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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 62 - Vicente sigue furioso con Elena y Rafael - ver ahora
Transcripción completa

¿Laboratorios Mendizábal? Quería preguntar por un trabajador.

Ajá, muy bien. Perfecto. Cinco barricas de roble americano.

Ya me dirá cuándo las trae. Gracias.

Perdona, no quería molestarte.

Cuando entré estaba muy raro.

No sé, quizá tenga que ver con el embarazo de Carolina.

O puede que no, mientras esté aquí quiero que te pegues como una lapa.

Busco a un ingeniero químico, se llama Joaquín Ormaechea.

¿Sabe si trabaja para ustedes o ha trabajado...?

¿No? Muy bien.

¿Por qué me ocultáis información nueva sobre Ormaechea?

Trabajó para los Miranda.

Luis lo mencionó, pero no sabemos nada más.

Está claro que hice bien al separarte de Luis.

¡No metas a Luis en todo esto! Más te vale que no esté involucrado,

porque si es así, te juro que me lo llevo por delante.

Compré vino de fuera de La Rioja, para alcanzar la graduación necesaria

para entrar en la Denominación de Origen...

Decidí alterarlo con metanol.

Contraté a un químico para que lo hiciera pero...

Se le fue la mano con las proporciones del metanol.

-¿Me estás diciendo que un trabajador tuyo robó las botellas

y las repartió por Dios sabe dónde?

-Sí, pero solo robó tres botellas.

Eres mi cómplice, Bernardo.

Estás tan metido en esto como yo.

-El padre Genaro nació en Tarazona. Le he pedido al médico su historial.

Según esto, estaba sano. -¡Pues claro! ¿Cómo iba a estar?

¿No le veías? Como un roble. -Entonces su muerte es más extraña.

Es importante averiguar qué le mató.

-El padre Genaro murió de muerte natural, un infarto.

-Qué curioso, como Ricardo Reverte, ¿no?

-Ricardo era un hombre mayor y tenía problemas de corazón.

El padre Genaro, no lo sé, pero probablemente también.

-Pues no, el cura estaba más sano que usted y yo juntos.

¿Y si estuviera contaminada? -Léete el informe forense.

Dice que no hay ninguna sustancia tóxica en la sangre del padre Genaro.

-Bueno, pero no está de más que analicen la botella.

-Si la Policía llegara a preguntarme,

no sé cómo voy a poder justificar ese informe.

-Archivarán el caso, ya lo verás.

Si no hay botella, no hay caso.

-Bueno, ese es el otro asunto que quería comentarte.

La botella está en manos de la Policía.

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

Pues era la final del campeonato, la última mano.

La suerte le salió de cara.

¿Pues no va el pillo de Eduardo y me echa un farol?

¡Y yo tragué! ¡Leches, pues perdí el campeonato!

Si es que lo recuerdo y me escuece.

(REFUNFUÑA)

Bueno, ¿y tú allí dónde juegas?

-Pues, en el barrio. (ORTEGA ASIENTE)

-Organizaban campeonatos en un bar, "El rincón de Carabanchel".

(RÍE) -Habrá mucho nivel allí, ¿no?

-Era un campeonato de categoría, en la capital hay gente

que le da a muchas cosas. -Y el gato se convierte en lince.

-Era el terror. Con mi compadre, el Chino, nos lo llevábamos todo.

-¿Con cuántos reyes se juega allí?

-¿Cómo qué? Con cuatro, ¿con cuántos van a ser?

-No, es que he oído que en Madrid hay sitios donde se juega con ocho.

No como aquí, que se juega con los cuatro reyes.

-Sí, lo que pasa que el dueño del rincón era medio logroñés.

-¿Ah, sí? -¡Claro!

Quería que se jugara como jugaba su padre.

-Pues muy bien, así te haces pronto a su manera.

(RÍE) Oye, porque las señas sí serán las mismas, ¿no?

31, dúplex, media...

¿Por qué no practicamos un poco? -No, ahora no me apetece, tío.

-¿Qué te pasa?

Es que sueño con coger la revancha de ese Eduardo y machacarle.

-No me concentraría. -¿Qué es lo que te pasa?

(SUSPIRA) -Que tengo un comecome por una trifulca con la Carolina.

-¿Ya? ¡Pero si acabáis de empezar!

Pero, ¿de quién ha sido la culpa? ¿De ella?

-Sí... Bueno, no... No sé.

Bueno, tío, es que ella es especial, y necesita un apoyo que no sé darle.

-¡Tienes que estar siempre con ella! Eso sí, sin ser un calzonazos.

Como te dejes ganar el terreno desde el principio, luego al final...

-Buenos días. -Buenas, don alcalde.

-¿Esos son los instrumentos con los que se investiga aquí?

No me extraña que todo vaya como va.

-No, no. Si se refiere usted

al asaltante de la panadería y las bodegas Miranda,

que sepa que ese ha dado con los huesos en la cárcel.

-Sí, pero no gracias a usted,

sino a la Policía de Santo Domingo de Silos, que lo trincaron.

-Deje de atacar a mi tío.

Nosotros a la que tenemos algún indicio nos empleamos a fondo.

-Ortega, tiene un sobrino que es un cabeza de chorlito.

Se ha tomado la libertad de pedir

los informes médicos del padre Genaro.

-Sí, lo ha hecho con mi beneplácito. (ÁNGEL RÍE)

-¿Ah, sí?

¿También ha hecho con su beneplácito el análisis de la botella de vino

que casualmente apareció en la sacristía?

-¿Se refiere usted...

...a esta botella?

No cuestione que investiguemos.

Precisamente hace un momento nos ha echado una bronca

por no tener exceso de celo.

-Lo que quiero decir, Ortega,

es que analizar una botella de vino me parece una pérdida de tiempo.

-¿Sí? Pues pronto saldremos de dudas,

porque mañana va para Logroño al laboratorio.

-¿Sí? Mira, qué casualidad.

Mañana he de ir a Logroño. Si quiere, puedo dejársela en el laboratorio.

-Gracias, Sr. alcalde, pero sabe cómo son estos.

(RÍE) Prefieren hacer la rutina habitual.

