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No recomendado para menores de 12 años Descalzo sobre la tierra roja - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(VOZ EN OFF) "A su excelencia Pedro Casaldàliga,

obispo de Sao Félix.

Excelencia: me complace comunicarle que la visita "ad limina"

con su santidad el papa, Juan Pablo II,

será el martes, 21 de junio.

Os comunicamos que, antes de entrevistaros

con el Santo Padre, deberéis hablar con el prefecto

de la Congregación por la Doctrina de la Fe,

el cardenal Joseph Ratzinger.

Permitidme que os recordemos, finalmente,

la obligación de acudir a la entrevista con el hábito adecuado.

Que el Señor os bendiga.

Secretaría de Estado de El Vaticano, 1 de junio de 1988."

(Canto gregoriano)

Sus excelencias el cardenal Ratzinger y

el cardenal Gantin.

-"Cum Petro et sub Petro".

Y una única fe y un único bautismo.

Siéntese. Gracias.

Su calzado parece resistente.

Es cómodo y práctico. Regalo de Fidel Castro.

Un personaje peculiar.

Sí, supongo. Como usted o como yo.

Eminencia, si me lo permite, antes de empezar...

Hable.

No sé por qué estoy aquí.

No tengo problemas de fe.

No es su fe la que queremos someter a examen;

sino su actitud, la disciplina.

Todo lo que he hecho,

lo he hecho convencido de que hacía lo correcto.

-Pero los hombres, a menudo, nos equivocamos.

Sí. En eso os doy la razón.

Ha vivido 20 años en Brasil.

Y doy gracias al Señor por haberme enviado allí.

¿Qué más podría desear en la vida?

(Música)

(CHISTA) ¡Eh!

¿Es cura?

Que si usted es cura, también.

No, todavía no. Pero pronto lo seré.

¿Y por qué razón os han enviado a Sao Félix?

El Vaticano ha decidido crear aquí una prelatura.

Nos hemos ofrecido voluntarios. ¿Voluntarios?

Seguro que fueron los únicos.

No había muchos. Es cierto.

Oiga:

No se lo tomen a mal.

Pero creo que no tienen ni idea de dónde se meten.

Sao Félix es el fin del mundo. El fin del mundo.

Esta es la iglesia. Lleva meses cerrada.

La prelatura está en el centro del pueblo.

Buenos días.

Buenos días. Hola.

-Vaya, tenemos visita. -¿Ah, sí?

(Suena la radio)

-¡Mira quién viene!

¡Eh, Josué! ¿Quiénes son tus amigos?

Si traes nuevos clientes, ya sabes que vas a ganarte

un buen descuento, ¿eh!

Buenos días. Buenos días.

-¡Fuera, borrachos, indios de mierda!

¡¡Fuera, fuera de aquí!!

¡Largarse y no volváis!

Vamos. No pasa nada.

(Disparos)

¡Fuera!

¡Fuera!

(Ladridos)

Vivo cerca de aquí. Si necesitan algo, ya lo saben.

Gracias. De nada.

Josué: lo que hemos visto...

¿La pelea? Y las pistolas.

El pan nuestro de cada día.

Será duro vivir aquí.

Acabamos de llegar.

¿Tú no estás asustado?

Tanto como tú.

Pero es pronto para desfallecer.

Estos son los tuyos.

Mira, parece que había un inquilino.

Ahora se ha enfadado. Cree que le hemos quitado el sitio.

Ven, Daniel, ven.

Mira.

Bonito, ¿no? Sí.

Pues aquí vamos a hacer nuestra prelatura.

Piénsalo y olvida el miedo.

(Música)

¡Fabio!, ¡Bebida!

Tú. ¿No te dije que no volvieras?

(Música)

(SUSURRA) -Padre nuestro que estás en los cielos.

Santificado sea...

Venga a nosotros tu reino.

-Rosa, los clientes te están esperando.

-No, Zelda. Hoy me quedo con la niña.

Amor mío. Pasaremos esta noche...

Pasaremos la noche juntas.

(Llanto de bebé)

(TARAREA)

(Música tensión)

(Disparo)

(Música)

(Máquina de escribir)

(Llaman a la puerta)

(Chirridos de la puerta)

Buenos días.

(Música tensión)

(SUSURRA) ¡Dios mío!

Pedro, mira.

(Música triste)

Pedro...

(Llanto ahogado)

¡Malaria!

¡O cualquier otra cosa! Aquí se muere de todo.

(Música triste)

Josué, un carpintero. Quiero un carpintero.

No encontrará ninguno que trabaje gratis.

Y esta gente no puede pagarlo.

(Música)

Vamos juntos al cementerio.

(Música triste)

Te acompaño en el sentimiento.

¡Dios mío!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...

¿Por qué no ha venido la madre de la niña?

Hoy es sábado, el día de cobro en las "fazendas".

Las chicas tienen muchos clientes.

¿Cómo se llama? Rosa.

(FORZADO) ¡Que me des un beso, te digo!

-No. -Y ¿por qué no?

-Porque no quiero, y ya está. -¿Por qué no?

-¡Porque no me gustas! -¿Crees que no voy a pagarte?

-¡No quiero tu dinero! ¡Me voy a la cama con quien quiero!

-¡Boca! La cachaza.

(Suena la radio)

Padre. Este no es sitio para usted.

Quiero ver a tu compañera.

¿Está dentro?

Venga.

