Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

Lunes a viernes a las 18.15 horas

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 117 - ver ahora
Transcripción completa

No sé cómo ha pasado esto.

-Mira..., han pasado mil cosas. Mira lo de Ángel,

ha sido un trago difícil para ella

encontrarse un novio que es un bicharraco.

Te liaste conmigo por el dinero de mi padre, ya lo tienes.

No hace falta que sigas, me puedes dejar en paz.

Pero hay algo que no le he dicho

que está generando esta situación. Julia, te quiero.

Se lo tenía que haber dicho antes

y no haciendo un ridículo espantoso como este.

Seguro que le ha hecho mucha ilusión

que la avergonzases delante de todo el mundo.

Rodri, de verdad.

¿Sientes algo por él?

No, cuando volvió Madison se rompió todo

y, no sé, ahora mismo es muy complicado estar trabajando aquí,

y todo el mundo mirándonos todo el rato.

Un novio quiere demandar a su prometida

por haberle dejado plantado en el altar.

Está claro que hay daño si toda la boda está pagada.

No se complicará. -Lo lleva la jueza Larrechea.

-Señor Zabálburu, qué extraño

verle por aquí.

Nunca contestaste mi mensaje.

-¿Me han mandado un mensaje?

-Te vas a hacer el durito.

-No tengo ningún mensaje.

-Qué pena.

-Yo lo que quiero es que ella pague los gastos.

-De momento,

necesito que traigas las facturas y si has faltado al trabajo.

-Pero es que eso me da igual.

Me dejó tirado en el último segundo, quiero que lo pague todo.

No puedo más, quiero salir.

-¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Te volviste loco?

¿Te pensás que te van a dejar irte así?

Te enamoraste, lo puedo entender,

pero no podés dejar que esta nena te arruine la vida, ¡no!

-Me da igual.

-No te da igual.

Crees que sí porque no sabes lo que dices.

No sabés de lo que esta gente es capaz.

Estoy feliz, mis hijos están bien,

tengo una relación estupenda con Carlos, casi ni me acuerdo de José

y, vaya, encima la deuda se ha saldado así, de golpe.

Vaya, que estoy bien, bien.

Perdona, que nos hemos liado a hablar, es el último día.

No, no te preocupes, lo primero es lo primero.

Gracias, amor.

¿Qué tal los niños?

Sí, desde que los he atado.

Qué burro que eres, de verdad.

¿Qué te parece si compro comida hecha

"y así no tenemos que cocinar ni nada?".

Deja que te sorprenda con una de mis recetas.

Ah, me parece perfecto que me sorpren...

"¿Sofía?".

-Hola, Sofía.

¿Qué haces aquí?

Fíjate, la vida, pasaba por aquí y de casualidad nos hemos encontrado.

No, no, estaba esperándote, no te estaba siguiendo.

Necesitaba hablar contigo.

Como sé que es un buen sitio para encontrarte, llevaba un ratito ahí.

Desapareces durante todo este tiempo y apareces como si nada, ¿no?

Por eso, quería darte una explicación.

He cambiado, soy un hombre nuevo.

He arreglado todos los problemas.

Bueno, mis... problemas.

Salvo el de la... A ver...

¿Desapareces y ahora pretendes volver como si nada?

Porque necesito daros una explicación y tengo que daros una explicación.

Mira, al irme me he visto con la distancia, desde fuera,

y no me ha gustado lo que he visto.

Por eso he cambiado.

Soy una persona diferente ahora. Estás loco.

Por favor. No me toques.

Perdón, pero dame un minuto.

Por favor, un minuto solo. ¿Qué quieres?

Mira, últimamente las cosas me han ido bastante bien.

He recuperado toda la autoestima que había perdido

y ahora tengo la fuerza y la energía suficientes

para que os sintáis orgullosos de mí, que es lo que os merecéis.

No, no te creo.

No me lo puedo creer.

Si supieras todo lo que he hecho... La deuda.

Pagada. Fuiste tú, claro.

Hasta el último céntimo. ¿Y el dinero?

¿Lo has robado o qué has hecho?

Digamos que me han salido bien unos negocios.

Bueno, la verdad que francamente bien.

Pero lo más importante es que me he dado cuenta

de que eso no es lo importante, lo importante sois vosotros.

Lo importante es...

que me he dado cuenta

de lo que era, de mis errores.

No, por favor, no. De verdad he cambiado.

Me tengo que ir.

¿Cómo están los niños? Están bien.

¿Preguntan...? ¡Basta!

¿Vale? Sofía...

No, no puedo con esto, no puedo.

Necesito verlos, Sofía, hablar con ellos y contigo también.

No puedo, José. Mira, Sofía...

He cambiado, soy una persona distinta.

De verdad.

He pasado tiempo fuera, lo sé y lo siento,

me fui sin despedirme y sin decirte nada,

pero era la única manera de protegeros,

de dejaros al margen de todo.

¡Sofía, por favor!

(Sintonía "Derecho a soñar")

(Puerta)

Hola... Hola.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Bien, bien.

Bien. ¿Qué tal? ¿Cómo estáis?

-Pero Carlos dice que el rojo y el verde no combinan.

Carlos no tiene ni idea de nada.

Venga, recoge las cuentas.

No quiero que se queden para la hora de cenar, ¿vale?

A ver, voy a hacer carne rebozada.

Carne rebozada.

-Habíamos quedado en que cocinaba yo.

