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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 53 - ver ahora
Transcripción completa

¡Ah, qué bien!

Él está entusiasmado, pero yo...

Yo no lo tengo tan claro.

Irse ahora me parece muy precipitado.

Me puedes presentar a tu amigo distribuidor.

-¿El Webo?

Se me ha ocurrido que podrías distribuirlo

por donde te mueves.

-Podría ser. ¿Y cuánto me llevo?

-Fifty-fifty.

Mi colega sugiere que mi cliente

se niega al intercambio por dinero.

-Yo no pido dinero.

No voy a cambiar a mi hijo.

Firmaré lo que sea en renuncia de la herencia.

Está malinterpretándome deliberadamente.

Don Francisco Zabálburu es testaferro.

En lugar de cobrar un sueldo,

recibe el 10 por ciento de los beneficios de Obrilservices

que nosotros pasamos a otra cuenta.

Eso le convierte en socio

a todos los efectos jurídicos.

He tenido una idea para el peor de los escenarios.

Necesitaría mucha liquidez.

¿Mucho dinero?

Sí. ¿Accesible?

Por favor, no dudes de mi buena fe.

Es por una buena causa.

Estará siendo duro para Jorge.

-Supongo.

¿No te ha dicho nada? -Nada.

Me he enterado por lo que se comenta.

No ha sido capaz de decirme una sola palabra.

La tarde que iba a decirle que nacías

me dijo que se iba a trabajar a un hospital de África.

Y a los pocos días,

llegó la tragedia.

El incendio.

Se empeñó en meterse a salvar niños.

Pudo salvar a unos cuántos.

Pero en uno de los intentos, no volvió.

El día antes de morir, hizo su testamento

en el que nos dejaba todas sus pertenencias.

Es una oportunidad muy buena.

Me puedo sacar la FP. Sirve como prácticas.

Alemania es la meca de la industria.

Tienes razón.

Te prometo que volveré pronto.

Estaré aquí antes de que te des cuenta.

Hay cambio de planes. Esto es lo que vamos a hacer.

Tenemos que dejar el testaferro como estaba.

Y poner las acciones de Zlanecorp a mi nombre.

-Un segundo.

¿Ya no quiere cambiar el testaferro?

-Ya no es necesario.

-¿Entonces, qué es lo que hago acá?

¿Qué quiere que haga? -Entiendo su frustración.

Vamos a recompensarles por su tiempo y sus servicios.

Esto es lo que vamos a hacer.

¿Puede hacerlo?

-Por supuesto.

No hay ningún inconveniente.

Tenemos que hablar

de los nuevos gastos que supondría

hacer el cambio de titular de las acciones.

No es la operación que habíamos discutido.

Eso implica unas nuevas tarifas.

Espero que lo entienda.

-¿Y de cuánto estamos hablando?

-Tengo que ir a la oficina a hablarlo con mi jefe.

Básicamente, dependerá del volumen de las acciones

y del valor que tengan a día de hoy.

-Ya.

¿Y si usamos la cantidad que teníamos fijada?

¿Sería suficiente para cubrir los gastos?

-Tendríamos que consultarlo.

Pero sí.

Sería suficiente para cubrir los gastos.

-Por supuesto, también cobrarás

por tus servicios.

-Es tarde.

Mañana tenemos mucho que hacer.

-¿Cuándo estará todo listo?

Tengo que marcharme cuanto antes a España.

-No tardará mucho.

Una vez que tenga luz verde.

Tiene que venir a firmar mañana, claro.

Yo le aviso cuando esté todo listo.

-Gracias.

A los dos.

-Gracias a usted. No es lo que habíamos hablado,

pero no está mal haber cobrado.

Me gustaría saber cuáles van a ser mis nuevos honorarios.

-No se preocupe.

Va a ser una buena compensación.

-Está bien.

Para lo que necesite, yo estoy aquí.

-Perfecto.

(Sintonía "Derecho a soñar")

Pues es que no sé si era él.

Nunca le he visto la cara.

Pero en el sueño, sí.

En el sueño, era él.

Y me abrazaba.

No decía nada, pero me abrazaba.

Muy bien.

Cuéntame más.

Ay, amor, ¿ahora?

Quiero saberlo todo.

¿Qué Congo era?

Pues el Congo.

Es que he leído en Internet que hay dos Congos.

La República del Congo y la República Democrática del Congo.

¿Papá a cuál fue?

Pues...

No sé, él dijo Congo.

Al Congo. No, no.

¿No, qué parte?

Que en la época en la que fue,

La República Democrática se llamaba Zaire.

¿Te suena Zaire?

No, tu padre fue al Congo de toda la vida.

Pues la República Democrática no era.

No era un buen sitio para ir.

