carolina se niega a darnos el niño, le daremos donde le duele.

Ya, arruinar la carrera de su novio.

Si sale a la luz todo lo que sé de él, que se olvide de ser policía.

Con sus antecedentes no lo admitirán en el cuerpo.

Solo quiero que me firmes este documento

concediéndome la custodia de tu hijo cuando nazca

y tu novio podrá ser policía.

-La botella ha desaparecido, Renata la buscó bien y no la encontró.

También averigüé dónde compró la botella.

¿Dónde? En la fonda.

Si había una botella igual hay más.

Debemos conseguir una botella igual.

Ricardo Reverte y el padre Genaro

quizás murieron por esas botellas por eso debes hacer memoria

si te queda alguna de ellas.

-No, ya no. Piensa, ¿a quién se la vendiste?

Es que no me acuerdo, lo siento.

-No tienen por dónde cogernos.

-¿Y la tercera botella? -Espero que los Cortázar

no la encuentren antes que nosotros. -Porque si no estamos perdidos.

-Tu padre es un asesino y lo demostraré aunque te duela.

-¡Deja de obcecarte!

¡¿No ves que eres la única que nos acusa de esas barbaridades?!

¡Ni siquiera la policía lo hace!

Buscas a un culpable de la muerte de tu hermano

y usas a mi padre como chivo expiatorio y no lo permitiré.

-Las acusaciones no son falsas, te lo juro.

-Lo siento, no puedo seguir con alguien así, esto se acabó.

-¡Luis, por favor, no te vayas!

-Vamos a brindar. -Por la felicidad.

-Chin, chin.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

Por el principio del fin.

-¿A qué te refieres? -A mi matrimonio.

Si todo sale como espero,

muy pronto podremos brindar las veces que queramos

sin dar explicaciones a nadie.

y sin vivir ese miedo constante a las reacciones de Santiago.

-Pues entonces que así sea.

(Intentan abrir la puerta)

Doña Clotilde, que está cerrado, mujer, que es la hora de comer.

Vuelva más tarde, ¿no?

-Imposible, Dimas, imposible.

Vengo a recoger la tarta que le encargué esta mañana.

No he podido pasar antes y la necesito urgentemente.

-Muy bien. -Supongo que le habrá quedado buena.

Tienen que comer todas las señoras del Círculo, señoras muy decentes.

(RÍE) -Cuando doña Clotilde dice decentes quiere decir estiradas,

no se confunda, Dimas.

-Bueno, pues voy a por la tarta.

-Ay, qué mala es la envidia.

Pero veo que después de abandonar el círculo

ha encontrado un pasatiempo mucho más acorde a usted.

-Le aseguro que voy a beberme toda la botella entera

y es que estoy celebrando que por fin he perdido de vista

a esa pandilla de beatonas hipócritas que usted capitanea.

-Huy, qué grosería, desde luego lo suyo no tiene remedio.

-Aquí tiene su tarta, le aconsejo que la ponga rapidito en fresco

no se le derrita por el camino. Ya me la pagará.

-Muchas gracias, le agradezco el consejo.

Yo le voy a devolver otro. Tenga mucho cuidado,

se está metiendo en la boca del lobo.

-Qué víbora.

-Venga, vamos, firma, es lo mejor para tu hijo y para tu familia.

-¿Es así como se solucionan siempre las cosas en esta casa,

a base de prepotencias y amenazas?

¿Cree que este el mejor ambiente para criar a mi hijo?

-Déjate de cuentos, tú me has obligado a esto

por resistirte a entregarme a mi nieto.

Pero ese niño en esta casa será feliz, no le faltará de nada.

-Ya, ¿y qué pasa conmigo, eh?

¿Cómo cree que me sentiré al ver a mi hijo crecer,

ir a la escuela, corretear por ahí,

sin poder acercarme a él y sin poder decirle que yo soy su madre?

-Mira a tu alrededor.

¿Te gusta lo que ves?

Todo esto será de tu hijo,

si fueras una buena madre te sacrificarías por su futuro.

-Yo no sé si una madre podría renunciar a su hijo

en estas condiciones.

Es un sacrificio demasiado grande.

-Pero necesario, Carolina. Firma.

Don Alejandro, menos mal que le encuentro.

¿Cómo entras así, no ves que estoy reunido?

Perdone, pero ha habido un enorme revuelo en las bodegas

y reclaman su presencia. Iré en un momento,

estoy resolviendo un asunto.

Carolina, por favor, no perdamos más tiempo.

Pero debe ser importante o no lo habrían hecho llamar.

-¡Está bien! Perece mentira que no sepan arreglarse sin mí

en esta familia.

No te muevas de aquí, enseguida vuelvo.

(LEE PARA SÍ) -"Se concluye del análisis de sangre del fallecido

que había una alta concentración de metanol.

En este caso los índices de metanol en sangre

superaban el...".

(BAJITO) ¿Cómo me he dejado llevar por una cosa así?

Elena, ¿qué pasa?

¿Por qué no has llamado a la puerta?

-No me gusta perder el tiempo cuando hay alguien a punto de morir.

-¿Le pasa algo a alguien de tu familia?

-No me haga perder el tiempo que sabe por qué vengo.

Está implicado en una adulteración de vino de los Miranda.