No, haré carne rebozada.

¿Qué son esos cables? Recógelos. -¿Qué cables?

Es del cargador de la tableta. Vale, lo recoges.

¿Vale? Venga.

Álex, la mochila esa.

Recoge todo eso. Ahora no puedo.

¿Podéis recoger todo esto? ¿Me dejas que termine?

No, no te dejo, queremos cenar ahora.

-Álex, ya recojo yo.

-¿Seguro? -Sí.

Toma esto.

-Vale.

No encuentro los huevos ahora.

El huevo...

La harina, los huevos. ¿Qué te pasa?

Nada, estoy bien, nada, todo bien.

Como has cortado la llamada.

Claro, sí, porque, bueno, es que...

He visto un taxi, entonces cuando he visto el taxi...

Bueno, total, que he pensado: "Luego le llamo".

Luego se me ha pasado dentro del taxi.

Qué raro, ¿no?

¿Sabes qué pasa? Hoy es el último día del coach.

Me da mucha pena.

No sé si he hecho bien en dejarlo. Has hecho bien.

Eres una madre estupenda. Sí, bueno, no sé.

Deberías estar contenta.

Sí, claro. Las cosas van bien, tus hijos

son un tesoro. Claro, sí.

Muy bien, todo muy bien, todo perfecto.

Recogemos esto también, ¿no?

¿Todo bien también? Sí, yo sí.

Fenomenal, la mochila.

¿Cómo estás? Bien, bien, ¿tú?

También, ¿no?

Bien, cariño, todo bien.

Ven aquí, ven.

Por favor, qué asco, las tripas colgando.

Por favor... Todo esto de plástico, ¿eh?

No sé cómo disfrutáis viendo gente ahí despanzurrada con todo el...

Toda la sangre que ves, en esta y en todas, es zumo de tomate,

que lo saben hasta los niños.

¡Ay! ¡Hos...!

(RÍE) Zumo de tomate.

La madre...

Para ver zumo de tomate, prefiero ver la Tomatina.

Por lo menos se lo pasan en grande. ¿Has ido?

Sí, hace algunos años, sí.

¿Tú? Ajá.

De turista, ¿no?

Bueno, cuando uno está enamorado,

hace muchas cosas.

Lo entenderás cuando te enamores.

Qué tonto.

-Hola.

Hola, ¿qué tal?

Mira, de verdad, vengo muerta.

Un grupo de huéspedes del hotel de San Camilo

ha tenido la brillante idea

de venir a la terraza a última hora

y se han puesto a tocar la guitarrita.

-Qué plastas.

-No se querían ir.

Les he tenido que echar.

Lo que faltaba, una carta del Ayuntamiento.

¿Qué es?

A ver...

Creo que son..., bueno... A ver.

Déjame que lea.

Nada importante, supongo.

Estoy hecha polvo.

Oli, eh...

A ver, aquí te dicen que...,

que tendrías que haber hecho unos arreglos en la terraza

para conseguir la licencia.

Todo esto antes de inaugurar, claro.

No me asustes.

Esas cartas siempre son como muy tremendas, pero no son para tanto.

Bueno, a ver.

No son tonterías, te dice que tienes que hacerlo

dentro de un tiempo perentorio.

¿Y qué es un tiempo "pernetorio"?

-No, perentorio, es un tiempo máximo, un mes, dos meses...

-Si vivimos en el reino del papeleo.

Todo es papeleo y más papeleo, burocracia.

Te lo digo en serio, mira bien esto, es importante.

Vale, yo lo miro, pero déjame irme la cama.

Que sí, buenas noches. Buenas noches.

(Móvil vibrando)

¡Alba!

¡Te suena el móvil!

Debe de ser Ángel.

Ay.

No, es mi madre.

No sé qué le pasa, está superpesada, no puede vivir sin mí.

Pobre, no seas tan dura, está preocupada.

No debe de ser nada fácil separarse de un hijo.

Ella también se separó de su madre, y era más joven.

Bueno, pero la pena...

y la tristeza,

y la preocupación

y todo eso no se van.

Ya.

No voy a contestar, no es algo personal.

Es tu madre.

Ya, pero eso no le da derecho a dirigir mi vida.

He pedido espacio y no me lo están dando.

En eso tienes razón,

pero un mensajito como mínimo, algo.

Bueno, ya veré.

¿Y tú qué? Ay, sí...

No he dormido en toda la noche. Ya.

¿Qué te pasa?

He visto a José.

No... Sí.

¿Cuándo? Me esperaba a la salida del coach.

No me lo puedo creer.

Sí, sí. ¿Dónde ha estado todo este tiempo?

No lo sé, ¿sabes quién finiquitó la deuda?

¿No? Sí, él.

¿Te ha dado alguna explicación?

No, no, que hizo un buen negocio y la pudo pagar,

y que ahora es un hombre nuevo y que es un hombre digno,

y no sé cuántas tonterías, y que quiere ver a los niños.

Ya, ¿qué vas a hacer?

No lo sé, estaba tan nerviosa que no pude ni abrir la boca,

lo único que hice es irme, marcharme de allí.

Ay, Sofi...

Sí, la verdad es que ahora no puedo con esta situación.

Ahora que yo estaba bien, que estaba empezando a levantar cabeza,

que estaba feliz,

es que yo no puedo, no voy a poder soportar esto.

Tienes que mantenerte firme.

