Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 19 - ver ahora
Transcripción completa

Laura me ha contado algo muy curioso.

Le he preguntado con quién solía ir al hospital

y me ha empezado a hablar de un tal Marcos.

Susana no nos ha comentado nada.

Por lo visto conoce bien la enfermedad de Laura.

¿A qué te refieres?

Él también la tiene.

-Te prometo, en cuanto tenga un huequito

planeamos un viajecito, ¿vale?

-De viajecito nada. Yo quiero el viaje.

-Bien, pero lo organizas tú.

¿Cómo se llama la enfermedad de Laura?

Hemocromatosis. ¿Y es hereditaria?

Hereditaria, genética y no respeta ningún patrón.

Se hereda a través del padre,

pero en ocasiones puede saltarse generaciones.

Y me apuesto lo que quieras

a que el exmarido de Susana no la tiene.

No, no la tiene.

¿Estamos seguros de que el padre es Enrique?

-Ángel ha traído esto para ti.

-¿Y esto?

-Pues para que entres en calor.

-Y encima es para mañana.

-¿Se puede saber qué le has pedido a Berta?

-Unos informes que necesito con urgencia.

-Ya le he dejado encargadas varias cosas

que también son urgentes.

No puedes venir a última hora para pedirle lo que te dé la gana,

porque ella también tiene una vida y tiene que dormir.

-Que se busque la vida. Es una pasante.

-Busca a otra persona que lo haga.

-¿Qué haces? ¿No tendrías que estar estudiando?

Tenías un examen.

-¿Tú no tendrías que estar trabajando?

-Oye, mira.

A tu padre no se te ocurra volver a tratarlo así, ¿eh?

Oye, ¿y las clases del F.P.?

¿Has pensado cómo te vas a organizar?

-No me agobies, anda.

Se te cambia la cara cuando hablamos de estudios.

¿Desde cuándo fumas?

-¿Qué clase de pregunta es esa?

Ayer me encontré un puro.

"He pensado en lo que hablamos esta tarde.

Le he dado vueltas y creo que ya sé cómo resolver el tema".

¿Te importaría que quedásemos mañana media hora antes,

nos tomamos un café y te cuento lo que he pensado?

Sí, sí, me parece estupendo.

-Si quieres mantequilla, tienes en el frigorífico.

Bueno, yo creo que ya tengo todo.

¿Hoy vienes al taller? -¿Qué dices, papá?

-Eh, que me llamo Chema.

Te lo digo no por controlarte, sino por organizarme la mañana.

-Ya. No será que te hago falta.

-Claro que me haces falta.

Ya te lo he dicho, necesito un ayudante.

Si es de confianza, muchísimo mejor.

-La 22.

-¿El qué?

-La 22, ayer dijiste que te hacía falta.

-Muchas gracias.

Creo que deberías darte una oportunidad.

-¿Debería darme una oportunidad?

Voy a ir hoy al taller, ¿qué más quieres?

-Quiero decir que en el taller

vas a aprender todos los secretos de este oficio,

tanto los teóricos como los prácticos.

Pero si quieres currar de esto

y dedicarte al mundo de las motos, tienes que sacarte un título.

-¿Un título, como la realeza?

-Sí, pero el de rey de España ya está pillado.

Así que ni lo pienses.

Te lo digo en serio. Si quieres currar de esto,

tienes que pasar por el aro y buscar un curso de formación,

como hace todo el mundo.

-Yo no sirvo para estudiar. -Eso habría que verlo.

-Ni lo sueñes. Me dan alergia los libros.

-No te estoy diciendo que estudies.

Solo te pido que te saques el curso. Parece lo mismo, pero no lo es.

Son solamente clases prácticas,

con casos reales, pero clases prácticas.

-Lo que tú digas, papá.

-A mí también me costó mucho sacármelo.

-¿No decías que era fácil aprobar?

-Sí, el curso en sí es muy fácil, está tirado,

pero me tocó un profesor al que había que echarle de comer aparte.

Menuda manía me tenía. Ricardo Tocino se llamaba.

Hasta me acuerdo del nombre. Tres veces me suspendió.

-Menudo nombre. Seguro que sigue dando clase.

-Seguro. Mala hierba nunca muere.

Pero te digo una cosa.

Tienes más calle que yo.

A tu edad era un pardillo.

A ese y a los de tu clase los pones firmes en tres días.

Te lo digo yo.

-Que sí, papá.

-Aparte, con lo que aprenderás en el taller

ya lo tienes casi hecho y con lo demás te echo una mano.

-Vale, no me des más la chapa. No llegas al final.

-Ya son menos diez, es imposible llegar pronto.

Tú, como me vuelvas a llamar "papá",

te pongo a fregar el suelo del taller hasta que cumplas 40.

Hasta luego.

(Sintonía "Derecho a soñar")

(CARRASPEA) Ay, qué susto.

Ay. -No me digas que estás helada.

Ja, ja, muy graciosa. Oye.

¿Por qué has venido tan temprano a la oficina?

