Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 32 - ver ahora
Transcripción completa

Jorge, lo siento muchísimo, de verdad, pero no...

No puedo.

Esto no ha pasado, ¿de acuerdo? A mí me encanta que haya pasado.

Porque estoy loco por ti.

Lo siento, no puedo...

Chema no se merece todo esto.

Soy tan buena que mientras mi chico estaba cuidando de su padre,

yo me acosté con mi jefe.

Buenos días.

Buenos días.

¿Le puedes echar un vistazo a un caso?

¿Nuestro? De una chica de Kenia, Giselle.

Es un caso de desahucio.

Confió en la casera y la casera la engañó.

Tiene un niño de tres años. Tendría que ser gratis.

Nosotros no somos una ONG, lo siento mucho, pero no.

Quería comentarte que, antes, me sentí muy mal con Carlota.

¿Te importa que le eche un vistazo?

¿Quieres? Sí.

Si quiere, hacemos fotocopias y miro si se puede hacer algo.

Tengo que hacer un ejercicio para la universidad,

un juicio simulado basado en la saga de "Atrapada".

Como tú has llevado el caso, he pensado que, a lo mejor...

¿A quién interpreto? He pensado que al Conde Negro.

¿A quién más has metido en el ajo?

Jesús va a ser el juez y Julia, Antonella.

He tenido una movida con el Tirillas...

Creo que me jode más cuando me miente

que cuando se escaquea.

¿Sí?

Esto son las cajas sobrantes de los cigarrillos electrónicos.

Yo tengo un coleg... Un compañero que...

-Que te lo podría mover. -No...

Tiene tres cajas de cigarrillos enteras.

Se las podríamos colocar a alguien.

Déjame verlos y si molan, vemos qué hacemos.

Quiero hacer unos viajecitos a los barrios pijos

y necesito a alguien que me lleve en moto.

-Pero si no tengo moto. -Pero tu cuñado, sí.

Fíate de mí, Luisito. Podemos sacar algo bueno.

-¿Qué pasa con Obrilservices? -Vienen con inspección fiscal.

¿Y el rumor de la Audiencia Nacional?

Son rumores que quedarán en nada.

Eso tendría que decidirlo yo. Me lo cuentas todo.

Buenas noches, mi amor.

Que descanses. Buenas noches.

¿Te pasa algo? No, no, nada.

(Puerta abriéndose)

Luis, ¿se puede saber ¿por qué llegas a estas horas?

Estaba en la biblioteca. Ah, en la biblioteca.

Te esperábamos para cenar. Lo siento...

Anda, vete a dormir.

Que descanses.

No te hagas el dormido, que te he visto.

Se ha quedado en la biblioteca estudiando hasta tarde.

Ya...

Por lo visto, en la biblioteca no había cobertura.

Tiene sentido. ¿El qué tiene sentido?

Que no haya cobertura en las bibliotecas,

así, se centran en estudiar y no se entretienen con móviles.

¿No se podría haber acercado a la puerta de la biblioteca

y avisar que no venía a cenar?

No lo sé, Chema, estaría concentrado.

Cuando te pones a estudiar, se te pasan las horas volando.

Hmmm...

Bueno, vamos a dormir, que es tardísimo ya...

Buenas noches. Buenas noches, mi amor.

Buenas noches.

(Sintonía "Derecho a soñar")

A ver, ahora que Rodrigo hace del marido despechado,

solo me queda encontrar a la Condesa Negra.

No sabes lo que me ha costado reclutar a toda esta gente.

Me da un corte cuando nos piden estos trabajos...

Me siento fatal pidiendo favores, meto a la gente en compromisos.

Piensa que todos hemos sido alguna vez estudiantes.

Y becarios.

No te preocupes, no te apures por eso, Carol.

¿En qué empresa hiciste tu beca?

Yo he estado siempre aquí.

Pero no hemos venido a hablar de mi beca, vamos a centrarnos.

¿Qué estrategia has elaborado?

Tenía pensado empezar el interrogatorio con el Conde.

-Con Jorge. -¿Por qué a él?

Porque es mi cliente y es el acusado

y si soy yo la que empieza haciendo las preguntas pertinentes,

tendré más oportunidades de reconducir el interrogatorio

por donde me convenga.

Veo que juegas fuerte.

Pero que no te pierda el ansia, yo, lo que haría antes que nada es

definir muy bien tu estrategia en un documento,

un esquema o algo que te sirva. -Pues...

Bueno, aquí había hecho eso.

A ver...

Muy bien...

Tienes una letra del demonio.

Perdona, es que eran para mí, los documentos,

no eran para que nadie los leyera.

¿No serás de estas que hacen la letra mal a propósito

para no prestar los apuntes a los compañeros, ¿verdad?

Mujer, es broma, estoy intentando ser gracioso.

Un poco, ¿no? Pero no...

Yo empezaría por Antonella.

Bueno, chicos, por aquí, ¿qué? ¿Qué os pongo?

