Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 87 - ver ahora
Transcripción completa

no estoy diciendo eso.

Es solo que aquí soy socio

y a ver qué les parece a Jesús y a Carlota

que proponga a mi novia para entrar en el bufete.

Cabe la posibilidad...

Es casi seguro

que vamos a trabajar juntos.

¿Quién?

Jorge y yo vamos a trabajar juntos.

¿No es genial?

No te preocupes, estuve muy a gusto, Jorge.

Madison es muy simpática.

Y lo que pasó me vino de perlas.

Julia... Me han quedado las cosas muy claras.

Madison ha venido para quedarse y tiene planes de futuro.

Si tu padre recupera el poder, vos lo vas a perder.

Jorge, Carlota y yo nos quedamos como estamos,

pero vos a perder tu lugar en el consejo.

¿Eres consciente de eso?

-Supongo que sí.

No sé cómo se tomarán que vuelva mi padre

después de lo que ha hecho. Y yo, sinceramente,

es que estoy muy bien sin él.

¡Has vuelto! ¡Sí!

¡Qué bien que estés aquí!

El bufete era un rollo sin ti, te lo juro.

Gracias.

-Bienvenida. -¿Qué tal?

-Eh... Hablamos luego.

-¿Qué le pasa?

No sé.

Me tenías que haber llamado. Y te llamé.

¿Cómo que...? Mira, escucha,

pudo haber pasado una desgracia mucho más grande.

¡Estoy harto!

¡Harto de que cada cosa que ocurre en esta casa,

cada circunstancia, todo es culpa mía!

¡Todo! ¿Y tú qué, tú dónde estabas?

¡La hija es tuya, no mía!

Nunca me había hablado así.

Nunca me ha hablado con esa rabia.

Es probable que Álex tenga mucha rabia.

Pero de ahí a que piense que es responsable de todo.

Álex se siente responsable de que José se haya ido de casa.

¿Inés la madre de Sara?

Ha decidido poner una demanda por el incidente del parque

y, bueno, quería decírtelo en persona.

¿Qué? Pero... Tendrás que buscarte un abogado.

¡Ay!

Ya tiene un abogado.

Estás hablando con él.

Ay, por fin se ha dormido tu hermana,

le ha costado mucho.

No te preocupes, que ya me voy yo a la cama

y así no te quejas. No me estoy quejando,

solo me estaba desahogando.

Por favor, no te vayas a dormir. Ya. Buenas noches.

No, Álex, no te vayas.

Siéntate, por favor.

¿No lo podemos dejar para otro día? No.

No lo podemos dejar para otro día. Va, siéntate.

¿Qué quieres?

Bueno, pues que el otro día, el día del accidente de Sara,

la amiga de tu hermana, estábamos todos muy nerviosos

y te dije algo que te molestó mucho

y quiero arreglarlo. Ya, bueno.

Lo dicho dicho está,

ya no tiene remedio.

Lo único que quiero que sepas

es que no fue culpa tuya.

Y si en algún momento te hice sentir culpable,

pues quiero pedirte perdón.

Mamá, no tuve nada que ver. Ya lo sé, Álex.

Si acaso fue culpa mía. Fue un accidente

y yo no supe ponerle límites a Inés.

¿Por qué? ¿Has hablado con ella? No, directamente no.

¿Qué quieres decir?

Que me ha mandado un abogado.

¿Para qué? Pero... Bueno...

¿No ha hablado contigo en persona?

No, nos quiere denunciar, bueno, me quiere denunciar.

¿Cómo? Si fue un accidente. Sí, ya lo sé,

pero ya sabes cómo es ella.

Ahora lo que quiero es que me cuentes todo con detalle.

¿De acuerdo? Esta tía está loca.

Pero loca de remate. ¿Qué quiere, meter a una niña en la cárcel?

A ver... Es que te digo una cosa,

si hace falta, digo que fui yo quien empujó a Sara.

Gracias, Álex, pero no meterán a nadie en la cárcel.

¿Entonces qué va a pasar? No sé,

pedirán una indemnización, una multa o algo así.

Justo lo que nos faltaba. Pues sí,

justo lo que nos faltaba.

(Sintonía "Derecho a soñar")

Buenos días. "Good morning". Buenos días.

¡Bueno! Qué guapa, ¿no?

Hombre, gracias.

Tú tampoco estás mal.

Aunque me gustas más sin nada.

Me voy al ministerio a convalidar mi título.

Es verdad, que ibas hoy.

Oye, mucha calma, ¿eh? Ajá.

Que si la burocracia puede ser desesperante,

espérate a conocer la española.

Bueno, pero tengo todos los papeles y un título americano,

no puede haber problema.

Vaya, se me olvidaba que cuando te empeñas en algo,

eres infalible. Pues sí.

Y que sepas que dentro de poco vamos a trabajar juntos.

¿En el bufete?

Claro, cariño, ¿dónde va a ser si no

Ya verás, será como en los viejos tiempos.

Sí.

Aunque recuerda que el bufete no es mío

y no estamos pasando ahora por nuestro mejor momento.

Cariño, hablo de en un futuro.

No podemos cerrar ninguna puerta. No estoy cerrando ninguna puerta,

solo te digo que no te hagas ilusiones,

que esto de trabajar juntos puede que lleve un tiempo.

Tú no quieres trabajar conmigo.

Madison, no digo que no quiera trabajar contigo,

te estoy advirtiendo de que no será fácil

porque el bufete no necesita más abogados,

necesita más casos. Ya.

¿No será que no quieres verme por el bufete por otro motivo?

Muy bien. A ver, ¿cuál es ese motivo?

Berta, como os enrollasteis... Berta. ¡Por favor, Madison!

¿Qué tiene que ver Berta? Es solo mi amiga.

Pues espero que no te acuestes con todas tus amiguitas.

Madison, eso fue una tontería.

¿Quieres dejar de darle un peso que no tiene?

¿Cuántas veces te lo voy a tener que decir?

Que yo ya lo he borrado; con Berta pasó, se acabó

y ya no significa nada.

Vale.

Tienes razón, cariño.

Es que desde la distancia todo se magnifica.

Lo siento.

Vale, y eso lo puedo entender.

Pero ahora mismo estamos juntos tú y yo.

¿Sí o no?

Sí. Pues ya está.

Lo único que quiero

es que todo vuelva a ser como antes.

¿Te acuerdas de cuando hacíamos ver que trabajábamos

para quedarnos hasta tarde en la oficina?

Claro que me acuerdo.

Y el que no se habrá olvidado es el conserje de Chicago.

¡Madre mía! El del pelito blanco.

