Los bosques han tenido un papel fundamental en el desarrollo de la historia natural, social y económica de España, desde los tiempos más remotos hasta la actualidad. Esta serie documental quiere concienciar a la opinión pública de la importancia de estos ecosistemas.

Serie emitida en "La aventura del saber".

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El bosque protector - Incendios forestales - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por TVE.

Una de las escenas más desoladoras que podemos contemplar

es la un bosque arrasado por la llamas.

Basta tan solo unos minutos para destruir lo que la naturaleza

y a veces, la mano del hombre,

han tardado tanto tiempo en crear.

Pero, después del incendio, ¿qué se puede hacer?

¿Cómo se recupera el monte?

¿Se debe intervenir?

¿se debe deja a la naturaleza que siga sus propias leyes?

En este capitulo veremos

que medidas se pueden poner en marcha

para que tras el paso del fuego,

el monte, pueda recuperar el territorio perdido.

Donde antes las ramas de los árboles

proporcionaban alimentos y refugio a decenas de especies

ahora, se alzan los siniestros esqueletos

de los árboles calcinados.

Con el tiempo,

la vida comienza a recuperarse

y los brotes se abren camino entre las cenizas

y las cortezas abrazadas.

No obstante,

en la capacidad de la naturaleza para regenerarse,

mientras el ser humano

mantenga la presión sobre el terreno quemado,

puede que el bosque,

nunca logre recuperar sus antiguos dominios.

Los incendios,

son un problema endémico de nuestros bosques,

y una de las mayores amenazas

para su conservación.

Al año, se producen entre 50 mil y 65 mil siniestros,

que calcinan, unas 159 mil hectáreas de monte,

o lo que es lo mismo,

una superficie equivalente

a 150 mil campos de Fútbol.

Una de las grandes preocupaciones

es que, la sociedad percibe

la sensación se perdida de lo forestal,

de la riqueza forestal,

cuando aparece un gran incendio,

parase que, nos hacemos protagonistas

en el momento de la tragedia.

La preocupación sobre las grandes masas forestales,

es que desaparecen en estas tragedias grandes

que aparecen en los medios de comunicación

se vislumbra a través,

de los Reales Decretos de emergencias

para la regeneración de las masas,

y la compensación de las perdidas,

y, conlleva a que, tanto a Comunidades Autónomas

como al ministerio,

hacen un esfuerzo extraordinario para tener un seguimiento

en mucho de los casos en detalle

y en otros a lo mejor no tan precisos

de la evolución y del desarrollo

de todas esas zonas forestales que han ardido

y que requieren, no solamente una reparación

sino un siguiendo continuo y permanente

de la evolución y desarrollo que ya tienen.

Gracias al aumento de eficacia de los medios de extinción

las estrategias de previsión y las medidas legislativas,

en las últimas décadas,

el número de siniestros

se ha ido reduciendo progresivamente.

Pero no todo son buenas noticias.

Los grandes incendios forestales

cobran cada vez un mayor protagonismo.

Entre 2003 y 2012,

el 41% de la superficie forestal afectada por el fuego

ardió en incendios de más de 500 hectáreas.

El ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente,

en la lucha contra incendios forestales

tiene un dispositivo que intenta completar

e implementar todo el trabajo que tienen las Comunidades Autónomas

En realidad, anualmente más de 67 medios aéreos

500 brigadistas y,

juntados con pilotos y todo el personal del conjunto

de lo que es el dispositivo General de Coordinación

estamos hablando de otras 400 personas más, casi 500.

El esfuerzo económico que hace el ministerio

esta siempre cercano entre los 80 y los 129 millones de euros,

dependiendo de las partidas económicas

que tienen en cada unidad

En 2012, el impacto de los grandes incendios forestales,

fue especialmente significativo.

Con casi, 210 mil hectáreas arrasadas

en incendios masivos.

Desastres como los de Castrocontigo en León,

o Morataya y Hellin, en Murcia y Albacete,

son una muestra de esta peligrosa tendencia.

La naturaleza no es incompatible con los incendios

que incluso, cumplen funciones ecológicas

como la selección natural,

la regeneración de los pastos,

o la liberación de nutrientes al suelo.

