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Para todos los públicos Dime qué fue de ti - 11/07/16 - ver ahora
Transcripción completa

(Música emotiva)

Es que para mí ha sido como un hermano.

Y no sé nada de él.

-Ahí hay una persona donde se fue.

¿Ahí? ¿En la iglesia?

Sí, la vi por última vez. ¿Se fue de tu vida?

Eres Luis, pero naciste María Luisa.

(ASIENTE)

Nací en el cuerpo equivocado.

Si yo al ducharme todos los días y verme en un cuerpo equivocado,

yo me estaba consumiendo por dentro, yo me estaba matando.

(Música emotiva)

-Después me ha dado un infarto y estuve siete días en la UVI

y me he dado cuenta que la vida me ha dado una oportunidad nueva

y no me quisiera morir sin verlo.

-Álec para mí en este momento es mi salvación. (RÍE)

Es mi salvador porque es la persona que me da la mano

para ser la persona que me guía.

-Que quería cambiar de vida a mejor,

que no quería que la encontráramos ni supiéramos dónde estaba.

Que se iba. Y ya está.

-Desde el último abrazo que le di, que me fui llorando,

no lo he vuelto a ver más.

-Que desapareció el día de mi boda, claro. Me dijo que se iba.

(Música emotiva)

(Sintonía)

¿Este es el tatuaje? Sí.

Él tiene otro igual que yo.

Él ha sido como un hermano

y no sé nada de él.

Me gustaría verlo.

"Un segoviano, un andaluz y un vasco se conocieron en la mili.

Las muchas horas de instrucción y adiestramiento

hicieron de una historia de cuartel una gran historia de amistad

entre Manuel, Raimundo y José Miguel.

Tres jóvenes de veinte años que a principios de los 70

se alistan voluntarios en la brigada de paracaidistas

de Alcalá de Henares.

Hoy, Manuel y José Miguel siguen siendo grandes amigos,

pero echan de menos a Raimundo, el bilbaíno,

al que perdieron la pista".

Te saludé y dije: "Te he hablado en presente,

como si tú siguieras siendo paracaidista".

Es que me siento paracaidista porque aunque sea veterano

yo los 74 saltos que tengo

más los 80 de la escuela de Alcantarilla,

eso no me lo quita nadie.

Sigo siendo paracaidista. Lo sigues siendo.

Claro. ¿Se echa de menos?

¿Te gustaría un día subirte, evidentemente necesitas

un entrenamiento muy potente, pero te gustaría todavía sentirlo?

Sí. La adrenalina disparada...

Sí, sentir esa sensación porque es muy bonito.

Yo siempre digo que si yo naciera de nuevo yo no pertenecería

a ningún cuerpo del ejército que no fuera los paracaidistas.

Sería paracaidista otra vez.

Ahora tienes 67 años, naces en el Puerto de Santa María

en una familia muy numerosa. Ahora eres el tercero de diez hermanos,

pero habéis sido catorce.

Sí, mi madre la pobre tuvo mellizos y trillizos.

La primera vez que se vio en el Puerto

un parto de dos y tres niños.

Y la verdad es que quedamos los diez y yo de pequeño

ayudé a mi madre porque el mayor se fue

al servicio militar. Él que tenía que ayudarle era yo con 16 años.

Te toca tu servicio militar.

Te miden. Sí.

Y te tallan. Y te tallan.

Todo ese protocolo. Sí.

Y directamente te marchas a Murcia, ¿no?

Correcto. Porque ya ves unos paracaidistas

del ejército y dices:

"¡Esto me gusta!" Claro, porque resulta

que en el campamento que había antiguamente hacían una exhibición

y yo les vi y digo: "Esta es la mía". Y me apunté,

pasé el reconocimiento médico y todo.

De allí llegué a Murcia y allí fue ya cuando conocí al amigo.

Hablamos del año 1970, ¿no? Sí.

Curso 159. Sí.

¿Y en ese curso coincides con...? Raimundo Fernández López.

¿Porque tú...? Mi amigo del alma.

(SUSPIRA)

Lo siento.

Tú y yo estamos hablando porque quieres saber qué fue de él.

(LLORA) Sí.

Perdona.

No pasa nada, Manuel.

(LLORA)

¿Este es el tatuaje? Sí.

Él tiene otro igual que yo.

Para mí ha sido como un hermano.

Y no sé nada de él. Me gustaría verlo.

La vida me ha dado otra oportunidad. Después de darme un infarto,

y quiero verlo, quiero verlo.

Me encantaría.

"Manuel me asegura que en Murcia Raimundo y él eran como hermanos.

Me cuenta que cuando los trasladan a Madrid, a Alcalá de Henares,

coinciden otra vez en la sexta compañía segunda bandera

y me explica que su primer y último salto

lo hizo acompañado del vasco, de Raimundo".

Una vez que os dicen que sois paraca, que es como os llaman,

es cuando os mandan a la BRIPAC en Alcalá de Henares.

Sí, hacen destinos, mandan a Canarias,

a nosotros nos mandaron a Alcalá de Henares.

Cuando has llegado a la BRIPAC ahora que está ubicado

en otro lugar de la Comunidad de Madrid, en Ajalvir,

¿qué has sentido cuando lo viste? Me he emocionado.

Me emociono porque después de 40 años

volver a vivir esto es impresionante.

Y parece que tengo 20 años, no parece que tengo 67 años.

¿Qué cosas tan intensas se viven en ese tiempo en la mili

como para que no se olviden en 40 años?

Yo salí de mi casa con 16 años, como le dije al principio,

y me fui solo por las circunstancias, por la familia,

porque tenía que trabajar. Y siempre estuve luchando, peleando

y me voy al servicio militar y me encuentro a Raimundo

que tengo unos 21 años, no los he cumplido todavía,

y me encuentro a un amigo de verdad que me abre las puertas

y siento cariño, siento una serie de circunstancias

que yo las necesitaba. Y entonces, eso no se puede olvidar.

Son dos años comiendo juntos, saltando juntos,

viviendo juntos, maniobras juntos, y eso son dos años interminables.

Para mí ha sido lo más grande, lo que más he disfrutado

a nivel solo, porque no tenía novia. Te cuento anécdotas de Mundo conmigo

y en dos años es impresionante lo que hemos pasado juntos.

Manuel, ¿cómo era Raimundo? Oh.

Se me llena la boca porque le quiero como un hermano.

Por eso estoy loco por buscarlo. Ya te he dicho antes que a mí

después de darme un infarto, estuve siete días en la UVI

y la vida me ha dado una oportunidad nueva

y no me quisiera morir sin verlo

porque llevo más de 40 años que nos hemos licenciado

y desde el último abrazo que le di, ya no le he vuelto a ver más.

Y no sé qué más puedo hacer para buscarlo.

Me emociono mucho. (EMOCIONADO) Yo no puedo.

Si era como un hermano para ti, ¿cómo has aguantado 40 años?

Es que este crío, él decía, ¿cómo se dice?

Menda, baranda. Él le decía: "Un baranda, este baranda".

Y me ganó de tal manera que yo siempre le he mirado como un hermano.

Para mí siempre ha sido mi hermano. Somos los dos de la misma edad.

Pero luego existe el otro que era mayor que nosotros

y el que nos ponía firmes. El otro era el tercer vértice

de un triángulo, porque realmente erais tres amigos.

Sí. Tú, Manuel.

Raimundo y José Miguel. Raimundo ¿y José Miguel o Miguel?

Miguel. Es decir, un andaluz, un vasco.

Y un castellano. Un segoviano.

Sí. Él fue vuestro cabo.

Sí. Nos ponía firmes. Llegó más tarde a vuestra amistad,

pero fue muy sólida. Era muy amigo vuestro.

Se compaginó con nosotros de tal manera

que era un hermano más. En este tiempo, ahora, presente,

¿Miguel está en tu vida? Seguimos viéndonos,

somos familia. Miguel y tú seguís siendo amigos,

¿vuestras mujeres se conocen? Sí, nuestros hijos.

¿Son amigos? Mis dos hijas pequeñitas

se han criado con sus dos hijos. Ya son mayores.