¿Y tú? ¿Qué pasa? ¿Hoy no ha habido atasco?

He venido porque quería caldear un poco el ambiente.

¿Seguro que querías subir la temperatura?

¿A ti qué te parece?

¿Me gusta contestar al teléfono mientras me tiritan los dientes?

Oye, ¿no será a ti a la que le gusta el frío?

¿Crees que me gusta venir a trabajar con estos guantes?

No sé. En realidad me gusta,

pero con este frío se me congelan las ideas.

Sí, ya somos dos. Venga, dame la llave.

¿Qué llave?

La de aquí, ¿no la tienes? No.

No sabía que estaba cerrado. No lo estaba.

La llave se perdió hace tiempo

y como no hacía falta, no se hizo copia,

porque siempre estaba abierto.

Así que Julia tiene razón. Tenemos guerra fría en la oficina.

Sí, y creo que nuestro enemigo es Daniel.

¿Por qué crees que es él? Porque llevo días

sube que te sube la temperatura y él baja que te baja.

Imagino que se ha cansado y ha cerrado.

Ah, puede ser.

En realidad no estoy segura, es una sospecha,

pero lo voy a descubrir.

Pues ya me dirás.

Toma.

Gracias, déjalo aquí.

Claro.

Mejor en la mesa que en tu camisa.

(RÍE)

No hablemos de manchas que es un tema sensible.

A sus órdenes. El tema manchas, desechado.

Gracias por venir un ratito antes.

No, gracias a ti por confiar en mi ayuda.

Y por este café calentito. La verdad, estaba helada.

Cuéntame.

A ver, en 20 minutos Susana vendrá al bufete

y, como sabes, necesito que me diga la verdad.

Pero tiene que salir de ella.

Si le pregunto directamente, se cerrará en banda.

Bueno, la teoría suena bien. ¿Sabes cómo lo vas a hacer?

Eso creo.

Si es cierto que esa mujer lleva años alimentando una mentira,

no confesará fácilmente.

Ese es el tema.

Pero los clientes nos cuentan lo que ellos quieren.

Quizá sería mejor seguir investigando sus antecedentes.

No, me lo tiene que decir ella.

Aunque, bueno, tengo algunas dudas.

Desde que me contaste lo de tu sospecha,

que Enrique podría no ser el padre de la niña,

ando dándole vueltas

y no tengo claro si averiguar esto nos va a ayudar

o todo lo contrario.

Un abogado debe conocer de forma objetiva todos los hechos,

tanto los que perjudican como los que benefician al cliente.

"Touché".

¿Sabes que esa es una máxima de abogado?

No, pero sigue.

El problema es que, para conocer la verdad, dependes de tus clientes

y no siempre son trigo limpio. Así es.

Pero eso ya tendremos que verlo si consigo que se sincere.

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.

Ajá.

¿Sabes cómo harás para que una mujer se sincere así contigo?

Bueno, voy a hacer lo que se hace en los interrogatorios.

Ah.

¿Alguna pista más? Nunca he tenido el placer de ser interrogada.

Le mencionaré el nombre de Marcos a ver cómo reacciona.

Y ahí es donde entras tú.

¿Yo? Ajá.

Necesito que seas algo más que mi secretaria.

Necesito que investigues

que averigües cómo se apellida el Marcos ese.

Había pensado que llamaras al hospital

a ver si alguien de allí te lo puede dar.

Pero tendría que ser ya, porque Susana está al llegar.

Sí, sí, claro, cuenta conmigo.

En cuanto sepa algo te informo. Gracias.

-Jamás imaginé que mi lugar favorito de la oficina sería la fotocopiadora

-Ya, ni yo pensé que me alegraría

cuando me mandasen fotocopiar 30 expedientes.

Ya me ves, más feliz que un pollito junto a una bombilla.

-Un pollito ¿cómo?

-Nada, cosas de pueblo de mi abuela.

¿Qué pasa?

-El gesto es para que no habléis en alto.

-¿Son del despacho de Ángel y que lo has encerrado dentro?

-Qué va. Son las llaves del cajetín del aire acondicionado.

Estaba en un cajón de Daniel.

-¿Las has cogido sin decir nada?

-A ver, las he recuperado.

Técnicamente él las había robado primero.

Lo tenía fríamente calculado. -¿No has ido un poco lejos?

-No, voy abrigada hasta los dientes y estoy harta.

-Ya, la verdad, yo también.

-El que ha ido lejos ha sido él.

Como diría Napoleón: "El fin justifica los medios".

-En un par de horas tenemos la vista en juzgados.

Es muy importante guardar las formas.

Debemos abrir un diálogo fértil, ¿eh?

Eh... Una cosa más. Eh...

Susana, nosotros tenemos clara nuestra línea de defensa, pero...

ha surgido una cosa y me gustaría comentarla contigo.

Ha aparecido un nombre.

Marcos Gómez.

¿Te suena?

-¿Marcos?

Ajá.

¿Qué tiene que ver Marcos con esto?

¿Por qué lo menciona?

El nombre nos lo han proporcionado fuentes del hospital

donde tu hija recibe tratamiento.