Firme.

Cariño, gracias. No.

(SOLLOZA)

¿Se puede? Sí, pasa.

Quería hablar un tema con..., contigo.

Claro.

¿Todo bien? Sí.

Sí, sí.

Por cierto, enhorabuena.

¿Por qué?

Bueno, al final Carlota después de tanto insistir e insistir...

ya me he enterado de que te ha encasquetado

el caso de reparación de daños.

Sí. Por eso, que enhorabuena.

Es un hombre al que su novia dejó plantado

en el altar delante de todos sus invitados.

El pobre está hecho polvo.

Imagínate.

¿Y tú cómo estás después de todo aquello del karaoke?

No muy bien, la verdad.

No sé. A mí me pareció muy valiente.

Muchas gracias.

Estoy intentando no pensar en ello, que si no...

me vuelvo cero productivo.

Así que cuéntame qué querías.

Mira.

Quiero leerte un mensaje

que me envió una mujer al móvil

y quería que me dieras tu opinión, ¿vale?

Vale.

Aquí está.

Dice: "Cuando quieras nos vemos fuera de aquí

y así me enseñas

cómo funciona Sari".

Y ya, ¿no hay más?

No.

Bueno, muy bien, ¿y qué...?

¿Qué te preocupa?

¿Tú eso cómo lo entiendes?

Bueno, yo lo veo claro.

También te digo que no sé si soy la persona más adecuada

para dar consejos sentimentales ahora mismo,

pero, no sé, yo creo que está bastante claro

que esa mujer quiere quedar contigo cuanto antes además.

Ah, ¿sí?

Sí.

Pues yo no...

No lo entendí así.

No.

Claro.

Ella se enfadó luego porque no le contesté al mensaje.

¡Uh...!, no contestaste.

Sí, no, no...

Mal asunto.

Sí.

¿Es una amiga?

Bueno.

Más o menos, eh...

Una colega.

Hum...

Del gremio. Sí.

Y tú la conoces.

¡No!

Si la conozco, me podrías decir quién es

Te voy a guardar el secreto, Jesús.

Inés.

Inés...

La jueza. No...

Sí, Larrechea.

Oye...

Muy bien.

Qué calladito te lo tenías.

No, no, buen fichaje, bueno, muy bien.

¿Tú crees que puedo...?

Eh, bueno...

Gracias, venga. Nada, nada.

Hasta luego. Adiós.

Alba, espera.

Ángel, esto es acoso laboral, como vuelvas...

Déjame hablar contigo y te dejo en paz.

Muy bien, di lo que tengas que decir.

Sobre lo que dijiste el otro día.

Si no hubieras sido hija de Francisco,

no me hubiera acercado a ti.

Por eso me hice un perfil.

¿Por qué tanta basura? No lo sé, por poder, por ambición...

Pero he cambiado, y he cambiado gracias a ti.

Me enamoré locamente

de tus ojos,

de tu pelo,

de tu forma de ver la vida, de tu forma de ser.

Estoy cansada de mentiras.

Alba, escúchame, por favor. Suéltame.

Estoy dispuesto a devolverle el dinero a tu padre.

Dinero. Quiero demostrarte

que te quiero y que no puedo vivir sin ti.

No puedo vivir sin ti. Que me sueltes.

-Suéltala.

-No te metas en esto.

-Apártate de mi hermana.

¿Estás bien?

Sí, solo estábamos hablando.

-No vuelvas a entrometerte en mi relación con Alba.

-¿A eso lo llamas relación?

Si es verdad que la quieres, déjala, no le hagas más daño.

Por favor, déjanos en paz.

-No tienes ni idea,

pero ni idea

de lo que puedo llegar a ser capaz

Hola, Oli, ¿cómo estás?

-Bien, ¿y tú qué haces aquí?

-Vengo a trabajar.

-Pero si hoy no te toca.

-Pues no, pero he pensado que estos días tendrías mucho lío

y que podía sustituirte para que descanses un poco.

-Estoy descansada, ¿no me ves que estoy estupendamente?

-Venga, si tienes unas ojeras que te las pisas.

Esa carucha de cansada te cambia hasta el color de la piel.

-Yo me veo guapísima.

-No, si guapa estás, pero esos ojos

son la viva imagen del cansancio.

-Hija, yo no noto nada.

-No notas nada porque te ves cada día.

Claro, no lo notas, tú estás...

contigo misma.

Claro. -Ya.

Sí, no, conmigo misma estoy, estoy.

-Pues eso.

Te iría bien que te echara una mano.

Para eso están las amigas, ¿no?

-Ya, ¿y la mano que me quieres echar

no tendrá que ver con que quieres estar

merodeando por aquí para controlar a Alba, ¿no?

-(RÍE) ¿Qué dices?

No.

-No sé, que se me ocurre. -Qué va.

-No, no, verás, igual no tiene que ver, pero me ha dicho Julia

que Alba está en casa de Sofía.

-Vale, sí, es por Alba.

No me coge el móvil ni los mensajes.

No sé nada de ella y me estoy volviendo loca.

-Tampoco se ha ido a la Patagonia.

-Por favor, déjame quedarme a trabajar.

No me pagues, solo quiero estar aquí.

Por si la veo.

-Bueno, hija, si te pones así...

Yo encantada.

Tengo que ir al ayuntamiento

a arreglar un tema de salida de humos para papeleo.

-Gracias, cariño. -Hala.

