Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 115 - ver ahora
Transcripción completa

¡Basta ya de hablar de dinero!

¡Soy tu padre! Pues por eso.

Ahora debemos empezar de cero

porque sin confianza, no hay nada entre nosotros. Nada.

Los cotilleos van en aumento.

No sé, las consecuencias serán graves para mí al final.

Jorge, no entiendo quién empezó todo esto.

No lo entiendo. Rodrigo.

¿Cómo?

Mi mejor amigo que está mal, porque está mal,

está convencido de que ando calumniándolo.

De verdad, es que no he dicho nada.

-No me aburras, Rodrigo.

Héctor, escúchame una cosa,

no me tienes que robar nada

porque no me pertenece nadie. ¿Te queda claro?

Vale, que es una forma de hablar.

Ya sé que no te pertenece ella.

Pues ya está. ¿Nos vamos?

Claro.

Julia y yo no vamos a estar juntos,

no estamos predestinados y punto.

¿Ahora crees eso?

No creo en nada.

Pero sí sé que estoy cansado

de hacer daño a la gente.

Ángel me ha estado chantajeando.

-Pero ¿cómo?

-Dependo económicamente de él,

totalmente.

Me pasa las mensualidades para ti y para la niña

y poco más.

Por eso te pedí que vendieras las naves

para pagar la fianza,

porque no tengo un duro.

¿Sabías que era la hija de Francisco

cuando empezamos a salir?

No lo sabía.

No te creo.

Ya no te quiero.

Alba.

Prométeme que vas a luchar

para salir de esta con más fuerza.

Que nunca se diga

que la madre fue más valiente que la hija.

Vía libre, corre. -Que estoy medio desnudo.

-Qué bruto eres hijo, de verdad.

-¿Sabes a qué me recuerda esto?

A cuando éramos adolescentes.

Aquí no viven tus padres, ¿no?

-Lárgate de una puñetera vez

que no quiero que Julia te vea.

-¿Por qué no? -Porque no.

-Las amigas os lo contáis todo. -Pero hemos discutido

y no quiero que vea que he metido a alguien en casa.

Y mucho menos a ti. -Oye, vuelve aquí.

¿Por qué discutisteis? A mí me lo puedes contar.

-Movidas caseras...

¡Lárgate, corre!

Oli.

¿Estás bien?

¿Qué haces abriendo la puerta en camisón?

Pues que estaban llamando

y era el hombre del gas.

Neurótico perdido.

Ya, el del gas.

No entiendo que en pleno siglo XXI aún entren en las casas

para ver el gas.

Una cosa rarísima.

O sea, que en el siglo XXI

hagamos videoconferencias a Australia y a África

y que el señor del gas entre en las casas

a leer el contador, una cosa... (RÍE)

(Golpes)

¿Están llamando?

Sí, están llamando.

Oli, ya abro yo. ¡Eh!

¿Tú has desayunado?

Últimamente estás flaquísima.

Y vete a por el agua que se va a evaporar,

que lleva ya un rato...

¿Cartero comercial?

¿Cómo que cartero comercial?

¿Cómo tiene las narices de venir a mi puerta

a llamar para ofrecerme...?

-Oye, que me invites a un café. Y saludo a Julia.

-¡No necesito ninguna oferta de cafetera!

Y hágame el favor de no llamar más a esta puerta.

¡Por favor ya, hombre!

Ya he puesto agua a hervir porque tú no habías puesto nada.

¿Quién era?

¿Que quién era quién?

Que quién era la persona que llamaba a la puerta.

¿Qué tal con Héctor?

Con Héctor bien.

Bueno, no empezamos muy bien por culpa de Jorge.

¿No me digas que fuisteis los tres a cenar?

No, Oli, no nos fuimos los tres a cenar evidentemente.

Pero Héctor vino a buscarme al bufete,

se cruzó con Jorge y se puso borde con él.

Yo por suerte no lo vi.

Pero que la noche acabó bien.

Fuimos al karaoke y sí, lo pasamos muy bien.

Tenías que haber visto a Héctor cantando por Camilo Sexto.

¡Karaoke! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes?

Claro, un karaoke.

Cariño, es que eres brillante, de verdad.

¡Ay, Oli!

Come en un poco que estás muy en los huesos, ¿eh?

Karaoke... ¿Seguro que estás bien?

¡Cómo no se me había ocurrido antes!

(Sintonía "Derecho a soñar")

Pasa, pasa.

Tú ahora me vas a oír.

-Sí, claro que sí.

Pero me gustaría hablar con Alba.

-Lo que le has hecho a mi hija no tiene perdón.

Se te debería caer la cara de vergüenza.

-Todo tiene una explicación.

-No tienes por qué escuchar si no quieres, hija.

Tranquila, no serán más de cinco minutos.

¿Estás segura?

Muy bien.

¿Nos puedes dejar a solas, mamá, por favor?

Ah, claro.

Si me necesitas, estoy en mi cuarto.

Ayer no supe explicarme.

Pero todo tiene un porqué.

Ya.

Seguro.

Que podía haber hecho las cosas mejor,

claro que sí.

Pero tenía miedo de perderte.

¿Y a qué esperabas?

¿Eh?

¿A tener una hipoteca?

¿A que fuera la madre de tus hijos? ¿A qué esperabas?

No esperaba nada.

No había ninguna estrategia

porque no había nada premeditado.

