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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 65 - Santiago se reúne con Joaquín Ormaechea y compra su silencio acerca del vino intoxicado - ver ahora
Transcripción completa

-¿Alicia? -Adolfo Reverte, ¡cuánto tiempo!

-No te había reconocido.

Se nota que Barcelona te ha sentado bien.

-Sí. -Estás espectacular.

-Veo que sigues galante como siempre.

-Tú, a Adolfo Reverte le echaste el ojo mucho antes de marcharte.

Adolfo tiene novia.

Y por lo que parece está muy enamorado de ella.

-¿Novia, Reverte? No me quiero casar con él.

Solo quiero divertirme.

-¿Tu tío ha muerto?

-La culpa de todo la tiene el malnacido de Vicente Cortázar.

¡No dejaré que su hermano me joda la vida!

-Se acabó. ¡Estás despedido!

-¡Eh, ya! ¡Ya!

-Andrés pidió un día libre a Don Vicente.

Para poder despedirse de su tío.

-Y Vicente no se lo dio, ¿no? -No.

Yo no tengo derecho a pedirle esto.

Y usted tiene todo el del mundo a despedirle, pero...

si lo hace, nadie va a querer contratarle y eso va a ser su ruina.

-Esta vez lo paso por alto. Pero es la última.

Tú no has trabajado de sol a sol,

mientras tus hermanos disfrutaban, para que esto pase a manos...

No, no, dilo. Dilo. Si yo pienso igual que tú.

Como ese salga a su padre, vamos listos.

Tienes que hacer algo, Vicente.

Tú no te preocupes, no vas a criar el hijo de otra.

Eso te lo garantizo yo. Cari...

Ahora ya sé que no puedo fiarme de ningún Cortázar.

Sois todos iguales.

-¿Qué te han dicho? -Lo que quieren no tiene nombre.

Nadie con un poco de corazón pediría a una madre algo así.

-No sé, hay algo que me inquieta.

Porque sino, ¿por qué se ha puesto así Carolina?

-Bueno, no sé. Ese niño le liga de por vida a esta familia.

A no ser...

¿Estás pensando lo mismo que yo?

-No puede ser que padre le dijera que se quiere quedar el hijo.

Eso es muy cruel.

No lo haré. Es mi última palabra. -Si no te haces cargo de ese niño,

soy capaz de regalarle las bodegas a los curas.

-Luis, necesito que me cuentes todo lo que sabes sobre Ormaechea.

-Mi padre puede tener algún dato sobre ese tipo, no sé...

Su domicilio, su cuenta bancaria... -No le puedes decir nada a tu padre.

-¿A qué viene tanta insistencia con que no sepa nada?

-Luis, por favor. -No, Elena.

Mi padre no es ningún asesino.

No voy a ayudarte a hundirle.

Esta vez te has pasado.

Y mucho.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

-Manuelilla.

¿Cómo estás? -Muy bien.

-¿Sí? Qué bien hueles.

(RÍEN)

Oye, además de ser la más linda, ¿eres una cocinera increíble?

Por favor cómo huele de bien ese guiso que estás haciendo.

-Cómo dice mi madre, mejor sabrá.

¿Pero tú a qué has venido, calamero?

¿A probar mi guiso, o a catar tu trofeo?

-He venido a verte a ti.

Pero bueno, ya que estamos

si me partes un poco de jamón y me das un beso,

me haces el hombre más feliz del mundo.

-Pues claro...

Pero no te acostumbres

sabes que aquí no me gusta que te acerques tanto.

-¿A no? -No.

-Vale.

(RÍE) Pues no parece que te importe mucho.

-Bueno, porque

estoy muy orgullosa de que mi padre y mi novio

hayan ganado a dos policias al mus.

Si es que sois listos, eh.

-¿Sabes que suena muy bien en tu boca lo de novio?

¿Algún día me vas a llamar marido?

-Pues no te queda "ná". Anda...

A ver.

-La verdad, me sorprendió ganar el torneo, porque

no esperaba yo que el Gato hiciera trampas.

-Pues sí. Os podiáis haber dado cuenta que ese os había hecho un lío.

Si es que hay que ser borricos.

-¿Pero en qué quedamos? ¿Somos listos

o somos borricos?

-Sois buenas personas, que es lo que importa.

Ya está. Ya está. -Me tienes...

-Perdón, no quería interrumpir. -No, ya está.

Digo que Roberto ha venido a catar su trofeo y se va.

Se va a trabajar. ¿Sí? -Sí, claro.

-Sí, me voy. Señorita Elena.

Te veo luego, linda. -Sí. Adiós.

(SUSPIRA) Por la cara que traes,

algo me dice que ya has hablado con tu padre. ¿Me equivoco?

He intentado hacerle entrar en razón, pero nada. No hay manera.

Sigue empeñado en que criemos el hijo de Gabriel

como si fuera nuestro.

Yo no puedo Vicente.

No puedo irme de Lasiesta, esperando que nazca ese niño

y luego criarlo como si fuera nuestro.

Lo que propone tu padre es una burla.

¿Tú te crees que a mi me hace gracia? Por Dios.

Criar a ese bastardo como si fuese de mi propia sangre, como mi hijo.

Pero mi padre amenaza con desheretarme, Rosalía.

Que dará las bodegas a la Iglesia, si no hacemos lo que él quiere.

¿Y tú le crees?

A tu familia le ha costado generaciones levantar el negocio.

Tu padre sería incapaz de legárselo a alguien sin sangre Cortázar.

Puede que no se las entregase a la Iglesia,

pero es capaz de legar el negocio a Elena y Rafael.

(RÍE INCRÉDULA) No. No, cariño.

Tu padre sabe perfectamente

que Rafael no tiene nervio para dirigirlas.

¿Y Elena? Por mucho que la apoyara con los estudios,

es una mujer.

Y además, esa chica.

(CHISTA) Esa Carolina, quiere criar a su hijo.

