Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 86 - ver ahora
Transcripción completa

Voy a volver con Madison.

Te hace gracia.

Lo único que voy a hacer es comprobar si...

si lo que queda es real... Sí, sí.

Haces muy bien en darle una oportunidad.

Y no hace falta que lo sientas, Jorge, no.

Ahora por lo menos tengo una respuesta.

(RÍE)

Me están cobrando el teléfono de José cada mes

y no hay manera de darle de baja ni cambiar la forma de pago.

He llamado millones de veces.

Ya pude solucionar el problemilla con el teléfono,

ya no tengo que pagar más.

¿Por qué ríes?

Por nada, por nada.

Ah, has sido tú.

Bueno sí, he sido yo.

A mí antes me apetecía mucho ir a trabajar,

pero desde que no está Charly, se me han quitado las ganas.

Es normal, es nuestra amiga.

No sé, ¿es algo más?

Creo que sí.

No sé, pero creo que Charly no...

Ya.

Fui yo quien hizo la porra

sobre en cuánto tiempo te quedarías sin el bufete.

Así que creo que deberías readmitir a Charly y despedirme a mí.

Te voy a hacer un favor personal y voy a dejar que te quedes.

Pero estás a prueba. Eso no es ninguna broma.

Espero que te acuerdes de lo buena que fui con vos.

Sí, me acordaré.

Me quedaré esta noche adelantando trabajo,

tengo una semana dura y espero no quedarme en el bufete

con Victoria, una mujer rara.

Lleva unos días y ya ha conseguido que nadie la aguante.

Estoy dispuesta a readmitir a la informática,

pero tengo algunas condiciones.

No voy a dar explicaciones.

Como si fuera mi propio bufete con mi manera de hacer las cosas.

¿Me vas a hacer que acepte eso?

Y sin chistar. -Un movimiento maestro.

Tenemos cancha para hacer lo que nos dé la gana.

Chapó.

Qué fuerte lo de Francisco Zabálburu

Resulta que tenía dos.

¿Cómo se hace para tener dos familias?

¿Con uno eres un tío formal y con el otro...?

¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué?

No pasa nada, yo también me pregunto de dónde sacaba la energía.

(Puerta)

¿Quieres que prepare el desayuno?

Puedo hacer unos zumos de fruta o unos batidos. ¿Te parece?

Si quieres, puedo preparar tostadas de pan de centeno,

que sé que te gustan mucho.

Oli. Sí.

¿Quieres que vaya a comprar pan de centeno?

¿Eh?

Sí.

¿Sí o no? ¿Me puedes contestar?

Sí, pan de centeno. Guay. Vale.

Eh... Rosana está cerrada, tendrás que ir donde Vicente.

Y aprovecha y compra leche de arroz y avena,

que se ha acabado. Pues no.

Qué pereza ir hasta donde Vicente. Eh...

Bueno, pues unas tostadas con aceite y tomate.

Sí, vale lo que tú quieras, cariño.

¿Qué lees?

Pues qué estoy intentando leer, dirás.

Una novela. Vale, perdona, te estoy molestando.

No, no me molestas.

Pero es que me gusta mucho y si me hablas, me desconcentro.

¿Tú estás bien?

(ASIENTE)

Sí.

Estás rayadísima con lo de Madison, ¿no?

Rayadísima.

Tienes que dejar esa historia ya y pasar página, Julia.

¿No ves que está encallada? Ni para atrás ni para adelante.

No es tan fácil pasar página, Oli. Intenta soltarla, déjala ir.

Pues mira... (SILBA) Ya está,

ya lo he dejado ir. Ya estoy mucho mejor, ¿no?

¿Quieres que hagamos un acto de psicomagia?

Si quieres, puedo cortar con una tijera dorada

el hilo que os une a ti y a Jorge por el ombligo.

No, gracias, nada de costuras.

Además, tengo derecho a estar mal un domingo, ¿no?

Pues también es verdad.

Un domingo chungo, te dejo. Gracias.

¿Te parece si nos cambiamos

y nos vamos a desayunar al mercadillo?

Qué más quisiera, pero tengo que trabajar.

Es que... ¿Hoy domingo?

Sí, porque la caja de esta semana ha sido irrisoria.

Es lo que hay. Si quieres, por la tarde hacemos algo.

(Sintonía "Derecho a soñar")

(Puerta)

Buenos días. Buenos días.

¿Maldivas o Hawái? ¿Eh?

¿Maldivas o Hawái?

Estoy calculando lo que nos quedará con la venta de las naves.

¿Para qué?

¿Para ponerte los dientes largos?

¿Y si luego no queda lo que pensabas?

Ay, más o menos, hija. Se llama previsión de gastos.

Y no me pongas esos ojitos que no es tan raro.

Vale.

Bueno, ¿y qué? ¿Cuánto nos queda?

Pues yo creo que lo he hecho mal...

¡Porque nos queda un dineral!

¡Somos ricas!

Ay, que no me oigan los vecinos.

Ay, qué bien me lo voy a pasar.

Es que tú has nacido para ser rica, mamá.

Totalmente.

A ver, yo siempre te he enseñado, y es verdad,

que el dinero no da la felicidad.

Pero compra tantas cosas que si la dan...

Bueno, ¿qué? ¿Dónde quieres ir a comer?

¿Sushi o mariscada?

Cariño, tendrás que aprender a decidir,

que tendrás muchas opciones a partir de ahora.

Mira, mamá, yo creo que para celebrarlo

hay que esperar a tener el dinero, ¿no?

Luego pasa cualquier cosa y...

Ay, pero ¿qué va a pasar?

Ese dinero es nuestro, te lo digo yo

Y hay que celebrar las cosas buenas que no pasan cada día.

Venga, ¿dónde quieres ir a comer? Un sitio caro.

Hoy no puedo.

¿Cómo que no puedes?

Si es domingo, nuestro día.

He quedado con Ángel.

Mamá, no te enfades. No, si no me enfado.