(Música de emoción)

-¿De qué estás hablando?

Elena, ¿tú ves normal presentarse en casa de alguien por las buenas

para insultarlo con...

con acusaciones infundadas? -No son ni infundadas ni falsas.

-Mira, yo no estoy en medio de ese litigio que tenéis

entre tu familia y los Miranda.

Solucionad vuestros problemas entre vosotros,

yo tengo mejores cosas que hacer.

-Claro, como falsificar informes médicos.

Don Bernardo, sé que Ricardo Reverte y don Genaro

murieron por beber de ese vino.

Usted falsificó el informe forense para cubrir a Santiago Miranda.

-Tú no sabes de lo que hablas, chiquilla.

-¿Sabe que falsificar esos informes

le convierte en cómplice de sus muertes?

Lo que no entiendo todavía es por qué lo ha hecho.

-Elena, te voy a decir una cosa,

yo no soy un asesino, soy médico.

Me dedico a sanar personas, no a matarlas.

Ricardo Reverte y el padre Genaro murieron de un ataque al corazón,

esas cosas pasan.

-Ayúdeme, colabore conmigo si no quiere que esto se complique más.

Solo necesito tener las pruebas para implicar a Santiago Miranda.

-Si no sé de qué me estás hablando.

(RESOPLA)

No firmes eso, Carolina, te lo digo por tu propio bien.

Si estampas tu firma ahí te arrepentirás toda tu vida,

¿no te das cuenta de que renuncias a tu propio hijo?

Sí... sí.

Y cargaré con ello.

Pero aunque me duela en el alma

creo que aquí tendrá una vida mejor de que yo le puedo dar.

Aquí no le faltará de nada.

Si dejas que tu hijo crezca entre los Cortázar

acabará siendo otro Gabriel,

¿de verdad quieres que tu hijo se parezca a su padre?

No, no tiene por qué ser así.

No te engañes, Carolina.

Lleva la misma sangre, el mismo entorno,

su destino está escrito.

Pero si no se lo entrego, don Alejandro nos destruirá,

a mí mi madre, a Ángel,

hará todo lo que pueda por arruinarnos la vida.

Es que no tengo otra opción. No, no, Carolina,

seguro que hay una solución.

Yo te prometo que os ayudaré a encontrarla.

Rosalía, por favor, yo ya no soy una niña pequeña

que se cree todo lo que le dicen.

Tu familia me he hecho madurar a base de golpes,

así que, por favor, deja de fingir que mi vida te importa algo.

(RESPIRA CANSADA)

Me estoy mareando.

¡Ah!

Dile a don Alejandro que volveré en otro momento.

¿Quieres que te acompañe? No.

No, ya puedo yo sola.

(RESOPLA)

Se lo ruego, don Bernardo, ayúdeme, colabore conmigo.

Sé que digo la verdad, necesito demostrarlo.

-No entiendo por qué te empecinas en involucrarme en eso,

¿has perdido el juicio?

-Ya han muerto dos personas, puede morir otra, ¿eso no le pesa?

¡Por favor! Tenemos que encontrar la tercera botella.

-Toma asiento, por favor.

Vamos a ver, Elena.

Yo comprendo que lo hayas pasado mal en estos últimos meses.

Tu regreso de Francia después de tanto tiempo,

el asesinato de tu hermano,

los desencuentros con Luis Miranda.

Todo ese conjunto de cosas

te está afectando a la cabeza.

-¿Me está llamando loca?

-No.

No.

Solo digo que en determinadas situaciones uno se puede confundir.

Asesinatos, botellas envenenadas, documentos falsificados,

todo ese mejunje es más propio de una fantasía, de tu fantasía,

que de la realidad.

-Muy bien, si no quiere colaborar conmigo lo hará con la policía.

Es usted muy mala persona.

Y como médico deja mucho que desear.

-¿Qué pasa, por qué se ha ido Elena así?

Cuando le he abierto la he visto muy alterada.

-No le hagas caso, hija,

ha perdido el norte esa chiquilla.

-Bueno, tome la tila que me pidió. -Gracias.

-Pasa. Pasa, anda.

Qué ganas de complicarte la vida aún más.

-Algo tenía que hacer, no me iba a quedar quieto.

-Anda, sírvele un vino a ver si se le templan los nervios.

Anda, siéntate.

-¿Se puede saber qué os ha pasado?

-Pues que nada, aquí se ha enzarzado en una discusión con el Srto. Rafael

y han llegado hasta las manos.

-¿Pero cómo haces eso, hombre de Dios,

pegarle a un señorito?

-Porque se lo ha buscado, doña Inés.

-Algo gordo habrá sido, porque los dos sois muy tranquilos.

-Lo gordo es que me ha despedido...

injustamente.

Y no lo voy a permitir.

-¿Tú piensas que así vas a solucionar las cosas?

Porque estás muy equivocado, así solo vas a empeorarlas.

¿O qué te crees? Que los bodegueros de la zona querrán contratarte

viendo cómo te las gastas con tus jefes?

-Parece que no le importa,

dice que se irá a Holanda a la recolección del tulipán.

-Pero algún día tendrá que volver y buscarse la vida aquí,

¿o te vas a pasar todo el tiempo allí?

-No, no pienso.

