El día del Señor La 2

El día del Señor

Domingos a las 10.30 h.

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4763742
Para todos los públicos El día del Señor - Parroquia Virgen de la Nueva - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

(Música)

Cuatro calles con nombres de localidades aragonesas

componen la colonia de Nueva Esperanza.

Nació cuando las víctimas de una estafa unieron

sus fuerzas para montar esta colonia en forma de cooperativa.

En 1972 se crea la parroquia para atender este nuevo barrio.

Comenzó su actividad en las casas de los vecinos,

donde el sacerdote iba a celebrarlos sacramentos.

Después, en los barracones de obra.

Después se inauguró el templo definitivo.

Su primer párroco permaneció aquí hasta el año 2012,

en que fue sustituido por el actual.

Cuando llegué aquí,

me encontré una parroquia plenamente funcionando.

Con lo cual, me liberó mucho de otras preocupaciones.

Encontré una población mayor, falta de niños, de mayores.

Muchos muy animados durante muchos años.

Poco a poco, se da un cambio generacional.

Han empezado a llegar parejas nuevas, matrimonios nuevos.

Vamos viendo cada vez más niños.

Todos unidos en armonía para crecer todos juntos y caminar,

seguir construyendo la Iglesia y la parroquia.

Aquí hay muchos de los primeros habitantes de la parroquia.

Ha impulsado el nacimiento de nuevas iniciativas parroquiales

y la renovación de otras para adaptarlas a esta realidad.

Tenemos cuatro o cinco encuentros a lo largo del curso escolar.

En estos momentos tenemos ocasión de compartir,

unir lazos con otras familias.

Comemos juntos, alguna vez vemos algún vídeo

para compartir experiencias.

El año pasado, el curso pasado,

tuvimos una convivencia el fin de semana fuera de la parroquia.

Fue maravilloso porque tuvimos espacios para estar juntos.

Los jóvenes también se dedican a las actividades de los niños.

También nosotros tenemos actividades.

-La catequesis en nuestra parroquia

el año pasado tuvo 60 niños.

Es un barrio mayor, pero se está renovando.

Eso se está notando.

Esperamos que este curso tengamos muchas más niños.

Tenemos que incrementar el número de catequistas.

Se está renovando también por gente joven.

El salón de actos permite albergar numerosas actividades.

Se acabó de construir en 1987 gracias al esfuerzo

y generosidad de muchos feligreses.

El viejo barracón

ahora lo ocupan las dependencias de Cáritas parroquial.

La mayor parte del trabajo

de los voluntarios se desarrolla en la calle.

En esta parroquia nos hemos comprometido a ayudar.

Aunque no hay materialmente mucha pobreza, sí hay mucha soledad.

Intentamos acoger a toda la gente que lo necesita

o viene a pedirnos ayuda.

Vienen médico, en medicinas, en ayuda.

En todo lo que se necesita.

El compromiso es mejorar el mundo entre todos

y poner todos un granito de arena.

El templo ocupa una planta en forma de abanico con ladrillo visto.

Tiene la imagen de la Virgen de la Nueva,

titular de la parroquia.

Más recientemente se ha incorporado también una talla de San José

con el niño.

Es obra del joven artista local,

Ángel Raposo, feligreses de la parroquia.

Se abre una cristalera que la comunica con la capilla,

donde se reserva el Santísimo Sacramento.

Allí recibe las constantes visitas

de los fieles de la Virgen de la Nueva.

Nosotros nos unimos en esta mañana de domingo

a esta comunidad parroquial para celebrar la santa misa.

Dios está aquí.

Tan cierto como el aire que respiro.

Tan cierto como la mañana se levanta.

Tan cierto como que este canto lo puedes oír.

Lo puedes oír...

Celebra la eucaristía

en esta parroquia de la Virgen de la Nueva

su párroco, Javier Blázquez.

Dios está aquí...

Concelebra el vicario parroquial, José María Gallegos,

sacerdote salvadoreño.

Tan cierto como que este canto lo puedes oír.

Dios está aquí.

-Está aquí.

-Tan cierto como el aire que respiro.

Tan cierto como la mañana se levanta.

Tan cierto como que este canto lo puedes oír.

-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

-Amén.

