Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 76 - ver ahora
Transcripción completa

Una cosa es un comentario negativo y otra pasarse.

-Hay mil maneras de dar lecciones sin pegar a nadie.

-Pero es la más rápida y efectiva.

-¿Que le queréis pegar?

-Si es una broma, ¿no?

-Si no quieres venir, pues no vienes.

Ya está. -Pues no quiero.

-Nos hemos pasado. ¿Qué tendría, 12 años?

-¡Brutal!

¿Qué puedo hacer yo para rendir mejor?

¿Qué puedo aportar yo?

Los perdedores insisten constantemente

en nosotros.

Las personas que realmente marcan la diferencia

tienen nombre propio.

Ustedes son los que cambiarán este bufete.

Dirán que firmé las escrituras libremente;

dirán que no hubo coacción;

que lo hice en pleno uso de mis facultades mentales.

Pero tú y yo sabemos que no es así.

Fui engañada,

fui manipulada.

-Este tribunal viene a absolver

y absuelve a doña Amanda Luz Ortigosa

de las acusaciones de estafa y apropiación indebida.

No ha sido un mal final.

-¿Y por qué planteaste la demanda?

-Era la única manera que tenía de enfrentarme a ella.

Hiciste muy buen trabajo vos.

Me imagino que habrás aprovechado su compañía.

Una chica tan joven, tan linda.

-Hice simplemente lo que tenía que hacer.

-¿Y ya está?

-¿Cómo?

-Tenemos lo que queríamos, ¿no?

Yo en el consejo y casi al mando.

-¿No te das cuenta de que eso sería precipitado,

de que sospecharían?

Además, aún podemos sacarle más partido.

-No, olvídate. -Victoria, por favor.

-Voy a pensar que lo haces por vicio y no por la causa.

Esta escritura demuestra que tu madre es la dueña

de la mitad del polígono industrial norte.

¿Qué?

Todas las naves, los terrenos, las instalaciones

ahora son propiedad de tu madre.

Hasta que no comprobemos que esto

no se compró con el dinero del blanqueo,

si no fue así, Alba,

todo esto volvería a los tribunales.

No sé,

me siento como muy triste y muy cansada.

No sé si lo estoy haciendo bien con los niños;

no dejo de llorar por las esquinas todo el rato.

Estoy de malhumor... Para.

Te voy a parar primero para que respires

y después para que te escuches.

¿Que me escuche qué?

Como hablas.

Ah. Estás siendo muy dura contigo misma.

Está todo muy mal.

¿Estás enfadada contigo misma?

Hombre, sí.

Sí, claro. A ver,

me siento culpable por la situación. Una cosa,

a partir de ahora vamos a hablar de responsabilidades,

no de culpas, ¿vale? Ah, vale.

Y explícame eso,

¿sientes que tienes la responsabilidad

de que tu marido os haya abandonado?

¡No, hombre no!

El responsable es él.

¿Y estás enfadada con él?

Sí, estoy muy enfadada con él.

Pero mucho más conmigo. ¿Cómo no lo pude ver?

O sea, ¿cómo no pude abrir los ojos?

Sofía, tienes que dejar de flagelarte.

¿Vale? Vale.

Porque estar así no te ayudará a avanzar.

Ya.

Pero a ver,

estoy preocupada por mis hijos

porque su padre ha desaparecido,

los ha abandonado

y yo quiero que mis hijos estén bien;

quiero que todo vaya bien.

Y ellos estarán bien

cuando te vean a ti bien.

Ya.

pero es que...

Es que yo he perdido la alegría,

ya no...

Bueno, ten paciencia

que la alegría volverá.

Y ahora deberías ser un poco más,

ocuparte un poco más de ti.

Ya, pero es que bastantes cosas tengo que hacer

como para que ahora me ocupe de mí.

No sé cómo hacerlo, no sé.

Bueno, puedes empezar

por cultivar tus aficiones.

Ah, no, es que no tengo aficiones,

es decir, que no...

¿No recuerdas nada

que te gustara hacer?

No, la verdad es que no.

Bueno,

a ver,

a mí me encantaba

ver cómo mi padre jugaba al ajedrez.

Y yo había jugado con él,

pero nunca me atreví a preguntarle

si él me podía enseñar.

Pues ahora es un buen momento para empezar a aprender.

Vale.

(Sintonía "Derecho a soñar")

¿Aún liado con la camisa?

Es que la plancha no funciona.

Tiene que salir vapor para quitar las arrugas

y de aquí no sale vapor.

Ángel, ¿tú normalmente te planchas las camisas?

Sí, sí.

Estas tan complicadas me las hace mi asistenta.

Pues yo no pienso ser tu asistenta,

pero en este caso déjame... No vas a coger la plancha.

Bueno.

Si no, vamos a llegar tarde.

¿Y? Te acerco en el coche.

No pensaba ir en tu coche.

¿Por? No sé,

el viernes pasado fui en metro y tú en coche.

Pensaba que preferías eso. ¿Que yo prefería eso?

Eso es absurdo.

¿Y por qué lo aceptaste?

Porque tú te empecinaste en ir en metro

y volvemos a estar otra vez con lo mismo.

Camisa dominada y planchada. (RÍE)

¿No te parece muy serio

que vayamos los dos en tu coche al trabajo?

¿Serio?

¿Qué tiene de serio que dos compañeros

vayan juntos al trabajo? Hombre,

compañeros... Más bien un jefe.

Alba, no le des más vueltas.

¿Qué más da si llegamos juntos o no

si todo el mundo sabe que estamos enrollados?

Ya lo pillo.

O sea, podemos ir juntos al trabajo,

no pasa nada, eso no significa

que no estemos formalizando la relación.

No, claro que no.

Puedes estar tranquila.

No, si estoy muy tranquila.

Pero ya que dices que lo sabe todo el mundo...

¿Qué?

Hoy voy a visitar a Francisco

y él no lo sabe. No querrás contárselo.

¿No puedo?

No, no es que no puedas,

pero me parece innecesario

porque se preocuparía más.

No veo por qué iba a preocuparse.

Un padre es un padre y siempre se preocupa.

Pero Francisco te aprecia, Ángel.