-No sé lo que te ha encendido la sangre así de repente

con la discusión del despido,

porque lo estabas llevando bastante bien.

-¿No escuchó al señorito Rafael cuando hablábamos en las bodegas?

-Bueno... -Andrés y usted estaban bien cerca.

-¿Estabais cerca y no hicisteis nada para que no pelearan?

-No me atosigues, si fui yo quien los separó

Pero fue tan de repente, tan inesperado, que...

Y algo sí que escuché, pero no seguía el hilo.

-Pues es un asunto privado.

No tiene nada que ver con el trabajo.

Ocurre que don Rafael no sabe diferenciar.

-Me han dicho los trabajadores que te has peleado con Roberto Vega.

-No se preocupe, ese imbécil se ha puesto chulito

y le he parado los pies. -No sueles montar esos numeritos,

¿qué te ha hecho para sacarte de tus casillas?

-Al parecer no ha encajado bien su despido.

-No me cuadra.

Si hubiese sido el día del despido, pero a estas alturas....

¿Me estás ocultando algo?

-¿Es que no cree a su propio hijo? ¿Por qué duda de mí?

-Me preocupa que estés perdiendo los papeles.

Eres un Cortázar y debes servir de ejemplo a los trabajadores.

-Pero tengo derecho a defenderme, ¿no?

-Había otras formas de pararle, como ordenar que lo echaran.

Tenías que haber guardado la compostura.

-Sí, supongo que tiene razón, lo siento.

No sé lo que me pasó, me dejé llevar...

Pensará que le he vuelto a fallar, ¿no?

-Siento decírtelo, hijo, pero como hijo me has decepcionado.

Espero que no se vuelva a repetir.

(SUSPIRA)

-No entiendo por qué me tiene en las bodegas.

A veces pienso que no valgo para esto, ni para ser un Cortázar.

Aunque claro, nunca me he parecido a usted, soy más como madre.

-En eso tienes razón, siempre te has parecido más a ella.

Ella te sobreprotegía y te pasabas la vida pegado a sus faldas.

-¿Quiere decir que me educó mal? -No, solo que te protegía en exceso.

Eras su preferido entre todos tus hermanos.

-Pero madre estuvo a la altura de las circunstancias

cuando fue necesario.

-Es lógico que tengas un recuerdo idealizado,

eras muy pequeño cuando ella murió.

Pero tu madre no era tan perfecta como piensas.

-¿Por qué dice eso?

-Porque nadie es perfecto

y hay que aprender a vivir con nuestros defectos.

-Vámonos ha dicho todo lo que sabe. -¡No, está mintiendo!

¿Y tú? Pensaba que me ibas a ayudar y me estaba equivocando.

-Te ayudo, pero todo tiene un límite.

-Claro, y tu límite se llama Santiago Miranda.

-Asun, ¿qué haces aquí? -Hola.

He salido a dar un paseo.

He echado a andar, mis pies me han traído hasta aquí y...

¿Te molesto? -No, al contrario.

-Siempre me ha encantado este sitio,

es tan bonito.

-Ya sabes que puedes venir cuando quieras.

-No quisiera incordiar.

Además, ahora que eres el director de las bodegas,

estarás muy ocupado, y entre eso y tu relación con Elena,

no creo que tengas mucho tiempo para los amigos.

-Ya. Bueno...

lo de Elena ya... ya no...

-¿Ya no qué?

-Ya no estamos juntos.

-Ay, Luis, lo siento, no sé qué decir,

espero no haber influido, por lo de mi comportamiento.

-No tiene que ver contigo, tranquila.

Es solo que...

nos separan demasiadas cosas.

-Ya...

entiendo cómo te sientes.

Pero bueno, mírame a mí, al final siempre te levantas.

Y un clavo saca otro clavo...

Seguramente dentro de poco encontrarás

a una chica que te merezca. -Ahora ni me lo planteo,

pero agradezco tus palabras, eres una buena amiga, Asun.

-Así que ya no tienes ganas de beber.

(RÍE) -Me sabe mal, después de las molestias que te has tomado.

-No, pero lo entiendo,

después de la irrupción de esa arpía de doña Clotilde

se ha roto toda la magia.

(RÍE) -¿Pero sabes qué?

Que estoy muy contenta. -¿Y por qué?

-Porque es la primera vez en mucho tiempo que no tengo ganas de beber

y eso me hace muy feliz, Dimas, no te puedes imaginar cuánto.

-Si has dicho a doña Clotilde que te ibas a beber la botella.

(RÍE) -Eso lo he dicho para hacerla rabiar.

Estoy tan a gusto contigo que no necesito beber.

Fíjate, el alcohol...

es lo único que me ha consolado durante todos estos años.

Y ahora nada...

Y todo gracias a ti.

(RÍE) -¿Pero bueno, ahora por qué te ríes?

Porque me enternece mucho tu bondad.

Tu...

inocencia.

Eres... todo lo opuesto a mi marido.

Por eso me gustas tanto.

(Música romántica)

-¿Qué te pasa ahora, qué ocurre?

-Que tienes razón.

Que una celebración sin un brindis no es una celebración.

-Pues no se hable más, una copa para la mujer más bella de La Rioja.

-Gracias, cariño,

por... devolverme la ilusión por la vida.