Nada de todo esto tiene que ver con nosotros.

Has mentido, robado

y chantajeado a mi padre, Ángel.

¿Cómo has podido hacer algo así?

No te conozco.

Ni tu padre

ni tu hermano ni yo somos unos santos.

Y es cierto que te hemos escondido cosas,

pero también lo ha hecho tu madre.

De alguna manera lo hicimos para protegerte.

¿Crees que eso me hace sentir mejor?

¿No me merezco que me cuenten la verdad?

Te mereces lo mejor...

porque eres maravillosa.

Solo te pido por favor que no dejes

que mis errores acaben con lo nuestro.

Tú y yo hemos sido felices, ¿no?

Podemos seguir siéndolo.

Y entiendo que estés enfadada,

tienes tus razones.

Pero tienes que comprender que todos tenemos bajezas.

Incluso tu hermano tiene bajezas.

Él sabía que Leiva era inocente y no dijo nada.

Y no lo hizo por miedo.

Y yo tampoco lo hice.

Por miedo.

Yo no busco un santo, Ángel.

Solo quiero poder confiar en la persona a la que quiero.

Pues confía en mí.

Confía en mí, empecemos de cero.

Sin mentiras, con las cartas sobre la mesa.

Enséñame a ser mejor persona.

No.

No puedo estar con alguien como tú.

No quiero.

Alba, por favor, no me dejes.

Necesito tiempo para estar sola y pensar.

Yo sé que en el fondo

tienes un sitio en tu corazón para mí.

Mi corazón ahora está roto en mil pedazos.

Lo único que te pido es que me dejes abrazarte.

Alba.

Traigo unas flores para usted.

Muchas gracias. Ay, por favor,

nunca había tenido tantas flores en mi vida.

No sé dónde las pondré. Pasa.

¡Ay!

A ver si voy a tener algo para ponerlas.

Tengo cinco minutitos antes de ir a la oficina.

Te espero mientras las pones en agua y te acompaño.

Vale, sí, estaría muy bien.

Es una buena manera de empezar el día.

Quiero aprovechar cada minuto contigo.

Aunque hoy tengo el día muy ocupado,

pero podemos vernos esta noche. Ah, bueno.

¿Esta noche sabes qué pasa?

Que quería hablar con Cris sobre el tema de la comunión.

Vale, no pasa nada.

Cuando una cosa no puede ir más allá,

está bien cortarla a tiempo, ¿no?

Sí, a veces se le puede dar la vuelta

para encontrar una solución intermedia.

Ah, sí, estaría bien. Pero no te preocupes,

Cris es muy comprensiva.

Sí. Seguro que todo irá bien.

Además, cuando hay amor,

todo se puede.

Ya.

Bueno, a mí me gustaría poder dárselo todo,

pero no puede ser. Si se lo das todo,

igual la conviertes en un monstruo.

¡Más monstruo de lo que es! ¡No!

Me gusta verte así. ¿Así cómo?

Así, segura.

Bueno, no es que esté tan segura.

También me gusta verte insegura.

¿Ah, sí? ¿También te gusta? Vale.

Pues si te gusto insegura,

prepárate porque...

Estoy preparado.

No te quiero dejar escapar.

Daría lo que fuera por borrar

todo lo que he hecho mal.

Yo creo que harías lo que fuera por dinero.

Igual que mi padre.

¿Qué hace aquí este indeseable?

Estábamos hablando, pero ya se va.

Lo de indeseable también lo dirás por ti, ¿no?

Porque todo esto empezó por tu culpa.

Nada de esto hubiera pasado

si no hubiera limpiado tus pufos.

Basta.

Mi hija ya sabe cómo eres.

Sabe el tipo de rata que eres

y ya no quiere saber nada más de ti.

-Qué buen padre.

Qué tierno.

Ahora es el momento en que te sientas con ella

y le cuentas cómo te hiciste rico con dinero sucio.

Y otra cosa,

¿no fuiste tú quien renegó de ella durante más de 20 años?

-No eres quien para opinar sobre mi relación con mi hija.

-Si soy tan peligroso,

¿por qué no le advertiste antes?

No lo hiciste para salvar tu trasero.

-No consiento que vengas a mi casa

a insultar a mi familia. Fuera.

Vete, Ángel. Alba, ni tu hermano ni tu padre

son tan diferentes a mí.

Te juro que yo no empecé todo esto.

Te lo juro.

No te metas con mi hermano.

Si no fuese por él, yo aún seguiría engañada.

Mi hija ya he escuchado suficiente.

Ya sabes dónde está la puerta. -Fuera de mi casa.

-Mi casa, Francisco, no lo olvides.

-Sé lo que pretendes,

pero no conseguirás poner a mi familia en mi contra.

-La has puesto en tu contra tú solito.

Tú con la ayuda de Jesús,

al que no sabes controlar.

-Sal de mi casa ahora mismo

o llamo a la Policía.

Fuera.

-Cariño, es importante que entiendas

que nadie juega limpio.

Y que el único que te quiere de verdad soy yo.

Lo que he entendido hoy

no necesita más explicaciones.

No quiero volver a verte nunca más.

Vete.

Voy a buscar un poco de agua.

Ya está.

(Puerta)

Este... aquí.

(MURMURA)

-Hola.

Ay, Olivia. -¡Qué bien, funciona!

¿Qué has hecho? -No he hecho nada.

