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Para todos los públicos El paisano - Arredondo (Cantabria) - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Hola, soy Edu Soto,

y de pequeño soñaba con llegar lejos, muy lejos.

Por eso, quería ser jugador de baloncesto.

Nací en Mataró, vivo en Madrid y a la que puedo...

me voy para Águilas, el pueblo de mis padres.

Allí me siento un explorador, como cuando iba de pequeño.

A mí, los pueblos me llaman.

De hecho, yo lo que quiero es "pueblear".

Vale, la palabra no existe, pero molaría, ¿verdad?

Así que, paisanos y paisanas, me pongo en marcha.

(Música cabecera)

Voy camino de Arredondo,

un pueblo cántabro ubicado al pie del puerto de Alisas,

a 45 km de Santander.

Aquí viven 476 paisanos.

Y, con ellos, voy a pasar 48 horas.

(Vítores)

¡Eh!

¡Buenas noches, paisanos de Arredondo!

(Continúa la música)

(Música)

Me voy a inventar un plan para escapar hacia delante.

Ven...

Muy buenas, caballero. Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

¿Cómo se llama usted? José Luis Peral.

Le está dando ahí a... Sí, señor.

Estoy armando un... muro de piedra aquí.

Oye, pero esto es muy artístico, ¿no?

¿O coloca la piedra así, tal cual le parece?

No, no... La piedra... la piedra...

¿Quieres colocar tú una? "Joer",

ya me vas a hacer currar José Luis, ¿eh?

(RÍE)

A ver, aguántame el micro. ¿Esta?

A ver dónde la colocas tú. Ten cuidado con los dedos, ¿eh?

Hostia... ¡José Luis! Cuidado con los dedos...

(RÍE) No la líes.

(SE ESFUERZA) ¡Ah!

Aquí, aquí.

Ahí. Sí, pero nos pone así.

¿No? Mira, no.

(RÍEN)

Joder, José Luis...

Que es un muro, coño. ¿Para todo eres tan exigente?

El tío la gira... meticulosamente,

le da la vueltecita y dice: "Ahora sí".

(RÍEN)

La verdad es que yo no vi mucha diferencia...

Pero aquí el "crack" eres tú.

A esto, los canteros lo llamamos a piedra seco,

que quiere decir que no lleva cemento.

Oye, te veo muy apasionado con el tema...

de las piedras, ¿no? Bueno...

Si yo casi nací aprendido ya. ¿Sí?

(RÍEN)

¿Naciste con una piedra bajo el brazo?

A ti te gusta mucho darle al pico, ¿no?

Pero a este y a este también, ¿eh?

Y ahora, ¿qué hacemos?

¿De qué hablamos ahora, José Luis?

¿De amor?

(Risas)

¿Tú te has ennoviado o qué? ¿Novia?

Sí. Sí, hombre.

Yo he tenido varias... ¿Novias?

Medio novias, medio novias... ¿Medio?

Medio. ¿Cómo que "medio", macho?

O se tiene novia o no se tiene novia.

No, no... Novia formal, formal...

no he tenido... ¿Amigas? Muchas, muchas amigas.

Si es que estás todo el día picando piedra, macho.

Se me ha ido el tiempo en la piedra.

(RÍE)

¿Qué te ha pasado, macho, que te has quedado soltero?

Que te has tirado toda la vida levantando muros

y, cuando has terminado el muro, te das cuenta de que las mujeres

que están al otro lado del muro... ¿o qué ha pasado?

¿Y tú? ¿Yo qué?

¿Cómo estás? ¿Estás soltero o estás casado?

A ver, respóndeme ahora.

Yo estoy soltero también. ¡Ah!

¿Y por qué no te has casado? Que tú ya tendrás...

media edad ya aproximadamente. Defíneme "media".

Media edad, digo yo 35 años, treinta y tantos años...

Yo tengo 40. Oye, me has quitado cinco añetes.

No, 40 igual no tienes todavía. Que sí, joder.

¿Sí? Sí.

¿Y 40 y estás soltero también? Sí.

¿Tú cuántos tienes? Yo, 64.

¿Pero a qué me preguntas a mí, que estoy soltero?

Cásate tú también. ¿Yo?

Todavía eres un hombre joven. Si me caso,

yo te invito a mi boda. No, a la boda no me invites.

¿No? ¿Por qué? Joder...

(Risas)

Porque yo no... No, no... Las bodas no me van.

Tú di que sí, joder. Pero si insisto es casi imposible.

Pues vamos a la tuya. El día que te cases, me invitas.

Si tú te casas, ¿me invitas a la tuya?

Yo también. Yo, por si acaso,

tengo un regalo para ti. Espérate ahí.

Esto, que parece muy simple, es un regalo para ti

que llega desde mi corazón. "With my heart for you".

Aquí pone...

(LEE) "Invitación de boda".

(RÍEN)

(Aplausos)

Lo que pasa es que me falta rellenar lo otro, ¿sabes?

Dice... "Bah, eso ya vendrá". Ahora solo me falta...

conocer a una chica, cautivarla, seducirla, conquistarla,

divertirla, encandilarla, enamorarla, enredarla

y, luego, que me diga que sí.

(Risas)

(Aplausos)

No sé si lo conseguiré, José Luis, pero tú estás invitado a mi boda

y no me voy de aquí sin darte la indicación.

(Aplausos)

(Música)

(Silbido)

Tenemos un vecino aquí de Arredondo. Vamos a ver si...

podemos hablar con él. Hola, buenas tardes.

Hola, buenas tardes. ¿Qué tal? ¿Cómo se llama usted?

Domingo Fernández Pérez. Domingo Fernández Pérez.

¿Me puedo sentar con usted un ratito?

Sí, hombre, lo que haga falta. Aquí estamos,

si me vas a hacer compañía. ¿Sí?