Los veranos prolongados y con altas temperaturas

la escasa humedad,

y fenómenos meteorológicos como las tormentas secas

hacen que de manera natural

el fuego sea un visitante habitual

de los ecosistemas Mediterráneos.

Al mismo tiempo,

la escarpada orografía de la Península

facilita la aceleración de las llamas

que cuando se ven encapsuladas en cañones y vaguadas

se propagan de manera eruptiva.

Por ello,

muchas especies han desarrollado estrategia de supervivencia,

frente a los incendios estivales.

Algunas como el Alcornoque o el Pino Negral,

resisten a las llamas con sus gruesas cortezas,

otras como las Encinas,

rebrotan con facilidad tras ser quemadas,

mientras las Jaras y los Pinos,

son especialistas en dejar sus semillas en el terreno

para que sus vástagos vuelvan a emerger

del suelo calcinado.

Pero si el fuego vuelve a aparecer demasiado pronto

los nuevos brotes y los árboles inmaduros, mueren,

y son fácilmente reemplazados

por especies herbáceas de menor calidad ecológica.

Al contexto biogeografico de la Península

hay que sumar,

la enorme influencia del hombre,

sin al cual,

el fuego no sería tan recurrente,

ni tan devastador.

Los incendios forestales han incidido siempre

en la geografía española,

sin embargo, el cese de las actividades forestales

el abandono agrario,

o el despoblamiento rural,

lo que han hecho ha sido incrementar el exceso de vegetación,

incrementar la densificación,

lo que hacen que las llamas se propaguen con mayor facilidad.

Estamos hablando de que hoy en día tenemos bosques listos para arder

que incrementan el riesgo de que un incendio se convierta

en un gran incendio forestal.

El abandono del campo que se ha producido

desde mediados del siglo XX,

ha transformado drásticamente los usos del suelo

y en muy poco tiempo,

ha roto interacciones seculares.

Actualmente,

existen cerca de medio millón de hectáreas de monte

que no están destinadas ni a pastos ni a explotación forestal.

Como consecuencia,

la materia vegetal que antes era retirada por el ganado

o por el aprovechamiento de los recursos del bosque

ahora se acumula en el suelo

aumentando la combustibilidad del terreno.

La transformaciones del medio rural

también se reflejan, en el cambio del papel económico

que juegan las repoblaciones forestales.

En las décadas de los 50, 60 y 70

se plantaron miles de hectáreas de especies de crecimiento rápido

que contribuyeron a proporcionar ingresos a las zonas rurales

y a servir de escudo frente a la erosión

Sin embargo,

la disminución de la rentabilidad del sector forestal

ha motivado que muchos de estos bosques

hayan perdido su función económica

y que actualmente,

se encuentren abandonados

o deficientemente gestionados.

Como consecuencia,

existe un gran desfase

entre el crecimiento anual de la biomasa

y la retirada de madera y leña.

La elevada densidad de estos bosques artificiales

compuestos por grandes extensiones homogéneas de escasa diversidad

favorece la propagación del fuego

que cuando surge,

se extienden rápidamente de copa en copa.

Hoy sabemos que, no todos los bosques

se queman por igual.

estamos hablando de que, las masas autóctonas,

mixtas e irregulares,

son un buen corta fuegos para los incendios,

puesto que, dificultan en mayor medida

la propagación de los incendios.

En contraposición

las masas más monoespecificas, más homogéneas,

lo que hace es, que las llamas corran

con muchísima más velocidad

haciendo que los dispositivos de extinción

tengan más complicaciones para apagar estos incendios.

Hoy sabemos y podemos afirmar

que los bosque mixtos, rentables, y diversos,

son lo mejores cortafuegos contra los incendios.

Como dato,

la superficie de los eucaliptales en España

representa el 3% de la superficie forestal

y concentran el 20% de los incendios forestales

sin embargo, las masas autóctonas

que ocupan entorno al 65% de la superficie forestal

únicamente acoge el 23% del total de los incendios

por lo que estas cifras nos dan idea de,

de que hay que apostar por este tipo de bosques autóctonos,

diversos, y rentables.