Rosa. El cura quiere hablar contigo.

Hoy hemos enterrado a tu hija. Hemos rezado por ella.

Me hubiera gustado que estuvieras con nosotros.

(EMOCIONADA) Yo también he rezado, padre.

He rezado día y noche para que Dios no se la llevara.

Pero no ha querido escucharme.

Comparto tu dolor, Rosa.

Y te pido que no pierdas la fe.

Eso son solo palabras.

Ahora tu hija está con Dios.

¿Con Dios? ¿O con el demonio? ¡¿Qué me importa?!

¡¡Tendría que estar aquí!! ¡Mi hija tendría que estar conmigo!

¡¡Fuera, fuera, marchaos! ¡¡Fuera!! Vamos, Daniel.

No entiendo que no haya venido. No lo entiendo.

No puedo entenderlo.

Sí, lo sé. Pero no sé... ¿Qué?

Quizá hemos sido demasiado duros con ella.

¿Cuánta quinina tenemos? Poca; la que nos dieron a nosotros.

Pues repartiremos. Yo iré a Goiânia a buscar más.

No quiero enterrar a más niños.

Adiós. Adiós, amor mío.

Adiós.

(Pájaros)

¿Cómo se llama esa chica?

Patricia.

¿Estáis casados? ¿Yo? Pero ¿qué dice, padre?

¡Claro que no!

Pues vives en pecado.

Yo no soy católico, padre. Ah, esa es tu cruz.

(RÍE)

(GRITA) ¡Puedes soltar!

(Motor)

¿Cómo estás?

Lavando ropa.

¿Quieres que hablemos un momento?

¿Volverá a decirme que mi hija está con Dios?

Debes disculparnos, no acertamos las palabras.

Siempre utilizan las mismas...

Nos cuesta entender que una madre no asista al funeral de su hija.

En nuestra tierra eso es impensable. Es muy difícil que ocurra.

¿Qué te pasa?

(SUSURRA) Nada. Ya está.

Tienes fiebre.

El señor no tendría que preocuparse tanto por mí.

No hace falta que me llames señor.

(Música suave)

Ten.

Supongo que a mí me pasaría lo mismo. ¿El qué?

Si fuera a vuestro país.

Seguro que hacéis cosas que yo no podría entender.

Seguro que sí.

(Música suave)

He tenido dos hijos.

Los he perdido a los dos.

Lo siento.

Entiendo tu rabia.

Espera, espera. ¿Seguro que quieres irte?

Sí.

Te acompaño. No. No vuelvas a la taberna.

No es buen sitio para un hombre como tú.

Espera un momento.

(Suspira)

¡Toma, toma!

Llévate esto. Has dicho que no tenéis más.

Pedro está en Goiânia y volverá cargado de medicinas.

Gracias.

(Música suave)

Adiós.

(Campanadas)

Padre Casaldàliga, ¿quiere acompañarme?

(Campanadas)

Que pase.

Gracias.

Buenos días. Buenos días.

Veo que tenéis problemas.

Una epidemia de malaria y una iglesia por construir,

como cosas más urgentes.

¿Ha estado en otras misiones?

No.

O sea que ¿Sao Félix do Araguaia es su primer destino como misionero?

Sí.

¿Cuántos años tiene? 40.

Y ¿a los 40 años deja una vida cómoda y prometedora dentro de la iglesia

para ir a vivir al Mato Grosso?

Mire:

decidí ser cura a los 11 años y siempre me he sentido

llamado a las misiones; especialmente los últimos años.

Siento que aquí puedo hacer lo que busco desde hace tanto tiempo.

¿Y qué busca?

Llevar la palabra de Dios a quien más lo necesita.

Trabajar con el pueblo; darles fe y fortaleza.

Un ideal muy noble.

Yo creo que...

la utopía es necesaria,

sin utopía no hay futuro.

Pero hay que ser prácticos.

Los ideales son una cosa y la realidad otra.

¿Eso significa que no debo esforzarme?

No, significa que las cosas no son fáciles.

En toda la Amazonia tenemos los mismos problemas

y no siempre encontramos soluciones.

Vivimos bajo una dictadura militar.

Usted viene de España, ya sabe cómo las gastan los militares.

Sí. Lo sé perfectamente.

Pero si no podemos mejorar la vida del pueblo,

ya me dirá qué hacemos en Brasil.

No digo que nos quedemos de brazos cruzados.

Digo que Sao Félix no es el único pueblo con problemas.

Por desgracia los recursos son los que son

y el gobierno militar no colabora mucho.

Haré lo posible para ayudarlos, solo quiero que sea consciente

de las dificultades que tenemos.

Soy consciente de ello, se lo aseguro.

Mejor. Porque el trabajo será duro.

Lo más urgente es frenar la malaria.

Pues empecemos por ahí.

(Motor)

¿Qué está escribiendo?

Escribo un poema, al río.

Vaya...

Además de sacerdote y misionero resulta que es poeta, ¿eh?

No tiene mérito.

¿Quién no se vuelve poeta ante tanta belleza?

Es verdad.

Sí que es una belleza.

Para nosotros el río es el padre.

Padre Araguaia.

Da la vida. Lo da todo.

Yo vengo del noreste del país, allí solo hay sequía y hambre.

Por eso cuando vi este río por primera vez,

quería estar bebiendo agua todo el día.

Habrías cogido un buen dolor de tripas.

(RÍE) Eso seguro.