Tú verás. Mamá, sí te enfadas,

que te conozco. ¡Que no me enfado!

Ya verás, ya querrás ir a comer y de compras

cuando no haya más novio.

Entonces sí que querrás pasar los domingos como siempre.

Mamá... Ya verás, ya,

en cuanto te des cuenta de la realidad.

¿Y cuál es la realidad?

Pues que no puede funcionar, hija,

que es mucho mayor que tú y tu jefe.

Y tu padre no está de acuerdo.

Es cuestión de tiempo. Que mi padre no está de acuerdo.

No necesito el permiso de don Francisco, mamá.

Lo necesitaba de niña que es justo cuando no estaba.

Un poco de respeto, ¿eh?

No hables así de tu padre.

Y estás siendo muy injusta.

Él siempre se ha preocupado por ti. ¿Ah, sí?

¿Y cómo se preocupaba por mí exactamente?

Pues me preguntaba por ti;

nos apoyaba económicamente

y se preocupaba de que no te faltase nada.

No ha sido suficiente, mamá.

Me ha faltado el cariño, el apoyo.

Esas cosas que dan los padres. Basta ya, hija.

Esto ya lo hemos hablado, ¿eh?

Esa fue la manera en que decidimos que se hacían las cosas.

Yo me encargaba de ti y Paco... tu padre se quedaba a un lado

y siempre pendiente de ti.

Pues que siga siendo así.

(Portazo)

Álex, ¿por qué no hacemos una barbacoa hoy?

Hace mucho que no hacemos.

Desde que se fue papá. Sí.

Claro, pero bueno,

hoy hace buen día y podíamos poner la mesa fuera

y comer los tres, ¿no? Estaría bien.

Pero ¿tú sabes hacer barbacoas? Pues claro que sé hacer barbacoas.

Aunque las hiciera tu padre,

no quiere decir que no sepa hacerlas.

Eso son rutinas que coge la pareja.

¡Como si la barbacoa fuera una cosa de hombres!

No, qué va,

pero como no te he visto nunca hacer ninguna, pues...

Es bien fácil, pones la carne y vuelta y vuelta.

Ya. ¿Y sabes encenderla?

¡Pues claro que sé encenderla!

Oye, conmigo no vayas de lista.

Además, aún tenemos cosas de la última barbacoa que hicimos,

así que...

¿Qué? ¿Te apetece, me ayudas?

Sí, claro, vale. Ajá.

Lo único una cosa. ¿Qué?

¿Tenemos el seguro de la casa a todo riesgo?

¡Desde luego...!

Oye, ¿qué hago con este?

Ese es de tu padre.

Vale, lo tiro.

¡No, no lo tires!

Dámelo.

¿Para qué lo quieres, de recuerdo?

Que no tiene pareja, que papá se llevó el otro

y no va a volver.

Es un cobarde, no va a volver.

Bah, Álex, llama a Cris

y vamos a prepararnos para hacer la barbacoa.

¿Eh?

Oye, ¿y si mejor no hacemos la barbacoa,

que es un día, y nos vamos a comer fuera?

No, Álex, no.

Esta es nuestra casa,

debemos volver a vivir la vida normal, nuestra vida,

y aceptar que papá no está.

Aunque duela.

¿Vale?

Vamos a hacer la barbacoa y nos lo vamos a pasar muy bien.

Vale.

Voy a avisar a Cris. Muy bien.

¡Cris!

(Puerta)

Julia, mis pinzas.

¿Qué? Las pinzas de depilar.

No sé, las usé ayer y las dejé en el baño.

Imagino que estarán en su lugar. No están en su lugar,

siempre las dejo al lado de la laca y no están.

Haz memoria. No sé,

no creo que las cambiara de lugar.

Julia, si no me importa que cojas las cosas,

pero si las coges, déjalas en su sitio.

Si no, me pongo nerviosa con el desorden, no lo soporto.

Son unas pinzas de las cejas, te compro otras y ya está.

No, porque tienen la punta balancead y una linterna

para ver mejor los pelos.

¡Anda, mira! Ya tienes plan para hoy buscarme las pinzas.

Planazo. Además, ¿qué te quieres depilar?

Las cejas.

¿Las cejas? Pero si las tienes perfectas.

Eres más guapa, tía.

Es que tienes unos ojos.

¿Por qué no te haces un Acorder, por fa?

Ya sabes que no estoy preparada para estas cosas.

Julia, necesitas salir, conocer gente, airearte.

Por fa, que llevas siendo toda la vida responsable

antes de tiempo; de Chema, de Luis.

Que eres libre, tía, vive la vida, disfruta.

No es tan fácil cambiar.

¡Ay! ¿Te vas a quedar aquí todo el día incomunicada?

He pensado que quizá podría... ¿No?

¿Podrías qué?

Quedar con Chema. ¡Sí, hombre! A Chema déjalo en paz.

No es nada de lo que te imaginas.

Quiero quedar con él para hablar y saber cómo está.

Hace mucho que no nos vemos.

Perdona, tú quieres llamarle para que te haga de parche

y olvidarte de Jorge.

Déjalo, Julia, que está hecho polvo, en serio. Por fa.

¿Tú crees? No, creo no, estoy segura.

No le llames, ¿eh?

Julia, no le llames.

¡Que no!

Prométeme que vas a encontrar las pinzas.

¡Sí! Prométemelo.

Que sí, te lo prometo.

Estoy en la terraza si necesitas algo.

"Good morning".

¡Buenos días!

¡Despierta!

(PROTESTA)

Venga, vamos.

(RÍE) ¡Despierta!

¿Qué pasa? Por favor.

Venga, levántate, por favor. (RESOPLA)

¿A qué esta prisa? Que es domingo.

Aquí los domingos son para vaguear.

Y tú estás demasiado arreglada para vaguear. ¡No, no!

De verdad, cariño, en Chicago hacíamos cosas los domingos.

Venga. Bueno, pero es que en Chicago,

en América, estáis todos histéricos y no paráis de hacer cosas.

