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Curro Jiménez - El secuestro - ver ahora reproducir video 56.30 min
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¡Felipe! ¡Felipe!

¡El niño! ¡El niño! -¿Eh?

-¡Se lo llevan! ¡Se lo lleva!

Llanto.

Jaleo.

Bullicio. -¡Calma, señores, calma!

-Hemos tenido paciencia hasta ahora, alcalde.

-¡Es la vida de un niño!

-¡Qué le permite a Curro Jiménez semejante osadía

si no es la impunidad con que se le deja actuar

en la comarca! -¡No podíamos pensar que llegara

una cosa así! -¡Un forajido como ese!

-Hasta ahora no dio muestras de ser un desalmado.

-Atracando en nuestras haciendas, ¡robándonos en los caminos!

Fue preciso que Curro Jiménez arrancara a un niño de brazos

de sus padres para que nuestro alcalde sospechara

Jaleo. que es un desalmado.

-Ni siquiera tenemos constancia de que haya sido él.

-¿Qué quiere?

¿Un escrito con su confesión? -No hay otro que se atreva

a hacer algo así en toda Andalucía. -¡Los propios delincuentes

le temen! -¡No más que las autoridades!

Bullicio. -Ninguno de ustedes desconoce

que Sevilla no nos envía recursos,

que tenemos pocos y mal pertrechados.

-Hace mucho tiempo que sabemos que la justicia nos la debemos

tomar por nuestra mano. -¿Qué dice usted?

¿Cómo se atreve?

-Si el corregidor de Sevilla nos olvida,

si usted no nos garantiza un mínimo de seguridad,

¿qué haremos si no formar nosotros mismos?

Los bandidos. -¡Un cuerpo de vigilancia!

Jaleo. -¡Y de escarmiento!

-¡Eso es! -Señores, yo no puedo respaldar

semejante iniciativa.

Me opongo.

La prohíbo. -¿Qué hacemos entonces

cruzarnos de brazos?

-Sí. Está en juego la vida de mi hijo.

No hagan nada.

En mi nombre y en el de mi mujer eso les pido;

que no hagan nada. Mi hijo está en manos

de ese criminal, supongo que querrá dinero, le daré

lo que me pida porque es tarde para buscar remedios.

-Ya... Haremos todo sea necesario.

-Es tarde, señor alcalde.

Haré responsables a todos los presentes

de lo que le ocurra a mi hijo,

si alguno levanta un dedo en contra de Curro Jiménez.

Recuérdenlo.

-No hay más que hablar. -He estado con él y con su mujer

toda la mañana. Imagínense la desesperación.

-¡Habrá que aguantarse! -¡Que ese canalla se salga

con la suya! -Y nosotros discutiendo

hasta que termine de expoliarnos.

-Enviaré una estafeta al corregidor exigiendo que me envíen recursos,

hombres, armas... Y si no me llegan;

dimitiré de mi cargo, es todo lo que puedo prometer.

Y lanzaré un bando poniendo precio a la cabeza de Curro Jiménez.

Quizá ante un hecho tan horroroso como este secuestro

alguien se sienta tocado en su conciencia cívica.

-Sí, ofrezco una buena recompensa; es más práctico apelar

a la codicia, si alguien le trae muerto ofrézcale

1500 reales de vellón. (LEE) Y al que lo entregue vivo

le será doblada esa cantidad. Mándese publicar y fijar

en los sitios públicos de los pueblos de esta jurisdicción,

a seis de septiembre de 1814. El alcalde.

Maldita sea. -No te quejes,

cada día vale más tu cabecita. Quieren echarme encima el odio

de las gentes. -El precio de la fama.

Iré a ver al alcalde. ¿Qué dice?

-Dios nos asista. Está loco.

Aquí no nos conoce nadie. Te conocen en todas partes.

Tiene razón. Es hora de poner

las cosas en su lugar. ¿Estás seguro

de que la madre del niño es Luisa Ramírez?

