Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

Lunes a viernes a las 18.15 horas

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 15 - ver ahora
Transcripción completa

Jorge.

¡Buenos días!

Buenos días.

Oye,

anoche se nos fue un poco de las manos, ¿no?

Eh... Un poquito, sí.

¿Qué hora es?

Pues casi las ocho.

Así que me tomo el café y me voy al trabajo.

¡Oh, no, qué mala idea!

Es que tengo cosas que hacer.

Aquí sí que tienes cosas que hacer.

Aunque a lo mejor lo tuyo suena más interesante.

A ver, no es más interesante,

pero es importante.

Ahora soy uno de los socios del bufete,

tengo responsabilidades.

Bueno, como precisamente eres el jefe,

imagino que podrás tomarte unos días.

Sí, podría,

pero digamos que me estoy guardando esos días

para una cosa en especial.

¿Ocasiones especiales? (ASIENTE)

Tú te lo has buscado.

A ver si esto te parece una ocasión especial.

¿Y qué es esto?

Ábrelo.

Un viaje. Venecia.

Por fin vamos a conocer Venecia.

¡No! ¡Sí!

Todo pagado, no tienes que preocuparte por nada.

Los billetes, el hotel, las visitas.

Y salimos mañana.

Pero ¿cómo que salimos mañana? Sí, mañana, sí.

Ya, cariño,

¿cómo no me avisas esto?

Que tengo que trabajar, no puedo irme mañana.

Deja ya lo del bufete.

Mira, nos vamos a Venecia,

recuperamos el tiempo perdido

y luego nos volvemos a Chicago.

A ver un momento,

¿cómo que nos volvemos a Chicago?

¿Qué pasa, no pensabas volver nunca o qué?

Pues ahora que te tengo aquí, ¿no?

Si te tengo en España, ¿qué se me ha perdido en Chicago?

Un momento, ¿pensabas que me iba a quedar aquí?

Pensaba que venías a estar conmigo. No.

He venido a darte una sorpresa, esta sorpresa.

Ya.

Y has venido a buscarme.

Y te lo agradezco, pero no hace falta,

no soy un crío al que tienes que ir a buscar.

Mira,

he volado a España para darte una sorpresa,

como un acto de amor.

Y muy valiente, por cierto.

Y esperaba que tú hicieses lo mismo,

que volvieras a Chicago conmigo.

Esa sería tu muestra de amor.

¿No ves que no puedes tomar una decisión

y dar por hecho cuál será mi respuesta,

pensar que me parecerá todo bien?

No tiene sentido. ¿Me estás llamando loca?

No cambies mis palabras.

Lo que te digo es que me estás forzando.

Es una idea maravillosa, un detalle precioso

y hubiera sido una reconciliación estupenda,

pero lo estás convirtiendo en una medida de presión.

Pues no entiendo nada. Te lo he explicado mil veces.

¿Te vuelvo a explicar por qué me quiero quedar?

Porque estoy buscando respuestas,

y hasta que no las tenga no estaré tranquilo.

Si no me vuelvo a Chicago no es por ti, es por mí.

A ver si lo entiendes de una vez. Pero a lo mejor

las respuestas que tú buscas

no están, no existen.

Quizá te sientes culpable por lo de tu padre.

Cariño, estoy convencida de que si vienes conmigo a Chicago,

vas a encontrar las respuestas allí y no aquí.

Allí está nuestra vida, allí lo tenemos todo.

Lo mismo que tenemos allí lo podemos tener aquí.

Incluida la boda.

Ya, pero yo no quiero quedarme aquí.

¿Es que no lo entiendes?

Mi vida contigo está allí.

No quiero renunciar ni a mi casa ni a Venecia.

Así que o vienes conmigo o...

¿O voy contigo o qué?

Nada.

¿A dónde vas?

A trabajar.

Nos vemos luego.

(Sintonía "Derecho a soñar")

Hola. ¿Qué tal, cariño?

Bien. ¿Y tú?

¿Y esa cara?

Pues que he dormido poco.

Y no solo por los nervios de que voy a dejar el trabajo.

¿Sabes?