Porque si no, dicen que pueden pasar incidencias.

Y yo, lo que ellos digan. -Bueno, está bien.

Pero acaben con eso cuanto antes

y concentren sus fuerzas de una puñetera vez

en el asesinato de Gabriel Cortázar. -Sí.

-¿Estamos?

-A sus órdenes, Sr. alcalde. -Bien.

-Vaya mala gaita se gasta.

-Bueno, nosotros vamos a centrarnos en el campeonato de mus,

que es lo que hay que hacer. Ya sabes, tú, bien centrado.

Arregla pronto lo de Carolina. -OK, ya sé lo que voy a hacer.

¿Puede prestarme las llaves de su coche?

-¿De mi coche?

¿Qué pasa? ¿Vas a llevarte a la novia por ahí?

-Confíe en mí, que voy a dar la campanada, tío.

Sí, don Alberto. A las 18h estaré allí.

(RÍE) Bueno, estoy convencido de que nuestras ventas

habrán subido como la espuma.

Muy bien, perfecto. Hasta luego.

¿Qué tripa se os ha roto ahora? Tenemos que aclarar algunas cosas.

Ahora que sabes que Ormaechea fue ingeniero químico de los Miranda,

y que le tenemos que encontrar... Hay que ver cómo lo vamos a hacer.

¿Ahora os interesa mi opinión?

No te hagas el ofendido.

No confiaremos en ti si no confías en nosotros.

Bueno, especialmente en mí. No me lloriquees.

¿Que no te lloriquee? Si me has manipulado, engañado,

espiado, encerrado en mi casa... -¡Basta, los dos, por favor!

¿Gabriel no os parece motivo para estar unidos o qué?

Está bien, contadme. ¿Habéis hecho algún progreso?

Bueno...

-Llevamos horas llamando a bodegas y laboratorios enológicos,

pero de momento, nada. -No encontramos nada.

-Dame.

-No te había visto romperte así el espinazo en la vida.

(SUSPIRA) -No me queda otra

si no quiero que le peguen otro tijeretazo al sueldo.

Necesito el dinero para mandárselo a mi tío y pagar su tratamiento.

-¿Has tenido noticias de él? -No.

-Eso en sí mismo es una buena noticia, ¿no?

Sigue así, Andrés. No te despistes. Verás como te lo van a recompensar.

-¿Quién? ¿Dios o los patrones?

Vamos aviados, no creo ni en el uno ni en los otros.

-Eduardo es un buen hombre y sabrá apreciar el esfuerzo que haces.

-El encargado te tiene sorbido el seso.

-He oído que aparte de pareja de su hija, lo serás de mus.

-Sí. -¿Sí?

-Sí. (RÍE) -Ya sé por quién no voy a apostar.

-Tienes una mala baba...

Un día te vas a morder y te vas a envenenar, hombre.

-Bueno, por ti apuesto, pero por Eduardo, ni de broma.

-¡Hola!

-Bueno, parejita, os dejo solos.

-¿Qué haces aquí a estas horas? -Nada, que vengo del pueblo

por el camino de las viñas para saludarte. ¿De qué hablabais?

-Cosas de Andrés, que es un caso. -Es un cafre, dirás, ¿no?

Carolina le ha tenido que aguantar más de una trifulca.

-Bueno, la verdad que cuando bebe se pasa de la raya.

Pero está cambiando. -Ya.

-Está dejando de beber. -Por si acaso, no te metas en líos.

-¿A qué viene eso? -Has vuelto a protegerlo.

Por su culpa te van a quitar la mitad del jornal por el vino derramado.

¿O no? -No, eso fue un error de los dos.

-Roberto, no me tomes por tonta. Dijiste que no estabas en la bodega.

-Está bien, quise cubrirle. -¿Pero por qué?

¿Es que a ti te sobra el dinero?

-No me sobra, pero no quería que le despidieran.

-Mi padre dice que le tendrían que haber despedido hace mucho.

Porque es pendenciero y holgazán.

-No le conoces bien como para opinar así de él.

Para ser tan dura. -No quiero que pagues el pato por él.

-Estás siendo injusta, Manuela.

Andrés es un buen hombre y está cambiando.

Hace falta que confíen y le tiendan la mano.

-Ya, pues no creo que Andrés sea de los que aprendan.

Así que la próxima vez no des la cara por él.

-Tengo mucha faena todavía aquí. Ya hablamos luego.

-Adiós. -Adiós.

(SUSPIRA) Ya, muy bien. Muchas gracias.

Estos también están descartados. Estos tampoco lo conocen.

Pásame otra lista.

Bodegas extremeñas, ¿y por qué Extremadura y no Cádiz o Huelva?

A ver...

Sí, buenas tardes. Quería hablar con algún responsable

de las bodegas Dehesa del Fraile.

Gracias.

Sí, mi nombre es Vicente Cortázr, de bodegas Cortázar, de Lasiesta.

Intento localizar a un ingeniero químico llamado Joaquín Ormaechea.

Así que trabajó con ustedes, ajá.

No, mi interés es meramente profesional.

Me han dado buenas referencias sobre él y quería encontrarlo.

¿No sabe dónde en concreto?

Ya, muy bien, pues...

Disculpe, si vuelve a ponerse en contacto con ustedes,

¿podría decirle que V. Cortázar de Lasiesta quiere hablar con él?

Gracias.

¿Qué te ha dicho? Estuvo trabajando en esas bodegas.

¿Y? Les dejó plantados hace semanas.

Les dijo que se iba a EE. UU. a buscar nuevas oportunidades

o no sé qué historia, y desapareció.

¿EE. UU.? EE. UU., sí.

Tendremos que encontrarlo allí. Ya me diréis cómo.

Tengo una cita a las 18h con Ernesto Olea.

Ya me contaréis más tarde.

Joder con el Ormeaecha de las narices.

No podía irse a un país más pequeño.

(SUSPIRA CON RABIA)

(Campanadas)

-¿Lo has conseguido? (SUSPIRA) -Imposible.

Tienen la botella más custodiada que el cuerpo de Cristo.

Y lo peor, mañana a primera hora la envían a Logroño para analizar.