¿Aquí no hacéis nada?

No, sí hacemos. Pero no sé,

el domingo es un día para estar en casa,

comer, ver la tele. Ir al cine a última hora.

Ah, no, no. Pues yo me voy porque en casa me aburro.

¡Me aburro!

(RESOPLA) Bueno, vale, vale.

Dame un segundo

que desayuno, me ducho

y vamos a ver qué hacemos, ¿vale? Ya voy.

¿Qué te parece si convalido mi título?

¿Eh?

¿Para qué? ¿Para trabajar aquí? Claro.

Bueno.

(RÍE)

Bien, ¿no? Si es lo que quieres.

Pero vamos, va a ser complicado.

Al final hay que buscar un bufete donde te apetezca trabajar.

Y hay mucha competencia,

que aquí tenemos más abogados que funcionarios.

Pero seguro que alguien tiene un hueco

para una abogada bilingüe

que ha trabajado en los mejores bufetes de Chicago.

Voy a prepararme algo, ¿vale? Vale.

He pensado...

que he visto un bufete aquí en el que dicen

que uno de sus socios está buenísimo

¿Quieres que trabajemos juntos? Claro.

Trabajábamos bien, ¿no? Sí, sí.

Pero...

¿No quieres trabajar conmigo? No, no estoy diciendo eso.

Solo que... Veo que te hace mucha gracia la idea

Madison, lo único que digo es que es diferente

a como era en Chicago. Aquí soy socio.

Y a ver qué les parece a Jesús y a Carlota

que proponga a mi novia para entrar en el bufete.

No sé, esas cosas aquí no están bien vistas.

Jesús es hijo de un socio y con eso no hay problema.

Pero hay una diferencia entre ser el hijo

y ser la novia, ¿no te parece?

Ya, vale. Pero bueno,

Ya pensaré en algo, ¿vale?

Oye, ahora que me acuerdo,

hay un sitio aquí que se llama La Casa Verde,

un sitio cultural de exposiciones y actividades,

y me han dicho que tienen una expo de fotos muy chula.

¿Te apetece? Sí, sí.

Pues me ducho y desayunamos por ahí. Claro.

Bueno.

Por lo menos he conseguido que te levantes.

Oye, a ver si le dices a tu hermana Yolanda

que se pase un día, que hace mucho que no la veo.

Está bien, ¿no? Bueno, pues me alegro.

Venga, ahora te veo.

Buenos días. -¡Hombre!

¿Qué? ¿Mucho trabajo pendiente? -Siempre hay trabajo pendiente.

¿Por qué no le dices a tu jefe que te libere un poco?

En serio, en esta profesión te aseguro que no hay nadie

que lo lleve todo al día al 100%, es imposible.

Otra cosa es que paren porque llega el fin de semana,

pero te apuesto a que no encuentras a nadie

que lo tenga todo resuelto, es imposible.

Ya, pues... -¿Qué?

Ojito, a ver si te vas a volver un "workalcoholic" de esos.

Que mucho trabajar, a ver si petas un día de tanto estrés.

Hay que aprender a parar y descansar

Me dijo ella desde la barra de su bar un domingo por la mañana.

Ponme un zumo de guanábana.

¿Cómo que de "guanabana"? -Guanábana.

No tengo de guanábana.

Hijo, Jesús, de verdad.

¿Te pongo de chirimoya? -Agua, agua.

Uno de chirimoya, es blanco igual. -Un agua.

(RÍE)

Oye, tú y yo,

no sé, como que no hablamos mucho, ¿no?

Bueno, lo normal entre una camarera y un cliente.

¿No? -Ah.

¿Así me ves?

Sí.

Pues eso habrá que remediarlo, digo yo.

O sea, es que te veo cada día y no nos conocemos de casi nada.

¿Y cómo es el remedio ese?

Pues hablando de cosas, nos contamos cosas personales.

No sé, intimidades, nos quitamos las máscaras sociales.

Yo, por ejemplo, sabes que vivo con Julia, ¿verdad?

No tenía ni idea. -Pues vivo con ella.

¿Y qué tal? -Bueno, pues amo a Julia.

Es como mi hermana, mi familia; es que la adoro.

No la puedo querer más, pero es que no sé,

últimamente necesito espacio, un poco de paz.

Tener tiempo para meditar, escuchar música;

hacer yoga; la nada. ¿Sabes? -Ya.

Pero es que estás compartiendo piso, lo ideal sería vivir sola.

Ya, pero es que no se calla ni debajo de agua.

Es que come y habla; lee y habla. Ve una película

y comenta los personajes, la trama, todo. Es horroroso.

Habla hasta dormida, no he visto una cosa igual.

El tema de las pinzas, le he dicho mil veces

que ponga las pinzas... -Tú es que no hablas casi nunca nada

eres muy calladita.

¿No?

Bueno, ¿y tú qué? -¿Qué?

¿Que qué te pasa?

¿Qué te inquieta? Dime algo.

Algo personal.

Vamos a ver.

Vale.

Me da miedo que mi padre vuelva al bufete.

¿Cómo?

Que me da miedo que mi padre vuelva al bufete.

¿No te sientes muchísimo mejor?

¿No te sientes mejor al habérmelo contado?

Lo pones en voz alta y lo asumes mucho más.

Y te entiendo, es que entiendo que no quieras

que tu padre vuelva al bufete.

Pero a ver, ¿por qué? Cuéntame detalles.

¿Qué pasa?

Que no salga de aquí, ¿vale? -Te lo juro, te lo juro.

Cuéntame.

Bueno, creo que está todo listo.

Esta carne va a estar ñam, ya verás.

Filetillo de aguja.

¿De aguja? (ASIENTE)

Siempre hacemos chuletón de ternera, mamá.

Pues no había chuletón, no pasa nada.

Esto va a quedar genial, ya verás.

A ver, por dónde empezamos.

A ver, lo primero es hacer el fuego para que vayan quedando las brasas.

¡Ya, ya sé que lo primero es hacer el fuego!