Saliste de juerga, ¿no? Podríamos llamarlo así.

Ah, muy bien.

Tú tampoco tienes buena cara.

A ver, Julia,

dime que no estás yendo a trabajar enferma.

No, Oli, que ya estoy bien.

Mi cara es de recién recuperada. Ya.

Bueno, que esta noche no he dormido muy bien.

¿Quieres un café? Venga, sí.

¡Ay, qué guapa es mi niña!

¿Qué te pasa? A ver, cuenta.

¿Qué te pasa?

Mi hermano,

que se ha pasado toda la noche fuera de casa.

Menos mal que esta mañana estaba durmiendo en el sofá;

si no, me da un ataque, te lo digo.

A ver, Juli, deja de preocuparte,

que Luis acaba de salir del centro

y querrá un poco de cachondeo,

que ha estado asfixiado el pobre. Querrá desahogarse.

Es normal que me preocupe, es mi hermano pequeño

y después de todo lo que ha pasado.

Hola. ¿Qué tal?

Buenos días. Hola.

Oli, me pones un café doble, triple.

¿Qué es lo más fuerte que tienes?

Madre mía, estamos fieros los tres. ¿Quieres un bourbon?

No, tampoco tanto.

¿Tú qué tal?

Bien. No tienes cara de recuperada.

¿Por qué no te quedaste hasta el lunes?

No, estoy bien, estoy bien.

¿Seguro? Sí, Jorge, estoy bien.

Y mi cara es porque no he dormido muy bien,

pero por otras cosas.

Gracias.

¿Y tú estás bien?

Sí.

¿Qué pasa, que no tengo buena cara?

Bueno,

no sé.

Quizá tampoco has descansado muy bien

o estás enfadado.

No he dormido muy bien.

Y, bueno,

un poco por lo mismo que tú, preocupaciones,

cosas.

A ver, chicos, para subir los ánimos,

que os veo un poco alicaídos, ¿vale?

Gracias. A esto os invito yo,

¡para celebrar que es mi último día de trabajo!

¡Uh!

¿Cómo que es tu último día? ¿Ya es seguro que te vas?

Segurísimo. Ya he firmado el traspaso.

Sí, me dijo Rodri que te iba a asesorar.

Sí, si Rodri te asesoró, ¿no?

Te asesoró muy bien. ¿Y bien?

Sí, muy bien. Sí, me asesoró, me asesoró.

Pues es un notición, no sabes cuánto me alegro.

Podemos brindar aunque sea con zumo de naranja.

Venga. A ver,

por Olivia, su nueva etapa y su nuevo local.

Eso. Olivia, comida natural.

Um... ¡Um!

Chicos, voy a necesitar que me llenéis el local.

O sea, todo el mundo del bufete me lo traéis: abogados, jueces...

Oli, que va a ir muy bien, ya te lo dije.

Espero, si no, me veo viviendo contigo y con Chema

ahí de candelabro. Es que he hipotecado mi casa y todo.

Debes ponerte las pilas con las recetas.

Claro.

¿Cómo que las recetas?

Que sí, a Oli se le da muy bien cocinar.

No tendrás ningún problema.

Tendrás a todo el bufete ahí comiendo a diario.

Es más, yo el primero, que seré tu principal embajador.

Porque sea tu último día no hace falta

que te pases todo el rato de cháchara con los clientes.

-¿Ah, no?

Pues yo creo que sí.

¿Y sabes qué te digo?

Que no es mi último día, es mi último minuto,

¿sabes, Pepito?

Y a partir de ahora no voy a ser más tu curranta.

¡Mira, mira!

Pepe, ahora soy tu clienta. ¿Qué te parece?

Y me vas a poner de desayunar un pincho de tortilla esponjoso,

un zumo de naranja, recién exprimido por supuesto,

sin pulpa.

Y no me lo rebajes con agua que necesito vitaminas para la piel,

así para que me dé más luz, ¿vale?

¡Deprisita!

¿Vas a decirme algo

o sigo haciendo como que trabajo?

Tú me odias, ¿no?

Me odias y quieres verme sufriendo.

A ver, Rodri, ¿qué pasa?

