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Para todos los públicos El Paisano - Cofrentes 1 - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Hola, amigos, soy Pablo Chiapella y soy de Albacete,

aunque gran parte de los veranos de mi vida

los he pasado en Ayora, un pueblo de Valencia.

Recuerdo que de pequeño me quería quedar a vivir en el pueblo.

Mis padres salían locos.

Para mí, el pueblo es un mundo sabio, auténtico,

pero, sobre todo, divertido.

Ahora vivo en Madrid, pero el cuerpo me pide pueblo.

Vosotros ya me conocéis

y ahora me toca a mí conoceros a vosotros.

(Música cabecera)

Me dirijo a Cofrentes,

un pueblo a 103 km al suroeste de Valencia.

En este municipio viven unos 920 paisanos,

y con ellos voy a pasar 48 horas.

(Música, vítores)

¡Buenas noches, paisanos de Cofrentes!

(Continúa la música)

(Música)

Dicen que la sombra ya no se va,

y sabe lo que ha perdido,

lo que ha perdido.

A pensar de que no le queda más,

le quedan los recorridos,

lo que ha vivido, y su velocidad.

Aparco el coche, empiezo a andar,

y en la plaza de arriba veo que están montando

una carpa enorme.

Ostras, pedazo de carpa que están montando aquí.

Ojo a la carpa, que no es pequeña, ¿eh?

O sea, que los que monten aquí tiene que ser bastante grande.

A ver si nos enteramos, ven.

Muy buenas. ¿Cómo se llama usted? Jesús.

Jesús, yo soy Pablo. Muy bien, encantado.

¿Para qué es esa carpa? Esto es que este fin de semana

tenemos las fiestas de "La maderada".

¿Fiesta de "La maderada"? Sí.

¿Por dónde van los tiros? A ver, es una recreación

de un antiguo oficio que teníamos aquí, en Cofrentes,

que bajaban por el río

desde los Montes Universales de Cuenca,

hasta la desembocadura del río Júcar, con la madera, por los montes.

Pero, ¿y qué baja, la madera sola, la gente va por la orilla?

No, la gente baja en balsas de madera.

¿Lo has hecho eso tú? No, no,

porque siempre estoy fuera, me pilla por ahí de viaje y...

¿No quieres hacerlo conmigo? No sé nadar.

Lo hacemos tú y yo juntos este año. Bueno.

¿Te animarías? Sí, ¿por qué no?

¿Qué hay que llevar? Qué cabrón, me has pillado.

(RÍEN)

Jesús, ¿dónde estás? Ahí estás. Jesús, ¿qué tal? Buenas noches.

O sea, que tú, ¿cuántos años tienes? 52.

52 años, o sea, llevas 52 años viajando en fiestas.

Pero qué pasa, que no te gustan, ¿no?

¿O que te escaqueas cada año?

Jesús, creo que tú y yo somos muy afortunados de habernos conocido

porque tú y yo nos complementamos a la perfección.

O sea, tú estás en el pueblo todo el año y te vas en fiestas,

y yo estoy fuera del pueblo todo el año y vengo a fiestas.

O sea, que entre los dos, hacemos un cofrentino a tiempo completo.

Nos vemos en la plaza de España, la plaza del pueblo, ¿vale?

En la plaza de arriba. Primero, almorzaremos,

muy importante, y luego, marcharemos al río.

Oye, ¿te caes al agua en eso? Bueno, espero que no. Tú, sí.

Si me voy yo, te vas tú detrás. Que lo sepas.

Ya veremos.

Joer, Jesús, macho...

A ti no te hacía ilusión ir a "La maderada",

lo que te hacía ilusión de verdad era tirarme al agua,

y al final, lo conseguiste, ¿eh?

Que luego hablaremos de "La maderada",

porque tela lo que me hicisteis.

(Canción en inglés)

¿Unas balsas?

A ver si son las que utilizan para la fiesta de "La maderada".

Vamos a bajar.

(Continúa la música)

Buenos días. Hola, buenos días.

¿Qué tal? Soy Pablo. Muy bien, encantado.

¿Qué tal? Yo, Polo.

Polo. ¿Y qué hace usted aquí ahora? Me gusta la tradición,

me divierto al mismo tiempo, porque es una fiesta

que se ha recuperado. Entonces, me gusta la fiesta,

vivir la fiesta.

Yo colaboro en las fiestas de mayo,

en noviembre, en el "jalogüei"... ¿El "jalogüei"?

En el carnaval...

¿Dónde está Polo? Aquí.

Hombre... Tú estás el primero en todas las fiestas, Polo.

En todas las tradicionales del pueblo,

en "La maderada", en el carnaval, en el "jalogüei"...

(Risas)

El "jalogüei", que esto debe ser una tradición muy de Cofrentes,

porque en el resto del mundo se celebra el Halloween.

Pero aquí celebráis el "Jalogüei".

Con "J" y acabado en "EI".

O sea, como la canción de Julio Iglesias, ¿no, Polo?

"Jalogüei", no vayas presumiendo por ahí...

Y para "Jalogüei", ¿qué es lo que hace usted?

Pues disfrazarnos de la fiesta típica que hay de "Jalogüei",

de Drácula, de lo que sea...

De zombi...

¿Se ha disfrazado usted de zombi? Sí.

¿Cómo hace usted de zombi, por ejemplo?

Que te como...

Pues lo hace muy bien, ¿eh?

Polo, una cosa, ¿siempre que te disfrazas

eliges a personajes que están muertos?

Y vivos, también. Y vivos, también, alguno.

A mí me dijiste solo los muertos. Lo siguiente, qué va a ser,

¿disfrazarte, no sé, de momia?

¿De Walt Disney, que además de muerto, está congelado,

que te viene muy bien, por lo de Polo?