-Llevo toda la mañana loca con todo este cableado, hija.

-¿Y todo esto para qué es?

-Para que cantéis lo que os apetezca.

-¿Tú también estás

con la tontería esa de la ludificación?

-¿La qué?

¿Qué es esto? No, yo estoy haciendo un karaoke.

Un karaoke de toda la vida.

Es que me apetece hacer algo divertido para los clientes.

Y para mí misma también, que me lo merezco tanto...

-¿De momento te puedo pedir un café

sin tener que cantar ni hacer el pavo?

-¡Café solo!

-Ay, Olivia.

¿Sabes quién te puede ayudar con lo del sonido?

Charly. Ahora se lo digo.

Ay, quiero un café solo. -No sé yo.

Creo que voy a tirar la toalla

porque si no fluyen las cosas, no fluyen.

-Que no, Olivia.

Romper con la rutina nunca viene mal.

Además, esto solo te lo digo a ti,

pero en el fondo Daniel tiene toda la razón.

Incentivar y sorprender

a la gente está muy bien.

Y hacer eso con los empleados

puede ser un acierto.

Si quieres, te traigo a todo el mundo de la oficina.

-¿Sí? -Claro.

-La verdad es que iba a tirar la toalla.

Es que he tenido una noche, vamos, que no he pegado ojo.

-¿Qué pasa, tienes insomnio?

-No, no.

Lo que pasa es que me ha entrado un ataque cinéfilo que no sé.

Ponía una película, se acababa y ponía otra.

Y así sucesivamente.

-Tampoco habrás visto tantas. ¿Cuáles viste?

-Eh... Esas de la montaña, que hay muchas...

No sé, los títulos eran en inglés y no me acuerdo.

Entonces te gusta el karaoke. Pues no te pega mucho.

-Bueno, me gusta...

Me parece un poco ridículo en realidad.

Solo he ido una vez. -¿Ah, sí?

¿Y te gustó?

-Bueno, que si me gustó,

casi me tienen que echar de la sala.

No había manera de que dejara el micro.

Se montó hasta un club de fanes improvisado.

Me volví loca, Olivia, loca.

Por eso no he vuelto a ir.

-¿Y cómo es eso?

Explícamelo porque no lo entiendo.

Si te lo pasas a lo grande, no repites.

-Sí, bueno, me controlo todo el rato.

Es una cosa que tengo yo.

Y me censuro.

-O sea, muerte ya a los códigos de conducta.

¿Sabes qué te digo?

-No sé si será demasiado tarde.

-Que me has convencido,

que vamos a montar esta noche el karaoke

y lo vamos a petar.

¿Vale?

Palo santo para limpiar el aura.

Fuera etiquetas y fuera limitaciones.

Conecta con tu deseo, Carlota.

-No me hagas cosas de esas que no me gustan nada.

-Y una cosa,

¿eres más de Julio Iglesias o de Raphael?

-Pues mira, querida,

yo soy más de los Ramones.

-Eso es, punkarra.

-¿Me vas a poner un café o no?

-Sí.

O sea, que Victoria te ha perdonado la vida.

-Si obligarme a llevar esto es perdonarme la vida,

sí, lo ha hecho con creces. -Tampoco es para tanto.

Me ha quedado bien, ¿no?

Lo único que falla es el tamaño, debí hacerlo más grande.

-Ah, que lo has hecho tú. -Órdenes de Victoria.

A mí no me van esos jueguecitos.

-No sé de qué me sorprendo,

debí imaginármelo.

-Lo que debiste imaginar es que estamos

en un bufete de abogados, no en una despedida de solteros.

-El día que entendáis la importancia de la ludificación,

ya vendréis. Al tiempo.

-¿Habéis visto esto?

-Yo es que soy más de "Hackers de hoy".

-Sabéis quién es, ¿no?

-Eso es el despacho de Carlota.

¿Esa es Berta? -Sí.

-La han puesto súper morena y le han hinchado todo.

-Qué horror, qué gentuza.

-No sé qué Photoshop necesita Berta.

No le va a gustar ni a Alba y ella es fan.

-Hablando de la hija del jefe,

¿no tendría que estar ya aquí?

-Daniel, eso que insinúas es muy feo.

Llamó y me dijo que hoy no viene porque se encuentra mal.

-Ah, bueno, tranquila. No lo sabía.

Pero no me negaréis que está rara últimamente.

-Daniel, ¿por qué no te aplicas lo de chapita?

(RÍEN CON BURLA)

En serio.

Hola. Hola.

¿Qué tal? Bien.

¿No vas a la oficina?

Ah, vengo de allí.

Es que he quedado con Martín hace media hora,

no llega y me tengo que ir al juzgado,

no puedo esperar más.

¿Y no le has llamado?

No tiene teléfono,

o sea, se lo han cortado. Ah, sí, claro.

Menudo desastre.

Oye, si va al bufete... ¿Vas al bufete?

Sí. Si llega al bufete,

necesito que cojas a Martín y lo metas en un taxi,

pero que lo metas tú.

Que se meta en el taxi, que vaya al juzgado...

Que sí. Y que llegue a tiempo, por favor.

Es que no sé. Quizá se ha dormido, no sé.

Lo que me faltaba como se haya dormido.

Yo me encargo. Vale.

Ahora nos vemos.

Oye, Julia...

¿Qué?

No, no, nada. Nada.

¿Todo bien?

Sí, todo bien.