Te has propuesto hundirme la vida, ¿no?

Mira,

bebe un poco de agua que te vendrá bien.

No quiero agua.

Bebe.

¿De dónde vienes?

Hueles...

De la calle vengo, Jorge.

De adonde me estás mandando, de la puñetera calle.

(CON ARCADAS) Anda, siéntate.

Tenemos que hacer algo con mis padres.

De verdad.

No te preocupes, tío,

que ya casi está solucionado. Estoy con eso ahora.

Estamos a punto de firmar un acuerdo y esto se acaba.

¡Que no se pueden arreglar!

No te enteras, Jorge.

A ver, lo primero no des golpes en la mesa

ni montes este pollo.

Rodri, que tus padres no se quieren.

No es que no se quieran,

es que no se aguantan.

¿Y tú quieres que sigan juntos?

Como debe ser,

hasta que la muerte los separe.

Ellos lo han decidido y tienes que asumirlo.

Lo que no entiendo, amigo mío,

es cómo has sido capaz de vender mi casa,

mi casa, donde vivo. Tú vas y la vendes.

¿Y? Pero ¿cómo que y?

¡Que me quedo en la calle! ¿No lo ves?

Rodri, por favor. ¡Rodri, por favor!

¡A la calle me estás mandando!

¿Has venido para pegar gritos en la oficina?

¿Por esta tontería? Pues por eso

y porque no tengo adonde ir.

Ya está, ya lo he dicho.

(SUSPIRA) Mira, Rodri,

me superas.

De verdad, eres muy mayorcito para andarte con tonterías.

Que igual es hora de que te vayas de una vez

de casa de tus papás.

Sí, con la miseria que me pagan.

Me alquilo un zulo, ¿no?

Un zulo, por favor.

Te da para algo más que un zulo

con lo que te pagan en el bufete de tu padre.

Jamás podré pagarme una casa como la que les obligaste a vender.

Pero ¿tú te estás oyendo? Eres mi amigo,

por eso te pedí que llevaras el caso de mi padre.

(SUSPIRA)

Daniel.

-¿Necesitas algo?

-Siéntate.

¿Tú sabes qué se le regala a una chica de veinte y pocos?

-Pues... depende.

-¿Depende de...?

-De para quién sea el regalo.

No es lo mismo regalarle algo a tu sobrina

que a alguien a quien te quieres ligar.

-No, mi sobrina no es.

-Vale.

No es tu sobrina.

Es...

-¿Que quién es?

-Me ayudaría un poco saberlo, sí.

-La hija de una prima mía

que no conozco absolutamente de nada.

-La hija...

Vamos, que al final sí es tu sobrina.

-¿La hija de tu prima es tu sobrina?

¿No es tu prima también?

-Entiendo.

Y...

a esta sobrina tuya

la has conocido en Acorder, ¿no?

-Está bien.

Lo reconozco,

no es la hija de mi prima.

-Es un regalo para alguien que te ha gustado en Acorder.

-Así es.

-Muy bien, Ángel, no pasa nada,

no hay de qué avergonzarse.

-A mí se me han ocurrido un par de cosas,

pero llevo tanto tiempo fuera de juego

que no sé cómo se hace a estas alturas.

En mi época lo único que hacías

era ir a un garito, acercarte a una chica y entrarle.

Y regalarle algo,

¿eso se hace ahora?

-Sí.

Mientras no regales flores, estás fuera de peligro.

-¿Un libro?

-Sí.

Sí, un libro puede estar bien, pero...

Igual prefieres mandar un mensaje menos...

monjil, ¿no?

Algo más sexi.

-Sexi.

-Sí.

¿Y un masaje?

¿O un paquete de esos que te regalan

una experiencia en un spa o algo así?

-Regalarle un masaje.

¿De verdad se hace eso ahora?

-Sí, pero si me dijeras quién es,

podría pensar algo mejor.

-Un libro está bien.

-A ver,

¿trabaja aquí?

-Daniel, gracias.

-Bueno, si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde...

-Daniel.

Esto queda entre tú y yo.

-Sí, sí, claro.

La duda ofende.

-Perfecto.

Cierra al salir.

