Un nuevo espacio para asomarse a los mejores documentales de divulgación histórica, científica y cultural, heredero del espacio anterior 'Docufilia'. De lunes a jueves a las 21.00 horas, con reemisión, de lunes a jueves a las 18.00 horas y fines de semana a las 17.15 horas.

Este  contenido solo  está disponible para España  y durante 7 días  desde su emisión  en TVE por restricciones de derechos. 

3621543 www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.7.3/js
No recomendado para menores de 7 años Documenta2 - Recuerdos de Oceanía: El paraíso perdido de las Islas Trobriand - ver ahora
Transcripción completa

A principios de la década de los cincuenta,

Betty Y Jacques Villeminot,

ávidos de descubrimientos y aventuras,

partieron a recorrer el mundo.

Cuando Jacques terminó sus estudios

en el Instituto Etnológico del Museo del Hombre,

los dos decidieron consagrar sus vidas

a la exploración etnográfica.

Viajaron a Australia, Nueva Guinea y las islas de Oceanía.

Diez años después,

decidieron seguir los pasos del antropólogo Bronislaw Malinowski

en las islas Trobriand.

La pareja aplicó su método de observación participativa

que consiste en olvidar los prejuicios occidentales

para entender mejor a las sociedades objeto de estudio.

Residentes en París,

Betty y Jacques Villeminot recuperan fuerzas

durante varios meses al año en su casa de campo.

Allí, en un pequeño lago, tienen una cabaña trobriandesa;

símbolo del tiempo vivido en Oceanía.

Esta casa que vemos en el lago es una réplica de la cabaña

en la que vivimos Betty y yo en las islas Trobriand.

Se trata de una construcción más o menos igual,

quizá esta sea un poco más pequeña,

donde me gusta ir a meditar y a recordar nuestros viajes.

EL PARAÍSO PERDIDO DE LAS ISLAS TROBRIÁND.

En 1966, 54 años después de Malinowski,

Betty y yo partimos con la intención de explorar las islas Trobriand

y constatar qué había sucedido con sus célebres habitantes.

Tras tres días de navegación, llegamos a nuestro destino.

El archipiélago fue descubierto en el siglo XVIII

por el navegante francés dEntrecasteaux,

que lo llamó Trobriand en honor a su segundo de abordo,

el conde Denis de Trobriand cuyo lema era:

“Demasiado brillante para palidecer”.

Encontramos, a unos tres metros de la laguna,

una pequeña cabaña que era, como ocurre en muchos poblados,

la casa destinada a alojar aquellos que estaban de paso.

Así que nos instalamos allí, en aquella casita sobre pilotes.

Después descubrimos

que teníamos la suerte de estar a solo veinte metros

de lo que llamaban la Bucamala, creo.

La Bucamala es una pequeña choza reservada a los jóvenes del pueblo.

En cuanto llegamos, sacamos las cámaras,

las cámaras de fotos y los magnetófonos

para secarlos al sol.

La humedad ambiente era tal

que esta operación debía repetirse todas las mañanas.

Según la leyenda,

las islas Trobriand emergieron de la superficie del Pacífico.

Los isleños salieron de la tierra a través de grutas,

de los troncos de árboles o los brazos de coral.

En el lugar santo de Labai, aparecieron dos hermanas,

las primeras.

Después las siguieron otras jóvenes vírgenes

que serían desfloradas por una gota de agua.

Para tener un niño,

les bastaba con sumergirse en la espuma del océano...

Un espíritu atrapado en las aguas entraba por sus costados

y se reencarnaba en un ser humano.

Así es como surgió el pueblo trobriandés.

Una sociedad hermosa, feliz y despreocupada

que vive en el paraíso.

Nuestra cabaña estaba situada

a unos minutos de la aldea de dOluvilevi.

Todos los días, sus habitantes venían a vernos, nos observaban,

nos hacían preguntas.

Estábamos constantemente rodeados de niños, de mujeres y de hombres.

Llevé conmigo el libro de Malinowski que era muy grueso

y estaba ilustrado, bueno, tenía fotos.

Aquello fue un gran hallazgo para todos.

Todo el mundo quería ver el libro.

Lo ojeaban, miraban las fotos.

Algunos reconocían a viejos parientes

que ya habían muerto.

Para ellos fue todo un acontecimiento.

El libro tuvo un gran éxito y gracias a él,

nos aceptaron más fácilmente.

Los trobriandeses comprendieron rápidamente

cuál era el objetivo de nuestro viaje.

Les enorgullecía que estuviéramos interesados en sus costumbres

y que compartiéramos sus vidas.

En la aldea de dOluvilevi,

las casas están dispuestas alrededor de una gran superficie circular,

una especie de plaza llamada Buka.

En el centro se erigen construcciones rectas, sin techo,

donde almacenan el ñame.

El ñame no solo es apreciado por su valor nutritivo,

sino también por el prestigio que aporta a quién lo posee.

