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No recomendado para menores de 12 años Documaster - La guerra en el mar: Los acorazados de Scapa Flow - ver ahora
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A casi trece kilómetros del territorio escocés

se encuentra la isla de Hoy.

El extremo sureste de las islas Orcadas.

El 13 de julio de 1914,

cinco días antes de que Gran Bretaña declarara la guerra a Alemania,

esta remota comunidad ya estaba en alerta roja.

A la pequeña aldea de Rackwick

llegaron tropas para controlar la oficina de telégrafos.

Este era el punto clave de comunicación

entre el Almirantazgo de Londres

y el magnífico puerto natural de las Orcadas: Scapa Flow,

que se convertiría en la principal base naval de la fuerza de combate

más poderosa de la historia: la Gran Flota Británica.

Los imponentes acorazados

monocalibre dreadnought de la Marina Real,

ya habían zarpado de Portsmouth rumbo a las Orcadas.

Su misión era crucial:

proteger los cargamentos británicos

y proteger a Gran Bretaña de la invasión.

El dominio del mar era algo que Gran Bretaña no podía perder.

Perder el dominio del mar era el fin.

Lo que vendría después

sería la guerra naval entre las superpotencias.

Una guerra de aterradoras tecnologías

entre dos bloques separados por una violenta masa de agua:

el mar del Norte.

Para los británicos

esta sería una guerra naval sin precedentes

librada en su mayor parte

desde las bases escocesas en los mares del norte.

La guerra en el mar: Los acorazados de Scapa Flow.

El mayor puerto natural del hemisferio norte: Scapa Flow.

Trescientos once kilómetros cuadrados de agua

rodeados de hermosas islas.

Las embarcaciones han acudido durante siglos aquí

para resguardarse de las brutales aguas

donde confluyen el Atlántico y el mar del Norte.

Un puerto lo bastante amplio para todas las embarcaciones

de todas las marinas de todo el mundo.

Un lugar siempre vinculado

a los grandes buques de la Primera Guerra Mundial.

El 31 de julio de 1914

la poderosa armada británica arribaba a Scapa Flow.

Una fuerza militar de más de cuarenta mil hombres.

Al mando se encontraba el almirante George Callaghan,

aunque no permanecería en el puesto durante mucho tiempo.

Dos días después,

el amigo de Callahan y segundo al mando de la flota,

el almirante John Jellicoe, llegaba desde Londres.

Cuarenta y ocho horas más tarde,

el mismo día en que Gran Bretaña declaraba la guerra,

Jellicoe abría una carta del primer lord del Almirantazgo,

Winston Churchill.

En la carta le nombraba Comandante en Jefe.

Iba a suceder a Sir George Callaghan en poco menos dos meses y medio,

de manera que debía ponerse al día en cuestión de semanas.

-¿Y lo sabía Callaghan?

-No, le cogió por sorpresa.

Hay que situarse en el contexto de que todos los días

se esperaba algo como un nuevo Trafalgar al principio,

y Callaghan tenía asumido que él iba a ser quien dirigiría la flota

que él había entrenado hacia un nuevo Trafalgar.

Yo diría que lo único de Nelson que había en Jellicoe

era la compenetración que tenía con sus hombres.

Se le daba muy bien recordar los nombres y las caras.

Conocía todas las labores de a bordo.

Y si estabas pintando la cubierta, se acercaba para hablarte y te decía:

"Mira, mejor hazlo así".

Y probablemente se acordaría de tu nombre.

Su mando le ponía muy nervioso

porque ahora estaba a cargo de la Gran Flota,

que era, nada más y nada menos,

que el núcleo de la fuerza de la Marina Real.

Y Jellicoe, como dijera Churchill sabiamente,

era el único hombre que podía perder la guerra en una tarde.

Eso abrumaba a Jellicoe.

No asumía su responsabilidad con ligereza.

Jellicoe era ascendido a un puesto de inmensa responsabilidad nacional.

La Marina Real había sido durante mucho tiempo

el estandarte del poder imperial de Gran Bretaña.

Pero en los inicios del siglo XX

esta fuerza de combate se encontraba en medio de un cambio,

adaptándose al nuevo equilibrio del poder mundial.

-La marina estaba en un proceso de cambio.

Antes del siglo XX los enemigos tradicionales

se encontraban al otro lado del canal,

Francia yEspaña.

Pero en la Primera Guerra Mundial se enfrentaba a una nueva amenaza

y al creciente poder naval de Alemania en el mar del Norte,

en Wilhelmshaven y Kiel,

y las bases cobraban cada vez más importancia en Dover, en Harwich,

en Rosyth y Cromarty en Escocia y en Scapa Flow en las islas Orcadas.