Me han hecho abuelo, a él le han hecho abuelo.

Vemos los nietos con sus nietas.

Él ha estado en el Puerto en la feria conmigo,

yo he ido a su pueblo y mi señora y Paquita,

su mujer, se llevan como hermanas. Rosa y Paquita.

Como hermanas.

Ahora entiendo entonces que quieras buscar a Raimundo.

Claro. A Mundo.

Porque erais tres amigos

y dos habéis mantenido el contacto durante 40 años y él...

Él, no sabemos nada.

Yo lo he intentado por Internet, he intentado todo.

Y cuando surgió vuestro programa

digo: "¿Quién sabe si esto es una oportunidad para verle?"

Si me habéis dado una esperanza, voy a intentar de probarlo.

Quién sabe si el día de mañana aparece.

Me encantaría. Me encantaría verle

esté como esté, esté donde esté. Me da igual.

(LLORA) Como esté.

¿Por qué lloras?

Lo siento.

Porque piensas que quizás es tarde. Sí.

Siento que no lo veré más.

No me gustaría irme sin verlo.

Abrazarlo.

(Música emotiva)

"A Manuel, los recuerdos se le agolpan en el pecho.

Desde este avión, dice, saltaron tantas veces.

Me cuenta cómo fue la última vez, cómo fue su último salto.

Tenemos que ir en busca del cabo José Miguel,

el segoviano,

que nos espera en la sala de armas del cuartel de la BRIPAC.

Son tantas las historias que les unen

y que necesitan contar.

Pero falta su amigo, el vasco, el tercer paraca".

(Música alegre)

"Inicio mi investigación para encontrar a Raimundo

con los datos proporcionados por Manuel

desde Puerto de Santa María,

y José Miguel, con el que hablamos en Segovia.

Contar con el nombre completo y origen de Raimundo,

incluso saber que tiene un corazón tatuado en su dedo anular

acaba siendo determinante para seguirle la pista.

Tras muchas llamadas, consigo localizar a Mundo en Bilbao

y me cito con él en la BRIPAC, en Paracuellos del Jarama, Madrid,

para charlar sobre su pasado como paracaidista".

Dime una cosa, Raimundo.

¿Qué has sentido al pisar la sede de la BRIPAC

40 años después? Joder.

Madre mía.

Esto ha cambiado de la noche a la mañana

para mejor cien por cien.

Porque ahí, en Alcalá, era todo un cuartel de estos

de monjes creo que serían o yo qué sé.

Y era muy distinto, muy distinto

porque era en compañías unas así encima de otras.

Y estaba toda la bandera ahí, metida en ese cuartel.

¿Qué recuerdas del momento en el que se acaba la mili,

se acaba tu estancia aquí?

Pues grandeza, aunque a mí me gustaba mucho la mili.

Porque si sé en aquel tiempo que padecería tanto en la vida civil,

me habría quedado en el ejército.

Pero claro, me gustaba mucho la vida civil.

¿Por qué me dices: "Si supiera que hubiera padecido tanto"?

Pues...

porque luego te das cuenta de que la vida es distinta a aquí.

Si yo hubiera visto eso, me hubiera quedado en el ejército.

Tenía agallas para ello. porque era muy valiente.

A mí el capitán me apreciaba un montón

porque era luchador, era salvaje.

Lo que era, pues eso, un personaje.

Un paraca. Un paraca total.

Raimundo, ¿qué ha sido de tu vida en estos 40 años?

¿Mi vida? Pues trabajar mucho, luchar mucho para mis hijos.

Tengo seis hijos.

¿Te has casado? Sí.

¿Tienes 6 hijos? Sí. De una mujer, para mí, buena,

porque para llevar 43 años ya con ella.

Eres de Bilbao. ¿Sigues allí?

Sí, claro.

Lo que pasa que no nací en Bilbao.

Nací en un pueblo de Burgos,

pero yo me he criado casi toda la vida en Bilbao.

Al mover las manos, he visto una cosa.

Ah, sí. Tengo aquí un corazón.

Es que estaba mirando. ¿Eso qué es? Un corazón, un tatuaje.

Un corazón que me hice yo por la aventura.

Pero ¿cuándo te hiciste ese corazón?

Pues aquí, manual, con tres agujas. Pero ¿cuándo?

En la mili. ¿En la mili te lo hiciste?

Tengo también en el brazo el tatuaje de la legión.

¿Este es el tatuaje? Sí.

Él tiene otro igual.

Raimundo. Dime.

Tú estás aquí porque hay alguien que quiere saber qué fue de ti.

Lleva preguntándoselo desde hace 40 años.

Alguien que compartió contigo un lugar como este.

¡Ah! Manuel Peña, igual.

Mi gran amigo de la mili.

Como un hermano.

Sí, sí.

Nos llevábamos muy bien.

Él fue el que me hizo el tatuaje este.

Raimundo, cuéntame cómo era Manuel. Era un fuera de serie.

Un fuera de serie, pero de todas las maneras.

Le pintó un retrato al capitán

y el capitán alucinó con él.

Cantaba muy bien también. ¿Nunca has pensado en él?

Muchas veces. A mi mujer le he dicho muchas veces

si vamos a donde mi hermano,

a La Línea de la Concepción, que vive mi hermano,

joder, de La Línea al Puerto de Santa María hay poco.

A ver si por casualidad podríamos dar con este.

¿Recuerdas cómo fue la última vez que viste a Manuel?

La última vez fue en mi casa,

cuando yo le invité después de licenciarnos

a que viniera a Bilbao

porque aunque habíamos desfilado en Bilbao un año,

el día de la Liberación,

pues estuvo muy poco tiempo. Esa no fue la última vez.

No. Fue antes de ir a Bilbao.

Con el gran amigo ese de Segovia.

Miguel. Miguel, sí.

En un taxi.

Tú te metiste en un taxi. Sí.

Sí, Miguel. Claro que me acuerdo.

Y ellos dos estaban allí.

Sí. ¿Te acuerdas cómo lloraban?

Ya me acuerdo ahora. Sí, claro.

Sí, sí. Después de aquellos años,

hasta ahora han pasado ya... Cuarenta.

Cuarenta. Raimundo.

Más de 40.

Manuel quiere saber qué fue de ti.

Por eso estamos hablando tú y yo.

¡Ah! Manuel está aquí.

Anda.

No me lo digas. Joder. No me lo creo.

¿Quieres verle? Sí.

Joder. Voy hasta a llorar.

Madre mía.

No lo creo. ¿Sí? Está aquí.

Joder.

Joder.

Joder.

Qué alegría.

Manuel, estamos en el museo de la BRIPAC.

El museo de los paracaidistas. De los paracas.

¿Cuántos recuerdos hay aquí?

Aquí hay muchísimos. He estado viendo con mi amigo Miguel

y le he dado un repaso por encima y he visto muchísimas cosas

que me traen viejos recuerdos

como son los armamentos, los uniformes,

fotografías de gente importante. Algunos los he reconocido.

¿Tú y yo hablamos porque quieres saber qué fue de...?

Raimundo Fernández López, que para mí será siempre Mundo.

Y ese es el origen de haber llamado

y gracias a este programa

me vais a hacer más feliz que nunca.

Me estáis haciendo muy feliz porque yo no esperaba ver esto

y me habéis hecho... Recordar, recordar.

Recordar toda mi infancia.

Hace ya más de cuarenta años que me licencié y...

Me emociono.

40 años. Más de 40 años.

Y en este tiempo,

¿has pensado, has hecho hipótesis

respecto de qué podrá haber sido,

de cómo habría sido su vida?

No tengo ni idea,

porque como le perdimos la pista, como ya te he explicado antes,

me despedí de él en Segovia,

con Miguel, él y yo, los tres.

Y este es un tío pera, como decíamos nosotros en la brigada

y un tío legionario.

Y él dio media vuelta

porque no quería que nosotros lo viéramos llorar.

Lo de que los hombres no lloran es mentira. Sí que lloran.