Bueno... Es que como llego tarde

y no está Martín, estoy...

¿Tú bien?

Sí, sí, bien.

¿Seguro? Claro.

Eso es lo importante, estar bien

y ser feliz.

¿No? Sí.

Bueno,

es que llego tarde. Vale,

ahora nos vemos. Vale.

Martín,

le estábamos esperando.

Jorge ya se ha ido a los juzgados.

Vaya, qué disperso estoy.

Pensaba que quedamos aquí para ir juntos.

Sí, habíais quedado aquí,

pero hace media hora.

Ah, qué despiste.

No se preocupe, le pediré un taxi.

Macarena, ¿puedes llamar con nuestro número de abonado

y pedir un taxi para los juzgados?

Enseguida. Gracias.

No permitiré que me paguen el taxi.

Llame y diga que lo pagaré yo en metálico.

No, Martín.

Además, solo sigo instrucciones

y si no las acepta, me pondrá en un compromiso.

Ah, pues antes de ponerla en un compromiso, acepto.

Bajo ya.

Pues mucha suerte. ¿Suerte?

La tengo de mi lado.

Haga lo que haga, saldré ganando.

Ah, ¿y eso? Bueno,

si gano porque gano

y si pierdo porque tendré que abrir una cuenta en el banco

y ya no perderé la casa. Pues muy bien.

No hay mal que por bien no venga.

¿Quiere que le diga algo a Jorge de su parte?

¿A Jorge?

Eh...

Algo... Sí, algo.

Hacen una pareja estupenda.

Pareja.

Eh... equipo.

Me refiero a que hacen una buena pareja de equipo,

de trabajo en equipo.

Se les nota que trabajan a gusto.

Gracias.

Pues nada, que vaya muy bien.

Vale, hasta luego. Nos vemos pronto.

¿Qué pone en el titular? -"Influencer de ley".

(RÍEN)

-Vaya,

veo que aquí tampoco me salvo de los comentarios.

-Lo que han hecho con tus fotos es vergonzoso.

Yo los empapelaba y los sentaba en el banquillo.

-No puedo, firmé un contrato. Así de estúpida soy.

-Si te han engañado no eres estúpida.

Quizá ellos deberían revisar sus principios.

-Pero lo peor no son ellos.

-No me digas, ya han empezado las represalias en Internet.

-Desde hace horas.

-Esto que te voy a decir te va a dar rabia,

pero exponer tu vida en las redes sociales

para buscar fama tiene su precio.

-Tía, Charly.

"Pero ¿quién se cree esto?

Ni una arruga en la cara".

"¡Menudos flotadores!

¡Más que abogada parece vigilante de la playa!".

"Sin sus patas de gallo..." -No tengo patas de gallo.

-Está bien.

-Daniel, ya está, no necesitamos más detalles.

-A ver, las fotos que subís la mayoría de las "influencers"

lo que hacen es cosificar a la mujer.

Por eso la gente cree que tiene derecho

a opinar lo que quiere.

Para ellos solo eres una imagen.

-Que también te digo, visto lo felices y perfectas

que son las "influencers" en sus publicaciones,

no me extraña que le metan caña.

-Solo hay que subir una foto sonriendo

para alimentar la fantasía de que tu día

ha sido redondo y cuqui. -Sí.

-Pero ¿os estáis oyendo?

Sois igual que la gente de Internet.

No sé quién os creéis para juzgar a Berta.

Lo que haga o deje de hacer en su Fotopic es problema suyo.

-No hablamos necesariamente de Berta. -No, de las "influencers".

-Déjalo, Caro. -No, déjalo no.

Tío, de ti me lo esperaba, pero de Charly no.

-No hace falta que me defiendas.

Aunque me duela mucho admitirlo,

lo que dice Charly es cierto.

Cuando acepté hacerme este reportaje de fotos, sí,

pensé en todos los líderes que tendría después de ello.

Así de patética soy.

-Lo siento, Berta, lo he dicho sin pensar.

-Anda, si sabe pedir perdón. -Al contrario que tú.

-¿Qué está pasando ahora?

Para que después digan de los funcionarios.

Vos acuérdate que tienes prohibido dar la chapa.

-Aún castigándome. -¿Y ustedes qué hacen?

¿No van a trabajar?

Que no voy a levantar yo sola esta empresa.

Toma, hazme fotocopias.

-¿Yo? -Sí, vos.

-Yo es que no hago fotocopias. -Bueno, a partir de ahora

sí haces fotocopias.

¡A trabajar!

-Gracias.

Este tribunal considera

que no se ha acreditado

ninguna circunstancia especial

por la que el señor Martín Lago,

en plenas facultades físicas y mentales,

deba cobrar, como pretende,

su pensión por ventanilla.

Queda aprobado que existen entidades financieras

que no cobran por ese servicio,

por lo que tampoco sería válido el argumento

de un coste hipotético.

En virtud del capítulo cinco y del título tercero

de la Ley General de la Seguridad Social,

donde se regula el régimen financiero

y gestión de las prestaciones,

se deriva que el pago de la prestación

será efectuado por la entidad gestora

en los supuestos y en las condiciones

que reglamentariamente se determinen.

El demandante queda instado por ley

a proporcionar una cuenta corriente

en la que le será ingresada su prestación

regularizando los atrasos

que se hayan podido originar

con motivo de la ausencia de la misma.