Un par de cafés, uno, descafeinado. ¿El tuyo, normal, Carol?

-El mío, con espumita. -Qué guay, ¿no?

¿Esto son los esquemas del simulacro que tienes que hacer?

Me encanta todo esto, qué divertido, ¿no?

Oye, y...

¿Ya has dado todos los papeles? Podrías darme algún personaje.

Justamente, no tenía a nadie para la Condesa Negra.

-¿En serio? -Sí.

Pensaba que con la terraza, imposible,

pero si... -La terraza...

Ni que se fueran a morir por esperar por mi café.

Oye, y tú...

¿De qué haces?

De juez.

¿En serio? ¿En serio?

-Qué guay, ¿no? -Bueno, ¿repasamos un poquito?

-Qué guay... -Tengo una entrevista en media hora.

Si seguimos así, no llegamos ni a la primera pregunta.

Vale, sí, perdona.

Yo pensaba empezar el interrogatorio con el Conde.

¿Quién va a hacer de Conde?

-¿De mi marido? -¿Te acuerdas de los cafés?

Ah, sí, perdonad. Con los nervios escénicos...

-Se me pira. ¿Con espumita? -Espumita, sí...

Aquí tienes la lista de países donde las máquinas recreativas

están prohibidas o reguladas por el Estado.

Si comercializan con ellas, están haciendo contrabando.

(Llaman a la puerta)

Adelante. Perdona...

Pasa, pasa, pasa. Un momento...

Hola, buenos días, perdón...

He venido a por los papeles. Sofía me dijo que tú los tenías.

Ah, sí, sí...

Los tengo yo.

-Los necesito. -Sí.

-Tú debes ser Giselle, ¿no? -Sí.

Nos contó Sofía tu situación

y quiero que sepas que siento mucho todo lo que estás pasando.

-Muchas gracias. -Siéntate.

Gracias.

Mira, quiero explicarte que si no cogemos tu caso es

porque no podemos.

-No, yo sé, yo no puedo pagar... -No...

No me malinterpretes, no es una cuestión de dinero.

Nosotros tenemos en cuenta la situación de nuestros clientes.

Es una cuestión de principios.

Mira, solucionar un caso como el tuyo

es solo poner un parche a un problema mucho más complejo.

No sé si me entiendes.

No es solo tu caso,

es todo el sistema lo que hay que cambiar.

Eh... Entonces, ¿vais a hacer algo?

Ay, aquí están.

Giselle, no he podido revisarlos porque...

Bueno, me ha surgido un compromiso y...

-Lo siento. -No, yo entiendo.

Gracias.

Bueno, pues gracias.

Muchas gracias, adiós.

Adiós...

Lo siento...

Creo que necesito un café.

¡Ah!

¡Que no he terminado!

Lo siento...

-Daniel. -¿Qué?

Disculpa.

¿Te importaría tirar de la cadena? Me tengo que lavar las manos.

¿Puedes esperar un momentito?

Vale...

Es como una cámara oculta, esto. Es como que...

Ya podías haber avisado, para un día que salgo en la tele,

por lo menos, quiero salir guapo.

-Todo esto es culpa de Charlie. -Bueno, tampoco pasa nada.

¿Qué sería de nosotros en un mundo donde todo funcionara bien?

Ya, pero aquí nunca funciona nada.

Voy a hablar con ella. Se va a enterar...

No seas muy duro.

-Ella seguro que lo soluciona. -No, no, no...

Esto lo ha hecho intentando arreglar un goteo.

No vuelve a meter mano, que igual salimos en lancha.

Deportes de aventura en la oficina, ¿eh?

Míralo por el lado bueno, peor sería quedarse sin agua.

Peor serían muchas cosas, pero su trabajo está mal hecho

y si nadie le dice nada, se lo digo yo.

Espera.

¿Qué tienes ahí?

Ahí detrás, en el pantalón, tienes algo pegado.

Qué asco...

No te preocupes, con un hielo, se va, se lo frotas...

Esperas a que se seque y luego, sale fácil.

¿De dónde has sacado eso?

Es un truco de abuela de toda la vida.

Será la tuya, la mía no ha despegado un chicle en su vida.

-¿De dónde saco un hielo? -De la nevera.

¿Por qué siempre tienes respuesta par todo?

Hola.

-¿Qué haces ahí? -He venido a por fruta de la nevera.

¿Por qué me miras así?

¿Nunca has visto a nadie quitarse un chicle con un hielo?

Es un truco de abuela de toda la vida.

Pues ni idea...

Pues ya son dos las cosas que no sabes:

ni quitarse chicles ni arreglar tuberías.

-¿Qué hicisteis en el baño? -Hicimos lo que pudimos.

-La llamo y que eche un ojo. -No, no...

No llames a nadie, ya llamo yo a un fontanero.

Como quieras...

Hola. ¡Hola!

Ah, ¿te estás quitando un chicle?

Hombre, por fin alguien con un poco de cultura popular.

Pensaba que era el único. Lo sabe todo el mundo.