Por aquel entonces la Marina Real había sufrido una transformación

convirtiendo a su flota en una fuerza de combate del siglo XX.

-Sigue habiendo marineros fregando las cubiertas,

sigue habiendo ron todos los días y hombres durmiendo en hamacas,

pero al mismo tiempo están a la vanguardia tecnológica:

artillería de largo alcance, torpedos, aviación, submarinos.

En 1906 entró en servicio el HMS Dreadnought,

el primero de una nueva serie de acorazados con artillería pesada.

Gran Bretaña tenía un gran poder económico

y los pudo producir a gran velocidad,

por lo que los británicos tenían más buques que los alemanes

al comienzo de la guerra y continuaron fabricándolos.

Hasta el final de la Primera Guerra Mundial,

Gran Bretaña construyó

treinta y cinco acorazados dreadnought.

Pero en la actualidad para ver uno hay que venir a Estados Unidos.

Este es el único acorazado monocalibre que queda en el mundo,

el USS Texas.

Ahora es una pieza de museo

y se construyó en Virginia siguiendo un diseño británico.

-Este acorazado supuso un gran avance.

Fue el cohete espacial de su era.

Toda la artillería pesada tenía el mismo calibre,

algo que facilitaba mucho los disparos.

Eran devastadores.

Podías lanzar un proyectil de media o de una tonelada,

a quince o veinte kilómetros

que cuando impactaba sobre el objetivo

hacía un boquete del tamaño de una pista de tenis,

multiplicado por diez.

Era inconmesurable la fuerza destructora de estos buques.

Estaban fuertemente armados y eran más rápidos.

El HMS Dreadnought tenía un motor de turbina mucho más potente

y supuso un gran avance tecnológico.

Se construyeron otros acorazados como este

que recibieron el mismo nombre, los dreadnought,

los que no le temen a nada.

Aquel poder tenía un precio.

Cada acorazado costaba a las arcas británicas

dos millones de libras.

Hoy en día la flota de acorazados dreadnought del almirante Jellicoe

costaría más de cuatro mil millones de libras.

Pero estos acorazados eran esenciales

para mantener la supremacía de Gran Bretaña y de su Imperio.

La idea del dreadnought

era, encontrar una respuesta técnica a la creciente amenaza numérica

que representaban las demás naciones industrializadas para Gran Bretaña.

Francia, Rusia, Alemania, Estados Unidos.

Gran Bretaña seguía manteniendo la supremacía,

pero no de una manera tan clara como antes.

Por lo tanto, este acorazado era una estrategia técnica fantástica

para vencer a sus competidores.

Cuando el almirante Jellicoe tomó el mando de la Gran Flota,

disponía de veintidós acorazados monocalibre.

Su adversario, el almirante Ingenohl, tenía trece.

Pero la primera preocupación de Jellicoe

no era cómo hundir los buques alemanes,

sino cómo proteger los suyos.

Un nuevo peligro había emergido de debajo de las olas:

la flota de submarinos de la marina alemana.

El 22 de septiembre de 1914,

un submarino alemán, el U9,

se encontró con tres cruceros acorazados británicos obsoletos

en el mar del Norte.

El submarino alemán llevaba seis torpedos

y los disparó todos hundiendo al HMS Aboukir,

al HMS Cressy y al HMS Hogue.

Mil cuatrocientos marineros perdieron la vida.

En Scapa Flow el almirante Jellicoe quedó impactado al descubrir

que su nueva base estaba totalmente abierta

a los ataques de los submarinos alemanes.

Necesitaba una solución

que permitiera a la flota desplazarse libremente,

alejada de ellos.

Seis torpedos lanzados en Scapa Flow

podían devastar la flota de Jellicoe.

Esa fue la peor pesadilla de Jellico,

cuando llegó aquí y descubrió

que había llevado a su flota de superficie

a un lugar sin defensa ante los ataques de los submarinos

y de todo lo demás.

En noviembre de 1914

la Marina Real empezó a cerrar los estrechos canales

que conducían a Scapa Flow desde el mar del Norte

con navíos hundidos deliberadamente bloqueando el acceso.

Esta goleta, la Reginald,

construida en Glasgow en 1878, fue sacrificada en 1914.

Colocaron estos navíos bloqueando este lado del puerto

durante los primeros meses de la guerra.

A finales de 1914

encontramos diecisiete de ellos en posición

y otros seis en el extremo norte.

Estaban unidos entre sí

para que no fueran simplemente unos buques aislados sin más.

Colocaron una red entre ellos que se extendía de costa a costa

formando una gran cadena.

Estos navíos hundidos eran la manera perfecta

de mantener alejados a los submarinos

de los angostos canales de Scapa Flow.

