El comisario Montalbano La 2

El comisario Montalbano

Lunes a las 22.00 horas

'El comisario Montalbano', adaptación para televisión de las famosas novelas policíacas del escritor italiano Andrea Camilleri. La serie, ambientada en Sicilia, está protagonizada por Salvo Montalbano, un comisario de policía amante de la lectura y de la gastronomía y caracterizado por su poca ortodoxia a la hora de resolver sus casos.

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El comisario Montalbano - Un diario del 43 - ver ahora
Transcripción completa

"EL COMISARIO MONTALBANO"

"UN DIARIO DEL 43"

(Franco Piersanti "Montalbano")

¡Señores, señores, aparten!

No pasen, por favor. No avancen más.

Vamos, vamos, atrás. -Por favor.

Quietos, por favor.

Paren, paren. -Échense atrás.

Que se van a caer, hombre.

No se asomen tanto.

No hace falta empujar. Señor, ¿adónde va?

Disculpe. Diga.

Toda esta gente de aquí ha venido a grabar la explosión.

Ajá. Pero estamos lejísimos.

¿No podríamos acercarnos un poquito?

No. Es por su propia seguridad. Que sepa que es injusto.

¿Sí? Sí. Porque a los periodistas

les han dejado pasar.

Porque todos queremos verla en el Telenoticias

para no estar aquí perdiendo el tiempo con ustedes.

¡Por favor, váyase!

Eh, Carusso, haga el favor.

Señores, por favor, despejen la zona.

Despejen la zona.

¿Me explicas por qué el alcalde se ha empeñado ahora

en derribar esos dos silos? Llevan años ahí.

Porque vienen las elecciones y, ahora, quiere quedar bien.

Pero ¿cómo pueden estar tardando tanto tiempo?

En fin, yo me largo. Aquí ya somos demasiados.

Vale. Adiós. Adiós.

Permiso.

Dejen pasar, por favor.

Dejen pasar. Paso.

Sí.

La verdad es que tuve mucha suerte.

Sin el crédito, no habría podido hacerlo. Pero...

Buenos días. -Buenos días.

Vengo solo. ¿Hay sitio? -Lo siento.

Ahora mismo, no queda mesa libre. Pero puede volver en media hora.

De acuerdo. Disculpe.

Si quiere, puede sentarse en mi mesa.

"I... I don't want...".

No, no, de verdad. Para mí es un placer.

Por favor. (RÍE)

"Thanks".

Se lo agradezco. Enzo.

"I'm John Zuck". Un placer. Yo soy Salvo Montalbano.

Bueno, Enzo, ¿qué puede pedirse nuestro invitado?

Tenemos espaguetis con almejas y fritura mixta.

¿La pasta la has hecho tú? No, mi mujer.

Le recomiendo los espaguetis con almejas.

Eso resucita a los muertos.

Entonces, espagueti.

Muy bien, no tardo.

¿Le apetece un poco de vino?

Sí, por favor.

Estadounidense.

Sí.

De Chicago exactamente. Ajá.

Pues enhorabuena. Veo que domina el idioma.

Eso es porque nací aquí, en Vigata.

Ah.

Y mi verdadero nombre es Giovanni Zuccotti.

Giovanni Zuccotti.

A su salud.

"Cheers".

Hace un rato he visto cómo pintaba.

"Yes, yes".

Me gusta mucho. Es mi mayor hobby.

Ese... ese silo lo he visto desde que era un niño pequeño.

Y creo que lo construyeron justo el año

en el que yo nací.

Ajá. (RÍE)

¿Cuándo emigró usted?

No. Yo no emigré.

Durante la guerra fui a combatir a África.

Y allí me hicieron prisionero y...

me enviaron a un campo de concentración

en Texas. Ajá.

Y allí conocí a una señorita estadounidense, Evelyn. (RÍE)

Y cuando me soltaron...,

nos enamoramos y nos casamos.

Yo quería volver a vivir aquí...,

en Vigata.

Con mi mujer.

Pero...

¿Por qué no regresó?

Evelyn y yo lo teníamos todo listo para partir,

pero llegó una carta de un...

de un abogado.

Lo recuerdo muy bien.

El nombre del abogado.

Abogado Busacca.

Mi padre y mi madre

habían muerto en un accidente de tráfico.

Fue un golpe muy duro.

En Italia, ya no me quedaba nadie.

Por eso, Evelyn y yo decidimos quedarnos en América.

Y allí es donde he pasado "all my live".

(RÍE)

Tras la muerte de Evelyn,

sentí la necesidad de regresar a la tierra donde nací.

Y deseaba volver a mi tierra

antes de morir.

(RÍE) ¿Y sabe una cosa?

Solo llevo aquí una semana y ya he descubierto una cosa.

Bastante extraña, digna de Pirandello.

(RÍE)

Fíjese.

Zuccotti Giovanni.

Es su nombre.

Sí, soy yo.

Me darían por muerto al no regresar a mi país en tanto tiempo.

Lo vi antes de ayer, mientras paseaba.

Entonces, fui al ayuntamiento

a hablar con el alcalde. Quería pedirle que lo quitaran.

Giovanni Zuccotti aún está vivo.

Lo sé, podría dejarlo correr,

pero ver mi nombre ahí escrito...

Es como si borrara mi vida.

Pues claro. ¿Y qué le dijeron?

Nada.

El alcalde no estaba.

Y ellos no podían concertarme una cita con él.

Entiendo.

¿Sabe? Pasaré por el ayuntamiento, a ver si lo consigo y le digo algo.

Gracias. No hay de qué.

(Portazo)

Disculpe el portazo, comisario.

¿Qué ocurre?

Le informo que ha venido en persona el señor Nicolò Zito

y desea hablar con usted. Dice que tiene mucha prisa.

Que es urgente. Pues hazle pasar.

Enseguidísima.

Por favor, acomódese. Sí, sí.

Hola, Salvo.

Hola, Nicolò. ¿Qué ocurre?

¿Sabes qué es esto? Ajá.

Lo han encontrado esta mañana en los silos.

¿Y qué haces con ello? Se lo he pedido a Dicontri,

el funcionario del ayuntamiento. Quería tenerlo unos días

para hacer un reportaje. Curiosidad local.

Pero, luego, lo leí.

Estaba envuelto en hojas de periódico.

Supongo que para protegerlo de la humedad, de los ratones.

El Quotidiano del Popolo, órgano oficial del partido fascista,

esto es un diario.

Un diario de 1943.

Y si has venido aquí, es que no solo hay curiosidades locales.

No.

Y en las noticias he dicho que se trataba de un diario de guerra.

Les he dado el nombre del muchacho que lo escribió.

Pero de lo que realmente cuenta aquí

creo que es mejor que te ocupes tú.

Yo no te diré nada, pero léelo, Salvo.

Ahora, he de irme, que tengo trabajo.

De acuerdo. Léelo, ¿vale?

Gracias.

Adiós, Salvo. Adiós.

COLUSSI, CARLO

AVANGUARDISTA, AÑO 21 DEL PERIODO FASCISTA

EL FUNDADOR DEL IMPERIO

W. IL DUCE

GRITABAN: "DUCE, DUCE, DUCE, DUCE"

Carlo Colussi, el autor del diario en cuestión,

debía tener 15 años en esa época.

VENGANZA Y RECONQUISTA

(LIVIA) ¿Cómo lo sabes? Porque dice

que era su último año de avanguardista.

Antes se era avanguardista hasta los 15 años.

Después, pasabas a ser avanguardista moschettieri.

Primero, estaban en los Figli della Lupa, los Balilla.

En fin, todas esas organizaciones

que adoctrinaban a la gente desde pequeña.

Pues parece que con él lo consiguieron.

Está en todas las páginas.

Representa al Duce como una leyenda, como un héroe.

Comienza a escribir en el verano del 43.

La... la Operación Avalancha. Sí. Sí, sí.

La huida de Mussolini. De hecho,

el diario está lleno de rabia,

porque el muchacho está viendo que todo en lo que ha creído,

de repente, se hace añicos y ve que su país

es invadido por ejércitos enemigos.

Por eso hay tanta rabia. Salvo... salvo aquí,

menos cuando habla de Anita.

¿Y quién es?

Anita era su novia.

Una muchacha, más o menos, supongo que de su misma edad.

Estaba enamoradísimo. Y durante un tiempo

parece que Anita era lo más importante de su vida.

¿Y después?

Después, después llega el 8 de septiembre.

El Armisticio. Ajá.

Fíjate lo que escribe aquí, en la última página.

"Ayer por la tarde me reuní con el camarada T.,

él también dice que es el momento de hacer algo,

que hemos de salvar el honor de nuestro país".

Espera.

Espera aquí.

¿Qué es lo que quieres enseñarme?

Mira.

Me lo ha dado un tipo de conozco.

¿Y qué vas a hacer?

Estoy cansado, Anita.

Estoy cansado de esta vergüenza.

¿Entiendes? -¿Y qué piensas hacer?

Te fusilarán.

Me da igual.

Me da igual.

¿Crees que soy como esos cobardes que dan la espalda a su patria?

No.

Pero a mí sí me la das.

¿No has pensado en mí, en nosotros?

Madura, Anita.

Aún piensas como una niña.

Y si pienso como una niña, ¿por qué me traes aquí?

¿Por qué me enseñas esa bomba? ¿Eh?

¿Para sentirte como un héroe? -No.

Porque te amo, Anita.

Pero ¿entiendes que sé que he de morir?

Yo lo sé.

Pero has de entender por qué,

por qué lo hago. Lo hago por nosotros.