Yo cuando me vi en la UVI

con todos los aparatos puestos después de haberme caído en redondo,

pensé que ahí se acababa todo.

Entonces cuando los médicos me han dado otra oportunidad

con un tratamiento y ya me estoy recuperando,

he pensado: "Hay que cambiar el chip".

Mi vida está solucionada,

estoy jubilado, tengo mi mujer, mis nietos, mis hijos,

soy feliz, no tengo ningún problema.

Esto va bien.

¿Qué me falta? Pues me falta este tío.

El baranda este, como decía él.

Manuel.

Yo sí sé qué fue de Mundo.

No.

¿Sí?

¿Lo sabes? Lo sé.

¿Cuántos saltos has dado en tu vida desde un avión?

¿Cuántos saltos?

Tengo 74 porque me he prestado voluntario a muchos saltos

más los seis de la escuela.

Unos 80 habré dado en mi vida.

81.

Pongamos que este es el 82.

Te toca dar un salto.

Pero este salto, tienes que hacerlo tú solo.

Suerte. Gracias.

(Música emotiva)

Me cago en la madre que te parió.

-Joder. Joder.

Joder.

-Joder, tío.

-Has cambiado. -Sí, tú también.

(MUNDO) Cuántos años.

-Tantos años. -Joder, macho.

Qué bien te veo, tío.

-De maravilla.

-De maravilla.

Cuando Teresa me habló al principio,

yo pensé lo peor

y no esperaba ver a Mundo, te lo juro.

Y me ha dado una alegría muy grande

haberle visto. Después de todo, lo importante es que le veo.

Pero, ya sabes.

-Sí. -Luego marchamos para Bilbao.

Y luego me mandaron al fin del mundo.

¡Hombre, Miguel!

Joder.

Joder.

-No cambias, ¿eh? -No, todos me dicen lo mismo.

Te veo como siempre.

Te veo perfecto.

(MUNDO) Hombre, edad tenemos todos ya,

pero la fisonomía... -¿Cómo estás? ¿Bien?

(MUNDO) Bien. De salud, un poco flojo, del trabajo.

Porque ha sido como la mina, peor.

-Y el espíritu tuyo, ¿qué? -Sigue el mismo.

-Legionario. -Hombre.

Legionario hasta la muerte.

Hasta la muerte. -Nos vamos a reenganchar aquí.

(MUNDO) Pues ya te digo que yo para adelante.

(MANUEL) Oye, una pregunta.

Lo mismo que Miguel y yo te hemos buscado a ti,

¿tú por qué no nos has buscado? -Porque, ya sabes.

A redacción le he dicho

que la vida avanza. -Sí.

-Pierdes ya los estribos.

Me he dedicado mucho a mi trabajo, a mi familia,

que tengo seis hijos.

-¿No jodas?

¿Seis hijos? ¿varones todos?

-Cinco varones y una hija. -Son legionarios todos, ¿no?

-Ninguno.

El mayor estuvo en la Marina.

En Cartagena.

-Bien. -En Murcia y luego en Cartagena.

A nosotros nos extrañaba

que si yo he dado todos los pasos buscándote,

Miguel, igual.

Y tú sabes que Miguel vino al Puerto y yo vengo aquí a Segovia.

Y nos vemos. Miguel ha visto mis niñas de pequeñitas.

Yo tengo 2 niñas y Miguel tiene 2 niños.

Han crecido juntos con nosotros.

Y son hombres ya y nos han hecho abuelos.

-Yo tengo nietos también.

-Y yo decía: "¿Cómo nosotros seguimos viéndonos

y a este tío no le vemos?"

-Igual estaba muerto, ¿eh?

-En Internet buscamos y salieron... -Lo hemos pensado muchas veces.

-Pensasteis: "Se ha muerto".

-Yo tenía la mosca detrás de la oreja. Te lo juro ¿eh?

Yo he llorado mucho, te lo juro.

-Pues llora de alegría, que estoy vivo y coleando.

Y besarle si hace falta,

porque esto ha sido para mí una sorpresa grandísima.

Muy fuerte.

-El corazón. -Me cago en la madre que te parió.

Mira. Mira.

Mira.

Le digo: "Si algún día nos vemos,

este te lo pinto yo y tú me lo pintas a mí".

Pero yo te lo dije,

con una condición, que si tú te lo pones a mí también.

Tú tienes un paracaídas. -Que me hiciste tú.

-Me cago en la madre que parió.

-Míralo, claro. -Sube, sube.

-Mira, mira.

-Encontrarme con Mundo ha sido para mí fuera de serie

porque eran muchos años los que estábamos buscándole.

Verle aquí ahora para mí ha sido muy grande.

Muy grande, la verdad.

Tengo fotos tuyas

que vas a flipar el día que te las enseñe.

(MIGUEL) Cuánto me alegro de verte.

Tú no te puedes ni imaginar lo que te hemos mentado en mi casa

mis nietos, mis hijos, mi mujer.

-Tantas cosas que pasamos juntos. -Sí.

-En la BRIPAC, ¿te acuerdas?

Yo siempre digo: "Si yo naciera de nuevo,

sería paracaidista otra vez". -Sí.

-¿Verdad que sí? -Sí.

-Soy el hombre más feliz del mundo

porque tenía muchísimas ganas de verte, Mundo.

En qué momento tan providencial

se han ido a rencontrar los tres amigos.

Me atrevo a decir que tenía que producirse este encuentro,

que tenían que recuperar ese triángulo

que crearon hace tantísimos años.

Los tres han sumado a lo largo de su vida,

Manuel, José Miguel y Mundo, experiencias diferentes.

En algunos casos son dulces; en otros, amargas.

Y de alguna forma también les han dejado huella.

Creo que se van a ayudar entre sí,

que lo van a hacer las familias.

Me lo dice el corazón. Estoy segura de que sí.

"Tras reunir a los tres paracas y revivir su amistad,

es el momento de encontrarme con Luis,

un hombre que nació en el cuerpo de una mujer.

Para Luis, su cambio de identidad de género

le dio la oportunidad de conocer a Álec,

alguien con similares circunstancias a las suyas

que le ayudó mucho en el proceso

y al que necesita agradecer el apoyo que le brindó".

Eres Luis, pero naciste María Luisa.

Sí. Nací en el cuerpo equivocado.

La gente te ve diferente.

Hacerte sentir ridículo,

de humillarte.

Necesito ayuda, que yo así no puedo vivir más.

Álec para mí en ese momento es mi salvación.

Mi salvador.

Es la persona que me guía en un mundo totalmente desconocido.

"Luis nació hace 31 años en el cuerpo de Luisa,

una niña que muy pronto

empezó a experimentar la confusión e incomodidad

que suponía no sentirse identificada con un cuerpo femenino.

Todo empeoró en su adolescencia, cuando sufrió el acoso

por parte de algunos compañeros de instituto,

con constantes insultos y vejaciones.

Tras esa dura etapa, conoce a Álec,

un chico del grupo de transexuales del colectivo LAMBDA de Valencia.

Hoy, tras unos años sin contacto,

Luis quiere encontrar a Álec

para agradecerle todo lo que hizo por él".

¿Te diste cuenta desde siempre? Sí.

¿Desde que eras un renacuajo?

La verdad es que dices: "Estoy haciendo cosas

que no corresponden a lo que hace mi primo, por ejemplo,

o mi amigo del cole".

Entonces dices: "Aquí pasa algo raro. ¿Por qué?"

Y no encuentras explicación.

Y nada.

Tu infancia era como un interrogante,

una incomodidad permanente, un desconcierto, un no saber.

Claro. Yo creo que será también la inocencia de la edad.

Que andas perdido, que no sabes lo que te pasa.

Lo ves normal, tus padres te dicen que no es normal,

que tienes que hacerlo conforme dicen que te toca

por el sexo con el que has nacido.

"Yo no he tenido que dar explicaciones en casa".

¿Como si lo hubiesen sabido siempre?

Sí porque, vamos a ver, una madre no es tonta.

Una madre te conoce mejor de lo que piensas

desde el momento, creo yo, en que vas en su barriga.