Pero la principal entrada por el sur, Hoxa Sound,

tenía casi dos kilómetros y medio.

Requería una solución completamente diferente.

Hoxa Sound era la clave de la seguridad de Scapa Flow.

Es la vía navegable más crucial de toda esta zona.

Se trata de una batería de costa.

Es una de las trece baterías de costa que se construyeron en las Orcadas

y su función era actuar como barrera de la costa.

Aquí se colocaba el armamento

para cubrir las defensas antisubmarinas

que son como grandes redes unidas unas a otras

a lo largo de estos canales.

Esas barreras tenían puertas

que podían abrirse a los barcos amigos

y se controlaban desde unas pequeñas embarcaciones

situadas permanentemente en cada una de las entradas.

Las barreras y las baterías fueron colocadas a comienzos de 1915

y con los buques hundidos cerrando el acceso,

Jellicoe podía ahora anclar sin peligro

su creciente flota de acorazados monocalibre,

sus cruceros de alta velocidad, sus lanzagranadas

y sus embarcaciones más pequeñas,

los destructores y los cruceros de largo alcance.

Las tripulaciones de estos buques

procedían de las bulliciosas poblaciones costeras,

como Portsmouth, Plymouth y Chatham.

Algunos solo tenían catorce años

y la mayoría se alistó por doce años.

Más de cuarenta mil marineros.

Llegaron a un remoto lugar

habitado por agricultores y pescadores azotado por el viento

doblando en número a la población local.

Aquello revolucionó la isla por completo.

Hay que recordar

que la sociedad era muy diferente en aquella época

y si ayudabas a la flota,

bueno, ayudabas a tu país.

Existía un patriotismo que hoy en día

tal vez no sería tan fácil de encontrar.

Aunque sí tengo que decir que era lucrativo.

La agricultura estaba en declive al comienzo de la Primera Guerra Mundial

y de repente, surge una pequeña ciudad flotante

en medio de las islas.

Para los agricultores de las Orcadas

la venta de sus productos a la marina

era una nueva fuente de ingresos muy bien recibida.

Esta fue la primera oportunidad

que tuvieron de llevar dinero en el bolsillo

y gastarlo como ellos quisieran.

Se ofrecían actividades de ocio en la costa

para los marineros de la flota

y se celebraban bailes y conciertos

y se requisaron terrenos para convertirlos en campos de fútbol.

El principal centro de ocio de la marina

se encontraba en la pequeña isla de Flotta,

hoy dominada por un depósito petrolero.

Hace cien años, el rey Jorge

se encontró con el almirante Jellicoe

en el campo de golf improvisado de Flotta.

Pero no todas las actividades eran tan distinguidas.

En la marina cabían todos los gustos.

Organizaban combates de boxeo que reunían a muchísima gente,

entre las tripulaciones de la flota.

Peleabas por el honor de tu navío.

Los hombres pasaban el tiempo lo mejor que podían,

pero para los marineros las Orcadas

carecían de las atracciones de los puertos meridionales.

Hacía mucho frío en Scapa,

mucho viento y estaba demasiado lejos.

Pero de momento, era su hogar.

Y desde aquí, la marina más poderosa del mundo

iba a medirse con la segunda marina más poderosa del mundo

por el control del mar del Norte.

La Marina Imperial Alemana

tenía su base en las ciudades portuarias de Kiel y Wilhelmshaven.

Y los buques alemanes que patrullaban cerca de Wilhelmshaven

fueron el objetivo del primer ataque británico de la guerra.

Al alba del 28 de agosto de 1914,

de ocho cruceros ligeros y su escolta de destructores

zarparon hacia aguas alemanas

a tan solo unas pocas millas al norte de aquí.

Alertado de los intrusos, el almirante Franz Hipper,

al mando de la defensa alemana,

hizo zarpar a diez de sus cruceros ligeros.

A mediodía solo quedaban siete.

Primero el Mainz,

después el Ariadne y el Kohl, fueron hundidos.

La breve batalla de Heligoland Bight

fue la primera victoria naval británica de la guerra.

La multitud se congregó para recibir a los navíos.

Sin embargo,

las consecuencias del ataque fueron mucho peores para Alemania.

Y en especial para el káiser Guillermo.

El káiser estaba horrorizado.

Era su juguete.

La marina era su juguete.

Eso no tenía que haber sucedido

y decidió que ningún navío alemán zarpara hacia el mar del Norte

para perseguir a los británicos

a menos que él mismo diera su expreso permiso.

De manera que aquellos maravillosos buques

estaban retenidos en Wilhelmshaven o en Kiel.

La gran ironía era que el káiser de Alemania

era almirante honorario de la Marina Real.