No. Tú no has de morir.

¿No comprendes que algún día esta guerra acabará?

Solo tenemos que esperar.

¿Y cuando termine?

¿Qué quedará?

¿Qué quedará, Anita?

Quedaremos nosotros, Carlo.

Tú y yo.

Para mí es más que suficiente.

"Sin embargo, Anita no logró contenerle mucho. Solo unos días".

Mira.

"Lo he hecho".

"He conseguido vengarme

y aún estoy vivo".

"Ha sido terrible, tremendo".

"No creía que...".

"Dios mío, lo siento".

Y después, ¿no...? No.

¿No hay... no hay nada más?

No.

Evidentemente, después de lo que hizo,

no querría conservar el diario.

Pero, ahora, la cuestión es: ¿qué es lo que hizo?

¿Cuál fue ese acto terrible?

Buenos días, Catarella. Buenos días, señor comisario.

Ah, señor comisario. Discúlpeme, señor comisario.

Han encontrado a un viejete difunto.

Catarella, con todo el respeto, no le veo la importancia.

Igual me he explicado mal, señor comisario.

Quiero decir que es un cadáver de 90 años muerto asesinado.

Ah. Muerto por asesinato.

Y con varios disparos, señor comisario.

Fazio.

No, no, no, no, no. No creo. No puede ser. No creo, señor.

Pero ¿de qué estás hablando?

Fazio nunca dispararía a un viejete.

¿Cómo va a ser Fazio? Pregunto que dónde está.

Ah. Ahora lo entiendo, señor comisario.

Fazio está en el lugar del asesinamiento. Le espera allí.

¿Ese lugar dónde está? ¿Eh?

Lo he escrito en un papelillo para que no se me olvide.

Es en la Vila Todaro del barrio Granatello.

Vila Todaro del barrio Granatello. Me quedo con la nota, ¿eh?

Gracias. De nada, señor comisario.

Comisario.

Hola. ¿Quién es el muerto?

Angelino Todaro.

92 años. Le dispararon en el salón. Ajá.

Ah, doctora, buenos días.

Comisario Montalbano.

¿No ha venido el doctor Pasquano?

Aún está de vacaciones. Ah.

Le ha cogido el gusto.

¿Qué me explica?

Falleció por los impactos de cuatro disparos en el tórax.

Seguramente fue una pistola.

Yo diría que fue a poca distancia.

Le dispararon en el corazón y falleció a los pocos segundos.

¿Y cuándo fue?

Aún es pronto para saberlo.

Presuntamente, entre media noche y las 02:00 de la mañana.

Y, aparte de los disparos, ¿hay más signos de violencia en el cuerpo?

Aún debo examinarlo.

A simple vista, diría que no.

¿Quién lo ha encontrado? La camarera.

Ah. Ha llegado esta mañana a las 07:30,

como siempre, y lo ha encontrado así.

Se llama Zina. Diminutivo de Vicenzina.

Estaba muy alterada. Le he dicho que saliera a la terraza.

Bien hecho. Hablemos con ella. Gracias, doctora.

No hay de qué. Hasta luego.

Buenos días, señora. Soy el comisario Montalbano.

Buenos días, comisario. Cuénteme.

Era muy bueno.

Era tan bueno el señor Angelino... Sí.

Lo quería mucho.

Todo es mi culpa.

Todo es mi culpa.

Bueno, señora, vayamos por partes.

Usted llegó esta mañana.

Sí. Yo vengo cada mañana sobre las 07:00.

Preparo el desayuno y voy a hacer la compra,

porque el señor Angelino duerme poco.

Esta mañana he llegado, como siempre, le he llamado

y no respondía.

Entonces, he buscado por toda la casa.

Y nada. No me respondía.

Luego, le he llamado a voces.

Nada, no lo veía. Hasta que...

hasta que lo he encontrado

en el salón...

todo bañado en sangre.

¿Ha tocado el cadáver?

Sí.

He tirado de él.

Y después, lo he tocado.

Pero estaba frío, frío.

Muerto.

Yo diría...

que hay alguna mujer involucrada en esto.

¿Una mujer?

¿Por qué una mujer? ¿Eh?

No, por nada.

Ni yo sé por qué lo he dicho, comisario.

Pero en casos como este

siempre hay alguna mujer de por medio.

Una última pregunta, señora.

Entonces, ¿ha avisado a los familiares del señor Todaro?

A su nieta Rosalba la he llamado.

Tras llamar a la Policía, la he llamado a ella.

Y también a su hijo.

Se llama Matteo. De acuerdo, bien, señora.

Spada. Ahora, acompañará al agente Spada

y con el inspector Fazio para redactar un informe.

Por aquí. Gracias.

Pase. Hola.

¿Y bien?

Ni idea. Pudo haber sido un robo que ha salido mal.

¿Y cómo crees que entró en la casa? Bueno, hay bastantes ventanas

por las que el ladrón pudo entrar.

Ajá.

Puede que el señor estuviera despierto, escuchara un ruido,

fuera a mirar y se lo encontrase.

El ladrón se asustaría y entonces, disparó.

Después, se largó de aquí.

¿No te cuadra?

No, no. Es que estoy haciéndome una idea.

Disculpe, no puede pasar.

No. Necesito entrar para... -Lo siento. Está la Científica.

Déjala, Carusso, dejadla pasar.

Buenos días.

Soy el comisario Montalbano.

Buenos días. Soy Rosalba. Soy la nieta de Angelino Todaro.

Querría verle.

Señora, ahora mismo, no es posible. Le están examinando.

Pero ¿qué ha sido? ¿Un atraco? ¿Han entrado ladrones?

No lo sabemos, aún no lo sabemos.

Oiga, si a usted no le importa,

me gustaría hacerle unas cuantas preguntas.

Adelante.

¿Cómo ha sabido lo de su abuelo?

Hace dos horas me ha llamado Zina.

Y he salido corriendo, ya que estaba fuera de Vigata.

¿Dónde estaba? En Erice.

¿Estaba sola?

Con un amigo. He pasado la noche con él.

¿Su amigo puede confirmarlo?

¿Confirmarlo? ¿Por qué?

Es el procedimiento.

Pues sí, claro. Sí.

Se llama Riccardo Catalano. Y, sin duda, puede confirmar

cuanto le he dicho.

Tienen una fábrica que trabaja en mármol.

Mármol, granito y piedra. Ajá.

Lo trabajamos y comercializamos. Bien.

¿Y quién dirige el negocio? Yo.

Ajá. Sí.

Mi abuelo Angelino lo dirigió hasta que pudo.

Pero hace cuatro años, me dejó tomar el mando.

Disculpe. Pero Zina me ha hablado de Matteo.

Sí. Matteo es mi tío.

Era el hermano pequeño de mi padre.

Se llamaba Luigi.

¿Por qué no dirige él el negocio? Habría sido lo normal.

Sí. Bueno, el problema es que mi abuelo y mi tío Matteo nunca...

nunca se han llevado bien.

No sé, llevan así muchos años, desde que era una niña.

Entonces, su tío Matteo no tiene ningún cargo en esa empresa.

No. No, no.

Mi abuelo no quería.

No estaba a la altura.

Pero, al fin y al cabo, era su hijo. Por eso recibe

regularmente una cuota de beneficios societarios.

Así que, nunca le ha faltado el dinero.

¿Y a qué se dedica?

(RÍE) No sé qué estará haciendo.

Se las arregla.

Vive de las rentas.

Pasa el día...

yendo a Catania a pescar.

Le he llamado antes de venir aquí.

Y se ha...

se ha quedado de piedra.

Estaba destrozado.

Pasen, pasen.

Intenta ir rápido, comisario. Tengo cosas que hacer.

Sí. Podemos quedar en comisaría otro día, como prefiera.

No, no hace falta. Hablaremos aquí mismo.

Póngase cómodos. Gracias.

Quería hablar de la muerte de su padre.

Oiga, comisario,

a mí los temas de extraños me dan lo mismo.

Y mi padre para mí era eso, un extraño.

Ajá. Qué raro, porque Rosalba, su sobrina,

me ha dicho que estaba destrozado cuando le ha llamado.

¿Qué quieren saber?

¿Cómo era la relación entre su padre y usted?

Mi padre me odiaba.

Y yo le odiaba a él.

Pero era mi padre.

Y mientras uno está vivo,

siempre hay esperanza de que algo cambie.

Pero cuando mueres, no hay remedio.

¿Y por qué se odiaban tanto?

Todo sucedió tras la tragedia.

Tras la muerte de mi hermano Luigi.

Mi hermano y yo solíamos hacer pesca subacuática.

Un día, estábamos bajo una gruta...,

y, de repente, empecé a encontrarme mal.

Mi hermano se dio cuenta y me cogió para sacarme a flote.

Me salvó la vida.

Pero, poco después, bajó para coger todo el equipo.

Y se quedó...

se quedó atascado en una grieta.

Por eso murió.

Es algo que mi padre nunca me perdonó.

¿Y por qué le culpa a usted?

Me tachó como si me importarse una mierda, comisario.

¿Cuándo fue la última vez que vio a su padre?

Igual no me he explicado bien.

Llevo años sin ver a mi padre, comisario.

Lo sé. Durante tantos años...,

tienen que haberse visto en alguna ocasión.

Si teníamos que hablar, Zina era la que...

la que hacía de mensajera.

Si tenía algo que decirme,

Zina venía y me informaba. Yo hacía lo mismo con él.

Ajá.

Ahora, si son ustedes tan amables...

Una última pregunta.

¿Dónde ha pasado la noche?