Bueno, la de chicles que he quitado a mis hijos.

¿Llevas mucho rato?

Unos diez minutos más o menos.

Pues casi que pares, ¿no? Se te va a congelar la pierna.

No, sí, me estaba asegurando solo.

Sofía...

Siento mucho lo que ha pasado antes con Giselle.

Tendríamos que haber encontrado la manera de ayudarla.

Ya, más lo siente ella...

Bueno, a ver, había pensado ponerme esto en plan

supercondesa de la muerte.

Espera, no sé si ponérmelo así... No, así no se me ve.

Estás guapísima pero, a lo mejor, es demasiado negro todo, ¿no?

Hija, Juli, si no va de negro la Condesa Negra, ¿quién va a ir?

Pues sí, tienes toda la razón.

Empezamos con esto que si no, no vamos a acabar.

Vale. La primera pregunta...

¿Por qué cree usted que no fue un secuestro?

Porque Antonella miraba con ojos golositos a...

Qué fuerte que vayas a hacer de Antonella, las dos rivales.

Luchando por el Conde. Vamos a centrarnos.

A ver, espérate, necesito meterme en personaje, estoy nerviosa.

Estás muy metida... Me siento rígida. ¡Ah!

¡Ah! A ver, dale...

Venga.

¿Por qué usted cree que no fue un secuestro?

Porque mi Conde es una persona muy respetable

es una persona íntegra, es una persona decente, es...

¿Qué? No me hayo, no me encuentro.

Me sueno muy falsa. Que no, Oli.

Lo estás haciendo bien. No fluyo, no fluyo.

No sé qué podría... No sé.

Por ejemplo, el arte del abanico.

Es un lenguaje, se comunicaban a través del abanico.

Por ejemplo, esto es "sí", ¿vale? Esto, "no".

Esto, llámame.

El dedo es importante para que coja cobertura.

Esto... Que sí, Oli.

Está muy bien el arte del abanico, déjamelo.

Tenemos que continuar. Vale, vale...

Entonces, tu respuesta a la primera pregunta es...

Sé que no es un secuestro porque lo escuché todo

con estos oídos que Dios me ha dado.

Por cierto, ¿qué tal los pendientes? ¿Son un poco heavy?

Vale, voy, voy.

El Conde iba a la alcoba y estaba Antonella, qué casualidad.

El Conde iba al jardín y ahí estaba Antonella.

Oli, yo tengo que irme. He pensando meterle...

Nos vemos luego, toma.

Julia, te juro que no vuelvo a interrumpir, no me dejes así.

Oye, en serio, quiero hacerlo bien.

De verdad...

Hola, Oli. Hola.

Oye, ¿te parece que ensayemos la rutina de la pareja?

La vida diaria...

Las manías... Para darle credibilidad a la cosa.

¿A qué cosa? ¿Cómo que a qué cosa?

Conde, tiene usted a su señora delante de sus ojos.

Ah, vale, esa cosa, perdona. No, tengo que volver al bufete.

Si estás haciendo jogging.

Porque he cogido la hora de comer para hacer un poco de deporte

y tengo que volver a trabajar. Ya.

Eres de esos que prefiere el deporte al arte.

¿Arte?

¿Insinúas que lo mío no es arte? Que me lo estoy currando.

Oli, tú eres arte en general, cocinando, con los zumos, con todo.

¿Te parecen "too much" los pendientes?

A ver... No sé si ponérmelos de camafeo.

Un poquito "too much", sí.

Qué sosos sois todos aquí, ¿no?

Bueno, Condesa, te veo luego.

¡Hasta luego!

¡Hasta luego, Conde!

¿Otra vez problemas con la fotocopiadora?

No sé qué le pasa a esta máquina, cada vez funciona peor.

Sí, porque, además,

tú siempre tocas las teclas adecuadas...

Ha llamado un cliente dice que gracias por el detalle de ayer.

Muy dulce...

Ya...

Si vuelve a llamar ese cliente, le dices que me alegro

de que lo recibiera.

Y lo apreciara.

Sí, porque, además,

los clientes de esa categoría

siempre aprecian ese tipo de detalles.

¿Sabes?

Me alegro que digas eso porque hay gente que piensa

que es mejor no ser tan complaciente.

Ah, ¿sí?

A mí me gusta más dejarme llevar por mi intuición.

Hiciste bien.

Tendrías que ver la cara que se le puso al cliente.

¿Cómo sabes qué cara se le puso al cliente?

Si únicamente llamó...

Pues...

Porque yo también soy muy intuitiva.

Mi intuición me dice que esto ya está arreglado.

Ahí lo tienes. Bien.

Necesitamos un listado completo

de los países a los que vendieron las máquinas.

Me gustaría coger el caso de esa mujer.

¿Por qué?

No me mires así.

Quiero saber qué es lo que hace que quieras coger ese caso.

Desde que la he visto entrar en el despacho,

se me ha removido algo por dentro.

No sé cómo explicarlo, es algo instintivo.