Por mis muertos. Curro, voy contigo.

No, iré solo.

(RELINCHA) No conviene despertar sospechas,

vosotros esperadme aquí.

Él arriesgando el pellejo y nosotros esperando.

-Como buenas mujercitas de su casa.

-Qué calor.

¿Por qué no te aligeras un poco de ropa?

Anda, mujer. -Bartolomé, por Dios.

(RÍE) -No me dirás que te avergüenzas a estas alturas.

Buenos días, señor alcalde. -¿Eh?

No llame a nadie. No tema.

No les va a pasar nada.

Présteme atención, señor alcalde. Yo no he secuestrado a ese niño,

esas no son cosas de Curro Jiménez ni de ninguno de sus hombres.

Pero lo que yo vengo a decirle es que desde hace más de un año

se están cometiendo delitos en estas tierras que me adjudican

a mí y que no cometí. -¿Qué quieres decirme?

Que no eres tú el único bandolero de la comarca.

Ningún bandolero se atrevería a entrar enmi terreno,

yo aquí y ellos allí, hemos hecho un pacto

y lo respetamos. -Entonces, ¿de qué me hablas?

¿De fantasmas? Eso parece

y hasta ahora no me había importado,

que me cuelguen por 15 o 20 asaltos;

el resuello lo perderé lo mismo

pero cargarme el rapto de una criatura es echarme

a la gente encima... De modo que vengo a advertirle;

voy a descubrir quienes son esos fantasmas

y haré justicia por mi propia mano.

-¿Tú también?

No se puede usted quejar, señor alcalde.

Vengo a darle informes míos en persona y no le cobro

la recompensa. Mis respetos, señora.

-Bartolomé...

Pero ¿no vas a perseguirle?

-Tienes cada idea, mujer.

-Ah.

-Llévatelo. Que no lo vea la señora.

Prepara mi caballo. -Sí, señor.

-¿Qué ocurre?

-Una carta de los secuestradores, mañana al medio día

debo pagar el rescate, perdón, no es falta de confianza

pero no debo decir nada a nadie.

-¿Lleva alguna firma? -Un C y una J.

-Curro Jiménez... Y el alcalde dudaba que fuera él.

Con esa audacia piensa que te atemoriza.

-Y lo consigue.

Dice que si no cumplo, todo lo ordenado,

el niño tendrá el mismo fin que el perro.

-Si puedo ayudarte. -No.

Iré a buscar el dinero a la hacienda de mi hermano,

hace unos días vendimos el robledal.

-Estaré en casa.

No tienes más que llamarme. -Gracias.

Hasta luego.

-¿Qué ocurre? -Han dejado esto.

Mañana tendremos al niño con nosotros,

solo se trata de dinero.

-¿Qué dice?

-Puedes imaginarlo. Exige que nadie intervenga,

lleva la firma de Curro Jiménez.

Me iré ahora mismo,

volveré mañana al mediodía con el niño.

Ten confianza.

Ven, acércate.

¿Dejaron una carta?

-Sí, y mataron al perro. ¿Viste a alguien?

-No. ¡Mientes!

-Lo juro. Ten la boca cerrada.

(REZA EN VOZ BAJA)

-¿Qué haces aquí? Luisa, por Dios,

no vengo a hacerte daño. -¡Te has llevado al niño!

¿Piensas que he cambiado tanto?

-¿No has sido tú?

Dios mío...

El corazón me lo decía pero...

¡Y tú has podido creerlo!

-En siete años han pasado tantas cosas.

Sí, han pasado muchas cosas,

he tenido que aprender a vivir en el monte,

a defenderme, a atacar, a matar,

pero no a secuestrar niños.

-Perdóname.

¿Cuántos años tiene tu hijo?

-Seis.

¿Dónde ha ido tu marido? -A casa de su hermano,

en La Algaba.

A buscar el dinero del rescate.

Pero si alguien interviene, matarán al niño.