La casa del jefe se distingue por la riqueza de su decoración.

En otros tiempos,

el jefe tenía derecho a ser polígamo.

Esgrimía ese derecho, junto con su gran poder y riqueza.

Los padres de todas sus esposas

debían entregarle una parte de su cosecha.

En 1966, mientras estuvimos allí, el jefe supremo, Vanoï,

no poseía más que cinco esposas,

mientras que uno de sus antecesores llegó a tener cuarenta.

La pesca y la horticultura

constituyen las principales fuentes de alimento

en el archipiélago.

Las aldeas costeras cambian sus capturas

por las verduras de los poblados del interior.

En 1966, la magia aún desempeñaba un papel importante

entre los trobriandeses.

El chamán o Tolosi acompañaba todas las actividades con sus ritos.

El de Labaï entona cánticos en una hoja doblada en forma de cono.

Convertida en un instrumento mágico,

la arroja después al mar para traer a los peces,

alejar a los tiburones y proteger a los pescadores.

Los hombres de la aldea de Sinekata salen a pescar.

Los pescadores golpean el agua

para guiar a los peces hacia las redes.

Ya pueden volver al pueblo, satisfechos de su trabajo,

y satisfechos de su mago.

En Trobriand, encontramos, como por toda Oceanía,

la historia de la madre tierra.

La tierra reacciona como un ser humano.

El primer chamán salió de la Tierra.

Emergió de la tierra ya con conocimientos de magia.

Es el hombre del mundo invisible.

Es el intermediario entre los vivos y los muertos.

Los jefes llegaron más tarde a la comunidad trobriandesa,

que se conformó a base de varias migraciones sucesivas.

Estas gentes se instalaron en una sociedad melanesia,

los jefes eran importantes por sus riquezas,

pero el verdadero hombre fuerte era el chamán.

He aquí uno de los prodigiosos jardines de coral,

muy numerosos en las islas.

Tras un periodo de barbecho, se quema el terreno

y después se desbroza.

El mago inaugura la sesión de labor en el huerto con una arenga.

Su función es primordial.

Con sus cánticos mágicos,

acompaña el trabajo de los hombres proporcionándoles ritmo,

y la colaboración de las fuerzas de la naturaleza.

Aquí, todo crece en abundancia

y los habitantes podrían vivir sin tener que trabajar demasiado.

Pero no, la cantidad y la calidad de sus cosechas

son sinónimos de prestigio.

Un trobriandés produce, por lo tanto,

mucho más de lo que necesita.

La mayor parte se la entrega a su hermana y su familia,

porque él es el tutor de sus hijos.

El resto será para sus socios, para el trueque.

Las mujeres y las jóvenes llevan solemnemente los ñames al poblado

en grandes cestas de mimbre.

Allí, con respeto,

depositan los tubérculos ante los cobertizos todavía vacíos

y después se marchan en busca de más.

Esta joven se ha caído de un mango.

Con masajes,

la mujer consigue drenar los coágulos de sangre

formados por efecto del golpe.

Los trobriandeses se curan con remedios a base de plantas,

masajes e imposición de manos.

Los dolores de cabeza se tratan

con escarificaciones sobre la frente,

realizadas con ayuda de una concha afilada.

En cuanto a las enfermedades graves,

generalmente atribuidas a la brujería de algún enemigo,

se combaten con magia.

Antes, el hombre era un ser eterno,

pero una mujer violó un tabú y se convirtieron en mortales.

Cuando muere un pariente cercano,

los hombres y las mujeres se pintan el cuerpo de negro

y se rapan el cabello.

La muerte, entre los trobriandeses,

desencadena una serie de transacciones económicas

que se prolongan durante varios meses.

Asistimos aquí

a una de esas innumerables transacciones llamadas Sagali,

acontecidas tras la muerte de un habitante de Okopukopu.

Todos los parientes están presentes: los familiares de sangre,

los parientes totémicos

y los parientes creados por alianzas.

Hoy los parientes de alianza ofrecen regalos

y los totémicos los reparten.

Un hombre se detiene delante de cada montón

y anuncia el nombre del donante y del beneficiario.

Esta mujer cuenta las minifaldas hechas con hojas de pandano.

Estas faldas tienen la particularidad

de que jamás las llevará nadie.

Forman parte de los objetos

que solo se usan en el marco del intercambio de regalos.

Esta tradición ilustra

la institución más importante de los trobriandeses:

el sistema de la reciprocidad y el intercambio.

Según este sistema,

el tío de cualquier joven trobriandés

le asigna un número determinado de socios.

Cuando llegan a la pubertad, les designan unos socios,

y la relación que establezcan con ellos durará toda la vida.

Se trata de un lazo extremadamente fuerte e importante, política

y económicamente,

porque en este sistema radica

el dinamismo de la economía trobriandesa.

Aquí vemos como una mujer distribuye las faldas

que le han traído sus socias,

llegadas a la aldea para ayudarla tras la muerte de su marido.

