Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

Lunes a viernes a las 18.15 horas

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 109 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí tiene el ordenador de Victoria

con su correo. -Muy bien.

-Y por favor, ni una palabra de esto. -Ni tú.

Esto me compromete más que a ti.

-¿Cómo se te ocurre meterte en mi despacho?

Se te fue la cabeza del todo, ¿no?

-A mí no me hables así. Te exijo un poco de respeto.

-Y yo te exijo que no te metas más en mi despacho.

¿Qué voy a hacer yo mirando su ordenador?

-Pues no lo sé. Déjame pensar. Quizá buscar algún contacto.

-Esos a los que tengo derecho y me negáis.

-Me gustaría que entendieras que te protejo.

-¿Y de quién? -De los que mataron a Felipe Leiva.

El perro aparece muerto en el jardín de mi cliente,

y de ahí se quiere deducir que ha sido él quien le envenenó.

He citado a la vecina de enfrente

para que... venga a declarar esta tarde.

¿Le vio usted golpear al perro? -No, no lo vi.

-No hay ningún testigo

que alegue haber visto a Sultán en el jardín de mi cliente.

¿No estás con Héctor? Sí, estamos saliendo.

Pero que tampoco hay nada serio. Quiero decir, que todavía no...

Ah. No os habéis liado todavía.

Bueno... No.

Por fin tengo claro

lo que siento.

Yo no quiero dejarme llevar por lo que sienten los otros.

Lo que necesito es tiempo para saber qué es lo que quiero...

y en quién puedo confiar.

Sí.

Solo quiero que Julia esté bien, y que elija a quien le hace feliz.

¿Sabes qué te digo? ¿Qué?

Que ya me encargaré yo

de hacer todo lo posible por que Julia elija bien.

He hablado con Alba.

Puedes venir a nuestra casa unos días.

Hasta que encuentres piso. -¡Ah! ¿De verdad?

El mando de la tele, que tengo que ver el partido.

-¿Ahora te vas a poner el fútbol?

-El fútbol no. Voy a ver la final.

Ah...

(TV) "Saltan al campo...". -Gracias.

¿Tú has visto la que has liado para hacerte el desayuno?

He resbalado con los restos y casi me caigo.

-Perdona. He hecho todo lo posible para no ensuciar.

-Pues hay mermelada hasta en el techo.

¿Qué haces en pijama? ¿No vas a trabajar?

-¿Qué prisa hay? Por Dios, de verdad.

Voy a llegar tarde. Eh...

No. Eh, relájate, tesoro.

A ti nadie te controla la hora de llegada.

¿Cómo que no? Sí.

No, no, Alba, no. Para algo soy tu padre.

Tú puedes llegar cuando te dé la gana.

Nunca he llegado tarde,

y menos ahora por razones familiares.

El móvil.

-Espero que hayas dormido bien.

-Como un rey. -Ya.

Pero la idea era que durmieras en el sofá,

y no que fueras a mi cama a las 4:00.

-Teniendo la tentación de tenerte ahí cerquita en la cama,

¿iba a quedarme en el sofá? -Venga ya, Paco.

Si empezaste a roncar antes de tocar la almohada.

-Ay, Mari Carmen, por Dios.

Llevo meses durmiendo en un cuchitril,

en un catre asqueroso.

Y lo que necesito en este momento

es un colchón anatómico, articulado

con memoria corporal. -Ya.

Viscolástico, con hilo musical. -Sí.

Ah... Mira, ¿te das cuenta?

Va a ser el primer día que vayamos juntos al trabajo la niña y yo.

¿Conmigo? Pero si yo ya me voy.

Ay, qué orgulloso estoy.

En cinco minutos estoy.

-Miedo me da cómo va a dejar el baño. Y a mí.

¿Cuántas toallas usa en la ducha?

No te digo nada del suelo.

Deberíamos poner unas normas de convivencia.

Hija, paciencia, que solo van a ser unos días.

Ay, qué verdad lo de que la convivencia mata la pasión.

La convivencia y un lavabo lleno de pelos.

Me tengo que ir. No puedo esperarle.

Alba, cariño, aguanta un poco.

Le hace mucha ilusión a tu padre que vayáis juntos al bufete.

¿Qué te cuesta darle ese gusto?

Nada. Mis nervios solamente.

Madre mía... ¿Y esto no provocaba cáncer?

Sí.

(TACONEA)

En fin...

¡Hija! ¡Papá!

¡Para ya!

(Sintonía "Derecho a soñar")

Pues me parece muy buen tío.

Me cayó bien. -Pues a mí no.

-Pero si estuvo supersimpático.

-Porque quería parecernos guay.

-¿Y eso está mal? -Se sentó en el sitio de papá.

-Se sentó en el sitio que había libre.

En el sitio que había libre.

-Ese sitio es de papá, y no le va a gustar.

-Vamos a ver, Carlos es simplemente un amigo de mamá.

Igual que tú tienes amigos del colegio.

Por ejemplo, el Marcos ese.

Marcos y tú os escribís mensajitos sin parar y nadie os dice nada.

-La miraba todo el rato, sobre todo cuando hablaba.

Yo, cuando llevo un rato hablando, Marcos no hace ni caso.

¿Quién no te hace caso a ti?

Nadie me hace el caso que te hace Carlos.

No me hace ningún caso especial.

Carlos es un amigo mío y ya está. -Bueno, a ver...

Tampoco te pases. Un amigo...

-Acabas de decir que era un amigo. -Y es un amigo.

Claro que lo es, pero bueno, es un amigo al que invitas a cenar.

Igual que los que tienes tú.

Tú solo invitas a los amigos especiales.

Pues eso. Es un amigo especial al que se le invita.

Cris, Carlos es un amigo mío, y no tienes que preocuparte de nada.

Y ahora tenemos que irnos. Si quieres

lo hablamos luego. Venga, va. ¿Estáis listos?