No abortó. No os ha pedido nada.

No cederá, Vicente.

No le va a entregar ese niño a tu padre.

Nadie dice que se lo vaya a entregar por las buenas.

Si Carolina no acepta el trato, se lo quitará por las malas.

Además. Que no,

no quiero hacerme cargo del hijo de Gabriel.

El primer nieto, el heredero, tiene que ser nuestro hijo.

Bueno, bueno, ya está. Ya está. Algo se nos ocurrirá.

No renunciaremos a tener nuestra propia familia.

Nuestros propios hijos, cariño.

(SUSPIRA) Tienes razón. Ya se nos ocurrirá algo.

Ya tengo el dinero de Olea para transferirlo a tu padre

cómo acordamos. Luego te hago una autorización.

Muy bien.

Mañana, iré a Logroño a ingresárselo.

¿Te importaría dármelo hoy?

Es que mañana tú vas muy pronto a la bodegas.

Tranquila, está en la caja fuerte. Luego te lo doy.

Gracias, cariño.

Y no te preocupes más, por esa tabernera.

Que lo solucionaremos.

Ahora tenemos que estar juntos. Eso es lo importante.

Sí, cielo. Tienes razón.

Cómo siempre.

¿Y bien?

Y bien, ¿qué? Nada, como estás ahí tan calladita.

¿Has visto a Jesús?

Sí. Fui a las bodegas...

a llevarle los dulces que le gustan, de coco,

pero no estaba. Y estaba Adolfo. Pensaba que eran para él,

Y luego llegó Jesús. Y mira, da igual. Es un lío y una tontería.

Sofía, a mi no me engañas. Que yo te conozco.

No te estoy engañando.

(Puerta)

-¿Cómo está el mejor panadero de la comarca?

-¡Ay, Alicia! Alicia, madre de Dios.

Te veo por la calle y no te reconozco.

Mírala, si está hecha una mujer de bandera.

-Otro igual. No he cambiado tanto, Dimas.

-¡Qué estirón! Por el amor de Dios.

Te fuiste que eras una cría. y hablabas así, toda tímida.

Además, eras un poquito...

Bueno, ya estamos. Era gordita, Dimas,

pero tampoco tanto. He perdido peso,

me he dejado el pelo largo y me he quitado esas camisas

que me cosía mi madre. -Bueno, la tuya y la mía.

Fuimos con nido de abeja hasta los 17. Qué suplício.

-Mi madre dibujaba los nidos de abeja para las vuestras.

Que en paz descanse, la pobre.

Con lo que le gustaban a ella. -Ya me contó Asunción

que faltó no hace mucho. -Sí.

Lo siento mucho, Dimas. -Mira. Ya ves. La vida pasa.

¡Ay! Ay, por Dios. Qué cabeza la mía.

Qué maleducado. Sofía, esta es Alicia, amiga de Asunción.

Vivía aquí en Lasiesta y se fueron para Barcelona, sabes.

Su padre es un gran banquero y lo mandaron para allá.

Director de una sucursal, nada más. (RÍE)

Encantada, Sofía. Igualmente.

Madre de Dios.

-A Roberto se le ve muy enamorado de ti. Tienes mucha suerte.

Sí. La verdad es que sí. Bueno, la misma que tú.

A ver qué hombre es capaz de enfrentarse a su familia

y declarar su amor, ante todo el mundo.

-Sí, Luis me quiere mucho, pero...

Nuestras reconciliaciones duran poco.

-No me digas que otra vez... -Hemos vuelto a discutir.

Y esta vez, por culpa mía.

-Ya, bueno. Pues seguro que no será tan grave.

-No le ha sentado bien una cosa que le he dicho de su padre.

Siempre discutimos por las familias. -Sí, siempre discutís por lo mismo.

Así que pídele perdón y arréglalo.

-Ojalá sea tan fácil, Manuela.

-Pero a ti te pasa algo más.

-Pues que también he discutido con mi padre.

-Con tu padre.

Pero si eres la niña de sus ojos. Tu padre te lo perdona todo.

-Pues no sé cómo hacerlo, la verdad.

Manuela, ¡la plancha!

-¡La plancha, no, no! ¡No puede ser! Se quemó.

(SOPLA) -¿Era de Vicente?

No. No, no, no. Menos mal que es de Rafael,

porque sino yo sí que tendría problemas.

(SOPLA) A ver...

-Y qué. ¿Cómo están tus padres?

-Bueno, mis padres tienen salud, que es lo importante.

Tampoco paro mucho quieta en casa. Estoy estudiando farmacia.

¡Anda, mira! (RÍEN)

-A ver si puedo tener mi negocio y así no dependo de nadie.

-Eso, hasta que te casen.

-Casarme, no sé. Hay que disfrutar mucho de la vida,

antes de dar ese paso.

-Quién te ha visto y quién te ve. Con lo modosita

y poquita cosa que tú eras.

-Poquita cosa. Tendrían que verla conduciendo tu coche.

¿Uno rojo aparcado en la plaza? -Sí.

Es precioso. -Es bonito, ¿verdad?

Me encanta conducir y me encanta la velocidad.

(RÍE) Tenía unas ganas de llegar a Lasiesta y veros.

Sobretodo a Asunción. No nos veíamos desde que me fui.

-Menos mal que te quedas unos días. Y descansas de tanto estudio.

-Y de lo que no es estudio. En Barcelona,

es un sinvivir de tanto vivir. -Ay, pues, disfruta.

Disfruta de la vida. Aquí todo sigue igual.

Bueno, igual no. Algunos tenemos más tripa, más canas y menos pelo.

-Estás igual, Dimas. Bueno, no tanto como Adolfo Reverte,

Madre mía. Aquel sí que está igual de guapo, de salamero.

Está más guapo, si cabe. -Ha cambiado algo también,

que se ha echado novia. -Que sí, que sí.

Ya me lo ha dicho Asunción. Pero seamos francos, Dimas.