"Los objetos de valor, incluido el seguro de la casa,

se repartirán entre las partes al 50%".

Qué triste, por favor.

Repartiendo los cubiertos como si fuera un botín de guerra.

Sigo.

"El reparto se hará como sigue: se venderán los inmuebles

y el total se repartirá entre las partes".

No puedo oírlo, se me rompe el corazón, no puedo.

-Rodrigo, deja de hacer el ridículo, por favor.

-¿Expresar lo que siento, mamá, es ridículo?

-Estás sentado a la mesa de los mayores.

Si te vas a comportar como un niño con berrinche,

te levantas y te vas.

Jorge, continúa, por favor. Sí.

"Se venderán los inmuebles

y el total será repartido entre las partes

descontando el valor de tasación

de la casa de Fuengirola,

que valorada en 320 000 euros

pasará a ser propiedad exclusiva de Alfonso Álvarez.

Siendo esta casa..." ¿La casa de la playa?

-¡Rodrigo, por favor!

-Hijo, de verdad, deja a los abogados trabajar, cielo.

-En esa casa aprendí a nadar, ¿no te acuerdas?

-Hijo, hazme caso,

es lo mejor, confía en mí.

Lo mejor es que nos dejes terminar

y luego si queréis, en privado... No entiendo que te dé igual

deshacerte de la casa donde me enseñaste a nadar.

-Rodri, ¡qué tonterías estás diciendo!

A ti te enseñaron a nadar en los jesuitas, el padre Felipe.

-¿Y todos los veranos que pasamos...? -¡Rodrigo!

¡Ya está bien de tonterías! Sal fuera.

-No sé por qué me gritas. Intento que sea bueno para todos.

-Sal fuera, no te lo repito otra vez.

¿Por qué no esperas en mi despacho?

¡Como digas algo más, te desheredo!

Piénsatelo bien.

¿Tu despacho dónde está, Jorge? Lo buscas.

¿Seguimos o queréis que hagamos una pausa?

Acabemos con esto de una vez, por favor.

-Es que le hemos mimado demasiado.

-Claro, claro.

"La organización del trabajo en la fabrica cambió

surgiendo la producción en cadena,

el fordismo y la máxima especialización".

-Sí.

Eso es que antes

un solo trabajador

te hacía una silla.

Era un artesano, ¿no?

Llevaba todos los detalles.

Y te valía con una sola persona. Ahora ya no.

Se inventó un sistema

que era el que un tío te hacía los tornillos;

otro te hacía la madera;

otro ponía la cola.

¿Sabes? -Sí, si eso lo entiendo.

Lo que no entiendo

es la palabra esta del fordismo.

-Fordismo.

Claro, fordismo es...

Una errata, esto está mal escrito.

-"El fordismo es un sistema socioeconómico

basado en la producción industrial en serie

establecido antes de la I Guerra Mundial".

-Sí.

-"El concepto recibe el nombre de Henry Ford,

creador de la línea de ensamble y es atribuido..."

-Efectivamente,

que lo estaba leyendo mal.

Henry Ford, efectivamente, el inventor de la cadena de montaje.

(Móvil)

Oh.

El inversor, macho.

Hola, ¿qué tal?

No, estaba estudiando.

¿Todo?

Un momento, un momento. O sea,

que te ha gustado.

¿Tanto?

¿Toda la inversión?

No sabes la alegría que me das.

Por supuesto, por supuesto.

Por supuesto que sí.

Venga, gracias. A ti, a ti, de verdad.

Muchísimas gracias.

El inversor,

que lo va a poner todo, todo.

¡Asume toda la inversión!

Bueno, pues esto lo hace oficial.

Ya estáis divorciados.

Muy bien.

(SUSPIRA)

-Qué impresión.

Nunca pensé... -Yo tampoco.

Lo sabes.

¡Si me viesen mis padres!

Pero lo peor ya está.

Ahora es importante que nos llevemos bien.

-Me gustaría mucho que nos lleváramos bien, Alfonso.

Yo no puedo discutir más, de verdad.

Hay gente que logra llevarse de maravilla.