Su abuela, la reina Victoria de Inglaterra,

le había concedido el título en 1889.

Un cuarto de siglo después

el idiosincrático dirigente de Alemania

parecía huir asustado de la Marina Real.

Una situación que a los británicos les convenía bastante.

Pensaron,

no hace falta que peleemos con vosotros

porque, aunque no queráis seguiremos dirigiendo el mundo.

No pasa nada, pero como os pillemos, cuidado,

sufriréis una estrepitosa derrota.

Diez días antes de la Navidad de 1914,

con el permiso expreso del káiser, un escuadrón de cruceros

zarpaba de Wilhelmshaven hacia el mar del Norte.

A la mañana siguiente, 16 de diciembre,

Hipper ordenaba a sus navíos

abrir fuego sobre la ciudad de Scarborough.

Whitby y Hartlepool fueron las siguientes.

Por primera vez en dos siglos y medio

fueron asesinados hombres y mujeres británicos

sobre suelo británico por buques de guerra enemigos.

El número final de muertos fue de ciento treinta y siete.

El superior de Jellicoe, el Primer Lord del Almirantazgo,

Winston Churchill,

llamó a los alemanes "asesinos de bebés".

La Marina Real había dejado a Scarborough sin defensas.

La flota de Jellicoe se encontraba

a trescientas millas al norte, a quince horas de distancia.

Había que hacer algo.

Cinco días antes de la Navidad de 1914,

el astillero aún sin terminar de Rosyth

se convirtió en la base de los navíos más modernos

y veloces de la Marina Real: los cruceros de batalla.

Los felinos.

Los feroces destructores de la marina

diseñados para hundir cualquier navío que pudiera acercarse a ellos

y superarles en potencia de fuego.

Estos cinco buques fueron asignados al mando

de un elegante vicealmirante de cuarenta y tres años:

David Richard Beatty.

Beatty era descuidado,

y era apuesto.

Se tomaba sus responsabilidades de mando a la ligera.

Siendo oficial subalterno

no se preocupó mucho por sus exámenes,

como si no le importara demasiado su carrera en la armada

o como si asumiera que las circunstancias

le permitirían ascender a lo más alto.

A siete millas al este de Rosyth,

Beatty alquiló una casa en la aldea de Aberdour.

Allí vivió con su esposa,

una divorciada americana fabulosamente rica, Ethel Field.

Tanto él como ella eran notoriamente promiscuos.

Beatty visitaba frecuentemente Edimburgo

y este refinado hotel.

Como persona algunos dirían que la palabra canalla es, bueno,

él es la encarnación perfecta de la palabra canalla.

Era un hombre casi libertino y vividor.

Visitaba este lugar,

el hotel North British en Edimburgo muchas veces

y no solo para tomar café, sino para encontrarse con su amante.

De manera que era una persona muy activa,

pero en una época tan discreta como la Inglaterra eduardiana

debía frecuentar sus relaciones sin darle demasiada publicidad.

Había que ser más discreto.

El agradable encanto del hotel North Britain

era un mundo muy distinto al de las islas Orcadas.

Scapa Flow era un lugar bastante remoto,

sin grandes áreas urbanas

con instalaciones de ocio al alcance de la mano,

por eso creo que los oficiales

se lo pasaban mucho mejor cuando los destinaban a Rosyth.

Estaban muy cerca de algunas fincas como Dalmeny, Hopetoun House.

Podían acceder a los jardines de Hopetoun House, por ejemplo,

donde tenían muchos lugares por donde pasear

pasar el tiempo o hacer otras actividades.

El pintor irlandés contemporáneo, Sir John Lavery,

representó a estos marineros regresando a sus barcos en el Forth.

El área ofrecía una amplia variedad de distracciones,

pero seguían teniendo responsabilidades importantes.

Y pocas semanas después del año nuevo

la flota de cruceros de Beatty sería movilizada.

A las seis de la tarde del 23 de enero de 1915,

el almirante Hipper volvía a ordenar a su flota de cruceros

zarpar de Wilhelmshaven.

La inteligencia naval británica alertó al vicealmirante Beatty,

quien condujo a su flota fuera del Forth.

Al día siguiente, a las siete de la mañana

en el banco de Dogger en mitad del mar del Norte...

se encontraron.

Hipper temió haberse topado con la Gran Flota de Jellicoe

y ordenó poner rumbo al sur.

Beatty los persiguió.

Empezaron la persecución en el banco de Dogger,

algo típico en este tipo de cruceros de batalla.

Los buques de Beatty eran más rápidos que los alemanes.

A las nueve de la mañana el HMS Lion,

alcanzó la distancia de fuego del navío alemán

que navegaba en última posición.