Entonces a mi familia poco me ha hecho falta decirle.

¿Fue una infancia triste?

No, para nada. No.

No, ¿verdad? Para nada.

He tenido una infancia con todo el amor del mundo,

comprensión...

Todo lo que se puede tener bonito.

A ver, lo típico cuando eres crío

te riñen, te enfurruñas.

Pero yo no puedo decir

ni que he visto una palabra mala

ni nada. Nada.

Ni reproches. Nada. Nada.

Toni y Amparo que son tus padres han sido, y son,

formidables. Qué unidos estáis. Es formidable. Estáis muy unidos.

Y Amparo, tu hermana, más pequeña,

3 años y medio más joven que tú. Más joven, sí.

Pero ¿qué ha sido para ti? Mi gran apoyo.

Mi hermana para mí es el amor de mi vida.

Si no fuera por ella, quizás no estaría en este mundo.

Repaso las fotos de infancia de Luis.

Le escucho hablar de su hermana, de su madre, de su padre

y compruebo que ha contado con el apoyo

y el amor incondicional de su familia.

Y llegas a la adolescencia, 13 años, más o menos feliz.

Con esa guerra interior, pero alrededor no hay conflicto.

Ahora bien, el instituto de tu pueblo,

tu ingreso en el instituto

marca un antes y un después en tu vida.

¿Qué pasó, Luis?

¿Qué pasó? Pues nada, que conforme iba pasando el tiempo,

pues nada, la gente te ve diferente,

se creen con todo el derecho del mundo

a por ser diferente, pues eso,

a hacerte lo que hoy en día se llama "bullying".

"Bullying". "Bullying".

No sé cómo llamarlo.

En ese entonces no había nombre

para algo que pasaba y que sufríais los chavales.

Hacerte sentir ridículo, de humillarte.

En fin, todo eso.

Y cuando miras hacia atrás, Luis,

¿tú has perdonado esa época del instituto

donde tú sufres "bullying"?

Sí, porque es una manera también de yo haber avanzado en paz.

Eh, campeón.

Eso está muy bien eso que has dicho.

Sí, porque con eso dentro toda la vida, ¿qué hago?

No haga nada, al revés.

Es un buen mensaje para los críos, las crías

que en este momento estén pasando por lo mismo

que sufriste tú, que vivan un "bullying"

y que piensen que no hay salida y que serán rechazados siempre.

Yo lo que les digo a esos adolescentes, a esos niños,

que vivan su vida sin importarle lo que digan,

lo que hagan y para adelante.

Sobre todo, que sean fuertes,

que hagan por hacerse fuertes.

Y a vivir y que hay que ser feliz. Punto.

Paseo con Luis mientras charlamos sobre su infancia,

sobre aquellos días de instituto.

Llegar adonde ha llegado es un proceso difícil, duro.

Quiero que me cuente cómo lo afrontó él.

Hay un momento en el que ya entiendes

que no puedes seguir más, ¿y qué pasa?

¿Te sientas con tu madre y...?

Me siento con mi madre y le digo que necesito ayuda

que yo así no puedo vivir más. Yo el ducharme todos los días

y verme en un cuerpo equivocado me estaba consumiendo por dentro.

Me estaba matando.

Aunque yo soy una persona muy optimista,

alegre y todo lo que tú quieras,

luego dentro de mi mundo, decir: "¿Por qué me ha tocado a mí?"

O sea, ¿por qué?

¿Quién soy yo para merecer esto?

¿Y ella qué te dijo?

Que buscaríamos ayuda donde hiciera falta.

Ella conocía a una señora

que su hija estaba metida en el colectivo LAMBDA

de aquí de Valencia,

el colectivo de gais y lesbianas transexuales y bisexuales.

Un colectivo del LGTB. El LGTB, exactamente.

¿Y allí que fuisteis? Sí.

¿De su mano? De su mano.

De la mano de mamá paseando por ahí.

Y ellos ya te redirigen a mantener una reunión con Álec

que era el portavoz del grupo Trans. Del grupo de identidad de género.

Él era una persona transexual, te sientas con él.

Exacto. Con tu madre.

Con mi madre. ¿Y qué pasó en esa reunión?

Y nada, Álec nos empezó a explicar todo.

Cómo está visto en la sociedad, las alternativas

que teníamos nosotros,

la orientación psicológica, orientación médica en general.

Vamos, los pasos a seguir.

Es un protocolo, además. Exactamente.

Primero, una evaluación psicológica y endocrina, tratamiento hormonal.

Brutal. Exacto, brutal.

Me estás contando esto porque tú quieres saber qué fue de Álec.

Exactamente, me gustaría saber qué ha sido de su vida

porque hace años que no nos vemos. Pero ¿por qué?

Pues, mira muy sencillo, lo que suele pasar

cada uno tiene su vida.

De tanto trabajar

conoces a mucha gente, te vas con unos, con otros,

trabajo, familia...

Al final, por unas cosas o por otras, pierdes el contacto.

Pierdes el contacto. ¿Cuándo ves por última vez a Álec?

Pues, si no me equivoco

en su boda.

¿Y eso fue? Esto fue hace seis años.

En julio hará seis años.

¿En 2010? En 2010.

Álec se casaba, tú vas a su boda como uno de sus mejores amigos

y le pierdes la pista. Sí.

¿Él te ha visto así? No.

Álec, en ese momento ¿para ti, qué es,

cuando llega a tu vida?

Álec, en ese momento, es mi salvación.

Es mi salvador.

Sí.

Lo podría definir así, mi salvación.

Porque es la persona que me da la mano

que me guía en un mundo totalmente desconocido.

Lo conocía de haber leído e investigado,

pero cuando ya está uno dentro

mi persona de referencia ha sido él.

Y algunos compañeros más, pero el que más, él.

Se convierte en tu referente, en tu cómplice,

en tu consejero y luego en tu amigo. Exacto, mi gran amigo.

Pues, Álec es una persona...

¿cómo lo definiría yo? Muy luchadora, ante todo.

De las mejores personas que he conocido. Muy reivindicativa.

Mucho. Una persona que es muy justa.

(Música alegre)

"Comienzo mi investigación buceando en la web del colectivo LAMBDA.

Contacto con ellos y consigo llegar hasta Álec.

Le propongo vernos en Valencia para charlar sobre transexualidad

y las personas a las que él ha podido ayudar.

Durante el trayecto desde Madrid, pienso en Luis

y en todas las dificultades a las que se enfrentó.

No puedo esperar para conocer a Álec, quien tanto le ayudó".

(Música emotiva)

Tú eres de Sueca, un pueblo valenciano.

Cuando vas por allí, ¿cómo te llaman? Ya te llaman Álec.

Sí. Han pasado muchos años y la gente se ha acostumbrado.

Ya es algo que ni se plantean.

¿Hay un momento en que te miras al espejo y ves que algo no encaja?

¿Hay una disconformidad o sensación de que algo no va bien?

¿O no lo sitúas en un punto concreto de tu vida?

No es un momento concreto. Yo acumulo desde mi infancia

una serie de sensaciones, de percepciones,

de ver un contraste con las relaciones de los demás

de la sociedad no es el mismo que los demás.

Entonces me pregunto a qué se debe esto y qué puedo hacer

para cambiarlo y sentirme mejor porque no me sentía bien.

Entonces, como cualquier persona, buscas la felicidad.

Y que eso te haga sentir mejor.

Álec, tú ahora eres profesor de inglés en un instituto.

¿Saben los chavales tu historia o no hace falta explicarla?

A ver, yo en mi trabajo he sido siempre visible.

Como he sido activista, muchas cosas que he hecho desde el colectivo

han llegado al centro, como repartir folletos de cosas que hacemos.

Los alumnos más mayores sí lo saben.

Lo que pasa es que la sociedad influye en ellos de forma negativa.

Entonces, ves cómo los alumnos más pequeños

son más limpios en este sentido.

Tal cual te ven, te tratan. No se cuestionan ningún artificio.

(Música alegre)

"Álec habla con seguridad y transparencia

de su condición de persona transexual.

