www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3706158
Para todos los públicos Dime qué fue de ti - 29/08/16 (2) - ver ahora
Transcripción completa

Es una cosa que tengo metida aquí en mi corazón.

Pero, fíjate, Teresa, yo me enteré que era adoptado

pues iba a hacer prácticamente la mili, el servicio militar.

Saber que hay una hermana o un hermano, alguien por ahí

eso sería para mí muy bonito.

Aún me enriquecería más la vida.

Y por decir: "Bueno, el eslabón perdido ya por fin..."

"José supo que era adoptado el día que iba a alistarse en la mili.

Durante muchos años, el secreto estuvo escondido

en una caja metálica en su casa.

Nunca se atrevió a buscar a su familia biológica

por miedo a que sus padres se sintieran traicionados.

Con ellos ya fallecidos y animado por su mujer,

a sus 69 años, José ha conseguido reunir el valor necesario

para buscar a su madre biológica.

Solo cuenta con la partida de nacimiento que había en esa caja

y los tres nombres que aparecen en ella,

el de su madre María del Carmen

y el de sus abuelos maternos Evaristo y Carmen".

José, tienes 69 años.

Vives en Valencia con tus cuatro hijos,

tus cuatro nietos, tu mujer Paqui, aunque has nacido en Sevilla.

Sí, somos de Sevilla, tanto ella como yo.

Y has trabajado en un oficio que te gusta mucho,

fotograbador en una imprenta. Me encanta.

Ya es un oficio de estos que está en desuso

con las nuevas tecnologías, pero tiene mucho de romántico.

Vaya que sí. De recuperar el pasado.

Sí, fotocopiado, fotograbado...

La verdad es que los años que estuve en Sevilla trabajando,

me realizaba mucho.

Tú quieres saber qué fue de tu madre.

Así es, Teresa.

Es una cosa que tengo metida aquí en mi corazón.

Pero, fíjate, Teresa, yo me enteré que era adoptado

pues iba a hacer prácticamente la mili, el servicio militar.

Cuando ellos me dijeron a mí:

"Espérate, Emilio, tenemos que decirte una cosa.

Tú naciste en Marchena,

y te llevaron a la casa de cuna.

Mi madre, por la conversación que teníamos dice:

"Yo tuve muchos abortos.

Me quedaba, pero abortaba.

Y entonces ya decidimos ir a adoptar una niña".

Pero las cosas del destino, yo me crucé en su vida.

Mira, tengo una foto aquí que quiero enseñarte.

Esta es la foto primera que yo recuerde.

La primera foto que yo recuerde que me hicieron mis padres.

La primera foto.

Más pequeño no tengo ninguna más.

Este es tu primer recuerdo con prueba testimonial,

tú ya estabas con ellos.

Con Trinidad y con Benjamín.

Correcto.

Desde ahí hasta el principio de tus días

no hay recuerdos. No.

No se pueden tener, tan pequeño creo que no.

Solo ese momento, en la puerta de no sabes muy bien qué es.

Una pelota en la mano y unas monjas a las que dices adiós con la otra.

Nada más. Nada.

En esa conversación,

a pesar del impacto que supone conocer

lo que te están diciendo, ¿Tú preguntas?

"Pero ¿sabíais quiénes eran mis padres biológicos?"

"¿Qué conocéis de mí?" No, no me dijeron nada.

¿Y no preguntaste? No, es más:

No me enseñaron entonces la partida de nacimiento.

¿Por qué no les preguntaste? No sé.

Tonto de mí que no pregunté. O sería un poco...

la situación.

Y, claro, yo les dije, como te he dicho:

"Ustedes son mis padres hasta que se mueran".

Yo quería como cortar aquello,

ese momento, claro...

A los pocos tiempos ya asimilé, estaba tranquilo, menos nervioso.

Y decía: "Cuidado con mis padres, que no me han dicho nada".

"José no se conformaba con la explicación

que dieran sus padres adoptivos, quería saber más".

¿Cuándo llega la partida de nacimiento a tus manos?

Una de las veces que mi madre estaba en el pueblo

yo sabía que ella tenía una lata

y ahí estaban todos los documentos.

Y ahí abrí yo la lata y vi la partida de nacimiento.

No tenía yo conocimiento de esa partida de nacimiento.

Creo que lo guardaban ellos muy secretamente.

¿En secreto? Sí, secretamente.

¿Cómo fue ese momento de abrir la lata y de rebuscar?

Eso que el corazón te palpita:

pum, pum, pum... es lo mismo.

Y cuando ya lo abrí ya... ¡Uf!

Como ponía en la partida de nacimiento...

Esto que me has traído es la copia

de lo que te encontraste.

Sí, es copia de lo que yo me encontré.

Tu nombre real: José Cárdenas Delgado.

Y por primera vez ves en un papel un nombre.

Y unos apellidos distintos al mío.

El nombre...

presuntamente de tu madre.

Mi madre era Mari Carmen, lo pone aquí.

Mari Carmen Delgado Cárdenas.

¿Lo quieres leer? ¿Quieres leer lo que pone aquí?

Claro que sí.

Ahí es, ¿no?

Dice que nací, según pone,

en la casa...

de la Trinidad de Auxilio Social.

Es hijo natural de María del Carmen Delgado Cárdenas".

Es la primera vez

que escuchabas o leías ese nombre en ese momento,

en tu casa, abriendo una caja donde se guardaban los documentos.

Exactamente.

(LEE) "De 19 años de edad.

En aquel tiempo, a los 19 años era soltera,

dedicada a sus labores, como pone aquí.

Yo cada vez que veo esto me pongo muy alterado.

He tenido una madre...

y que no la he conocido.

No la he conocido, Teresa.

Incluso puedo tener una familia.

(SOLLOZA) Sigo leyendo. Sí, por favor.

"Soltera de 19 años de edad.

Nieto por línea materna

de Evaristo Delgado Pérez

y de Carmen Cárdenas Suárez.

Mis abuelos maternos.

Cuando yo leí esto, Teresa,

yo me preguntaba también:

En aquel tiempo mi madre no me podría a lo mejor tener

porque era soltera. Tú sabes en aquel tiempo lo que era.

Pero siempre me he preguntado:

"¿Y mis abuelos maternos por qué me abandonaron?"

"¿Y mis abuelos maternos por qué me abandonaron, Teresa?"

Fíjate, he pensado incluso que mi madre

había muerto con el parto.

Fíjate, o sea...

¿Por qué has pensado eso? No lo sé,

mi madre a lo mejor moriría en el parto

y mis abuelos que no querían a lo mejor tenerme,

o mantenerme...

O querían borrar eso que hizo mi madre. ¡19 años!

Y por decirlo así, Teresa, me largaron.

Me quitaron de en medio, de su vida.

"Repasamos juntos la partida de nacimiento.

Se le hace un nudo en la garganta pensando en su madre,

en sus abuelos. ¿Por qué fue abandonado?

Por suerte, tuvo una infancia feliz,

con unos padres adoptivos cariñosos

que le dieron todo lo que necesitaba.

(Música emotiva)

¿Cómo fue tu infancia, José? Maravillosa.

Maravillosa. Desde el minuto uno, como se suele decir...

Maravillosa, desde el minuto uno. Me llevaron a buenos colegios,

vestía bien, viajábamos,

salíamos, íbamos a las fiestas del pueblo... Una maravilla.

Ellos se volcaron conmigo mucho, mucho, mucho.

Trinidad y Benjamín fueron unos padres excelentes.

Tu mujer conoce a tus padres

y establecen muy buena relación

entre Benjamín y Trinidad. Así te fue cambiando la vida.

Y esa mujer tuya ha sido durante muchos años

el acicate para que tú buscaras.

Llevaba más de veintipico años diciéndole a mi marido:

"Tienes que buscar a tu familia.

Yo quiero saber a quién se parecen nuestros hijos.