Un beso. Ay, espera, el bolso.

-(SUSPIRA)

Quiero hablar contigo.

-Debe de ser muy grave para que hayas perdido tus modales.

-Es grave, sí.

-Te escucho. ¿Cuál es el problema? -Ángel.

-Ángel. -Ajá.

-¿Qué pasa con Ángel? -Quiero que se vaya del bufete.

-¿Estás de broma? -No, te lo digo muy en serio.

No me siento cómodo con él

y tengo motivos más que sobrados para que se vaya.

-¿En serio?

¿Y cuáles son los motivos? -Son profesionales y personales.

Me gustaría que valoraras su destitución.

-¿Sin ningún tipo de trámite?

-Yo lo hablo con Carlota y Jorge.

-A ver, pará, me parece que no me estoy esperando.

Vos entrás en mi despacho sin saludarme,

me pedís que eche a Ángel

y la única explicación que me das es que tenés motivos

para eso?

¿Qué pasa?

¿Se volvieron todos locos?

-Mis motivos los daré en su debido momento.

Solo te pido que lo consideres.

-Desde ya te digo que me opongo.

Si ustedes deciden destituir a Ángel sin mi permiso,

tomaré represalias.

-Te recuerdo que somos mayoría en el bufete.

Me gustaría saber qué represalias.

-Jesús, ¿por qué no te relajás un poquito?

Dale.

Ángel es un buen abogado.

Que haya tenido un problema amoroso con tu hermana no es un drama,

no justifica echarlo.

-So se justifica o no lo decidimos en la sala de juntas.

-¿Lo ves? ¿Lo ves?

¿Ves lo que te digo?

Me hablás como raro, como medias palabras

y yo tengo que aceptar así como así el despido.

No te entiendo nada. -Yo no entiendo

por qué te empeñas en defenderlo tanto.

¿Me ocultas algo? -Ay, Jesús...

¿No te dijeron que la gente que vive sospechando intenciones ocultas

es tremendamente cansadora? -En este caso muy ocultas no parecen.

-Vamos, dejá, de verdad, dejá esa actitud infantil.

No puedes vivir como si tuvieras 10 años.

Te pasás todo el día pendiente de lo que hace tu papá,

de lo que hace tu hermana....

Ya somos grandes, Jesús.

¿Por qué no vivís un poco?

Salí, no sé, conocé chicas, ponete de novio, algo, no sé.

-Victoria, hay asuntos en este bufete en los que yo no sé nada

y estoy dispuesto a enterarme de una vez te guste o no te guste.

-Ah, ¿sí? -Sí.

¿Y qué? ¿Qué se te ocurrió ahora?

¿Querés echarme a mí?

No delires, Jesús.

Haceme caso, dale, llamá a una chica,

quedá con ella, salí, viví un poco.

-En una cosa te doy la razón.

Es verdad, he vivido toda mi vida a la sombra de mi padre,

pero te aseguro que nadie me volverá a faltar al respeto nunca más.

Como puede comprobar, señoría, las fotografías de mi clienta

no se corresponden con la persona que está aquí sentada.

Le han cambiado los dientes,

la cintura, el pecho, el tono de piel, casi todo.

-Evidentemente hay un cambio en la cara y en el cuerpo.

Algo que no me hace mucha gracia.

-Mi cliente apenas se reconoce en ellas.

Cosa... que supone un atentado contra su persona.

-Señoría, la modificación de las fotografías es una práctica habitual.

No va en contra de ningún contrato firmado.

Podemos traer las copias.

-Letrado, ¿afirma que tienen derecho

a hacer lo que quieran con las fotografías?

-No exactamente.

Quiero decir que las revistas pueden modificar las fotografías

por un criterio de formato como por un criterio artístico.

-Ah, disiento, señoría.

Esto no se trata de un retoque artístico.

Se trata. de un cambio esencial

en la imagen de la entrevistada.

-Sinceramente, no veo cuál es ese cambio esencial.

-Es muy fácil, solo hay que mirar las fotos.

-Letrado, me gustaría ver las originales

para apreciar las diferencias.

-Por supuesto, señoría.

Aquí tiene. -Gracias.

A ver...

Hombre...

Hay un cambio importante, la verdad.

-Sí, me han cambiado hasta la ropa.

-Todas las fotografías de las revistas están retocadas.

-Ajá, dese luego

que se ve todos los días.

Y de eso se trata,

de cambiar esta práctica

y de que sea la última vez que a las entrevistadas

se les puede manipular a su antojo.

¿Te puedo hacer una pregunta? -Claro.

-Charly no ha recibido la invitación para tu boda

y estaba un poco rayada.

Igual ha habido algún error.

-No, no ha habido ningún error.

Charly no está invitada, claro. -¿Por?

-¿Como que por? ¿En serio?

Pues porque lleva meses criticándome, riéndose de las bodas en mi cara.

Ha llegado a decir que no vendría ni muerte.

No tiene sentido.

¿Para qué voy a invitarla si no quiere venir?

Está todo el día vacilándome. -Es su manera de relacionarse.

-Muy bien, pues que cambie, ya estoy harta.

¿Qué te pongo?

-Ah..., una tónica para llevar en vaso de plástico, porfa.

-Resaca, ¿eh?

-Bueno.

-Por cierto, ¿has visto a Alba, por casualidad?

-A Alba no.