-La gracia de nuestro Señor Jesucristo,

el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo

estén con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Bienvenidos, hermanos, este domingo 26 del tiempo ordinario.

Guardar los mandamientos del Señor nos hermana a todos.

-Sintiéndonos dichosos de habernos reunido

en torno a la mesa del Señor,

lo primero es limpiar nuestro corazón de todo pecado.

Con humildad, pedimos perdón por nuestros pecados.

-Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento,

palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen.

A los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,

que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros.

Perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

-Amén.

-Señor, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

Alabemos al Señor diciendo:

-Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos.

Te damos gracias, Señor Dios, rey celestial, Dios Padre todopoderoso.

Señor, hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, cordero de Dios, hijo del Padre.

Tú, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Tú, que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica.

Tú, que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

Porque solo tú eres Santo, solo tú, Señor,

solo tú, altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

Amén.

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Amén.

Oremos.

Oh, Dios, que manifiestas especialmente tu poder

con el perdón y la misericordia,

de rama incesantemente sobre nosotros tu gracia

para que deseando lo que prometes, consigamos los bienes del cielo.

-Lectura del libro de los Números.

En aquellos días, el Señor bajó en la Nube,

habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía,

se lo pasó a los setenta ancianos.

En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar.

Pero no volvieron a hacerlo.

Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad.

Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda.

Pero el espíritu se posó sobre ellos,

y se pusieron a profetizar en el campamento.

Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:

"Eldad y Medad están profetizando en el campamento".

Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:

"Señor mío, Moisés, prohíbeselo".

Moisés le respondió:

"¿Es que estás tú celoso por mí?

¡Ojalá todo el pueblo del Señor

recibiera el espíritu del Señor y profetizara!".

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma.

El precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-La voluntad del Señor es pura y eternamente estable.

Los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-Aunque tu siervo

vigila para guardarlos con cuidado...

¿Quien conoce sus faltas?

Absuélveme de lo que se me oculta.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-Preserva a tu siervo de la arrogancia,

para que no me domine,

así quedaré libre e inocente del gran pecado.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-Los mandatos del Señor alegran el corazón.

-Lectura de la carta del apóstol Santiago.

Atención ahora los ricos.

Llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.

Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado.

Vuestro oro y vuestra plata están oxidados

y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros

y devorará vuestras carnes como fuego.

¡Habéis acumulado riquezas... en los últimos días!

Mirad el jornal de los obreros que segaron vuestros campos,

el que vosotros habéis retenido,

está gritando, y los gritos de los segadores

han llegado a los oídos del Señor del universo.

Habéis vivido con lujo sobre la tierra

y os habéis dado a la gran vida,

habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza.

Habéis condenado, habéis asesinado al inocente,

el cual no os ofrece resistencia.

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya.

Tu palabra, Señor, es verdad.

Santifícanos en la verdad.

Aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya.

El Señor esté con vosotros.

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Lectura del Santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:

"Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre,

y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros".

Jesús respondió:

"No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre

no puede luego hablar mal de mí.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo,

en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen,

más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino

y lo echasen al mar.

Si tu mano te induce a pecar, córtatela:

más te vale entrar manco en la vida,

que ir con las dos manos a la 'gehenna', al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te hace pecar, córtatelo:

más te vale entrar cojo en la vida,

que ser echado con los dos pies a la 'gehenna'.

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo:

más te vale entrar tuerto en el reino de Dios,

que ser echado con los dos ojos a la 'gehenna',

donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".

Palabra del Señor.

-Gloria a ti, Señor Jesús.

Ha leído el Evangelio es José María Gallegos,

de la parroquia Virgen de la Nueva, donde nos encontramos.

El párroco Javier Blázquez se dirige a predicar la homilía.

Desde que el ser humano está sobre la tierra

ha intentado siempre buscar pertenecer a un grupo.

En los tiempos primitivos, las tribus.

Pero a lo largo de toda la historia

siempre el ser humano

ha intentado ir creando grupos a los que pertenecer.

Por el color de piel, por la cultura,

por el idioma, por el lugar de nacimiento,

por las costumbres, por la fe que profesaban.

Estos grupos muchas veces se llegaban a enfrentar.

Simplemente porque veían cada uno de estos grupos

al resto como enemigos, como alguien que me quiere quitar privilegios,

como alguien que me quiere anular en la sociedad y en el mundo.

