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No recomendado para menores de 7 años Gran Reserva. El origen - Capítulo 60 - La noticia de la muerte del padre Genaro sacude al pueblo - ver ahora
Transcripción completa

(ROBERTO) ¿Qué ha pasado? -La barrica estaba mal cerrada.

-¿Has sido tú? -No, no he sido yo.

Debería haber revisado las barricas antes de irme al descanso,

como he hecho estas semanas, cuando estaba al cargo.

Fue mi culpa.

Vi a Andrés indispuesto y le dije que saliera a tomar el aire,

que yo me encargaba de su zona. Se me fue el santo al cielo.

-El dinero del vino se descontará de los sueldos de los dos.

-¿Sabes qué imagen me viene cuando pienso en mi padre?

La correa del pantalón.

Tenía que salir de allí o uno de los dos acabaría muerto.

Mi tío me recogió. Mi tío ha sido mi padre.

La enfermedad que tiene lo está matando, ya lo has leído.

Ahora es él el que me necesita.

-¿Y si vamos a dar una vuelta? Había quedado con Rosalía.

Ya.

Desde que le pedí matrimonio, está muy distante.

Dime la verdad, ¿hay otro?

Me llegas a decir que sí y me caigo redondo al suelo.

No creo que a Clotilde le haga mucha gracia saber

que su marido estuvo en la habitación de una señorita

de dudosa reputación. Accede a mi petición

y te garantizo que esta historia se queda entre estas cuatro paredes.

No puedes ayudar a Vicente Cortázar.

Lo que es bueno para él es malo para mí.

Por tanto, también para ti. O estás conmigo o estás contra mí.

-Lo siento mucho, Vicente pero no voy a cerrar la fonda

Pilar y su hija no han de pagar los platos rotos de sabe Dios quién.

No quiero que Bernardo piense que ha ganado la batalla.

Que piense que tiene la sartén por el mango.

Si sabes esperar y jugar bien tus cartas

acabarás ganando la guerra.

Gabriel le contó a esa tal Fanny que tenía un negocio entre manos,

aunque eso implicaba tocarle las narices a una persona.

-¿A quién? -Eso no lo sabemos,

pero seguro que ese tiene que ver en la muerte de mi hermano.

-Voy a Madrid a a ver a unos ingenieros químicos

para emplearlos en las bodegas, y eso que Ormaechea parecía serio.

-¿Ormaechea? -Joaquín Ormaechea, se llamaba.

No sé de dónde salió, lo contrató mi padre. ¿Lo conoces?

(MUJER) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todos y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(HOMBRE) No sé por qué te quiero.

Será que tengo alma de bolero.

Tú siempre buscas lo que no tengo.

Te busco en todas y no te encuentro.

Digo tu nombre cuando no debo.

(AMBOS) Querer como te quiero

no tiene nombre ni documentos,

no tiene madre, no tiene precio.

Soy hoja seca que arrastra el tiempo,

medio feliz

en medio del cielo.

-¿Has visto mi libreta de anillas? Juraría que la había dejado aquí.

-Deja eso ahora, te tengo que decir una cosa muy importante.

-¿Qué pasa? (SUSURRA) -Joaquín Ormaechea.

Ya le tenemos. -¿Ya? ¿Dónde?

-Eso no lo sé todavía,

pero trabajó dos semanas para las bodegas Miranda

como ingeniero químico y luego desapareció.

-¿Cómo te has enterado de eso? -Me lo ha contado Luis.

-¿Cómo? ¿Sabe que buscamos a ese tipo?

-No,

y eso que le prometí que nunca más le ocultaría un secreto.

Pero no quiero vincularlo a esta historia.

-Bueno, quizá ya lo esté.

Elena, esta pista señala directamente a los Miranda.

-No estarás insinuando... -Sí.

Esa familia está detrás del asesinato de Gabriel.

-Luis no tiene nada que ver con eso. Lo conozco y no es ningún asesino.

Además, fue él el que me llevó tras la pista.

Si tuviera algo que ver, me lo había ocultado, ¿no crees?

-¿Y su padre?

¿Y si él pagó a Ormaechea para que matara a Gabriel?

Y luego, cuando lo hizo, se largó lejos de Lasiesta.

-Eso es absurdo.

Para matar a alguien contrataría a un matón, no a un ingeniero.

-No sé, hay algo en todo esto que no encaja.

¿Vicente qué opina?

No se lo has dicho.

-Creo que es mejor no hacerlo de momento.

Ya, Elena, pero esto es un dato fundamental, tienes que contárselo.

-Pero cargará contra Luis sin importarle la verdad.

Te prometo que cuando sepamos algo más,

yo misma se lo contaré todo.

-Muy bien, ¿qué propones?

-Ahora mismo, lo más importante es encontrar a Ormaechea.

Sabemos a qué se dedica y que trabajó con los Miranda.

El cerco se estrecha.

-En cuanto tenga un rato, llamaré a varios laboratorios químicos

y a colegios de ingenieros, a ver qué averiguó.

(SUSPIRA)

-¿Qué, andáis conspirando?

-Qué cosas dice, padre.

Estábamos hablando de Rosalía.

La acusamos demasiado rápido del robo del camafeo.

-La habéis acusado injustamente, pero habéis rectificado.

Eso es de agradecer. -Tengo que irme a las bodegas.

Ya son horas. Adiós.

-Buena jornada, hijo. -Yo también me pongo en marcha.

-Elena. -¿Sí?

-¿Sabes qué es lo que más echo de menos de cuando eras pequeña?

Que siempre me decías la verdad.

Tengo esperanzas de que eso vuelva a suceder.

(AGITADO) -Tío, ¿dónde andaba?

(ENFADADO) Estaba hablando con la profesora de tu prima.

Dice que la única asignatura que se sabe es el recreo.

No sé de qué te ríes, a mí no me hace ni pizca de gracia.

-No se preocupe, que Isabelita aún es muy pequeña.