¿Quiere que le haga compañía? Claro.

Domingo, buenas noches. ¿Dónde estás, Domingo?

¡Ay, si está aquí!

Aquí está mi maestro, que se ha sentado en segunda fila,

para ayudarme en lo que sea necesario, ¿eh?

Lo que haga falta. ¿De verdad?

Aprendí más cosas con usted que con "Barrio Sésamo" de pequeño.

¿Y usted qué hace aquí?

Pues ahora ya te puede suponer... Con 77 años... poco.

Entonces, usted ya se ha jubilado, ¿no?

¿Qué hacía usted antes?

(TITUBEA) Albañil. Esta casa la he hecho yo.

Ah, ¿sí? ¿Es suya esta casa?

(ASIENTE)

¿Se vivía antes mejor aquí o...? Había que trabajar mucho, ¿eh?

¿Tú sabes lo que es tirar de cuévano? ¿Qué es un cuévano?

(RÍE) ¿No has visto así... de costillas que hacen así

una cosa redonda? Mira, ven acá.

¿Unas costillas, ha dicho?

(Música intriga)

Ven, agáchate.

(Cacareos)

Cuidado, agacharse por aquí.

Y, de buenas a primeras, va y me dice:

"¿Tú sabes lo que es un cuévano?

Ven, que te lo enseño".

Hostias, Domingo...

¡En Madrid no los hay! En Madrid no los hay...

Y es que yo no sabía lo que era un cuévano

y, de repente, así, sin conocernos de nada...

Y usted ya me quería enseñar un cuévano a toda prisa,

así, a piedra seco.

Sin preliminares ni nada...

Y yo digo: "Eh... Depende de lo que sea, no quiero ni verlo".

Mira, esto es un cuévano. ¿Esto es un cuévano?

¿Para qué sirve? Para llevar aquí...

Metes aquí... la comida de las vacas. ¿Se puede?

Venga, vamos ahí. Esto es el cuévano.

Y aquí metes lo que quieras. Y te lo llevas.

Hasta dinero puedes meter. ¿Aquí dinero...?

Tienes que ganar mucho dinero para meterlo ahí, ¿eh?

Mucho dinero. Mira...

Y después del cuévano,

va y me enseña un taburete de tres patas

y me dice: "¡Es para ordeñar las vacas!".

¿Tú has visto un banco como este? Nunca en mi vida.

Estos los hacíamos mucho para ordeñar las vacas.

¿Cómo ordeñaba usted? Así, mira, mira.

Te sentabas así y, con las dos manos,

primero las tetas de adelante. Claro, que tiene cuatro,

ya sabes que tiene cuatro. Ah, vale.

Tú piensa bien. Si aprietas primero este dedo,

no sale la leche de estos otros. No sale la leche de arriba.

¿Lo entiendes? Haces esto. Y ahí que seguimos con la clase.

Aprieta los dedos así, de arriba para abajo,

de arriba para abajo.

(RÍEN)

Entonces... Llega el momento.

De arriba para abajo. Y que trabaje también este.

¿Este también tiene que trabajar? Este lo tengo gandul yo.

Tiene que trabajar algo, no puede ser vago.

Me vio un dedo vago. Qué observador.

¡Tiene que trabajar algo! ¡No puede ser vago!

(RÍEN)

Venga, entonces es... ¡ahí! Ahí, ahí te he visto.

¿Me has visto bien? Espérate, déjame probar sentado

como si... como si tuviéramos aquí la vaca.

Y después me siento yo en el taburete,

practico lo del ordeño y usted me dice:

"Tan aprisa no. Que igual aprietas primero lo de abajo".

Domingo, a las vacas, yo no lo sé,

pero... a mí me aprietan primero lo de abajo y cuidado, eh.

(Risas)

(Aplausos)

Entonces, ¿me ve usted preparado o no?

Sí. Preparado de la mano sí, pero que te falta lo principal,

un caldero. ¿Un caldero? ¿Para qué?

Para recoger la leche. Tiene imaginación también.

Usted tiene mucha imaginación también, ¿no?

Y muchos años, hijo. Ahí, aprieta las rodillas.

Yo quería aprender, eso es verdad. Él me vio la actitud

y, entonces, me dice: "¡Te falta lo principal!".

Y pensé: "Pues claro, me falta una vaca, joder".

(Risas)

Domingo, está usted hecho un maestro.

Sus clases son... la leche.

(Aplausos)

(Música animada)

Domingo me acaba de enseñar lo importante

que es tener paciencia y calma para todo,

también para el amor. ¿A que sí, José Luis?

Paisano, gracias por enseñarme que cualquiera puede enamorarse

y que, para ello, no hay que estar solo,

sino preparado. Amar lleva su tiempo

y yo creo que lo tenemos a un tiro de piedra,

pero... mejor nos lo tomamos con calma.

(Continúa la música)

Mirad en qué lugar... tan fantástico nos encontramos,

en pleno corazón de Cantabria.

Si tuviéramos el capricho de caminar y atravesar esas montañas

hacia el norte, llegaríamos a Santander.

Si, en cambio, nuestro capricho fuese atravesar esas de ahí,

hacia el sur, llegaríamos a Burgos. Y si fuésemos de frente,

nos daríamos de bruces con el País Vasco.

Y a nuestros pies, ¿qué se halla?

Un pueblo maravilloso,

¡Arredondo!

(Música)

Uy, uy, uy...

(Claxon)

Qué susto me he dado. Madre mía...

Ven, ven.

(Motor)

No sabes el susto que me he dado.

Iba yo tan tranquilo por la carretera y, de repente,

me he topado... ¿Cómo te llamas?

María José.

(SE BESAN)

(Motor)

Me llamo Edu. ¿Edu? Muy bien.

¿Me puedes apagar el...? Sí, apago el motor.