Reverte nunca fue hombre de una mujer.

Yo me acuerdo de cuando dábamos paseos por el río;

lástima que por aquel entonces yo fuera tan santurrona.

¡Ay, Asunción, qué pisotón! Estás muy patosa.

Entiendo que seas alta y descontroles, pero es que...

me vas a destrozar los zapatos. Y son de marca.

-Patosa, tú. Estoy intentando decirte que Sofía, aquí presente,

es la novia de Adolfo Reverte.

-Ay, va... Ay, qué bocazas que soy.

Sofía, perdóname. Discúlpame. Lo siento mucho.

No te preocupes.

Soy consciente de la fama que tenía Adolfo, pero...

la gente cambia, ¿no?

-Sí, sí que es verdad que cambia. Mírame a mi. ¿Verdad?

-Es verdad. Era gordita.

(RADIO) -"Yo no puedo aprovecharme de la muerte de mi hijo".

"No quiero una felicidad que viene porque él se ha ido".

"Cristina. Cada vez que la mirara en los ojos..."

"...pensaría en los suyos, que no volverán a verla".

"Cada vez que me riera a su lado, me acordaría de su risa triste".

"Cada vez que yo me sintiera fuerte, me acordaría de sus sufrimientos"

"Cada vez que yo la besara..." (LLORA)

(Puerta)

-Así nos va. A todas, creyéndonos esos cuentos.

(SUSPIRA)

¡Luis! Pero... No te esperábamos tan pronto.

¿Qué tal el viaje? -Muy bien muy bien.

Mi padre estará contento con los negocios que he cerrado.

-¡Ay, cómo me alegro! Bueno, ¿y qué tal Lisboa?

¿Es tan bonita como dicen?

-La verdad, no he tenido tiempo para hacer turismo, Elvira.

He estado todo el rato trabajando.

-¿Y por Madrid? ¿Has recibido solo a ingenieros químicos

o has tenido tiempo de dar un paseo por la Avenida José Antonio?

-Pocos paseos, la verdad. En el taxi, de camino a las reuniones.

Sí. Entrevisté a los ingenieros y un par pueden estar bien.

-Supongo que te habrás dado tanta prisa en volver

porque tienes muchas ganas de ver a Elena.

-Sí, pero... (SUSPIRA) Es lo primero que he hecho al llegar.

Y... la cosa no ha salido como yo esperaba.

-Vaya. Déjame adivinar.

Esta vez habéis discutido por vuestras familias. ¿A que sí?

-Ella desconfía de mi padre tanto como yo de Vicente.

Pero ha dicho cosas muy duras de él.

-Luis. Tu padre no es un santo. -Elvira, lo sé.

Si alguién lo sabe, soy yo.

Pero es mi padre. Y hay límites que no se pueden cruzar.

Mi padre será muchas cosas, pero no es...

(SUSPIRA) No, déjalo. Vamos a hablar de cosas más agradables.

(RÍE)

-Mira, Luis, sea lo que sea que te haya dicho, tú la quieres.

No dejes que una opinión sin meditar rompa eso tan bonito que tenéis.

-Ya...

(Teléfono)

-Residencia de los Miranda, ¿dígame?

¡Elena! Sí, sí, acaba de llegar. Ahora mismo se pone.

-Sí. Dime, Elena. -Luis, siento mucho lo que ha pasado.

Me he quedado muy mal de ver como te ibas así.

-¿Te crees que yo no? Estaba deseando verte y...

...mira como hemos terminado.

Elena, sé que mi padre no te gusta; yo reconozco sus defectos,

pero... no es un asesino. -Por Dios, no quería insinuar eso.

-Ya, pues para no querer... -Me he puesto nerviosa

cuando has dicho que preguntarías a tu padre sobre Ormaechea.

Piensa que a mi familia les he prometido que no diría nada.

Y a ti te lo he contado todo.

-Te has puesto nerviosa porque es lo que piensas de mi padre.

Y eso me duele.

-Luis, por favor. Ya te he pedido perdón.

Lo siento mucho. Ponte en mi lugar.

Seguramente pensarías igual que yo.

Y además, no quiero que nada nos vuelva a separar otra vez.

-Acabo de volver de viaje. Ha sido muy largo, estoy cansado.

Necesito pensar con claridad.

Ya hablaremos.

(LUIS CUELGA)

(SUSPIRA)

¡Rosalía! Ay, Sofía.

¿Dónde vas con tanta prisa, mujer? A la plaza.

Que quería comprar unas lecherías, que a Vicente le encantan.

Ah, habéis hecho las paces. (ASIENTE) Sí.

Menos mal... Si al final, era una tontería.

Cuando estás casada te das cuenta que...

no vale la pena irse a la cama enfadados.

Bueno, me alegro mucho. Por los dos, y por tu estómago.

Que te iba a salir una úlcera, con tanta magdalena.

Sobretodo por las cartucheras. (AMBAS RÍEN)

Por cierto, que...

Ya sé que te dije que te pagaría el dinero de Olea pero...

(SUSPIRA) No va a poder ser, Sofía.

Mujer, no pasa nada. No, sí que pasa.

A mi no me gusta faltar a mi palabra.

Y tú has sido tan generosa conmigo.

Estoy deseando devolverte el favor.

Pero es que ha habido un problema con la transferencia y...

Y que no va a llegar el dinero. Que no pasa nada. Hay muchos días.

Es que eres más buena. Uy...

Qué guapa.

Si es que Adolfo tiene una joya.

Él no lo sabe. No sabe la joya que tiene.

¿Sabes qué me dijo el otro día? ¿Qué?

Que se alegraba de tenerme a su lado porque le hacía ser mejor persona.

(SUSPIRA) Ay...

(SUSPIRA)

-Me pregunto cómo será su hijo.

Si se parecerá a él, ¿no?

-Espero que saque lo mejor de Gabriel.

-¿Te ha dicho padre qué piensa hacer con Carolina y el niño?

