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Para todos los públicos Desafía tu mente - 29/08/16 - ver ahora
Transcripción completa

Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están?

Les hablaremos de percepción, como pueden ver tengo dos ojos,

igual que la mayoría de la gente. E igual que la mayoría de la gente,

nuestros dos ojos en ocasiones nos engañan.

Y hoy se lo vamos a demostrar.

(Música intro)

Hoy tenemos un programa de altura y lo van a comprobar,

pero no se fíen, porque no todo lo que vemos es lo que parece.

Super complicado.

Tiramos de imaginación para dar sentido

a un baile de figuras geométricas.

y apelamos a su generosidad para intentar ayudar a los demás.

Hoy las apariencias nos engañan en Desafía tu mente.

Debo confesar que no soy muy alto, mido sobre un metro setenta,

pero la buena noticia es que nuestro invitado de hoy

es bastante más pequeño que yo, es muy chiquitín.

¿Qué tal, pequeñín? ¿Cómo estás?

No hemos encogido al personaje, ni hemos hecho ningún truco de magia,

es realmente así y le voy a pedir que venga.

Les presento a Fernando, por favor, ven cuando quieras.

(Música graciosa)

Volvemos a la cruda realidad. (RÍEN)

Fernando Romay, ¿qué tal? Muy bien.

Oye, te aseguro que hace un instante eras muchísimo más pequeño que yo.

Anda ya, venga, hombre. Tengo testigos, porque toda la gente

cuando vemos a través de una pantalla de televisión este efecto,

que se llama la silla de Beuchet,

estamos convencidos de que eres más pequeño.

De hecho, creo que te sentías como yo ahora mismo. (RÍEN)

Pequeñito.

Sí, ¿no? La verdad es que veía ahí arriba y tal. Qué va.

Mira a la gente como la hemos engañado

con este efecto óptico que demuestra que a veces lo que percibimos

no es exactamente real. A ver.

(Música alegre)

Como no esperamos que la silla tenga un respaldo enorme y patas normales,

el cerebro junta las piezas en una realidad alternativa,

con lo cual, todo parece diminuto.

La silla de Beuchet muestra como el cerebro usa la perspectiva

para ajustar constantemente cómo percibimos la realidad diaria.

El cerebro lo hace tan eficazmente,

que asume cosas sobre el mundo que nos rodea

que simplemente no son correctas.

(Música alegre)

Han visto cómo las imágenes pueden crear un pequeño caos en el cerebro.

Somos capaces de ver cosas donde no hay nada,

ya sea por un ángulo engañoso de la cámara, una perspectiva forzada

o un truco de luz y sombra.

El cambio mínimo en la perspectiva

puede causar que su cerebro saque conclusiones falsas.

Pero vamos a reforzar esta teoría con otra imagen

que va a provocar de nuevo un gran conflicto en su cerebro.

Nos vamos ahora al desierto.

En esta superficie abrasadora, las ilusiones de la luz y las sombras

deforman la perspectiva de su cerebro de la realidad.

Para explicarlo mejor haremos un juego.

Les vamos a mostrar esta fotografía.

-Camellos, camellos. Sí. -Camellos.

Pavos reales en un desierto.

Se ve como una especie de escorpión de fondo, naranja.

Camellos y flamencos en un desierto.

Seguro que están viendo camellos negros, ¿verdad?

Voy a cambiar de opinión, creo que es lo que ha dicho uno al principio

que son camellos que debajo de ellos hay tortugas.

Hay un escorpión, que es lo que tú crees.

(HABLAN INDISTINTAMENTE)

Un delfín o un tiburón o algo así, no sé.

-Camellos. -Son camellos y algo más, ¿no? (RÍE)

Pues veo camellos y un escorpión, pero hecho con la tierra.

¿Cómo lo vieron en sus casas?

Seguro que siguen pensando que son camellos,

pero en realidad lo que están viendo son las sombras de los camellos.

Esta foto es un ejemplo perfecto de cómo su cerebro

hace juicios fáciles sobre la perspectiva.

Ah, vale sí, son tortugas, sí. Que sí, que sí, que son tortugas.

-Mira el cuarto por ahí por abajo. -¿Y la sombra de los camellos?

Su cerebro tiene la tendencia a asumir que lo que está mirando

debe estar al nivel de sus ojos.

Si han visto alguna vez un camello, solo lo han visto desde un ángulo.

Lo han visto desde el suelo, no desde el cielo.

Son unos camellos vistos desde arriba y se ve la sombra hacia delante.

Yo igual, vistos desde arriba los camellos

y la sombra hecha por el sol desde esta zona de aquí.

Por eso, puede que hayan confundido las sombras con los camellos reales.

Pero vamos a pararnos un segundo para analizarlo más de cerca.