(Risas)

Volviendo a las balsas,

menudo secreto tienes para no caerte al río.

¿A usted lo han tirado muchas veces? Sí que me han tirado,

y me he caído. La primera vez, como ignoraba la cosa,

salté a la balsa y me quedé en la esquina,

pero ahora he pillado que tengo que ir al centro,

no lo quería decir, porque si no, me cogen la idea.

Y después, que vamos entonados con el zurracapote,

zurracapote es una bebida muy especial,

que se hace con el mosto, con aguardiente,

y depende de quién la haga, le pone unas cosas u otras.

Y los cuerpos ya van calentitos y no se nota el frescor del agua.

Te empinas y te dicen: ¿Cómo te llamas? "¡Olo!".

Pero sin parar de beber.

¡"Olo, olo"!

Vamos a ver, ¿por qué tienes que hablar

mientras bebes zurracapote?

O sea, ¿es parte de la tradición?,

¿o es que tú no te callas ni bebiendo?

Vamos a ver, yo me imagino a usted, que se pone en el centro, ¿no?

Se sube... Efectivamente.

Hoy, Polo. Vale.

Esto balancea, pero no se cae.

O sea, que usted se pone aquí con su percha, su bote,

y va: "¡"Olo"!

No, allí ya no hay bote ni nada. No hay bote.

No. Bueno, Polo, esto es mañana.

A las 9, en la puerta del info, allí...

Espere, espere, ¿esto me lo puede decir en plan zombi?

Que me voy a caer, que me muero, ¿eh?

Os espero a todos, al pueblo y gente forastera,

que venga aquí a disfrutar la fiesta...

La fiesta... Que te atrapo...

Que te atrapo, ven para acá, ven, que te pillo.

Y cuando me iba, te volviste otra vez zombi,

¿y qué me hubiera pasado si me hubiera mordido?

No sé, ¿me hubiera vuelto como tú? Pues Polo, de verdad, muérdeme,

pero muérdeme por donde quieras, porque yo, de mayor, de verdad,

quiero ser tan cachondo como tú, olé, Polo.

(Canción en inglés)

Vengo aquí para mostraros una cosa,

y es que Cofrentes es un pueblo de contrastes.

Por un lado, tenemos el núcleo de población,

con el castillo, todo ello bañado por el río Cabriel,

y por el otro, la central nuclear bañado por el río Júcar.

Y ahora voy a ver quién se ha dejado la puerta abierta

porque hace un pelín, un pelín de aire, nada más.

(Continúa la música)

(Música de jota)

Es una jota.

Después voy andando por el pueblo, y de repente,

escucho una jota y una voz omnipresente.

(MEGAFONÍA) "Atención, se pasará...".

(ININTELIGIBLE)

Y digo: Dios, Dios, por fin, te manifiestas, ayúdame,

que aquí quieren que baje por el río subido en unos troncos

y con un señor que hace de zombi, por favor, ayúdame,

pero no, no era Dios.

Perdona, ¿cómo te llamas? Me llamo David.

David, ¿qué tal? ¿Os han invadido? Sí, bueno, ¿por la música?

No, estos son los bandos que echan en el pueblo

para dar la información. ¿Ah, que son bandos?

Sí. Es que el pitido

parecía "Encuentros en la tercera fase".

Sí, un poquito sí. ¿Desde dónde lo dan?

Lo dan ahí, en el ayuntamiento. ¿Dónde está el ayuntamiento?

Si sigues esta calle hasta el final, y luego, a la derecha, ahí lo tienes.

Donde está el castillo. Oye, muchas gracias.

Nada, un placer. Igualmente, venga, hasta luego.

Muy buenas. Ayuntamiento, para allá. A la derecha me parece que es.

Venga, gracias. Hasta luego.

Casa consistorial, hemos llegado. ¿Qué hay? Buenos días.

Buenos días.

¿Qué tal, cómo se llama usted? José Rafael.

Hemos oído el pregón. ¿Sale de aquí? Sí.

¿Quién lo da? Yo he sido.

¿Ha sido usted? Sí, yo mismo.

¿Desde dónde lo da exactamente? Aquí.

A ver, ven. Entonces, ¿lleva usted dando el bando cuánto tiempo?

Desde 30 años que llevo aquí.

¿Cuántos bandos calcula usted que ha dado a lo largo de su vida?

Pues no lo sé, 3000. 3000, toma ya.

¿Cómo funciona?

Esto, se enciende, y ahora ya está sonando.

Ahora ya se está oyendo la jota. ¿Qué dice la jota?

La jotica de Cofrentes y...

¿Se la sabe? Entera, no.

¿Podría dar yo un bando?

¿Por qué no puede usted dar el bando?

Vale, entonces, sería ya apretar desde aquí y hablar, ¿o qué?

Ahora se para la música,

aprietas, suena la sirena o el gong ese que da, y hablas.

Atención, bando. Se hace saber que durante estos días,

yo, Pablo Chiapella, circularé por vuestro pueblo

como "El paisano".

Desde el ayuntamiento me piden encarecidamente

que cuando baje a "la maderada", que lo haré,

me respetéis, no me tiréis al agua,

repito, no me tiréis al agua, no soy un pato, me mojo,

no soy un pato, gracias.

(Música)

Acabo de llegar a Cofrentes y ya me han liado,

espero que el bando surta efecto,

porque lo de participar en "la maderada" lo veo genial,

pero que me tiren al río, mm...

Me da que me van a aguar la fiesta.

Hola, buenos días.

¿Qué van ustedes, a dar un paseíto? A tomar un cortado.

¿Cómo se llaman ustedes? Yo, Justicia Fernández.

Justicia, yo soy Pablo. Encantado. ¿Y usted?