¿La tendría que haber visto? -No, es que tengo que darle una cosa.

No tiene importancia.

Olvídalo.

-Bueno, la estrella de los tribunales, ¿cómo ha ido?

-Mal, sí, fatal.

El abogado de la otra parte no ha querido moverse.

-El Montoliú, ya te dije cómo era el pajarraco.

-Ya, pues nos ofrece una suma ridícula

porque está seguro de que no vamos a ganar

en los tribunales.

-Hombre, fácil no lo tenéis.

Por un lado no tienes ninguna cláusula

y, por otro, a esta gente le da exactamente igual

el ruido a nivel social.

Y con el tipo este no se puede negociar.

-Ya.

No sé, no sé qué vamos a hacer, de verdad.

En fin...

Maricarmen, ponme... un vino.

-No, no pidas. -¿Cómo que no?

"Oh, my God, love is in the air".

¿Sigues dando vueltas a la herencia? Ya te digo.

Al parecer, el fallecido tenía cinco hijos secretos

y el reparto es esperpéntico.

Madre mía, qué locura. Ya, ya te digo.

Dicen que la familia siempre es un mundo,

pero esta parece un circo ambulante.

Los hijos están por cuatro continentes.

-¿Jorge sabe que están aquí? -Supongo que no.

-Madre mía.

¿Qué hacemos?

-No sé, podríamos... ¿Por qué no vamos al chino a comer?

-Sí, perfecto, me parece genial.

Sí, esto, bueno, ya veremos.

-Aquí llega.

Perdonadme, tenía a un pesado al teléfono.

No había manera, lo he intentado todo.

-No te preocupes. -¿Qué tal?

-Bien, aquí, deliberando dónde comer. -Sí, no sé.

Aquí, ¿no? No, podemos ir al...

-Al chino. Si...

ya te he dicho que no comiéramos aquí.

-Tranquila, no voy a decir absolutamente nada.

Mírale, con la carita de cordero degollado.

No puedo con él. Por favor.

Estás obsesionado con este tema.

¿Yo estoy obsesionado?

Eres tú la que le ha dado importancia mirándole a él,

yo he hecho como que no le veía. -No sé.

-Me apetece. -¿Lo conoces?

Tienen una especie de durum, es una... ¿Cómo se llama?

No es durum, es como... Un momento.

¿Qué?

¿Esto qué? ¿Qué?

¿Es porque está Julia ahí?

-Ah, que está ahí, no la había visto.

Ya. -No.

A mí no me la coláis.

¿Creéis que no soy capaz de estar comiendo aquí y ella esté ahí?

Me da igual que esté con Héctor, como si está Pepita o con quien sea.

Vale, bien. No soy un crío.

No, no, si no es por eso. -Nada.

-A mí me apetecía la sidra. -Comemos aquí, ¿prefieres aquí?

Sí, es lo más cómodo. Comemos aquí.

-Perfecto.

Pues comamos. -Perdona.

¿Soy yo el obsesionado? ¿Por qué no paras de mirarle?

No le miro, está en mi campo de visión.

Te has girado para verlo.

Da igual lo que diga, vas a sacar tus conclusiones.

No.

No sé, no sé cómo tengo que decirte que me da igual todo esto.

¿Qué hago para que me creas? No parece que te dé igual.

Julia, lo que te hizo no es normal.

No puede tratar así a una empleada, y menos delante de todos.

La Julia que yo conozco se indignaría.

¿Y cómo es esa Julia?

Te enfrentaste al tío que te faltó en un supermercado.

Pero con Jorge no, con Jorge hay que entenderlo

porque el pobrecito no tiene mala intención.

Jorge ocupa una posición de poder, vamos a hablar las cosas claramente.

¿Estás segura de que no sientes nada?

Sí, estoy segura.

Y...

Voy a buscar otro trabajo.

Me doy una semana.

Adelante.

Hola. Cariño.

¿Cómo estás?

Bien, gracias.

Nos tienes muy preocupados.

Tu madre no pega ojo, está siempre pendiente del móvil.

No he venido a hablar de eso, papá.

Pues entonces pasa, siéntate.

Cuéntame.

He venido porque hay una información que quiero compartir.

Ah, una información, tú dirás.

Esta mañana he hablado con Ángel, Ay, otra vez ese.

Dice que va a devolverte el dinero de las Islas Caimán.

No es cierto, no es cierto.

Esto lo hace para acercarse a ti, ¿no te das cuenta?

¿No te das cuenta?

Por el tono parecía sincero.

Ya, y tú estás dispuesta a creerle.

Que no, que no te engañe.

No caigas en su trampa, no es verdad.

Parecía sincero.

Solo quería que lo supieras.

¿Estás enamorada de Ángel?

Estás enamorada de Ángel.

¿Querías hablar conmigo?

-Pasá y cerrá la puerta. ¡Cerrá la puerta!

-¿Qué pasa? -¿Qué pasa?

Que tu estupidez no está poniendo en peligro, al borde del desastre.

-Lo siento.

-Vino a verme Jesús.

-¿Y qué quería, hablarte de su heráldica?

-No, infeliz, vino a pedirme que te eche del bufete.

Me amenazó con investigarte. -Ya.

Ese sería el menor de mis problemas.

De hecho, sería una bendición -¿Perdiste la cabeza?

-No sabes lo que yo daría

por empezar de nuevo, sin compromisos, una nueva vida.

-¿Qué estás diciendo?