Sí, ya sé que me aprecia.

Además, eres su abogado,

confía en ti. Sí, sí.

Confía en mí,

pero yo no dejo de ser un hombre

bastante mayor que su hija que...

Alba, lo digo por él, no quiero que se preocupe.

Sería innecesario.

¿Eh?

Me gusta que te preocupes por él.

Eres muy considerado.

Entonces queda claro,

no se lo cuentes.

Vamos a trabajar que vamos a llegar tarde.

Bien.

Es la camisa mejor planchada que he visto.

Lo sé.

Además, por mucho que vayamos en coche,

no creo que corras como en un Fórmula 1.

No es un Fórmula 1, pero no se queda corto.

Te vas a chupar los dedos con mi desayuno.

Uy, yo me tomo el café y arreando.

Hija, Julia, déjame cuidarte un poco

que tienes una cara...

¿Sabes qué? ¿Qué?

Que estoy echando un poco de menos a mi coach.

Me venía muy bien tener a alguien con quien hablar

y con quien desahogarme.

¿Y yo qué?

¿Eh? ¿No te sirve mi compañía,

mi sabiduría? ¿No te sirve mi intuición?

Oli, una cosa no quita la otra.

Mi coach me ayudaba a entenderme a mí misma,

a escucharme.

Siempre puedes tener otro ataque de ira

y tirarle la grapadora a Carlota. ¡No! No, gracias.

A ver, espérate un momento

que creo que te voy a animar.

Miedo me das.

(SILBA)

¿Y esto qué es?

Tarot. No, bueno,

ya sabes que en esas cosas no creo mucho.

Pero yo sí.

Así que vas a elegir una carta

y va a ser tu carta de la semana. No.

De la semana no; si quieres, una carta para hoy.

De la semana no, que como sea una carta mala

voy a estar ahí dale que dale y no.

Menos mal que no creías en el tarot.

Basta que diga que no y que saques una carta mala

y que se cumpla todo, no.

Que no hay cartas malas,

cada una encierra una invitación a reflexionar.

Corta.

¿Y ahora?

Dame una carta.

¡Uh!

El sol. El sol.

Sí. ¿Y eso qué es?

¿Ves estos dos hermanitos?

Esté está a ciegas,

como que no se encuentra.

Está perdido en la vida, ¿vale?

Y el otro, el que le echa el brazo por encima,

le ayuda a encontrarse a sí mismo;

es como que le guía.

Así que igual esta semana

aparece una persona que te ayuda.

Quién sabe,

igual te ofrece una súper oportunidad.

Una súper oportunidad.

Me lo voy a apuntar.

Buenos días.

Buenos días.

¿Tienes un minuto, Ángel?

Sí, por supuesto.

Por cierto, ¿qué tal la nueva socia?

Bien, bien.

Ya escuchaste su discurso del otro día.

Parece competente. Sí.

Pero no venía a hablarte de eso.

Tú dirás.

¿Prefieres que vayamos a mi despacho? No, no es de trabajo.

Te he visto llegar en el coche con Alba.

Así es. ¿Y?

Y nada.

Solo que no puedo evitar preguntarme

si el hecho de estar con ella tiene que ver con Francisco.

Jorge, estás haciendo una insinuación muy fea.

Lo sé.

Y espero estar equivocado.

Tan equivocado como cuando pensaba

que mi padre era un corrupto.

Aquello fue un malentendido,

un lamentable malentendido y ya está.

Y ya está, sí.

No me gustaría nada ver sufrir a Alba.

¿Entendido?

Has llegado temprano, ¿no? -Ya ves.

Ya que no puedo arreglar el mundo, lo voy a intentar con esto.

-¿Qué tal el fin de?

Te escribí el sábado por si te apetecía tomar algo.

-Ah, bueno, sí,

es que lo vi muy tarde

y me levanté a las tantas el sábado.

-¿Os liasteis mucho Daniel y tú? -¿Qué?

-¿Con lo de la misión anti "hater"? -¡Ah! Sí.

Bueno, acabamos un poco tarde.

A ver, tampoco tanto. Es que fue una chorrada.

-¿Y luego saliste? -¿Cuándo?

-El viernes, dices que el sábado te levantaste a las mil.

-Ah, sí, sí. A ver, sí,

salí el viernes.

-¿Adónde fuiste? -¿Cuándo?

-El viernes. Charly, estamos hablando del viernes.

-Perdón, es que estoy de lunes. -¡Ya!

¿Te pasa algo? -¡No! Nada importante.

-O sea, que te pasa algo.

-Bueno, vale.

A ver, el viernes me pasó una cosa

que me muero de vergüenza.

-¿Qué pasó?

-Es esa cosa que dices que cómo ha podido pasar,

pero pasa y... -¿Qué cosa, Charly?

-Y quieres rebobinar en el tiempo y borrar la imagen.

-¿Me lo vas a contar o no?

-Que me lié con Daniel.

-No me lo creo.

-Ya, ni yo,

pero venía aceleradísima... -Vale, no quiero saber detalles.

-Que ya sé que es lamentable. -No sabes nada.

-A ver, ¿por qué te mosqueas?

-Porque te has liado con él justamente.

-Chica, que no nos hemos prometido, que es un rollo de una noche.

-Si quieres que le quite importancia para que te sientas mejor,

lo siento pero no.

-Hola. ¿Molesto? -No,

la que molesta aquí soy yo.

-¿Qué le pasa?

-Tienes un don para fastidiarlo todo.

-Pero ¿yo por qué?

¿Charly?

Podríamos haber quedado más tarde. Bueno.

Me traes unas pintas.

Perdona, pero humildemente considero

que suelo llevar la resaca con mucha distinción.

Sí, lo que tú digas.

Tengo dos vidas, amigo.

Puedo salir por la noche hasta las tantas como un chaval

y al día siguiente aquí me tienes, a primera hora

al pie del cañón para lo que haga falta.

Un profesional. A primera hora, ¿eh?

Diez de la mañana. Pues eso.

A ver, ¿qué pasa con el juicio este

de los estilistas?

Perdona, mi cliente no es un estilista,

es Hugo Collado. Yo antes de esto

no lo había escuchado en la vida. Serás el único,

porque el tío es muy famoso.

