Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 33 - ver ahora
Transcripción completa

-Quiero explicarte que si no cogemos tu caso es porque no podemos.

-Yo sé, no puedo pagar. -No es una cuestión de dinero.

-Me gustaría coger el caso de esa mujer.

Me siento fatal. Saber que puedo echarle una mano

y no hacerlo.

Vamos a llevar el caso de Giselle. ¿Y eso?

La verdad, la respuesta que me dio Carlota, no esperaba nada de ella.

En realidad, no lo llevará ella. Lo llevaré yo.

-Soy el testaferro de una sociedad

investigada por la Audiencia Nacional,

y me pides que me calme. -La comisión rogatoria

tardará unos meses en convocarse.

-¿Unos meses? Quieren cabezas y la mía es una de ellas.

¿No lo ves?

-Haré cuanto esté en mi mano.

-Te ha llegado esto. Como no estabas, lo he firmado yo.

-¿Cómo se te ocurre firmar nada que no sea para ti?

Te lo he dicho miles de veces.

¿Y esto?

(MARI CARMEN) Cuando aceptas un regalo,

estás abriendo la puerta a sentirte en deuda con alguien.

Si lo aceptas, tienes que estar segura de lo que haces.

Julia, tenemos que hablar.

Hemos intentado arreglarlo a nuestra manera,

pero quería proponerte que nos viéramos fuera.

Necesito que me cubras con Chema.

Si te pregunta, puedes decirle que...

hemos ido a tomar algo juntas esta noche.

-Cuenta conmigo. No quiero perder esto, Julia.

Nunca me he sentido así con nadie.

Eres mi jefe.

Y yo tengo una vida muy distinta a la tuya.

Podemos ser amigos, Jorge.

Tú mandas.

Lo último que quiero es ser un problema para ti.

-¿Nosotros tenemos un problema?

Sacas mis palabras de quicio. -No, tú sacas todo de quicio.

Desde que empezaste a trabajar en ese bufete eres otra persona.

¿Sabes qué? Por mucho que te quieras codear con esos pijos

y ser como ellos, no lo serás.

Siento mucho lo que ha pasado hoy.

No quería decirte eso.

Tendríamos que hacer más cosas juntos.

Buenos días.

Uy, así da gusto despertar. ¿A que mola?

Menos mal que no te ha dado por el bacalao.

No me tientes, no me tientes. Anda, siéntate.

Gracias.

-Hombre, buenos días, pareja.

Luis.

Ayer no fuiste a la clase que tenías de física con Álex.

¿Y se puede saber por qué?

Porque estuve ayudando a un colega con una mudanza.

¿Qué? Estuve toda la tarde bajando y subiendo muebles.

Ya.

Y ese colega era el Webo. No.

Me voy, que llego tarde. Luis, toma.

Llévate esto para el camino por lo menos.

-Mi amor, no te preocupes.

No pasa nada por que baile mejor que tú.

(Se cierra la puerta)

¡Álex! Date prisa.

Que se van las vitaminas del zumo. -¡Ya voy!

¿30 000?

Mamá.

¿Vas al trabajo con Julia?

Álex, esta carta certificada lleva tu nombre. ¿Qué ha pasado?

-A ver, a ver si os ponéis de acuerdo.

Unos días me reñís por coger las cartas, otros por no cogerlas.

A partir de ahora pasaré de todo.

No estoy enfadada, pero quiero que me cuentes

qué ha pasado con esta carta. ¿Por qué siempre me metéis

en medio de vuestros problemas? La carta es para papá.

Pregúntale a él.

Es verdad, tienes razón. Le pregunto a él.

¡Jose!

(FIRME) ¡Jose, sal del baño!

-Ahora no puedo, estoy... con una diarrea horrible.

No puedo salir.

Qué oportuno tu padre. Ahora tiene gastroenteritis.

Pero vamos a hablar, hombre, si vamos a hablar.

Esto que quede claro.

A ver, Álex, cariño.

Tranquilo, tranquilo, que no...

Esto no va contigo, ya lo sé. -Ah, pues no lo parece.

Todas las broncas me caen a mí.

Ay, Álex, de verdad, lo siento muchísimo.

No tendrías que estar en medio de todo esto.

(Timbre de la puerta)

Es Julia.

Buenos días. Hola, buenos días.

Aún no hemos terminado. ¿Quieres un café?

No, no, gracias. Hola, Álex.

Di algo, hijo. Hola.

¿No te habrás quedado mal por lo de ayer?

¿Qué pasó ayer?

Luis no fue a la clase que tenía con Álex.

Ah.

No me dijo nada.

Vino a dejarle unos libros y me enteré de casualidad.

¿Por qué habláis como si yo no estuviera?

No fui a contarte nada, que no soy un chivato.

No, claro que no, nadie ha dicho que seas un chivato.

Y te habrás cabreado con Luis por mi culpa.

No.

Ni estoy enfadada con Luis ni tú tienes ninguna culpa.

Lo que pasó ayer es lo mejor que podía pasar.

Me ayudaste a mí y también estás ayudando a Luis.

De verdad, no tienes que sentirte culpable, no has hecho nada.