Porque en esa época, estaba Mobutu Sese Seko.

¿Quién? No, no me suena de amigo de tu padre.

Mamá.

Mobutu era un dictador, mató a mucha gente.

Ay, ni idea.

Ya había suficiente dictadura aquí.

Para preocuparse por los de fuera.

¿Aquí?

¿En el 93?

¿Cómo? Yo digo en la época de Hitler.

Me estás liando y no sé lo que digo.

Me he pasado la noche leyendo sobre el Congo.

Bueno, los Congos.

Casi no he dormido.

Eso, descuida tu trabajo.

¿En qué momento te conté esto?

Mamá. ¿Qué?

Es muy honesto lo que hiciste.

¿Cuándo?

Parece sacado de una novela.

Llamar a papá y contarle que tenía una hija.

Era lo menos que podía hacer.

No te quites mérito, contar la verdad no es fácil.

Estoy superorgullosa de ti.

¿Puedo hablar con vosotras un momentito?

-No sé, ¿puedes?

-Quiero pediros perdón por lo de ayer.

Os acusé injustamente y lo siento.

-No te preocupes, buen hombre.

-No, de verdad.

Estoy avergonzado, no es propio de mí acusar a alguien

inocente y montar el lío que monté.

La cagué con vosotras y lo siento.

-Disculpas aceptadas.

-¿Puedo hacer algo para arreglarlo?

-Sí, no lo vuelvas a hacer.

-Prometido.

-Pues listo.

-Gracias.

De verdad que lo siento, no volverá a pasar.

Es pesado hasta para disculparse.

-Por lo menos, se ha disculpado.

¿Le habías oído pedir perdón?

-No.

La verdad es que no.

¿Crees que estará cambiando?

-Últimamente, ha tenido un par de detalles buenos.

-No, seguro que está tramando algo.

¿Le escondemos otras fotocopias?

Solo por ver la cara que pone.

-No seas cruel.

Prométeme que no lo vas a hacer.

-Qué sosa eres, de verdad.

¿No creerás eso?

Completamente, sí.

Tenemos que hablar con él y hacer que recapacite.

Que son niños, por Dios.

Lo único que quiere es recuperar a su hijo.

Son niños, no números.

Lo que pide no es ético. Julia.

Hay que tener una cosa clara.

Es nuestro cliente.

Debemos conseguir lo que nos pide de la mejor manera.

Ya está. Pues no estoy de acuerdo.

La prioridad debería ser lo mejor para los niños.

Y lo es. Y para eso, está la ley.

Para velar por el bienestar de los niños.

Ya tienen esa protección.

Y nosotros, aunque queramos protegerlos,

debemos ocuparnos de los intereses de nuestro cliente.

Son intereses lícitos.

Es el padre biológico, no tengo que recordarte esto.

¡No me tienes que recordar nada!

No te lo tomes a mal. Perdona, no quería decirlo así.

Lo siento.

Siento insistir, pero creo que nos estamos equivocando.

Debemos hacer un esfuerzo por entender su punto de vista.

Cuando aceptas un caso, en ese momento,

debes comprobar que tu cliente no actúa de mala fe.

Y una vez lo tienes claro,

debes tener la mejor estrategia para sus intereses.

¿Y cuál es su interés?

¿Crees que lo que nos contó es su interés real en esto?

¿Crees que está mintiendo?

No sé si está mintiendo.

A lo mejor tiene un interés más profundo y no es consciente.

Es perfectamente consciente de que quiere recuperar a su hijo.

Es antiguo, poco sensible, pero lo tiene claro.

Y está demostrado, es su hijo biológico.

Ya lo sé.

Solo te pido que intentemos profundizar un poco más.

Que hablemos con las dos partes,

que intentemos evitar el juicio y todo esto, para los niños.

Ellos son la prioridad en este caso.

A nuestro cliente, que le den. ¿Cómo que que le den?

Deberías evitar se abogada defensora porque lo pasas mal.

Te lo digo en serio.

Vale, perdona.

Hay que intentarlo, pero no siempre se puede.

Y a ti te parece bien.

Ni bien ni mal, esta profesión es así.

No se te olvide que legal no es lo mismo que justo.

Esto lo tienes que tener claro o lo vas a pasar muy mal.

Eh...

Esta conversación ya la tuvimos y no opinabas lo mismo.

Ya.

Lo dices por el jefe de personal.

Sí. Era un caso distinto.

En el fondo, es lo mismo. No.

Era un miserable que había maltratado a una chica.

Nuestro cliente no nos está engañando.

Lo que quiere es recuperar a su hijo biológico.

Lo cual es perfectamente legítimo.

Debemos hacer lo posible para que lo consiga.

De la mejor manera para todos. Especialmente, los niños.

Jorge...