-¿Cómo no consigues que te obedezcan esos inútiles?

¿De qué te sirve ser el alcalde?

-Mira, he estado presionando a Ortega hasta donde pude sin delatarme.

-Te torean, no tienes lo que hay que tener.

-Santiago, baja ese tono. Si estamos en esta situación...

es por tu codicia y por tus errores.

Si no hubieras alterado ese... -Que te van a oír.

-Buenos días. -Doña Elvira.

-¿Qué haces por aquí? -Eso mismo me pregunto yo.

¿Qué hacen ustedes aquí hablando así, tan en secreto?

Aunque les noto un poco alterados.

-Estamos hablando de negocios.

-¿Aquí? (RÍE) -Sí.

(RÍE) -¿En los soportales de la plaza?

¿Desde cuando es un sitio apropiado para hablar de temas de negocios?

-Mejor que en mi casa desde luego.

Clotilde ha convocado a sus amigas del círculo de beneficiencia

y allí no hay quien pare, a no ser que se contribuya a sus causas...

-No tienes que dar explicaciones.

A esta no le importa donde tú y yo quedamos.

(ELVIRA SUSPIRA) -Adiós, Elvira.

(RÍE) -Adiós, Santiago. Yo también me alegro de verte.

Don Bernardo. -Elvira.

-Deja de mirar a mi mujer y céntrate.

-Prefiero mirar a tu mujer que a ti, que me tienes frito.

Si analizan la botella estamos perdidos, yo desde luego.

-Y yo también.

Pero si tenemos sangre fría vamos a salir de esto.

Bernardo, yo sé cómo sería,

pero necesito tu colaboración.

(Llaman a la puerta)

-Adelante.

Hola. -Carolina, ¿cómo te encuentras?

-Pues mejor. Antes me dio un mareo pero ya estoy bien.

(RÍE) Pasa, que no te voy a comer.

Oye, que me alegra mucho que hayas venido a verme.

Ayer me pasé dos pueblos contigo.

(RÍE) -No le des vueltas. No hay nada que perdonar.

-Sí, he sido muy injusta contigo.

Que con lo bien que me tratas no mereces que te monte esos números.

Pero es que últimamente no sé qué me pasa, estoy como una veleta.

Paso de la alegría a la rabia como si me diera un golpe de viento.

-Normal, tienes las hormonas alteradas.

¿Cómo las "monas" alteradas? Oye, guapo, no te pases.

-Las hormonas he dicho. Lo dicen bien en este libro.

Lo explican todo. Que os pasa eso y muchas más cosas.

(RÍE) -¿De dónde has sacado este libro?

-De una librería en Haro. Creo que es la primera vez que entro en una.

Fue verlo y pensar: este libro le va a encantar a mi chica.

(RÍE) -¡Claro! Y me encanta, cielo.

Es todo un detalle.

-Pues tengo otro detallito que creo que también te va a encantar.

Por lo visto, don Ernesto Olea está encantado con nuestros vinos.

Y dice que nuestros productos son los que mejor funcionan

por la relación calidad-precio. Hiciste muy bien, cariño,

en defender con unas y dientes este negocio ante tus hermanos.

Estoy muy orgullosa de ti. Y yo de ti.

Cuento con una mujer maravillosa que me apoyó frente a su padre

para que confiase en mí. Y eso no se me olvida.

(RÍE) Hablé con él hace poco. Sí.

Se mostró muy satisfecho por el éxito de la operación.

Sí, me dijo que ya había recibido el reembolso por el préstamo.

Ah, pues mira, esta vez seré yo quien haga la transferencia.

Sí, además, quiero hablar con él.

¿Cuándo? Mañana.

En cuanto Olea me abone el pago. Pásame el número de su cuenta.

Así mañana le hago la transferencia. Ya la haré yo, cariño,

que me hace ilusión sentirme parte del negocio.

Aportando mi granito de arena.

Esta es mi pequeña contribución.

Y quiero que siga así hasta el final.

Si tú me lo permites, claro. Por supuesto que te lo permito.

No quiero que digas más que es una pequeña contribución.

Como para no estarte agradecido. (RÍE)

Te quiero.

(CARRASPEA) Perdón.

Bueno, yo ya me iba.

Tengo que encargarme de la lista de la compra.

¿Qué? ¿Habéis hecho algún progreso en la búsqueda de Ormaechea?

Si era difícil encontrarlo en España imagínate en EE. UU.

Llamamos a unas bodegas en California pero han dicho

que no saben nada de él.

No hemos hecho nada más que empezar. Seguiremos insistiendo.

Se me ocurre una manera más fácil y más eficaz de dar con él.

No. Luis Miranda está fuera de la ecuación. Gracias y punto.

¿Por qué? Nos puede echar un cable. Al cuello.

¿Crees que va a facilitarnos las cosas? Al contrario.

Él no tiene que ver con la muerte de Gabriel.

¿Eso lo dices en base a qué? ¿Al amor que sientes por él?

¿Crees que si estuviera detrás me daría la pista de Ormaechea?

En el supuesto caso de que tu amante no tuviese nada que ver,

¿pondrías la mano en el fuego por el padre?

Claro, supones que no le diría al padre que sospechamos de él.

Por favor, Elena, no seas ingenua.

Un hijo nunca traiciona a su padre.

¿Traicionarías al tuyo si supieses que está en peligro?

Piénsalo, piensa que si ese maldito cacique tuvo tratos con Ormaechea,

puede que esté implicado en el crimen.

Está bien.

Tranquilo, no le diré nada a Luis.

(SUSPIRA)

(NERVIOSA) -¿No será lo que imagino? -Anda, ábrelo y sal de dudas.

Carolina, si no sabes lo que quiere decir este anillo te lo digo yo.

Quiero que seas mi mujer. Para cuidarte a ti y a tu niño,

que será mío a la vista de todos.

No llores, tonta.

(SOLLOZA) -Es que yo nunca había pensado que...

-¿Qué? ¿Que iba a pedirte matrimonio?

Pues ya está, Chispis. (CAROLINA SOLLOZA)

¿Quieres casarte con el Gato?

(RÍE) -¡Sí, no hay nada que más quiera en el mundo!

