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Para todos los públicos Desafía tu mente - 05/10/16 - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Hoy tenemos un programa de alta cocina.

Hemos preparado un menú que espero les sea delicioso.

Les vamos a demostrar que normalmente comemos con la boca,

que, como decían nuestras abuelas, muchas veces comemos por los ojos,

pero al final van a descubrir que el que nos hace comer lo que sea

es nuestro cerebro.

(Música cabecera)

(Música)

Si tienen buen apetito, quédense con nosotros

porque hoy les invitamos a degustar un programa cargado de sabor.

Vamos a comprobar si nuestros ojos nos abren o nos cierran el estómago.

¡Tengo mucha hambre!

Les hemos preparado un postre dulzón al gusto

pero poco agraciado para la vista.

¡Guau!

Comprobaremos cómo reacciona nuestro cerebro ante la comida.

Nos vamos a llevar muchas sorpresas, aquí, en "Desafía tu mente".

(RÍEN)

(Música)

Seguro que alguna vez, viendo una película,

vieron que el protagonista, que está bebiendo una copa de vino,

en la misma escena esa copa de vino

pasa de estar llena a vacía a llena otra vez.

O a lo mejor una actriz que le cambia el estilismo

también dentro de la misma escena.

El pelo o una gargantilla que unas veces lleva y otras no.

Esto se llama "fallos de continuidad".

O "fallos de raccord".

Hay que tener mucho cuidado para no cometerlos

porque la escena es un desastre si se cometen.

(Música)

Uno de los fallos de continuidad más habituales

tienen que ver con la bebida y la comida

porque los actores, durante las escenas, comen y beben,

y luego igualar las cantidades de los vasos y de los platos

es realmente complicado.

Así que hay que tener muchísimo cuidado.

A su salud.

Vamos a comenzar con una escena en un restaurante.

Quiero que estén muy atentos a los comensales que tengo detrás

porque vamos a cometer muchos fallos de continuidad.

Muchos fallos de raccord.

Estén atentos a los platos, los vasos, la comida y la bebida.

¿Están preparados en sus casas?

Pues luces, cámara, ¡acción!

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.

Sí, ahora estoy en TVE.

Pero sigues igual de directo, ¿no?

Es que estoy en "España directo".

Siempre me han gustado los hombres directos.

Mira por dónde que creo que no hablamos de lo mismo.

Sí, es verdad.

En realidad no te conocía hasta que me he sentado aquí.

-Yo soy Esther. -Yo soy Roberto.

-Encantado. Un beso. -Encantada.

¡Corten!

En realidad es mi compañero Roberto Leal.

Encantado. Encantado, Antonio.

¿Un besito o no? Si quieres te lo doy.

Me das la mano, te lo doy. ¿Te ha pasado alguna vez algo así?

Alguna vez me ha pasado, pero esta ha sido especial.

(RÍEN)

Vamos a volver a la prueba.

No sé si en sus casas han estado atentos a todos los cambios.

Se han puesto las botas, de comida y bebida,

los cambios en la mesa.

¿Los han contado todos? ¿Se les ha escapado alguno?

¿Qué tal les ha ido?

Vamos a hacer un repaso de todos los cambios,

y para ellos vamos a retroceder en el tiempo.

Esther comenzó con una deliciosa ensalada

y después se transformó en un filete de emperador con guarnición.

Pero luego su plato se quedó vacío,

y por arte de magia apareció una porción de tarta.

En un principio Roberto tenía unos espárragos con mayonesa.

Y de repente, se cambiaron por un filete con patatas

que se convirtió en un trozo de pastel,

que además, después, terminó reducido a la mitad.

Seguramente se dieron cuenta de la mayoría de estos cambios,

porque fueron todos en los platos.

Pero ¿prestaron atención a la otra docena de cambios?

Mientras estaban atentos al cambio de platos

nuestro equipo también alteró el vestuario de los comensales.

Primero, Esther llevaba una blusa blanca

con un colgante y gafas.

Pero las gafas y el colgante desaparecieron.

Se cambió la camisa por una roja.

Y luego apareció con una coleta, un reloj dorado,

y la blusa ya no era ni blanca ni roja, era verde.

En cambio Roberto comenzó la velada con un polo color coral

para luego ponerse una chaqueta gris.

En el siguiente plano apareció con una camisa también gris,

y finalmente se puso una corbata oscura.

Pero aquí no termina todo.