Al parecer este caballero la ha acompañado varias veces.

¿No es cierto?

Es probable que la abogada de tu exmarido esté al tanto.

Menudo país de cotillas.

Una se piensa que está en una gran ciudad

y al final es como un patio de vecinos.

-Bueno, no te preocupes.

Eh, no tienes por qué alarmarte. Enrique y tú estáis separados

y puedes tener las amistades que quieras.

Exacto, y si no nos has dicho nada, entiendo que el señor Gómez

es irrelevante para el caso y que la abogada de tu exmarido

no ha podido encontrar nada que juegue en nuestra contra.

¿Me equivoco? -No, no, claro, no.

Es obvio que no nos ocultarías información

que pudiera perjudicar a tu hija.

Así que si no hay nada más,

demos por zanjado el tema del señor...

¿Cómo era? Marcos.

Marcos Gómez.

Susana, ¿te encuentras bien?

Sabes que si hay algo que nos quieras contar,

nosotros estamos sujetos al secreto profesional.

Secreto...

Qué bien suenan los secretos en su profesión.

Escúchame.

Si no estás preparada, no tienes que contarnos nada,

pero nuestra obligación es hacer prevalecer tus intereses,

que también son los de Laura.

Para ello necesitamos saber toda la información.

Enrique no es el padre de Laura.

Es Marcos.

Tranquila.

-¿Qué dices?

Nada, aquí, viendo motos de segunda mano.

Qué va, no tengo pasta, es por mirar.

Pues claro que tengo tu paquete.

¿Vienes a por él?

Joder, tío.

Eres un llorica. Ven a por él ya.

No te lo guardo un día más.

Ya, ayer casi me pilla mi hermana.

Un día, ¿vale? Te lo aguanto un día.

Venga, dale, chao.

-¿Y el billete de vuelta? Ahí, detrás del otro.

Ah, estupendo, qué bien. No sé qué haría sin ti.

Sofía, ¿sabes las malditas ganas que tengo de ir al círculo de caza?

¿A quién se le ocurre organizar una cena en un pueblo medieval

a tomar por saco, que no puedes ir ni en burro?

Por Dios, ¿y para qué? Para llegar allí

y ponerte a comer, a comer... como si...

Venga perdices, que si liebres, que si jabalíes...

Venado y luego chuletón. Y otra vez, perdiz, liebres...

Un desastre, es un infierno. Ya, ya.

Una cosa. Dime.

Si llaman Larrea y Fajardo... Sí, que estás reunido.

O mejor, que estás fuera. Por suerte hoy es verdad.

Gracias por bajármelo. No sé dónde tengo la cabeza.

De nada. Hasta mañana.

Hasta mañana, Francisco.

Ah, y "bon appétit".

-Hombre, Francisco, por fin. -Fajardo.

Fajardo, qué alegría.

-Sí, pues no me he sentido muy querido últimamente.

-¿Por qué dices eso? -Hombre,

no me coges el teléfono, no contestas a los "mails",

no me devuelves las llamadas. Se diría que me estás evitando.

-¿Qué dices, por el amor de Dios? ¿Cómo te voy a evitar?

Llevo días intentando devolverte las llamadas, pero no he podido.

Estoy de trabajo hasta arriba.

Voy arriba y abajo. Ahora tengo un tren en 20 minutos,

porque tengo un caso fuera de la ciudad.

Una pobre mujer, si te contara... -No me tomes el pelo, Francisco.

Por favor. -Es importante, pobre mujer.

Todo un hospital contra ella. Un caso de estafa complicadísimo.

-Lo siento por esa mujer, no sabes cuánto,

pero tengo a los inspectores de Hacienda aquí.

¿Eh? Aquí, en la yugular.

¿Ves mi yugular? Pues ahí los tengo.

Como aprieten un poco, me desangro.

Cuéntame qué está pasando. -¿A qué te refieres?

-La inspección. -Por Dios, que todo fuera eso.

Eso está bajo control.

-¿Cómo que bajo control?

Me han enviado un perito de maquinaria agrícola.

Quiere hacer una valoración de todo

y una comparación de precios de venta, yo qué sé.

-Nada. -Vosotros, ni idea, ¿no?

-¿Has hablado con Ángel?

-Ángel. Esta sí que es buena. Lo que faltaba.

Mira, Francisco, escúchame bien.

Primero, no me des más largas.

Segundo, sácame a los peritos de Hacienda de encima ya.

-Venga. -Haz lo que debas hacer,

lo que te dé la gana, me da igual, pero ponte las pilas,

por esto también va en tu interés. -Fajardo, somos amigos.

¿Sabes cuál es mi interés? Mi interés es sacarte adelante,

demostrar tu inocencia, ese es. -Pues ponte con ello entonces.

-No te preocupes, de verdad. Lo de los peritos es pura rutina.

-Sí. -Tienen que hacer sus análisis

de la maquinaria, el funcionamiento, las instalaciones, lo hacen siempre.

-Sí, será así, pero empiezo a pensar que aquí hay un topo.