-No, no me lo ha querido contar.

Parece que sigue enfadado y ofendido porque le ocultamos

que el embarazo seguía adelante.

Menos mal que he sido un buen hijo

y he informado a padre de lo que pasaba.

Sí, a saber cuál ha sido el motivo.

Me imagino que para marcarte un tanto y dejarnos en evidencia, ¿no?

En esta familia no hay secretos, Elena. Ya deberías saberlo.

No podía permitir que padre siguiera sufriendo,

ocultándole que un pedazo de Gabriel seguía por ahí vivo.

(RÍE) Hay que ser rastrero.

¿Cómo, perdón? ¿Qué has dicho? Habla alto y claro, Rafael.

Rafael dice la verdad. Hay que ser muy rastrero

para intentar pagar un aborto, deshacerte de una criatura

y luego irle con el cuento del buen hijo a padre.

Por mucho que os cueste creerlo

a mi me importan los sentimientos de padre, no como a otros.

¿Tu cinismo no tiene límites?

Solo te importas tú mismo. Si fuera por ti, esa criatura estaría muerta.

En una cosa te equivocas. Solo me importan estas bodegas y la familia.

Pero te doy la razón en una cosa. Si por mi fuera, sí,

mejor que esa criatura no se hubiese engendrado nunca.

Vaya, vaya. Por fin escucho una verdad de tu boca.

¿Y qué piensas hacer ahora, Vicente?

A mi me dicen esto y es que me derrito. (RÍE)

Y tú parece que no le das la importancia que tiene.

No, si fue muy bonito, pero... Más "peros".

Es que... Igual es una tontería, pero...

Ha venido al horno una chica, una amiga de Asunción, Alicia.

Se fue hace un par de años a Barcelona y...

Es muy guapa y sofisticada, ¿sabes?

Estudia farmacia en la universidad. No le des importancia a eso.

Mira, Trini, hija de doña Paquita... Ah, vale.

Estudia farmacia también, me parece. (ASIENTE)

y me han dicho es bastante torpona. Ay, mujer...

Bueno, no es el caso. Esta es bastante espavilada, sí.

¿Y qué tiene que ver esa Alicia contigo y con Adolfo?

Pues resulta que hace unos años, Adolfo y ella tuvieron algo.

Pero com ella era una cría entonces, se quedó así, en una tontería.

Ya. Y ahora la has visto bien crecidita y aires de ciudad,

y te da miedo que pueda pasar algo.

Yo confío en Adolfo. Sé que ha cambiado, pero...

pero es que ella...

parecía que quería recuperarlo.

¿Y qué te ha dicho exactamente? Que se habían visto,

y que él estaba muy guapo.

Que le habían contado que tenía novia en el pueblo,

pero que le daba igual porque todos saben que es un picaflor.

¡Pero qué descaro! (ASIENTE)

¿Eso te dijo a la cara? Ella no sabía que era su novia.

Luego cuando se enteró, se quedó un poco de piedra.

¿Y tú qué hiciste?

Nada. ¿Nada?

Ay, qué poca sangre tienes, hija. Mira, si a mi me hace eso,

yo es que le arranco el moño o le pego un corte que vamos.

No sé. Será que no soy celosa, yo que sé.

Yo tampoco era celosa, eso pensaba.

Pero desde que conocí a Vicente...

Bueno, ya sabes que soy capaz de cualquier cosa por él.

(SUSPIRA) Así que aplícate el cuento, guapa. (RÍE)

¡Ay, las lecherías! Que me cierran. Corre, corre.

Parece que tendré que aceptar los planes de padre,

y hacerme cargo del hijo de Gabriel, como si fuera mío y de Rosalía.

¿Cómo?

Padre quiere que Carolina se vaya y de a luz fuera de aquí.

Rosalía estará fuera hasta que nazca y cuando vuelva...

¿Quiere hacer pasar ese hijo como si fuera vuestro?

Me alegra que estés tan lúcido, Rafael. Enhorabuena. Pues sí.

Padre no quiere bastardos en la familia.

¿Pero os habéis vuelto locos, o qué?

Es lo que hay. Es su voluntad. Yo no pienso contradecirle, hermana.

¿Y Rosalía? Supongo que está al tanto de todo.

Bueno, Rosalía es mi mujer. Así que hará lo que yo le diga.

(Teléfono)

Sí.

Sí, soy yo. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

Ah... Ya. Gracias por la información. Adiós.

Bueno, parece que no todo son malas noticias.

Joaquín Ormaechea ha dejado EE.UU. y ya está de vuelta en España.

¿Sí? ¿Cómo estás tan seguro?

Hermana, yo tengo mis contactos muy efectivos.

Un amigo es profesor en una universidad de California

y me ha dicho que estuvo dando la charla pero está de vuelta.

Bueno, almenos ya sabemos de dónde tirar.

Solo hace falta encontrarle dentro de toda España.

¿Dónde demonios debe estar?

-No sabe como me alegro de verle, Sr. Ormaechea.

-Bueno, pues ya me tiene aquí.

-¿Le apetece una copa de vino de mi mejor cosecha?

-Estoy algo cansado del viaje y el vino me da más sueño.

-¿No ha podido echar una cabezadita en la fonda antes de venir a verme?

-No. He dejado mis cosas y he venido directamente.

-Tome una copa. No se arrepentirá, es excelente.

Mucho mejor que algún otro que salió de mis bodegas.

No puede hacerme ese feo. (RÍE)

La combinación de garnacha y tempranillo es soberbia.

-Ya le dije en su día que la mezcla sería buena.

El tempranillo suaviza el excesivo alcohol de la garnacha.

-Sí.

Usted es muy listo.

Tal vez por esto cuesta tanto localizarle.

Estaba impartiendo sus conocimientos en América. ¿No es así?

-Es lo que tiene ser un ingeniero químico con proyección.

-¿Estuvo en California?

(ASIENTE) Así es.