Pues que iba yo tan tranquilo viendo el paisaje y, de repente,

me encuentro el tractor, no como el de la canción, amarillo,

pero el tractor naranja. Naranja, naranjito, sí.

Igual que mi coche... naranjito.

Sí, ya lo veo. ¿Esta es tu casa?

Esta es mi casa, sí. Siempre has vivido aquí.

Eh..., sí.

(Claxon)

No, he vivido en Navarra un año. Un año en Navarra.

Cuando me casé, tuve a mi primera hija

y, a los siete metes, me fui a Navarra a una conservera.

Ah, ya tienes una hija. Sí, tengo tres.

¿Tres hijas? No. Dos hijas y un hijo.

¿Y cuándo empezaste a tener hijos? Pues a los 16 años.

Ah... Pronto, por si acaso.

¿A los 16 tuviste tu primer hijo? A los 16, sí.

Mi primera hija a los 16 años. Buenas noches, María José.

(BESA)

(Risas)

¿Qué te pasó? Que te leíste la revista "Ser madre hoy"

y te lo tomaste al pie de la letra, ¿no?

Oye, ¿tú querías ser mamá tan joven? No, no.

Pero... las circunstancias. No, quería salir un poco más

y disfrutar un poco más de la vida,

pero... fui madre joven. Como estoy adaptada

desde muy pequeñina a trabajar, pues me acostumbré.

Y no se me hizo duro seguir con mi hija y mi otra hija después,

a los cinco años, y mi otro hijo a los dos años.

Tengo una nieta. Ah...

Pues sí, tengo una nietuca de dos años.

¿Eres abuela? Soy abuela.

¿Te puedo preguntar la edad? Sé que no se hace, ¿eh?

43 voy hacer ahora en octubre. 43 años.

(RÍE) Sí...

Yo soy un bobo... Yo tengo 40 años

y aún no he hecho nada. Bueno, todavía te queda tiempo.

O sea, me dejas a la altura de una babucha ahora mismo.

De aquí a los 90 años, todavía te queda mucho que hacer.

Hay que ver lo que es la vida, ¿no? Tú con 43 años y abuela

y yo con 40 y soltero. ¡José Luis con 64 y picando piedra!

(Risas)

(Aplausos)

¿Y es fácil conducir un tractor de estos?

(SUSPIRA) Sí, no es difícil. No, no es difícil.

¿Quieres ponerte? Está el freno de mano echado, ¿no?

Sí, sí.

Dale a la llave.

(Motor)

¡Oh!

Oye, que me da miedo. ¿Y el freno cuál es?

Este.

¡Ah! ¡Ay!

(Música animada)

(GRITA) ¡Hola!

Bien, bien.

(Continúa la música)

Ahora tenemos que meternos por ahí atrás.

¿Hay que meterlo ahí? Sí, hay que meterlo ahí.

Para dejarlo ahí ya. ¿Cómo va la marcha atrás?

Esta palanca la tienes que dar para atrás.

(Motor)

Tienes que tirar de este botón... ¿Y esto?

Ahora, tira de la llave que se queda el contacto.

¿Así? Sí.

(SUSPIRA)

Oh, qué bien lo ha llevado, Edu. Ay, qué viaje más...

Qué bien lo has llevado, Edu. Estás hecho un profesional.

María José, yo te digo una cosa, tú has creado una superfamilia

porque tú eres una supermadre, una superabuela y una supermujer.

Un aplauso para ti.

(Aplausos)

(Música suave)

Quién me iba a decir a mí

que me enseñaría a conducir un tractor una abuela.

La historia de María José me ha hecho ver

que, después de todo, uno puede ser inmensamente feliz a los 40

estando soltero o con nietos.

Y que lo importante no es la edad, sino tu actitud ante la vida.

(Continúa la música)

Uy, uy... Para, para...

Ahí hay montado un sarao... Vamos, esto es de interés público

pero ya te lo digo ahora. Sígueme, sígueme.

Buenas tardes.

Hola.

¿Qué pasa?

Aquí estamos, entrenando a pasabolo tablón.

Pero ¿esto qué es?

¿Puedo bajar y me cuentas?

Sí, baja por ahí. Espera, espera.

Que no tire ahora.

Muy buenas. Hola.

¿Cómo se llama usted? Agustín Martínez.

Agustín, yo soy Edu. Encantado.

Mucho gusto. ¿Esto qué es?

Esto es una modalidad de bolos de aquí, de Cantabria.

Se llama pasabolo tablón. ¿Cómo, perdona?

Pasabolo tablón. Pasabolo tablón.

Sí, y se juega con bola y bolos.

¿Y los bolos dónde están? Los bolos son estos que están aquí.

Ah, ¿esto es un bolo? Sí, esos son los bolos.

Cuidado, cuidado con esto. Me cago en la leche, ostras.

Esto... ¿Cuánto has dicho que pesa?

¿Siete kilos? 7,300. Por ahí, más o menos.

Cada uno tira con una bola acorde a su potencia, diríamos.

A su peso también, ¿no? A su peso exacto, sí.

Agustín y Jesús, buenas noches.

Esto del pasabolo tablón, ¿cómo surge?

¿No se os daba bien el fútbol?

Y dicen: "Vamos a tirar un bolo a tabla".

Así lo entendí yo. Pasa bolo tablón.

Cada uno tiene sus bolas acorde a su peso.

O sea que con las bolas de los otros no se juega.

Me parece estupendo.

Tanto para el pasabolo como para la vida en general.

¿Tú cómo te llamas? Jesús Martínez.

Iba a chocar el bolo. Venga, choca el bolo.

Tú eres un tío que le da bien a esto, ¿no?

Bueno, más o menos. Lo intentamos.

Eh, ahí con la modestia. Bien, bien.

Esos son los buenos jugadores. Lo intentamos, lo intentamos.