-Muy pequeña y muy tozuda, no quiere estudiar.

Ahora dice que quiere ser artista, como Marisol, manda huevos.

No voy a poder hacer carrera de ella. -Fíjese en mí, iba para chorizo y...

-Y lo fuiste. -Pero me he reformado.

-Porque no tenías otra, no te... -Tendrá usted queja de servidor.

-Ay, los hijos...

La paternidad me ha venido un poco tarde.

Si llego a saber que es esto, me lo pienso dos veces o tres.

-¿Pero qué dice, tío? Si se le cae la baba con la prima.

Cuando les miro, pienso...

que no me importaría tener un churumbel.

(RÍE) -¿Tú? Eso tendría que verlo yo antes de morirme.

¿Qué haces tú por aquí, que no estás trabajando?

Tendrías que estar en la comisaría. -Un momento.

Vengo del banco de Gabriel Cortázar.

¿A que no sabe lo que tengo aquí? -El estado de cuentas del Cortázar.

-Bingo.

Como usted no estaba para recogerlos, me acerqué yo.

-No me digas que has abierto un sobre que viene a mi nombre.

-Ahí pone "para el agente Ortega". Ese también puedo ser yo.

-Te iba a dar así una...

Como vuelvas a saltarte otra vez la cadena de mando,

de verdad que te la doy, ¿entendido? (ÁNGEL SUSPIRA)

(RADIO) "Murcia - Málaga X. Recreativo - Levante 1.

Estos han sido los resultados de la quiniela de esta semana.

Enhorabuena a los acertantes". (DIMAS) ¿Qué acertantes?

No conozco a nadie que le haya tocado.

-El Caudillo ha acertado 12. 900,000 pesetas que le han tocado.

-Ya tiene para comprarle collares a la señora.

-Los que nacemos pobres acabamos más pobres todavía.

Prepara el pedido para la fonda. Sube la radio.

"El autobús siniestrado cubría el trayecto entre Madrid y Logroño

y se salió de la carretera a causa de un banco de niebla.

Hay que lamentar ocho muertes, como decíamos al principio.

Aumenta el precio de la gasolina". No puede ser.

La niebla es muy traicionera, mi primo Juan Carlos,

bajando con la bici el puerto de Lobos...

¿Te pasa algo, criatura?

Dimas, Jesús volvía hoy en el autocar de Madrid.

No le habrá pasado algo, ¿no?

Usted perdone, tío, me pudieron las ganas de avanzar en el caso.

Aunque me parece a mí... -¿Qué, nada de nada?

-Ninguna transferencia de 50.000 pesetas a J. O.

-Estamos como al principio. -Peor que como al principio.

El tiempo corre en nuestra contra.

¡Doña Fernanda! -¡Por fin les encuentro!

(ÁNGEL) ¿Qué pasa, señora? -Una desgracia.

-Siéntese, no se vaya a desmayar. ¿Qué le pasa?

-En la iglesia... horroroso. -¿Qué le ha pasado?

-Yo iba a confesarme, como es deber de todo buen cristiano,

ya lo dice la doctrina de la Santa madre Iglesia...

-Al grano, señora.

Me ha extrañado no ver al padre Genaro en el confesionario.

Él es un hombre de costumbres y muy puntual.

-Que sí, al grano, señora.

-Al no verle en el confesionario, he ido a la puerta de la sacristía

que está al lado del altar con la imagen de nuestro Señor...

-Sí, el que sacamos en procesión en septiembre.

¿Entró en la sacristía y...? -Por debajo de la puerta...

he visto un charco como de sangre,

pero al acercarme me dado cuenta de que solo era vino.

-Claro, señora, se habrá caído la botella de vino de dar misa.

Eso no es ninguna desgracia, se coge otra botella y se pone allí.

En un pueblo bodeguero como este no hay problema.

-Entonces, he abierto la puerta de la sacristía

y allí, junto a la botella medio vacía,

estaba el cuerpo sin vida de nuestro párroco, don Genaro.

(Música de suspense)

-¿Está usted segura, señora?

(SOLLOZA) -Don Genaro está muerto.

Y bien muerto, que lo he visto yo.

(LLORA)

-Mujer, no te pongas en lo peor.

Anda que no hay coches de línea que vienen a diario de Madrid.

Tranquila, mujer, que no pasa nada, ya lo verás

La que faltaba. No le cuentes nada.

Hasta que no estemos seguros, chitón.

-Hola. -¿Qué hay, doña Renata?

Buenos días, qué madrugadora.

Eso es bueno, así se lleva el género que quiere y no el que queda.

¿Qué le pongo? -Una hogaza bien tostadita.

Renata, ¿ha hablado usted con Jesús hoy?

Hija, ¿por qué me lo preguntas así, con tanta desazón?

(TITUBEA) Porque he escuchado una cosa en la radio y...

estoy preocupada y... Hija, me estás poniendo nerviosa.

¿Qué pasa? Que...

El autocar de línea que viene de Madrid ha tenido un accidente.

¡Ah, era eso! Me has dado un susto...

Jesús se ha quedado en los Madriles, tenía trabajo.

No te preocupes. Qué alegría saber que está bien.

Teníamos el corazón en un puño los dos, ¿verdad?

Vete para dentro, reina, y prepara el pedido para la fonda.

Hasta ahora, Renata. Adiós, hija.

Tiene una ayudante que es un ángel.

Siempre preocupada por todos. -Por unos más que por otros.

-Pues sí, los Reverte no nos podemos quejar.

Se deshace en atenciones con todos nosotros.

Yo, todos los días le doy gracias a la vida

de que la haya puesto en el camino de mi hijo Adolfo.

Yo creo que van a ser muy felices. -A mí me parece que también.

-Pilar, ahora mismo te están preparando el pedido.

-Solo venía a preguntaros si sabéis qué ha pasado en la iglesia.

Hay en la puerta un revuelo de tres pares de narices.

La cacatúa de la Fernanda está llorando como una descosida.