Hasta se ven en cumpleaños y fiestas. (RÍEN)

-No sé si podría hacer tanto.

Pero te prometo, te juro

que por mí no será que discutamos.

Yo quiero ser feliz.

Y quiero que tú también lo seas.

-Pero no juntos.

-No juntos.

-Yo también te lo juro,

a partir de ahora...

paz.

Solo te pido que lo pienses.

-Ya te he dicho que lo tengo muy claro, ¿vale?

-No esperaba esto de ti, tronco.

-Ya te lo he explicado,

no voy a robar la moto de mi cuñado. -Es tan fácil, Luis.

El colega de mi hermano está esperando con el dinero.

Vamos, lo cogemos y nos vamos juntos. -¡Que no insistas!

¡No voy a robar la moto ni ninguna otra cosa!

-¿Por qué me haces esto?

-¿No ves que no tiene nada que ver con nosotros?

¿Que simplemente no quiero cagarla otra vez?

-Me estás dejando mazo de colgada. -No,

no te estoy dejando colgada.

Te he dicho que yo curro y gano el dinero.

-¡Por favor! -Nos vamos a Londres

o donde quieras. -¿Qué curro?

¡Necesitamos el dinero ahora! -Pues ahora no lo tengo.

-Eres un cobarde de mierda. -¿Soy un cobarde?

¿En serio lo dices? -Un cobarde.

-¿En serio? -Sí.

-Un cobarde por no robar y por no ser un pringado.

¿Por eso soy un cobarde?

Te quiero, pero no voy a hacer esto.

-No me extraña que te partieran la cara en el centro.

-¿Cómo?

-Lo que has oído, que no vales nada.

Me voy sola, ya veré cómo consigo el dinero.

-Escúchame, Zori, ven aquí. No la cagues más, ¿vale?

No la cagues más. -¡Déjame en paz!

Calla, no te quiero escuchar más.

Y una cosa: quédate en el barrio,

con tu hermana, con tu moto.

¡Pringado!

(JADEA)

Carlota,

que tenías cita con un cliente

y te está esperando en recepción.

¿Pasa algo? ¿Estás bien?

(JADEA)

-Daniel, no estoy bien.

Necesito un médico.

-¿Es por...?

Vale. Eh...

Voy a ver si encuentro a alguien... -¡No!

No quiero que se entere nadie.

Vete a por un taxi, corre.

-¿Seguro?

-Un taxi, corre.

-Vale, va.

Luis, ¿qué haces con la moto de Chema?

Se la he dejado para que se dé una vuelta.

Espero que no te importe. No, claro.

¿Qué, te has dejado las llaves? ¿Lo estabas esperando?

No, sí tengo llaves, pero quería...

-Me voy al chino, voy a comprar el pan.

Vale, gracias.

Nada, que quería hablar.

¿Hablar de qué?

Sobre la discusión del otro día.

No, Luis, de verdad,

no quiero hablar sobre eso.

Cada vez que lo recuerdo, me entran ganas de llorar.

Ya lo sé, fui un imbécil.

Pero estaba cabreado y...

Bueno, da igual.

No entiendo cómo siendo mi hermano me puedes hacer algo así.

No lo voy a hacer,

no le diré a Chema nada sobre el beso.

No hace falta que se lo digas tú, se lo diré yo.

No, no lo hagas.

Fue algo sin importancia,

no tengo por qué ocultárselo.

No lo va a entender. Chema es muy buena gente.

Le vas a partir el corazón y lo sabes.

Si fue una tontería, no se lo digas.

Fue una tontería, ¿no? Claro que fue una tontería.

Si entre Jorge y yo no hay nada. Pues ya está.

No le hagamos más daño.

Hagamos.

Sí, yo también metí la pata.

Madre mía, vaya dos.

Y que nada, que el otro día dije cosas que no sentía,

lo de la familia y eso.

Sí, ya lo sé.

Has pasado por cosas muy duras,

así que imagino que es normal tu reacción.

Ya, pero tú también,

que siempre has estado ahí apoyándome

y yo solo te he dado problemas. No, no.

También me diste fuerza para superar la muerte de papá.

Has luchado mucho por mí, eso lo sé.