Esto se hace para que su cerebro

haga lo que los científicos llaman rotación mental.

Es la forma que tiene su cerebro de crear una imagen tridimensional

de lo que están viendo. Y luego, mentalmente,

cambian el ángulo para darle un mejor punto de vista.

(Música alegre)

Les vamos a mostrar ahora una serie de fotografías de objetos de cosas

que encontramos en nuestra vida cotidiana

y que nuestro cerebro asocia con los rasgos de un rostro.

¿Quién no ha visto alguna vez una cara en una nube en el cielo

o en un coche, o en cualquier otro sitio?

Pues bien, esto recibe el nombre de Pareidolia,

un fenómeno psicológico que consiste en que podamos percibir

una figura humana o un rostro en diferentes sitios.

Somos capaces de ver formas,

caras, rostros,

donde, curiosamente, no los hay.

Fernando, para la siguiente prueba creo que no hay ninguna complicación,

es todo muy sencillo. Te voy a pasar esta tableta.

Se trata de que lo pongas en marcha

y al mismo tiempo que ustedes en sus casas,

nos comentes lo que te sugieren las imágenes que vas a ver.

Perfect. Ponlo en marcha.

Em, aquí. Ahí.

(Música alegre)

(Choque)

Chupado. Chupado. ¿Qué has visto?

A ver, bajito de azul, viene con la pelota,

yo estoy en clase y digo: "Uy, mira, me bajo al recreo a jugar con eso."

Voy a jugar al recreo y el tío: "Anda, déjame jugar."

"Que no te voy a dejar jugar." "Ala, pues me llevo tu pelota."

Me llevo la pelota a clase.

Y al final viene y dice: "Eh, chaval, no sé qué, eh, eh."

Y al final, pues eso, salgo corriendo detrás de él,

sale escopetado y la pelota hace lo que quiere.

Bueno, pues es una versión. ¿Qué han visto ustedes?

¿Han visto la misma historia que Fernando

o han inventado una diferente? ¿Qué han pensado en sus casas?

(DUDANDO) El triangulo rojo

tenía ganas de fiesta, ¿no? Parece ser.

No sé, como si fueran parte de la misma familia o mismo círculo.

Em, no lo entiendo muy bien.

El otro aprovecha las circunstancias para encerrarse.

El rojo, que era el grande, salió de la casa y como que atacó,

primero todos atacaban a la bola amarilla, ¿no?

Consigue abrir una puerta, sale.

Persecución.

Es como que alguien tiene el poder.

-Super complicado. -Sí.

Es como que dentro de una habitación están discutiendo dos figuras iguales

y la otra figura, como es diferente, no entra mucho en sí.

O sea, creo que al final el rojo era

el que estaba en el cotarro, moviendo el cotarro.

Es como si el triangulo rojo fuera en contra del círculo

y el azul pequeño lo defendiera.

Pues ya le he buscado la lógica, una lucha, no sé.

Esos dos están muy violentos.

Lo que no entiendo muy bien es por qué el triangulo mayor

entra dentro de digamos la casita.

El rojo es el que quizás es más agresivo, parece.

Piénsenlo detenidamente.

Lo que verdaderamente les hemos mostrado,

es un conjunto de formas moviéndose de acá para allá de manera aleatoria.

Sin embargo, el hecho de que su cerebro haya atribuido

características humanas a este baile de figuras

y el relato sobre enfrentamientos, villanos y héroes,

no es más que el fruto de su cerebro compasivo.

El juego que acabamos de ver fue creado para comprobar

cómo el cerebro crea una historia de sucesos aleatorios,

los psicólogos se han dado cuenta de que además sirve para corroborar

que la mayoría de nosotros tiende a compadecerse de los demás.

Ahora les voy a pedir que observen esta imagen unos segundos.

¿Me pueden decir qué ven?

¿Ven los demonios o tal vez los ángeles?

¿O es posible que hayan visto a los demonios y a los ángeles?

Si es así, ¿me pueden decir a quiénes han visto primero?

No se sientan mal si no vieron a los ángeles enseguida,

eso no quiere decir que ustedes sean malas personas.

Más de la mitad de los que lo intentan

ve a los demonios primero y una cuarta parte

incluso tiene problemas para distinguir a los ángeles.

Murciélagos dando vueltas en un círculo.

-Yo veo demonios. (RÍE) -Yo veo ángeles.

Murciélagos.

Un montón de triangulitos.

Solo, pequeños animalillos arriba y abajo, dados la vuelta.

Si lo dejas así un poco, murciélagos.

Ostras, si te digo que veo un cisne, ¿qué me dices? (RÍEN)

-Que no. -Un cisne ahí, te lo prometo.

Ay, sí, veo angelitos. Ahora veo un montón de angelitos y murciélagos.

Murciélagos, muchas Vírgenes, también, o señoras con alas.