(SILBA)

-Yo creo que con esto...

...hemos cumplido hoy. -Y con creces.

-Sí. (ASIENTE)

(SUSPIRAN)

No sabía que te habías aficionado al agua cristalina.

-Me vuelvo más aburrido que los peces.

-No, lo que te estás es deslomando como nunca.

Y has dejado de beber. Ya solo te falta echarte novia.

-No, gracias. Eso te lo dejo a ti.

No me gusta que me husmeen como un perrito.

-¿Lo dices por Manuela? Porque no es mi perrito, eh.

Lo que sí te reconozco es que a veces es un poco insistente.

-Se la ve de qué pie cojea.

Parece una chica dulce pero me da que tiene que ser de aúpa.

(RÍE) -En eso te doy la razón.

Tiene un carácter importante.

Antes en la caseta hemos tenido nuestra primera riña.

-¿Ah, sí? ¿Por qué? -Nada, cosas nuestras.

-Cosas nuestras... -Tonterías.

-¿Ves por qué no tengo novia? Es mejor aliviarse en el burdel.

Te quitas esos quebraderos de cabeza.

-Andrés, que yo te conozco bien, tú a mí no me engañas.

Que tú mucha fachada de bruto y en el fondo eres un sentimental.

He visto cómo te ha afectado lo de tu tío.

-Pero lo de mi tío es caso aparte.

Mi tío hizo mucho por mí.

-Eso lo explica todo.

Si su propio marido te dijo que él le regaló los pendientes

debes dejar de hacer cábalas con el tuyo.

-Eso no significa que Elvira no sea una fresca

ni que mi marido no tenga un lío con otra.

-¿Cón quién? (SUSPIRA) -Fernanda...

El día que volví de Panticosa...

(SUSPIRA) pillé a Bernardo encerrado en la consulta

con una mujer de mal pelaje. (SORPRENDIDA) -¡Oh!

-Se notaba a la legua que Bernardo estaba sofocado...

Encontré esto.

-Esto es de una persona muy ordinaria.

(SOLLOZA) -Esa mujer lo era.

(LLORA) Mi marido me engaña con otra.

Y yo no puedo soportarlo.

-Clotilde, cariño, no llores, vamos. (CLOTILDE LLORA)

Ya verás como al final todo tiene una explicación.

(Puerta)

¡Madre! (SORPRENDIDA) -¡Hija, pero bueno!

¿Qué haces aquí? -¡Sorpresa!

-¡Hija mía! ¡Ay, hija!

-Qué ganas tenía de verla.

¿Ha estado llorando? -¡No, mujer! (RÍE)

Es de la alegría de volverte a estrechar en mis brazos.

(SUSPIRA) ¿Y cómo no nos has dicho que volvías, mujer?

(DUDA) -Bueno, lo decidí de repente.

Esta mañana hice la maleta y cogí un autobús a Logroño.

(RÍEN) -Bueno, yo me voy a marchar.

Os dejo para que habléis de vuestras cosas.

Se nota que el balneario te ha sentado muy bien.

-Gracias, Fernanda.

-Hasta pronto, Clotilde. No, ya...

-¡Bueno, esto está limpio como la patena, Roberto!

-Bueno, está limpio como la patena y lo hemos hecho Andrés y yo.

-Ya. -Bueno, señores, yo me retiro.

Que estoy baldado. Hasta mañana -Vale.

-¡Hasta mañana! -Quién le ha visto y quién le ve.

En el tiempo que he estado de baja se ha transformado en otro.

Pero aun así no me fío.

-No, no diga eso. -Hombre...

-No, pienso que tenemos que confiar y no hacer como los demás.

-Bueno, esta noche vienes a casa,

cenamos y echamos una manita con las naipes.

(ROBERTO REFUNFUÑA) -Si quieres ganar el concurso...

(NERVIOSO) Pues hay que practicar.

-Ya, Eduardo, es que no sé qué decirle.

-¿Qué pasa? ¿Te rajas ahora? -¡Que no!

¿Cómo me voy a rajar? Yo voy a estar ahí, al pie del cañón.

Seré sincero, he tenido una riña con Manuela.

(DUDA) Y no sé si me apetece mucho verla.

-Bueno, mira, es lo que dicen:

"Amores reñidos, amores queridos".

-Sí, pero es que en este tiempo que estábamos de novios

no habíamos discutido nunca. Y a mí se me hace difícil.

-Pues agárrate que hay curvas. Con el temperamento que tiene...

(RÍE) Vas a necesitar echar sacos de paciencia.

Pero bueno, luego viene la reconciliación

y ya solo por eso ya es interesante. (RÍE)

(DUDA) -No sé yo si tengo el día hoy.

-¡Te fastidias!

El tiempo que tenemos libre tenemos que andar con las cartas.

Ortega me la tiene jurada. Y no quiero perder la ocasión.

Así que venga.

-Está bien, lo hago por usted. -Y por Manuela, hombre.

-Y por Manuela. -Así hacéis las paces.

-Así hacemos las paces. -¡Venga, vámonos!

-Voy a llevarlo al almacén. -Tienes que dejarlo.

-Bueno, creo que más que los masajes y las aguas

ha sido el aire limpio y la soledad lo que me ha ayudado a pensar.

-¿Y qué has pensado hija?

-Me he comportado como una estúpida con mi noviazgo con Luis

y mis celos por Elena. -¡Ah, no, no!

De ninguna manera. Los estúpidos han sido ellos.

-No, madre. Me comporté como una chiquilla malcriada

y por eso Luis prefiere a Elena. Ella es toda una mujer.

-No sé qué aguas habrás tomado, hablas que pareces otra persona.

(RÍE) -Dejemos de darle vueltas a mis cuitas amorosas

y cuénteme, ¿qué tal le fue con padre?

(SUSPIRA) Se llevaría una buena sorpresa al verla.

-Y que lo digas, hija.

Una gran sorpresa. -¿Por qué lo dice así?

-Cuénteme, que ya cuando hablamos por teléfono me dejó preocupada.

-No. -La noté muy rara.

Ni que hubiesen discutido. -No, no.

(Puerta)

¿Está usted bien? -Sí.