Yo sé cómo hacer las cosas.

El niño no correrá peligro.

Te lo traeré...

Lo juro.

Me voy. -No.

Espera.

Puedes salir.

¿Sabías que yo era la madre del niño?

Siempre supe de ti desde el día en Cantillana.

-Sí, en que yo no tuve el coraje de seguirte.

Supe que te casaste y que teníais aquí el cortijo,

no entré en este pueblo hasta hoy.

-¿No querías verme? Antes... yo era solo un barquero

pero ahora tengo a la cabeza puesta precio

y tú eres la mujer de un hombre rico.

Estamos aún más separados.

Rescataré al niño y volveré a desaparecer de tu vida.

Si me necesitas alguna vez, entrega esto al sacristán

de la ermita de San Juan del Río,

él te dirá cómo encontrarnos.

Adiós.

-Buenas tardes, don Lorenzo. Le esperan para la partida.

-Sí, me he retrasado. ¿Cómo estás, Merceditas?

-Hola. -Pasa.

-Pensábamos que ya no vendrías.

-Obligaciones de buen vecino, he estado con los Ramírez.

-Lo suponía, pobre gente.

Deja esa labor, ¿quieres?

-Ahora me retiro.

-A propósito, ¿no vas a visitar a Luisa Ramírez?

-Pienso que en estas circunstancias está mejor a solas.

-¿Y qué vas a esperar para demostrarle tu simpatía,

a que le maten al niño?

-Si usted me lo ordena, iré.

-Haz lo que quieras. Lo que no le hayan enseñado

las monjas, no he de enseñárselo yo.

¿Sabes que mi sobrina tiene a Curro Jiménez

Risas. por campeón de los desheredados?

Sé que lo has defendido en público,

en la venta benéfica escandalizaste a todas las señoras.

-Es fácil ensañarse con los perseguidos.

Esas señoras no... -Pensé que por lo menos

tendrías el pudor de negarlo.

-Las sumisiones son una máscara.

Si me lo ordena, lo niego.

-Cierra la puerta. -¿Triunfo u oros?

-Los oros dan suerte y la suerte oro.

-Siempre confiando en la suerte y no en la audacia.

Como jugadores sois unos timoratos.

Por eso solo ganáis cuando jugáis a medias conmigo.

-Bueno, eso es verdad, tiene razón. -Por eso hacemos lo que ordenas.

-Muchas gracias.

Adiós. -Adiós. ¡Eh!

-¡Deja el maletín en tierra!

Muéstrame que no llevas armas.

Trae al niño.

-¡Padre!

-¡Vuelve a tu caballo!

-¡Padre, no te vayas!

-No, hijo, me iré contigo.

-Danos tiempos a marcharnos, el niño te esperará aquí.

¡Vamos!

-¡Padre, padre!

-¡Canallas, devolvedme a mi hijo! ¡Cobardes!

Relincho.

Relincho.

¡Curro, canalla, devuélveme a mi hijo!

-Seguidme. (JALEAN A LOS CABALLOS)

Vosotros, llevad al niño al castillo y no le maltratéis.

Tú y yo le damos el dinero al jefe. -Sí y a celebrarlo en la taberna.

-Estaremos ahí esta noche. ¡Vamos!

Graznidos.

¡Alto!

Tú, ven aquí.

-¡Escapa, déjalo de mi cuenta!

-¡No, Curro, no...!

Primero quiero hablar contigo.

-¡Viene Curro!

-Tenemos visita. ¡Ese es el Guindilla!

Aquí os traigo un regalo.

Relincho. -¡Y le dábamos por muerto...!

Todo es cuestión de tiempo.

¡Ven aquí!

-¿Qué vais a hacerme, eh?

No te asustes. Unas preguntas.

-¿De modo que no pudiste reconocer al atacante?

-Fue todo tan rápido... pero no se preocupe, don Pedro,

Seguro que el Guindilla dio buena cuenta de él.