Te pregunté qué pasó y me contaste la verdad.

Te agradezco que hayas sido honesto.

¿Eh?

Claro, hijo, mira.

Cuando alguien que quieres tiene un problema

y lo cuentas a tiempo,

no pasa nada, no eres un chivato.

Vale, sí, mamá.

Ser un chivato es uno que es un mezquino

y que quiere malmeter,

pero tú no has hecho esto, hijo.

Vale, que sí, mamá.

¿Nos vamos? Sí.

¡Jose! Recoges tú la mesa.

(Sintonía "Derecho a soñar")

A ver.

-Buenos días.

¿Hay alguna novedad con...?

Estoy preocupada.

¿Por qué?

Porque me ha hecho un regalo.

Pero eso es algo bonito.

¿Y qué te ha regalado?

Un móvil,

de última generación, carísimo.

Bueno, eso es porque le importas.

Es demasiado. Me pone en un compromiso.

Nunca podría hacerle un regalo así.

Si vamos a tener una relación, tiene que ser de igual a igual.

¿O no?

Sí. Además es mi jefe.

En eso no te falta razón.

¿Qué hago?

Me lo quedo.

No, lo devuelvo, ¿no?

¿Qué hago? -Alba, hoy llamaré a un fontanero

para que arregle el destrozo del baño.

Lo metes en las facturas de final de mes.

Vale, pero... Pero ¿qué?

Se lo debes decir a Carlota para que lo apruebe.

¿En serio? -Ah.

-Don Francisco, ¿cómo no me avisa de que venía?

No está para hacer esfuerzos. ¿Cómo se encuentra?

Tiene mucha medicación. Tiene que estar...

Pase, por favor. Aguarde un segundito.

Si no le importa, déjeme esto.

No sé si le contaron el destrozo

que montaron Carol y Charly en el baño.

Cruzaron las tuberías y esto es un sinvivir.

-Esto ¿durará mucho tiempo más? -No, hoy llamo a un fontanero.

-Me refiero a usted, si va a enredar más en mi despacho.

-No, discúlpeme, me quedo aquí.

Como le decía, hoy me pongo manos a la obra

para solucionar el Cristo que montaron esas niñas.

-¿Está la chinita? Dígale que venga.

-Si quiere, yo hablo con Charly. -A ver, a ver.

Tengo un tema que tratar con ella. Quiero verla ya.

Tráigamela.

¿No me está escuchando? -Sí, disculpe, pero...

¿para qué la quiere? -¿Usted quién es

para que yo le dé explicaciones? Este es mi bufete.

Hago lo que me da la gana. -Tiene toda la razón.

Discúlpeme, ahora se la traigo.

¿Le cierro aquí? -Venga, por favor. ¡Ya!

(BERTA) "Good morning".

¿Tienes un minuto? Claro, pasa.

Dice Jesús que tienes un libro muy bueno sobre desahucios.

El de Ferrán Losada.

¿Desahucios? ¿Y eso?

Bueno, no te he contado.

Llevo toda la noche trabajando en un caso nuevo.

Es pequeño y no vamos a cobrar nada por ello,

pero me parece fascinante.

Giselle, una mujer de Kenia, tiene un hijo de tres años

y la quieren echar de la casa en la que vive,

la que tiene alquilada. Y quiero que esté preparada

por si acaso vamos a juicio.

Si acabáis yendo a juicio, con suerte os tocará el juez Quintana.

Me gusta ese juez. Me parece que tiene buen fondo.

Pero no puedes bajar la guarda,

que por muy bueno que sea fácil no te lo va a poner.

Lo sé. Cada juicio es un nuevo examen.

Nuestro trabajo es un examen constante.

¿Dónde está el libro este?

Mira, aquí está. "Enjuiciamiento y desahucios".

Ferrán Losada. Gracias.

Oye, y...

¿Qué tal lo tuyo con Rodri? Eh...

¿Perdona? ¿No?

No sé, bien, somos solamente amigos y ya está.

Pues acláraselo, porque él está obsesionado con llevarte al altar.

No te rías, es verdad. Sí, es que me imagino

vestida de novia y él llevándome a rastras hacia el altar. (RÍE)

Me parece muy gracioso. (RÍE) Le pega, le pega.

Ya sabes lo insistente que es. Sí, sí que lo sé, sí.

De verdad, habla con él cuanto antes,

porque he intentado decírselo de mil maneras,

hacerlo entrar en razón,

y no pasa, no le entra.

Ya, no te preocupes, hablaré con él.

Date prisa, porque ya estoy mirando chaqués

para la boda en Mallorca. Ay, no, por favor, no.

Bueno, gracias por el libro.

Cualquier cosa que necesites con el caso

ya sabes dónde estoy. Eres un sol.

Bueno, te irá muy bien, ya verás.

Chao. Chao.

-¿Don Francisco?

-Ay, hija, por fin has venido. Ya no estoy para estos trotes.

-He oído que me buscaba. -Siéntate.

Quiero comentarte una cosa. -Si es por el baño roto,

descuéntelo de mi salario.

-Pero ¿qué baño roto? ¿De qué me hablas, niña?

No, no, mira, es esto.

