Derecho a soñar La 1

Derecho a soñar

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No recomendado para menores de 7 años Derecho a soñar - Capítulo 107 - ver ahora
Transcripción completa

Yo no tengo frontal.

"¿Ah, no?"

¿Y entonces ese frontal?

Creo que es de Carlos.

"Es el truco más viejo"

de la montaña rural.

¿Carlos?

Es un hombre que conocí allí.

Un compañero de "trekking".

La verdad es que es encantador, sí.

Superculto, simpático. Ah.

Guapo, superatractivo.

Pero nada, que no...

Y quedó en que te llamaría.

No. Sí, nos dimos los teléfonos, pero como todo el mundo.

¿Podría quedarme en tu casa uno o dos días?

Es que mis padres...

Que tuve un problema con ellos, ya te contaré.

Que te han echado, vamos. -Sí.

-Unos padres que echan a un hijo.

No lo puedo entender.

Aunque el hijo seas tú.

Mamá te ha echado de casa, ¿no?

-Sí, fíjate.

Ahí estoy sufriendo

en un hotel de cinco estrellas.

¿Qué haces aquí, muchacho?

No, tranquilo,

que también estoy aquí de homeless.

Pero esto queda entre nosotros. -Sí, sí.

-Si se enteran de que estás aquí durmiendo,

te ponen de patitas en la calle.

¿Le han renovado el contrato a Carol?

Sí, se lo renovamos todos.

No, nosotros no, yo me acabo de enterar.

¿Me puedes decir quién hizo tu contrato de prácticas?

-Vosotros.

-Sí, nosotros.

Pero ¿quién concretamente?

-Creo que lo firmó Carlota, que es la jefa, ¿no?

-Ah.

Nada más.

Si te apetece,

no sé, que tomemos algo.

¡Julia! Eh...

Héctor.

Hola. Hola.

¿Qué tal?

Nos vemos mañana.

Sí, eso. Hasta mañana.

¿Vamos? Adiós.

Salud.

Buenos días. -¡Ay, qué susto, por Dios!

Eres tú.

Por un momento pensé que podía ser mi hijo,

que le había dado por madrugar

para que nadie le quite el despacho,

su despacho heredado.

-Pues no. Tranquilo que no ha llegado nadie.

Aún tenemos un ratito de paz.

-Te veo muy espabilado para haber dormido en un sofá.

Yo tengo la espalda hecha polvo.

-Pues ha dormido en el mejor de todo el bufete.

-¿Cómo que el mejor de todo el bufete?

-Lo que me duele es que en la oficina

lo único que hay para comer es esa galleta.

Eso sí que lo echo de menos,

los desayunos de mi madre.

Te hace unas tostadas...

Crujientes, con tomate maduro y aceite de oliva.

-¡Para, para!

Que se me está haciendo la boca agua.

¿Y tú por qué te has ido de casa de tus padres?

-No, si no me he ido,

me han echado igual que a un perro. -¿Y eso?

-Pues que dicen que vivo allí como en un hotel de cinco estrellas.

Ya digo yo que no, como mucho tres.

Que me tengo que independizar, dicen.

Yo ya soy independiente.

-A lo mejor se refieren a otra cosa, ¿eh?

-No sé.

Sea como sea, me han echado de casa mis propios padres.

¿Y qué padre quiere que su hijo se vaya de casa?

¿Lo entiende? -Pues si quieres que te diga,

a lo mejor un poquito sí.

-Pues yo no.

-Tampoco te lamentes.

Mírame a mí, a mi edad durmiendo en un sofá,

como si fuera un adolescente.

-¿Eso es lo que hacía en su juventud?

-¿Qué dices? En la vida dormí yo en un sofá.

Para nada, hombre.

Es una manera de hablar.

Mi padre siempre me dijo:

"Tú siempre ten una cama caliente,

aunque no sea tuya".

-Ya me parecía a mí, sí.

-Y ahora aquí me tienes, hecho un paria.

-Pues como dos parias.

-Exacto.

-¡Pues arriba parias de la tierra, compañero!

-¡Eh! Que tampoco es para venirse arriba.

No, por ahí no.

-Era una broma. -Pues por eso,

ya lo sé que era una broma.

Esto es algo circunstancial

que ya me encargaré de que cambie.

-A ver si es verdad y salimos de esta.

-Por de pronto, a ver si mañana te puedes encargar

de que haya algo para desayunar, ¿no?

¿Has recogido todo tu rastro del bufete?

Porque lo primero es la dignidad. -Sí, sí.

No queda ni mi ADN.

-Rebusca, hombre, sigue rebuscando.

Seguro que hay algo en algún cajón.

-Es que ya he mirado. -Bueno,

las chicas siempre tienen cosas metidas en los cajones.

Venga, va. Luego dicen que no comen, pero...

-Pues ahora vengo.

(Sintonía "Derecho a soñar")

(Ladridos)

A ver si me corto un poco el pelo.

No sé, algo así como un flequillo en la cara.

Un poco así...

¿Para qué? Si así estás perfecta.

¿Sí? Gracias, nene.

No sé.

¿Te acuerdas de mi examen de lengua?

Sí, claro. Pues me ha salido perfecto.

Ay, qué bien.

Y he subido dos puntos la nota media de matemáticas.

¡Qué bien!

¿Puedo ver las notas?

No. Y no son notas, son evaluaciones.

Bueno, evaluaciones. Estoy tan orgullosa de ti.

En realidad ha sido todo gracias a los colegas.

¿Sí? Y a Laura. Sí.

Cada vez que he tenido un problema, siempre me han apoyado

y me lo han explicado todo.

No sé qué hubiera hecho. Se han portado.

Qué bien. Hemos pensado

en aprovechar el fin de semana para irnos todos juntos

a la casa del pueblo de Martín.

¿Quién es Martín?

(Móvil)

Mamá, Martín, el chico de gafitas.

Martín, el que tú llamas el banquero. ¡Vale, el banquero!

Ay, perdona. ¿Puedo ir?

Hola, Carlos.

Hola, Sofía. ¿Cómo estás?

Bien, muy bien. ¿Y tú?

¿Puedo ir o no? Ay, no seas impaciente, va.

¿Impaciente?

Perdona, no te lo decía a ti.

Es que está mi hijo aquí. Ah.

Y estaba hablando con él.

Que ya está, ya se ha ido.

Dime, dime.