Se levanta la sesión.

Hola.

Berta, ¿estás bien?

Estoy un poco de bajón.

¿Un poco? Sí.

Parece que se te haya abierto el bote de rímel en la cara.

Ya.

Jolines, ¿cómo voy a salir ahora con esta cara?

Es por lo de la publicación de las fotos, ¿no?

Sí.

¿Cómo no me di cuenta?

¿Cómo pude ser tan estúpida?

Ay, ven aquí.

Pues es normal,

es una revista que lleva muchos años en el mercado,

está en todos los quioscos y, mira, una se fía.

Ya, pero ahora me da miedo hasta salir a la calle

por si me reconocen. Aunque con esta cara...

A ver, que no todos son comentarios negativos.

Hay mucha gente que te anima,

que es positiva contigo.

Y mucha gente dice que vayas a juicio,

que no lo dejes así. Ya, lo sé.

Pero me parece un poco excesivo.

Bueno, eso como tú veas.

Berta, una cosa,

los comentarios y las fotos ya se han publicado

y contra eso no puedes hacer nada.

Lo que tienes que hacer ahora es ser muy fuerte

e intentar ponerte por encima de la situación.

Pero es que no puedo ni trabajar.

Carlota me mandó que redactara un convenio para no sé qué

y es que no puedo,

tengo todos los comentarios horribles en mi cabeza.

Es normal, te entiendo.

Ya, claro. ¿Tú cómo estás con el tema de los rumores?

Bueno, sin novedades.

No oigo nada, lógicamente,

pero no creo que hayan acabado. Ya.

Venga, mucho ánimo. Gracias.

Ya está, ya verás que pasa rápido.

No te vas a rendir fácilmente.

Se aprende más de una derrota

que de una victoria.

La sentencia que se ha dictado

avala el poder omnipresente que tiene la banca.

Pero ahora la tengo por escrito

y dictada por el mismísimo juez,

esto sí que tiene un valor.

Lo quieres llevar al Parlamento, ¿verdad?

¿Tú qué crees?

Pues que sí.

Mientras tanto, estaré encantado

de aportar mi granito de arena.

Ya sabes, cualquier cosa que necesites,

llámame. Por supuesto.

Un placer.

Quiero que sepas que si en alguna medida

he perjudicado al bufete,

asumo cualquier tipo de responsabilidad.

-Berta, ¿sabes lo único que me alegra de todo esto?

Que te hayas dado cuenta de lo que pasa

cuando una mujer guapa e inteligente como tú

se pone a mezclar conceptos y a frivolizar.

-Yo no quería frivolizar, todo lo contrario.

Quería demostrar que la inteligencia y la profesionalidad

no están reñidas con la moda.

-¿De verdad piensas que la preocupación

de unas abogadas como nosotras pasa por saber

combinar la ropa, los complementos y todo eso?

-No.

Pero pensé que con este reportaje

podría animar a alguna chica a estudiar derecho

u otra carrera.

-Bueno, pues pensaste mal.

-Lo siento.

-¿Sabes la de tinta que gastan los medios de comunicación

en criticar la ropa que llevan nuestras políticas?

¿Hacen eso acaso con los hombres? No.

-Me parece un insulto. -Y lo es.

Claro que lo es.

Y deberías haberlo sabido.

Pero bueno, ya lo has asumido, para eso ha valido.

De todas maneras tampoco pasa nada.

No te preocupes, es un error de principiante.

¿Has traído el archivo del divorcio que te pedí?

-Sí, te lo envié por email.

-Bueno, gracias. -¿Necesitas algo más?

-No. Por favor, tira esto a la basura

y ya está todo. -Vale.

-Gracias.

-Debería denunciarlos.

-Bueno, eso depende de lo que firmaras

antes de hacer el reportaje.

¿Lo leíste detalladamente?

-No.

-Otro error de principiante.

¡Por tu culpa estamos de mierda hasta arriba!

No sé si lo has hecho por Alba o por tu padre,

pero nos has hundido a todos. -La verdad duele una vez,

la mentira siempre. -¿Has visto cómo está Alba?

¿Crees que le ha servido de algo?

-Solo he sido sincero con ella.

Algo que pudiste hacer tú si tanto te importa.

-¡No hay nada que me importe más que Alba!

Teníamos planes y tú los has arruinado todos.

-Me limité a decirle la verdad,

no puedo responder por vuestra relación.

Eso es cosa vuestra. -Si es cosa nuestra,

¿para qué coño te metes?

-Para protegerla.

Está claro que no eres una persona de fiar.

-¿Y tú sí?

Jesús, no vayas de santo

porque eres el digno hijo de tu padre.

Y no sé quién es peor.

Tu padre al menos se mueve por dinero,

pero tú no tienes ni idea de por qué lo haces.

Vas dando bandazos de un lado a otro

mientras todos se aprovechan de ti.

Eres un pelele.

-Si quieres seguir insultándome porque te sientes mejor, adelante.

Creo que lo que deberías hacer

es estar pensando en cómo y en qué vas a hacer

para salir limpio de este lío

en el que estás metido.

-¿Crees que tengo miedo,

hijo de papá?

Dios sabe dónde estarías si tu padre

no te hubiera metido aquí con calzador.

Que ni puedes hablar ante un juez porque te tiembla la voz.

Eres patético.

Dime al menos que solucionarás esto como un hombre

y que no vas a ir a papá

a pedirle ayuda.