-Murciélagos, con una cara como de... -De malos, sí.

Si pero fantasioso, te quiero decir.

No como real, sino como si fuera un personaje ficticio, de tele.

-Eso es una chica boca abajo. -Claro, los ángeles.

Una, otra y otra. Y luego minis.

Parecen Vírgenes.

Como ángeles y demonios, yo a esto lo llamaría Ángeles y demonios.

Si les ha costado ver a los ángeles, eso no quiere decir

que se hayan inclinado por el demonio que todos llevamos dentro.

¿Está el cerebro diseñado para ser buena persona o mala persona?

¿Para ser compasivo y generoso o para ser egoísta?

Vamos a acercarnos a la respuesta con el siguiente ejemplo,

pero adelanto que en el mundo de hoy la empatía es una materia prima

que escasea.

Imagínense que una de estas personas necesita que la ayuden.

¿A quién de las dos ofrecerían asistencia con mayor probabilidad?

Opción A, una joven simpática.

Opción B, el amable motero del barrio, Manolo el Calavera.

Yo estoy convencido que en sus casas el 99,9% de la gente

ha tomado la misma decisión. Sí.

La primera persona. La que tomé yo.

¿A quién defenderías? Yo, a ver,

es que la chica no necesita ayuda. (RÍE)

O sea, la chica está muy mona, muy sonriente,

en cambio el otro tiene un rictus de "me está pasando algo",

mirad cómo hace con el morro.

Indudablemente, quién necesita ayuda es el feo,

Manolo el Calavera, yo lo ayudaría.

A ella no, ella está "qué mona soy, qué tipo tengo y tal" y cosas así.

El 0,1% que decía debes ser tú.

Sí. Lo soy yo, ¿qué pasa? Me mola Manolo el Calavera,

me recuerda a Carles Ruf, mi compañero, o sea,

que tiene la misma pinta de feo.

Imagínate una imagen de peligro real en el que estén estas dos personas.

No, hombre, indudablemente te irías a por ella.

¿Por qué? Porque teóricamente es más desvalida,

pero en este momento, por la cara, por el rictus que tiene,

de verdad yo me iría a ayudarle a él.

Vamos a cambiar a los protagonistas.

Va a desaparecer la chica, mantenemos a Manolo el Calavera,

hay que optar entre defender primero a Manolo el Calavera

o a este hombre, un alienígena. Mira.

Si se enfrentan a una criatura de otro planeta,

Manolo ya no parece una opción tan terrible, ¿verdad?

Entonces, ¿qué ha pasado?

Difícil, es que sigue siendo más feo Manolo el Calavera.

O sea, yo lo veo muy feo y lo veo muy necesitado.

El alienígena, total, ¿qué te va a hacer?

¿Qué te va a hacer? ¿Nada? ¿Nada?

El alienígena tiene cierto parecido, a mí no me gusta criticar.

(RÍEN)

Pedazo, ¿han visto? Qué pedazo de mala persona. (RÍE)

¿Defenderías a Manolo? A Manolo el Calavera. Yo le ayudaría.

Estoy convencido de que todos ustedes defenderían a Manolo el Calavera

antes que al alienígena. ¿Sabes por qué?

Porque el cerebro está acostumbrado a alinearse con las personas

que son más parecidas a nosotros, e inspiran más confianza.

Manolo el Calavera, joder. (RÍE) Está claro.

La chica guapa no, mírenme.

La chica guapa no. (RÍE)

Bueno, pues como pueden ver, Fernando es la excepción siempre a la regla.

Fernando, tú sí que eres un alienígena.

Tú y los de tu generación

que hicisteis cambiar el baloncesto,

que es hoy lo que es gracias a vuestros pasos.

Muchas gracias y gracias a gente como tú que nos permite divertirnos

y hacer lo que hacíamos antes, jugar al baloncesto

divirtiendo a la gente y haciendo pensar. Enhorabuena.

Lo que hemos conseguido es demostrar también que el tamaño

no es tan importante, que todo depende de la percepción.

Eso siempre lo dicen los bajitos. (RÍEN)

Ahora quiero que miren esta imagen y díganme qué ven.

¿No les recuerda a alguien?

Voy a darles una pista.

Están escuchando a esa persona.

Se parece a una fotografía de la mitad de mi cara, ¿verdad?

La pregunta es, ¿qué mitad de la cara creen que están viendo?

Muchos pensarán que en la foto estoy mirando al objetivo,

pero a mi cara le falta la otra mitad.

¿Qué ocurre si les digo que se fijen en la punta de mi nariz?

Entonces parece que la foto está de perfil

y es esta mitad la que falta.

En realidad, lo que hemos hecho es cambiar su atención.

La mitad de mi cara ha pasado de mirarles directamente

a mirar hacia la izquierda.