-Ay, perdón, no quería interrumpir. -¿Puedo ayudarla en algo?

-Bueno, venía buscando a doña Elvira.

(INCÓMODA) -Ah...

-Soy el encargado de la bodega y tengo derecho a saber

los problemas que hay en ella.

-Esto me lo guardo para mí.

No quisiera yo que mis problemas con los Cortázar

le pasaran a usted factura en la bodega.

No.

Mal que me pese ya no trabajo ahí, así que arreando que es gerundio.

-Bueno, pues si quieres hablar con alguien ya sabes dónde estoy.

Porque mi amistad contigo va mucho más allá que el trabajo.

¿Eh? Venga...

-Lo sé, Eduardo.

Y se lo quiero agradecer.

Y que usted sepa que...

aunque ya no estemos trabajando codo con codo cada día, que...

que usted puede contar conmigo para lo que quiera, de verdad.

-¡Roberto! Roberto, cariño, ¿cómo estás?

Me he enterado de lo de la pelea. -Bien, estoy bien.

El que tiene que estar lamiéndose las heridas

es el perro rabioso de don Rafael.

Ala, que se ha llevado su regalito. -Eduardo...

-¿Por qué los hombres lo solucionáis todo a golpes?

-Porque a veces las palabras no valen

y no puedes dejar que te pisen y debes marcar dónde está el límite.

-Es que si lo llego a saber no te digo nada.

-Ahora, que te digo una cosa, mi niña,

si ese piensa que yo me voy a alejar de ti porque me haya tirado

anda apañado.

-Bueno, pues, me voy a marchar ya...

se hace tarde y mi madre quiere que le ayude con algo

del Círculo de Beneficencia.

Si necesitas algo ya sabes dónde estoy.

-Gracias. Si quieres te acompaño.

Antes me decías que te daba miedo volver sola.

-No, tranquilo, no hace falta.

Además, seguro que tienes mucho trabajo.

-Gracias por venir. -Hasta luego.

¡Uf!

-¡Asunción!

¡Estás bien? -Me han flaqueado las piernas.

-Despacio, despacio.

¿Qué ha pasado?

-No sé, me ha dado un vahído. Supongo que es por el calor.

-Déjame que te refresque un poco.

Muy bien...

Con permiso, ¿eh? -Sí, claro.

-¿Mejor?

No me perdonaría que le pasara algo a una chica tan guapa como tú.

-¿De verdad te parezco guapa? -Claro.

Siempre has sido guapa, no es una novedad.

-Ayúdame a levantarme, por favor.

-Con cuidado, agárrate.

Anda, te acompaño a casa.

-No, de verdad, no es necesario,

si ya me encuentro mucho mejor. -¿Seguro?

-Sí, de verdad. -Al menos llévatelo, por si acaso.

-Gracias. -Ve con cuidado.

-Adiós.

-Elvira, necesitaba hablar con usted,

es que ya no sé dónde buscar para encontrar

lo que estamos buscando y...

y el alcalde se ha cerrado en banda y no me ayuda,

y ya no sé a quién acudir. -No sé de qué hablan

pero aquí me tienen para lo que sea.

-Ya, muchas gracias, Dimas, pero no hace falta.

¡No me lo puedo creer!

¡Es esta, esta es la botella!

¡¿Qué me dices?! -Sí, 356.

-¿Estás segura? -¡¿Habéis bebido de ella?!

-No, Dios mío, pero hemos estado a punto.

-¿Qué pasa, está picado el vino? -No, pero me lo tengo que llevar.

-¿Por qué? Si no está bueno... ¿Tú entiendes esto?

-Dimas, yo solo te digo que...

que dejes que Elena se lleve la botella, ya te explicaré.

Solo te puedo decir que confíes en nosotras.

-Nada, pues así será, claro.

-Muchísimas gracias.

-Yo no entiendo nada.

-Ya habrá tiempo para explicaciones.

Dios mío...

de la que nos hemos librado.

-No debiste permitir que Roberto llegase tan lejos.

Tú eres el encargado de mantener el orden en las bodegas.

Y tampoco me gusta cómo llevas el asunto de su despido.

-Bueno, yo le vi llegar y me mantuve atento por si pasaba cualquier cosa,

pero el señorito Rafael me pidió que volviera al trabajo.

-No te excuses.

No es de recibo que se haya montado ese número en las bodegas.

-Cuando comenzaron a pelearse yo intervine

y gracias a eso no pasó nada más.

Es que no debería haber puesto ni un pie en las bodegas.

Estaba despedido, ¿sí o no?

Sí. ¿Entonces qué pintaba allí?

Bueno, es que todo fue muy rápido.

Entiendo que hoy el comportamiento de Roberto no ha sido ejemplar,

pero durante todos estos años sí lo ha sido.

Tengan en cuenta que está pasando un mal momento.

Cometió un error muy grave que casi nos cuesta muy caro

y desde entonces ha cometido errores uno tras otro,

pero ya lo de hoy es imperdonable.

Debería dar gracias que no le denunciemos a la policía

por agredir a su patrón.

Él estaba resignado por su despido,

no sé, tuvo que haber algo más para que reaccionara de esa manera,

le conozco y es muy tranquilo. No digas tonterías, por favor,

no me hagas creer que hay motivos ocultos.