Esto ha provocado muchos conflictos y muchas guerras.

Porque el que está a mi lado no es de los míos.

Si no es de los míos quiere decir

que va a ir contra mí porque piensa distinto,

porque profesa una fe distinta

o porque tiene una cultura distinta

o porque tiene unas tradiciones distintas.

De hecho, no sucede también hoy en día en nuestros países europeos.

Cuando han venido tantos hermanos nuestros de otras culturas,

otras razas y otras religiones.

Cuántas veces oímos voces que nos dicen

que nos van a robar nuestra cultura,

qué nos dicen que nos van a discriminar.

Precisamente, lo que hacemos nosotros es discriminarlos a ellos.

Lo que es diferente, normalmente nos asusta.

Por intereses de todo tipo,

también provocaban a la misma sociedad a que tengan ese miedo.

Simplemente, para llegar al poder

o tener una influencia social o económica que terminada.

Eso mismo les pasó a los discípulos de Jesús.

También ellos se sentían distintos a los demás.

Pensaban que solamente ellos

podían expulsar demonios en el nombre de Jesús.

Por eso querían también eliminar a aquellos que lo hacían,

pero no eran de ellos, no eran del grupo de Jesús,

eran de cualquier otro grupo.

Precisamente, Jesús lo que les dice

es que todo aquel que no está contra nosotros, está a favor nuestro.

todo aquel que hace el bien, está a favor nuestro.

A veces olvidamos que Jesús no solo quiere que sigamos su buena nueva,

sino que quiere que humanicemos nuestro mundo,

quiere construir el reino de Dios, que lo construyamos entre todos.

El reino de Dios es un reino de paz.

Ese reino lo tenemos que construir entre todos, no solo los creyentes,

los seguidores de Jesús,

sino todo aquel que quiera formar ese mundo nuevo.

Que ese mundo nuevo en el que todos vivamos de verdad la humanidad,

en el que nos sintamos cada día más iguales,

en el que todos tengamos los mismos derechos, las mismas oportunidades

y las mismas obligaciones.

Eso es lo que Jesús quiere.

Por eso no discrimina a nadie.

Al revés, quiere unir,

quiere que vendamos lazos de unión con todos aquellos hombres y mujeres

de cualquier raza, de cualquier religión,

que quieren, como nosotros, hacer un mundo mejor.

Quizá lo que tendríamos que pensar

nosotros como creyentes es intentar evitar

esos grupos que a veces hacemos, incluso dentro de la Iglesia,

creyendo que son enemigos los unos de los otros.

Simplemente, llegar a descubrir dentro de la Iglesia

que todos creemos en el mismo Evangelio,

que todos queremos construir ese mundo mejor.

Quizá con formas distintas, con ideas distintas,

con formulaciones distintas,

pero todos formamos una misma Iglesia

porque todos queremos un mismo mundo.

Esa misma Iglesia tiene que abrirse para que de verdad

seamos capaces todos en unión de crear ese reino de Dios.

Esa es la misión que tenemos todos y cada uno de nosotros.

Es una misión difícil porque nos cuestan mucho tender la mano

a todos aunque piense de forma distinta,

aunque sientan de forma distinta.

Nos cuesta mucho aceptar otras formas de procesar la fe.

Nos cuesta mucho porque no nos vemos

reflejados al vivir la fe como nuestros hermanos viven

y expresan la fe.

Todos, si somos miembros de la Iglesia,

tenemos que esforzarnos en ello, mirar lo que nos une.

Y lo que nos une es Cristo.

Tenemos que esforzarnos para intentar no apartar a nadie,

no relegar a nadie.

Como sociedad, como mundo en el que vivimos

tenemos que intentar ver todo lo positivo de nuestros hermanos.

No separando, no marginando,

sino tendiendo siempre puentes de unión, puentes de colaboración.

Eso, hermanos, nos corresponde a nosotros.

No podemos distinguir entre jóvenes y mayores,

entre blancos y de raza negra,

no podemos distinguir entre hombres y mujeres

porque todos somos hijos de Dios.

Porque, aparentemente,

aunque seamos distintos por fuera o lo que decimos

o pensamos, el corazón lo tenemos todos igual.