¿Y te hiciste barquero?

¿Piensa que lo elegí? Todos podemos elegir.

Quizá en su país sea así, aquí las cosas son muy diferentes.

Pregunte a los indios.

Antes esta tierra era de los karayá, de los tapirape, de los xavante.

Ahora estamos nosotros y los "fazenderos".

¿Quiere saber una cosa?

Esto es grande.

Pero le aseguro que no hay sitio para todos.

Si queremos podemos convertir Sao Félix en un paraíso.

Solo hay que tener fe.

Dios está con nosotros.

Dios es grande,

pero la selva todavía lo es más.

(Música triste)

(LEE) "La soledad llena los cielos, la tierra, el río, el corazón.

Grita nuestra barca pero nadie responde.

Las aguas verdes bajan,

temblando de miedo y los árboles se hacen sombra

unos a otros, huyendo de tanto sol.

Una gaviota chilla,

punzante como el recuerdo."

-Buenos días. -Hola.

-Buenos días.

(Ganado)

Padre Casaldàliga. Buenos días.

Soy Armandao, dueño de la Fazenda Doña Isabel.

Encantado.

Le he dejado algunos materiales para las obras de la prelatura.

Caramba, muchas gracias.

Es solo una pequeña aportación pero si necesita algo más, dígamelo.

Quiero contribuir a que las cosas mejoren.

Lo tendré en cuenta. Me gustaría verle en la iglesia.

Pronto celebraremos nuestra primera misa.

Tengo mucho trabajo.

Quiero hacer que esta tierra prospere.

Pero, padre, le he traído algo.

Era de mi mujer. Murió hace seis meses.

Lo lamento. No sé si debo aceptarlo.

Hágame ese favor.

Usted le sacará más provecho que yo.

Venga a verme uno de esos días. ¿Mmm?

Lo haré.

Le espero.

Tenga cuidado. ¿Por qué?

Solo le aviso, vaya con cuidado.

(Música)

Padre Jentel, viene gente.

(Música tensión)

Tranquilos. Tened cuidado.

-¿Qué queréis?

-Edmilson, no.

-Primero mataré a tu caballo y después te reventaré la cabeza.

(RÍE)-¿Así es como predica la palabra de Dios, padre Jentel?

-Dios está de nuestro lado, de eso no te quepa la menor duda.

(Disparo)

La próxima bala será para ti.

-Calma, chico. Solo queremos hablar.

Escuchad, esta tierra pertenece a la Fazenda Doña Isabel.

Si queréis trabajo, el señor Armandao os lo va a dar.

Pero solo a quien entre en razón.

Los demás que se vayan o que se atengan a las consecuencias.

Ya lo sabéis:

hay trabajo para todo el mundo.

Es el último aviso.

(GRITA) ¡De aquí no se irá nadie!

¡Hace más de tres años que trabajamos esta tierra!

¡La ley dice que es nuestra!

Tomaremos dos pastilla al día.

Una después de comer y otra después de cenar.

Es que solo comemos una vez al día.

¿Le doy las dos a la vez?

No, no, no.

(DUDA) Mire, le daremos una al levantarse

y otra antes de ir a dormir.

Le irá bien así. Sí.

(Música triste)

¿Cómo te llamas?

¿Qué le pasa? Tiene fiebre.

El patrón no nos ha dejado traerlo antes.

Dios mío.

Daniel, acompáñales. Tiene fiebre.

Vengan.

Hola.

Soy la hermana Genoveva, de las Hermanitas de Jesús.

Encantado. Ella es la hermana Odile.

Pedro Casaldàliga. Sí, lo sabemos.

En Goiânia oí hablar de vuestra misión.

En realidad quería visitaros dentro de unos días.

Hemos oído que tienes quinina. ¿Cómo lo habéis sabido?

El río habla.

Por favor, pasad. Adelante.

Hermana. Muchas gracias.

¿Por qué no os quedáis unos días?

La prelatura es pequeña pero podemos haceros un hueco.

No, hay que atender a los enfermos. Entiendo.

Pronto iré a veros y al padre Jentel, también.

(SORPRENDIDA) ¡Ah! ¿Ya lo conocéis? No, todavía no.

Sé que vive con un grupo de posseiros.

Lleva un año en la Floresta.

Está construyendo un pueblo y no lo tiene fácil.

Gracias. Un placer.

¿Cuánto tiempo llevas en Brasil, Genoveva?

15 años.

Mira...

15 años.

¿Crees que nosotros aguantaremos tanto?

(Música alegre)

Buenos días. Buenos días, padre.

Haremos un buen centro de salud. Lo intentaremos.

Intentaremos hacerlo todo.

Tenemos que arreglar ese lado antes de que lleguen las lluvias.

¿Os parece bien?

Esto es el Mato Grosso, este es el río, el Araguaia.

¿Y nosotros? Aquí. En Sao Félix.

(Máquina de escribir)

(Música alegre)

Buenos días. Buenos días.

(Música alegre)

Ahora vuelvo.

-A mí no me gusta nada. -Yo ya te lo dije, ¿te acuerdas?

Buenos días. Buenos días, padre.

Buenos días. Buenos días.

(Llaman a la puerta)

Buenos días. ¿Puedo entrar?

-Buenos días. -Hola.

Quiero pedirte perdón por mi arrogancia.

Esta tarde celebramos Misa.

Me gustaría mucho que vinieras. Todas podéis venir.