Además, de las condiciones estructurales de nuestros bosques

existen otros factores que favorecen la aparición de incendios.

Secularmente,

el fuego ha sido un elemento de la gestión de la vegetación

y de los desechos agrícolas en el medio rural.

La quema de rastrojos, pero también, el incendio de pastos

para favorecer su regeneración

es una técnica muy común

en algunos puntos de nuestra geografía,

lo que ayuda a explicar

la mayor incidencia del fuego en algunas regiones.

La mayor parte de los fuegos

se concentra en Galicia,

que en la primera década de este siglo

albergó más del 40% de los siniestros,

delejos le siguen Castilla y León y Asturias

con el 11% y el 10% respectivamente.

Respecto a las causas,

es en el noroeste donde la intencionalidad

tiene un mayor peso.

Mientras que en el área mediterránea o en el interior

los descuidos y las causas naturales

son predominantes como el origen de los incendios.

A las relaciones humanas con el bosque

hay que sumar un urbanismo desordenado

que prolonga la influencia de la población de la ciudad

en zonas rurales

facilitando la propagación de siniestros por descuidos.

Al mismo tiempo,

la crisis económica que atraviesan Europa y España,

afectan negativamente a la financiación

de los medios de prevención, extinción y gestión.

Sí que es cierto que había una fuerte inversión

en los últimos años

a consecuencia de la crisis económica

y que quizás la inversión no es toda la que debiera ser

no olvidemos que muchas hectáreas del monte en España

tampoco es fácil.

Esto se agrava porque se ha abandonado el campo

en gran parte,

ya no se recoge leña,

no se pastorea de esa forma tan intensa como anteriormente

esto supone un aumento de biomasa, leña, ramas, árboles muertos,

que aumenta y acrecienta efectivamente

el peligro de incendios.

Se intenta compensar y estamos trabajando en esa línea

con una gestión más eficaz de los montes.

Dedicando a diario más, estos temas

pero, estamos trabajando en estos.

En un verano caluroso

una pequeña chispa puede hacer prender con facilidad

la materia vegetal acumulada,

que tras a ver perdido su humedad

se convierte en el combustible perfecto.

Rápidamente el fuego trepa por los trocos secos

incinerando las agujas de los pinos.

La proximidad de los árboles facilita la extensión del fuego.

Enseguida, se creará un infierno de cientos de grados

que sin descanso e impulsado por el viento,

comenzará a devorar el bosque.

Una vez la batalla contra la llamas ha concluido

los técnicos se esforzarán por diseñar una estrategia

para asegurar que la cubierta forestal

pueda volver a surgir.

El primer paso,

es conocer la verdadera magnitud de los daños causados

Para ello,

se han de analizar la extensión del fuego

y su impacto en el territorio,

dividiendo el espacio,

en rodales que precisarán

de actuaciones especificas.

Los efectos del fuego sobre la vegetación

dependen de un gran número de factores

como el tipo de incendio,

las especies que la componen,

o su grado de madurez.

por lo que las medidas a tomar varían mucho en cada caso

y en casa zona afectada.

Una medida habitual

es restringir el acceso al área afectada

para que el tránsito de personas o animales

no dañen las semillas

o aumente los procesos erosivos.

La necesidad de intervenir tras un incendio

viene dada por la propia intensidad del incendio

no todo los incendios son iguales.

Depende de como ha sido este incendio,

de intensidad, la recurrencia,

no es lo mismo un incendio en una zona preincendiada

que otra que no lo ha sido,

la especie que se ha quemado,

la topografía de la zona,

la climatología postincendio importante

la gota fría clásica que después del incendio

provoca más daños

pero no fuera el caso.

No se pueden dar normas

habrá que estudiar cada caso

pero el ministerio, si que es cierto que actúa

cuando los incendios son grandes.

Un incendio grande es normalmente un incendio intenso,

porque afecta a muchas especies en una superficie grande.

Para dar alguna cifra el ministerio actúa

a través de una declaración de emergencia, de una ley,

y al promulgación de una ley cuando los incendios

superan las 10 mil hectáreas,

de las cuales, el 70% son arboladas

o la mitad de estas hectáreas 5 mil

de las cual, el 70% arboladas

cuando se sitúa en zona o Red Natura,

se supone que es un incendio mas importante

porque afecta a los valores de está Red Natura.