Una universidad ha creado una titulación específica

de enología y viticultura, y quieren ponerse al día

sobre lo que estamos haciendo en Europa.

-Jamás tendrán un vino como el nuestro.

Durante la ley seca tuvieron que arrancar muchos viñedos.

Eso dañó la producción.

-Precisamente eso es lo que quieren arreglar.

Quieren darle al vino el lugar que merece.

-¿Y usted...

qué lugar quiere darle al vino en su vida?

-El de siempre, señor Miranda. Yo vivo del vino, igual que usted.

Lo analizo, asesoro y poco más.

(MIRANDA, PARA SÍ) Poco más...

¿Está seguro?

-No entiendo lo que quiere decir.

¿Para qué he venido? ¿Para que vuelva a trabajar para usted?

-¡No!

Yo no contrato nunca a alguien que me ha traicionado.

-¿De qué narices está hablando?

(MIRANDA RÍE SARCÁSTICO)

Usted se fue de la lengua, Ormaechea. ¡Se fue de la lengua!

¡Lo sé! ¡Le contó a Gabriel Cortázar

que habíamos metido la pata con el metanol en una partidas.

-Mire, no sé de qué me habla.

Usted y yo hicimos un trato y yo he cerrado la boca.

Si no me cree, que venga ese hombre y dé la cara.

No aguantaré falsas acusaciones.

-Habla de él como si no le conociera. ¡Y se conocían de sobra!

Por desgracia será difícil que venga a aclarar el asunto.

Está muerto.

¿Ah, le sorprende su muerte?

A mí, no. Es lo que suele pasar a los que juegan sucio.

Un día, inexplicablemente, aparecen muertos.

¿Le inquieta haber bebido ese vino?

¿Tiene miedo que pertenezca a aquella partida que usted creó?

-Mucha escoba das al suelo. Lo vas a desgastar.

-Es que estaba aquí Evaristo, que venía de esquilar a las ovejas.

Con toda la lana que he barrido podría hacer un jersey.

-Un jersey para el bebé estaría bien.

-Bueno, no sé si dará para tanto.

Quizá unos patucos.

-Puede que no tengas que tejer.

Que últimamente andas muy cansada.

Toma. Ábrelo, anda. A ver si te anima un poco.

Ábrelo.

Como no sabemos lo que será, los compré blancos, en Haro.

Así Rita, la cotilla de la mercería del pueblo, no sospechará.

-Eres un encanto.

Son preciosos, cariño.

-Y si te gustan tanto, ¿por qué tienes esa cara?

Llevas todo el día pachucha.

-Nada, cielo. Estoy un poco cansada, ya se me pasará.

¿Y tú cuándo me traerás un poco del jamón que ganásteis al mus?

-Es que...

Al final no ganamos la partid.

-Pero... -Que hice trampas, Chispis.

A mi tío le hacía ilusión ganar y no quería decepcionarle.

He confesado y hemos dado el trofeo y el jamón a Roberto y Eduardo.

Quería decírtelo antes, pero me daba miedo defraudarte.

Últimamente estoy ilusionado con la boda y formar una familia y...

Temo perderte, Chispis.

Bueno, perderos. A los dos.

(ALEJANDRO) "Gracias por no querer aprovecharte de nosotros".

Eso te ennoblece. Pero que sepas que ese hijo es un Cortázar.

Y como tal tiene que ser criado.

-¿Qué quiere decir con esto? -Que es un Cortázar.

Y que esta casa será su hogar.

-¿Me quiere quitar a mi hijo?

"¿Cómo se atreve?"

-¿Qué pasa, no te ha gustado lo que he dicho?

¿Ya no quieres casarte?

-Claro que me ha gustado, mi amor.

Eres tan bueno conmigo que no te merezco.

Solo que... me he emocionado.

Que últimamente ando muy sensible. -No me llores, mujer.

Que si no, no te veo la chispita de tus hojos.

Esa sonrisa está mucho mejor. Y el beso me ha sabido a gloria.

(CAROLINA RÍE) -¿Sabes qué haremos?

Pasaré a buscarte cuando cierres y saldremos a ver las estrellas.

-No, no, mi amor. Si no te importa, prefiero irme a la cama.

Necesito descansar.

-Claro, hay muchas noches para ver las estrellas. Descansa.

Mañana te veo, ¿eh?

-Adiós.

(Puerta)

-¿Jesús?

¡Alicia! (ALICIA RÍE)

¡Eres tú! No me digas que no me reconoces.

Solo han pasado dos años. Es que eres otra.

¡Madre mía! Mi hermano no exageraba. Me había dicho que estabas mayor,

muy guapa, muy cambiada.

Ya veo que los hermanos Reverte siguen siendo buenos confidentes.

¿Cómo te va?

¿Te ha hechado el lazo alguna? No.

No estoy yo para novias. Tengo faena en la bodega.

¿No irá en serio lo de tu hermano, no?

Su fama de conquistador la conocían en Logroño.

Siempre tenía a dos o tres alrededor.

Pues ya ves, parece que va en serio. Se ha enamorado.

A ver lo que le dura. La cabra tira al monte.

Pero la gente cambia. Si es el caso, me alegro por él.

Desde luego que la gente cambia. ¡Madre mía!

Tú que eras tan tímida, mira ahora el desparpajo que tienes.

(AMBOS RÍEN)

Bueno, no te quiero entretener, que tendrás que ir a las bodegas.

Apuesto que en eso no has cambiado.

Bregando codo con codo con tu padre para sacarlas adelante.

Sí, ahora estamos solo mi hermano y yo.

Mi padre falleció hace poco.

No sabía nada, Jesús. Lo siento mucho.

Dale un abrazo a tu madre de mi parte, ¿vale?

Lo haré. Pásate un dia a verla.

Le hará ilusión. Vale.

Adiós, Jesús. Cuídate. Adiós.

(Puerta se abre y se cierra)

¿Qué hace usted aquí?

-Quiero hablar contigo.