Jesús.

-Pero mis hijos me dicen otro nombre. ¿Ah, sí? ¿Cómo le dicen?

A mi marido le dicen Felipe y a mí, la Felipa.

Felipe y Felipa. En plan de broma, ¿eh?

¿Y eso, por qué? Porque son así de graciosos.

Muy buenas, Justicia, Jesús, ¿qué tal, pareja?

Les puedo llamar Justicia y Jesús o también Felipe y Felipa.

Hay que ver cómo son sus hijos, ¿eh? Menudos cachondos.

Por cierto, ¿han venido sus hijos? Sí.

¿Dónde están? Ahí está Jesús.

¿Que Jesús es su hijo?

No me diga que...

Y qué pasa, que cuando te dijeron su nombre tus padres,

¿a ti te pilló de viaje o qué?

(Risas)

¿Cómo se vive aquí, en este pueblo? (A LA VEZ) Bien.

¿Se vive bien? Muy bien.

Muy tranquilos y muy bien,

porque hay mañanas que me he levantado, la puerta abierta.

Toda la noche. No me diga.

Sí, sí, y varias veces, no crea que es una noche sola.

Y no pasa la gente ni nada. Nada, y si pasa, no se sabe.

Abierta, de par en par, y tan tranquilos, ¿verdad?

¿Qué puede pasar? Que una noche de estas

sea Halloween,

y entre Polo ahí: "Que te como...".

¿Cuánto tiempo llevan casados ustedes?

56 años y medio. Toma ya.

¿Y aún lo aguanta? Hay que aguantar, ¿eh?

Hay que aguantar mucho. -Y 9 de novios.

Y aquí, las bodas, ¿cómo se celebra? ¿Qué se hace?

Entonces se hacía chocolate,

era costumbre de ir los recién casados en ese día

a la era del chulo, que llamaban. A la era del chulo.

Y allí, todo el que iba, decían que estaba bien casado,

y el que no, que la pareja luego no iba bien.

Ustedes fueron, por lo que veo, están juntos.

La era del chulo, que yo digo, ¿quién decidió ese nombre?

¿John Travolta, un sábado noche, hasta el culo de zurracapote?

¿Tienen fotos de aquel momento? Sí, tenemos una foto.

56 años, éramos más jóvenes, ¿eh? Qué guapos. Mirad, mirad.

En la era del chulo.

Y este sitio, sigue estando, vamos, que existe.

Está reformado.

¿Y han repetido esta foto alguna vez después?

¿No? Oye, yo le propongo una cosa, si quiere, la repetimos.

Vamos para allá. Vamos.

(Música)

Aquí es, aquí esto lo llamaban la era del chulo.

¿Qué recuerdos le trae a ustedes cuando vienen aquí?

Muy bonito, un recuerdo muy bonito.

Oiga, y una pareja que lleva tanto tiempo juntos,

¿todavía se dicen "Te quiero", y todas esas cosas?

Hombre, claro. ¿Sí? ¿A diario?

Él, sí, yo, no.

-Es muy arisca. ¿Ah, sí?

Oiga, y por qué no le dice ahora usted a su marido,

que lo tiene aquí, en el sitio donde se casaron,

por favor, dígaselo... Dígaselo.

Te quiero.

Bravo, qué cosa más bonita.

(Música)

¿Repetimos esa foto? Vale.

Es usted fantástica, Justicia.

A él le cuesta más que a mí. Le cuesta más, ¿eh?

Bueno, pues vamos para allá.

Le tiene que coger, usted se tiene que poner así,

la bolsa la quitamos... Sí, señor, tome.

Preciosa. Maravilloso. Sonrían.

Mírenla. Está preciosa la foto, ¿eh?

Preciosa, esta es para ustedes, ya me encargo yo.

Aquí las tenemos, 56 años después.

Ella ya le ha dicho te quiero, se lo debe.

Ya lo sabe.

Dígaselo. Que la quiero.

Ahí está, ahí está, precioso. Y la querré siempre.

Qué bonito.

Y 56 años después, hicimos la foto de nuevo,

y os prometí que os la regalaría. Pues bien, tengo la foto.

(Música)

Como veis, la foto es igual, bueno, el pueblo ha cambiado mucho,

ustedes dos, un poquito,

pero su amor, absolutamente nada, y eso es digno de aplaudir.

Olé por ustedes, le bajo la foto.

Aquí tiene, Justicia, guapa.

Su foto.

Jesús, un placer, muchas gracias a ustedes, de verdad.

Gracias a vosotros. Cuando quiera, puede venir.

Hombre, claro, la puerta está abierta, ¿no?

Sí.

(Música)

Justicia y Jesús llevan 56 años casados,

56 años avanzando juntos. ¿Cuál será su secreto?

Supongo que aunque a veces se te olvide decir te quiero,

siempre puedes recordar todo aquello que te une al otro.

(Música)

Bueno, pues ha llegado la hora de ir al castillo.

El castillo, como en todos los pueblos, está en lo más alto.

Esto es como cuando un colega te pide que le ayudes

para hacer la mudanza, que siempre vive en el ático,

pues eso, así que vamos para allá.

(Música celta)

Pues este es el patio de armas del Castillo de Cofrentes,

es la parte más alta del pueblo.

Estará aproximadamente unos 100 m sobre el río Cabriel.

La construcción original del castillo data del siglo XI.

En el XIX, Napoleón lo quemó,

y desde el 2003, es considerado patrimonio histórico.

(Continúa la música)

Hola. Hola.

¿Qué tal? Pues aquí.

¿Cómo te llamas? Me llamo Gaby, ¿y tú?

Gaby, Pablo, encantado. ¿Qué tal? Pues aquí, pensando en mis cosas.