Arrasó en Cibeles, trabaja con marcas de todo el mundo.

Es un crack.

La que es una estilista es tu cliente.

Perdona, mi cliente sale todos los jueves

en "Atrévete a cambiar" y a ella la conoce todo Dios.

No he visto ese programa en mi vida.

Ni yo.

¡Ay!

Bueno, ¿qué más da?

¿Qué pasa con los estilistas?

No es de eso de lo que te quería hablar.

¿Entonces para qué me haces llegar tan pronto?

Para hablar sobre Berta. No.

Tío, por favor, te lo suplico. Otra vez la cantinela de Berta,

que si mi bufete... ¡Que no, de eso no!

Eso ya está hablado. (RESOPLA)

¿Seguro? Seguro.

Vale. ¿Entonces?

A ver,

lo que pasa es que me estoy planteando

si encargarle a Berta la defensa de nuestro cliente.

Y me gustaría saber si podrás trabajar con ella.

¿Con ella? Querrás decir contra ella.

Con ella o contra ella, sabes lo que digo.

Para que estés tranquilo,

te recuerdo que la semana pasada trabajé con ella

o contra ella y no hubo ningún problema.

Pues por lo que me han contado,

no la trataste muy bien.

¿Eso te ha dicho?

¿Eso te ha dicho, que no la traté bien?

Espera, espera.

¿Ella te ha dicho que no la traté bien?

"Ella te ha dicho", que sí. ¡Uh, esto me preocupa!

¿No será que la chica sigue sintiendo algo por mí?

Escúchame un momento, de verdad,

hablemos serios un ratito.

¿Crees que podrás enfrentarte a Berta

sin que haya ningún problema? ¿Sí o no?

Si hago todo esto

es porque lo último que quiero es que el trabajo

acabe fastidiando las cosas.

Que para algo somos amigos.

¡Ay, qué sentimental te pones, Jorgito!

Que no te enteras, tío.

Para mí el tema de Berta está zanjado, agua pasada.

¿Seguro? Seguro.

Ahora mismo solo hay una mujer que me quite el sueño,

Victoria. ¡No, no! Rodri, hazme caso,

no te metas ahí.

Es que te vas a estrellar. (RESOPLA)

Qué poco me conoces, amigo. No, te conozco demasiado,

ese es el problema.

¿Vamos al bufete y zanjamos lo de Berta?

Uf, te ha dado con Berta, ¿eh?

¿Va a estar Victoria en el bufete?

Pues sí, trabaja ahí, ¿cómo no va a estar?

Venga, ¿a qué esperamos?

Anda. Oye, ¿tienes ibuprofeno por ahí?

¡Ibuprofeno!

Carol. -¿Me puedes dejar de seguir?

-¿Me puedes decir qué te pasa? -No me pasa nada.

-Por favor, que no puedo estar toda la mañana persiguiéndote.

-Para ya y vuelve a trabajar.

-No lo entiendo, ya te he contado cómo pasó lo del viernes.

Llegamos acelerados... -¡Que no quiero saber nada más!

-Oye,

a ver si te va a gustar Daniel.

-Pero ¿qué dices?

-Si no, no tendría sentido, tiene toda la pinta.

Vale, lo siento mucho.

No pensaba que te lo tomarías así.

-Podrías haberlo pensado porque justo te has liado

con un tío que me ha tratado fatal un montón de veces.

.Tampoco pensé que lo verías así. -Ya.

Yo tampoco pensé que caerías con un tío tan sobrado e imbécil,

pero mira. -A ver, me lo sigue pareciendo,

pero tampoco le voy a hacer un escáner cerebral

a cada pavo con el que me lío.

Y ya metidos en faena, un poco más o menos tarado

tampoco altera el resultado final.

Va, por favor.

¿Nunca te has liado con un pavo patético

y al día siguiente te has arrepentido y te querías morir?

-Pues te vas a sorprender,

pero yo antes de hacer nada pienso un poco;

sobre todo si le puede molestar a alguien.

-De verdad, lo siento mucho. ¿Qué más te puedo decir?

-No digas nada. -¿Vas a seguir enfadada por esto?

-¿Me dejas salir?

Vamos a ver,

antes de que llegue el cliente y nos reunamos con él,

quiero que todo esté claro entre vosotros dos.

Cristalino está.

Sobre todo quiero asegurarme

de que no habrá salidas de tono.

¿Eh, Rodrigo?

Si no, Berta no estará en el caso.

Por mi parte, vamos, le extiendo la alfombra roja.

Seré de una corrección británica. -¿Ah, sí?

¿Como la semana pasada?

-¿La semana pasada qué?

¿Por la pócima esa que te eché en la bebida?

Fue una broma tonta de las que antes te hacían gracia.

Aparte de eso, solo hice mi trabajo.

Y te gané, que a ver si va a ser ese el problema.

-Mira, Jorge, no sé si esto va a resultar.

Por favor, ¿eh?

Es un caso ligerito y perfecto

para que arregléis vuestras cosas,

cada uno defendiendo a su cliente

y si puede ser, sin ningún problema.

Vale, pero quiero dejar algo claro

y es que no tengo nada que arreglar con Rodrigo.

-Yo me limitaré a ser profesional y educado.

-Pues entonces okay. Ajá.

Solo espero que la próxima vez que lleve un cliente

contra uno vuestro, tenga ocasión de enfrentarme

a la nueva incorporación.

-¿A quién te refieres? -A Victoria.

-¡Bah!

-Tiene que ser apasionante enfrentarse a ella.

Es una mujer brillante y dura,

de las que a mí me gustan.

De esas mujeres que dejan huella, las que no se olvidan.

-Jorge, cuando termine aquí Rodrigo con su "speech",

si quieres, me pones al día sobre nuestro caso.

Sí.

Nuestro cliente es el diseñador Hugo Collado.

¡Ah, Hugo Collado! Sí.

Claro. Le vi en Cibeles.

Su desfile fue uno de los mejores. Eso es.

El tío está en auge.

Tiene muchos seguidores en redes sociales;

es súper conocido; desfila por todo el mundo.

Trabaja con las mejores marcas, revistas.