No sé, me siento fatal.

Saber que puedo echarle una mano y no hacerlo...

Sé que si no lo intento,

no voy a poder sacármelo de la cabeza.

¿Sabes a lo que me refiero?

No podrás pedir ayuda ni recursos a nadie más del bufete.

Tendrás que prescindir de los dos días que te cogiste.

Y quiero este informe listo para mañana.

Por supuesto.

Carlota, no sabes lo que significa para mí.

No te vas a arrepentir.

Vale.

Buenos días, Francisco.

Buenos serán para ti.

-No me lo puedo creer. -Va siendo hora de que te lo creas.

Ya es oficial, estamos en manos de la Audiencia Nacional.

Es cuestión de tiempo que convoquen una comisión rogatoria

para las Caimán y lo descubran todo. Estoy perdido.

Seguro que estamos a tiempo para hacer algo.

¿Algo como lo que has hecho tú hasta ahora?

Yo confié en ti, te pedí que frenaras esto.

Que no pasaran de la inspección fiscal y ahora, ¿qué?

¿Es tu manera de controlar las cosas?

Francisco, mantengamos la calma.

-Tú no tienes nada que... -¿Qué dices, por Dios?

Soy el testaferro de una sociedad investigada en la Audiencia Nacional

y me pides que me calme...

La comisión rogatoria tardará unos meses en convocarse.

Eso nos da tiempo.

Si se han dado tanta prisa en investigar esto,

¿van a dejar pasar unos meses?

Quieren cabezas y la mía es una de ellas, ¿no lo ves?

Eres testaferro de una sociedad y eso no es punible.

Si Fajardo cometió un delito, que pague él por ello.

Yo no he hecho nada, por Dios.

Un favor a un amigo para que no perdiera su empresa.

-Se la quería quitar su mujer. -Lo sé.

Por eso insisto en que no debes preocuparte.

De este bufete comen muchas bocas, no solo la tuya y la mía.

Si algo me tranquiliza es eso.

No es mi futuro el que se juega, es el futuro de todos.

Haré todo lo que esté en mi mano.

Tú no has cometido ningún delito.

En este país existe la presunción de inocencia.

¡Ay! No me hagas reír.

¿La presunción de inocencia? Eso es un mal chiste.

Lo que quiere la gente es sangre.

Quemarnos públicamente.

Como si esto fuera la época de la Santa Inquisición-

Entonces, vamos a demostrarles que se equivocan.

Al final, la verdad acaba saliendo a la luz.

Ya lo verás.

Julia, ¿puedes venir a mi despacho un momento?

Gracias.

Cierra y siéntate, por favor.

Me siento muy raro desde lo que pasó el otro día

y no me quiero imaginar cómo te debes de sentir tú.

Sé que hemos intentado arreglarlo a nuestra manera,

pero evitarnos no funciona.

No funciona y no va a solucionar nada.

Sí, sí, tienes razón.

Somos compañeros de trabajo.

Esto no puede afectarnos en el día a día.

Julia, yo te necesito.

Aquí, en el bufete.

Lo último que quiero es que estés incómoda, y lo estás.

Bueno, creo que es normal.

Aunque ahora estoy intentando ser menos dura conmigo misma

y permitirme el...

Lo raro sería que no estuviera incómoda, ¿no?

Justo por eso.

Necesitamos arreglar esto para poder...

Pasar página.

Cuanto más tiempo lo arrastremos y no lo zanjemos,

tú y yo no vamos a estar bien.

Sí, sí, sí...

Pues no sé, tú dirás.

Quería proponerte que nos viéramos fuera.

Charlamos tranquilamente,

sin prisas, como adultos y lo arreglamos.

Me parece bien.

Si te parece, podríamos quedar hoy para cenar.

¿Hoy? Sí, hoy.

Todo el tiempo que pasemos sin solucionar esto

es tiempo perdido.

Muy bien, déjame que me organice y te digo.

¿A usted le consta que Antonella perseguía a su marido?

¡Protesto, Señoría!

No estamos en una película americana.

En España no se protesta.

Jesús, está guiando claramente al testigo.

¿Me dejas hacer mi trabajo, si no te importa?

¿Sí?

Procura reformular la pregunta

de forma que no lleve implícita la respuesta.

Se trata de que ella dé su testimonio,

no de que lo haga el abogado en su lugar.

Perdona.

¿Cómo se comportaba Antonella con su marido?

-Con una osadía galopante.

Mi pobre Conde Negro no podía dar un paso sin que esa...

casquivana, porque no tiene otro nombre, casquivana,

apareciera ahí, en cualquier sitio.

¿Que bajabas las escaleras?

Ahí estaba ella, en el quinto peldaño.

Qué casualidad, ¿no?

¿Sabes estas que se hacen las encontradizas?

¿Que salías al jardín?

Ahí estaba la señora, haciendo como que tomaba el aire

en el estanque, haciendo como que...

Un infierno.

Su marido, el Conde, ¿cómo reaccionaba en esta situación?