Exacto. No recuerdo su nombre, pero hacía ruidos.

El hombre nos pilló dos o tres veces

y ya iba haciendo ruidos... ¡Tosía!

Para no pillarnos más. Qué bien lo pasábamos.

Muy bien. Muy bien.

De verdad que me apetece que trabajemos juntos

y que repitamos todo eso.

Pero con calma, ¿eh?

No forcemos las cosas.

Vale. Tienes razón.

Todo saldrá bien, ya lo verás.

Me voy. Bueno.

Mucha suerte y calma, Madison. Sí.

Si a mi hermano y a mí nos hubieran denunciado

cada vez que tirábamos a un compañero al suelo,

ahora tendría una sala en los juzgados a mi nombre.

Julia donde la ves con esa cara de angelito,

era punki, punki.

Creo que esa mujer no se acuerda de la infancia.

No entiendo por qué lo ha hecho. Y os vais a ver en el colegio

durante muchos años, no sé qué pretende.

Algunos no tienen nada mejor que hacer que incordiar.

Pues es así.

Cuando vino Rodrigo a decírmelo me quedé helada,

no me salían las palabras.

Suerte que Jesús se ofreció a llevar el caso.

¿Chus? ¿Jesús?

Sí, sí. Creía que solo llevaba

temas burocráticos. Yo también.

De hecho, no le he visto nunca en un juzgado.

Pero ha dicho que sí, se ha ofrecido.

Hoy mismo iremos al juzgado. Si se ha ofrecido,

será porque puede y porque quiere. Sí, claro.

Eso espero.

Bueno, o no.

No sé, la verdad, no...

Lo que debéis hacer ahora es centraros en ganar el caso;

porque si piensas en más cosas, te vas a estresar.

Sí.

¿Qué le hicieron a Sara en el ambulatorio?

Dos puntos aquí en la ceja, justo donde crece el pelo.

A esa edad cicatrizan súper bien, no se le verá nada.

Deberían haberle dado los puntos a la madre en la boca.

Desde luego. No pinta que sea nada grave.

No. Cuando subamos,

me das la información, me apunto los detalles

y a ver si se me ocurre una estrategia para ayudaros.

Ay, vale, muchísimas gracias.

Menuda semanita me espera.

Pensaba que después de lo de José, no tendría más sorpresas.

Pues toma. No, las sorpresas no acaban nunca.

Si no, sería todo muy aburrido. Trabajar, dormir, comer.

Un poco de emoción. Esta emoción te la quedas tú mejor,

que a mí este tipo de emociones... Lo sé, te entiendo.

Ya verás como todo sale bien. Eso espero.

Además, las caídas tienen un lado positivo y otro negativo.

Cuéntame el positivo que el negativo ya lo sé.

Que después de una caída siempre viene un aprendizaje.

¡Uh! Todo lo que he aprendido yo.

Entre la caída, el juicio; las broncas con los niños

y urgencias, madre mía. Y eso que solo se cayó Cristina,

si me caigo yo...

Yo el día que me caí de la bici

fue el día que decidí abrir mi propio negocio.

¿En serio? Ah.

¿De acuerdo? Gracias.

-Carlota, necesito tu ayuda. -Dime.

-Creo que me precipité al ofrecerle mi ayuda a Sofía.

Pero es que tenías que verle la cara,

parecía que se le caía el mundo encima.

-Lo entiendo perfectamente, a mí me hubiera pasado igual.

-¿Entonces me puedes ayudar?

-Jesús, no necesitas que yo te ayude.

-No, tienes razón, no necesito que me ayudes,

me he expresado mal.

Lo que necesito es que lleves el caso.

-¡Ja! Ni hablar.

Eso es imposible, mañana tengo una vista importante.

Y ya sabes cómo estamos en el bufete

no se puede descuidar nada.

-Ya.

-Ay, Jesús, ¿qué pasa? -¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

Que no quiero que Sofía me malinterprete,

no quiero que Sofía piense que la voy a dejar tirada.

Sofía lleva toda la vida trabajando para mi padre

y no es que lo haya hecho bien, lo ha hecho perfecto.

No tenemos ninguna queja.

No sabes lo importante que es el caso para mí.

Me encantaría llevarlo, pero no puedo.

-Siéntate, anda.

¿Por qué no quieres llevar su caso?

-No es que no quiera, es que no es tan fácil.

-Jesús, desde que te conozco evitas los juzgados,

quiero saber por qué te pasa eso.

-Seguro que mi padre te lo ha contado mil veces.

Si se ríe hasta de mí en la cara.

-Mira, lo que diga tu padre da igual.

Deberías aprovechar este momento

para reconocer qué es lo que pasa. -Que no puedo con los juzgados,

no los soporto, no me siento cómodo allí.

No puedo. Tengo una especie

de pánico escénico, me bloquea.

-Pero ¿te crees que no nos pasa a todos?

Mi padre es juez. ¿Sabes lo que sentía

cuando veía su toga ahí colgada? -Es que es todo:

la toga, la sala, los mármoles;

las banderas, el juez, todo. No puedo, me supera.

-Ese es el propósito: intimidar.

Pero no permitas que lo consigan

ni los jueces ni sus togas.

Lo puedes hacer perfectamente, Jesús

A todos nos ha pasado.

¿Crees que no me ponía nerviosa en los primeros juicios?

Pero luego te acostumbras.

Incluso cuando pierdes.

Te das cuenta de que no pasa nada.

De verdad.

-No quiero meter la pata y perder el caso,

Sofía no se lo merece.

No quiero correr ese riesgo

por culpa de una tara personal.

-Jesús, mírame.

Lo puedes hacer.

Y lo vas a hacer muy bien.

¿Eh?

¿Qué haces? (RÍE)

¿Cocido otra vez? Sí.

Pues tiene una pinta que...

Mi madre lo cocina todo tan cargado y aceitoso

que no hay manera.

¿Por qué no te lo preparas tú?

Así salís ganando las dos.

Porque no quiero que se sienta mal.

Para ella cocinar es su momento de gloria.

Se pone rancheras y entra como en trance.

Rancheras.

Tu madre es tan graciosa. Pues sí.

¿No te dije que había vuelto renovada

del retiro espiritual? Sí.

Pues se le ha pasado todo de golpe.

Al saber que puede ser rica si vende las naves,

solo piensa en gastar y en fiestas de la alta sociedad.

Es normal.

Yo no sé cómo reaccionaría si de repente fuera rica.

Ya, ya lo sé, pero primero hay que ver

si es rica o propietaria de algo comprado con dinero ilegal.

De momento que siga soñando. No sé yo.