¿Qué tal lo pasaste el otro día?

Ah, muy bien.

La verdad es que fue un fin de semana maravilloso.

Todo fue estupendamente.

Oye, una cosa,

¿tú no te habrás dejado un frontal en mi mochila?

Quizá fue deliberado.

Entonces quizá querrás que nos veamos

para que te lo devuelva, ¿no?

Esa era mi intención.

Ah, vale.

No sé, ¿te parece si vienes a mi casa?

Claro, genial.

Vale, pues sobre las ocho, ocho y media.

Perfecto.

¿Me pasas tu dirección?

Sí, claro.

Luego te mando un mensaje, ¿vale?

Genial. Pues nos vemos esta tarde.

Vale, hasta luego.

Hasta luego.

Oh...

Por favor.

Muero viva.

Llegas a casa y te hacen fiesta, te mueven el rabo.

Te levantas por la mañana y te dan lametones.

He pensado llamarle Conchi, como mi madre.

¿Qué te parece?

Julia.

¿Qué? Conchi, como mi madre,

¿que qué te parece? Pues...

Oli, me parece que te estás precipitando un poco.

Ya.

Igual a mi madre no le sienta muy bien.

Pero lo hago por cariño en realidad, ¿sabes?

¿Nos has pensado que quizá todo esto lo haces

como vía de escape a lo de Pietro?

¿Y qué?

Bueno, pues que...

Que cuando se te pase el desengaño,

el cachorro seguirá aquí en casa

y seguirá reclamando tus cuidados.

Y yo le seguiré cuidando y queriendo.

Además, yo ya de Pietro

prácticamente me he olvidado.

Ah, pues mejor, ¿no?

Oye, tú ayer quedaste con Héctor.

Ya me estás contando todo.

No, me tengo que ir. Por encima de mi cadáver.

Te sientas aquí y me cuentas todos los pecados

que cometiste anoche. No, pecados nada.

Fuimos a cenar y...

Y ya está. Muy a gusto con Héctor y la comida muy rica.

Ahórrate los detalles.

Me has dicho que querías detalles,

ahora que no. Los detalles de después de la cena.

¿Vinisteis aquí? Sí.

¿Y? Y nada, Oli, nada.

Vinimos aquí, nos tomamos la última y punto.

Sí, claro, la última. Sí, y pasó lo justo y ya está.

¿Qué quiere decir que pasó lo justo?

Pues quiere decir que pasó lo justo.

Lo justo para que...

Para que me quede con ganas de más. Punto.

Me voy a trabajar que si no, no llego.

¡Chao! Que tengas buen día.

¡Adiós! Chao.

¡Conchi! (SILBA)

¡Conchi, ven aquí!

O sea, que fuisteis a tu casa,

pero ¿no os acostasteis?

A ver,

lo que quiero decir es que Héctor

no es un tío de una noche, no.

Y quiero ir despacio y ya está.

Pero ¿tú tienes claro si quieres algo con él o no?

Héctor me gusta, sí, me gusta.

Sí, por favor.

¿Entonces?

Nada, que quiero estar segura y ya está.

Te entiendo perfectamente,

me pasa lo mismo con Carlos.

¿Cómo que lo mismo?

¿Qué pasa, que ya os habéis besado?

¡No, hombre, por favor! No.

Quiero decir que quiero estar segura.

Y, no sé, me he puesto nerviosa

y hemos quedado en mi casa.

¿En tu casa? ¿En tu casa?

Sí. Pero, bueno, solo para devolverle...

el frontal que se dejó en mi mochila.

No sé, la verdad,

como yo hace tantos años que solo beso a un hombre, a Jose.

Pues entonces será súper emocionante.

Emocionante, pero también me preocupa.

Sofi, no te preocupes tanto.

Lo que debes hacer es tranquilizarte

y disfrutar. ¡Llevas razón!

Buenos días. ¿Qué tal? Buenos días.

Estáis contentas, ¿eh?

Es que hablábamos de amor.

¿Ah, sí? El tema, el tema...

El tema más bonito. Desde luego.

Un poco para compensar los casos de divorcio del bufete

y esas cosas. Muy bien.

¿Tienes un segundo? Me gustaría decirte algo.

Ya nos íbamos. Tampoco hace falta.

Si queréis... ¡No te preocupes!

Hasta ahora. Gracias.

Sí.

¿Sabes que mi madre ha echado a nuestro padre de casa?

¿Qué? Te lo quería decir

porque creo que deberías saberlo

y no sé si él te lo va a decir en algún momento,

pero prefería decírtelo yo.

El caso es que ahora está durmiendo en un hotel.

¿Y crees que lo debo saber

porque quieres que mi madre haga algo?

No, claro que no.

Tu madre no tiene que hacer nada.

Solo faltaría que se hiciera ella cargo encima.

Lo que tiene que hacer papá es buscarse un piso.

Y no le veo yo muy...

Ay, Jesús, pero ¿en un hotel?

No me gusta la idea de que esté solo en un hotel

dándole vueltas a la cabeza. Se las arreglará,

siempre lo hace. No te preocupes.

Ya está, solo quería que lo supieras.

Vale. ¿Vale?

Gracias por contármelo.

Ah, pasa, pasa, adelante.

-No sabía que estabas en el despacho de Jesús.

-No te preocupes. Siéntate.

Te he mandado llamar para decirte

que a partir de ahora voy a ser tu mentor.

-¿Mi mentor?

-Tu mentor, exactamente.

Estás a punto de acabar tu carrera

y sé que puedes llegar a ser una abogada brillante.

Pero, claro, te falta alguien que te oriente;

que te guíe.

Eso no te lo van a enseñar en una facultad.

Y me parece a mí que tengo experiencia

más que suficiente para eso.

¿Sabes? -Sí. Estaría encantada.

Jesús, pasa, pasa,

que quería comentarte una cosa.

Quería decirte que a partir de ahora

voy a ser el mentor

de nuestra joven aspirante a abogada.

-Mentor.

-¿Qué pasa, aquí todo el mundo tiene problemas con esa palabra?

Mentor, sí.

Consejero, guía, maestro. -Sí, sé lo que es, sí.

Viene de "La Odisea", ¿no?

Es el consejero de Telémaco, ¿se llamaba así?

-Qué listillo es mi hijo.

-Oye, pues me parece una muy buena idea, la verdad.

Carol, con mi padre vas a aprender un montón.