Es que quiero que le eches un vistazo a esto

a ver si encuentras algo fuera de lo normal.

-¿Fuera de lo normal? -Sí, es que últimamente,

estos días atrás, hace como unos ruidos raros.

-Pero ¿qué tipo de ruidos?

-Es como un zumbido,

como...

(SISEA, ZUMBA)

-Pero ¿ese zumbido es un...

(SISEA, ZUMBA)

...constante o es un...

(SISEA, ZUMBA, PITA) ...o es un...? (SISEA, ZUMBA, PITA INTERMITENTE)

-¿Qué diferencia hay? -El día y la noche.

-¿Puedo? -Sí, bueno, pero mucho cuidado,

es acero toledano, un regalito muy caro.

Bueno, ¿y qué, qué, qué?

¿Encuentras algo? Porque cada vez que llamo

hay ruidos que me persiguen. Ya empiezo a soñar con ellos.

-El teléfono está en perfecto estado.

Empezaba a pensar que lo preocupaba un pinchazo en la línea.

-Pero ¿cómo se te ocurre, niña?

-Si hubiera sido un pinchazo, no serviría de nada abrirlo.

A no ser que hubieran metido un micrófono,

pero eso ya no se hace. -Ah, ¿no?

-No, desde el siglo pasado.

En el siglo XXI ya no se meten micrófonos en los teléfonos.

Eso es tecnología antigua. -Ah, es antigua.

Bueno, entonces, mira.

Supongamos que alguien quiere llamar

sin que se escuchen sus llamadas, ¿qué tiene que hacer?

-Lo mejor sería no hablar por teléfono

de temas que uno no quiere que se enteren.

Es el único método infalible que le puedo dar.

¿Se lo vuelvo a montar? -No, deja, vete, anda.

Ya lo hago yo.

-¿Por qué decidió aplicarle un aumento tan desmesurado

a la señorita Giselle Okoni?

-La verdad, no era mi intención.

Ha sido siempre una inquilina maravillosa.

De lo contrario, no le habría ofrecido renovar el contrato.

-El reajuste es tan alto que le es imposible pagarlo.

Está por encima del I.P.C.

-¿Sabe?

Uno no puede decidir sobre lo que le depara la vida.

Y... a mí me ha tocado

ver que mi sobrina está, de golpe, inmersa en un divorcio terrible,

sin casa, sin medios, yo tenía que ayudarla.

Y no tengo otra manera.

Me vi obligada a subir el alquiler.

¿Se da cuenta de que el peso de una situación personal

está recayendo sobre la señorita Giselle Okoni?

-Sí.

Lo sé, pero...

según dice mi abogado,

al finalizar el antiguo contrato, puedo poner condiciones nuevas,

las que yo considere.

La ley me ampara. -No a costa de su inquilina.

Es precio que usted quiere es tan alto,

que ni siquiera compite en el mercado.

Es como si hubiera querido echarla sin haberle enviado una intimación.

-Objeción, la letrada está argumentando.

-Antonio, esto no es un juicio.

-Perdona, pero el tono de la chiquita me lo ha hecho creer.

-¿Chiquita?

-No importa, yo lo quiero dejar claro.

Usted tiene razón.

Quizá el precio de mi alquiler es demasiado elevado para el mercado,

pero es mi derecho, ¿no?

Con ese dinero puedo ayudar a mi sobrina.

Usted sabe que por la familia una hace cualquier cosa.

-Incluso desahuciar a una madre con un hijo.

-Si nos ponemos desagradables, lo dejamos para el tribunal.

-Lo siento, solo quería que la señora Benjumea

viese el conjunto de la situación

para encontrar entre todos una solución.

-Sí, yo... comparto las preocupaciones de la abogada.

Entiendo su situación, pero no tengo alternativa.

Para mí, la solución sería subir el alquiler para ayudar a mi sobrina.

Pero ahora no me queda otra opción

más que recuperar el piso y que ella viva allí.

No quiero otra cosa.

-Tendríamos que repetir lo del "finde" pasado.

-¿Hay otro concierto? -No lo sé, no lo he mirado.

Podríamos salir a tomar algo.

-Sí, luego hablo con Alba a ver si tiene planes.

(DANIEL) Hola, niñas.

¿Para qué te buscaba don Francisco?

-Hemos resuelto un problema superimportante.

-Mira tú. ¿Qué problema?

-Es secreto, no se puede revelar.

-Solo quiero saber si te ha dicho algo de mí.

-¿Por qué me iba a decir algo de ti?

-Venga, ¿te ha comentado algo? -No, nada de nada.

La gente habla del "community manager"

menos de lo que el "community manager" se cree.

-Tu café.

-Ya me reiré yo.

-Uy, qué miedo.

-Busco a Berta, ¿la habéis visto?

Tiene el móvil apagado, no sé.

-No, no la he visto. -Creo que estaba reunida.

Tenía jaleo con el caso del desahucio.

-¿Mucho tiempo?

-No sé, estas cosas suelen durar.

-Ya, gracias. La espero.

(RODRIGO CARRASPEA)

-¿Cuántos meses lleva sin pagar el alquiler?

-Objeción. El letrado quiere inducir a mi defendida

a admitir la comisión de una falta.