Qué va, sus bebidas también sufrieron un cambio.

El contenido de sus vasos cambió.

Incluso en alguna ocasión las copas llegaron a estar vacías.

La pregunta no es:

"¿Cómo no ver algo que estaba delante?".

La realidad es que nosotros les retamos

a que focalizasen su atención en una sola cosa:

El cambio de comida.

Pero lo cierto es que en la escena los cambios eran constantes.

Lo único que debían hacer era prestar atención

a todo lo que pasaba en su entorno.

Aunque es algo que se puede desarrollar,

nuestra atención es más involuntaria que voluntaria.

Es decir, salta de un sitio a otro de forma dispersa

y es bastante caprichosa, ya que le resulta más cómodo

centrarse en lo que le gusta que en lo que no.

(Música)

Ya estamos preparados.

Roberto, mira qué bodegón. No esperaba menos de ti.

Planchadito y perfecto el mantelito.

Me he tirado media hora.

A juego con el entorno, como tiene que ser.

Bueno, bodegón con un producto que no se consume habitualmente.

Ya. Caviar.

Tenemos caviar de dos precios:

Caviar de dos euros y caviar de pata negra.

Ahí se nota que producción se ha gastado el dinero.

Si yo te dijera que solo puedes probar uno...

Ajá.

¿Cuál de los dos probarías? Yo creo que está claro.

Mi madre me enseñó: "Cuando te den, tú a lo más caro siempre, niño".

Yo me iría a ese seguro.

Aparte, veo que le habéis puesto un poquito menos. Ese es más caro.

(RÍE) Me voy a por el caro.

Pues mira... ¿Lo puedo probar?

Como soy un tío muy estirado... ¿Ah, sí?

...te dejo probar los dos y me comparas.

¿Una cucharadita pequeña? Depende del hambre que tengas.

No he desayunado bien.

Está bueno. Está bueno, ¿eh?

Bastante bueno. Nos ha fastidiado.

¡Hombre, claro! Tonto eres tú.

¿Pruebo el otro ahora? Pruébalo a ver.

¿Qué te parece?

Lo mismo se me ha quedado la lengua dormida

con el sabor tan intenso del primero.

¿Puedo probar un poquito más?

(RÍE) Espera, espera.

Trata de... Bebe un poquito de vino.

Mira, tenemos vino de 45 euros... Bien.

...y vino de cinco euros. Yo gasto más el de 45.

¿Sí? Sí.

Pues enjuágate un poco la boca.

Así ahora puedes notar la diferencia sutil que hay...

La diferencia importante que hay entre los dos.

Redondo en boca. ¿Ah, sí?

Bueno. ¿Sí?

¿Qué tal están los taninos? Los taninos, vamos...

Me están haciendo un juego en la lengua... ¿Puedo?

Tú te dedicaste muchos años, de reportero, a hacer cocina.

Cinco años cocinando.

La gente cree que sé cocinar, y no.

Yo molestaba al cocinero y luego me comía los platos,

pero no cocinaba.

Pero a la hora de probar sí que entiendo, de cocinar menos.

Prueba, este es el de cinco euros.

Que no está mal, un vino de cinco euros... cuidado.

Hay vinos muy buenos por cinco euros.

Yo me quedaría con este y con el vino este, Antonio.

Te quedas con el caviar de 275 y el vino de 45.

Si tú me dejas quedarme con esos,

me quedo con este caviar y este vino.

Eres nuestro invitado, tú mandas. Pues ya está.

Pero te haré una pregunta: Si ahora aquí en la calle

le preguntamos a la gente cuál elegiría,

¿haría lo mismo que tú? Yo creo que coincidirían conmigo.

Si yo te dijera "prueba uno", ¿cuál probarías?

(HOMBRE) Evidentemente, este. Hay que empezar por el bueno.

Bueno, no sé qué decirte. Se tiene que empezar por lo peor

para ir ganando posiciones. Pero en este caso...

Venga, da lo mismo el orden de los factores.

¿Qué tal? Bien, ¿no? Bien, rico.

Ahora puedes probar el de dos euros.

-Se nota. -¿Se nota?

-Mucho mejor este. (ROBER) -¿Qué notas?

Este es más gordito, estalla más en la boca,

te llena más de sabor.

Este es más chiquitito, no tiene un sabor intenso.

Es otra cosa.

(ROBERTO) No te cortes.