Voy a ver si me entero. -Espera, Pilarita.

-Apúnteme la hogaza. -Solo si vienen a darme el parte.

-Vale. -Hala.

(SALEN CUCHICHEANDO)

-Buenos días, cariño, ¿dónde está mi chaqueta?

-No salió la mancha, más tarde la llevaré al tinte.

-Vaya por Dios. ¿Has planchado la bata?

-Sí, está en la habitación. -Vale.

-¿No te sientas a desayunar con tu mujer, como está mandado?

-Cariño, es la hora de la consulta. Va a llegar la primera paciente.

-¿Y quién es la primera paciente? Seguro que es doña Sonsoles.

Dile de mi parte que lo que tiene se llama vejez y eso no se arregla.

-Dile lo mismo tu madre cuando llame con sus achaques.

-Hay que ver qué manía le tienes a mi pobre madre,

con lo mucho que te quiere ella a ti.

-Sí, verme bien lejos. Menos mal que es un sentimiento mutuo.

-Bueno, no me cambies de tema.

¿Quién es esa persona que tiene algo tan grave

que no puedes desayunar? -No te va a gustar.

Doña Elvira.

(MUSITA) Ya sabía yo.

-Bernardo...

-¿Cómo te atreves a abrirle las puertas de nuestra casa

a esa desvergonzada? -Las puertas de nuestra casa

son también las de la consulta y están siempre abiertas.

Yo tengo que atender a todos los enfermos del pueblo.

Se llama juramento hipocrático. -Yo no lo llamaría así.

-Doña Elvira tiene una infección en las vías altas y debo atenderla.

-Lo que me extraña es que no la tenga en las vías bajas.

-No puedo creer que tú digas una ordinariez semejante.

-Esa mujer saca lo peor de mí. (HARTO) Clotilde...

Yo no sé por qué le tienes tanta manía.

Si la conocieras un poquito... -¡Ja! ¿Tú la conoces un "muchito"?

-¿Qué se te ha perdido a ti a estas horas?

Tú tienes turno de tarde, ¿no? -Es cierto.

Pero llevaba el inventario retrasado y he aprovechado para terminarlo.

(RESOPLA) -O sea, que no llegas puntual ningún día

y ahora me tengo que creer que estás recuperando trabajo.

Venga, hombre, que no me chupo el dedo.

¿Qué hacías aquí, emborracharte detrás de las tinas?

-Sé que hay cosas que las he hecho mal, pero quiero hacerlas bien.

Esto no es flor de un solo día, esto lo va a ver usted.

-Eh, me alegro de que quieras enmendar tus errores de estos años.

Pero yo lo que le pediría, Andrés, es que sea honesto con los demás

para que los demás no asuman las consecuencias de sus actos.

-Si lo dice por la barrica, yo fui el responsable.

Estaba distraído con mis cosas y se me olvidó poner la cuña.

Para distraerte, a la verbena. Aquí se está con los 5 sentidos.

-Tiene usted razón. No va a volver a ocurrir.

-Más te vale, porque otro error así y no va a valer bajar del sueldo,

los Cortázar no estarán satisfechos y tendré que despedirte.

Ahora, duro con el inventario. -Buenos días, patrón.

-Buenos días. -Hola, patrón.

-¿Qué hace aquí tan temprano? -Reformarse.

-¿Reformarse?

-La de peloteras que he tenido con él porque se escaquea,

y ahora está haciendo méritos para ser el trabajador del mes.

A ver si aguanta, porque la cabra siempre tira al monte.

-Yo prefiero pensar que las personas pueden cambiar.

Ojalá ese malnacido no se hubiera cruzado con la vida de mi Gabriel.

Quizá hubiera vuelto al redil. -Seguro que sí, patrón.

-Los hijos se empeñan en darnos disgustos todos los días.

¿Tú qué sabes de eso? Tu hija es una buena niña.

-Eso no quita para que me haya pasado algunas noches en tela.

-Por lo menos, tu Manuela no te falta al respeto

mi te miente, como hace Elena continuamente.

-Patrón, si me permite que le dé un consejo...

-Sí, yo siempre he valorado tu opinión, Eduardo.

-Dime.

-Debería darle a la Srta. Elena un poco más de libertad.

Llega un momento en que los hijos deben tomar sus propias decisiones.

-¿Para qué, para que decida irse con Luis Miranda?

-No lo puedo soportar, no puedo hacerlo y tú sabes por qué.

-Patrón, yo creo que ya es hora de pasar página y olvidar el pasado.

-¿Olvidar el pasado? -Sí.

-Hay cosas del pasado que no se pueden olvidar

aunque uno quiera.

-Bernardo...

Mírame a los ojos y dime la verdad.

¿Qué te traes con ella? ¿Es tu querida?

(ATÓNITO) -¿Qué?

(SUSURRA) Es la mujer de Santiago, Clotilde.

La mujer de mi amigo. ¿De dónde sacas semejante disparate?

(Timbre)

-Debe de ser ella.

Cariño, no te preocupes, yo solo tengo ojos para ti.

Métetelo en la cabecita.

Ahora vengo.

-Gracias por atenderme a estas horas, don Bernardo.

La verdad es que me he levantado con dolor de...

Clotilde, buenos días. -Sí que eran buenos, sí.

(TITUBEA) -Un minutito, voy a buscar la bata y vuelvo.

(ELVIRA SUSPIRA)

-¿Cómo se atreve a venir a mi casa cuando sabe que no es bien recibida?

-No he venido por gusto. Necesito que me vea un médico.

Si no, ¿qué quiere que haga? -No lo sé ni me importa.

Seguro que sabrá buscarse la vida.

Las mujeres como usted lo hacen continuamente.

(ELVIRA RESOPLA)

-¿No puedo saber si Joaquín Ormaechea estudió en su facultad?

-Ya, muy bien. Gracias por atenderme.

(SUSPIRA)

-Hola, ¿me da el teléfono del Colegio de Ingenieros Químicos?