-Hemos dicho que no era un juicio. -Tiene razón, Berta.

-Perdón.

(ANTONIO) Gracias.

¿Cuántos años lleva viviendo en el piso de la señora Benjumea?

-Tres años y seis meses.

-¿Qué duración figura en su contrato?

-Tres años.

-Veamos, si su contrato es de tres años,

finalizó hace seis meses

y usted sigue viviendo en el apartamento,

¿ha firmado un nuevo contrato con la señora?

-No, no he firmado un nuevo contrato.

-Entonces, por decisión propia

usted estaría ocupando el apartamento sin contrato.

-Esto es el colmo. El letrado quiero poner sus conclusiones

en boca de mi representada.

La prórroga del contrato podría hacerse sin la firma de un acuerdo.

-Berta,

puede que mi colega se exceda en las formas,

pero no por ello deja de tener razón, ¿no crees?

-De acuerdo.

¿Ha dejado de pagar el alquiler?

-No, pago todos los meses.

-No paga lo que la dueña le solicita.

-Pago lo mismo que he pagado siempre.

No puede subir el dinero cuando quiera.

-Señora, dígame, ¿es o no es verdad

que la demandante le envió una carta certificada

con la intención de renovar el contrato

y aumentarle el precio del alquiler?

-No lo sé. -¿No lo sabe?

Mire este texto con atención.

Carlota.

¿Reconoce ese documento?

Es la copia de la carta que Olga envió hace siete meses,

30 días antes de la finalización del contrato.

Señora Okoni, le repito la pregunta, ¿es o no es verdad

que se la notificó de la necesidad de renovar el contrato

y aumentar el precio del alquiler?

-No lo recuerdo.

-Antes no lo sabía, ahora no lo recuerda.

-No lo sé, a los extranjeros nos llegan y firmamos papeles

todo el tiempo y no recuerdo. -Usted recibe las cartas

y las firma sin pensar y las guarda sin leer.

Y luego no se acuerda. -No es cierto.

No recuerdo esta carta.

-Quiero que quede claro que este documento es el mismo

que mi cliente envió en tiempo y forma a la demandada

y que ella ha ignorado en flagrante violación de contrato.

Por eso, y ajustándonos a Derecho, pedimos

que la demandada pague todo lo que debe o, si no,

solicitaremos una orden de desahucio exprés,

lo más rápido que la ley contemple.

Por nuestra parte, nada más.

-Maja, no doy abasto, ¿eh?

Y todo gracias a vosotros. ¿A nosotros? ¿Por qué?

Como tenéis el baño roto, viene todo el mundo aquí a tomar algo.

Pero no me quejo, pero no doy abasto.

¿Tú?

¿Qué?

¿Qué tal la cena con Jorge?

¿Habéis resuelto vuestras diferencias?

Sí, creo que sí.

Tuvimos una charla muy adulta.

Uy, muy adulta.

Me gusta esa palabra para vosotros, es guay, "adulta".

Todo esto está teniendo un efecto positivo en mí.

Además, sin buscarlo.

Desde que pasó esto con Jorge,

siento que con Chema las cosas van mejor.

Las relaciones son como muy misteriosas siempre, ¿no?

Son un mundo, porque un día estás de pie,

al día siguiente estás de cabeza, como cuando te echan las cartas.

Ajá.

¿Sabes qué hago ahora? Sigo los consejos que me dio el "coach"

y me va de maravilla.

Cuando veo un problema, me observo desde fuera

y parece todo más fácil.

Qué bien, ¡no?

Bueno, te dejo, que...

¿Me puedo sentar? Claro, Sofi.

Te quería dar las gracias

por lo que le has dicho a Álex esta mañana.

Ah, no me des las gracias.

Le he dicho la verdad. Ya.

Álex es un chaval maravilloso. Sí, lo sé.

Estoy preocupada por lo que pasa en casa.

Te lo quería contar esta mañana, pero no he podido.

¿Qué ha pasado? Bueno,

¿sabes el préstamo que pidió Jose? ¿Te acuerdas?

Sí, nos dijiste que traerías los papeles para que lo miráramos.

Sí, y él no me los quiso dar. Bueno,

yo no entendía por qué no me los quería dar

y ya lo entendí.

Porque...

resulta...

que, supuestamente, él pidió un préstamo de 15 000 euros.

Eso es lo que me dijo.

Pues no, era de 30 000 euros.

Ay, Sofi, madre mía. Sí, y lo peor

es que no me he enterado por él,

sino que llegó una carta certificada a casa

y la cogió Álex y la firmó él.

El pobre niño se ha encontrado en medio de todo esto.

30 000 euros.

No sé cómo vamos a llegar a final de mes,

si ahora mismo ya lo estamos pasando fatal.

Lo peor no es lo del dinero.

Lo que me sabe mal es que Jose me está mintiendo.

Me miente en la cara. La verdad,

lo miro y no sé...

No sé si me dice la verdad y no sé si podré aguantar así.

Sofi, ¿te puedo ayudar en algo? No sé.

No, gracias, ya me ayudas escuchándome.

Gracias. Ay, mucho ánimo.