¿Tú me enseñarías a tirar a esto? Cómo no.

No veas cómo le da este también.

Y como estaba un poco perdido, te pedí que tiraras tú primero.

Entonces veo que coges la bola, la pones delante,

arrancas a correr... Zas.

Hostia, esto... ¿Qué ha pasado?

(RÍEN)

Ha sido ponerme a jugar al pasabolo y mira, ¿eh?

Ahora voy a probar. Yo me tiro al barro ya.

Llega mi turno, cojo la bola, arranco, me agacho y tiro.

¡Sí, señor! He nacido para esto.

(RÍEN)

Edu, esto es lo fácil. Meter la bola por el tablón.

Después los bolos... ¿Dónde van los bolos?

Aquí en estas chapas... ¡Méteme bolos ya!

¡Méteme bolos ya!

Hay que tirar esto, otro aquí y otro ahí.

Pero hay que mandarlos donde está ese hombre o un poquitín más atrás.

Pero ¿qué me estás contando?

Lo que no sabía es que los bolos había que mandarlos al prado.

Di prado o di a tomar por saco.

Me estás dando un bajón...

Yo pensaba que era bueno pero esto se ha complicado bastante, ¿eh?

¿Por qué no haces tú uno primero? Haz uno primero tú, ¿no?

¿Probamos?

Va de nuevo Jesús, coge la bola... Patapum. Salen volando.

Uno llegó hasta Santander.

17. 170. Se ha quedado un bolo más atrás.

170 puntos.

Yo cojo la bola y digo: "Pues a por los 170 puntos".

Aúpa, Edu. ¡Toma ya!

¡Toma ya! A ver, ¿cuántos puntos he hecho?

Como gane a Jesús ahora... Como gane a Jesús...

51. 51. Te han faltado 120.

Solo te han faltado 120.

Hombre, Jesús, que era mi primera vez.

A ver si estamos jugando al pasabolo cabrón y no me he enterado.

(RÍEN)

(Música)

Hola, buenos días. ¿Qué tal? Yo me llamo Edu.

Y yo Manolo. Mucho gusto.

Igualmente.

¿Qué está usted, haciendo su rutina diaria?

Sí, sí. Hay que andar un poco.

Aprovecho a ir a andar y coger caracoles.

Están ahí los caracoles que se salen.

Se salen, sí. ¿Es usted de aquí?

No. Yo soy gallego. Ah, gallego.

¿Y qué hace usted aquí? Vivo en Bilbao.

Vine con 18 años a Bilbao.

Me he casado con una chica que era de aquí.

Se ha muerto el día 19 de enero de este año.

¿De este año, se murió? Sí.

Ahora vengo de verla. Vamos, de verla... Del cementerio.

¿Llevaba toda la vida con ella? 60 años.

No son pocos, ¿eh?

Imagino que la echa usted de menos.

Bueno, hombre, hay que seguir caminando.

No queda más remedio.

Se mueren los guapos, los feos, los inútiles...

Los ricos y todos. Todos, todos.

Estará en el cielo ella, ¿no?

¿Tú crees que hay cielo? Yo no. Yo no.

Es una buena pregunta. ¿No crees que haya cielo?

Yo no. El cielo está aquí.

Aquí es donde tienes que hacer bien a todos los que puedas.

No hacer mal. El cielo es este.

Manolo no ha podido venir porque tenía algún problemilla de salud.

Espero que estés bien, Manolo.

Estoy convencido de que usted lo hizo muy bien con su mujer,

y que ella, allí donde esté, se lo está agradeciendo.

Ella con usted a su lado no estuvo en el cielo,

estuvo en el paraíso. Un beso, Manolo.

(Aplausos)

¿Me da usted un abrazo? Sí.

Venga. Cuídese.

Y ánimo, que hay mucha vida por delante.

Vale, gracias.

(Música)

"El cielo está aquí, esta frase de Manolo me la quedo.

De hecho, la enmarcaré como lema de vida.

Me ha tocado el corazón hablar con Manolo,

porque me ha hecho ver que el destino no es un lugar,

como creemos, sino una nueva forma de ver las cosas,

sentirlas y disfrutarlas antes de perderlas".

(Música)

Hola, buenas tardes.

¿Me podría sentar aquí un ratito con ustedes?

Sí, cómo no. Es que...

Está bien que se siente algún joven, ya estamos viejas.

Pero están ustedes aquí estupendas.

María, Manuela y Marisol, buenas noches.

Anda que no estaban bien ahí las tres sentadas, ¿eh?

Nada más verlas pensé: "Este muro de piedra,

con el éxito que tiene entre las mujeres,

seguro que José Luis no lo ha hecho.

(RÍEN)

¿Se vive bien aquí o no? ¿Aquí?

Aquí tenemos mucha tranquilidad. Lo que no tenemos es dinero.

Pero a falta de dinero... De eso no tenemos.

Ni banco para sentarnos, que vamos abajo y no hay un banco.

Se lo hemos pedido al alcalde y que no se puede poner un banco.

No me diga a mí...

¿Que no se puede poner un banco para las tres Marías?

¿Dónde lo quiere?

Pues ahí o más abajo, donde sea. ¿Y si lo ponemos ahí?

No, porque tenemos esto. Nos apoyamos aquí.

Ah, esto os viene bien. Claro.

Y entonces, ¿para qué quiere un banco si esto ya le viene bien?

Pues para abajo, cuando yo bajo abajo a andar, que le pongan abajo.

Ah, usted anda para abajo.

Entonces, cuando llega allí, quiere un banco para sentarse allí

y luego llega aquí y se sienta aquí.

Voy a medir el banco. A ver, esto es 1 metro, más o menos.

Uno, dos y otro más para que sobre un poco. Tres.

Un banco de 3 metros. Eso.

Diga que sí.