Nuestro corazón late de la misma forma para todos.

Todos queremos vivir felices en este mundo.

Como me gusta decir,

solamente podemos ser felices haciendo felices a los demás.

Cuando imaginamos o señalamos con el dedo,

estamos impidiendo que esa persona sea feliz.

Y así nosotros nunca conseguiremos la felicidad.

Tenemos que tener claro lo que Dios quiere de nosotros,

lo que Dios quiere de nuestra Iglesia.

Lo que quiere de nuestra Iglesia es que seamos ejemplo de amor,

de entrega, de servicios, de solidaridad,

de justicia y de igualdad.

Que nosotros, como seguidores de Cristo,

seamos siempre aquellos que busquemos a la sociedad

a vivir desde esos valores.

Así, entre todos, ir construyendo ese reino de Dios.

Muchas veces, en valor de la igualdad, del amor y de la justicia,

luchamos más por los valores que nos interesan,

como pueden ser el egoísmo, la riqueza y poder.

Esos valores que hoy están tan en boga,

pero que muchas veces producen enfrentamiento y marginación.

Qué distinto sería nuestro mundo

si de verdad todos tomásemos

en serio el construir un mundo mejor.

Qué distinto sería nuestro mundo

si todos te diésemos la mano unos a otros.

Qué distinto sería nuestro mundo si no fuésemos nosotros y los otros,

sino todos unidos construyendo algo.

Al levantarnos por la mañana, proponernos vivir la paz,

el amor y la igualdad.

Qué distinto sería nuestro mundo si todos fuésemos más solidarios.

Qué distinto sería nuestro mundo si todos fuésemos más misericordiosos.

Por eso, hermanos, que el Señor

con su palabra nos anime a ver siempre a los otros como hermanos.

Porque el corazón, como os digo, lo tenemos todos igual.

Las ganas de amar y ser amados son las mismas para todos.

Las ganas de ser felices son iguales para todos.

Si todos tenemos los mismos objetivos,

¿por qué no trabajar juntos?

¿Por qué no ayudarnos unos a otros?

¿Por qué no enfrentarnos a este mundo tan lleno de pobreza

y miseria?

¿Por qué no nos perdemos la mano de verdad?

Seguro que lo podemos alcanzar,

seguro que lo podemos conseguir con la gracia de Dios

y con la ayuda de la mujer,

que está siempre con nosotros,

la madre que supo llorar a los pies del acto de su hijo,

pero que nunca acuso a nadie, señalo a nadie ni marginó a nadie,

sino que quiso ser madre de todos.

Que María, nuestra madre, María, la Virgen de la Nueva,

nos acompañe y nos dé ese corazón grande.

Tan grande, que podamos acoger a todos,

que no podamos marginar a nadie,

que podamos compartir lo que somos y tenemos entre todos.

Así, que nuestro mundo sea un mundo de concordia,

de amor y de felicidad. Que así sea.

Javier Blázquez,

el párroco de esta parroquia ha dirigido la homilía

este 26 domingo del tiempo ordinario.

Y ahora, como comunidad cristiana, confesamos nuestra fe.

-Creo en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo su único hijo,

nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Nació de Santa María Virgen.

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.

Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos.

Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre

Todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,

la comunión de los Santos, el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne y la vida eterna.

-Amén.

Oremos, hermanos, Dios nuestro padre,

para que escuche las oraciones de los que nos reunimos en su nombre.

-Por la Iglesia de Dios y todos sus pastores,

para que guiados por su espíritu lo transmitan a todos los fieles.

-Roquemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por los gobernantes,

para que Dios les conceda el deseo de ser justos

e infundada en los pueblos

el sentido de la unidad de la familia humana.

-Roquemos al Señor. -Te rogamos, óyenos.

-Por los enfermos, hambrientos, inmigrantes, marginados.

Los que sufren en nuestra sociedad. Roquemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por la parroquia Virgen de la Nueva,

para que inunde a todas con el amor de la Virgen.

-Roquemos al Señor.

Te rogamos, óyenos.

-Padre de bondad y Dios, danos nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro señor.

-Amén.

Termina así la liturgia de la palabra.

Comienza ya la liturgia de la eucaristía

llevando al altar el pan y el vino.