-Sí, listo para ser el pringado de clase,

el único al que su mami no le deja ir de excursión.

Venga, deja ya ese tema.

Cris, rápido, que no quiero llegar tarde.

¡Eh! ¡Buenos días!

-¿Qué hora es? -Las 9:00.

¿Qué haces aquí? -¿Y por qué mierdas no me suena...?

-Pero ¿qué haces en pijama? -Que...

Que me ha dado un mareo

y me he tumbado boca arriba. -Ya.

Un mareo.

Claro, sí lo entiendo. Lo de la bolsa, el pijama...

-¿Qué entiendes, Tino?

-Duermes en el bufete. -Sí.

-Bueno, qué maravilla. Esto es oro.

Cuando lo cuente...

Que digo que si quieres un cafecito o algo para despertar

así por la mañana... -Que te calles.

-¡Uf! Cómo empiezas. Vaya humor.

Lo digo por lo del pie. -Vale, Tino, ya.

Me has pillado. ¿Contento? -Pues sí, la verdad.

-Vale. Pues no digas nada. -Bueno, son condiciones negociables.

Sabrás lo que quiero decir. -Tino.

Te lo pido por favor: nadie puede saberlo.

No digas nada. Te debo una,

pero no digas nada. -Unas cuantas.

¿Qué hacéis en el despacho de Jesús? Por favor...

Nada, estaba aquí hablando con Dani.

Unos secretillos de estos. -No, no.

Sofía, que me dio un mareo y me tumbé boca arriba

a ver si me encontraba mejor.

Vale. Pues por favor, idos ya, que Jesús está al llegar, ¿eh?

Perdona, Sofía.

Tira. (SUSPIRA)

De verdad...

¡Ay! Buenos días, Sofía.

Buenos días.

Por cierto... Dime.

¿Te dio tiempo a revisar los papeles que te pasé ayer?

¿El qué? Lo de las...

Ah, lo de las islas Caimán. Sí.

Encontré también el pendrive y los archivos impresos.

Tengo mucho material. Me llevará tiempo.

Ah, qué bien. Pero ¿ocurre algo?

Porque después de todo lo que pasé

con don Francisco, me agobia que quede algo pendiente.

Esto no tiene nada que ver contigo.

Ah. Vale. No te preocupes.

Solo tengo que revisar algunas cosas.

Y quiero ser muy cuidadoso. Así que por favor,

sé tan discreta como siempre.

Ah, por supuesto.

Y cuando quieras que vuelva a archivar todo, me lo dices.

Perfecto. Gracias. Vale.

Voy a por la agenda y luego... Sí.

Hola. -Hola.

Si estáis ocupados, vuelvo luego. No, ¿verdad?

-No, pasa. Sí, adelante.

Pues tú dirás. -Eh...

Te quería hablar una cosa de don Francisco,

que se ofreció a ser mi mentor.

-Sí. Muy bien, ¿no?

Es un gesto generoso por su parte. -Sí.

Bueno, demasiado generoso.

-¿Qué quieres decir?

-Es que me da mucho a puro decirte esto, pero...

Que no sé si tú...

No sé si tú puedes decirle que pare...

de ser mi mentor.

-¿Que pare por qué?

-Porque no me da tiempo a hacer el resto.

Quiere que vaya con él a su despacho,

y me habla y parece que me dicte su biografía.

Además, hay algunos conceptos que no los tiene muy frescos.

-Ah, ¿no?

Ya. -Además,

Victoria me llama la atención porque no acabo lo que me manda.

Y don Francisco me busca todo el rato, y me agobio un poco.

No sé si tú le puedes convencer

de que deje de ser mi mentor.

Esto es lo que te quería comentar.

Mira qué hora es.

Y yo que pensaba que me regalarías una sonrisa.

No tengo tiempo ni de sonreír.

Mi padre quería venir conmigo, y para él

el tiempo es un concepto muy elástico.

Supongo que ayer también te atrapó en su burbuja.

Ay, lo siento.

Creía que estando él en casa tendrías más tiempo para mí, pero no.

Si le da por acapararte, puedo olvidarme.

Ángel, era su primera noche en casa. Entiéndelo.

¿Y qué tal? Pues se puso a ver un partido.

¿Un partido?

Ese hombre no va a cambiar nunca.

Te prometo que hoy dormimos juntos.

Y estrenamos el kit de convivencia. Bien.

¿Ya te vas? Claro.

Tengo que trabajar. Solo venía a saludar.

Buenos días.

Che, esto tiene su punto, ¿no?

Hacer del despacho una extensión de tu cama.

-¿Debo contestarte a eso?

-Si me da ternura, muchísima. Bueno, más que ternura,

en realidad me renueva las esperanzas

en el género humano. Es realmente hermoso.

-¿Has avanzado lo que debías avanzar, o vienes a dar la lata?

-Si te refieres a lo de Echegaray, todo va bien.

Mañana ceno con él.

Así que vos ocúpate de tus romances, que yo me ocupo de los míos.

-Romances. ¿Tienes más de un lío?

-¿Estás celoso? -No. Solo me preocupa

que mezcles las cosas y fastidies todo.

-No, no. Habló el que no mezcla las cosas.

No me hagas reír. Ángel, por favor.

Acá está todo mezclado y vos sos el principal responsable.

-Deberíamos tener resultados de Echegaray ya.

-Ya empezamos a tenerlos.

-Es normal, era la primera vez, pero debemos estar encima.

-No te preocupes, que conmigo no se va a dormir.

-Por cierto, ayer advertí a Francisco a propósito de entrar en tu despacho.

Para asustarlo un poco y que vaya con cuidado.

-Ah. Debe estar muerto de miedo,

¿no? Ángel, por favor:

si vos no podés asustar a nadie. -Ya veo que solo te da miedo él.

Pero ese hombre no supone ningún problema.