Aunque los tuviera,

no justifica que le diera un puñetazo a Rafael.

(RADIO) -"Hoy, por los micrófonos de Radio Nacional

como homenaje de recuerdo...".

-Padre, quiero que vea una cosa.

-¿De dónde vienes?

-Estaba comprobando el estado de la uva

y debo decir que gozan de muy buena salud, pruebe.

El grado de acidez es perfecto.

(DEGUSTA) -¡Hum!

Ajá, vamos a tener una buena cosecha, sí, sí.

¿Fuiste solo?

-¿Con quién iba a ir?

Aunque recibí la visita inesperada de una persona.

-¿Elena Cortázar?

-No, Asunción.

-Buenas...

¿Habéis visto mi revista "Ondas"? No la encuentro en el salón.

-¿Dónde te has metido? Dijiste que ibas solo a dar una vuelta.

(RÍE) -Sí, claro, recuerdo perfectamente que me dijiste

que te dejara en paz, ¿no? Sí, era eso. Pues ya lo he hecho,

tú siempre tan amable. -Déjate de cuentos.

¿Por qué has tardado tanto, dónde has estado?

-En el horno de Dimas, ya sabes que es muy buena persona

y muy simpático, y como tiene ese trato tan agradable

se me ha ido el santo al cielo.

-Tienes una lengua de víbora.

-Padre, déjela, por favor.

(SUSPIRA)

Eduardo...

tu trabajo es controlar a tus trabajadores, ¿sí?

Si no eres capaz de cumplir con tu obligación y esto se repite

te vas... derechito a la calle.

No hará falta llegar a tal extremo.

Eduardo es un hombre responsable y trabajador

y evitará que suceda un incidente como este en la bodega.

-No lo dude, don Alejandro.

Muy bien, pues demuéstralo

porque le debes mucho a esta familia, Eduardo.

Si mi padre no te hubiera pagado la operación

ahora pedirías limosna como un ciego.

Vicente, por favor. -Lo sé.

Tienen ustedes todo mi agradecimiento y lealtad por eso.

-Otra cosa más.

Sé que Roberto anda con tu hija,

a partir de mañana tiene prohibida la entrada en esta casa.

-Como usted mande, patrón.

-Nada más, puedes irte.

Padre, con todo el cariño del mundo,

es usted demasiado bueno. Espero que después de esto

los peones no se le suban a las barbas.

(Teléfono)

Ya lo cojo yo.

Diga. ¡Vicente, soy yo, Elena!

¡No te lo vas a creer, tengo la tercera botella intoxicada!

¿Qué?

¿Cómo, dónde la has encontrado?

Ya te lo contaré, te espero fuera de la comisaría.

Bien.

Es Elena, debo verla urgentemente.

¿Pasa algo? No, todo bien, padre.

Volveré enseguida.

(Música de intriga)

Hola.

¿Sabes dónde hay más hielo? -No.

-¿Vas a ignorarme así mientras esté aquí?

-Sí, tengo razones de sobra para hacerlo.

-Ya. Es por lo que ha pasado con Roberto, ya lo sabes.

-¿Y tú qué crees?

-Pero que sepas que fue su culpa, él vino a verme como un loco.

-¿Y te parece raro? ¿Cómo va a estar después de que le hayas despedido

de una forma tan injusta?

Roberto ha servido a tu familia lo mejor que ha podido

y así se lo pagas tú.

-Y tu no tardaste en decirle lo que te conté

cuando te abrí mi corazón.

-No, es que yo no le dije nada, él ya se había enterado.

-Venga, no te hagas la tonta. Está claro que le sorbiste el seso

con eso de que estoy celoso.

Queréis relacionar el despido con eso y no tiene nada que ver.

-Lo que sé es que Roberto es uno de vuestros mejores trabajadores

y que no se le puede despedir

por un error que puede tener cualquiera.

-Cómo se te llena la boca defendiéndole.

Tranquila que si tan buen trabajador es no le costará encontrar trabajo.

-Lo importante es que Carolina sabe lo que quiere

y si va a luchar por su hijo yo le voy a apoyar.

-Le apoyaremos, ¿eh? Que yo soy su tío,

ya verás, cuando los Ortega hacen piña, somos de armas tomar.

-Qué ganas tengo de sacarme esa plaza de policía

para darles un futuro a ella y a su hijo.

-Buenas tardes, se pasan más tiempo en la comisaría que en sus bodegas.

Mira el policía gracioso.

Quizá si cumpliese con su trabajo me ahorraría alguna visita

y podría irme de vacaciones. Muy bien, señor Cortázar, dígame.

-Es la prueba que me pidieron,

ahora ya pueden detener a Santiago Miranda.

-¿Qué se supone que es esto?

-Es una de las botellas envenenadas.

Es idéntica a las botellas que mataron

a Ricardo Reverte y al padre Genaro.

-¿Por qué insiste, señorita?

Si en los análisis post-mortem que hicimos a Ricardo y al padre

resultó claro que murieron de muerte natural.

Además, la analítica que hicimos

en la botella que había junto al cura sus valores fueron normales.

-Analice esta, por favor, y verá que tiene razón.

-¿Pero cómo es usted tan obcecada?