A una distancia de casi doce millas, Beatty dio la orden de fuego.

En la batalla que siguió, el buque insignia de Hipper,

el Seydlitz, perdió dos de sus cinco cañones.

El buque insignia de Beatty, el Lion,

perdió dos de sus motores y la mitad de su velocidad.

Entre tanto, el navío alemán en última posición, el Blucher,

empezó a inclinarse a popa y fue bombardeado por los británicos.

A media mañana ambos bandos ya habían perdido uno de sus buques.

Pero a las diez y cincuenta y cuatro Beatty dudó.

Sin avisar, Beatty ordenó un cambio de rumbo radical

porque creyó haber avistado un submarino.

Pero no había ningún submarino.

Pasados unos minutos, haciendo señales con las banderas,

Beatty emitió una segunda orden entendida como:

"Atacar la retaguardia del enemigo".

Por lo tanto los cruceros de batalla británicos se agruparon,

se alinearon sobre el Blucher, lo atacaron,

lo torpedearon y lo hundieron.

Como los tres cruceros que quedaban del almirante Hipper

consiguieron escapar,

los buques de Beatty remataron al ya malherido Blucher

junto a los más de setecientos hombres de su tripulación.

No necesitaban tres cruceros para hacer eso,

sino solamente algunos destructores.

De hecho, fue casi como una excusa para no perseguir a los alemanes.

Cuando el Blucher se hundió,

los destructores británicos se acercaron

para rescatar a los marineros alemanes del agua.

Pero fueron a su vez atacados por la fuerza aérea alemana

y obligados a retirarse

abandonando a su destino a los marineros alemanes.

Los periódicos británicos

contaron la batalla del banco de Dogger como una gran victoria,

la venganza por el ataque de Hipper contra Scarborough.

Pero los críticos de Beatty, no lo entendieron así.

Para ellos el displicente vicealmirante

había perdido una oportunidad.

En realidad lo que salió mal en el banco de Dogger

fue la señalización,

confundir lo que parecía ser

la orden de dejar de atacar a los cruceros de batalla

que perseguían al enemigo en su huida.

Eso no fue lo que pretendía en absoluto.

Y culpó a todo aquel a quien pudo incriminar.

Icen la bandera.

El almirante Beatty empleó las mismas banderas de señalización

que utilizó el almirante Nelson en Trafalgar hacía más de cien años.

Había que hacer llegar los mensajes

y estamos hablando de una época en la que la radio y el telégrafo

estaban aún en pañales.

De modo que tenías que utilizar un sistema de señales visuales.

Banderas, semáforos y señales luminosas.

En aquella época la comunicación por radio era lenta y poco fiable.

Debía codificarse,

pasar por la oficina de comunicaciones, transmitirse

y esperar que la precariedad del equipo permitiera

que algún barco recibiera el mensaje.

Todo eso lleva mucho tiempo

y en un combate las tácticas de comunicación deben ser rápidas.

Con las banderas se puede indicar: "Poner rumbo al puerto, ahora".

Y es tan rápido como decir: "Poner rumbo al puerto, ahora".

A cada letra del alfabeto le corresponde una bandera,

a cada número le corresponde una bandera.

Digamos que quieres hacer virar a todos los buques

noventa grados en dirección al puerto.

Izas una bandera para indicar que va a producirse un giro

y todos los demás barcos confirman

que han avistado y comprendido la señal.

Y en cuanto es arriada todos los buques

giran noventa grados hacia estribor.

Ese era el sistema.

Pero en el banco de Dogger,

ciento diez años después de que las banderas de Nelson

"Esperaran que todos los británicos cumplieran con su deber",

este sistema fracasó.

Sus limitaciones quedaron cruelmente expuestas.

Los almirantes estaban acostumbrados

a combatir con todos los buques a la vista.

Ese sistema favorecía bastante

el método de señalización con banderas.

Pero aquí hay episodios de la batalla

que ocurren sobre la línea del horizonte.

Tal vez la mayor limitación de la Marina Real

y de los métodos de la Primera Guerra Mundial

fueran las decisiones que se tomaron

y no la manera en que se expresaron las órdenes.

Para el vicealmirante Beatty,

la batalla del banco de Dogger fue un fracaso del sistema de señales.

Sin embargo, el año nuevo ofrecería otra oportunidad

y la ocasión para derrotar a la marina alemana.

A principios de verano de 1916,

la base naval de Rosyth ya estaba terminada

y la flota del vicealmirante Beatty casi había doblado su tamaño.

Se le asignó el mando de cinco acorazados

de la clase Queen Elizabeth,

considerado el más destructivo de toda la Marina Real.

La importancia estratégica del Forth

había aumentado de manera sustancial

y, consecuentemente, su defensa también.

