Los bosques han tenido un papel fundamental en el desarrollo de la historia natural, social y económica de España, desde los tiempos más remotos hasta la actualidad. Esta serie documental quiere concienciar a la opinión pública de la importancia de estos ecosistemas.

Serie emitida en "La aventura del saber".

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El bosque protector - Desertificación, un problema global - ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Entre 1968 y 1973, tuvo lugar en el Sahel,

una de las sequías más importantes del siglo XX.

Afectó a seis millones de habitantes de la región,

y a 25 millones de cabezas de ganado,

provocando la muerte de alrededor de cien mil personas.

Esta sequía, con sus ramificaciones sociales y políticas,

sirvió para la elevar la desertificación

al nivel de problema global.

En este capítulo, mostraremos la problemática de la desertificación

y, en especial, en nuestro país.

Antes de que el ganado muriera,

grandes áreas, especialmente, alrededor de los puntos de agua,

perdieron la vegetación,

como consecuencia del número excesivo de cabezas,

y de la ruptura del modo tradicional de cultivo,

derivada de la construcción de pozos profundos.

La mala gestión de la tierra,

cultivos intensivos, deforestación o incendios forestales,

son algunos de los factores relacionados con la desertificación.

La desertificación tiene efectos muy diferentes,

en función de la situación económica de un país.

En países desarrollados, como el nuestro,

la desertificación es un problema de degradación de tierras

que tiene impacto, sobre todo, culturales.

En un país, en vías de desarrollo,

la desertificación tiene efectos directos

en el bienestar directo de la población.

En la producción de la alimentos, en las condiciones de vida,

en los recursos de combustible,

es decir, que afecta directamente a la vida de la población.

Lo que hace que se considere a la desertificación

como un problema a escala global, es que afecta, aproximadamente,

a la sexta parte de la población mundial.

Al 70% de todas las tierras secas,

equivalente a 3,6 millones de hectáreas,

y a la cuarta parte de la superficie total

de las tierras del mundo.

La OCDE ha afirmado que si el ritmo de degradación del suelo

continua en los países en vías de desarrollo,

en pocos años, más de un tercio de las tierras agrícolas del mundo,

pueden perderse o destruirse.

Los países de la OCDE, en realidad, una buena parte de ellos,

no se ven, en sentido estricto, afectados o no se verían,

afectados, en sentido estricto, por la desertificación,

puesto que no están en lugares... son de climas... húmedos,

o relativamente húmedos.

O sea, que una parte de esos países podrán tener degradación del suelo,

pero no es, estrictamente, desertificación.

Del resto, que son fundamentalmente, los países mediterráneos y Australia,

las previsiones..., hay dos factores, en esas previsiones.

Hay un factor, en conjunto, positivo, globalmente positivo,

porque el desarrollo económico

y la retirada de la extracción excesiva de recursos

del territorio, de manera considerada de manera extensiva,

hace que la vegetación natural progrese hacia una recolonización

de manera natural;

aunque este contexto, algunos puntos, pueden ser problemáticos,

como la sobreexplotación del agua subterránea...

Pero, en conjunto, es una previsión positiva.

El aumento constante de la población en las zonas más áridas del planeta,

supone una mayor demanda de agua, generalmente ya escasa,

y provoca un efecto de empobrecimiento del suelo

como paso previo a la desertificación.

En todos estos años,

desde que se llevó a cabo la conferencia de Nairobi,

ha habido altibajos,

en relación con la respuesta de la Comunidad Internacional,

frente al problema de la desertificación,

porque el interés y el apoyo de los Gobiernos ha oscilado

en función de la coyuntura política, económica... del momento,

y, también se ha visto, en cierto modo, perjudicado,

entre comillas, por el hecho de que han surgido

otra serie de problemas medioambientales

que han, un poco, oscurecido el interés

por el problema de la desertificación,

como pueda ser el del cambio climático.

Y eso es lo que ha hecho que haya habido

una serie de altibajos, a lo largo de los años,

en relación con el interés que han mostrado

las organizaciones internacionales y la comunidad, en general,

la Comunidad Internacional.

Sin embargo, tanto las reuniones que han habido, con posterioridad,

como toda la serie de reuniones a escala regional,

y las estrategias a nivel nacional de todos los países,

como ha ocurrido en el caso de España,

han mantenido viva la llama del interés,

y el planteamiento de estrategias a todas las escalas,

para poder llevar a cabo una estrategia eficiente

en relación con la lucha con la desertificación.

Aunque en los países pobres los resultados son más patentes,

en los desarrollados, el abuso del consumo de agua,

también repercute de manera muy negativa.