Primero con Ormaechea y ahora esto. Si las botellas son idénticas,

¿los resultados por qué van a cambiar?

-No perdemos nada con hacerlo, tío.

-Está bien, está bien.

La analizaremos, mándala a Logroño

y que nos den los resultados cuanto antes.

-Deja de buscarme las cosquillas y sírvete un vaso de ginebra

y así me dejas tranquilo.

-Pues mira, hoy no tengo ganas de beber.

Aunque sí tengo motivos para brindar.

(RÍE) -Me sacas de quicio.

Mejor que me vaya antes de que diga algo de lo que pueda arrepentirme.

-Tú no sabes lo que es el arrepentimiento.

(SUSPIRA) Ay...

Él solo piensa en sí mismo y en sus intereses.

-¿No os cansáis de discutir?

-Si no soy, es él, que cada día está más irascible.

Pero bueno, cambiemos de tema, ¿cómo estás tú?

¿Cómo van tus cosas con Elena?

-Mal.

No creo que Elena y yo arreglemos lo nuestro,

nos separan demasiadas cosas. -¿Cómo dices eso, Luis?

Mírame a mí, por ejemplo.

Hasta ahora pensaba que mi vida era un condena y que nunca cambiaría,

pero hoy me he dado cuenta de que...

todo en esta vida tiene solución.

-Puede, pero lo mío con Elena no lo creo.

Lo que nos separa es insalvable.

-Que no, que no quiero oírte decir eso, Luis, por favor.

La vida... la vida da muchas vueltas.

A veces nos sorprende con cosas que nunca habríamos imaginado.

No hay que dejarse hundir por las adversidades.

Porque al final la vida coloca a cada uno en su sitio.

Sí, como me ha pasado a mí.

-¿Y qué ha pasado para que ahora hables así?

-Pronto lo sabrás,

y entonces entenderás lo que estoy intentando decirte.

¿Cuándo tendremos los resultados? No sé, imagino que mañana.

Ortega, ¿no podría ser hoy?

Hay un asesino suelto y sabemos quién es,

no descansaré hasta verlo encerrado.

Por favor, no nos presionen más, hacemos lo que podemos.

-Llevamos muchísimo tiempo esperando este momento,

saber si Santiago Miranda está detrás de la muerte de Gabriel.

Les ruego que no alarguen esa agonía.

-No se preocupe, yo mismo llevaré la botella a los laboratorios,

y me aseguraré de que lo tengan a primera hora.

-Nada más que tenga los análisis les mandaré aviso.

-Muchas gracias.

Vámonos, Vicente.

-Elena Cortázar vino a verme

y en un tono muy acusador.

-¿Cuánto sabe esa chica?

-Creo que lo sabe todo.

Estamos perdidos, Santiago.

-¿Tiene alguna prueba para incriminarnos?

-Pero me ha exigido que colabore con ella

y que diga todo lo que supuestamente sé a la policía.

Naturalmente me negué.

-Bien hecho.

Es un revés para nosotros que sepan lo del vino adulterado,

pero mientras no tengan pruebas...

no tenemos nada que temer. -Le he dado vueltas a eso,

¿Luis no tendrá nada que ver con que esa información

haya pasado a manos de los Cortázar?

-¡¿Qué dices, Bernardo?! Luis no sabe nada de nada.

Además, ya le he convencido que esos rumores

no son más que una conspiración de los Cortázar

para perjudicar nuestras ventas.

(SUSPIRA)

-La cuestión es dónde está esa botella.

Hay que encontrarla antes que ellos, esto se está enmarañando.

-¿Y qué quieres que hagamos, que se lo contemos a la policía

con dos muertos a las espaldas?

Acabaremos en la cárcel, ¿es eso lo que quieres?

Escúchame.

Si la Cortázar viene por aquí tú muéstrate fiel a tu versión.

No sabes nada más.

Y muéstrate ofendido por sus sospechas.

Ten cuidado no metas la pata.

Yo ahora tengo que irme.

Adiós, Bernardo.

-¿De verdad no piensas reconocer las verdaderas razones?

-Eh...

-¿Sabes qué? Que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

-¿Y sabes qué te digo? Que tengo la conciencia tranquila.

-Claro que la tienes, porque como en el fondo eres igual que Vicente

que le da igual pisar a quien sea para salirse con la suya.

Eso sí, luego mirar hacia otro lado.

-Nada de eso tiene que ver conmigo.

-Pues no, no tiene nada que ver con la persona que yo conocía.

-A lo mejor no me conoces tanto como crees, ni ahora, ni antes.

-Yo solo quiero que entiendas que Roberto y yo somos novios

por mucho que te duela.

-Muy bien, que ya sé que tú y yo solo somos amigos, está asumido.

-Sí, ¿y sabes qué? Que yo no quiero amigos así.

-Te digo una cosa, nene,

no sé cómo Santiago aguanta a Elvira, es una prepotente

y una desvergonzada.

Si hubieras visto cómo me ha tratado en la panadería.

Además, de decencia nada, ¿sabes que tiene una nueva conquista?

Nada menos que el bueno de Dimas, que de bueno que es, es tonto.

(SUSPIRA) Ay, Virgen de la Capilla,

no sabe en qué fregado se está metiendo.