-Debo ir a trabajar, no quiero que me echen.

-No te preocupes, nos encargamos nosotras.

Todavía esto no ha acabado. Luego hablamos.

-Gracias. Adiós. -Adiós.

Gracias por... Ha sido muy duro, pero...

me he sentido mucho... -No importa cómo te sientas, Berta.

Nos están haciendo trizas.

-Bueno, creo que todavía no está todo dicho.

Además, no termino de creerme lo que ha dicho la propietaria.

Me gustaría revisar... -¿No ves que hacemos el tonto?

Defendemos a una persona que no recuerda lo que firmó,

que dice que había mucho papeleo. Es ridículo.

-Carlota, perdona... -Cada vez que nos sentamos aquí,

ponemos en juego el nombre del bufete.

Para ti serán unas prácticas que te dan experiencia y tablas,

pero no olvides que trabajas para un bufete de prestigio

y no podemos hacer el ridículo.

Ya no sé ni lo que hacemos.

Deberíamos centrarnos en los casos que tienen solución.

Necesitamos hacer el escrito de las máquinas ya.

-Te prometo que mañana a primera hora lo tienes en tu mesa.

Por favor, Carlota, permíteme que revise

algunas cosas del caso que no están solucionadas.

-Muy bien, no te rindas.

Busca la forma de ganar a ese picapleitos

y de borrarle la sonrisa de la cara.

Te advierto una cosa.

Perder este caso no es una opción.

Así que tú verás lo que haces.

-Gracias.

Lo niego completamente.

Alguien de mi posición jamás haría algo así

y menos con el anfitrión que la había invitado.

Es inconcebible.

-Perfecto. No hay más preguntas, señoría.

(JESÚS) Muy bien.

Carol. -Gracias.

Con la venia,

Antonella, ¿cuánto tiempo lleva usted comprometida

con el señor de Rocamora?

Eh...

Pues dos... Sí, dos años y medio, más o menos.

¿Cómo diría que es su relación?

Jesús, ¿esto es relevante?

-Todavía no lo sé.

Pero soy yo quien decide. Conteste a la pregunta.

Pues...

normal, como todos los prometidos, no sé, buena.

Entrañable. (CAROL) Entrañable...

¿Y puede ser que la posición de su prometido, que es un hombre

con propiedades, con tierras, con buena renta,

haya influido en su cariño por él?

Su pregunta me parece ofensiva.

No tiene nada que ver con la relación que teníamos nosotros.

Es cierto que usted es huérfana y no dispone de patrimonio.

Sí, es una desgracia con la que vivo,

pero no tiene nada que ver que no que siento por Rocamora.

De acuerdo.

Pasemos a la siguiente cuestión.

¿Desde cuándo conoce usted al Conde Negro?

Pues desde no hace mucho, la verdad.

Nos conocimos en una de esas veladas que organiza la corte.

¿Estaba su prometido con usted? -Carolina.

Al grano, por favor, en los tribunales el tiempo es oro.

Da la sensación de que divagas. A los jueces no les gustan

esos interrogatorios. Céntrate e intenta focalizarte

en el punto débil de la testigo, si lo tiene.

Yo creo que sí.

-De acuerdo.

-Venga. Conteste a la pregunta, Antonella.

Me encanta ese nombre, Antonella. (RÍE) Sí, de verdad.

Antonella, por favor.

Ya no me acuerdo de la pregunta.

-Que si su prometido estaba con usted.

No, estaba yo sola.

Mi prometido trabaja mucho y no le gustan los eventos sociales.

Usted aprovechó la ausencia para estrechar lazos con el conde,

un hombre muy atractivo.

No, eso no es así.

Ni me fijé en él hasta que me lo presentó una amiga común.

Pero una vez presentados, usted hizo lo posible

por que la invitara a su mansión. No, eso es falso.

Invitó a mi amiga.

Que me incluyera a mí fue puramente casual.

Pero usted consiguió... -Perdón.

(Móvil)

Un momentito.

(Móvil)

Sí, dime.

Papá, claro que soy yo, me llamas tú.

Sí.

Sí.

-Te veo muy aplicada.

-Trabajo de abogada.

Puro y duro. ¿Quieres algo? -Pues sí.

-Espera, espera.

-¿Qué? -Tú salías en la tele.

-Sí, salí en una serie.

-¿Qué haces trabajando de abogado?

-Me encasillaron como actor y no encontraba trabajos motivadores.

Como mi pasión es la ley... En el fondo quería ser detective,

pero al final estoy de abogado, Derecho, me gradué y aquí estoy.

-Muy bien. -Ajá.

Sí, en el fondo, aquí también hay que actuar.

Un juzgado es como un teatro, en cierto sentido.

-Bueno, mirándolo así, pues...

-Eh, ¿vas a hacer algo ahora?

-Sí, trabajar, si no te importa. Así que adiós.

-Bueno, espera un momento.

¿Nos tomamos un café antes de que empieces a hacer las cosas?

-Ah, pues ahora que lo dices, la verdad es que...

no, no me apetece, tengo que terminar lo que estoy haciendo.

-Gracias. -Te espero y lo tomamos luego.

-La letrada ha sido clara.

