Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 12 - ver ahora
Transcripción completa

Feo no es.

Es un poco mayor.

¿Qué haces? ¡Que habéis conectado!

¡Bórralo, por favor! ¿Qué va a pensar de mí!

Que te gusta y tú a él.

¿Problemas con el jefe?

-Si pudiera, me largaba.

Pero en otro trabajo encontraría a otro jefe capullo.

Mi padre.

¿Qué ha pasado? Está mal.

Que a mi madre le ha dado por divorciarse.

Las que se arriman a nosotros, los hombres exitosos,

vienen siempre a por lo mismo.

Y cuando lo tienen,

se largan con el primer impresentable que les baile el agua.

No creo que tampoco... Jorge,

que son todas iguales.

¿Quién te lo manda?

No, si es para ti.

¿Cómo?

Sí, ha venido un mensajero preguntando por Julia Rojas. Mira.

¿Sabes qué piensan de las secretarias

a las que sus jefes les regalan flores?

Nadie está pensando eso.

Todos están hablando de nosotros.

Tú no habrás cogido la moto, ¿no?

Fui a por ella y me la encontré de manera distinta

a como yo la había dejado.

A lo mejor tú... -¿Eso piensas de mí,

que te cojo la moto de extranjis sin decirte nada?

Como estuvo en un centro de menores,

ahora todo es culpa suya. No he dicho eso.

Pero lo estás insinuando.

Luis ya tiene suficientes problemas

como para que además sienta que no confiamos en él.

¿Te vas a ir a Londres? -¿Y qué hago?

No me puedo quedar. Si me cogen,

me tiran otra vez pa' el centro.

Solo necesitamos el dinero.

-¿Y cómo lo conseguimos pronto?

-Pues cómo va a ser, robando.

¿No dices que me quieres? -Sí.

-Pues pa' adelante.

Eso será que se ha quedado a dormir en casa de un amigo

y se le ha pasado la hora. Debí llamar a la Policía.

Como le haya pasado algo... El mensaje decía que llegaba tarde.

A lo mejor para Luis llegar tarde significa algo distinto.

No me dijo que pasaría la noche fuera de casa.

¿Y por qué no me contesta a las llamadas?

Bueno, cálmate un poco.

Si a las doce no ha aparecido, llamo a la Policía.

Y si no, me recorro el barrio con la moto si hace falta.

¿Vale?

Deja que hable, seguro que tiene una explicación.

Sí, eso espero.

Oye, y acuérdate del tema de lo de la moto.

¿Te acuerdas? Sí, sí.

¿Te vas a acordar? Sí.

Bueno, me tengo que ir. Vale.

Luis, ¿dónde has estado?

Por ahí.

Por ahí.

¿Se puede saber dónde has estado?

¿Por qué no contestaste a mis llamadas en toda la noche?

Me quedé sin batería. Ya, sin batería.

Y no me podías avisar desde el teléfono de un amigo.

Te estoy preguntando que dónde has estado.

Por ahí. No tengo por qué darte explicaciones.

Sí tienes que darme explicaciones, claro que sí.

No sé, Luis, ¿no te queda claro que estamos viviendo juntos?

No sé cómo ha funcionado tu vida hasta ahora, no tengo ni idea,

pero aquí no desaparecemos sin avisar y nos contamos las cosas.

No me des la chapa. Te quiero decir algo más,

un momento.

(SUSPIRA)

Eh...

Ha pasado algo con la moto de Chema.

¿Tienes alguna idea de todo esto?

Luis,

¿le cogiste tú la moto a Chema?

Sí.

Tenía unos asuntos que resolver y se la cogí.

Ya, unos asuntos.

Y se la coges así, sin pedir permiso.

Estamos viviendo en casa de Chema,

así que te pediría por favor que le tuvieras un poco de respeto.

Y ahora vas a ir al taller y le pides disculpas personalmente.

Sí, claro. ¿Y qué más?

Lo digo en serio, Luis.

Si no lo haces tú, lo haré yo y va a ser peor

porque a Chema le va a sentar fatal.

Sí, le va a sentar fatal. Pues sí.

Porque si dices algo de la moto,

le diré que te vi comiéndote la boca con tu jefe.

¿Qué te parece? Seguro que le sienta fatal.

Julia, si tú no te metes en mi vida, yo no me meto en la tuya.

Si no me metiera, seguirías en el centro.

Vale, muchas gracias.

¿Tengo que estar toda la vida arrastrándome detrás de ti por eso?

