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Para todos los públicos El escarabajo verde - Ciencia infinita. Cibertaxonomía - ver ahora
Transcripción completa

¿Habéis oído alguna vez el término cyber taxonomía?

Es una nueva herramienta digital

que sirve para revalorizar las colecciones biológicas

de los museos de historia natural de nuestro país.

Cómo este museo de Barcelona dónde nos encontramos ahora.

Empieza El escarabajo verde.

Los avances en bio informática, fotografía digital

o tecnologías de la información,

contribuyen a un mayor conocimiento taxonómico

que revierte, también,

en un mayor conocimiento de nuestra biodiversidad.

El pasado octubre el consorcio de instituciones europeas de taxonomía

celebró su vigésimo aniversario en el Real Jardín Botánico de Madrid

Investigadores, comunicadores y responsables

de política científica internacionales de 59 instituciones

de más de 20 países de Europa,

reivindicaron las nuevas parcelas económicas

relacionadas con el conocimiento de los datos biológicos.

En el trabajo con colecciones de historia natural

también hay oportunidades de negocio.

La periodista del programa fue a dos de los museos

que albergan algunas de las colecciones naturales

más importantes de nuestro país.

Nos descubre cómo las clasifican y conservan.

Pronunciar la palabra taxonomía es un reto

pero realmente es una ciencia que está más cerca de nosotros

de lo que pensamos.

¿Quién no ha dedicado en la infancia su tiempo

a coleccionar y clasificar gusanos de seda, mariposas,

minerales o jabones?

Muñecas de trapo, saltamontes, patitos de goma o escarabajos.

La taxonomía se define como la ciencia que trata

de los principios, métodos y fines

de la clasificación de colecciones biológicas.

Su objetivo es la ordenación jerarquizada y sistemática

de los grupos de animales y vegetales.

El padre de toda esta nomenclatura, vigente todavía,

es el naturalista Linneo y su sistema binomial.

Fue una herramienta vital para la zoología

y su aplicación se amplió a los invertebrados;

insectos, esponjas, corales, equinodermos y moluscos

nutrieron desde el siglo XVIII los gabinetes de historia natural.

En nuestro país, es el CESIC,

el centro superior de investigaciones científicas,

el que sistematiza y custodia todo este archivo natural

a través de varios organismos públicos,

entre ellos, el Real Jardín Botánico

y el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid.

Sólo éste último acaba de cumplir 240 años

poniendo orden y etiquetando los nuevos descubrimientos científicos

del medio natural.

-Es importante la colección que estáis viendo,

yo diría que hay como unas 6.000 especies diferentes

y teniendo en cuenta que el jardín tiene siete hectáreas

pues es una concentración de diversidad biológica muy amplia.

Tenemos un millón de ejemplares de plantas secas

y otra colección importante del banco de germo plasma,

plantas de las que tenemos semillas

y en caso de que hubiera problemas de conservación

siempre tienes una reserva para conservarlas.

-Cómo explicar que la taxonomía es importante para la ciencia

y para el propio mundo nuestro.

-Hay nichos de negocio

que pueden utilizar las colecciones para desarrollarse.

Todo el mundo entiende que los medicamentos están basados en plantas

pero ahora hay nuevas fuentes de negocio

que se pueden basar en colecciones;

códigos de barras genéticos para saber si hay fraude alimentario o no,

cuestiones de forenses, restauración de medio natural,

por ejemplo, en el centro peninsular muchas áreas han sido tan degradadas

que si quieres restaurar ahora esos ecosistemas

no sabes qué poner porque no tienes un histórico de lo que había.

Acolchadas por la vegetación invernal del jardín botánico,

nos citamos con el máximo responsable

del departamento de cyber taxonomía del Museo de Londres.

Acude a Madrid a una reunión

del Consorcio de Instituciones Europeas de Taxonomía.

-¿Qué piensas del título de este congreso?

-¿Son relevantes los museos de ciencias naturales?

-Sí, sólo con los museos de ciencias naturales de Europa

poseemos en nuestras colecciones el 80% de la biodiversidad

del medio natural.

-En el Reino Unido tenéis una tradición de realizar colecciones.

-Sí, tenemos una de las colecciones de mariposas más increíbles

en el Museo de Historia Natural de Londres.

Sobre todo por la larga tradición de tener naturalistas aficionados,

gente fascinada por el medio natural que no cobran por lo que hacen,

simplemente desarrollan un interés por la naturaleza

y por eso tenemos un gran número de expertos medioambientales.

La taxonomía es el objetivo principal de nuestro trabajo,

consiste en descubrir y documentar la naturaleza.

Es un proceso en el que determinamos si una especie es nueva,

qué especímenes son los más representativos.

En el ámbito de las colecciones esa especie tiene un nombre específico;

las especies tipo

que designan el ejemplo mejor y definitivo de esa especie.