Es un hombre tranquilo, muy seguro de sí mismo.

Consciente del cambio que ha recorrido

y de las personas a las que ha ayudado en sus procesos".

(Música alegre)

Durante mucho tiempo, tú has sido el coordinador de transexuales

en el colectivo LAMBDA, especialmente activo en Valencia

desde hace muchos años.

Supongo que habrás escuchado historias y recibido a personas

en esa encrucijada vital de caminos, ¿no?

Hemos tenido múltiples casos y muy diversos.

Desde jóvenes que les habían echado de casa.

Afortunadamente, no es lo habitual hoy en día.

Que se habían quedado en la calle, que no tenían dónde vivir.

Jóvenes que sí que luego han venido con sus padres,

adolescentes con problemas en el instituto.

Que han tenido que dejar los estudios por el acoso

y han perdido la oportunidad de poder tener una carrera

y poder estudiar como cualquier otro.

Hasta personas de 50 y pico o 60 y pico años

que se cuestionaban si en esa época de su vida

se sentían del sexo contrario del que se les asignó al nacer.

¿Y amigos?

Sí, un montón.

De los de verdad, digo. No conocidos.

Se hacen amigos, el haber estado en un escenario común une mucho.

Sí, la lucha por los derechos de los transexuales une mucho.

Aunque estés a distancia, tienes amigos para siempre.

Sabes que levantas el teléfono y los tienes a tu lado.

¿Aunque no os veáis? Exacto, es bastante difícil.

Amigos de Canarias, de Asturias, de cualquier sitio de España.

O incluso que están en el extranjero

por situaciones de trabajo. Sabes que están ahí, aunque estén lejos.

Bueno, así es la vida.

Me gustaría que vieras algo.

Es la imagen de una persona que se cruzó un día en tu vida.

Vaya. Toma.

(ASIENTE)

(Música emotiva)

Esto es una sorpresa. (RÍE)

Sí. Sí, sí.

Lo conozco y además

está ahora en la distancia porque no nos vemos,

pero muy buenos amigos. ¿Quién es?

Luis.

Sí, sí. Y además muy currante. Vamos,

a mí y a mi mujer nos tenía mucho cariño.

Y yo le aprecio mucho. La vida nos conduce por caminos diferentes,

pero yo sé que puedo contar con él y él conmigo.

¿Recuerdas la primera vez que le viste?

Exactamente, la primera vez... ¿Cómo fue?

¿Cómo fue? ¿Qué recuerdo? El primero que guardas de él.

Yo lo que recuerdo es que es un tío superalegre,

que llenaba muchísimo, que te daba unos abrazos y te dejaba anestesiado,

y bueno, sobre todo, la alegría por vivir

y lo relaciono mucho con la música

porque su hermana es cantante.

La primera vez que le viste no estaba así.

No, desde luego, la primera vez no. (RÍE)

Álec, Luis lleva bastante tiempo preguntándose qué fue de ti.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que os visteis?

Buf, pues, a ver... En tu boda.

En mi boda vaya.

No lo recordaba. Estaba pensando yo.

Nos fuimos juntos a unos encuentros en La Rioja.

Él venía con mi mujer y conmigo

y fue un viaje superchulo que lo recuerdo

y lo pasamos muy bien.

Y sí, estaba en nuestra boda

porque es un amigo. ¿En tu boda?

¿En tu boda? Sí, sí.

Desde entonces, se pregunta cómo te ha ido,

si has formado una familia, qué tal te van las clases,

a cuántos otros hombres y mujeres no estarás ayudando.

Bueno, pues... Sobre todo,

te tiene como su referente continuo, como una especie de faro

que apareciste en su vida en un momento determinado,

que le ayudaste. Él llevaba a su madre en una mano

y la otra mano se la cogiste tú.

Yo me alegro de haberle ayudado a él y a todos los que he podido.

Él te quiere contar muchas cosas, te las quiere decir.

Le hace mucha ilusión, bueno, es mucho más que ilusión.

Su gran alegría es que tú le veas ahora, que veas a ese Luis,

por cierto, guapo y simpatiquísimo. (RESOPLA) Sí, sí.

(RÍE) Siempre ha sido guapísimo, nos las quitaba a todos.

(RÍE) Es que creo que es un ligón total.

(Música lenta)

Luis, ¿por qué quieres saber qué fue de Álec? ¿Qué significa en tu vida?

Pues Álec en mi vida significa la persona

que me hizo, en su día, descubrir

mi género correcto.

Ha sido tan importante para mí que no puedo describirlo.

Me gustaría que hicieras un ejercicio. Cierra los ojos.

A ver si eres capaz de visualizar el primer momento en el que tú

y él coincidís.

Tú vas de la mano de tu madre,

¿te acuerdas? Sí, sí.

¿Qué sentiste la primera vez que lo viste? Puedes abrirlos ya.

¿Qué pasó? ¿Cómo fue?

Yo cuando lo vi por primera vez fue como si ves

(RÍE) a Dios mismo, vamos.

Sí, una persona que me salvó la vida.

¿Tú habías encontrado antes esa complicidad con otra persona?

No.

Con mi familia, sí, pero así que una persona

que me entendiera tan bien, que a veces, yo pensaba una cosa

y él la decía.

¿Por qué permites que se escape, que se pierda?

No lo sé, Teresa. Cada uno empezó,

él con su vida de casado,

yo siempre trabajando.

No lo sé, no lo sé. ¿Te arrepientes?

Quiero decir, de eso, de haber llevado cada uno su vida.

Piensas: "Podría haber hecho más,

podría haber cogido el teléfono, podría haber ido allí".

Podíamos haber hecho grandes cosas,

podríamos haber vivido momentos muy buenos, muy bonitos.

Sí, estoy bastante arrepentido.

Luis, yo sí sé qué fue de Álec.

Tú, tiempo atrás, iniciaste un proceso

y ahora tienes la oportunidad de seguir avanzando.

Pero debes hacerlo solo. Suerte.

(Música emotiva)

(RÍE)

-¿Cómo estás? -Hostia. Bien, tú ¿qué tal?

-Bueno, me tienes que contar. -Mucho, mucho.

-Me tienes que contar. -¿Qué te parece?

(RÍE) Estás figurín total.

-Me he quedado. -Si antes estabas guapo

(RÍE) ahora todavía más. -Tú más, ¿eh?

-Yo estoy viejo ya. -Tú siempre más, qué va, hombre.

Para agradecerte

que, en su día, tú fueras la persona que me dio la mano

para descubrirme a mí mismo.

Y para decirte que, gracias a ti, hoy soy feliz.

Me alegro de haberte ayudado y ya sabes

que las puertas de mi casa están abiertas para lo que necesites.

-Bueno, a partir de ahora, esperemos estar más en contacto,

lo que nos dejen nuestras vidas. -Sí, porque llevamos un ajetreo.

-Porque nosotros nos queremos mucho. -Pues sí.

Aunque hemos estado en la distancia.

-Pero tú para mí has sido hermano, padre, amigo.

Todo, me has aguantado todo. -Vaya, vaya.

-Y gracias. -Pero con gusto.

Eso todo con gusto.

-Gracias. -Y lo que se pueda hacer, se hace.

-Tío. -(RÍE) ¡Ay, Luis!

-Madre mía.

-Se te ve contento, se te ve superbién.

Me alegro mucho. -La culpa es tuya.

(RÍE) -La culpa es tuya.

-Bueno, yo hice lo que pude. -Hiciste lo que pudiste.

Hiciste mucho. -Sí, sí.

Además, te di varios libros, ¿no? -Cierto, vaya.

Todavía los tengo que te los tengo que devolver.

-Vaya que sí, pero de eso hace mogollón y hay que retomar.

Pues mira, diez años va a hacer.

-¿Tú sabes que ahora estamos metidos en faena, otra vez?

(RÍE) Estamos ahí con la ley. -Sí, algo me han chivado por ahí.

-Tenemos un montón de trabajo por delante,

(RÍE) o sea que, si te quieres unir, hace falta gente.

-Para eso, siempre estoy dispuesto, o sea que...