-Yo no tengo nada de qué hablar.

Ni con usted ni con nadie de su familia.

-¿Eso crees?

Pues... Yo creo que te conviene.

-Carolina, hija, échame una mano con las patatas.

-Sí, enseguida voy, madre.

No quiero saber nada de ustedes. Lárguese de aquí.

-Como quieras.

Pero, si de verdad te importa tu hijo,

será mejor que vengas a las bodegas.

(SUSURRA) Esta noche. A las once.

-Pero bueno...

Qué raro ver a esa Cortázar por aquí.

¿Qué quería? -Pues nada, andaba buscando...

un licor gabacho, creo que dijo.

No sé ni pronunciarlo. Bueno, le dije que no teníamos.

-Ya...

Dicen que es buena chica, pero creo que le sube el apellido a la cabeza.

¿Cariño? ¿Estás bien? Se te ha quedado una carilla...

-Sí, madre. Estoy un poco cansada.

Vaya para la cocina, enseguida voy a ayudarla.

-¿Seguro? (CAROLINA ASIENTE=

-Vale...

-Hay que ver qué pesada es Rita la mercera.

Le pido unas medias y me hace el tercer grado sobre ti.

Ya podrías haber venido conmigo. -¿Por qué crees que me he esperado?

Así veo a los vecinos de más interés. Por ejemplo, Jesús Reverte.

Ya me podías haber dicho lo de su padre.

Me he quedado helada, Asun. -Perdona, se me ha pasado.

Tengo tantas cosas que contarte... Algo se me tenía que olvidar.

-No te preocupes, eso lo arreglan unos cócteles en la fonda.

-¿Cócteles en la fonda? Tú estás mal de la cabeza.

Las chicas como nosotras no pasan la tarde en la fonda.

Esto no es Barcelona, es Lasiesta.

-Habrá que traer un poco de Barcelona a Lasiesta. Vamos.

-Anda, vamos.

-No me digas que no sabes qué es un Bloody Mary.

-Mira, hija, a mí háblame en cristiano que no te entiendo.

¿Qué te ha entrado con las cosas estrafalarias?

-Mira, Bloody Mary es un combinado de vodka,

zumo de tomate, sal, pimienta, Tabasco y un chorrito de limón.

-Ay, por favor. Si eso parece un potingue para las tuberías.

-O para limpiar las tripas. ¿Quién se bebe eso?

Que no, no te voy a preparar eso. Si se entera tu madre, me mata.

-Mi madre es la primera de tomarlos con las amigas jugando a cartas.

Pilar, por favor... Uno... Uno.

-Bueno, está bien...

Porque la ocasión lo merece, no todos los días recibo visitas como la tuya.

Además, está muy bien que aprenda a hacer algo nuevo.

-¿Carolina dónde está, que no la he visto?

Carolina está arriba.

Descansando un poquillo, porque se encontraba cansada.

-Vaya, yo quería saludarla. -Bueno, venimos otro día.

Si hay tiempo. -Vale.

-Claro que sí. -¿Nos sentamos?

-Un momento, has dicho Tabasco y unas gotitas de limón.

-Sí, y zumo de tomate. -Claro.

-Y limón, poquito. (PILAR ASIENTE)

(PILAR TARAREA)

¿Adolfo?

¡Adolfo!

Sofía. ¿Hola?

Sofía.

Hola, Jesús. Hola. Adolfo no está.

¿Sabes dónde está?

Normalmente me recoge en el horno pero hoy no ha venido.

Habrá ido a la fonda a echar un trago.

Justo donde no se me ha ocurrido mirar.

Bueno, da igual. Lo veré mañana. Gracias.

Sofía.

Gracias por los dulces de coco. Me gustaron mucho.

Sobretodo saber que eran para mí.

No hay de qué.

Ya sabes que para mí eres alguien muy especial.

De hecho, más que un amigo. No sé...

¿Más que un amigo?

Sí, bueno... Somos...

Familia, ¿no?

Es cierto, casi somos familia. Casi.

Lo mejor es... entonces...

comportarse con naturalidad, ¿no?

Así que cuéntame. ¿Qué tal tu día?

Bien. He conocido a una chica muy simpática.

Así como con mucho desparpajo.

Se llama Alicia y viene de Barcelona.

Y parece que conoce mucho a tu hermano Adolfo.

Si lo que quieres saber

es si Adolfo y ella tuvieron algo, la respuesta es sí.

Pero ella era una cría, Adolfo se cansó de dar paseos.

No tienes nada que temer. Adolfo está enamorado de ti.

Y tú de él.

¿No?

Y eso no hay quien lo rompa.

Bueno, pues aquí lo tienes.

El "Bloody" como se llame.

¡Buf! ¡Pero si huele a gazpacho revenido!

¡Cuidado, no tengas que salir corriendo al baño!

-Eres un sol, Pilar. Gracias. -De nada.

-Toma. Prueba.

-¡Buf! Qué va, esto huele a gazpacho revenido, tiene razón.

-Tú si que estás revenida en este pueblo.

Deberías pasarte una temporada conmigo en Barcelona.

Toma, prueba. -No.

-Un poco. -¡Ay!

¡Aj!

Por eso has perdido la timidez, bebiendo esas cosas...

Prefiero mi mosto.

-Vaya, vaya. Pero si es Alicia y tomándose un cóctel.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Ya no tienes pinta de tomar zumo de tomate.

Pero ¿qué hacen en la fonda un par de chicas decentes ?

-Alicia, que se cree que esto es Barcelona y quería beber.

(RÍE) -¿Te quieres tomar algo con nosotras?

-Me voy a tomar otro "Bloody Mary", como tú.

¡Pilar! Ponme otro de estos, por favor.

-Ahora mismo. -Sabes como se llama y todo.

-No soy tan pueblerino, Alicia.

Lo que no sabía es que Pilar sabía prepararlos.

-Para su desgracia, ahora sí. Alicia la ha enseñado.