Como si fuera mi primera barbacoa, por favor.

No te lo querían contar, pero ¿sabes quién enseñó a tu padre

a hacer barbacoas? ¿Quién?

Pero si no tienes ni idea de hacer barbacoas.

Pero ¿qué dices? Si él no había hecho nunca ninguna.

Cuando nos mudamos a esta casa, se lo enseñé yo

porque a mí me enseñó tu abuelo, tu "abu".

¿Le has echado sal a la carne? ¡No, por favor!

La sal se echa luego, cuando se pone en la brasa.

La sal se echa primero para que vaya macerando.

¡Que no! Que yo la echo después.

Mira, cada maestrillo tiene su librillo.

Muy bien. (ASIENTE)

¿Las verduras estas las vas a hacer? Claro que sí.

Me han dicho Rafa e Yvonne,

los verduleros, que están hoy riquísimas.

¿No hay patatas? No, no hay patatas.

Nos las acabamos ayer para la tortilla.

Verás, va a quedar genial, no te preocupes.

No lo sé, no lo sé. Yo veo esto un desastre.

Es que lo estás haciendo todo rarísimo.

Papá lo hacía de otra manera. Ay, mira,

no sé cómo lo hacía papá, ¿vale?

Pero yo lo hago así.

No hay una manera de hacer la barbacoa,

cada uno la hace como quiere,

con sus manías y con sus... Yo qué sé.

Esta es la manera que la hago yo y ya está.

Y si no quieres hacerla, pues no la hacemos.

Pero si la hacemos, no estés todo el rato quejándote.

No me estoy quejando, es que quiero que salga bien y es un desastre todo

Cariño, de verdad, confía en mí.

Ve a buscar el carbón ahí al patio.

Va, ve.

(RESOPLA)

(SUSPIRA)

No hay carbón.

¿Cómo que no hay carbón?

Pues que si no lo has comprado, no hay carbón.

Muy bien.

Pues si no hay carbón, no hay barbacoa. Se acabó.

Vale. Esto lo hacía para pasar un rato juntos,

para pasarlo bien los tres.

Pero si estamos todo el rato quejándonos...

Mira, la carne la haremos al horno.

Y tú recoge.

Qué morro tiene.

A ver, yo estos...

Estos días estoy trabajando con su libertad condicional,

por eso trabajo en domingo en la oficina.

Y no puedo dejar de pensar qué pasará cuando salga.

Porque va a volver al bufete. ¿A dónde va a ir?

Vendrá aquí.

Pero aquí estamos bien sin él.

Y las cosas van muchísimo mejor.

Ya. -Y los socios

no sé cómo se van a tomar que vuelva mi padre

después de lo que hizo. Y yo, sinceramente,

es que estoy muy bien sin él.

¿Sabes?

Yo es que no me quiero ni imaginar trabajar con mi padre, ¿sabes?

Debe ser durísimo.

Es que los padres siempre te tratan como si fueras un niño;

o sea, nunca te ven como un adulto, te desacreditan todo el tiempo.

Eso es.

Es exactamente lo que me pasa a mí.

Claro, lo que no puedo hacer es dejarle ahí encerrado.

Como comprenderás es una opción que no existe.

No existe esa opción, Olivia.

No sé.

Yo sé que es complicado.

Es que es un marrón, un marroncete, sí.

No puedes dejarle en la cárcel que se pudra.

O sí, no sé.

Pero, vale, no quieres dejarle en la cárcel.

Y si vuelve, te hará sentir incómodo;

no vas a ser tú mismo; te va a coartar

y, bueno, vas a estar

en un ambiente hostil.

(SUSPIRA)

No esta nada mal hablar contigo, ¿eh

Claro.

Si soy súper enrollada.

No sé por qué me ves como una camarera.

Por favor, nada a nadie.

¿Cómo voy a decir algo así?

Es que no se me ocurre. Y tú a Julia tampoco, ¿eh?

Ah, no, mañana cuando llegue al bufete,

lo primero que le diré, ¿cómo era? Que no se calla ni bajo agua, ¿no?

Es broma.

Pues no me hace ni puñetera gracia.

¿A qué hora es la exposición?

Está abierta todo el día. ¿Sí?

Sí, así que sin problema. Muy bien.

Mira quién está ahí.

Vamos a saludarla.

A lo mejor no quiere que la molesten;

está en su día libre paseando. Va a ser un momento.

¡Julia! ¡Julia!

Hola. ¡Qué coincidencia!

Sí. Vamos a una exposición de fotografía

Cariño, ¿de qué iba?

Es una exposición de fotografía bélica,

está en La Casa Verde. Sí, se cuál es.

Me han hablado muy bien.

¿Me llevas a una exposición de fotos de guerra?

Sí, te lo dije en casa.

No. ¿No?

Dicen que es una exposición que está muy bien, te gustará.

Además, salen muchos americanos, ya verás.

¡Qué graciosillo estás, cariño!

¿Qué tal, dando un paseo?

Vente a la exposición con nosotros. ¿Cómo?

No, no. Sí, vente, por favor.

No, Madison, de verdad. Que sí, por favor.

Vente, necesitaré un acompañante para ver la exposición

de fotos de guerra. "I beg you".

Hablas inglés, ¿verdad?

Sí, un poco. Pues no se hable más. Te necesito.

No, de verdad, id vosotros.

Madison, no quiere venir, no le insistamos más.

No es que no quiera ir, es que no sé la situación.

Sí quiere, ¿ves? ¿Vamos?

Pues vamos.

¿Por dónde es, cariño?

Por aquí se abre la valla.

Oye, qué sorpresa, qué ilusión.

Sí, mucha casualidad.

¿Qué tal todo?

¿Hola?

¿Hay alguien?

Hola.

(SUSPIRA)

Venga, Carlotita.

¿Hola?

¿Quién hay?

¿Hola?

Ay, por favor.

¿Hay alguien?

(TARAREA)

¡Ah! -¡Ay!