Pescando, en mi barca.

¿Estaba solo o alguien puede confirmarlo?

Solo, como siempre.

Como verá, no es que tenga mucha vida social.

Ahora, si son tan amables...

¿Nos dices en qué estás pensando?

Escuchad. Os lo voy a decir tal y como me ha venido a la cabeza.

Veamos.

¿Tú sabes que lo que encontramos en el silo

resultó ser un diario de 1943?

Giuseppe me lo ha dicho, sí.

¿Y a vosotros no os parece extraño

que al día siguiente de haber encontrado ese diario del 43

maten a un señor de 90 años,

es decir, uno de los posibles testimonios potenciales

de aquella época?

¿Dices que lo mataron por un diario de hace más de 70 años?

Sí.

Yo es que no veo qué relación puede haber.

Puede ser una coincidencia, eso sí.

¿Y tú?

Bueno, no es muy frecuente que asesinen a señores tan mayores.

Aunque a mí me parece que no.

Míster Zuck.

Míster Zuck.

Ah, comisario, es usted.

Hola. Discúlpeme.

A veces, a mi edad, la cabeza se va por las nubes.

Por favor, siéntese. Gracias.

He ido a su hotel y me han dicho que podía encontrarle aquí.

Ah, "yes, yes".

Yo siempre digo adónde voy, porque me siento...

Me quedo más seguro. (RÍE)

Sí. Me alegra volver a verle. Gracias.

Oiga, he ido al ayuntamiento para hablar con el alcalde.

Pero el alcalde va a estar un tiempo fuera de Italia

por un congreso o algo parecido.

Pero les he encargado que me avisen en cuanto vuelva.

Usted no se preocupe de nada. Si vuelve cuando Vd. se haya ido,

de este asunto ya me encargaré yo.

Se lo agradezco, comisario.

Y además...,

podría ser un error esconder una pizca de verdad.

Quién sabe.

Como ya le dije,

Pirandello.

(Música de orquesta festiva)

Ah, la fiesta de San Giorgio. Me encanta.

Hace tanto tiempo, que ni me acordaba.

(RÍE)

Mis padres solían llevarme a las fiestas cuando era pequeño.

Y recuerdo ver mucha gente por la calle.

Y...

y las luces.

¡Oh, sí! Y los fuegos artificiales, el algodón de azúcar.

Y luego, la banda.

(Música alegre)

No sé por qué, pero con la banda...,

oh, se me pone la piel de gallina y me conmuevo.

(Continúa la música de orquesta)

Oh.

Dichosos los ojos. ¿Cómo has tardado tanto en el ayuntamiento?

La historia antigua da para mucho, comisario.

Anda, siéntate. Sí. Gracias.

¿Quieres comer? No, no.

Parece que está en lo cierto.

Pero he de admitir que ha sido complicadísimo.

¿Por qué?

Porque los archivos municipales de la época ya no existen.

Hubo un incendio en los años 50.

Vaya, es un callejón sin salida.

No. He encontrado alguna cosa.

Ah. El silo que han demolido

se usó del 42 al 44

para alojar a los refugiados italianos que venían de Libia.

Y Carlo Colussi era un refugiado. Exactamente.

Vivió allí con la familia esos dos años.

El problema es que lo que sabemos de él acaba aquí.

No hay más documentos.

Y a partir del 44, se pierde el rastro.

Todo por culpa del incendio. Exactamente.

¿Y qué pasó en el 44?

Pues nada en particular.

Desalojaron el silo, las familias se trasladaron

y el silo se cerró.

Al menos, sabemos por qué el diario estaba ahí.

Sí. Desalojan a Carlo Colussi del silo.

No sabe si llevar consigo el diario.

Es peligroso por lo que ha escrito.

No lo quiere destruir y lo esconde en la pared del silo.

Exactamente.

Ah, comisario, entre los refugiados

he encontrado a una chica de 15 años llamada Anita De Rossi.

Es la novia de Carlo Colussi. Es muy probable.

Y de ella tampoco sabes nada.

No, no. Por suerte, he encontrado mucha información.

Ajá.

Vivió dos años en el silo con la familia.

Luego, se trasladaron a Montelusa. Allí se casó y tuvo un hijo.

Ella murió hace diez años.

El marido, el hijo... ¿Algún otro pariente?

Resulta que la única pariente que sigue viva

es su nieta y se llama Alessandra.

Ajá.

Intentemos contactar con ella. Sí. Yo me encargo.

Pero come algo, ¿no?

No, comisario. No quiero molestar.

Come algo, hombre.

Bueno, vale, si insiste... Gracias.

Enzo.

Bien, lo has hecho muy bien.

No era fácil.

Brindemos. Salud.

"Esta vez, tendrás que inclinarte y hacerme una gran reverencia".

Jacomuzzi, ¿no ves que estamos todos de rodillas?

Venga, cuéntanoslo.

"Bueno, enseguida me di cuenta de que esas balas eran insólitas

y de que el rastro de pólvora del disparo...".

Sí. ¿Y bien?

"Pues bien, a Angelino Todaro le dispararon con una pistola

de la II Guerra Mundial".

"Para ser más exactos, con una Beretta M23,

que aún funcionaba a la perfección".

"Increíble, ¿no?".

"Montalbano, ¿no me das un aplauso?".

Sí, sí. Es increíble, Jacomuzzi. Un aplauso y mi enhorabuena.

Adiós. "Adiós".

Entonces, la pistola es de la II Guerra Mundial.

Su hipótesis de que está relacionado con el diario...

No desvariemos con estas hipótesis, porque aún es pronto.

Escuchadme bien.

En el diario se cuentan hechos hechos muy graves.

Puede que hasta un homicidio, que pudo haber cometido Colussi.

Y en el propio diario se dice que probablemente no lo hizo solo.

¿Por qué? A ver, os leo.

"El camarada T., que estaba en la milicia,

me ha entregado cinco granadas".

¿Lo veis? Aquí habla de alguien que le ha dado cinco granadas.

Y decidme vosotros.

Aquí él lo llama

el camarada T. T.

Y me pregunto:

"¿No podría ser Todaro, Angelino Todaro?".

De hecho, buscando información sobre Todaro,

he encontrado una noticia que decía que de joven

formaba parte de la milicia fascista.

¿Lo ves? Es posible que le ayudara a Carlo.

Perdonad un momento.

Yo quiero que ambos seáis conscientes del hecho

de que estamos fantaseando por una T. escrita en un diario

de hace mil años.

Buenos días. Completamente.

Buenos días. -Buenos días.

Buenos días, buenos días a todos. Bueno días.

"How are you?". ¿Cómo está?

En el hotel me han dicho que podría encontrarle aquí.

Oh, sí.

Ayer también estuve en este sitio.

He conocido a estos "gentleman".

Se fijaron en mi dibujo y nos hemos hecho amigos.

Hablan un dialecto muy cerrado. Sí.

Al principio, no entendía una palabra.

Aunque, bueno, mis padres también hablaban así.

En fin, me han invitado a jugar a cartas.

Pero yo no me siento capaz. (RÍE)

Ya.

No quiero hacerle perder el tiempo, comisario.

¿Por qué ha venido a buscarme?

¿Tiene alguna noticia que darme? Ah, ¿sabe lo del alcalde?

No. Pero quería hablar con Vd. Bien.

Nosotros nos vamos, ¿vale?

Vámonos, vámonos. -Adiós, hasta luego.

Johnny, nosotros solemos jugar a cartas en el bar.

Si quieres venir, eres bienvenido, ¿de acuerdo?

Adiós, adiós. -Gracias.

Adiós. Que tenga un buen día.

Hasta luego.

Oiga...,

quería preguntarle si alguna vez ha visto a este hombre

o si le recuerda a alguien? Se llama Carlo Colussi.

Vivía aquí en el 43.

Colussi no es un apellido propio de aquí.

No. No.

Lo siento.

Lo siento, comisario.

No me suena, no.

En el 43 partí como soldado.

No.

¿Por qué me pregunta?

Es una larga historia.

Oiga...,

¿tiene algo que hacer? ¿Le apetece venir a un sitio?

"Why not?". Bien.

Le echo una mano. Si me permite...

Vamos.

He encontrado la fotografía que me ha perdido.

Ah, sí. Gracias.

Es la única que tengo de mi abuela de joven.

Mire esta foto.

Se llamaba Anita de Rossi.

No, comisario.

No la he visto en mi vida.

Y usted se parece muchísimo a su abuela.

Sí, es idéntica.

¿Y qué quieren saber de mi abuela?

Quería esclarecer algunos hechos que ocurrieron hace años,

durante la guerra, cuando su abuela era muy joven.

No sé si puedo ayudarle.

Mi abuela no hablaba del periodo de la guerra.

Que yo recuerde, porque era pequeña.

Además, mi abuela siempre estaba en casa.

Tenía quehaceres. Siempre pensaba en los demás. Menos en ella.

Y, por casualidad, ¿le habló de un tal Carlo Colussi?

¿Colussi? Sí.

No me suena.

¿Quién era? Era un chico

que su abuela debió conocer en el 43,

cuando estaba en Vigata, refugiada en el silo que han derribado.

Supongo que fue su...

su primer amor.

No. No me contó nada.

Además, como le he dicho, comisario,

para mi abuela aquella época era tabú.

Ni siquiera sabía que había estado viviendo en Vigata.

Creía que siempre había estado aquí, en Montelusa.

Y me lo cuenta usted.

¿Pero Carlo Colussi aún está vivo?

Eso aún no lo he averiguado.

Buenos días, Catarella.