Te empieza a fallar el radar, señorita Victoria. Háztelo mirar.

-Dale. Ojalá.

Me estaban atacando. Me tuve que defender.

-Gracias, Olivia. -De nada, guapa.

-A ver, yo lo entiendo. Todos tenemos nervios.

Pero delante de la jueza no es el lugar ni el momento

para perderlos. -Ya, ya lo sé.

Se me fue la cabeza. Lo siento.

-Y antes de volver al juzgado

le tengo que pedir que sea completamente sincera conmigo.

-He sido sincera.

-Sí, pero cualquier aportación, cualquier pequeño detalle,

me va a ayudar a sostener nuestra postura.

-El testimonio de ayer nos hizo daño, ¿no?

-Bueno, es evidente que sí.

Según el testimonio de su vecina, hay varias personas

que podrían haber matado a Sultán.

-Pero es que lo hizo Gonzalo. Lo mató él.

-Pero por mucho que lo repita, sin pruebas no vale de nada.

-Lo hizo Gonzalo. -Lucía, así no avanzamos, ¿eh?

-Él y yo tuvimos una historia.

-¿Cómo?

-Tuvimos... una relación... secreta.

-¿Gonzalo y usted? -Sí.

No sé cómo sucedió. Se nos fue la cabeza.

Fue una locura.

Fue algo tan... intenso

que perdimos la cabeza.

-Ya, y me imagino que su marido no sabe nada.

-No, por Dios.

Si se enterase sería tremendo. Por eso corté con Gonzalo.

-Y fue usted quien cortó.

-Y él no quería. Se puso rabioso, me amenazó...

Y por eso mató a Sultán.

-Lo tenía clarísimo

que había algo detrás de todo esto. -Ya.

Pero esto no lo puede saber nadie. Sería el fin de mi matrimonio.

Bajo ningún concepto lo usará en el juicio.

-Pues me lo está poniendo bastante difícil, la verdad.

-Es que yo lo tengo difícil.

No puedo contar cómo fueron las amenazas sin contar lo nuestro.

Nadie lo entendería.

Harían preguntas y todo saldría a luz.

Y no puedo. No, no puedo.

Tino. ¿Revisaste ya los sumarios que te pasé?

Sí. Enseguida estarán en tu mesa.

Vale.

Alba, ¿tienes un momento?

Es que quiero enseñarte este ramo.

¿Cómo lo ves, muy exagerado?

Es precioso, ¿verdad?

Me encanta, pero lo veo muy grande,

y creo que igual me tapa el fajín, ¿no?

Mira cómo estoy. He llegado tarde justo hoy

que debo entregar muchas cosas. Lo siento.

Va, pero a ti no te pasa nada por entregar tarde.

¿Cómo que a mí no?

Bueno, porque como eres... -Oye...

¿Carol está? No.

¿No? Pues cuando la veáis, que pase por mi despacho.

Desde luego... Su despacho, dice.

¿Cuándo le entrará en la cabeza que es el despacho de Jesús?

Bueno, que como estás muy liada y eso, que me voy.

¿Carol? Francisco quiere verte. Está en el despacho de Jesús.

Tengo que hacer otras cosas. No le digas que me has visto.

Perdona, no me parece bien.

Perdona, pero es que... don Francisco no me suelta,

y estoy teniendo problemas con Victoria.

Pensé que tener como mentor a un abogado de su talla

era un privilegio.

Sí, lo es. Lo que pasa es que se nota que no tiene otra cosa que hacer

y que pasa el rato así, y yo no tengo tanto tiempo.

Podrías solucionarlo de forma adulta, explicándole las cosas,

en lugar de andar escondiéndote.

No sé si las explicaciones sirven mucho con él.

Pedí ayuda a Jesús, y ni él quiere comerse el marrón.

(Teléfono)

Sí, dígame. Sí, te lo he cuadrado. Te lo envío con el balance.

Vale, adiós.

Chis. -¿Qué?

-¿Y los informes clasificados? -Acabo una cosa de Carlota

y me pongo con ello. -Muy bien.

Cuando acabes los dejas en la mesa de Alba, que los espera.

-¿Esto va a durar mucho?

Porque me has pillado durmiendo, no en una bacanal.

-La paciencia es una virtud a cultivarse,

querido.

Pero vamos a ver. Entonces...

¿no acabaste tú la relación? -Qué va.

Pero un día se sintió culpable y desapareció de buenas a primeras.

Y no quiso saber más de mí.

Y ahora lo que hace es volcar

toda la frustración hacia mí a través de lo del perro.

-¿Cómo no lo has dicho antes?

Con esta información podemos dar un vuelco a nuestro favor.

-Eso no se puede saber. -¿Qué dices?

-Que no. Acabaría con mi matrimonio.

Que no está en su mejor momento. -Que ahora declaráis tú y Lucía,

y no tenemos ninguna estrategia.

Los documentos que me pediste.

Gracias.

Hoy no has parado ni a media mañana. No.

Si quiero entregar todo a tiempo, imposible.

Aunque total, algunos pensarán

que como soy la hija del jefe, da igual.

No creo que la gente piense eso.

Tú no lo piensas, pero la gente no son como tú.

¿Qué tal con Héctor? ¿Cuál era la sorpresa?

Ah, bueno...

Me llevó a una clase de improvisación de swing.

Sí. ¿Clases de baile?

Me encanta como plan de pareja. ¿Y cómo es?

¿Qué haces? Chis. No.

Ah. Que no quieres que Jorge se entere.

¿Jorge? ¿Por qué Jorge?

Es evidente que queda algo entre vosotros.

No, Alba. No hay nada entre nosotros.

¿Cómo que no? Si se nota cada vez que estáis juntos.

En la cercanía,

en la forma de miraros... Es evidente que hay algo.

Bueno, ya basta, Alba. Jorge solo es mi jefe y punto.