-¡Eh, mira quién está aquí! -¡Padre!

-¿Cómo estás hija? Te echábamos de menos.

¿Qué pasa? ¿Por qué has venido tan pronto?

-Me dieron el alta.

(DUDA) Bueno, luego hablamos.

Voy a deshacer la maleta y refrescarme un poco.

¿Vale? -Bueno. (RÍE)

¿Te ayudo? -No, no se preocupe.

-Bueno, hija.

Qué bien que ya esté en casa. ¿Has visto qué cara radiante tiene?

Qué maravilla.

Ya volvemos a ser una feliz familia.

-Una feliz familia... ¿Te refieres a nosotros?

-¿Por qué dices eso?

-¿Y tienes la desfachatez de preguntármelo?

-A ver, tranquilízate, Clotilde. (CLOTILDE RÍE)

-¿Qué es lo que pasa?

-Que sé que tienes una amante.

-¿Una amante? ¿Pero tú estás loca?

¿De dónde sacaste eso?

-De esta factura. Te has gastado un dineral en joyas.

¿A quién se las has regalado? A mí no.

-Ah, bueno, es por esto. (RÍE)

(RÍE) Esto tiene una explicación. -Y yo tengo otra.

Eres un cerdo y un sátiro.

-Cuando te calmes, si quieres te lo cuento.

Mujer, esta factura es de una alianza nueva

que encargué a una joyería de Haro porque la otra la perdí.

-¿Dónde? -En la viña de Santiago.

(CLOTILDE RÍE) -Cuanto tú estabas en Panticosa

tuvimos que hablar varias veces de negocios, como es natural.

Si recuerdas, somos socios. -Ah, claro.

Y lo más natural es perder una alianza hablando de negocios.

-Pues sí, porque tengo retención de líquidos, ¿o no lo sabes?

Hacía calor, se me hincharon los dedos.

Me molestaba la dichosa alianza y la metí en el bolsillo.

-¿Y por qué dijiste que la llevaste a ensanchar?

-Por eso, para que no te pusieras hecha una furia, mujer.

-¿Cómo sé que ahora no me estás diciendo otra mentira?

-Si tú quieres puedes ir a Haro y preguntas en la joyería.

O puedes creerme.

Porque si tú me quieres...

...me crees. ¿Sí o no?

-Demasiado que te quiero, Bernardo.

-Oh, anda.

(SOLLOZA) -Demasiado. -Anda, anda.

(LLORA) -Bernardo...

Te he dicho cosas horribles, cariño, que no te mereces.

(CLOTILDE LLORA) -Bueno, ya pasó.

Ya pasó. -¿Me perdonas?

-¿Pero cómo no te voy a perdonar, alma cándida? Eres un alma cándida.

De lo buena que eres.

-Que Dios te bendiga.

-Don Alejandro, estos días en los que no he trabajado,

(TITUBEA) he estado reflexionando,

porque creo que en las bodegas hay que mejorar el funcionamiento.

-Dime, ya sabes que valoro tus consejos.

(CARRASPEA) -Sí...

habría que hacer un inventario de todas las herramientas

para invertir en otras más modernas, más nuevas,

y que facilitarían el trabajo de los peones del campo.

Y también cambiar los cellos deteriorados de las barricas.

-Veo que has vuelto con ganas de trabajar.

-Es que el trabajador debe trabajar en las mejores condiciones,

y que revierta en el interés de las bodegas, nada más.

-Eres un encargado con el que sueñan todos los bodegueros.

Si hubieses tenido tierras, nos habrías desbancado.

(MODESTO) -Bueno, bueno. -D. Alejandro, le traigo esto.

-Bueno, ya hablaremos más tarde.

Con Dios. -Qué paliza te voy a dar.

-Menos lobos, caperucita.

(TÍMIDO) -Son...

las pertenencias de su hijo Gabriel.

-¿No las va a necesitar?

-No. Lamento decirle que no,

solo nos hemos quedado con la agenda,

aunque no nos va a servir de mucho.

¿Prefiere que se lo dé a Inés y así ella...

-Déjalas aquí, quiero echar un último vistazo.

-D. Alejandro, lamento mucho haberle defraudado.

Imagino que usted pensaba que ya habríamos encontrado...

...al asesino de su hijo pero está siendo muy difícil.

-Me consta. Sé que hacen todo lo que pueden.

-Lamento decirle que mucha gente quería la muerte de su hijo.

-Desgraciadamente, Gabriel cosechó un montón de enemigos.

Muchos le consideraban un impresentable y un golfo

pero yo solo lo recuerdo como el niño que fue.

-Pero si Gabriel era un zagal muy simpático

y muy travieso... De niño se hacía querer mucho.

-Recuerdo que un día vino a comisaría y me dijo:

"Si Ud. quiere coger a los malos, avise a mi padre,

(TIERNO) que él puede con todos".

-No conocía esa anécdota.

Gracias, Ortega.

Gracias por compartir conmigo los buenos momentos de mi hijo.

-No hay por qué darlas.

-Don Alejandro... -¿Sí?

Le juro por mi hija,

que no cejaremos hasta dar con el asesino de su Gabriel.

(SUSPIRA)

-Muy bien, pues vamos a jugar un lance chico.

-Pero, Eduardo, como estamos solos tú y yo...

no hablamos, ¿no? Ni señas ni nada.

-Eso lo acordamos luego,

vamos a echar unas manitas para entrar en calor.

Venga, tú abres. A ver, a ver...

Tú dirás.

(CARRASPEA) -Mus, pido dos.

-Muy bien.

-Hablando.

-Envido a grande. (RÍE SOCARRÓN) -Cinco más.

-Órdago. -¡Bueno!

Me juego el cuello a que te has echado farol.

-¿Y por qué lo sabes? -Te he visto dudar.

-Para echar un farol hay que tener un poco de arte.

Tú por ahora déjamelo a mí, que cuando venga luego Ortega...

Ese las va a cazar al vuelo.

-Muy seguro estás de que nos vamos a enfrentar a Ortega.

-Por muy inútil que sea el Gato, Ortega se planta en la final.

Pero no te preocupes, ahí les haremos morder el polvo.