Yo quiero saber los rasgos..."

Porque tú le dijiste una cosa: Ella ha sido.

Le dijiste: "Pídeme cualquier cosa, el mundo, la Luna,

menos que busque quién es mi madre".

Sí.

¿Durante la vida de tus padres no hay un momento

en el que hablas con ellos y les dices: "¿Y si busco...?"?

¿Ellos no te animaron a buscar? No.

No se volvió a hablar.

Por respeto a mi madre adoptiva.

Parecía como si fuera a traicionar a mi madre adoptiva.

Eso lo he tenido siempre así,

por respeto a mi madre.

José, ¿te da miedo buscar?

No, miedo, no. ¿Te asusta saber qué hay al final?

Lo que vas a encontrar.

Claro, ¿por qué no?

A ver, si yo encontrara mi familia...

Ellos supongo que tendrán su vida y yo la mía.

Pero el saber que hay una hermana, un hermano,

alguien por ahí,

eso sería para mí muy bonito.

Aún me enriquecería más la vida.

Y por decir: "Bueno, el eslabón perdido ya por fin...

ha salido".

Y después también pienso, Teresa, ya soy mayor....

Y ahora a lo mejor no hay nada. A lo mejor no hay nada.

Pero como dice: "¿Y si sí?"

¿Me puedo quedar tu partida de nacimiento?

Claro que sí. Va a ser mi arranque.

De arranque de búsqueda.

Es el inicio de una cosa bonita.

¿Qué no darías tú por mirarte al espejo...?

Como dice la canción, "que no daría yo".

Por mirarte y decir: "Soy igual que ella".

Así es. A ver si tenemos suerte.

Puede que... a lo mejor mi madre vive.

Ya es mayor, claro, pero puede que viva mi madre.

Y que tenga familia, que tenga hermanos.

Que mi madre rehiciera su vida con el tiempo,

formara una familia. Y puede que tenga hermanos.

"La esperanza de José por encontrar a su familia

hace que me ponga manos a la obra rápidamente.

Empiezo por su lugar de nacimiento,

la maternidad del Auxilio Social, Marchena, Sevilla,

una institución desaparecida hace muchos años,

y la Casa Cuna de Sevilla.

Consigo los documentos que me permiten reconstruir

los primeros años de vida de José:

su ficha de expósito,

su cartilla de la Casa Cuna con su fecha de ingreso,

la parroquia donde fue bautizado.

Encuentro el documento de prohijamiento

firmado por un matrimonio, el mismo que le adoptaría después.

Consulto varios archivos oficiales.

Ninguna pista de María del Carmen Delgado Cárdenas.

Aparte de ella, Carmen y Evaristo, los abuelos de José,

tuvieron dos hijos más, Evaristo y Rosalía,

ambos nacidos en Nerva, una localidad de Huelva.

Los dos, fallecidos.

Descubro que el último domicilio de Rosalía estuvo en Castellón.

Localizo a dos de sus nueve hijos, les sorprende mi llamada.

Uno de ellos me confirma que escuchó de niño una discusión

en la que Rosalía, su madre,

le recriminaba a su abuela haber dado un niño en adopción.

Me pongo en contacto con la otra parte de la familia,

la de Evaristo hijo, el hermano de Rosalía.

Ellos viven en Nerva, Huelva.

La mujer de Evaristo me confirma que ella conoció

a Carmen Delgado Cárdenas.

Quedo para almorzar con Isabel,

la mujer de Evaristo y sus hijas: Pepi, Mari e Isabel".

La matriarca, Isabel, aquí está. Y sus tres hijas.

Carmen, te llamo Mari.

Isabel y Pepita. Sí.

Las mujeres de Evaristo.

Gracias por recibirme, gracias por vuestra hospitalidad,

por escucharme... Y por venir.

...a mi casa. (RÍE)

Porque habéis sido cómplices en mis averiguaciones

y os sigo necesitando.

Ya os dije la primera vez que había una persona

un familiar vuestro que está tratando de recomponer su pasado.

Quiere saber quién es, dónde está su familia biológica.

Te voy a tutear, Isabel. Sí, no me importa.

Me pone más joven.

Evaristo era tu marido.

Y si estamos hablando solas y él no está es porque ha fallecido.

Claro.

¿Hace cuánto tiempo se fue?

Murió en el 2010.

Evaristo era el hijo mayor de un matrimonio formado

por Evaristo y Carmen.

Delgado Cárdenas, Evaristo Delgado Cárdenas.

Nació en 1927, ¿verdad? (TODAS) Sí.

Ese matrimonio tenía dos hijos,

una hija más pequeña, Rosalía, que nació en el 36

y otra hija llamada Carmen. (TODAS) Sí.

Carmen. Sí, Carmen.

Que nació en septiembre de 1929.

Tengo algunas cosas que quiero mostraros y me vais diciendo...

si voy acertada o no voy acertada.

Voy a mostraros una fotografía.

Según lo que yo sé

esta es la imagen de Carmen Delgado Cárdenas.

Mi cuñada.

Ah, ella es, sí. Sí, esta es.

-¿Aquí qué edad tenía? -No sé.

"Isabel fue compañera de colegio de Carmen.

Ella es la única de la familia Delgado Cárdenas que la conoció.

Poco sabe de su vida.

Un día Carmen desapareció y no se volvió a saber de ella.

Intentamos reconstruir ese pasado difuso

para poder entender. El abuelo, Evaristo, murió joven.

Su mujer y su hija Rosalía se fueron a vivir a Marchena,

mientras que Evaristo hijo permaneció

con sus abuelos maternos en Nerva.

Años después contrajo matrimonio con Isabel".

Esto es lo más importante.

Esta es una partida de nacimiento...

de alguien llamado...

José.

¿José?

¿Te importa leer la parte...?

La que está de amarillo, ¿no? Sí.

"José Delgado Cárdenas, es hijo natural

de María del Carmen Delgado..."

¿María del Carmen Delgado Cárdenas?

Es ella.

¡Ah, hijo de ella!

"De 19 años de edad".

-Me he quedado muerta.

¿Alguna vez se habló en la familia de un niño dado en adopción?

Eso me lo dice a mí mi cuñada.

Tiene que tener nuestra edad.

(LEE) "Soltera, nieto por línea materna

de Evaristo Delgado y Carmen Cárdenas".

Nieto.

-Espérate un momento, es que ahora mismo...

Estamos...

Yo solo pongo en vuestro conocimiento

los documentos que he ido recopilando.

Y el más importante es este.

José tiene 69 años. (MARI) Nuestra edad más o menos.

-Me quedo con la fotografía.

-Bueno, mayor que nosotras. Quiere saber quién era su madre.

Él quiere encontrar quién era su familia biológica.

Ah...

Y su imagen...

¡Ay, por Dios!

es esta.

Así era él cuando era un niño.

(EXCLAMA)

Y esta es...

su imagen actual. Quizá no se le distingue bien.

Es que con las gafas...

Se parece a tu padre. -Se parece mucho a papá.

-Tu padre siempre se ponía así.

-Sí se parece a papá así de lejos.

Él quiere saber dónde está su familia biológica.

Aquí estamos.

No llores. Es una cosa bonita, cariño.

Llora de emoción.

(LLORA)

Está llorando de emoción.

Mira, Isabel.

(BALBUCEA)

(RÍEN)

¿Qué tal, José? Muy bien.

Tú quieres saber qué fue de tu madre.

De tu madre biológica. Pero es mucho...

mucho mayor tu ambición, quieres saber qué fue de tu familia.

Quieres reconstruir tu pasado.

Claro, sí.

Ese eslabón perdido, como digo yo,

lo quiero reconstruir.

Desde los 20 años, cuando conoces esa condición

singular, vamos a decirlo así, especial, distinta,

de ser un niño adoptado,

ha sido un deseo que ha ido creciendo dentro de ti,

pero lo has callado mucho tiempo.