Cada uno de los especímenes nos cuenta una historia

y cuando cruzamos los datos biológicos de esas especies

somos capaces de tener una imagen más global de la naturaleza.

Nuestras colecciones son un modelo en miniatura del medio natural.

-¿Cómo habéis desarrollado vuestro proyecto europeo Síntesis?

-Es un proyecto en el que llevamos trabajando cerca de 14 años

en una colaboración de 20 instituciones científicas.

Entre todos ofrecemos acceso a nuestros museos

a toda la comunidad investigadora.

La gente puede solicitar una subvención

que cubra los gastos del traslado a otra institución

y desarrollar proyectos allí.

En todo el recorrido del proyecto, auspiciado por la Unión Europea,

hemos logrado 50.000 visitas virtuales al día

de las colecciones de todas las instituciones implicadas.

La botánica a la carta es un guiño para los taxónomos europeos

que acuden fielmente a la cita gastronómica

propuesta por Mario Sandoval;

chef que atesora dos estrellas Michelin.

Asistimos a la puesta en escena del descubrimiento de nuevos sabores

Trabajamos con los científicos para extraer esos aromas, texturas,

como el polifenol de la piel de la uva del vino tinto.

Buscamos esa parte de ciencia ligada a la gastronomía

y la ciencia es el futuro para una cocina sostenible, saludable

y buscamos ese camino.

-¿Qué hay de taxonomía en tus platos? -Busca mucho el origen,

primero los parimos y luego los bautizamos.

Hay platos que ya vienen preconcebidos desde el origen,

le pusimos la gastrogenómica a un plato que era un recorrido

por toda la Comunidad de Madrid con todos los sabores y verduras.

Habíamos recolectado el mejor tomate, la calabaza, el pimiento

y eso lo aglutinaba el plato.

Creo que más que el nombre nos gusta más trabajar el alma.

Si compras y haces lo que todo el mundo, eres uno más.

-Y te llaman. -Me llaman y vengo a probarlo.

Paso muchas tardes en el Jardín Botánico probando hierbas aromáticas,

me vengo con todo el equipo que tiene Jesús ahora mismo

y me abren mucho los ojos porque es dónde radica la base del plato.

Los yacimientos arqueológicos de Atapuerca

tienen mucho qué decir sobre la taxonomía evolutiva

de la especie humana.

Incluso aspiran a provocar un cambio radical.

En los últimos 30 años,

los restos óseos hallados en la sierra burgalesa,

han aportado más información que cualquier otra excavación del mundo.

Los recientes hallazgos en la cima de los huesos

clasifican el mapa evolutivo

y modifican la división y clasificación

de las especies tradicionales.

-Es muy evocador el Jardín Botánico.

Me evoca a expediciones, aventuras...

Un poco también me entra la nostalgia o la melancolía

de aquel tiempo en el que el mundo todavía era grande.

El mundo se nos está haciendo pequeño.

Ahora tenemos que viajar más que nunca porque todo desaparece.

Antes había que viajar para conocer algo

que no se pensaba que estuviera en peligro.

Ahora tenemos que darnos prisa para ver el final de mucha belleza.

-¿De dónde sería el nombre de la cueva de los fantasmas?

-Es un nombre popular.

Lo pusieron los espeleólogos, es un poco tradicional.

No lo sé, tengo que investigarlo.

Los museos como este jardín para el público son máquinas del tiempo.

Nos dan la oportunidad única de vivir otras vidas.

Yo no creo en la reencarnación religiosa

pero creo en esta forma de reencarnación que experimento

que me parece estar viviendo en el siglo XVIII.

En la naturaleza hay unos valores que son naturales

y que existen aunque no exista el ser humano.

Hay una cosa muy bonita que un geógrafo llama valores otorgados,

es decir, los valores que nosotros les damos a las plantas.

A la naturaleza se sale para aprender.

Naturaleza y arte bajo el mismo techo.

Un legado del rey Carlos III para alojar las colecciones biológicas

desde 1771

en el Real Gabinete de Historia Natural.

Se preparan de forma muy diferente

si lo va a utilizar la investigación científica.

Los ejemplares para investigación científica

no se montan en posición natural,

no le pones una boca maquillada, ni ojos, ni estar en alerta...

Los mamíferos grandes se preparan como alfombras

y tienes que seguir las directrices que quiera el investigador.

Lo que esté en la investigación en biología o taxonomía en el momento

así tú tienes que tener los ejemplares.

Cuando en el XIX empieza la idea de la evolución,

de que el concepto de adaptación es muy importante,

necesitamos ver cómo se adaptan los animales.

Tenemos una gran cantidad de ejemplares;

en aves tenemos 30.000 ejemplares, sólo para investigación científica.

Necesitas tener los caracteres que en ese momento van a estudiar;

en las pieles que tenemos van a estudiar caracteres externos.