¿Querés que acabemos en un zanjón?

-Pues...

No lo sé, pero me da igual.

No aguanto más. -Tenés que aguantar.

No podemos salir, tenés que borrarte eso de la cabeza.

Adonde nos vayamos nos van a seguir.

-No lo entiendes.

Quiero quitarme este peso de encima.

Solo lo voy a conseguir si salgo de todo esto.

No puedo olvidarme de la muerte de Felipe,

no puedo olvidarme de que ocultamos...,

de que oculto un asesinato.

¿Qué les vas a decir?

¿Querés jubilarte?

"Lo siento, cometí un error, soy un hombre puro".

-No lo sé, no lo sé.

No sé qué voy a decir, quizá se te ocurre.

-No, no hay nada que pensar.

Vos ya sabes perfectamente al último que quiso salirse.

Decime una cosa,

¿vos le contaste a Alba algo de todo esto?

-No.

-¿Estás seguro? -Seguro, no le conté nada.

-Ni se te ocurra contarle nada

porque lo contará y ese es nuestro fin.

-Puedes estar tranquila, no le diré nada.

-Vale.

Bueno, Berta, ¿qué quieres hacer?

¿Aceptas la oferta de Montoliú?

-¿200 euros? Me entran ganas hasta de llorar.

De verdad.

-Sí, ya sé que es denigrante, Berta,

pero con ese contrato tienen las de ganar.

Tú has firmado una cláusula en la que se estipula

que la revista puede hacer

los retoques que quiera sin tu consentimiento.

Siempre y cuando no cambien ni alteren significativamente

ni tu cuerpo ni tu cara.

La interpretación de esa cláusula depende exclusivamente

del criterio de la jueza. -¿Has visto ese pecho?

Si eso no está alterado ya me dirás, porque mío no es.

-Sí, es verdad.

Pero se reconoce que eres tú.

Si te digo la verdad,

tienen todas las de ganar.

-Los odio, de verdad, los odio, son unos sinvergüenzas.

-Ya, Berta, pero si vamos a juicio alegarán

que tú eres cliente habitual de ese tipo de revistas.

Lo pueden comprobar viendo tu Photopic.

Se ampararán en que conocías las reglas

y te daban igual.

-De verdad, como abogada tuya, creo que...

aunque la cifra se absurda

si la aceptas, ellos...

reconocerán su culpabilidad.

-Gracias, pero no, Carlota.

No, si pierdo, quiero hacerlo con la cabeza bien alta.

No me voy a conformar.

-Deberías pensarlo mejor. ¿Estás segura?

-Nunca he estado más en mi vida.

-Pues me alegro de oír eso.

-¿De verdad?

-Sí porque si ganamos ese caso,

sentaremos precedente

y merece la pena tirarse a la piscina.

-Bueno, esperemos que la piscina esté medio llena.

-Esperemos.

De todas maneras, quiero intentar negociar una cifra mayor.

Si no la consigo,

sacaremos las uñas.

Ya lo verás.

¿Qué pasa?

-Nada, aquí haciendo fotocopias.

-¿Y bien?

-¿Qué?

-Que si has hablado con Macarena.

-Sí, y me ha dicho que no estás invitada a la boda.

-Bien, muy bien.

Bueno, tampoco es que me importe mucho, no iba a ir.

Es más, habría sido más impactante que me invitase y no fuese.

-No te pongas sádica.

-¿Te ha dicho por qué no me ha invitado?

-Porque llevas desde el primer día metiéndose con su boda

y has dicho que no ibas a ir ni de coña.

-Por supuesto que no iba a ir.

No va a ir nadie del bufete porque ella es una don nadie.

¿Qué crees que harán los jefes?

-Yo qué sé, pero los de la pradera sí van.

Tino lleva días mirando trajes.

-Macarena ha invitado a los jefes por mera formalidad.

¿Qué relación tiene ella con Carlota? Habrán hablado tres veces en su vida.

¿Quién?

Percibo cotilleo, contádmelo.

-Nada, que Macarena no ha invitado a Charly.

-Ah.

Bueno, no tienes que preocuparte, no tengo pareja.

Aunque es un poco incómodo ir a una boda a la que no te han invitado.

-Ir a una boda sin que te hayan invitado.

No suena mal. -¿Sí? Vale.

Eso sí, el estilismo lo elijo yo,

eres capaz de no ir conjuntada conmigo.

-¿Que vaya contigo? -Claro.

-Ni de coña.

Según tengo entendido, usted es el abogado de la parte demandante,

que lleva adelante una demanda por reparación de daños

contra su novia

por no haberse presentado a celebrar el matrimonio.

¿Es correcto? -Correcto.

-Usted representa a la parte demandada, que es la exnovia.

-Así es.

-Si me permite, me gustaría hacer una aclaración.

-Adelante.

-Mi cliente no pide una reparación

porque su novia no se haya presentado el día de la boda,

sino por haberlo dejado plantado, como se dice comúnmente,

sino por los gastos de la ceremonia.

-¿Exige una reparación económica, no moral, quiere decir usted?

-Eso es. -Sí.

-Piensa que debe hacerse cargo de los costes de la ceremonia

porque es una ceremonia no realizada.

-Bien, me queda claro.

Como ya saben, esto es

una comparecencia para que las partes lleguen a un acuerdo, les escucho.

-No hay mucho que escuchar.