-Esto no se soluciona dando golpes

y tú lo sabes.

Ojalá fuera tan fácil.

-Ya no estamos en el colegio.

No te voy a pegar,

aunque no me faltan ganas.

Pero ya has demostrado lo que vales.

-Yo a ti, Ángel, no te tengo que demostrar nada.

Así que, por favor,

vete de mi despacho.

Tengo cosas más interesantes que hacer

que seguir escuchándote.

-Tu despacho.

¿No pensaba que fueses así?

Pero ya está.

Tu padre se ha hundido y tú has salido a flote

y ahora vas a por mí.

Quieres ser el hombre que nunca has sido.

Eres lamentable.

-Ángel, basta.

Por favor.

-Al menos dame la razón cuando te digo que eres un cobarde

porque tu hermana está sufriendo por tu culpa.

-Podrías haber exhibido toda esta valentía

para decirle la verdad, ¿no?

-¿Está todo bien?

(SUSURRA) -Te vas a arrepentir.

Sí, está todo bien.

-Todo bien, Carlota, no te preocupes.

-¿Me puedes explicar qué está pasando aquí?

-No pasa nada, asuntos personales.

Si no te importa,

me gustaría seguir avanzando con mi trabajo.

-Y a mí.

Pero me parece que me merezco una explicación.

-Tienes toda la razón del mundo.

Pero tengo un cliente que hace diez minutos que me espera

y me gustaría prepararme.

¿Se sabe algo más de Ángel?

-Que yo sepa no.

Le vi salir furioso y no recogió ni su ordenador.

-La mierda de la chapa, tía, ya me dejó agujero.

-Qué exagerado eres, casi ni se ve.

-¿No te parecía buena idea lo de las chapas?

Yo que me estaba inventando nombres:

Daniel el Chapas;

A quien chapa, Dios le ayuda.

-Ya que eres la graciosa de la clase,

¿por qué no te haces una que ponga "chapa la boca"?

-Ay, parece que tienen ganas de irse a su casa hoy.

Según mi reloj faltan siete minutos

para el horario de salida.

Está bien,

doy por terminada la jornada laboral.

No hace falta que me den las gracias, ¿eh?

Por cierto, vengo de hablar con Carlota

y me pidió que les transmita un mensaje.

Tienen una cita esta noche

en la terraza de Olivia.

-¿En el bar de Olivia?

-Sí, estamos organizando un karaoke

y queremos que vayan todos.

-Creo que nuestro horario laboral se acaba aquí.

-Tiene toda la razón. -¡Ay, quién habló!

El que quería jugar a las chapitas en horario laboral.

-Pero ¿hay que celebrar algo? ¿Es así gratuito?

-Nada en concreto y todo en especial.

¿Contenta?

Os espero a todos, ¿eh?

Nos vemos ahí. ¡A cantar! (RÍE)

-Me parece una salida de olla

para hacer ver que no pasa nada.

-Por mí como si se descuartizan en los despachos.

Es mi tiempo libre y nadie me dice lo que hacer.

-¿Vas a desobedecer una orden directa de Carlota?

-¡Venga, va! A mí me encanta la idea del karaoke;

si iba a poner uno para mi despedida de soltera.

Que sí, que son súper divertidos.

-No es que vaya a desobedecer,

pero me parece un abuso de poder.

-A lo mejor es que no sabes cantar.

-Quizá te sorprenderías,

que mi madre lleva media vida diciéndome

que vaya a un concurso de talentos en la tele.

-¿Cómo nos vas a sorprender?

¿Le vas a dedicar una canción a Victoria?

¿A Carlota? ¿O a las dos? -A ti.

-A ver, ¿vamos a ir o no vamos a ir?

Acaba de llamar Martín para decirme

que hemos perdido el caso. Sí, sí.

No me hables

porque no paro de comerme la cabeza.

Lo siento por él.

Siento que lo podía haber peleado mejor.

Vamos a quedarnos con lo bueno de todo esto:

él aún tiene tiempo y ganas de seguir luchando.

No,

él se lo ha tomado estupendamente.

Para él solo es el principio de la lucha.

Sí.

Le admiro mucho,

de verdad, me parece...

No sé. Sí.

Ya no hay gente con tanta valentía. No.

Y pensar que su hijo quería inhabilitarlo

por demencia senil. Sí. Y lo más fuerte

es que no le guarda rencor a su hijo.

Ha dicho que lo entiende

y que quizá en su lugar y a su edad

habría hecho lo mismo, defender su casa.

(ASIENTE)

Oye, quería comentarte una cosa. Sí.

Es sobre el tema de los rumores,

quería pedirte disculpas. No hace falta, Jorge.

No, sí que hace falta.

No sé, es poco profesional por mi parte

que haya permitido que mi secretaria,

mi compañera de trabajo pase por todo esto.

Y es mi deber como socio, como jefe

y como amigo

que acabe con esto de una vez por todas.

Gracias.

Así que he pensado en hablar con todos esta tarde

y acabar con esto de una vez.

Tampoco hace falta que hables con ellos esta tarde,

puedes hablar el lunes.

Además, se están yendo todos al karaoke, o sea que...

Oh, es verdad.

Sí, el karaoke.

Carlota les estaba gritando a todos,

parecía más una orden que una invitación.

¿Tú vas a venir?

Eh...

Bueno, tenía planes con Héctor.