Los científicos creen que ocurre

porque el hemisferio derecho de su cerebro

observa el panorama general.

Por eso pensaban que les estaba mirando directamente.

En cambio, el hemisferio izquierdo abre otras posibilidades,

lo que cambia su perspectiva completamente.

Vamos ahora a saber cómo reaccionamos ante el miedo.

Hay una parte del cerebro llamada amígdala,

que es la centinela de las emociones.

Su trabajo es supervisar la información de los sentidos

en busca de señales de peligro.

La amígdala es como los detectores de humo de nuestras casas.

Puede estar inactiva durante largos períodos de tiempo,

pero cuando nos enfrentamos a una situación peligrosa,

da la señal de alarma.

Los creadores de las pelis de terror saben cómo activar la amígdala.

Pongamos un ejemplo, observen la siguiente escena.

(Música tranquila) (Pájaro cantando)

(Hacha)

(Pájaros)

(Música tranquila)

¿Se han asustado? Probablemente no.

A menos que encuentren terrorífico hacer ejercicio físico,

pero no se relajen porque ahora vamos a ver la misma escena

aunque vamos a cambiar algo.

(Música misteriosa)

(Cuervo)

(Hacha)

(Música misteriosa intensa)

¿Qué opinan ahora?

La escena parece que da mucho más miedo, ¿no?

¿Por qué al cambiar la música y los efectos de sonido

cambia toda la atmósfera de la escena?

La música puede transformar un objeto encantador

en algo amenazante.

En algo tan básico como la música,

se puede activar el detectar en el cerebro

para prevenirnos ante algo terrorífico.

(Música misteriosa intensa)

Vamos con otro juego, echen en casa un vistazo

a estos seis puntos de colores que ven en sus pantallas.

Se mueven en círculo, ¿verdad?

Ahora quiero que se centren solo en un punto, por ejemplo, en el azul.

¿Ven el punto azul?

¿Qué ven ahora?

¿Se mueve el azul en una línea recta de ida y vuelta junto a la pantalla?

Ahora vamos a comprobar qué hace el punto rojo.

¿Se mueve también en línea recta? No hemos cambiado nada.

Entonces, ¿cómo pueden los puntos

moverse de dos maneras diferentes al mismo tiempo?

No se preocupen, se lo vamos a resolver.

Les voy a pedir que miren solo al amarillo.

Si quitamos todos los otros puntos vemos que el amarillo no gira,

va arriba y abajo en una línea recta.

Si los volvemos a poner todos,

los puntos empiezan a girar en un círculo de nuevo.

Resulta extraño, ¿verdad?

De hecho, si añadimos unas líneas a nuestra imagen

podrán ver claramente que todos se mueven en línea recta.

¿Qué sucede en esta prueba?

Sucede que su cerebro no puede tomar

los seis caminos individuales de cada punto al mismo tiempo,

por eso los compone todos en un movimiento único y ustedes

pues al final, ven un círculo giratorio.

Cuando hay una sobrecarga de información,

el cerebro nos lleva siempre por el mal camino.

Comprobaremos cómo nuestro cerebro analiza y procesa

toda la información que recibe a través de sus ojos

y para ello tengo en mi mano este círculo, un círculo de papel,

es decir, es bidimensional, solo tiene dos dimensiones,

y también tengo este cubo de metal,

que es una estructura metálica en tres dimensiones.

Lo que pasa a veces es que nuestro cerebro nos engaña,

hace que veamos el mundo que nos rodea de una forma

que no es exactamente la real.

Entonces ocurre que ese círculo bidimensional plano que era de papel,

se convierte en una pelota tridimensional

y que el cubo tridimensional

de repente se convierte en una estructura

que es bidimensional, solo tiene dos dimensiones.

¿Quieren saber cómo les engañamos con este truco?

Es sencillo, todo tiene que ver con el ángulo de la cámara,

la perspectiva que tienen es solo una,

así que no tienen más remedio que verlo desde ese punto,

todo lo que hemos hecho ha sido jugar y engañarles.

Mientras me agachaba a por el cubo, me dieron la pelota real

y luego un miembro del equipo retiró el cubo, así de sencillo.

No todo depende de los ojos con que se miran las cosas,

también depende de la perspectiva.

Hay un cisne ahí, te lo prometo. Ahí, ¿ves? En plan, de frente.

Mira, bueno, hay que tener imaginación, a lo mejor solo soy yo.

Vale, que no, que no, que no. (RÍE)

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Desafía tu mente - 29/08/16

29 ago 2016

¿Cómo es posible que Fernando Romay, 2 metros 13 centímetros de altura, parezca más pequeño que Antonio Lobato, con 1 metro 70 centímetros? Lo comprobamos con el efecto óptico de la silla de Beuchet.

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