En tus cosas. ¿Qué pasa?

Pues mañana tengo el examen de coche.

¿Ah, sí? Hoy he hecho la última práctica.

No me digas. O sea, que estás a punto de examinarte del práctico.

¿Y es la primera vez que te vas a examinar?

Sí, la segunda. ¿Qué pasó en la primera, Gaby?

Pues la primera, en un paso de peatones,

en la rotonda de Almansa, me salió un hombre,

y me cedió el paso, y yo le cedí el paso,

y nadie no pasaba, ni el hombre ni yo,

he montado un tapón, se me caló el coche,

no podía arrancar. No me digas.

Sí, y luego ya arranqué y he salido volando.

Y ya está, suspendido, poco más. ¿Pero cómo que has salido volando?

Porque he metido la primera, la segunda, la tercera, cuarta,

y he salido. Y ese hombre, es una cara

que tienes presente, ¿sabes? Con dos bolsas de Mercadona, sí.

No me digas. Sí, me dice: "Pasa, pasa.

Pase usted, no". Mientras tanto, se monta un tapón,

todo el mundo pitando, ahí...

Gaby, ¿qué tal? Buenas noches.

Estabas nerviosa, ¿eh? Un poco.

Estabas nerviosita, no me extraña. Cuando yo fui,

estaba tan histérico, que el examinador

me pidió que subiera de marcha, y puse la radio.

La cosa es que tú querías dejar pasar al hombre,

pero el hombre no pasaba.

Ya me lo imagino, los dos, ahí, en plan duelo del oeste,

tú, en el coche, ahí, en el volante, él, con las bolsas, en la calle,

duelo de miradas...

(SILBA MELODÍA DEL OESTE)

Pasa tú. Y el otro: "No, no. Pasa tú".

No, no, pasa tú.

(SILBA MELODÍA DEL OESTE)

Vamos, que allí el único que pasaba era el tiempo, al final.

¿A qué hora es el examen?

Mañana a las ocho de la mañana.

¿Volverás por la tarde o cómo? Por la mañana.

¿Quedamos para que me cuentes cómo te ha ido?

Por supuesto. ¿Dónde quedamos?

Pues que en la plaza, si le parece. Si apruebas,

¿me das una vueltecita? Por supuesto.

Vas a aprobar, que lo sepas, lo veo. Vale.

Verás cómo sí. Mucha suerte. Igualmente.

Estate tranquila, suerte, chao.

(Música)

Espero que Gaby apruebe, aunque no sé si es buena idea

que la primera vuelta la de conmigo. Ojalá sea una buena conductora.

Yo, por si acaso, cruzaré los dedos.

(Música)

(Niños jugando)

Chicos, chicos, ¿qué hacéis? Jugar.

A ver, sentaros aquí conmigo. A ver.

¿A qué jugabais? A guerra.

¿Cómo os llamáis? Yo, Diego.

¿Y tu muñeco, cómo se llama? Jeffrey.

¿Y tú? Yo, Unai.

¿Y tu muñeco? Un pulpo.

¿Y tú? Yo, Héctor.

¿Y tu lengua azul, cómo se llama? Esto se llama periquito,

y mi lengua azul se llama lengua.

-Vamos a segundo. -Estoy un poco resfriado.

Ah, que estás resfriado.

Por eso estás un poco gangosillo.

¿Tienes mocos? Sí.

¿Dónde han ido esos mocos que te has absorbido ahora mismo?

Pues no sé, pero ya hace años que los llevo.

¿Cuántos años llevas cargando con esos mocos?

Pues como 1000 o por algo. ¿1000?

O como 100 000.

¿Hace 100 000 años? Sí.

Héctor, me dijiste que tienes mocos...

Aún los tengo, aún. No, no, claro, claro.

Y lo que te queda, pero si son mocos que los tienes, me dijiste,

desde hace 100 000 años.

¿Qué son, mocos prehistóricos, Héctor?

Que yo digo, vamos a ver, para el futuro, la próxima vez

que quieras exagerar, Héctor,

no digas que los mocos tienen más años que tú,

porque va a parecer que en lugar de tú tener mocos,

que los mocos que tienen a ti.

Yo voy al fútbol, a kárate,

a muay thai no me voy a apuntar,

y también voy a inglés, y también voy a catecismo.

Toma ya, sí que eres... ¡Catecismo!

(RÍE)

¿Cómo es eso? ¡Catecismo!

Así: ¡Catecismo!

Lo que me pude reír, pues si es como Raphael,

Raphael o Bisbal,

¡catecismo!

¿Y sabéis cantar? No.

-Yo, sí. La canción de... ¿Tú sabes quién es Nino Bravo?

Hombre, claro.

(CANTA) "Al partir un beso y una flor,

un te quiero, una caricia y un adiós...".

(CANTA) "Es tan largo el...". Espera...

"Es tan largo...". ¿Cómo era?

O un viaje, para tan corto, es tan grande el...

Ay, tío, que no. (RÍE)

Es tan largo, el viaje, el equipaje,

o bueno, el caso es que yo tampoco no tenía ni idea de la letra.

Nos podíamos hacer un homenaje a Nino Bravo

e intentar cantar la canción en condiciones.

¿Quieres subir aquí a cantar conmigo, Héctor?

Venga, Héctor, ven conmigo.

Ese es mi Héctor, claro que sí, ven aquí.

Dame un abrazo.

Bueno, mira. Mira, vamos a cantarla.

Estoy aquí, pero me da un mogollón,

como un huevo asado. ¿Qué?

(RÍE)

¿Qué te has comido un huevo asado?

No, que me da vergüenza, como un huevo asado.

Te voy a decir antes cómo sigue. Es ligero equipaje

para tan largo viaje. Las penas pesan en el corazón.