Rosyth, era enorme

y su construcción tardó en completarse

desde 1903 hasta mediados de la Primera Guerra Mundial.

Pero las flotas era tan enorme que, en un principio,

empezaron a amarrarse en el lado occidental,

río arriba desde el puente del ferrocarril.

Pero muy pronto el número de navíos fue tan elevado

que tuvieron que amarrarse río abajo también, bajo el puente,

y se tubo que establecerse un sólido sistema de defensa

para proteger la flota de los submarinos y de otros buques.

Lo que vemos es la isla de Inchgarvie

y la pila central del puente del ferrocarril

está emplazada en un extremo de la isla,

que era el núcleo de la principal línea de defensa de la base naval.

A mediados de la guerra se habían instalado cañones de cuatro pulgadas

para proteger la base de los lanza lanzatorpedos.

Las baterías de todas las islas fueron rearmada

y transformada durante la Segunda Guerra Mundial.

Inchgarvie apenas ha cambiado desde la retirada de las tropas

en los años veinte.

Aquí no viene mucha gente y no se ha deteriorado.

Está casi en perfecto estado.

Aquí había redes antisubmarinas debajo del puente del ferrocarril

y cañones en Inchgarvie.

Había baterías a lo largo de la costa hacia el norte y el sur de la isla.

Las defensas centrales,

cuatro millas río abajo,

contaban con una una batería en Bravefoot, en la costa septentrional,

hasta Inchcolm e Inchmickerry,

y hacia la costa meridional de la isla de Cramond.

Los cañones cubrían también las redes antisubmarinas

que bloqueaban el paso por el río.

Todas estas baterías disponían de potentes focos

para iluminar a los objetivos durante la noche.

Algunos eran móviles,

otros emitían un haz de luz fijo

y apuntaban a los cañones con antelación.

Algo más lejos está Inchkeith, la isla más grande,

el cuartel general de la defensa del Forth.

Toda la defensa estaba comunicada por vía telefónica con Inchkeith

y los observadores podían valorar el tipo de ataque que iba a producirse.

La defensa está diseñada

para abordar distintos tipos de ataque,

desde los cañones pesados de la defensa exterior,

hasta donde estamos ahora, en la defensa interior.

Armamento de disparo rápido para detener a los lanzatorpedos

que se acercaban a gran velocidad

para disparar contra un fondeadero densamente ocupado

donde hubiera sido muy difícil fallar el tiro, virar y salir corriendo.

A cuatro millas río abajo

las defensas de la isla de Inchckerry

ofrecen un aspecto bastante familiar.

Se cuenta que las fortificaciones de la isla

se construyeron para que pareciera un buque acorazado.

Dicen que fue diseñado para que pareciera eso,

pero yo creo que el parecido es fortuito.

Porque antes de construirse la torre de control de baterías

de la Segunda Guerra Mundial, no creo que pareciera un buque.

Cuentan que un avión alemán lanzó un torpedo

porque creyó que era un barco.

Pero no he encontrado ninguna prueba

que indique que no se trate de una historia apócrifa.

El río Forth estaba constantemente transitado.

En la tarde del 30 de mayo de 1916,

la flota de Beatty se preparaba para zarpar

con la orden de encontrarse con la flota de Jellicoe

a la mañana siguiente.

El almirantazgo descubrió

que el nuevo y combativo comandante en jefe

de la Flota alemana, el almirante Scheer,

estaba llevando a sus navíos al mar.

Beatty y Jellicoe debían perseguirlos.

La que sería la mayor batalla naval de la guerra

estaba a unas horas de producirse.

Durante la noche las dos flotas británicas

navegaron hacia su punto de encuentro.

Los setenta buques al mando de Jellicoe

incluían veinticuatro acorazados monocalibre

y tres cruceros de batalla.

Los cincuenta buques al mando de Beatty

incluían seis cruceros y cuatro acorazados Queen Elizabeth.

En el lado del puerto de Beatty

se encontraba el crucero ligero Galatea.

A las dos y quince minutos de la tarde

recibió la indicación de Beatty de virar hacia el norte.

Pero unos pocos segundos antes,

el centinela divisó algo en el horizonte.

El capitán desatendió la orden de Beatty y siguió adelante.

Gradualmente fueron avistándose dos cruceros alemanes.

A las dos y veintiocho minutos de la tarde

el HMS Galatea lanzaba los primeros disparos de la Batalla de Jutlandia.

Las flotas de cruceros al mando de Beatty

y de Hipper volvieron a encontrarse.

Hipper disponía de cinco cruceros,

Beatty de seis además de sus cuatro acorazados Queen Elizabeth.