Lo de Tania, ¿qué tal? Y la familia ¿qué?

Con Tania, ya sabes, nosotros somos la unidad familiar

y hace tiempo que decidimos no tener hijos, entonces, nada.

Somos el uno para el otro y decidimos ni adoptar

ni tener hijos y entonces pues, es una decisión que tomamos y ya.

(RÍE) Nosotros dos solitos.

Muy bonito, la verdad, muy emotivo.

La verdad es que no me lo esperaba, pero me ha gustado la sorpresa

y vamos, estupendo.

Tenía muchas ganas, sobre todo, de abrazarlo,

esa sensación de abrazar a alguien que hace mucho que no ves,

eso es maravilloso.

-Es un encanto, es superbueno. Nunca le he visto nada,

hacer nada negativo ni para él ni para nadie.

Ha buscado siempre las cosas positivas.

Trabajador, muy trabajador.

Creo que el final del camino para Luis será convertirse él

en maestro, en ejemplo para otro Luis

que habrá nacido en un cuerpo equivocado.

Y lo que él ha aprendido de Álec se lo mostrará a otra persona

y ese será de verdad, el final de su proceso de transición.

"Cuánto me han enseñado hoy Álec y Luis.

Me despido de ellos con una sonrisa y me dispongo a hablar

con nuestra siguiente protagonista: Juani.

Hace muchos años que ella perdió a su mejor amiga: Aída.

Traumatizada por un accidente de tráfico,

donde perdió a sus padres y hermana, el día de la boda de Juani

le comunicó su intención de desaparecer".

(Música emotiva)

Mi amiga, mi cómplice, éramos cómplices en todos los sentidos.

Quería cambiar de vida y no quería que la encontráramos nadie

ni supiéramos dónde estaba, que se iba y ya está.

"El 28 de julio de 1979 fue un día importante

en la vida de Juani. Era el día de su boda,

pero su felicidad pronto se vio empañada.

Juani tenía todavía el ramo entre las manos

cuando su amiga Aída le dijo que se marchaba,

que necesitaba abandonar su entorno e irse lejos para poder olvidar.

36 años después de aquella repentina separación,

Juani quiere saber qué fue de Aída y por qué se marchó

sin más explicaciones".

Hola, Juani. Encantada.

Mucho gusto. ¿Cómo estás?

Bien, sí. ¿Sí?

Eres madrileña, del barrio de la Concepción

que es un barrio muy típico en Madrid, con mucho carácter.

Sí, es un barrio muy bonito con mucho carácter,

distintas posiciones sociales

donde siempre hemos jugado en la calle, todos juntos.

Siempre todos juntos, además, es conocido

por la boca del metro y el cine, que es el cine de la Concepción.

Que era sesión continua desde las 16:00 hasta las 22:00.

Esos cines de barrio. Sí.

Cuántas veces no habrás ido tú. Muchas.

Se echaba el NODO y luego podías entrar.

Entrabas a la película y te podías quedar toda la tarde.

Claro que esa vida desaparece cuando cumples 24 y te casas.

Me caso y me voy del barrio

y perdí toda clase de contacto con los amigos.

Cada uno hizo su vida, se fue a distintos...

Yo me fui fuera de Madrid, a un pueblo, otros a otro sitio

y, entonces, hemos perdido todo el contacto.

Tú hiciste tu vida, ¿no? Sí, me fui a San Fernando de Henares,

allí he vivido 28 años, tengo muchos amigos

y luego me he cambiado de pueblo otra vez.

Vivo en Mejorada del Campo. Sigues casada con la misma persona.

Sí, sí, sí. Esto hay que preguntarlo.

Cuando ves a una persona después de mucho tiempo, no sabes,

si te atreves "¿sigues con el mismo marido o mujer?"

Sí, sí, llevo 37 años

y nueve de novios, o sea que, llevo una vida con él.

Yo creo que llevamos demasiado tiempo

y lo que nos queda. ¿Demasiado?

Demasiado.

Te casaste en el barrio de la Concepción.

Sí, en ese barrio, en la misma iglesia,

en la Santísima Trinidad, una iglesia muy bonita.

Luego, hizo mi hija allí el bautizo

y luego ya, las diferentes donde yo vivía.

Las comuniones y todo.

Esa iglesia tiene mucho que ver con la historia que me vas a contar.

Sí. ¿Te trae muchos recuerdos?

Sí, mucho porque además es la iglesia del barrio, de toda la vida.

Íbamos todas las amigas y quedábamos los domingos

para la misa de 11:00 y hacíamos nuestras cosas

y a las 11:00, todos los domingos, íbamos a misa.

Luego, hay una persona que se fue.

¿Ahí? ¿En la iglesia? Sí, la vi por última vez.

Se fue de tu vida. Sí.

(Música emotiva)

Recorro con Juani su barrio, ese barrio, el de la Concepción,

en Madrid, que vio crecer a dos niñas: Aída y Juani.

Las vio jugar, reír e incluso enamorarse.

Allí vivieron sus mejores días cuando entraban en la adolescencia.

Estamos aquí porque quieres saber qué fue de alguien.

De una amiga que se llama Aída, sí.

Aída García Díaz.

Que desapareció el día de mi boda, me dijo que se iba.

Que se iba a buscar otra vida, otra vida mejor

y entonces, ya no he vuelto a saber nada de ella.

Desde el día de tu boda. Sí.

Que fue el 28 de julio de 1979. 1979.

Eso es. Hasta hoy. Han pasado 37 años.

Casi 37 años.

Sí. ¿Estaba enfadada contigo?

No, no, lo que pasa que es una historia

que éramos muy amigas desde que teníamos

como 12 añitos o por ahí. Íbamos a colegios diferentes,

pero cuando salíamos nos juntábamos. Íbamos a una academia juntas

y ella me enseñaba inglés.

Cuántas veces no habrás dado vueltas a por qué lo hizo

y cómo lo hizo así.

Lo hizo así porque era el día de mi boda

y estaba yo ya en otro mundo, un poquito,

con mi ilusión, mis invitados y ella muy desesperada estaría

para haberse ido y dejar a sus hermanos.

¿No te pareció un poco injusto que en mitad de esa felicidad tuya

vaya y te diga: "Me voy, desaparezco de mi vida y de la tuya"?

Sí, de todas porque dijo que se iba donde no la encontráramos.

Por eso, es otra manera de querer encontrarla todavía.

De verla, de quererla, de recordarla, pero yo lo digo

que muy desesperada tenía que estar para hacerlo

y ella ya lo debía tener pensado y me voy tal día, a tal sitio

y algo tendría ya, porque si no, no lo habría hecho así.

(Música alegre)

"Aída se fue aquel día, dijo que no la buscaran.

Quería desaparecer.

Esta es la única foto que Juani conserva de Aída.

Es en su boda, su rostro serio, su mirada perdida

hablan de lo que Aída llevaba dentro y que saldría a la luz

pocas horas después.

Durante todos estos años, Juani ha guardado el billete

de 100 pesetas que su amiga le había enviado desde Francia,

tiempo atrás, como regalo por un cumpleaños".

¿Crees que ella,

le haya sucedido lo que le haya sucedido en su vida,

habrá pensado en ese día, en esa fecha,

en esa tarde de tu boda? ¿Crees que se habrá acordado de ti?

Yo creo que algunas veces sí, de mí, sí.

Sí, porque éramos como hermanas. No éramos unas amigas

que quedásemos y nos veíamos o nos íbamos a tomar una Coca-Cola,

en aquellos tiempos. Éramos como hermanas,

pasábamos mucho tiempo juntas. Yo me subía mucho a su casa

porque yo allí era como una hija para sus padres.

Entonces, creo que me tiene que recordar.

Para ti ¿qué supuso el accidente de los padres de Aída?

¿Cómo reaccionaste al saberlo? Muy mal.

Yo estaba trabajando, fueron las amigas a buscarme

y me dieron la noticia, entonces, yo no me lo esperaba,

me puse a llorar allí, a decir: "Vámonos, ¿dónde están?"