Es así...

Pero quisiera, eso, tener la certeza...

de que tengo una familia. A lo mejor, no, Teresa,

Pero ¿y por qué no?

Claro, ahora tienes 69 años.

Los mismos años que han pasado

desde que la mujer que aparece en este documento diera a luz.

Mucho tiempo. Mucho tiempo, claro.

Muchas veces he dicho: "¿Cómo sería mi madre?"

"¿Cómo es mi madre? ¿Alta, rubia, gruesa, morena...?

¿Qué rasgos tiene? ¿Tú qué crees?

(RESOPLA)

Yo para mí sería la mujer más bonita del mundo.

Claro, me dio la vida, Teresa.

Me dio la vida. Y eso es mucho de agradecer.

¿Circunstancias?

Si viviera mi madre

y yo la tuviera cara a cara como te tengo a ti ahora mismo,

yo no le reprocharía nada.

¡Yo no puedo reprocharle nada!

Quiero compartir contigo los documentos

que he ido recopilando en mi investigación. Son tuyos.

Este que tengo en mi mano

es el documento de ingreso en la Casa Cuna.

Las monjas te pusieron un nombre.

Marcelino.

¿Te recuerda algo ese nombre? No.

No me recuerda nada.

Así te llamaban.

Guárdalo, es tuyo.

Y esto que he ido juntando

creo que tiene el sabor de las anécdotas.

Por ejemplo, ver cómo ibas incrementando tu peso,

cuál era la alimentación que tomabas de niño.

Las dos tomas de leche al día.

O cuando te daban vitaminas.

Es tu libreta individual de niño.

Es tuyo.

Esto es una maravilla. Lo sé, lo sé. Y Paqui está...

Es una maravilla. Lo sé.

Esta es la partida de nacimiento de tu abuela.

De Carmen Cárdenas.

Y esta es...

la de tu abuelo, Evaristo Delgado.

Él era jornalero.

Ella, ama de casa.

Nacidos en la provincia de Huelva.

¡Ah, eran de Huelva!

Tuvieron tres hijos.

Tres hijos.

Un hijo mayor llamado Evaristo,

una hija mediana llamada Carmen

y una hija pequeña llamada Rosalía.

¡Rosalía!

Hay algunas cosas que quiero ir mostrándote.

Evaristo nació en 1927.

He logrado conseguir una imagen suya,

de su juventud.

Quiero que la observes bien

y me digas qué sientes al ver estos rasgos.

Los rasgos, sí.

¿Encuentras parecido a los tuyos? Sí, sí.

Sí.

He encontrado esta imagen...

de Carmen Cárdenas, tu abuela.

Mi abuela.

(ININTELIGIBLE)

Hay una foto...

que quiero mostrarte, que es de Evaristo...

de tu tío Evaristo,

con su mujer. Es mi tío.

¿Y...?

La familia hay un momento que se dividen sus destinos,

una parte de la misma se queda en Huelva.

Sí.

Como es el caso de Evaristo que se casó y tuvo tres hijas.

Y la otra parte de la familia, Rosalía,

se instala en Castellón.

Hay algo que quiero trasladarte

de esa familia que vive en Castellón.

En la búsqueda que he ido abordando

he conversado con algunas personas.

Y los hijos de Rosalía

me contaron esto que me gustaría que leyeras en voz alta.

Dice: "En la familia conocíamos la existencia de un hijo

que fue dado en adopción.

Nosotros preferimos mantener el anonimato,

pero estamos a su disposición.

Estamos seguros de que a nuestra madre

le habría hecho mucha ilusión conocerte. Un abrazo".

Conocían que yo existía.

"En adopción".

(SUSPIRA)

¿Qué sientes ahora, José?

Cuántas cosas me pasan por la cabeza, Teresa.

Lo conocían.

¡Buf! Me he quedado sin palabras.

Tú querías saber. Quería saber, claro.

Y ya estoy sabiendo algo

de mi vida.

De esa familia, claro. Había una hija más.

Carmen.

Nació el 29 de septiembre de 1929.

La niña que está en la última fila, la de arriba,

en la esquina de tu izquierda,

esa niña era Carmen.

Voy a mostrarte una imagen de ella.

(SE EMOCIONA)

Ella se marchó pronto.

Se marchó pronto, como tú sospechabas.

Sí.

Y esta era Carmen Delgado Cárdenas.

(SOLLOZA)

Mamá, mamá.

Por fin te encuentro.

Yo no conocía a mi madre.

Me he quedado impactado.

Y ya me llevo su cara por lo menos,

su rostro, sus facciones.

Yo creo que debes quedarte con todos estos papeles,

me gustaría que los miraras tranquilamente.

Tómate tu tiempo, José.

Pero como tú has dicho

y como sospechabas desde el principio,

hay una familia. Sí.

Al otro lado de tu búsqueda hay una familia.

José, mucha suerte.

Gracias, Teresa. Gracias.

(Música tranquila de guitarra)

Hola, Jose. Soy tu prima Pepi.

-Tú...

-¡Uf, te pareces a mi padre, coño!

(PEPI RÍE) -Un abrazo.

(PEPI SOLLOZA)

¡Si eres mi padre!

¡Si eres mi padre, hijo! -Eres sangre de mi sangre.

(PEPI) ¡Ay, por favor!

(SOLLOZAN)

-Es que cuando he salido era mi padre.

Es que es idéntico a mi padre, idéntico idéntico.

¡Es que es el abuelo!

(SOLLOZA) -Me llamo Isabel.

-¡Es que te pareces a mi padre! -Es que es el abuelo.

(JOSE RÍE)

-¡Es que te pareces a mi padre!

Yo no esperaba que al cabo de mis años

no sabía que tenía un primo.

Y para mí ha sido una experiencia increíble.

Muy emocionante.

-Hola, Jose. Soy tu prima Mari.

Me alegro mucho de verte.

-Dame un abrazo. -¡Eres mi padre!

(RÍE)

Soy muy feliz.

-Eres mi padre.

Eres mi padre, los ojos y todo.

Ha sido una emoción tan grande que estaba ahí detrás

y tenía el corazón que palpitaba muchísimo.

No sabía cómo reaccionaría él, y cómo reaccionaría yo.

Entonces ha sido un sentimiento muy emocionante.

-Es mi madre. Mira.

-Hola, José.

(RÍEN) ¡Uy, toda la familia!

(SOLLOZA)

-Bueno... Es que hasta vestido es igual que mi marido.

Mi marido, clavado.

Yo estuve en el colegio con tu madre.

-¿Sí? -Sí. Esta es ella.

-Sí, sí. -Es ella, tiene el mismo peinado.

Estuve yo con ella.

Pero cuando ya nos apartamos

cada una tiró para un lado y otra para otro,

y ya no supe más de ella.

-Ya, claro. -No supe más de ella.

-Pues yo me crié en Sevilla.

Mis padres me adoptaron en la Casa Cuna de Sevilla

y he vivido en Sevilla. -Que nos hemos enterado hoy.

-Nos hemos enterado hoy. -Tan cerca y tan lejos.

Pero ¿no sabes quién te dio? Bueno, ya sé,

pero ¿no sabes nada de lo que pasó ni nada?

¿No te acuerdas de nada?

-Tanta familia. Porque, claro, antes estaba solo.

Aunque yo tengo mi familia, mis hijos, mis nietos.

Pero no tenía familia por la parte biológica.

La voz de la sangre es tan contundente

que siempre termina haciéndose oír a gritos.

A veces los secretos de las familias

son tan tozudos que se terminan cubriendo de capas y capas

hechas de mentiras o de medias verdades.

Pero siempre hay alguien con ánimo de desentrañarlos

que llega, busca y encuentra la verdad.

Cuando alguien quiere saber

con todas las ganas de su corazón

termina averiguando lo que busca.