(ROBERTO) Ahí.

Lo saborea, ¿eh? Sí, sí.

-Sí, es muy rico. -¿Rico?

Sí.

Prueba el de dos euros, el barato.

Pero también este.

También está bueno, pero... ¿Si tuvieras que elegir?

Pues este me parece con más sal.

(ROBERTO) Más intenso el sabor. Claro.

-No sé. -Es tu elección.

Vale, vamos con el vino.

Tenemos un vino de 45 euros y uno de cinco.

Quiero que los pruebes y me digas cuál te gusta más

y con cuál te quedarías.

Unas tapitas de queso... Ahora, cuando terminemos.

Hum... no.

-Este. (ROBERTO) -¿Te gusta más este?

El vino lo noto más. Soy de Valladolid y noto más el vino.

-¿Se quedaría con el de 45 euros? (HOMBRE) -Por supuesto.

-¿Te quedas con este? -Sí.

Me gusta más el de 45 euros.

¡Puf! Cuántas cosas estoy aprendiendo en este programa.

Con la gente, ¿no?

Contigo, con la gente, con todo el mundo.

Sacas conclusiones muy interesantes.

Tú dijiste que te gustó más el caviar de 275 euros

y el vino de 45.

He notado el sabor un poco más intenso.

Será que directamente me he dejado llevar. ¿O no?

Es más intenso, ¿no? Sí.

Si yo te digo que tanto el caviar como el vino

han salido de la misma lata y de la misma botella...

Este caviar y este son exactamente el mismo.

Además, es el barato, el de dos euros.

O sea, que no cuesta 275. Es sucedáneo de caviar.

Y el vino es el mismo, un vino de cinco euros,

pero hay vinos de cinco euros que son buenísimos en España.

¿Cómo te quedas? Pues muy bien.

Delante de toda España me has retratado, gracias.

(RÍEN)

Pero a mí, sinceramente, este me ha sabido mejor.

O eso pensaba yo.

Como decían nuestras abuelas:

"Comemos más por los ojos que por la boca".

Está claro. Comimos por los ojos del precio.

Uno se tira de cabeza a lo más caro siempre.

Por lo menos yo, vamos.

Incluso te dejas llevar, piensas que sabe mejor.

Y no sabe mejor, es exactamente el mismo producto.

Sobre todo si es regalado. Si tengo que comprarlo, compro este.

Si es regalado, pruebo ese.

(RÍEN) ¡Hombre, por favor!

Eso está más que claro.

Vamos a jugar ahora en casa.

Imagínense que están en su restaurante italiano favorito

y que tienen bastante hambre.

¿Cuál de estos dos platos de pasta se tomarían?

Es probable que al estar hambrientos se queden con el de la izquierda.

O quizá no les apetezca comer tanto.

En este caso es posible que eligiesen el de la derecha.

¿Con cuál de los dos se han quedado?

Pues les vamos a desvelar, quizá con gran sorpresa para ustedes

que da igual el plato que elijan,

porque van a consumir la misma cantidad de calorías

y su estómago se va a llenar por igual.

Pero no es su estómago el que les está engañando,

es su cerebro.

El tamaño de los platos ha engañado a su cerebro

y le ha hecho creer que había más comida en el plato pequeño

y menos en el grande.

De hecho usar platos de menor tamaño para hacerte creer que menos es más

es un consejo común en varias dietas.

(Música)

Vamos a hablarles ahora del aspecto de la comida.

Si les gustan las hamburguesas

será difícil que le digan que no a una de estas,

con un aspecto tan apetitoso.

Nosotros vamos a salir a la calle.

Vamos a ofrecer unas hamburguesas muy coloridas

a nuestro invitado de hoy, Roberto Leal,

y a nuestros voluntarios.

Vamos a ver si les apetece.

(Música)

¡Hum! ¡Qué olor! ¡Qué rico!

Pero vamos, ¡rico de verdad! Sí, coloridas son.

Te gustan las hamburguesas, ¿no? Me encantan. Las hamburguesas.

La hamburguesa de "Avatar", de los "Pitufos",

y estas, que no sé dónde las has buscado...

Te aseguro que estas hamburguesas son normales y corrientes.

Están hechas con carne picada y con un colorante vegetal

que le da este colorido púrpura,

azul, morado, amarillo verdoso.

¿Saben a lo mismo que una normal? Saben exactamente igual.