Este señor, aquí donde lo ves,

tiene más experiencia que todo el bufete junto.

Yo si fuera tú,

me aprovecharía de él todo lo que pudiera.

Bien. Vamos a trabajar un poco, ¿no?

-Trabaja, claro.

-Eh... Bueno, yo os dejo.

-Perdón. Sí, sí.

Hala, pasa, pasa

y siéntate en tu sillón. Hala, pasa.

-¿Qué tal van las cosas? -Bien, bien.

-¿Y en el hotel?

-Todo en orden. Bien, bien.

-¿Y con Ángel qué tal?

-¿Y a qué viene eso ahora, hombre?

-No sé, quiero saber cómo va vuestra relación.

-Como siempre. Es que no sé a qué viene esa pregunta.

-Papá, ¿no te has planteado alquilar un piso

o un apartamento aunque sea?

Vivir en un hotel es un poco frío, ¿no?

Si quieres, te puedo ayudar a pagar el alquiler.

-Por mucho que seas mi hijo

no te permito que me trates con condescendencia.

No necesito ni tu ayuda ni la de nadie.

Al final este caso

es una pelea entre perros y gatos.

-¿Entre perros y gatos?

-Bueno, entre perros y gatos y sus dueños,

que viene a ser lo mismo.

-Es que hay gente que trata a sus mascotas

como si fueran sus hijos.

-Ya.

Pero es cierto que envenenar a un perro

porque molesta a tu gato es excesivo, ¿no?

-Pero ¿tú crees que lo hizo Gonzalo?

-Eso aseguran nuestros clientes.

Por lo visto Gonzalo ya había amenazado

en alguna ocasión con hacerlo

porque el perro invadía su jardín y molestaba a la gata.

-A Luna,

que así se llama la gata.

Y el perro Sultán.

No me digas que la gente le pone nombres a las mascotas

que son un poco... -Es más,

los análisis han constatado

que el perro murió envenenado.

-Pero podía haber sido por cualquier cosa

que cogiese del suelo, incluso por alguna planta.

Eso no es infrecuente.

-Bueno, veo que haces bien de abogada del diablo.

-Hay que estar preparada para la réplica

de la parte contraria.

-¿A mí sabes lo que más me llama la atención?

La animosidad de nuestra cliente contra Gonzalo.

Es que si fuera por ella,

pediría la cadena perpetua.

-No sé, a lo mejor hay algo más que no sepamos,

viejas rencillas entre vecinos o algo así.

-Puede ser, habría que verlo.

El caso es que no quiere ni indemnización ni nada,

lo único que busca es justicia, con mayúsculas.

Bueno, cito sus palabras:

"Quiero que pague con dolor

su asesinato".

-Mucho rencor veo yo ahí, ¿eh? -Sí, bueno.

Menos mal que el marido no va en ese plan

y no quiere líos judiciales porque si no...

Mira, ahí vienen.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Estamos preparadas? -Por supuesto.

-Quiero que se haga justicia de una vez.

Ese malnacido tiene que sufrir en sus propias carnes

el daño que nos ha hecho.

Es un individuo despreciable, un bicho asqueroso.

Una mala persona.

¿Cómo alguien puede envenenar a un perro

tan cariñoso, tan fiel? Yo adoraba a Sultán.

Y es que ni siquiera le hemos podido enterrar.

-No se preocupe, aquí estamos para ayudarle.

-Ayudarme no, lo que quiero es justicia.

-Por supuesto.

¿Pasamos?

Adelante.

¡Bum! ¡Bueno, bueno!

Visita mañane...

¡Hombre! ¿Te acuerdas?

¡Vaya detalle!

¿Qué tal? Y qué madrugador.

¿Has visto?

¿No tendrás algún problema, no pasará nada?

No, no. Ah.

No, hombre.

Me he acordado, he pasado por delante

y he dicho: "Voy a hacerle una visita".

Qué mítico. Sí, ¿eh?

Pues muchas gracias.

Y que nunca está de más husmear en la competencia un poco.

Ya, sí. ¿Y te refieres a husmear en nuestros casos

para ver cuál te puedes pedir tú?

¿O es tu rastreo habitual de nuestra plantilla femenina?

Las dos cosas un poco, ¿no?

¿Porque de eso...? (SILBA)

Ah, perfecto. Sí, sí.

Estoy como nuevo y debo volver a la carga.

Claro.

Manda narices, ¿eh?

Justo cuando Victoria se anima y se decide...

Tienes que rechazarla tú. (SUSPIRA)

Ya.

Es que la vida es muy dura, Rodri. La vida...

Ese tren pasó por delante... Por encima me pasó.

Y no lo pudiste coger.

Ya te digo yo que una y no más,

siendo Victoria tan rencorosa... Bueno, ya veremos.

¿Qué te apuestas? Ya veremos. Ya.

¿Pido unos cafés? Un café.

Hola. Hola.

¿Qué haces aquí?

He bajado por un café, volvía a la oficina

y te he visto aquí.

¿Esperas a alguien?

Sí, espero a Victoria.

Ah. Es que vamos a los juzgados.

Ya he hablado con Jesús.

¿Ha pasado algo?

¿Sabes que mi padre está viviendo en un hotel

porque Lourdes lo echó de casa?

Pues no, no tenía ni idea.

¿Y te parece normal

que esté viviendo solo y encima no me diga nada?

Pues no lo sé.

Quizá se avergüenza o prefiere no decir nada

hasta que tenga un piso.

Por tu padre no te preocupes que sabe muy bien lo que hace.

Claro que me preocupo, Ángel.

Está viviendo solo como un perro abandonado.

Después de todo lo que ha pasado me da miedo que le pase algo,

que le dé un infarto o cualquier cosa.

Puedes estar tranquila porque no le pasará nada.

Es algo temporal, él está bien.

Bueno, hablaré con mi madre.

Algo tenemos que hacer.

Está bien.

Y no te preocupes.

Vale.

Me voy.

¿Y esto?

-Creo que deberíamos quedar en otro sitio.

Debemos andar con cuidado.

-Yo creo que al contrario,

andar con tanto cuidado puede resultar sospechoso.

Quedar en la puerta del bufete no creo que sorprenda a nadie,

pero en un parque...

-¿Nos han visto? -No, yo creo que no.

Además, si quieres tanta intimidad,

podríamos quedar en mi casa, como en los viejos tiempos.