"Hay ausencias que marcan nuestra vida,

como le ha ocurrido a José.

Al final ha podido poner rostro

a ese nombre que aparecía en su partida de nacimiento,

Carmen Delgado Cárdenas, y conocer a su familia biológica.

Emilia espera desde hace 30 años volver a ver a aquella niña

con la que compartió casa e infancia

y a la que considera parte de su familia".

Saber de su hermanita le daría una alegría

que yo creo que volvería a ser como ella siempre ha sido.

Segurísimo, vamos.

A mí me gustaría mucho

poderle dar un beso y abrazarla, sería... de verdad, de verdad.

"Emilia convivió durante su infancia

con una niña llamada María

a la que sus padres acogieron cuando tenía solo dos años.

Emilia era hija única

y siempre consideró a María como su hermanita pequeña.

Se separaron once años después

cuando la madre biológica se la llevó a Francia.

Durante mucho tiempo, María mantuvo el contacto

con Emilia y su familia española.

Hoy, Emilia, a sus 90 años busca a María,

de la que no sabe nada desde que se trasladó a Marsella.

Y de eso hace ya más de 30 años.

Su nieta Ananda nos ha pedido ayuda.

Licenciada en Ciencias Políticas,

trabaja en cooperación internacional.

Quedamos en vernos en un intervalo de sus viajes".

Hola, Ananda. Hola.

Qué ganas tenía de conocerte. ¿Qué significa tu nombre?

Pues mi nombre es un concepto hindú

que significa como un estado de paz y bienaventuranza,

es alegría.

Trabajas en cooperación internacional,

eres licenciada en Ciencias Políticas,

pero tus raíces están en Valencia. Sí.

Ahí está la abuela. Sí, sí.

¿Su edad cuál es?

90 años tiene ya. ¡Tiene 90 años!

Sí, sí, aunque ella nunca lo dirá,

porque la verdad es que ni los aparenta

ni siente ella que tenga esa edad,

porque tiene una vitalidad y una energía...

Un poco, en su espejo para ella también eres la nieta,

su nieta favorita.

No, ella nos quiere mucho a todos,

pero yo he estado mucho tiempo con ella

y le tengo un amor incondicional. ¿Ella físicamente cómo es?

Pues es superpresumida,

pero muchísimo más que yo.

Y con el pelo pelirrojo, siempre ha sido supermoderna.

Ya desde jovencita iba como a la vanguardia

en la moda y...

Y sí... ¿Os cambiáis la ropa?

Sí, cuando salgo de fiesta le pido cosas a ella.

Genial, genial.

Ella es el motivo de que te pongas en contacto con nosotros.

Sí.

Nos contaste una historia casi de novela.

Y nos explicaste también

que hay alguien muy importante en su vida

de la que no sabe nada, ¿desde hace cuánto tiempo?

Más de 30 años. Cuéntame esa historia.

Pues ella... sus padres tenían un hotel en Valencia.

Y conocieron a una señora

que no podía tener a su hija, era un bebé de dos añitos.

Y la adoptaron como si fuera suya

y mi abuela estaba encantada, porque había sido hija única

y estaba encantada de tener una hermanita.

La cuidaba, la llevaba a todos los sitios, la quería mucho...

Y luego de mayor ella se fue a Francia,

porque su madre era francesa, pero seguían en contacto.

Ella venía a España, mi abuela iba a Francia con ella,

se pusieron a viajar juntas en Francia y todo.

Pero de repente se mudaron a Marsella

y les enviaron una carta

diciendo que les darían la dirección pero nunca llegó la carta.

No llegó la nueva dirección.

Y siempre la he oído preguntarse "qué habrá sido de mi hermanita",

y que por qué cortaría el contacto así de repente.

Quiero conocer a tu abuela, necesito montar todas las piezas

de ese rompecabezas...

No paran de caer flores, eso debe ser una buena señal.

"Voy al encuentro de Emilia,

quiero conocer su historia en detalle".

Emilia, cuéntame

quién fue para ti María.

María fue una niña para mí muy bonita

que la cogió mi madre de dos añitos,

que estaba la pobre muy descuidada.

Y como no tenía yo hermanos que era hija única

la quise tanto... "Mi hermanita". Y ella también a mí.

Hay que explicar eso, tus padres...

La vuestra fue una familia acomodada de Valencia,

tus padres regentaban un hotel.

Tú eras la única niña de la familia,

criadita entre algodones. Sí, muy malcriada.

Al principio, la madre de María llegó a trabajar en vuestro hotel

y tus padres le sugirieron: "Vamos a cuidar de la niña".

Sí. Y así fue.

Tus padres le dicen a la madre de María:

"Vamos a cuidar de esta niña,

la vamos a tratar como uno más de la familia".

Y tú, feliz. Yo, claro, feliz. Feliz del todo.

¿Qué relación tenía? No solo contigo que era una hermana más,

con tus padres, ¿cómo les llamaba?

A mi madre, la madrina. Era la madrina.

Hay un momento que ella sale de vuestra vida.

De vuestra casa. Sí.

¿Qué pasó? Se va con su madre.

No sé si se casó o se juntó con alguno.

No lo sé. La madre de María.

¿Y adónde se va? A Francia.

Ella se marcha a Francia, va creciendo...

Vino todos los viajes allí. Ella volvía a Valencia.

Sí. Volvía a Valencia todas las vacaciones

con el marido y con los niños.

Ella se casó en Francia y tuvo hijos.

Los matrimonios os veíais en vacaciones

y los hijos se conocían también.

Y en el accidente que pasó íbamos los cuatro.

Qué pasó en el accidente.

Los cuatro íbamos a ver la Costa Azul. Qué bien.

Los cuatro de vacaciones.

El accidente fue ese. Un obrero que no había dormido

pegó un cabezazo y se fue directo al faro.

El resto, lo hizo polvo.

Se llevaron el impacto mi cuñado y Marujita.

Tu cuñado. Llamas tu cuñado al marido de María, de Marujita.

Ibais en el coche los cuatro. Los dos matrimonios.

En ese accidente también te dio por reír.

Ay. ¿Por qué?

Por... Qué fuerte, hija mía. Lo del peluquín de él, no lo sabía.

De repente le quitan la peluca y yo no lo sabía.

Era calvo como la palma de la mano.

Y tan guapo... ¡Dios mío!

Se lo quitaron para darle puntos en la cabeza.

(RÍE) Y por eso me reí.

Me gusta la energía y tu sentido del humor.

A la fuerza tenías que reírte. Y no era para reírse, desde luego.

No lo era.

Pero es que fue un impacto, que me quedé muerta.

Tan guapo que lo veías con la peluca.

Al marido de María. Claro.

"Emilia ha traído sus fotos llenas de recuerdos.

De aquellos años en que las dos familias

compartían sus vacaciones y sus viajes.

Durante mucho tiempo Emilia estuvo esperando noticias

pero nunca llegaron.

No sabe el motivo ni el por qué. Tampoco sabe qué fue de María,

de su marido o de sus tres hijos.

¿Por qué crees que se rompió en ese cambio de domicilio

una relación tan importante? Pienso dos cosas.

O que se enfadaron por algún motivo, con mi madre o conmigo,

o que les pasó un accidente y han muerto.

Porque la cosa fue muy rotunda.

A mí me gustaría mucho poderle dar un beso y abrazarla.

Sería... De verdad, de verdad... (SE EMOCIONA)

¿Por qué ahora si han pasado 30 años?

Ahora y aunque pasen mil años. ¿Sabes?

Siempre me he quedado con las ganas de eso.

De no morirme sin darle un beso y un abrazo.

Me gustaría mucho que la encontrarais. De verdad.

A ver si hay suerte. ¿Qué le dirías?

Ay, eso. Que tengo muchos recuerdos de la infancia suyos, muchos.

Que me haría mucha ilusión.

No se explica tu infancia ni se conoce quién es Emilia

sin hablar de María.