Un crack, vamos.

El problema ha surgido con un look

que creó para la revista "Uomo", este de aquí.

¿Y qué ha pasado?

Pues que la cliente de Rodrigo... Mayra Velasco,

de "Atrévete a cambiar". -En serio.

(ASIENTE)

Pues Hugo afirma que Mayra Velasco

ha copiado uno de sus estilismos

para utilizarlo en ese programa. Como veis muy poca base,

eso no se sostiene. -Por favor,

¿has mirado las fotos?

Los looks son casi idénticos.

-Aconsejad a vuestro modisto este que se retire

porque Mayra nunca reconocerá que ha copiado

y mucho menos va a disculparse.

A ver si no va a acabar él con una demanda.

A ver, tranquilidad, ¿eh?

Primero vamos a hablar con nuestro cliente

y después hablaremos con vosotros.

Si le parece bien a usted. Por supuesto.

Berta, lo siento, pero si el caso va para adelante,

es que te voy hundir.

Rodrigo. ¿Ves?

-¡Profesionalmente! -¿Ves?

¡No, no! -¡No se te puede decir nada!

-¡No, es que es un maleducado! -¡Uf!

Lo siento. Tampoco le entres al trapo.

¿Perdona? No, vale.

Hola, cielo. -Buenos días.

-Vengo de un "fitting" que no acababa nunca.

Y la fotógrafa era una mamarracha que no paraba de hablar.

Y yo con mi problemón.

A ver si me pueden ayudar en este bufete

porque me va a dar algo. -Sí...

-Me voy a sentar. Estoy muerto. -Sí, siéntese.

-¡Oh!

Ese color te quita luz, ¿sabes?

Como que te opaca.

¿A ti te cae bien Mayra Velasco?

-No la conozco. -Porque es una irrelevante.

Pero su programa sí, "Atrévete a cambiar";

ella trabaja de estilista.

Bueno, estilista, eso es lo que se cree,

porque si algo le falta es estilo.

A mí no me puede ni ver, claro,

me llaman de todos los sitios. -Eh...

-Ella mataría por trabajar en "Uomo".

¿Conoces la revista? -No.

-Pues échale un vistazo

porque necesitas modernizar tu "working outfit"

tanto como esa melena.

Ahora mismo "Uomo" es lo más para la moda,

pero cualquiera puede echarle un vistazo

y copiarte ideas como ha hecho esa.

(SUSPIRA)

-Perdón,

¿tenía cita con alguno de nuestros abogados?

-Pues claro, cariño.

No voy a venir a hablar de mi vida

como si fuera un monologuista. -Ya, claro.

-¿No sabes quién soy?

Cariño, hay que ver un poquito más de mundo.

Soy Hugo Collado.

Ni de nombre, ¿no?

Bueno, da igual. Jorge Leiva me está esperando.

-Un momento, por favor, voy a avisarle.

-¡Oh!

¿Qué tal? ¿Estás bien? No muy bien, la verdad.

Me he levantado muy desanimada.

José no contesta al teléfono

y, la verdad, por las mañanas

me cuesta afrontar el día.

Me imagino.

Es normal, Sofi.

¿No te has ido animando un poco durante la mañana?

Bueno, me fue bastante bien con el coach

porque me pude desahogar un poco.

Sí, siempre viene bien empezar la semana

con una buena sesión.

¿Y qué te ha dicho?

¿Te ha dado algún consejo, algún ejercicio?

Me ha dicho que piense un poco más en mí.

Que no sea tan dura conmigo misma

y que deje de pensar en los demás.

¡Pero es que soy madre! Ya.

Pero, bueno, es un buen consejo.

¿Lo vas a poner en práctica o no?

Pues no lo sé,

lo voy a intentar, la verdad.

También me ha dicho que me busque un hobby o algo así.

Y la verdad, no se me ocurría nada.

Sofi,

algún hobby tendrás, algo te gustará.

Una actividad, algo. No sé.

Cuando me lo dijo me vino la imagen de mi padre

jugando al ajedrez, que me encantaba

porque jugaba súper bien.

Y estoy pensando en retomar esa actividad.

Como le doy muchas vueltas a la cabeza,

el ajedrez es un juego que necesita mucha concentración.

Ves como sí hay algo que te gusta.

¿Eh? ¿Tu juegas al ajedrez?

No, a ver, de pequeñita jugaba un poco.

Pero estoy pensando en aprender. A mí me apasiona.

Pero aquí nadie juega y juego contra el ordenador.

Es un poco aburrido. Claro.

Un rollo, ¿no? Un poquito, sí.

Yo preferiría a alguien de carne y hueso

para sentir ahí la tensión;

calibrar qué movimiento va a hacer el otro.

Eso una máquina no te lo da. No.

Desde luego que no. No, no te lo da.

No te lo da.

Bueno, quizá Sofi podría aprender

y podríais jugar juntos.

¿No?

Claro.

Claro,

podríamos jugar tú y yo.

¿No?

Bueno, ¿nosotros? Sí.

A mí me encantaría. Yo cuando quieras.

Te advierto una cosa,

yo cuando hay un tablero de por medio,

no tengo amigos, ¿eh?

Se me olvida la cortesía,

no voy a ceder ni un peón.

Cuando quieras, yo te espero.

Voy a afinar mi estrategia.

Uy.

Creo que alguien te acaba de lanzar un desafío, ¿no?

Y alguien me ha metido en un buen lío, ¿no?

¿Vas a aceptar o no? Por favor,

tendré que aprender mucho.

¡Pues a practicar! Uy...

Encantado, soy Jorge Leiva.

Ella es Berta de Beltrán. ¡Bueno, qué fuerte!

Berta de Beltrán, por favor. Dame dos besos.

Te sigo por Fotopic, me encanta tu estilazo.

Mira esos taconazos, "fetish" total.

Eres como clásica, pero con un puntazo

que no tienen las petardas que no paran de colgar sus fotos.

Tú tienes "brand", te distingues de todas.

-Gracias. -A mí me pasa lo mismo,

que todo lo que hago es muy mío, único total.

Por eso si esa lagarta de Mayra Velasco

se cree que me va a plagiar...