-Tú tranquilo, que solo vais a jugar al mus, no a la guerra.

Y, por favor, recoger las cartas para poner la mesa.

Qué bien, hija, vienes justo a tiempo.

Échame una mano.

¿Dónde has estado que llevas todo el rato de picos pardos?

-De celebración, con Carolina.

-¿Y qué se celebra?

(MANUELA) Que se casa, con el sobrino de Ortega.

-Pues me alegro mucho, porque esa chica necesita ser feliz.

-Pues llevan poco tiempo de novios, no sé a qué viene tanta prisa.

-Pues porque se quieren, no sea mal pensada.

Esa es buena información para nosotros.

-¿Por qué? -¿Cómo que por qué?

Porque el enemigo del jugador de mus es el amor.

¿Sabes lo que significa "mus" en vasco? Beso.

El amor y los besos no casan con las timbas.

Y además, si ese está "alelao", mejor que mejor.

-Estoy del mus hasta el moño,

¿quieres quitarme las cartas de la mesa? ¡Hombre!

-¡Bueno!

Y ahora tú y yo nos vamos al calao.

Vamos a escoger una botellita

para acompañar las caparronas con chorizo que has hecho.

-¿Al calao?

-Sí, que Roberto y Manuela tienen que hablar un poquito

para que se me centre.

-Manuela, que no me gusta que estemos enfadados.

No lo soporto. -Ya.

-Que lo siento si he hecho algo que te haya molestado.

-Yo también lo siento, me meto donde no me llaman.

Pero es porque me preocupo por ti.

-Pero... tienes que confiar más en mí

y entender que Andrés es mi amigo.

-Sí, lo entiendo y me gusta que seas tan generoso y tan noble.

Pero solo te pido que tengas cuidado

y que pienses un poco más en ti.

-Me encanta que te preocupes por mí.

-Anda, ven, Pajarillo, vamos a brindar con Ángel.

(RIENDO) ¡Que se nos casa!

Y tú vete aprendiendo, a ver si te echas una moza.

-Por Ángel. -¡Por Ángel!

-Bueno, y por la Carolina, ¿no? -¡Bueno!

-¿Ya se lo has dicho a tu madre?

-Sí y se me ha echado a llorar como una magdalena.

Desde que me mandaron al reformatorio no lloraba tanto.

-Pero serían de alegría, ¿no?

(RÍE) -Tú sí que sabes hacer las cosas con tu novia.

Que está enfadada, pues le regalas un anillo de compromiso.

¡Eso sí que es echar un órdago!

-Y me he gastado los cuartos, pero por ella vale la pena.

-Tú estás enamorado hasta arriba y eso es muy serio.

Cuando uno se compromete hay que saber estar a la altura.

¿Lo has pensado bien?

-Nunca tuve nada más claro, así que tranquilo,

que yo por la Carolina haría cualquier cosa.

-Ya, pero tienes que hacer un hueco para el mus, ¿no?

No me hagas quedar mal con el Matute.

Que vaya aires se da, le he visto en casa de Cortázar

y me ha mirado con unos aires de superioridad...

-Ese no sabe con quién se enfrenta.

-Claro que lo sabe, hemos jugado muchas veces.

-Ya, pero no conoce al terror de Carabanchel.

-¡Anda, vete, Terror de Carabanchel que has acabado tu turno!

Así le das la buenas noches a Carolina.

Ya ves, Pajarillo, ¡somos los reyes del mus!

(RÍE) ¿Qué te parece?

(Teléfono)

¡Sí, comisaría, dígame!

(SERIO) Sí, Don Santiago. ¿Cómo?

Ahora mismo voy.

Han vuelto a entrar en las Bodegas de Miranda. Dame la gorra.

Quédate a cargo de esto, Pajarillo. Cuidado, ¿eh?

Retira todo.

He inspeccionado el calao y los alrededores

y no hay rastro de nadie. -¿Está seguro, Ortega?

-Sí, no han entrado a robar,

no hay nada forzado y, aparte, no ha habido ninguna sustracción.

-¿Y cómo se explica este estropicio?

-Puede haber varias explicaciones:

Quizá un gato cazando un ratón se ha puesto violento

y mire la que ha armado.

O unos chavales que buscaban una botella. No sería raro.

Pero no han robado nada, ¿o cree que sí?

-No, no...

Tuve miedo de que los delincuentes estuvieran ocultos aquí

y que me atacaran como le ocurrió a mi hijo, por eso le llamé.

-Y para eso estamos, aunque debe estar Ud. tranquilo

porque robos con violencia...

van a desaparecer por esta zona.

El que asaltó su bodega ya está a buen recaudo.

-Ah, cómo me alegra que ese miserable pague sus delitos.

Ya solo queda resolver la muerte de Gabriel Cortázar

y Lasiesta volverá a ser un remanso de paz.

Por cierto, ¿hay alguna novedad?

-Es un caso endiabladamente difícil.

No pensé que me costaría tanto solucionarlo.

Pero algo hemos avanzado,

es todo lo que puedo contarle.

-Lo entiendo.

Que tenga suerte.

-Bueno, vuelvo a comisaría. Aún tengo faena.

-Hombre, Pajarillo.

¿Qué? ¿Estamos de guardia? -Sí, ¿y usted?

-Los médicos, ya se sabe, no tenemos horarios.

Me han llamado para una menudencia y me he perdido la cena.

Y de regreso a casa venía a recoger unas notificaciones.

¿Está Ortega?

-No, lo siento, está de misión oficial.

-Ah... Vaya por Dios.

¿No me lo puedes dar tú?

-Mejor espere a mañana y se las entregará el agente Ortega.

-Pero mañana tengo que ir a Logroño para entregarlas en la Diputación.

Yo asumo la responsabilidad, no te preocupes.

Soy el alcalde, ¿no?

-Bueno, creo que sé dónde están

y no es en el despacho. -¡Bueno, pues venga!

-Un segundo. -Sí, sí.

(MURMURA) Lo que hay que hacer.

Esto no está bien.

(Ruido del cajón)

-Aquí tiene. -¡Ah!

Bueno... Sí, son estas.