-¿Tú quién eres?

-Alguien a quien no quieres enfadar.

-Vale, esto está dejando de ser divertido.

Ay. Nos veremos, señora letrada.

-¿Estás bien? -Muchas gracias por llegar.

Si no llega a ser por ti, como no me sé proteger sola...

Pero ¿tú de qué vas? -Bueno, mujer, no me gusta ese tío.

Lo vi una vez en un caso de condominio. Es un farsante.

¿Has visto qué sello? ¿Adónde va con ese sello?

¿Estás bien? ¿Podemos hablar cinco minutos?

Por favor, por favor.

-Ay, Rodri, cora... -Cinco minutos.

¿Vale? Me pido una, ¿vale?

-Venga. -Va.

Ponme un...

-Que sí, papá.

Sí, yo se lo digo a mamá.

Que sí.

Sí, lo dejará encima del mueble de la entrada, ¿de acuerdo?

De acuerdo. Sí, estoy ocupado, te dejo. Adiós.

Adiós.

Perdón.

Bueno.

¿Por dónde íbamos?

-Seguía siendo mi turno. -Muy bien.

Ahora, por favor, acuérdate, focaliza un poco más, ¿de acuerdo?

-Como decíamos, usted consiguió que el conde la invitara...

-Señoría.

-Finalmente usted acabó pasando unos días en el castillo negro

y aprovechó todas las ocasiones para acercarse a él.

No.

Eso es otra vez falso.

Es cierto que estando en el mismo lugar nos veíamos continuamente,

pero jamás tuve la intención de acercarme a él

y menos de las formas que usted insinúa.

Tampoco lo evitó.

No, claro que no, ¿cómo podía hacerlo?

En una segunda declaración aseguró, y cito:

"Siguiendo los impulsos de su corazón,

fue usted la que cayó rendida bajo los encantos del conde".

No, me malinterpretaron.

Yo nunca quise acercarme a él, no.

¿Fue el conde quien la obligó a estar con él?

No, quiero...

Eh... A ver, a veces las cosas no son blancas o negras.

¿Se siente coaccionada por el conde? No.

¿Teme decir que él la forzó a bajar a la cueva de los Suspiros?

No. La forzó, ¿no es así?

No, no me forzó.

Quiero decir, eh...

Sí, a lo mejor sí.

¿Y no pensó en su prometido?

Ajá, todo el rato.

Julia, ¿estás bien?

Eh...

Perdonad, estoy un poco agobiada.

Eh...

Tengo mucho trabajo.

¿A ti te vale con esto? -Sí, por supuesto.

Si tienes trabajo, lo dejamos aquí.

-Sí, claro, muchas gracias.

Ha sido divertido.

-Perdona, ¿soy yo o me estás dando largas?

Yo me preocupo por ti.

Te busco y tú, nada. ¿No ves lo mal que lo estoy pasando?

-Por favor, Rodri, nos conocemos, así que no exageres.

-No exagero. Si no te veo, no puedo dormir.

Me paso las noches en vela.

Ni con la valeriana consigo conciliar el sueño.

-Por favor, he pasado un día muy duro hoy, estoy muy cansada

y me queda mucho por delante. -"Okay, okay".

-Por favor, déjame... -Dedícame solo cinco minutos.

¿Puede ser? -Vale, cinco minutos.

-Necesito que me digas qué pasa.

¿Vale? Nunca te encuentro. Entiendo que estés agobiada.

Si hay algo que te preocupa, quiero que me lo cuentes.

-Espera. -Tenme en cuenta.

-Espera. -Quiero ayudarte.

-Espera. -Quiero que seamos...

-¡Rodri, basta ya! ¡Por favor, basta!

Por Dios.

Vamos a ver, eh, yo...

Rodri, te tengo mucho cariño, porque somos muy amigos.

-También te tengo cariño. Berta, te quiero, te amo.

-Pero ¿qué haces? Rodri, por Dios, ¿qué haces?

Por favor te lo pido.

Métetelo en la cabeza, somos amigos. Amigos.

Y ya está, mira.

Me lo paso bien contigo cuando salimos de fiesta,

pero no seré tu mujer, ni tu novia, nada de nada.

Así que lo siento mucho, pero, Rodri, te quiero mucho

como amigos y ya está.

Tienes que entender que el sexo sin amor también existe, por favor.

¿Amigos?

Ay, por Dios.

-¿Te preparo algo? -No, gracias, no quiero nada.

-Me tenías preocupada, Paco.

Tienes mala cara. -Ah, muchas gracias.

Eres única levantando el ánimo. -Perdóname, no era mi intención.

-Ya sé que tengo mala cara, ya lo sé.

No doy un paso por el bufete sin que alguien quiera ayudarme.

-Porque son majos y se preocupan por ti.

-Estoy harto. Me tratan como si me fuera a morir mañana.

Igual que en el hospital, que si pollo hervido,

que si la sopa sin sal y la gelatina que no sabe a nada.

-Es para que descanses y no te den esos picos de tensión.

Pero no paras, no haces caso. -¿Me das caña tú también?

-Ay, no, cariño, tienes toda la razón.

-Tú también eres así, ¿no?