Mi cliente no está dispuesta a pagar los gastos.

-Lo que tenga o no que escuchar ya lo decidiré yo.

-Disculpe, señoría.

-Bien, limítese a exponer sus motivos

si es tan amable.

-Gracias, señoría.

-El motivo es muy sencillo: mi clienta alega que no pagará

porque fue su expareja quien quiso organizar una boda por todo lo alto.

Ella prefería algo sencillo,

sin lujos,

pero el señor Vizcaíno se empeñó en celebrar un banquete

por todo lo alto.

-Yo le voy a confesar que esos argumentos

me dejan absolutamente perplejo.

O sea, usted está diciendo que el novio organizó todo,

la boda, el banquete, la fiesta, sin el consentimiento de la novia.

-No, evidentemente no digo eso.

-Es lo que se deduce.

-Puedes deducir, pero no digo eso.

-Señoría, ¿usted alguna vez ha conocido

a una persona que se haya casado con ella misma?

-En los tribunales, letrado, he visto muchas cosas,

pero eso no viene al caso. Prosiga.

-Yo también celebro la capacidad humorística de mi colega,

pero mi argumento es muy sencillo de entender.

El señor Vizcaíno se metió en unos gastos

con los que mi cliente no estuvo de acuerdo,

llegando al extremo de discutir por incluir ostras chilenas.

Por eso no quiere pagar.

-Yo desconozco si el banquete incluyó ostras chilenas o lo que fuera,

sí sabemos que no incluyó a la novia.

Ya es insólito que mi cliente,

además de haber sido plantado en el altar,

haya tenido que cargar con los gastos de una fiesta

él únicamente, solito.

-A ver, mi cliente estaría dispuesta a pagar la mitad

de lo que iba a costar la ceremonia

para 40 invitados.

No cree que tenga que hacerse responsable

de que el señor Vizcaíno tirase la casa por la ventana.

-Vale, entonces, para que a mí me quede claro,

su cliente solo paga la parte de 20 invitados

y mi cliente tiene que asumir el coste de 104.

-Bueno, también estaría dispuesta a pagar

la banda de música.

Jorge, he estado buscando información

sobre el libro de los ungüentos

y no es conocido.

Las copias cuestan un ojo de la cara.

Podríamos encontrarlas en internet, pero son caras.

Ya.

En la biblioteca aseguran que no han tocado el libro,

que lo dejaron en el depósito

y ahí ha estado hasta que lo ha reclamado.

Ni siquiera lo han documentado.

Ya.

¿En todos estos años no han abierto el libro?

Ajá, eso dicen.

¿Tú sabías que los ungüentos estos se utilizaban hace siglos para...,

para filtrar el amor.

¿Te has leído el libro?

No, no me he leído el libro.

Pero Cervantes en "El Quijote" ya hablaba de estos ungüentos.

Ah.

Esto lo sé porque en el instituto estudiamos "El Quijote"

y tuvimos que hacer un trabajo.

Lo repetí muchas veces.

Qué memoria, yo ni me acuerdo.

En el bufete, si no recuerdo más,

llevamos un caso sobre una pitonisa que vendía ungüentos, ¿no?

Sí, lo llevó Berta.

El abogado de la pitonisa era Rodrigo.

Él le compró un ungüento de estos, un elixir...

¿Cómo era? Amarramujeres.

Amarra.

Rodri lo que sea con tal de conseguir una tía.

Es capaz hasta de bañarse en clara de huevo.

¿Tú crees que...?

Nada, nada.

¿Qué?

Me ibas a preguntar si creo en las pociones estas para el amor.

Pues no, no creo.

Es más, me parece que si hay una poción mágica es el amor.

Sí.

Bueno...

¿Algo más sobre el caso?

Sí, sí, han...

Han mandado los de la biblioteca también una copia del registro.

A modo de prueba,

como para demostrar que no han tocado el libro.

Parece auténtica, sí.

Sí, la fecha de entrada, la de salida.

La hora, no sé, está todo.

Pues, nada, dejo que acabes de trabajar.

Vale.

¿Vas para el bufete? Te acerco en un momento.

-No.

No, gracias, voy a quedarme a hablar con la jueza.

-Jesús, la reunión ha terminado.

-No pienses mal, Rodrigo, que no es..., no es para hablar del caso.

Es un tema personal.

Bueno.

-Vale, no, no, claro, si es personal...

-Hasta luego.

Hola.

-Ya nos hemos saludado, creo.

-Sí, sí, sí, es verdad.

Quería contar...

Bueno, explicarte una...

Una cosa.

-Claro.

Dime.

-Cuando recibí tu mensaje

y...

Bueno, que no lo entendí.

-Ah, ¿no? -No.

-Vaya, creí que estaba escrito en castellano.

-No, no es eso, eso no...

Es que soy muy malo para estas cosas, ¿sabes?

No...

-¿Sí?

-Pero después de cotejarlo con varios compañeros...

-No, espera, ¿has cotejado el mensaje con amigos?

-Íntimos.

-Muy íntimos, ¿verdad? -Sí.

-Bien, ¿y entonces...?

-Me he dado cuenta...

-Sí.

de que tenías motivos

para molestarte.

-Bien.

Y como no quiero que pienses

que quería ofenderte,

quiero...

-¿Qué?

-Invitarte a cenar.

-Qué lástima.

Me encanta el detalle.

Pero no creo que pueda ser, ahora soy la jueza de tu caso.