¿Por qué se han perdido tantos litros de vino?

Espera.

Si hubieses leído el parte de trabajo hasta el final

habrías visto que una barrica se quedó mal cerrada, pero ya está.

Ya.

¿Qué inútil no ha hecho bien su trabajo?

(TITUBEA) Bueno, Roberto y Andrés...

Cómo no.

Espero que hayan recibido el castigo que se merecen.

Sí, desde luego, patrón, se les descontará del sueldo

el dinero del vino que se perdió.

¿Siguen trabajando en las bodegas?

Tedrían que estar en la calle. No hacía falta ser tan drástico.

¿Ha sido cosa tuya? No, fui yo, patrón.

Me pareció la mejor manera de compensar los daños causados.

Ya sabe, el que rompe, paga. Eso se dice, vamos.

Rafael, ¿por qué no te vas a dar una vuelta por las viñas?

Vale, pero tranquilo, no fue para tanto.

No me discutas y vete, anda.

(Música ominosa)

Eduardo...

Cada vez estoy menos contento con tu gestión.

Siento mucho si le he molestado, patrón.

Yo creía que era la mejor manera de hacerlo,

como lo hubiera hecho su padre, don Alejandro.

Estoy harto de que te escudes bajo la protección de mi padre.

Eres muy poco previsor, Eduardo.

Algún día, él no estará aquí y quien tome las decisiones seré yo

y lo primero que voy a hacer va a ser largarte de aquí.

¿Sí?

Venga, pues tú sigue así.

(RESOPLA)

-Parece que esa faringitis sigue dando la lata.

Tiene la garganta muy irritada, ¿ha tenido fiebre?

-No sabría qué decirle.

Por la noche he estado como destemplada.

-Vaya desabrochándose la blusa. -¿Para qué?

-Para auscultarla.

(RÍE) Es necesario comprobar que los pulmones están bien.

Así es imposible.

-Doña Elvira, entiendo que haya mujeres

que tengan reparos en descubrirse delante de un hombre,

pero es que soy médico. -Y yo su paciente.

No una cualquiera a la que pueda desnudar con la mirada.

-¿Cómo? (ELVIRA SUSPIRA)

Lleva mirándome de esta manera desde que llegué a Lasiesta.

Primero le tomé por un cincuentón con ganas de echar una cana al aire

pero ahora entiendo...

que seguro que tuvo que reconocerme nada más verme.

-No sé de qué me está hablando. -Disimule lo que quiera.

Conozco muy bien a los hombres como usted.

Defensores de las virtudes en público

y entregados a la lujuria en privado.

¿Me va a decir que no disfrutaba

con esa revista que guardaba con tanto recelo?

-¿A qué revista se refiere? -No se haga el inocente, Bernardo.

Ahora, le digo una cosa:

esas fotos son lo más cerca que va a estar de verme desnuda.

Gracias, doctor, por atenderme.

Ah, otra cosa.

No le voy a pedir discreción frente a mi marido

porque ya se que a usted es a quien más interesa

que él no se entere nunca de nada.

(Toques en la puerta)

-¿Sí? Adelante.

-Don Bernardo... Señorita...

Perdone, sé que no le gusta que le molesten, pero es grave.

-¿Qué pasa?

-El padre Genaro ha aparecido cadáver.

(ELVIRA SUSPIRA)

(SOLLOZA) -He entrado en la sacristía y allí estaba el padre Genaro,

tumbadito en el suelo, como dormido, pero...

(LLORA) ¡Ay, Señor, que no estaba durmiendo,

que ya te lo habías llevado a tu vera!

Si ayer mismo vino a comprar una empanada de kilo y medio.

Por eso la habrá "espichao". El pobre tenía un saque...

Luego dicen que si la gula es un pecado capital.

-Dimas, por Dios, no mancilles el nombre de un santo varón

que además está difunto. -Yo no mancillo a nadie.

Solo llamo a las cosas por su nombre.

-¡Fernanda! -¡Clotilde!

-Dime que no es verdad, por favor. -Ojalá pudiera, Clotilde.

Pero no puedo. (CLOTILDE LLORA)

(Música humorística)

Me lo ha dicho Maruja. Es que ni daba crédito.

Ay, Dios mío. Cuenta cómo ha sido, hija.

(PARA SÍ) -Otra vez no. Que se nos queda ahí.

He ido a confesarme, como cada mañana,

y me ha extrañado no encontrar al padre en el confesionario.

He entrado en la sacristía

y allí he encontrado... -¡Ay!

-...al padre Genaro, tumbadito en el suelo,

como dormido,

pero, ¡ay, Señor, que no estaba durmiendo...!

-"Te lo habías llevado a tu vera". (CLOTILDE) Dios mío, qué horror.

El mejor párroco que hemos tenido en años.

No somos nadie,

y menos sin el padre Genaro para que nos guíe el camino.

Como presidenta del Círculo de Beneficencia,

he pensado que podríamos hacerle un homenaje, ¿qué te parece?

Recordar sus mejores homilías. -Un momento, señoras.

Si les parece, les pongo sillas.

Acércate la fonda, que traigan descafeinados para las señoras.

-Eres un desalmado. -Ea, vámonos.

Fernanda, ya lo vamos hablando por el camino.

(FERNANDA) Qué buena idea.

-Estas no necesitan un pastor, lo que necesitan

es un encantador de serpientes.

Ojalá que el nuevo párroco traiga nuevos aires a Lasiesta.

Don Genaro era un buen hombre, pero muy chapado a la antigua.

Era cura, Dimas. Hombre, por Dios,

(INDIGNADO) que venga uno que acabe con tanto...

cotilleo y maledicencia.

Estas arpías le hicieron la vida imposible a doña Elvira.

No te alteres, ¿eh?

¿Quieres dejar eso y seguir contando? -Poco más hay que contar, Carolina.

Encontramos al cura, pero no como dice doña Fernanda,

sino desvanecido encima de la mesa, mientras comía.