Estoy harta de que alimentéis los cotilleos del bufete.

Muy bien.

A ver, que no sé, que creía que tú lo entenderías mejor que nadie.

Sí, sí. Lo entendería, porque a mí me pasó lo mismo con Ángel,

pero me abrí a ti. ¿Y sabes por qué?

No porque no tuviese otro tema, sino porque la amistad es confianza.

Y tú negando lo más que evidente demuestras poca confianza.

Así que si no te importa, tengo mucho que hacer.

Alba, te dejo por aquí los sumarios del semestre pasado.

Te los he ordenado como querías.

Pero esto lo tenía que hacer Tino.

Ya, bueno, pero Tino tenía mucho trabajo

y le hice el favor, por amistad.

Por amistad.

Que no me puede atender. A mí. ¿Te lo puedes creer?

Y no es el único que no me coge el teléfono.

Ese sinvergüenza de De la Cierva.

Cuando me lo llevaba a las cacerías, palmaditas en la espalda.

Y ahora no paso el filtro de su secretaria.

-Pues no me parece bien, claro.

-Pero oye, por no hablar de Pelayo Miranda, ¿eh?

Pelayo Miranda, otro que tal canta.

Ese ni me contesta a las llamadas ni a los mensajes.

Ay, por Dios.

Los riñones estos me van a matar.

-Pues siéntate en el sofá, por favor.

-Eso es un potro de tortura.

Mira, los catres espantosos en los que estoy viviendo últimamente

me están destrozando las lumbares, y creo que para siempre.

-Anda, siéntate aquí. Estarás más cómodo.

-Pues eso sí que te lo agradezco.

Ay...

-Perdóname.

-¡Ah!

Esto es otra cosa, sí.

-Hablando de otra cosa,

hoy llega a casa de Alba una caja con tus cosas.

-Pero si ese piso es muy pequeño. No vamos a poder ni movernos.

-Es lo único que se me ocurrió para que no perdieras todo.

Mamá quería tirar esta mañana todo en el punto limpio.

-Tu madre otra cosa no será, pero rencorosa...

-Perdón, perdón. Perdone por entrar así,

pero encontré algo muy fuerte sobre el hotel construido

encima del yacimiento.

-¿Qué es? -Los arqueólogos

que mandaron el primer informe

están haciendo el mes de agosto con visitas guiadas

sobre los yacimientos y los terrenos del hotel.

-Pues eso no suena bien.

-Es totalmente irregular. -Se ofrecen ellos desde la web

del hotel. Se pueden contratar desde ahí.

Y he encontrado una vinculación entre ellos y el hijo de la clienta.

-Lo sospechábamos,

pero ahora sí que no hay duda.

Gracias. -Todavía hay más.

Más de un 40 por ciento de los clientes del hotel

son coleccionistas de piezas arqueológicas.

-Ahora entiendo tanto afán por regalar suvenires.

Gracias.

Toma.

Jorge, perdona.

Te has dejado por revisar el anexo del caso Aranda.

Ah. Hay una información que igual...

Sí. Aquí, esto.

Esta corrección es rara, ¿no?

Es una letra así, ¿eh?

Lo digo por si vas a intentar leerlo desde ahí.

No, no. Cuando acabes de revisarlo lo miro yo.

Ya. No sé, yo...

creo recordar que me duché hoy. No sé.

Debe haber otra razón por la cual mantienes una distancia.

Lo siento, Jorge. Lo siento. ¿Pasa algo?

Que no quiero dar pie a cotilleos. Y ya está.

Ya. A cotilleos...

¿Qué cotilleos?

Pues... ya lo sabes.

Que hablen... Bueno, ya lo sabes.

No, sí. Ya, claro.

Y claro, sería absurdo que alguien

pudiera pensar eso, ¿no?

Sí.

Porque ni tú ni yo lo pensamos.

¿Verdad que no? No.

No.

Y una cosa: si nosotros no lo pensamos,

entonces la culpa sería de alguien que pudiera pasar por aquí,

vernos trabajar juntos

y sacar las cosas de contexto, ¿no? Claro.

Ya...

¿Y no te parece que contra eso tú y yo no podemos hacer nada?

No.

Pues si no podemos hacer nada, ¿te parece bien leer esto juntos?

Sí.

Mira, es esto.

¿Ves cómo no pasa nada?

Cuando se tienen claros

los sentimientos, pues las cosas...

pasan con normalidad, sin nada raro.

¿No?

Y al final ¿qué somos?

Dos compañeros de trabajo que están trabajando juntos.

Claro.

Y...

la proximidad física no fue un problema nunca.

No tiene por qué serlo ahora. No.

No, para nada. Claro.

Has cambiado de colonia, ¿no?

Sí. Qué coincidencia. Yo también.

Sí, lo había notado.

Ah, ¿sí?

Pues nada, dejo que acabes de revisarlo,

y si necesitas algo, estoy fuera. Vale.

¿Me pueden explicar otra vez qué ha pasado en la sala?

-Bueno, la verdad es que

los interrogatorios de ambas partes no están ofreciendo mucha luz.

-Hemos cumplido con nuestro deber lo mejor posible.

-Vale. ¿Hay alguna información nueva que se nieguen a proporcionarme?

-No. -Entonces pena me dan sus clientes.

Mañana es el último día de la fase de instrucción.

Por fin tendremos los resultados completos

del análisis toxicológico tras la autopsia.

Si eso no revela nada nuevo, sobreseeré la causa.

Y les advierto: si su nivel va a ser el mismo que el de hoy,

por favor, ahórrenme venir a escucharles.

Perdón.

-Regañados como dos alumnos torpes. -Y con toda la razón.

-Pues yo creo que somos mucho más listos.

-Yo también lo creo.

-Aunque yo tengo una excusa,

porque es muy difícil concentrarse... teniéndote delante.

-Pues no sé. Tal vez deberíamos buscar juntos

la manera de... encontrar una solución a esto.