Mi Conde, el pobre de bueno que es parece tonto...

Me decía que yo exageraba,

que Antonella solo quería ser amable...

¿Amable?

¡Ja! Amable...

Esa lo que es es una pelandrusca de aquí te espero, vamos.

Le sacaba los ojos, no puedo con ella.

Y eso que no pierdo las formas, no suelo perder las formas.

-Pero me pone muy nerviosa. -Oli, perdona.

Eh... ¿te importaría ceñirte a los hechos?

-Un poquito... -Chus, me ciño a los hechos.

Es que lo pone bien clarito en el libro.

Lo pone, más claro, agua.

Antonella perseguía al Conde.

Si no te lo has leído, no tengo la culpa...

¿Vio usted algo que corrobore sus afirmaciones?

Por supuesto que lo vi.

Tú, a lo tuyo, a ver si voy yo a frustrar la carrera de tenista

tan importante que llevas.

Por cierto, tu amigo Luis iba a venir hoy, ¿no?

¿O también está haciendo carrera internacional en tenis?

No, qué va, él es más de negocios.

Se ha saltado la clase.

No ha venido, de hecho, ni me ha avisado.

-Mierda... -Estará con los cigarrillos.

Ah, por cierto...

Te ha llegado esto.

Como no estabas tú, lo he firmado yo.

No, ¿pero cómo me haces eso? No firmes si no es para ti.

Bueno, perdona.

¿Pero cómo se te ocurre, tío? ¿Cómo se te ocurre firmar nada?

Te lo he dicho miles de veces. No firmes nada, nada

que no venga a tu nombre. -No, miles no, ni diez.

-No me lo has dicho. -Pues te lo digo ahora.

Nunca se firma nada que no sea para ti, ¿vale?

Vale, pero si no, se lo iban a llevar.

¡Precisamente!

Que se lo lleven, ya me encargo yo de mis asuntos.

¡Que vale!

Su turno.

-Díganos, señora, ¿dónde...? -Condesa, por favor.

-Díganos, señora Condesa... -Negra, Condesa negra, por favor.

Díganos, señora Condesa Negra,

¿dónde escuchó usted la petición de Antonella?

En el gabinete chino.

Donde las sedas amarillas.

¿Cómo es que Antonella hizo una petición tan íntima

con usted delante? -Porque yo no estaba delante.

Los escuché a través de los ventanales

que dan al jardín.

Estaba cortando rosas.

Entonces, ¿estaba varios metros alejada

de la fachada de la casa,

con la ventana entreabierta

y con dos personas hablando, seguramente, en voz baja?

¿No es posible que usted no oyera bien lo que decían?

Pues verá, yo tengo un oído finísimo, finísimo, ¿eh?

Estoy absolutamente segura de lo que esa...

Me voy a ahorrar el nombre, le dijo a mi marido.

¿Zabálburu, Leiva y Duarte?

Sí, claro...

Ahora mismo le paso con su secretaria.

Sí, si es tan amable de esperar un momento, gracias.

Oye, ¿lo he hecho bien?

-Sí. -Sí, ¿no? Gracias.

Me lo he currado. Estoy un poco tensa de estar ahí...

Tan en mi centro de condesa. ¡Pero qué guay!

Sofía, espera, tengo buenas noticias.

Ah... Sí.

Vamos a llevar el caso de Giselle. ¿De verdad?

Sí, he hablado con Carlota, se lo ha pensado y lo llevaremos.

¿Y eso? Con la respuesta que me dio, no esperaba nada.

Bueno, es que no lo va a llevar ella.

Lo voy a llevar yo sola, sin la ayuda de nadie.

Ah, claro, ya entiendo.

Oye, estoy segura de que lo harás estupendamente.

Y eso de que lo vas a llevar sola, no.

Puedes contar conmigo para lo que sea.

Lo sé, gracias. ¡Ay!

Qué alegría, voy a llamar a Giselle ahora mismo.

Así que a esto dedicas tu tiempo. Tu tiempo libre, supongo.

Todo bien, gracias. ¿Tú qué tal?

¿No puedo venir a pasar un rato con mi hijo o qué?

La última vez que pasamos un rato juntos

todavía pagábamos en pesetas.

¿Qué sucede?

¿Crees que soy un buen padre?

Yo creo que sí, sí...

Después del último susto que me he llevado,

que no viene a cuento,

estoy haciendo examen de conciencia.

Ya sé que últimamente no pasamos mucho tiempo juntos,

pero ya sabes que el bufete es muy absorbente y que sepas

que todo lo que hago lo hago por ti.

¿Tú te acuerdas

cuando fuimos a cazar la perdiz roja?

-Cómo olvidarlo. -No era época ni nada.

Vimos unos matojos que se movían y ¡pam, pam! Dos tiros.

Casi matamos a un par de ciclistas.

¿Qué hará de esto? ¿Treinta años o así?

Me acuerdo como si fuera ayer.

Ay, señor, ¿tú qué tendrías? ¿Diez u once años?