-¿A qué viene ese ataque repentino de pasión?

¿Es porque Rodrigo te dio largas la semana pasada?

-No entiendes nada vos.

Mi acercamiento a Rodrigo es puramente táctico, nada más,

porque es amigo de Jorge.

Yo no soy como vos, que se deja arrastrar por la pasión.

-Pues esa táctica tuya no te ha salido muy bien.

-No te creas, ¿eh?

Yo siempre caigo parada como los gatos.

Además, no es eso lo que me preocupa, es otra cosa.

-¿Qué te preocupa?

-Francisco.

No sé qué vamos a hacer con ese hombre.

-Por Francisco no te preocupes,

ha perdido todo el poder.

No se fía de sus socios y ellos no lo aguantan.

Jesús le ha robado su despacho Y Lourdes, su mujer,

me acabo de enterar, lo ha echado de casa.

Se ha ido a un hotel.

-¿Le ha echado de su casa?

Eso es peor todavía.

-¿Por qué? -Porque sí,

ahora mismo es una bomba de relojería,

puede explotar en cualquier momento.

Está perdiendo el poder en el bufete; el poder de su vida.

Por algún lado querrá recuperarlo. Ya nos advirtió

que se pondría en contacto con los clientes.

-Eso no pasará porque solo conoce a Fajardo.

Te digo que Francisco no supone ningún peligro.

-Espero que tengas razón.

Espero estar yo equivocada.

Estate atento.

-Lo voy a estar.

-¿Subimos?

-No podemos subir.

-¿Por?

-Pues porque le dije a Alba que íbamos a los juzgados.

-Qué genio.

-Lo sé.

¿Y tú qué? ¿Qué tal?

¿Cómo te va la vida de soltero?

Bueno, pues ahí...

¿Qué? Ahí estamos.

¡Madre mía! ¿Qué pasa, ahora echas de menos a Madison?

Ya te estás adelantando, ¿he dicho yo algo de eso?

¡No, bueno! Escúchame primero.

He estado pensando mucho. Sí.

Y, bueno, me he dado cuenta

de que el problema de Madison no era Madison.

¿Cómo?

Sí, que el problema de Madison... Ajá.

Era Julia.

Te explicas fatal. ¿Qué...? Rodrigo,

que parece que no te has despertado aún.

¿Qué?

Lo que te estoy diciendo es que...

Bueno, pues que ya me he dado cuenta

de que la única razón por la que he dejado a Madison

es por lo que siento por Julia. Bueno,

y porque era una pesada. ¿O qué?

Bueno, a ver, era intensa, sí.

Madison era intensa.

Pero es lo que te estoy diciendo,

actuaba así porque había una amenaza.

Y esa amenaza era totalmente real,

o sea, razón no le faltaba.

Lo que siento por Julia es real, muy real.

Vale. ¿Cuál es el problema?

Ahora estás libre, a por Julia.

Es que no es tan sencillo, no es tan fácil.

Sí es fácil, los dos estáis libres. No.

A por Julia. No.

Es que ahí está la cosa,

que me temo que Julia no...

Los cafés. Gracias, Macarena.

Gracias, Macarena. -No he traído leche. ¿Traigo?

No, no. ¿Tú quieres? No, así está bien, es igual.

Muchas gracias.

¿Te has hecho algo en el pelo?

Estás... muy guapa.

-No, como siempre.

Gracias.

Tú ya todo, ¿no? (EMITE UN SONIDO)

¿Qué estaba diciendo?

Pues que Julia creo que está con alguien.

¿Sí? Sí.

¿Con quién? El abogado este, Héctor Moliner.

Me suena, pero no... Que está en un bufete pequeño,

no lo recuerdo. Me enfrenté con él la semana pasada.

Ah, vale, ya sé. ¿Sí? Con ese.

Está claro que él está loco por ella porque lo he visto.

Y parece que a ella le gusta.

¿Eh?

No. Si incluso no sé si están

en plan como arrancando. No, te hubieras enterado.

No porque no me cuenta nada.

Y no me lo estoy inventando tampoco. ¿Seguro?

Rodri, el otro día la vino a buscar al trabajo;

sé que en el fin de semana ha estado en el cine.

O sea, a ver: A, B, C.

¿Y qué estás haciendo? ¿A qué estás esperando?

Tienes que atacar con toda la artillería.

¿Artillería? ¿Me estás escuchando?

¡Sí! ¿Eh?

Te he dicho que igual está empezando algo serio,

¿que voy a entrar, a interrumpir ahí?

Por favor, ¿eh? ¡Ya, por favor, Giorgio!

Tío, que en el amor y en la guerra vale todo.

Artillería. Yo te voy a ayudar. No.

Tú nada, Rodrigo. Sí, sí.

No sé qué bombilla se te ha encendido en la cabeza,

pero ni se te ocurra.

Solo digo que si surge la ocasión de apoyarte,

como amigo que soy, pues te apoyo.

¿Para qué están los amigos? Pues mira, muy bien,

para apoyarme, pero con la boca cerrada.

Con la boca cerrada, a mi lado y conmigo.

Sin liarla, por favor.

Bueno. Bueno.

Bien.

Voy a considerar la denuncia con la gravedad que se merece.

El Código Penal en su artículo 337.3

considera como delito el maltrato animal.

Su turno, letrado.

-Eh...

En mi opinión, señoría,

el caso se ha planteado aquí basándose solo y exclusivamente

en pruebas circunstanciales.

Es decir, indirectas.

El perro aparece muerto en el jardín de mi cliente

y de ahí se quiere deducir

que ha sido él quien lo ha envenenado.

Un indicio, un simple indicio.

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo

ha señalado que, y cito textualmente:

"Para proclamar probada la acción de cualquier delito

no basta con una explicación intuitiva".

-Letrado, ahórrese la lección.

Conozco bien la doctrina del Supremo.

¿O cree usted que no?

-Bueno, claro que no.

Bueno, quiero decir que sí, que sí que la conoce.

-Prosiga y no se enrede.

-Como he dicho, un simple indicio, uno;

que además choca frontalmente con la realidad.

Mi cliente es un amante de los animales

y puedo proporcionar testimonios que lo atestiguan.

Basta con decir que adoptó a su gata Luna

en un refugio de animales con el que colabora asiduamente.

Lo diré de otra forma,

mi cliente es tan incapaz de matar animales,

que no usa insecticida en casa.