Los beneficiarios no dan las gracias,

sino que calculan el valor del regalo que acaban de recibir.

Cuando le toque el turno de donar a ella,

se esforzará por entregar un regalo de más valor,

sin generosidad, por amistad,

pero también por quedar bien ante su socia,

y ante la sociedad que es testigo del intercambio.

Están tan atrapados dentro de este sistema

que no pueden salir de él...

no pueden dejarse llevar por sus malos instintos.

Aunque los tengan,

y así consiguen canalizarlos para dentro de la sociedad.

Si el hombre no fuera pretencioso,

no tendría necesidad de dar más regalos de los que recibe,

pero esa es lo que hace que esta sociedad funcione.

Se nota en todo, por ejemplo, en un intercambio de pescado,

jamás nadie regalará un pez en malas condiciones a un socio

porque son demasiado orgullosos,

de modo que aquí el orgullo se convierte en cualidad.

A mí me parece algo sublime, extraordinario.

Tras la cosecha del ñame, los aldeanos disfrutan con el juego.

Aquí los vemos practicando una especie de cricket,

adaptado al gusto trobriandés.

Se cubren con hojas

y se ponen cinturones rojos a modo de equipación,

y juegan con pelotas y bates hechos a mano.

Este es el árbitro,

que lleva el tanteo en una hoja de helecho.

Parece tener ciertas dudas.

Como cada mañana,

las jóvenes de la aldea de Oluvilevi

se acercan al mar para lavar los platos.

Siempre es una alegría para los ojos

verlas pasar por los senderos umbrosos.

Las jóvenes trobriandesas están muy mimadas,

porque la sociedad les permite una gran libertad sexual

hasta que se casan.

Después, la cosa cambia, deben ser fieles.

Pero mientras son jóvenes,

forman parte de los privilegiados de la sociedad

y los adultos las envidian.

En Trobriand,

las relaciones amorosas de los jóvenes

no suponen ningún problema.

Pero los tabúes totémicos y el incesto

siguen siendo una gran aberración pudiendo ser causa de suicidio.

La sociedad tiende a salvaguardar su organización familiar tradicional

y no aprueba la maternidad antes del matrimonio,

aunque la virginidad no sea una imposición.

Los jóvenes no están obligados a trabajar.

Las chicas pueden disfrutar de su liberad

para divertirse cuanto quieran.

Quería bañarme así que me puse el bañador de una pieza,

era un bañador de la época, de 1950,

así que tampoco se me veía gran cosa.

Bueno, yo creía que iba correcta.

Cuando llego al agua,

me encuentro a todas las jóvenes riendo entre dientes.

Yo no tenía ni idea de por qué se reían,

pensé que quizá les pareciera amorfa, o no sé.

En cuanto regresé a la choza, le pregunté a Kaoma: oye,

¿qué pasa conmigo, por qué se han reído de mí?

Y avergonzado, me dijo, bajando los ojos,

realmente adorable, me dijo: es porque entre nosotros,

enseñar la parte superior de los muslos es una indecencia.

Las jóvenes en Trobriand

visten unas faldas hechas de fibras vegetales,

que son, son muy sexis, y van con el pecho al aire,

pero ocultan la parte superior de los muslos.

Así era como había que ir.

Esta es una muestra del aspecto polinesio de esta sociedad,

con su dulce música,

su tradición oral y su despreocupación.

Pero también hay rasgos melanesios,

como su lista de severas leyes y su inquietante magia.

Son dos culturas extrañamente entrelazadas

que nos llevan a considerar al pueblo trobriandés

como una mezcla entre el mundo melanesio

y el polinesio.

Los trobriandeses son famosos por su talento para la poesía,

ya sea de temática romántica o de aventuras marítimas.

Muchos los llaman “los bardos de los mares del sur”.

Es cierto que había mucha ternura en todos los gestos de los jóvenes.

Dicho esto, jamás los veíamos juntos, porque como nos contó Kaoma,

que se sentía muy orgulloso de su civilización,

él siempre nos decía:

“nuestras costumbres son diferentes de las de los blancos,

nosotros nos acostamos juntos, y vosotros no, en cambio,

nosotros no podemos comer juntos sin estar casados.

Si nos vieran comer juntos... eso sería una gran falta.

Algo muy malo. Muy malo.

Tampoco podemos pasear de la mano, o uno al lado del otro,

eso es de muy mala educación.

Una pareja no se puede tomar de la mano en público,

salvo que se vayan a casar.

Entonces, las familias intercambian numerosos regalos.

Los presentes y la primera comida de la pareja, sellan el lazo.

Esta joven madre lleva una capa tradicional.

Dará el pecho a su hijo durante dos años,

pero a partir del tercer mes,

le alimentará también con papillas de taro y leche de coco.

Desde el momento en que una joven espera un hijo, toda la aldea,

y gente de las aldeas vecinas, la colman de atenciones,

porque tiene que ofrecer al espíritu que se va a reencarnar en su hijo,

un cuerpo lleno de armonía y de belleza.