Encontrar a María sería para mí

una de las ilusiones más grandes de mi vida, de verdad.

Porque es como el que pierde una alhaja,

para mí más que si fuera una alhaja.

¿No ves que la quería mucho?

Es como si fuera una hermana de sangre. Igual, igual.

"Tras mi charla con Emilia,

tengo datos suficientes para empezar a investigar.

María abandonó Valencia para vivir en Francia

donde acabó instalándose con su marido en Marsella.

Una ciudad grande, con puerto. Al sur de Francia.

En la Provenza francesa.

Las ciudades portuarias suelen tener el censo actualizado.

Comienzo buscando por el apellido del marido.

Encuentro varios contactos.

Tras sucesivas llamadas localizo a su hija Georgina Achisano

En Fos-Sur-Mer, también en la Provenza francesa.

Muy cerca de la Costa Azul.

Georgina promete hablar con su madre y darle mi teléfono.

Pocos días después,

caminando por la calle recibo su llamada.

Marie, 'allo'?"

¿Has venido con tu hija? Sí, con la mayor.

Tienes tres hijos. Tres. Dos chicas y un chico.

¿Dónde vivís ahora? En Fos-Sur-Mer.

Al lado de Marsella.

Tengo un poco de dificultad al hablar español.

Pero es tu idioma natural porque naciste aquí.

Nací en España.

¿En qué lugar concreto? En Carboneras.

Almería. Sí.

Durante la Guerra Civil. Sí.

Pero tu vida, tu infancia, los primeros años de tu vida

transcurren en Valencia. En Valencia.

Mi mamá subió de Carboneras conmigo de bebé

hasta Valencia y se paró allí.

Allí conoció a una familia que la recogieron,

le dieron trabajo y me cuidaron a mí.

¿Tú te integras en la familia? Para mí...

Yo llamaba mamá a mi madrina.

Yo no veía a mi mamá. No venía a verme.

¿Dónde dormías tú? Yo tenía mi habitación.

Con la familia. Sí.

Me criaban como si fuera de la familia.

Tu madre, cuando busca otro trabajo ¿qué años tenías tú?

(DUDA) Dos años o algo así.

Era pequeñita.

Y ella volvía a la casa.

Con el tiempo, cada vez venía menos a verme.

¿Cada cuánto tiempo? Hasta los once años.

¿Cada cuánto te visitaba? ¿Cada semana?

¡No! Quince días, un mes.

Para mí era una extranjera, una señora que venía a verme

así, pasando.

Mi madre era mi madrina, porque era mi madrina.

Para mí, mi madre era mi madrina.

Que tenía una hija, Emilia.

Era mi hermanita. Era mi hermana.

Me crié con ella.

-Como no tenía hermanos, era hija única,

la quise tanto, a mi hermanita pequeña.

"La felicidad se rompió para María cuando tenía 11 años.

Su madre biológica decidió regresar a Francia.

Quería llevarse a su hija. Sus padres adoptivos

no pudieron impedirlo.

Para María fue un desgarro que aún la hace emocionarse

cuando lo recuerda".

¿Fuiste feliz ese tiempo? Mucho, mucho. Muy feliz.

Para mí es un sueño.

Sobre todo al llevarme luego a Francia,

y fue como si me arrancaran el corazón.

Desde que te marchas a los 12 años hasta los 18, en que te casas...

No tengo noticias. Pasan seis años

en los que ni tú tienes noticias de ellos

ni ellos tienen noticias de ti.

Y a los 18 años me casé.

Y cuando te casas con tu marido... Voy a España.

Dices: "Recuperaré a esa familia". Volví a España.

Y después venía a Francia a verme.

Tenía mi dirección y venía a pasar 15 días conmigo.

Nosotros veníamos hasta con mis niños,

cuando tuve los nenes, traía a toda la familia a España.

Y pasábamos 15 días en su casa.

Ella volvía a ver a...

Recuperaste la relación.

Pero luego tuvimos muchos problemas con mi marido en el trabajo.

¿Se arruinó? Sí.

Lo perdimos todo. La casa...

Y dejé de venir a España.

Dejé de venir a España. Y no les di más noticias.

¿Por qué? Me daba vergüenza.

Me daba vergüenza decirles lo que nos había pasado.

Pero tú eras una hija para ellos. Sí...

La familia está para eso.

¿Cuántas veces no has pensado? "Tendría que haber llamado".

"No tendría que haber perdido el contacto con mi familia".

Me has dicho que era tu familia. He pensado mucho en ellos.

Y pienso aún.

¿Qué años tienes, María? 78.

Hoy cumples 78. Hoy. Hoy es mi cumpleaños.

Hoy cumples 78 años.

¿Recuerdas la última vez que viste a tu madrina

o que viste a Emilia?

La última vez que la vi fue en mi casa, vinieron de vacaciones.

Y tuvimos un accidente de coche.

-Un obrero no había dormido en toda la noche,

pegó un cabezazo y se fue directo al faro.

Y el resto, lo hizo polvo.

Se llevaron el impacto

mi cuñado y Marujita.

¿Alguna vez has pensado que tu madrina se marchó

sin que le dieras las gracias? Sí.

Todo eso lo tengo en el fondo de mí.

"Sigo recorriendo su vida con María acompañada de sus fotografías.

No ha olvidado nunca

el día que se despidió de sus padres españoles.

La acompañaron hasta la estación.

Todo fueron lágrimas.

Dice que nunca pudo adaptarse a su vida en Francia,

que allí no la querían.

Sentía que la arrancaron de su familia.

Lloraba mucho y por las noches soñaba que estaba en España.

Con 18 años se casó

con el que sería su marido durante 50 años".

María.

En este día de tu cumpleaños, yo quiero darte algo

que, de alguna manera, en otro tiempo fue tuyo.

(Música emotiva)

Soy yo.

Soy yo.

Soy yo.

¿Pero esto dónde es? ¿Te importa leer el reverso?

¡Ah!

(LEE) "Para Emilieta de parte de su hermanita,

que no la olvida.

Y que quiere de todo corazón.

Marujita".

Se la envié yo a Emilieta.

¿Cómo la habéis tenido?

¿Cuándo enviaste esa foto? ¿Te acuerdas?

No.

Fue la primera foto que le enviaste después de seis años.

Después de seis años.

La primera.

De otras muchas.

¿Cómo la habéis tenido?

(RÍE)

(RÍE) María.

Emilia lleva más de 30 años preguntándose qué fue de ti.

¿Por qué no llamaste?

¿Por qué no enviaste una carta con tu nueva dirección?

Problemas.

¿Dónde estabas? He pasado una vida muy difícil.

¿Qué hacías?

Si tu marido estaba aún contigo. Sí, sí.

Cómo crecían tus hijos. Claro.

Si te habías enfadado con ella. ¡No! Nunca, nunca.

Es mi hermana de corazón.

Mi hermana de corazón.

Pienso que aún está viva.

Emilia se ha preguntado todo este tiempo

si no habrías tenido un accidente. (RÍE) Oh, no.

No entendía por qué no dabas señales de vida.

Sí, ¿de verdad?

¿De verdad?

Sigue preguntándose aún qué fue de ti.

¿Sí? ¿Está...? ¿Quieres contárselo?

¿Cómo? ¿Contárselo cómo? ¿Se lo quieres contar tú?

¿Quieres decirle qué ha sido de ti en estos 30 años?

(RESOPLA) Claro, claro.

Para eso tendría que verla. ¿Quieres hacerlo?

¿Es posible?

¿Es posible? Claro que es posible.

No. ¿De verdad?

No.

No es posible.

¿Por qué no?

Un milagro. Un milagro.

A veces se cumplen.

(RÍE)

Cuando he conocido tu familia, tú, hija única,

tu marido, hijo único, tu suegra, hija única,

he entendido la relación tan estrecha

que tenías con María. Tan poca familia que había.