-Por Dios, un topo. -Pues sí.

-¿Qué dices? Mira deja de ver series de televisión.

¿Eh, Fajardo? Para que hubiera un topo,

tendría que haber algo que destapar.

Aquí todo está en regla. -Sí, ya.

-Hazme caso.

Fíate de nosotros, de mí y de Ángel, que es un buen abogado.

Ahora, si me disculpas, me tengo que ir que llego tarde.

Venga.

-17.

Compré 17 pruebas de embarazo.

Y nada.

Ya las últimas, iba a otras farmacias

porque me daba vergüenza.

No había manera de quedarme embarazada.

Cada mes con el termómetro de ovulación,

todo frío, mecánico, y no...

Y el bebé no llegaba. Y un mes y otro más y...

Y siempre la misma decepción.

Me estaba volviendo loca o ya lo estaba.

Yo qué sé, no sé.

Y entonces apareció Marcos.

Y fueron solo dos encuentros, no...

Pero ya está, el test dio positivo.

(SUSPIRA)

No sé, había merecido la pena.

Enrique y yo queríamos formar una familia

y yo... no me importaba nada más.

Marcos no tenía nada que ver,

ni siquiera sabía lo que había pasado.

-Entonces Marcos es el padre de Laura.

¿Y Enrique lo sabe?

Para mí el padre siempre fue Enrique.

Yo no quería saber nada más.

Pero, claro, Laura empezó con los problemas médicos

y no sabían decirme lo que tenía. Entonces,

me vi obligada a hacer las pruebas

y ahí fue

cuando descubrí que Enrique no era genéticamente el padre.

Y a su marido no le dijo nada.

No.

No.

¿Cómo voy a hacer eso? Lo destrozaría, no...

Toma. Gracias.

¿Cómo iba a decirle una cosa así?

Lo destrozaría, no...

Solo...

Solo se lo conté a Marcos.

Cuando se enteró, pactamos que, si él quería,

podía participar de la vida de Laura pero como amigo, nada más.

-Tenemos que ir con pies de plomo.

Esta información lo puede cambiar absolutamente todo.

Es cuestión de tiempo que se sepa.

En mi opinión,

lo mejor sería que tú misma se lo dijeras a Enrique.

Merece saber la verdad.

Pero ¿cómo voy a hacer algo así?

Le partiría el corazón. No.

Yo solo quiero la custodia

pero que él no tenga que cargar con una hija que no es suya.

Y te entiendo perfectamente.

Pero hazlo también por ti.

¿Hasta cuándo serás capaz de soportar esta mentira?

Son muchísimos años, Susana.

Y es un secreto que os involucra a todos.

Sobre todo a Laura.

Lo siento, pero es que...

no me atrevo.

Además de mentirosa, parece que también soy bastante cobarde.

-No te preocupes.

Tu marido no tiene por qué saberlo.

Y por nosotros, esta conversación no trascenderá, ¿de acuerdo?

-Gracias.

Creo que es mejor así.

Como tú quieras.

-Esto es insufrible.

Dime lo que me tengas que decir.

¿Buenos días?

¿Te burlas de mí?

¿Por darte los buenos días? No, no me refiero a eso.

¿Qué sabes del clima de esta oficina?

Pero ¿te refieres al clima laboral o a la temperatura?

No te hagas la listilla conmigo y contesta.

Respecto al clima laboral estoy muy contenta

salvo algunas excepciones, ya sabes el día a día, los nervios.

¿Y respecto al otro clima?

Respecto a la temperatura, diría que justamente ahora

es perfecta, aunque te veo un poquito acalorado.

¿Estás bien?

No encuentro una llave que tenía guardada en mi cajón.

¿Podrías hacer el favor de devolvérmela?

¿Las llaves? Ajá.

¿Insinúas que te he robado las llaves?

Es una acusación muy grave. No, no me refiero

a las llaves de mi casa. Te hablo de la llave.

¿Y de dónde es la llave?

Del cajetín donde está el climatizador.

¿Y qué hacía en tu cajón?

Las llaves de la oficina deben estar en recepción.

Alba, he preguntado primero. Contéstame,

¿tienes la llave o no?

Digas lo que digas me enteraré.

Entérate pronto, porque no me gusta que me acusen de ladrona.

Ahora, si no te importa, me gustaría trabajar.

-Gracias por venir a los dos.

Antes de empezar, procedo a recordarles

que no están permitidos insultos y descalificaciones.

Es importante mantener el turno de palabra y escuchar.

-Exacto, la finalidad de este encuentro

es llegar a una acuerdo que les permita

la reorganización en su nueva relación como padres.

Intentaremos clarificar e identificar los intereses comunes

para llegar a una negociación beneficiosa

para todos los miembros de la familia,

en concreto para su hija, Laura.

-Gracias, Carlota, siempre se te ha dado bien recalcar lo obvio.

Mi cliente me ha pedido abrir el turno de palabra.

Enrique, por favor.

-Bueno, quería pediros disculpas a todos.