Que puedan estar las tres a sus anchas, sin apretujarse,

sin tocarse el codo, sin rozarse.

Que quepan bien, que es un banco y no un avión de Ryanair.

¿De qué color quiere el banco? Igual nos da. Sufrido.

¿Sufrido? ¿Y eso qué es, sufrido?

¿Que sufra mucho el banco? No, no, no.

De color café con leche o así. ¿Café con leche?

Sí, o avellana o algo así.

No nos vas a poner un banco blanco, que se queda negro enseguida.

No, blanco no. Pues eso.

Y yo pensaba: "¿Cómo sufrirá un banco?".

A lo mejor tiene sobrepeso y sufre. Y me deciden: "No, café con leche".

Qué precisión. Café con leche. Pero ¿cómo quiere el café con leche?

¿Cargado de leche, cargado de café? ¿De sobre, de máquina?

¿Con sacarina, con azúcar?

A ver, María, de verdad. ¿El café con leche es un color sufrido?

Es una pregunta. ¿Es sufrido?

¿Sí?

Me parece a mí que aquí lo más sufrido del café es sacar la leche.

Sobre todo, si te enseña Domingo.

Vale. De madera, de piedra, de hierro.

De madera aquí hay mucha humedad y se pudre enseguida.

De madera descartado. De hierro.

¿De hierro? Si para usted el hierro es cómodo...

No, hombre, o de piedra.

La piedra me parece más calentito, ¿no?

Bueno, calentito, menos frío. Menos frío igual, sí.

Eso, en menos de un año tenemos que conseguir.

Que Dios te oiga, la falta que nos hace.

Dios no, que nos oiga el alcalde.

¿Dios qué tiene que ver en todo esto?

¿El alcalde?

¿El alcalde?

(RÍEN)

¿El alcalde?

Déjame en paz, porque del alcalde estoy hasta la coronilla.

Pero ¿qué me está diciendo? Hombre.

He pedido el banco no sé cuántas veces...

A ver si no se va a poder poner un banco arriba, aunque sea,

o en la cruz, arrimado.

¡Cómo se puso María!

El encabronamiento que cogió. Parecía Paco Umbral.

"He venido a hablar de mi banco".

Vamos a ver, María.

Si yo le consigo a usted el banco, ¿qué me da usted?

¿Yo? Un abrazo fuerte y cuatro cafés, que los pago arriba, donde queréis.

No me mandáis bajar...

En vez de cuatro cafés y un abrazo, cuatro abrazos.

Cuatro abrazos. Cuatro abrazos y un beso.

Bien, vamos.

¿Puede subir usted un momento conmigo?

Vamos a solucionar esto, María,

porque si no yo no me voy tranquilo de aquí.

Ahí, la que me va a liar María.

Cuidado, cuidado, me cago en la Virgen.

¿Qué quiere, bailarme un chotis, María?

Mire, María... Ay, que guapa que eres.

Guapísima.

Con lo fea que soy, que me digas eso...

¿Cómo va usted a ser fea? Cuando tenía 15 años...

Usted a mí con 15 años no me interesa,

me interesa ahora. Uy, madre.

Para que no se enfade, yo le traigo un regalo, ¿me lo acepta?

Sí, sí, hombre. Muy bien, gracias.

Pero espérate, que no te lo he dado. Yo te doy las gracias a ti.

¿Y si no te gusta qué? Sí, me gusta.

Sí te gusta, ¿no? Lo que venga gratis...

(RÍEN)

Quédese aquí quieta.

Un momento, que cogemos el bastón. A ver...

Espérate. ¿Para darle al alcalde, no?

Para darle al alcalde, me dice. ¡No!

El bastón no es para darle al alcalde,

es para que usted se sostenga.

(RÍEN)

¿Qué será?

No sé, no sé. A lo mejor es una vaca.

¿Le quito esto?

(Aplausos)

Vamos a estrenarlo.

Voy a coger el micro,

porque me suelta usted cada perla por la boca...

Doy gracias, gracias a vosotros.

Y al alcalde también, que habrá hecho algo.

No ha hecho nada.

(RÍEN)

Ahora le voy traer yo un regalo y le va a dar las gracias al alcalde.

Me tiene usted contento.

Tú también a mí por lo del banco.

No sé si seguir con el monólogo o dejarla a usted toda la noche aquí.

No me quite el micro, que luego hace así y no se le oye.

Ahora solo le hace falta que el alcalde se lo coloque

donde usted elija.

Donde yo diga.

No, primero voy a consultar con las amigas

a ver dónde les parece a ellas.

Usted me ha prometido que si le traía un banco ¿qué iba a hacer?

Darte cuatro besos, pagarte cinco cafés...

Cafés no quiero, quiero los besos. Venga, gracias.

(Música)

Toma ya. Alto, alto, alto ahí.

Mira qué pedazo de torre.

Arquitectura de primer nivel. Qué maravilla. Vamos a verla.

Muy buenas. ¿Qué hay? Buenas.

Hola, ¿qué tal? Soy Edu. Lolo.

Encantado. ¿Te puedo preguntar?

Sí, sí, pregunta.

He parado y me he quedado... sorprendidísimo.

Te ha llamado la atención. Sí, esto es una torre...

Esto es una torre faro. ¿Una torre faro?

Una torre faro, sí. Ya decía yo. Me recuerda a algo...

Un faro. Pero está lejos del mar. Ya, ya.

En teoría, se quería hacer para que se viese Santander,

pero eso yo creo que es una leyenda. ¿No se ha conseguido?

No, no. Imposible. Lolo, buenas noches.

Que no te engañen, Lolo.

La torre faro no era para que se viera Santander,

era para que María viera desde ahí arriba dónde quería poner su banco.

Desde aquí se tiran en las fiestas patronales los cohetes.