Y no te hablo de lo del centro y todo esto,

sino de antes, de cuando estábamos solos.

Nunca hemos estado solos, Luis,

siempre nos hemos tenido el uno al otro.

A partir de ahora las cosas van a cambiar.

Voy a ser el hermano pequeño que te mereces.

No, de verdad, no tiene que cambiar nada.

Ya eres el mejor hermano pequeño que podría tener.

Anda, ven aquí.

He comprado bollos, que estaban de oferta.

¿Bollos? Sí.

Pues mira, bollos para cenar. Planazo.

Venga, ¿vamos? Vamos.

Buenas noches, mamá.

Un poco tarde.

No, como siempre.

Ya pensaba ponerme a cenar sola.

Lo siento, ha habido algo de lío en el bufete.

Ya imagino.

Te ha llegado un paquete.

¿Para mí?

Ahí está.

¿Y de quién es?

Ay, yo qué sé.

Espero que no sea del impresentable del otro día.

Primero me lo intentas colar en casa y ahora paquetitos.

¿Tienes algo que contarme?

Lo has abierto.

Es que pensé que era para mí.

Ay, perdona, hija, ¿cuándo te han mandado a ti algo?

Pero cuando he visto que era para ti, lo he dejado,

no he mirado dentro. Y nos has mirado, ¿verdad?

¿Pues qué te estoy diciendo, Alba?

Anda, ábrelo y así nos enteramos qué es.

¿Eso qué es?

¡Un cojín, mamá, un cojín!

¿Y por qué te regalan un cojín?

¿No será algo raro?

Es un cojín de toda la vida, mamá.

¿No había nada más en la caja?

Ya te he dicho que ni he mirado. ¿Qué buscas?

¿No había ninguna nota?

Yo no he tocado nada.

Da igual, sé quien me lo manda.

¿Y de quién es si se puede saber?

Ah...

Pues no sé de quién será,

pero si quieres mi opinión, me parece cutre.

¿Qué clase de chico regala un cojín?

¿Quién ha dicho que sea de un chico?

¿No es de un chico?

Si hubiese una nota, lo podríamos saber.

Pero sigue sin haber, ¿verdad?

Que ya te he dicho que no, no seas pesada.

Pues mala suerte.

Pero ¿y esto?

¿Hay una fiesta?

¿Jose?

(CHISTA) ¡Manos quietas!

Vete a lavártelas y esperamos a los demás.

¡Jose!

Que hay que celebrar, Sofía, ¡hay que celebrar!

¿Ha llamado el inversor? Ha llamado el inversor.

¿Y qué? ¿Cuánto pone, mucho?

No, mucho no,

lo pone todo.

¡Todo! T-O-D-O, todo.

¡Ay, Jose, cuánto me alegro!

¡Un día salimos de esta!

Lo noto, esta vez es la buena.

Lo noto, lo intuyo.

De verdad, por fin.

-Mami... -¡Hola, hija!

Ojalá. Pero ¿no te has pasado un poco?

¿Cómo me voy a pasar? Hay que celebrarlo.

Nosotros somos así, a lo grande. Ya. ¿Te han dado el dinero?

No estamos para gastos. ¿Cómo me van a dar el dinero?

Son gente seria.

Han hecho sus cuentas, ¡y han visto que el negocio funciona!

Ay, Jose. Esta vez despegamos,

esta vez sí que sí. ¡Ay!

Pero ¿y qué es? ¿Qué...?

¿Por qué?

-¿Estáis preparados?

Sí. Sentaos.

Tomen asiento.

Mente en blanco.

Un cierratodo universal.

No me digas que no es genial.

Lo cierra absolutamente todo: bolsas, paquetes.

Todo lo que se pueda cerrar, el cierratodo universal lo cierra.

Como las pinzas.

¡Exacto! ¡Justo, como las pinzas!

Pero mejor porque es hermético

y es totalmente higiénico.

Como si no hubieras abierto antes la bolsa.

Y si la abres, el cierratodo universal la cierra.

Sí, si ya lo hemos entendido.

El cierratodo universal.

Si el nombre lo deja clarísimo.