Pero ¿tú te las comerías? Yo no me las comería.

Me comería el queso, me comería el pan,

y la hamburguesa ahí para quien la quiera.

¿Odias a las hamburguesas azules? Es que yo soy un clásico,

me gustan las hamburguesas de toda la vida en blanco y negro.

¿Tú crees que si preguntamos a la gente en la calle

cuál de ellas se comería, alguien se comería alguna?

Tengo mis dudas, pero para eso está la calle.

Al final somos todos de costumbres.

¿Por qué no nos podemos comer una hamburguesa azul?

Vamos a intentarlo.

(Música)

-Hombre... -La verdad es que no.

Muy buena pinta no tiene. Esta es azul, amarilla...

No sé.

¿De las cinco hamburguesas? No sé, bueno...

No tienen muy buena pinta.

Es muy oscura.

Tiene cositas verdecitas.

Estas las veo, para hamburguesas, demasiado negras.

Para mi gusto, ojo.

Esta está dentro de lo normal.

Y estas, bueno, parece que están menos hechas.

Ni la azul, ni esta. Esta, bueno.

Pero las demás no las probaría.

Si lo vemos hacer, a lo mejor, pero así...

Yo no.

La más normal puede ser esa,

pero tampoco me la comería con agrado.

Tengo mucha hambre, pero...

Estas tienen un color... Por lo menos esas.

Esto no es carne, me estáis tomando el pelo.

(OLFATEA)

No.

Pues estoy desolado. Sí, me han roto el corazón.

Nadie ha querido probar mis hamburguesas de colores.

Pero esto es muy fácil.

Tú que has viajado tanto por el mundo,

y habrás probado tantas cosas raras,

te invito delante de los espectadores a que la pruebes.

Por favor, ningún problema. ¿Ah, sí?

¿Tú sabes qué he comido por ahí? Puedo imaginar.

He comido serpiente, he comido bichos...

¿Sí? Cosas que no sabía ni lo que eran.

Así que... Hamburguesa de pitufo, venga.

Exquisita. ¿Bien? Acábatela.

(RÍE) ¡Dame tiempo!

Está buenísima. Azul.

Qué bueno.

En primer lugar, sabemos que en nuestro cerebro

los centros del apetito responden de una manera muy poderosa

a aquellos alimentos que tienen un color vivo.

Esto es así porque en la naturaleza

los colores brillantes indican que el alimento está fresco.

Sin embargo, aquellos colores que están más apagados

recuerdan a nuestro cerebro alimentos más pasados

o incluso en proceso de putrefacción.

De la misma manera, el cerebro tiene preferencia por el color rojo y amarillo

porque en la naturaleza la mayoría de alimentos rojos y amarillos

son más dulces.

A nuestro cerebro le encanta el azúcar.

Por eso algunos alimentos como la mantequilla o la mostaza

se tiñen deliberadamente de amarillo,

para que a tu cerebro le parezcan más apetitosos.

La industria alimentaria es un espectáculo

que se realiza para un público: su cerebro.

Tanto en la publicidad como en los supermercados

el primer objetivo para que la gente acabe comprando un producto

es que parezca atractivo para el cerebro.

Al igual que en Hollywood hay diseñadores de vestuario,

maquilladores y expertos en efectos especiales

para lograr que los actores luzcan,

la industria alimentaria tiene estilistas de alimentos.

A la hora de vender comida la meta es siempre la misma:

Que la gente mire ese producto y diga: "Lo quiero ahora mismo".

Pero a la hora de hacerles la boca agua

lo primero que hay que hacer es vendérselo a sus ojos.

Sobre todo el alimento tiene que tener una pinta genial.

Bueno, pues vamos con el postre.

Preocupado te veo.

¿Cómo planteo yo esta prueba?

Ay, voy a intentarlo.

Roberto, postre. (RÍE) Miedo me das.

Tenemos aquí unos "brownies" de chocolate.

Bueno, bien. Tienen buena pinta, ¿eh?

Aquí tenemos otros "brownies" hechos con el mismo material...

¿Sí?

...pero moldeados. ¿Moldeados cómo?

Moldeados así.

¡Ay, Dios mío!

¡Ya lo sé! ¡No me digas nada!

¿Esto es lo mismo? Lo mismo.

Les aseguro que es lo mismo. ¡Espero!

Es "brownie" moldeado.

Mi celebración para el equipo de atrezo.