Estabas sola. Claro.

Ella llenó los huecos. Siempre he deseado eso.

Una hermanita o hermanito. Ella fue una alegría muy grande.

¿Recuerdas la última vez que supiste de María?

Ellos cambiaban mucho de domicilio

y la última vez dijeron: "Nos vamos a vivir a Marsella.

Ya os llamaremos. Os daremos la dirección

para que escribáis y vengáis y tal".

Ahí ya se perdió.

Emilia.

Yo sí sé qué fue de María.

¿Sí? No me digas.

Dime, dime.

Dime. ¿Algo desagradable?

Algo desagradable.

¿Sí?

(Música emotiva)

Hay cosas...

Hay momentos...

Pasos...

Que uno tiene que dar solo.

Este de ahora, tienes que abordarlo tú sola.

¿De acuerdo, Emilia? Suerte.

Gracias.

¡Ay! ¡Marujita!

(EMOCIONADA) ¡Ay, Marujita!

(LLORA)

(LLORA) Qué ganas tenía.

(LAS DOS SOLLOZAN)

-Creí que estabas muerta.

¡Ay! ¡Cuánta alegría me das! ¡Cuánta alegría!

Ay, qué bonica eres.

(SOLLOZA) ¡Ay!

-Qué sorpresa.

-Ay, desde luego.

No quería morirme sin verte. -No te hubiera reconocido.

-¿Verdad que no? -No.

-Han pasado muchos años. -Qué contenta estoy.

Es mi cumpleaños.

-¿Hoy? -Es mi cumpleaños.

-Felicidades. Tu cumpleaños.

Pues mira. -Nunca lo olvidaré.

Ahora nos llamaremos por teléfono. -Sí, sí.

-Nos escribiremos. -Estaremos más en contacto

gracias al programa.

Qué alegría más grande me has dado.

Qué bien estás. Te encuentro muy bien.

Te encuentro estupenda. -Tú también.

-Para los años que tengo estoy bien.

-Ay. -¿Y tu vida, cómo va?

-Bien, sí. -¿Y tú familia?

-Me quedé sin marido, me quedé sin madre.

-¿Enrique ha muerto? -Sí.

-¿Se murió cuándo? -Hace 14... 15 años.

-¿15 años? ¿Qué edad tenía?

-Tenía 77.

-¿77? (EMILIA ASIENTE)

(EMILIA SUSPIRA) Madre mía. -¿Y tus hijos?

-Cuántos recuerdos tengo tuyos. -Las dos hermanitas.

Ay, mi nieta. Y Marujita. -Qué guapita.

-Encantada. -Encantada.

Qué guapita. -No me lo puedo creer.

-¿Qué te ha pasado?

-Un accidente de bici.

-De oídas sí que te conocen mucho.

De oídas te conocen mucho.

-Me ha hablado mucho de ti. Sí, te quiere muchísimo.

-Es mi hermanita. Es mi hermanita. De corazón.

-Cuando la he visto hablando con mi abuela,

me ha dado un vuelco el corazón. Me he alegrado mucho,

porque a mi abuela sé que eso la cambiará.

Ahora mismo sabe que su hermanita está bien,

que seguirán en contacto y dejará de preguntarse tanto

qué pasó y si estará enfadada.

Bueno, sí. Es indescriptible.

-Hoy es mi cumpleaños

y tengo 78 años,

y no he tenido nunca un cumpleaños tan feliz como hoy.

He recuperado a mi hermanita.

Eso para mí es una felicidad.

-Qué alegría más grande. ¡Qué alegría!

No creí que la encontraríais.

Pero estoy muy agradecida con este programa,

por haberla encontrado.

Cuando entre dos personas hay un distanciamiento,

siempre hay una doble visión sobre esa realidad.

Como dos ópticas que observan la misma cosa.

Por regla general, nosotros, los "abandonados",

tendemos a pensar que no nos estiman igual,

que se han olvidado de nosotros.

Que no hay reciprocidad.

Sin embargo puede suceder que la otra parte

no quiera lastimarnos con lo que está viviendo.

Que nos cuide por ello. Que sienta pudor al contar lo real.

Lo que está viviendo.

Que tenga vergüenza.

"Emilia y María se han reencontrado

después de más de 30 años de ausencia.

Maika busca también a alguien que formó parte de su infancia.

De aquellos años que pasó en un orfanato asturiano,

tras la muerte de su padre minero".

Como nunca la he olvidado,

ahora que estás en momentos más flojos en tu vida,

necesitas de las personas que te han dado cariño

y que han sido importantes para ti.

Pues volverlo a buscar, porque lo hemos perdido

y quiero volverlo a encontrar.

Porque era como una hermana para mí. No había nadie más que ella y yo.

"Maika se crió en Pola de Lena, Asturias,

donde vivió hasta los nueve años.

Hija de minero, su padre fallece en la mina

cuando ella tenía siete.

Lo que cambiaría su vida para siempre.

Con nueve años, su familia la interna

en el Orfanato Minero de Oviedo.

En la soledad del internado,

Maika hizo amistad con otra niña: Cheli.

Las dos, de familia minera. Las dos solas.

Las dos juntas en la dureza de aquel orfanato.

Las dos compartiendo una misma vida".

¿Cómo estás? Bien, encantada de estar aquí.

Es un placer saludarte, Maika.

Una asturiana que vive en Azuqueca de Henares.

Sí. Por trabajo llegaste a Madrid

y después a Azuqueca. ¿Fue así?

Sí, la vida da vueltas y terminé en Azuqueca.

Viniste a estudiar Puericultura.

Ahora eres auxiliar de enfermería

en el hospital Príncipe de Asturias.

Creo que el comienzo de tu vida viene marcado por un hecho

que sucede cuando tienes siete años.

¿Eras consciente de lo que pasó en casa?

Sí, lo recuerdo.

¿Qué sucedió, Maika?

Nos dieron la noticia que había un accidente en la mina

y se habían matado cuatro mineros.

Entre ellos estaba mi padre.

Sí que recuerdo ver camiones con coronas,

porque eran muchos.

Y de verlo en casa.

¿Era la segunda vez que la tragedia en la mina

castigaba a tu madre? Sí.

Se casó y al mes se mató su primer marido.

Estaba ya embarazada de mi hermana.

Al cabo de los años se casó con el hermano,

que era mi padre.

Y también se mató.

Y ya nunca más quiso volver a casarse.

Durante dos años estás en casa hasta que con nueve años ingresas

en el Orfanato Minero de Asturias, en Oviedo.

Una cría chiquitita, con nueve años.

En una institución con esas normas del franquismo,

a final de los años 60.

Qué barbaridad.

Sí, un poco duras.

Hacíamos allí un poco de todo.

Las crías con las que coincidías en el orfanato

tenían circunstancias parecidas a la tuya.

Eran huérfanas también de mineros. Sí.

Y huérfanos ellos. Sí, también.

Todo era de mineros huérfanos.

¿Hubo alguien especial en ese tiempo?

Sí, conocí a una chica que se llamaba Cheli,

que era de Oviedo

y nos llevábamos muy bien.

¿Ese es el motivo por el cual nos hemos conocido?

Sí.

Quieres saber qué fue de esa cría que se cruzó en tu camino

llamada Consuelo, Cheli,

y que supongo que su amistad te ayuda a sobrellevar,

la suya y la de otras crías, a sobrellevar aquel tiempo.

Sí, sí.

"En el orfanato, Maika y Cheli se unen cada vez más.

Maika permanece allí hasta los 13 años.

Regresa a su pueblo, aunque tiempo después

ingresa en otro internado.

Pero esta vez en A Coruña, donde vuelve a ver a Cheli,

su amiga del alma".

¿Dónde fue esta vez? Fue en Carballo, en La Coruña.

En un colegio de monjas.

Se llamaba Colegio La Milagrosa, y ellas eran hijas de la Caridad.