-Lo importante era poner el dinero a buen recaudo.

Recompensaré tu celo. Hola.

-¡Nos has traicionado! -¡Has decidido por tu cuenta!

-¡Bajad la voz, pasad, no hay por qué excitarse!

-¿No lo niegas entonces? -¡Lo tenías todo planeado!

-No tenías por qué comprometernos. -Quién os ha comprometido.

¡Os alborotáis como gallinas asustadas!

Os habéis puesto de acuerdo conmigo hace ya 15 meses.

Todo lo que habéis hecho y os ha enriquecido,

se ha hecho porque yo soy más frío y osado que vosotros.

¡Os asustáis por todo!

Bastante me costó convenceros de que el rapto era un gran golpe.

-Que debía ser el último, ¿no quedamos en eso?

Yo acepté con esa condición. -Y yo. Hoy liquidamos la sociedad.

-No se puede jugar con fuego y con la vida de un niño.

-¡Al niño no le pasa nada!

¡Ni el éxito os da un poco de arrojo!

-¡Increíble, está todo! -¡En mi vida había visto tanto oro!

-¿Lo estáis viendo? -¡Cuántas monedas...!

-¿Cuántas horas le costó a tu amigo Felipe reunir este dinero?

-Una noche. -¿Os dais cuenta?

Si en una noche ha reunido esto,

démosle ahora una semana y pidámosle el triple.

(SUSURRANDO) -¡Está loco, cada día que pasa corremos más riesgos!

-¿Qué haces?

-Unos vasos de vino para alegrar el espíritu. ¿No vais a jugar?

-Tiene razón. -Juguemos, perdemos el tiempo.

-Sí, venga, vamos a jugar.

-Corta.

-¿Qué pinta? -Triunfo espadas.

-¡Ah!

Por última vez, qué castillo es ese, ¡contesta!

-¡No lo sé, te lo juro! ¡Ah...!

Yo sólo he sido enlace entre el pueblo y el chamizo.

¿Con quién te comunicas en el pueblo?

-En la taberna... con un hombre que no sé quién es,

¡uno alto! Alto, vestido de negro

y parece portugués por el acento, es la tercera vez que lo dices.

¡Cuidado, no vayas a equivocarte! -¡Es la verdad!

¡Es la verdad!

Has confesado que participaste en el asalto al recaudador del duque,

¿Y pretendes no saber quién es tu jefe?

-Él no participa en las acciones. Nunca se deja ver.

Las órdenes me las da quien llevaba el dinero y es quien me paga.

¿Y nunca te preocupaste de averiguar para quién trabajabas?

-¿De qué me serviría? Es más seguro ignorarlo. ¡Ah!

Claro, ¿y dejar que me carguen a mí con el mochuelo?

-¡No lo sabía, te lo juro, Curro!

¡Eso no te lo creo... o vives en la luna!

Tu jefe no se deja ver,

tu enlace en el pueblo no lo conoces...

¡Esto parece una banda de fantasmas!

Algarrobo, dale. -¡Yo te juro que...!

-¡Virgen Santa, se lo ha cargado!

¡Déjalo ya!

No sabes medir tus fuerzas, ahora tendremos que esperar.

¡Qué bruto eres! Si apenas le di.

Mira, fue así, le cogí... ¡Eh, conmigo no, ya está bien!

-¿Por qué te importa tanto dónde guardan al niño?

¿No iremos nosotros a rescatarlo? ¿Y por qué no?

Ni que fuera hijo tuyo.

Como si lo fuera.

¡El Guindilla, se escapa!

-¡Alto!

Relincho.

¡No dispares!

Relincho.

¡Este cerdo, maldita sea...!

Busca la azada. Espera.

Esto no lo sabe nadie. ¿El qué?

Ladridos.

Risas de niños.

-Como el perro de los Ramírez, una respuesta.

-Una manera entender que ese hombre nos delató. ¡Lo sabe todo!

-¡Estamos perdidos!