Junto a el pan y el vino

que lleva un matrimonio mayor de esta parroquia,

las flores, que quieren simbolizar la esperanza.

Amad la justicia y la paz.

Saber que vendrás,

saber que estarás partiendo a los pobres tu pan.

Saber que vendrás,

saber que estarás partiendo a los pobres tu pan.

La pena y el triste llorar.

Los que mueren sin fe, cansados de tanto luchar.

Saber que vendrás,

saber que estarás partiendo a los pobres tu pan.

Saber que vendrás,

saber que estarás partiendo a los pobres tu pan.

-Orad, hermanos,

para que este sacrificio mío y vuestro

sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

-El Señor reciba de tus manos este sacrificio

para alabanza y gloria de su nombre,

para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

-Amén.

-El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu.

-El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

darte gracias siempre y en todo lugar,

Padre Santo, por Jesucristo, tu Hijo amado.

Resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna.

Cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

Santo, santo, santo es el Señor.

Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna.

Hosanna.

Hosanna en el cielo.

Hosanna.

Hosanna.

Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

Hosanna.

Hosanna.

Hosanna en el cielo.

Hosanna.

Hosanna.

Hosanna en el cielo.

-Santo eres en verdad, Padre,

y con razón te alaban todas tu criaturas.

Ya que por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro,

con la fuerza del Espíritu Santo,

das vida y santificas todo y congregas a tu pueblo sin cesar

para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha

desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos

que santifiques por el mismo espíritu

estos dones que hemos separado para ti,

de manera que sean cuerpo y sangre de Jesucristo,

Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan.

Dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros".

(Campanilla)

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz.

Dando gracias de nuevo

lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna

que será derramada por vosotros y por muchos

para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

(Campanilla)

Este es el sacramento de nuestra fe.

-Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.

Ven, Señor Jesús.

-Así pues, Padre,

al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos en esta acción de gracias

el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia

y reconoce en ella la víctima por cuya inmolación

quisiste devolvernos tu amistad.

Para que, fortalecidos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo

y llenos de su Espíritu Santo,

formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu.

-Que él nos transforme en ofrenda permanente

para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos,

con María, la Virgen madre de Dios y nuestra,

san José, los apóstoles y los mártires,

y todos los santos por cuya intercesión

confiamos obtener siempre tu ayuda.

Te pedimos, Padre, que esta víctima de reconciliación traiga la paz

y la salvación al mundo entero.

Confirme en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra.

A tu servidor, el papa Francisco,

a nuestro obispo, al Orden Episcopal,

a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de

esta familia que has congregado en tu presencia,

y reúne en torno a ti, Padre misericordioso,

a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos.

Y a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino,

donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

Por Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

-Por Cristo, con él y en él.

A ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo.

Todo honor y toda gloria. Por los siglos de los siglos.

-Amén.

Sintiéndonos unido a la Iglesia universal,

Sintiéndonos unidos a la Iglesia universal,

y a todos que desde las residencias,

hospitales o sus casas están siguiendo la eucaristía,

para que no se sientan nunca solos.

Unidos a María y a la comunidad eclesial,

cristiana,

todos cantamos la oración que Cristo nos enseña.

Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

así en la tierra como en el cielo.

El pan nuesto, dánoslo hoy.

El pan nuesto dánoslo hoy.

Perdona nuestras ofensas,

así como nosotros perdonamos.

No nos dejes caer en tentación.

Líbranos de todo mal.

Amén.

Amén. Amén.

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

-Señor Jesucristo,

que dijiste a los apóstoles:

"La paz os dejo, mi paz os doy",

no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia.

Y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

-Amén.

-La paz del Señor esté siempre con vosotros.

-Y con tu Espíritu.

-Como hermanos y de corazón nos damos la paz.

Recordamos a las víctimas del tsunami de esta semana.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros y danos la paz.

Este es Jesús, el Cordero de Dios,

que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Estamos en la parroquia de la Virgen de la Nueva,

en Madrid celebrando esta santa misa

del 26 domingo del tiempo ordinario,

último domingo del mes de septiembre.

Mañana comenzará el mes de octubre, el mes de Rosario.

El santo padre invitaba

a que durante este mes todos los fieles

dejáramos cada día el rosario

para unirnos en penitencia al pueblo de Dios.