Álvaro quiere romper la relación con el niño al que crió.

Ý quiere hacer lo mismo con su hijo biológico.

Que deje de ver a los padres que lo han criado.

Entiendes lo que te digo, ¿verdad?

No te pido que vayamos en contra de sus intereses,

sino que le hagamos ver que hay otra forma de solucionarlo.

No digo que sea fácil.

Solo te estoy pidiendo que lo intentemos.

¿Puede ser?

Vamos a hacer una cosa.

Vamos a darle una vuelta a todo esto.

A ver si encontramos la manera de que se lo vuelva a plantear.

¿Te parece?

Me parece bien. Eso, sí.

Si insiste, tenemos que respetar su decisión

y velar por su interés. Vamos a intentarlo.

Trato hecho.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Francisco.

-¡Hombre, por fin!

-¡Ya era hora! ¿Qué tal estás?

¿Bien en el balneario, estás menos estresado?

-Sí, estoy...

Estoy menos estresado.

Este lugar es una maravilla.

-Me alegro.

Lo estás pasando bien.

-Bueno, sí.

-En el norte, se llevan otros horarios.

-Sí, sí, perdona, lo siento.

-No te preocupes.

-¿Entonces, todo bien?

-Perfectamente.

-Ya te has dado todos los masajes que tenías que darte.

-Todo esto ha salido mejor de lo que imaginaba.

-Qué alegría me das.

Empezaba a estar nervioso y como no llamabas...

Si tú dices que todo está bien...

¿Cuándo vuelves?

-Cuando dijimos.

-Genial, estaba preocupado por todo esto.

Tu salud. -Estoy más relajado.

-Este lugar es una maravilla.

Y el tema está resuelto.

-Muy bien. ¡Muy bien!

Bueno.

Nos vemos a la vuelta. Pásalo bien, campeón.

Sofía, Sofía.

¿Qué le pasa, por favor?

Disculpe.

¿El despacho del señor Leiva?

Es ese de ahí.

Bonita corbata.

-Dile a Jorge que venga a mi despacho.

Acaba de llegar un cliente a verle.

Dile que si me quiere contar la idea que tenía,

estaré aquí hasta las dos.

¿Sobre qué asunto?

Bueno, el gesto.

¿La del gesto?

¿Si le digo eso, lo va a entender?

Dile que venga a verme, ya está.

Vale, perfecto.

Si le apetece un café, agua. No, gracias.

Si necesita algo, aquí me tiene.

Necesito recuperar a mi hijo.

¿Puede conseguir eso?

Señor Quijano, si le parece,

estaría bien que hablásemos de un par de temas.

-Buenos días.

Mi cliente no va a venir.

¿No se encuentra bien?

Podemos quedar otro día.

¿Me acaba de tutear?

Perdone.

Si su cliente está indispuesta, podemos vernos en otro momento.

No está indispuesta.

Se niega a ser insultada como lo fue ayer.

-Señores, si podemos ir al grano, por favor.

Sí, por supuesto.

Antes de empezar, me gustaría decir

que no imagino lo que es estar en su situación.

Sé que dar consejos parece fácil.

Pues déjese de consejos y empecemos.

El señor Leiva intentaba mostrar su empatía hacia el cas.

Es usted la secretaria, ¿verdad?

Sí.

¿Y por qué me explica lo que me quiere decir mi abogado?

¿Así es como funcionan en este bufete?

-Y no sabe ni la mitad.

-¿Perdone?

-Aparte de que sean las secretarias las que toman la iniciativa.

-Si tiene algo que decir, dígalo sin vueltas.

-Su abogado tiene aquí su propia agenda personal.

Por no hablar de que este bufete

no pasa por su mejor momento en lo relativo a credibilidad.

No sé si sabe

que el fundador, el padre del señor Leiva,

está siendo investigado por la Audiencia Nacional.

¡Ya está bien!

¿Perdón, cómo dice?

¿De qué vas, has venido a montar un show de los tuyos?

-Creo que eso es todo.

Señor Quijano, disculpe.

Ya he tenido suficiente.

Déjeme hablar a solas.

-Señor de Quijano, un segundo.

¿Cómo estás?

-Bien, no es mi mejor día, pero...

¿Tú qué tal?

-Bien.

Ahora mismo, muy bien. Perdóname.

Es que soy idiota.

¿Cómo no lo he visto?

No era de esperar que hiciera algo así.

No.

Tenía que haberlo sospechado.

Desde que ha entrado con esos aires...

No te voy a engañar.

Hubiera sido mejor no caer en la trampa, pero qué le vamos a hacer.

No ha venido ni a negociar.

Ha venido a montar un show y al final, lo ha conseguido.

¿Cómo no me he dado cuenta?