No sé, Luis, es que no entiendo.

¿Qué es lo que te ha pasado?

No sé, que habré crecido.

Ya no soy el niño que era antes.

¿Y por qué me haces todo esto a mí?

No sé, vendrá de familia lo de hacernos daño.

¿O no te acuerdas de mamá cuando nos abandonó?

Habré salido a ella.

(Sintonía "Derecho a soñar")

Estaba pensando en el negocio ese

que te traes entre manos... Cariño,

no me gusta que digas "que te traes entre manos"

porque es que parece un trapicheo.

Y esto es un asunto muy serio.

Qué susceptible te pones.

A ver, el negocio ese tan serio

que intentas poner en marcha. Mejor.

Pues nada, que pensaba en lo de Romerales

y los cigarrillos electrónicos.

Qué buen negocio, ¿eh?

Qué pena que llegáramos tarde.

También fue una pena que te vendiera su parte

cuando todo se fue a pique.

Y que tengamos el salón lleno de cigarrillos

que solo sirven para que la niña

aprenda cosas que no debe. Eso ya lo hemos hablado.

Lo que no voy a hacer es vender el material

a mitad de precio. Tampoco estaría mal,

así recuperaríamos la mitad de la inversión.

Que no, que esto se vuelve a poner de moda

y nos lo quitan de las manos.

¿No te das cuenta de que estos modelos

ya no los fabrican? Lo que tú digas.

El caso es que yo esta vez

querría conocer al inversor.

No sé, ¿qué te parece?

Pues me parece fenomenal.

Me parece una idea estupenda. ¿Ah, sí?

A ver, si hay una cosa que esté clara

es que el que sabe de negocios soy yo,

pero tú lo que tienes es que conoces a la gente.

¿Eso crees? Sí.

Si hubieras visto a Romerales, no nos hubiera tangado.

Bueno, sí,

igual sí que tengo un poco de mano con la gente.

Ya está. ¿Sabes lo que vamos a hacer?

¿Qué? Te voy a presentar al inversor

y te voy a presentar al inventor

para que te hagas una idea global del asunto.

Igual estaría bien que supiera qué ha inventado, ¿no?

Tranquila, no quiero que lo conozcas al tuntún,

quiero que lo conozcas bien.

Hay que hacer un dosier

con toda la proyección económica,

los desgastes, las previsiones;

el target de población al que va dedicado.

Espérate porque esto lo vamos a preparar bien.

Vale, no te embales que solo quiero conocer al inversor.

Tú eres quien se encarga de los negocios.

Cariño, ¿no te das cuenta de que vamos a trabajar juntos?

Vale, vale. Vamos a ser la bomba.

Sí. Me voy que es tarde. Te acompaño.

No, mejor te vistes, ¿no? Eh...

Buenos días, señor Zabálburu.

-No hace falta que seas tan formal, hija.

-Gracias, Francisco.

-Eh... Don Francisco.

¿La sala está libre?

-Está don Alfonso esperando para reunirse con Jorge.

-¿Alfonsito está aquí? Vaya por Dios.

-Sí, preguntó por usted, quería saludarle.

¿Quiere que les avise y les pida que le esperen?

-No, no quiero saber nada de divorcios, no.

-Pensaba que eran amigos. -Precisamente por eso.

Lo mezquino que puede llegar a ser

un amigo de toda la vida es penoso.

-Lo siento, don Francisco.

-Si pregunta, le dices que aún no he llegado.

Alfonso te pilla por banda y no te suelta.

-De acuerdo, don Francisco. -Oye,

y esto se lo llevas a Sofía

y ella ya sabe lo que tiene que hacer.

De paso, le dices que encargue un buen número de cartuchos

para esta preciosidad. -¿Cartuchos?

Pero ¿hay aquí una impresora?

-Pero ¿cómo va a haber aquí una impresora?

¡No, no! Es una escopeta.

Eh, trátala con cariño que la quiero más que a un hijo.

-Es que me da un poco de miedo.

-Si está descargada, mujer.

Trátala con cariño.

Las armas son como los novios.

Tú las tratas bien, van como la seda

y son fieles toda la vida.

Cuando se vaya don Alfonso, me avisas.

Charly. -Dígame.

-¿Qué es esto?

-¿Un jarrón feo con unas flores ostentosas?

-¿Y qué demonios hace eso en mi bufete?

-Pues no tengo ni idea.

-Pues llévatelas.

-¿A dónde?

-Pues no sé, a la mesa de alguna mujer.