Mejor nos sentamos, ¿no? Sí, mejor.

Si se cree que me va a plagiar, la arrastro del moño.

El talento no se copia, yo sería incapaz;

pero claro, a mí me sobran las ideas

y ella tiene el cerebro más seco que su contorno de ojos.

Ya. Me quedé muerto

viéndola en la tele explicando mi concepto

como si fuera suyo. Luego me ve en las fiestas:

"Hugo, me encanta, qué puntazo. Me encanta tu estilo".

Falsa, traidora. -Pero, bueno...

-Le plantó lo mismo que le puse yo a la modelo de "Uomo".

Cambió los colores, algún detalle

como la pedrería en lugar de los imperdibles

con que yo rematé la blusa.

Y esa diferencia... Es calcado.

Entiendo que no captes la esencia de un look.

Solo hay que ver cómo has combinado esa corbata.

Pero es que ella no se ha inspirado; no, ha copiado literalmente

cambiando algún detalle para que no fuera un escándalo.

-¿Y han hablado? -Esa es una cobarde, no da la cara.

Ni coge el teléfono ni mira los mensajes.

Así que yo lo he colgado en la red y, claro,

se ha liado parda.

Si tuviera vergüenza, admitiría su error

y se exiliaría a la isla de las brujas acabadas

para el resto de su vida.

¿Qué?

¿No decís nada?

Pensaba que los abogados tenían más verborrea.

-Eh...

Hemos hablado con el abogado de la parte contraria

y nos ha dicho que Mayra Velasco

no está dispuesta a reconocer nada

y no va a pedir disculpas.

Por lo que pensamos que la mejor manera

de solucionar esto sería arreglando las cosas

mediante un acuerdo y así nos evitamos ir a juicio.

-Eso es. -¿Evitar el juicio?

Soy yo quien quiere ir a juicio.

Es que nadie nos garantiza... No.

-¿Cómo que no?

Lo garantiza mi talento.

Entiendo que tú no tengas una visión realista,

pero para cualquiera con criterio

es evidente que esa mujer me ha copiado.

No os preocupéis, chicos,

la verdad se va a imponer.

¿Qué tal tu mañana, princesa de las leyes?

-Princesa de las leyes. ¿Qué pasa,

tuviste una regresión a la adolescencia

donde decías piropos fáciles a tus compañeras de clase?

-Perdona, princesa de las leyes no es un piropo fácil.

-Será que las argentinas estamos acostumbradas

a otro tipo de sutilezas. -Los piropos argentinos que conozco

son de todo menos sutiles. -¿Y qué piropos argentinos conoces?

-¡Che, qué lindas piernas! ¿A qué hora abren?

-Eso argentino no es, no lo escuché en mi vida.

-¿Cómo que no? Lo decía un compañero mío argentino.

Va, ahora en serio.

He perdido mi número de teléfono, ¿me das el tuyo?

-Vos arrancas fuerte, ¿no? Es lunes.

-Soy una fuerza de la naturaleza.

-Como el granizo, ¿no?

-¿Ves? Ese ingenio tuyo es parte de lo que me cautiva.

-Me vas a disculpar, pero la princesa de las leyes

tiene mucho trabajo y no está para tonterías.

-¿Sabes lo estimulante que será que tú y yo

nos enfrentemos en un caso?

-Para mí lo estimulante es ganar el caso.

-¿No me digas que no sería sexi tú y yo luchando

para ver cuál es más inteligente de los dos?

-A esa lucha no le doy ni un round. -No te infravalores,

creo que un par de esos aguantas.

(RODRIGO RÍE)

¿Sabes a qué me recuerda nuestra relación?

-Perdona, ¿nuestra qué? -Sí, nuestra relación.

¿Sabes esas pelis de juicios que los protagonistas

son una pareja de abogados terriblemente atractivos

que están todo el tiempo discutiendo para ocultar que se gustan?

-Sí, un aburrimiento.

No pagaría un peso por ver esas películas.

-Puedes hacerte la dura, pero sé que sientes algo.

Me lo dice mi instinto de caza.

-Muchas presas no creo que tengas con ese instinto.

-¿Lo ves? A eso me refería.

Todo lo que dices me demuestra que sientes algo oculto.

-Tan oculto que solo lo ves vos, Rodrigo.

De verdad, tengo mucho trabajo. -Vale.

Te dejo, pero que sepas que me encanta

que una princesa se las dé de reina.

Soy inasequible al desaliento, volveré a la carga.

-¡Adiós!

-¿Puedo pasar o estás muy ocupada?

-No, para nada, Rodrigo ya se iba.

-Ángel.

-Veo que estás muy entretenida.

-Uh, no sabes cuánto.

¿Qué pasa, estás celoso?

-Para nada.

Venía a proponerte que Rodrigo sería un buen fichaje.

-¿Un buen fichaje para qué? No trabaja en el bufete.

-Es el mejor amigo de Jorge.

Puede ayudarnos a descubrir cuánto sabe o qué sabe.

-¿Vos crees que Jorge trata de averiguar algo?

-No lo sé.

Pero esta mañana me hizo una insinuación extraña

y me gustaría saber cuánto sabe.

-O cuánto cree que sabe.

Alba, ¿dónde estás?

Perdón, tengo la cabeza en otra parte.

Ya he visto que esta mañana llegaste con Ángel en el coche.

Así que habéis pasado la noche en tu casa.

Sí, la verdad es que sí.

Estáis aprovechando bien que tu madre no esté.

Creo que se me está yendo un poco la cabeza.

¿Qué quieres decir con eso?

Que esta mañana cuando veníamos en el coche

le he dicho que se venga toda la semana a mi casa.

¿Que se instale allí?

No tenemos tantas ocasiones de estar tiempo juntos.

Qué bien.

Yo os he visto muy bien.

Mira, te voy a dar un consejo,

lo que tienes que hacer es darle menos vueltas

y disfrutar y ya está.

Vueltas no le estoy dando.

Bueno, sí hay una cosa a la que le doy vueltas.

¿Qué? Se lo voy a decir a Francisco.

¿A Francisco? ¿Ahora?

Alba, creo que es un poco pronto.

Sería mejor esperar a que saliera. Sí.