Fazio.

Spada, Carusso.

¿Mimi?

Pasanisi.

Pero ¿dónde se han metido? Catarella.

Oh.

Catarella, ¿qué pasa?

Que se ha muerto. ¿Quién?

Que se ha muerto, señor, se ha muerto.

Pero ¿qué dices? ¿No ves que estoy vivo?

No, señor. No me refiero a Vd.

Me refiero al señor doctor.

El doctor Pasquano ha muerto. El doctor Pasquano.

¿El doctor Pasquano ha muerto?

Pobrecito. Estaba muy enfermo.

Su mujer acaba de llamar para informarnos.

El señor Augello, Fazio y los demás

han ido para allá, con su esposa.

Y Fazio le llamó a usted,

pero resulta que su móvil estaba apagado.

(LLORA)

Señora... Comisario.

Le presento a mi novia, Livia.

Lo siento. -Gracias.

Ha luchado lo que ha podido, comisario.

Pero la enfermedad era mu y fuerte

y él estaba muy débil. -Mi pésame.

Pero yo no sabía nada.

Porque él era así, siempre lo ha sido.

No quiso decirle nunca a nadie que estaba mal.

Muy mal.

Venga por aquí, comisario.

-Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el cielo.

(ALGUNOS) Perdona nuestras ofensas,

como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

Yo ya me lo olía, comisario.

En 20 años, el doctor no ha pedido ni un día de vacaciones en verano.

Nunca.

(ALGUNOS) Llena eres de gracia. El Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres.

(Campanadas)

(Campanadas)

(Campanadas)

(Campanadas)

(Campanadas)

(Campanadas)

(Campanadas)

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(ALGUNOS) Amén.

Oremos.

Oh, Dios, que te manifestaste ante Moisés

por medio de una zarza que arde, pero no se consume.

Mientras despedimos a nuestro hermano Marco,

humildemente te rogamos que la llama de tu espíritu

lo inunde y le devuelva a la vida a imagen de tu hijo resucitado,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

(ALGUNOS) Amén.

Dale, Señor, el descanso eterno.

Brille para él la luz perpetua.

Descanse en paz. Amén.

Fazio.

Tú, Mimi, Galluzzo, Spada, Carusso y Catarella a mi despacho.

Bien.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Comisario. Ah, gracias.

Déjelo aquí, sobre la mesa.

Gracias. Que tenga un buen día.

(Llaman a la puerta)

Adelante. Comisario.

Ah, ven, siéntate.

¿Novedades?

No.

La nieta de Anita de Rossi no sabe nada. ¿Y tú?

¿Has descubierto algo sobre Todano? No, nada de nada.

He estado buscando en varios sitios,

pero han pasado muchos años.

Hay pocos documentos. ¿Y cómo es eso?

Pues no sé. Yo he contactado

con quien he podido

en instituciones, oficinas, archivos...

Pero con todos los documentos que tienen,

vete tú a saber cuándo darán una respuesta

o algo de información. Claro.

Aunque algo interesante sí he averiguado.

Cuenta.

¿Se acuerda de Catalano? ¿Quién?

¿El hombre con el que Rosalba pasó la noche cuando murió su abuelo?

Exactamente. Ajá.

Está casado. Y, además, tiene dos hijos.

Entonces, le pone los cuernos.

Eso parece.

¿Y qué más nos da? Espere.

Solo le he contado la mitad de la historia.

Siempre lo cuentas con cuentagotas. Al grano.

Catalano trabaja para los Todaro.

Ergo, es el empleado de Rosalba.

Pero Rosalba no nos dijo nada.

Pues no.

¿Y por qué?

Eh... ¿Y yo qué voy a saber?

¿No lo sabes?

No. Vaya.

Buenos días, señora Carciofolo. ¡Oh!

Buenos días, comisario. ¿Cómo está?

Bueno, ¿cómo quieres que esté? Mmm.

Después de tantos años siendo la criada del señor Angelino...

Claro.

¿Me puede decir una cosa?

¿Cuando podré volver a entrar en la casa del señor?

No lo sé. ¿Por qué?

Porque habrá que poner un poco de orden.

Limpiar la casa. Él siempre la quería impecable, impecable.

Ordenada y bien limpia.

Y seguro que Vds. la habrán dejado patas arriba.

Ya me imagino cómo estará. Aún nos quedan unos días.

Se lo haré saber. Sí. Gracias.

Vengo porque como sé que usted ha trabajado allí tanto tiempo...

¡Uh! ...sabrá algo sobre el pasado

del señor Todaro. Bueno, si puedo ayudarles en algo,

si me acuerdo de alguna otra cosa... Bien.

¿Usted sabe si en el año 43 le ocurrió

algo grave, muy grave?

En 1943, yo tenía 1 año, comisario.

No, claro, sí, por supuesto.

Me refiero a si se lo contó alguien en la casa

o le comentó algo a Vd.

Aunque yo empecé a trabajar cuando era una niña pequeñita,

empecé muy joven, el señor Angelino

no hablaba nunca, nunca del pasado.

Y sobre todo, no decía una palabra sobre la guerra.

¿Y qué opina de eso?

Yo creo que es porque era fascista.

Pero fascista hasta la médula.

Y no quería que lo supieran por ahí, ¿sabe?

O quizá fuera porque...

porque la guerra le trajera malos recuerdos.

(LLORA)

Oiga, señora, Matteo me ha dicho que él no se hablaba con su padre.

Y que cuando tenían que decirse algo, recurrían a usted,

que hacía de intermediaria. Sí.

De aquí para allá y de allá para acá,

como una loca, comisario.

¿Y qué se decían? ¿Qué sé yo?

No es que me lo contaran a mí.

Todo lo que se decían... Pero, disculpe.

¿Y cómo hacía de...? ¿Eh?

Se lo voy a explicar todo.

Ellos...

(CARRASPEA) ...para evitar que me equivocara

al pasar mensajes importantes o lo que fuera,

a mí me daban unas notitas,

unos papelillos.

Pero nunca, nunca, nunca

he osado yo mirar lo que había escrito. Nunca.

Papelillos. Papelillos.

Tienen que estar en casa de Todaro.

¿En la casa de Todaro?

Él las tiraba todas. No podía ni ver a su hijo.

Imagine si iba a guardar los papelillos.

¿Y Matteo?

Matteo...

Matteo, cuando recibía un papelillo de su padre,

lo leía detenidamente,

luego, cogía y lo estrujaba cuanto podía. Así.

Y lo tiraba al váter.

Sí.

Y además, tiraba de la cadena dos veces de la rabia que le daba.

Aunque, a veces, no. En ocasiones, cuando llegaba,

me lo encontraba tomando el sol tranquilamente

en la tumbona de la terraza.

Yo le daba el papelillo.

He de decir la verdad, ¿sabe?

Claras, las cosas claras.

Él lo leía detenidamente

y, luego...,

le escupía.

Luego, los volvía a estrujar, los tiraba al tejado del edificio

de al lado.

Comisario, un padre y un hijo

¿cómo podían hacer eso?

Por Dios, qué cosas.

(Disparo)

(Disparo)

Buenos días.

No tengo tiempo. Si el sol se pone, el mar se enfriará.

¿Le resulta familiar?

¿Qué?

¿Qué quiere de mí?

Venga ya. Deje de hacer teatro.

Porque sé perfectamente que disparó Vd.

Voy a llamar a mi abogado.

No puede venir aquí insinuando que...

¿Que llamará a su abogado? Y yo llamo a la Científica.

¿Cuánto cree que tardarán en determinar

que esto ha salido de su escopeta?

Vamos, venga aquí.

¿Por qué narices me disparó?

Salí con el coche. Bien.

Pero me había dejado el flotador de pesca en el garaje.

Por eso volví a casa.

Y cuando regreso...,

de repente, veo a un tipo en el tejado.

Pensaba que era un ladrón. Cogí la escopeta que tengo en el garaje

y disparé.

Pero para espantarlo, comisario, para que se fuera.

No quería herir a nadie. Tiene que creerme.

Vale. ¿Y luego?

Luego, vi que era Vd.

Y me... me pilló de sorpresa. Por eso me fui corriendo.

¿Cómo voy a disparar yo a un policía, comisario?

Supongamos que me lo creo.

Pero una cosa.

¿Qué hacía usted en el tejado de mi casa?

Zina me habló de los papelillos que se enviaban su padre y Vd.

Y por eso he subido ahí,

para ver si aún quedaba algún papelillo en el tejado.

Las notas de mi padre. Sí.

Ahora, dígame una cosa.

¿Su padre le habló alguna vez de algo muy grave que le sucediera

cuando él era muy joven?

Bueno, una vez me escribió que yo era el castigo de su vida.

Castigo, evidentemente,

por alguna cosa que haría en el pasado.

Debió ser algo muy malo.

¿Usted qué cree que pasó?

No lo sé. Era un secreto, claro está.

No quería que se supiera.

Pero ¿el qué?

Eso no lo sé, comisario.

Pero si mi madre lo hubiera sabido,

me lo habría contado. Porque mi madre me lo contaba todo.

Se casaron en los 50.

Así que, se tratará de alguna cosa que ocurrió mucho antes de eso.

De acuerdo.

Ahora, me voy.

Adiós. Adiós.

EL FUNDADOR DEL IMPERIO WW IL DUCE

"I'm sorry, comisario".

No sé cómo ayudarle.

¿No le trae recuerdos? No, no.

Recuerdo cuando...

cuando llegaron los refugiados de Libia.

Recuerdo que los mandaron al silo para alojarse.