Estoy un poco nerviosa con todo esto, Julia.

Y además con lo de Ángel.

Sigue sin llevarlo bien.

Te juro que le tiene celos;

siente como si la estuviera desplazando o algo así.

Es absurdo. Son las típicas cosas

que solo entiendes si eres madre.

Ponte un poco en su piel. ¿Yo?

Quiero decir que en parte es normal que le cueste entenderlo.

Ángel es mayor que tú y es tu jefe.

Tú también con eso. Alba, te entiendo a ti,

pero también la entiendo a ella.

Si se preocupa por ti es únicamente porque te quiere.

Ya.

Supongo que no ayudó mucho el hecho de que nos pillara en casa.

Tenías que haber visto su cara. Calla. Si me pasa a mí, me muero.

Estoy pensando en organizar algo para que se conozcan.

Pues sí, estaría muy bien.

Si la única imagen que tiene de tu novio

es de ese día... ¿Una cena o algo así?

Es que no sé. ¿No sabes qué?

Que mi madre seguro que se pone a cocinar

y Ángel no me quiere tanto como para disimular

y decir que la comida está buena. Todo lo contrario.

Ángel no tiene tanta confianza,

así que seguro que se esfuerza para caer bien.

No sé yo.

¿Y la opción de un restaurante?

No la había pensado.

Pues no es mala idea.

Voy a ver uno y reservo. Venga.

Hola, buenos días, señorita. -Buenos días.

-Soy Pilar Buendía

y tengo una cita con mi abogada Carolina.

-¿Carolina? -Sí.

-Querrá decir Carlota.

-Vamos a ver, la memoria me falla para algunas cosas,

pero para otras la tengo intacta.

Sé perfectamente cómo se llama mi ahijada,

Carolina, como la princesa de Mónaco.

Es la nieta de mi amiga Amalia y trabaja aquí.

Nos hemos reunido en otras ocasiones.

-Ya. -Claro.

Mire, mi nombre tiene que estar apuntado por ahí.

Pilar Buendía y tengo la cita ahora.

Es por un tema de divorcio, ¿sabe? -Sí.

-Oiga, no sé dónde puedo dejar esto. -Sí, deme.

-Ah, gracias.

Sí, aquí está: Pilar Buendía y su abogada es Carlota.

Si es tan amable de esperar, enseguida le hago pasar.

-Sí, gracias.

Y dale con Carlota. ¡Qué tozuda, Virgen Santa!

Buenos días.

¡Buenos días!

-Carol,

está en recepción Pilar Buendía.

Vale, gracias.

-Buenos días, Pilar. -¡Ay!

-Qué guapa estás. -Tú sí que estás guapa.

No me extraña que tu abuela hable de ti tan bien.

-¿Llevas mucho esperando? -No, no.

Oye, a la chica del mostrador no ha habido manera

de hacerle entender que teníamos una cita.

¡Se ha empeñado en llamarte Carlota!

Es que la cita la tienes con Carlota.

Yo no puedo llevar tu caso, no tengo el título.

-¿Ah, no? ¿De verdad?

-Sí. ¿No recuerdas que lo hablamos la última vez?

-Ay, es verdad. Algo me suena, sí.

Hija, cuánto lo siento, me hacía ilusión

que fueras mi abogada. Hombre, con lo bien que lo haces.

-No te preocupes, te acompañaré durante el proceso.

-Sí. -Vamos al despacho de Carlota.

-Vale. -Por aquí.

Me la llevo yo. -Perfecto, gracias.

-¿No vas a venir a la reunión? -No puedo, Pilar,

tengo mucho trabajo. Pero te dejo en buenas manos.

-Yo preferiría que estuvieras. -Pilar, no insistas

que me voy a sentir mal. -Ya.

-Luego hablo con Carlota y me lo explica todo.

-Vale, pues luego nos vemos. -Vale.

Este es el despacho, ¿te acuerdas?

-¡Mujer, claro que me acuerdo! Que no estoy tan vieja, ¿eh?

-Bueno, te espera Carlota. -De acuerdo.

-Que vaya bien. -Vale.

Buenos días, Carlota. -Buenos días, Pilar. Siéntese.

-Esa es mi Carol. ¡Es tan buena niña!

No sabe la de alegrías que le ha dado a su abuela.

Y a mí también, por supuesto.

-Ya me lo imagino. A nosotros también

nos da muchas alegrías, estamos muy contentos con ella.

Bueno, al grano, Pilar. Tengo aquí su expediente.

-¿Eso significa que ya está todo listo?

Porque no sabe las ganas que tengo de ser una mujer divorciada.

-Primero le voy a contar un poco cómo va la cosa.

He redactado un borrador para el acuerdo de divorcio

que creo que es bastante justo para las dos partes.

-Muy bien.

-Como están casados en régimen de gananciales,

el reparto de los bienes ya está estipulado, es muy sencillo.

Pero creo que deberíamos pedir una compensación económica

por todos los años en los que usted ha estado

al cuidado de sus hijos. -Ah, me parece muy justo.

Cinco hijos le di.

Yo era modista por vocación, ¿sabe?

Y en aquella época ya sabe usted cómo eran las cosas.

Las mujeres de mi edad no estaba bien visto

que no cuidaran a sus hijos.

Y a mí, la verdad, es que me apetecía cuidarlos.

Tengo el certificado de la inscripción femenina.

En fin, ahí acabó mi carrera como modista.

-Pilar, otra cosa que sería recomendable

es que pusieran a la venta las propiedades comunes,

que en este momento son tres

si no me equivoco. -Sí.

-A ver.

La casa en la que residen actualmente, calle Primavera.

-Número 28, sí. -La que tienen en Cañizares

y el apartamento de la playa en Tosa de Mar.

-Ya. O sea, la del pueblo habrá que venderla, claro.

-Yo creo que sí, es lo mejor. -Ya.

-La venta es la mejor manera de acabar con los vínculos

que puedan tener en común. -Ya.

-Además, emocionalmente es mucho más sencillo

el no tener cosas juntos. -Comprendo.

Pues me parece bien. Haré lo necesario.

Usted dígame dónde tengo que firmar y ya está.

-Lo único, Pilar, quería hacerle una pregunta.

He intentado localizar al abogado de Julio,

pero no doy con él. ¿Tiene algún teléfono?

-¡Qué va! ¡Si es que está retirado!

El pobre hombre es más viejo que nosotros.

-Con razón no me cogía el teléfono,

que parecía que se lo había tragado la tierra.

-Perdóneme, no sabía que necesitara hablar con el otro abogado;

si no, claro que le habría avisado. -No pasa nada,

sabiéndolo me quedo más tranquila.