Sirva como ejemplo que en Estados Unidos se necesitan,

actualmente, para todos los usos,

unos 1200 metros cúbicos, por habitante y año.

España no se encuentra alejada de esta cifra,

y demanda unos 900 metros cúbicos por habitante y año,

siendo el sector agrícola

el que mayor participación representa en dicho consumo,

con cerca del 68% del total.

España es el país de Europa más afectado

por la degradación del suelo, tanto en intensidad como en extensión

De hecho, más de dos terceras partes del territorio español,

pertenecen a la categoría de zonas áridas, semiáridas,

y subhúmedas secas, pero es, sin duda, la zona sur,

a excepción de los sistemas montañosos,

la que se encuentra en mayor riesgo de desarrollar la desertificación.

La realidad es que,

de los 50 millones de hectáreas de nuestra geografía,

solo, unos 15 millones tienen bosques.

Las características de nuestro relieve

y la irregularidad de las precipitaciones

hacen a nuestro país muy vulnerable a los procesos erosivos.

Más del 30% del territorio español

se encuentra sometido a procesos de erosión graves.

Estimándose que unos mil millones de toneladas de tierra

se pierden, anualmente.

Estos procesos no son ajenos,

ni siquiera, a las tierras cultivadas.

Precisamente, son los cultivos leñosos,

como olivar, vid y frutales, los que presentan

una mayor problemática de erosión hídrica laminar

y en regueros, en especial, en lugares de pendiente elevada.

La pérdida de suelo ha sido general.

Basta que nosotros nos movamos en el hayedo de Montejo,

para que veamos que zonas de una pendiente superior al 100%,

y que ha mantenido el arbolado,

y tiene más de un metro y medio de profundidad.

Mientras que las zonas que fueron cultivadas,

por lo llanas que eran, con pendientes del 5%,

hoy, la superficie del suelo que hay, es, apenas, de 60cm.

Es decir, que 20 años de cultivo,

supuso la pérdida de más del 40 o del 50% del suelo.

Ese suelo va creciendo, posiblemente, por la actividad de los árboles,

entonces, cuanto más duradera, en número de siglos,

sea esa capacidad de producción de materia orgánica,

ese suelo se irá incrementando.

Pero, sin duda, la sobreexplotación de acuíferos,

junto al deterioro de la calidad del agua

por intrusión salina de origen marino,

o polución por agentes agroquímicos,

y la consiguiente salinización de suelos,

es uno de los procesos de mayor riesgo de desertificación

en el sur peninsular.

El hecho de que se esté experimentando

un proceso de despoblación en muchas zonas del país,

el hecho de que grandes zonas rurales o amplias zonas rurales,

estén viéndose vacías de población,

en donde se están abandonando los campos,

en donde se está abandonando la ganadería, etcétera,

esto está teniendo una influencia muy importante,

en relación con estos procesos;

y es un escenario que continua en la actualidad.

Por ejemplo, por citar un ejemplo que sea didáctico.

El hecho de que se abandonen las terrazas de cultivo agrícola,

supone el abandono de prácticas tradicionales

de manejo y de conservación del suelo.

Y eso, en este momento, se está viendo,

que, desde hace unos años, en relación con este proceso,

de abandono del campo, se están abandonando.

Es un factor que tenemos que tener muy en cuenta.

La desigual distribución de las lluvias, a lo largo del año,

y su general concentración en períodos de tiempo cortos,

sobre cuencas de relieve accidentado semiáridas y áridas,

hacen de nuestros ríos, auténticos torrentes,

que llevan al mar, de forma inaprovechable,

la mayor parte de los recursos de agua del país,

asolando, a veces, con sus avenidas, comarcas enteras.

El régimen de lluvias está cambiando en muchas zonas,

es decir, ahora no llueve.

Probablemente, llueva una cantidad similar

a la que llovía hace unas décadas, pero no llueve de la misma manera.

No se reparte en el tiempo de la misma forma,

y, en muchos sitios, se está observando,

que se está incrementando la intensidad de la precipitación.

Es decir, llueve lo mismo en un intervalo de tiempo más corto.

Y esto es un riesgo importante, en relación con la erosión

y con la desertificación,

porque ese incremento de la intensidad de la lluvia,

supone más energía para, luego, erosionar el suelo.

Pero la torrencialidad no es la única adversidad hidrológica.

Los recursos hídricos se encuentran desigualmente distribuidos,

y, precisamente, son

las áreas menos favorecidas hidrológicamente,

por razones de clima, las que demandan más agua,

para el desarrollo de cultivos de regadío,

y, cada vez más, para el desarrollo turístico.