-¿Crees que alguien querría...? -Qué cosas tienes, Pilar.

¿Cómo puedes pensar eso?

-Con las cosas que han pasado últimamente en este pueblo,

no es tan descabellado pensar que hayan querido matarle.

-No creo, Pilar.

No había signos de violencia y no faltaba nada en la Iglesia.

Parece un ataque al corazón, aunque eso lo dirá la autopsia.

No me preguntéis nada más, bastante he hablado.

Ahora, el muerto al hoyo y el vivo a desayunar.

-Yo marcho para las bodegas. Cóbrate el cafelito, por favor.

Y me vas a poner un decimito, anda, guapa. Gracias.

Oye, ¿hay campeonato de mus en Briones?

-Pues sí, en la Azucena, el bar que está en la plaza.

Igual voy, se me da bien el mus. Tengo maestría, aquí donde me veis.

Sacaría más que a los ciegos, que nunca me toca nada.

-Habiendo ganas, solo necesitas encontrar una buena pareja.

-Roberto, aunque sea tu amigo, no te lleves a Andrés de pareja.

Ese solo va a ganar concursos de levantamiento de chatos.

-Ya sabéis que Andrés lo está intentando

El otro día, ¿qué? Anoche, ¿qué fue? Apenas un chato.

Había pensado decírselo a Eduardo, no a Andrés.

Es muy bueno y siempre cuenta batallitas de sus campeonatos.

Como le veo un poco alicaído desde que lo operaron,

a ver si le saco un poquito de casa.

-Date prisa, porque si es tan bueno lo mismo le sale más de una novia.

-Marcho, con Dios. (PILAR) Adiós.

-¿Se puede saber qué haces? -Mirar por el negocio, madre.

Con la excusa del mus, se nos irá toda la clientela a Briones.

-¿Vas a quitar todos los carteles que hay en Lasiesta?

Te va a llevar horas, hija, está todo el pueblo empapelado.

-Madre, tenemos que evitar que la gente se vaya a Briones

dándoles lo mismo cerca de casa. -Espera, ¿qué me estás proponiendo?

¿Qué montemos en la fonda un campeonato de mus?

Nosotras nunca hemos organizado una cosa así.

-Para jugar al mus solo necesitas mesas, sillas y cartas.

-Ya, y un premio para el campeón, que se te olvidaba.

-Madre, eso es lo de menos, al ganador le damos...

Yo que sé, un plato de cerámica de recuerdo...

y una pata de jamón. -Tú has perdido la chaveta, niña.

¿Cómo pagaremos una pata de jamón? -Con lo que sacarás del campeonato

tienes para comprarte el jamón y el cerdo entero, si quieres.

-No sé, mirándolo así, a lo mejor no tenemos nada que perder.

-Bueno, pues me parece bien. -¡Bien!

-Nosotros vamos a organizar el torneo de mus

aquí, en Lasiesta. -Así se habla.

(Campanadas)

-Elvira. -Hola, Dimas.

¿Cómo estás? -Ahora que te veo, mucho mejor.

-Tú siempre tienes palabras bonitas para mí.

-De poco valen si no consiguen alegrarte.

¿Ha pasado algo? -Está siendo un día nefasto.

-Lo dices por lo del padre Genaro. -Bueno...

La verdad es que ha sido algo tan repentino, tan inesperado...

-La muertes siempre es así.

Aunque sepamos que ha de venir, siempre nos sorprende,

pero se aprenden cosas de ella: a amar la vida.

A valorar y a disfrutar cada segundo.

(SUSPIRA) -Quizá otros sepan hacerlo, pero yo...

ya no sabría cómo.

-Toma, para ti.

Dulce de leche.

-¿Cómo lo has sabido? Me encanta el dulce de leche.

La primera vez que lo probé fue al irme con mis padres a Uruguay.

¡Ay, ese olor!

Me trae tantos recuerdos felices... -¿Ves como sí sabes disfrutar?

Pero necesitas al lado a alguien que te dé esas pequeñas cosas

que te hacen ver que todo esto merece la pena.

-Ay, Dimas...

Puede que tengas razón,

pero son tantas las zancadillas que me encuentro en el camino...

-Si lo dices por las arpías del Círculo de Beneficencia,

no les hagas mi caso.

¿Quién te puede impedir ayudar a los desfavorecidos?

-No, Dimas, es mejor dejarlo correr.

Hazme caso. -¿Por qué?

(SUSPIRA) Porque, en el fondo,

somos prisioneros de nuestro pasado, queramos o no.

-¿Ese pasado del que tanto te arrepientes?

(ASUSTADA) ¡Mi marido!

-¿Qué haces aquí hablando con este?

-Le había encargado un dulce para ti, dulce de leche.

Me lo estaba entregando.

-¿Hacéis la compra en la calle? -No.

La señora se olvidó del cambio y he venido a traérselo.

Espero que le guste. Que tengan un buen día.

-Doña Rosalía, ¿qué se le ofrece?

Venía a por un vaso de agua fresquita.

Ah, sí, usted perdone.

¿Qué estás haciendo de comer?

(TITUBEA) Pues... estaba haciendo un potajito,

con su penquita de apio y su choricito y...

¿Y para nosotros?

Lo estaba haciendo para todos, para la familia Cortázar.

Les gusta mucho, sobre todo al Srto. Rafael.

Ya.

Si no te molesta, ¿te importaría hacer otra cosa para mí? Es que...

tengo el estómago revuelto y yo creo que el potaje...

lo va a terminar de estropear. Ya.

¿Te importaría? No, no.

Una merlucita al horno o...

Por supuesto que sí, no se preocupe. Lo que usted quiera.

Gracias.

Doña Rosalía... Hola.

Hola, Inés. -Hola.

-Yo me comería ahora mismo a un legionario por las patas.

-Pues coge un poquito de pan y de ese queso que tanto te gusta.

-Llevo levantado desde el alba trajinando en la bodega.

Una tortillita de bonito o... -Ya lo sé, Eduardo.