-Así que enseñando a hacer cócteles.

Parece que has aprendido mucho en dos años.

-No sabes cuánto. Si quieres te pongo al día.

-Qué descarada.

-¿Y qué harás cuando tengas tu propia botica?

-Trabajar. Haré de mi farmacia una cuestión de estilo.

-No sé si te veo despachando aspirinas toda tu vida.

(RÍE) -¿No? ¿Qué me ves haciendo?

-Yo la veo casada y con dos o tres hijos.

-¿Tú crees que Alicia es de esas?

-Todas las mujeres quieren casarse, aunque digan que no.

Seguro que acaba Farmacia y le entran prisas.

-Sí, prisas por ganar mi dinero y no rendir cuentas a nadie.

-Podrías hacerlo aquí. Serías mejor boticaria que el sordo,

que le pides pastillas para la tos y te da una lavativa.

-No os riáis de Darío, está muy mayor.

-Asun, por muy mayor que esté, sordo ha sido siempre.

-¿No pondrías tu negocio aquí?

-Este pueblo se me queda pequeño. -Sí, supongo que sí.

Quién te ha visto y quién te ve, cómo pasa el tiempo.

-Parece que fue ayer cuando paseábamos agarrados de la mano.

Qué pronto me diste calabazas.

-Bueno, éramos unos críos, Alicia.

Y siento si me porté mal contigo,

era un bala perdida y un ignorante.

-No tienes que disculparte, si yo era una cría y una mojigata.

La cosa me quedaba grande. Ahora ya no.

(ASUN CARRASPEA)

-El bacalao estaba exquisito, nada que envidiar al de Lisboa.

Y mira que tiene fama. -Muchas gracias, señorito.

-No hay de qué.

-Luis, no me has contado nada de tu viaje a Portugal.

En las bodegas estabas muy callado.

-Estoy un poco cansado, nada más. -Si no ha hecho más que trabajar.

Si no ha podido ver Lisboa, con lo bonita que debe de ser.

El próximo viaje te acompaño. (SANTIAGO) -No digas tonterías.

Tu sitio está aquí conmigo.

¿Qué diría la gente si te ven acompañada de un joven?

-Me da igual lo que digan.

Luis es mi familia, le quiero como si fuera mi hijo...

-¿Por qué no te callas y nos dejas hablar?

Cuando cerraste los tratos en Lisboa, ¿fuiste a Madrid

para entrevistar a los químicos?

-Sí, entrevisté a los químicos.

Hay un par de ellos que pueden ser interesantes, está por decidir.

-Seguro que tu elección será la mejor para nosotros.

-Claro.

Lo que no entiendo es por qué ese Ormaechea vino a pedir trabajo.

Se fue porque Ud. no estaba contento con él, ¿no?

-Muchas ínfulas y muchos estudios, pero es un vago.

Ahora viene pidiendo una oportunidad,

pero no pienso dársela.

-Qué casualidad, justo cuando necesitamos un químico.

-Ya conoces este mundillo. Se produce una vacante

y se corre la voz como la pólvora. -Claro.

¿Y se ha ido del pueblo?

-No lo sé. Creo... que duerme en la fonda.

(SUSPIRA) Os voy a dejar.

Estoy muy cansado.

-Luis, ¿qué pasa?

-Hay algo que no me cuadra. -¿A qué te refieres?

-No lo sé, pero no me voy a quedar de brazos cruzados.

Ahora te veo.

-Pero eso fue en la fiesta de los quintos, ¿qué año?

-La de... ¡No me acuerdo! Pero te pillaron a ti, a mí no.

-Esos dos han hecho buenas migas.

-Serán los "Bloody Mary" esos. Llevan tres cada uno.

Y la muchacha tiene un aguante... Bebe como un cosaco.

-Pues como se entere Dña. Clotilde, porque está bajo su techo.

-Le echará la bronca a Alicia, Asun solo se ha tomado dos mostos.

-Buenas noches. (AMBOS) Buenas noches.

-La bronca se la llevan las dos.

-¡Asunción!

¿Qué hacéis aquí a estas horas de la noche?

¿Qué es esto?

-No, el mío es este. -Alcohol.

Alcohol.

-D. Bernardo, yo me he empeñado en venir, no es culpa de Asun.

-Pues se acabó la juerga.

Tu madre os espera con la mesa puesta.

-Pero son solo las diez de la noche.

-Déjelas un poco más, alcalde.

-A ti nadie te ha dado vela en este entierro.

En tu casa llegarás a la hora que quieras,

pero mientras estés en la mía... -Descuide, no volverá a ocurrir.

Ya nos veremos.

-A ver cuando me das un paseo en tu coche.

(SUSURRA) -Tendrá novia, pero este cae fijo.

-Pilar, cóbrame, por favor.

Me alegra que entraras en razón. Has hecho bien en venir.

¿Qué quiere?

Ayudarte. ¿Usted?

Ud. es una Cortázar,

los Cortázar no ayudan a cambio de nada.

Te equivocas.

Te equivocas, yo sé lo que quiere hacer mi suegro.

Quiere quitarte a tu hijo para quedárselo él.

Es una crueldad tal, que como mujer no lo puedo tolerar.

Lo siento... pero no la creo.

Pues deberías, Carolina.

Yo sé que estás desesperada,

y que la angustia te está consumiendo.

¡Yo estaría igual!

Toma. Cógelo.

Es para ti, para tu niño.

Son mis ahorros.

Ni Vicente ni D. Alejandro saben nada.

Cógelo y marchaos lejos de aquí.

¡Ay!

Los Cortázar creen que todo lo solucionan con dinero.

Y me da todo este dinero así, ¿sin más?

¿Y cómo sé yo que no será una trampa?,

¿que no me acusarán de robo para quitarme a mi niño?

Lo siento mucho, pero algo de sentido común tengo.

Y me dice que no me puedo fiar de usted.

Nadie debería fiarse de los Cortázar.