Es normal que sigas viendo a tu amigo.

Quizá tienes que hacerte a la idea de que ya no lo es.

Ha vuelto muy cambiado, algo le ha pasado.

De cambiado, nada.

Siempre ha sido así.

Lo que pasa es que ahora, se ha vuelto peligroso.

De verdad, Jorge, pasa de él.

El problema no es Rodrigo, es nuestro cliente.

A él tenemos que hacerle reflexionar.

Ya.

¿Y cómo hacemos eso?

No se puede ni hablar con él.

Me recuerda a mi padre.

Todo es por culpa de esa educación antigua y rígida.

Tiene una coraza que ni siente ni padece.

Pues tenemos que lograrlo.

Tenemos que intentar buscar su punto débil.

Todo el mundo tiene un punto débil.

Creo que...

tenemos que hablarle al corazón.

¿Cómo lo logras?

¿El qué?

Hablarle al mío.

(Puerta)

Don Francisco quiere hablar contigo sobre la idea.

Estará hasta las dos.

¿Qué idea?

¿La del gesto?

Ah, sí, claro, ahora mismo voy.

Gracias, Sofía. A ti.

¿Qué es esto de la idea del gesto?

Cosas internas del bufete.

Voy a ver a don Francisco. Nos vemos luego.

Muy bien.

¿Se puede? Adelante.

Cuéntame eso que se te ha ocurrido.

Tenemos que hablar con los empleados.

Si puede ser, con todos a la vez.

Me gustaría... Darles un discurso.

Sí, algo parecido.

Dicho así, suena raro, pero sí, darles un discurso.

¿Para contarles...?

Para tranquilizarles.

Quiero asegurarles de que en caso de que el trabajo de alguno

peligrase por culpa de mi padre,

estoy dispuesto a indemnizarles personalmente.

Eso te honra, Jorge.

Eres una persona honesta.

No es muy común en estos tiempos.

Me alegra tenerte aquí. Gracias.

Me parece un gesto grande, sí, señor.

Bueno, creo que es mi obligación.

-Perdón, que llego tarde.

-¿Tarde a qué?

-¿No le has contado aún?

Estaba en ello.

-¿Qué tiene que ver Jesús con el discurso?

Bueno.

El discurso es la primera parte.

No podemos quedarnos en algo simbólico.

Hay que hacer cambios reales.

Y Jesús me va a echar una mano.

A ver, no sé si te estás explicando mal

o yo estoy un poco espeso.

Sigo sin entender qué tiene que ver mi hijo.

Te explico.

Mmm...

No sabemos si la cuenta que se está investigando

es la única que tenía ni padre en el paraíso fiscal y necesito

buscar y saber su había más.

Podría hacerlo yo mismo,

pero no es mi campo y sería un desastre.

Ahí entra Jesús.

Pero lo normal es que solo hubiera una cuenta.

No vas a ir dejando huellas por todas partes.

Puede ser y ojalá sea así.

Pero es nuestro deber

saber cuánto dinero hay oculto.

No, es interesante.

¿Y tú tienes tiempo para encargarte de esto?

Porque estabas hasta arriba.

-¿Yo?

Sí.

La verdad es que estoy de trabajo hasta arriba.

-Y este tipo de trabajo lleva mucho tiempo.

-Si se quiere hacer bien, lleva mucho tiempo, sí.

Yo hago lo que me digáis, que para eso sois los jefes.

-Vamos a ver.

Lo del discurso me parece una muy buena idea.

Hay que dar prioridad a eso.

Hay que tranquilizar a la gente.

Y lo de investigar el dinero, me puedo encargar yo.

¿Tú?

Sí, ¿para qué vamos a sacar a Jesús de su puesto?

Se va a acumular el trabajo. Ya me encargo yo.

Quedo con un amigo, muy amigo,

experto en paraísos fiscales.

Tendría que cobrarme un par de favorcillos que me debe.

Si te parece bien.

Sí, claro.

Si lo prefieres así...

Mejor.

Y el discurso lo podemos hacer mañana.

Perfecto. Aún tengo que prepararlo.

Mañana está bien.

Muchas gracias por todo esto.

Significa mucho para mí.

Y para mí.

Felipe era como un hermano.

Lo sé.

Bueno, pues...

Me cuentas si necesitas ayuda...

Disculpa, a lo mejor

tendría que haberte pedido permiso.

No, Jesús es parte de la empresa, trabaja para nosotros.

Muchas gracias.

Nada.

Hasta luego.

Qué bien verte. No sabes de lo que me he enterado.

Dime que es bueno, porque hoy no puedo gestionar más problemas.

¿Qué te ha pasado?

Nada.

Nada, dime.

Algo te ha tenido que pasar para que estés así.