En esa época, estaba vacío.

Unas semanas más tarde, fui a combatir en el frente.

Y en las pocas cartas que recibí,

nadie me contó nada que pudiera relacionarse

con el misterioso...

Sí, acto...

de Colussi. No.

¿No recuerda ningún amigo que en la época no fuese a la guerra

o que volviera justo después y pueda recordar lo que ocurrió,

alguien a quien se lo pudieran contar?

Pepe Panarello.

Pepe Panarello. Sí.

¿Cómo no lo he pensado antes?

En fin, Pepe.

¿Recuerda el día que se acercó a la playa...

Sí. ...y hablaba con señores mayores?

Por Dios, yo incluido, claro.

Había uno en particular

que parecía muy... nervioso.

¡Os voy a machacar! -¡7 de diamantes!

¡Sí, hombre! -¡Eh! ¿Qué?

¡Anda ya! No puede ser. Siempre saca lo mismo.

Me largo.

Y a mí...

a mí nunca me sale. Nunca me sale.

Quiero la revancha. Adiós. -Vete a la escuela a estudiar. (RÍE)

Señor Panarello. Hola, comisario.

Buenos días. Buenos días.

¿Le molestamos? No. Faltaría más. Siéntense.

Gracias.

Hola. -Hoja, Johnny.

Hola.

Veamos.

Voy a necesitar su ayuda. Sí.

Bueno.

Estoy buscando algo que ni yo sé lo que es.

Y lo único que sé es que sucedió hace muchos años.

Comisario, si me pregunta una cosa de ayer o de hoy,

no hay nada que hacer. Ya.

Pero si me pregunta algo de hace tantos años, soy todo oídos.

Entonces vamos bien, porque es alto que ocurrió hace muchos años.

Precisamente el 15 de septiembre de 1943.

15 de septiembre del 43. Déjeme pensar.

Claro.

15 de septiembre del 43. Eso.

No, no me viene nada.

Pepe, sucedió algo muy importante.

Intente recordar.

No, no sucedió nada.

15 de septiembre del 43.

Comisario, nada de nada. ¿Seguro?

No sucedió nada.

De acuerdo.

Lo siento. No. Faltaría más.

Le agradezco su tiempo. De nada.

Si me necesita, ya sabe. Hasta luego.

(Campanadas)

¿Y eso?

Eso que suena es el reloj del ayuntamiento.

Sí. ¡Oh, cielo santísimo!

Es verdad.

Siéntese, siéntese, comisario. ¿Qué pasa?

Pues claro que pasó. ¡Oh!

(Campanadas)

(Campanadas)

Oh, perdone. Disculpado. Faltaría más.

(TOSE)

Cuando los aliados tomaron Sicilia,

hubo un problema.

Había que quitar de en medio todos los explosivos

y municiones que los italianos y los alemanes

habían dejado abandonados.

Una cantidad impresionante. Pues bien,

¿qué se les ocurrió a los americanos?

Arrojarlo todo al fondo del mar. Y para eso, usaron pesqueros.

Esta labor se la encargaron a una escuadra de soldados,

también americanos. ¿Y ellos qué hacían?

¡Leches! Aún me sigue cabreando acordarme de esto tras tantos años.

¿Qué hacían? Transportaban en camión los explosivos y municiones.

Y de los camiones pasaban los explosivos a los soldados

que estaban en los pesqueros.

Una cosa peligrosísima, como comprenderá.

Claro. Bien.

De hecho, la gente del pueblo rezaba a todos los santos

de ahí arriba, porque era inevitable que pasara cualquier cosa.

Y, de hecho, pasó.

El 15 de septiembre de 1943,

un camión voló por los aires.

Murieron cuatro soldados americanos,

nueve soldados italianos, que eran prisioneros,

pero que utilizaban como ayuda en la carga y descarga

de... de los explosivos.

Y usted cree que fue un accidente. Pues claro.

Eso se pudo evitar.

Porque hacer una cosa como esa era una locura tremenda,

de personas inconscientes.

¿Y la explosión dónde ocurrió?

Cerca del antiguo silo, el que han demolido hace unos días.

Pepe, ¿por qué se ha acordado de lo que ocurrió

cuando ha escuchado cómo sonaba el reloj?

Cuando el camión voló por los aires...,

la explosión fu tan, tan fuerte

que se rompió el cristal del reloj que había en el ayuntamiento.

En las agujas del reloj se veía una cosa negra pegada.

En el pueblo todos pensábamos

que era una hurraca

o un pájaro muerto. Sí.

Al cabo de un tiempo, vino el técnico.

Y se descubrió que no era una hurraca

ni un pájaro muerto.

¿Y qué era? ¿Qué era?

Una mano.

La mano de un soldado americano negro.

Que, con el estallido, voló casi 200 metros

y fue a parar a...

Fue algo impresionante.

Bien, recapitulemos.

Ocho días después del 8 de septiembre de 1943,

Carlo Colussi, irritado por el armisticio,

usa la bomba contra los americanos.

Bomba que le había dado el camarada T.

¿Usted cree que esa masacre fue "intentional"?

No, no creo. De hecho, solo les tenía rabia

a los soldados americanos.

Es cierto.

Y cuando se dio cuenta de lo que había hecho,

se conmocionó tanto que dejó de...

de escribir en el...

en el diario. Sí.

Ahora, hemos de averiguar qué pasó con él y el camarada T.

Oiga, ¿y por qué le interesa tanto ese camarada T.?

Porque creo que la historia del diario del año 43

está relacionada con el caso que estoy llevando.

Y tras hablar con Pepe Panarello,

estoy totalmente convencido de que hay un vínculo.

Y debo averiguar cuál.

¿Un homicidio?

Sí, un homicidio.

Un homicidio.

Entonces, si el propio Angelino Todaro

le dio la bomba a Carlo Colussi, podemos decir que fueron cómplices.

Sí. Pero asumiendo que Todaro sea el camarada T.,

todavía no sabemos quién lo mató y, sobre todo, por qué.

El descubrimiento del diario reavivaría antiguos rencores

que creían olvidados.

Pero ¿quién iba a saber que Todaro tenía algo que ver con la masacre?

Eso también es verdad.

¿Has descubierto algo de Rosalba Todaro?

No. Poca cosa.

Solo va de casa al trabajo.

Vivió con su abuelo.

Creció con él. Él le pagó los estudios.

Se graduó con la nota más alta e hizo un máster

en Organización de Empresas.

Durante años, lo dejó de lado para aprender el negocio.

Ya hace cuatro años que lo dirige ella.

¿Tiene novio? ¿Está casada?

Bueno, por lo que sé, no tiene ninguna pareja.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

¿Puedo? Entra, anda.

Hoy, te tocará hacer un esfuerzo.

¿Ah, sí? ¿Por qué?

Tendrás que felicitarme. Oh, dime.

Casualmente, he pasado por delante de la casa de Angelino Todaro.

Y he visto que en la esquina había un puesto de fruta y verdura.

Sí. Yo también lo he visto. Ajá.

Pues he ido a hablar con el frutero.

Se llama Agostino y está allí casi cada día.

Dice que últimamente

ha visto entrar y salir de casa de Todaro

a un montón de mujeres guapas y jóvenes.

Con permiso.

Pase, pase, comisario. Adelante.

Claro. Buenos días, Zina.

Discúlpeme, señor.

Pero hace solo dos horas que han quitado los precintos.

No se preocupe, señora, le hago dos preguntas y me voy.

Oiga, la otra vez hizo referencia a la posibilidad

de que el homicidio de Todaro

se debiera a un asunto de mujeres.

Y le soy sincero, en ese momento no le di mucha importancia.

Porque me parecía extraño que un hombre de 90 años

aún fuera detrás de jóvenes.

Pero, recientemente, hemos descubierto que por aquí

ha habido un vaivén de mujeres jóvenes.

La verdad es que últimamente las cosa con Angelino...,

con el señor Todaro,

no iban demasiado bien.

Siempre estaba enfadado, muy callado.

Y entonces, yo le dije:

"Señor, sepa usted que la vejez es así".

"Hay que estar atento".

Pero él se enfadaba una barbaridad.

Y entonces, decidió despedirme.

Ah.

Llamó a una agencia de criadas y empezó a quedar con gente

para hacer entrevistas.

Y se presentaron aquí tantas mujeres...

En fin, yo creo que lo hacía aposta

para que me enfadara.

Porque no puede tratarse así a una mujer que ha vivido por él

toda la vida, ¿no?

Y entonces, llegaron mujeres negras jovencitas,

mujeres rubias exuberantes del este,

mujeres hermosas de todo tipo.

Pero yo estaba segura de que todo ese trajín de mujeres

le iban a traer algo malo, ¿sabe? Ajá.

Y de hecho, así fue.

¿Por qué? ¿Qué pasó?

Porque yo misma lo vi con mis propios ojos.

Lo vi subir a un coche con una de esas mujeres.

A saber dónde fue.

No tengo ni idea.

Bueno.

¿Y cuándo fue?

Unos 15 días antes de que...

de que muriera el señor Todaro.

Se lo llevó en el coche quién sabe dónde.

Entiendo.

¿Y se acuerda de la marca del coche?

La marca.

Me acuerdo de la matrícula.

Oh.

Sepa que tengo memoria fotográfica.

Disculpe. ¿Puedo pasar?

Comisario, pero qué sorpresa.

Padre Bescovo. Venga.

No le conocía. (RÍE)

Venga. Disculpe.

Buscaba a Melina Camarella. Ah, sí, sí.

Pues, de hecho, resulta que Melina es mi sobrina.