-¿Ha terminado, letrado?

-Sí, señoría.

-Bien.

He escuchado con mucha atención su exposición,

pero creo necesario conocer más detalles

sobre el caso.

Especialmente los resultados sobre el veneno utilizado

antes de tomar cualquier tipo de decisión.

Proseguiremos mañana a la misma hora.

Se levanta la sesión.

-¿No sería mejor retirar la demanda? -Cállate.

Toma, las fotocopias que me has pedido.

Vale.

¿Están completos?

Sí, claro.

Vale, gracias.

Oye,

me gustaría hablar contigo en algún momento.

Sí, dime.

¿Es por el caso que estás llevando con Jesús?

No, no es trabajo.

Ah, vale. Pues tú dirás.

Tampoco es algo que...

que debamos hablar aquí en la oficina.

Ya.

Bueno,

esta semana tengo un poco de lío,

pero podemos buscar un hueco para la próxima.

Había pensado que quizá podríamos...

Perdón.

Quería hablar contigo un detalle del caso de Elena,

pero si estás ocupado... No, Jesús, no.

Buscamos un hueco para la próxima semana.

Muy bien.

Gracias.

Dime. Mira.

He estado investigando más a fondo

y he corroborado

que la zona donde se encuentra el hotel de Elena

está plagada de restos arqueológicos protegidos.

¿No te parece raro que los restos de nuestra clienta

sean los únicos sin relevancia?

Hombre, sospechoso es. ¿No?

Si navegas por la web del hotel,

enseguida ves que el negocio les va fenomenal.

No puedes reservar hasta dentro de tres meses.

Bueno, por lo menos sabemos que podrán pagarnos la minuta.

El caso es que no me acabo de fiar.

Y lo que haría, si te parece bien,

es llamar a un perito independiente

y que analice de nuevo los restos. ¿Cómo lo ves?

Así tenemos una segunda opinión.

Es buena idea, sí.

¿Sabes quién pertenece a una muy buena asociación

de defensa del patrimonio histórico?

No, no.

La jueza Larrechea.

Tengo su número de teléfono.

Creo que nos podría resolver algunas dudas.

¿Por qué no la llamas tú, que tienes más labia?

No, no.

Este es tu caso y eres el que sabe de esto.

Y por quien tiene debilidad Larrechea es por ti, no por mí.

¿Cómo debilidad por mí?

Pues que le caes bien.

¿No? Bueno, que hay sintonía entre vosotros.

Pues eso hay que aprovecharlo.

¿Vale? Llámala tú. Vale.

¿Tú estás bien?

Te veo desanimado.

Bueno...

Este fin de semana Madison y yo...

hemos roto.

Y, bueno, se acaba de ir a Chicago.

Lo siento.

No, es para mejor.

Bueno, si necesitas cualquier cosa,

ya sabes dónde estoy.

¿Eh?

Muchas gracias.

Y no te digo que no te acabe llamando esta semana

para que nos peguemos una borrachera de zumo de tomate.

Gracias. De nada. Gracias a ti.

(SUSPIRA)

No ha dicho la hora, ¿no?

-Sí. -¿Ah, sí?

Pues ya nos dices si venimos mañana, ¿vale?

-Vale. Te llamo luego. -Hasta luego. Gracias.

-Adiós. -Adiós.

-¿Qué te ha parecido? -Aún estoy alucinando un poco.

Y sí,

aquí hay algo más.

-¿Lo dices por el resentimiento de Lucía?

-Es que le echaba unas miraditas a Gonzalo...

-Ya. -Y a su marido cómo le contestó

al terminar el juicio.

-Creo que tenemos que investigar. -Eso está hecho.

Tengo una amiga que vive en esa urbanización,

así que puedo ir y ver qué averiguo.

-Muy bien.

-Carlota, tengo que confesarte algo.

Hasta hoy Antonio me caía fatal,

pero es que me ha entrado una ternura

al verle en el juicio...

Tiene algo tan humano que no pensaba que fuese así para nada.

No sé, me ha hecho mucha gracia.

Además, el otro día me pidió que nos hiciésemos una foto

para mi Fotopic y estoy pensando en decirle que sí

y darle el gusto.

-Buenos días. ¿Qué tal?

-Buenas. -Hola, Rodrigo.

-Mira a la estrellita ahí en su salsa.

-¿Celoso?

-¡Por favor!

-Ah, ya me extrañaba.

Tú también eres muy guapo, no te preocupes.

-Hombre, mucho más.

-Um... Bueno, yo os dejo.

-Muy bien. -Hasta luego.

-Hasta luego.

-Luego te veo. -Okay.

¿Qué pasa? ¿De qué te ríes? -No, no, de nada.

¿Qué tal tú? -Bien.

Acabamos de salir de la sala y mañana tenemos la vista.

-Con la jueza Larrechea. -Sí.

-Esas sí que son buenas vistas. -¡Eres de lo que no hay!

¿Es una de tus conquistas o qué?

-Berta, soy un caballero, no...

-O sea, que no.

-Cómo estamos, ¿no?

-¿Sabes qué?

Hoy le he confesado a Carlota

que Antonio me caía fatal, porque me caía fatal.

Pero no lo has visto en la sala,

ha sido tan tierno, tan gracioso. -Tierno.

-De verdad.

Y odiaré haber dicho esto,

pero cuando lo veía en la tele,

tenía su punto. -¿Su punto?

-Sí. -¿Su punto este?

-Que sí. -Pero míralo, por favor.

En la tele por los focos, el maquillaje y esas cosas.

No es guapo, guapo no es. -No, pero...

Además, tiene más de 40 años.

Bueno, que a ti te van maduritos ahora los señores.

-Oye, basta ya con eso, ¿no?

Además, que sepas que a tu admirada Victoria

le parece súper sexi.

-¿Quién, este? -Sí.

-¡No! -Que sí.

-¿Sí? -Sí.

-No. -Sí.

Lo siento, no puedo hacer milagros.

Si me pilla aquí Victoria, me mata.

-Que no, mujer.

Alba me ha dicho que está en los juzgados.

Además, no puede hacerte nada, para algo soy el jefe.

-Ya, pero ella también es jefa.

-Ah, y vas a comparar a estos listos

que se creen que por tener dinero y algo de influencia

son los reyes del mambo.

-¡Lo tengo! -Ah, conseguido.