-¿Perdona? -Me acaricias la mano

como si fuera un viejecito. -Ay, no, ¿qué dices?

-Y no soy ningún viejecito.

Estoy entero, un poquito cansado, pero entero, como siempre.

-Desde luego que estás entero.

-¿Qué, eh? -No tienes nada que demostrarme.

-Ah, si no quiero demostrar nada.

-¿No? ¿Y qué quieres?

-Carol, tú llevas la defensa del conde.

Lo acusan de haber secuestrado a Antonella.

-Sí. -Ajá.

Cuando interrogas a un testigo delante del juez,

¿cuál es tu objetivo?

-Hacer ver al juez que el conde tiene razón.

-Que es inocente.

¿Eh?

-¿Cuál es tu estrategia para conseguirlo?

-Reconducir un poco el interrogatorio

para que salgan a la luz los hechos que demuestren su inocencia.

-Ajá. Le has preguntado a Julia,

a Antonella,

si el conde la había forzado a bajar a la cueva

y ¿qué te ha contestado?

"No...

Digo sí".

Ha dudado, ¿sí?

Vale, ¿y tú qué has hecho? ¿Qué le has preguntado después?

-No me acuerdo. -Has cambiado de tema.

Justo en el momento en que la testigo

incurre en una contradicción, vas y cambias de tema.

Le has preguntado que qué... que si pensaba en su prometido.

¿Cómo se te ocurre?

Nos da igual ahora su prometido.

Ella está prácticamente confirmándote

que no había sido forzada, lo que a ti te interesa probar.

Y en ese momento, le preguntas algo completamente irrelevante.

¿Sabes qué te quiero decir?

-Pero la he visto un poco agobiada, como si se sintiese mal.

-¿Eso nos aporta algo?

-Si admite que se siente mal por su prometido

es que siente un poco de responsabilidad,

que se fue con el conde por su propia voluntad.

-Y vas por ahí.

-Sí.

-Muy bien, Carol.

(RÍE) Muy bien.

Entonces, sí, te felicito. Perdona, pensaba que ibas...

Pensaba que ibas por otro lado, perdona.

-¿Por dónde?

-Me parecía que estabas preocupada por sus sentimientos y esas cosas.

-También un poco.

-Explícame eso.

-He visto a Julia agobiada.

-Antonella.

-Sí, Antonella.

Me ha parecido que le pasaba algo y quería saber qué era.

-Cuidado con los sentimientos, Carol, mucho cuidado.

Son malos consejeros en un tribunal.

-Ya.

Tampoco los podemos desperdiciar como si no existieran.

Los sentimientos son importantes, porque trabajamos con personas

que sufren y sienten cosas que a veces son contradictorias.

Si aparece un conflicto, habrá que resolverlo en el tribunal.

-Justo ese es el problema.

-¿A qué te refieres?

-Por eso no voy nunca al juzgado.

-¡Ah! Son las 20:00, Paco. -¿Qué?

-Alba llegará en cualquier momento. -Ay, por Dios,

se me ha ido el santo al cielo. -Vamos, date prisa.

-Espera un momento. -¿Qué?

-¿Te he dicho que te quiero?

-Yo también te quiero. Venga, date prisa.

-A ver. Dame la chaqueta.

Así, sí, a ver.

Bueno, un momento, un momento. -¿Qué?

-Un momento. Que te quiero. (RÍE) -Vale.

Venga.

Espera, espera. -¿Qué quieres?

-Que te quiero.

(Beso, se cierra la puerta)

(Respiración con pitos)

(Respiración muy difícil)

-¿Cómo estoy, doctora? Dígame la verdad, sea honesta, no tenga miedo.

-Muy mal, pero que muy mal.

-¿Sobreviviré?

-¡No se oye nada! ¡Se le ha parado el corazón!

-¿Otra vez? -Sí.

-Y ahora ¿qué hacemos? -Debe tomarse la medicina, toda.

-Eh, la habrá hecho usted, ¿verdad, doctora?

-Sí, tiene kétchup,

aceite, vinagre, lechuga y mermelada de manzana.

-Es medicina tradicional china, supongo.

-Tiene que ser buen paciente.

Si no se la bebe toda, no se va a curar.

-Ajá.

Pero poquito a poco, porque...

(Se abre la puerta)

Jose. Ay, hola, cariño.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? Hola, cariño. Eh...

Con un poco de náuseas todavía y me...

A ver, he vomitado y me duele mucho la garganta.

-¿Ves, papá, como tienes que tomarte toda la medicina?

-Ajá. -Mira, mamá.

Se me ha caído una muela. ¿De verdad? A ver.

Sí. Ay, qué bien.

Tendremos que ponerla debajo de la almohada

para que venga el Ratoncito Pérez.

Es que me la he tragado con la sopa hoy en el cole.

Ah, no pasa nada, tranquila.

El Ratoncito sabe que puede pasar. ¿Sabes qué haremos?

Pondremos una piedrecita, será lo mismo.

Tengo las piedras que cogí de la playa, ¿te acuerdas?

Sí, claro que me acuerdo, mi amor. Ahora iremos a tu cuarto

y dejamos que tu padre descanse un rato.

