El viaje de un órgano La 1

El viaje de un órgano

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No recomendado para menores de 7 años El viaje de un órgano - Albert y Paco - ver ahora
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España es líder mundial en trasplante de órganos y donaciones

desde hace 27 años.

Hacemos más de 5000 trasplantes al año.

14 diarios de media.

Y todo es posible gracias a la generosidad

de más de 2000 donantes.

En la última década,

se han realizado 3172 trasplantes de riñón de donante vivo.

Pero es tan solo un capítulo de esta historia,

la historia de un milagro hecho realidad.

Amistad es dar algo sin pedir nada a cambio.

Siempre poder contar con ellos, cuando realmente te hace falta.

De haber un definición de amigo, esta sería "Paco".

Todo el mundo habrá visto cómo acaba la película "Casablanca",

con Rick y el gendarme, que se van saliendo del plano

y dice: "Este es el principio de una gran amistad".

Y es un poco como lo que me ha pasado.

El hecho este del trasplante y del órgano

une más a esta amistad que tenemos desde hace muchos años

y que durará lo que Dios quiera.

Pienso yo. Claro.

Me llamo Albert. Tengo 58 años...

y soy trasplantado de riñón.

Soy Francisco Peralta.

Acabo de cumplir los 58 años

y he sido el donante de un riñón a mi amigo Albert.

(Sintonía "Viaje de un órgano")

Tuve pues un... un cólico nefrítico.

Encontraron que... "Huy, aquí tienes unos quistes".

En ambos riñones.

(MUJER) Se asustó bastante.

Una enfermedad degenerativa y hereditaria.

La verdad es que lo pasé bastante mal.

-Los riñones se fueron deteriorando.

(PACO) Yo no podía permitir que pasara lo que pasó su padre.

Enseguida se ofreció, al segundo.

-Sabíamos que lo mejor para él era el trasplante.

(PACO) Podía ser donante

y, si lo hacía, era porque estaba convencido.

Siempre estaré en deuda con él, en el sentido de que

eso todo el mundo no lo puede hacer.

A mi amigo Paco lo conocí en mi adolescencia.

Nos dedicábamos a disfrutar del verano

y, sobre todo, a jugar al fútbol sala

y a hacer fiestas y, bueno, lo que hacía la juventud

en esos tiempos de los 80.

Teníamos un "feeling" que, poco a poco,

se ha ido manteniendo durante el tiempo.

De los 16 hasta los 58, pues, claro,

hemos vivido de todo

y ha sido un apoyo muy importante en muchos momentos de mi vida.

En su casa teníamos una especie de local

donde nos reuníamos para hacer las fiestas.

(Música ligera)

Los primeros amores...

Todo se centró en ese garaje.

Y siempre ha sido un centro

de muchas experiencias y de mucha gente.

Albert tenía su tocadiscos con los vinilos.

Todo tipo de música de aquella época.

Los tenía todos.

Desde que yo lo conozco,

siempre ha sido el alma que da vida al grupo.

Yo, en aquel aspecto, era más extravertido.

Y Paco era más reservado en este tema.

Era mucho más tímido que Albert. No tenían nada que ver.

No le gustaba bailar, bailar con las chicas.

Le costaba relacionarse con ellas.

Yo le ayudaba mucho en este sentido

y él me ayudaba en la parte técnica,

o sea, en la parte de montaje,

cómo haríamos esto, cómo pondríamos las luces aquí.

Yo era... Yo, bailarín toda la vida.

Y él era más de... Era más de barra, ¿eh, Paco?

Sí, yo ponía los discos.

Alguien tenía que poner los discos.

Por las noches, nos sentábamos mirando las estrellas

y pensábamos: "¡Hostia! ¿El año 2000 cómo estaremos?".

"Con menos pelo, con más canas...".

Tampoco nos veíamos con trajes de plata

ni escafandras ni coches voladores.

"Seguramente, volveremos a estar hablando de nuestras cosas

en este mismo lugar, en el mismo sitio".

Siempre mantuvimos una amistad más que con los demás amigos.

Con su familia también me relacionaba mucho.

Mi madre y mi padre lo acogieron muy bien,

porque a él se le murió el padre muy joven.

Esa falta de afecto paterno seguramente... pues...

En mi familia se encontró muy a gusto y mi familia con él.

Perdí a mi padre bastante temprano.

Tenía 11 años.

Siempre estaba con ellos, gran parte del tiempo.

Siempre me trataron como a uno más,

como a un hijo y como a un hermano.

Siempre me ha dicho que está muy...

agradecido por ese trato que tuvo con mi familia.

Maduró antes que yo.

Bueno, yo siempre he sido un poco Peter Pan.

Siempre he sido un niño en un cuerpo de hombre.

Y él, por las circunstancias de la vida, maduró antes.

Entonces, él es más maduro.

Peter Pan creció. Siguió siendo el niño que era,

pero tuvo las responsabilidades familiares.

Se casó... con mi Wendy

y tuvimos dos Wendys y un Peter pan.

A Paco le conozco desde..., bueno,

desde que tengo uso de razón.

Desde que nací, yo creo que ya estaba ahí,

porque son amigos de toda la vida con mi padre.

A Paco siempre lo he visto en la familia.

Y, bueno, es el mejor amigo de mi padre.

Aunque yo creo que son ya más que eso, son como hermanos.

Lo consideramos de la familia.

(PACO) La enfermedad que Albert tiene

es, sobre todo, de herencia de su abuelo y de su padre.

Yo ya viví la parte...

peor de su padre, que le tuvieron que hacer diálisis.