No entiendo por qué os ponéis así; Ángel me dijo lo mismo.

¿Qué problema hay?

¿Le has dicho a Ángel que se lo quieres contar a tu padre?

Claro. Pero él piensa lo mismo, ¿no?

Que no es el momento ahora. Sí, piensa lo mismo,

pero me parece normal decirle a mi padre

que estoy saliendo con un chico.

Él se preocupa y creo que es por la diferencia de edad.

No quiere que Francisco se ponga en plan sobreprotector.

Tienes que pensar que Ángel es su colega

y que sí te lleva unos años de más.

Entonces, decírselo así de pronto...

Estoy cansada de secretos en esta familia

y tengo todo el derecho del mundo de decirle a mi padre

quién es mi pareja. No te lo tomes a mal, Alba.

Tu padre es la última persona que se enfadaría

porque le guardes un secreto. Precisamente por eso,

no quiero hacer lo mismo que ha hecho él durante años.

Claro, razón tiene.

Además, estoy convencida de que mi padre aprecia a Ángel

y cuando le diga que salgo con él se pondrá contento.

Y cuando se lo diga a Ángel se pondrá contento también.

No es tan difícil de entender.

No, mientras tú lo tengas claro, ya está.

Hola.

¿Qué haces?

-Ensayando un monólogo de Hamlet.

¿Tú qué crees?

-Ya.

Oye, que va a ser la hora de comer.

-¿Y?

-Pues que había pensado

que igual querías que comiésemos juntos.

-Tú y yo.

¿Por qué? ¿Te has dado un golpe en la cabeza?

-No, por...

Por si necesitabas hablar

de lo que pasó el otro día.

-¿Tú lo necesitas?

-No.

O sí.

A ver.

Lo que pasó el otro día fue...

No sé cómo decirlo...

-¿Olvidable? -Sí.

Prescindible.

-Y bastante penoso.

-Sí.

Vale.

Me preocupaba que esto cambiase nuestra relación.

-Ya, lo que pienso de ti no va a cambiar.

-Y lo que yo pienso de ti tampoco.

-Para mí es importante llegar al trabajo

y poder soltarte cualquier bordería.

-Sí, yo no sabría estar sin decirte

lo mal que me parece todo lo que haces.

-Muy bien.

Ahora solo tengo que eliminar un par de imágenes de mi cabeza

y todo listo.

-Bueno, no te va a resultar difícil.

Tu capacidad retentiva es tan débil

como tu formación cultural. -Sí.

Y bloquea las imágenes más desagradables y patéticas.

-Pues fantástico, muy bien.

Eh...

Gracias.

En serio, me daba miedo

que tuviésemos que empezar a tratarnos bien y esas historias.

-Por suerte somos adultos

y nos despreciamos lo suficiente como para dejar pasar esto.

-Sí.

Siempre te había considerado una incompetente inmadura

que no entiendo por qué aún no han despedido.

-Para mí seguirás siendo el trepa rastrero más prepotente

que gusanea por este bufete.

-Muy bien.

-Muy bien.

Hola. (TODAS) -Hola.

¿Te sientas con nosotras? No, qué va.

He bajado para que me dé el aire.

He dejado a Jorge despidiéndose de un cliente

que me ha puesto la cabeza como un bombo.

Sí, ya lo he visto.

¡Llega cada personaje a este bufete!

Es Hugo Collado, el diseñador, no sé si lo conocéis.

Sí. No.

Quiere poner una demanda de plagio a Mayra Velasco,

la de "Atrévete a cambiar". ¿Qué programa es ese?

El de... # Atrévete a cambiar.

# Atrévete a cambiar. ¡Ah! #

Ah.

Ni idea. Lo has hecho muy bien.

Gracias. Yo lo veo, es muy divertido.

Y Mayra es una de las mejores estilistas.

Yo no lo conocía y el otro día haciendo zapping

vi a esta tal Mayra llorando, abrazada al regidor

vestida como un pollo. ¡De verdad!

Mayra es muy temperamental. Pero es una gran profesional

y lleva muchos años trabajando como estilista.

¿Tú crees que ha plagiado? No lo sé.

Pero él está convencido de que ganará.

Pues debéis contarle la regla de oro,

que a veces se gana y a veces se pierde.

Si se la hemos contado, pero es todo un show.

Ahora te paso mis números para que me tengáis localizado.

Tengo cuatro, ¡una locura!

A mí me desquicia, pero ¿qué le voy a hacer?

Es lo que llaman el precio de la fama, ¿no?

Hugo, tu teléfono.

No me lo puedo creer. ¿Lo ves?

No me hallo con el cuarto, es que no me hallo.

Por cierto, estoy muy contento de que estemos a solas.

Prácticamente, que ella es de confianza.

-Gracias, pero tengo mucho trabajo.

Os dejo con vuestras cosas.

-Con nuestras cosas, ¡ni que fuéramos íntimos!

Gracias, Macarena. Qué graciosa.

Sí. Tú dirás.

¿Quieres comentar algo sobre el caso?

Déjate de casos.

El que necesita asesoramiento eres tú.

Yo.

Entiendo que los abogados tengáis que vestir serios,

pero ese corte más que clásico es paleolítico.

No te lo quise decir delante de Berta porque tiene un estilazo,

pero ¿te has visto esa chaqueta?

A la chaqueta no le pasa nada, es normal.

Ese es el problema, que no le pasa nada;

no transmite nada.

¿Pasa algo por elegir una línea más fina?

Hay que atreverse a entallar las chaquetas

y el mundo del derecho cambiará.

Tú no estás gordo, ¿verdad?

Hombre, gordo yo... Claro que no estás gordo,

pero estos trajes están diseñados

para abogados carcamales y barrigones

sin tener la menor esperanza de tener una vida sexual.

Ya. Confía en mí

y tu horizonte erótico cambiará

si te atreves a entallar la chaqueta.

Vale, pues ya

le pego una pensada a lo de la chaqueta.

Oye, perdona,

¿verdad que está estupendo y no necesita llevar

esos trajes de señor mayor jubilado?

Sí, sí, está estupendo. Claro, te lo dice ella.

¿A ella la crees?