Perdóname.

Os espero.

(Música)

Venga, chico, espabila. Tenemos que acabarlo hoy.

-Pasamos por la Floresta cada tres o cuatro días.

Y ni un solo movimiento.

Continúan trabajando la tierra como si no hubiera pasado nada.

-¿Les dijiste que les daríamos trabajo a todos?

-Sí, señor Armandao.

-¿Qué esperan esos desgraciados?

-No lo sé. Dicen que no se marcharán.

Dicen que la tierra es de ellos. Hablan de leyes.

Creo que no los echaremos si no es por la fuerza.

-¿Y dices que están armados?

-Sí. Al menos su líder lo está.

-¿El Padre Jentel?

No. Un "posseiro". Un tal Edmilson.

Trabajó aquí, en la "fazenda".

-Tráemelo.

Hablaré con él.

-Sí, señor.

-¡Boca!

No me lo traigas.

Háblale tú.

-Sí, señor.

(Campana)

Porque Dios ve vuestras dificultades,

y es su palabra aquello que os dará consuelo y paz de espíritu.

Una vez alguien me dijo: "yo no creo en la Iglesia".

Yo le respondí: "tú eres la Iglesia;

yo soy la Iglesia; nosotros somos la Iglesia".

Es cierto que a veces puede parecer que Dios no nos escucha.

Que no le importa nuestro dolor, nuestra desesperación.

Y yo os digo que es precisamente en esos momentos

cuando más tenemos que confiar en él.

Me habéis pedido una escuela para educar a vuestros hijos;

una casa de salud

para curar a los enfermos.

Muy bien. Os ayudaré. Solo faltaría.

Yo también quiero pediros algo.

Quiero pediros que seáis fuertes

y que améis de corazón.

Jesucristo ve nuestra miseria,

nuestra pobreza,

y nos dice que, lo que no tengamos en la tierra,

lo tendremos en el cielo.

(TODOS) Amén.

Podéis ir en paz.

(TODOS) Demos gracias a Dios.

Padre Casaldàliga, gracias.

Me ha gustado mucho escuchar sus palabras.

Muchas gracias. ¿Eres del pueblo?

No. Vivo en la Floresta con el padre Jentel.

Él me ha pedido que viniera.

No sé si podrá ayudarnos. Necesitamos un poco de quinina.

De acuerdo. Espérame en la prelatura

y lo preparamos todo. Creo que iré contigo.

Muy bien.

Veo que te encuentras mejor.

Hace días que no tengo fiebre.

Me alegro.

Y me alegro de que hayas venido.

¿Por qué no vas vestido de cura?

Porque todavía no estoy ordenado.

Ah.

Adiós. Mmm.

(Suspiro)

¿Todo bien? Sí.

(Disparo)

(Relincho)

(Música)

(Quejidos)

¡Tráeme un trapo, Daniel, un trapo!

(Relincho)

¡Un trapo! Trae un trapo.

(Música)

¿Y qué quiere que haga, eh?

¿Tengo que decírselo yo?

Ha habido un muerto, pero no sabemos quién ha disparado.

Yo sí lo sé. Cree que lo sabe.

Pero no puede asegurarlo porque no lo ha visto.

Yo le entiendo, Padre.

Pero aquí estas cosas ocurren todos los días.

Matan a un hombre delante de mí y tengo que considerarlo normal.

¿Me está diciendo eso? Seguro que traspasó los límites.

¿De qué límites me está hablando?

¿Por qué no va a la "fazenda" de Armandao y pregunta?

¡Vete a la mierda, Josué! Vete a la mierda.

Ya sabes qué y qué no podemos hacer.

Josué, ¿qué pasa? Dímelo.

Mejor enterrarlo.

Daniel...

(Música)

(Música triste)

¿Por qué haces eso?

La costumbre aquí es que un "posseiro" descanse

mirando el río.

¿Sabe qué es un "posseiro"?

Un hombre que trabaja una parcela que no es de nadie y que,

pasado un año, puede reclamar la propiedad.

¿No dice eso la ley del "posse"?

Sí. Pero no dice que los "posseiros" tengan que morir.

(Música)

(Pájaros)

¿Ve todas esas cruces?

¿Todos "posseiros"?

Todos muertos sin nombre. "posseiros" asesinados.

¡Dios mío!

Río arriba está la selva.

Y la selva no quiere que nadie la toque.

Pero los "posseiros" lo hacen.

Trabajan día y noche para arrancarle un pedazo de tierra.

Arrancan los árboles. Luego siembran semillas.

Arroz, maíz, mandioca... No tienen herramientas.

Solo tienen sus manos. Y la desesperación.

Viven un año, dos... quizá tres, hasta que llega

el fazendeiro y los expulsa.

Solo tienen dos opciones: irse o morir.

(Música)

¿Por qué no lo dejas para mañana? Debes descansar un poco.

No puedo dormir.

Cuanto más tardemos, más costará quitarlo.

La Policía no va a hacer nada, ¿verdad?

Nadie va a hacer nada.

Esto es mas duro de lo que pensábamos, ¿eh?

Tengo la sensación de haber dado un salto en el vacío...

y de no haber llegado a tierra todavía.

Y no podemos olvidar por qué estamos aquí.

No... No sé de qué sirve lo que hacemos, Pedro.

No lo sé.

Tenemos una misión, Daniel.