-Sí, aquí tiene el ordenador de Victoria

con su correo. -Muy bien.

-Por favor, ni una palabra de esto. -No, ni tú.

A mí esto me compromete más que a ti,

así que ni una palabra ni a tu mejor amiga.

-Ni a mi mejor amiga. -Bueno.

-Esto de crear un comando anti Victoria

me está gustando. -No me des ideas.

-Suerte.

(MURMURA)

(Voces)

Dios.

Oh.

-¿Se puede saber qué haces acá?

-Ah, Victoria. Pasa, pasa.

-¿Cómo que pasa, pasa? Es mi despacho.

Te exijo que me des una explicación.

Aunque no creo que me sirva de mucho. -Explicación...

Mira, a mí me deprime el despacho ese que me habéis puesto.

Todo el mundo sabe que no es mi despacho,

no lo soporto.

-¿Y qué tengo que ver yo con eso?

-El despacho estaba ocupado y necesitaba descansar un poquito

y no sabía dónde meterme.

-Cuando dices "mi despacho", te refieres al despacho de Jesús.

-No, ese ha sido mi despacho siempre.

-¿Por qué no te vas a dormir a tu casa?

-No tengo casa, me estoy quedando en un hotel.

-A un hotel o a un banco de una plaza.

Me da exactamente igual.

¿Cómo se te ocurre meterte en mi despacho?

Se te fue la cabeza definitivamente, ¿no?

-A mí no me hables así, te exijo un poco de respeto.

-Y yo te exijo que sea la última vez que te metas en mi despacho.

-Hasta luego.

(SUSPIRA)

Ángel, tenemos que vernos.

Yo cuando estoy nerviosa tengo una ansiedad...

Yo con los nervios comería cualquier cosa,

guarrerías sobre todo. (RÍE)

Hala, guarrerías para calmar la ansiedad.

Sí, qué bien. Gracias.

¿Y por qué estáis tan nerviosas?

Hablando de nervios. ¿Qué?

Esta tarde voy a adoptar un perrito al refugio.

Ah. Sí.

El que me mire con más cariño.

Bueno, pues a volver con varios.

Ya, me da un poco de miedo, o sea, ¿cómo voy a elegir?

No sé.

Ya sé cómo acaba esto. (RÍE)

¿Y por qué estáis tan nerviosas?

Bueno, yo porque esta tarde vendrá Carlos

a buscar el frontal que se dejó en la excursión.

¡Sí, el frontal!

Sí. No, un momento.

¿Qué pasa? ¿No estáis escuchando?

(AMBAS) ¿Qué?

Violines.

(SILBA) ¡Por favor!

¡Qué burras sois! Bah, parad.

¡Si lo acabo de conocer!

Oye,

¿creéis que se lo debo contar a mis hijos?

Ya está la "mamma".

¿Quieres dejar ya a los hijos en paz?

Tú disfruta la vida, que eres mayor.

Sí, Oli, tiene razón.

No le des tantas vueltas y disfruta, Sofi, ya está.

Si tienes que darles explicaciones, ya se las darás.

Bueno, o no. Ya, sí.

No sé, como no lo conocen y eso.

Ay. No sé.

(Mensaje)

¡Uh!

¿Qué?

Héctor. Ah.

Que...

Que si me apetece volver a quedar con él para cenar.

Oh. Qué guay, ¿no? Tan pronto.

Chicas, no sé, creo que...

Creo que Héctor me gusta.

Qué bien. No le conozco mucho,

pero, no sé, creo que es un tío diferente.

Me alegro mucho, de verdad.

No te precipites.

¿Cómo?

A ver, ¿me lo puedes repetir?

Sí, que no te precipites. (RÍE)

Olivia me está diciendo que no me precipite.

La misma Olivia que me dijo que disfrutara de mi cuerpo.

Bueno, es que del cuerpo hay que disfrutar.

Lo único que te quiero decir es que tengas cuidado,

que no quiero que te hagan daño. Claro.

Sí. Como a mí.

Yo lo entiendo, lo que quiere decir Olivia

es que, a ver, que sepas que es un juego

y que estás con él por eso.

O que si quieres algo más serio,

pues que vayas con cuidado, ¿no?

Es decir, que vigiles y eso. Chicas, una cosa.

Que no os hagáis daño, ¿vale? Vale.

Estoy pensando que organicemos una cena las tres

y que también se venga Héctor. Ay, no,

tengo mucho lío con los niños. Lo tengo complicado.

¿Y tú? Juli, hija,

que me ves ahí haciendo de candelabro.

Él querrá estar a solas contigo. No.

Justamente ha sido Héctor el que me ha dicho

que le apetecía conocer a mi gente.

Y vosotros sois mi gente.

Ay.

Pues si te empeñas, yo voy.

Ahora, voy a opinar de lo que me dé la gana,

luego no me lo reproches. No lo dudaba, no.

Y luego me cuentas.

(SILBAN)

No te entiendo.

Me dices que quedar en un parque puede ser comprometido

y ahora me citas aquí.

-Quería alejarme del bufete.

-¿Qué ha pasado para que vengas con tanta urgencia?

-Es por Francisco.

-Sí, ya hablamos de eso. ¿Qué pasa?

-Pasa que me lo encontré mirando en mi ordenador.

-¿Estás segura de lo que dices?

-Bueno, 100% segura no, pero sí lo vi.

-¿Qué pasó exactamente?

-Que entré a mi despacho

y estabas ahí sentado aparentemente durmiendo la siesta.

-No creo que debamos preocuparnos,

lo hace siempre en el despacho de Jesús.

Está ahí sin hacer nada.

De hecho, les oído discutir alguna vez sobre eso.

-No seas ingenuo, Ángel.

Si no entró para buscar información, ¿para qué?

-No pudo haber hecho nada.

El ordenador estaba apagado, ¿no?

-Estaba apagada la pantalla,

pero el programa del correo estaba abierto.

-¿Sales de tu despacho sin cerrar el correo?

-Soy muy cuidadosa. Siempre minimizo todo

y apago la pantalla. -Te lo dejarías encendido

porque es imposible acceder sin una contraseña.

-Además había una lapicera encima de la mesa,

como si hubiese estado apuntando algo.

-¿Con bolígrafo? -Sí, un boli.

-¿De Francisco? -No, mío.

Estaba fuera de lugar y yo lo dejo todo ordenado.

-¿Qué crees que puede estar buscando?