Cuando llegó el fin de semana, cogimos el tren

y nos fuimos que estaban en Valdepeñas en el hospital.

¿Te acuerdas de la primera vez? Cuando entraste a ver a Aída.

Sí, estaban todos en la cama, muy mal.

Estuvimos viéndola a ella, luego a los hermanos

y estaban muy delicados, muy hundidos porque se habían matado sus padres.

Y decía: "Sus padres y su hermanita".

Era la pequeña, tenía tres añitos, solo.

¿Cómo fue el accidente? ¿Lo recuerdas?

Sí, salieron un lunes por evitar la caravana

y entonces, iban por la carretera y de una gasolinera

salió un tráiler, se les atravesó,

se les cruzó y chocaron de frente contra él.

Bueno y se mataron en el acto.

El padre, la madre. La madre y la hermanita.

Y ellos heridos.

Y el resto de los hijos, cinco. Sí.

Iban todos.

Sí, los tuvieron que llevar y los llevaron a Valdepeñas.

El accidente fue el 20 de abril de 1976.

En ese accidente, ¿cuántos años tenía Aída?

Pues, podía tener 21.

20, 21. ¿Tenía tu edad?

Sí.

Tú, ahora ¿tienes? 60.

Aída tendrá... Tendrá los mismos.

Sí, 60. Ya cumplidos.

¿Cómo era ella?

Ella era muy guapa, rubia, con ojos azules.

Cómo me cuesta imaginarme el día de tu boda.

Cómo me cuesta. Sí, pero fue así.

Estábamos el grupo de amigas, que fuimos todas las amigas

y se acercó a mí para despedirse y fue cuando me lo dijo.

¿Cómo te lo dijo?

Que se despedía porque quería cambiar de vida,

que no quería que la encontráramos ni que supiéramos donde estaba,

que se iba y ya está.

Nos despedimos, nos dimos un beso y un abrazo y ya está.

Tenía que estar mal para hacerlo, si no, no lo habría hecho.

(Música alegre)

"Inicio mi investigación encontrando la noticia

del grave accidente que sufrieron Aída y su familia.

Después, hago algunas indagaciones en el barrio de la Concepción,

en Madrid, donde vivían las familias de Juani y Aída.

No hay ni rastro, sin embargo, encuentro por otra vía

una pista en Ibiza

y una dirección de una empresa de 'coaching' empresarial.

Sigo este rastro y descubro, tras varias gestiones en la empresa,

que allí trabaja Aída, la persona que estoy buscando.

Me cito con ella en Madrid para charlar, pero ella aún no sabe

que es su amiga Juani quien la busca".

Hola, Teresa. Encantada.

¿Cómo estás? Igualmente. Muy bien.

Qué día tan fresco el de hoy. Sí.

Bueno, ¿estás bien?

Un poquito de frío, no, muy bien, sí.

¿Sí? Aquí estamos calentitos.

Me alegra mucho conocerte. Muchas gracias.

Una madrileña que vive y trabaja en Ibiza.

Así es. Somos muchos madrileños en Ibiza.

¿Hay muchos? Sí.

¿Sí? Es el paraíso.

Un poquito, sí.

Hay que trabajar como en todas partes, pero sí.

La calidad de vida es muy buena. Es una isla muy mágica.

Una isla especial. Así es.

Te dedicas al coaching empresarial. Eso te permite desarrollar

estrategias que trasladas a las empresas, entiendo.

Tú me corriges si me equivoco. A las empresas y a los trabajadores

para intentar implementar sus ventas

y mucho más que eso. ¿Ese es tu trabajo?

Sí, mi trabajo es dar herramientas, en áreas del márquetin

y el comercio, las ventas.

Dar herramientas a personas que ya tienen una vocación,

que ya están trabajando en el área y lo que hago

es ayudarles a mejorar su trabajo.

¿Siempre has tenido ese trabajo? ¿Siempre te has dedicado a eso?

Sí, la verdad es que siempre. Yo, mi preparación

siempre ha sido dirigir, ha sido en márquetin y ventas.

Y desde un principio, primero trabajé en Madrid

para una multinacional muy importante y ellos detectaron

mi vocación hacia el entrenamiento de vendedores,

y lo fomentaron.

Yo seguí el proceso, realmente descubrí que me gustaba

y después, marché para Ibiza.

Tenías ambiciones, tenías 15 o 20 años,

¿te imaginabas que harías esto? (RÍE) Yo iba para azafata.

Imagina, sí, sí. Yo estudié idiomas.

De hecho, hablo varios idiomas porque quería ser azafata.

Descubrí que tengo claustrofobia y no puedo subir en un avión.

¿Eso lo has tenido de siempre? No, no lo sabía.

No lo sabía. Yo tenía una ilusión y después la vida

te va llevando por caminos y eliges el que crees

que más te satisface. A mí, el que más me ha satisfecho

ha sido el área comercial, ya te digo que me gusta mucho.

Es ver gente que tiene esa vocación, que tiene esas ganas de hacer

y que les faltan herramientas. Y ayudarles.

Claro, eso es lo que yo hago. Claro.

Es que, además, yo me llamo Aída

y Aída es la técnica más básica de la venta,

que es "Atención, Interés, Deseo, Acción".

"Aída vive en Ibiza y su carrera le ha llevado

al mundo de la guía empresarial. Es una mujer feliz,

llena de energía. Abandonar Madrid, dejar atrás el pasado,

le abrió las puertas a una vida completamente nueva".

¿No te diste cuenta de que dejabas cosas en Madrid o no dejabas nada?

Claro, yo en Madrid tenía una vida, tenía una casa, familia, amigos.

Claro que sí, pero a veces, la vida te pone en circunstancias.

Yo sentí que hay tenía un camino,

un camino a desarrollar. Una vida nueva.

Una vida nueva.

Hay algo que quiero compartir contigo.

Me estás asustando.

Es algo que debes ver. Toma.

Es un sobre que tengo que abrir. Sí.

Es algo que un día estuvo en tu poder.

¿Qué me estás contando? ¿De dónde ha salido esto?

Qué bueno.

No me lo puedo creer, será verdad. Es mi letra, ¿cómo es esto?

Me has dejado asombrada, de verdad.

Sí, sí, está aquí mi nombre. Voy a ayudarte.

Es un billete que introduces en un sobre

y lo envías a alguien. Ah, ¿sí?

¿Y te ha llegado a ti? Con motivo de un cumpleaños.

No me acuerdo.

Me tienes que ayudar. Estabas en Francia.

En Francia, en un cumpleaños.

Ese fue tu regalo de cumpleaños a una persona.

Sería a Juani, lo pone aquí. Tuve una amiga que se llamaba Juani.

Sí. ¿Quién era Juani?

Juani era una amiga de primera adolescencia.

Empezamos a descubrir mundo, una pequeña banda de chicas.

-Éramos muy amigas desde que teníamos 12 añitos.

Íbamos a diferentes colegios,

pero cuando salíamos, nos juntábamos y pasábamos mucho tiempo juntas.

Yo me subía mucho a su casa porque era una hija para sus padres.

Entonces, creo que me tiene que recordar.

-Éramos un poco aventureras, un poco fuera del contexto

(RÍE) que se esperaba de nosotras. Me gusta mucho eso.

Fuera del contexto que se esperaba de vosotras.

¿Qué se esperaba? Que fuerais unas niñas muy organizadas.

Claro. ¿No erais así?

No. ¿Erais rebeldes?

Yo, sí, bastante.

Oye, pues no sé. Voy a ayudarte un poco más.

Me estás dejando de una pieza. Ahora ya...

Este día pasó algo. (SORPRENDIDA) ¡Juani! Es ella.

Pero, tú, ¿cómo conoces a Juani?

¿Cómo es esto? ¿Te importa recordar esa fecha?

Sí, por supuesto, la boda de Juani con Anacleto.

El día 28 de julio de 1979. Sí, sí.

Sí, sí, claro que me acuerdo.

Sí, sí, sí. Una boda.

Sí, sí, una boda. Fuimos sus amigas. ¿Cómo conoces a Juani?