Todos los aldeanos se ocuparán de que la futura madre

no vea más que cosas bonitas,

¡y esto es así!

Que solo espere cosas agradables.

También realizarán ritos mágicos sobre su cuerpo

para que el niño se desarrolle dentro de un medio armonioso,

rodeado de belleza.

El recién nacido proviene de un espíritu reencarnado

que puede cambiar de idea

y regresar a su mundo invisible.

Así que solo cuando están seguros

de que el espíritu se ha reencarnado,

el niño recibe su nombre, a la edad de cuatro o cinco años.

La madre y el tío materno son sus tutores legales.

El niño pertenece, por lo tanto, al clan de la madre

y heredará su tótem.

Nos sorprendió mucho ver dentro de la aldea

que las madres no suelen sostener a los bebés en brazos.

Son los padres los que se ocupan del recién nacido

porque deben ganarse su amistad.

No tienen ninguna autoridad,

deben ganarse el amor de sus bebés ocupándose de ellos,

inculcándoles ciertos principios.

Es el tío el que manda ahí.

Los niños viven en pequeñas comunidades

aparentemente liberados de la autoridad de los adultos.

Quizá por eso se mostraban extrañamente razonables.

Sus padres parecen comprender el mundo misterioso de la infancia,

ese mundo que cabalga sobre lo real y lo irreal,

donde los adultos no tienen cabida.

Están considerados como jóvenes adultos y un poco poetas.

En Trobriand no existe ningún rito de iniciación

que ponga fin a su infancia

como ocurre en muchas otras sociedades melanesias.

Los niños se hacen adultos lentamente, sin traumas.

Todo transcurre como si los padres supieran

que no es necesario empujar a los niños.

Les dejan hacer.

Nadie les grita nunca.

Y si alguien lo hace,

todos se burlan de esa persona.

Así que los críos crecen dentro de un mundo lleno de armonía.

Pero también van adquiriendo responsabilidades,

porque aunque no tengan obligaciones,

ellos saben hasta donde pueden alejarse,

cuáles son sus límites.

Ellos mismos descubren sus límites.

Pero ya en los años sesenta,

el mundo paradisiaco de los pequeños trobriandeses estaba amenazado.

Las escuelas cristianas comenzaron a implantarse en las islas.

La autoafirmación del hombre

es una cosa indispensable para su desarrollo.

Y uno no puede autoafirmarse si no tiene a nadie más delante,

si no hay un grupo.

Y en esto la sociedad trobriandesa es realmente excepcional.

Pero esta característica

no solo se aprecia en el archipiélago trobriandés,

sino también en otros lugares,

porque la exportaron con sus expediciones Kula.

Viajes que emprenden en sus piraguas de quince metros

donde caben veinte hombres con su equipaje

y que sirven para realizar intercambios de una manera pomposa,

porque los trobriandeses siempre están dispuestos a demostrar

lo bellos y generosos que son.

Pero bajo ese intercambio de collares y de pulseras,

se oculta la fría realidad

de que tienen la necesidad económica de ir a buscar productos

que no se encuentran en sus islas.

Cuando lo tienen todo preparado,

los hombres se centran en sus piraguas ceremoniales

con vistas a la expedición Kula.

Los socios intercambian dos tipos de objetos:

pulseras llamadas Mwali y collares llamados Soulawa.

Estas dos joyas son los bienes más preciados de los trobriandeses.

Van a visitar a sus socios, socios que les han sido asignados,

no se trata de cualquiera.

Es un socio cuyo grado de parentesco es igual al que pueda tener

con un verdadero pariente de sangre.

Así que intercambia joyas con un desconocido y al hacerlo,

al coger las joyas que han estado en las manos de ese desconocido,

¿qué pasa?

Pues que junto con el objeto,

recibe las cualidades personales de ese individuo,

porque han quedado impregnadas en su regalo.

Así que se lo entrega lleno de sus cualidades.

Es el reconocimiento del otro,

de la necesidad de la diferencia para enriquecerse.

Podemos verlo así.

Esta embarcación se prepara para partir en expedición Kula.

Los barcos que participan en la expedición llegan por separado

al lugar de reunión.

El circuito Kula se extiende

desde el extremo norte de Nueva Guinea,

y sube hasta el archipiélago de Dobu y las Amphlett.

Para participar en este circuito,

un joven debe ser presentado por su tío materno.

Entonces podrá reunirse con sus socios

y hacer sus primeros intercambios de pulseras y collares.

Al mismo tiempo que los trueques ceremoniales,

los isleños aprovechan la oportunidad

para proveerse de productos locales.

De esta forma se mantiene

un vasto mercado económico inter-tribal entre archipiélagos

al tiempo que se entablan nuevas amistades y alianzas.

Se puede decir que los trobriandeses

habían encontrado gracias a este sistema

de la gran familia,

una familia numerosa

construida siguiendo normas diferentes a las nuestras,

que habían encontrado con la Kula, un sustituto de la guerra.