-¿Quién va a creer más en la palabra de Curro Jiménez?

Eso nos da tiempo. -¿Para qué?

-Para matarlo. Ahora, más que nunca, debe morir.

-No basta desearlo.

-¿Qué haces tú ahí?

-Voy a visitar a Luisa Ramírez, como usted me aconsejó.

-¿A estas horas? ¿Por qué tanta prisa?

-"Contra pereza, diligencia", me lo enseñaron las monjas.

A propósito, voy a ir luego al convento a visitarlas.

Volveré al atardecer.

-¿Habrá oído algo?

-No creo. -Es una niña sin malicia, ¿no?

-Es una tonta pretenciosa.

¿No os ha dicho que Curro Jiménez es su ídolo?

¡Hay algo perverso en esa admiración!

-Mi mujer volvió anoche de Cantillana, hablan del secuestro.

¿Sabíais que Luisa Ramírez tuvo algo que ver con Curro?

-¿Qué estás diciendo? -El propio alcalde del pueblo

me lo dijo hace tiempo para prevenirme.

Por eso apremia aún más cazar y dar muerte a Curro Jiménez.

-¿Y cómo? -Veréis,

una cosa sabemos: que anda por los alrededores,

nunca se ha arriesgado tanto. Es lo que debemos aprovechar ya.

Hay que organizar una partida,

convocar a los vecinos más distinguidos

y mezclar con ellos a los sicarios

para asegurarnos de que Curro muere sin decir una sola palabra.

Un escarmiento llevado a cabo por ciudadanos honrados..

¡Por nosotros, por las víctimas!

Lorenzo se encargará de convencer a Felipe Ramírez.

-Sí, Felipe, como todo el mundo,

cree que Curro Jiménez ha raptado al niño.

-¿Y tú, tú también lo crees?

Vamos, Luisa, ¿somos o no somos amigas?

-Tengo motivos para creer que ese hombre es inocente.

-Yo también, ¿has hablado con él?

Sé que os conocíais bien en Cantillana.

Si aún guardas algún afecto por este hombre,

no querrás que lo maten,

porque van a matarlo.

Curro ha averiguado quienes son los raptores

y estos están resueltos a acabar con él.

-¿Cómo sabes tú todo eso?

-No puedo decírtelo.

-Ahora me toca a mí preguntarte si no somos amigas.

-Quizás no sean más que imaginaciones mías

pero si pudiera hablas con Curro, advertirle del peligro que corre...

-Yo sé cómo llegar hasta él,

pero no puedo hacerlo.

La madre del niño raptado, todos los ojos puestos sobre mí.

-De mí sólo se preocupa mi tío,

y en estos momentos tiene otras inquietudes.

-¿Tú te atreverías? -Naturalmente.

-Te envidio el coraje,

yo no lo tuve cuando debí tenerlo.

Ven.

No perdamos tiempo.

¿Conoces la ermita de San Juan del río?

-Ajá.

-Vengo a bendecir esta medalla.

So...

Luisa.

¿Quién eres?

-Una amiga de Luisa Ramírez.

¿Es ella quién te manda?

-Vengo por mi cuenta.

¿A qué?

-Está usted exponiéndose demasiado y eso lo aprovecharán

sus enemigos para matarlo.

(RÍE) ¿Y quiénes son mis enemigos?

-En el pueblo están formando una partida para darle caza.

Intentan que Felipe Ramírez forme parte de ella.

¿Por qué has venido a decírmelo?

-Porque no quiero que le pase nada

y porque esa gente es mala aunque se la tenga por honrada.

O eres muy valiente o muy vengativa.

-Puede que las dos cosas,

lo que importa es que usted se vaya de aquí enseguida.

¿Y que todos crean que huyo de un castigo merecido,

que realmente he secuestrado al hijo de Luisa?

Eso querrían esos hombres.

Son ellos quienes lo han raptado, ¿verdad?