Cinco años, papá. Tenía cinco años.

Estuve sordo durante un mes.

-De este oído. -Cinco años, cómo pasa el tiempo.

Ay, bueno, no te molesto más.

Me ha gustado mucho pasar este ratito contigo.

Me hace mucho bien oírte contar tus cosas.

Me voy tranquilo sabiendo que sabes apreciar

todo lo que he hecho por ti.

¿Cómo puedes volver a trabajar con él ahí... codo con codo?

¿Qué hacéis, como que no ha pasado nada?

Eso es lo que he intentado.

Estos días, hemos estado hablando poco.

Hemos intentado evitarnos.

Ya, pero os habréis cruzado o algo...

Oli, mejor dejemos el tema, Chema debe de estar al llegar.

Juli, ¿cómo que dejemos el tema? ¿Crees que ahora hay otro tema?

Este es el tema, cariño.

No, de verdad, no quiero darle más vueltas.

Pero vamos a ver, alma de cántaro,

¿me has llamado para contarme que te quieres hacer

la depilación láser?

Es que te quiero pedir un favor. Claro.

Jorge me ha pedido que cenemos juntos esta noche.

¿Otra vez? ¡Shhh! Baja la voz.

No, no volverá a pasar nada, tenemos que zanjar el tema.

Necesitamos hablar para poder pasar página.

En la oficina nunca podemos.

Ya, ¿y qué pinto yo en todo esto?

Necesito que me cubras con Chema.

Si te pregunta, puedes decirle que...

Que hemos ido a tomar algo juntas esta noche.

No se me ocurre nada más.

Claro, cuenta conmigo. Gracias.

No sabes el favor que me haces.

Bueno, ya será menos, ya ves...

¿Qué te vas a poner? ¿Eh?

Para la cena, que qué te vas a poner.

Me voy a poner el vestido de "no volverá a pasar nada más".

¿Te parece bien? Me parece bien.

Bueno...

Pues que vaya bien.

Chao, guapa. Bueno, no demasiado bien...

Solo bien.

Hala, ya me contarás.

Hasta luego. Adiós.

Ay, Álex, pasa, pasa, no te quedes ahí.

¿Y este quién es? Álex, el hijo de Sofi.

¡No!

¡Qué fuerte! Estás enorme. ¡Pero míralo!

Tiene hasta pelusilla.

Bueno, yo me voy, hasta luego. Gracias, Oli.

Adiós.

¿Tienes clase con Luis?

He venido a traerle los libros. Ah, gracias.

¿Ya has hecho hoy la clase con él?

Anda, pasa...

Perdona, ¿ya salías? Sí.

¿Salimos juntos?

Oye, eh...

Tenemos que hablar de un tema. Ah, ¿sí?

¿Qué es eso de los amigos especiales?

Pues lo dice la expresión.

Amigos y especiales, no es difícil de entender.

No, no...

¿Y los amigos especiales le cuentan a otro amigo

que tienen un amigo especial?

Pues depende.

Si trabajan juntos, tienen cuidado con qué cuentan.

Y a quién...

¿Y en el estatuto de los amigos especiales viene

cuántas noches se pueden ver a la semana o se va descubriendo

con el roce?

No me refería a este tipo de roce.

Voy a tener que añadir una adenda a esa normativa

para que los amigos especiales no se puedan pegar...

¿Y esto?

Quizás he sido un poco imprudente

porque no me dijiste cuál era el reglamento de los regalos.

Pero como me dijiste

que me dejara llevar por la intuición...

Estaba harto de no poder descifrar tus mensajes.

Ya...

¿Qué? ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

No, no, no es eso.

Es que es como...

Como demasiado, ¿no?

¿Cómo va a ser demasiado? Necesitas uno, ¿no?

Pues...

Pero yo no he venido aquí a chivarme, ¿eh?

Quiero decir...

Que seguro que a Luis le ha surgido algo

y por eso no me ha avisado.

¿No ha contestado tus mensajes?

En realidad, creo que ni los ha recibido.

Igual ha tenido un problema con su móvil, no sé.

Bueno, me tengo que ir, que me espera mi madre.

Gracias, Álex. A ti.

Adiós.

-¡Hola! -Hola.

-Tú eres el hijo de... -Sofía.

Sofía, que no me salía.

-Yo ya me iba. -Ah, nada, pues hasta luego.

-Adiós. -Venga, un placer.

Nada, tu hermano no ha acudido a la clase con este chaval, ¿no?

No...

¿Puedo darte mi opinión?

Quieres que tu hermano estudie y se lo dices todo el tiempo,

pero a tu hermano le entra por un oído y le sale por el otro.

Eres demasiado blanda con él.

Es mayorcito para tener todo el día a alguien vigilándolo.

¿No te parece? Sí.

Es mayorcito para muchas otras cosas.

Pero si no le apetece estudiar, de poco le sirve tu apoyo.

Chema, pues ya no sé qué hacer.

No sé, ¿me sugieres algo tú?