Me has salvado la vida, Pajarillo así que muchas gracias.

Y que te sea leve, buenas noches.

-Pero, bueno, ¡qué preciosidad!

Nunca había visto un anillo de compromiso tan bonito.

Hay que ver lo que te quiere ese chico.

-¡Sí! No sabe cómo se me quedó el cuerpo cuando me puso el anillo.

Se me pasaron los mareos, las náuseas, los vómitos... ¡todo!

-Pero tú también le quieres con locura, ¿eh?

-Quién me lo iba a decir el primer día que le vi entrar aquí.

-¡Sí! Además recuerdo que me pidió un cubalibre

y estuvo riéndose de mí con esos aires de chulito de barrio.

-Menudo pinta estaba hecho, ¿eh? Yo no daba ni un duro por él.

Y ahí lo tienes, se va a llevar a mi niña al altar.

-Sí. No puedo estar más feliz, madre.

Ahora solo falta que nazca mi niña...

y, bueno, que me dejen en paz con ella.

-Que nuestra suerte ha cambiado, ¡te lo digo yo!

Todo va a salir muy bien. -Ay, ojalá, madre. ¡Ojalá!

(BROMEA) -¡Eh! Cuando dejéis los achuchones, ¿me ponéis un mosto?

-Sí, se lo pongo yo, Dimas.

-Un momento, ¿a ver? ¿Qué es ese anillo?

No me digas que Ángel se ha tirado al ruedo.

(RÍE) Felicidades.

-Gracias. Estoy muy contenta.

-Buenas, Chispi. -Otro mosto para el novio.

¡Que te llevas a lo más guapo y lo más simpático!

-Yo tampoco soy mal partido, ¿eh? -Pues brindemos por los dos.

-Déjate de mostos, vamos a abrir una buena botella.

¡Y tú, ven aquí!

¡Ven aquí!

Me tienes que dar el teléfono de tu madre

para darte las gracias por mandarte a Lasiesta.

¡Ay, Dios mío!

(GIME) -Paula, cuánto me gustas.

(Golpe)

-Gabriel... ¿hay alguien?

-No, a estas horas no hay nadie. Será un gato, el viento...

-¡Gabriel!

-¡Padre! Aquí estoy con mi amiga Paula,

que nunca había visto unas bodegas.

-Pues no es momento. Que vuelva mañana, de día.

-Muy bien. Paula, ya has oído, mañana volveremos.

-Déjala irse. Tú quédate que tengo que hablar contigo.

-Déjeme acompañarla, es muy tarde.

-No hace falta.

-Adiós.

-Llevamos buscándote todo el día.

-Lo siento.

-¿Te has olvidado de que habías quedado con Rafael

para ver el funcionamiento del trabajo?

-No, me acordé, pero no quise hacerle un feo a mis amigos

celebraban que Raúl Quijano se ha licenciado.

Y por Rafael no se preocupe, mañana me pone al día.

-Hasta cuándo, Gabi.

¿Cuándo vas a abandonar esa vida de locura?

¿Cuándo vas a asumir tus responsabilidades?

-Esa palabra me va grande, soy muy joven aún.

-Eres joven, pero el tiempo pasa en un suspiro.

Yo también fui un joven, fuerte y lleno de vida.

-Entonces me entiende.

-Lo que no entiendo es por qué no quieres ser viticultor.

Es lo más bonito que podrías hacer.

-Eso se lo dejo a mis hermanos. Ellos son sensatos

y quieren quemar sus días entre cepas y barricas, pero yo no.

-¿Quieres depender de los demás?

¿Solo quieres divertirte con esa muchacha?

-Ella también se divertía, ¿no?

-Pero un día no te bastará.

Un día conocerás a una mujer, te enamorarás de verdad

y querrás formas una familia; tener hijos.

Y entonces tendrás que asumir tus responsabilidades

para darle a los tuyos lo mejor.

-Cuando se pone así de sentimental me desarma, padre.

Hablándome de la familia, de los hijos que tendré...

-¿Es que no quieres tener hijos?

¿No quieres que alguien que lleve tu sangre te sobreviva?

-Pues sí. Sí, quiero tenerlos y voy a tenerlos.

-Entonces estarás a la altura.

Y estaré orgulloso de acoger en mis brazos

a todos los nietos que me des.

-Espero no defraudarlo, padre.

¿Qué hace ahí solo, padre?

No podía dormir.

¿Eso son las cosas de Gabriel?

Sí, las trajo Ortega ayer, no las necesitan.

Déjelas ahí, mañana le digo a Inés que las guarde.

¿Está Ud. bien?

No.

Siempre me he preguntado en qué me equivoqué con él,

con mi hijo menor.

Quizá si le hubiera tratado de otra manera,

habría sido más responsable.

Le faltó asumir responsabilidades.

Madurar.

Tuvo muchas ocasiones para hacerlo.

Si no lo hizo fue porque no le dio la gana.

No. Gabriel era joven e impulsivo.

Caprichoso sí, pero de buen fondo.

Si no lo hubiesen matado habría sido un hombre de bien.

Sí, puede.

Quizá ese hijo que iba a tener con el hijo de Pilar

le habría hecho sentar la cabeza.

Ese hijo que tú hiciste desaparecer.

Mejor me voy a descansar.

No, padre, espere.

Si crees que te voy a perdonar estás muy equivocado.

No, padre, sé que me va a perdonar.

Me equivoqué al ofrecerle dinero a esa chica,

yo solo quería que se fuese del pueblo, no que abortase,

pero aun así me arrepiento de haberlo hecho.

Por eso creo...

que debe saber que la hija de Pilar sigue adelante con el embarazo.

¿Qué estás diciendo?

Yo sabía que me mentía porque no aceptó el dinero...

Pero he hecho averiguaciones...

y sí padre, sigue embarazada.

El hijo de Gabriel vive.

Así es.

He pensado que debía saberlo,

no he querido volver a equivocarme.

Gracias a Dios, Vicente. ¡Lo sabía!

Sabía que no eras cruel y desalmado,

que no te volverías contra tu propia sangre.

Gracias, hijo.

-A mí lo que me ha dejado muerto es lo de la pedida de Carolina.