Y, entonces, ves lo castigada que acaba una persona mayor

en cansancio y lo que les agota.

Por su actividad laboral, que era frenética,

no se cuidaba.

Sufrió un ictus

producido también por la presión de los quistes en los riñones.

Vi cómo sufría cuando le hacían la diálisis.

Salía muy perjudicado y muy débil.

(MARGARITA) Albert lo pasó muy mal porque su padre estuvo...

nueve o diez años mal.

El tiempo de la diálisis fue muy duro

porque llegaba a casa supermal, dolorido.

Y, claro, él lo vivió muy de cerca.

(PACO) Él lo padeció en el sentido de que lo veía que sufría...

y, sobre todo, porque veía cómo se estaba apagando.

Hasta que ya la diálisis le dijo

que el cuerpo ya no podía... no podía más.

Desde que me diagnosticaron mi enfermedad...

Yo era una persona activa en el sentido de que era deportista.

Muy sano.

Ni fumaba ni bebía ni... Bueno...

En un momento determinado, tuve un cólico nefrítico.

Pasé por el hospital y me hicieron una ecografía.

Encontraron que... "¡Huy, aquí tienes unos quistes!".

En ambos riñones.

Albert padece una poliquistosis renal autosómica dominante.

Es la enfermedad hereditaria renal más frecuente.

La tiene una de cada entre mil y tres mil personas.

El riñón desarrolla en su interior una serie de quistes.

Son como unas bolsas de agua

que van creciendo a lo largo de la vida.

Acaban haciendo que los riñones no funcionen.

Mi esposa... En ese momento, Margarita...

se tomó un poco preocupada, lógicamente,

porque no deja de ser una enfermedad degenerativa

y hereditaria.

Asocié rápidamente que mi padre la había sufrido

y mi abuelo también murió del tema del riñón.

Me quedé un poco: "Vaya, vaya herencia me ha dejado".

A Paco también se lo conté.

Se preocupó porque eso lo puedes haber transmitido a tus hijos.

Yo le pregunté a la doctora.

Me dijo que no me preocupara hasta ciertas edades.

Es una enfermedad hereditaria,

que la tienen, más o menos, el 50 %,

la mitad de los hijos de una persona afectada.

Me preocupó en el sentido de: "Me tengo que cuidar".

La doctora tampoco me alarmó en el sentido de:

"Eso es muy grave".

"Es una enfermedad que, si la tratas, puedes durar muchos años".

Y yo me lo tomé un poco:

"Tengo que hacer un tratamiento

como el que tiene una gripe o un sarampión".

Se tenía que controlar

la presión arterial, la comida,

porque van creciendo esos quistes de agua...

y, poco a poco, la función del riñón iría bajando.

No había ni dolor ni nada en ese sentido.

Lo único es que debías controlarlo.

Eran unos controles que eran anuales.

Después pasaron a cada seis meses, después cada tres.

No lo asumí como una cosa traumática para mí.

(RAQUEL) Mi madre nunca nos ha querido preocupar.

Con lo poquito que sabía en ese momento,

bueno, lo aceptas.

Y, sobre todo, ser positiva y no pensar en ya...

No sé, íbamos asimilando lo que nos decían poco a poco.

Yo, de la enfermedad, tampoco me enteraba muy bien.

Antes, de pequeños, solo eran piedras y poco más.

No tenía dolor.

Se iba tratando y se cuidaba, pero nadie estaba intranquilo.

Una vez, se reventó un quiste.

Eso produjo una hemorragia fuerte, dolor,

y, bueno, tuve que estar tratado unos días.

Tuvimos que ir a Urgencias.

(Sirena)

Estuvo cuatro días en la uci.

Y, entonces, ahí es cuando ya te preocupas.

Hay que limpiar el riñón para que salga

toda la sangre que puedas sacar.

Y eso ya fue una vez que me pasó.

Se asustó bastante.

Yo creo que despertó una alarma sobre la enfermedad.

De decir: "Bueno, hasta aquí estaba silente

y, de repente, pasa esto".

"Bueno, vamos a tomárnoslo muy en serio esto", ¿no?

La enfermedad evolucionó.

Los riñones se fueron deteriorando hasta llegar a un punto

pues que funcionaban ya muy poquito.

Albert, cuando le detectaron que le estaba bajando el tanto por ciento

de filtrado en el riñón...

No se detectaba ni en carácter...

porque es una persona siempre muy extravertida, muy alegre.

Yo a mi padre lo veía bien.

Entonces, eso ayuda mucho a no pensar mal, a no ser negativo.

También mi madre, bueno, ha sido muy fuerte, creo yo.

No nos han demostrado que estaban asustados o sufrían.

Entonces, para nosotros creo que ha sido más fácil

el verlos a ellos fuertes.

(CARMEN) Albert debía empezar algún tipo de tratamiento en breve,

porque su riñón, realmente, se estaba deteriorando muy rápido.

Entonces, esa opción era un trasplante

o bien empezar diálisis.

(ROSER) Claro, eso fue más duro de encajar, porque hubo que decirle:

"Bueno, estamos ya ahí,

en el momento en que estos riñones no funcionan o funcionan muy poco,

y tenemos que pensar qué estrategia tomamos".

Llegó el día que...

nadie quería que llegara, pero llega.

Entonces, en una visita rutinaria de la doctora,

la doctora Torra, me informó de que:

"Tus riñones están a un filtraje...".

"Ya van descendiendo bastante".

"Que vayas mentalizándote, porque, dentro de poco,

si esto continúa de esta manera, te tendrás que hacer diálisis".

Al recibir esta noticia, lógicamente, ahora sí

que uno se preocupa con mucha más intensidad que al principio.