¿Te vas a acordar? Venga, va.

(CANTAN) "Al partir, un beso y una flor,

un te quiero, una caricia y un adiós...".

(RÍEN)

(CANTAN) "Es ligero equipaje para tan largo viaje,

las penas pesan en el corazón".

¡Bravo, Héctor!

Donde el sol cada mañana brille más,

forjarán mi destino las piedras del camino,

lo que nos es querido siempre quedará.

Voy para la plaza, porque quedé ayer con Gaby,

para ver si definitivamente, ha aprobado o no

el carné práctico de conducir, vamos para allá.

¿Qué hay? Buenos días. Buenos días.

Yo soy Pablo. ¿Cómo se llaman ustedes?

Yo, Vicente. ¿Vicente y?

José.

Vicente, José, es que he quedado con Gaby, una paisana del pueblo,

que ha ido a sacarse el carné de conducir.

¿Ustedes tienen carné? Yo, sí, de momento.

Ya voy a hacer 82 años. 82 años, madre mía,

pues está usted estupendo. ¿Y usted? ¿No tiene carné?

No, 84. ¿Y nunca tuvo carneé?

No. ¿No ha conducido nunca?

No. ¿Y usted por qué no lleva palillo?

Porque se me caen los dientes.

-Eso ya es vicio. ¿Siempre lleva palillo usted?

Pues sí, me gusta llevarlo, porque me ha gustado mucho fumar también.

Amigo. Ya no fuma. No, hace muchos años.

Ha cambiado los cigarros por los palillos.

Pero siempre queda el gusanillo ese. Y cuando hay gusanillo,

palillo a la boca. Claro. Y llevo palillos

en el bolsillo, ¿sabe? Ah, que lleva ahí palillos.

O sea, que a usted le regalan una caja de palillos

y le hacen feliz. Son los palillos, ¿no?

Tres palillos, tres por abrir. Tres por abrir, claro.

¿Dónde están, Vicente, José?

Buenas noches, caballeros. ¿Qué tal, cómo va eso?

Vicente, usted es un hombre a un palillo pegado, ¿no?

Usted lleva palillos repartidos por todo el cuerpo,

los lleva en los pantalones, en la chaqueta,

en todos los bolsillos, o sea, que usted,

para hacer "la maderada", solo tiene que andar,

ir entrando así al agua...

(Risas)

¿Un palillo de sobra tiene para mí? Sí, hombre, bueno, claro,

y todo lo que quiera. -Hola.

¿Qué tal? Pues aquí.

Cuéntanos, cuéntanos. Me han suspendido.

Oh, maldición.

¡Qué va, he aprobado, chicos! ¿Ha aprobado?

Claro. ¡Toma ya!

Ha aprobado, ha aprobado, enhorabuena.

Muchas gracias. ¿Vamos a dar una vuelta o qué, te atreves?

Sí, pero conduces tú, entonces. Claro, por supuesto.

Ponemos la "L" y a funcionar. Toma, el palillo.

Muchas gracias, caballeros, hasta luego.

Enhorabuena. Va a ser tu primer paseo

como conductora oficial, ¿no? Por supuesto.

Veo que en la autoescuela te han dado la "L".

Ojito, ¿eh?

(Música)

Estaba acojonado, subimos al coche, nos ponemos el cinturón, arrancas...

¿Entonces, soy el primero que va contigo...?

Uy, qué bien, ¿qué has sacado, matricula?

Sobre todo. Has sacado matricula, ¿no?

(Risas)

Y andamos cinco metros y, ¡pam!,

se te cala.

Vuelves a arrancar... Cállate.

Bien, bien, bien, vamos, vamos bien.

¡Pum!

Voy a salir.

Sí, tendría que salir con el intermitente, pero da igual.

No, hombre, no da igual. Vale, lo pongo.

A ver, Gaby, que el intermitente está ahí, al lado del volante,

¿sabes? Que solo tienes que hacer así.

Esto es como si vas al baño y dices:

"buf, buf, tendría que subir la tapa, pero...

Nada, da igual, da igual". Hombre, Gaby.

(Aplausos)

Bien, todo bien, todo bien. Cállate.

Muy bien, ¿eh? Madre mía,

cómo salimos a la carretera. Ibas a tope, ¿eh, Gaby?

Ibas a tope, corrías más que los paisanos huyendo de Polo

una noche de Halloween.

A ver, que vas a tope, ¿eh? Qué más da.

Para un momento, para un momento, para el coche, para el coche,

para el coche, para el coche. Para el coche.

Para el coche, un momento. Para el coche, Gaby, a ver.

sin que se cale.

Vamos a ver, todo muy bien, pero se te ha olvidado un detallito

que creo que es bastante importante. (RÍE)

Mira, Gaby, esto, esto se llama freno de mano.

Y cuando se arranca, hay que quitarlo.

(Risas)

(Aplausos)

No lo sabía, qué majo. Hay que quitarlo, ¿vale?

Llevábamos como 2 o 3 km y llevabas el freno de mano puesto.

Que te lo digo, y tú te partiste de risa, como ahora.

Gaby, no quitar el freno de mano es como lo de no abrir la tapa.

Quiero decir, es un detalle importante, sobre todo si no quieres

que el coche acabe oliendo a huevo podrido.

Venga, vamos, ya estamos sin el freno de mano.

(RÍE) Es para mearse.

Fenomenal. Vale, venga, dale ahí.

Venga, dale. Y ahora se te ha calado, que no pasa nada

porque es la primera vez. Bien, curvita para allá.

Ha sido un despiste. Perdona, perdona, ¿eh?