Esa lección la he aprendido.

Adiós. ¡No, no, espera!

Espera, por favor.

Está bien. Te diré la verdad.

Yo soy la primera interesada en que te vayas.

No estoy de acuerdo con lo que planea mi suegro.

¿Qué quiere hacer, además de quitarme al niño?

Quiere mandarme lejos de Lasiesta hasta que tú des a luz.

Y entonces entregarnos el niño a Vicente y a mí.

Quiere que todo el mundo piense que es hijo nuestro.

No quiere bastardos en su casa.

Por Dios...

¿Cómo puede Ud. vivir en una familia así?

¡Su marido no tiene límites!

¡Por eso, Carolina, se los tenemos que poner nosotras!

Yo no quiero criar a tu hijo.

Yo quiero tener mis propios hijos.

Pero D. Alejandro no cambiará de opinión.

A no ser que tú...

desaparezcas.

(SOLLOZA) Cógelo, Carolina.

Cógelo y marchaos lejos. Empezad una nueva vida.

¿Quieres ver crecer a tu hijo?

Es lo único que puedes hacer.

(SUSPIRA)

Buenas noches, D. Vicente. ¿Necesita usted algo más?

No, puedes retirarte, muchas gracias.

(Toques en la puerta)

No te preocupes, abro yo.

¡Madre de Dios!

¿Cuántas veces tengo que decirte que no eres bienvenido aquí?

Voy a pensar que es a mí a quien quieres ver

en lugar de mi hermana.

Vicente, ¿nunca te cansas de ser tan desagradable?

No, lo que me cansa es esta situación.

Venga, lárgate. He venido a ver a tu hermana.

Y no me voy a ir hasta que no lo haga.

No irás a hacer otra declaración de amor.

Porque prefiero leerme "Romeo y Julieta" veinte veces

a escuchar tus cursilerías. Muy bien. Voy a por mi Julieta.

¿Dónde vas? Quieto ahí. ¡Elena!

No des un paso más o te parto esa cara de guapo.

Adelante. Estoy deseando que lo hagas.

Por mucho que te empeñes, no me separarás de tu hermana.

No hace falta que haga nada.

A lo mejor ella se da cuenta de la ponzoña que llevas dentro.

Quien vive envenenado en su propia ponzoña eres tú.

Pagaste a una prostituta para hacerle creer a Elena

que yo estaba siendo infiel. Sí.

Dudo que haya en el mundo alguien más retorcido.

Luis, me aburres. Anda, lárgate.

Si no quieres que llame a Ortega y dormir en la cárcel.

¿Qué pasa aquí? ¡Luis!

-Tengo que hablar contigo, es importante.

-De acuerdo. Vicente, por favor, déjanos a solas.

(RÍE) No, ni hablar.

Esta es mi casa. Sea lo que sea quiero estar delante.

Incluso si es otra declaración de amor, así me río un rato.

¡Vicente, por favor! Al menos... -Déjalo, Elena.

Estáis juntos en esto. Lo que voy a decir puede escucharlo.

Es sobre Ormaechea. ¿Ormaechea?

¿Se lo has contado a esta escoria? Tú le cuentas todo a Rosalía.

Por una vez he seguido tu ejemplo. Y ahora, ¿le dejas hablar?

Está bien, habla.

Esta tarde volví de viaje y vi a mi padre hablando con él.

¿Ormaechea está aquí? Y va a hacer noche en la fonda.

Si queréis hacer más averiguaciones sobre Gabriel este es el momento.

-Muchísimas gracias, Luis.

Vaya, parece que mis contactos son más efectivos que los tuyos.

Elena, ¿por qué se lo contaste?

Tú se lo cuentas todo a Rosalía.

Y deberías estar agradecido, al fin hemos encontrado a Ormaechea.

Tengo que reconocer que ha sido un acierto por tu parte.

Ya era hora de que reconocieras que he hecho una cosa bien.

-Le he tanteado, pero está cerrado en banda.

-Eso es que oculta algo. -Sí, puede ser.

Y puede ser que todo sea una absurda confusión.

-¿Una confusión? Si hay algo que está claro

es que Ormaechea tenía algún trato con Gabriel.

Y ahora aparece aquí para quedar con tu padre.

-Vino a pedir trabajo. Una casualidad, ya está.

-Casualidades así no existen.

-Ud. tenía un negocio con Gabriel que implicaba a un tercero.

¿Era Santiago Miranda?

Obligándome a hacerme cargo del niño de Gabriel,

no va a borrar la culpa que siente por haberse llevado mal con él.

Tu cinismo me ha hecho actuar así.

He decidido que mientras Carolina está fuera dando a luz,

tú, Rosalía, irás a Argentina.

Con tus padres el tiempo de espera será más agradable.

-Alicia... lo siento.

Estoy enamorado y no quiero estropearlo.

(LOS DOS RÍEN)

(LLORANDO) Yo pensé que ya no volvería a traicionarme...

Tú no haces nada mal. No haces nada mal, es él,

que no se da cuenta de la mujer tan maravillosa que eres.

Si estuvieras conmigo...

Vete.

(REPITE FURIOSO) ¡Has vuelto a engañar a Sofía!

¡No me toques! ¡No me toques, Jesús!

¡Yo no he engañado a nadie!

Eres una rata.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 65

13 ago 2013

Elena está fastidiada por sus discusiones con Luis y con su padre, y descubre gracias a Vicente el plan que Alejandro ha trazado para su nieto. Santiago se reúne con Joaquín Ormaechea y compra su silencio acerca del vino intoxicado. Luis, que los interrumpe, sospecha de su padre.

 

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  1. Rosa Chacon

    Por que no podemos ver el capitulo por lo menos en TVE a la carte? Por que hemos de perder el capitulo?

    15 ago 2013
  2. Reina Hung

    Soy venezolana y desde mi tierra veo esta serie y la de isabeme parecen geniales.

    14 ago 2013