La diálisis en sí...

es complicada y es muy agresiva.

Eso no te va a dar mejor calidad de vida, al contrario.

Estás dependiendo de una máquina cada tres días

para que te renueve la sangre.

Claro, a mí la diálisis me llevaba a ver la imagen de mi padre,

la cual fue muy impactante en el sentido de que, bueno,

quedaba muy mal y quedaba muy gastado.

Cuando a Albert le dicen que tiene que hacer diálisis,

yo ahí me acuerdo de cómo era su padre.

Y le veías que se iba apagando poco a poco.

Cuando él me lo dijo, dije: "Hombre, lo que ha pasado su padre

lo va a pasar él".

Mi reacción era que no quería llegar al punto de la diálisis.

Han vivido situaciones ya familiares de enfermedad grave.

Son conscientes de la gravedad de la enfermedad que tienen.

Y tienen unas expectativas mayores cuando buscan una solución.

Decidí que, bueno, si podía ser el trasplante, mejor,

aunque me llevaba a esos miedos que tenía,

pero, bueno, hay que...

atarse los machos y tirar adelante. No hay más.

En España, cada día se trasplanta un riñón de donante vivo.

Sabíamos que para él lo mejor era el trasplante.

La mejor opción era tener un donante vivo.

Siempre recomendamos a los pacientes: "Por favor,

mire dentro de su entorno familiar o de amistades

si alguien le puede hacer una donación y evitar la diálisis".

Si el paciente desea un trasplante, que es lo lógico a esta edad,

pero no tiene un donante vivo,

lógicamente, tiene que entrar en la lista de espera de trasplante

de donante cadáver.

Claro, esto implica un tiempo de diálisis.

Un tiempo desconocido de entrada.

Puede ir de meses a años, ¿no?

En ese momento, vienen miedos, dudas...

Viene lo desconocido, que es lo que más miedo genera.

(HOMBRE) Estaba más asustado. Se le notaba.

En casa se percibía, más o menos, por su estado de ánimo.

No le veías tan animado como de costumbre.

A mí la palabra "trasplante" me sonaba a película.

Es decir, ves las series de doctores y tal y...

Pero, claro, tenía que ser real.

No sé, no lo sabría pensar en frío, la verdad.

No...

No me lo quería ni podía imaginar.

Yo a mi padre sí lo vi nervioso.

Era una operación, es decir,

a todo el mundo le da miedo entrar en un quirófano.

La primera impresión de la familia fue de mucha preocupación,

de "shock" en el sentido de que: "¡Ostras!,

¿qué vamos a hacer?".

Y la primera reacción de mi esposa fue: "Aquí tienes un donante".

Yo, cuando supe que le tenía que dar alguien un riñón, le dije:

"A ver, nadie más apropiado que yo para darte un riñón, ¿no?".

"Soy tu mujer".

(GEORGINA) Se ofreció mi madre.

Ya veía a mi padre y a mi madre en quirófano

y sí que me dio impresión.

Cuando lo hablamos con los niños,

sí que Georgina me apuntó:

"Mira, tengo los papás,

que, si mamá da un riñón a papá...

y les pasa algo, nos quedamos sin padres".

Empezamos a hablar con la doctora.

Ella dijo: "Bueno, está en un tratamiento médico".

Y la doctora dice: "Esa medicación es dañina para el riñón".

"Y un riñón en ese estado no es factible

ni para ti, que te lo saquen, ni para que lo reciba él".

La primera reacción de ella fue de frustración total.

Le dolió mucho que no pudiera ser ella la donante.

Hubo un problema por una medicación que yo tomo.

No pudo ser.

Ya le quité un poco... "Mira, las cosas son como son,

Margarita, y...".

"Solo el acto de darlo es para mí como si me lo hubieras dado".

"Comenzaremos a hacer el castin para ver quién puede ser...

el donante".

Hablé con mis amigos, con mis compañeros.

Ellos también se ofrecieron.

Me trasladaron al equipo médico de trasplantes.

Me explicaron mi situación y si tenía donantes.

Y yo: "Mira, de momento, tengo tres o cuatro".

La primera impresión fue de sorpresa.

De decir: "¡Ostras! A ti te quieren mucho, ¿no?".

Albert es una persona que tiene carisma, dijéramos, ¿no?

Y, entonces, yo creo que es lo que hace que mucha gente

sea su amiga.

Hay mucha gente que le tiene mucho afecto

y, sobre todo, cariño.

Él se ha ganado a la gente, ¿no?, por cómo es realmente.

La donación entre amistades no es un caso aislado.

Va aumentando.

Si pensamos que es solo un 2 % de las donaciones,

pues tenemos mucho para crecer todavía.

Aquí, en el centro, hemos vivido donación entre dos monjas,

entre dos mamás que llevaban a los hijos al mismo colegio.

Hemos visto donación entre vecinos.

Dos amigos se pueden querer como hermanos.

Y me parece eso un acto de amistad extrema

y altamente encomiable.

El año pasado, 111 donantes vivos

eran parejas de los pacientes,

67 eran madres,

61, hermanos,

36, padres,

12, hijos y 7, amigos.

Cuando dijo el tema de los donantes que tenía la doctora,

dice: "Esto no es muy normal,

porque, normalmente, los primeros son los familiares".

Es más normal que se presten a la donación

que personas ajenas al vínculo familiar, como son amigos.

Yo no tengo palabras de gratitud a todas las personas

que han querido ser partícipes de esa donación, ¿no?

Le comenté expresamente a Paco mi situación, mi enfermedad.