¡La madre que te trajo, Carlota!

Jesús, soy yo.

Qué susto me has dado. ¿Quieres matarme?

Te estaba llamando, pero como estabas con la música

no me has oído.

¡Jo, qué susto me has dado!

(JESÚS RESOPLA)

¡Qué raro eres!

¿Y de dónde sales tú? ¿De correr?

¿Tú qué crees? Sí.

He perdido las llaves del coche y me acordé

de que tenía unas en el despacho. Bueno, eso espero,

si no la broma me saldrá cara.

Has venido corriendo desde tu casa.

Sí, bueno, tampoco es tanto. ¿Y tú qué haces aquí?

Huir.

¿Y eso?

No puedo con mi madre en casa, está...

Entre lo de mi padre y todo el lío de Mari Carmen, Alba..

Me pone la cabeza bum, bum. Necesito relajarme un poco.

Eso es nuevo, venir a relajarse a la oficina.

Imagínate cómo estamos en casa.

Y encima los domingos, para rematar,

vienen mis tías a comer. -¡Uh!

Y con ellas sí que no puedo.

Se van a poner a criticar a mi padre todo el rato, como si lo viera.

Es que no puedo con ellas.

En fin. -Has hecho bien, para qué discutir.

¿Y qué estás, con algún caso?

No, estos son apuntes para la universidad,

estoy preparando clases.

He venido a preparar las clases y a escuchar un poquito de música,

que me relaja la música esta a mí...

Y ya veo que te has aprovisionado bien de todo, ¿no?

Ya te he dicho que por casa no me paso,

no me verán el pelo ni un minuto.

Ajá. -¿Quieres un poco?

He comprado demasiada.

La verdad es que me ha entrado hambre,

¿no te importa? -No.

Pero solo tengo agua. Si quieres voy al office

y te traigo un refresco. -No, con agua está bien.

¿De verdad que no te importa? -No.

Por cierto,

te quería preguntar

qué tal estás con...

con lo de Jeremy. -Ah...

No, ¿eh? -¿No qué?

Que lo siento, no me apetece nada hablar de eso ahora.

No, de verdad. -Vale, perdona.

Claro, no debería meterme donde no me llaman.

Pues mira, Jesús, estoy ahí,

superando la ruptura, ¿qué quieres que te diga?

¿Habéis roto... un poco?

Un poco no, hemos roto.

La vida.

Lo siento.

Gracias.

Bueno, ¿y tú qué?

Porque tela, ¿qué tal llevas lo de tu padre?

Otro tema, por favor.

Pues estamos buenos.

A ver si encontramos

algún tema de conversación para hablar.

Espero que sí.

Hace tiempo que no pedimos japonés.

Humm... Mucho.

Pues a mí me ha encantado la exposición.

Vaya, no conocía esa faceta sádica tuya.

No, sádica no, si acaso todo lo contrario.

Son una barbaridad, no me digáis que no.

A ver, las imágenes son duras, pero son muy necesarias.

Hombre, necesarias son, pero no hay ninguna necesidad

de centrarse todo el rato en las mismas imágenes.

Es que precisamente eso es la guerra, es eso.

Pues yo he salido del revés.

Es que algunas imágenes eran muy bestias.

Esa es la idea: salir del revés, que te remueva la conciencia.

A ver si nos queda claro de una vez

lo que pasa cuando a unos pocos se les va la cabeza

y empezamos a matarnos entre nosotros.

Sí, pero ¿era necesario ser tan...? Explícito.

"That's it". Sí, era necesario.

Si empezamos a edulcorar las imágenes,

al final nos acabamos alejando del objetivo.

¿Y si comemos algo?

Ya es tarde, es hora de comer.

¿Y tienes hambre después de la exposición?

Sí, la verdad que sí.

Chicos, que lo he pasado muy bien, gracias.

Yo ya me aireo. No, come con nosotros, Julia.

No, gracias. Sí, que me gusta hablar contigo.

Además, tienes unas ideas que me gustan mucho, son muy buenas.

Aquí manda ella. Sí, ya lo veo.

¿Vamos entonces? Sí.

Entonces la idea de las fotografías...

A ver, es...

Es pensar, es cambiar el mundo.

Ya, si lo pienso, pero...

Al final te ha gustado la carne al horno, ¿no?

¿Estaba tierna? Sí.

Estaba buena, pero me gusta más a la barbacoa.

Vale, te prometo que la próxima vez habrá barbacoa.

Pero acuérdate de traer carbón.

Sí, me acordaré, pero también podrías acordarte tú.

¿Eh? Sí, sin problema.

¿Y qué prefieres,

los chuletones como siempre o esta carne?

No sé, las dos me gustan,

las dos están buenas.

Oh, qué bien, por fin he hecho algo bien.

Últimamente lo hago todo mal.

Bueno, yo me voy al parque.

¿Cómo que te vas al parque? ¿Ahora?

Sí, hemos quedado unos colegas y yo

para echarnos una pachanguita de básquet.

Ah, bueno, pues vas a vomitar acabado de comer.

Quédate un ratito aquí, ¿no? Qué más da. Adiós.

Oye, ya que vas, llévate a Cristina. ¿Por qué?

¿Pues porque te lo pido yo?

No va a jugar con nosotros. Mamá, por favor, no me hagas esto.

"No me hagas esto". ¡No estoy haciendo nada!

Solo te digo que te lleves a la niña.

Me acabo de acordar que Sara va con su madre

y así jugarán ellas dos.

Pero que no, que no.

Que yo voy a estar a mi bola y no haré de niñero de nadie, no.

Solo tienes que echarle un vistazo de vez en cuando y ya está.

Tendré que estar todo el rato pendiente de ella, no.

Que no. Te prometo que recojo esto rápidamente

y voy para allá, ¿vale?

Por favor.

Venga, eso sí. Gracias.

¡Cris!

¡Oye, que si quieres venir al parque date prisa!

Oh, era un vino maravilloso, pero maravilloso.