El santo padre ha pedido que después del Rosario se recibe la oración:

"Bajo tu amparo nos acogemos, santa madre de Dios.

Líbranos de todo peligro, Virgen santa y bendita".

También ha pedido el santo padre

que crecemos la oración de León XIII a san Miguel Arcángel.

Para protegernos de las insidias del maligno y la mentirá.

El Señor Dios nos amó como a nadie amó jamás.

El domingo que viene estaremos celebrando "El día del Señor"

en la diócesis de Córdoba.

Será a las 10:30 de la mañana, como siempre.

Esta es mi sangre, tomad y bebed.

Pues yo soy la vida, yo soy el amor.

Oh, Señor, condúcenos hasta tu amor.

Un desierto me separa de ti.

Una inmensa soledad y de tu amor.

No hay desierto, no hay arena, que detenga...

Comenzamos este mes de octubre, importante para la Iglesia.

El mes del discernimiento de los jóvenes.

Nosotros estaremos en Roma para su clausura.

Estaremos allí para la beatificación de una beata española.

Un desierto me separan de ti, una inmensa soledad.

En octubre celebraremos la Jornada de las Misiones.

Octubre viene marcado por esa fecha,

en la que encomendamos a todos los lugares de misión.

Estaremos junto a ti.

Donde quiera que tú vayas

yo sabré que estás aquí.

Un desierto me separa de ti.

Una inmensa soledad sin tu amor.

En el mar de tus arenas me perdí, por la senda de la inmensidad.

Esta parroquia de la Virgen de la Nueva

atiende a esta comunidad surgida hace poco más de 50 años

en esta zona del norte de Madrid.

La colonia de la Virgen de la Nueva de Nueva Esperanza.

Un barrio en el que vinieron a vivir, prácticamente,

todas las personas en los años 70.

Ahora vive ese proceso de transformación.

Comienzan a llegar nuevas personas, nueva gente.

Ese cambio generacional.

Javier Blázquez es su párroco.

El anterior estuvo hasta hace casi seis años,

toda la vida en la parroquia.

Oremos.

Que esta eucaristía, Señor, renueve nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Hoy quiero dar las gracias

por haber podido celebrar en televisión esta eucaristía.

No porque hayamos salido muy guapos,

sino porque hemos hecho mucho servicio

a las personas que están solas en residencias,

en hospitales, en sus casas.

Un consuelo para ellos es la eucaristía.

Saber que todos los domingos les llega la misa por televisión.

Los que lo preparamos en las parroquias

de hacemos con mucho amor y cariño.

Lo hacemos pensando en ellos, pensando en estas personas.

Que no se nos quede solo en este domingo,

sino que todos los domingos tengamos un recuerdo para ellos.

Que ojalá que algún día no haya nadie solo en residencias u hogares.

Que siempre haya alguien que les abrace, le ofrece, les cuide

y rece con ellos.

Gracias a todos vosotros gracias,

a Televisión Española y gracias a Dios,

que es el que nos permite todos los domingos juntarnos con fe,

con esperanza y con amor.

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

En cuanto acabe esta edición podrán ver el programa

"Pueblo de Dios".

Hoy estará en Uruguay,

en la parroquia de Santo Domingo, en Montevideo.

Un programa que tiene un nuevo director.

Julián del Olmo lo ha llevado durante los últimos 18 años,

y ha trabajado más de tienda.

Le deseamos toda la suerte del mundo Antonio Montero,

que comienza en esa saga de directores.

Antonio Montero, mucha suerte.

No nos olvidemos de la recomendación del Santo padre,

la petición que ha hecho.

Podemos ir en paz.

Rezar el Santo Rosario cada día invocando a la Virgen.

Y al arcángel San Miguel, para que aleje las fichas del enemigo.

Volemos la semana que viene,

será en la parroquia de Santa Catalina a las 10:30 de la mañana.

Hasta entonces, desde Madrid,

feliz día del Señor a todos.

Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Parroquia Virgen de la Nueva

El día del Señor - Parroquia Virgen de la Nueva

30 sep 2018

Programas completos (644)

Los últimos 646 programas de El día del Señor

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Felicita Yanneth Gallegos De Paz

    Muy emocionante verte hermano Dios te siga dando la sabiduría necesaria

    01 oct 2018