Yo creo que si trabajara una temporadita larga,

se le iban a bajar los humos.

Si quieres, aviso a algún colega por si necesita ayudante.

No, no quiero que sienta que lo obligo a trabajar.

Pero es que no quiere estudiar.

Te lo demuestra día a día. Ya lo sé.

Va a tener que hacer algo más.

Mi amor, entiende que no todo el mundo vale

para los estudios.

A mí, por ejemplo, no me gustan mucho los libros.

A lo mejor, ese es el problema.

¿Cómo que problema?

¿Nosotros tenemos un problema?

No. ¿Entonces?

Entonces, ¿qué?

¿Por qué has dicho "ese es el problema"?

No he dicho eso. Sí lo has dicho.

Bueno, no...

No me refería a que tuviésemos un problema tú y yo.

¿A qué te referías?

No lo sé, Chema, últimamente, estoy muy nerviosa

y a veces, no sé ni lo que digo. ¿Y yo no estoy nervioso?

Como solo soy un mecánico sin estudios,

a mí, mi trabajo no me da preocupaciones.

Chema, sacas mis palabras de quicio.

No, tú sacas todo de quicio.

Desde que empezaste a trabajar en el bufete, eres otra persona.

¿Pero sabes qué? Por mucho que te quieras codear con esos pijos

y quieras ser como ellos, no lo vas a ser, ni ellos como tú.

Vete haciendo a la idea porque te llevarás un chasco.

Pe... ¿pero dónde vas?

He quedado para tomar algo con Olivia.

¿No me vas a decir quién es?

Tío, que no voy a decir nada.

Tu secretaria, ¿verdad?

Ya me parecía a mí que ahí había algo.

¿No?

Entonces es Sara, la prima de Cristóbal, ¿a que sí?

A esa tía la he visto yo hacerte ojitos, bueno yo

y medio club de pádel.

Y perdóname que te lo diga, está buena hasta decir basta.

¿No?

Si no es Sara, no sé quién puede ser, eh...

Eh...

Andrea, la amiga de Bea.

¿Ana?

¿Violeta? ¡Elena, la del perro!

¿Me quieres dejar en paz? Pero...

Oye, escúchame una cosa, escúchame una cosa.

No me digas que has quedado con Elena, la del perro.

Eres muy pesado, Rodri. Que no, de verdad.

Con que no sea Berta, me parecen todas bien.

En serio. Que no es Berta.

Qué tío...

Es tu intimidad, hija, yo, ahí, no me meto.

Vamos, no tienes por qué contarme si es el mismo hombre

que te mandó los bombones, el hombre ese mayor,

o es de uno nuevo más joven.

Vaya, tú tienes todo el derecho del mundo

a que te hagan todos los regalos que quieras

todos los hombres que quieras. Ya...

¿Sabes a quién me recuerdas?

¿A ti? A Antonella.

Sí, mujer, no me mires así. Antonella, la de "Atrapada".

Ah...

¿Y en qué, si se puede saber?

Esto es como ese capítulo en el que el Conde Negro

le hace un regalo.

¿Te acuerdas? Sí.

Ella se siente mal y lo rechaza.

Ya, pero no es lo mismo.

El Conde le regala el mejor potro de su cuadra, con eso, tienes

para comprar 50 smartphones o más.

Un potro salvaje que simboliza su pasión.

Pero lo importante no es eso.

¿Te acuerdas de qué le contesta ella?

No...

Ella le dice:

"Gracias, Conde Negro,

es usted muy amable y generoso,

pero no puedo aceptar su regalo.

Porque un regalo también es un desafío".

A veces, las relaciones son como mazmorras.

No como la mazmorra del placer del castillo del Conde Negro,

sino como algo que te corta las alas.

Un día, cuando quieres darte cuenta,

te encuentras atrapada en una vida que no has decidido de verdad.

Entonces, es demasiado tarde. Mamá...

Creo que no te sigo.

¿En qué novela dices que pasaba eso?

Mi vida, lo que quiero decir es que cuando aceptas un regalo,

estás abriendo la puerta a sentirte en deuda con alguien.

Y eso puede ser un compromiso importante.

Si lo aceptas, tienes que estar segura de lo que haces.

Tienes razón.

(Risas)

¿Una bandada de patos?

Es demasiado bueno para ser verdad.

No te rías, porque yo lo pasé fatal.

¿Por qué te hace tanta gracia?

Porque te imagino corriendo y gritando: "dejadme, dejadme".

¿Qué pensabas? ¿Qué alguien te iba a escuchar?

No quiero perder esto, Julia.

Eres tan especial...

Tan distinta.

Contigo puedo hablar de cualquier cosa.

Nunca me he sentido así con nadie.

Te entiendo, Jorge, pero también entiéndeme a mí.

Eres mi jefe.

Y yo tengo una vida muy distinta a la tuya.

Podría intentar vivir en ese mundo de fantasía

en el que solo existes tú,

pero me estaría engañando a mí misma.