"Esta vez la doctora me ha dicho

que tengo que hacer diálisis o trasplante".

La primera reacción de él fue de impacto

en el sentido de que: "¡Ostras, tú, eso...!".

Paco también padeció mucho la enfermedad de mi padre.

Por eso también interiormente le afectó.

Eso también fue, yo creo, un punto importante

para su decisión final de ser donante de riñón.

Él enseguida reaccionó.

"¿Qué debo hacer para ser donante?".

Enseguida se ofreció, al segundo.

Yo no podía permitir que pasara lo que pasó su padre.

Todo lo que conlleva y lo que arrastra toda la familia,

que es dependiente de ti.

Hay que tener en cuenta que Albert es padre de tres hijos.

Y, claro, están en una edad en que es importante en sus vidas.

Hay que darle lo posible para que esto siga adelante.

Y, si hay una manera de evitarlo,

pues adelante vamos.

"Gracias por todo este momento,

porque no sabes tú el valor que tiene lo que me estás diciendo".

Este tipo de donación no es habitual.

Enseguida te das cuenta

de si realmente es una persona que quiere donar.

Los que de verdad quieren hacer la donación

son muy agradecidos y muy fáciles,

porque, realmente, no tienen la presión que tienen...

otros donantes.

Muchas veces, ahí hay una presión...

yo diría que tanto de la familia como de ellos mismos.

(MARGARITA) Paco se lo puso muy fácil,

porque él se lo dijo.

Pero no es que lo digo de palabra, pero queda en el aire.

Lo dijo, pero actuó enseguida.

Y ya fue el donante número 1.

(PACO) Cuando fuimos a las primeras entrevistas con los doctores,

no se creían que fuera un amigo el que fuera realmente...

a dar la donación, ¿no?,

porque no se dan muchos casos.

Entonces, claro, les explicas

que tú has estado desde el principio,

desde pequeños, y tienes una gran amistad con él.

Dar un riñón no es algo como dar un abrazo, ¿no?

"¿Estás seguro de que vas a hacer esto?".

Lo machacaron muchísimo en este sentido

para ver si estaba realmente fuerte,

en el sentido de que: "Vas a darlo, ¿eh? Vas a darlo, seguro".

"Y, hasta el último momento, te puedes arrepentir".

"No hay problema. Tú no tienes obligación de dar nada".

Siempre estuvo muy firme en su decisión.

La gente me preguntaba, tanto en el trabajo como la familia

o los médicos, sobre todo:

"¿Estás seguro de lo que quieres hacer?".

Yo siempre dije, desde el primer día

que me entrevistaron los médicos, que yo podía ser donante,

y si lo hacía era porque estaba convencido de que podía hacerlo.

Lo primero que hago es decirle a Albert que voy a hablar sola

con Paco y estar seguros de que no se sentía presionado,

de que, realmente, era algo voluntario

y de que, si se quería echar atrás, darle una salida.

(PACO) También lo dije en casa. Se lo comenté a mi hermano.

En mi familia nunca ha habido ningún problema por ser donante.

Vamos a exponer a un paciente sano

a todos los riesgos de una intervención quirúrgica.

No son comunes.

Hoy en día es una intervención muy segura.

Desde un punto de vista técnico,

entrar a quirófano es más seguro que salir a la calle.

(CARMEN) Un número importante de donantes se nos echan atrás.

Y, durante el proceso de donación, a vece surgen miedos.

No es nada fácil.

Que no tenga problemas él por darme un riñón a mí.

Primero, su salud, eso lo tenía clarísimo,

y luego sería la mía.

Con un solo riñón, se puede hacer vida totalmente normal.

Tenemos 500 personas que han hecho una donación de vivo.

Ninguna de ellas ha tenido un problema después de la donación.

Tener un riñón menos, para la vida normal,

no te afecta en el día a día.

Tienes que llevar una dieta y algunas cosas que debes cuidar,

pero, igualmente, como si te operas de una vesícula o de otras cosas.

A Paco lo único que le preocupaba

era que asumir esos riesgos valiera la pena para el receptor.

"No tengo hijos, no tengo unas cargas familiares

que tenga que asumir en estos momentos,

y lo que realmente quiero es que Albert tenga una salida".

Es un acto de mucho amor a una persona,

porque lo máximo que se le puede dar a una persona es...

Dar parte de tu cuerpo o de tus órganos a una persona...

Bueno, ¿qué más le puedes dar? Ya no sé.

Paco inicia sus pruebas para comprobar

si su riñón es compatible.

(ALBERTO) Hay que, evidentemente, hacer unas pruebas.

Saber si los riñones funcionan de forma igual, por ejemplo.

Luego, pruebas radiológicas

para ver que no tenga alguna enfermedad desconocida.

Un electro de corazón,

ecografías de riñón, placas...

Una consulta, evidentemente, urológica y nefrológica.

Una consulta con un servicio de psicología y psiquiatría,

porque, claramente, es muy importante valorar

la actitud de la persona.

Valorar que la persona sea psicológicamente estable

y que no haya tenido ningún tipo de presión.

Cuando me dijeron lo del trasplante, me informaron de que,

si no había ninguno compatible,

tendría que estar en lista de espera...

de un riñón cadáver,

que eso comportaría posteriormente la diálisis.

Nos explicaron también que hay otras posibilidades

de trasplante de riñón.

Hay otro que le llaman el cruzado.

El trasplante cruzado se ofrece aquellas parejas

que tienen un donante vivo con el que no son compatibles.

En este caso, ofrecemos un intercambio,

que es muy buena solución.

No soy compatible, por ejemplo, con Albert.

Podría ser compatible con otra persona.