Si no te parece mal... No, no.

Por supuesto, es tu tarde libre

y puedes hacer lo que quieras con ella.

Y si era una actividad obligatoria de la empresa,

debieron avisarnos con más tiempo.

Pues nada, queda media hora,

voy a aprovechar para acabar unas cosas.

Por supuesto.

¿Necesitas algo más? No, muchas gracias.

Que pases un buen fin de semana. Sí. Igualmente.

¿Estás bien, hija?

Si respirar es sinónimo de estar bien, sí.

Estaba preocupada.

Dijiste que te ibas a pasear y mira qué hora es.

Necesitaba dar una vuelta.

No sé cómo he llegado hasta el bufete

y he subido un rato.

¿Estaba Ángel?

¿Te has cruzado con él?

No, no lo he visto.

Aunque cruzarme con él será inevitable

porque trabajamos en la misma oficina.

Ya.

¿Tienes hambre?

Te he preparado verdura al vapor, como a ti te gustan.

Ya lo he visto, pero no tengo hambre.

Gracias.

¿Podemos hablar un momento?

¿Qué pasa?

Ven, siéntate.

Ay, hija, ¿qué pasa?

Mamá,

quiero irme de casa.

Pero ¿qué tonterías dices, hija?

¿Ahora que empezábamos a ser una familia normal

quieres marcharte?

No, de eso nada.

De esta casa no se va nadie.

¿No te das cuenta de que me ahogo aquí?

Ya has visto cómo me trata papá

y esto solo puede ir a peor.

Esta es tu casa, hija.

Lo de tu padre es temporal.

Las dos sabemos que no es temporal.

Ni siquiera está buscando piso.

No me hagas decidir entre él y tú.

No,

no quiero que decidas nada.

A partir de ahora,

las decisiones que conciernen a mi vida

las tomo yo.

Pues si tengo que elegir, me quedo contigo.

Esta misma noche le echo de casa.

Es más, si me ayudas,

cogemos sus cosas y las dejamos en el rellano.

Tú y yo tenemos que estar unidas,

no te voy a abandonar.

El que tiene que buscarse la vida es él.

No voy a entrar en lo que tiene que hacer papá o no.

Lo único que sé es que necesito irme de aquí;

necesito estar sola

y alejarme de todo esto.

¿De todo esto soy yo?

Porque en la oficina

seguirás viendo a Ángel y a tu padre.

¿O vas a dejar también el trabajo?

No he pensado qué voy a hacer con el trabajo.

Necesito que me entiendas, mamá.

Necesito salir del cascarón aunque sea difícil.

No puedo dejar que el miedo me paralice.

Tienes que confiar en mí.

Pero ¿adónde vas a ir, hija?

¡Sola!

¿Qué clase de madre permitiría eso?

Lo dices como si fuese a dormir debajo de un puente.

Lo que necesito es que me dejes crecer.

¿Y cómo quieres que reaccione?

Sofía me ha dicho que puedo ir a su casa.

¿Sofía?

¡Pero si tiene dos hijos!

¿Y qué? Es temporal,

hasta que encuentre una habitación o lo que sea.

(LLORA) Cariño,

¿estás segura de que no quieres que estemos juntas?

Estás pasando por un momento muy delicado.

Yo también sufrí mucho de joven.

Sobre todo cuando mi madre me dio la espalda

y no quiero que pases por lo mismo.

Mamá, escúchame,

tú y yo siempre estaremos juntas,

siempre.

Pase lo que pase, haga lo que haga

siempre estaremos juntas.

Sé que puedo contar contigo,

siempre has estado ahí para mí.

Y yo lo estaré para ti.

Alba,

creo que no me merezco esto.

No lo hago por ti,

lo hago por mí.

Ya,

eso ya lo veo.

Voy por la maleta.

Ah, bueno.

Esta parece fácil, ¿no?

Jo, qué suerte.

¡Ah, qué bien, ahora hablas!

A ver tú.

Pues Ana ya tiene reservado el restaurante

y ya ha encargado su vestido para la comunión.

¿Sabes qué?

De pequeña la primera vez que fui a una boda,

porque no me llevaban a bodas normalmente...

¿Te compraron un vestido?

No exactamente,

le pidieron el vestido a una amiga,

una amiga que era mucho más alta que yo.

Entonces el vestido me arrastraba.

Era súper bonito, ¿eh?

Era como de princesa, pero era largo y me arrastraba.

Vaya.

Y entonces yo iba feliz

pensando que todo el mundo me miraba porque estaba súper guapa

y parecía una princesa.

Pero resulta que me miraban porque con la cola

estaba arrastrándolo todo,

incluso el zapato de una niña pequeña que me seguía.

¡Una vergüenza!

Mamá, ¿si gano me dejaras hacer la comunión?

A ver, Cris, hacer la comunión es una cosa más seria,

no es una cosa de suerte. Jo.

Para empezar tendrías que hacer la catequesis.

¿Si hago la catequesis puedo hacerla?

A ver, sí. Es una decisión tuya

y sí, si quieres, puedes hacerla.

Pero ahora mismo las cosas no están muy bien

y si la quieres hacer,

pues la tendríamos que hacer sin fiesta, sin regalos

y sin nada.

O tendrías que renunciar a algunas cosas.

¿Renunciar a qué?

Renunciar por ejemplo a los cromos de cada semana,

a los helados y cosas así

para con ese dinerito poder hacer una fiesta.