Y otra vez el vértigo de:

"Estoy sola, llego a una institución

donde no conozco a nadie..." Vuelta a empezar.

Sí, así es. ¿Sentías eso, Maika?

Sí. Te da miedo ir a un sitio nuevo. A ver a quién me encuentro,

cómo son las profesoras o las monjas...

(SUSPIRA) ¿Y a quién te encontraste?

Me encontré con Cheli.

¿Otra vez? Digo: "¡Ah!"

¿Cómo fue ese tiempo?

Allí la verdad es que tuvimos un año intenso. (RÍE)

Éramos crías, pero...

Recuerdo que nos dejaban salir

porque estudiábamos en el instituto del pueblo.

Allí estábamos viviendo.

A las clases íbamos con los chicos del pueblo al instituto.

Nos castigaban. Si suspendías dos, no te dejaban salir del colegio.

Nosotras nos escapábamos.

Se podían hacer "trastadas". Sí, las monjas nos ponían música.

El fin de semana hacíamos un guateque

y nos ponían música y bailábamos.

Pero también salíamos al pueblo. Había una sala de fiestas

y podíamos ir.

¿Cuándo es la última vez que estás en ese colegio?

Estuve un año.

Y luego me volví a mi pueblo.

¿Cómo fue el adiós?

Te despides con la idea de volverte a ver y tener contacto.

Pero luego, sin saber cómo ni por qué

lo vas perdiendo.

"Maika estuvo un año en este internado de monjas.

Cheli, algunos más.

Se mantuvieron en contacto por carta con claves secretas

para que las monjas no las descifraran.

Durante dos años se mandaron mensajes

que solo ellas podían leer.

Pero un día las cartas dejaron de llegar.

Maika no se explica por qué".

El recuerdo de aquellas amigas no se borra.

A mí no se me ha borrado. ¿Crees que Cheli

pensaría que tú fuiste la amiga que le marcó su adolescencia o no?

Yo creo que sí. ¿Y si no fuera así?

(SUSPIRA)

Pues, no sé. Me sorprendería. Pero yo creo que sí.

A veces pensamos que dejamos la misma huella en los otros

y no siempre la dejamos, Maika.

Ya, eso es cierto. Pero a mí me gustaría.

Es parte de las decepciones de la vida.

Me gustaría que fuese así.

Y retomar nuestros recuerdos y nuestras vivencias.

"Trazo mentalmente una línea que va desde Pola de Lena, Asturias,

hasta Oviedo, donde Maika coincide por primera vez con Cheli.

Desde Oviedo, la línea me lleva a A Coruña,

el internado de La Milagrosa, el último lugar donde se vieron.

No logro averiguar gran cosa en los sitios por los que pasaron.

Así que decido buscar en Internet.

Me aparece su nombre y una localidad: Lanzarote.

Un hotel.

Llamo, pregunto por Consuelo y Cheli se pone al teléfono".

¿Qué tal, Consuelo? ¿Cómo estás? Bien.

¿Te llaman Consuelo? Me llaman Consuelo.

Me llaman Consuelo desde que estoy en Lanzarote.

Es donde te he encontrado. ¿Qué hace una asturiana aquí?

Buscar trabajo. Ir a trabajar.

¿Cuándo llegaste allí? En el 97.

¿Antes dónde estabas? En Oviedo.

Marchaste a Lanzarote buscando buen tiempo, la playa, el sol.

Sí. Y trabajo. Y trabajo.

Es una metáfora también de una tierra oscura, triste,

lloviendo, tu tierra natural. (ASIENTE)

¿Lloraste mucho allí?

¿En mi tierra? Sí.

Iré al principio de todo.

En ese principio te sitúo en el Orfanato Minero de Asturias,

cerca de Oviedo.

Está en la zona del Naranco. Entré allí con cinco años.

Hacía los seis en octubre. Entré en septiembre.

Y allí estuve. ¿Vivían tus padres?

Vivían mis padres cuando ingresé.

Qué solita, con cinco años.

Ahora me revuelves un poco el sentimiento,

pero en aquel momento no sentí pena.

¿No? No.

Mi recuerdo es que mi madre lloraba

y yo la consolaba para que se fuera a casa.

En aquel momento, no.

Ahora, al recordarlo, sí. Pero en aquel momento, no.

¿Tenías hermanos, hermanas? Un hermano.

Pero el hermano estuvo en casa.

Aunque luego más tarde sí fue también,

pero él se quedó en casa entonces.

¿Cuánto estuviste en el orfanato? Ocho años.

¡Uf! Qué barbaridad.

Ocho años. Creces, te preparas,

aprendes, estudias, entiendes qué es la vida

ingresada allí.

Sí. Yo me fui de allí con 13 años.

Y me fui interna, con monjas, a La Coruña.

Y volví a mi casa con 17 años.

A La Milagrosa, en Carballo. Sí. (RÍE)

¿Cómo lo sabes? Porque sé mucho.

Sé mucho de ti, Consuelo.

¿Y en todo ese tiempo dónde estaba tu idea de familia?

En el colegio.

Yo viví la sensación de... Cuando llegaba a mi... (TITUBEA)

Hoy pienso, a mis años, que mi madre lo tuvo que pasar mal.

Cuando yo llegaba a casa de adolescente,

yo era una extraña.

No quería venir a mi casa, quería quedarme en el colegio.

Cuando echaba los meses de vacaciones en casa,

ya empezaba a estar a gusto en casa.

Y tenía que irme.

¿Eso te ha marcado a ti?

Quizá me ha impedido tener amistades profundas.

O saber decir adiós.

De niña, imagínate con seis o siete años

que tienes a esa niña que es tu amiga, que la quieres,

y que llevas tres años con ella y la niña se va.

Y tú no sabes más de ella.

Tú sientes un dolor.

Eso te pasa una vez. Cuando te pasa dos y tres,

aprendes a decir adiós.

Te has hecho dura. (SUSPIRA) La vida.

-Te despides con la idea de volverte a ver

y de tener contacto.

Pero luego, sin saber cómo ni por qué

lo vas perdiendo.

"El internado dejó una profunda huella en Cheli,

aunque no todo son malos recuerdos.

Allí hizo amigas

con las que compartió muchas travesuras

aun a riesgo de recibir un duro castigo.

Era una forma de dar color a sus días.

El más triste de todos,

el día que una monja a la que tenía mucha animadversión,

la madre superiora,

le dio la noticia de la muerte de su padre,

enfermo de la mina".

¿Cuándo tuviste que decir adiós? Allí, en el internado.

En el internado, con 17 años.

16, 17.

¿Y desde ahí hasta ahora, qué ha sido de ti, Consuelo?

(RÍE) Me casé.

Tuve hijos. Una vez.

Me divorcié. Luego otra vez.

Me volví a casar. Me volví a divorciar. (RÍE)

Y ahora estoy sola. Con mi nieta.

¿Sabes por qué estamos hablando?

Porque alguien se pregunta qué fue de ti.

Se lo lleva preguntando hace 40 años.

¿Quién?

Quizá tendría que haberte llamado de otra forma.

Quizá debía haberte llamado Cheli. Sí.

(SUSPIRA) Ah, sí. La persona

que se pregunta qué ha sido de ti

es la destinataria de esa carta.

¿Esto lo escribí yo? ¿Esta era mi letra?

(LEE) "Hola, Maika. ¿Qué es de tu vida?

Porque a ti, desde luego, si no se te escribe

no te acuerdas para nada de las amigas.

Por aquí todo sigue como siempre.

Claro que vinieron muchas niñas nuevas.

Yolanda y yo pasamos para sexto.

A ella le quedaron las Ciencias pendientes.

Y a mí la Química y el Inglés.

Las clases aún no han empezado en serio, como yo digo.

En casi todas las horas tenemos estudios".

Emocionante hoy, la carta.