Entonces, mi riñón podría ir a otro receptor...

y el donante de ese receptor de lo donaría a Albert.

Los donantes cruzamos los riñones entre receptores.

Se le ofrece entrar en una lista española de donante cruzado.

La Organización Nacional de Trasplantes

tiene alrededor de 100, 120 parejas, aproximadamente.

Y, cada cuatro meses, se pueden intercambiar

órganos con otra familia.

Se puede hacer entre tres familias, entre cuatro,

o, incluso, puedes empezar lo que se llama una cadena,

que es cuando hay un donante altruista,

que no sabe a quién le va a dar el riñón.

Lo da a la sociedad y empezamos una serie de intercambios en serie.

Desde que se puso en marcha el trasplante cruzado,

se han beneficiado 194 pacientes.

Albert no tuvo que recurrir a este método

porque el riñón de Paco resultó ser compatible.

Cada vez que lo veía, decía:

"Paco, que esto no es cambiar cromos,

que esto es un tema serio".

"Sí, sí, no, esto ya...".

"Me han dicho que esto va a ser así. Yo te lo doy".

"Con un riñón puedo funcionar perfectamente,

puedo hacer vida normal".

"Estoy segurísimo, ¿qué quieres que te diga?".

Nosotros estamos obligados a proteger...

al donante.

Tiene tiempo, realmente, de reflexionar

y decidir hasta qué punto quiere o no hacer la donación.

Y les doy tiempo porque...

porque quiero que lleguen a la cirugía convencidos.

Hasta el último día, tienes la opción...

de decir: "Mira, no me veo con fuerzas y quiero echarlo atrás".

Y, una vez lo has pasado todo, vas a los juzgados,

ante un juez, para justificar

que no hay ningún interés por en medio monetario,

sino que es por amistad.

Paco en ningún momento me dio la impresión

de que no fuera a hacer la donación.

Al contrario, lo vi con una motivación muchas veces superior

a la de muchos familiares que hacen donación.

De que Paco le diera el riñón y de que se echara atrás,

yo no tuve ninguna duda en eso.

¿Dárselo a mi padre?

Yo creo que no se lo pensó.

Los donantes de vivo son altruistas de mentalidad.

Y, cuando llegan a la decisión, es una decisión tomada

pase lo que pase.

Es un riesgo, te lo dicen los médicos,

porque solo te queda un riñón.

Estás a un 50 % de todo.

Pero es un riesgo que vale la pena correr.

Nos tomamos las cosas muy tranquilamente.

Yo más que él.

Paco un poco fue mi psicólogo de cabecera, ¿no?

Me llamaba cada día.

(Teléfono)

(Teléfono)

"¿Ya estás preparado?".

"Paco, espérate, que aún no nos han llamado".

Yo lo iba alargando todo lo que podía.

"No quiero ir al quirófano. Cuanto más largo, mejor".

Y él pasó las pruebas en dos semanas, me parece.

Ya pasó todas las pruebas, que se hacen en tres o cuatro.

Y las tuve que pasar porque veían que la situación...

Estaba al límite del rendimiento de mis riñones.

Teníamos una fecha de previsión,

pero Albert estaba con una función renal muy justita.

Entonces, cuando tuvimos todo en la mano

y vimos que el donante realmente tenía las cosas tan claras,

decidimos avanzar un poquito

e íbamos a ir todos más tranquilos a la cirugía.

Estaba para una fecha la operación y la adelantaron,

la adelantaron unos cuantos días.

Me llamó Paco: "Oye, tú, que el día tal tienes que ingresar".

Solo quedaba una semana de margen, ¿no?

Digo: "Por mí no hay problema".

Le dije: "Que nos llaman para el día 11...

y tengo que dar una respuesta".

"Hombre, tal...".

Yo creo que le pillé el más desprevenido de...

Porque sabía que se tenía que operar, pero no lo tenía claro.

Ya vi un poco el cielo en el sentido:

"Ya me van a hacer el trasplante".

Y, por otro, el temor...

de la operación, que ya lo tenía..., estaba ya.

Ahora no te puedes tirar atrás.

No hay vuelta atrás en eso.

(CARMEN) Albert estaba asustado.

Cuando pones fecha y dices: "Va a ser la semana que viene",

ahí aparece algún miedo.

Te vienen todos los males o todas las preguntas.

"Bueno, ¿qué pasará?".

"¿Qué sentiré?". Sobre todo, el tema del dolor,

en ese sentido, es mi punto flaco.

Y a veces te haces tu propia película, ¿no?

"De aquí no saldré. Estaré aquí lleno de tubos con...

pi, pi, con todo aquello".

"Esto no...".

Pasar al quirófano siempre es un punto difícil.

(MARGARITA) Tiene mucho miedo a la anestesia.

Tiene la sensación de que no se despertará.

Y yo le decía: "A ver, que estaréis Paco y tú,

que tendréis no sé cuántos médicos alrededor".

"No tengas ningún miedo".

Yo se lo comenté a mi mujer y a mis hijos.

"Papá, que te va a ir bien, tranquilo, vamos a estar allá".

Nuestros hijos, los tres, reaccionaron bastante bien.

Se lo dijimos, pero, como...,

no agravándolo ni haciendo una situación lúgubre,

sino, bueno, llanamente.

Ellos lo llevaron muy bien.

Siguieron su día a día. Yo les dije:

"Vosotros no os preocupéis. Preocupaos por lo vuestro".

Yo tampoco iba a preocuparlos más.

Por dentro estaba preocupado yo por mí, pero

a ellos no les quería transmitir mis dudas y mis preocupaciones.