Está claro que no estoy preparado para encajar según qué cambios

y he reaccionado a la defensiva.

He dicho cosas que no siento y cosas inapropiadas.

Así que, bueno, Laura, lo siento.

No he estado a la altura.

Lo importante es la niña y no quiero fallarle.

(ISABEL) Gracias, Enrique.

También te lo agradezco, Enrique.

Más allá del proceso legal está el proceso emocional.

A veces interfiere en la capacidad para tomar las mejores decisiones.

Sé que es muy complicado.

Por eso agradezco que seas consciente y toda tu sinceridad.

-Gracias.

-Perdón, yo también quiero decir algo.

Yo también quiero pedirte perdón.

Lo siento.

Lo siento mucho, Enrique.

En realidad,

la culpa de todo la tienen las mentiras.

-No entiendo lo que quieres decir. Yo he sido duro,

pero siempre he sido honesto. -Sí, sí, tú sí.

Pero yo no.

Antes de que sigamos,

quiero...

Bueno, no sé, no sé si quiero, pero...

Pero tengo que decirte algo.

Laura no es tu hija.

Quiero decir...

Es hija tuya, te quiere con locura, pero...

tú no eres el padre biológico.

Lo siento. (LLORA)

Te vas a dejar los ojos. ¿Vienes a tomar un té?

No, ahora no puedo. Intento encontrar una lógica en todo esto.

¿Sigues con los archivos de don Felipe?

Sí, sí. Primero porque quería ponerme al día

y ahora porque me lo ha pedido Jorge.

Pues con tantos años de papeleo estarás entretenida un buen rato.

Sí, lo estoy, lo estoy, Sofi.

Hay algunos casos que no sé por dónde cogerlos.

Ah, ¿sí? Qué raro.

Más que raro es desquiciante. Me parece raro,

porque Feli era muy metódica.

Lo tenía todo controlado, no se le pasaba una.

Pues no sé yo.

Hay algunos archivos que parece que no están.

Vamos, no los encuentro ni en papel ni digitalizados.

¿Seguro?

Sí, he estado ordenando documentos y hay algunos archivos que existen,

pero no están, al menos no están en su sitio.

Ay, me vas a hacer dudar de Feli.

Últimamente iba muy estresada, pero no...

Pues mira esto.

A ver.

Esto es muy raro. Este expediente está incompleto.

Oye.

Esto, más que un despiste parece una irregularidad.

¿No? De hecho, esto deberías enseñárselo a Jorge.

Sí, estoy esperando el momento.

Está con un caso que se les ha complicado

y no quiero sumarle más problemas. No, ya.

No sé, Sofi, quiero estar segura antes de alarmar.

Haces bien. ¿Seguro que no quieres un té?

No, gracias.

A ver.

-Bueno, llegados a este punto,

no tiene mucho sentido continuar.

Vayamos por partes.

El siguiente paso es confirmar la paternidad de Laura.

-Tiene razón. Si ambos progenitores están de acuerdo,

solicitaremos ahora mismo las pruebas de ADN.

¿Les parece bien?

-¿Qué tardan estos resultados? ¿Un mes, un día?

-Eso depende del laboratorio que elijan, pero...

suele tardar entre una semana y diez días.

Deberán tener en cuenta que tienen que fijar cita

y personarse ambos en el hospital para que tenga validez legal.

Independientemente de los resultados de dicho análisis,

no deben olvidar que lo más importante sigue siendo

que prevalezcan los intereses de su hija.

(ENRIQUE) ¿Hija?

¿Qué hija?

¿Qué hija?

Me acaban de decir que no es mía.

Los intereses que cuidaré son los míos.

Enrique, a efectos legales,

a todos los efectos, Laura sigue siendo su hija.

No lo olvide. Tenía que haberlo sospechado.

¿Cómo no me di cuenta antes? Cornudo y encima imbécil.

-Enrique, por favor, la culpa es toda mía.

-Dígale a su cliente que no me hable.

No la conozco de nada. No puedo ni mirarla.

-Lo sé, es que no me lo merezco, Enrique, lo sé.

Pero tenemos que hablar.

Tenemos que hablarnos con sinceridad ahora más que nunca.

-¿Sinceridad? ¿Ella reclama sinceridad?

Tiene ovarios la señora. Recuérdele de mi parte

que solo hay sinceridad cuando ella quiere.

-Cálmate, ¿me dejas explicarte? -No, que te lo expliquen ellos.

Díganle que estoy siendo sincero.

Ni la conozco

ni quiero volver a hablar con ella.

-Seguimos en contacto.

Has sido muy valiente.

(RÍE) Esa es la primera reacción siempre.

Pero es un cierratodo universal.

Universal.

Que lo cierra todo.

De hecho, su nombre es "cierratodo universal".

Ajá.

No, no, que ya estamos empezando con la producción.

No les estoy pidiendo nada, al revés, les estoy ofreciendo

la posibilidad

de tener en exclusiva la distribución de este producto.

El cierratodo universal se llama.

Ya, por supuesto que tenemos hecho un estudio de mercado.