Sí, sí, me lo creo.

Recuérdale que necesita un cambio de look con urgencia.

Tu jefe tiene su punto, lo tiene,

pero muy escondido.

Voy a seguir trabajando.

Perdona, no insisto más porque a veces no tengo medida.

Por cierto, soy...

Hugo Collado.

Diseñador, estilista, "influencer", creador.

Te puedo sacar mucho partido.

Me encantaría que me llamases.

Gracias.

Al segundo de esos números.

Y tú... más volumen.

Estás más, delgada ¿no? Puede ser.

Demasiadas emociones últimamente.

Tú también estás más delgado.

Bueno, aquí me tienen a régimen.

¿En serio? ¿Estás pasando hambre? No, no.

Pero los chuletones de medio kilo y los helados, como que no.

Aquí todo es muy sano: verdurita, deporte.

Voy a salir hecho un chaval.

¿Y tu madre?

¿Qué tal está?

Estupendamente.

Me alegro.

Lo que quiero es que estéis bien las dos.

Lo sé, papá.

¿Eh?

Es la primera vez que me dices papá.

¡Se me ha escapado!

Casi me dan ganas de pedirte perdón. No, no.

Me ha sonado estupendamente.

Quiero contarte una cosa.

Tú dirás.

Estoy saliendo con alguien.

Ah, bien.

Bueno, ¿quién es el chico?

Me da un poco de vergüenza hablar de esto contigo.

Tú sabes que me va a parecer bien sea quien sea,

lo importante es que seas feliz.

Estoy muy feliz. Eso es lo importante.

No es un chico, es un hombre.

Ah.

Bueno, bueno. No sé,

¿y cómo lo has conocido?

En realidad ya lo conocía.

De hecho, es alguien que tú también conoces

y aprecias. Ay, que yo aprecio.

Esto empieza a ser como una adivinanza.

Por favor, dímelo ya que me estoy poniendo nervioso.

Es Ángel.

Ah, ¿Ángel?

¿Ángel quién?

Ángel Belinchón.

Llevamos un tiempo juntos y la cosa se ha puesto seria.

¿Por qué no?

Que no, que no.

Tú no puedes estar con Ángel.

No, Alba.

Mira, no puedo decirte todo lo que sé de Ángel,

pero confía en mí.

Corta con él inmediatamente. ¿Qué pasa?

¿Qué sabes de Ángel? Aléjate de él.

¿Por qué debo alejarme de Ángel? Soy tu hija,

me merezco que confíes en mí. Confío en ti.

No lo parece, papá.

Lo único que haces es ayudarte con tus líos.

No, confía en mí, de verdad.

¿Que confíe en ti? Sí.

¿Me has dado motivos para que confíe en ti?

Papá, ¿es por la diferencia de edad?

No, no es nada de eso.

¿Entonces?

Cuando tengas algo que decirme de Ángel, te escucharé.

Hasta entonces no pienso hacer caso de insinuaciones extrañas.

Yo confío en Ángel, papá.

Hemos acabado.

Una, dos, tres, cuatro, cinco,

seis, siete, ocho, nueve, diez,

once y doce. ¡Te como!

Te comí.

Y me cuento 20.

-Estamos contando diez.

-Pero siempre se cuenta 20. -No,

se cuenta lo que se acuerda.

Se cuenta diez porque 20 es una exageración.

-Papá siempre me dejaba contarme 20.

-Pero no está papá, cuenta diez. Álex, por favor.

¿Vale?

Cris, no pasa nada.

De hecho, nos llevas tanta ventaja

que has ganado la partida.

¿Entonces he ganado?

Sí, has ganado.

¡He ganado, he ganado! Va.

Ve a lavarte los dientes y a acostarte ya.

Vale. Buenas noches, cariño.

Mua.

No entiendo por qué has acabado la partida.

No pasa nada. Ay, no seas niñato.

Es que parece que jugamos para complacerla.

Es que jugamos para complacerla.

Es pequeña, es una niña.

Estaba muy apegada a su padre

y ahora que no está,

pues tenemos que cuidarla, Álex.

Necesito que tengas paciencia con ella,

que ejerzas de hermano mayor.

Nosotros podemos jugar a otra cosa.

¿A qué cosa?

Pues no sé.

¿Te acuerdas del ajedrez que te regaló tu abuelo

cuando cumpliste diez años? Sí.

Bah, pero no tengo ni idea de dónde está ya.

Podíamos buscarlo, ¿no?

Ahora. Sí, ahora. ¿Por qué no?

No entiendo la urgencia que te ha entrado con el ajedrez,

pero voy a buscarlo. Ve a buscarlo.

"Sí, dígame. ¡Que no!

Estás llamando a José Manzano.

Puedes contarme lo que necesites después de la señal".

José, por favor, coge el teléfono.

Llámanos, por favor, José.

(Puerta)

¿Qué hay, guapa? Hola.

Perdona que no haya llegado a cenar,

ya ves las horas a las que salgo. No te preocupes.

He cenado unos restos que quedaban.

Si quieres, aún hay. Genial.

¿Te vienes a ver un rato la tele?

No, me voy a quedar leyendo un poco, estoy a gusto.

Oye, ¿y qué tal tu día?

Te veo mejor cara, ¿eh?

Bien.

Tampoco ha sido un día espectacular,

pero sí, estoy más animada.

¿Ah, sí?

¿Apareció tu arcano sol?

Pues no sé,

¿si el arcano sol puede manifestarse

a través de una sonrisa?

¿Una sonrisa?

A ver, cuéntame.

Si no hay nada que contar.

Juli, cuenta ya. ¡Que no, de verdad!

Que no hay nada que contar.

Yo, que sobredimensiono las cosas a veces, ya está.

¿Ah, sí?

¿Y qué has sobredimensionado que te hace sonreír así?

Hoy vino un cliente un poco raro al bufete.

Sí, el Hugo Collado este. Tú te enteras de todo, ¿no?

Es lo que tiene trabajar en una terraza.

Luego me pides que te haga resúmenes de la jornada.

Pero es que hoy no quiero que me hagas resumen,

lo que quiero que me cuentes es qué te hace sonreír así.