(PACO) Él sí que estaba más nervioso.

Pero yo estaba muy... muy normal.

A él lo que le preocupaba, sobre todo, era la familia,

porque era la responsabilidad con todos sus hijos.

Vas a una operación,

sabes que entras, pero no sabes cómo vas a salir.

En el aspecto de la operación, nos intercambiamos los papeles.

Yo era más prudente, más temeroso y más timorato, digamos,

y él ha sido más lanzado: "Va, venga".

"Esto se tiene que hacer ya y, cuanto antes, mejor".

En este aspecto, él me ha ganado.

Los compañeros me decían: "¿No tienes miedo

de lo que vas a hacer? Vas a estar solo con un riñón".

Digo: "Que no pasa nada".

Y todo el mundo se quedaba sorprendido.

Y todo el mundo: "¡Hostia, qué valiente!".

Y eso te da que has hecho una buena obra, ¿no?

Al final, ganó la razón sobre el miedo

y dije: "Vamos a hacerlo y ya está". Y así fue.

Antes de la operación, me constipé.

También me hice un esguince de rodilla.

Tuve un resbalón en la ducha

y me pegué un golpe en uno de los riñones.

Justo la semana anterior, ¿no?

Luego lo piensas y dices: "¡Hostia! Dono un riñón,

pero, si tengo otra posible caída y dándome otro golpe,

el que me queda se estropea".

"Parece que todo son pruebas para que no pueda ir".

Él entró un poco tocadito de rodilla y de eso,

pero, bueno, él con toda su gran firmeza:

"No te preocupes, que el riñón lo vas a tener".

"No te preocupes, que lo vas a tener tú".

Cuando ingresaron en el hospital, Paco estaba como muy contento,

porque, seguramente, también,

al hacer un acto así, yo creo que te sientes como satisfecho.

Compartimos habitación, compartimos dolores.

Nos tuvimos que hacer un enema y, bueno, nos reímos.

"Ahora te pasarán a ti". Bueno, bueno...

Divertido en este sentido,

dentro de la seriedad de que era la operación, ¿no?, pero bueno...

En ese momento nos reímos, pero se notaba que estaba más preocupado.

Yo en ningún momento tuve dudas de que iba a ir bien.

Y él era el que estaba más seguro que yo en ese sentido.

Él... ¡Ostras!

Él estaba como en su casa.

Y yo: "¡Ostras! Aquí nos meten en la camilla, no ponen la bata...".

Pasamos la noche tranquilos.

Nos dieron cena. "Cenamos como en un hotel".

Y hablando de nuestras cosas...

"Cuando salgamos de aquí, nos vamos a pegar un hartón".

"Una mariscada, nos iremos a tomar algo para celebrarlo". Bueno..

Compartir esta experiencia en una única habitación...

le da fuerza.

Me tranquilizó mucho...

la forma de afrontar la operación de Paco.

Yo era el lado dramático y él:

"Tranquilo, que esto va rápido".

"Te ponen una inyección, pim, pam, tú no te enteras de nada

y ya estamos en la habitación operados, no te preocupes".

Y eso me quitó mucho la tensión que llevaba dentro.

Mi madre no quería que estuviéramos allí.

Nos llamó: "Estad tranquilos. Están bien. Van a cenar".

"Tranquilos, que, cuando pase todo, os llamamos".

(PACO) Entonces, nos hicimos una foto.

Los dos ahí de pie, con la bata blanca.

Y diciendo: "Una foto para la posteridad,

para que vean que estamos aquí, que no digan que...

que es mentira que nos vamos a operar".

Y, bueno, un poco distendido para el día siguiente.

Al día siguiente, ya nos llamaron, llamaron a la puerta

y Paco fue el primero en llevárselo.

"Albert, pues luego nos vemos en Reanimación".

Y él: "Vale, vale".

No sé, yo más animarlo a él que él a mí, ¿no?

Paco no tenía miedo en esa operación.

Iba como si fuera a comprar al mercado. "Voy allá".

Por lo menos, es lo que me reflejó a mí.

Yo le despedí y le di un beso.

Y le digo: "Venga, Paco, que todo irá bien", y tal.

Albert estaba como muy serio. También lo animé.

Mi mujer se despidió de mí en la habitación.

Siempre tienes ese miedo, de decir: "Bueno,

¿despertaremos después o no despertaremos?".

"No digas tonterías, que esas cosas no se dicen".

Nos dimos un beso y nos abrazamos

y me dijo que tranquilo, que todo iría bien.

Yo noté que se despedía de mí por si no volvía,

pero no le quise dar importancia.

En ese momento, yo me fui hacia abajo: "Adiós, hasta luego".

"Ya nos veremos pronto".

Y me bajé.

Ella se quedó en la habitación esperando que volviera a subir.

La única vista que tienes son luces y luces que van pasando.

Luego te meten en un ascensor, te bajan a otra planta.

Yo vi que él bajó y le ponían en el box de al lado.

Eso fue muy importante para mí.

Una cosa es que entres solo a un quirófano...

y otra que vayas acompañado

de un amigo de toda la vida, que es una persona que conoces.

Y ahí ya se acabó la...

los recuerdos que tenemos tanto el uno como el otro

antes del quirófano.

Ya no me acuerdo de nada más.

Necesitamos dos quirófanos, que van al mismo tiempo.

El donante entra antes

y, cuando estamos a punto de extraer el riñón,

entra el receptor.

La operación consiste en que a mí me preparan para quitarme el riñón.

(Pitido)

Cuando ya está la operación que lo están quitando,

empiezan a prepararlo para hacerle el trasplante.