Pero ¿esto no está inventado ya?

¿Lo habéis comprobado? -¡Bah!

¿Cómo va a estar inventado? A ver.

Mira, dentro de unos meses

habrá un cierratodo universal en cada hogar de España.

Ojalá, Jose, ojalá.

Pero ¿no veis la genialidad?

Mira a tu alrededor.

En cada casa hay cientos,

miles de cosas que hay que cerrar.

Si hay uno solo,

un solo cierratodo universal en cada casa,

nos hacemos millonarios.

-¿Puedo comer ya? Claro, cariño.

¡No, no! Aquí solo come

el que crea de verdad en el cierratodo universal.

Así que levante conmigo la mano

el que tenga fe en mi cierratodo universal.

¡Al ataque!

Tú confías en mí, ¿no? Por supuesto.

Esta vez sí,

esta vez lo he conseguido.

Por fin. Por fin.

¡Hola! ¿Jorge?

¡Ahora salgo, que estoy en la cocina!

Vale.

Oye, qué bien huele.

¡Hola! ¡Hola!

¿Qué te parece

si olvidamos la discusión de esta mañana

y hacemos como si acabase de llegar?

Pues me parece una idea estupenda.

¿Y...

a qué viene esta...? Lubina al horno.

¡Um! ¡Um!

Sí, te ha quedado muy bonita la mesa

y la lubina huele muy bien, desde el garaje huele bien.

¡Ay! Pues es una cena de reconciliación.

Quería pedirte disculpas por mi comportamiento.

No hacía falta. Sí porque...

sé que he estado un poco posesiva y por eso te sentiste presionado.

Pero sabes que eso lo hago porque estoy loca por ti.

Bueno, pues, no sé,

habrá que abrir un buen vino para la ocasión.

No, ya lo he abierto y se está oxigenando.

Vale.

No me vas a dejar hacer nada. ¡No!

¿No puedo ir a por el vino? No, ya voy yo.

Tú lo que tienes que hacer es quedarte aquí sentadito

que tienes mucho que hacer, ya verás.

¿Y qué es lo que tengo que hacer exactamente?

Escucharme. Um.

Pues mira, vamos a hacerlo al revés,

me vas a escuchar tú a mí.

¿Ah, sí? Sí.

En el trabajo tuve una idea estupenda.

Vaya, ilumíname.

Supongo que los cuatro días... Cinco.

¡Cinco! Qué lista eres.

Que esos cinco días que nos iremos a Venecia

tú te los has cogido libres. "That's right".

Pues he pensado que...

por qué no los pasamos aquí.

¿Aquí? Sí.

Aquí tú y yo juntos, en casa.

Bueno, sí, pero...

Me sigue pareciendo más interesante conocer Venecia.

Solo te estoy pidiendo que le des una oportunidad;

que pasemos aquí unos días, que te muevas por la ciudad;

conozcas a mi gente, mi trabajo.

Ya, pero no sé,

me sigue convenciendo más el Puente de los Suspiros.

Cariño, escúchame.

Lo único que te digo es que no te cierres.

Quizá pasamos aquí un tiempo

y a ti empieza a apetecerte quedarte aquí conmigo.

Te encanta la comida.

Hablas de las historias que te contaba tu madre

y que te encantaría pasar aquí una temporada.

Ahora podemos. Vale, lo pillo.

¿No solo no quieres volver a Chicago,

sino que quieres que pierda un viaje a Venecia?

Sabes de sobra que no puedo volver, que no quiero volver.

Yo pensaba que conocía a mi padre,

pero ahora estoy descubriendo un montón de información

y es como si de repente volviera a conocerle desde cero;

a enterarme de quién es mi padre.

Entiende que no puedo irme. Soy una idiota.

Te pasas el tiempo repitiéndome lo mismo

y yo autoconvenciéndome de otro tipo de cosas.

¿Sabes lo que pienso? Que quizá es la excusa perfecta.

Quizá nunca has estado seguro de lo nuestro.

Madison, ¿cómo puedes decir eso?

¿Es que no lo ves?

Madison, te estoy pidiendo que te quedes conmigo.

Ya.