-¿Qué mujer?

-¿Qué pasa, que no hay mujeres en este despacho?

Llévalas, no sé, al despacho de Carlota.

-No creo que a Carlota... -No tengo tiempo para esto.

Que desaparezcan.

¿Estás hablando de la pensión compensatoria?

Sí.

Ese hombre lleva toda su vida trabajando como un bestia.

Bueno, piénsalo,

él se ha dedicado a trabajar y a ganar dinero,

pero ¿y ella?

No pensó en sí misma.

No se dedicó a labrarse una carrera profesional

ni a ganar dinero y por lo tanto...

Ella no adquirió sus propios bienes

porque estaría volcada en su familia y su casa...

Y quiere que la compensen por toda esa dedicación.

Hoy en día estas situaciones no son tan comunes,

pero las mujeres de su generación en muchas ocasiones

no pudieron elegir. (ESTORNUDA)

La ley es garantista, pero también es justa.

¿No te parece que está siendo un poco avariciosa?

No, no lo creo.

Pero siempre podemos ir a juicio

y que decida el juez.

Es una lotería, ya lo sabes.

Pero a veces... (ESTORNUDA)

Oye, ¿por qué no te vas a casa?

Estás hecha una pena.

Gracias, pero estoy bien. Puedo trabajar.

Son un par de estornudos que... (ESTORNUDA)

Mira, déjalo.

Te vas a tu casa y yo me reúno con Alfonso.

Y descansa, de verdad, no pasa nada. ¡No!

No, que no me voy a casa.

Me bajo adonde Olivia y que me prepare algo calentito

que seguro que me pongo mejor.

Jorge, quería darte las gracias por ser tan considerado.

¿Te pasa algo? Perdonad, chicos,

¿a quién le podría interesar estas flores?

No sé a quién colocárselas, la verdad.

Pero ¿esas no son las...?

¡Vale! Me voy, hasta luego.

Hola. Hola. ¿Qué haces aquí?

¿Has parado antes para la pausa? No, no,

es que estoy con un catarro horrible.

Ya. Pues vete a casa, ¿no? Sí. Tú como los demás.

No me puedo ir a casa, Oli.

Oye, ¿me puedes preparar una infusión?

¿A ti qué te pasa?

Nada. No, qué va.

A ti te pasa algo, conozco esa cara de mustia.

A veces eres un poco brujilla. Brujilla no,

lo que pasa es que te conozco muy bien.

¿Qué te pasa?

Luis. Dios mío, ¿qué ha hecho ahora?

Que...

Sí. Vio cómo Jorge y yo nos besábamos.

¿En serio? Sí, en serio.

Y me amenaza con contárselo a Chema

si me chivo de que le cogió la moto.

No me lo puedo creer. Y lo peor de todo

no es lo que me dijo, sino cómo me lo dijo.

Me lo dijo con una rabia y con un odio

que me dejó destrozada. No me extraña

que te dejara destrozada. Y no sé qué hacer.

Dale un tirón de orejas, eso para empezar.

Y luego, bueno, explícale que fue una pantomima...

Oye, pero ¿Luis os vio en Ferrasa? No.

Vale, ya. Sí, hubo otro beso.

Ajá, otro beso.

Y no fue fingido, claro. No.

Juli, ¿qué te está pasando con Jorge? ¡Nada!

Oli, no me está pasando nada.

Fue una tontería sin importancia, ya está.

Ya. Discutimos.

Y cuando nos estábamos reconciliando,

nos dejamos llevar por el momento y pasó.

Pasó, fue un error y le puede pasar a cualquiera.

A cualquiera le puede pasar,

pero te ha pasado a ti.

Te estás colando por tu jefe. No, Oli.

Te estás colando por tu jefe. -Oli, ponte a fregar los baños

que ha habido un percance. -Sí, un segundito.

-Yo me encargo de la barra, vete a fregar los baños.

-¿Me das cinco minutos? Los baños no se van a ir

a ningún lado. -¡Ni cinco minutos ni leches!

¡Ahora mismo!

(OLI RÍE) (PEPE) ¿Qué?

(CARRASPEA)

-Toma. -Pero ¿qué haces?

-Me largo. No me da la gana de limpiar los baños.

-¿A dónde vas a ir? -Pues no lo sé, la verdad,

lo tengo que pensar. Pero aquí no me quedo.

Vamos, Julia. -Ah, ya.

Oli, ¿has pensado en lo que estás haciendo?

Por supuesto que lo estoy pensando.