A las tres y veintiocho minutos de la tarde

Hipper hizo virar sus buques ciento ochenta grados

con la idea de atraer a Beatty hacia el sur.

Cincuenta millas hacia al sur

la Flota del almirante Scheer permanecía a la espera.

Esta extraordinaria fotografía tomada ese día por un avión alemán

muestra una sección de sus dieciséis acorazados monocalibre.

Desconociendo su posición,

Beatty ordenó a sus buques perseguir a la flota de Hipper.

Pero una vez más, sus señales no funcionaron

y los acorazados Queen Elizabeth se quedaron atrás.

Los buques de guerra situados cinco millas al noroeste de Beatty,

por diversas razones,

no entendieron la señal al estar demasiado lejos

y no estar dirigida específicamente a ellos.

Al final, cuando viran hacia el sureste

se encuentran a diez millas de distancia en vez de a cinco.

Beatty había perdido el contacto con cuatro buques.

Pero siguió avanzado acercaba a Hipper

y a las tres y cuarenta y cinco minutos el Lion abrió fuego.

Los buques de Beatty empezaron a perder el duelo de artillería

con los cruceros de Hipper.

A los buques de Beatty les faltaba práctica de artillería

pero a los alemanes esto se les daba mejor.

El buque más a la retaguardia de la línea de Beatty,

el crucero Infatigable,

fue torpedeado y saltó por los aires.

Se hundió en minutos.

A Beatty le quedaban cinco cruceros.

Poco después cuatro, al estallar el Queen Mary.

El Queen Mary desapareció en unos pocos segundos.

Se partió y se hundió.

Se vieron cosas raras,

como una lluvia de papeles saliendo por la escotilla del castillo de popa

en un minuto desapareció sin más.

Beatty se dirigió a Chatfield, el capitán del Lion,

y pronunció las palabras más célebres de la batalla:

"Parece que hoy algo va mal con nuestras malditas naves".

No es más que la flema de Beatty

mientras ve como van cayendo sus amigos, uno tras otro.

Más de dos mil marineros británicos estaban ya muertos o agonizantes.

A las cuatro y treinta y ocho

Beatty recibió un mensaje de radio de su escuadrón de cruceros ligeros

alertándole de la presencia de la Flota de Scheer.

Inmediatamente Beatty ordena dar la media vuelta.

Hipper les siguió sin saber que los acorazados de Jellicoe

se encontraba solo a cuarenta millas al norte.

Jellico se aproximaba desde el norte tan rápido como le era posible.

Había recibido las señales de Beatty y de los cruceros ligeros.

El gran logro de Beatty fue conducir a la Flota alemana hacia Jellicoe

a pesar de las bajas sufridas en la huida hacia el sur.

El plan de Jellicoe era desplegar sus buques

para interceptar el paso a los acorazados alemanes.

Una técnica llamada "cruzar la T del enemigo".

Después atacaría con sus doscientas baterías.

Su misión era agrupar su flota

desde una formación de crucero

de seis columnas de cuatro buques en una sola línea de batalla,

de manera que al encontrarse con el enemigo

pudieran hacer la maniobra de cruzar la T.

De este modo la cabeza de la línea del enemigo

es atacada por las baterías de los veinticinco buques británicos.

Y lo hizo muy bien.

Esta fotografía muestra a la flota de Jellicoe

colocándose en una única línea en arco de seis millas.

El historiador de la Marina Real, Sir Julian Corbett, lo describiría

como "el momento supremo de la guerra naval".

A las seis y diecisiete minutos de la tarde,

a de siete millas y media,

los acorazados de Jellicoe abrieron fuego.

Cuando el almirante alemán se lleva el susto de su vida

y descubre a la Gran Flota desplegada

en un arco de ochenta grados delante de él,

revierte el rumbo y envía sus destructores.

Ahora Jellicoe tiene solo una respuesta

al ataque de un destructor y es la de darse la vuelta.

Probablemente lo que debió hacer Jellicoe

es seguir adelante y peinar las huellas de los torpedos.

Aunque si hubiera virado todos los buques a la vez

podría haber perdido dos o tres navíos,

pero el resultado podría haber sido la aniquilación de la Flota alemana.

No estaba preparado para correr ese riesgo.

Podría perder la guerra en una tarde.

Eso no entraba en sus planes.

Tal vez deberíamos agradecerle que no lo hiciera.

Pero desde entonces algunos opinan

que, si Beatty hubiera estado al mando de la flota,

Beatty hubiera sabido, como dijo Nelson,

dejar algo al azar.

Beatty podría haber hecho avanzar a la flota a plena máquina

y haber destruido a la Flota alemana.

A las seis y treinta

los británicos perdieron otro crucero, el tercero del día,

cuando el Invencible fue partido en dos.