-Sí, mi tío, don Pedro de Colmenar y sus cómplices.

¿Estás dispuesta a ayudarme?

-Póngame a prueba.

(RÍE)

Timbre.

-Ay...

-Un fraile, señorita Mercedes

que trae una carta para usted,

insiste en entregársela personalmente.

-Ahora voy.

-Hija mía, vengo de parte de sor Mercedes de los Ángeles,

me ha encomendado esto.

-Gracias, Padre. -Quedas con Dios.

-¿No vas a leerla?

-Es de sor María de los Ángeles.

-¿No la viste ayer en el convento?

-Nunca le alcanza el tiempo para decir todas sus beaterías

y contar sus chismes de las otras monjas.

(RÍE)

Se abre la puerta.

-Dame esa carta.

Obedece.

-Suélteme.

-Dámela.

-No tiene usted derecho.

Oh...

-¿De modo que lo que sentías por ese forajido

era algo más que una fantasía de chiquilla?

-No soy una chiquilla,

y si él me da una cita no tengo yo la culpa.

-Ya me ocuparé yo de que no acudas.

-¿Va usted a encerrarme en la cárcel?

-No, en el convento,

será suficiente, por ahora aquí,

en tu cuarto, no intentes salir,

estarás vigilada. La ventana es muy alta,

pero si mañana al medio día miras por ella

verás pasar a Curro Jiménez acribillado a balazos.

Ese cretino te da una cita en la venta del bizco.

No te inquietes,

no esperará en vano.

Estamos deseando encontrarnos con él.

(RÍE)

Oculta bien todos los caballos y deja el mío muy a la vista.

(RÍE)

-Cuando acabe de limpiar los vasos me atenderá, ¿verdad?

-Sí.

-Tengo un remedio milagroso que endereza los ojos a los bizcos.

-¿Eh? Señores,

encontré este curioso objeto en el camino,

¿Tendrían la amabilidad de decirme para qué sirve?

(RÍE)

¡Ah...!

Trote de caballos.

-Entra en la venta y comprueba que Curro ha llegado.

-Bien.

(RELINCHA)

-¿Puede dar de comer?

No soy yo solo,

¿tendrás comida para todos? Somos nueve.

-¿Nueve? Que vengan, mi mujer hace milagros con el rabo de toro.

-Después querremos echarnos un rato, ¿tienes habitación?

-De sobra, sólo hay una pareja de recién casados,

mejor dicho, el novio solo,

encerrado en su cuarto sin asomar las narices

de vergüenza creo, porque la novia no llega.

Las cosas que hay que ver aunque sea con estos ojos que Dios me dio.

-Tienen un huésped en una habitación,

y ahí hay un caballo albino oculto entre los matorrales.

-El de Curro. -Lo hemos cogido.

-No hay que tirar a matar, que le cojamos vivo

es la oportunidad que tenemos para canjear

su libertad por la vida de mi hijo.

-Aquí estamos. -¿Los nueve?

-Los nueve, ¿y el recién casado, sigue en su cuarto?

Esperando que llegarais.

Desarmadlos.

Quieto. Déjalo, estudiante.

He dicho que quieto.

Quieto.

-¿Qué has hecho de mi hijo?

-Ah...

Ay...

Relincho.

Disparo.

Casi.

Disparo.

-Uh... oh. -Oh.

(RÍE)

Ahora vas a escuchar lo que tienen que decirte estos señores.

Decidle quién ha secuestrado a su hijo,

confesad que fuisteis vosotros.

-No, nosotros no. Es mejor que confeséis la verdad.

-Fue idea de don Pedro, no nuestra,

nosotros nos opusimos siempre al secuestro.

-Don Pedro...

-Él nos complicó en el asunto amenazándonos, extorsionándonos.

¿Tanto puede sobre ustedes? -Estábamos atrapados,

habíamos formado una sociedad secreta.

Asaltos, robo de ganado y un secuestro,

pero ahora dejemos eso.