(RÍE)

Dimos una vuelta, las curvas las cogías a ras,

y no sabía si íbamos de paseo o estábamos disputándole el rally

a Carlos Sainz. Venga, que viene aquí una curva

muy recta. Muy bien. Muy bien, muy bien.

Ni me he enterado, es verdad. Los baches también,

no dejes ni uno, ¿eh? Baches no dejes ni uno.

Gaby, suerte que iba yo de copiloto y no iba contigo, Luis Moya,

porque te las había dicho todas, la de: "Ojo, curva, derecha, ras.

Ojo, bache, patapán". Y cada vez que se te calaba el coche,

te hubiera dicho: "Trata de arrancarlo, Gaby,

trata de arrancarlo".

(Aplausos)

Y ahora vamos a buscar... vamos a buscar un sitio

para aparcar, Gaby, que es la prueba definitiva,

vamos para el pueblo, ¿volvemos al pueblo?

Ahí mejor. Uy, uy, uy.

Qué estrecheces.

Espera, para, para.

Vale.

Quiero que lo metas ahí,

pero de culo, en batería.

¿Vale?

Anda ya.

Lo tienes que dejar lo mejor que puedas.

Vale, vale, espera.

¿Ya está? (ASIENTE)

Vale, vamos a salir

y a valorar... vamos a valorar si está bien o no aparcado.

(Aplausos)

¿Esto para ti es un aparcamiento en condiciones?

No, pero depende de cómo lo veas.

Como yo llevo el coche ancho... Pues tengo derechos.

Ah, te han dado derechos. Claro. Puedo aparcar en dos sitios.

(Risas)

Gaby, tenías dos plazas para ti.

(Risas)

¿Dónde metiste el coche?

En medio.

En el medio, muy bien, claro que sí, Gaby,

tú eres una conductora coherente. Aparcaste de culo

y lo dejaste igual, como el culo.

(Risas)

(Música)

Fíjate las vistas que tienen aquí de la central.

Se ve muchísimo, o sea no es una cosa pequeña que pase desapercibida,

esta gente... Mira, allí hay un hombre.

Perdona. Hola, muy buenas.

Muy buenas, ¿cuál es tu nombre? Manuel.

José Manuel. Las vistas desde ahí, ¿qué tal?

Preciosas. ¿Podemos subir?

Claro, subid. Vale, ¿por dónde se va?

Mira, da la vuelta y entra por la parte de adelante.

Venga, vamos para allá, gracias.

Hombre, José.

¿Qué tal? Aquí estamos, ¿qué tal?

Yo soy Pablo. Yo José Manuel.

¿Qué tal, José Manuel? Encantado. Todo bien, muy bien.

¿Nos dejas subir a tu casa? Claro, faltaría más.

¿Sí? Y veis las vistas

que tengo desde ahí. Venga, vamos para allá.

Joder.

Vaya terracita que tienes aquí. Sí, para compartir con los amigos.

Qué gusto.

Bueno, tú mismo, ¿qué te parece? Vaya tela.

Vaya vistas tienes. Muy bonitas.

Muy bonitas, el río Júcar, y la central nuclear,

que, bueno, una parte más del paisaje.

Eso te iba a decir, ¿qué tal lo de vivir con la central tan cerca?

No hay problemas, sin problemas ninguno. Y las vistas,

aquí yo salgo a la ventana y lo que menos veo es la nuclear.

Veo el río, veo el monte y disfruto del paisaje.

José Manuel, ¿qué tal? Buenas noches.

Tú, cuando sales al balcón, ves todas las vistas

menos la central nuclear.

¿Qué pasa, que tienes la vista un poco como los retrovisores

de los coches, que tienes un punto muerto que no...?

Cuando te vayas de viaje, yo te diría que no te fueras a París.

Que no te fueras a París, porque vas a ver todo menos la Torre Eiffel.

(Risas)

¿A qué te dedicas, si se puede decir?

Sí, soy guardia civil. Como guardia civil,

¿trabajas aquí en la zona? Sí, trabajó aquí.

¿Qué tal? ¿Has tenido así...? No, sin problema.

Una zona muy tranquila, prácticamente no hay índice de delincuencia.

La gente aquí vive muy relajada, ten en cuenta que como no hay paro,

no hay delincuencia, la gente sabe que a fin de mes va a cobrar

y ese nivel de vida que se tiene aquí en el pueblo,

gracias a la central nuclear en parte, es un handicap

muy positivo para el pueblo y para la gente.

La central da trabajo, calidad de vida, no tenéis paro,

ni delincuencia, y tú como guardia civil pues eso le llevas fenomenal

porque vives la mar de bien, que de he hecho solo tienes que pasar

por casa de Justicia y Jesús y decirles: "Oye, cerrad la puerta,

cerrad la puerta que viene Halloween".

José Manuel, deseo que sigas disfrutando desde el balcón

de tu casa de las vistas tan maravillosas que tienes,

ahora, también te diría que fueras al oculista

porque delante de tu casa hay una central nuclear como una casa,

pero bueno.

(Aplausos)

(Música)

"Dejo un rato las calles de Cofrentes

para perderme por los caminos de este precioso valle.

Creo que mi coche tiene alguna secuela del paseo con Gaby.

Una revisión de las pastillas de freno no le va a ir nada mal".

(Música)

Mira, descensos en canoa y rafting.

(Continúa la música)

Muy buenas. Buenas.

¿Qué tal? Bien.

¿Vais los dos juntos? Sí.

¿Puedo ir yo? Sí, hombre, sí.

Venga, va.

Muy buenas. ¿Qué tal? Muy bien.

¿Cómo os llamáis? Sergio.

Sergio. Yo, Aitor.

Aitor. Sí.

¿Y lo de Aitor? Mis padres, que estaban graciosos.

No eres del norte. No.