Ay, si su pobre madre, que en paz descanse, levantara la cabeza.

Bernardo, no me estás escuchando.

-Sí, te estoy escuchando mujer, tienes razón.

-Hola. -Hola.

-Huy, hija, qué contenta vienes de tu paseo.

-Necesitaría que me almidone y me planche un poco este pañuelo.

-¿L. M.?

¿De quién son esas iniciales?

-¡De Luis Miranda!

(SUSPIRA)

Ha estado tan atento conmigo.

Y las cosas entré Elena y él no andan bien,

así que he decidido aprovecharme.

-Hija, ten cuidado, ¿eh?

Lo pasaste muy mal la última vez y nos diste un susto de muerte.

No quisiera que pasaras por lo mismo.

-Tranquila, madre, no se preocupe.

Si hubiese visto lo atento, lo amable,

y lo cariñoso que estaba conmigo...

(SUSPIRA)

-Pero ellos siguen juntos, ¿no?

-No, han roto.

Elena Cortázar no era más que una piedra en el camino.

Yo sé que ahora Luis puede ser para mí.

Por favor, necesito que me apoyen en esto.

-Bueno, siendo así...

cuenta con mi apoyo.

¿Y tú qué dices, Bernardo?

-Bueno, sí... Sí, sí, por supuesto.

Que ojalá tengas razón, que Elena solo sea una piedra en el camino.

-Ea, pues siendo así no hay tiempo que perder.

Le doy un agua y enseguida te lo plancho y almidono

y así podrás ver a Luis. -Gracias.

(Murmullos del bar)

-Ahogar las penas en vino no te solucionará los problemas.

-Tiene guasa que seas tú quien me diga eso.

-Y tú quien me hizo ver

cuántos problemas me habría ahorrado si no hubiera bebido tanto.

Como lo de dejar la barrica mal cerrada, ¿te acuerdas?

-Me acuerdo.

Pero no creo que mis problemas vayan a ser más o menos por beber o no.

-Pues ya está.

Vete a casa a la cama y descansa, que mira quién te lo dice.

-Espera que me acabe el chato de... -Que no.

Venga, te acompaño yo, así no haces ninguna tontería, vamos.

Deja que sea yo quien te ayude por una vez.

-Está bien.

Porque somos amigos.

¿Sabes? Cuando tienes problemas de verdad es cuando te das cuenta

del tipo de personas que tienes al lado.

Como Manuela, como tú.

-Tú no te preocupes que no te quedarás solo.

-Pero hija...

Has estado fuera todo el día, estaba preocupada, hija.

-Perdóneme, madre, es que...

Después de casa de los Cortázar fui a dar un paseo,

necesitaba pensar con claridad.

Se me ha echado la noche encima sin darme cuenta.

-¿Qué te ha dicho Alejandro Cortázar?

-Madre, este no es el momento ni el lugar

para contarle esas cosas.

Ya se lo diré más tarde. -Pero, Carolina, no me dejes así.

-Pilar, cóbrame, anda, que tengo una consulta ahora.

-¿Es que la Encarna está malita otra vez?

-Qué va, está bien, es el hijo de doña Aurora, la costurera,

que tiene una anemia de caballo el muchacho.

-Madre mía.

-Le hace falta mucho hierro y mucha vitamina,

pero como no tienen ni para pelarlo.

-Ay, pobre gente.

Unos tanto y otros tan poco, la vida es muy injusta.

-Y que lo digas.

Prácticamente todos los días atiendo niños enfermos

de familias que no tienen ni para comer.

Es que hoy en día hay que pensárselo mucho antes de tener un hijo.

Porque engendrarlo es muy fácil, pero...

para criarlo hace falta mucho de aquí.

Yo todos los días doy gracias a Dios por haber sacado adelante a Asun,

sin que le falte de nada.

En fin, bueno, que llego tarde.

Con Dios. -Gracias, adiós.

(Pasos)

-A buenas horas.

¿Dónde os habéis metido?

Padre, hay algo que debemos contarle.

Pero deberíamos esperar a Rafael, ¿no?

¿Para qué? Igual está en la plaza dándose de puñetazos.

No hagas comentarios de mal gusto y no me lo recuerdes,

quiero olvidarlo cuanto antes.

-¿Qué ha pasado?

Rafael y Roberto Vega se han peleado hoy.

Por lo visto el peón no encajó bien que le echara

y se han liado a puñetazos. ¿Qué?

-Aún no entiendo cómo Rafael ha podido hacer algo así.

-No se lo tenga en cuenta, padre, Rafael es buen chico,

habrá tenido algún motivo.

Elena, para llevar unas bodegas uno no puede perder los nervios,

es una señal de debilidad.

(BORRACHO) Basta, ¿no tenéis otro tema del que hablar?

Que no cuchicheéis de mí, no habléis,

me pitan los oídos: ¡Piiii!

Fíjate, borracho perdido, para ser bodeguero no sabes ni beber.

Dame. ¿Qué?

Dámela. Mira, estoy un poco hasta los cojones, Vicente,

de que me insultes y de que me dejes en ridículo.

¿Sí? ¡Rafael, por favor!

Que te vas a hacer daño. ¡Rafael deja de actuar como un crío!

¡Déjame!