Si hubiera cualquier problema,

que él tuviera algún problema cardiaco o cualquier cosa,

entonces, a él no se le haría el trasplante,

pero mi riñón no me lo pueden volver a introducir.

Volverlo a implantar al donante no se suele hacer

porque técnicamente no es fácil.

Ese riñón, me preguntaron si yo tenía algún problema

para poderlo donar a otra persona.

Yo dije que no, que no había ningún problema

para donarlo a otra persona.

Todo el mundo a esta pregunta responde que sí.

Que antes que desaprovechar un riñón, se aproveche para otro,

pero, afortunadamente, no nos ha pasado nunca.

Se procede a una cirugía con laparoscopia.

Es una cirugía mínimamente agresiva.

El cirujano mira a través de una cámara...

con unos tubitos colocados

en el interior del abdomen de esta persona.

Y el riñón, en vez de salir por la espalda, como se hacía antes,

va a salir por una mínima incisión de 6 cm

generalmente, que es como una cesárea.

Aún fue mejor porque pude entrar en el Programa DaVinci.

Es una máquina que tienen de 3D para operar en la Puigvert.

Es un avance bestial que tienen ahora.

Se caracteriza por que el cirujano

opera a distancia de donde está el paciente.

Te da un aumento del campo quirúrgico de 12 veces,

con lo cual el cirujano ve perfectamente lo que está haciendo.

Es más preciso y no tiene temblores.

Luego mi mujer, una vez desperté, me contó la parte suya.

La espera, que fue larga, porque se demoró

más de lo que habían pensado.

Si eran cinco horas, se fueron a nueve casi.

Con la incertidumbre de saber cómo había ido.

¿Qué pasa? ¿Cómo es que tardan tanto?

Estas preguntas que te haces cuando estás fuera.

Tú estás dentro y no te enteras de nada, pero el que espera sufre.

Y yo pues estuve allí sola...

y la verdad es que lo pasé bastante mal.

Me acuerdo de que ese día tenía un examen.

Por un momento, piensas en que tu padre está en un quirófano.

Claro, tantas horas de espera es horrible.

(LLUIS) Cuando un cirujano finaliza una cirugía de trasplante renal,

enseguida percibe si el riñón va bien.

Si la entrada por la arteria

y la salida de sangre por la vena es correcta,

el riñón se hincha, recupera tamaño y coge color.

Pasa de ser blanco a tener un color rosado excelente.

En general, vemos cómo empieza a salir orina por el uréter.

Cuando hablé con el doctor,

lo primero que le dije: "¿Ha ido bien? ¿Están bien los dos?".

Dijo: "Sí, perfecto".

Yo entonces ya respiré.

(PACO) La primera sensación que notas cuando te vas despertando

es como que la mente está despierta, pero el cuerpo no.

Yo estuve... No sé cuánto exactamente.

Hasta que escuché que ya lo bajaban al lado.

Yo no podía dormir.

No dormí en toda la noche.

Entonces, iba viendo en cada momento cómo le iban poniendo

los sueros y todo y le iba preguntando:

"¿Cómo está?". Y dice: "Se está recuperando bien

y todo va bien".

Y, claro, a mí me preocupaba un poco si el riñón...

lo estaba aceptando bien.

Siempre tienes la duda de que todo el esfuerzo que hemos hecho él y yo

puede ser en vano.

Se despierta Albert.

Lo primero que hace es preguntar si Paco está bien,

si ha ido todo bien.

Yo me desperté más tarde que él.

Ya estaba consciente él.

"Hola, buenos días. ¿Ya te has despertado, dormilón?".

"Sí, ya me he despertado. ¿Cómo estás?".

"Pues un poco dolorido".

Ya notabas el alivio de... Bueno, ya has pasado lo peor.

Ahora todo lo que venía era mejor.

(MARGARITA) Cuando le vi en la uci, mucha emoción.

Ganas de abrazarle,

tocarle, besarle, pero no llegaba...

porque estaba en una cama superalta.

Y una enfermera muy maja me dejó un taburete.

Vino ella enseguida: "Ha ido bien, Albert, todo ha ido muy bien".

"Ya está, ¿ves? Tanto miedo que tenías y ya estás otra vez aquí".

Entonces, fue un momento de relajación y, ¡ah!, satisfacción:

"Ya ha pasado, ¿ves?".

Al día siguiente, fuimos corriendo a verlos.

La verdad es que me sorprendió verlos tan despiertos.

Pero los vi muy bien.

Y es cuando dices: "Pues ha ido todo bien".

Te sientes muy contento en ese momento.

Ya estaban uno en cada cama, eran compañeros de habitación,

y ya iban haciendo bromas y cosas.

Tiene su riñón nuevo,

de Paco... Feliz.

Ya dice que tiene una parte de él dentro y...

feliz.

Yo creo que una de las cosas...

que me hicieron elegir...

la carrera de Medicina es la parte,

digamos, así, maravillosa de la humanidad.

Cuando tú ves que hay alguien que está donando...

una parte de su cuerpo a otra persona

es, digamos, la apoteosis.

Yo, particularmente, me emociono mucho,

me entran ganas de llorar, cuando veo...

el acto de generosidad del donante.

Los veo a los dos ahí, en la habitación,

y, bueno, creo que es algo...

maravilloso, extraordinario, del ser humano, ¿no?

Si yo tuviera a Paco aquí delante,

evidentemente, le abrazaría y le... le...

realmente, le diría "enhorabuena".

Estoy convencido de que lo volvería a hacer otra vez

tanto por mí como por él.

Dentro del proceso de recuperación en el hospital,

ha sido muy positiva la atención médica que he tenido

por parte de todo el equipo de la Fundación Puigvert.