Ah. Pero, ahora, no está.

Se ha ido a Montelusa a hacer unas compras.

Muy bien.

Pero ¿usted vive aquí? No, no, no, no.

Es que he pasado una gripe muy mala.

Y entonces, pensé en venir aquí para estar con ella unas semanas

en el campo y recuperarme. Claro.

Pero, ahora, me encuentro tan bien

que me han entrado ganas de tomarme un café con Vd.

¿Le parece? Claro. Por supuesto.

Bien, vayamos allí. Es justo ahí.

Disculpe, comisario.

¿Usted por qué quiere hablar con Melina?

¿No habrá hecho alguna cosa? No. Nada de eso.

Es una formalidad.

Estoy investigando el homicidio de un tal Angelino Todaro.

Ah, sí, pobre Angelino.

Ya lo sé, ya lo sé. ¿Le conocía?

Sí. Bastante.

De hecho, estuvo por aquí hace dos semanas.

¿Todaro estuvo aquí? Sí, sí.

Me llamó porque quería hablar conmigo.

Parecía que era urgente, sí.

Le pedí a Melina que fuera a buscarlo con el coche.

Cuando llegó aquí, Angelino estaba muy alterado

y me pidió por favor que lo confesara.

Quería confesarse.

Quería confesarse. Aunque, en fin,

para serle sincero, comisario,

no vino solo porque quisiera confesarse,

sino porque tenía la intención de hacer una enorme donación

a la iglesia, una cifra enorme.

Eran diez millones de euros, ¿sabe?

¿Diez millones? Sí.

¿Y usted qué le dijo?

¿Que qué le dije? Le dije...

que siendo una cifra tan grande, debía hablarlo antes

con su hijo, con su nieta, en fin, con los herederos directos.

Yo no iba a aceptar ese dinero sin que los parientes

le dieran su consentimiento.

Eso fue lo que le dije.

Ah, me dijo que le había insinuado algo

su nieta, Rosalba.

Sí.

Y que, bueno,

ella entendía sus motivos,

pero que prefería hablar de nuevo con él,

que quería hacer cuentas.

En fin, esa tarde nos despedimos

con la intención de vernos de nuevo,

pero, por desgracia...

Disculpe, pero ¿qué le confesó Angelino Todaro?

No, no, comisario. La confesión es secreta.

Y yo no puedo... Pero he de encontrar al asesino.

Sí, lo sé. Pero...

Hagámoslo así.

Usted me responde con un sí o con un no.

¿El motivo de esta famosa donación

de diez millones de euros

está relacionada con algo que él hizo hace muchos, muchísimos años?

Sí.

(Música suave)

Hoy, he estado echándole un vistazo al diario.

Y quería que vieras una cosa.

Aquí.

"Querida Anita, escribo tu nombre y la mano me tiembla".

"Eso me haces sentir".

"Te veo esbozar esa bonita sonrisa y pienso...".

Pero ¿qué es esto?

En esas páginas, intenta escribir una poesía para Anita.

Está enamoradísimo.

Sigue leyendo.

Ah.

Perdóname.

He llegado tarde porque me entretuvo el camarada.

Tranquilo.

Hoy, es tu cumpleaños, ¿verdad?

Sí.

He hecho esto.

Lo he hecho con mis propias manos.

¿Te gusta?

Sí. -Espera.

¿Me ayudas? -Sí.

Este es el trigo de nuestra tierra.

Prométeme que siempre lo llevarás contigo.

Un día estaremos felizmente casados.

Tendremos una casa.

Este trigo ha de crecer libre.

Por nosotros.

¿Vale?

¿Cómo me queda?

Estás preciosa.

¿Qué te ocurre?

Tengo miedo.

Tengo miedo de lo que pueda hacer.

No soy capaz de...

quedarme parado viendo cómo los invasores nos pisotean.

Es superior a mí, no lo aguanto.

No.

No debes hacer nada.

Yo estaré contigo.

Seré tu ángel de la guarda.

Para siempre.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Comisario, ¿molesto? Entra, entra.

Tengo novedades. Primero yo. Siéntate.

¿Sabes que Rosalba Todaro

nos ha contado un cuento chino?

Sí.

¿Sí qué? ¿Cómo puede saberlo?

Porque he revisado el registro de llamadas y he visto que la mañana

en la que se descubrió el cadáver de Todaro

recibió una llamada de Zina

a las 07:15. Que seguramente la llamaba para informarla.

Pero, poco después, a las 07:20, la propia Rosalba hace una llamada.

¿Y a quién hace esa llamada?

A Catalano, su amante.

Catalano. Pero ¿no estaba con él? Exactamente.

¿Y por qué iba a llamar a alguien que estaba durmiendo con ella

en la misma cama?

Porque probablemente no estaba durmiendo con él.

Crees que lo usó como coartada.

Disculpa, pero el que comete un asesinato suele planear la coartada

antes del asesinato, no después. Bueno, eso es verdad.

Sí. ¿Quieres agua? Sí.

Y usted ¿qué?

¿También sabía lo de la llamada? No.

Pero sé que Todaro quería hacer una enorme donación a la Iglesia.

Y estamos hablando de diez millones de euros.

¡Mmm, joder! Eso.

¿Y Rosalba lo sabía?

Lo sabía y no dijo nada.

Ah. Ajá.

Pero ¿cuántos cuentos nos ha contado esa tal Rosalba?

Muchos, muchísimos.

Vamos a buscarla, venga.

Lo demás es bastante simple.

No requiere... Permiso.

¿Le importa si le hago unas preguntas?

Me sorprende ver aquí su tío Matteo,

ya que, por lo que tengo entendido,

la última voluntad de su abuelo era que él no pisara aquí.

¿Quieren sentarse? Claro. Gracias.

Mi tío Matteo puede serme muy útil para dirigir la empresa

ahora que...

que mi abuelo no está.

¿Y le ha dicho que Angelino Todaro,

para purgar una culpa del pasado,

quería donar diez millones de euros a la Iglesia?

Diez millones que habrían supuesto la ruina total de su empresa.

Comisario...,

usted, como es natural,

está buscando un móvil.

Pero, créame, ni Mateo ni yo habríamos podido matar al abuelo.

Aunque fuera a echar a perder la empresa

por sus remordimientos absurdos.

Entonces, ¿por qué tuvo que montarse una coartada

con Ricardo Catalano?

Porque usted esa noche no la pasó con Ricardo Catalano.

Porque no tenía coartada para esa noche.

Y si le hubiera dicho que mi abuelo quería echar por tierra

nuestro patrimonio, la empresa...,

usted habría pensado que yo soy la responsable de su muerte.

¿Y por qué llamó a su tío aún llevando años sin hablarle?

Porque no sabía qué hacer.

Juntos intentamos buscar el modo de... de convencer a mi abuelo.

Le aconsejé que fuera a ver a mi padre.

Y que le hablara de mi hermano Luigi.

Así le recordaría lo importante que era la empresa para Luigi.

Y que si le mandaba a tomar viento...,

sería como borrar una gran parte de su querido Luigi.

Y funcionó.

Con eso se lo pensó.

Y dijo que, de momento, se olvidaría de la idea de la donación.

¿Usted sabe cuál es la culpa que quería purgar su abuelo?

(RÍE) Comisario, créame, no lo sé.

He intentado preguntárselo muchísimas veces, pero...

hablar de esa historia le alteraba tanto...

Al final, ya... ya desistí.

Son una maravilla.

¿Dónde aprendió a dibujar tan bien?

(JOHN RÍE)

"I'm a technical designer".

Al volver del campo de concentración,

estudié en un instituto tecnológico "in the States".

Y...

cuando terminé, me cogieron para trabajar

en el sector textil, gracias a Dios.

(RÍE)

He dibujado tantas cosas...

Fulares, telas... Toda mi vida.

¿Y... y estos?

¿Cuándo los dibujó?

Oh, esos...

esos dibujos los hago desde que estoy jubilado.

Tengo más tiempo. (RÍE)

En mi casa, pasaba muchas...

muchas horas en el porche, yo solo.

Dibujando.

Una tarde...,

había llovido todo el día y...

cuando el cielo comenzó a despejarse...,

mi mujer y yo salimos a caminar

para ver el atardecer juntos.

Evelyn se quedó quieta, inmóvil.

Como perdida en el infinito.

Contemplando...

aquel horizonte.

Hay momentos en la vida de un hombre...

en los que deseas

poder congelar un instante de felicidad.

Tan solo intenté...

intenté hacer un retrato de Evelyn.

(RÍE)

Lo intenté "many times". (RÍE)

Pero conservo solo...

solo uno de ellos, uno. (RÍE)

¿Aún... aún lo conserva?

Oh, sí.

Está colgado... colgado en casa.

Es el único retrato que he hecho en mi vida.

Y le gustaba.

Lo guardé y...

"sometimes...,"

bueno, a veces, me pongo a hablar con ella, con su retrato. (RÍE)

¡Oh!

Guapísima.

Guapísima.

¿Su hijo?

Es Joseph, "my son", sí.

Por desgracia, él tampoco...

tampoco está aquí. Murió en Vietnam.

De aquí salen las barcas que aún usan lámparas.

Sí. También lo he visto en Boccadasse.

Salen de noche a pescar.

En ocasiones, mi padre me llevaba con él.

¿Y le gustaba?

Oh, me despertaba en mitad de la noche

y yo apenas podía mantener los ojos abiertos.

Y luego... luego, cuando estábamos en el mar,

en mar abierto,

el sueño se me quitaba enseguida.