Porque durante la Kula, los hombres,

que siempre tienen ganas de enfrentarse,

lo hacen y de una manera ostentosa, pero sin violencia.

Porque el deseo de llevarse la joya más valiosa

es tan fuerte que les obliga a desplegar

toda su energía cerebral, que no física,

para conseguir ese objeto mágico.

En el lugar de la reunión, desde las primeras horas del día,

los marineros están en pie, preparando el aparejo.

Suben a bordo las pesadas velas hechas con hojas de pandano.

La flotilla está lista para zarpar.

El jefe de la expedición da instrucciones

y todos le escuchan con atención.

Al hombre lleva una bolsita de mimbre

donde guarda las hierbas mágicas que protegerán a la flotilla.

Da la señal de salida, y las Masawas salen escalonadamente,

unas tras otras, hacia el mar abierto.

Pronto, afrontarán la inmensidad del océano Pacífico, sus tormentas,

sus espíritus del agua, sus brujas voladoras.

Deberán, de nuevo, superarse a sí mismos

en una experiencia trascendente.

Ya, mientras estuvimos allí,

las expediciones Kula empezaban a espaciarse cada vez más.

Los más occidentalizados

no querían perder el tiempo con esas cosas.

La Kula estaba perdiendo fuerza.

La llegada de los occidentales a esta región

hará desaparecer los últimos vestigios

de unas estructuras sociales humanas en vigor

desde el comienzo de los tiempos.

Nos trajimos la proa de la piragua tradicional

llamada Masawa.

Es en la talla de estas majestuosas piezas policromadas

donde el artista trobriandés da lo mejor de sí mismo

porque es aquí donde se encierra el espíritu protector de las aguas.

El arte trobriandés forma parte del arte Massim que es utilitario,

un arte al servicio de las creencias.

Los trobriandeses eran, en lo estético,

realmente maravillosos

porque todo lo hacían por la belleza, por el color y la armonía.

Desde el punto de vista humano,

fue una revelación total y los admiro por eso.

Y me pregunto,

aunque no tengo razones para pensar que estoy en lo cierto,

pero me pregunto si la humanidad, en su origen, no era así,

de forma espontánea,

si los grupos humanos no se organizaban así

de manera espontánea

con las mismas estructuras sociales

que corresponden a la biología del hombre.

Pero esto ya son cosas mías.

Con los gestos precisos, esta trobriandesa

cose la parte inferior de una falda de baile

hecha con hojas de bananero teñidas.

Esta falda la llevará un hombre

cuando realice los bailes tradicionales

que tienen lugar con objeto

de la celebración del regreso anual de los muertos a su pueblo,

durante el periodo llamado Milamala.

Según el mito original,

los trobriandeses eran seres inmortales y no conocían la vejez,

tenían el poder de cambiar de piel, como los reptiles.

Pero un día todo eso cambió.

La magia negra apareció bajo la forma de un cangrejo.

Unos jóvenes no reconocieron a su madre

que acababa de dejar la piel vieja en el mar.

Como venganza, la mujer les maldijo

y les arrebató el poder de conservarse siempre jóvenes.

Aquel fue el fin de la juventud eterna de los humanos,

a partir de entonces, los hombres envejecen y mueren.

También dice una antigua leyenda

que cuando los hombres perdieron su juventud eterna

y conocieron la muerte,

los muertos continuaron participando en el día a día de los vivos,

eran visibles.

Pero un día, durante una ceremonia,

una mujer hizo un gesto que molestó a una muerta.

Y esta decidió que a partir de aquel momento,

y aquí se demuestra la autoridad de las mujeres,

que a serían invisibles para los vivos

y solo vendrían a visitarlos una vez al año,

después de las cosechas.

Es lo que llaman la fiesta de Milamala.

Para los trobriandeses,

la muerte no es más que el paso a otra existencia.

El alma o el espíritu se marcha a Tuma,

una pequeña isla situada en la costa norte.

Allí, el muerto se vive una vida parecida a la que tenía antes solo

que con más riquezas y amoríos, claro,

¡qué más puede pedir alguien que ya vive en el paraíso!

Cuando hay luna llena, después de la recolecta del ñame,

los espíritus de los muertos regresan para quedarse 28 días

en sus pueblos terrenales.

Los muertos regresan una vez al año a sus aldeas,

para verificar que los vivos siguen respetando las leyes

que ellos establecieron en su día.

Todos los días, los bailarines ensayan con gran solemnidad

para la gran cita que tendrá lugar el día numero 28 de la Milamala.

Nosotros asistimos a uno de estos ensayos como lo hacen los muertos

que se desplazan constantemente a nuestro alrededor.

Uno tras otro, los bailarines comienzan su ronda lenta y monótona.

Agitan unas hojas de pandano,

que representan las velas de las piraguas,

y frotan el pie derecho contra la pierna izquierda,

para simbolizar el roce de los remos contra el casco de la embarcación.