De aquí, de Cofrentes. ¿Hay algún nombre más así

en tu familia? No.

¿No? Soy único.

¿Eres hijo único? No, que el nombre es único.

Ah, vale, pero y tus padres, ¿cómo se llaman?

Mi padre Javier y mi madre Teresa. Aja. Ellos no tienen problemas.

Nada. Ninguno. Sergio, Aitor, ¿qué tal?

Muy buenas. ¿Cómo va eso, bien? Los dos sois cofrentinos,

pero en cambio tú te llamas Aitor.

Hala, porque sí, con dos...

Ikurriñas bien puestas, ¿no?

Aitor, ¿estás seguro que no eres vasco?

Mira que los vascos nacen donde les da la gana, ¿eh?

¿Cómo os conocisteis? Pues en el pueblo.

Ahí nos conocemos... De hecho, yo le enseñé a nadar.

No me digas. Era monitor de natación

y le enseñé a nadar, que dice que respiraba debajo del agua,

y no necesitaba sacar la cabeza porque él respiraba debajo del agua.

Joder, sí que va a ser vasco al final.

Sí.

¿Y cómo te lo montabas entonces? Pues nada, yo me acuerdo

que en aquella época, cuando nos enseñaba a nadar,

nos ataba los pies, nos echaba al agua, y decía:

"Ahora tenéis que llegar al otro lado de la piscina".

¿Eso tú? Y él no sacaba la cabeza,

él hacía todo el largo sin sacar la cabeza y entonces yo le decía:

"Aitor, pero saca la cabeza". Y decía: "No, no,

es que no me hace falta. Yo puedo respirar debajo del agua".

(Risas)

Sergio, tengo que destacar tus técnicas de maestro.

¿Qué querías enseñarles? ¿El estilo sirena?

(Risas)

(Aplausos)

¿Dónde aprendiste eso? ¿Dónde lo aprendiste?

¿En una película de mafia? Joer, macho, entre uno que no sacaba

la cabeza de debajo del agua y tú, que les atadas las piernas,

macho, ir a nadar con vosotros es más peligroso

que poner a Gaby en una rotonda.

(Risas)

Venga. La vamos a poner aquí un poquito

en el agua. Sí.

Vale, pues practica un poquito mientras yo monto.

Venga, vámonos. Vamos allá.

(Música)

"Después de bajar en piragua por el Cabriel,

lo de 'la maderada' seguro que será un juego de niños.

Ahora ya lo que le echen". ¿Qué tal, Pablo?

Muchísimas gracias. No hay de qué.

Me has dado mucha seguridad, que lo sepas.

¿Sí? Me alegro. Cuídate. Igualmente, sí. Chao.

(Música)

Bueno, pues mirad, he venido hasta aquí para enseñaros

la suerte que tiene Cofrentes, está bañada por dos ríos,

a mi derecha, aquel que veis allí, es el río Cabriel,

a mi izquierda, el río Júcar.

En el puente de hierro, que veis al fondo, confluyen ambos.

(Música)

"Cuántas emociones fuertes en Cofrentes, mi primer bando,

mi primer paseo con una conductora novata,

y la primera vez que me subo a una piragua.

Pero esto no termina aquí, todavía me falta mi primera 'maderada'.

La fiesta solo acaba de empezar".

(Tambores)

¿Qué pasa aquí?

(Banda música)

Coño, Aitor, ¿qué tal? ¿Cómo vas? Aquí, otra actividad más.

No paras. Nada. Así no nos aburrimos.

¿Desde cuándo lo tocas? Pues desde los 9 o 10 años.

Joer, macho. Me alegro de verte. Igualmente, hasta luego.

Buenas noches, banda, ¿qué tal? ¿Cómo estáis? Muy buenas noches.

Cómo tocáis, sonáis de maravilla, sois la superbanda,

que hasta tenéis a Aitor tocando el tambor.

Aitor, macho, tú eres en la caja de sorpresas.

Eres piragüista y tamborilero desde los nueve años.

Impresionante. Oye, ¿el tambor también lo aprendiste a tocar

debajo del agua, sin respirar?

Que ya sé que es imposible, pero, coño, tú eres vasco.

(Risas)

(Banda de música)

¡Bravo!

Bravo, bravísimo. Viva la banda.

¡Viva la banda! ¿Quién es el maestro?

Jerónimo. Ah, Jerónimo.

¿Usted es el maestro de la banda? Sí, 55 años.

55 años... Madre mía, cuánto orgullo.

Pues sí, ahora ya pienso que van fallando las fuerzas...

¿Sí? Pero el oído lo tiene aún, ¿no? Demasiado.

Demasiado... (RÍE) De verdad, el oído y la memoria

absolutamente como si tuviera... ¿Intacta?

Intacta. Bueno, pero para lo suyo

esas dos cosas son imprescindibles, ¿no?

Hombre, preferentemente. O sea que desde aquí,

cuando tocan todos, ¿usted sabe distinguir quién se ha equivocado?

Hombre... ¿Sí?

Que me lo digan a mí. ¿No me digas?

Vaya que sí. Pero ¿se lo guarda

y se lo dice luego o para y dices: "Tú, tres pasos para atrás"?

Hay veces que me vuelvo y lo miro, y con mirarlo solo ya tiene bastante.

¿Ah, sí? O sea con una mirada ya... Con una mirada.

¿Ha venido Jerónimo? Hombre, don Jerónimo.

¿Qué tal? Muy buenas. Pedazo de maestro que tenéis,

usted es un auténtico fenómeno. Usted va adelante y dirige la banda

de espaldas, vamos, que hace música sin mirar.

Como Stevie Wonder.

Pablo, mañana a la balsa, ¿eh? Polo...