-Por cuenta suya decidió no entregar al niño

cuando ya tenía el dinero. -Nada pudimos hacer por impedirlo.

¿Dónde está el niño? -No lo sabemos,

nunca quisimos saberlo. ¿Qué hay de un castillo?

-Sí, don Pedro tiene un castillo o una fortaleza,

una antigua propiedad de su familia,

pero sólo sé que queda camino de Portugal.

Nunca quise saber nada del niño, es la verdad, lo juro.

Todo se hizo a espaldas nuestras.

-Está diciendo la verdad.

Fue una condición que pusimos para aceptar el plan secuestro,

no enterarnos de nada, no saber nada.

-¿Y Lorenzo, qué sabía Lorenzo?

-Él también fue presionado. -¿También?

-Sí, a vigilar tu casa,

a degollar al perro.

-Lorenzo...

-Ordena que preparen mi caballo y espérame.

Date prisa, date prisa, no hay que darles tiempo

que lleguen al pueblo.

Se abre la puerta.

-¿Ocurre algo, tío?

-No perderé el tiempo contigo, hipócrita.

Una cosa te digo para que se la cuentes a ese hombre

y a todos.

Guardaré al niño como rehén y si me persiguen

no vacilaré en matarlo.

Ladridos.

Alto.

-Han huido. ¿Hacia dónde?

-Mi tío ha dicho que si le persiguen matará al niño.

-¿Lo llevaba, dónde lo tiene? -No lo sé.

¿Tu tío tiene una fortaleza o castillo hacia Portugal?

-Sí, entre Almadén de la Plata y Santa Olalla,

un castillo abandonado.

(BUFA) Espera, yo nunca estuve ahí,

pero con algún nombre le conocen los lugareños.

Bien, trata de recordarlo.

Buenas tardes.

-¿Eh? Siento interrumpirle la merienda,

señor alcalde. -¿Otra vez?

Será la última.

-Ah...

Ahí tiene usted a los fantasmas.

Ladridos. -Don Sebastián...

Don Ezequiel... Bandoleros,

a cuya cabeza no ha puesto usted precio ni lo hará.

Don Pedro de Colmenar es quien tiene al niño.

-¿Eh? ¿Qué? Déjeme hacer a mí.

Solo le pido un día de plazo. Retenga al padre,

ese hombre puede hacer una tontería.

Trinar de los pájaros.

-Ah...

Estos asuntos se arreglan entre bandoleros.

Un hombre honrado lleva las de perder.

Déjeme a mí, yo les traeré al niño. Tranquilice a su mujer.

-¿Por qué voy a confiar en su palabra?

¿No le basta con eso?

(RELINCHAN)

-Los refuerzos que el alcalde pidió a Sevilla.

Relincho. Esto se pone demasiado poblado.

-El Castillo del Desamparo, así le llaman.

Bravo, muchacha, entre Almadén de la Plata

y Santa Olalla, ¿no? -Sí. Me voy contigo.

Vuelve al convento, estas no son cosas de mujeres.

Si no tienes noticias mías por la mañana,

dale a mis hombres la seña del castillo. Adiós.

-¿Y tú? Yo os veré mañana,

en la Peña del Refugio. -¿Y no vamos con él?

La muchacha le ha dicho algo. -Sí, es verdad.

Voy a ver.

¿Tú sabes dónde va? Él solo corre peligro.

-Lo sé, por eso quise ir con él. ¿Quién? ¿Tú?

-Si nos dijeras hacia dónde fue... -Te lo diré si no ha vuelto

por la mañana. Sí, y entre tanto, lo matan.

Vamos, suelta la lengua, chiquilla.

Guarda eso, imbécil.

(RELINCHA)

Chirrido de grillos.

Chirrido de la puerta. -Ah.

-No podemos cargar eternamente con él.

-Eternamente no, pero mientras esté vivo

y en nuestras manos, es un arma, un argumento.