Media hora después el almirante Scheer

ordenaba a sus acorazados salir al encuentro de Jellicoe.

Una vez más se vio superado y una vez más tuvo que retirarse.

Al amparo de la noche sus malparados buques

escaparon de vuelta a Wilhelmshaven,

justo cuando los maltrechos navíos británicos llegaban al Forth.

La batalla de Jutlandia

se había caracterizado por la mala señalización.

A medida que los buques seguían arribando a Rosyth,

esta bandera de señales, la letra D, sirvió para un triste propósito.

Se utilizó para cubrir a los heridos

cuando los buques regresaban de Jutlandia

y los desembarcaban en el puerto de Rosyth.

Durante la Primera Guerra Mundial

se producía una destrucción terrible a bordo de las naves.

Los hombres se, se quemaban, se quemaban vivos.

Otra cosa acerca de esta bandera es que no está limpia.

Tenemos expertos en conservación textil

que podrían limpiarla si quisiéramos.

-¿Y por qué no la limpian?

-Porque es así como quedaron después de aquella batalla,.

Forma parte de la historia de la batalla.

Por aquel entonces, cuando arribaron las naves,

las personas que las esperaban

desconocían el resultado de la batalla

y vieron a los buques británicos destrozados,

a los barcos volver destrozados.

Vieron el desembarco de los heridos sin saber nada más.

Les preocupaba

que la armada británica hubiera sido derrotada,

lo cual hubiera sido catastrófico para el esfuerzo de la guerra.

Posiblemente letal.

En los días que siguieron a la batalla de Jutlandia

la cuestión clave permanecía sin respuesta.

¿Quién había ganado?

El almirante Scheer había retirado sus buques en dos ocasiones.

Sin embargo, los periódicos de todo el mundo

publicaron los informes alemanes de la victoria alemana.

Se entiende por qué reclamaron la victoria.

Habían hundido más naves, matado a más hombres.

Se ahogaron alrededor de seis mil quinientos marineros británicos

y en el lado alemán fueron poco más de dos mil.

Pero al final nada de esto importa demasiado.

Lo que verdaderamente importa

es el equilibrio estratégico en general entre las dos armadas,

y eso no había cambiado.

Los alemanes sabían que no podían desafiar a la Marina Real

porque tenía el dominio total del mar del Norte.

Después de Jutlandia

los grandes navíos de la Armada Imperial Alemana

se mantuvieron en puerto.

Aunque en todo el mar del Norte nadie podía decir

que Jutlandia fuera una gran victoria británica.

Fue una victoria estratégica y una vergüenza táctica.

Levantó muchas críticas

y muchas personas consideraron la necesidad de que Beatty

fuera el comandante en jefe.

Cinco meses después, en noviembre de 1916,

Beatty fue ascendido a almirante y puesto al mando de la Gran Flota.

El hombre a quien sustituyó, Jellicoe,

se convirtió en Primer Lord del Mar a regañadientes.

Cuando Jellicoe abandonó su buque insignia en Scapa Flow,

un testigo relata que todos los oficiales lloraban en cubierta.

Juntos, Jellicoe, Beatty, sus oficiales y sus hombres

habían neutralizado la amenaza de la Flota alemana.

Pese a no ganar la batalla de Jutlandia,

Gran Bretaña ganó la guerra de los acorazados dreadnought.

Lo que sucedería después sería una guerra submarina.

La guerra de los U-boats.

Documaster - La guerra en el mar: Los acorazados de Scapa Flow

48:38 08 nov 2018

Scapa Flow, en las Islas Orcadas, Escocia, es el mayor puerto natural del hemisferio norte. Era la base naval de la Gran Flota Británica que, durante la I Guerra Mundial, defendió su dominio del Mar del Norte contra Alemania. Este escenario estará siempre vinculado a los grandes buques británicos.

Contenido disponible hasta el 15 de noviembre de 2018.

Scapa Flow, en las Islas Orcadas, Escocia, es el mayor puerto natural del hemisferio norte. Era la base naval de la Gran Flota Británica que, durante la I Guerra Mundial, defendió su dominio del Mar del Norte contra Alemania. Este escenario estará siempre vinculado a los grandes buques británicos.

Contenido disponible hasta el 15 de noviembre de 2018.

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  • 48:38 pasado jueves Scapa Flow, en las Islas Orcadas, Escocia, es el mayor puerto natural del hemisferio norte. Era la base naval de la Gran Flota Británica que, durante la I Guerra Mundial, defendió su dominio del Mar del Norte contra Alemania. Este escenario estará siempre vinculado a los grandes buques británicos. Contenido disponible hasta el 15 de noviembre de 2018.

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