-¿Tú crees que una dolencia tan arraigada tiene solución?

-A lo mejor, si me vieras más a menudo,

podrías encontrar la manera de entrenar tu concentración.

-Quizá haciendo más casos juntos. Sí, puede venir bien.

-Abogados... Sois lo peor.

-(SUSPIRA)

No se puede ser más guapo y más mono.

-¿Tema Acorder o tema canino? -Tema canino, por supuesto.

-Pero ¿has enviado ya el formulario?

-Qué pena. -¿Cuándo te dicen algo?

-Mañana. Bueno, me han preguntado como 100 cosas.

No sé. Hasta cuánto gano,

que hasta cuánto pagaría en el caso de que el perrito enfermara.

¿Sabes? Gastos veterinarios. -Pues no es por desanimar,

pero una vecina tiene un bulldog, qué cosa más fea, pobrecito,

y me dijo que se gasta más de 200 euros al mes en veterinario.

-A mí eso me da igual.

Yo me gasto lo que haga falta en curar al perro.

Pero no sé, como que me he puesto nerviosa.

Como no tengo un sueldo fijo... Mari Carmen...

-Es que esto es un lío. -Que lo he dejado en blanco.

A ver si he metido la pata.

-Ay, no. Pero es que es un lío esto.

-Ya, pero yo siempre quise tener un perro.

Con esto de ser familia numerosa nunca me han dejado.

-Familia numerosa, como yo, que ahora soy familia numerosa.

-Ya... -Una familia normal.

Con Paco por fin fuera de la cárcel, durmiendo en el sofá.

Y la niña, con un novio 15 años mayor que ella.

Y con un hermanastro al que adora.

-Vamos, la viva imagen de la normalidad.

-Yo creo... Hola.

Hola. Debemos hacer una comida familiar entrañable.

-Chicas... ¿Sí?

Ay, no sé.

No sé, no sé. Elige tú, porque yo de restaurantes no sé.

Ajá. Vale, estupendo.

Pues sorpréndeme. Sí.

(RIENDO) Sí.

Perfecto, a las 21:00. Un beso.

Chao. ¿Tienes otra cita con Carlos o qué?

-Viernes, cena, noche... Aquí va a haber tema.

-Eso está cantado. Ay, sí.

¿Creéis que sí? No sé. Vamos...

Si tú quieres, habrá tema. Si no, no.

Eh... claro, si yo quiero. Pero no lo sé.

No sé. Yo con Carlos estoy muy a gusto,

y me encanta. Qué guay.

Sí. Me está ayudando mucho con Álex. Tiene un hijo adolescente.

-Ya, pero físicamente ¿qué?

Físicamente... sí.

Es muy atractivo, la verdad. Pero es que yo ahora mismo no sé.

Son tantos años con José que no sabría cómo...

Si no voy ni depilada. (AMBAS) ¡Depílate!

Va, va. Ponme un café.

¿Y qué te pasa a ti, que estás tan callada?

Alba se ha enfadado conmigo.

Ah, ¿sí? ¿Y por qué?

Pues porque a veces yo no tengo tacto diciendo las cosas,

y le he contado algo que ha malinterpretado

y se ha molestado.

Ya... Lo entiendo. Pero Alba es fácil, ¿eh?

Que tú a veces tienes una manera de hablar un poco...

firme, ¿no? Y puede molestar. Sí.

Pero yo creo que si te disculpas

y le llevas un detallito, se arregla.

Si tienes razón. Es mejor hablarlo, que si no se hace bola.

Claro.

Tía, no te preocupes. No te va a pillar.

Si don Francisco no está a la hora de comer.

-Estoy emparanoiada.

Yo creo que mañana me pido un día de asuntos personales

para hacer cosas de la uni y así librarme de él. No puedo más.

-Al día siguiente te dará el doble de chapa.

O le echas un par y hablas con él

o aprovechas esta situación.

-No te rías de mí. ¿Qué provecho puedo sacar de esto?

-Déjame pensar algo.

Seguro que puedo hacer algo.

-¿No hay nada para picar en este bufete, o cómo va la cosa?

-Sí, un yogur caducado y un plátano que hay desde el Mundial de Corea.

-Pues muy bien. -¿Por qué no comes tu comida?

-Porque se la he dado a Tino. -¿Y eso?

-Se le ha antojado,

después de todo el día teniéndome con sus recaditos.

-¿Desde cuándo te manda trabajo a ti? -Desde hoy.

Que me pilló en un renuncio y me hace chantaje.

-¿Un renuncio? -Sí.

-¿La bolsa?

(Teléfono)

-Ay, mira.

Ya me llegan alertas de pisos.

Bueno, de pisos... De habitaciones en pisos compartidos.

-Así conoces a gente interesante.

-Sí, sí. Hoy, Sheila, estudiante de 20 años,

me mandó fotos de un cuarto muy majo.

-Pues problema resuelto.

-No, porque Sheila, estudiante de 20 años resultó ser Manolo,

fontanero depilado de 42.

-¡Qué dices! ¿Hay gente que miente con su edad?

-En serio. No te rías, que para esto he quedado.

-Venga, te doy algo de mi comida.

-¿En serio? -No.

Que sí.

-Gracias.

-Toma.

-Oye, ¿qué me darías si te cuento un secretito

que haría... a Tino comer de tu mano?

-Lo que quieras.

La verdad es que no sé por dónde coger este asunto.

-Ya. -Hola, Maca.

-Buenos días. -Es que no tenemos nada.

¿O sí que tenemos?

-Bueno, tú estás en el caso.

Deberías tener la misma información que yo.

A ver, Gonzalo y Lucía tuvieron una relación secreta.

Sí. Pero ella lo dejó, y él por lo visto se lo tomó fatal.

-Entonces tenemos un móvil: el despacho.