Me lo puedes contar.

Nada, es de trabajo, que es una...

A veces, hay que hacer cosas que no son precisamente

muy éticas que digamos.

Ya.

¿Y qué has tenido que hacer?

Nada.

Nada, cosas que tengo en la cabeza.

Olvídalo, de verdad.

Lo mío no es malo.

Tampoco es bueno. Es sobre mi padre.

Salvador.

Tu padre.

¿Qué has averiguado de tu padre?

Por lo que me ha dicho mi madre,

el incendio fue en la República del Congo.

No en la Democrática, sino en la otra.

Ya. Pero no es eso.

Mi madre sí que le dijo que yo había nacido.

Justo antes de morir. ¿Ah, sí?

Y él se puso contento. Quería conocerme.

Bien.

Y dejó todo preparado para que no me faltara de nada.

Estaba ansioso por conocerme. Perdona, perdona.

Ahora no puedo hablar de esto. Hablamos en otro momento.

Lo siento.

Venga, casi lo tenemos.

Desde el principio.

Venga.

(Música)

# Te veo

# y siento

# terremotos # que se apoderan de mí.

# Y pienso

# que ya no puedo

# tener la fe

# para amar otra vez.

# Mis cicatrices me maldicen

# al ver mis ganas de arriesgar.

# Hay algo... #

-No, no, no, Cris.

Acuérdate.

-Era así, giro...

-No.

Dos giros.

Giro, giro.

Palmada y reverencia.

-Giro.

-Giro.

Palmada.

Muy bien, venga.

Otra vez, que casi lo tienes.

-Estoy cansada. ¿Puedo parar?

-Sí, en cuanto lo tengamos, que nos falta un poquitín.

Estás fenomenal.

Lo estás haciendo fantástico.

Te falta muy poquito.

Desde el principio.

- # Te veo

# y siento

# terremotos # que se apoderan de mí.

(Timbre)

# Y pien... #

-Espera, a ver.

Descansa un rato. Memorízalo.

¿Qué pasa?

¿Habíamos quedado?

-Estaba por aquí y he venido a por los cierratodo.

-¿El cierratodo universal?

-Eso. Hola.

Hola. -Bueno.

¿Cuántas cajas quieres, cinco?

-No, qué va, dame una.

-Solo una, no, tres.

-A ver si mi colega los vende

y si los vende, vengo a por más.

Si no, voy a estar con las cajas para arriba y para abajo.

Dame una y ya vemos. -¡Los va a vender seguro!

-¿A qué tanto jaleo aquí?

Hola. -¿Qué pasa?

-Eh...

¿Sabes qué?

Me vas a hacer un favorcito.

-Pero ¿hay pasta?

-Qué cachondo, pasta, dice.

-Yo tengo que ir a estudiar.

-Sentaos ahí un segundo.

Vamos a empezar desde el principio.

Venga, ya veréis.

Concentración, eso es lo más importante.

Venga.

A ver qué os parece.

- # Te veo

# y siento... #

¿Qué te pasa?

-Nada, la niña.

Que vuelve a preguntar por su padre.

-Pero eso es normal.

Que siga preguntando. Pero tú tranquila.

Le has contado lo que hablamos.

-Sí, le cuento lo que hablamos.

Pero quiere saber más cosas.

Que si fue a un Congo o al otro y ahí me pierdo.

No sabía que había dos. -Qué Congo ni qué Congo.

Te dije Uganda.

-Eso digo, que no me gusta esto.

Mentir tanto a la niña.

-¿Quieres que se entere a estas alturas?

Ella, que tiene a Salvador

en los altares.

Está encantada con su padre, Salvador Carranza.

¿Destapamos la caja de Pandora?

¿Qué no tienes claro?

-Nada, es todo un lío.

-Dime qué le cuentas.

-No sé, lo que hablamos.

Que Salvador se fue a África, al Congo ese.

Y que murió al poco de saber que había nacido

salvando niños en el incendio.

-Pero ¿qué le has contado? No has dado ni una.

Murió en Uganda.

Y murió antes de enterarse de que estabas embarazada,

mientras salvaba a unos niños en un terremoto.

Hago un esfuerzo en inventarme una historia creíble para Alba

y tú le cuentas cualquier cosa, no te extrañe que pregunte.

-No tendría que inventarme nada.

¿No?

Siempre mintiendo. -¡Eh, eh!

¿Cuándo te he mentido?

-Miles de veces.

Cuando nos conocimos.

Dijiste que te ibas a Salamanca.

-Eso es una mentirijilla pequeña.

Pero luego, te dije la verdad.

-Porque me quedé embarazada.

-Es la verdad, estés embarazada o no.

Y no quiero seguir discutiendo.

-¿Y qué hago con la niña?