-Estos días los he aprovechado para planificar el viaje.

Es que es mi primer viaje, ¿sabe?

Y he decidido que sea Birmania.

Vengo de la agencia de viajes y fíjese usted qué país.

Es maravilloso, tiene una naturaleza y un colorido

y unos hombres... Bueno, ¿qué le parece?

-Me parece que se lo va a pasar muy bien, Pilar.

Buenos días. Hola, Jesús.

Ha llegado esto para ti y ha llamado el señor Acosta,

que le llames, por favor. Ah, por cierto,

que no te lo pude decir antes, muchas gracias por lo de ayer.

No hay de qué,

no he hecho nada todavía. Hombre, sí que has hecho.

Dijiste que te encargarías del caso y eso para mí es mucho.

He pasado una noche terrible, pero eso me tranquilizaba.

Iremos a por todas, Sofía, vamos a ganar este caso.

Confía en mí. Gracias.

Vamos a ir al juzgado los dos juntos

y estoy convencido que ahí vas a ver

que la cosa no es para tanto.

Eso pensé yo de la caída, que no era para tanto.

Jo, con gente así...

¿Cómo fue la caída? ¿Qué pasó exactamente?

Eso es lo peor. Yo no lo vi, me lo contó Álex

que tampoco lo vio porque jugaba a baloncesto

con sus amigos. ¿Y tú dónde estabas?

Estaba en casa fregando. Pero que es el parque

de debajo de casa, que lo conocen de toda la vida

y nunca ha pasado nada.

Vale, soy una irresponsable, pero pensé que los niños

estarían mejor en el parque y no conmigo en casa.

Hiciste lo correcto; lo que hacen

todas las madres, no te sientas culpable.

Ya, pues me siento porque debía haber estado con ella.

Ya, pero no puedes evitar las caídas todo el día, es imposible.

Ni aunque tuvieras 24 horas al día para estar con la niña

podrías evitárselas. Ya, eso es verdad.

Pero si hubiera estado en ese momento allí,

quizá no hubiera pasado. Ahora tampoco es momento

de hacerse mala sangre. Si te parece,

nos sentamos y me cuentas bien cómo va todo.

Vale. Desde el principio.

A Colombia también tengo que ir.

A ver, si no hubiera leído a García Márquez,

pues de repente, no sé, elegía Costa Rica.

Pero habiendo leído "Cien años de soledad",

tengo que conocer la tierra de los Buendía,

que es como yo.

-Realmente la lectura de ese libro ya es un viaje en sí mismo.

Pero deberíamos... -Exacto.

Para mí ya está bien de viajar desde la butaca.

Quiero conocer el mundo real;

quiero oler a comino y a otras especias;

quiero comer comidas exóticas; ver otros colores.

Perderme en los zocos, aventuras.

¿Usted me entiende, jovencita?

-La entiendo muy bien. -Claro.

-Además, se lo merece. Pero tenemos un asunto importante,

el tema del abogado. Si no tengo otra persona

con la que negociar, podemos ir a juicio

y no es lo que queremos. -Claro, lo comprendo muy bien.

Si es que mi marido es muy suyo.

-¿Y no quiere que le lleve yo los dos?

Podríamos hacer un divorcio de mutuo acuerdo.

-Ah, ¿eso se puede hacer? -Sí, se puede hacer.

Sobre todo cuando las dos partes se llevan bien.

-Ah, entonces no, me parece que no.

Cada uno con su abogado.

Yo no quiero compartirte y estoy segura que mi marido

va a pensar lo mismo. Además, creería que le timamos.

-Pues puedo recomendarle un abogado para que lleve a su marido.

-Ay, qué encanto.

¿Y no es molestia? -No, qué va.

Además, se me ocurre quién. -¿Ah, sí?

-¿Quiere que le llame? -Sí, por supuesto.

Ahora mismo. Gracias. -A ver.

(Móvil)

Carlota, me has alegrado la mañana.

-Antonio, hola. Mira, estoy con una clienta

que se va a divorciar y buscamos un abogado para su marido.

-¿Tú la llevas a ella y estás buscando abogado para él?

-Eso es.

Es que, bueno... Sí, son mayores.

-¿Y no lo quieren hacer de mutuo acuerdo?

-No, por eso te estoy llamando a ti.

¿Quieres hacerlo?

-Uf, estoy hasta arriba de casos.

Entonces, ¿tú la llevas a ella? -Sí.

-Carlota, por verte todo el día sería capaz de cualquier cosa.

Claro que sí, cuenta conmigo.

¿Les das mi teléfono? -Genial.

Antonio, se lo paso. Gracias. -A ti.

Oye, Carlota, ya que... ¿Carlota?

¿Sigues ahí?

¡Ay!

-Te paso el contacto del abogado y se lo das a Julio.

¿De acuerdo? -Estupendo.

Oye, ¿este que has llamado no será muy bueno?

No sea que nos dé mucha guerra. -¡No!

Es bueno, pero también es amigo.

Además, no tendremos ningún problema

con lo que me has contado, seguro.

-Seguro, ¿no? Confío en ti. -Confía.

-Bueno. -A ver.

(SUSPIRA)

Hola, Julia.

Hola.

Necesitaría que revises todos los datos subrayados

en el expediente Peralta.

He estado revisando las cuentas y números

y me parece que están todas mal.

Échales un vistazo y si están mal,

lo pasas a contabilidad. Vale.

¿A qué no sabes con quién estoy quedando

para ir al hipódromo? No,

pero mientras no sea con un cliente, estupendo.

Con Madison. Ah.

Hemos estado charlando y ha surgido así.

No sabía que era amante de los caballos.

Sí, sí, le gustan, sí.

Me ha contado que de pequeña le compraron un poni

y a los diez años el caballo.

También me dijo que tiene mucha suerte,

quizá de pronto ganamos alguna apuesta.

¿No es buen plan? Sí, sí.

Si te soy sincera, al principio pensé

que nunca podríamos ser amigas porque es un poco borde.

Me llevé unos cuantos cortes.

Ya, sí. Pero en el fondo es una dulce

y me ha pedido perdón.

Pues me alegro.

Y me viene genial una amiga con la que practicar el inglés.

Aunque me ha dicho que "be careful with the accent".

Es que si no lo practico, lo pierdo.

¿Vosotros en qué habláis?

Porque ella tiene un castellano perfecto.

A ver, es que su madre es española.

Nosotros hablamos en castellano

y en Chicago hablábamos más inglés, pero era por mí.

Ahora vuelvo.