En el centro,

los músicos cantan poemas que hablan de sus héroes míticos.

Estos bailes y cantos

son una especie de recordatorio

de los principios morales de su sociedad.

Durante un mes,

todos los trobriandeses se consagran a la preparación de la fiesta final.

Todas las aldeas preparan regalos colectivos;

la mayoría son ofrendas a los bailarines.

La gran generosidad que reina en el ambiente

sirve para mostrar a los espíritus de los muertos

la riqueza de los vivos que no los olvidan.

Porque, al final de la ceremonia,

los muertos se llevarán consigo

la sustancia espiritual de los objetos intercambiados.

Aquí los hombres construyen un gran cono

que sirve como medida de la ofrenda de ñames.

El cono se coloca en la aldea donde se celebra la fiesta

y se llena hasta arriba de ñames.

Después se vacía

y su contenido queda expuesto

entre los demás regalos de las aldeas vecinas.

En otro lugar de la aldea, se sacrifican cerdos.

Un hombre los mata con una lanza en el corazón.

Una clavija de madera impide que la sangre caiga

mientras se quema el pelo del animal.

Las mujeres también están ocupadas.

Los espíritus de los muertos siempre están presentes para ellas.

Observan, aprueban la tradición respetada

y disfrutan de la esencia metafísica del alimento.

No muy lejos de allí se prepara la nuez de areca,

que se mezcla luego con la hoja de betel.

Una especie de pregonero

llama a la persona destinataria de la ofrenda.

Esta fase de la fiesta reúne a todos los isleños,

favoreciendo reencuentros, aventuras y romances.

Por fin llega la apoteosis,

el día veintiocho de las festividades,

el adiós a los muertos que volverán a su isla de Tuma.

Los actores, sentados sobre el suelo entre canastas de mimbre,

se maquillan y dan los últimos retoques a sus peinados.

Los alrededores de la aldea

se transforman en las enormes bambalinas de este teatro

al aire libre.

La belleza desempeña un papel muy importante

y mientras los bailarines se preparan para la ceremonia,

todos van pasando ante una hechicera

que entona cánticos relacionados con la belleza del cuerpo.

La hechicera acaricia el rostro con la superficie lisa de una concha

con reflejos dorados.

Después pronuncia las palabras mágicas: tu cabeza yo alegro,

yo embellezco, yo blanqueo; tus mejillas yo alegro,

yo embellezco, yo blanqueo;

tu nariz yo alegro, yo embellezco, yo blanqueo.

Entonces, el cuerpo y el alma alcanzan la armonía,

y el bailarín se marcha con expresión serena, como ausente,

su rostro es el de un hombre en estado de gracia.

Por el sendero llegan más bailarines en oleadas sucesivas.

La aldea se ve invadida, anegada.

Aquí se han reunido varios miles de trobriandeses,

vienen para comunicarse con sus muertos.

Una muchedumbre pintoresca,

elegante y perfumada con las flores de plumerias

forma una muralla de cuerpos ante el espectáculo,

dejando solamente entrever

los peinados de plumas de los bailarines

que ejecutan la ronda de apertura.

Ha llegado el momento del baile ceremonial Kasawaga.

Tres hombres llevan entre los dientes

un extraño objeto blanco hecho con una substancia vegetal

y en sus manos plumas de casuario.

Estos bailarines simbolizan a tres polluelos

que dejan por primera vez el nido.

Emprenden el vuelo con dudas

y después regresan de nuevo al hogar.

El nuevo grupo de bailarines realiza la vuelta de honor.

Una vez más, el baile ilustra la moraleja de una vieja leyenda:

consumido por la vergüenza,

un hombre demasiado promiscuo al que han expulsado de su aldea,

se mutila el sexo y se suicida.

La leyenda es la forma

en que los ancestros se comunican con los trobriandeses.

Todas las miradas están fijas sobre este corrillo ensordecedor que,

tras largas horas,

se deshace en una sinfonía de colores...

Los espíritus de los muertos observan la escena

hasta el momento en el que el sonido de los tambores

los envía de nuevo a su paraíso de Tuma.

Entonces es cuando comienza el año nuevo, y con él,

la ronda feliz de sus tradiciones

que conservarán la alegría de vivir del pueblo trobriandés

hasta el día en que se integren definitivamente en nuestro mundo.

La vida tradicional trobriandesa

sufrió una gran convulsión en el siglo XIX

con la aparición de las potencias occidentales que desembarcaron

para civilizar a los habitantes autóctonos.

Los trobriandeses temen al hombre blanco

porque sus guerras y su gran influencia

también se dejaron sentir en estas apacibles islas.

Después de pasar varios días con nosotros,

la jovencita que nos ayudaba en nuestro pequeño campamento,

le habló a Betty de sus temores.

“Verás, aquí nosotros tenemos miedo del hombre blanco:

los blancos son salvajes” me dijo.