¿Ah, sí? Sí, sí. Desde arriba.

¿Quién tira los cohetes? Yo mismo.

¿En serio? Llevo muchos años.

¿Pero te dedicas a eso? No, no, no. Yo soy carnicero.

O sea que Arredondo tiene una torre faro y un carnicero petardo.

¿Cuándo se tiran los petardos en este pueblo?

En las fiestas patronales. El 26 de junio.

Pero me ha sobrado alguno, ¿eh? ¿Te han sobrado petardos?

Sí, pocos, pero me ha sobrado alguno.

Yo quiero tirar un cohete, ¿eh? Pues los tiramos.

¿Hay ascensor o qué? No, no. 150 escalones.

No me digas.

(RÍEN)

150 escalones. A lo mejor no me la notaste,

pero llegué más cansado que José Luis

después de hacer la muralla china a piedra seco.

(RÍEN)

138, 139, 140,

141, 142...

150... 150 justos.

Ay... Toma ya.

¿Qué te parecen las vistas?

Una maravilla. Esto es un regalo que nos acabas de hacer.

Sí.

Merecía la pena, te lo dijo. Sí.

150 escalones, pero merecía la pena, ¿a que sí?

¿Y tú dónde tiras los petardos normalmente?

Por aquí.

¿Desde cuándo eres el encargado de tirar los petardos?

(Campana)

30, por lo menos.

¡Gong!

(RÍEN)

No sé si me vas a asustar tú más con los petardos...

Entre subir las escaleras y esto...

Me tienes desfondado, Lolo.

Enséñame el material pirotécnico. Este es el material.

Toma ya.

¿Tiramos alguno?

Pues yo creo que es un buen momento. ¿O lo tienes miedo?

Bueno, ahora he visto el petardazo y digo: "Cuidado con eso".

No, que esto va para arriba. Ya, ya. Siempre va arriba.

Sí, sí. Por la cuenta que nos tiene.

Vamos a tirar de momento para ellos, ¿vale?

Venga.

Mira, con la mano el tío. Pero ¿qué haces?

Anda, la leche. Toma ya.

¿Qué te parece?

Pero no sabía que lo aguantabas tú con la mano.

¿Tú no conoces el miedo?

Tira los petardos con la mano así.

Tú, Lolo, los tienes tan gordos...

No te caben ni en el cuévano de Domingo.

(RÍEN)

Yo no sé si me atrevo a eso, ¿eh?

Pero... ¿Se va solo?

Sí, va solo.

Tío, me da miedo. Te lo digo en serio.

(RÍEN)

Estaba acojonado, os lo digo. Se ha visto, ¿no?

Esto sí que no me mola.

Aguanta ahí. No le sueltes, ¿eh?

Pero sin apretarle mucho.

Cógelo sin apretar, sin apretar.

¿Sin apretar el qué? ¿Los dedos?

Pues menos mal. El culo sí lo tenía bien apretado, ya te lo digo.

Suave. Sale solo, sale solo.

¿Lo suelto? Que sale solo.

Y yo: "Me cago, lo suelto". Y él: "No, que sale solo".

(GRITA)

Hostia.

Me he acojonado.

Hostia. Pero ¿cómo te gusta esto?

Lolo, gracias.

Pero no vuelvo a tirar más petardos en mi vida.

¿Sabes por qué?

Más vale petardo en mano que dedos volando.

(Aplausos)

(Música)

Vaya día de traca que llevo.

He jugador pasabolo, he aprendido a ordeñar vacas,

y he terminado tirando petardos desde lo alto de la torre.

Ahora a descansar un poco y mañana a ver qué me depara

mi segundo día en Arredondo.

(Música)

Hola, buenos días. Hola, buenos días.

¿Qué tal? Te pillo acelerada. Claro.

¿Cómo te llamas? Yo me llamo Edu. Me llamo María Jesús. Me llaman Chus.

Encantada. Chus. Mucho gusto.

¿Eres enfermera? Pues no.

¿Doctora? No, nada.

¿Veterinaria? Nada. Repartidora de pan.

Ah, mira, claro.

¿La bata para qué la llevas?

Llevo el bolso y aquí cobro la barra de pan.

Y ya me tengo que ir.

Chus, ¿dónde andas? Hola, Chus.

¿Qué tal ha ido el reparto de pan hoy?

Bien. Bien, ¿ha ido bien?

Ibas con mucha prisa, ¿no? ¿Quieres venir conmigo?

Sí, es que te veo con prisas. Me ayudas.

Oye, qué guay.

Me subo a la furgoneta, me siento, agarro la caja de panes,

me la pongo en el regazo y arrancamos,

y nos vamos a casa de Begoña.

Tienes a Chus contenta.

Dice: "Claro que sí. Cómo no la voy a tener contenta".

Vamos, que la tienes hasta los panecillos.

(Claxon)

Tocas el claxon.

Hay que insistir, es un poco tardona.

¿Siempre avisas así, Chus? Siempre.

A Begoña, sobre todo. A Begoña, sobre todo, dice.

¿Todo esto es para ti? No, para mí es menos.

Venga, elige.

No, pero te tienes que poner el uniforme.

Me pasas el uniforme con la pasta y todo.

Me fío, ¿eh? ¿Qué te parece?

Muy bien, perfecto.

Venga, va, ¿cuál es tu pan? Esta...

Otra chapata.

Aquí os ponéis las botas de pan.

¿Cómo es Chus de repartidora?

Una chica muy maja, muy bien, y servicial y muy bien.

A mí me ha dicho Chus que tú eres una mujer tardona.

Begoña es muy buena persona, pero es muy tardona.

Mecachis la mar.

¿Algún día la has visto aquí esperándote?

Nunca.

-No, bueno, a veces. -No, Begoña, nunca.

De verdad que no, nunca.

-Me está resultando mentirosa la panadera.