Precisamente, su empresa ha salido, como ustedes ya sabrán,

de las mejores posicionadas.

Por eso le estoy ofreciendo a usted, claro.

Y ha sido muy exhaustivo el estudio de mercado.

Mejor, mejor, mejor.

Es lo que hay que hacer. Me paso por las oficinas.

Hasta que no lo vean no se terminará...

Ya me imagino que estarán a tope, ya he visto...

Mire, vamos a hacer una cosa.

Si ustedes quieren,

y por ser una cosa personal, yo les guardo la reserva

un par de días en "stand by", pero ya tengo otras ofertas.

Pero yo se la reservo. Piénsenselo bien.

Venga, adiós.

-Adelante.

-Permiso.

-Mientras no me digas que tengo el ordenador estropeado

o que hay algún problema en la red, puedes pasar.

-Tranquila, todo funciona correctamente.

-Entonces, ¿qué quieres?

No me des noticias malas.

Déjalas para mañana, porque estoy agotada.

-Te has quitado la chaqueta y el pañuelo.

-Ah, mira, sí, como si estuviera en mi despacho

deseando quedarme sola para empezar a trabajar.

-Ayer ibas tapada hasta las orejas.

¿Te acuerdas del frío polar?

-Sí, la verdad, hoy se está mejor, no me había dado cuenta.

Pero ¿qué quieres? -Pues que tengo una cosita.

-Una llave.

¿Tengo que alegrarme?

Te recuerdo que estamos en horario de trabajo.

Hay mucho que sacar adelante. Por favor, dímelo

que no tengo paciencia hoy. -Es del cajetín

del termostato de la oficina.

Alguien la ha cogido, lo ha cerrado y se la ha escondido.

-¿Quién?

¿Quién?

-Hola, familia.

¿Qué tal, hijo?

-Muy bien. -¿Qué haces?

-Jugar a los videojuegos.

-Veo que hay alguien nerviosito por aquí, ¿no?

-Tengo un examen, ¿no lo ves?

-No.

Le han debido de salir patas, ha echado a correr

y estará detrás de un sofá o algo. -Qué gracioso.

Me parto contigo. -Álex.

Álex.

Mírame cuando te hablo. Era una broma.

Estoy orgulloso de ti. Ya sé que vas bien.

¿De qué es el examen? ¿Te puedo ayudar a repasar?

-Es de física y química y...

Es que la idea es aprobar.

Además he quedado con unos amigos para estudiar.

-¿A estas horas?

-Sí, si hubiera quedado antes, ya no estaría aquí.

-¿Dónde has quedado? ¿A qué hora vas a volver?

-Ay, papá...

Ya veré cuándo vuelvo. No seas agonías.

-No, no soy agonías, me preocupo.

Me gustaría saber qué haces, cuándo entras, cuándo sales,

adónde vas, cuándo vienes. -Pero no tengo cinco años.

-Ya lo sé, ya. Pues nada, venga, tira.

Venga, luego me cuentas dónde has estado y a qué hora llegas.

(Se cierra la puerta)

Emiliano.

¿Qué tal?

Bien, fantástico, no he parado, ¿eh?

Sí, lo que pasa es que vamos a andar un poquito justos.

En un día no me da tiempo, necesito un par de días más.

No.

Es una pieza clave, hay que dedicarle tiempo.

Bueno, hablamos mañana.

Sí, vale, mañana sin falta nos vemos.

Venga, adiós.

-Perdona, Carlota, estaba en la fotocopiadora.

-Daniel.

(Se cierra la puerta)

¿Sabes qué es esto?

-No.

O sea, sí, es una llave.

-Muy observador.

¿Y me puedes decir de dónde es?

¿Alguna idea?

-Así, por el tamaño, parece del cajetín del termostato.

-Ya que sabes tanto, ¿me puedes decir por qué la tenías tú?

-No...

Pero ¿dónde estaba? Porque me extraña mucho que...

-Daniel, no me des excusas.

Prefiero que no me mientas. Sé de buena tinta que la tenías tú.

Y no sé cómo ha llegado hasta aquí.

-Pues ahora mismo no sé qué decir, Carlota.

Yo...

Estoy con mucho trabajo. Si ha aparecido en mi mesa,

habrá sido por un despiste o algo así.

-Déjate de excusas tontas, por favor, Daniel.

Que te quede claro que la temperatura en este bufete

son 22 grados.

No entiendo por qué te empeñaste en bajarla

ni quiero saberlo.

Te queda prohibido volver a tocar el termostato.

¿Eh?

-Perfecto, Carlota, si además 22 grados es la temperatura ideal.

Además, realmente bajarla sería poco ecológico.

Está bien tener en cuenta... -No vayas por ahí.

¿Eh?

La custodia de la llave es una tarea que nadie te ha encargado.

Limítate a hacer tu trabajo.

¿Entendido? -Entendido.

-Puedes irte.

-Gracias.

(SUSPIRA)

No sé, no tengo claro qué línea seguir con el caso de la custodia.

Lo de la paternidad ha explotado como un bombazo.