Si necesitan caracteres internos vamos a tener esqueletos.

Que necesitan fisiología,

vamos a meter el ejemplar entero en un líquido conservante,

en alcohol.

Antiguamente se hacía en formol pero ahora no se utiliza.

Es muy tóxico y ahora la investigación está a nivel molecular.

A nivel molecular necesitan ADN,

necesitan tejidos para poder sacar lo que necesiten.

Unos 80 científicos de plantilla clasifican, conversan e investigan

los millones de ejemplares

que las colecciones de museo nacional de ciencias naturales.

Entre sus fondos históricos, joyas de naturalistas y bibliófilos.

Hace 240 años no se hubiera pensado

qué utilidad podríamos sacarle a las colecciones.

Con lo que se ha desarrollado en la ciencia y en la técnica,

pues animales colectados hace cientos de años

podemos analizar su ADN

y ver si esa misma especie ha variado en ese periodo de tiempo.

Tenemos acceso a una información

que gracias a que se ha conservado correctamente, podemos utilizarla.

Tenemos un problema de espacio para almacenar las colecciones

porque han ido creciendo.

No sólo es el espacio, también que estén en condiciones.

Tenemos un problema importante de personal.

No tiene sentido guardar una colección

si no hay un personal que se encargue de conservarla y mantenerla.

Es fundamental conocer esa diversidad

que sólo conocemos una pequeña parte de los seres vivos del planeta.

-De esa pequeña parte,

¿hasta qué punto va a ir paralela la investigación a la digitalización?

-Nuestra intención es poder tener todas las colecciones digitalizadas

y que cualquier persona con un ordenador

pueda entrar en las colecciones y saber qué es lo que hay.

Y si tiene intención de estudiar alguna especie o mineral,

aquí tiene estos ejemplares.

-¿Qué aplicaciones no científicas tiene vuestro trabajo?

-Muchas.

Por ejemplo, para el estudio de enfermedades.

Ahora tenemos un brote de una enfermedad

y pensamos que es algo nuevo y no es así.

Resulta que ese virus ya se conocía,

se puede estudiar en las colecciones a ver si había otros seres infectados

y podemos ver cuál ha sido el origen

y qué cambios se han generado en el genoma de ese virus

para que ahora sea más dañino.

La taxonomía y el conocimiento científico

necesitan de la máxima divulgación y difusión.

Los nuevos medios, las redes sociales y gadgets tecnológicos

son aliados firmes del trabajo de los museos.

El Museo Nacional de Ciencias Naturales

ha seleccionado más de 160 piezas únicas,

algunas no expuestas al público para incluirlas en aplicaciones móviles.

Entre ellas, el meteorito más antiguo.

La tecnología tiene que apoyar y ayudar

pero no es sustitutiva.

Estas tecnologías que te permiten haber introducido buenas imágenes,

fijarte en los detalles, en la que te crea curiosidad,

con un tiempo y no con esas prisas que normalmente llevamos

que no te permiten hacer un trabajo de reflexión sobre lo que ves.

Hay una visita que te permite con unos móviles

y unas gafas de cartón muy sencillas,

puedes hacer un recorrido a través de la exposición.

Ese recorrido lo podemos utilizar después de hacer la visita.

Nosotros como institución

también podremos sacar partido a estos recursos

para incorporarlos a nuestra dinámica de programa de actividades.

Nos citamos con el portavoz de Google España

para que nos detalle las ventajas de esta colaboración.

-¿Qué ofrece Google al museo?

-Dos herramientas principales;

la tecnología para poder digitalizar su patrimonio

y ofrecemos tecnología puntera en el mercado,

por ejemplo, la tecnología que multiplica por mil

el tamaño que va a poder percibir el usuario respecto al presencial.

Lo segundo es una plataforma para su difusión

y en esa plataforma entran 40 millones de usuarios únicos.

-¿Qué os da el museo a Google? -Unos contenidos inigualables

y la oportunidad de poder exportar nuestro patrimonio al mundo entero.

-¿Esos contenidos son gratuitos? -Sí, siempre.

Ofrecemos al museo la tecnología gratuitamente,

luego su difusión también gratuita

y el museo siempre tiene la propiedad de la obra,

de los derechos de difusión, de las imágenes que tome

y de su digitalización.

Es un proceso siempre gratuito para quiénes difunden su tecnología

y para quién lo consume.

Cualquiera va a tener acceso a eso

que hasta ahora sólo se podía permitir una persona acreditada.

-Lo que se trata es que la gente conozca los contenido

y venga al museo.

-Es la experiencia que estamos teniendo,

hasta dónde va a llegar la realidad virtual,

hasta dónde lleguen las personas que quieran digitalizar algo.

La realidad virtual ya no sólo me va a permitir el ver ese contenido

sino el tener la sensación inversiva de estar en ese lugar.