Mañana a la balsa. No me vas a tirar, ¿eh?

Voy contigo además.

Polo, o caigo yo o caes tú. O caemos los dos.

¿Caemos los dos? Oye, ¿nos haces el zombi antes de seguir?

¿Cómo? El zombi,

¿nos lo haces antes de seguir?

(HACE ZOMBI)

Eres muy grande, Polo.

Bueno, a ver, ¿qué pasa aquí ahora? ¿Qué pasa aquí?

Bueno, ahora... ¿Tú te atreves a dirigir la banda?

Pues, hombre, si me lo pides lo hago, pero...

Yo te dejo la batuta y cuando estén todos preparados

das la entrada. Y entonces Jerónimo

me propusiste dirigir la banda. Y yo digo: "Yo, dirigir la banda".

Yo que pensé: "Pero no voy a poder". Pero luego me dije:

"A ver, si a Gaby le han dado el carné de conducir...".

Pues cuando quieras tú levantas la mano, que estén todos preparados,

ahora levantas la mano, levantas la mano.

Ahora cuando quieras.

Madre mía.

-No, no, no. Perdón, perdón, perdón.

Perdón, que estoy un poco oxidado, estoy un poco oxidado.

La primera no.

Cojo la batuta, doy la primera entrada y la banda empieza:

"Pin, pan, pun...". Que digo yo: "¡Madre mía!".

Parecían como 1000 ollas cayendo por una escalera,

parecía que se había cerrado el Windows.

Empezamos con el tiempo abajo. O sea sería así.

Tú te has quedado a mitad. Pam, pam.

Exactamente. Levanta la mano, cuanto más arriba mejor.

Dale. Ahí va. ¡Madre mía!

-Mal vamos, mal vamos. Venga, va.

Venga, preparados.

Levanta la mano hacia arriba. La mano hacia arriba.

Más alta. Y Jerónimo no para de decirle:

"La mano hacia arriba, la mano hacia arriba".

Que yo estuve a punto de decirle: "Y la mano hacia abajo,

y la mano hacia abajo, como los gorilas, uh, uh, uh".

(Risas)

Venga, vamos para allá.

Ahora.

(Banda de música)

Muy bien. Ahora ya suenan.

Muy bien. Ahora te pones ya derecho para allá.

(Banda)

Muy bien.

(Continúa la banda)

Ya va aprendiendo, ya.

Bravo, bravo.

Bravo, bravísimo.

Bravo, bravísimo.

(Aplausos)

Compañeros, músicos, ahora ya puedo decir que un día dirigí

la banda de Cofrentes, además le he cogido el gustillo,

bueno, le he cogido tanto el gustillo que ahora no salgo

sin mi batuta.

Oh, qué maravilla.

Bueno, vamos a ver,

ahora que la tengo, vamos a intentar...

ya que estáis aquí, la banda, y veo que os habéis traído

los instrumentos, vamos a intentar tocar

el pasodoble de Cofrentes, tú, tranquilo, José Rafael,

que ya sé que no te lo sabes.

Jerónimo, vente conmigo a dirigir, por favor, sube conmigo, hombre.

(Aplausos)

Bueno, subo la mano hacia arriba, ¿no?

Te cuento un poquito cómo va esto, tienes que subir la mano...

Sí.

Lo que hacemos si quieres, yo me quedo como muerto,

y usted me coge como el que enseña a jugar al billar,

que me coge la mano así un poquito...

Yo me dejo llevar por usted, ¿eh?

(Banda)

(Palmas)

Ay, ay, cómo me gusta Cofrentes.

Ay, ay, cómo me gusta la gente.

Bravo, bravo, bravo.

Jerónimo, muchas gracias. A ti.

Muchas gracias.

(Aplausos)

(Música)

3 por 2. 6.

4 por 4. 8.

¿4 por 4, 8?

El otro se lanza a por el agua, viene, me engancha por detrás,

otro por delante, o sea nos empiezan a mover, total,

que al final nos volcasteis. (RÍEN)

Por cierto, ¿ha venido el tío que me tiró a la balsa?

Sí, ahí está. ¿Qué? Estarás contento, ¿no?

Bueno, vale, entonces dices que me suba...

Sí, y te echas totalmente para atrás.

Buenas gentes,

venidas de todos los rincones del reino,

¡viva la plaza de armas de Cofrentes!

(TODOS) ¡Viva!

¡Y vivan las fiestas de "la maderada"!

(TODOS) ¡Viva!

-Ahora empezaremos con el uno, qué va a hacer pum.

¿Le doy? Dale al uno.

(Explosiones)

(Música)

(GRITA) ¡Ah!

(Música créditos)

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El Paisano - Cofrentes 1

03 ago 2018

Pablo Chiapella se dirige a Cofrentes, un pueblo del interior de la provincia de Valencia, para pasar tres días con sus paisanos y vivir intensamente el día a día en este municipio y también una de sus fiestas tradicionales, la maderada.

Contenido disponible hasta el 3 de abril de 2023.

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  1. javier

    La voz en off en el programa del pueblo de Corrientes...quería decir Gracias.

    28 sep 2018
  2. Javier

    Me gusta,se hecha a de menos un programa así,es una manera de conocer los rincones de España,su gastronomía,sus gentes,paisajes.. .lo que no me ha gustado es la voz de mujer que habéis puesto en el programa de Corrientes.Por lo demás bien.

    28 sep 2018
  3. África Robles

    Me encanta el programa.y que nos enseñe los rincones tan bonitos de España y encima con humor. Por favor, seguid así. Gracias Un saludo África

    01 sep 2018
  4. Leticia Diffee

    Es tan cachondo el conductor Chiapella, es buenísimo programa, muy cultural y divertido .

    09 ago 2018