O nos vamos de aquí,

o nos suicidamos,

o le encontramos una solución.

Mañana iré río arriba.

¿Mañana? Mañana.

Jentel necesita quinina. Quiero ir a la Floresta.

Necesito saber más de los "posseiros".

Deja que te acompañe. Aquí hay mucho trabajo.

¿De qué tienes miedo?

Pedro...

Tú siempre me has enseñado a ver lo que estaba bien y

lo que estaba mal, tu seguridad ha sido la mía.

Pero ahora,

lo que siempre ha sido pecado, aquí no parece que lo sea.

Aquí todo es diferente.

Todo estalla; la luz, los olores, la gente, la vida, es diferente,

incluso la muerte tiene otra presencia.

No me prepararon para esto.

Para estar preparado solo hay que tener fe.

¿Has perdido la fe?

¿Tu no dudas nunca?

Lo contrario de la fe no es la duda, es el miedo.

No hay que tener miedo del miedo.

Yo tengo la poesía.

A mí la poesía me salva de la duda y del miedo.

Hoy han matado a un hombre delante de nosotros, Daniel,

y la policía no ha hecho nada. ¿No crees que debemos hacer algo?

Tienes que ayudarme, Pedro, te necesito.

Estoy aquí.

Te escucharé siempre que quieras pero yo no puedo resolver tus dudas.

Reza.

Habla con Dios.

(Campanas)

Sabemos que habéis sufrido pero lo que cuestionamos aquí

es cómo habéis afrontado ese sufrimiento.

En latinoamericano se pueden aplicar los mismos criterios

que en Europa.

Hay que vivir allí para entenderlo.

El Mato Grosso es la región más corrupta de Brasil.

La facilidad con que se muere y se mata es algo terrible.

Violentarse y violentar a las personas

es una forma de sobrevivir.

Allí la gente nace y muere.

Pero no vive.

Usted ha escrito ampliamente sobre "el pecado social".

Pero...

¿y el pecado personal?

Los dos existen.

"El cordero de Dios quita el pecado del mundo"

dice el Nuevo Testamento.

Este pecado del mundo es para mí el pecado social:

el imperio, la esclavitud.

Las personas pecan, naturalmente, pero dentro de unas estructuras

que ellas mismas han construido y por eso

escribí que el capitalismo es pecado y que el latifundio es pecado.

Lo escribí y lo mantengo.

(Música triste)

(Música)

Que recibimiento más caluroso.

Soy el padre Casaldàliga.

Bajad las armas.

Busco al padre Jentel. Traemos medicinas, quinina.

Perdona, no te esperábamos.

Tenía ganas de conocerte.

Y Edmilson, ¿no ha venido con vosotros?

No sabía su nombre. Ha muerto.

Lo han matado a tiros delante de la iglesia.

Desgraciados.

Explícame que está pasando aquí.

Ven.

A partir de aquí empieza la fase una, más de 300 000 hectáreas.

300 000 ha, como todo Cataluña. A ellos les parece pequeño.

Quieren echarnos.

De vez en cuando, Armandao envía a sus pistoleros.

-Edmilson se enfrentaba a todos, era el más valiente.

Pero las tierras son vuestras.

Hace más de tres años que las trabajamos.

Tenemos todo el derecho a vivir aquí. -Eso dice la ley y se cumplía

pero el Gobierno ha vendido tierras a los "fazendeiros"

como si no fueran de nadie,

como si los "posseiros" no existieran.

¿Cuántos sois? Unas 200 personas, 60 familias.

-Esta noche seremos algunos más, mi hijo se casa.

¿Esta noche? Sí.

-Hoy ha muerto Edmilson, mañana tal vez me toque a mí.

-Convivimos a diario con la muerte y el dolor.

Rosa, ¿estás bien? ¿Ha pasado algo? No.

¿Me ayudas? No sé escribir.

Gracias.

Puedes volver al pueblo si quieres, yo me quedaré un rato más.

Me quedo contigo.

Dios te salve María, llena eres de gracia

el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

-Toma, coge este dinero y cómprate algo.

Anda, ve y cuidado.

-Tu hermana se está haciendo mayor.

¿Cuándo la traerás para que trabaje contigo?

(RÍE) Puede traerla, ¿no, Fábio? Aquí tienes sitio para ella, ¿verdad?

(RÍE)

Ven aquí. -Déjame, me haces daño.

-No me estás tratando bien, Yalda.

No me tratas bien y un día te arrepentirás.

(RÍE)

(RÍEN)

-Venga, bebamos. -Sí.

-Una cachaza.

-No puedo cambiar mi vida.

¿Por qué no? Porque no, las cosas no son así.

Te equivocas, todo se puede cambiar.

Solo hay que quererlo.

Eres joven. Tienes hermanos, hermanas, tu madre vive,

puedes volver con tu familia.

O encontrar un hombre que te quiera, ¿me oyes?

Un hombre que te quiera de verdad.

Construir una casa, vivir de otra forma.

¿Por qué me hablas así?

Diciéndome esas cosas tan bonitas, ¿por qué?

¿Es que quieres follar?

No...

Perdón, perdóname.

(Música)

No quería ofenderte. Está bien.

Eres un buen hombre, tienes un buen corazón.

(Música)

¿Qué haces?

Creía que tú también...

Has dicho que todos podemos cambiar. Vete, por favor.

Quiero que te vayas.

Quiero que te vayas, vete, vete.