-¿Qué va a estar buscando? El contacto de nuestros clientes vip.

Si es por él, contactaría directamente con Torres.

-Para ello no necesita un bolígrafo.

-¿Qué quieres decir?

-Tiene el contacto de Torres en su agenda.

Efrén es un viejo conocido de Francisco,

un cliente del bufete.

Lo que no sabe es que Efrén Torres

es quien dirige este negocio

y no debe enterarse.

-Y si se entera y lo llama, ¿qué pasaría?

¿Qué crees vos que lo conoces?

-Pues no creo que se lo tomase en serio.

Le decimos que Francisco está acabado.

-Se lo dejamos claro.

Pero ¿vos crees que Francisco esta acabado,

que no tiene capacidad de reacción?

Yo no lo tengo tan claro. -Lo que creo

es que nos estamos preocupando de más.

-O vos te estás preocupando de menos.

(Puerta)

Hola, cariño.

Hola.

Uy,

¿y esa carita de tristeza?

¿Qué ha pasado, cariño?

Nada.

Cuéntame.

Nada importante.

Bueno, estoy un poco triste porque...

he visto a papá un poco perdido en el bufete

y me he enterado de que...

Se ha ido de casa de Lourdes.

Ya lo sé, me lo ha dicho él.

¿Se ha ido?

Parece que la situación era insostenible.

¿Y?

Bueno, cuando me lo ha dicho no sabía cómo reaccionar;

no he reaccionado como él esperaba.

Pero después lo he pensado mejor

y, la verdad,

es que creo que es mejor así.

Porque él tendrá que buscarse su piso,

iré a visitarle

y hasta puede que pase algunas noches allí.

A lo mejor hay otra solución.

¿Qué solución?

Pues había pensado que se podía venir aquí con nosotras

hasta que alquile un piso.

Porque vivir en un hotel es lo más solitario que hay.

Imagino lo triste

que se tiene que sentir cada noche.

En una de esas habitaciones

tan impersonales de los hoteles, ¿sabes?

Cariño, yo había pensado otra cosa.

Ya, pero...

me da mucha pena.

Te llevo al hotel. -Sí, bueno... No espera,

voy a volver al bufete, se me ha olvidado una cosa.

Ya voy yo andando, está cerca.

Además, me vendrá bien.

-Bueno, como quieras.

Te recuerdo que el número de cajas con tus cosas va en aumento,

mamá ya ha desmontado toda tu colección de trofeos de caza,

bueno, no sé qué más. -Qué maldad la de tu madre

querer borrar todo rastro mío.

-¿Y qué quieres que haga,

que guarde todas tus cosas como si fueran reliquias?

-Así no se hacen las cosas.

Pero que mi colección de cuernos... -También.

Todo, absolutamente todo.

Y ha necesitado de algunas cajas,

sobre todo para los cuernos de ciervo rojo.

-El ciervo que cacé en Bulgaria, por el amor de Dios.

-No, el que compraste, papá. -¡No, no!

Esa es su versión, que siempre se ha mofado de mí.

Y tú vas y te lo crees, por Dios.

Que casi me juego la vida. -¡Ya!

Perdón.

-¿Y dónde meto yo ahora todo eso?

"¿Puedes concretar tu pregunta?".

¿Qué coño está pasando? "No admito preguntas malsonantes.

Modifica tu lenguaje". Pero...

-No pasa nada, papá,

es mi asistente de voz de teléfono.

Está aquí, mira, Sari.

Sari, papá. Papá, Sari. "Estoy a tu servicio,

pregunta lo que quieras".

-Mira, a mí estas cosas no me van.

Me voy para arriba. Hasta mañana.

-Hasta mañana.

"¿Por qué te despides hoy tan pronto?

¿Ya no me necesitas?".

¡Será posible!

"Hay muchas cosas posibles en la vida.

¿A qué te refieres?".

¡Que te calles de una vez! "¿Por qué me mandas callar?

¿Ya no te gusto?".

Oye, ¿eres alérgico a los animales?

-No, yo no.

-Pues genial, como vas a venir bastante a casa...

Oli, ya.

¿Qué pasa?

Voy a dejar que se suba al sofá, a la cama y todo.

Me he comprado un libro que se llama

"Cómo adiestrar a tu mascota según los principios del karma"

y es una chorrada... ¿Cómo que una chorrada?

A ti te encantan las historias estas del karma.

Pues porque controlo el tema puedo decir

que el libro es un desastre. No sé por qué lo compré.

-El problema de estos libros

es que los escriben por encargo. -Ya.

-Se lo encarga la gente, encima con seudónimo;

que redacta bien, pero no tiene ni idea del tema

y se informa un poco... -Por Internet.

-Exactamente. -Tiene toda la pinta

de haber sacado la información morralla

de páginas chungas de Internet. -Claro.

¿Y tú cómo sabes todo esto?

No...

¿No habrás escrito uno de estos libros con seudónimo?

No, no. ¡No, no!

Te lo estoy preguntando en serio.

A ver, que Jorge me dijo que tiene un tío

que trabaja en una editorial

y que una vez le encargó un libro divulgativo de derecho.

Pero lo dijo que lo firmara él, nada de seudónimos.

Pero ¿lo escribió? No, ¿cómo lo va a escribir?

Si Jorge siempre va a mil. A mil.

Estos pijos siempre dicen que van a mil

aunque no hagan nada.

No lo escribió porque no necesitaba el dinero

y ya está.

¿Perdón?

¿Qué?

-¿Un cafelito?

No, Oli, gracias.

Me tengo que ir a dormir pronto

que en la oficina estamos todos a mil.

Pues yo me voy a llevar esto.

Vosotros no...

Venga, me voy.

-Gracias, Olivia.

¿Ha habido algo que he dicho que te ha sentado mal?

Sí, Héctor, sí.

¿Qué?

Me ha parecido muy feo el cometario que has hecho de Jorge.

Te juro que no lo hice con mala intención.

Quise decir que personas como Jorge no necesitan trabajar,

pero no significa que esté mal hecho.

Eh... Héctor, Jorge trabaja mucho.

Yo soy su secretaria y así me consta.

No es ningún niño pijo que no hace nada.

Lo siento.

He sido torpe con esto.

Creo que...

he sentido un poco de celos

y no está bien, por supuesto que no.

Julia, me importas mucho

y quiero que esto salga bien.