Los árboles quemados,

se pueden convertir en un vector de propagación de plagas.

Los incestos xilófagos, anidan en la madera muerta,

y se pueden extender a los ejemplares supervivientes

que tras el incendio son más vulnerables a sus ataques.

Si esto ocurre,

es necesario recurrir a medidas fitosanitarias,

y a veces retirar los árboles calcinados

para que no alberguen huéspedes indeseables.

En caso de hacerlo,

los árboles deben ser transportados

de la manera menos dañina posible,

ya sea con tracción animal

u otro método para evitar la erosión.

A pesar de todo,

es necesario dejar un cierto número de ellos

para que las aves y otros animales

tengan donde construir sus hogares.

Perdida de nutrientes,

alteraciones del ph,

disminución de la permeabilidad

y perdida de la microfauna,

son algunas de las alteraciones que un incendio

provoca en el suelo del bosque.

Por ello, su conservación en las mejores condiciones posibles,

es esencial, para la futura regeneración del arbolado.

Si las características del terreno y la climatología

hacen que exista un alto riesgo erosivo

es necesario intervenir mediante obras

que ayuden al monte,

a conservar el sedimento de las pendientes.

Para lograrlo,

con tierra y material vegetal,

se construyen empalizadas

o fajinas paralelas a las curvas de nivel

que ayudan a frenar la escorrentía y la perdida de sedimento.

Mediante la siembra de vegetación herbácea

se ayuda a compactar el terreno.

Por su parte,

las obras de corrección hidrológica

tienen como objetivo que los arroyos y torrentes

no arrastren los preciados materiales

sobre los que crecerá de nuevo la vegetación.

Las albarradas,

frenarán el paso de los aportes sólidos

de gran tamaño.

Una vez pasada la etapa de emergencia

los técnicos comienzan a gestionar la zona afectada

Mediante las podas,

se eliminan las ramas debilitadas o enfermas,

se realizan con extremo cuidado

para no provocar desgarros

que facilite la entrada de patógenos.

A través de técnicas como el resalveo

se seleccionan los mejores brotes

para asegurar un crecimiento mas vigoroso

para evitar que los pequeños arbolitos

que surgen de la tierra no sean derrotados por las herbáceas

en la competencia por lo nutrientes

se llevan a cabo desbroces selectivos

que eliminan el exceso de vegetación.

Si es necesario asegurar el aporte de agua

se trazan surcos y canales

que ayuden a llevar el preciado líquido

a las jóvenes plantas.

En algunas ocasiones,

las condiciones del monte

aconsejan llevar a cabo repoblaciones

que faciliten y aceleren el proceso derecuperación.

Entendemos que las siembras son las repoblaciones,

son necesarias,

pues cuando, la cubierta vegetal a medio o largo plazo

no vaya a producirse de forma natural

o cuando el no intervenir pueda suponer riesgos para el suelo

en cualquier caso,

volvemos a la idea inicial,

es fundamental hacer un análisis

y valorar donde hay que facilitar la regeneración natural

donde hay que repoblar,

o donde directamente no es preciso hacer nada

porque la regeneración va a funcionar.

Con la ayuda prestada por el hombre,

el bosque, comienza a resurgir.

Dado que es un objetivo a largo plazo,

el seguimiento y estudio de su evolución,

es fundamental para que el proceso se desarrolle con éxito.

La mejor restauración es la que no hay que hacer,

eso esta claro,

entonces, la administración quizá, debería intentar

que no sea precisa efectuar la restauración de la zona.

Podíamos homologarlo como un enfermo con una persona enferma

lo mejor que no caiga enfermo,

una sanidad, higiene, cuidados, etc.

En este sentido, cuidar los montes como hemos dicho,

sería una primera labor.

Si se pone enfermo la persona, si se produce el incendio,

pues habrá que actuar rápido,

un diagnostico rápido

y una aplicación de tratamiento rápido,

sería las vías de emergencia de las que hablamos,

cuanto antes actuemos,

menos van ha acelerarse esos daños,

que no haya más daños de los propios del incendio.