La verdad es que es una suerte tener a tu pareja

con la que hablar en inglés.

Y cuando tengáis hijos, mucho mejor.

Y si los apuntáis al Liceo Francés, hablarán tres idiomas:

inglés, francés y castellano.

Sí.

¿Quién cerró la canilla?

Perdona, he sido yo.

Ábrela, querida.

Sí, claro.

Muy bien, aquí gastando agua.

Ah, sois vos, la de los ojos lindos.

Ya puedes cerrarla que ya terminé. Sí.

Perdóname que te moleste con mis manías.

Es que me parece una vergüenza lo de los baños mixtos.

Mira que yo viajé por todo el mundo,

pero ni en países superpobres los vi.

Sí, al principio es raro, pero te vas acostumbrando.

Te aconsejo que de lo malo no te acostumbres,

que uno pierde cancha y luego no hay quien lo recupere.

Es como el peso, si te inflas a bombones...

¿Lo del grifo abierto es porque te ayuda con el ruido?

¡No! Nada que ver, lo hago por el ruidito.

(SISEA)

Me parece de una mala educación tremenda.

¿En serio? Sí.

Estoy segura que debemos hacer algo con esto, copiar a los japoneses.

A los japoneses. ¿Tienen baños insonorizados?

No. ¿Sabes lo que tienen?

Tienen un botoncito al lado de cada inodoro

y tienen un sonido para cada ruido: para levantar la tapa, bajarla...

Eso sí que es una sociedad avanzada, te lo digo en serio.

No sé por qué te estoy contando todo esto.

¿Sabes qué? Me estaba fijando antes,

te cambian de color los ojos.

Sí, no sé, los tienes como un color...

¿Verde agua?

Muy lindos, ¿eh? Muy lindos tus ojos Me gustan.

Hola. ¿Qué pasa?

¿Se te ha metido algo en el ojo?

No, que estaba mirando,

no sé, quizá los ojos me cambian un poco de color, ¿no?

No sé si por el estado de ánimo. ¿Ah, sí?

Pues ya me fijaré a partir de ahora.

Alba, ¿sigues teniendo perfil en el Acorder?

No, no.

Me lo borré cuando empecé a salir en serio con Ángel.

Es una tentación, puedes pasarte horas

visitando perfiles de chicos. Puedes enviar mensajes,

ver a quién le gustas; quién te guarda en favoritos.

Vamos, que es un lío, mejor no.

Pero que es divertido, ¿no?

Digo para pasar el rato así... Claro.

Ya te dije que te abrieras un perfil, Julia.

No, a mí esas cosas no...

Aunque luego siempre me quejo de que no conozco a gente nueva.

Para eso es genial.

Tú eliges a quien te gusta y a quien no, puerta.

Todo a golpe de clic. Oli insiste en que me haga uno.

Pues ya sabes, al salir de trabajar te abro una cuenta.

Bueno, voy a seguir trabajando.

¡No te vas a librar, te la pienso abrir!

(RESOPLA)

Ja.

Ella, ella siempre llega tarde.

¿No le parece impresionante?

Hace lo mismo con las reuniones del AMPA del colegio.

Pero una cosa es llegar tarde a las reuniones del colegio

y otra cosa es esto, que estamos en un juzgado.

-Pero no es tan tarde, aún faltan dos minutos

para la hora.

-A mí me parece una irresponsabilidad qué quieres que te diga.

Pero qué podemos esperar de alguien que alimenta a sus hijos

como los alimenta.

-¿Y cómo los alimenta?

-Todos los días los niños meriendan dulces industriales:

galletas de chocolate, rosquillas, sobaos.

No falla.

Creo que nunca he visto a los niños con una fruta.

Hablando de fruta, ¿no te apetece un poco de melón?

-No, gracias. -Bueno, ¿nos sentamos?

-Vamos a esperar a que lleguen mejor. -Ajá.

-Yo merendaba eso siempre. -¿Ah, sí?

¿Y qué tal tus dientes? ¿Bien?

-Es verdad que tengo algún empaste más de lo que me gustaría, pero...

-Bueno, que un día se puede.

No nos vamos a volver ahora locos.

Pero un día, como un premio.

Todos los días no;

todos los días es una barbaridad.

Y así alimenta ella a la niña.

Y luego dice que se preocupa por la niña.

Oh, no me hagas hablar, ¿eh?

Bueno, ya habrán pasado los dos minutos, ¿no?

Llega tarde, ¿lo ves?

Te estaba buscando.

¿No estarás con el Acorder? Eh... No.

Qué tiempos aquellos, ¿eh?

¿Te apetece un café?

No, acabo de tomarme uno.

Quería comentarte una cosa, pero no sé cómo lo verás.

Tú dirás.

Es que no sé si es buena idea.

Si no me lo cuentas, no lo sabré.

Bueno, pues resulta que...

que mi madre te tiene celos.

Ya sabes que ella es muy sensible y, bueno...

¿Tu madre tiene celos de mí?

¿Las madres tienen celos de los novios?

Ya lo sé, pero piensa que llevamos toda la vida juntas

y cuando el domingo le dije que iba a comer contigo,

se sintió fatal, se lo tomó como algo personal.

Encima el hecho de que seas tan mayor no ayuda.

¿Soy tan mayor?

Bueno, que no lo está llevando bien porque eres mi jefe.

Pues te despido y problema solucionado.

Estoy hablando en serio.

Creo que lo mejor es que os conozcáis.

Así se le pasa tanta tontería.

Ya.

Tú quieres que tu madre me dé el visto bueno.

Algo así.

Cenamos los tres juntos

y seguro que se le quitan esos celos absurdos.

Alba, no te molestes,

pero soy mayor para que alguien me dé el aprobado.

Eso me pasaba cuando tenía 20 años.

No me apetece, la verdad.

Es solo una cena, no es tanto. No es una cena.

Es un: "Mira, mamá, qué chico más bueno.

Además es muy educado y listo. 'Sit', siéntate. Túmbate".

¿No?

¿Lo dices en serio?

Ya se le pasará, no te preocupes.

Oye, ¿has probado estas galletas?

Buenos días. Buenos días.

Hola, Inés. Buenas.

-Nos sentamos, ¿no?

-Sí. Hola, Jesús. ¿Qué tal? -¿Cómo estás?

Toma asiento ahí. Gracias.

-Pues vamos a empezar.

-Esto lo movemos. -Mi cliente, doña Inés Alfaro,

ha interpuesto una demanda de responsabilidad civil subsidiaria

por un delito de lesiones contra su hija Sara

como consecuencia de un empujón. Sí, estoy al corriente de todo.