(RÍE) Nos quedábamos horas y horas pescando.

Y la noche pasaba volando.

Él y yo solos.

Sin decirnos nada ya.

Nos bastaba con estar juntos

contemplando el mar,

las estrellas.

A ver, razonemos.

Ambos saben que Angelino Todaro quiere hacer

una gran donación para lavar su conciencia

y que eso suponía su propia ruina.

Entonces, ¿qué hacen? Van a ver a Angelino Todaro.

Y, de algún modo, lo convencen

para que no haga la dichosa donación.

Y ya creen que han salvado el pellejo.

Sin embargo, un día, sucede un imprevisto.

Es decir, derriban el silo. Y dentro del silo encuentran

un diario del año 43 de un tal Carlo Colussi.

Entiendo.

Tú te has autoconvencido de que el camarada T.

que entregó las granadas a Colussi

es Todaro. Exacto.

Entonces, le remuerde la conciencia a Todaro.

Vuelve a cambiar de idea y decide que sí quiere hacer esa donación.

Así que, a Mateo y a Rosalba no les queda otra.

No les queda otra que asesinar al viejo Todaro

y así salvar su patrimonio.

Bueno, a mí me cuadra. Pero, salvo por ahora,

todo esto son solo suposiciones.

Sí. Suposiciones hasta que no logremos demostrar

que el camarada T. del diario es, efectivamente, Angelino Todaro.

Y que, por tanto, Angelino Todaro fue el cómplice de Carlo Colussi

en la masacre del 43.

¿Cómo va el asunto de esos documentos que me diste, Fazio?

Dicen que no tardarán, comisario.

Esperemos que lleguen un día de estos.

Esperemos.

(CAMARERO) Señor Zuck, ¿todo bien?

Ah, "very good, Mario. Thank you".

Gracias. -Gracias.

Gracias. Gracias.

Comisario, me hace realmente feliz estar aquí.

Solía venir cuando era pequeñajo y "you know?".

¿Y sabe quién cocinaba?

¿Quién?

La abuela de Mario.

Oh. (RÍE)

¿Cómo va el tema del diario?

Aún hay muchos cabos sueltos

que no acabo de entender. No sé atarlos.

Pero ¿qué más tiene que entender?

Colussi cometió una masacre porque...

porque le cegaba el amor por su patria.

¿Tiene idea de cuántos jovencitos de mi edad

en esa época se convencieron

de que el fascismo iba a conducir a Roma a la cabeza del imperio?

Sí. Pero ¿sabe qué haría yo

si esta historia ocurriera en nuestros tiempos?

Iría a hablar con Anita.

Esos dos se amaban perdidamente.

¿Y no es posible que Anita también escribiera un diario?

O alguna carta. Algo por escrito.

Creo que esto fue lo único que quedó en casa de mi abuela.

Esto parece un diario.

Oiga...

¿Le importa si me quedo con todo un par de días?

No. Sin problema.

Gracias.

Le acompaño. Sí.

Y si en estos días encuentro algo más, se lo haré saber.

Pues me haría un gran favor.

Y muchísimas gracias, porque me ayudará mucho.

Gracias. Adiós.

Anita también tenía un diario.

Ve al 13 de septiembre.

Dos días antes de la masacre. Sí.

Aquí.

"Hoy, ha ocurrido algo terrible".

"Terrible".

"He estado con mi amor todo el día".

"Después, a las 17:00, he vuelto a casa

y mamá me ha enviado a hacer la compra".

"Me ha dado la cartilla para comprar un poco de pan y aceite".

"Morning. Document, please".

"What's your name?". -Anita.

Anita.

Más guapa que foto.

"All right".

Adiós, guapa.

¡No, no!

¡No! ¡Soltadme!

¡No!

¡No!

¡No, soltadme!

¡No!

¡No, no!

¡No!

¡No, no!

¡No, no!

¡No, por favor, no!

¡No, no!

¡No, por favor!

¡Por favor, no!

¡No, no, por favor, no!

(LLORANDO) ¡No!

Anita.

No.

No, por favor. -Cálmate.

No. -Cálmate.

No, no.

¿Qué ha pasado? -No. Vete.

Cálmate. ¿Qué ha pasado?

Nos equivocamos.

Colussi no cometió el homicidio por razones políticas.

Fue por amor.

Y Anita no pudo evitar que lo hiciera.

Afortunadamente, el diario de Anita no se termina como el de Colussi,

tras la masacre, sino que continúa hasta finales de ese año.

Se sobreentiende que su familia, para olvidarlo,

se traslada a Montelusa.

Aunque Anita nunca dejó de pensar en su carga.

Entonces, no sabemos lo que le ocurrió.

Exacto.

Y eso es lo que pasó.

Te lo quería contar, porque igual te apetecía saber

lo que había descubierto. No, no. Has hecho bien.

Tenía curiosidad.

Ya había leído el diario, pero no imaginaba tanto dolor,

tanto sufrimiento.

Nicolò, la guerra es sangre, aunque haya acabado.

Bueno, gracias por el whisky. Nos vemos pronto.

No, espera. Tengo que pedirte un favor.

Ya decía yo.

Ya decía yo que Salvo Montalbano

no me llamaba por un puro gesto de cortesía.

Pero ¿qué dices? ¿Cómo va a ser eso?

Necesito llamar la atención.

Espera.

Espera, no te entiendo. Quieres que...

Que hagas un llamamiento diciendo que buscamos a Colussi,

que es un señor que vivió en el silo y que en el año 43

tendría unos 15 años. Pero ¿te das cuenta?

¿Te das cuenta de que me pides que haga un llamamiento

para buscar a alguien que, si aún está vivo,

tendrá más de 90 años? ¿Algo en contra de los viejecitos?

No. Pero creo que es una pérdida de tiempo.

Bueno, tú hazlo igualmente.

De acuerdo.

Nos vemos, Salvo. Te acompaño.

(Puerta abriéndose)

Disculpe el portazo, comisario. Se me ha escapado.

¿Qué pasa, Catarella?

Ahora mismo mismísimo ha llegado una moza que quiere hablar con Vd.

¿Una moza? ¿Cómo una moza? Una moza.

Pero ¿una moza de qué? ¿Una jovencita?

No, no, no. Una moza, moza, rechoncha.

Una muchacha. Hazla pasar.

Ahora mismo, comisario.

Por aquí, por favor.

Buenos días. Buenos días.

Me llamo Franca Moccia.

Ah, sí, soy el comisario Montalbano. Por favor, siéntese.

Gracias, comisario.

No tengo demasiado tiempo.

A las 09:00 tengo que ir al hospital de Vigata.

Formo parte de una cooperativa de limpieza.

Pues iremos rapidísimo. Dígame.

Bueno, ayer por la tarde vi las noticias.

Sí.

Y ya sabe, el señor Zito

pedía información respecto a un tal Carlo Colussi.

¿Es que le conoce? Lo conozco.

Yo a ese hombre le debo la vida.

Ah. Cuénteme.

Comisario...,

yo, de jovencita, la cagué un montón de veces.

Con perdón de la palabra.

Pero la más grande...

fue mi adicción a las drogas.

Afortunadamente, mi padre y mi madre

me llevaron a la comunidad de San Lázaro.

Y allí, el fraile Pietro me ayudó a enderezar mi vida.

Además, el trabajo que tengo ahora mismo

me lo buscó él hace 15 años.

Ah.

Pero ¿Carlo Colussi qué pinta en toda esta historia?

Es que usted no sabe una cosa.

Carlo Colussi se hizo sacerdote y se cambió el nombre a fraile Pietro.

Un día, le pregunté por qué se lo había cambiado.

Y él me respondió que Carlo Colussi murió en 1943.

Fraile Pietro, está aquí el comisario Montalbano.

Quiere hacerle unas preguntas.

Idos, idos, chicos.

Id con el padre Carmelo. -Hasta luego, padre.

Gracias.

Demos un paseo.

Nos vemos luego. Hasta luego.

Venga.

Venga, comisario.

Tome asiento. Gracias.

¿Cómo puedo ayudarle?

He venido para darle esto.

Ha pasado mucho tiempo.

Carlo Colussi.

(RÍE)

Tenía temperamento.

¿Dónde lo ha encontrado?

Lo han encontrado dentro del silo que han derruido en el puerto.

También hemos encontrado el diario de Anita de Rossi.

Comisario, me está trayendo recuerdos...

que había enterrado.

Sabe lo que ocurrió en el 43, ¿no?

Sí.

Yo lo que querría saber es qué hizo Carlo Colussi después de eso.

Querido comisario...,

cuando me di cuenta

de lo que había hecho...,

escapé por el horror de las muertes que había causado.

Escapé porque...

no había escuchado a Anita...,

que me había implorado que perdonara

a esos violadores.

Caminé...

como un autómata.

Me encontraron casi inconsciente en la playa...

unos frailes.

Me socorrieron.

Me llevaron a su convento.

Comprendí que el Señor

me estaba indicando el camino

para expiar mis pecados.

Esos hombres que se acercaron a mí rezando...

me ayudaron...

a convertirme en misionero.

¿Y volvió a ver a Anita?

Sí.

Sí, sí, comisario.

Volvimos a vernos y nos abrazamos.

Anita...,

la única mujer

que he amado.

Fue...

en aquel encuentro...

cuando, por fin, hallé la paz.

Gracias...

a un vínculo...

que nada...

podría haber destruido.

¿Sabe que ella murió hace diez años?

Me enteré.

Me enteré, comisario.

Fui a visitar su tumba.

Le pedí al Señor

la gracia de encontrarla...

en su gloria.