Qué barbaridad, qué detalle, qué minimalismo.

Minimalismo no. (RÍEN)

Déjalo ahí. La pregunta que te hago:

¿Tú...? ¡Ya te digo que no!

No sé qué me vas a preguntar, pero no.

Tú sabes la realidad, con lo cual te daría igual probar uno u otro.

Ya. Pero aun sabiendo

que son del mismo material, ¿cuál te comerías?

Yo me comería este. Cuesta, hombre.

Cuesta, porque cuesta creérselo. Aunque lo sepas, de verdad.

Tú crees que de la gente de la calle nadie se va a atrever.

Yo creo que no.

Aunque sepan, porque se lo vamos a explicar,

que están hechos con el mismo material,

la gente no va a tener valor... A lo mejor hay algún atrevido.

Vamos a ver si lo encontramos.

¿Le gustan los "brownies"? Sí, me encanta el dulce.

Pues aquí tenemos unos "brownies" exquisitos.

(ROBERTO) -¿Qué pinta tienen? -Estupendos.

Los comería, ¿no?

A estas horas dan ganas de hincarle el diente.

Vale, aquí tenemos otros "brownies".

Están hechos con el mismo material, solo que se han moldeado.

Es exactamente lo mismo.

El mismo producto, la misma calidad, la misma textura, el mismo sabor.

Pero con esta forma.

¡Guau! ¿Se lo comería?

No.

Rotundamente creo que no.

¿Os comeríais estos "brownies"?

(ROBERTO RÍE) Cada vez que lo veo más me sorprende.

(RÍE) ¡Peor! (ROBERTO) Tremendo.

(AMBOS) La verdad es que no.

Yo te pregunto:

¿Te comerías...? Estos "brownies" seguro.

(HOMBRE) Esos seguro. ¿Y estos?

-No, no me lo comería. -Confía en Antonio, es lo mismo.

Es chocolate, hecho con guantes, evidentemente.

¿No lo probarías? ¿No?

Tengo que conocerlo un poco más. (RÍEN)

(RÍE) Te tienes que tomar algo antes con él.

(ROBERTO RÍE)

Hombre, así de entrada no, la verdad.

Porque me dices que es un "brownie", pero no...

(RESOPLA)

Soy bastante confiada, si es un "brownie" me lo comería.

Bastante confiada, error. No, sí te puedes confiar.

Pero de entrada no.

Te fijas mucho en la comida por los ojos.

Claro, sí. Es importante. El emplatado no es bueno.

El emplatado me daría igual, (RÍE)

el caso es que la visión no es muy agradable.

Pues... Estaba claro, ¿no?

No hemos encontrado a nadie,

Y mira que lo hemos intentado, pero...

La gente se queja por cualquier cosa. Tampoco tiene tan mala pinta.

Entra por los ojos.

Lo que pasa es que tenemos en el archivo del cerebro

asignada esta forma a lo que la tenemos asignada,

y aunque les digas que es del mejor chocolate que existe,

no hay manera. Yo tampoco me lo hubiera creído.

Dale. No puede ser.

Qué gran anfitrión, Antonio Lobato. Es una maravilla.

Une el dulce, Roberto. ¿Tú también?

Por supuesto. Ya me tomé antes la hamburguesa.

Ah, bueno. Venga.

Un trocito para ti, como si fuéramos pareja, qué bonito.

Uno para ti y otro para mí. ¿A la de tres?

Una, dos... Una dos y tres.

Está bueno. Está bueno.

Es verdad que daba "culaje".

(RÍEN)

Está buenísimo. Riquísimo.

No sé por qué no lo han querido. La gente...

Muchísimas gracias. Gracias.

Para lo que necesites, aquí estoy yo.

Cuando se nos ocurra algo asqueroso ya te llamaremos.

Lo mejor de todo, que me ha gustado mucho.

Y lo segundo, que me voy ya comido.

Yo soy de pueblo y me encanta. Gracias.

Gracias.

(Música)

-Tengo mucho calor. -Me pongo nervioso.

¿Estás nervioso?

Siempre me han gustado los hombres directos.

¿Eres vegana?

(RÍEN)

  • Desafía tu mente - 05/10/16

Desafía tu mente - 05/10/16

05 oct 2016

Antonio Lobato y Roberto Leal comprueban cómo reacciona nuestro cerebro ante la comida. Comemos por el estómago, pero muchas veces nos engañan los sentidos.

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