Puesto que la menor lucirá una cicatriz en el rostro

de por vida, Inés exige una indemnización

y también reclama el pago de las consultas

a los especialistas estéticos;

los medicamentos sugeridos para la cicatrización

y el posterior tratamiento de las secuelas psicológicas...

¿Secuelas psicológicas? La niña lloró cuando se cayó

porque le salió sangre, pero en el hospital ya no lloraba.

Es que después estaba tranquila. Sí.

Quizá a tu hija todo esto le hace mucha gracia,

pero mi Sara está en casa con terrores nocturnos.

Ni siquiera quiere salir a jugar.

Todo le da miedo.

Deberías verla, pobrecita.

Tiene estrés postraumático,

además de una cicatriz que le cruza media cara.

¡Por favor, fueron dos puntos al principio de la ceja!

¿De verdad eso es tan importante para ti?

Sí. Si no, no te lo pediría.

Está bien.

Pero que conste que lo hago por ti,

no porque tu madre tenga celos.

¿Entonces organizo la cena?

Sí.

Entiendo que a ninguna madre le hace gracia

que a su hija le pase esto.

Pero, Inés, seamos sensatas.

¡Ah, ahora eres tú la que pone un poquito de cordura!

¡Anda, mira tú qué bien!

La misma que en carnaval lleva a su niña hecha un mamarracho.

Y ahora la loca soy yo. ¡Por favor!

¡Qué tendrá que ver el disfraz en esto!

Además, nos lo pasamos muy bien cosiendo e inventándonos el disfraz.

Peor es comprarlo en los chinos.

¿Ahora me vas a criticar a mí? -¡Por favor!

Os ruego que intentemos... -Tú te crees que por criar a la niña

en plan salvaje vas a ser mejor madre que yo.

Pero vas muy equivocada.

A ver, para el carro.

Aquí no hemos venido a juzgar si somos buenas madres o no.

¿Podemos centrarnos en la demanda, por favor,

que se ha hecho porque tu hija se cayó...?

A mi niña la empujaron, ¿eh? No tergiverses las cosas.

¡Pero si estaban jugando!

Si fue sin ninguna mala intención.

Son amigas, Cristina quiere mucho a Sara.

¿Ah, sí? Ahora hazte tú la ofendida.

Pero tu hija tendrá el rostro perfecto

y mi hija cargará con una cicatriz el resto de su vida.

¿Sabes qué pensará cuando se mire en un espejo...?

-Un momento, por favor. Un momento.

Creo que nos estamos desviando del tema que nos ocupa.

Mantengamos la calma para tener una conversación sensata

porque la idea es llegar a un acuerdo.

-No me digas que esté calmada porque mi hija está en casa

con ataques de ansiedad.

Incluso tuve que tapar el espejo para que no se viera.

Y esto no lo he dicho, pero un poco más

y mi hija pierde un ojo.

Y todo porque esta señora estaba en su casa

con la cocina hecha un festival. ¡Anda, mira tú qué bien!

La niña sola en el parque

y la madre sacándole brillo a la vajilla.

No hablo más.

Mira, lo siento, Jesús, yo me voy.

Adiós.

Bueno, ¿qué?

¿Preparada para abrirte un perfil en el Acorder?

"What"?

¿Estoy escuchando bien?

Que sí, que no para de insistirme.

Claro, para criticar algo debes conocerlo personalmente;

si no, no sé de qué hablas. Claro.

Ve pensando un nombre de usuario, que el tuyo seguro que está cogido.

A mí es que todo esto, lo de elegir en plan catálogo, no.

Me siento como si fuera un trozo de carne.

Déjate de trozos de carne y elige un nombre.

Pues yo qué sé.

Juli.

Juli no. Hombre,

te lo tienes que tomar en serio

porque el nombre dice mucho de ti.

Te doy tres segundos y si no, me invento uno.

Es que no sé, no sé.

Ya está.

Caperucita Roja.

Venga, va, me gusta. ¿Te gusta? Vale.

La foto es un poco más complicado. Hay que elegir dos.

Complicado nada, si sale guapísima en las fotos.

Ya, pero elegirla es un mundo.

Ya. No, de verdad, chicas, que me da mucha vergüenza;

que me puede reconocer cualquier persona.

Julia, déjate de remilgos.

Pues si te reconoce genial

porque tú también le reconocerás a él.

Será algo recíproco. Claro.

A mí no me fue mal con Ángel.

Si no fuera por el Acorder, no estaríamos juntos.

A mí me gusta más jugar al misterio.

No me gusta exponerme públicamente

ni tampoco definirme de una sola manera.

Un poquito de disposición, ¿eh?

Hay que fluir. "Open your mind".

Venga, siguiente paso. Vale.

¿Orientación?

Hombres, ¿no?

¿De 30 a 40?

No, a 37 mejor. No, no.

No le pongas puertas al campo.

No te limites con la edad porque hay muchos chicos

que no acompañan la edad mental con la física.

Dale a la siguiente.

Siguiente.

Mira, lo importante es esto. ¿Ves?

Explorar contactos. ¿Ves?

Porque hay un montón

y tienes que poner filtros.

Es mejor que te pongas normas o te volverás loca.

Por ejemplo, yo no soporto los que salen con su madre.

Complejo de Edipo a estas alturas, no, por favor.

A mí por ejemplo me encantan los que salen con sus mascotas.

Y si es un gato, mejor.

Me parece súper tierno. Y a mí.

No me gusta nada los que salen enseñando sus tatuajes,

me parece ridículo.

Ay, pequeña florecilla salvaje,

si yo te contara los tatuajes que he visto.

(RÍE)

A mí lo de los animales me da igual,

pero los que sí que no soporto

son los que se depilan las cejas.

Esos no, fuera.

Y tampoco los que salen marcando musculito con las pesas.

Qué pereza.

Y Oli sabe que los hipsters con bigote y barba, tampoco, fuera.

Ni los músicos: fotos de guitarrita, cantando.

Pues Ángel tenía una foto tocando la guitarrita.

A mí donde se me ponga un vaquero pitillo,

unas patillas y una guitarra, mira, me vuelve loca.

Luego hablas con ellos

y no tienen ni puñetera idea de música.

Que lo estoy diciendo, que todo esto es mentira.

Que no, que no es todo mentira.

Pero hay que saber distinguir entre el trigo y la paja.

Claro. Hay gente muy interesante aquí.

Mira, súper interesante.

Pequeña flor y Olivia sin Popeye.

Me encantaba la serie, la veía siempre.

-Muchas gracias, Macarena. -Siempre.

-Ya me ocupo yo, Macarena. -No, yo le acompaño.