-Sincera 100 %.

-A veces sí que estoy por aquí, pero bueno.

Tú Begoña, cuando me ves bajar por la cuesta,

a ver si un día te veo aquí.

-Yo soy como los alcaldes, me retraso un poco.

Pero al final el resultado tiene que ser bueno, ¿eh?

Hombre... Somos buena gente. Ellos y yo.

Como las reinas, cuando tiene que llegar.

Yo he llegado y he dicho: "¿Donde está Begoña?

¿Ha llegado?"

Digo: "Esta me va a llegar en los aplausos finales".

Llego siempre, aunque tarde.

Llego siempre, aunque tarde, dice. No tiene morro la tía.

Baja a Arredondo, la veo, tarde a la consulta,

tarde a la farmacia, tarde a la carnicería...

Diríamos que eres la tardona del pueblo.

No, hay más tardones que yo. ¿Hay más?

Digo yo, que no lo sé.

Pero ¿cómo lo vas a saber si siempre eres tú la que llega la última?

(RÍEN)

Bueno, pues nada más, oye, que tengo un poco prisa,

aunque sea tarde.

(RÍEN)

-Es raro. Ella tiene prisa, ella tiene prisa.

-Me están esperando. Te voy a devolver la bata.

Hasta luego. Hasta luego, familia.

Por cierto, se me está ocurriendo una cosa.

Oye, José Luis, a lo mejor tu destino no es estar soltero,

lo que pasa es que tu media naranja es como Begoña.

Y se está retrasando un poco.

(Aplausos)

(Música)

Hasta luego.

(Continúa la música)

Buenas tardes. Buenas tardes.

¿Qué tal? ¿Qué hace aquí usted sentadita?

Pues aquí, mira qué tranquila estoy.

Pero ¿que está usted aquí, tomando el fresco?

Pero, hombre, pues sentada. Tranquila. Qué voy a hacer.

Se está a gustito aquí.

Cuidar las vacas, que tengo ahí dos también,

y así sucesivamente.

Pero está cuidando las vacas a distancia.

No, están ahí. Ah, están ahí.

Sí.

¿Cómo se llama usted? Yo Carmela.

Oye, Carmela, que eres la abuela más moderna del pueblo,

por lo menos, ¿no? Uy.

Con tus zapatillitas, tu vestido... Oye, estás bien moderna.

Ah, sí, sí, muy moderna, completamente.

Como la Presley o alguna así.

Carmela, buenas noches.

Moderna como la Presley, ¿no?

Pues mire, déjese de tonterías,

que la Presley a su lado está más pasada de moda

que una riñonera.

(Risas)

¿Qué distracciones tiene?

Diversión ninguna, la televisión. Lo demás, ninguna, hijo.

¿Y qué mira en la tele?

Partidos de fútbol lo que más. Qué me dice.

¿Y le gusta mucho el fútbol? Muchísimo.

No me diga. ¿De qué equipo es? Yo del Madrid.

¿Del Madrid? Sí.

Tengo un gallo ahí de cemento, que es muy bonito, y se llama Isco.

Y otro que es muy malo,

que se me escapa por ahí abajo, Messi.

Ah, que le pone nombre a los animales y a las cosas.

A los de cemento... A todos también, a los de verdad, ¿eh?

Ah, ¿sí? Sí.

Si tuviera ahora...

Si sus vacas dieran a luz ahora,

¿qué otro nombre le pondría al nuevo animal que vendría?

Pues no sé. Si es una becerra, Tatira.

Tatira. ¿Por qué?

Porque es muy guapa Tatira,

aunque sea del Barcelona, pero es guapa.

¿Tatira?

(Risas)

Usted se refiere a Shakira, ¿no?

A la mujer del "Tité".

(Risas)

Oye, ¿me enseñas a Messi? ¿A Messi?

Allí a la puerta está, verás. ¿Sí?

Sí, sí. Vamos a ver a Messi.

Y a Isco, y a Neymar, y a todos los que quieras están ahí.

Ah, ¿Neymar también? Ese no me le había dicho.

Sí, pero es un burro, ¿eh?

Ah, ¿Neymar es un burro? Claro.

Mira, verás. Ah, mira. Aquí, aquí empiezan.

Este se llama Isco. Es muy bonito. ¿Y este?

Y este es Neymar. Sí.

Oye, pues sí que se parece un poco.

No se parece, es igual que él, hombre.

Igualito, igualito.

Dice que es igualito a Neymar. Pero es igual.

(RÍEN)

Vamos, "clavaícos", eran "clavaícos".

Carmela, no es por nada,

pero no se parecían en nada, ya te lo digo yo.

A la que te acercas no hay siete diferencias, hay 25.

(RÍEN)

Carmela, ha sido un auténtico placer conocerla,

a usted y a todo su equipo de fútbol.

Muchas gracias.

(Aplausos)

(Música)

"Me quedo con la imagen de Carmela y su sonrisa,

pero sobre todo con lo que me ha transmitido,

su pasión por las cosas sencillas que le rodean:

su pueblo, sus particulares animales,

su afición al fútbol.

Esta abuela moderna me ha enseñado que también se puede viajar

con la imaginación, y eso mola mucho".

(Continúa la música)

Madre mía, madre mía. Mira, mira, mira.

Mira qué cuestecita.

Vamos, Naranjito, a por ella. Vamos.

(Música)

¡Vamos ahí, campeón!

¡Aúpa ahí!

(Continúa la música)

Oh, oh, oh, oh.

Mira, mira, mira.

Mira, hay un poquito de caravana.

María José, ¿eres tú? Sí.

Pero mírala. ¿Que vas, con la vaca?

Sí, con la vaca, para ordeñar. ¿La vas a ordeñar?

Sí.

Oye, ¿por qué no me esperas y la ordeño yo?