Están destrozados.

Las verdades duelen, pero dicen que solo hacen daño una vez.

En cambio, las mentiras duelen para toda la vida.

Puede ser, pero...

El problema es que ahora no quieren ni verse.

Y yo...

estoy bastante perdido, la verdad.

Bueno, aunque no lo parezca, seguro que todo esto sirve para algo.

Ahora, al menos, no hay mentiras entre ellos.

No sé, creo que lo que necesita esta pareja

es mirarse a los ojos y hablar.

Seguramente.

Pero me da que eso será a largo plazo.

Y nuestro objetivo de evitar el juicio

para que la pobre niña no pasase por todo esto

me da que se ha esfumado.

No, no tires la toalla tan pronto, Jorge.

Hay que confiar en las personas. No siempre sale bien, está claro.

Pero hay que darles una oportunidad que todo el mundo la merece.

Ojalá tengas razón.

Pero ahora mismo me cuesta verlo.

En el fondo creo que...

Me siento más cómodo haciendo el papeleo legal

que mediando entre las partes.

Es lo que hacía en Estados Unidos.

Más frío e impersonal.

No, no digas eso.

Eres un abogado maravilloso.

Sí, imagino que el cambio está siendo difícil,

pero no te vengas abajo.

¿Sabes? Mi...

Mi padre decía:

"Ve despacio y no llegarás cansado".

Pero ahora siento que no...

que no puedo parar todo esto.

Bueno, no sé lo bien que se te dará el papeleo, pero...

has conseguido que esta pareja se sincere.

Y es algo que ellos solo no habían conseguido en muchísimos años.

Visto así...

Puede que tengas razón.

Bueno, suficiente por hoy.

Estoy listo para irme a casa.

Buena idea.

Te la robo.

Julia.

Sí, dime.

Que...

Muchas gracias por escucharme.

Siento si me he puesto un poco intenso.

No, no, nada de disculpas.

Me gusta que confíes en mí.

(Se abre la puerta)

Jorge, tienes visita.

Es la señora Iaffa, ¿la hago pasar?

Eh... Sí, claro, a mi despacho.

Susana. -Perdona que me presente sin avisar.

¿Estás bien? ¿Tienes un minuto?

¿Te molesto? No, no te preocupes.

Carlota se ha marchado, si te valgo yo...

Claro, ya sé que es tardísimo, pero necesitaba hablar con alguien.

Es que cada vez estoy más preocupada.

No sé cómo vamos a llegar a un acuerdo.

Mi ex no quiere ni mirarme a la cara,

ya no te digo hablar conmigo. No sé.

A ver.

La reacción de Enrique es totalmente comprensible.

Es difícil encajar algo así. Necesita tiempo.

Debes de pensar que soy una mujer horrible.

Como abogado no estoy en disposición

de tomar partido u opinión sobre mis clientes.

Pero no.

No pienso eso en absoluto.

No puedo ni mirarme al espejo.

No digas eso.

De verdad, creo que has sido muy valiente

confesando la verdad esta mañana.

Lo que has hecho, esté bien o mal, lo has hecho por amor.

Eso es lo más importante.

Ahora esperemos que con la verdad por delante solucionemos todo esto.

Lo dudo.

Ya ni recuerdo la última vez que nos sentamos a hablar

sin abogados de por medio, y ahora...

Quizás esa sea la cuestión.

A lo mejor lo que necesitáis es...

encontraros a solas y poder hablar

como padre y como madre.

No podéis olvidar que tenéis algo muy valioso en común.

Se llama Laura y es una niña estupenda.

Y os necesita a los dos.

Ahora que ya no hay mentiras entre vosotros, aprovéchalo.

Siéntate con Enrique y míralo a los ojos.

Y dile lo que sientes.

Lo que sientes de verdad.

Gracias.

-Adelante.

¿Dónde te dejo...?

¿Decías?

¿Dónde te dejo los expedientes que querías revisar?

Déjamelos aquí, va bien, gracias.

Te va a parecer una tontería lo que te voy a decir, pero...

Pero quiero dejarlo.

Dejar ¿el qué?

Alba, perdona, estoy muy ocupado.

Lo nuestro, lo que sea que tengamos.

¿Y qué tenemos? Que yo sepa, no estamos comprometidos.

¿Comprometidos?

Menuda palabrita.

Ya sé que no estamos comprometidos, yo no iba tan lejos. No es eso.

Entonces es...

Me estás haciendo sentir mal. Se supone que en esta relación,

la que tengamos, tú deberías ser el maduro.

Y lo soy.

Lo soy, por eso no entiendo qué... ¿Qué no entiendes?

Nos mandamos mensajitos, nos miramos, hablamos a escondidas.

Hasta me has hecho un regalo.

¿Qué significa todo eso para ti?

Alba, no era un regalo, era un detalle.

Para mí fue un regalo.

Ya veo dónde está el problema.

Vivimos las cosas desde lugares diferentes.

Parece que tú misma tienes la respuesta.

He sido una tonta por hacerme ilusiones.