-Pero me ocupo yo. ¿Me acompañas? -Venga.

Hasta luego, Macarena.

-¿Cómo has estado todo este tiempo? -Muy bien, Daniel.

Ahí, en mis cosas. -¡Disculpa!

-Antonio, disculpa, soy un gran fan. ¿Una foto?

-Antes que fan eres profesional y estás trabajando.

-No seas así. -Venga.

Que está en ráfaga. ¿Cuántas fotos necesitas?

-Bueno, móviles...

-Gracias. -De nada, por favor.

(AMBOS) -Hasta luego.

-¿Quién es? -Antonio es abogado.

-Permítame presentarme, soy Antonio Reyes.

¿Con quién tengo el gusto?

-Victoria Iturbe, la nueva socia del bufete.

-Hum...

-Si me permitís la aclaración,

Antonio es actor de televisión.

Ha hecho una de las series más míticas de este país.

-Eso fue en mi vida anterior. Vengo en calidad de abogado.

De hecho, vengo a reunirme con Carlota,

tenemos un asunto entre manos.

-Qué suerte que venís como abogado, parecías la estrella invitada.

-Sí. Perdona por distraerte a la plantilla,

a veces no sé controlarlo. Gracias por la estampida.

-No te preocupes, no es tu culpa.

-Si te parece, te voy acompañando. -Sí, por favor.

Veo que esta empresa sigue mejorando Encantado.

Hasta luego. -Hasta luego.

Carlota, ha llegado Antonio Reyes.

-Gracias, Daniel. Antonio, pasa.

Siéntate.

-Buenas tardes, Carlota.

Toma,

para que te acuerdes de mí.

-¡Cómo eres!

¿Hablaste con el marido?

¿Todo arreglado? -Sí, ya está todo.

Aquí estoy, ¿no?

-Gracias por llevar el caso, Antonio.

-Carlota, gracias a ti por pensar en mí.

¿Cómo estás? -Bien, todo bien.

Mira, aquí tengo el borrador del acuerdo de divorcio.

Mi cliente está absolutamente de acuerdo con todo

y ya me lo dejó firmado.

-Se lo haré llegar inmediatamente.

Siempre me sorprenden estos matrimonios

que después de tanto tiempo se separan;

que no encuentren una solución es raro.

-Sí, bueno,

es que el "nada es para siempre"

es a veces muy difícil de aceptar.

-Lo sé.

Pero si no persigues lo que quieres,

puedes acabar perdido.

-Pilar quiere divorciarse

porque su marido le prometió

una jubilación llena de aventuras y de viajes

y ahora que ha llegado el momento,

el hombre está deprimido y no se levanta del sofá.

Así que, la verdad,

no le veo con energía como para evitar la ruptura.

-Me da pena que no luche por la que ha sido la mujer de su vida.

-Es que a veces la lucha

no es suficiente.

Pero, bueno, para eso estamos nosotros,

para arreglar el tema.

-Tienes toda la razón.

-Había pensado en un divorcio exprés.

Porque si las dos partes están de acuerdo,

es absurdo dilatar el proceso.

Así que llévate el borrador y me llamas para firmarlo.

-Vale.

Pero...

es que por eso he venido a verte.

Ha surgido un imprevisto.

-¿Imprevisto? ¿Qué imprevisto?

-Resulta que los hijos no están de acuerdo con la firma

y están presionando al padre para que no firme.

-Antonio, esta mañana vi a Pilar antes de llamarte a ti

y no me comentó nada.

-Creo que no está al corriente;

así que deberías hablar con ella.

-Bueno, le habrás recomendado que firme, ¿no?

-No.

-Antonio, te he llamado

para que este proceso fuera justo y fácil,

no para que me compliques la vida

y acabemos en una guerra por las sobras.

-Lo siento y perdóname.

Si mi cliente no quiere firmar,

no le recomendaré que firme solo por quedar bien contigo.

-No quiero que quedes bien conmigo.

Pero era un proceso que estaba ya hecho prácticamente

y ahora me vas a dar guerra veo.

-Por eso quería venir a decírtelo en persona.

-Pues muchas gracias.

Genial.

Permiso.

¿Estás bien? No.

Ya te veo.

Parece que te acaban de dar una paliza.

Metafóricamente es como si me la hubieran dado.

Ya.

Vienes del juzgado, lo que tenías con Sofía, ¿no?

Sí, señor, de ahí vengo. ¿Y?

Muy mal.

Pero ¿tan mal?

La mujer que ha denunciado a Sofía es una...

Muy buena persona no era.

De verdad, no sabía que había mujeres que...

Da igual.

No sé qué esperabas de una mujer

que pone una denuncia porque su hija se cae en el parque.

No sabes cómo detesto

los crímenes que hace mi padre con la cacería.

Pero en esta ocasión, te lo juro,

esta mujer se ha lanzado a la yugular de Sofía.

Y lo peor de todo es que yo no he estado a la altura.

¿Y por qué no has estado a la altura?

Porque no he sabido meter baza.

Porque cuando cruzo la puerta del juzgado,

se me viene el mundo encima.

Me supera, no puedo. Eso es normal, Jesús.

Los juzgados imponen mucho,

ya te acostumbrarás.

Por eso vine a pedirte una cosa

si no es molestia

y sin que a ti te sea ningún compromiso.

Será un placer.

Jesús, no hace falta que sigas.

¿En serio no te importa?

No lo digas más.

Te voy a ayudar a que pierdas tu miedo escénico.

Perder el miedo escénico es difícil, pero muy importante.

Y te olvidas para siempre. No.

Lo que te quiero decir... No te preocupes.

A mí en EE.UU. me prepararon para esto:

di clases de teatro, de oratoria.

Estás en buenas manos.

O sea, que sí quieres... Claro.

Vas a aprender de una escuela americana,

que son los número uno en esto.

Ya sabes cómo son con la puesta en escena,

la trabajan y la preparan hasta la saciedad.

Pero para tu suerte,

yo tengo todos sus trucos.

(EXPIRA)

Tienes que hacer yoga, hija.

Es increíble cómo te quedas.

Quién me iba a decir a mí

que a estas alturas descubriría esta maravilla.

Hay tantas cosas que nunca pensé que harías a estas alturas...

Ay, verte hacer eso es como volver al pasado.

Te encantaba hacértelo de niña.

Eras tan linda.

Siempre llevaba restos de baba de los besos que me dabas.

No sé cómo lo haces,

pero todo lo que dices suena a reproche.

Es que es verdad, eras muy cariñosa.

Te encantaba hacer cosas conmigo

y me acompañabas a todas partes.