Sí, le he dado toda la medicina. Bien hecho, cariño.

Vamos.

(Se cierra la puerta)

-Se acabó.

A ver, ¿qué pasa?

Berta me ha dicho que lo nuestro ha terminado.

Ya.

A ver, vamos a centrarnos.

¿Cómo acaba algo que nunca ha empezado?

Lo sabía.

Lo intuía, algo dentro de mí me decía:

"Tío, cuidado, que te estás engañando",

pero no podía verlo, porque me estaba engañando.

Llevo cargando con este peso desde hace mucho tiempo.

Es que me duele aquí.

No sé si sabes que cuando te parten el corazón,

te quedan marcas de verdad

Bueno, ya se curarán.

Claro, a ti no te falta el amor.

Con tus cenas secretas y tus ramos de flores y tus...

Yo querría ser como tú,

pero no puedo, no puedo, cada uno es el que es

y eso es así.

Creo que he nacido fuera de época.

Ajá.

Hoy en día todo es tan ligero,

tan volátil, tan...

Y nadie sufre como yo.

Nadie. Se deshacen de ti.

No importa, da igual, la vida sigue.

A nadie le preocupan los sentimientos ajenos.

Nadie está sufriendo como yo, soy el único.

Estoy solo, solo, como un perro.

¿Solo? Eh...

Estoy aquí escuchándote, ¿no?

No te preocupes.

Esto se va a acabar.

¿Adónde vas ahora?

A acabar con todo, a saltar al vacío.

"Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver",

James Dean tenía razón.

Ni para suicidarme tengo suerte.

Rodri.

Soy un desgraciado, George.

¿Hay birras?

En la nevera. No me tomas en serio,

pero sufro como un condenado.

Ya.

(Llave en cerradura)

(Se abre la puerta)

(Se cierra la puerta)

-Hola. Hola.

Uy, ¿y eso? Eso es porque te quiero

y porque no te he visto en todo el día y sé que te esfuerzas mucho.

Ya, o me pongo las pilas o suspendo. Pues por eso te digo.

Ya sé que te cuesta estudiar.

¿Crees que no sé que preferirías estar con tus colegas

o tuneando una moto en el taller?

Déjame, igual cuando acabe, me voy a dar un vuelta todavía.

Luis,

sé que a veces me pongo pesada.

Si insisto tanto para que estudies es porque venimos de abajo.

¿Eh?

Los que venimos de abajo tenemos que...

demostrar a los demás que valemos.

Debemos hacer un doble esfuerzo para que nos respeten.

Si no, nadie nos escucha ni nade nos tiene en cuenta.

No dejes que los demás decidan quién eres.

Menuda chapa.

Qué va.

Pero no sabes lo que te quiero.

(Se cierra la puerta)

-Bueno, la familia al pleno.

Y con los libros abiertos. ¿Qué te parece?

Yo no sé vosotros,

pero a mí me apetece una pizza doble y rellena.

-¿Una calzone?

-¿El qué? -La pizza rellena.

-¿La pizza rellena se llama calzone? -Claro.

-¿Qué me cuentas? El calzone es de pollo.

Te hablo de la pizza rellena de toda la vida, queso y tomate.

-Juli.

Ay, no lo sé, pregunta a ver qué te dicen.

-Me estáis mareando, ¿qué pido? ¿Calzone o pizza rellena?

Hola, hola, sí, un pedido. Te quería hacer un pedido.

Sí, te pido dos pizzas rellenas

y... y un calzone.

Qué contenta estás hoy. -Es que he dormido bien.

No sabes lo que hace dormir bien, te cambia el humor.

Ya veo.

(Mensaje al móvil)

¿Me ha bloqueado?

-Ayer descubrí esto.

Son títulos de propiedades.

-O sea, la sobrina tiene media docena de casas a su nombre.

-Tuve un problemilla y no pude venderlas todas.

Vamos, que compré demasiadas. -Intentaré colocarlas.

Tampoco prometo nada.

El tío dice que lo podemos colocar como artículo de broma.

-Pero ese tío es idiota.

¿Eres consciente de que a Rodrigo lo has vuelto loco?

-Hablé con él y le dejé todo claro.

Ahora estamos en la fase melodramática.

-Me evitaba, enseguida vi que algo la había trastornado.

-¿Está absolutamente seguro de que Antonella lo ama?

-Claro que me ama.

¿Te puedes ir a tu cuarto? Quiero hablar con tu padre.

-Sí, claro, mamá. Gracias.

¿Se puede saber qué es esto?

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  • Capítulo 33

Derecho a soñar - Capítulo 33

25 feb 2019

Luego de una cena de "reconciliación" con Jorge, Julia se confiesa con Olivia y ayuda a Sofía con los problemas que ella tiene en su casa con Jose. Berta y Carlota ayudan a pactar a su defendida Giselle y a Olga Benjumea, pero su cliente mete la pata en grande y temen perder el caso. Francisco, temeroso de que le puedan estar escuchando, le pide ayuda a Charly para descubrir micrófonos. Luego pasará una tarde de pasión con Maricarmen. Para su desgracia, Rodrigo descubre que Berta no está enamorada de él.

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