Es que entonces... Ajá.

No sé si me apetece hacer la comunión.

Así sin regalos y sin nada... Claro.

Pero te apetece muchísimo hacer una fiesta de pijamas.

¡Sí! (RÍE)

¡Venga, fiesta de pijamas!

Sí. ¡Qué bien!

¿Cuándo?

Pronto.

Vale. ¿La semana que viene?

¡Sí, sí! Vale.

¿Quién va ganando?

Tres. ¿Tú cuántos, hija? Seis.

Me toca a mí.

Vamos a empezar a pensar en la fiesta de pijamas. Azul.

(Murmullo)

Va, nos apuntamos los dos y cantamos una de Pimpinela.

-Lo que te voy a cantar son las 40

como no dejes de darme la brasa. -¡Vale, vale!

Ayer no decías lo mismo, ¿eh? -¿Perdona?

-¡No, nada!

-Muchas gracias a todos por haber venido.

Tengo vuestras peticiones apuntadas en esa lista.

Y los que no me habéis dicho nada, también estáis anotados

porque va a cantar todo el mundo.

Así que, por favor, una mano inocente

para sacar el primer nombre.

Bueno, tampoco tiene que ser inocente,

una mano y ya está. (RÍEN)

¿No? Macarena, tú tenías los papelitos.

-Sí.

-Pues sácalo, por favor.

-Jorge.

(GRITAN)

-¡Eh!

-Jorge, por favor.

-¡Ya verás!

-Puedes elegir la canción que quieras de la lista.

Sí.

Hola.

Yo lo siento,

pero no voy a cantar. ¡Dale!

-¡Fuera! ¡Fuera! -¡Dale!

Más que cantar me gustaría aprovechar

para hablaros de algo importante.

¡Bueno!

No, en serio.

Me gustaría aclarar un asunto

que le está causando problemas a una compañera del bufete.

Circulan ciertos rumores

de que Julia y yo mantenemos una relación

y estos rumores son totalmente falsos.

Lo peor de estas mentiras

no es que la gente se lo pueda creer o no;

sino es todo lo que implica

para los afectados.

En este caso os puedo asegurar

que tanto a Julia como a mí

nos están afectando.

Por eso, repito,

los rumores son totalmente falsos.

Aun así,

me gustaría

reconocer mi parte de responsabilidad en todo esto.

Si estos rumores se han generado,

no es solo porque algunos

disfruten inventando y malmetiendo.

También es porque yo

he dado pie a estos comentarios

con ciertas miradas,

ciertas actitudes

que son impropias de un jefe hacia su empleada.

Reconozco que no he tratado a Julia

como Carlota trata a Daniel

o como Jesús a Sofía.

Yo he tratado a Julia como algo más.

Porque la verdad es que

para mí ella es alguien importante.

Entramos juntos en el bufete

y ha estado a mi lado desde que llegué de Chicago.

Julia es...

una gran profesional,

una gran abogada

y sobre todo es una gran persona.

Yo esto se lo he dicho

miles de veces.

Pero hay algo que no le he dicho

y creo que es lo que está generando esta situación.

Julia, te quiero.

(MURMURAN)

¿Cómo puede ser que estuviera tan enamorado

de su novia americana

y de repente dice que está enamorado de mí?

Paso, no quiero saber nada más. Ya está.

Pasas.

Qué vergüenza, tía.

A mí me pasa eso

y no piso el bufete en mi vida.

La relación que tengamos Julia y yo

no afectará a nuestro trabajo en el bufete.

Ya está afectando al trabajo.

Y si en algún momento trae problemas,

tomaremos algún tipo de medidas.

¿Qué medidas?

Si me lo hubiera contado, la habría ayudado.

Es que esto no es normal.

Tienes que hablar con ella.

Te liaste conmigo por el dinero de mi padre.

Ya lo tienes.

No hace falta que sigas,

me puedes dejar en paz a mí y a mi familia.

Tu hermana se merece alguien mucho mejor que Ángel.

A mí ese hombre no me gusta un pelo.

Me alegro de que hayan roto.

¿No es horrible lo que hicieron con las fotos?

A mí me ha gustado.

Se van a enterar, ¿sabes?

¿Te puedes creer que no me ha invitado a su boda?

-¿Macarena?

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Derecho a soñar - Capítulo 115

24 jun 2019

Olivia saca a Rodrigo (con el que pasó la noche) de casa sin que Julia se entere. Carlos y Sofía siguen afianzando su relación. Ángel intenta solucionar las cosas con Alba pero todo empeora y es expulsado de la casa. Está fuera de sí y lo pagará con Jesús en una bronca monumental. Alba, abatida, busca consuelo en Sofía que le ofrece su casa. Jorge no hace más que meter la pata con Julia a la que ve alejarse cada vez más. Además, pierde el caso de Martín (no quiere abrir cuenta en el banco para cobrar pensión) pero su cliente está contento porque continuará con la lucha. Berta descubre que le han retocado horriblemente las fotos para el reportaje y se convierte en el blanco de todas las burlas en Internet. Sofía consigue que Cristina desista de hacer la comunión. Olivia decide poner un karaoke en su bar y Carlota obliga a todos a asistir. Jorge coge el micro y, en vez de cantar, desmiente los rumores sobre su relación con Julia. Culmina diciéndole “Te quiero” frente a toda la oficina.

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