¿Qué le dijiste a Juani ese día?

No tengo ni idea, cariño, pero seguro que le deseé lo mejor

porque la quería yo mucho a Juani. Le tenía mucho cariño.

No sé qué le dije, pero seguro que le deseé lo mejor

porque se lo sigo deseando.

¿Cómo conoces a Juani? Estoy sorprendida, me estás dejando.

Ese día,

al concluir la boda de Juani, tú te acercaste a ella

y le dijiste que ibas a desaparecer de su vida.

Bueno, a ver, porque ella se casa,

lógicamente, y yo tenía otros proyectos, sí.

Pero no desaparecía ella, te ibas tú.

Sí, bueno, yo es que me he ido, sí.

De hecho, me he ido y lejos.

-Quería cambiar de vida y no quería que la encontráramos nadie

ni supiéramos donde estaba, que se iba y ya está.

Nos despedimos. Me dio un beso y un abrazo y ya está.

Tenía que estar mal para hacerlo, si no, no lo habría hecho.

Con tus palabras, le dijiste que necesitabas reinventarte

y construir tu vida de nuevo.

Sí. ¿Fue así?

Así fue, así fue. ¿Por qué?

Hacía tres años había sucedido un hecho muy grave en mi vida

y en ese momento, me sentía un poco mejor.

Estuve bastante mal, me costó un par de años

volver a recuperar mi vida y mi estabilidad.

¿Qué había pasado?

Fue un accidente de tráfico muy grave

que cambió el rumbo de mi vida y de mi familia.

Fallecieron tus padres. Así es.

Y tu hermana. Sí.

Tú sabes mucho de mí, pero ¿a quién has preguntado?

Sé mucho de ti. (RÍE) ¿Cómo es eso?

Por eso quería conocerte. Muchísimas gracias.

Tenía ganas de conocer a Aída, esa mujer que abre la puerta

y se diluye, desaparece.

¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde entonces?

Pues fíjate, del año 79. 37 años.

Así es. Aída,

Juani lleva 37 años preguntándose

qué fue de ti. ¿Qué me dices?

Si estás bien, si has levantado

una vida, una familia, si te has casado, si tienes hijos,

en qué trabajas, dónde vives.

¿Qué dices? Pobre niña mía.

¿Nunca piensas en ella? ¿En Juani? Claro que sí.

¿Qué crees que ha sido de su vida?

La verdad es que confío que siga con su chico

porque estaba muy enamorada, que haya tenido niños

porque era muy familiar y que sea feliz.

Que haya sido feliz, lo mismo que yo.

¿Qué recuerdo tienes de Juani? Mucha alegría.

Mucha alegría, de verdad. Era muy alegre.

(RÍE) Ensayábamos bailes en mi casa.

Nos gustaba bailar y divertirnos.

Esos son los recuerdos que tengo, de ella y del resto.

Pero sí, la recuerdo perfectamente.

Recuerdo su cara, como era, claro.

¿Te gustaría saber qué ha sido de ella?

Por supuesto. ¿Te gustaría verla?

Sí, claro que sí.

¿Ahora me vas a decir que está aquí? Claro.

¿Sí? ¿Quieres?

Sí. ¿Te apetece?

Mucho.

Nuestras vidas se separaron y siempre ha estado en mi corazón.

Entonces, pues saber que ella me buscaba,

que quería volver a verme, ha sido una alegría enorme.

(Música emotiva)

Juani, tú quieres saber qué fue de Aída y ¿qué fue ella para ti?

Quiero saber de ella y ¿qué fue para mí?

Mi amiga, mi hermana, mi cómplice, mi todo.

¿Cuánto tiempo sin veros? ¿Llevamos?

Pues 36 años, casi 37.

Llevas la cuenta. Sí, desde el día de mi boda.

El día 28 de julio hace 37 años.

Sí. ¿Qué sentías en el momento

en el que os hicisteis aquella foto justo a la entrada de la iglesia?

Esa que me has enseñado antes, que estaba tu marido al lado,

había un par de amigos y Aída muy seria,

muy seria, muy cerca de ti.

Sentí mucha alegría y satisfacción porque estaba en el día de mi boda

y ella era una más de mi familia.

Tenerla en la foto pues más motivo. Tenerla seria,

era un poquito seria, pero a lo mejor porque ya sabía lo que iba a decir.

¿Y si le hubiera ido todo muy bien y no le interesa mirar atrás?

Bueno, pues por mí no quedaría. Me dolería mucho,

pero si no quiere verme.

Es que aquello fue una huida. Ella cerró la puerta.

Exacto. Voluntariamente.

Exacto, la cerró voluntariamente

para buscarse su felicidad.

¿Te dolería? Sí.

¿Mucho?

Sería injusto.

Un poco.

Un poco.

Yo sé qué fue de Aída. ¿Sí?

No. Dame la mano, las dos.

Aída inició un viaje, una huida

justo el día de tu boda, en un lugar como este.

De alguna manera te dejó sola, ¿verdad?

Yo he estado contigo a tu lado mientras me contabas tu historia,

pero tengo que dejarte sola también. ¿Sí?

Sí, porque esta parte del viaje debes hacerla así.

Sola. Yo sola.

Suerte. Gracias.

(Música emotiva)

-¿Qué haces aquí? -¡Ay, ay, ay!

-Te llevo buscando muchos años. -Me lo han dicho, cariño.

-Mi niña, por favor, qué susto. -¿Por qué?

Qué alegría.

-(RÍE) Porque me han asustado. -¿Por qué?

No te esperaba a ti, ni mucho menos.

-¿No? -Una alegría enorme. Estás igual.

-¿Cómo estás? -Tú sí que estás igual.

(JUANI) Qué alegría cuando me lo han dicho.

Me han dicho que me buscabas, yo vengo mucho.

Estoy muy emocionada. -Y yo.

-De verdad que sí. -Esta es mi amiga.

Tanto tiempo buscándola.

-No sabía que me buscabas, Juani, por Dios.

-Llevo mucho. -Han preparado aquí...

Mi salón, donde me diste la noticia de que te ibas.

-Yo no me acuerdo.

-Tú no te acuerdas, pero yo sí, por eso te busco.

¿Por qué te marchaste el día de mi boda y me diste la noticia?

¿Por qué te marchaste?

-Es que no me acuerdo de eso, Juani.

-Te marchaste. -Me marché,

pero yo no me acuerdo de eso. No me fui de Madrid.

Cuando te despediste, me dijiste que te ibas

a buscar una nueva vida, lejos de Madrid,

donde nadie supiéramos dónde estabas. Te despediste de los dos.

-Haz memoria, a ver por qué. -Sabes que tengo una laguna negra

y ahí se me quedan cosas metidas y hay cosas que no me acuerdo.

Bueno, lo que sí que es verdad es que en aquella época

estaba buscando mi camino.

Ha sido una sorpresa muy inesperada,

o sea, doble sorpresa y una gran alegría

porque hacía muchísimos años que no sabía de mi amiga.

Solamente el abrazo que nos hemos dado y la emoción

que teníamos, yo creo que eso lo dice todo.

Mucha emoción, mucha alegría.

La historia de Aída y de Juani me demuestra

que la amistad no se desgasta con el paso del tiempo,

pero hay que respetar que en un momento determinado

alguien desaparezca porque lo necesita.

Porque para reinventarse no te sirven los mimbres que tenías.

Aída necesitaba crearse una vida nueva

para enterrar definitivamente el dolor

por perder a sus padres, y para ello, no le servía ni Madrid

ni sus amigas de siempre ni los lugares

donde había pasado su adolescencia y juventud.

Tenía que empezar de nuevo. Está bien que con una vida distinta

se vuelvan a reencontrar 37 años

y que la amistad no se haya perdido. Me ha gustado.

(Sintonía)

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Dime qué fue de ti - 11/07/16

11 jul 2016

"Paracas": Manuel busca a su amigo y compañero Raimundo paracaidista.
"Por fin soy feliz": Luis quiere encontrar a su amigo Alec.
"Boda": Juani busca a su amiga Aída desde el día de su boda.

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