Yo le pregunté que a quién se refería por blancos,

porque los misioneros nunca les habían hecho nada,

por lo menos físicamente, y me contestó:

“No es eso, es que durante la guerra, nos dijeron,

los americanos dijeron a los hombres

que habían matado a miles de miraros”.

Le dije: ¿y ahora, tienes miedo?

Ella se rio y me contestó: “no, ahora ya no tengo miedo”.

Los misioneros fueron los primeros en instalarse en la isla

y pronto comprendieron la importancia del Tolosi.

Con la llegada de los misioneros,

se desencadenó una guerra de religión, por así decirlo,

porque enseguida comprendieron que el hombre fuerte era el chamán.

Y sin darse cuenta de que así,

estaban minando también la estructura social del pueblo,

e incluso también de su economía,

porque el chamán intervenía expediciones Kula, en las cosechas,

en la pesca, en todo, fue una verdadera catástrofe.

Durante nuestra estancia,

las islas Trobriand formaban parte de Nueva Guinea, es decir,

estaban bajo tutela australiana.

Cuando llegamos a Trobriand,

la delegación del gobierno estaba intentando introducir el dinero

en un sistema económico que, hasta aquel momento,

funcionaba con los regalos y con la reciprocidad,

como fuerza de equidad.

Para los trobriandeses era traumático

porque el gobierno estaba atacando su sistema de asociación económica

que siempre había sido inviolable, prácticamente sagrado.

Y aunque uno saliera de una aldea del norte,

para ir a una aldea del sur a llevar regalos,

siempre se paraba de camino en otras aldeas

donde también tenía socios.

Allí su socio le ofrecía alojamiento, si era necesario,

pero sobre todo le daba un coco para el viaje.

Y el puesto australiano pagara con dinero australiano,

¡para gran conmoción general!

No sé si lo pensaron bien,

pero aquello fue el comienzo del fin

de un sistema fundado en el intercambio humano,

en la fraternidad real o fingida, pero en todo caso,

en relaciones humanas extremadamente amigables.

Si Bronislaw Malinowski,

que tan magníficamente estudió esta sociedad, regresara,

lo primero que pensaría

es que las cosas han cambiado poco en medio siglo.

Pero después se daría cuenta de las transformaciones

que poco a poco han ido minando la sociedad trobriandesa.

Seguramente constataría con tristeza,

que todas las tradiciones

que hasta entonces subsistían intactas,

ahora reposan sobre un árbol viejo y cansado,

y que ese árbol corre el riesgo de caer

al menor soplido de nuestra civilización.

Documenta2 - Recuerdos de Oceanía: El paraíso perdido de las Islas Trobriand

47:39 16 feb 2017

incuenta años después de Malinowski, Betty y Jacques Villeminot siguen sus pasos para descubrir la tribu de Trobriand. Hace unos años las Islas Trobriand eran un lugar idílico para vivir. Es una sociedad con un sistema basado en la reciprocidad y el intercambio.

Contenido disponible hasta el 23 de febrero de 2017.

Histórico de emisiones:
31/05/2016

incuenta años después de Malinowski, Betty y Jacques Villeminot siguen sus pasos para descubrir la tribu de Trobriand. Hace unos años las Islas Trobriand eran un lugar idílico para vivir. Es una sociedad con un sistema basado en la reciprocidad y el intercambio.

Contenido disponible hasta el 23 de febrero de 2017.

Histórico de emisiones:
31/05/2016

ver más sobre "Documenta2 - Recuerdos de Oceanía: El paraíso perdido de las Islas Trobriand" ver menos sobre "Documenta2 - Recuerdos de Oceanía: El paraíso perdido de las Islas Trobriand"

Los últimos 60 documentales de Documenta2

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • 47:39 pasado jueves incuenta años después de Malinowski, Betty y Jacques Villeminot siguen sus pasos para descubrir la tribu de Trobriand. Hace unos años las Islas Trobriand eran un lugar idílico para vivir. Es una sociedad con un sistema basado en la reciprocidad y el intercambio. Contenido disponible hasta el 23 de febrero de 2017. Histórico de emisiones: 31/05/2016

  • 47:56 pasado miércoles En la década de los 50, Betty y Jacques Villeminot, visitaron las regiones más remotas y desconocidas de Nueva Guinea y grabaron ritos y tradiciones excepcionales, como los Asmat, un pueblo de guerreros feroces, conocidos por su reputación de cazadores de cabezas. Contenido disponible hasta el 22 de febrero de 2017. Histórico de emisiones: 30/05/2016

  • Después de Braveheart (2)

    Después de Braveheart (2)

    58:38 pasado martes

    58:38 pasado martes En la primavera de 1314, el hermano de Bruce sitió el castillo de Stirling. Con la batalla de Bannockburn, Bruce garantizó la independencia escocesa. Liberada de las amenazas inglesas, Escocia envió tropas para invadir el norte de Inglaterra e Irlanda. Contenido disponible hasta el 21 de febrero de 2017. Histórico de emisiones: 05/07/2016