A mí este capullo no me falta el respeto.

Vamos, te invito a una manzanilla en el bar de enfrente,

que son más baratas.

-No sabes lo que estás haciendo. -¡Hasta luego, Pepe!

Tómatelo como una reunión más.

No le des más importancia, hazme caso.

Mira a ese remilgado.

Se creerá un gran abogado, pero yo ya ejercía

cuando aún no le había salido ese pelo tan cursi.

Necesito que te tranquilices.

Pero ¿cómo me voy a tranquilizar

si ese medio hombre y mi mujer...? Alfonso,

eres abogado.

Y no solo eso, un gran abogado.

¿No te das cuenta que lo hace para ponerte nervioso?

¿Cuántas veces has hecho eso con la parte contraria? Miles.

¿En serio vas a caer en un truco tan viejo?

No, ¿verdad?

Pues ya está.

Buenos días.

Miguel, querido, ¿cómo estás?

-Estupendamente.

-Fíjate qué flores tan preciosas.

Gracias, Jorge,

seguro que son cosa tuya.

Sé que te has acordado de lo mucho que me gustan las flores.

-¿Ya estás con eso otra vez?

-Alfonso, querido,

no tengo ni idea de lo que estás hablando.

-Pues de las malditas flores.

¿De qué te crees que estamos hablando?

-No sé tú, yo hablaba de ese ramo.

-Eso no te lo crees ni tú.

Me estás recordando lo de las plantas del lucernario.

-¡Ah, las que mataste!

-Y dale.

Es verdad.

Te fuiste de viaje,

me encargaste que te regara las plantas

y se me olvidó.

Y cuando volviste, se habían muerto.

¡Pero por todos los santos!

Eran solo unas plantas.

-Pero no es por las flores.

Es por el descuido.

Me divorcio porque nunca has pensado en otra cosa

nada más que en ti mismo.

Me he dado cuenta de que para ti los demás

solo somos apéndices que estamos a tu alrededor

para hacerte la vida más cómoda.

Me has engañado, Alfonso.

A pesar de tus defectos,

siempre había pensado que te importaba.

Las plantas se murieron

porque les hiciste tanto caso como a mí...

ninguno.

-Es magnífico cuando un cliente habla con tanta claridad

y uno apenas puede añadir nada.

Es liberador,

¿no creen? -¡Mira, mocoso,

como vuelvas...! Alfonso, ya está bien,

ni una palabra más.

Necesitamos un pequeño receso en la sesión.

Si queréis un café o un refresco,

en la mesa de ahí tenéis todo lo que queráis.

Tú te vienes conmigo. Vamos.

Estoy segura de que cuando desbloquea el teléfono

tiene de fondo de pantalla a una mujer.

O una montaña.

Uy, pues quizá su gran amor es el alpinismo

y entonces no tienes nada que hacer.

Esto tendría que averiguarlo.

Si pudiera coger el teléfono...

Pero claro, ¿cómo lo desbloqueo?

Yo sé su patrón, es la Z del Zorro.

Lo he visto hacerla mil veces. ¿Ah, sí?

¡Pues gracias!

Solo tengo que robar el teléfono y mirar a ver qué tiene.

Sí, solo.

Me voy donde Sofía.

No te vas a creer lo que te traigo.

Te vas a caer de espaldas. Estoy aterrorizada.

Me das mucho miedo, Sofía.

Ser la secretaria de don Francisco es lo que tiene,

hay que saber de todo. ¿Sabes lo que son unas gaoneras?

Ni idea. Pues yo sí.

Mira, también sé de toros.

Me has traído la joya de la corona,

la escopeta del padre de don Francisco.

Lleva 50 años pegando tiros.

Además, tiene un retroceso

que la convierte en una fiera.

Hay que sujetarla muy bien.

¿Tú cazas? Ni moscas.

Pues hablas como un cazador.

Ay, es lo más triste que me han dicho hoy.

A ver, ya está cursada la revisión para esta pequeña.

¿Algo más?

Hay que comprar cartuchos.

Cartuchos.

¿Te he dicho que me das mucho miedo?

¡Anda, venga, vete!

¿Que yo me he planchado una camisa en mi vida?

¡Pues claro que no! Para eso pagaba a alguien.

Cosa que a ti no te molestaba en absoluto.

Tampoco te recuerdo planchando.

-Es lo único que sabes hacer,

pagar a la gente para que te haga las cosas.

Por eso no entiendo por qué te cuesta tanto.