Para dar respuesta a desertificación en 1981 se puso en marcha

el Proyecto Lucdeme,

de lucha contra la desertificación en el Mediterráneo.

El Proyecto Lucdeme es un proyecto de generación de conocimiento

relativo a la desertificación y aplicación de esos conocimientos

para el control y la mitigación

de la problemática de la desertificación

en el Mediterráneo español.

Surge a raíz, precisamente, de la Conferencia de Nairobi,

de 1977, en España, la Administración refleja o recoge ese mensaje

y, además, siendo conscientes de que España es el país

que más superficie, de Europa, tiene, potencialmente,

afectada por la desertificación.

El proyecto, lo que hace es, estudiar los recursos y factores

involucrados en la problemática de la desertificación

en el Mediterráneo, establecer o tratar de establecer las causas

y los métodos para el control y mitigación de la desertificación,

y, finalmente, hacer una divulgación y difusión de este conocimiento.

En la primera fase del estudio,

se consideró una superficie de 32.622 kilómetros cuadrados,

pertenecientes a las provincias de Almería y Murcia,

y a la vertiente mediterránea granadina.

Y se desarrolló sobre las cuencas del Guadalentín, Almanzora,

Adra, Albuñol y Guadalfeo.

A partir de 1990, se amplió el proyecto

a toda la vertiente mediterránea española.

Entre estos trabajos,

destaca la elaboración de los mapas de suelos

de los territorios incluidos en el área de aplicación del proyecto,

los cuales proporcionan información para el diseño de las actuaciones

de restauración o de rehabilitación

de las áreas afectadas por la desertificación.

En 1995 se inició el desarrollo de una red de estaciones experimentales

de seguimiento y evaluación de la erosión y la desertificación,

con el objetivo de realizar un seguimiento directo

de los procesos físicos de desertificación.

A pesar de las dificultades que entraña recuperar terrenos

que han sido sometidos a una deforestación muy intensa,

y que encuentran ubicados

en las comarcas áridas del sureste peninsular,

existen ejemplos a seguir

que datan de finales del siglo XIX y principios del XX.

La línea de trabajo más importante de lucha contra la desertificación,

y con más larga tradición, es la restauración hidrológico-forestal.

De hecho, estos proyectos de restauración,

son, realmente, antiguos, ya se empezaron en el siglo XIX,

cuando todavía nadie hablaba, ni existía el término desertificación

Pero, el problema, sí que existía.

Y, ya en el siglo XIX, los ingenieros de montes de aquellos tiempos,

se dieron cuenta de que para evitar inundaciones,

para evitar pérdidas de suelo inasumibles,

había que reforestar,

y había que reforestar, especialmente,

las cabeceras de las cuencas hidrológicas.

Entonces, se iniciaron proyectos muy ambiciosos, en muchos casos;

algunos proyectos duraron décadas y, yo creo que globalmente,

tuvieron un gran éxito.

Simplemente, hay que ver en los escritos fotográficos,

de lo que eran las laderas del monte de El Escorial,

a finales del siglo XIX o lo que era Sierra Espuña,

y ver lo que es en la actualidad.

Sierra Espuña o la sierra de El Escorial

eran auténticos calveros y hoy, por decir, Sierra Espuña,

constituye uno de los paisajes de mayor biodiversidad

de la provincia de Murcia.

Donde un día existía silencio y desolación,

hoy se desarrollan bosques que, con su cubierta,

frenan la erosión y son vectores generadores de suelo.

Estas intervenciones se produjeron, en la mayor parte de los casos,

sobre terrenos áridos o semiáridos,

que habían albergado vegetación esclerófila,

y, de manera muy especial, hiperserófila,

donde los procesos de degradación

se hubieran convertido en fenómenos de desertificación.

La lucha contra la desertificación tiene que ver, sobre todo,

con intentar evitar la degradación de las tierras,

incluyendo las aguas continentales.

Los países mediterráneos y en otros países del mundo,

el problema es un problema antiguo.

Las tierras han sido degradadas

por exceso de explotación durante siglos,

incluso durante milenios, en algunos casos.

La degradación, en la mayoría de los casos,

comporta deforestación, por tanto, recuperar las tierras degradadas,

significa, también en parte, recuperar los bosques.

Entonces, el reforestar tierras degradadas

es uno de los mecanismos principales para recuperar el suelo,

y para regular los flujos hidrológicos,

y para recuperar los ecosistemas naturales.

Se estima en unos cinco millones de hectáreas

la superficie repoblada en los 160 años transcurridos,

desde que se iniciaron las actuaciones.