No me acuerdo cómo se llamaba, pero era de Francia,

de la parte del sur.

Yo de vinos no tengo ni idea, Carlota.

Mi padre sabe... ¿Qué pasa?

Tienes ahí una miga.

Que mi padre sí sabe de vinos.

Sí, bueno, con tu padre he tenido muchas conversaciones de vino.

Ya ves tú. Pero... -¡Quietos!

Hoy me matáis, de verdad.

¡Ay! -¿Qué hacen acá?

Intentando comer y charlando.

¿Qué haces tú por aquí?

Llevo acá toda la mañana preparando unos documentos

que me pidieron de Argentina. Iba a irme, escuché voces y ruidos

y me asusté, de verdad. -No te preocupes

porque me ha pasado exactamente lo mismo.

Por cierto, ¿de quiénes son esos paraguas?

¿Por qué tenemos tantos paraguas?

Che, qué rico todo eso, ¿puedo? ¿Qué están comiendo?

¿De dónde es esto?

De aquí, de la terraza de Olivia. -¿Ah, sí?

Me parece que estuviera bien todo.

Carlota, ¿vos corres también?

Qué bueno, ¿eh?

Yo también corro, en Argentina corría todos los días.

Para serles sincera todos los días no,

ojalá pudiese correr todos los días.

Pero acá no salí nunca. Podíamos ir juntas.

Sí, sí, claro.

Seguro que eres una compañera de "running" maravillosa,

siempre tan competitiva y pasional en todo lo que haces.

Debe ser difícil seguirte el ritmo.

Te decepcionaría seguro. -¡No!

Qué va, seguro que eres dura. Tenemos que hacerlo.

Así me muestras sitios nuevos, zonas que no conozco

y de paso me pongo un poco en forma, así como vos.

Gracias.

Bueno, yo me voy a ir.

Tengo teatro y me tengo que poner en marcha.

Jesús, muchas gracias por la charla

y por la comida. Me lo he pasado muy bien.

A ti. -Te recomiendo la musaka,

es lo mejor de todo. -¡Ah!

¿Sabes? A mí la musaka nunca me gustó mucho,

siempre me pareció como la lasaña de los pobres.

¿No te parece?

Jesús. -Dime.

¿Sabes que...? Me gustaría comentarte una cosita personal.

¿Qué os pasa hoy?

¿Qué?

Sí, claro, dime. Dime.

¿Estás seguro de lo que estás haciendo

con la libertad condicional?

¿Perdona?

¿Has hablado con... Olivia?

¿Con Olivia, la mujer del bar? -Sí.

No, ¿por?

No, por nada. Perdóname. (RÍE)

¿Qué pasa con la libertad condicional? A ver.

Sabes que si tu padre sale de la cárcel,

van a cambiar muchas cosas acá. -Sí.

Sí, supongo que sí, claro.

¿Te parece bien?

Sí. ¿Por qué no?

Porque si tu padre recupera el poder vos lo vas a perder.

Jorge, Carlota y yo nos quedaremos como estamos,

pero vos vas a perder tu lugar en el consejo.

¿Eres consciente de eso?

Supongo que sí. Sí, sí.

Es que nunca he querido tener ese poder, ¿sabes?

¿Ah, no? -No.

Yo he hecho lo que tenía que hacer dadas las circunstancias,

pero no me preocupa.

Bueno,

entonces no habrá ningún problema.

Voy a por un poquito de agua.

(Móvil)

(Móvil)

Álex, dime.

¡Mamá, Sara se ha caído y está sangrando mucho!

¿Qué dices? ¿Qué ha pasado?

A ver, estate tranquila que está aquí su madre.

No, voy para allá ahora mismo. Me pongo los zapatos y voy.

Pero ¿qué ha pasado?

No te alteres, pero hemos tenido un accidente.

¿Un accidente?

Pero ¿qué...?

Bueno, yo no; Cris y Sara.

Pero ¿qué...? ¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado? "A ver,

no sé si la ha empujado o se ha caído.

El caso es que está sangrando mucho" Pero ¿quién está sangrando, Álex?

¡Sara! Si a Cris no le pasó nada.

Pero su madre está aquí muy preocupada y enfadada.

Ay, por favor. Pero ¿es grave?

Pues no lo sé, yo creo que no.

Pero está sangrando muchísimo y la llevan al hospital seguro.

Ahora mismo voy para allá, ¿vale? Quédate con la niña

y dile a la madre de Sarita que voy a ayudarla.

Hasta ahora.

¿Y cómo empezaste a trabajar con Jorge?

Porque no lleváis toda la vida juntos, ¿verdad?

No.

Fui a una entrevista de trabajo como pasante,

pero no estaba cualificada.

Eso sí, tuve la suerte de que Sofía se apiadó de mí

y me dio el puesto de trabajo como secretaria de Jorge.

¿Y estabas cualificada para ser secretaria?

No, mucho menos que para ser pasante.

Yo soy abogada. Ah.

Tengo que decirte una cosa,

eres un encanto.

Y me gusta mucho que seas tú la que trabaja con Jorge todo el día

de ti puedo fiarme. Gracias.

Y te voy a necesitar.

Gracias. Verás.

Estoy preparando una cosita

que, bueno, necesitaré tu ayuda.

Espero que sea algo legal. Por supuesto.

No te puedo contar mucho más ahora..

¿El qué no le puedes contar más?

Bueno, cosas nuestras.

Si queréis, os dejo solas y seguís con vuestras cosas.

Que no, cariño, que son cosas de mujeres.

Por cierto, que no le hemos contado nada.

¿El qué?

Cabe la posibilidad, es casi seguro, ¿eh?

Que vamos a trabajar juntos.

¿Quién? Pues Jorge y yo

vamos a trabajar juntos. ¿No es genial?

¿A que sí?

¿Verdad?

¿Brindamos?

Vamos, ve pasando. A la ducha, ¿vale?

No, mami, déjame... A ducharte que mañana hay cole.

Por favor, sin rechistar. Vamos.