No te creía yo tan lanzado, yo creía que te gustaba,

pero pasar el rato.

-A mí la Chispi me gusta para todo, Dimas.

Ya no concibo la vida sin ella.

-Qué suerte que la puedes amar libremente.

-¿Y por qué no? Su madre y mi tío se lo han tomado de maravilla.

Mi tío me ha felicitado

pero me ha dicho que me quiere concentrado para al campeonato.

-¡Madre mía, el campeonato de mus! Pues está el listón bien alto.

Porque el Porfirio no solo es la mejor pareja para tu tío,

sino que es el único que lo aguanta.

¿No te lo han dicho...? Tu tío tiene muy mal perder.

Monta unas broncas de padre y muy señor mío,

pero tú, tranquilo, que tú eres el Terror de Carabanchel,

has ganado un montón de campeonatos en la capital.

-Dimas... igual exageré un poco.

-¿Cómo que exageras?

-Fue una mentira piadosa,

como le vi triste por no poder participar...

-A ver si me aclaro,

¿entonces no eres el Terror de Carabanchel?

-Nada de nada, yo no tengo ni idea de jugar al mus.

Tendré que decirle la verdad para que busque otra pareja.

-No, no... De que se olvide de la partida, nada.

A ver si va a pedirme a mí que sea su compañero,

y eso de ninguna manera, por Dios.

Vamos a hacer una cosa.

Yo te voy a dar un curso intensivo de mus de 24 horas.

¿Qué te parece?

-Bernardo, suéltalo ya. ¿Conseguiste la botella?

-Sí.

-¿Pusiste la que yo te di?

-Pues claro, Santiago.

Menos mal que estaba Pajarillo y no el sobrino de Ortega.

Ese chico es un lince, no se le escapa una.

Es por él que van a mandar la botella al laboratorio.

-Que lo hagan, es un caldo normal, perfectamente saludable.

Van a tener que aceptar

que la muerte del cura fue natural.

Anda, tómate una copa,

así te relajas.

-Esto está yendo demasiado lejos.

Soy el alcalde,

no debería colarme en comisaría para robar pruebas.

-Es que era la única solución que teníamos,

no seas pejiguero.

-Yo arriesgo más que tú y no veo la compensación.

-¿Ah, no?

¿Crees que el 5% que te cedí de mi empresa

era solo por falsificar la autopsia de Ricardo Reverte?

-Lo que me juego vale más que ese 5%.

-Tómalo de otra manera,

la recompensa es no ir a la cárcel.

¿No ves que al falsificar la primera autopsia

te convertiste en mi cómplice?

-Qué bien te has cubierto las espaldas

para evitar que te acusen de homicidio.

-Confórmate con ser el intachable médico de Lasiesta,

además de su alcalde.

-Buenas.

¿Qué hacéis aquí... a estas horas de la noche?

-Estamos hablando de negocios, ¿algún problema?

-No, lo que me parece raro es que lo hagáis a medianoche.

-Es que mañana a primera hora me tengo que ir a Logroño

y tenemos que solucionarlo ya.

Bueno, os dejo, que Clotilde estará preocupada.

-Dale recuerdos a Clotilde de mi parte.

Y... me alegra mucho

que estemos de acuerdo en cómo llevar este negocio.

-Buenas noches, Dña. Elvira. -Buenas noches, Bernardo.

Ya me dirás qué clase de tejemanejes

os traéis tú y tu compinche entre manos.

Antes os he encontrado en la calle acalorados, discutiendo

y ahora aquí.

Con la cara demudada, a altas horas de la noche.

-Cosas de negocios, no hagas preguntas.

-Deja esa botella donde estaba.

Pensaba guardarla en su sitio. -No pienses.

Vuélvete a la cama,

yo tengo que trabajar en el despacho.

-Como tú mandes, Santiago.

-Me comporté como una niña malcriada

y creo que debo pedirte disculpas.

-Bueno, por mi parte está todo olvidado.

¿Por qué no vienes a merendar un día a mi casa?

-Bien.

-¿Por qué no le dices a Eduardo que tu tío se muere?

-Porque no me hará caso. -No lo sabes si no lo intentas.

Venga, Andrés, ¿tu tío? ¿Lo próximo qué será?, ¿tu abuelito?

No le habrás dado permiso.

(TITUBEA) Todavía no... No hay más que hablar.

¡Buenas!

Tu madre pasó por el horno y me dijo que ya habías vuelto,

así que he venido a verte a ti, no a tu hermano.

¿No ves que cuando nosotros tengamos un hijo

tu padre ya se habrá encariñado con ese?

Fue para solucionar el rechazo que mi padre siente por mí,

porque sin eso no vamos a ninguna parte,

no hay nietos, ni bodegas, ni nada.

Ocúpate de esa Carolina, yo se lo diré a tus hermanos.

Rafael y Elena ya lo saben.

¿Sabían que voy a tener un nieto y me lo han ocultado?

¿Y se llaman hijos míos?

Me estáis ocultando cosas y actuando a mis espaldas.

-Está siendo muy injusto, padre. -¿Me estás llamando injusto?

Me ocultáis que voy a tener un nieto, ¿y me llamáis injusto?

Mi padre se ha enterado de que Gabriel

le ha dejado un nieto por ahí dentro.

No va a tener ningún nieto. Deja de reírte de mí.

Harás lo que yo te digo.

Puedes ganar mucho, tanto tú como tu criatura.

¿Me quiere quitar a mi hijo?

-¿Qué le vas a dar de comer cuando las cosas vayan mal?

-A mí no me va a comprar. -No me hagas ir por las malas.

¡Será peor para el niño y para ti!

Quería hablaros del hijo de esa camarera.

Os encargaréis de criarlo vosotros.

¿Quiere hacer pasar al hijo de Gabriel por mi hijo?

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  • Capítulo 62

Gran Reserva. El origen - Capítulo 62

08 ago 2013

Santiago y Bernardo comprenden que deben hacer algo cuánto antes para evitar que la policía analice la botella de vino envenenada. Vicente sigue furioso con Elena y Rafael por haberle ocultado que Ormaechea trabajó para los Miranda.

 

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