El 75% de las cuales han tenido un objetivo,

fundamentalmente, protector.

Además del clima, la erosión,

o el carácter torrencial de estas zonas,

el peor enemigo es el fuego.

Su paso asola, en unas horas, lo que le ha costado al hombre

y a la naturaleza tantos años de trabajo.

Las repoblaciones forestales juegan un papel muy importante

dentro de la estrategia de lucha

contra la erosión y la desertificación.

Evidentemente, tienen un papel importantísimo,

sobre todo, de cara a atajar los problemas en las primeras fases,

cuando se han producido agresiones ambientales

que puedan tener una incidencia directa

en la estabilidad del suelo,

como puede ser, por ejemplo, un incendio.

Poder abordar una estrategia inmediata, rápida,

para frenar, en las primeras fases del proceso de degradación,

este tipo de acciones juegan un papel importantísimo.

Los bosques de las zonas áridas suelen generar más biomasa

de la que necesitan para su desarrollo y reproducción,

y respecto a lo que puede ser destruido por pudrición.

El incendio es la herramienta natural

empleada por la naturaleza

para eliminar esos excedente de biomasa

creados a lo largo del tiempo.

En el ámbito forestal, España ha realizado una labor,

en los últimos 50, 100 años, muy significativa, en este sentido.

Ha conseguido proteger el patrimonio forestal, los bosques.

Ha conseguido establecer un sistema para su gestión sostenible,

para no extraer, ni deteriorar, el capital que supone un monte,

un bosque... y ha conseguido, también ampliar ese territorio forestal,

a través de unas tareas de repoblación forestal,

en el siglo XX, muy importantes.

Actualmente, lo que está realizando,

es una tarea de protección frente a los incendios forestales,

y un esfuerzo importante de integración del monte

en la conciencia social y en la sociedad.

Eso en el ámbito forestal.

En el ámbito del agua, España ha realizado una tarea similar

de protección de gestión sostenible y de gestión del agua,

frente a situaciones de sequía y a situaciones de estrés,

como pueda ser la gestión de los acuíferos en lugares...

en zonas áridas.

Y en agricultura, también ha hecho un esfuerzo

de optimización de los regadíos, de establecimiento de cultivos,

con criterios de conservación de suelo y conservación...

y conservación de los valores del suelo

y producción ecológica, de manera que globalmente,

podemos decir que,

esa es una aportación importante de nuestro país,

a parte del aumento de conocimiento

sobre los problemas de la desertificación.

Ese sería el resumen de, nada menos que, 120 años de historia

desde que se toma conciencia de esta problemática.

Si no se detiene el deterioro de la cubierta forestal,

el proceso degenerativo no se interrumpe.

Se puede, incluso, llegar a sobrepasar

el umbral de reversibilidad y, por consiguiente,

nos podemos encontrar con gran dificultad,

o, incluso, con la imposibilidad

de conseguir la restauración de la zona.

Desafortunadamente, los esfuerzos internacionales

no han pasado de ser meras declaraciones de intenciones,

y a pesar de ser un problema global, pasa por soluciones locales.

La fragilidad de la cubierta vegetal de las zonas áridas

de la Península Ibérica, requiere de una atención especial,

y unas labores de vigilancia, extremas.

Solo el apoyo político, social y económico,

junto a una adecuada gestión,

permitirá que estas zonas

no se conviertan en un verdadero desierto.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

El bosque protector - Desertificación, un problema global

22:22 24 jul 2016

Entre 1968 y 1973 tuvo lugar en el Sahel una de las sequías más importantes del siglo XX. Afectó a 6 millones de habitantes de la región y a 25 millones de cabezas de ganado, provocando la muerte de alrededor de 100.000 personas y hasta un 40% de pérdidas en el ganado. Esta sequía, con sus ramificaciones sociales y políticas, sirvió para elevar la desertificación al nivel de "problema global". En este capítulo mostraremos de qué manera afecta la desertificación a nuestro planeta y en especial a nuestro país.

Histórico de emisiones:
17/12/2011
24/12/2012

Entre 1968 y 1973 tuvo lugar en el Sahel una de las sequías más importantes del siglo XX. Afectó a 6 millones de habitantes de la región y a 25 millones de cabezas de ganado, provocando la muerte de alrededor de 100.000 personas y hasta un 40% de pérdidas en el ganado. Esta sequía, con sus ramificaciones sociales y políticas, sirvió para elevar la desertificación al nivel de "problema global". En este capítulo mostraremos de qué manera afecta la desertificación a nuestro planeta y en especial a nuestro país.

Histórico de emisiones:
17/12/2011
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