Vete, vete, ¡vete!

(Música)

(SUSPIRA)

(Conversaciones superpuestas)

Buenos días. Buenos días, padre Casaldàliga.

Esto es el futuro, padre.

Necesitamos grandes pastos porque queremos exportar carne

a todo el mundo.

Tenemos 50 000 cabezas de ganado

pero en Estados Unidos hay "fazendas" con 100 000 cabezas, 200 000.

Si queremos competir,

debemos tener "fazendas" más grandes y más modernas.

Pero, ¿a cualquier precio? (RÍE) El progreso se impone.

Son necesarios algunos sacrificios

pero intentaremos que sean los menos posibles.

He estado con los "posseiros" y parece que hay un desacuerdo

sobre las tierras. Gracias.

Hay gente que cree que porque no tiene nada

puede coger lo de los demás.

No me lo han contado así. ¿Quién? ¿El cura francés?

(RÍE) Ya sabe cómo son los franceses, se creen los dueños del mundo.

Este es el título de propiedad de la Doña Isabel,

era de mi bisabuelo.

Puede ver que los límites de la Fazenda llegan hasta el río.

Pero hay una valla. Sí,

la puso mi padre, pero eso no significa nada.

Llegará un día en que la Fazenda se expandirá y la valla deberá caer

pero, ¿sabe? Quiero que me entienda,

si dejo que alguien se instale en mis tierras

después no sabré cómo echarlo.

Usted es uno de los "fazendeiros" más respetados de la región,

una especie de líder entre los propietarios,

lo que usted haga sirve de ejemplo para los demás.

(RÍE) No soy líder de nada ni de nadie, padre.

Eso son cosas de los comunistas, usted no será comunista, ¿verdad?

(RÍE) Los comunistas comen niños y matan curas y yo soy cura.

(RÍE) Me encanta su sentido del humor.

El próximo sábado celebraremos un churrasco en casa, está invitado.

Muchas gracias.

Hablábamos de los "posseiros".

Sí, esta "fazenda" es muy grande,

aquí habrá trabajo para todos y bien pagado.

No sé si esos hombres aceptarán su oferta,

están dispuestos a todo para conservar la tierra.

La culpa es del padre Jentel, es un agitador.

Hable con él, convénzale de que deben irse.

A cambio, el sábado le presentaré a mis amigos, son gente influyente.

Quizá podrían construirle una escuela o un hospital.

No sé si vendré. No sé si me sentiría cómodo.

(RÍE) No me malinterprete,

le he invitado como cura para que diga una misa, si no quiere,

no hace falta que después se quede en la fiesta.

-El Gobierno militar los protege y hacen lo que quieren.

Escriben su nombre en un pergamino, lo ponen en una jaula con grillos

y, gracias a los excrementos, el papel parece muy antiguo.

Te han enseñado un documento falso, créeme.

Hay que reconocer que es ingenioso.

¿Debo ir a esa fiesta?

No lo sé.

Quiere tenerte de su parte.

Quiere que hagas lo que hace siempre la Iglesia, callar y consentir.

Aún así, puedo negarme a celebrar la Eucaristía.

Durante los primeros meses,

intenté confraternizar con todo el mundo.

(RÍE) Todavía no sabía que la neutralidad es imposible.

Ha escrito que debemos entender

la opción por los pobres clasistamente.

Sí.

¿Por qué no habla solo de amor preferencial por los pobres?

¿Por qué la referencia a la lucha de clases?

Porque el conflicto de clases es real, existe en todas partes.

Incluso el papa ha dicho en más de una ocasión

que los ricos son cada vez más ricos a costa de los pobres,

que son cada vez más pobres,

esto es lo que pasa en América Latina,

es lo que pasa en África

y esto es lo que pasa en Brasil.

Pero esto nos puede llevar a considerar

que un hombre, por el hecho de pertenecer al mundo de los ricos,

ya es un enemigo de clase al que hay que combatir.

No. No, no. El Evangelio también es para ellos

pero va en contra de su riqueza, en contra de sus privilegios

y de su capacidad de explotar, dominar y oprimir.

El país no puede permitírselo.

-Padre Casaldàliga, venga.

Le presentaré a unos amigos.

El señor Barreto. Encantado.

Encantado. -Y el señor Miranda.

-Gracias por una ceremonia tan particular.

Estamos contentos de tener cura en Sao Félix, ya nos convenía.

Espero que nos ayude a calmar los ánimos de la gente.

A veces, la misión de la Iglesia es justamente la contraria.

Piense que Jesucristo fue un revolucionario.

Veo que han vuelto a mandarnos un cura comunista.

Me parece que están algo obsesionados con el comunismo.

Padre Casaldàlia, el señor Marcos, diputado por el Mato Grosso.

Diputado, nuestro sacerdote local. Mucho gusto, diputado.

Me gustaría hablar con usted. ¿Ahora?

Si es posible. No se ofenda,

pero todos quieren hablar conmigo.

Naturalmente, es un hombre importante.

¿De qué quiere hablar?

De Sao Félix, los problemas de la región.

Necesitamos muchas cosas.

El padre Casaldàliga se preocupa mucho por nuestra gente.

-Ya entiendo.

Me gustará oír lo que quiere decirme pero hoy no es un buen día.

Escríbame y pida una reunión.

Si me permiten.

(Piano)

(Conversaciones superpuestas)

-¿Se divierte? No, no he venido a divertirme.