Ah, pues sí. Yo te espero, sí. ¿Sí?

Tardo, tardo cinco minutos, que voy a por mi maestro.

Vale, muy bien. Muy bien. Yo te espero.

Vamos. Ahora vuelvo. ¡Venga, Edu!

¡Vamos, campeona! Ay, que tenemos vaca para ordeñar.

(Música)

A por ella vengo. Aquí hemos llegado.

Y aquí lo tenemos.

Lo sabía, es que es un San Luis. Aquí lo tengo, mira.

Domingo. Buenas tardes.

Dónde va a estar, en su banco.

María, él sí que tiene banco, ¿eh?

(Risas)

Domingo, qué poco se lo esperaba usted, ¿eh?

Que fuera a buscarle para hacer las prácticas de ordeño juntos.

Pero ¿y ya tendrán allí dónde sentarte o algo?

¿O hará falta el banco?

Usted tráigase el banco. Por si acaso.

Por si las moscas.

Oye, estaba mi padre una vez trabajando,

y le dijo una...

Le quitó los clavos y eso de encima del andamio, y le dijo:

"Vale más un por si acaso que quién lo habría sabido".

No he entendido mucho, pero vaya a por el banco.

Yo no he entendido mucho eso.

(Risas)

Domingo, voy a decirle la verdad.

Cuando me lo contó... no entendí nada.

Pero no me lo explique ahora otra vez porque no lo voy a entender.

(RÍEN)

Usted lo que quería decir era: "Más vale prevenir que curar".

¿No? ¿Era eso? Pues haber empezado por ahí, hombre,

que me estaba girando las palabras de una manera

que al final no sabía si estaba hablando con usted

o con el maestro Yoda.

(Música)

Pero ¿qué se lleva usted?

Entonces, nada. Venga.

(Continúa la música)

Dame el banco. El banco mágico.

Nos espera... una tarde gloriosa. Gloriosa.

María José, ¿estás por aquí? Sí, estoy aquí.

¿"Ande" andas? Aquí.

María José, ¿qué hacemos? ¿Entramos o la sacas tú?

No, la saco yo. Mejor.

La amarramos y la ordeñamos fuera. -Mejor. A ella ya la conoce.

(Música)

Vamos, Princesa.

¿Cómo se llama? Princesa.

Princesa. Vamos a ordeñar a la Princesa.

A la Princesa.

Domingo, toma tu banco, toma tu banco.

A ver si la teoría la tengo bien aprendida.

Primero hay que sobarle un poco las tetas y mojárselas.

Oye, está calentito esto, ¿eh? Claro.

Me cachis la mar, nunca había estado así...

No alcanzas igual. ¿Alcanzas? Sí. ¡Mira!

Ostras, mira cómo sale.

De una sí me sale bien, de la otra no...

Oye, enséñame tú.

Al principio salía leche solo de una ubre,

la otra me costaba un poco más.

Pero qué más quieres,

si estaba ordeñando a... lo José Luis, a dedo seco.

(RÍEN)

Entonces, te pusiste tú y, con toda la tranquilidad,

empezaste a apretar ahí, de arriba a abajo,

de arriba a abajo.

¿Ves cómo va saliendo? Sí.

Y el dedo de abajo no trabaja nada. Ah, ya lo veo, ya lo veo.

¡Ya lo he pillado! Trabajan los de arriba.

Ya lo he pillado. Déjame a mí.

A ver, cambio de tercio.

Que eres muy grande, que te tienes que doblar.

Me tengo que doblar yo, ¿no? Sí.

A ver si me va a dar una patada, ¿eh?

Oye, ¿no le haré daño?

Sí, sí, mira, mira.

(Música)

Oye, Domingo, ¿qué nota me das?

Un 10. ¿Sí?

Claro.

Sé que estuviste generoso conmigo, eh, Domingo,

pero después de ordeñar contigo a la vaca Princesa,

ya puedo decir que me he sacado el carné de vaca.

Ahora solo tengo que llevar durante un año la L de vaca.

(Risas)

(Aplausos)

(Música)

"En la vida dicen que hay que hacer tres cosas,

escribir un libro, plantar un árbol y ser padre.

De ordeñar vacas no dicen nada, pero digo yo que sumará.

En Arredondo no he plantado ningún árbol,

pero he plantado un banco para María.

Tampoco he sido padre,

pero he aprendido que se puede ser una abuela feliz a los 40.

Y lo del libro de momento nada.

Pero una cosa te digo,

con lo que he vivido aquí,

cualquier día de estos me escribo uno... Y hasta dos".

Y ahora que he pasado 48 horas con todos vosotros

ya puedo deciros que me siento vuestro paisano.

Paisanos de Arredondo, ¡sois muy buena gente!

(Aplausos)

(Música créditos)

Bueno, como has visto, tengo razón, ¿no?

Ha venido al programa tarde. ¿Has llegado tarde?

Bueno, pero por ciertas circunstancias.

(Continúa la música)

¡Hostia!

Oye, que si quieres, llevas el banco, ¿eh?

Te doy el banco.

¿Me darías tú tu...? Sí, hombre, sí.

Tu banquita de tres patas. Sí, hombre. ¿Por qué no?

Y cada vez que me siente a tomarme un vaso de leche

me lo voy a tomar ahí. Y te acuerdas de mí.

Como si me lo tomara de la vaca. Sí.

-¿El banco quién me lo da?

El banco lo tengo ahí. Ese banco es para ti.

¿Le cogemos nosotros ahora?

(Continúa la música)

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El paisano - Arredondo (Cantabria)

13 dic 2019

Edu Soto viaja hacia Arredondo, un pueblo cántabro situado a 45 kilómetros de Santander, allí conocerá a paisanos y paisanas que le robarán el corazón.

Contenido disponible hasta el 25 de octubre de 2023.

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