-Ahora que estamos tranquilas, siéntate.

Tenemos una conversación pendiente.

(SUSPIRA) Ay...

A ver, cuéntame qué te ha dicho Alejandro Cortázar.

(LLOROSA) -Es que yo no quiero hablar, madre.

Es que no sé cómo empezar.

-Pero, Carolina, por favor, que soy tu madre,

que te he apoyado siempre en todo desde el principio,

sabes que puedes contarme lo que sea, cariño.

-Don Alejandro me ha ofrecido dinero a cambio de mi niño.

-¡¿Es que esta gente se cree que todo se arregla con dinero?!

-Pero que eso no es verdad, madre.

Si usted también ha escuchado a don Bernardo,

que el hijo de la costurera tiene anemia.

¿Cree que si tuviera dinero estaría así?

No.

Es que además...

además eso no es todo.

Don Alejandro me ha amenazado con arruinar la vida a Ángel

si no le entrego al niño.

-¿A Ángel? -Sí.

-¿Qué tiene que ver Ángel en todo esto?

-Se ha hecho con unos informes policiales de cuando vivía en Madrid

que él era un pinta. Pero eso yo ya lo sabía, él me lo contó.

El caso es que con esos informes le arruinará la carrera de policía.

-Ay, Dios mío.

A ver si lo entiendo. ¿Este hombre aireará los informes sobre Ángel

para que ni siquiera pueda presentarse a las pruebas?

¿Cómo puede hacer una cosa así, con tan poco corazón,

y tan miserable como para amenazarte con todo esto?

Escúchame, hija.

Tú tienes todo el derecho a decidir lo que quieres de tu hijo

sin que nadie te chantajee, ¿me oyes?

-Sí.

Pero yo quiero a Ángel con locura, madre,

ha cambiado por mí

y no voy a dejar que nadie le arruine la vida.

-¿Aunque eso suponga renunciar a tu hijo?

-Yo sé que con los Cortázar estará muy bien.

Creo que mañana voy a ir a firmar esos papeles.

-¿Me contáis lo que veníais a decirme?

Es sobre Santiago Miranda y quizá también sobre la muerte de Gabriel.

¿Qué? -Sí, Santiago Miranda adulteró

una partida de vinos que resultó tóxica.

Creemos que Gabriel lo descubrió y lo chantajeó.

-Y creéis que Santiago Miranda lo asesinó para que no se supiera.

Es una hipótesis muy lógica, padre.

¡Maldito hijo de perra!

Pero esto no se va a quedar así,

ahora mismo voy y lo... No, espere, ¿dónde va?

Padre, la policía se encargará de todo esto.

Una de las botellas intoxicadas ya la tiene la policía,

mañana tendremos los resultados

y si se confirma lo que ya sabemos detendrán a Santiago Miranda.

Si va a ver a Santiago Miranda le dará motivos para huir de aquí.

-Esta vez os haré caso, pero esto no se va a quedar así.

¡Os juro por lo más sagrado que Santiago Miranda lo pagará!

¡Se va a arrepentir de haber nacido!

-Dile a Roberto de mi parte que no vuelva a pisar esta casa.

-No, madre, esto... -Sí, hija mía, sí.

¿Quieres que don Alejandro vea rondando por su casa

al hombre que se pegó con su hijo?

-¿Cuánto te vas? -En un par de semanas,

porque la temporada del tulipán es inminente.

Pero aún no les he dicho que sí.

-¿Cómo?

-Estoy segurísimo que en cuanto te subas al tren

el señorito Rafael ataca, acuérdate de lo que te digo.

-Sí, pero confío en Manuela, es buena chica.

-¿Qué mujer se resiste a alguien que la corteja y le hace regalos?

Te puede aguantar un mes o dos, ¿pero seis?

-Marcho a Holanda a la recogida del tulipán.

-¿Cómo?

-Vente conmigo a Holanda.

-Pilar, ¿qué te pasa? -Ha ido donde los Cortázar.

-¿Ha decidido darles el niño?

-Solo tienes que firmar donde pone tu nombre.

-Me alegro que hayas recapacitado,

es mejor arreglar las cosas por las buenas.

-¿Y si el vino está contaminado qué haremos?

-Pues meter en el calabozo a Santiago Miranda,

pero por adulterar el vino,

no por lo del asesinato.

Para eso tendremos que tener más pruebas u otros testigos,

o algo.

-Qué bien nos vendría la declaración de Ormaechea.

-Te escribo aquí el teléfono de Destilerías Marco en Haro...

por si alguien quiere localizarme.

-¿A dónde has ido tan temprano? -A recoger unos análisis

de una partida de vinos o no sé qué.

-Quería hablar con Santiago, ¿está? -No, no está aquí.

-Estará en la bodega, ¿me permite hacer una llamada?

-Sí. No, mejor sírvase una copita mientras voy llamado yo.

Pase, póngase cómodo.

-No me lo puedo creer.

-¡Pero léalo, por favor!

(LEE) -"La muestra analizada contiene suficiente metanol

como para provocar la muerte de la persona que lo beba

o ingiera por vía oral".

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 72

19 ago 2013

 Carolina está a punto de firmar los papeles de Alejandro cuando Rosalía les interrumpe y convence a la chica para que se lo piense mejor.

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