-Porque no quiero que hagas nada, ¿entiendes?

No quiero que te vayas,

quiero que te quedes conmigo.

Y no te lo pondré fácil.

Si te vas, será sin mi dinero.

-¿Cómo que tu dinero?

Será nuestro dinero.

-De nuestro nada, guapa, mío.

Nos casamos con separación de bienes

y tú no has aportado nada al patrimonio familiar.

-¿Que no he aportado nada?

Tendrás valor, ja.

Sin mí no serías más que un picapleitos de tercera,

me debes la carrera.

-No me hagas reír.

Esa es la cosa más ridícula

que he oído en toda mi vida.

Perdone, don Alfonso,

le necesitaría un momento fuera.

¿Podría acompañarme?

Es urgente.

Por supuesto.

-Sí, vete con una secretaria joven,

eso es algo que siempre has sabido hacer.

Bueno, creo que lo mejor es que olvidemos

la primera parte de la reunión.

Elvira, si te parece, vamos a lo práctico.

¿Qué pedís exactamente?

Mi representada quiere

la mitad de los bienes del matrimonio.

Exclusivamente los bienes adquiridos durante el matrimonio.

Os puedo adelantar que mi cliente

no está dispuesto a aceptarlo.

Elvira, ¿está segura?

Como supusimos ese extremo,

hemos hecho unos cálculos más o menos ajustados

de lo que supondría para su cliente.

¿Y de cuánto estamos hablando?

¿Esto calculas que tiene tu marido?

No, no.

Ese es el 50% que pedimos nosotros.

Como entenderás, debo consultarlo con Alfonso.

Lo entendemos.

Pero como comprenderán,

esta generosa oferta tiene fecha de caducidad.

Generosa, no sé yo... Te aseguro que lo es.

Ya sé que Alfonso no quiere vender la casa,

pero es la única manera de que consiga el dinero.

Convéncele, Jorge.

No nos conviene que vayamos a juicio.

-No, no les conviene.

Francisco, ¿puedo pasarme por tu despacho

o estás reunido?

Perfecto, voy para allá.

Vaya, vaya, Carol. -Daniel.

-¿Se puede saber qué haces aquí?

-Nada, he venido a...

a traer unos expedientes.

-Unos expedientes.

Como estos.

¿Y dónde están los que traías tú?

-Pues...

ya se los ha llevado don Ángel.

-Ya.

Y te ha dejado a ti con su teléfono en la mano.

-No, no, no estaba...

Lo estaba poniendo a cargar, nada más.

-Fíjate, yo pensaba que intentabas desbloquearlo.

-No, no, qué va.

-No sé qué te traes entre manos,

pero has tenido suerte de que entrara yo y no don Ángel.

Si llega a ser él, se te cae el pelo.

¿Debería contárselo?

-No hay nada que contar,

solo se había soltado el cargador, nada más.

-Seguro.

-Yo ya me voy.

-Por cierto,

me debes una.

¿Y mi padre, no viene?

A tu padre lo acabo de meter en un taxi

y no sabía si mandarlo a casa o a urgencias.

¿Tan mal ha ido? ¿La reunión con tus padres?

Los dos siguen vivos,

cosa que durante la reunión parecía imposible,

así que supongo que no fue tan mal. No me digas eso.

¿Has podido hacerles entrar en razón?

Rodri, que soy abogado, no consejero matrimonial.

¿Me puedes decir qué le ha hecho tu padre a tu madre

para que esté así con él? Absolutamente nada, te lo juro.

Si son el matrimonio ideal. Ideal.

Yo no he visto nada menos ideal que esa reunión.

A ver, no tires la toalla, entiéndeme.

Mis padres están pasando por un bache, cosas de la edad.

Pero yo les necesito,

sin ellos no sé qué sería de mí.

Si tuvieras cinco años, entendería que me dijeras eso.

Pero con la edad que tienes...

¿No te parece que eres ya mayorcito para entender su divorcio?

Sé que es difícil de asumir, pero, por favor.

Pues no, Jorge, me niego a aceptarlo.

No es normal, ellos no son así, ¿entiendes?

Y hasta que todo esto no acabe, confío en ti

para que vuelvan a estar juntos. Pero ¿tú qué esperas de mí?

A ver si te enteras,

que tu madre está dispuesta a dejar a tu padre.

Y él no está dispuesto ni a entenderlo

ni a admitir sus razones ni sus sentimientos.

Escúchame, oye... Escúchame tú a mí, de verdad.