¿A qué ha venido? ¿Solo a decir misa?

Empiezo a hacerme la misma pregunta.

¿Es usted español? De Cataluña.

De un pueblecito muy pequeño, de Balsareny.

¿Qué hace tan lejos de su casa? Sao Félix do Araguaia es mi casa.

Pronto se irá,

aquí no hay nada que valga la pena. Se equivoca,

la gente de este país vale mucho la pena.

¿Qué gente? ¿Las personas que están aquí?

La gente del pueblo.

Gente que llora, que ríe, que canta. Gente que sufre.

Yo me cansé de sufrir. Por eso estás aquí.

Sí.

Y se acabaron las lágrimas, ahora solo río y canto.

-No me diga que está cortejando a mi mujer.

Solo hablábamos.

Soy el coronel Ramalho, responsable de la seguridad de la región.

Tanto gusto y ya que usted es el responsable de la seguridad...

Exacto, de todo el Mato Grosso. Pues en Sao Félix hay trabajo.

(SUSPIRA) Son tiempos difíciles,

hacemos lo que podemos. A veces, no suficiente.

¿Ya se va?

Si he de serle sincero,

no me encuentro muy a gusto en esta fiesta.

¿Ah, no? ¿Y por qué?

Vengo de familia pobre y desde muy pequeño,

el lujo me ha parecido una ofensa.

Pues tendrá que irse acostumbrando porque este debe ser su lugar.

Venga conmigo, le serviré algo de comer.

Muchas gracias pero prefiero salir a tomar un poco el aire.

Como prefiera.

Flavia. -Ya voy.

(VEZ LEJANA) Todos para dentro. ¡Para dentro!

Entrad, muertos de hambre.

Entrad, entrad. Rápido. -Larguémonos.

(RÍEN) Sí, vamos.

(Música)

(Toses)

(Música)

¿Qué hacen aquí estos hombres? Hay una fiesta

y al patrón le molesta que nos vean. Salgamos. Fuera. Salgamos.

Todos fuera. No...

No, el patrón se enfadará.

Hoy comemos y no tenemos que trabajar.

Este hombre está enfermo.

Es mejor que se vaya, padre.

Usted no debería estar aquí.

(Música)

Nada de lo que me dijo era verdad.

Usted... Está en mi casa.

No sé qué le ha exaltado... Ya entiendo su idea de progreso,

ya sé a qué se refería con lo de sacrificios...

Le invité a mi casa para que conociera a mis amigos.

Puede quedarse o puede irse, usted decide.

Amigos, aquí estamos de fiesta, hemos venido a divertirnos.

Enseguida me iré pero antes me gustaría

que todos sus invitados hicieran una visita al granero

donde hace vivir a sus peones como si fueran bestias.

Mis amigos ya conocen las costumbres locales,

aquí las cosas se hacen así, lo entenderá.

¿Cómo quiere que lo entienda? Trabajan para usted

pero son personas, no pueden vivir como animales.

La Iglesia no debe meterse. ¿No? ¿Y qué hay que hacer?

¿Callar y hartarme de comer mientras ellos viven como esclavos?

A usted le toca decir misa, confesar, bautizar y enterrar a los muertos,

del resto de cosas ya nos ocupamos nosotros.

¡Ah! Si se va ahora, tenga cuidado con la tormenta,

no me gustaría que le pasara nada. -Sé que tiene buenas intenciones

pero no podrá cambiar las cosas. Tú cuídate.

No se vaya ahora.

¡Josué! ¡Josué, nos vamos!

¿Qué? ¡Vámonos!

¿Qué ha pasado padre? Sácame de aquí, Josué.

Sácame de aquí.

Espere que deje de llover. Díselo tú.

Habla con él.

Ella tiene razón, no podemos salir con esta lluvia.

¡Vámonos!

Y tú, vuelve a la Fazenda.

¿Qué estás esperando? Vuelve a la Fazenda.

(Música)

Padre, debemos atracar. Vámonos. No, vamos.

Debo atracar, padre. Josué, vamos.

Padre, le recuerdo que quien manda en esta barca soy yo.

(Truenos)

(Música suspense)

Hola. Hola.

¿Aún estás enfadado conmigo?

Lo que te dije lo creo que de verdad,

puedes cambiar de vida, Pedro dice que no hay nadie inútil

y tiene razón, no hay nadie incapaz.

Rosa, yo no soy el hombre que necesitas.

Pero yo quiero que lo seas.

(Música)

¿Por qué habéis salido con este el tiempo?

Pregúntale a él, es muy terco. Venid conmigo.

Pensé que era una buena ocasión para pedir ayuda.

En la fiesta había políticos, gente influyente.

¿Ayuda para peones y "posseiros"?

Creo que todavía no lo ha entendido. Ahora sí. Ahora lo he entendido.

Lo he visto.

Padre, haga lo que haga, las cosas no cambiarán.

Aún así quería darte las gracias.

Ahora, por lo menos, me ha escuchado.

Toma.

Gracias. Poneos esto.

Gracias.

(Cánticos indios)

(Música)

(Risas)

(SUSPIRA)

Pedro.

¿Estás bien? No me pasa nada.

No quieres hablar. No.

Es una lástima que a las mujeres no nos permitan dar la confesión.

Quizá tiene razón Armandao, he de limitarme a decir misa.

¿Eso es lo que crees? Es lo que se espera de un cura.