Y posteriormente, podemos decir,

el seguimiento de como evoluciona este enfermo

o este monte incendiado en nuestro caso.

La administración en primer lugar

tiene que asumir la importancia de las labores de restauración

y trasladárselo a la sociedad,

la sociedad se piensa que el problema de los incendios

se acaba cuando se extinguen las llamas

pero es en ese momento,

cando hay que actuar precisamente

para tratar de devolverle vida al monte de nuevo.

Y hay muchas formas para hacer esto.

Desde nuestro punto de vista,

lo fundamental es que los Bosques vuelvan a ser aprovechados,

para que sean rentables,

para que la sociedad cuide de ellos,

por su puesto, en un contesto de conservación

de los servicios ambientales que los bosques ofrecen.

En contraposición, a este escenario,

lo que nos encontramos es que las Administraciones Públicas

están impulsando estrategias que están muy lejos de hacer

que los bosques sean más resistentes a futuros incendios

por el incumplimiento en los plazos de ejecución,

por la falta de planificación,

por la ausencia de procesos de participación pública

y sobre todo, por la falta de financiación a largo plazo.

Todo el mundo duda de, cando surge un gran incendio,

¿qué hacer?,

y mucha gente tiene miedo a la forma de realizar

esa posible restauración o regeneración.

Yo creo, que no hay que tener miedo,

como gestores, los forestales, deben asumir su responsabilidad.

Hay zonas donde los mas probable, lo mas lógico sea

sea esperar a que las masas regeneren por si mismo,

porque es fácil evaluar los semillados

de las plantas autóctonas,

o de las plantas que estaban allí con anterioridad,

y lo que requiere es un estudio pormenorizado,

hoy en día en España tenemos grandes forestales

que son capaces de evaluar, en cada uno de los casos

la fórmula de trabajo que conlleva cada zona,

y en una zona quemada puede que en un 20%

haya que hacer una técnica,

y en un 80% otra,

y en otra zona quemada sea totalmente lo contrario.

Lo que es muy importante es darse cuenta

que el que sufre la tragedia de los incendios son los forestales

y la superficie forestal

y hay que tomar las medidas mas adecuadas

para preservar nuestros terrenos y nuestras masas,

que todo el mundo dice que quiere mucho,

pero luego cuando estamos trabajando en el campo

no notamos ese mismo grado de aprecio y de entusiasmo

en la gestión de la realidad.

Los grandes incendios,

pueden desencadenar procesos irreversibles

que hagan que el bosque,

nunca vuelva a ser el mismo.

España posee auténticos tesoros forestales

que son el resultado de millones de años de evolución

y adaptación al entorno.

Afortunadamente,

contamos con el conocimiento necesario

para ayudar a que tras el paso del fuego,

el bosque, vuelva a surgir de entre las cenizas.

El abrazo de las llamas

puede hacer que, lo que naturaleza a tardado

siglos en crear,

desaparezca en un impresionante y abrazador suspiro.

La mayoría de los científicos coincide

en que el aumento de las temperaturas medias

debido al cambio climático,

va a repercutir negativamente

en la incidencia de los grandes incendios.

Ante este escenario en países como España,

es esencial tratar de reducir su magnitud

pero también, aprender a paliar sus consecuencias.

Sin duda la perdida de los bosques supone la perdida

de un valioso recurso económico y natural

y representa la eliminación de una barrera de defensa

ante el gran avance de la desertificación.

Con una adecuada gestión,

y la aplicación de una metodología rigurosa y científica,

podemos ayudar, a que a pesar del paso del fuego

el monte quemado vuelva a ser lo que fue,

un bosque que desarrolle su papel

de bosque protector.

Subtitulación realizada por Francisco José Fernández Rey.

El bosque protector - Incendios forestales

26:18 29 sep 2018

Las especiales características climatológicas de la Península Ibérica ha hecho de ella que sus habitantes tengan una cultura acostumbrada al fuego.

Histórico de emisiones:
29/12/2012
13/11/2016

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29/12/2012
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