La conservación de las colecciones biológicas

exige espacio y personal científico específico.

La taxonomía es una ciencia en permanente construcción y de visión.

Los ejemplares se manipulan con mimo en esta cámara acorazada.

-Sólo somos tres personas para más de 4 millones de ejemplares.

No los tenemos contados, es imposible no abarcamos para tanto.

Esto no es una cosa estática,

si un ejemplar sale de aquí con un nombre

no tiene porqué volver a guardarse en el mismo sitio.

Hay que añadir que lo ha revisado esa persona

pero puede tener más cambios.

Todo eso hay que registrarlo.

Cualquier persona que necesita comprobar

si esta especie es válida o es igual que otra que está al lado,

necesita estudiar estos ejemplares.

No le vale con ir al campo e intentar buscar uno igual,

tienen que ser estos ejemplares que son los tipos.

Son los abanderados que representan yo soy esta especie

pero él es el único que puede hacer ese tipo de representación.

Todos los que están a su alrededor no tienen ese valor.

-¿La gente sabe para qué sirve este trabajo?

-No, muchas veces me dicen: "¿para qué vale lo que haces?"

La gente trata de encontrar una productividad económica

y esto no la tiene inmediata.

-¿Trabajáis para el futuro? -Sí,

trabajamos para asegurarnos que esto en el futuro va a seguir disponible.

Si tuviéramos que buscar un referente artístico

de la primera pieza taxonómica

sería este lienzo colonial;

El cuadro del reino del Perú de 1799.

Obra conjunta del ilustrado vasco José Lecuanda

y del pintor francés Luis Iebaut.

Un cuadro de naturaleza mestiza

entre un severo texto histórico científico

y un colorido lienzo pedagógico.

La historia natural y moral de las indias.

A medida que van cambiando las líneas o las técnicas de investigación

también va cambiando la forma en la que se preparan los especímenes.

En las últimas décadas lo que más trabajamos es con ADN,

el material ya no te vale guardarlo como antes,

generalmente se guarda o congelado en ultra congeladores.

Hay una propuesta de un museo americano

de empezar a congelar la naturaleza completa.

Hacer congeladores gigantes e ir congelando trozos

para que se conserven para el futuro.

Bloques completos de campo congelarlos

y así podríamos conservar algo de lo que tenemos.

-Es difícil hacer una buena taxonomía.

-Sí porque hay que utilizar todo lo que se ha hecho previamente.

La taxonomía empezó muy pronto, se formalizó con Linneo

pero ya había estudios previos como éste de aquí.

Con Linneo se formaliza el método

y se sigue utilizando para dar nombre y clasificar los organismos.

A Linneo se le incorpora los aspectos evolutivos,

cada antepasado a cuántas especies da lugar,

qué origen común tenemos todos,

con el parentesco sabemos cómo agruparlos

y empiezas a mirar dentro de cada grupo qué va habiendo.

Dentro del mundo animal,

la mitad de las especies conocidas son escarabajos.

Y del resto son casi todo otros insectos;

mariposas, avispas, moscas...

Los vertebrados somos una parte ínfima.

-¿Cuántos tenéis en el museo? -Seremos unos 15.

-No está mal.

El origen de los fondos biológicos de este museo

es un empeño personal del rey Carlos III

y de un coleccionista acérrimo;

el criollo Pedro Franco Dávila.

Casi se arruinó por concentrar millones de ejemplares de minerales,

malacología, mapas, instrumentos científicos

y una biblioteca de más de 1.230 volúmenes.

Éste espacio museístico fue contemporáneo

del trabajo de investigación de notables botánicos

como Gómez Ortega, Cabanilles y Mutis.

Y en zoología sobresalió Félix de Azara.

La historia natural que puso de moda en el siglo XVIII.

Las expediciones botánicas y zoológicas al nuevo mundo colonial

fueron el germen de los museos de historia natural,

tanto en nuestro país como en el Reino Unido.

El Natural History Museum de Londres

es la siguiente parada de este documental

pero eso será la semana próxima.

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Nos vemos aquí en siete días. No faltéis.

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El escarabajo verde - Ciencia infinita. Cibertaxonomía

31 mar 2017

En Octubre del 2016 el Consorcio de Instituciones Europeas de Taxonomía, CETAF, celebró su 20 aniversario en el Real Jardín Botánico de Madrid. Investigadores, comunicadores y responsables de política científica internacionales de 59 instituciones de más de veinte países de Europa reivindicaron los nuevos nichos económicos relacionados con el conocimiento de los datos biológicos.

Este documental es el primero de dos que versa sobre la taxonomía, una ciencia infinita. En España son varios organismos públicos los que nombran, clasifican, ordenan y estudian las especies biológicas, entre ellos, el Real Jardín Botánico y el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid. Sólo este último acaba de cumplir 240 años.

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