Ya no. No entiendo cuál es el problema.

Yo te quiero, tú me quieres.

No sé, ¿por qué no podemos pasar un tiempo aquí?

¿Tú te das cuenta

de lo egoísta que es lo que me estás pidiendo?

Que deje mi trabajo, mi hogar.

¿Te estás dando cuenta de lo egoísta que es?

Quizá estamos siendo egoístas los dos.

Está claro que no estamos dispuestos

a renunciar a nada por la relación? ¿Qué estás diciendo,

que no nos queremos lo suficiente? ¡No!

Te digo lo que se está demostrando,

que no queremos hacer ningún sacrificio por estar juntos.

O por lo menos eso es lo que parece.

¿Lo ves? Ahí es donde quería llegar,

al punto que tú nunca quieres llegar.

¿Y qué punto es ese? A lo mejor...

no estás enamorado de mí. ¡Madison, por favor!

¿Qué dices? ¿Vas a cuestionar

si estoy enamorado de ti después de tanto tiempo?

¿Sabes qué te digo?

Que me voy a Venecia contigo o sin ti.

Pues va a ser sin mí.

Se me ha quitado el hambre.

Julia. ¿Qué?

Tu hermano necesita que le cuides;

tus jefes necesitan que estés a la altura;

tu novio necesita protegerte.

¿Lo ves?

Dicho así suena un poco disfuncional, pero...

Bueno, ¿qué pasa?

¿No vamos a poder desayunar tranquilos

ni un solo día en esta casa?

¡Que vuestra madre no se puede tomar un café tranquila!

¡Con todo lo que hace por vosotros!

¿Eh?

¿A las secretarias qué os pasa, sois idiotas o qué?

Tengo que hablar con Francisco ahora mismo.

Eso va a ser imposible.

Don Francisco salió hace una hora y no sabemos cuándo volverá.

Así que puede seguir gritando a los profesionales

que tenemos que soportar el trato de gente como usted.

O puede entrar en razón y comportarse como un ser normal.

Hay que ser discretos.

La gente en el trabajo tiende a pensar mal

y no me gustan los cotilleos.

Además, esto es un bufete serio.

Claro, si prefieres que dé un rodeo cuando nos crucemos...

No, solo hablaba de prudencia.

No hace falta que hablemos de forma extraña

ni que nos evitemos cada vez que nos crucemos.

Claro que no. No.

Ni que hiciéramos algo malo. No lo estamos haciendo.

Estoy sobrepasada

con toda la información en papel de Feli.

¿Podrías darme su teléfono?

No, si no ha dejado ningún contacto.

Pues su email o cualquier cosa. Es que no te servirá de nada.

No contesta los mails ni las llamadas.

¿Y no te parece un poco raro? Que sí, raro es.

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Derecho a soñar - Capítulo 15

30 ene 2019

Madison sigue presionando a Jorge para que vuelva con ella a Chicago, acaban rompiendo y ella regresa sola. Julia se reincorpora al trabajo a pesar de no estar del todo recuperada. Olivia deja definitivamente su trabajo en el bar para abrir su propio negocio, ha hipotecado su piso para conseguir el traspaso del bar que está justo enfrente del bufete. Rodrigo entra en crisis porque los trámites de divorcio de sus padres avanzan y si la casa familiar se vende él se queda en la calle. Efectivamente los trámites concluyen y se revela que él es un niño mimado que no desea plantearse la independencia. Jose consigue un inversor, pero cuando revela a su familia que su negocio es el “CierraTodo” Sofía queda un poco decepcionada. Ángel pide consejo a Daniel para comprarle un regalo a Alba (sin revelar que es ella) y finalmente se decide por un cojín con carita feliz. Daniel descubre a Carlota justo en el momento en que ella sufre un aborto en el bufete y la acompaña al hospital. Carlota pierde el bebé; solo Daniel sabe de su embarazo. Julia está preocupada por la actitud de Luis; finalmente Luis se da cuenta de que su cuñado Chema y su hermana son justos y generosos con él y renuncia a sus planes de robar la moto de Chema y huir con Zoraida a Londres. En consecuencia Zoraida rompe con él.

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