La simpatía y la cordialidad que te dan,

es que eso...

es fantástico, es una medicación más.

Mejor que la que te puedan dar de pastillas y eso.

Porque te dan un ánimo tremendo

y te sientes muy a gusto con ellos.

Me dijeron: "Si te levantas y caminas, te quitamos la sonda".

Me levanté, fui a caminar por los pasillos y me quitaron la sonda.

Al segundo día, me dijeron: "Oye, a incorporarse, ¿eh?".

"Se acabó estar en la cama".

La primera vez, sales como un robot

porque estás lleno de cables y te pesa todo,

en el sentido de que tienes que estar con las bolsas

en una mano, la otra con el palo,

con el carrito para llevar el suero...

Como una marioneta. Vas con hilos por todos sitios.

Cada día era un avance más.

Hoy te quitan estos puntos de aquí.

Te quitarán la sonda, el drenaje que tenías aquí.

Cuando te quitan eso, ya, ¡oh!, es un alivio tremendo.

Y, cuando te levantas, ya parece que vuelas por los pasillos.

Cuando nos tocó salir de ese hospital,

vas por la calle viendo a la gente.

El sol, que te toca la cara...

Ves los días más claros.

Y te fijas en todo, en el verde de los campos...

O, cuando vas por la carretera, te fijas en los árboles, en la gente,

cómo va alegre por la calle.

Como si te trajeran, digamos, de la selva

a la civilización.

Un poco te sientes como Tarzán en Nueva York.

Y ves gente conocida y me preguntan: "¿Cómo ha sido?".

Y digo: "Ha sido Paco, un amigo mío".

"¿Sí? ¿Un amigo tuyo?".

"¡Ostras! Pues vaya amigo. Eso sí que es un amigo".

"Te veo muy bien. Estás estupendo, hasta más joven".

"Esto será el riñón de Paco, que tiene propiedades curativas,

o yo qué sé".

Siempre ha sido un amigo porque siempre ha ido con Albert.

O sea, era un "pack".

Siempre ha estado en nuestras vidas.

Y ahora le ha dado un riñón...

O sea, que ha pasado a ser como un hermano.

Todo, hasta el día de hoy,

está funcionando al cien por cien bien.

Cada 11 de octubre, celebramos...

que empezamos otra vez.

Vives de otra manera las cosas.

Es como, no volver a nacer, pero casi.

Ya no son de lunes a viernes, ya son sábados cada día para mí.

Son días de alegría, de fiesta

y que tienes que transmitir a la gente.

Cada día cuenta.

Haz lo que puedas hoy porque mañana no sabes lo que te pasará.

Ahí está la clave.

Ahora están muy de moda los superhéroes.

Y los realmente superhéroes para mí

son estas personas que, altruistamente, dan esos órganos,

que son superhéroes, y hay muchos, más de los que pensamos.

Pero yo en sí no veo que sea un acto...

de héroe ni nada.

Es una cosa que he hecho por un buen amigo.

Creo que, si mucha gente lo pudiera hacer,

se darían cuenta de que,

con un pequeño acto, se puede salvar a mucha gente.

Albert y Paco han sellado su amistad

con el gesto más solidario que puede existir entre dos personas.

Un gesto que les ha permitido

seguir disfrutando de sus vidas juntos.

(ROSER) El caso de Albert y Paco es un ejemplo buenísimo.

Te levanta la moral y te dice: "No te quejes por tonterías".

Me gustaría que ese riñón le durara muchísimos años.

Creo que no puedo desearles nada más

que ser felices y disfrutar de la vida.

Que sigan siendo tan buenos amigos como son.

Que nunca desaparezca esa magia que tienen.

Juntos en todo y ahí.

Y, después de esto, más.

(MARGARITA) Nosotros a Paco no le podremos nunca agradecer...

lo que ha hecho por Albert.

Forma parte de nuestra familia,

que, de alguna manera, siempre la ha formado,

que continúe siendo así siempre.

Siempre estaré en deuda con él.

Eso todo el mundo no lo puede hacer.

Te lo ha dado por amor.

Para mí es muy importante cuidarlo...

como si fuera, no sé, una cosa muy muy...

un tesoro que tengo dentro. Es como un tesoro.

Yo te puedo decir que...

No sé, es que...

Creo que hay expresiones que solo se pueden dar con un abrazo,

un... una mirada.

Muchas cosas. No hay palabras para decirlo,

cómo agradecer este acto de amor que ha hecho

y de altruismo que ha hecho conmigo.

Entonces, ya está.

Esto ya... Hay que cuidarlo.

Si no, me va a reñir.

No, no puede ser, esto no...

Lo has cogido al vuelo. Sí, sí.

Funciona desde el principio.

Un poco macerado está. Sí.

Bueno, está bueno.

Ahora estamos unidos...

ya por un riñón,

pero lo más importante para mí es su amistad de toda la vida.

Llevamos desde nuestra adolescencia hasta el día de hoy.

Y continuará si Dios quiere hasta que desaparezcamos de este mundo.

Pero yo creo que en el otro también seremos amigos,

hasta la eternidad...

y más allá.

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El viaje de un órgano - Albert y Paco

25 feb 2019

El capítulo narra la historia de una amistad entre dos personas que se conocen durante su juventud, comparten experiencias divertidas y también tristes, y se enfrentan juntos a la enfermedad de uno de ellos, hasta el punto de que el otro le salva la vida donándole un riñón sano. Un ejemplo de la solidaridad entre amigos y de cómo la amistad es capaz de vencer miedos y barreras.

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