Y no quiero parecer un insensible.

Pero mí día está siendo más duro de lo previsto

y encima me queda un montón de trabajo.

Así que te pido que me dejes currar

y luego me pongo en contacto contigo,

te llamo, quedamos, lo que tú quieras.

Vale, pero recuerda, confío en ti, Jorgito.

Tienes el futuro de mi familia en tus manos.

Está bien.

Piensa en lo que te he dicho. Eres un crac.

Piénsalo, por favor.

Si buscas a tu madre, acaba de irse.

Si te das prisa, la alcanzas. -No, si ya os he visto.

En realidad, quería hablar contigo. -Lo haría encantado,

pero tengo una reunión. -¿Qué le estás haciendo a mi madre?

-¿Perdona, haciendo? -Sí, no te hagas el tonto

y dímelo de colega a colega, de abogado a abogado.

-Lo siento, no te sigo, tendrás que ser más explícito.

-En esto del divorcio, ¿qué le has prometido?

¿Qué idea le has metido en la cabeza?

-No sabía que se metieran ideas en la cabeza de nadie.

No sé de qué hablas. -Sí lo sabes.

La has engañado y por eso se divorcia.

-¿Que he hecho qué?

Fue tu madre quien vino a mi despacho

y me dijo que se quería divorciar. Yo no sabía nada del asunto.

-No te hagas el tonto por favor te lo pido.

Bah, dímelo.

Tú y mi madre...

O sea...

-¿Yo y tu madre qué? -Que si te la tiras,

que si te acuestas con ella. -¡No, qué idiotez!

Tu madre y yo tenemos una relación estrictamente profesional.

Además, yo duermo en mi cama.

O sea, en mi casa.

En la cama que hay en mi casa. -¿Me estás vacilando?

-No, me limito a informarte.

Tu madre duerme en su cama

y yo duermo en mi cama.

No nos acostamos juntos.

Además, sigo sin saber

qué tiene que ver esto con el tema del divorcio.

¿Quieres saber algo más?

Tengo una reunión y no soporto llegar tarde.

¿No tienes nada que decir? Pues adiós.

Ah, y te agradecería que la próxima vez

que quieras hablar conmigo,

en vez de pararme en mitad de la calle,

conciertes con mi secretaria una cita.

Esto es del todo irregular,

pero muy irregular. Venga, hasta luego.

(POR BAJINIS)

Creo que este también te lo puedes quedar.

-¡Otro caso más!

¿Y este de qué trata? -Muy sencillo.

Una aseguradora que se niega a hacerse cargo

de los gastos originados por el accidente

de un cliente. -Francisco,

aborrezco este tipo de casos.

Además, estoy hasta arriba de trabajo.

¿Por qué no te encargas tú? -¿Yo? Estoy peor que tú.

No puedo hacerme cargo ni de medio caso más.

-Estaría bien que pudiéramos encontrar un hueco

para hacer una reunión de socios

porque me encantaría poder decidir

qué casos quiero llevar y cuáles no,

en la medida de lo posible. -Te entiendo perfectamente.

A todos nos gustaría llevar los casos más sabrosos,

pero es lo que hay. -No me refiero a eso.

Me refiero a que sé perfectamente

que hay casos de Felipe que aún no están repartidos

y me gustaría saber por qué no lo están

y cuál será el criterio a seguir para la repartición.

-Es muy sencillo.

Esos casos los tiene Ángel,

él se encarga de administrarlos. -¿Y Ángel por qué?

-Porque le ha tocado a él.

Mira, esos dos casos que te he dado son muy importantes.

Tanto el de la aseguradora como el del despido improcedente.

Van a generar muchos beneficios para el bufete.

-No estoy dudando de que sean

casos buenos o necesarios para el bufete,

lo que te digo es que estoy desbordada de trabajo,

que no puedo con ningún caso más, por favor.

-Carlota, perdona que te diga,

pero creo que tendrías que revisar tus prioridades.

Estos casos son importantes para el bufete

y va a compensar el dinero que vamos a sacar de ellos.

Por mucho que tengas que quedarte una noche o un fin de semana.

Carlota. (SISEA)

Que tú puedes con eso y con mucho más.

Y ahora me voy a tener que ir que estoy desbordado.

-¿Puedo pasar un momento?

-¿Qué quieres?

-Eh... Una duda con tu agenda. -Pasa.

A ver, qué duda.

-Pues pasado mañana tengo apuntado

que harás un viaje de un par de días.

Desconozco el destino, el motivo.