-Bueno, lo tendríamos si pudiéramos contarlo.

Pero Lucía me ha prohibido expresamente que lo haga,

porque teme que dañe a su matrimonio. Normal.

-¿Entonces? -Entonces nada.

Si pudiéramos exponerlo, podríamos probar la relación

entre la ruptura de Gonzalo y Lucía y la muerte del perro.

Sobre todo apoyándonos en los análisis por envenenamiento.

Pero así no. -Entonces ¿qué vamos a hacer?

-Desde luego, no vamos a saltarnos la ética profesional.

Y mucho menos llevándonos a dos matrimonios por delante.

Eso que quede claro. -No, por supuesto.

A ver. Que el hijo de Elena conozca a todos estos arqueólogos

ya es raro. Pero ¿esto?

No sé, me parece demasiado.

El 40 por ciento de los huéspedes son coleccionistas de arqueología.

No sé, es que me parece imposible que sea una coincidencia.

Charlie ha rastreado las redes, y mira lo que encontró.

La foto de este señor está en su Face.

Usando un detector de metales.

Bueno, parece que es el cliente tipo del hotel,

¿no? De todas maneras, ¿no me dijiste

que el uso del detector de metales está prohibido allí?

Si no hay autorización previa, sí. Es para evitar casos como este.

Y Charlie rastreó la foto, que tiene

archivo de metadatos, y hay más casualidades.

Está ubicada en la finca de Elena Calvo.

Esto huele a expolio a kilómetros.

Si existen piezas de valor, pertenecen al Estado.

Si alguien se las está llevando,

se infringe la ley de Patrimonio Histórico.

¿Quedaste con Larrechea?

Sí, al final sí. Nos vamos a encontrar esta tarde.

Sabes que debes estrujarla al máximo, ¿no?

¿Estrujarla por qué?

A ver, Jesús... En el sentido de la información.

Ya que Larrechea es una autoridad

en el tema, que la estrujes, que la exprimas.

Le saques la información. Que sí. Que se trata de eso, sí.

Vale.

La cuestión es saber si se está vulnerando la ley.

Eso es lo que quiero saber.

Y a mí me parece que sí.

Hombre, a mí me parece clarísimo.

El hijo de Elena, al descubrirse las primeras piezas,

vio el negocio.

Solo tenía que ocultar el yacimiento

y así podía hacer lo que quisiera.

¿Qué parte tendrá la madre en todo esto?

Pues mira, yo creo que no sabe nada.

No sé, creo que el hijo hace esto a sus espaldas.

Si no, ¿a qué viene a asesorarse

arriesgándose a exponer a su hijo? No tiene sentido.

Y es la dueña de la finca y del hotel, ¿no?

A mí me parece que ella no es ni consciente

de en el lío en el que está metida.

Estamos con las manos atadas, Carlota.

-Sí. Pero no pienso vulnerar el secreto profesional.

Lo siento. -Ya.

(Llaman a la puerta)

-Carlota, quería comentarte

una cosita, pero si estáis ocupadas, no...

-No, no.

Puedes sentarte. Luego seguimos con lo nuestro.

-Perfecto. Hasta luego. -Hasta luego.

¿Estás con algo importante?

¿Necesitas que te ayude? -No, bueno.

Estoy con el típico dilema de abogado.

A ver, tengo una información

que podría hacerme ganar un caso,

pero por secreto profesional no puedo revelarla.

-Entonces no. No te puedo ayudar.

Yo soy más práctica que vos. -Ya. Porque tú

te saltarías el secreto profesional, ¿no?

-Bueno, a veces el secreto profesional

tiene unos límites algo difusos.

-Creo que en este caso no es así.

-Mientras no haya vidas en juego, yo gano a cualquier precio.

-Pues la verdad, no sé exactamente qué hay en juego aquí.

Bueno, ¿y qué querías comentarme, Victoria?

-En realidad me parece que ya te lo dije.

O sea, estoy encantada

de que estés al mando en el bufete.

-Gracias.

-Y tendrás mi apoyo si se cuestiona tu autoridad.

-¿Y te estás refiriendo a algún caso en concreto?

-Sí, concretamente a Francisco.

Contra todo lo que acordamos,

desde hace una semana ocupa el despacho de Jesús,

y se deja ver delante de los clientes.

-Sí. Precisamente ayer tuve unas palabras con él.

-Le convencerías de ocupar el despacho de arriba.

-Parece que no, porque sigue en el despacho de Jesús.

-Cómo es Francisco, ¿eh?

Es como chapado a la antigua.

-Sí, demasiado chapado a la antigua.

-Sí. Si al menos Jesús hubiera dicho la verdad, habría sido más fácil.

-¿Qué tiene que ver Jesús en esto?

-Nos dijo que Francisco cambió. Por eso le dejamos volver.

Entiendo que es su padre, y que a él

le conviene que vuelva a mandar, aunque no sea oficialmente el jefe.

-No. Francisco no es el jefe.

-Mira, entre vos y yo, si yo estuviera en tu lugar,

si fuera la consejera delegada del bufete,

le mandaba derechito a su despacho, sin rechistar.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Pase.

(SUSURRA) ¡Ay, por favor!

(Vuelven a llamar)

Buenas tardes, señoría.

-Por favor, ahora no estamos en sala.

Llámame Inés, te lo ruego. Así yo podré llamarte Jesús.

-Inés. -Sí.

Pasa, adelante. -Gracias.

(NERVIOSO) Gra-gracias por... recibirme.

-Es un placer. Siéntate.

A ver, dime.

-Estoy seguro,... Inés,

que tus conocimientos sobre la ley de Patrimonio nos ayudarán

en el caso... -La verdad es que es una ley

bastante, bastante desconocida.

Y eso ampara ciertas irregularidades al aplicar sus artículos.

Por eso, con unos colegas, estoy impulsando

la revisión de algunas partes que no quedan muy...