¿Te acuerdas de los helados de la plaza?

Los helados de la plaza, ¡se me había olvidado!

Me encantaban.

Con el cucurucho incrustado en la bola de helado.

No sé por qué cerraron ese sitio,

con lo bueno que estaban.

Lo bueno dura poco.

No sé por qué, pero es así.

¿Me ayudas? Sí.

Mamá. Dime.

¿Quieres que cenemos el viernes con Ángel?

Está deseando conocerte.

¿Cenar?

¿Los tres?

Sí. ¿Por qué?

Pues para que os conozcáis.

Estoy segura de que te caerá genial.

No sé, hija, mejor no.

¿Por qué no?

¿Qué le digo a tu padre?

No pongas a papá como excusa, mamá.

Si es por eso, pues no le dices nada y ya está.

(SUSPIRA)

Vale, no solo por eso,

pero Ángel no le gusta.

Y por lo que he oído, a mí tampoco mucho.

Eso es lo que quiero cambiar, mamá.

Si le conoces, te va a encantar.

Ángel es maravilloso, encantador, educado; es divertido.

Ya, hija, pero después de verle aquí el otro día...

desnudo. Desnudo no estaba.

Me da corte.

Te estoy pidiendo una cena,

no que nos vayamos juntos de vacaciones.

¿Una cena?

Vale.

Pero con ganas, ¿eh?

Si no, es una pérdida de tiempo para los tres.

Te digo que ganas no tengo, pero si insistes...

Mamá, estoy enamorada de él.

Es mi primera pareja importante.

¿De verdad no quieres conocerle?

Visto así.

Sea lo que sea lo que le pasé a papá con él,

debe ser algo relacionado con el trabajo.

Ángel es maravilloso.

Y quiero que conozca a la otra persona

que también es maravillosa para mí.

¿Yo?

¿Tienes que preguntarlo?

Estaré encantada de conocerle como Dios manda.

¿Entonces reservo mesa?

Ah, no, de eso nada.

Si va a ser parte de la familia, cenaremos en familia.

No te preocupes que me ocupo de todo

Haré una cena digna de ti.

-¿Seguro que tenía visita? -Sí.

(Alarma)

-Victoria, ¿verdad?

Me dijeron que vendrías a verme.

Te ha costado un poco.

-La cárcel no es uno de mis lugares favoritos.

-¿No? A mí me encanta.

-Me imagino que querrás que vaya al grano.

-No, como tú quieras.

Puedo pasar un buen rato mirándote.

Eres mucho más agradable

que cualquier otra cosa o persona de las que tengo por aquí.

Desde luego mucho mejor que mirar a Ángel.

-Y eso que Ángel es un tipo lindo.

-Pero no es mi tipo. -Imagino que no.

Vine a decirte que es probable que te den la libertad condicional.

-Eso parece, sí.

-Por nuestra parte no tendrás ningún problema.

Te portaste bien y queremos ser generosos.

-¿Que me he portado bien? -Sí.

No abriste la boca, no dijiste nada que no debías.

-No he dicho nada porque no sé nada de nada.

(SISEA) -Tranquilo.

No llevo micrófonos,

puedes hablar conmigo libremente.

-Eso hago.

De todas maneras me alegra saber que saldré pronto.

-Quiero que te quede clara una cosa. -Ahí está.

Ya me extrañaba. -ZLyD ya no es tu bufete.

-¿Ah, no? ¿Y de quién es? -Mío.

Tienes que aceptar si quieres volver a pisar la calle

o si quieres volver al bufete. A mí no me importa.

Hasta me parece bien.

-Ingenioso por tu parte.

-Te estoy contando lo que hay.

Ahora, si te quieres convertir en un jubilado con tiempo libre,

eso ya es cosa tuya.

Pero si quieres volver,

no pretendas recuperar nada de lo que tenías.

No te asustes.

No te asustes, esto tiene su gracia también.

Mírame a mí, me inventé este personaje;

monto escenitas todo el rato.

Hay que darle un poco más de acción.

Son muchas horas y tus amigos son muy aburridos.

Los clientes importantes los sigo llevando yo,

que te quede claro.

Ahora la que manda acá...

soy yo.

Jorge es mi amigo.

Pero lo que te hizo no tiene perdón.

¿Crees que Madison sabe lo mío con Jorge?

La firma digital, que no está.

Te vas aquí y "voilá".

Quizá lo cambiaste de lugar en algún momento.

No he cambiado nada ni tocado nada.

Bueno, pero un poco.

Un poquito. Un poco, sí.

Sorpresa.

Lourdes no me habla, no viene a verme.

No quiere saber nada de mí.

Eres la única persona que puede sacarme de aquí.

¿Tengo la peste o qué?

-¿Por qué dices eso?

-No sé, llevas toda la semana evitándome,

más bien esquivándome. -Eso no es verdad.

-¿Te pasa algo conmigo?

Es que no sé qué hacer.

Hay días que vengo súper decidida a decírselo,

pero luego me parece una locura.

Quizá no es una locura.

¿Y si ella no siente lo mismo?

Ojalá fueras mi mano derecha.

No sería yo la que dijera que no.

¿Te apetece cambiar?

¿Quieres quedarte con mi puesto de trabajo?

Sabía que eras trepa, pero pensé que eras buena persona.

Hagamos un vis a vis, Paco.

-¿Sí? ¿Un vis a vis quieres?

-Lo puedo pedir yo. O Ángel.

Tú podrías trabajar con Daniel, es un chico muy majo.

Ya. pero ¿Julia te pidió dejar de ser mi secretaria?

No pasa nada con Julia entonces.

Tampoco quiero hablar de eso.

Estoy todo el día... Que no quieres hablar.

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  • Capítulo 87

Derecho a soñar - Capítulo 87

15 may 2019

Sofía está nerviosa por la demanda que le ha puesto Inés a raíz de la caída de su hija en el parque. Por suerte Jesús le ha ofrecido ayuda. Sin embargo, Jesús está muy nervioso por su pánico escénico y trata de que Jorge o Carlota lo sustituyan, pero no lo consigue y sufre en los juzgados. Jorge se ofrecerá a ayudarlo a superar sus miedos. Julia y Jorge toman distancia y ella se crea un perfil en el Acorder. Madison se está convalidando el título con el objetivo de trabajar en el bufete. Para congraciarse con Jorge finge una amistad con Berta. Alba quiere invitar a Ángel a cenar con su madre para que se conozcan y evitar los celos. Ángel y su madre aceptan la cita pero esta última se niega a hacerlo en un restaurante, cocinará para él.

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