Lo digo por si quieres que te busque los billetes,

te reserve el hotel.

-No, al final no haré ningún viaje,

he decidido cancelarlo. -Ah.

Pero ¿ha pasado algo? ¿Hay algún problema?

-No.

De hecho, creía que tenía un problema, pero...

he tomado una decisión y...

Y ya está solucionado.

Siéntate.

Siéntate.

(SUSPIRA)

A ver,

en realidad no tenía ningún viaje programado.

Lo que tenía era una cita con una clínica.

Y sí, como tú bien sabes,

estoy embarazada.

Y he decidido que quiero ser madre.

Y lo he decidido, entre otras cosas,

porque no quiero repetir el error

que cometió un gran amigo mío,

que vivió solo para el trabajo

y al final acabó muriendo solo.

-Pues...

enhorabuena.

-Gracias.

Y también quería disculparme contigo

por la reacción que tuve cuando me regalaste el chupete.

-Ah, no te preocupes, no fue nada.

-No, insisto.

Tuviste un detalle muy tierno.

-Bueno, era simpático.

-Sí, era muy simpático, la verdad.

Pero me lo diste en un momento en el que estaba mal.

Estaba llena de dudas y...

y no sabía qué hacer.

Pero, bueno, eso ya ha acabado

y ahora lo tengo todo claro.

-Bien.

-Y...

quiero que te quede perfectamente clara una cosa.

-¿El qué?

-Que esto no puede salir de aquí.

-Ah, no, no, tranquila, jamás... -No, insisto.

Insisto porque he confiado en ti

y te he mostrado mi mejor lado.

Y si tú traicionas mi confianza,

vas a ver el peor lado posible de Carlota.

¿Te queda claro?

-Sí.

-Pues andando, a trabajar.

Y Alfonso me ha confirmado que la cantidad

que pide la otra parte es correcta.

Me parece obsceno que con tanto dinero se peleen...

(ESTORNUDA)

¿Tú te has visto?

¿No tendrás fiebre?

Pues...

Pues no lo sé,

la verdad es que no me encuentro muy bien.

Mañana no puedes venir a trabajar.

Tengo pendiente llamadas a los clientes de tu padre.

Pues no va a poder ser.

Mañana te quedas en tu casa,

descansas y te recuperas.

Sí, quizá las pueda hacer desde casa.

Pasa.

¿Aún te tiene trabajando este tirano?

Eh, que es ella la que ha insistido en quedarse.

Y parece que por fin la estoy convenciendo

para que mañana no venga.

¿Sabes algo del caso?

Sí, Elvira es prácticamente una monja.

He hablado con las amigas de mi madre

y se han reído mucho cuando les pregunté

si podía ser amante de su abogado.

Así que nada de nada.

Nada de nada.

Ya decía yo que eso se lo inventó Alfonso

para sacar su rabia.

Pero mira, casi mejor,

prefiero las cosas claras.

(ESTORNUDA) Salud.

Cariño, no te he preguntado hoy,

¿qué tal en el bufete? Bueno, un día del montón.

Y tú, ¿qué tal hoy? Fantástico.

He tenido una reunión con el inversor.

Ya estamos en marcha. Ay, cuánto me alegro.

¡Oh! Es fantástico.

Lo que pasa es que este tío viaja más que un ministro.

Lo digo por nuestra reunión. Ah.

Me ha dicho que cuando vuelva a España,

lo primero que hace es invitarnos a cenar a su casa.

Muy bien. ¿Te importa que hablemos mañana?

Claro. Pero tienes que ver una entrevista.

Ya verás, el tipo es como una especie de gurú

para los negocios. Ya.

Todo lo que toca lo convierte en oro.

Es alucinante el tío, mira. Es que estoy derrotada.

Claro.

Pues te lo enseño mañana. ¿Vale?

(BOSTEZA)

(SUSPIRA)

Bueno, va.

Enséñame esa entrevista.

Es que te va a encantar.

El tío da conferencias por todo el mundo.

A ver. Es una eminencia.

Mira.

Un poco más

y acabas conmigo.

-Tienes suerte de que solo te quedan dos días

y después me vuelvo a ir.

-¿Y adónde vas que viajas tanto?

-Me voy a Buenos Aires,

pero antes paso por Londres

que tengo algunos asuntitos que resolver.

-Um, unos asuntitos. -Ajá.

-Qué enigmática.

¿Qué tipo de asuntitos? -Se nota, ¿eh?