  • Después de Braveheart (1)

    Después de Braveheart (1)

    58:34 pasado lunes

    58:34 pasado lunes Historia de la rebelión contra la tiranía. En marzo de 1309, Roberto celebró su primer Parlamento en St Andrews, y al año siguiente, el clero de Escocia reconoció a Bruce como Rey en un consejo general. El apoyo que le dio la Iglesia a pesar de su excomunión tenía gran importancia política. Contenido disponible hasta el 20 de febrero de 2017. Histórico de emisiones: 04/07/2016

  • 2:56 20 oct 2016 Mira como empieza el documental 'La verdadera historia de la Torre Eiffel' Soy la Torre Eiffel. El monumento más reconocible del mundo. Todo el mundo qy¡ue llega a Paris me viene a visisitar.

  • 2:48 17 oct 2016 El uso de las últimas técnicas de filmación especialista en esta programa revela la "historia natural" de un bebé a partir de los recién nacidos y en movimiento a través de su crecimiento y el desarrollo a medida que estén niños pequeños

  • 1:34 11 jul 2016 ¿Y sí la invención del cine no hubiera sido cosa de los hermanos Lumiere y Edison sino de los hombres prehistóricos? Esa es la apasionante hipótesis del documental Cuando el Homo Sapiens hacia cine (Stone Age Cinema), que podéis ver este martes 19 de julio, a las 21:00 h, en Documenta2.

  • 1:49 12 feb 2016  (We were gladio) relata la verdad sobre el secreto mejor guardado de la Guerra Fría. Ciudadanos anónimos fueron entrenados para convertirse en espías. Una red paramilitar secreta dirigida por la OTAN para formar agentes durmientes con el objetivo de detener un golpe comunista en Europa Occidental. Desde el descubrimiento de su filial italiana 'Gladio' en 1990, sigue siendo un misterio quién estaba detrás de esta organización. La OTAN no habla de ello, los archivos han sido sellados, sus agentes son desconocidos. El documental destapa ahora los secretos de esta organización.‘Fuimos gladiadores’ se estrena en Documenta2 el 15 de febrero.

  • 1:52 12 jul 2013 Asi empieza el documental de la serie La Mafia, dedicado a Roy DeMeo, uno de los máximos responsables de la ola de asesinatos que sacudió a EEUU en la década de los 70. DeMeo descuartizaba a sus víctimas para que fuese imposible encontrar sus cuerpos.

  • 1:52 11 jul 2013 Así empieza el documental de la serie "La Mafia" que retrata a Joe Valachi, un sicario que fue el primero en romper el código de silencio de 'La Cosa Nostra'. Reveló los nombres de capos, jefes y soldados y explicó la estructura organizativa de la Mafia

  • 1:37 09 jul 2013 Así empieza "El hombre de acero y la heroína", el documental de la serie "La Mafia" que retrata al gángster de la operación French Connection; un hombre que planficó en la cárcel convertirse en el mayor distribuidor de heroína de EE.UU.

  • 3:10 29 sep 2016 Durante 52 minutos realizaremos un viaje a través del tiempo, en donde iremos descubriendo la extensa y apasionante evolución arquitectónica y artística de la Catedral de Santiago a través de los siglos. Revelaremos como fueron sus orígenes a partir del descubrimiento de las reliquias del Apóstol y sus discípulos en el siglo IX, lo que motivó la construcción de las primeras Iglesias prerrománicas que sirvieron de base a la actual catedral.

  • 1:05 21 sep 2016 Os avanzamos los primeros minutos del documental "El diario perdido del Dr. Livingstone", que indaga en la personalidad del famoso explorador gracias a la reconstrucción de su diario, que no había podido leerse( por su mal estado) desde su muerte, hace 140 años. Emisión: Miércoles 21 de septiembre a las 18:00 h en En Documenta2, en La2 de TVE.

  • 1:27 01 ago 2016 Documenta2 emite el próximo martes 2 de agosot el documental 'Dopaje - Alto secreto: La cara oculta del atletismo'.La cadena de televisión alemana ARD emitió un documental en el que aportaba pruebas del dopaje sistemático de los deportistas rusos. Participaron en el programa atletas y médicos implicados.

  • 2:50 29 jul 2016 El martes 9 de agosto podemos acercarnos a la historia de una mujer que escribió su nombre con oro en los Juegos Olímpicos de Montreal 76. Hace ahora 40 años, el 18 de julio de 1976 una joven gimnasta, Nadia Comaneci, se convirtió en una leyenda del deporte. Delante de más de 5 millones de televidentes asombrados, una niña de apenas 14 años de edad, se convierte en el primer atleta en su disciplina en obtener lo nunca antes visto, la puntuación perfecta, el 10. Logra así una de las hazañas más grandes en la historia de los Juegos Olímpicos.

Mostrando 1 de 4 Ver más