Ahora mismo no puedo, tengo muchas cosas que hacer.

Tengo que recoger todo esto, hacer otro plato,

bajar donde Cipri a ver si todavía le queda una merluza...

Anoche dijiste que ibas a preparar un potaje de habichuelas.

-Ya, pero doña Rosalía está un poco delicadita del estómago.

-Te ha cambiado el menú. -Bueno, ella es la señora de la casa.

-No, tú y yo sabemos quién ha sido la única señora de esta casa:

doña Úrsula. (INÉS SUSPIRA)

Que diferente que era a doña Rosalía. Siempre con una palabra amable.

Elenita se parece a ella.

No sé por qué no se hace cargo la niña de la casa.

-Olvídate, Elenita no va a durar mucho aquí.

En cualquier momento,

coge la maleta y si te he visto, no me acuerdo.

-¿Por qué dices eso, Eduardo?

-Está todo el mundo apretándole las tuercas demasiado.

-Sabes que no me gusta que te relaciones con el panadero.

-¿Qué quieres que yo haga? Pan comemos todos los días.

-Que Chelo se encargue de eso. -Sí, claro.

Pero Chelo estaba hoy ocupada y encargándose de otras cosas.

Alguien tenía que venir a buscar este dulce que encargué para ti.

Sabes que tengo en cuenta lo mucho que te gusta,

pero no tú valoras mis esfuerzos por ser una buena esposa.

-Te voy a advertir una cosa, Elvira.

Cómo se te ocurra engañarme, vas a dejar de ser una buena esposa

para convertirte en otra cosa mucho más horrible.

Vamos a casa.

-Lo que pasa es que creen que Luis Miranda no le conviene.

Si piensan así, por algo será.

Un padre quiere lo mejor para su hija.

¿O tú consentirías que Manuela saliera con cualquiera?

-Yo lo que quisiera es que fuera feliz.

-Eso lo dices porque está saliendo con un chico en condiciones.

Si no, otro gallo te cantaría.

(Tocan a la puerta)

(ALEGRE) ¡Hombre! -Buenos días, familia.

(RÍE) -Hola, Roberto.

-Doña Inés...

-Mira, precisamente estábamos hablando de ti ahora.

-Ah, ¿sí? Imagino que bien, porque no me pitaban los oídos.

-En esta casa se te quiere mucho, hijo.

-Venga, siéntate.

Un poquito de queso. Inés, ¿nos traes un poco de vino?

¿A qué has venido? -A tomar el aperitivo.

Si voy a la fonda, me tengo que rascar el bolsillo con Pilar

y sabía que en la cocina de los Matute iba de gratis.

(INÉS RÍE)

-Venía a pedirles permiso para salir con Manuela esta tarde.

-¿Qué? -Bueno, no sé, Roberto.

No me gusta que Manuela salga entre semana,

porque que madrugar mucho para hacer la faena.

-No se preocupe, volvemos a la hora que usted nos diga.

Tampoco tenemos un plan... Iremos a dar una vuelta a la plaza.

Como este mes ando apuradillo con la bajada de sueldo,

no da para mucha cosa.

-Para que la próxima vez te pienses a quien encubres.

-No he encubierto a nadie, es que lo hice mal.

-No sigas manteniendo la mentira. Andrés lo ha reconocido esta mañana.

La verdad es que me ha extrañado, tenía una muy buena actitud.

A ver si le dura. -Le durará.

En el fondo, Andrés es un buen hombre.

Entonces, ¿qué? ¿Puedo salir con Manuela?

-Bueno, pero a la hora de cenar, de vuelta en casa.

-Tiene usted mi palabra.

-Mira, un choricico. -Pues muchas gracias.

Y otra cosa, Eduardo. -¿Sí?

-En Briones están organizando un campeonato de mus.

Yo había pensado que a lo mejor a usted le apetecía ir conmigo.

-Te vendría bien salir un poco, Eduardo.

Desde la operación, no haces más que ir de la casa al trabajo,

del trabajo a la casa.

Así te aireas un poco y me dejas a mí tranquila.

-¿Qué me dice, nos apuntamos juntos?

-¿Tú sabes jugar al mus? (ROBERTO RÍE)

Que uno tiene vida más allá de las bodegas.

-¿Qué es un barco? -Cuatro reyes.

-¿Un solomillo? -Tres reyes y un as.

-¿Toribio? -Dos ases, ¿no la tiene más difícil?

(RÍE) -¿Ha pasado el examen? -Con nota.

-Entonces, me voy a por la merluza. Ahí os quedáis.

-¿Qué, cuándo va a ser ese torneo?

-Desde luego, Santiago...

Podrías haber sido un poco más amable con la vecina.

La has dejado con la palabra en la boca.

-Sabía qué iba a decir,

lo mismo que todos los chismosos que nos hemos cruzado.

"¿Sabe lo de la muerte del señor cura?

-Entiéndelo, el padre Genaro era un ser muy querido.

(SUSPIRA) A todos nos ha sorprendido

lo repentino de este caso

y cómo lo han encontrado, tumbado en el suelo

y rodeado de un charco de vino. -¿Vino?

-Sí, eso es lo que dicen.

(RESOPLA) -¿Pero se sabe de qué ha muerto?

-Supongo que le habrá llegado la hora.

-Hablando de horas, pregúntale a Chelo si está ya lista la cena.

-No pongas excusas, ya me voy para dejarte solo.

-Cierra la puerta. (CON RETRANCA) -Sí, señor.

-Residencia del señor alcalde, dígame.

-Clotilde, soy Santiago Miranda. ¿Podría hablar con Bernardo?

(TITUBEA) -Ha salido, pero no me ha dicho adónde.

-Dile que me llame en cuanto llegue, es importante.

-¿Pasa algo? No me asustes, Santiago. -No ha pasado nada, mujer, tranquila.

Es un asunto de negocios. Adiós, Clotilde.

-Ya. Que no, Renata.

A cenar no me quedo, no quiero molestar.