Ni era un regalo ni tú y yo tendremos nunca una relación.

Perdona si me has malinterpretado, pero no era mi intención.

Alba.

¿Puedes dejarme eso que llevas en las manos?

Sí.

¿Y esto?

¿Estás haciendo lo que creo que estás haciendo?

-Poniendo la mesa, habrá que cenar.

A ver, Rodri, dime la verdad, eh...

¿Has invitado a un ligue o me quieres pedir algo?

Qué mal pensado eres, Jorge.

Vamos a cenar tú y yo como los amigos que somos.

Parece mentira que no me conozcas.

Aunque no te lo creas, soy un tío detallista.

¿Sí? Perdona, pero todavía no me creo que hayas puesto la mesa

con florecitas y... Pues esto no es nada.

Espérate a probar la cena. Tailandés.

Es tu preferido, ¿a que sí?

Sí, pero ¿qué pasa, has cocinado?

Me estás dando miedo, ¿eh?

Aunque, bueno...

La cocina no está en llamas, no hay bomberos por la casa

y mal no huele.

Ahora que lo pienso, no huele ni bien ni mal, no huele a nada.

¿Qué pasa? ¿Tailandés de microondas o qué?

A ver, no, no he cocinado.

Ya he puesto la mesa, tampoco te pases.

No. He pedido comida para llevar,

rollo EE. UU. para que te sientas como en casa.

Rollo EE. UU. Sí, estará a punto de llegar.

(Timbre de la puerta)

¿Qué te he dicho? Tienes que confiar más en mí.

Estás muy frío últimamente, Jorgito.

¿Tienes cambio de...? -Hola.

-Hola.

Pensaba que eras la cena. -¿Qué dices?

(RODRIGO RÍE) -¿Molesto?

-¿Molestar tú? Nunca.

Pasa, estás en tu casa.

-Hola, Jorge.

Anda, pensaba que no ibais a cenar a solas.

¿Te importa que me quede?

Hombre, un poco me molesta, la verdad.

Vale, pues me voy.

Me molesta que solo te quedes un ratito.

¿Cómo estás? Muy bien.

Además, hemos pedido comida,

así que hasta que no se acabe de aquí no se va nadie.

Y tengo varias botellas de vino, te aviso.

Qué bien, tenía muchas ganas de ver una cara amiga.

O dos.

-Oye, si prefieres una cena romántica,

le decimos a Jorge que se dé una vuelta.

Seguro que no le importa.

-Vaya compañero de piso que te ha caído.

Sí. No va a cambiar nunca, ¿no? (BERTA) Gracias.

Vamos a brindar por la primera vez que Rodrigo pone la mesa.

-¿Qué primera vez? ¿Qué dices? -Y la última.

(BERTA RÍE) -Pero ¿qué decís?

Tengo el detalle, la iniciativa, organizo esto...

-Tienes razón.

-Ya es hora de que lo sepas.

Saber ¿el qué?

Pues que de vez en cuando fumo.

-No sé qué me hace más gracia, si imaginarme

que ella se ha creído lo que le has contado

o a ti fumando puros habanos. -Pero no te rías.

He pasado un rato horrible mintiendo a mi hija.

-Ten.

Me has hecho un favor y te lo quiero pagar.

Eres un colega y a los colegas se los cuida.

-No sé si es tarde para arreglarlo,

pero me gustaría que nos pudiéramos ver algún día fuera de aquí.

-Tiene toda la pinta de que esto va a juicio.

Primero, ambos se llevan fatal

y después la hija resulta que es hija de otro.

Casi nada.

-Si eso llega a los jefes, no les hará gracia

que los empleados anden liándose entre ellos.

Sinceramente, no creo que esté la cosa

como para jugársela con amoríos.

-¿Con qué has acabado? -Si no había empezado.

No, no había empezado y ya se ha acabado.

Ya veis, como si nunca hubiera ocurrido.

-Ahora no te puedes echar para atrás.

Emiliano, que tenemos un producto fantástico.

Has hecho el estudio de mer...

O sea, esa es tu última palabra.

Me vas a dejar tirado.

-¿Qué tal?

-Bien, ¿por?

-Claro, ahora que eres la nueva enchufada de Carlota...

Esta vez te ha salido bien, pero no va a ser siempre así.

-¿Me estás amenazando? -No, no, solo te informo.

-Perdón por convocaros así, tan improvisadamente,

pero Susana y yo preferimos hacerlo aquí antes que en el juzgado.

Tenemos algo que comunicaros.

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Derecho a soñar - Capítulo 19

05 feb 2019

Julia y Sofía afianzan su amistad. En la oficina hay una guerra por hacerse con el control de la temperatura; Daniel quiere frío y las chicas calor; Charly pone en evidencia a Daniel y lo reporta ante Carlota. Jorge y Carlota llevan un complicado caso de divorcio en el que quieren llegar a un acuerdo para establecer la custodia de la hija. El caso se complica cuando se descubre que el padre biológico es otro. El negocio de Jose empieza a hacer aguas así como la relación con su hijo.

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