Álex, necesito saber qué ha pasado. Cuéntame, va.

(SUSPIRA) A ver, yo...

Es que no lo vi porque estaba jugando al baloncesto.

Pero oí gritar a Cris... ¿Cómo que no lo viste?

Te dije que vigilaras a la niña.

Si eso hice, vigilar a la niña ¿Y?

Pues que lo hice de vez en cuando, no siempre.

Es lo que te dije que iba a hacer.

¡Pero por favor! A ver, escúchame.

Lo que pasó fue...

¿Qué? Que Cris...

la empujó sin querer. La empujó.

Jugando. Jugando sin querer la empujó,

con la mala fortuna de que al caerse

Sara se abrió la ceja.

Por favor, entonces es culpa de Cris y yo allí diciéndole a Inés

que la niña no había hecho nada. Por favor, qué vergüenza.

¿Seguro que ha sido Cris? Que no lo sé,

es lo que me dijo ella. ¡Si yo no estaba!

Pues deberías, que pudo pasar una desgracia;

que se podía haber sacado el ojo en vez de la ceja.

¡Bueno, que tampoco ha sido para tanto!

¿Cómo que no? No, que la madre de Sara exagera...

Pero ¿por qué? Porque estaba como una loca.

Encima metiéndole unos gritos a Cris desproporcionados.

Es normal que estuviera nerviosa. Normal.

Yo cuando vi la sangre, también me asusté.

Pensé que se le había salido el ojo.

Luego vi que fue la ceja y la cosa fue más tranquila.

No debería haberle chillado a la niña porque es pequeña

y no hay que chillarle.

Ya cuando estemos más tranquilos, llamaré a Inés.

Oye, ¿por qué no me llamaste? Nosotros vivimos

más cerca del parque que ella. Ahora vas a por mí, la culpa es mía.

No, la culpa no es tuya, pero debiste llamarme.

¡Y te llamé! ¿Cómo que me...?

Mira, escúchame,

pudo haber pasado una desgracia grande y...

¡Estoy harto! ¡Harto de que cada cosa que ocurre en esta casa,

cada circunstancia, todo es culpa mía! ¡Todo!

¿Y tú qué? ¿Dónde estabas? Cómo...

¡Que la hija es tuya, no mía!

¡Álex, no me hables así, por favor!

¡No me vuelvas a chillar nunca más!

(Portazo)

Solo pensar que Álex se cree culpable

y responsable de la situación me rompe el corazón.

Es que no... Los chicos hacen cualquier cosa

para expresar sus sentimientos, ¿eh?

No puedes quedarte enganchada en algo en concreto.

Es que él es mi hijo y nunca me había hablado así.

Nunca me ha hablado con esta rabia.

Es probable que Álex tenga mucha rabia;

eso es innegable.

Pero de ahí a que piense que es responsable de todo.

No, no. Deberías centrarte más en su rabia

y averiguar de dónde viene. ¿De dónde viene?

¿Pues de dónde va a venir? De la separación,

del abandono; desde que José nos abandonó.

Porque nos sigue arruinando la vida aunque no esté aquí.

Es probable que Álex se sienta responsable

del abandono de su padre. No me lo puedo creer.

¿Me estás diciendo que Álex se siente responsable

de que José se haya ido de casa? Es un mecanismo de defensa muy común

Y sobre todo en los niños. ¿Ah, sí?

Para un niño es impensable que sus padres sean malos.

Por lo que si un padre o una madre hacen algo malo,

como gritarles, castigarles o marcharse de casa,

automáticamente el niño siente que es responsabilidad suya.

No que los padres sean malos,

sino que él ha hecho algo para merecer ese castigo.

Es que no me lo puedo creer.

O sea, que Álex se siente responsable

de que José se haya ido de casa.

Puede ser.

Pero háblalo con él.

Hazle saber que eso no es así.

Aun así hay algo bueno en todo esto.

Pues ya me dirás, yo no veo nada bueno, sinceramente.

Que Álex está empezando a aceptar

la desaparición de su padre.

Ya.

La verdad es que...

No sé, es un desastre...

¿Qué es un desastre? Todo, todo es un desastre.

Mi matrimonio, la familia, la separación.

Igual no debí aguantar tanto con José.

Pero yo lo quería y no me quería separar.

No quería dejar a mis hijos sin un padre.

Pero igual debí separarme antes. No sé,

lo único que quiero es ser una buen madre.

¿Y qué es ser una buena madre? Pues no lo sé.

Ser una buena madre y ya está.

Ser una buena madre.

Pues piénsalo

y lo hablamos la semana que viene.

Bueno.

Qué pesada, de verdad.

¿Quién, yo? No, no.

Mi madre, que no para de enviarme mensajes.

Perdona, ¿eh?

Ya está.

Me envía mensajes todo el rato, Carol, te lo juro.

Que dónde estoy; qué hago; que si como en casa...

Cuando no como en casa entre semana desde que trabajo.

Vamos, que está insoportable.

Y todo porque el domingo me fui a comer con Ángel

y no con ella y ha sido como explotar un volcán.

Ahora dice que paso de ella, que la tengo abandonada;

que no la quiero. Es como si tuviera celos de Ángel.

Sí, mi madre hace lo mismo. No soporta a ninguno de mis ligues.

¿Y qué hago?

Pues yo los juntaría.

¿Cómo?

Pues organizas algo el domingo, así estás con él

y ya no te puede decir nada. Igual hasta se llevan bien y todo.

Es una idea.

¡Buenos días!

¡Has vuelto! ¡Sí!

¡Qué bien, el bufete ha sido un rollo sin ti!

Te lo juro. Gracias.

Bienvenida. -¿Qué tal?

Eh... Hablamos luego.

¿Qué le pasa?

No sé.

¿Bienvenida? ¿Perdón?

Aquí ha pasado algo mientras no estaba.

Que hoy no se encuentra muy bien. ¿Tú qué tal?

¿Con ganas de volver?