Estoy preocupada. -¿Qué quieres que te diga?

Yo, con Jesús, también. Está muy raro.

Está empeñado en enfrentarse a su padre.

A la autoridad o vete a saber.

Pero con su madre, n.

Su madre es perfecta.

-¡Paco, de verdad!

No me hables de tu mujer. ¿No lo entiendes?

No me hables de tu otra mujer.

-Tú has empezado con Salvador.

-¿Qué tiene que ver con esto?

-Tú puedes hablar de tus otros hombres.

-Salvador no existe.

Es de mentira.

-Estás empeñada en discutir.

¡No puede uno comerse las albóndigas a gusto!

¡Yo me prometía un día feliz!

Doña Encarnación. -Por fin.

Llevo todo el día llamándole.

Me han dicho que estaba aquí.

-Sí, lo siento, está siendo un día muy complicado.

Siento no haberle contestado. -No pasa nada.

¿Puedo sentarme? -Claro, por favor.

-¿Qué tal ha ido la reunión?

-No le quiero mentir.

No ha sido muy productiva. -No quieren pactar.

-Ha sido puro protocolo. No piensan pactar.

Yo de usted, me haría a la idea de ir a juicio.

Va a ser un juicio duro.

Todos los juicios con niños lo son.

-No entiendo nada.

-Yo de usted, me prepararía para la guerra.

-Pero ¿por qué no nos han dejado ir a la reunión?

Entre nosotros, podríamos haber hablado.

No entiendo por qué han ido solo los abogados.

-Yo tampoco lo entiendo.

Además, es bastante inusual.

En casos extremos, donde se ha llegado a las manos...

-¿No pensarán que quiero el dinero?

-No lo sé, puede.

No me fío de este bufete, son tramposos.

Juegan sucio.

-Yo firmo lo que sea necesario.

No quiero dinero, solo quiero a mi hijo.

-Lo sé, sé lo importante que es Arturo.

-Por favor, hable con ellos y dígales...

que firmo cualquier cosa.

Firmo la renuncia a la herencia del padre.

Firmo lo que haga falta.

-No serviría de nada.

Encarnación, es muy noble por su parte.

Pero esta gente quiere ir a juicio.

Quiere el dinero y les da igual

el daño que puedan estar haciéndole.

-¿Cómo alguien puede hacer esto para ganar dinero?

No lo entiendo.

No lo entiendo. -Lo sé.

Yo tampoco.

Le prometo...

Le juro que voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para que no le quiten a su hijo.

-¿De verdad? Por favor.

-Le doy mi palabra.

-Gracias.

-Dámelas cuando hayamos ganado.

¡No, Cris, no!

Al final, acabas con una reverencia.

No sé qué pasa hoy.

Se nos ha ido la concentración.

-No te preocupes, que esto es mejor que la tele.

Sácate algo de beber, que estoy seco.

¡Hola!

-¡Mamá!

¿Qué tal, cariño, qué hacéis?

-Qué pronto has venido.

No, a mi hora.

Siempre te retrasas.

Un día que llego puntual y te vas a molestar.

¡No, que está genial!

-No puedo más, mamá. Pero ¿de qué?

-Estamos jugando a las princesas.

Y estamos agotados, ¿verdad? Ya lo dejamos.

-Quiere ganar.

Ya, hija, tu padre es así.

Quiere ganar hasta jugando a las princesas.

¿Y tú quién eres?

-El Webo.

¿El Webo?

¿Huevo de huevo, de flan de huevo?

Sí.

-Lo estoy adiestrando porque...

Va a trabajar de comercial.

¿De comercial? Ajá.

-Sí, señora, de comercial.

-Un comercial que se iba ya.

-Tengo sed, tronco.

-Va a tener que ser otro día.

No olvides la caja del cierratodo.

-Vale.

Adiós, chao. Adiós.

Hola, mamá. Hola.

¿Qué tal? Bien, con mis chicas.

¿Qué tal el día?

Bueno, bien, pero...

Suenas entusiasmada.

Está el bufete muy agitado con lo de Felipe.

¿Han descubierto algo nuevo?

A mí no me cuentan nada, pero se nota.

Los socios están muy nerviosos. Hasta Jesús,

el hijo de don Francisco.

Ah, mira tú.

Nunca puedes decir que conoces a alguien.

Jesús es de esas personas que son muy educadas,

que están contentas y parece que no tuvieran problemas.

Qué bien, alguien sin problemas.

Pues no, hoy estaba tenso.

Le pasaba algo seguro.

Hace unos meses, leí algo que me marcó mucho.

¿Dónde?

¿En el periódico? No.

La sabiduría está en los libros.

En los libros.

¿En las novelas románticas?

¿Te lo cuento o no?