Ya... ¿pero?

Me cuesta aceptar que la gente se resigne a vivir con miedo.

Me cuesta asumir la impunidad del crimen, la injusticia.

Matar y morir se aceptan con tanta naturalidad

que el abuso, el crimen, son cosas tan cotidianas

que parecen inevitables.

La gente no puede elegir.

No tienen alternativa.

Ven.

(Música y risas)

Mira esos niños.

Mira a sus padres.

¿Ves como sonríen? (ASIENTE)

Esta gente lleva mucho tiempo huyendo.

Cuando llegamos estaban a punto de extinguirse.

Entre ellos tenían la conciencia de que su vida no tenía sentido.

Que su cultura, su lengua, no tenían ningún valor.

Que sus creencias estaban equivocadas.

¿Qué hicisteis? Nada.

Nada, aprender a vivir a ellos, trabajar con ellos, comer lo mismo,

respetar y valorar para que también lo hicieran ellos, para sobrevivir.

¿Convertirles? No, diría que nos hemos convertido nosotras.

Evangelizar... No, no funciona así.

Eso es una imposición que no sirve de nada.

No podemos darles respuestas

pero podemos ayudarles a mantener viva la esperanza.

Y la van recuperando.

Hay más de cien niños en el poblado.

Lo que habéis hecho es maravilloso.

Pedro, Jesús era un hombre humilde,

un campesino que llevaba una vida sencilla, anónima.

Nuestra voluntad es vivir como él, hacer lo mismo que él.

(Música)

(Ladridos)

Daniel, me voy.

Rosa,

no sabría cómo...

No sabría...

Me voy de Sao Félix.

Con tu familia. Sí.

Tienes que intentarlo. Sí.

Rosa, yo... Dentro de unos días me ordenarán sacerdote y...

No lo había hecho nunca.

No sé cómo decirte lo que siento por ti.

No quiero que creas que...

El padre Pedro y tú vinisteis a Sao Félix

para cambiar las cosas.

Cámbialas.

Haz lo que sea necesario pero cámbialas

como me has cambiado a mí.

(Música)

Adiós.

¿Qué me das? Un recuerdo.

Como si no volviéramos a vernos. Seguro que nos veremos.

¿Lo abro ahora? Cuando llegues a casa.

Gracias por todo.

Gracias.

Gracias. Adiós.

-Adiós.

(Motor)

(Música)

(Puerta)

Pensaba que no volvería a verle por mi casa.

Solo he venido a devolverle esto.

¿Por qué? A mí no me sirve de nada, ya se lo dije.

Recuerdo bien lo que me dijo.

Es de mala educación devolver un regalo.

Lo sé.

Padre Casaldàgila,

lo que es mío es mío, no voy a abrir la mano.

Si hay derramamiento de sangre será responsabilidad suya.

Que Dios le perdone.

Este hombre se cree un profeta

y los profetas siempre han sido peligrosos.

Hacen creer a la gente cosas que no son verdad,

¿entiendes lo que digo?

No, tú no sabes ni qué es un profeta, ¿verdad?

-No, solo sé que si un mosquito me pica... lo aplasto.

Lo aprendí de usted.

-Bien aprendido.

Si quiere guerra, la tendrá.

(Motor)

(Música)

Ayer enterramos a otro "posseiro", le encontramos muerto en el río.

No sabemos quién es, no sabemos su nombre.

No sabemos si amó, si sufrió.

Pero no es un desconocido porque Dios es también su padre.

Me arrodillé a su lado

y giré su cara en dirección a la Fazenda.

Os pido perdón si no respeté vuestras costumbres.

Nuestro hermano descansa mirando a la Fazenda,

acusándola porque ella es la responsable de su muerte.

A partir de hoy, no seremos nunca más sus amigos,

no iremos nunca más a sus fiestas, no aceptaremos sus regalos,

evitaremos su compañía y sus sonrisas,

no subiremos más a sus coches y no les saludaremos.

No nos avergonzaremos nunca de nuestra pobreza

y haremos que ellos se avergüencen de su riqueza.

No aceptaré nunca las leyes que convierten al pueblo en rebaño

y al Gobierno en carnicero.

Os digo que el orden es el mal

y que el progreso es mentira.

Cuando uno de vosotros sufre un abuso

es Jesús quien sufre ese abuso.

Que cuando roban las tierras también se las roban a Jesús.

Si me acusan de subversivo diré que sí, lo soy,

porque a partir de hoy y para siempre

viviré en lucha por mi pueblo.

Hemos preparado este documento para usted,

queremos que lo firme.

Antes tendré que leerlo. Naturalmente.

Gracias.

Claro que si lo hace sin haberlo leído,

el papa lo interpretará como un acto de buena voluntad.

¿Cuándo le veré?

Después de firmar el documento,

no queremos que su encuentro sea malinterpretado

ni utilizado por nadie.

Léalo y procure tomar la decisión correcta.

(Música)

Descalzo sobre la tierra roja - Capítulo 1

06 dic 2017

Julio de 1968. Pedro Casaldàliga, un misionero de cuarenta años, llega a Brasil acompañado de Daniel, su ayudante, aun no ordenado sacerdote. La misión está en São Félix do Araguaia en una región habitada por pueblos indios y pobres campesinos que trabajan la tierra con sus manos.

Contenido disponible hasta el 30 de noviembre de 2063.

Histórico de emisiones:
09/09/2014

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