Este tal Hugo estuvo hablando con Jorge

y se metió con su traje.

¿Y qué?

De repente me miró a mí

y me preguntó que si tenía buen tipo.

Pero si estás buenísima, salta a la vista.

No, yo no,

que si Jorge tenía buen tipo. Ya.

¿Y qué?

Pues que le he dicho que sí.

Que sí, que Jorge está estupendo,

que está muy bien.

Ay, no sé, es lo primero que me salió.

Igual hice el ridículo de mi vida.

De verdad, eres más pava.

¿Por qué ibas a hacer el ridículo por eso? Ya ves.

Yo qué sé.

¿Y la sonrisa?

Pues que Jorge me miró y me sonrió.

Pero que me sonrió en plan

como muy especial.

Vamos, no me lo puedo quitar de la cabeza.

¡No me mires así porque no sé cómo explicártelo!

No, si tampoco hace falta que me expliques nada.

Estás más colada que...

He mirado y no estaba.

Pero si es tan importante, lo seguiré buscando.

¿Qué te pasa?

A ti no te ha llamado tu padre

ni te ha dicho nada, ¿no?

No.

Álex,

creo que deberías leer esto.

Si quieres, claro. Es de tu padre.

¿Es la carta que dejó cuando se fue?

No quería dártela porque creí

que se pondría en contacto contigo o algo así.

Pero como no, pues...

Te pide perdón.

Lo sé, cariño.

¿Y le has perdonado?

No es tan fácil, ¿sabes? No...

Necesito tiempo, Álex.

Necesito tiempo, ¿me entiendes?

Sí, claro que te entiendo.

Y...

Y cuando le perdones,

¿va a volver?

No lo sé.

No sé nada.

No te la he dado para que te preocuparas,

sino para que vieras que tu padre

nos quiere, os quiere mucho;

que sufre mucho de haberse ido así.

Y lo siente mucho, cariño. Ya lo sé, mamá.

¿Puedo quedármela?

Claro. Si te sirve, claro.

Pero no se la enseñes a Cris, por favor.

Es muy pequeña.

Tenemos que protegerla, ¿de acuerdo?

Y la vamos a proteger.

Ay, ven aquí, amor mío.

Te he dejado todo el pintalabios.

Guapo.

Alba, no tengo por qué quedarme.

Llamé varias veces para preguntarte si querías que viniera,

pero no has contestado.

Me quedé sin batería.

Se me olvidó poner a cargar el teléfono.

¿Estás bien?

Sí.

¿Por qué no iba a estarlo?

Me refiero

a si prefieres que me vaya.

No, no.

No quiero que te vayas, no digas tonterías.

Es que he estado toda la tarde con dolor de cabeza

y he estado un poco atontada.

¿Se te ha pasado?

Sí.

¿Cenamos algo?

Claro.

Por cierto,

¿has ido a ver a tu padre?

Sí.

Aunque se me hizo tarde y la visita fue bastante corta.

¿Y todo bien?

Bien, normal.

Está bastante delgado.

Me ha dicho que está a régimen de verduras.

Yo creo que le viene bien.

Y has preferido no contarle nada de lo nuestro.

No.

He pensado que tenías razón.

Al final un padre es un padre

y se preocupa por su hija.

Claro.

Alba, sabes que Francisco

no tiene nada más de qué preocuparse, ¿verdad?

Ángel,

¿tú y mi padre os lleváis bien?

Sí,

claro que nos llevamos bien.

¿Por qué si no iba a escogerme como abogado?

Eso pienso yo. Y además de su abogado,

aseguraría que somos amigos.

Bueno, si te vas a quedar, mejor cenamos algo.

Alba, tengo una duda.

¿Te arrepientes de la propuesta que me hiciste esta mañana?

¿Qué propuesta?

La de quedarme toda la semana en tu casa

aprovechando que no está tu madre.

No, no me arrepiento.

Entonces tendré que ir por la maleta,

que la he dejado en el coche.

Sí, tendrás que ir a por ella.

Bien.

¿Estás bien? Sí.

¿No tienes nada que contarme?

Ya te he dicho que no.

Ha entrado un caso

y me gustaría que lo llevaras tú.

Yo.

Te acompañaré como abogado titular.

Quiero que Charly y vos se encierren,

se sienten en una silla

y hasta que no me traigan un diseño que me fascine,

no vengan.

Alba cometerá el mayor error de su vida

y voy a impedírselo. No le hagas daño.

-Te repito que no pienso hacerle daño.

-No toleraré que le hagas una de tus jugadas.

-No tengo preparada ninguna jugada. -Pues entonces déjala.

¿Qué te parece una cena el viernes por la noche?

Tú y yo.

Tenemos que trabajar juntos tú y yo.

Está empeñado en plantear una demanda por plagio.

O como dice él, por lo que sea

con tal de machacar a Mayra Velasco.

Ya sabes que el mundo de la moda es el reino de las copias.

¿Estás segura? Sí, totalmente.

¿Cómo sabes todo esto?

La propiedad intelectual me interesaba mucho

cuando estudiaba la carrera.

¿Eres abogada?

A ti te gusta Daniel.

-¿Sabes lo que pasa, Charly?

Que no entiendes nada.

Yo aún te sigo queriendo.

¿No me has olvidado?

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  • Capítulo 76

Derecho a soñar - Capítulo 76

29 abr 2019

Sofía intenta recomponerse para afrontar su nueva realidad familiar y vital, y el coach le recomienda emprender alguna afición. Sofía se planteará aprender ajedrez. Jorge lleva junto a Berta el caso de un diseñador que acusa a la estilista de un programa televisivo de haberle copiado uno de sus estilismos. En la parte contraria de este caso, el abogado es Rodrigo, y Jorge quiere aprovechar para que éste se reconcilie con Berta. Rodrigo tiene un nuevo objetivo de seducción: Victoria. Ángel y Alba deciden que él se quedará a vivir toda la semana en casa de ella, aprovechando la ausencia de Maricarmen. Carol se entera de que Charly y Daniel se enrollaron la semana pasada y le sienta fatal. Alba le cuenta a Francisco su relación con Ángel, y este la desaprueba porque Ángel no es de fiar.

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