Pero imagino...

imagino que no...

no ha venido aquí solo por la curiosidad

de saber cómo fue mi vida.

No.

Yo quería... quería hacerle una pregunta en particular.

El camarada T. del que usted habla en su diario...,

el hombre que le dio las granadas para causar la masacre,

¿es Angelino Todaro?

Angelino...

Angelino Todaro no, no.

A pesar de mis años,

me acuerdo perfectamente de su nombre.

Pasquale Tripepi.

Era un mentecato que comerciaba

en el mercado negro.

Pasquale Tripepi.

Salvo. Hola.

¿Dónde estabas? Dejémoslo.

¿Por qué? ¿Me buscabais?

No. Pero han llegado los documentos que estábamos esperando.

Ajá. ¿Y...? Pues nada,

aparte del arresto durante la guerra, nada.

Ningún antecedente penal, ninguna relación con la mafia. Nada.

En 40 años, no le han puesto ni una multa.

Además, pagó las facturas un día antes del plazo que le daban.

Un ciudadano ejemplar.

Bueno, a veces, los ciudadanos ejemplares

hacen las peores cosas.

En fin, lo suyo habría sido hablar con el abogado.

Era su socio en el negocio y colaboró con él

desde que empezó la actividad empresarial.

¿Y por qué no lo habéis hecho? Bueno, porque el abogado,

un tal Vito Busacca, murió en 1989.

¿Cómo dices que se llamaba? Vito Busacca.

¿Por qué? ¿Lo conoce? No, no.

Pero Vito Busacca era el abogado de la familia Zuck.

Ah. Cuando él estaba en América

con su mujer, Evelyn,

él le avisó de la muerte de sus padres.

Señor Panarello.

Oh, comisario. Buenos días.

Buenos días. ¿Qué tal?

¿Cómo está? Bien. ¿Y Vd.?

No me quejo. Ahí vamos. Quería hablar con Vd.

Claro. Siéntese. ¿Puedo invitarle a un café?

Sí. Solo. Gracias. Solo.

¿Nos trae dos cafés, si es tan amable?

Ay, ay.

Bueno. Dígame, comisario.

Oiga, señor Panarello, ¿Vd. conocía al abogado Busacca?

Comisario, ¿me toma el pelo? ¿Por qué?

Porque es la segunda persona que me pregunta por el abogado Busacca.

¿Y quién fue el primero? ¿Nuestro amigo?

Exactamente. Johnny.

Vino unos días antes que Vd.

Y charlando y charlando, al final, sacó el nombre

del abogado Busacca.

Me habló de su padre y de su madre.

Y quería saber si llegué a conocerlos en vida,

si me acordaba de ellos.

Claro que me acordaba. ¿Cómo no?

Su madre, la pobre, siempre lloraba, desde la mañana hasta la noche,

porque recordaba a su hijo.

El padre, no. El padre era una persona muy serena,

muy dura. No hablaba nunca.

Pero, en el fondo, esperaba que antes o después

su hijo regresara a Vigata, es normal, ¿no?

Claro. Ay.

Pero ¿hablaron del accidente?

Sí.

Yo sabía lo que había ocurrido.

Pero no sabía

todo lo que pasó después.

¿Por qué? ¿Qué pasó después?

Yo se lo explico.

Comisario, ha de saber que el papá de Giovanni

era una persona equilibrada.

Conducía bien, era prudente

y el coche era nuevo.

Bueno, pudo haberse distraído al volante.

De acuerdo, pudo haberse distraído.

Pero cuando el coche cayó por el barranco,

no hubo frenazo.

Aunque lo más extraño no es eso, es otra cosa.

Él se enteró, también por el abogado Busacca,

de que su casa, con todo el terreno de alrededor,

la habían vendido por unas migajas.

En cambio, el ayuntamiento la compró a precio de oro

por el nuevo plan urbanístico.

Bingo, comisario. Veo que caza las cosas al vuelo.

Ya está aquí el café. Sí.

Gracias. Tenga.

Como ve, a mí me gusta amargo, comisario.

Yo también lo bebo sin azúcar.

Oiga, pero Zuck... Sí.

...¿sabía lo del plan urbanístico?

Yo se lo dije cuando me lo contó todo.

¿Y la casa de Zuck quién la compró?

El abogado Busacca, que la vendió a precio de oro.

Junto a otro hombre que en la época trabajaba de mecánico.

Comisario, se lo ruego, no me pregunte cómo se llamaba,

porque ya estoy muy mayor. ¿Qué dice?

Haga el favor, ¿eh? ¿Cómo que mayor?

¿Qué está diciendo? Si tiene la memoria de un chaval.

Eso antes. Bueno, hagámoslo así.

¿Si le digo el nombre? Muy bien, probemos a ver.

El socio de Busacca,

el mecánico, ¿puede que se llamara Angelino Todaro?

Ese mismo. Sí.

¿Sabe que fue...? (RÍE)

¿Que fue...

lo que más me sorprendió cuando llegué a EE. UU, comisario?

No, señor Zuck.

(RÍE)

El hecho de que allí todo el mundo se tuteara.

Todo el mundo.

Al principio, pensaba que era...

algo negativo. Pero, al final, acabó gustándome.

Si ambos nos hubiéramos tuteado...,

se lo habría dicho antes.

A Angelino Todaro lo maté yo.

¿Qué es lo que ocurrió?

Panarello...

me habló de Busacca.

Y él me contó que Busacca

y Todaro querían comprar el terreno de mis padres

por cuatro perras.

Y...

fue Todaro quien manipuló,

quien cortó los frenos del coche de mis padres para matarlos.

¿La culpa que atormentaba a Todaro y que le hizo querer donar

diez millones a la Iglesia era el asesinato de sus padres?

Cuando encontraron el diario, decidí ir con Panarello

para que me contara cosas de mis padres.

Comisario, ya no me quedaba nada.

Ni un familiar.

Nada.

Ni tan siquiera una fotografía de mis padres.

Era...

era un hombre sin raíces.

Pero Pepe me contó que esas raíces las cortó un hombre.

Un hombre, no el destino.

Y fui a verle en persona esa noche.

Había pensado en irme a Chicago, pero no podía hacerlo, comisario.

Necesitaba hablar con usted.

Tenía que decírselo,

porque sé que igualmente lo habría descubierto.

¿Cómo puedes osar inclinarte ante el Señor?

Me llamo John Zuck.

En otra vida...,

cuando vivía aquí, en Sicilia...,

me llamaba Giovanni Zuccotti.

Y Bernardo Zuccotti...

y Ágata Malaspina, son mis padres.

Unos día después del homicidio,

regresé al lugar en el que se cayó el coche.

Bajo una mata...

encontré esto.

La he llevado conmigo muchos años.

La he conservado y aún me pregunto por qué.

Está grabado el nombre de tu madre.

¿Porqué los mataste?

No habían hecho nada a nadie.

Una mañana, el abogado Busacca

se presentó en mi oficina.

Él me propuso cortar los frenos del coche de tu padre.

Eso fue lo que hice.

Y ocurrió el accidente. Al poco tiempo,

el abogado Busacca se presentó con una bolsa

llena de dinero.

Yo no había visto tanto dinero en toda mi vida.

Era dinero manchado de sangre.

(TODARO) Sí. Pero el mal llama al mal.

Porque en mi vida había hecho sufrir a tantas personas.

Uno puede engañar a su conciencia,

pero no a la justicia divina.

Por eso, un día, el Señor se llevó a mi hijo el mayor.

Dejé lo demás

y crié en mi empresa

a mi nieta, cínica y despiadada, como yo.

Pero, ahora, miro atrás y solo veo dolor y sufrimiento.

Y me pregunto: "¿De qué sirvió todo esto?".

¿Por qué me cuentas esto?

¿Qué quieres de mí?

¿Quieres mi compasión?

¿Quieres mi perdón?

Solo has de llevar a cabo lo que el Señor

te ha enviado a hace aquí esta noche.

No sé cómo explicarlo.

Cuando tuve la pistola en mis manos...,

sentí una fuerza

que me empujaba.

Entonces, pensé en la muerte de mis padres,

pensé en mi hijo,

en mi mujer,

en la rabia.

Y por eso le apunté con la pistola y apreté el gatillo.

Hasta que no quedó ni una bala en el cargador.

(LLORA)

Me...

me llevé la pistola. Me...

Quería acabar con todo esto.

Fue entonces

cuando vi las luces de la fiesta de San Giorgio.

Y...

y me acordé de cuando iba de pequeño.

Quería verla una vez más.

La fiesta.

Y por eso tiré la pistola.

Sí.

Señor Zuck, he de arrestarle.

(RÍE)

Lo sé.

Es su deber.

Pero ¿podría esperar a mañana, por favor?

Me gustaría ver por última vez

la fiesta de San Giorgio, una vez más, "one more time".

Será la última vez que la vea.

(Música de orquesta alegre)

(Móvil)

Diga. "Buenos días, comisario".

Ah, Fazio. Dime.

"Acaba de llamar un señor".

"Ha encontrado un muerto en la playa".

Entiendo.

"Y, bueno...". Déjalo, Fazio.

Dime dónde está.

Comisario.

¿Y bien?

Se ha disparado en la sien.

Con una pistola de la II Guerra.

Podría ser la que se usó en el asesinato de Todaro.

Por eso he pensado que igual... Luego te lo cuento.

Llévame. Sí. Es por aquí.

Es ahí, comisario.

("Comu aceddu finici")

El comisario Montalbano - Un diario del 43

09 dic 2019

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