Que sí, mamá, que era una broma.

Decía algo así:

A veces, miramos al prójimo

y creemos que su vida carece de problemas.

Pero pensamos eso porque estamos absortos en los nuestros.

Ajá.

Sí.

Es cierto.

Todo el mundo tiene problemas, todo el mundo.

Por muy rico o jefe que seas.

Entonces, tienes problemas de ricos.

Son otro tipo de problemas.

Ya me gustarían esos problemas.

¿Qué cenamos hoy?

Te hago lo que quieras.

¿Y si pedimos una pizza y vemos una peli?

Qué manía con gastar.

Pizza casera.

Cuida de mis chicas.

Hola, Francisco.

-Ya me contarás a qué viene tanto misterio.

-No hay ningún misterio, pero visto lo visto,

para tener una conversación discreta,

es mejor tenerla fuera del bufete.

-Tú dirás.

-No te hagas el loco.

-No estoy acostumbrado a que me cites fuera.

Me tienes intrigado.

-Ni yo, a que nos investigue la Audiencia Nacional.

-De momento, son solo rumores.

¿No crees que lo ortodoxo habría sido una reunión de socios?

-¿Insinúas que quiero dejar fuera de la directiva a Jorge?

-Yo no insinúo nada.

Yo no he convocado esta reunión extraordinaria.

-Por favor, Francisco, no es una reunión.

Intento hablar contigo a solas de algo que me preocupa mucho.

-Nos vamos acercando al tema.

-Es por Felipe.

-¿Qué le pasa a Felipe?

¿No le vamos a dejar descansar en paz?

-Todos los rumores que me llegan le señalan

como responsable de la supuesta evasión fiscal.

¿Tú sabías algo de esto? -Algo he oído.

-Si sabías algo de la evasión.

-Supuesta evasión de impuestos.

No lo olvides. -Señor.

-Un cortado.

-Supuesta o no supuesta, ¿sabías algo?

-Pero ¿tú por quién me tomas?

¿Crees que voy a permitir que un socio nos ponga en peligro?

-Eso es lo que me imaginaba, pero tenía que preguntártelo.

A mí todo esto me parece muy extraño.

-¿A qué te refieres?

-A la investigación sobre Felipe, no me cuadra.

-Si el fiscal ha descubierto alguna anomalía, es normal.

Yo no tenía acceso a esas cuentas.

No pongo la mano en el fuego.

¿Tú tenías acceso?

-Por supuesto que no.

Pero esto no me cuadra.

Felipe era una persona muy ambiciosa, sí.

Pero siempre actuaba en la legalidad.

-Era capaz de saltarse cualquier cosa

con tal de lograr su objetivo.

-No, Francisco.

Él siempre decía que los abogados

debíamos dar ejemplo.

-De lo que se dice a cómo se actúa hay una gran diferencia.

Parece mentira que tenga que explicártelo.

-Que no, Francisco.

Que no me cuadra.

-Sé que estabas muy cerca de él.

Por eso, no quieres reconocer la realidad.

-¿Estás diciendo que no soy objetiva?

-No podemos permitirnos el lujo

de ponernos emotivos.

Gracias.

Tenemos que sacar adelante el bufete.

Es hora de abrir los ojos

y que la justicia ponga a cada uno en su sitio.

-A ver si entiendes que no me pongo emotiva.

Estoy intentando entender qué ha pasado.

Pero está claro que no me vas a ayudar.

¿Me puedo ir a dormir? Claro que sí.

-Yo te acompaño. ¿Cómo que le acompañas?

Es mi hija. ¿Qué hay de raro en que quiera acostarla?

¿Cuántos años hace que no la acuestas?

La he acostado muchas veces.

Qué exagerada es tu madre.

Vamos, cariño.

-¿Puedo saltarme los dientes?

-Pues claro, pero tenemos que repasar.

-Vale.

Giro, salto.

-Giro, giro.

¡Ah!

¿Qué tal va todo?

Bueno.

¿Cómo vas de amores?

Bah.

Tu edad es la más rara para enamorarse.

Yo, a tu edad, estuve

perdidamente enamorada un año

de un chico más mayor que yo.

Que ni me miraba.

No me hacía ni caso.

No sabes lo que lloré.

Por favor, cómo dolía aquello.

Pensaba que solo lo sentiría en ese momento.

Y la verdad es que luego, pasa

y no pasa nada.

Y luego, hay esos amores que podrían haber sido,

pero que no han sido.

Y, a veces, piensas

qué hubiera pasado si hubieras elegido ese camino.

O si hubieras hecho algo al respecto.

Te quiero mucho, "nen".

Todo pasa.

Jesús.

Perdona, ya sé que es muy tarde.

Pero quería hablar contigo.