Aquí solo molestan los vendedores de enciclopedias.

No digas tonterías.

Está hablando con mi Jesús.

-¿Pero el contrato con Cotillo está firmado ya?

Sí, ayer mismo lo firmé,

pero insiste tanto en que conozca a sus amigos hosteleros

que tengo que quedarme un par de días más.

-Tú estate ahí, a ver qué podemos rascar.

-Pregúntale si come bien.

¿Y tú, te apañas bien con las bodegas?

Tranquilo, Jesús, está todo controlado.

-Si le faltan cuartos, que vaya a ver a mi prima Encarna en Móstoles.

-Te paso a madre, que no sé que te quiere decir.

-A ver, hijo mío, ¿cómo estás?

Muy bien. -Sofía, tan guapa como siempre.

Anda ya... (RENATA) ¡Chist!

¿Qué dices? Que la pensión está muy limpia.

Puede usted estar tranquila, madre. Tranquila estaría si estuvieras aquí

para vigilar que comes en condiciones.

Si todavía no me he acabado el pisto que me metió en la maleta.

¿Qué tal las cosas por el pueblo? Pues se ha muerto el cura.

No me diga. Ayer tuvimos un susto...

Sobre todo, Sofía, creía que habías tenido un accidente en el autocar.

¿Por qué?

Mira, te paso con ella y que te lo explique.

Aquí se pone. (SUSURRA) Ven aquí, hombre.

¿Jesús? Hola, Sofía.

(INCÓMODA) Hola.

Nada, que escuché en la radio que había habido un accidente

de autobús y me asusté un poco, no como dice tu madre,

que exagera mucho. ¡Si se quedó blanca como la leche!

Y eso. Pues ya ves, yo estoy bien.

Muy bien, pues ya nos vemos cuando vengas.

Sí.

Oye, Jesús.

Se le llena la boca con la familia, pero luego ni se despide de ella.

-Me voy a cuajar las tortillas para cenar dentro de un momento.

Además, donde hay dos jóvenes enamorados,

la carabina sobra.

-¿Tanto te asustaste pensando que a Jesús le había pasado algo?

(DISIMULA) Lo normal. Bueno, es tu hermano, ¿no?

Yo diría que es algo más que eso.

Fue el primero que me advirtió de lo especial que eras.

Contigo he aprendido lo que es querer a alguien, Sofía.

No quiero perderte nunca.

(Tocan a la puerta)

-Pase.

-Señor, siento molestarle, pero ha venido el agente Ortega.

Quiere hablar con usted. -Hágale pasar.

-Sr. Miranda...

Vengo comunicarle oficialmente

que el ladrón que entró en sus bodegas

ha ingresado en la cárcel de Pamplona a primera hora de esta tarde.

Lamentó decirle que no se ha podido recuperar nada de lo sustraído.

-Ortega, lo material es lo de menos. Lo importante es que ese delincuente

pague por sus delitos. -Por supuesto que va a pagar.

Siento haberle molestado aquí, en su casa, pero una noticia así

prefería no dársela por teléfono. (SANTIAGO RÍE)

Menudo revuelo se ha armado con la muerte del cura.

¿Se sabe qué es lo que ha pasado? -La verdad es que no mucho.

El cáliz, la casulla y el cepillo de anoche estaban sin tocar.

Se descarta que haya sido un robo.

Una muerte repentina, como pasó con Ricardo Reverte.

Hay dudas de que sea una cosa del corazón, un hombre tan sano...

Parecía un roble, pero la autopsia nos sacará de dudas.

-Imagino que en un par de semanas ya se sabrá.

-Yo creo que menos, quizás unas horas, ya sabe.

-¿Tan pronto? -Con la Iglesia hemos topado.

Con su permiso, buenas tardes.

(Puerta)

(SOLLOZA) -Hija, aún eres muy joven.

Yo te darás cuenta de que la vida es un camino repleto de espinas.

-A usted le pasa algo, madre. -No, mujer, ¿qué me va a pasar?

Hemos perdido el padre Genaro, que Dios tenga en su gloria.

-No, la conozco y sé que le ocurre algo más aparte de eso.

Es la abuela, ¿verdad? ¿Ha estado otra vez pachucha?

-No, hija, no, la abuela está bien.

-¿Entonces? Padre. ¿Le ha pasado algo?

(REPRIME EL LLANTO) -No, tu padre está bien, hija.

No sé dónde está, pero está bien, cariño, no te preocupes.

-Voy a tener que dejarla, nos van a servir la cena.

-Muy bien, hija, mañana hablamos otro ratillo.

No te preocupes, hija, te quiero mucho.

-Un beso. -Hasta mañana.

-Buenas noches, cariño. -Menudas horas.

(TITUBEA) -He estado muy ocupado.

¿Alguna novedad?

-Pues pocas. Bueno, sí, llamó Santiago Miranda.

Quería contarte algo muy importante.

(SUSPIRA) ¡No!

Estoy muy cansado. -¿Y por qué estás tan cansado?

-He ido a por los resultados de la autopsia del padre Genaro.

El obispado está metiendo prisa. (ENFADADA) -Podías haberme avisado.

No sé ni dónde andas ni con quién. -¿Cómo que con quién?

Clotilde, no me digas que estás otra vez con el tema de la querida.

-No, de la querida, no. ¡De Elvira!

Bernardo, yo no soy tonta y he visto cómo la miras.

-La miro porque es atractiva, pero no quieras ver donde no hay.

Tengamos la fiesta en paz, Clotilde, que estoy cansado.

-Ya, claro, zanjas la conversación porque te interesa.

En fin, sé que me ocultas algo. Además, he descubierto...

(LA CORTA) Me voy.

-Bernardo, ¿adónde vas a estas horas? -A casa de Santiago Miranda.

(IRRITADO) ¿No dices que me ha llamado con urgencia?

¡Por Dios bendito!

(SUSPIRA)

-¡Ay, Dios bendito! Sálvame de estas tribulaciones.