Cuando estoy contigo, para mí,

no existe nadie más.

Yo no puedo permitirme ese lujo.

Entonces...

¿Qué hacemos?

Por primera vez en mi vida soy capaz de verme desde fuera.

Y eso es un gran paso.

Pero necesito poner límites.

Eh, y...

A efectos prácticos, ¿eso qué significa?

Podemos llevarnos bien, podemos contarnos nuestras cosas.

Podemos ser amigos, Jorge.

Pero tenemos que llegar a un acuerdo y respetarnos.

Los dos sabemos qué situaciones nos llevan a confundir las cosas.

Así que...

Basta con que evitemos esas situaciones.

Tú mandas.

Lo último que quiero es ser un problema para ti.

Va a ser lo mejor para los dos, estoy segura.

Eh, Jorge, quería hacerte una última pregunta.

Eh...

¿hay algún otro animal que te haya perseguido

después de robarte la ropa?

Qué tonta eres... No, no, solo patos.

Pero no te creas, me subió mucho la autoestima.

No está a la altura de cualquiera

despertar el instinto de los palmípedos,

solo unos pocos elegidos.

Brindemos por ellos.

Por ellos y...

Por nuestra amistad.

Por los patos y por nuestra amistad.

Me recuerdas a mí a tu edad.

Perdona, Carlota, no te había oído.

¿Qué decías?

Nada, que apagues la luz antes de irte.

Y que no te vayas muy tarde.

Chema, lo siento. Lo siento muchísimo.

¿Pero qué pasa? ¿Qué hora es?

Siento mucho todo lo que ha pasado hoy.

No quería decirte eso, de verdad.

Yo tampoco quería decirte eso, mi vida.

Cuando has salido por la puerta ya me estaba arrepintiendo.

Siento también si últimamente me notas rara.

Estoy muy nerviosa, todo esto es nuevo para mí

y, a veces, no sé ni cómo actuar.

Tendríamos que hacer más cosas juntos.

No sé, a lo mejor, podríamos...

Cogernos dos días libres para nosotros y hacer una escapada.

¿Qué te parece?

Podemos ir donde tú quieras, a mí me da igual.

A mí también me da igual.

Yo, con tal de estar contigo,

como si vamos a Fuenlabrada.

Anda, ven aquí.

Estaba pensando que con lo de hacer...

Cosas juntos...

¿Sí?

Pues...

Que se me estaba ocurriendo

que podríamos empezar ahora.

Me parece muy buena idea.

Si prefieres, lo podemos dejar para Fuenlabrada.

Creo que podemos ir practicando ya, ¿no?

Ayer no fuiste a la clase que tenías con Álex, ¿no?

¿Se puede saber por qué?

Porque estuve ayudando a un colega con una mudanza.

¿Ese colega era "el Huevo"?

¿Treinta mil?

Álex, esta carta certificada lleva tu nombre, ¿qué ha pasado?

La carta esta es para papá. Pregúntale a él.

Me ha hecho un regalo, un móvil.

Lo devuelvo, ¿no?

Pensaba que le preocupaba un pinchazo en la línea.

Supongamos que alguien quiere

llamar sin que se escuchen sus llamadas, ¿qué debe hacer?

¿Qué tal lo tuyo con Rodri? Bien, no sé...

Somos solo amigos y ya está.

He intentado decírselo de mil maneras,

hacerle entrar en razón y no le entra.

Quizás el precio de mi alquiler es demasiado elevado

para el mercado,

pero con ese dinero, yo ayudo a mi sobrina.

Usted sabe que por la familia,

una hace cualquier cosa.

¿Incluso desahuciar a una madre con un hijo?

El préstamo que pidió José era de treinta mil euros.

José me está mintiendo y me miente en la cara.

Estamos poniendo en juego el nombre del bufete.

No podemos hacer el ridículo.

Rodri, te tengo mucho cariño porque somos muy amigos...

Yo también te tengo cariño Berta, es que te amo.

¿Pero qué haces? Rodri, por Dios...

¡Son las ocho, Paco! -¿Qué?

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Derecho a soñar - Capítulo 32

22 feb 2019

Jorge y Julia toman una determinación: no pueden seguir evitándose; para arreglar las cosas quedarán a cenar, lo que hará que Julia tenga que mentir a Chema. Por otro lado, para Ángel y Alba no solo es imposible evitarse, sino que aprovechan cualquier momento para tontear... hasta que ella recibe de parte de él un regalo lo bastante grande como para sentirse mal por ello. En un alarde de generosidad, Carlota le permite a Berta el caso de Giselle. Sofía respira tranquila por ello, pero en su casa no se comparte su estado de ánimo: Jose ha recibido un Burofax que tratará de ocultarle a su mujer a toda costa. Tampoco pintan las cosas fáciles para Francisco: la Audiencia Nacional va a abrir investigación sobre Obrilservices. Ángel intenta tranquilizarlo, pero él no sabe la verdad: que Francisco está pringado hasta el cuello.

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