Lo llevaremos a Portugal con nosotros y allí negociaremos.

-¿Por qué no partimos ya? Este lugar es espantoso.

-Aquí estamos seguros. Saldremos a rayar el día.

No son caminos para andar de noche.

Aquí... enterraban a los condenados que arrojaban desde el torreón.

Ruido.

Ruido.

Ah...

Golpes.

¡Chis!

(SUSURRA) Me mandan tus padres.

Habla bajito.

¿Hay alguien contigo? -Sí, un hombre.

¿Tiene una llave? -Muchas.

Tienes que robárselas y traérmelas.

-Ah...

Átalas ahí.

Golpe. ¡Ah!

Trinar de los pájaros.

-Ah...

¿Había alguien más con él? -No, don Pedro.

-Reanimadlo, quiero que esté bien despierto

cuando lo matéis.

(RÍE)

Ah...

-Subidlo al torreón.

Ah...

¿Por qué no me acabas tú mismo? -No me gusta la sangre.

Trinar de los pájaros.

-¿No habría que preguntarle si alguien más conoce este lugar?

-No lo diría nunca en la vida. No hay tiempo que perder.

Ve a buscar el dinero. ¡Date prisa, tenemos que escapar!

-¡Alerta!

¡Un pelotón de soldados! -¡Alerta!

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah...!

Golpe.

-¡Vienen los migueletes!

Relincho. -¡Eh! ¡Eh!

-Maldición...

Ah... ¡Ah!

(RELINCHA)

Disparo.

-¡Eh!

Allí va un coche.

-Cortadle el camino. ¿A qué esperáis?

(RELINCHA)

Disparo. -¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah! -¡Ah!

Disparos.

-¡Ah!

Disparo.

Chirrido de la puerta.

-Eh... ¡Ah...!

-¡Eh! ¡Eh! ¡Ah! -¡Venga, deprisa!

¡Eh! -¡Nos da alcance! ¡Escapa!

-¡Eh! ¡Eh! -¡Date prisa!

Disparo. -¡Ah!

Ah...

¡So! ¡So! (RELINCHAN)

Relincho.

-Si intentas algo, el niño morirá.

Si me dejas escapar, te lo entrego vivo.

Hecho.

-Aléjate. Dejaré al niño en el camino.

No intentes hacer la misma jugarreta.

-No. Sé que me cogerías. -Ah...

-¡Arre!

Trinar de los pájaros.

¡Eh! ¡Eh!

¡Eh! ¡Eh!

Relincho. ¡Eh!

Disparo. -Han sido tus hombres.

Relincho.

Disparo. -¡Ah!

-¿Estás enfadado porque no esperé en la mañana?

Ah...

A veces hay que saber desobedecer a tiempo.

Bufido. Llévaselo a su madre.

-Ah...

Ese ya no raptará a otro niño. -Que Dios le perdone.

Y a mí. Vuelve al castillo,

regresa al pueblo con los soldados. Adiós.

¿Qué haces? ¿Por qué no te vas? -No puedo volver.

¿Por qué? Oh, esta chica es un pelmazo.

-Tendré a la familia contra mí y me encerrarán en un convento.

¿Y qué es lo que quieres? (BUFA)

-Que me lleves contigo a la sierra.

Solo por un tiempo, hasta que todo se olvide.

¡Algarrobo! -¿Para qué le llamas?

No me puedes obligar a quedarme.

Coge al niño y llévalo al castillo. ¿A quién le hablas?

A ti, por supuesto, nodriza. Siempre me toca a mí.

-Gracias, Curro.

(RÍE)

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Curro Jiménez - El secuestro

02 ago 2016

El hijo de un rico hacendado ha sido raptado. El padre recibe una petición de rescate firmada por Curro Jiménez. Curro se presenta ante el alcalde, negando ser el autor del secuestro, también visita a la madre del niño, con quien mantuvo un romance y le promete ir a buscarlo.

Histórico de emisiones:
02/09/2013

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