La carta, es que me he emocionado y me vuelvo a emocionar

al hablar de ella.

Sí, tremendo.

¿Quién era Maika?

Una amiga.

Yo estuve en su casa. Ella vivía en Pola de Siero.

En Pola de Lena, perdón. Y yo estuve

más de una vez en su casa

y salí con ella de fiesta y dormí en su casa.

¿Recuerdas? Sí recuerdo, sí.

Pero de mucho se acuerda ella. De ti.

Nos castigaban. Si suspendías dos,

no te dejaban salir del colegio.

Nosotras nos escapábamos.

¿Qué piensas?

(SUSPIRA) Mira, se me han llenado los ojos de agua.

Y a mí no se me llenan de agua con facilidad.

¿Y qué es de ella?

Quizá eso se lo tienes que preguntar tú.

¿Dónde está? Lo que está claro

es que aquel tiempo del orfanato... No me lo esperaba.

Ni me lo podía imaginar.

El tiempo del orfanato creó entre vosotras unos lazos

cercanos a los de una familia. Sí.

Erais la única familia que teníais.

Sí.

Una persona, por los recuerdos del cariño

que se generó en la infancia y en la adolescencia,

pues ha quedado en el corazón de esa persona durante tanto tiempo.

Tremendo, es increíble.

¿Quieres saber qué fue de ella? Sí.

¿Sí? ¿Quieres preguntarle cómo le ha ido la vida?

Sí.

Ahí vamos. ¿Dónde está?

Ahora te lo digo.

(Música emotiva)

¿Echas de menos Asturias? Sí, mucho.

Voy cada dos años o cuando puedo.

Pensar en Asturias nos hace situarnos en tu infancia.

Y tu infancia nos lleva primero a un orfanato,

el Orfanato Minero de Asturias, cerca de Oviedo.

Allí pasaste cuatro años, desde los nueve hasta los 13.

Sí.

¿Cómo son esos tiempos cuando piensas en ellos?

Hombre, un poco duros.

Separarte de tu madre, que es lo único que tienes.

Llegas allí, todo desconocido. No sabes con quién te encontrarás.

Y bueno, tuve la suerte de encontrarme con Cheli.

Entonces...

Estaba en una situación parecida a la tuya.

Como la mía.

Nos hicimos amigas.

Y bueno, pues...

Allí pasamos esos años lo mejor que pudimos.

Por eso nos hemos conocido tú yo.

Porque quieres saber qué fue de Cheli.

¿Cuánto hace que no sabes nada de ella?

Pues cuarenta y tantos años.

¿A lo largo de 40 años, Maika, te has ido acordando de Cheli?

Sí. ¿Siempre ha estado presente?

Sí. Hicieras lo que hicieras.

Vivieras la situación personal o profesional que vivieras.

¿Siempre te acordabas de ella? Sí, siempre me he acordado de ella.

Es una amistad importante. Y aún me acuerdo.

Es una amistad importante. Sí.

¿Qué es lo que sucede ahora para que necesites saber

qué fue de Cheli?

Como nunca la he olvidado,

ahora que estás en momentos más flojos en tu vida,

necesitas de las personas que te han dado cariño,

que han sido importantes para ti.

Volverlo a buscar, porque lo hemos perdido

y quiero volverlo a encontrar.

Era como una hermana para mí, entonces...

Es que no había nadie más que ella y yo.

¿Qué son esos momentos flojos?

Tengo a mi madre muy malita, ya en el fin de su vida

y son momentos duros.

Ver cómo la estoy cuidando en casa

y es duro.

Ver cómo se te va la madre.

Que siempre nos ha ayudado a mí y a mis hijos.

Solo vivía para ayudarnos. (SE EMOCIONA)

Y yo la ayudo ahora.

Por lo que me cuentas,

ver a tu madre en sus últimos momentos

y pensar en Cheli es como cerrar un círculo.

¿Es eso, Maika? Sí.

¿Hay más cosas? ¿Más dificultades?

Bueno...

Un poco. Todo en general.

Hay alguna más. Pareja.

(TITUBEA) Bueno.

Cuando el amor falla en el presente...

Cuando necesitas un apoyo y no lo tienes.

Pues también te... Te duele.

Para los buenos momentos está cualquiera.

Pero en los malos...

Es donde se demuestran las cosas. Es curioso, ¿no?

Quienes están a nuestro lado en un momento determinado,

a lo mejor no nos sostienen,

no son el apoyo que solicitamos o que necesitamos.

Y miramos atrás y decimos: "¿Y aquella chica

que me acompañó tanto dónde está?" Eso quiero saber.

Qué ha sido de su vida. Sí. Ojalá estuviese aquí ahora.

¿Qué crees que ha sido de ella?

(RESOPLA) Fíjate la vida, las vueltas que da.

Cualquier cosa puede ser. No lo sé.

Ojalá le haya ido muy bien y esté feliz.

Maika.

Yo sí sé qué fue de Cheli.

No me digas. ¿De verdad?

Asiente.

¿De verdad? Buscar es viajar.

(SUSPIRA)

Colarse en los recuerdos de la infancia.

En la búsqueda a veces vamos acompañados.

Y otras veces, solos.

No puedo seguir a tu lado.

Lo que viene ahora lo tienes que vivir sola.

Mucha suerte, Maika. Gracias.

(Música emotiva)

No me digas que tú eres Cheli.

Ay, no me digas.

(CONTENTA) ¡Pero bueno!

¡Por favor! Esto sí que no me lo esperaba.

Ay, ay, ay.

(SE EMOCIONA) Esto no me lo esperaba.

Pero bueno... -¡Qué guapa estás!

Qué guapa estás. -Tienes los mismos ojos. ¡Ay!

Por favor.

Qué sorpresa. Esto sí que no lo esperaba.

Ha sido una alegría muy grande

y yo no voy a perder la amistad ya.

Ni ella. Me ha hecho mucha ilusión. No me lo esperaba para nada.

Los mismos ojos, eso no ha cambiado.

Ha cambiado el pelo y tal, pero la cara, los ojos, sí.

Como la recordaba.

-Ay, señor. Qué recuerdos.

-De Carballo.

Ay, lo malas que éramos. (RÍEN)

-¿Te acuerdas del día que te metiste debajo de mi cama?

-Estaba con la linterna buscándote y llegó la monja.

-Haciendo el pino en las camas.

Y con los chicos.

Con Silván, con Ramón. -Ese era...

-Cuando nos escapábamos de las monjas.

Ay, ay, ay.

-Entre las dos vamos juntando

los recuerdos del pasado. Ciertamente.

Bonito, bonito. Indescriptible.

Ciertamente que sí.

"Recordar" es uno de los verbos más hermosos.

También es una forma de rejuvenecer

porque recordando mantenemos el espíritu en forma.

Las exigencias del presente nos hacen estar pendientes de ellas

pero siempre hay un detonante que nos anima a mirar atrás.

Maika pasa por momentos muy complicados,

por eso busca entre sus recuerdos algún instante feliz

y lo encuentra en un internado gallego,

junto a una chica rebelde llamada Consuelo.

Al reencontrarse ven que ya no son las mismas,

pero no importa, no pasa nada.

Nadie puede pensar que el paso del tiempo es indemne.

Pero para Maika, saber qué ha sido de Cheli

es lo más importante.

(Música alegre)

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Dime qué fue de ti - 29/08/16 (2)

Dime qué fue de ti - 29/08/16 (2)

29 ago 2016

"Secretos de familia"
José a sus 69 años busca a su madre biológica.
"Mi hermana adoptiva" 
Nanda quiere que su abuela Emilia encuentre a su "hermanita pequeña" María.

ver más sobre "Dime qué fue de ti - 29/08/16 (2)" ver menos sobre "Dime qué fue de ti - 29/08/16 (2)"
Programas completos (10)

Los últimos 22 programas de Dime qué fue de ti

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios