Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, casi 25 años después, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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No recomendado para menores de 12 años Documentos TV - Distraídos al volante - ver ahora
Transcripción completa

(Música Cabecera)

Dejadme empezar diciendo lo que no vamos a hacer:

esto no es una charla de esas de "si mandas mensajes, te matas".

Ya hay muchos anuncios de ese tipo circulando.

Lo que vamos a explicar es cómo y por qué nos distraemos.

-¡Mierda! -¡Oye!

Y para eso, vamos a adentrarnos en el espacio personal del conductor.

-¿Hola?

¿Hola?

¿Hola?

-Pues mi padre vino un día a casa y me dijo:

"Vas a salir en un documental con tu hermano".

Y yo le dije: "Qué va, seguro que no es verdad".

Y me dijo: "Sí, sí, vais a salir en un documental

sobre las distracciones al volante". Y yo me quedé: "¿Cómo?"

Reunimos a un equipo de grabación y una empresa llamada Safety Track

instaló unas cámaras,

diseñadas especialmente para montarlas dentro de los coches.

Cada vez que miraba hacia arriba y la veía pensaba:

"Joder, me está grabando".

Y contamos con un grupo de investigadores sobre los transportes

y diez voluntarios.

Ya está. Gracias.

-No querías hacerlo para nada. -No, no quería.

Ocho, en realidad.

Dos lo dejaron.

Registramos su comportamiento al volante durante seis meses.

Siempre he opinado sobre cómo conducen los demás,

y por eso me presté,

para que se evalúe mi forma de conducir

y admita mis errores.

-Lleva un vaso en la mano...

-Cuento los segundos.

Los investigadores de la Universidad de Connecticut

registraron y analizaron cientos de horas de grabaciones.

Quiero saber cuánto tiempo estoy a lo que tengo que estar.

Durante una hora conduciendo,

quiero saber si estoy atenta cincuenta minutos

o solo quince.

-¿Qué ha pasado?

-La próxima vez conduzco yo.

La cabeza hacia atrás.

Y acuérdate de esa especie de asimetría.

No suelo ser muy previsora con las comidas

cuando tengo una sesión de fotos.

Mete los hombros y encórvate.

Aprovecho los trayectos para comer.

-Lleva un vaso en la mano...

sin tapa.

Vamos a avanzar un poco.

Ya sabemos que lleva un vaso con café

y está intentando conducir sin tirárselo encima.

-Yo no me había dado cuenta de la cantidad de veces

que como en el coche hasta que empecé a ver los vídeos.

No nos imaginamos cuánto nos distrae eso.

Por lo menos diez segundos.

-Sí. -Sin las manos en el volante.

-Sí.

Y creemos que lo tenemos controlado.

Observamos que quitan la mirada de la carretera

para coger algo del asiento,

o para evitar que el café se vierta, si el vaso no tiene tapa,

o para poner el vaso en el soporte.

-¿Ves? Suelta el volante.

-Sí. -Sí, justo ahí.

Es increíble lo mucho que nos distraen esas cosas

en las que casi no reparamos.

-No estoy lo suficiente en casa para ponerme a preparar comidas,

así que suelo salir muerta de hambre.

Compro un bagel o un muffin.

Y si a eso le sumas los deportes y el colegio de los niños...

Chocolate y galleta juntos, ¿qué más se puede pedir?

Mi marido y yo tenemos horarios opuestos,

así que los dos comemos en los trayectos.

-Está claro que tiene una vida muy activa y ocupada.

-Aquí tienen.

Les dejo unos minutos

para que miren la carta mientras les traigo un aperitivo.

Mi marido siempre me riñe por las miles de cosas

que hago mal cuando conduzco.

-Gracias, colega.

-Se pasa el día metida en el coche de un lado a otro,

y comiendo mientras conduce.

-Bailando, cantando, retocándome los labios...

-Está escribiendo algo.

Ha habido varias veces en las que ha soltado el volante por completo.

-Hablando con mi hijo. ¿Te gusta Emily?

-No. -Mi hijo y yo somos muy charlatanes.

¿Te gusta otra? ¿Quién te gusta ahora?

-Es alucinante

comprobar cuánto tiempo deja de mirar a la carretera.

Lleva el bagel en la mano

y suelta el volante

para untar más queso en el bollo.

-¡Qué mal! ¡Eso está fatal!

Madre mía.

Habíamos ido a un cumpleaños, por eso llevo ese plato.

Albóndigas suecas.

Qué bien mantengo el brazo.

No es que tengamos una epidemia de distracciones,

es más bien de atención.

El cerebro no se desconecta como un ordenador.

Siempre estamos buscando cosas a las que prestar atención.

Hay datos no verificados, que sugieren

que una de las razones por las que los europeos

no tienen tantos problemas de distracciones al volante

como los estadounidenses

puede ser debido a que aquí se utilicen cambios automáticos.

El cambio manual exige más atención.

La mano en la palanca,

el pie izquierdo para pisar el embrague

y el cerebro, tomando decisiones sobre cuándo cambiar.

Es más difícil mandar mensajes

si tienes que estar cambiando de marcha.

Al reducir la carga de trabajo que se requiere,

hacemos que la conducción sea menos interesante y nos aburrimos.

-¡Vamos, papá!

-Este es Sargento y este, Jefe.

¿Qué tal todo, chicos?

Soy jefe de bomberos y veo accidentes todos los días.

¿No hubo heridos?

Al principio, cuando les dije a mis hijos

que iban a llevar una cámara en el coche, se asustaron.

Les preocupaba por lo que fueran a hacer o decir...

Me preguntaron si tenían que actuar con normalidad

y les dije que sí, que tenían que estar como siempre,

porque de eso trataba el documental.

Lo que quieren ver es vuestra forma de conducir todos los días.

Por mi experiencia en esta profesión, no tenían otra opción.

Lo iban a hacer sí o sí.

Aiden conduce fatal, fatal.

Coges los giros a toda pastilla.

Siento que me juego la vida cuando voy contigo.

-No es verdad.

No es para tanto.

-Y arrancas a lo bestia.

No sé cómo no te has cargado el coche ya.

-Bueno, no sé, a mí me parece que los dos conducís igual de mal.

No me gusta ir con vosotros. -Eres el típico copiloto pesado.

Eso sí, es verdad. -Tengo el altavoz activado.

-Aiden y Nathan se parecen conduciendo.

Utilizan el teléfono para escuchar música en el coche.

Y conduciendo,

cogen el móvil para buscar la siguiente canción.

-Gracias, buenas noches.

Uno de los vídeos más interesantes de Aiden

es uno en el que iba con alguien, sonó una canción

y empezaron a preguntarse qué decía la letra.

-¿Qué dice ahí en medio? -¿I love your aunt?

Y se pone a buscarlo.

-Sí.

-En lugar de darle el móvil para que lo busque ella,

lo lee él mientras conduce.

-¿Cuánto tiempocreéis que usáis el móvil en el coche?

Todos vosotros.

-¿En total? -Sí.

-En un trayecto 30 minutos, probablemente, 25.

-Podéis matar a alguien, chicos, tenéis que dejar de hacerlo.

Te quiero.

Estoy las 24 horas con el teléfono.

No mientras conduzco,

pero es mi forma de comunicarme con la gente.

-Hola, soy Joanie.

Mando mensajes en los semáforos, entre canción y canción,

miro las redes sociales...

A mi jefe no le gusta nada que mande mensajes mientras conduzco.

Siempre me regaña si llamo por teléfono.

-Hola. ¿Vas conduciendo? -Sí, ¿qué querías?

Me mataría si supiera que...

Perfecto.

Voy mandando mensajes o hablando con los clientes mientras conduzco.

Me diría: "¿estás de coña?"

Apunta la cita en el sistema para que salga el viernes.

Me gusta hacer las cosas en el momento,

no me gusta esperar a llegar a mi destino.

Quiero dejarlo hecho ya y olvidarme.

Dejarlo hecho, la necesidad de responder de inmediato.

Así es como está programado el organismo para funcionar.

Es la función de la dopamina, un neurotransmisor

que nos ayuda a controlar

los circuitos de la motivación del cerebro.

La dopamina nos hace querer, desear e indagar.

Desde el punto de vista de la evolución, es algo muy bueno.

Nos mantiene motivados para aprender cosas nuevas.

El cerebro también tiene otra cosa que son los opioides endógenos

y que nos hace sentir placer.

El deseo, la dopamina

y la respuesta placentera de los opioides son complementarios.

El mecanismo del deseo nos mueve a la acción.

Y el mecanismo del placer nos hace sentirnos satisfechos,

pero si ese interés por nuestro alrededor

no se desconecta, ni por un momento,

empezamos a funcionar en un bucle infinito.

La dopamina pone en marcha nuestro interés,

obtenemos la recompensa y queremos más,

hasta que se convierte en un hábito compulsivo.

Al estar incesantemente conectados a las redes sociales,

el correo electrónico y la mensajería instantánea,

tenemos la posibilidad de recibir gratificaciones de forma constante.

El teléfono es una forma de esconderse del mundo

y de socializar sin tener que socializar en realidad.

¿Vienes a casa a las cinco, cuando salgas?

Si tengo un montón de cosas que decirle a mi madre,

a mi novio, a un compañero,

les mando un mensaje

y así cuando los veo no tengo que hablar con ellos.

A ver, espera un momento. Ya está. Vale, ¿me oyes bien?

Vale, solo quería...

¿Qué quería yo? ¿Ya estás en casa?

Si alguien me manda un mensaje y no respondo,

pienso en cuánto me molesta a mí cuando no me contestan,

quiero que me digan: "Estoy conduciendo"

y entonces digo: "Ah, vale".

Pero si no me dicen nada,

me pongo a pensar qué habré hecho, por qué no me responden.

Es casi un insulto.

No, espera.

Hay dos maletas en cada...

Mi hermana tiene quince años y ha empezado a conducir.

El otro día cogió el móvil y le dije: "¿Pero qué haces?"

Y me dijo: "Tú lo haces".

-¿Si me gustaría tirarlo por la ventana y no volver a usarlo?

Pues claro.

Estoy harta, no puedo con él.

Me encantaría deshacerme de él,

no tocarlo en un mes y no volver a usarlo.

-Pero lo usas. -Sí.

-¿Por qué?

-Porque lo necesito.

A medida que seguimos buscando más y más información,

se nos hace más difícil parar.

Y, para colmo de males,

a la dopamina le encanta lo impredecible,

sobre todo, en dosis pequeñas.

Nos aparecen notificaciones sobre los correos o mensajes,

pero no sabemos cuándo o quién los ha mandado, es impredecible.

Eso a la dopamina le encanta.

Cuanto más breves sean los mensajes, mejor.

Se nos pone por las nubes.

-Quiero saber cuánto tiempo estoy a lo que tengo que estar.

Durante una hora conduciendo, de toda esa hora,

quiero saber si estoy atenta cincuenta minutos

o solo quince. Eso es lo que quiero.

-De media, conduces, mirando el móvil,

lo que tardarías en atravesar un campo de fútbol americano.

-¿Yo? -Los dos.

-Es aterrador. -¡Dios mío!

-Todo el tiempo. -¿En serio?

-Sí, en todos los trayectos.

-No me sorprende.

-Bueno, a mí tampoco, pero no pensaba que fuera tanto.

-Yo tampoco, la verdad, todo...

-Se tarda tres segundos en atravesarlo,

y vosotros estáis mirando el móvil tres, cuatro, cinco segundos...

-Podéis matar a alguien, chicos. Tenéis que dejar de hacerlo.

Una forma de evitar entrar en ese bucle de la dopamina

es desactivar las notificaciones.

Así, dejaremos de ver avisos cada vez que recibimos un mensaje

y podremos decidir nosotros

cuándo y dónde comprobar si hemos recibido algo.

Intento no usar el móvil

y prestar atención a la carretera la mayor parte del tiempo.

Bueno, mi día a día suele ser bastante aburrido.

Me levanto sobre las nueve o las diez, desayuno algo,

voy al gimnasio y luego, a clase.

Suelo ir en coche de aquí a clase, y vuelvo,

y a veces, voy al centro comercial a hacer la compra,

algo de comida y eso, luego a la iglesia,

al entrenamiento de básquet...

Aparte de eso, muchos fines de semana voy a Nueva Jersey también.

Desde aquí son tres horas.

Cuando Nathan estaba en el instituto,

un compañero suyo murió en un accidente de tráfico

por ir mandando mensajes,

y se acuerda de lo mucho que aquello impactó a los adultos de su entorno.

Iba con la moto, tarde por la noche.

En el atestado, según lo que investigaron,

dice que creían que iba con el móvil.

Se chocó con un camión y murió esa misma noche.

Todo el mundo se quedó en shock; estábamos todos muy afectados.

Y cuando supe que fue por el móvil,

pensé que tenía que dejar de mirarlo en el coche,

porque eso le podía pasar a cualquiera.

Creo que conduzco bastante bien, solo a veces voy un poco rápido,

porque quiero ir del punto A al punto B

en el menor tiempo posible.

Es lo único que hago mal.

Estos son sus resultados.

Llegó a 45 los días 6 y 7 de diciembre.

Sam es el cofundador de la empresa Cambridge Mobile Telematics,

C M T, con su socio, Hari Balakrishnan.

Sam aceptó personalizar e instalar

una aplicación en los móviles de nuestros participantes.

La aplicación nos indica, por ejemplo,

si el conductor va sujetando el teléfono, acelera o frena.

Estos son los de Nathan.

Los resultados sobre sus hábitos de conducción.

Empezó con una puntuación de 65, y la peor que puedes obtener es 40,

porque no queremos tener que decirle a nadie que ha sacado un cero.

-¿Qué pasa?

-Y, como veis, la puntuación ha ido bajando

hasta casi un 45 con el tiempo. Así que...

-A ver, espera, ¿eso qué significa?

-Esto mide, digamos, la calidad de tu conducción.

El conductor medio en un sistema como este

tendría una puntuación de 85 o así.

Y la puntuación va bajando, cuantos más hábitos malos tengas,

cuanto más corras, más te distraigas, más baja será.

-Vale. Así que 45 es muy mala, ¿no?

-Malísima. -Vale, perfecto.

-Habría que esforzarse mucho...

Yo no sacaría un 45 aunque lo intentara.

-¡Mierda!

-¡Oye! ¡Tampoco he sido tan brusco, tío!

-¡Casi me matas! -¡Qué dices!

Esta aplicación se creó para ayudar a la gente a conducir mejor,

analizando su comportamiento al volante

y ofreciéndole consejos personalizados.

Pero en este estudio, quienes recibían la información

eran nuestros investigadores en lugar de los conductores.

Ellos no sabían qué tal lo estaban haciendo.

Los móviles tienen un sensor incorporado que se llama giroscopio

y que mide la rotación del aparato.

Lo que hacen nuestros algoritmos es identificar cuáles de esas rotaciones

se corresponden con los movimientos que hacemos

cuando lo tenemos en la mano,

a diferencia de los que haría el teléfono

si estuviera en el soporte.

Y además solo registramos los casos

en los que la pantalla está encendida.

Al inicio del proyecto le preguntamos a Nathan

si alguna vez mandaba mensajes mientras conducía y nos dijo que no,

que intentaba evitarlo

después del accidente de su compañero de instituto.

Al examinar las grabaciones de Nathan,

vimos que era cierto;

el problema era que no estábamos haciendo la pregunta correcta.

A veces aprovecho los semáforos para mirar el Instagram

o algo de eso, o ver fotos, cuando no debería.

¿Mensajes? No.

¿Redes sociales y música? Sí.

Como hemos visto, lleva el móvil en la mano

casi todo el tiempo mientras conduce.

-Esa era mi madre.

-Lo que peor hace es ir por encima de los límites.

Este es uno de sus trayectos.

Las líneas rojas indican los momentos

en los que conducía con exceso de velocidad.

El límite de velocidad era de algo más de 72 kilómetros hora

a efectos del estudio hemos asumido,

por la información que hemos recibido sobre otros conductores de la zona,

que todo el mundo excede con creces el límite de velocidad.

Este tramo de autopista tiene una limitación baja

pero nadie le presta atención.

Así que definimos el límite de velocidad a 89 kilómetros hora

y él iba a 120.

Y estas partes en azul son zonas

en las que estaba distraído con el móvil.

Hay que afrontarlo como un problema de aprender a gestionar,

no de aplicar prohibiciones.

Cada vez estamos más conectados al teléfono,

de forma cotidiana.

Tenemos que aceptar esos cambios de conducta

y uso de la tecnología y empezar a pensar

en cómo gestionar nuestra relación con ella cuando estamos conduciendo.

¿Cómo podemos aprender a compatibilizar

el uso de la tecnología con la conducción?

¿Por qué no preguntárselo a quién mejor la conoce?

¿Habíais estado en Google alguna vez?

Os puedo dar una vuelta para enseñároslo.

Todos llevamos un dispositivo en el bolsillo

o en el bolso con el que somos auténticos expertos.

Solíamos tener un ordenador en el trabajo y otro en casa

y un teléfono con el que hacer llamadas.

La vida cotidiana no se detiene cuando te metes en el coche.

Creo que eso ha llevado a mucha gente a adoptar esos comportamientos.

No creo que lo hagan de forma malintencionada;

es porque se produce esa desconexión...

Lo voy a introducir en el sistema.

-Que nos lleva a incurrir en esos comportamientos irresponsables.

Lo que vemos es que la tecnología móvil

no avanza al mismo ritmo que la tecnología adaptada a la conducción.

Cuando desarrollamos aplicaciones para móviles,

solemos pensar en captar la atención,

en crear experiencias atractivas e interesantes, que te enganchen;

pero en el coche hay que hacer justo lo contrario.

Tienes que recibir la información de la forma más eficiente.

Es todo un reto para nosotros, diseñar tecnología para ese espacio.

Google dispone de varios simuladores de conducción

que se emplean para testar los nuevos conceptos de diseño.

¿Preparado, Sam? -Sí, vamos.

Genial.

-La idea es probar los nuevos conceptos de diseño

en un entorno simulado,

para que sea más seguro que si lo hiciéramos en el mundo real.

Podemos controlar el escenario, recopilar datos muy interesantes

y conseguir que se repita las veces que haga falta.

Tenemos varias cámaras Gimbal colocadas en el techo

y enfocadas a distintos puntos:

la zona de interacción, la cara del conductor,

la carretera o el habitáculo del coche en general,

el espacio del conductor.

Observamos cómo conduces y también hacia dónde miras,

de manera que, cuando interactúas con otro sistema,

vemos hacia dónde diriges la vista en la transición entre las dos tareas.

Queremos ver cómo resolver este problema desde otra perspectiva.

No solo incorporando funciones nuevas,

sino entendiendo las demandas y necesidades de los conductores

para desarrollar soluciones que les sirvan de ayuda sin sobrecargarlos.

Cuando conduces, la dinámica del entorno cambia muchísimo:

puede hacer un sol espléndido,

puede estar nublado o puede ser de noche,

debemos tener en cuenta los colores que utilizamos

para presentar la información

y que destaque bien para que la interpretes rápido.

Sam, ¿puedes abrir Google maps?

Asegurarnos de que el icono en el que hay que pulsar

esté donde tiene que estar y no sea demasiado pequeño

ni requiera demasiada precisión para que lo pulses de inmediato.

Se pueden hacer muchas cosas para reducir las distracciones.

Creo que muchos vinimos a Google

para intentar resolver los grandes problemas.

Estamos en un punto en el que la tecnología está muy avanzada

para hacer frente a estos problemas que antes no podíamos resolver.

Si conseguimos que la conducción sea más segura,

todos salimos beneficiados.

-Bien, Google. -Reconoce tu voz.

-Estoy deseando ponerme a prueba y que me evalúen.

Siempre he opinado sobre cómo conducen los demás,

así que es justo que me preste para que se evalúe mi forma de conducir

y admita mis errores.

Creo que hay mucho idiota por ahí

que parece que ha conseguido el carnet en una tómbola,

y que prefiero llevar delante que detrás.

Puede que al que lo vea le parezca peligroso, pero está muy calculado.

Voy mirando mucho más adelante en la carretera que el resto.

Pero además he construido el coche para poder girar

y parar como es debido.

Confío más en construir que en comprar.

Mi furgoneta tiene más de 300 dólares en piezas

y mil horas de mi trabajo para modificarlo.

Está claro que conduce más rápido de lo normal,

pero creía que solo era eso,

hasta que me di cuenta de que estaba con el móvil.

Al principio no sabíamos bien qué estaba haciendo

hasta que prestamos atención al audio.

(Sonido juego)

Sí, me duele admitir que juego a Pokemon.

Es...

No quiero decir que sea una adicción,

pero lo uso para matar el tiempo y me entretiene.

-Se oyen los sonidos del Pokemon Go

y se le ve parando a un lado a veces, incluso.

Se oye el juego y cómo lanza las Pokeballs mientras conduce.

-Es un mapa interactivo por el que se mueve tu personaje

y, de pronto, aparecen los Pokemon y tienes que intentar cazarlos.

¿Crees que vas a perder ese Rocket también?

-Sí. -¿Y este también?

-Sí.

-A veces me llevo a mi hijo a dar vueltas por ahí para jugar.

Nos lo pasamos muy bien.

Hace demasiado frío para salir andando.

Sal, cierra la puerta y vamos a por él.

¿Sabes cuándo hace tanto frío que se te mete por el oído

y te congela la sangre?

He estado en sitios, por el juego, a los que nunca habría ido.

-¡Lo he perdido!

-Me ha abierto nuevos horizontes, en cierta manera.

-¡Combate, combate, combate!

-Hay veces que no podía dormir y he salido con el coche a la una,

las dos o las tres de la mañana,

para ir jugando en medio de la oscuridad, yo solo.

Es como un...

Bueno, no suelo admitirlo en público.

Gracias.

-No suele aparecer

en las estadísticas de accidentes que vemos.

-A no ser que se choque o algo así...

no creo que le pillen haciendo esto, jugando,

porque lo lleva como en un soporte del salpicadero.

-Ese es uno de los principales problemas

a los que se enfrentan los agentes de tráfico,

determinar si alguien estaba distraído cuando tiene un accidente,

porque no van a conseguir una orden judicial

para investigar el teléfono a no ser que sea un accidente muy grave,

con muertos o heridos graves.

Y la mayoría de la gente no le va a decir a la policía:

"Cuando me choqué, estaba mirando el teléfono".

-Sí diría que soy un conductor agresivo.

Reconozco lo que hago y cómo conduzco,

pero tampoco me disculpo por ello.

Conduzco con seguridad,

pero todo el mundo tiene derecho a opinar sobre cómo lo hago,

y yo también sobre cómo conducen los demás.

-¿Cuál es el límite de velocidad? ¿Cuál es el límite de velocidad?

-¿En la autopista? -Sí.

-Sesenta y cinco. -Sesenta y cinco.

-¿Por cuántas me he pasado? -Eh... A ver...

-¿Cuánto es 90 menos 65?

-"Ay, gracias a Dios, cerrar exclamación,

cerrar exclamación, cerrar exclamación."

-¿Listo para enviar? -Sí.

-Esta mierda dice que hay un atascazo de cojones.

-Tendrán que censurar eso. -Me temo que sí.

-Somos la generación multitarea

y conducir se ha convertido en algo secundario.

-Voy a ver lo que pone en Waze...

-Los datos que tenemos demuestran

que los conductores saben tomar las decisiones adecuadas

a la hora de coger el teléfono

o mantener una conversación, por ejemplo.

Cuando hay mucho tráfico ves muy poca gente utilizando el móvil.

Los conductores suelen esperar a llegar a un cruce

para coger el teléfono o mandar un mensaje.

El problema es que en cuanto el semáforo se pone en verde,

los demás tenemos que pitar para que arranque el de delante.

-Sí, me aburro y me distraigo con facilidad, es cierto.

Creo que es más aburrimiento que distracción.

Llevo 13 años viviendo en Boston, y conducir aquí es una locura.

Toda esta tecnología que llevamos en el coche para ir por la ciudad...

-¡Ey, Siri!

Se supone que te ayuda a conducir mejor.

-Mensaje de George.

-Pero cuando vas por la ciudad, que estás cambiando de carril

y tienes peatones cruzando por delante y coches que se te acercan,

llega un momento en el que quieres que la tecnología desaparezca

para conducir tranquilo.

-¿Quieres responder? -No.

-Cuando sufrimos una elevada carga cognitiva,

nuestra visión se estrecha,

porque nos centramos en una tarea concreta

y no prestamos atención a la información que hay en el entorno.

Dejas de utilizar la visión periférica.

Puede haber un peatón que se te cruce

o un coche que esté a punto de frenar justo delante.

Observamos momentos en que los conductores

miran brevemente a la carretera y luego a lo que están haciendo,

pero es cuando no miran a la carretera el tiempo suficiente

en esos intervalos cuando se toman las decisiones equivocadas.

Lo que les ocurre a los conductores que sufren accidentes

es que no han mirado el tiempo suficiente a la carretera,

por lo que no han recibido toda la información necesaria del entorno

y cuando vuelven a centrarse en la tarea que les ocupa,

se les ha escapado un elemento crucial.

El estudio se ha hecho para saber

cómo se comportan los conductores en su vida cotidiana.

-Tenía las luces encendidas cuando lo desenchufó...

-¿Qué tal vas? cuéntame qué tal con tu Speedo.

-Cuando estás hablando por teléfono, no estás pensando

en lo que está pasando a tu alrededor mientras conduces.

La forma de mirar nos ha dado mucha información.

-Veo los movimientos de los ojos,

cómo las miradas van del teléfono a la carretera y otra vez al teléfono,

de un lado a otro.

No creo que haya mirado más tiempo al móvil que a la carretera.

¿Estoy conduciendo con los brazos cruzados?

Para mí es normal, lo hago mucho.

Cuando vas a trabajar todos los días

por las interestatales esto pasa mucho,

es parar y arrancar una y otra vez.

-Es raro ver todos los movimientos que haces a diario

cuando estás conduciendo.

Me limpio las gafas, me peino...

Es como ser un espía de tu propia vida.

¡Qué bien! Momento incómodo del día...

Hay cosas que haces en el coche, no sé,

hay un momento que me meto las gafas de sol en la nariz.

¿Cuántos años tienes para hacer eso?

Lo hacemos a diario al volante.

-Miro el móvil todo el rato.

-Uno de nuestros conductores.

He pensado que era buen momento para enseñarte algunas grabaciones.

Fíjate en los ojos.

Mira arriba y abajo rápidamente.

-Vas mirando de un lado a otro todo el rato.

En realidad

no estás viendo lo que pasa a tu alrededor.

Miras al teléfono y luego hacia adelante,

otra vez al teléfono y luego al frente.

-Con miradas tan cortas, como de un segundo,

a nuestro cerebro no le da tiempo

a procesar la información y asimilarla

para poder utilizarla rápidamente si nos pasa algo de forma inesperada.

Ese es el momento en el que nos estamos poniendo en peligro,

porque con esta forma de mirar

no nos vamos a esperar ninguna de las cosas

que puedan suceder a nuestro alrededor.

-Al ver cómo conduzco cuando hay más coches, me doy miedo.

Pongo en peligro a otros conductores.

Miro constantemente hacia abajo unos tres segundos

y luego vuelvo al frente.

Cuando miro al frente

ni siquiera veo lo que pasa a mi alrededor,

simplemente miro hacia la carretera.

Al cambiar de carril no tengo ningún cuidado, es muy peligroso.

-Hasta ahora, de los diez conductores que hemos elegido,

creen que eres el más propenso a tener un accidente.

-La verdad es que me sorprende.

-En parte es por la cantidad de tiempo

que pasas mirando al móvil o distraído,

pero también es porque conduces muy rápido.

Vas demasiado deprisa.

Y frenas de golpe muchas veces.

-¡Mierda!

-Que recuerde me ha pasado dos veces en los últimos dos meses.

Da mucho miedo. -Claro.

Quiero enseñarte las imágenes porque los especialistas creen

que tiene muchas posibilidades de sufrir un accidente.

-No es que necesite estar mirando al móvil todo el rato mientras conduzco,

parece que el móvil forma parte de mí.

-¿Lo ves? -Sí.

-Cuatro veces...

# Guajira guantanamera #

-Soy venezolano y vine a Estados Unidos

a sacarme un máster en administración de empresas.

De eso ya han pasado 31 años.

-En el caso de Clodo, no podemos decir

que se distrajera mucho mientras conducía.

Lo que vimos fue que cuando estaba escribiendo,

su atención estaba completamente centrada en el móvil.

-¿Te ves los ojos en ese momento? -Ajá.

-¿Qué te parece?

-He sido un niño malo. -¿Cómo?

-Que lo he hecho mal, porque estoy conduciendo

y voy usando el móvil.

De acuerdo, me conectaré a la teleconferencia, probablemente...

No soy consciente del tiempo que estoy mirando al teléfono

en lugar de a la carretera.

No me doy cuenta.

Esa tendencia a responder

cada vez que el teléfono suena es una conducta compulsiva.

Tu cabeza no deja de funcionar.

Estás conduciendo y, de repente,

te acuerdas de lo que tienes que hacer o se te ocurre algo

y tienes que llamar.

Te inventas excusas para justificar que tienes que coger el teléfono.

En mi caso creo que tiene que ver con intentar aprovechar el tiempo

durante los viajes de ida y vuelta al trabajo,

para hacer algo productivo.

Estoy muy, muy, muy ocupado.

Lo veo como un problema social.

Un problema cada vez más importante de la sociedad actual.

Y reconozco que soy parte de ese problema.

Me gustaría entender este tipo de comportamiento,

pero no solo desde el punto de vista social,

sino también desde una perspectiva biológica o química,

o de cualquier otro tipo,

porque es un problema que está afectando a la sociedad.

En este momento estoy descubriendo mis propias conductas

y voy a hacer lo posible por combatirlas.

Lo voy a intentar.

He conducido muchos coches.

Me gustan los coches.

Un amigo se compró un Tesla y pensé

"¡Cuánta tecnología! Necesito un coche así".

Los Tesla están conectados en cualquier parte del mundo.

Cuando sacan una actualización, como las de iPhone,

simplemente te piden que enchufes el coche y ellos te la descargan.

Siempre conduces el coche más actual, el más avanzado.

Puedes arrancarlo con el móvil.

Lo controla todo, puedes poner las luces, abrirlo, cerrarlo...

He llegado a arrancar el coche desde la India.

-En sus vídeos no hemos visto este tipo de distracciones.

Utiliza mucho el manos libres.

-¡Hola!

-Ponte el cinturón, por favor.

No quiero que te dé un latigazo en el cuello.

-Se ve que la decisión de comprar un coche como este,

lleno de alarmas y avisos, fue muy meditada.

El Tesla es un coche muy caro.

Pero no hay que confiar ciegamente en todas las funciones que ofrece.

-Confío en la tecnología:

tiene piloto automático, obedece órdenes y todas eso.

Puedo utilizar el teléfono

para que me traiga el coche hasta donde estoy y el coche viene.

-¿Puedes enseñarnos cómo nos sigue el coche con el control remoto?

-No. -¡Venga, hombre!

-No sé si puede. -Casi mejor no.

-Vaya.

-Si lo empotro contra el edificio me toca pagar el coche y el edificio.

Mira, esta es la función.

Un ordenador no deja de ser una máquina,

no hay que arriesgarse a que pase algo,

porque el coche es muy caro.

¿Has probado el piloto automático? -Nunca.

-Y ¿por qué no?

-Primero voy a esperar a que pasen unos añitos y sea más viejo,

así no me voy a sentir tan mal si se choca con algo.

-No quieres intentarlo. -No.

-Pero si no hay nadie. -Nunca se sabe.

-¿Qué piensa tu mujer de todo esto?

-No tiene demasiada fe en la tecnología.

Cree que tengo mucha tendencia a distraerme.

-Creo que en el momento

que el coche llegue a conducir automáticamente,

tendrá poca importancia,

porque ya no será el conductor el que maneje el volante,

simplemente lo programarás y te llevará donde quieras,

será otro manos libres...

-Pero ahora mismo es híbrido

y te puede sacar un poco de quicio, ¿no?

-Exacto. -Te entiendo. -Eso es.

-En general, la gente, entre la que me incluyo,

no está demasiado familiarizada

con el alcance de la inteligencia artificial,

y puede ser que eso sea lo que nos provoca dudas,

por no decir algo así como paranoia.

Cuando viene gente a casa, quieren hacer que el coche venga

y siempre les digo que esto no es como en las películas de James Bond,

el coche terminaría empotrado.

-En paralelo aparca fenomenal, pero de eso soy capaz hasta yo.

El coche lo hace solo y no queda ni un rasguño ni un golpe.

-Pero ¿has utilizado esa función? -No.

-Aquí estamos, atascados en la 271.

Madre mía, el coche lo hace todo solo.

¿Qué voy a hacer con las manos tanto rato?

Te quita todo el estrés,

así no te tienes que preocupar por nada,

solo tienes que dejar que te lleve donde quieres ir.

Te quita todo el estrés,

así que no te tienes que preocupar por nada...

-Iba por una carretera

con limitación de velocidad bastante alta que tenía un cruce.

Había un tráiler que estaba girando a la derecha

y el coche se metió debajo del remolque del camión

y el conductor se mató.

No había marcas de neumáticos antes del accidente.

El impacto se produjo a casi 120 km por hora.

Nuestras investigaciones que llevamos suelen ser en autopistas

con conductores profesionales de vehículos pesados.

Pero este caso de vehículo privado nos interesó por la automatización.

-Llevo un rato sin tocar el volante y llevo activado...

-Sabíamos que este conductor

estaba utilizando el modo automático del vehículo.

Estaba activada la función de piloto automático,

lo que, en mi opinión, es un error.

En los aviones, los pilotos que lo usan

saben que siguen desempeñando un papel importante,

pero un conductor normal

puede llegar a pensar que esta función le convierte en prescindible.

-Y hay una luz roja que muestra dos manos en el volante

y dice "retoma el control de inmediato".

-Hemos aprendido varias cosas.

La primera es que Tesla avisó de que esta función

debía utilizarse únicamente en autopistas como las interestatales.

Esta afirmación es cuestionable.

He visto el manual de instrucciones del propietario

y cuando lo lees te das cuenta

de que la autopista por la que iba el conductor

era muy parecida a la que se describe en el manual

como caso práctico de activación del" piloto automático".

Lo complicado es confiar en que el conductor

se haya leído el manual y vaya a seguir sus instrucciones.

¿Pero cuántos lo hacen? Algunos se lo leen dos veces al año.

Una con el cambio de hora de invierno y otra con el de verano.

En cuando acuden al manual para saber cómo cambiar la hora.

No creo que sepan dónde mirar lo que hace y deja de hacer el coche.

En este ejemplo hay una gran confianza en la tecnología

sin tener en cuenta los factores humanos que están asociados a ella.

Desgraciadamente,

el sector de la automoción está cometiendo los mismos errores

que ya cometió el de la aeronáutica hace décadas

con la automatización.

El sector aeronáutico empezó a automatizar funciones

simplemente porque contaba con la tecnología adecuada para hacerlo.

Tuvieron que aprender por las malas

que el resultado no iba a ser necesariamente positivo.

Si la automatización falla

o se encuentra con circunstancias que no se han previsto,

necesitan que el ser humano tome el control.

Un ejemplo clásico de este caso es el amerizaje en el río Hudson.

-No podemos hacerlo.

-Vale, ¿qué pista de Teterboro vas a usar?

-Vamos directos al Hudson. -¿Puedes repetirlo, Cactus?

-Cactus 15-49, se ha perdido el contacto con el radar.

-Creo que ha dicho que iba directo al Hudson .

-Si el avión hubiese sido automático, no sé qué hubiera pasado

cuando se encontró con aquellos pájaros

que estropearon ambos motores

y provocaron que tuviera que aterrizar.

Gracias al factor humano se pudieron salvar aquellas 155 vidas.

-Lo que hizo el piloto fue increíble.

Dijimos "madre mía, este tío va directo al río".

-"Prepárense para el impacto",

y, bum, nos paramos.

-Nos quedamos todos en silencio.

Espero que reconozcan la hazaña de este piloto,

él es la razón por la que mi hija de dos años y medio...

-Ha sido increíble.

-Sigue teniendo un padre y mi mujer,

un marido.

-El ser humano es el factor más vulnerable de todo el sistema,

pero el que más capacidad de adaptación tiene.

Si el sistema comete un error porque se estropea

o se encuentra con circunstancias que no había previsto,

es el ser humano el que tiene que tomar el control.

Las personas conducen una media de 3,3 millones de horas

sin sufrir accidentes mortales

y unas 65.000 sin padecer accidentes que causen lesiones.

¿Qué tecnología necesitaríamos

para que en un móvil no se cortase una sola llamada

o para que un ordenador no tuviese ningún problema informático

después de un millón de horas de funcionamiento?

-Para que la conducción cambie drásticamente

y se respete la responsabilidad social,

la única opción que nos queda es empezar a ayudar a los conductores

a tomar las decisiones adecuadas en cada momento.

-Conducir es extremadamente difícil,

conlleva mucha incertidumbre y una gran complejidad.

-Papá, cuidado.

-Como seres humanos, no nos damos cuenta de lo complicado que es.

-¿Qué ha pasado? -La próxima vez conduzco yo.

-La tecnología que ayuda al conductor,

toma decisiones más adecuadas en cada momento

y nos protege de situaciones en las que no tendríamos

la capacidad de responder tan rápido como es necesario.

Cuando se desarrolla a partir de una estrategia centrada en el ser humano,

contribuye a minimizar los peligros que hay en la carretera

y los daños que podemos sufrir.

-Lo de que los ojos son el espejo del alma es verdad.

Se ve cuando observas los movimientos de los conductores:

la cara, el cuerpo.

Cuando observas el rostro, el movimiento de los ojos,

el parpadeo, puedes ver si tiene sueño.

Con la mirada podemos saber qué está viendo,

si mira o no a la carretera o al teléfono móvil.

A partir de ahí podemos crear sistemas de inteligencia artificial

que están funcionando bastante bien en el mundo real.

-¿Ahora?

-No nos comportamos igual dentro del coche que fuera.

Consideramos los sentimientos extremadamente interesantes.

Se desconoce por completo

qué papel juegan los sentimientos en la conducción.

-Es superdivertido, ¿sabes lo que hago ahora con el teléfono?

-Nuestro objetivo es ser capaces de detectar,

con una precisión del cien por cien,

si el conductor está pensando en otra cosa

que no sea conducir.

Como diseño y creo estos sistemas, soy muy optimista

en cuanto a lo que la inteligencia artificial

puede aportar a la conducción.

Durante el último siglo,

la sociedad ha sentido cierta fascinación por el temor

que provoca el avance de la tecnología.

Queda mucho para que podamos llegar a ver robots asesinos

y todas esas fantasías de ciencia ficción

que tanto deslumbran.

La inteligencia artificial

simplemente mejora la experiencia de la conducción

y salva vidas.

-Cada año mueren 1,4 millones de personas en accidentes de tráfico.

Si queremos que esta cifra se reduzca,

tenemos que centrarnos en evitar los accidentes antes de que sucedan.

No cabe duda de que la automatización es una pieza clave del puzle,

pero lo más importante es comprender cómo se comportan los seres humanos.

Me llamo Annika Larson, trabajo en Vargarda, en Suecia,

y soy la responsable de la investigación

sobre el componente humano de la conducción.

Denominamos componente humano

a la colaboración entre las personas y la tecnología.

Tenemos un coche que llamamos LIV,

en inglés vehículo inteligente con aprendizaje automático.

Le conectamos todos nuestros sensores, como cámaras y radares,

y le añadimos sistemas de seguimiento, entre otros,

cámaras que controlan el movimiento de los ojos

para saber dónde mira el conductor.

En conjunto, estos sistemas

nos ayudan a comprender la lógica de los conductores

para saber cómo tenemos que acoplarlos

y conseguir así funciones innovadoras.

Espero que los coches del futuro

sean una prolongación de nuestros sentidos,

más que cualquier otra cosa.

Tenemos que concentrarnos en el comportamiento de las personas

y conseguir que conduzcan con mayor seguridad

o que el coche pueda compensar aquello de lo que carecen.

-De acuerdo.

-Este es LIV,

nuestro vehículo inteligente con aprendizaje automático.

Cuenta con una gran cantidad de sensores diferentes,

tanto en el interior como en el exterior.

La confianza entre el coche y el conductor ha de ser mutua,

pero para llegar a ese punto es necesario entender

dónde se centran tanto la atención del conductor como la del coche.

Uno de los factores más importantes que el coche tiene en cuenta

es la dirección de la mirada del conductor.

-Retrovisor interior, pantalla central.

Retrovisor izquierdo, retrovisor interior,

retrovisor derecho.

-Hago todo esto

para que el coche sepa dónde se centra mi atención

y lo que estoy mirando, de forma que sepa lo que he visto

y, principalmente, lo que no.

En la pantalla se puede ver que mi asiento está iluminado,

el coche sabe que estoy hablando.

Partimos de que, en el futuro,

seremos capaces de darle órdenes al coche,

como "llévame a casa", "vamos a este restaurante"

o "llévame a ese otro",

por lo que tendremos que asegurarnos de que no obedece a un niño

que le dice que le lleve a un burguer,

sino al adulto que está conduciendo.

El coche no es más que una herramienta

que te lleva de un sitio A a uno B.

Pero el trayecto entre A y B puede llegar a ser hasta entretenido.

Queremos un coche que te conozca.

Ahora muevo la ceja...

No le damos demasiada importancia

a si el conductor está triste o contento.

Nos interesa saber lo que podemos conseguir captando los sentimientos.

Ahora arrugo la nariz.

¿Qué situaciones estresan al conductor?

Movimientos de los labios...

¿Cómo reacciona a los avisos?

Abro la boca.

¿El conductor es consciente de que aparece cierto tipo de aviso?

Si no, tendremos que adaptarlo.

Vamos allá.

-Conducción automática activada.

-Con la conducción automática uno se deja llevar.

No es necesario usar las manos.

Puede ser importante en ciertos momentos.

Posiblemente no esté disponible todo el tiempo,

por eso tenemos que centrarnos en seguir mejorando la relación

entre el coche y el conductor.

Hay que intentar que no sea el coche

el que vaya solo mientras el conductor trata de controlar

lo que está haciendo la máquina.

Si cojo el volante... -Conducción automática desactivada.

-Ahora está en azul.

Y ahora la activamos de nuevo. -Conducción automática activada.

-Ahí está, vuelve a estar en verde.

Tengo que seguir mirando a la carretera, eso está claro.

Pero si miro por la ventanilla y pongo las manos en el volante,

ves que no pasa nada.

El coche sigue conduciendo solo y está en verde.

Pero... -Conducción automática desactivada.

-En cuanto miro a la carretera vuelvo a tener el control.

-Conducción automática disponible. -Ahora estamos trabajando en ello.

Hay momentos en los que me sigue impactando

verme trabajar en este tipo de cosas.

Por ejemplo, este coche y todos los sensores que lleva,

las conexiones, hubiera sido imposible crearlo hace diez años.

Cuando lo miro, me da la sensación de estar trabajando en el futuro

y tengo la suerte de no tener que imaginármelo,

porque yo lo vivo en primera persona.

-¡Estaba en rojo, tío!

Los especialistas afirman que tiene que pasar mucho tiempo

hasta que la tecnología logre cumplir con total seguridad

todos los objetivos que le hemos planteado en cuanto a la conducción.

Pero sigue habiendo esperanza.

Cada año estamos más cerca de conseguirlo,

gracias a las nuevas tecnologías de asistencia,

esas que funcionan con el conductor y no para deshacerse de él.

Pero hasta que esta tecnología avance, desgraciadamente,

las distracciones seguirán provocando accidentes de tráfico.

¡Mierda!

-Tampoco he sido tan brusco, tío.

Si te has identificado aunque solo sea un poco con Clodo, Katie,

Phil, Aubrey o Nathan,

o con cualquiera de los demás conductores

a los que hemos visto en este documental,

párate a pensar las consecuencias

que pueden tener las distracciones al volante.

Cuando vi las imágenes me di cuenta de lo peligroso que soy al volante.

-No sé si ha sido el documental

el que me ha hecho darme cuenta de la vida tan desorganizada que llevo,

o simplemente es que he tenido una revelación mientras participaba,

pero estoy intentando complicarme menos la vida a diario

y evitar las distracciones en general,

porque creo que tenía demasiadas.

-Antes del documental era bastante incoherente.

Decía "no mandes mensajes mientras conduces, es peligroso",

pero yo lo hacía.

He decidido dejar de comportarme así y por fin creo que he conseguido

que haya coherencia entre lo que pienso,

lo que digo y lo que hago.

Documentos TV - Distraídos al volante

54:16 09 abr 2019

Un equipo de expertos de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos) instaló cámaras en los coches de varios voluntarios con las que registraron durante seis meses los comportamientos y las distracciones más comunes de los conductores.

Las cientos de horas de grabación desvelaron que bebían, comían, escribían, se fotografiaban y consultaban permanentemente las redes sociales mientras llevaban el vehículo. “¿Estoy conduciendo con los brazos cruzados?, para mí es normal. Lo hago mucho”, asegura uno de los voluntarios que se prestaron para el estudio.

Contenido disponible hasta el 24 de abril de 2019.

Un equipo de expertos de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos) instaló cámaras en los coches de varios voluntarios con las que registraron durante seis meses los comportamientos y las distracciones más comunes de los conductores.

Las cientos de horas de grabación desvelaron que bebían, comían, escribían, se fotografiaban y consultaban permanentemente las redes sociales mientras llevaban el vehículo. “¿Estoy conduciendo con los brazos cruzados?, para mí es normal. Lo hago mucho”, asegura uno de los voluntarios que se prestaron para el estudio.

Contenido disponible hasta el 24 de abril de 2019.

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    Shootball - Avance

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    2:09 05 dic 2018 ‘Shootball’ es el reportaje que estrena esta semana ‘Documentos TV’, sobre los abusos a menores cometidos por Joaquín Benítez, profesor de Maristas de Barcelona. Una producción en la que un padre de una víctima denuncia la mayor trama de agresiones sexuales a menores en España. Por primera vez, el pederasta a cara descubierta habla y confiesa sus agresiones sexuales. En libertad y a cara descubierta, Joaquín Benítez reconoce sus agresiones a varios exalumnos, mientras espera el juicio del que se había librado por el silencio del colegio y los fallos policiales y judiciales. 43 exalumnos de Maristas en Barcelona, víctimas de agresiones sexuales durante cuatro décadas denuncian a doce profesores y frailes por pederastia. “Tenía un pestillo, cerraba y ahí pasaba lo que pasaba. Yo perdí la virginidad con una violación”. Es el testimonio de Toni, una de las víctimas. Su padre, Manuel Barbero, destapó la mayor trama de abusos sexuales a menores en la historia reciente de España. Aprovechando su condición de profesor de Educación Física y de fisioterapeuta, violó a decenas de niños durante años. “A veces, algún chico se quedaba para que yo le diera un masaje y esa tentación era superior a mí”, asegura el abusador. “Yo no me sentía nunca pederasta, sentía un comportamiento distorsionado”. “Ha sido una situación que de tanto en tanto se me iba la mano, porque yo lo tenía como normalizado”, reconoce con firmeza.

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