Chocaría con la ética que alguien nos viera cenando.

¿No te parece?

Lo siento.

-Mi caso es...

tu caso, claro, es el mismo.

-Sí, el señor Vizcaíno. -Vizcaíno.

-Eso... no lo había pensado, la verdad.

-Ya ves, una pena. -Perdóname.

-No, no, está bien.

Me voy.

-Otra vez será.

-¿Cierro¿ -Por favor.

(Llaman a la puerta)

Un momento.

Adelante.

Mi abogado favorito, ¿a qué se debe esta visita?

-¿Nos dejamos de ironías?

-He comprobado que has ingresado mi dinero,

hasta el último céntimo.

-Era lo que querías, ¿no? Ahí lo tienes.

-Muchas gracias.

Aunque no sé si dártelas por devolverme algo que es mío.

Tengo una duda, ¿cómo has conseguido traerlo aquí?

-Eso no importa.

No he venido a dar explicaciones.

He venido a poner punto y final entre nosotros.

He saldado mi deuda.

Se acabo para siempre. -Espera.

-¿Qué quieres?

-No tan rápido, no tan rápido.

Todavía me debes una cosa.

-¿Qué?

-Mi hija.

Si dices que has venido aquí

a saldar tu deuda,

te digo que la dejes en paz, que no intentes recuperarla.

Yo ya no estoy en la cárcel,

haré lo que esté en mi mano para que no acabe con un tipo como tú.

-No eres quién para dar lecciones de moralidad,

los dos ocultamos secretos.

¿O has contado a Alba y a Jesús la verdad sobre la muerte de Felipe?

-Baja la voz. -¿Por qué?

¿Temes que sepan que fue asesinado? Quizá no le siente bien a Jorge.

-Te he dicho que bajes la voz. -¿O qué?

¿Me vas a enviar a la cama sin cena?

Ya no soy el chico de tus recados.

No puedes enviarme a nada que yo no quiera

porque estás acabado,

terminado.

Y una cosa más

sobre Alba,

pienso recuperarla.

-Te juro que te mato.

-No, no lo creo.

Eres demasiado blando.

Eres el tipo de persona que chupa los zapatos a los poderosos.

-Eso es lo que piensas.

Ni siquiera tengo que mancharme las manos

para acabar con una basura como tú.

-En otro momento me hubieras acojonado,

pero solo eres un pobre diablo atado a sus secretos.

-No, no, nuestros secretos.

Si yo vuelvo a la cárcel,

tú ocuparás la celda de la lado.

Y la cárcel, piénsalo,

no es lo peor que nos puede pasar.

-¿Algo más?

Eres un don nadie.

Y estás solo.

Tampoco creo que esté toda la plantilla

hablando, no somos tan importantes.

Volvemos luego.

A lo mejor un poco sí.

Mi cliente es muy importante en las redes sociales.

-Lidiamos a diario con cosas mucho más terribles

que la pataleta de una abogada bloguera.

Debería estar agradecida.

-¿Agradecida por qué? -Por aparecer en la revista.

Te obligan a instalar una salida de humos

en la cubierta de tu negocio

o se te retira la licencia.

-¿Me lo cierran?

¿Qué haces aquí?

Ya sé que no tenía que haber venido. ¿Por qué estás aquí?

Necesitaba hablar contigo.

Que haya venido aquí, que se presente así,

eso mismo ya me pone nerviosa.

Solo piensa en él, en lo que él necesita y en nada más.

Aquí podemos ver que es claramente el señor Vizcaíno

en actitud cariñosa con una mujer que...

no es su prometida.

Está claro que mi colega no sabe por dónde salir.

Le pilla desprevenido.

-Me he tenido que enterar por fotos,

¿sabe la cara de tonto que se me ha quedado?

-Estamos mal, ¿no? -Fatal.

Sé que para ti es complicado, es violento, y lo entiendo.

Para mí es complicado, por eso quería acabar con todo esto.

He pensado en una solución para el problema.

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Derecho a soñar - Capítulo 117

26 jun 2019

Sorpresa. Sofía sale feliz del bufete y afuera está esperándola Jose, que según dice ha vuelto renovado y con pasta, un hombre nuevo. Lo inesperado de este regreso deja a Sofía en estado de shock. Jesús, que lleva el caso de un hombre plantado en el altar, consulta con Jorge los mensajes de la Jueza Larrechea y coge impulso para invitarla a cenar, pero la jueza le da una lección de cortejo amoroso. Ángel quema las naves con Alba y suelta la segunda bomba del día: está dispuesto a devolverle a Francisco todo el dinero de las Islas Caimán. Jesús no sólo interviene en defensa de su hermana sino que exige a Victoria que despidan a Ángel. Victoria entra en pánico, aterrada por la posibilidad de que los maten a ambos. La tensión entre Jorge y Julia aumenta cada día al extremo de que Julia se plantea seriamente dejar el bufete. Berta se indigna al enterarse de que le ofrecen 200 euros en compensación por el retoque de sus fotos; irán a juicio. Macarena se mantiene inflexible en la negativa de invitar a Charly a su boda y Daniel hace de las suyas. Ángel le anuncia a Francisco su decisión de abandonar la mafia y de luchar por el amor de Alba. Francisco intenta disuadirlo con amenazas, pero Ángel lo pone en su sitio: está acabado, terminado, se ha quedado solo con sus secretos.

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