Sí. Estoy un poco nerviosa,

es como si fuese el primer día de curro.

Bueno, como el primer día de la segunda parte.

Sí, será eso.

Oye, ¿seguro que no le pasa nada?

Es que me ha dejado un poco rayada. No, no.

¡Ay, qué bien que estés aquí!

¿Nos tomamos un café y me cuentas? Venga, vale.

Vamos.

¿Pensando en viajar?

Bueno, nunca se sabe.

¿Sabes si este fin de semana entró alguien al bufete?

No, ¿por?

Esta mañana el encargado de la limpieza

me ha echado la bronca.

Te ha echado la bronca a ti.

¿Y por qué? No sé.

Me ha dicho que si había pasado algo en el bufete

porque estaba todo patas arriba,

lleno de comida y de tazas de café.

No entiendo por qué te tiene que echar

la bronca a ti por eso. No sé.

Imagino que porque fui la primera persona a la que vio.

Pero es raro que se enfade, la verdad.

O sea, es raro que vaya echando broncas por ahí

a la primera persona que se encuentra.

¿No? Quieres que lo pregunte,

no sea que entrara alguien.

Eh... Sí, pregúntalo.

Bueno, habrán sido Jesús y Carlota o alguien del bufete,

no creo que sea nada raro. Muy bien.

¿Necesitas algo más?

Sí.

Darte las gracias por lo de ayer.

¿Las gracias por qué?

¿Cómo que por qué?

Porque fuiste muy simpática y atenta con Madison

y entiendo que no es una situación fácil.

No te preocupes, estuve muy a gusto, Jorge.

Madison es muy simpática.

Y lo que pasó me vino de perlas.

Julia, yo... Me han quedado las cosas muy claras.

Madison ha venido para quedarse y tiene planes de futuro.

No es... No necesito explicaciones de nada.

¿Y sabes qué despacho ocupará?

Pues no sé qué despacho ocupará

porque lo de trabajar aquí es idea suya,

no es nada que vaya a pasar. Ya, por ahora.

(Teléfono)

Cógelo.

(Teléfono)

Hola, Madison. Dime.

Bien, aquí trabajando.

Vale, sí.

Eh... Pues te recojo yo.

Entonces esta cita te la anulo, ¿verdad?

Yo cambiaría esta para el día siguiente.

Muy bien, perfecto. Gracias. A ti.

Hasta mañana.

Hola, Sofía. Buenas tardes. Hola, Rodrigo.

¿Cómo estás? Aquí recogiendo, un día largo.

¿Y tú qué tal? Bien.

Mira, no sé si podrá atenderte ahora mismo.

Si quieres, me llamas otro día y te cuelo

porque ahora está a punto de irse para casa.

Le decía a Rodrigo que estás a punto de irte a casa.

Le doy una cita para otro día, ¿no? Si es algo urgente...

No, perdona, siento las molestias. No vengo a verte a ti,

vengo a verte a ti. ¿A mí?

Sí.

Bueno, nos conocemos y...

Es un tema delicado y prefería decírtelo en persona

y no por teléfono. Pero ¿qué pasa?

¿Has hablado con José?

¿Quién es José? Mi exmarido.

No. Ah, pues perdona, dime.

Es por Inés Alfaro, es mi cliente.

¿Inés la madre de Sara? (ASIENTE)

Ha decidido poner una demanda por el incidente de ayer

en el parque. Y, bueno, quería decírtelo en persona.

¿Qué? Pero... Debes buscarte un abogado, Sofía.

¡Ay!

Ya tiene un abogado.

Estás hablando con él.

Tú no quieres trabajar conmigo.

Madison, no estoy diciendo que no quiera trabajar contigo;

te estoy advirtiendo de que no será fácil.

Ahora mismo el bufete no necesita más abogados,

necesita más casos. Ya.

¿No será que no quieres verme por el bufete por otro motivo?

Inés exige una indemnización

y también reclama el pago de las consultas

a los especialistas estéticos;

los medicamentos para la cicatrización

y el tratamiento de las secuelas psicológicas.

¿Secuelas psicológicas? Por favor, la niña lloró

cuando se cayó porque le salió sangre,

pero llegamos al hospital y ya no lloraba.

La niña después estaba tranquila.

¿Sabes con quién estoy quedando

para ir al hipódromo? No.

Con Madison.

Si te soy sincera, al principio pensé

que nunca seríamos amigas porque es un poco borde.

Pero en el fondo es una dulce. Me ha pedido perdón.

¿Sigues teniendo perfil en el Acorder?

No, no.

Lo borré cuando empecé a salir en serio con Ángel.

Pero es divertido, ¿no? Para pasar el rato así...

Claro.

Te dije que te abrieras un perfil, Julia.

Pilar quiere divorciarse

porque su marido le prometió

una jubilación llena de aventuras y de viajes

y ahora que ha llegado el momento,

el hombre está deprimido y no se puede levantar del sofá.

Pues me apena que no luche por la que fue la mujer de su vida.

Bueno, es que a veces la lucha no es suficiente.

Vine a decirte que es probable que te den la libertad condicional.

Eso parece, sí.

No abriste la boca, no dijiste nada que no debías.

No he dicho nada porque no sé nada de nada.

Si quieres volver, no pretendas recuperar

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  • Capítulo 86

Derecho a soñar - Capítulo 86

14 may 2019

Es domingo y vamos a mostrar cómo lo afrontan nuestros distintos protagonistas fuera de su rutina laboral. Julia aburrida acude a la terraza de Olivia. Maricarmen y Alba discuten, porque la hija ha quedado con Ángel a comer. Sofía intentará tener un domingo de barbacoa como los de antes, y acabará discutiendo con Alex. Jorge y Madison no se pondrán de acuerdo en qué hacer un domingo. Y muchos (Jesús, Carlota y Victoria) acabarán en el bufete, por distintos motivos, sin nada que hacer. Cristina empuja a una amiga en el parque y le parte una ceja, posteriormente, la madre de esta niña denunciará a Sofía.

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