Ay, perdóname, que me he lanzado a hablar

y no te he dejado ni plantearme tu consulta.

Lo siento, disculpa. -Nada.

En realidad, mi consulta era sobre algo muy concreto.

Es una duda que quiero resolver. (TELÉFONO) "¿En qué puedo ayudarte?".

-Será posible. -"Perdona, no entiendo la pregunta".

-¿Y eso? -"¿En qué puedo...?".

-Cállate. -"Estoy a tu disposición".

-Perdona, estoy hablando con Sari. Que no sé dónde está.

Está por aquí. -"¿En qué puedo ayudarte?".

-Es muy insistente. -Un poquito, sí. A ver.

Apágate. -"¿Puedes ser más claro?".

-Que te desconectes, que te apagues. Adiós.

-"Estoy preparada para solucionar tus necesidades".

-¡Que no quiero! Perdona. Es que mi asistente virtual

se ha vuelto un poco loca. Está como...

-Es una aplicación fantástica si sabes usarla.

-Sí.

-"Gracias, invitada no identificada. Mi nombre es Sari".

-¿Y qué más cosas puede hacer?

-Pues un poco de todo.

"Espero haber podido satisfacerte".

-Y de más.

Ya está.

-¿Era Sari?

-Sí. -Sí.

Bueno, a lo nuestro. ¿Cuál es tu consulta?

-Mi clienta es la propietaria de un hotel.

El hotel está en una zona llena de restos arqueológicos.

Íberos. -Vale.

Un momento. No.

Yo pensaba que el swing era como suelto.

Porque es muy movido. -No.

El swing siempre se baila en pareja.

Lo más difícil de este baile es pillar el "feeling",

la coordinación, los pasos, pero después sale solo.

De hecho, Julia, para ser el primer día, lo hizo genial.

-Eso no te creo. -Te lo juro.

-Es superdescoordinada.

-Por cierto,

¿no tiene que estar llegando? -Sí, está al caer.

Se va a sorprender cuando te vea. -Esa es la idea.

-Hola.

-Buenas. -¿Qué tal?

-Muy bien. Ponme un botellín, porfa.

(CARRASPEA)

-¿Os conocéis?

-No. -Sois del mismo gremio.

-Pues no hemos coincidido. -No, yo creo que no.

-Héctor Moliner. -Encantado. Rodrigo Álvarez.

-Encantado. -¿Vienes al bufete también?

-No. Espero a una amiga.

-Ah. Yo espero a un amigo también.

Que... Olivia, ¿sabes si estos tortolitos

van a llegar a su hora por una vez... o lo de siempre?

-¿Qué tortolitos? -¿Quién va a ser?

Jorge y Julia. Jorge es mi amigo.

-No sé de qué me hablas. Jorge y Julia tienen una relación

de jefe y secretaria.

Pero a veces por exceso de trabajo...

se entretienen.

-Exceso de trabajo. Es buena.

O sea, que como coartada es buena.

Vosotros en vuestro bufete

tendréis bastante de esto, de exceso de trabajo.

-Pues la verdad es que no.

En algunos bufetes, como en el mío,

están prohibidas las relaciones sentimentales.

-Qué aburrido.

-Pues yo no sé si aquí están prohibidas

las relaciones sentimentales entre abogados,

pero vamos, que Jorge y Julia tienen una relación

única y exclusivamente profesional.

-Qué buena amiga eres, Olivia.

Sí, a ver...

Que es verdad que Jorge es muy reservado con sus cosas.

Pero que no hace falta.

¿No? Que... -¿Sabes qué pasa?

Que Rodrigo es muy buen amigo.

Es el mejor amigo de Jorge. Y resulta que Jorge

acaba de separarse y está hecho polvo, y este se empeñó

y se empeñó, erre que erre,

con emparejarlo. Que no hay manera, oye.

-No te preocupes, ya me he dado cuenta.

-¿Sabéis qué? Que no le espero.

No, porque luego me tiene aquí media hora,

se va con su exceso de trabajo, como siempre...

Así que cóbrate, y esta para ti. Te invito. ¿Vale?

Oye, un placer. -Un placer.

A la próxima te invito yo. -Claro. Faltaría más. Bueno,

con Dios. -Hala.

(Timbre)

Voy, Paco. Voy.

-Mira, esto no te pasaría si tuvieras llaves para mí.

¿No ibas a hacerme unas?

-Para acordarme de copiar llaves estoy, que no he parado.

Y cuando llego a casa, esto. -¿Y?

-¿Me explicas por qué has hecho traer tus trastos?

-Bueno, a mí me parece que es un acto de cariño y confianza.

-Ya. -¿Y qué hacían mis cosas en una casa

a la que no voy a volver? -Pero aquí estás de forma temporal.

-¿Y qué es el tiempo, Mari Carmen? ¿Qué es el tiempo?

A mí, pasar las horas contigo... Se me pasa volando.

-Ay, qué malo eres. -¿No te gusta?

Pero para. No hay tiempo para esto. Ayúdame a mover esto, que estorba.

-Ahora no. Estoy destrozado. ¿Sabes el día que he tenido?

Mira, prepárame una copita de coñac, que voy a reposar los riñones.

-Paco, si quieres un coñac, te lo sirves tú.

Que yo ya he servido bastante.

Y también quisiera reposar mis riñones.

-Perdona, tienes razón.

Completamente. Que digo las cosas sin pensar.

Pero tendrás paciencia conmigo, ¿no?

-Lo intentaré.

Y ya que estamos quiero contarte lo que estoy preparando.

-Ah, dime.

-Una cena familiar.

-¿Otra? Pero ¿por qué?

-Es que esta es con todos.

Con todos: nosotros dos, Alba, su novio y su hermano.

-¿Y a qué santo viene una cena ahora?

-Quiero ver a toda mi familia junta. Me hace ilusión.

-¿Qué piensa Alba de esto?