Yo también quiero que salga todo bien, Héctor.

Este es Álex. Carlos.

Es mi hijo.

Hola, Álex. -¿Qué tal?

-Tengo un hijo de más o menos de tu edad.

-¿Y le dejas irse de excursión con sus colegas?

-Sí, claro.

Me costó bastante asumir que estaba creciendo

y que había que darle libertad.

Bueno, no es nada fácil. No.

¿Lo ves? Todo el mundo me deja menos tú,

que van a ir todos mis amigos

y tú sigues tratándome como a un crío.

Álex, por favor.

¡Oh! Lo siento, he metido la pata.

Un poquito, sí.

Bueno, toma. Gracias.

Nosotros ya hemos cenado,

pero ¿quieres tomar algo? No sé.

Sí, sí.

¿Una cervecita? Sí, claro.

Y así hablamos un poco.

Bueno, a ver.

Toma.

Vale.

Venga.

Gracias.

De verdad,

es que cuesta tanto ver cómo se hace mayor.

Me cuesta, la verdad. Hay que tener paciencia

y no dejarse arrastrar por sus rabietas.

Ya sabes lo que es. Es muy difícil, ya.

Y espérate,

que hay que acostumbrarse al síndrome del nido vacío.

Uf.

Bueno, cambiamos de tema, ¿no?

¿Nos sentamos? ¿Sí? Sí, genial.

Oye, que estuvo muy bien la excursión.

Sí, es un sitio muy bonito. Sí, me encantó.

Ya está, ha sido una tontería y no quiero darle más vueltas.

Es lo que te estoy diciendo.

Y tú eres la primera que alguna vez has llamado a Jorge pijo.

Ya bueno, pero se lo digo con cariño, es diferente.

Alguna vez lo has dicho con bastante mala leche.

Acuérdate del día de hipotenso.

Una cosa es que tú y yo en casa hagamos coña,

pero no me gusta que Héctor hable mal de él

y me ha sentado mal. Ya me he dado cuenta.

Y me da que pensar.

¿Te da que pensar en qué?

Esta tarde cuando te dije que no te precipitaras

me refería a eso.

No quería ser clara porque estaba Sofía delante.

Me pregunto hasta qué punto sigues sintiendo algo por Jorge.

A ver, que me estoy haciendo un lío.

Me dijiste la semana pasada que te encantaba Héctor.

Sí. Y me animaste a salir con él.

Sí.

Y ahora estás preocupada

por si sigo sintiendo cosas por Jorge.

Es que una cosa no quita la otra.

A mí Héctor me cae genial, me parece un tío maravilloso.

Pero creo que sigues enamorada de Jorge.

Mira, más clara ya no puedo ser.

Que sigo sintiendo cosas por Jorge, sí, es evidente,

pero de ahí a estar enamorada, no.

Dime que no estás enamorada de Jorge.

No voy a empezar a hacer juegos de niñas de tres años, no.

No te atreves.

¿A ti te ha quedado claro que he tenido que reprimir

mis sentimientos hacia Jorge? Sí.

Sí, pero no sé por qué lo has hecho,

porque has querido.

Porque he querido no, Oli.

Jorge estaba saliendo con Madison, eran novios.

Pero ya no está con ella.

Vale, como ya no está con ella,

ahora yo tengo que saltar a sus brazos, ¿no?

Aunque haya conocido a una persona que me gusta,

con la que me entiendo y con la que quiero intentar algo.

No, si yo lo único que digo

es que...

# Hazle caso

# a tu corazón. #

¡Madre mía! ¿Te acuerdas de esa canción?

Tenía unas frases de autoayuda cutres, cutres.

Y vergüenza ajena.

¿Jorge o Héctor?

¿Por qué no me has invitado nunca

a desayunar a tu hotel?

-¿A mi hotel?

-Sí, Paco, a tu hotel.

Me gustaría repasar todos los detalles

del viaje de Ángel a las islas Caimán.

Hay un pendrive que me dio Ángel en su momento,

es de color gris. ¿Está todo bien?

Porque no quiero volver a aquella época.

Te voy a contar un secreto

que tienes que guardar a cal y canto.

Pero si digo que es a cal y canto es a cal y canto.

Francisco me ha pedido

que le mire el ordenador a Victoria.

¿Diría que Lucía y Marcos son vecinos queridos

o son más bien vecinos conflictivos?

-Pero ¿qué se ha creído?

¡Esto no es justicia ni es nada!

-Lucía, por favor.

-Es que no estamos aquí para juzgar si soy o no buena vecina.

Quiero saber qué hacías en el despacho de Victoria.

¿Quizá intentar encontrar algún contacto?

-¿Contacto como esos a los que tengo derecho

y vosotros me negáis?

¿Todo bien? Todo bien.

¿Seguro? ¿Seguro?

Tenía esperanza en no volverte a encontrar aquí,

pero veo que sigues usurpando un lugar que no te corresponde.

No sé, ¿te ha quedado alguna duda

sobre lo que se decidió en la junta el otro día?

Por fin tengo claro lo que siento.

Después de todo este tiempo y todos estos...

¡No, Jorge!

Es que no lo quiero oír, de verdad, no quiero.

Héctor te criticó.

¿Y se puede saber qué dijo el pequeño letrado sobre mí?

Dijo que eras un pijo.

¡Oh, qué original, un pijo!

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Derecho a soñar - Capítulo 107

12 jun 2019

Jesús continúa con su caso relativo al Patrimonio Histórico, mientras en el juzgado Carlota y Berta se enfrentan a la vista previa por la muerte de un perro, cuya dueña acusa a uno de sus vecinos. Olivia, deprimida por la traición de Pietro, se plantea adoptar una mascota. Francisco y Daniel, cada vez más cómplices, siguen durmiendo clandestinamente en el bufete. Alba se entera de que Lourdes ha echado a Francisco de su casa, cree que duerme en un hotel, y lo comenta con Daniel, que no conocía el verdadero motivo de las presencias nocturnas de Francisco en el bufete. Alba, angustiada por la situación de su padre, logra convencer a su madre, Maricarmen, para que lo acoja temporalmente en su casa. Jorge, por su parte, no sabe cómo hacerle saber a Julia que la relación con Madison se ha roto. Julia se siente ahora fuertemente atraída por un nuevo hombre en su vida, Héctor. Algo similar le ocurre a Sofía con su compañero de excursiones, Carlos.

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