Claro, no pasa nada.

Estás en tu casa.

Pasa.

¿Qué tal, bien? Bien.

¿Quieres tomar algo?

Te puedo ofrecer una cerveza. No.

Gracias.

Te...

¿Te gusta la casa?

Es alquilada, ¿verdad?

Sí, sí, la...

La cogí cuando llegué como algo temporal.

Tampoco tenía muy claro si me iba a quedar

o me iba a volver a Estados Unidos.

La alquilaste amueblada.

Me hubiera gustado ayudarte más con lo de tu padre, pero no...

No he podido.

Bueno, ni te preocupes.

Yo quería, Jorge, pero no he podido.

Ni...

Ni preocuparte.

No pasa nada.

Es que es esta profesión nuestra, que no...

Que no te deja ayudar.

Es imposible, es todo demasiado complicado.

Sí, sí que lo es.

En el fondo, si lo piensas, tiene bastante sentido.

Todo gira en torno a juzgar.

Hay que juzgar a alguien constantemente.

Juzgas al acusado.

Juzgas al cliente, al juez.

Acabas juzgando todo.

A todo el mundo todo el rato.

Y yo quiero hacer precisamente lo contrario.

Aprender a no juzgar.

Sí.

Quizá es algo que deberíamos aprender todos.

Pero no, no se puede.

Nos alimentamos de conflictos.

No existiríamos sin los conflictos.

Vivimos de conflictos

que resolvemos nosotros y que hemos generado nosotros.

Es absurdo.

Es patético.

Pero es así.

Me da hasta vergüenza.

Sí, sí que hay situaciones que dan un poco de...

De vergüenza.

¿Seguro que no quieres...?

Yo conocí mucho a Felipe, mucho.

Y en lo que...

En la medida que él se dejase.

Mi padre ya sabes lo reservado que era.

Para mí, es inocente hasta que se pruebe lo contrario.

Muchas gracias.

Ven aquí, coño.

Venga.

No, es...

Corredera.

Hasta luego.

¿Hola?

Hola.

¿Qué pasa?

No te vas a creer lo que he encontrado en el trastero.

¿Bueno o malo?

No sé.

No. ¿Estaban en el trastero? Sí.

He ido a buscar cosas mías para llevarme.

¿No habrás cotilleado mis cajas?

No, no he cotilleado tus cajas.

He buscado cosas mías.

Ya te vale.

Perdona.

Qué recuerdos.

Cuántas horas habremos jugado. Miles y miles.

Es una de las cosas que más fuerte me ha pegado.

Me las regaló papá antes de que mamá se fuera.

¿Te acuerdas del día del lumbago?

Sí, es verdad.

No se podía ni mover, pero ahí seguía, picadísimo.

Estaba muerto de dolor mientras le seguíamos ganando.

A ver qué más hay.

Mira. Las gafas del abuelo.

Y mira.

Qué bonita.

Bueno, bonita...

Era la caja de las joyas de la abuela.

Mira esto.

Un loro.

¡Cómo está, está lleno de polvo!

¿Funcionará?

Ay, mira.

Si se probase la vinculación de mi padre

con dicha trama delictiva,

perderíamos nuestra cartera de clientes

y nos veríamos obligados

a recortar sueldos o prescindir de algunos trabajadores.

¿Iba vestida?

-Al principio, sí.

Después, hizo un giro muy raro

de stripper y se arrancó la ropa como del tirón.

-Me has regalado una imagen que no sé si quería.

-Me da morbo y muchísimo.

Últimamente, te noto...

muy lejos.

Ya sé que estás preocupadísimo por lo de tu padre, el bufete.

Intuyo que es algo más.

He decidido que deje de representarme.

Ya, pero...

No es este bufete el que necesito para defender mis intereses.

Cristina canta en casa porque le gusta,

pero no para competir.

Quería que lo viera todo el mundo por la tele.

¿Por dinero o por qué?

No entiendo qué tiene que ver don Francisco con mi familia.

Todos los meses, mi padre hace una transferencia

a la cuenta de tu madre.

¿Desde cuándo?

Desde agosto de 1993.

¿Qué te he hecho?

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Derecho a soñar - Capítulo 53

26 mar 2019

Ángel lo orquesta todo para quedarse el dinero de Francisco y que siga siendo el responsable de Obrilservices. Alba está entusiasmada con las nuevas historias sobre su padre que le ha contado Maricarmen. Julia convence a Jorge de cambiar la estrategia con su cliente Álvaro de Quijano, pero no esperaban que Rodrigo les dinamitase el caso. Jorge le propone a Francisco dar un discurso a la plantilla e investigar si su padre tenía más cuentas en el paraíso fiscal. Jose entrena a Cristina para su actuación en el concurso de Tv.

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