-Ya se lo contaré mañana cuando la vea.

-¿Cómo mañana? ¿No va a venir esta noche?

-Pues no. Me ha dicho que pasará la noche con Ángel.

-Que pasará la noche con Ángel.

Que pasará la noche con Ángel. Y me lo dices así.

¿A ti te parece bien que la niña esté por ahí por la noche?

-Paco, la niña ya de niña tiene poco.

Y no va a estar por ahí, estará con su novio. Mentalízate.

Los 18 ya los cumplió hace tiempo.

-Alba no debería estar con Ángel. ¡No debería!

-Paco, tienes que dejarla volar del nido.

-¿Volar?

Con ese tipo se va a estampar.

-Qué negativo eres. -Sé lo que digo.

Bueno, me voy a poner ese coñac.

-Que sean dos.

-Sí.

Adelante.

Muy chulo. Pasa.

¿Sí? Sí.

Pues ¿sabes qué? Me apetece una cena a solas.

Después de lo del otro día con Oli y ayer con el baile,

me apetece un poco de intimidad.

Pues genial, porque yo también voy necesitando intimidad.

Y...

¿de qué tipo de intimidad estamos hablando?

Pues... no sé, estaba pensando, por ejemplo, en...

una buena charla íntima.

Sí. Sí, me parece una buena opción.

Eh...

Pues me voy a cambiar y vuelvo. Claro.

Ay, no, por favor. ¿Qué pasa?

Luis, mi hermano, que me manda esta foto.

(RIENDO) Es superlinda la foto, por favor.

Y tú estás guapísima.

No sabes cuánto le echo de menos.

Estaba tan acostumbrada a cuidar de él que...

Julia. Eres una mujer maravillosa.

Lo sabes, ¿verdad?

Eh... Bueno, me voy a cambiar y vuelvo.

¿Te importaría que nos sentáramos un momento antes de salir?

Será un momento. Sí, claro.

(CARRASPEA)

Pues..., verás, no es que me guste

preguntarte cosas íntimas. De hecho,

preferiría que te saliera de una manera espontánea, ¿no?

Pero hoy me ha pasado algo curioso.

¿Qué te ha pasado?

Pues estaba en el bar con Olivia

y había un amigo de tu jefe, Rodrigo.

Ajá. ¿Y qué es lo que te ha dicho Rodrigo?

Pues insistía en que había algo entre Jorge y tú.

A ver, soy muy consciente

de que él quería provocarme y que tomara nota, pero...

la verdad es que necesito saberlo, Julia.

Me gustas muchísimo, y...

antes de que me gustes todavía más...

necesito saber si hay algo entre vosotros.

No. Entre Jorge y yo no hay nada.

Vale. Pero ¿lo ha habido antes, tuvisteis algo?

Bueno...

Esta pregunta ya no es tan fácil de responder.

¿Pudisteis empezar algo pero no pudo ser?

Sí. Sí, más o menos.

Pero bueno, que no llegamos a empezar nada.

Héctor, entre Jorge y yo no hay nada.

Me gustaría que te quedara claro.

Me gustaría que...

pudiéramos... empezar de cero, sin cargas.

Tú estás solo, yo estoy sola...

Eres una mujer maravillosa.

Te lo he dicho ya, ¿no? Sí.

Sí, me lo has dicho.

¿Y puedo repetirme?

Sí, claro. Puedes repetirte, sí.

Pues... eres una mujer maravillosa.

Entonces,...

¿esta era tu charla íntima?

Más o menos, sí, esta era mi...

mi charla íntima.

Pues a lo mejor podemos seguir con mi charla íntima ahora.

Con tu charla íntima.

¿Algo así? Sí.

Sí, algo así está bien.

A lo mejor un poco más íntimo también, ¿no?

(SUSURRA) ¿Más?

Tú estás muy contenta, ¿no?

¿No tendrá nada que ver con... Carlos?

Venga. Si yo me alegro mucho por ti.

Que la quemas. En serio.

A mí nunca me gustó que Alba y Ángel...

No, no. A mí tampoco.

Él asegura que cuando empezó con Alba no sabía que era hija de mi padre.

Ya...

Y... ¿tú le crees?

Tengo mis dudas.

Mi mujer, que ha confesado.

-¿Qué ha confesado? -Que fue ella la del perro.

-¿Cómo?

-Tampoco lo ha matado.

Se lo encontró en nuestro jardín. Estaba moribundo.

No lo sé. El caso es que

no hizo nada, y no sabe si eso es delito, si le va a pasar algo...

-He solicitado a la Fiscalía

que retire todos los cargos contra Balló.

Encontramos elementos probatorios en contra...

del señor Varada.

(DANIEL) ¡Chaval, qué momentazo!

-¡Dame el teléfono! -Esto vale oro.

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Derecho a soñar - Capítulo 109

14 jun 2019

El despertar de Francisco en casa de Alba no es idílico, y ella empieza a sufrir las consecuencias de que todos sepan en el bufete que es la hija del jefe. Alba se enfada con Julia por su falta de confianza. En el caso de maltrato animal ambos litigantes revelan un dato clave pero prohíben tanto a Carlota como a Antonio Reyes que lo revelen. Carlota continúa el coqueteo con Reyes, pero éste no se entera. Julia y Héctor avanzan en su relación y terminan acostándose. Sofía, por su parte, se ha citado con Carlos para cenar al día siguiente y es probable que también la cosa acabe en la cama. El caso del patrimonio histórico revela que el hijo de la clienta está haciendo negocios a espaldas de su madre. Francisco no se va del despacho de Jesús ni a tiros. Victoria usa esto para predisponer a Carlota contra padre e hijo. Tino descubre a Daniel dormido en el bufete y le chantajea. Olivia sigue liada con el complicado proceso de adopción canina. Maricarmen está pensando en dar una cena para toda su “nueva” familia.

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