(LLORA)

(REZA EL AVE MARÍA)

-¿Pero qué me estás diciendo? No me digas que te ha dicho eso.

-Don Vicente me la tiene jurada.

Está esperando a que cometa algún error para recordarme

que cuando falte su padre me pondrá de patitas en la callé.

-Quiera Dios que sea más tarde que pronto.

-Hasta entonces me va a hacer la vida imposible.

-Yo tengo la misma sensación con doña Rosalía.

Sabes que no soy muy de criticar a los señores, pero es que...

he visto cada cosa, Eduardo, que no me gusta nada.

-Te ha sentado a cuerno quemado lo del potaje de habichuelas, ¿no?

-Tiene una forma de pedir que me hace sentir inferior.

Eso nunca me ha pasado desde que sirvo a los Cortázar.

-Yo cada vez tengo más clara la idea de la cooperativa.

Asociarme con otros trabajadores, comprarnos unos terrenos

y hacer nuestro vino. Y que mande solo la uva, nada más.

-Déjate de vainas, le debemos mucho a don Alejandro.

-Por eso estamos a su lado, porque él también nos respeta.

Ahora, si la cosa cambia, no tendré inconveniente en que nos vayamos

por mucha operación que nos hayan pagado.

-Hola. -Buenas noches.

Doña Inés, a la hora que acordamos.

-¿Qué habéis hecho, Roberto? -Pues poca cosa, la verdad.

-Sentarnos con un cucurucho de pipas y ver a la gente pasar.

-Mi niña, lo siento, este mes, con la bajada de sueldo,

no me da para mucha floritura. -Si no pasa nada.

-Cada vez que vienes tiras una chinita de lo del sueldo.

-No lo he hecho adrede.

¿Qué culpa tengo de que mi jefe y mi suegro sean el mismo?

Ahora, que pierda cuidado. Punto en boca y todo arreglado.

Sentaos a cenar. Te quedas a cenar, ¿no, Roberto?

-Si a ti te apetece. -Por mí, estupendo.

-Yo voy a prender la lumbre. Manuela, ayúdame.

Corta un poquito de queso para ir abriendo boca.

Yo caliento el puchero.

-Hola, Santiago.

-Hola.

-He venido a traerte esto.

Son los resultados de la autopsia del padre Genaro.

Tenía un alto índice de metanol en sangre, como Ricardo Reverte,

aunque supongo que tú esto ya lo sabías.

-Sí.

Lo intuía, sí.

Ahora ya sabes lo que tienes que hacer.

-¿Me estás pidiendo que falsifique la autopsia?

-No será la primera vez.

-Olvídalo, Santiago. Esta vez no.

-¿Qué estás diciendo? -Con Reverte fue muy fácil.

Era mayor y solo sus hijos querían ver los análisis.

No había motivo para sospechar.

En este caso, el obispado quiere saber qué ha ocurrido.

Ortega querrá ver los resultados y no es fácil engañar a la policía.

-Por Dios, Bernardo, Ortega no es una lumbrera, precisamente.

-¿Tú no estás oyendo lo que te estoy diciendo o qué?

Reverte...

tenía un problema en el corazón y todo el pueblo lo sabía.

El padre Genaro no tiene dolencia alguna.

Es, o fue,un hombre sano.

-Seguro que tú sabes encontrarle una dolencia creíble.

(BERNARDO RESOPLA)

No arriesgaré mi carrera sin tener ni idea de qué hay detrás de esto.

-Yo te entiendo, Bernardo, pero créeme,

es mejor que no sepas nada. -¿Mejor para quién?

Si me descubren, me quitarán la licencia de por vida.

Está bien.

Mañana temprano iré a entregar estos resultados a la policía

salvo que tú me digas qué está ocurriendo.

La decisión es enteramente tuya, Santiago.

Esta vez decides tú.

-Este niño va a ser precioso.

Es lo único bueno que te dejó en la vida Gabriel Cortázar.

-Pero cada vez que le mire, veré la cara de Gabriel.

Estoy agobiada porque estoy harta de disimular que estoy embarazada,

No puedo más. -Ya sé que no es nada fácil.

-No sé si merece la pena vivir así por un estúpido error.

-Hola, ¿Laboratorios Mendizábal?

Tengo una pregunta sobre un trabajador.

Ajá.

Cinco barricas de roble americano. Ya me dirá cuándo me las trae.

Vicente, cuando he entrado, estaba muy raro.

Tenía un papel y le ha faltado tiempo para guardárselo.

¿Tú crees que oculta algo?

Pues no lo sé, pero tú te vas a encargar de averiguarlo.

Buso a un ingeniero químico, se llama Joaquín Ormaechea.

¿Sabe si trabajaba o ha trabajado para ustedes?

¿No?

Los Miranda seguro que tienen información que nos ayude...

Estoy hasta las narices de que actuéis a mis espaldas.

No sé de qué hablas, Vicente.

Tenéis información nueva sobre Ormaechea.

Me la estáis ocultando.

Según esto, estaba completamente sano.

-¿Cómo iba a estar, no le veías? ¡Como un roble!

-Entonces, su muerte es todavía más extraña.

Por eso es tan importante averiguar qué le mató.

No pienso parar hasta que todo encaje.

Puede que yo tenga la pieza que resuelva el puzzle.

-¿A qué te refieres? -A esta botella, don Bernardo.

Estaba en la sacristía, medio vacía.

¿Y si la botella estuviera contaminada?

-Lo siento, Santiago, pero voy a llamar a la policía.

-¡No puedes hacer eso!

Debo hacer eso, como alcalde y como vecino de este pueblo.

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Gran Reserva. El origen - Capítulo 60

06 ago 2013

La noticia de la muerte del padre Genaro sacude al pueblo. Santiago Miranda sospecha que su muerte pueda estar relacionada con el vino intoxicado. Elena y Rafael comienzan, al margen de Vicente, la búsqueda del químico Joaquín Ormaechea.

 

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