Se nota que eres abogado porque no paras de preguntar.

Soy una abogada aburrida y anodina

como cualquier otra.

-Aburrida y anodina.

Su señoría, discrepo rotundamente.

-Soy una abogada capaz de,

digamos, de sembrar misterio

para cultivar el placer de la imaginación.

¿Qué te parece todo eso?

-Te gusta sembrar el misterio, no me cabe duda.

(Puerta)

-¿Qué es eso? -No lo sé.

He salido con muchas abogadas, pero ninguna me había llevado

a la boda de la hija de un magnate ruso.

¿Cómo se llamaba?

El magnate, ¿cómo se llamaba?

-Bierchov.

-Bierchov. -Ajá.

-Cierto.

¿Y quién es ese tipo?

¿Quién era toda esa gente?

-Vos lo dijiste perfectamente, un magnate ruso.

¿Qué más quieres saber?

-Me gustaría saber

a qué te dedicas.

-Um...

Digamos que trabajo

para una gran empresa en el servicio de limpieza.

Tengo un trabajo humilde.

-¿Te refieres a ese tipo de limpieza?

-Sí, a ese tipo de limpieza.

-Un trabajo de limpieza muy bien remunerado.

-Supones bien.

-¿Esa empresa por casualidad no se llamará...

ObrilServices?

¿Por casualidad no trabajarás con Fajardo Chaparro?

-Qué aburrido que eres.

Te estoy hablando de una fiesta orquestada por magnates rusos

y vos me hablas de Fajardo y de Obrilservices.

-Para ti Fajardo es un pez pequeño, ¿es eso?

-Nadando en un inmenso océano.

-Así que la abogada aburrida y anodina

solo se codea con las altas esferas.

-Ajá. -¿Brindamos?

-Bridemos.

-Mejor de pie,

que sentado da mala suerte. -¿Ah, sí?

No sabía eso.

-Bien.

¿Por qué brindamos?

-Brindamos porque sean muchas noches como esta.

-Por nosotros.

-Um, está rico, ¿eh? (ASIENTE)

Y vos, no sé,

cuéntame cuáles son tus planes.

Algún detalle macabro;

algo divertido.

-Aspiro a humillar

a todos los socios del bufete Zabálburu.

-¿Ah, sí? (ASIENTE)

¿Y ese rencor por qué?

-Después de todos estos años trabajando para ellos,

ni siquiera se plantean la posibilidad de hacerme socio.

-Um...

Y quieres venganza.

-No, yo lo llamaría justicia.

-Ajá.

Y vos crees

que trabajando duro

vas a conseguir que te hagan socio.

A mí me parece que tendrías que buscar, no sé,

alguna otra forma, ¿no?

-Tengo ciertas ideas. -¿Ah, sí?

A mí ahora mismo se me están ocurriendo muchas ideas.

¿Cuál es la tuya?

-Sé que el bufete guarda ciertos secretos.

-¡Oh, secretos!

Y vos quieres descubrirlos.

-Conozco algunos de esos secretos.

Y los voy a utilizar a mi favor.

-Qué interesante.

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Derecho a soñar - Capítulo 12

29 ene 2019

Julia se empeña en ir a trabajar a pesar de tener gripe. Preocupada por la actitud de su hermano Luis, le pregunta si cogió la moto de Chema y este le dice que la vio besarse con su jefe (el día que Jorge la acompañó a casa) y amenaza con contárselo a Chema si ella le cuenta lo de la moto. Julia se desahoga contando esto a Olivia. Olivia, por su parte, está harta de su jefe y hace un amago de dejar el trabajo. José sigue buscando inversor para su nuevo negocio y Sofía está preocupada. Los padres de Rodrigo inician sus trámites de divorcio, pero Rodrigo en realidad pretende que Jorge evite que se divorcien. Jorge se da cuenta de que metió la pata enviando flores a Julia para disculparse. Alba se interesa cada vez más por Ángel y Carol trata de averiguar si tiene novia. A Carlota no le gusta que Francisco mantenga cierto secretismo con los casos de Felipe Leiva y no los repartan entre los socios, tampoco le gusta que le ordene qué casos debe llevar. Carlota confiesa a Daniel que está embarazada y ha decidido tener el bebé. Ángel y Victoria tienen una relación de amantes y ambos tratan de descubrir secretos del otro. Ángel intuye que Victoria está metida en el negocio del blanqueo de dinero, y así es. Por su parte él le insinúa que también su bufete esconde secretos y piensa sacar partido.

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